La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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lunes, 29 de abril de 2013

¿Quieren los españoles una nueva generación de políticos?














Me topé el otro día con una noticia en el diario EL PAÍS que decía que las jóvenes promesas de los partidos políticos están mejor valorados que sus líderes. Esto, dicho así, parece absolutamente lógico pues los líderes actuales de los partidos políticos están totalmente desprestigiados y hasta una berenjena tendría mejor valoración que ellos.
En cualquier caso quise consultar la encuesta inicial de metroscopia para ver si la conclusión del artículo, que básicamente era que hay una nueva generación de políticos que la ciudadanía desea, era realmente así.

Para empezar tengo que decir que el conocimiento de las “nuevas promesas” es bastante bajo. Tan sólo Patxi López y Antonio Basagoiti eran conocidos por más de la mitad de los entrevistados, pero estos dos candidatos de jóvenes promesas no tienen nada (es como poner aquí a Chacón o a Leire Pajín), así que realmente son dos gazapos metidos en el estudio, seguramente por edad.
Del resto de candidatos el más conocido era el diputado de IU Alberto Garzón (35%) seguido por el líder de Ciutadans Albert Rivera (34%) y por el posible futuro candidato a la presidencia del gobierno por el PSOE Eduardo Madina (32%). Me ha extrañado muchísimo el alto conocimiento que tiene Alberto Garzón teniendo en cuenta que es diputado de IU y que las informaciones sobre este grupo son prácticamente residuales. No sé si algunos han podido confundir a Alberto Garzón con Baltasar Garzón y equivocados han dicho que lo conocían…
Me ha extrañado también el bajo conocimiento que hay sobre Eduardo Madina, más cuando ha sido noticia las últimas semanas. El conocimiento sobre Albert Rivera me ha parecido, en cambio, muy alto, aunque creo que se debe deber a sus continuas intervenciones en medios de comunicación conservadores.
Me ha extrañado también, por lo bajo, el escaso conocimiento que tiene la sociedad sobre Beatriz Talegón (15%) cuando ha sido noticia también hace poco, aunque entiendo que es comprensible. Y me ha dado bastante pena ver a mi estimado Juantxo Uralde con sólo un 10% de conocimiento público, síntoma de lo difícil que es hacer política desde la nada en España.

Esto es el conocimiento que tenían los entrevistados sobre los candidatos, pero después a quienes los conocían se les hacía una segunda pregunta que era si creían que podían contribuir a regenerar la vida política española. Tengamos en cuenta que para esta segunda pregunta ya sólo se toma en cuenta la opinión del ciudadano que conoce al candidato, así que nos encontramos ante un ciudadano informado, bien o mal pero informado.
Bien, pues en este punto quien más “” conseguía era Eduardo Madina (43%), prácticamente empatado con Beatriz Talegón (42%) y no muy lejos de Alberto Garzón (39%), Albert Rivera (38%) e incluso Juan López de Uralde (35%). Insisto, es porcentaje de votos sobre quienes previamente les conocían, por lo que el 35% de Uralde, por ejemplo, socialmente es bajo al conocerle sólo el 10% de los entrevistados.
La noticia destacaba fundamentalmente a Madina al ser este el más valorado positivamente por quienes le conocían, pero técnicamente está empatado con Alberto Garzón al ser éste más conocido. Las posiciones destacadas de Talegón y Uralde son importantes por el grado de aceptación de quienes los conocen pero creo que hoy por hoy no tienen proyección social al ser candidatos muy desconocidos.

