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lunes, 25 de noviembre de 2013

Los tres espacios de la izquierda

















Me ha parecido una buena idea recuperar esta idea que ya he introducido alguna vez en los pasados meses, la de los tres espacios en la izquierda. Esta idea proviene del análisis social que hago de nuestro país y de nuestra época en el momento actual y no pretendo que nadie se la tome como un dogma de fe o un incuestionable ejercicio de sociología política.
Simplemente esta es la realidad que yo percibo a través de mis conversaciones y lecturas continuas, realidad que por supuesto siempre está sometida a una imprevisible evolución de las cosas. Nadie conoce el futuro y, sin embargo, estamos en la obligación de predecir el futuro para saber orientar nuestras fuerzas y proyectos a medio plazo. Al final todas nuestras acciones tienen una parte de apuesta como todo en la vida, y yo hoy en día apostaría por que el análisis que voy a hacer a continuación se acercará a la futura realidad a corto plazo.

Volví a sacar esta idea el otro día en el blog de mi colega Don Ricardo, A Sueldo de Moscú, donde comentaba que es imposible pensar que una fuerza como IU en España u otras fuerzas parecidas en otros países vayan a conseguir una hegemonía suficiente para cambiar las cosas. Quizá Grecia, con una caída del PIB mayor a la de la Argentina del corralito, tiene en Syriza el único ejemplo que podría llegar a ser parcialmente triunfante, aunque Syriza tiene particularidades que no tienen otras fuerzas post-comunistas en Europa y eso también hay que entenderlo para no auto engañarnos.
Pero IU o el post-comunismo no es la única izquierda (por mucho que fanáticamente se quieran auto convencer algunos de que así es). Hay más fuerzas de izquierdas y muy diversas, fuerzas que están en la arena política y que son tan rupturistas o incluso mucho más que IU. La división de la izquierda es algo inherente a la misma y no me estoy refiriendo a esos minipartidos que pululan marginalmente por ahí para satisfacción de un grupo de radicales con ganas de decidir sino que hablo de grandes proyectos, de bloques ideológicos con un gran potencial de crecimiento y que creo que tendrán un papel relevante en nuestro porvenir.
A pesar de que hay decenas de partidos y fuerzas políticas creo que se pueden hacer tres subdivisiones claras entre tres tipos de izquierda distinta, que son estas:

  • Post-comunistas: En este grupo entraría IU y los distintos partidos comunistas de Europa, pero también grupos anticapitalistas, grupos trotskistas, colectivistas de distintos orígenes, etc. Este grupo propone una idea básica: La socialización de la riqueza, y se quiere llegar a este horizonte mediante mecanismos tradicionales de socialización de los medios de producción, altos impuestos para las clases altas, nacionalizaciones y otras ideas parecidas que de formas diversas se han ido aplicando en distintos regímenes en Europa y América durante las últimas décadas. Económicamente son productivistas y no suelen cuestionar el sistema de producción, tan sólo su posesión por una clase social. Los post-comunistas entienden la política de forma tradicional, con partidos cerrados y con una democracia interna poco desarrollada (por ser amable). La cúpula del partido ordena y manda y en eso se parecen mucho a los partidos que dominan la escena política española. A pesar de defender cierta democratización en el ámbito social parece que eso se hace del partido hacia fuera, manteniéndose una estructura y una mecánica tradicional de partido.