Así pues, ¿realmente el país quiere a estos políticos jóvenes en primera línea? Los cuatro líderes de los cuatro principales partidos tienen grados de “regeneracionismo” muy bajos, entre el 25% de Rosa Díez y el 10% de Rubalcaba, aunque son mucho más conocidos que los políticos jóvenes. En cualquier caso creo que los resultados de los primeras espadas están viciados por forofismo y fanatización. Por ejemplo, si a un adicto al PP le preguntas si Rajoy puede regenerar la vida política española te dirá que sí, al igual que te dirá sí si le preguntas si va a sacarnos de la crisis, a convertirnos en primera potencia mundial o si cree que es el político que la tiene más grande. El “” no es más que parte del forofismo, de la adicción política, al igual que hace ese 10% de adictos a Rubalcaba que creen que ese señor puede regenerar algo cuando lleva toda la reverenda vida (aunque notemos lo crítico que es el votante del PSOE con su líder. Incluso valoran como más regeneracionista a Cayo Lara e igual a Rosa Díez).
Con los políticos jóvenes es diferente. Podría existir la tentación de decir “” porque es de tu partido pero la gente tiende a ser más sincera y objetiva cuando el candidato es alguien secundario, y todos los políticos de la lista de jóvenes promesas son secundarios.
Me gustaría saber qué pasará cuando a Madina, a Talegón, a Garzón o a Uralde se les conozca más. ¿Qué pensarán los viejecitos que votan al PP? ¿Pensarán que Garzón es un rojo peligroso, Uralde un ecologista verbenero y Talegón una hippie perroflauta? Creo que nunca lo sabremos porque creo que nunca los llegarán a conocer bien, y si llegan a conocerlos lo harán simplemente por una imagen estereotipada de los mismos.

Personalmente creo que Madina es un bluff. No le conozco ningún pensamiento original, ninguna idea novedosa, ningún posicionamiento valiente. Hoy por hoy tiendo a pensar que su principal valor es que es joven, que no está muy manchado (y digo “muy” porque fue diputado la pasada legislatura y votó todas las reformas austericidas de Zapatero) y que ha sido víctima del terrorismo, lo que siempre da un plus cara a los electores.
Talegón me parece, también, otro bluff. Estuvo muy bien la crítica a los hoteles de 5 estrellas donde se reunía la internacional socialista, pero eso era más una acción efectista que una crítica seria. La crítica a aquellos señores debería haber sido el por qué han llevado a millones de trabajadores a la pobreza aceptando las políticas de la derecha, y no la crítica facilona al hotel. No obstante y con toda la distancia creo que ha entendido que estamos en un tiempo político donde el socialismo necesita un cambio radical, y eso es positivo. Le sigo los pasos para ver hacia dónde va.
Alberto Garzón es más de mi agrado. Es un economista crítico, que bebe de las teorías marxistas, post-keynesianas e incluso de las tradicionales keynesianas para desmontar este pensamiento único económico que nos domina. El problema es que tampoco le veo proponer cosas demasiados novedosas en la teoría o en la práctica y creo que eso es algo a exigir a un joven de 28 años que viene del 15-M. Veo demasiado marxismo “heterodoxo” que le gusta decir a él y pocas conexiones con teorías modernas como la economía del bien común. Me gustaría verle discrepar más veces con su partido, que tan ofuscado parece a veces con cosas de otros tiempos. Opino, también, que tiene un punto de autosuficiencia que quizá les sea desagradable a algunas personas, aunque me parece un defecto perfectamente corregible.
Juantxo Uralde también es alguien de mi agrado porque me parece una persona absolutamente honesta. Ha sido activista toda la vida y esto es algo muy elogiable y conveniente en este mundo político de pelotas y trepas. Mi crítica fundamental a él es que se concentra casi exclusivamente en temas medioambientales y creo que eso hoy es algo secundario para la población. Debería entrar mucho más en economía y en asuntos de cohesión social, marcando ese mensaje prioritariamente y desde ahí hacer políticas verdes (algo absolutamente compatible).