  • Verdes: En este grupo entrarían tanto ecologistas como eco-socialistas, medioambientalistas, grupos locales que defienden un desarrollo local y sostenible, además de algunas fuerzas de izquierda no comunista que puedan tener ideas similares y que defiendan la economía del bien común y el desarrollo sostenible. En España está representado por EQUO y también (quizá de forma algo menos definida) por partidos como Compromís o MES Mallorca. Estos partidos son igualitaristas y defensores de la democracia radical, aunque sus propuestas económicas no pasan principalmente por las nacionalizaciones de los medios de producción ni por la socialización de la riqueza. Su propuesta económica se orienta más hacia una transición económica desde el capitalismo hacia una economía sostenible basada en el bien común y no en el lucro personal. No les obsesiona el crecimiento económico sino la calidad de vida y muchos de ellos son incluso decrecentistas. Suelen defender, como unas de sus propuestas claves, una renta básica universal y la división del trabajo. En el terreno estructural son partidos con un alto grado de democracia interna, con primarias como las que está haciendo el partido verde europeo, y apuestan por abrir espacios a la democracia directa. Son muy liberales en el terreno de las libertades personales e individuales y tienden al democratismo aunque equilibrado con el respeto a las minorías.


  •  Plataformas ciudadanas: En este grupo entrarían todas aquellas organizaciones y movimientos sociales que, alejados de los partidos políticos, se han estructurado como actores políticos con la idea de entrar en el sistema para cambiarlo. Es quizá el grupo más difícil de definir por su novedad y por el amplio espectro de grupos y movimientos que lo componen. En este grupo estarían organizaciones como Democracia Real Ya, movimientos como el 15-M, plataformas y partidos de “ciudadanos independientes”, etc. En España está el Partido X, recién formado y todavía desconocido, y en otros países se ha podido ver en formas de candidaturas independientes o en el confuso movimiento 5 estrellas de Beppe Grillo, que es un reflejo de lo mejor y lo peor de este tipo de movimientos. Estos grupos son, por decirlo de alguna manera, los hijos rebeldes del post-modernismo. Están compuestos por ciudadanos indignados que se sienten traicionados por el sistema político imperante y que desconfían absolutamente de los partidos políticos hasta el punto de que se les ha definido como movimientos anti-política. Como hijos del post-modernismo están menos ideologizados en los ejes tradicionales de la política aunque eso no quiere decir que no tengan principios políticos, que los tienen. Son igualitaristas, extremadamente críticos con la corrupción, los partidos y la degradación de las instituciones. Pretenden extender el “bienestar” y los “derechos” a todos los ciudadanos atacando fuertemente en su discurso a las élites económicas, aunque sin tener un proyecto económico claro que desarrolle un mecanismo para llegar a esa consecución del bienestar general. Son extremadamente democratistas, defensores de la democracia directa, del e-goverment y la democracia online. En el terreno de las libertades individuales suelen ser absolutamente individualistas y “liberales”.


En mi opinión estos son los tres espacios más o menos claros y divergentes entre sí que nos encontramos hoy en lo que sería una izquierda que quiere cambiar el “sistema”. Eso no quiere decir que sean grupos absolutamente impermeables y que estén cerrados, pues existen grupos de ecologistas o plataformas que están en la órbita de partidos post-comunistas y también pueden existir otros mezclas entre posiciones.
Pero he querido separar estos grupos porque realmente cada uno de ellos propone algo bastante distinto y los potenciales votantes son muy diferentes. Muchos votantes verdes jamás votarían a un partido post-comunista y muchos votantes de las plataformas jamás votarían a partidos verdes o post-comunistas. Cada uno de los grupos tiene un electorado potencial claro y tienen unos grupos sociales y unos perfiles de personas a las que pueden atraer y convencer.
Quizá el perfil más exclusivo sea el de los votantes de las plataformas ciudadanas. Muchos de sus potenciales votantes son personas nada afines a los partidos de izquierdas o al sindicalismo e incluso muchos de ellos provienen de familias fuertemente conservadoras. Pero son gente joven que sufren los problemas de la precariedad, el paro, el servilismo económico y la falta de futuro. Y precisamente por eso son gente que puede implicarse en movimientos “transversales” como estos que no responden a ninguno de los prejuicios ideológicos que tienen en mente, que no son ni “rojos envidiosos” ni “hippies vagos” como seguramente les han contado tantas veces.