En definitiva ¿realmente quiere la población políticos jóvenes liderando los partidos? Pues yo creo que sí, y no por esta encuesta sino porque es lo que percibo en la calle. Pero me temo que la gente quiere políticos nuevos porque está cansada y decepcionada con los antiguos y no tanto por un sentido de regeneración tan bien definido.
Descartados los políticos actuales cabe hacerse una pregunta ¿preferiría la ciudadanía a un Madina o a un Garzón? ¿O preferiría a un Aznar o un Felipe González? Cuidado con esta pregunta porque creo que es relevante. Esta es una encuesta que hay que hacer para ver qué hay detrás de este estado generalizado de frustración.
Porque no sería tan extraño que la gente se refugiase en el pasado político, en tiempos mejores donde había empleo, crecimiento y sobre todo esperanza por un futuro mejor. ¿Cómo recibiría la gente la posibilidad de la vuelta de uno de esos ex presidentes? ¿Está nuestro pueblo vacunado contra ese discurso facilón de “conmigo se creaba empleo” o “conmigo el país progresaba"? Esto no es baladí porque, recordemos, estos políticos han sido quienes han provocado esta crisis con las políticas de las últimas dos décadas, y si nuestro pueblo está dispuesto a otorgarles la confianza de nuevo es que no estamos entendiendo de qué va esto.
La preferencia de la ciudadanía entre los políticos jóvenes o los viejos líderes sería la que nos diría claramente si estamos por la regeneración y hemos entendido la naturaleza de nuestros problemas, o bien si este cabreo social no está adecuadamente orientado y no es más que rebeldía sin fondo ni idea detrás.

Yo sí creo que el país quiere regeneración y gente joven, creo que esto no es Italia con un presidente de la república de casi 90 años que debería estar coleccionando sellos en vez de estar representando al país, pero eso es lo que quiero creer así que eso puede influir en mi percepción.
No obstante tengo la sensación de que en Europa se van a extender en breve los gobiernos de concentración y que es algo que cuando llegue a los países centrales se va a querer imponer en todas partes. No quiero pensar que el último estertor de este régimen político sea un gobierno de concentración PP-PSOE presidido por Felipe González o por Aznar y que, además, lo recibamos entre aplausos.
Regeneración es regeneración, regeneración es mandar a sus casas a quienes han hecho la política de las últimas décadas. Tengamos claro esto y no nos dejemos liar con artificios de distintos tipos que seguro que nos van a poner delante para que la vieja casta política se mantenga en sus posiciones. Confío en que eso es lo que quieren nuestros ciudadanos pero cuidado con la falsa nostalgia, arma poderosa donde las haya.

jueves, 25 de abril de 2013

Revolución democrática vs movimientos autoritarios


















Me pregunta mucha gente por qué defiendo a Beppe Grillo (igual que me preguntaban hace dos años por qué defendía el 15-M) aún cuando su movimiento político tiene graves carencias políticas y está impregnado de populismo. Para empezar tengo que decir que yo no soy un fan del movimiento 5 estrellas ni creo que vaya a traer la redención de la humanidad como parece que algunos creen que pienso. Mi defensa se basa fundamentalmente en el rechazo a todos aquellos discursos que califican a este movimiento prefascista o antipolítico, discursos que normalmente se hacen desde posicionamientos políticos interesados y manipuladores.
Esa es una de las razones, pero hay otra más importante que se basa en un cuadro macropolítico que creo que es conveniente explicar y eso es lo que quiero hacer en esta entrada.

Esta crisis que nos asola no es una crisis puntual, es una crisis estructural y sistémica. El modelo de crecimiento económico basado en el endeudamiento y el capitalismo financiero llegó al colapso en 2008 y dejó un pufo que pesa como una losa sobre nuestras economías. Los grandes poderes financieros y los gobiernos de la mayoría del mundo están intentando solucionar esta crisis cargando la factura del endeudamiento a las clases populares y a los estados, lo que está provocando un empobrecimiento de esas mismas clases populares mientras las riquezas de las élites son defendidas e incluso ampliadas, llevándonos a una concentración de riqueza en pocas manos cada vez mayor.
En este contexto los estados democráticos no han sabido en casi ningún sitio desmarcarse de este esquema general. Gobiernos conservadores y social-demócratas por igual han aceptado este esquema y se han dedicado a sobrecargar de impuestos a las clases medias y populares a la vez que destruían los servicios públicos de los que las mismas eran usuarias, provocando la situación de concentración de renta comentada. Daba igual votar a la “izquierda” o a la “derecha” del sistema, las políticas económicas eran las recomendadas por el FMI y, en Europa, por una comisión europea al servicio de los intereses alemanes fundamentalmente.
El ciudadano, por tanto, se ha ido convirtiendo en desafecto al sistema. Los partidos de los regímenes democráticos no están dando soluciones, de hecho difícilmente se pueden percibir las diferencias entre ellos en asuntos económicos. Se presenta esta política de austeridad, impuestos y recortes como inevitable, como única política “seria”, entrando la sociedad entera en un abatimiento generalizado al percibir que esta política vendida como inevitable no lleva más que a la tercermundialización de nuestros países.