Es precisamente por esto por lo que debemos entender que estos tres grupos deben existir y deben existir por separado. Venimos de una sociedad polarizada donde se nos han inculcado odios ideológicos de forma continua y a veces inconsciente para nosotros. Hay gente que se niega a votar a un partido comunista y no sabe bien por qué, en teoría le parece bien lo que propone pero por alguna razón no puede, y quizá no puede porque ha sido sometido a un machaque constante de simplificaciones propagandísticas sobre las perversidades del comunismo.
En la sociedad de las etiquetas, del marketing electoral y del eslogan de cinco segundos no puedes pensar que la gente entrará en razón y analizará críticamente cada una de las opciones y decidirá con la cabeza. La visceralidad, los instintos y el corazón juegan un papel importante y hay que ser inteligente y no empeñarse en lo que no puede ser.
Y por eso cada vez que oigo a un militante de IU cargar contra EQUO o contra el Partido X de forma radical me parece que estoy delante de un idiota. Para intentar atraer a un votante potencial de estas fuerzas lo que se provoca es que probablemente otros dos dejen de votar y se vayan a la abstención. Y si se quiere una política de cambio lo que hay que promover es que hayan diputados más o menos afines y no diputados enemigos. Hay mucha gente que con tal de encontrarse solos en la oposición son capaces de destruir cualquier posibilidad de cambio.

Esta tendencia destructiva de todo lo que no sea "lo mio" es una cosa que no puedo comprender y que debemos erradicar de raíz. El mundo no se compone de los míos y los otros, ese es precisamente el pensamiento que nos ha llevado hasta aquí y a estar en estas enormes dificultades, en el mundo están los míos, los que están cerca de los míos, los que me son neutrales, los adversarios y los enemigos. Esa es la realidad y quien no la entienda francamente no vale para la política.
Quizá haya gente que no se ha dado cuenta, pero la caída del sistema bipartidista que ha salido de la transición no está provocando un trasvase de votantes entre las fuerzas bipartidistas y las fuerzas minoritarias. De todos los votos que pierden PP y PSOE sólo una parte están yendo a parar a IU o UPyD, y esa es la prueba fehaciente de que hay mucha gente que está perdida y que no encuentra fuerzas que se adapten a lo que busca. Si se quiere desgastar el bipartidismo lo que se tiene que hacer es sino potenciar descaradamente por lo menos sí intentar que haya más fuerzas y más opciones para los ciudadanos, porque eso va en tu propio interés.
Por ejemplo, si yo fuese de IU jamás criticaría a UPyD. IU siente que UPyD le quita parte de voto (y realmente es así por mucho que muchos vociferen lo contrario) y por eso le ataca pero eso es un error tremendo. UPyD quita votos fundamentalmente al PP y también algo al PSOE. Aunque sea simplemente por el interés de UPyD en cambiar un sistema electoral que te perjudica deberías intentar no atacar a ese partido o incluso potenciarlo sin que se note. Un voto en UPyD es mucho mejor que un voto en el PP, pensar lo contrario es de un visionarismo absurdo.
De hecho se lo he dicho alguna vez a Juantxo Uralde y lo repito aquí: Yo creo que IU, UPyD y EQUO (como representantes de los tres mayores partidos nacionales minoritarios) deberían sentarse en una mesa y salir con un acuerdo de reforma del sistema electoral. Y luego, con ese pacto “transversal” en la mano, iniciar una gran campaña pública para orientar a la ciudadanía a favor de la reforma y a favor de una mayor proporcionalidad. Pero claro todos van a la suya y al final ¿qué pasa? Pues que doña Dolores de Cospedal te da un golpe de estado electoral y se te queda cara de tonto, sin saber ni como reaccionar.

El futuro de nuestro sistema político es un pulverizado de partidos y eso va a ser difícil de evitar. Va a haber que pactar, que ceder y que crear bloques, y para eso es absolutamente necesario encarar la política con una nueva cultura y con un análisis mucho más multifactorial de la realidad.
Y al final, no lo olvidemos nunca, si queremos cambiar las cosas no se trata de conseguir muchos votos de forma puntual, se trata de conseguir un cambio cultural y una hegemonía de ideas nuevas. Y todo, insisto, todo debe ser sometido a esa cambio cultural que, en nuestro caso, debe rechazar las ideas vigentes en dos terrenos fundamentales: El rechazo al imperio neoliberal y a sus reglas, y el rechazo a la actual partitocracia dual que ha degenerado en la actual situación política.
Potenciar voces que se opongan a esto es positivo, tiene una utilidad real y tiene efectos en un mejor porvenir. Y no se trata de aliarte con Marine Le Pen porque sea anti-neoliberal, ahí quizá entraríamos en una alianza peligrosa, de lo que se trata es de ver quien está defendiendo lo mismo que tú y ser coherente con el grado de afinidad y el grado de rechazo que te producen sus propuestas y crear aliados en lugar de rivales. Juega a la política en positivo, convence de que tú eres mejor no de que el otro es la marca blanca de no sé quién o que es un fascista disfrazado, eso sólo lo hacen los incompetentes.

¿Y el futuro? Pues el futuro, si queremos cambio, consistirá en sumar las voluntades en un programa mínimo común de cambio entre todos los grupos que nos den una mayoría social suficiente. Pero esa suma de fuerzas se tendrá que producir cuando haya fuerzas que sumar, cuando estas fuerzas hayan crecido en su adecuado potencial y cuando se haya ganado la hegemonía.
Antes no, antes es un suicidio político absoluto, si empezamos a absorber grupos de izquierda en base a un “frente popular” o una izquierda unida lo único que se conseguirá es desactivar el increíble potencial que tienen los discursos divergentes y matizados. Activar el aspirador ahora igual valdría para pasar del 15 al 20% de los votos, a costa de matar un posible 51% en el futuro. Es un pésimo negocio.

Y esto lo digo por los partidos, pero sobre todo hablo a las personas. Y como personas, que no tenemos intereses partidistas especialmente inevitables (incluso quienes estén afiliados), debemos intentar cultivar este espíritu y esa apertura de miras en la medida de lo posible. Necesitamos a todas las fuerzas, con todos los matices y desarrolladas en todo su potencial, es fundamental que trabajemos en este sentido. Por mi no va a quedar, ya lo sabéis.

4 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo en la existencia de esos 3 espacios de Izquierda, si bien con unas mínimas diferencias.

    Al primero lo llamo "Izquierda tradicional" y también incluyo a la socialdemocracia de verdad, no la del PSOE actual sino la de personas como Llamazares.

    A la segunda me gusta denominarla más como "ecologismo político" por el mal uso que ciertas personas usan de "verdes" para calificar a cosas que no son ecologistas o sostenibles, aunque entiendo tu uso, totalmente correcto, de esa palabra para integrar a las 3 corrientes que mencionas. En este grupo también está ICV, que se te ha pasado incluirlo.

    El último prefiero llamarlo "democracia participativa" e incluiría así también a partidos como EQUO, Partido Pirata y Partido de Internet. En este párrafo te hago una precisión: el 15M y DRY son calificados como "anti-políticos", pero en realidad no lo son; son anti-partidistas. De hecho están todo el día trabajando sobre política.

    Más abajo hablas de entablar negociaciones con UPyD... pero ya sabes mi opinión al respecto gracias a la información que tengo de personas que han estado allí. Son muy conservadores y tienen un sentido de la democracia idéntico al de los partidos viejos, tanto para fuera como para dentro. Algunos casos internos están saliendo ya a la luz. Prefiero que EQUO no se manche estando junto a ellos, al igual que si estuvieramos al lado del PSOE o el PP. Esto no quiere decir que quede todavía alguna persona digna en este partido; me estoy refiriendo en mis críticas a la organización y a su cúpula.