Lo interesante de la actual situación es que los ciudadanos han percibido que este “fraude”, que esta política de imposiciones exteriores y de inevitabilidad no es producto de la democracia sino que es precisamente producto de la ausencia de ella, de la ausencia de una democracia “real”. El problema, según la percepción general, no es que la democracia no valga para nada sino es que la democracia no es efectiva, que está secuestrada y que hay que recuperarla.
El movimiento 15-M se basó en eso. El parlamento y los partidos políticos ya no eran la expresión de la voluntad popular sino macro-estructuras al servicio de unos intereses económicos privados que eran contrarios a los intereses de la mayoría. La democracia estaba degenerada, vacía, secuestrada por poderes económicos internacionales y por servilismos políticos hacia gobiernos extranjeros, y por eso de facto estaba inhabilitada. No había democracia “real” detrás de la formal, todo se había convertido en una compleja estructura destinada al mantenimiento del statu quo imperante amordazando la verdadera voluntad popular.
El movimiento 5 estrellas de Beppe Grillo se parece bastante al 15-M y defiende unos planteamientos parecidos a estos. Ellos piensan que Italia está secuestrada por una clase política que ha situado al país bajo la bota de Alemania y de los poderes financieros internacionales. Los partidos italianos, dicen, son esencialmente iguales cuando llegan al poder, ignoran los designios de la ciudadanía y no son más que estructuras parasitarias del sistema. La confirmación de esta teoría y seguramente lo que le ha dado la fuerza al M5E fue la llegada del gobierno de Monti, un primer ministro técnico impuesto por Alemania y que contó con la aprobación en el parlamento de los partidos tradicionales, que le sostuvieron y apoyaron en sus continuos recortes y reformas que nadie había votado.

Esta situación, es decir, la interpretación de la crisis actual como una carencia de democracia es algo altamente novedoso. En otras épocas de la historia al suceder grandes crisis y procesos de empobrecimiento social como el actual la ciudadanía se ha rebelado contra el sistema imperante en todos sus aspectos.
Los revolucionarios soviéticos, por ejemplo, consideraban que la democracia burguesa era un engaño y que realmente sólo beneficiaba a las élites. Las libertades democráticas no eran más que una ilusión a la que el proletariado y el campesinado no podía acceder, pues estaba sometido de facto a la servidumbre económica. Ahí está la frase que le dijo Lenin al socialista español Fernando de los Rios “Libertad, ¿para qué?”, frase que escandalizó al español pero que representaba un pensamiento muy típico entre los revolucionarios rusos. ¿Para qué quiero libertad si no puedo ni comer? Decían. Ellos no valoraban las libertades democráticas porque no las podían haber ejercido nunca. Eran como un espejismo, una ilusión irreal que no les aplicaba directamente.
Con el auge de los fascismos pasó algo parecido. Ante la crisis de los años 30 parte de la población identificó al conjunto de democracia liberal y capitalismo económico como responsable de la crisis y por lo tanto pensaron que el sistema entero debía ser destruido. Un capitalismo dominado por “judíos” usureros y una democracia que era ineficiente y que no sabía parar el desorden público, según su punto de vista, fue sustituido por un estado totalitario con un liderazgo personal y con una economía de características nacionales y corporativas que debía servir al pueblo de mejor manera que el capitalismo tradicional.
Podríamos ir incluso más allá y situarnos en la revolución francesa, donde los revolucionarios no pidieron más concesiones o privilegios dentro del sistema del antiguo régimen sino que decidieron derrocarlo completamente. El absolutismo real, los privilegios de la nobleza y el clero y el resto de bases del antiguo régimen fueron eliminadas completamente en un proceso de mayor o menor intensidad según el momento, pero de total transformación en cualquier caso.

Lo normal en la historia es, pues, la revolución absoluta que acaba con un régimen o un sistema decadente y acabado. Y por eso mismo creo que no somos conscientes de la enorme suerte que tenemos en la época actual con el tipo de movimientos de cambio que existen actualmente.
Hay una ley de la historia que dice que el sistema social salido de una revolución es, en un primer momento, peor que el inmediatamente anterior. Esto sucede por la sencilla razón de que la revolución acaba con todo lo malo pero también con cosas buenas y más o menos razonables del sistema anterior. Cuando la triunfante revolución intenta edificar su nueva sociedad tarda bastante en hacer funcionar sus proyectos y pasan unos años donde ni lo nuevo funciona ni lo bueno que tenía el sistema anterior existe. Luego la revolución se asienta y logra crear un sistema mejor que el que ha derrocado pero los primeros años son muy complicados siempre. Es por esto por lo que digo siempre que la revolución, aunque a veces necesaria, es la última opción que tenemos.
Bien, pues en la época actual no se pretende hacer una revolución que acabe absolutamente con el sistema existente. Los ciudadanos no reniegan de la democracia, al contrario, valoran profundamente la democracia y los valores del liberalismo político. Por eso la revolución planteada no es para destruir un sistema sino para darle un contenido real a lo que ahora mismo es solo formalismo vacío. Se pide una democracia real, que el pueblo vuelva a tener la palabra, que la sociedad pueda decidir sobre el sistema político o económico, que la democracia también se convierta en una democracia económica donde el crecimiento económico y la riqueza beneficie a toda la sociedad de forma relativamente igualitaria.

En esta revolución democrática se están pidiendo muchas cosas: Representación ciudadana directa más allá de los partidos, democracia directa mediante referéndums, asamblearismo, democracia on-line, democratismo, presupuestos participativos, control democrático sobre la economía, etc. ¿Es todo maravilloso y de color de rosa? De ninguna manera, por supuesto hay peligros. Puede pasar que el democratismo lleve a la tiranía del 51% sobre el 49%, puede ser que el asamblearismo acabe proponiendo tonterías y cosas inaplicables, puede ser que la democracia on-line acabe degenerando o siendo manipulada. Los peligros existen y están ahí pero ¿qué cambio político no tiene peligro?
Defender la revolución democrática no quiere decir estar de acuerdo con el 100% de sus planteamientos. Yo creo que hay cosas que hay que pulir, hay que evitar que los derechos de las minorías y las libertades personales se vean coartadas por un exceso de democratismo, hay que darle un cauce verdaderamente funcional a todas estar reivindicaciones. Posiblemente esta democracia directa y popular tenga que ser compensada con una democracia representativa tradicional, a modo de dos contrapoderes que se limiten el uno al otro para evitar tanto la degradación política como el exceso de democratismo popular.
Pero insisto, es un camino que vale la pena. Los peligros existen, los riesgos también, pero tenemos que ir por este camino. Hay experiencias internacionales que ya existen que se pueden importar (las experiencias plebisticiarias y de democracia directa de países como Suiza y EE.UU, las primarias directas de países como EEUU o Francia, etc.) y hay muchas más cosas que habrá que crear de forma original para darle al pueblo la voz y el poder que reclama.