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    1. Hola Iván,

      Creo que tienes razón en algunas de tus matizaciones, pero alguna no me cuadra con la idea que llevaba en la cabeza.
      Por ejemplo, tienes razón en lo que dices de los "socialdemócratas" aunque aquí tengo un matiz: Creo que la socialdemocracia, tal y como creo que la estamos conceptualizando, se está quedando desierta.
      Posiblemente también tengas razón en lo de ICV aunque ahí no sabría si ponerla en el primer o en el segundo grupo. A veces las fronteras son porosas.

      Respecto al último grupo has incluido a EQUO, lo que pasa es que EQUO está en el anterior. Estoy de acuerdo que comparte cosas de la democracia participativa pero en tanto en cuanto estamos haciendo una división no podemos ponernos trinitarios y meter a un partido en dos o tres grupos.

      Cuando he usado la palabra "anti-políticos" no lo he hecho como una opinión mia sino como una calificación que se les suele hacer. Yo no creo que DRY ni el 15M sean antipolíticos ni muchos de los grupos que pondría aquí, pero sí es cierto que hay cierto rechazo a los partidos políticos como tales. Tu lo has llamado anti-partidista e igual es mejor definición, pero insisto que no es mi percepción y que usaba un término popular.

      Respecto a lo de UPyD. Mira, creo que te equivocas aquí y creo que este error iría en contra del espíritu que intento transmitir en mi escrito. Me explico.
      Más o menos lo que planteas es no juntarte en nada con UPyD porque son no sé qué cosas. Bien, UPyD será lo que sea pero la cuestión es que hay ámbitos (y no sólo la reforma de ley electoral) en la que estáis de acuerdos con ellos. ¿Qué sentido tiene no llegar a pactos puntuales para sumar en ciertas reformas necesarias? ¿Qué justificación hay en poner en cuarentena a una fuerza política porque en muchas cosas no te guste?
      No se trata de pactar con UPyD un programa común, se trata de buscar puntos de acuerdo y hacer fuerza común para cambiar esas cosas. Hay que hacer aliados, la política consiste en eso. No hacerlo me parece un sectarismo que no creo que lleve a ninguna parte porque en la propia esencia del sistema que viene está que nadie va a ser hegemónico.

      Saludos,

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  2. Pedro:

    ¿Y en qué "espacio" te encuentras tú?

    Por otra parte, es muy cierto lo que comentas de los nombres y como hemos sido educados. La palabra "comunista", en los círculos donde yo me muevo, es equiparable a una palabrota.

    No quiero que saques una conclusión muy concreta de lo que diré a continuación pero, a estas alturas de mi vida, y con tanto desengaño que me he llevado en diversas cuestiones, yo diré que me encuentro en una situación de aquél joven privilegiado de antaño que finalmente se sumó a causas populares, no ya por estar "en contra" del liberalismo, sino más bien porque se daba cuenta que no se aplicaba jamás y simplemente se usaba como otra palabreja más para controlar a los demás en vez de liberarlas realmente.

    Lo dejo ahí.

    Saludos

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  3. Alfredo,

    Creo entender lo que quieres decir. Yo no sé si te encuentras ahí pero creo que sí te vas a encontrar parcialmente ahí en el futuro. Y también lo dejo ahí.

    ¿En cuál de los tres estoy? Pues en ninguno o, si quieres, un poco en los tres, y quizá también en algunas cosas me siento en consonancia con algunas fuerzas que no son de izquierdas.
    El espacio post-comunista me parece desfasado, el "verde" me parece que está un poco verde en algunas cosas y el "ciudadano" me parece inconcreto y tiene alguna posibilidad peligrosa. Pero hay cosas de los tres que me gustan, cosas que considero adecuadas y con las que estoy de acuerdo.
    En fin, ya sabes que siempre he sido muy heterodoxo.

    Saludos,

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