Y esto vale la pena por otra razón fundamental. Si nos dedicamos a tratar a todos estos movimientos “populistas” y defensores de la democracia participativa de perroflautas, locos, hippies trasnochados, proto-fascistas, etc. Y nos negamos a entrar por ese camino por los peligros asociados, entonces vamos a crear un monstruo mucho mayor.
Porque hoy la gente quiere una revolución democrática que priorice la voluntad democrática y ciudadana sobre los designios de los poderes políticos y económicos extranjeros, pero si este camino se cierra ¿pensáis que la gente va a asumir este estado de las cosas pasivamente? ¿Se va a conformar con esperar a que el sistema genere la solución al problema que él mismo ha provocado?
Si a la gente se le impide la revolución democrática buscará otras opciones que la liberen de esta opresión y de este austericidio. Y os aseguro que la siguiente opción en el camino no va a ser tan “simpática” como el Sr. Grillo o los chavales del 15-M. Si esta opción no funciona, entonces la población comenzará a buscar salvadores y caerá en las redes de populistas de verdad que usan el odio y la focalización transparente del enemigo como discurso político.
Las posturas anti-democráticas, los nacionalismos raciales y económicos, el anti-liberalismo populista, el caudillismo revolucionario…Todas esas opciones se abrirían ante nuestros ojos como alternativas desesperadas al empobrecimiento y satelización de nuestros países. Y cuidado porque no son predicciones probabilísticas, ya hay partidos así. ¿Qué pensáis que es la Aurora Dorada en Grecia? Es sencillamente esto. Es la opción desesperada de personas que tienen que creer en un camino para tener esperanzas, que apoyan a un movimiento porque les da dos platos de comida al día y les presta ayuda a cambio de que asuman su discurso de que la culpa de la pobreza de Grecia la tienen los inmigrantes, la democracia y la globalización.
Eso sí es populismo de verdad, eso sí que es un peligro para la democracia y las libertades públicas. E igual que estos hay otros partidos identitarios en Europa, e igual que estos podrían nacer movimientos de izquierdas basados en el hechizo de un caudillo popular que defienda que es la democracia burguesa la responsable de todos nuestros males.

Yo no soy un fan del Movimiento 5 Estrellas ni pienso que de las acampadas de la puerta del sol va a salir una revolución libertadora. Pero creo que estos movimientos reclaman cosas esencialmente justas, que tienen razón en una parte importante de lo que dicen y que en definitiva lo que están proponiendo son cosas bastante sensatas para lo que podrían estar reivindicando.
Sus reivindicaciones merecen ser contempladas y apoyadas en lo razonable, que es bastante. Yo tengo otra “cultura política”, tengo otras ideas y otras formas de hacer política y seguramente en un momento determinado apoyaré otros caminos más conformes a mi pensamientos si es que los hay. Pero no voy a caer nunca en la satanización de movimientos con diagnósticos certeros y reivindicaciones justas, y menos cuando lo que nos están poniendo delante es una revolución ciudadana y pacífica sin los excesos del pasado.

lunes, 22 de abril de 2013

No es economía, es ideología














Estos últimos días hemos visto una noticia que al ser algo técnica ha pasado desapercibida para la mayoría de personas. La noticia hablaba sobre un estudio de dos economistas, Reinhart y Rogoff, que ha sido justificación y pieza angular de las teorías de la austeridad que asfixian al sur de Europa.
Estos dos economistas predijeron que cuando el déficit público de un país supera el 90% de su PIB esta economía está destinada a la recesión y a que su crecimiento caiga en picado. Esto llevaba, según los defensores de esta teoría, a priorizar para las economías altamente endeudadas el desendeudamiento público como política principal y casi única, por encima de cualquier otra consideración. Notemos que en muchos casos esto es absolutamente contrario a los predicamentos keynesianos de endeudarse si es necesario para crear actividad económica, para así hacer crecer la economía y poder devolver posteriormente las deudas.

Bien, pues un estudio reciente ha demostrado que el estudio de Reinhart y Rogoff estaba mal hecho, al parecer por un error en la hoja exel que usaron para hacer los cálculos. Parece de cachondeo pero no lo es, aunque el problema no era sólo de cálculo sino que parece que también había cierto sesgo a la hora de tratar los datos y otros errores.
Tenemos que darnos cuenta que este estudio es uno de los pilares fundamentales que sostienen el discurso del ministro alemán Schäuble y el de la canciller Merkel sobre la impuesta austeridad en el sur de Europa. Cada vez que a Schäuble se le pregunta sobre si no cree que la austeridad está matando el necesario crecimiento en países de la periferia, el ministro responde que hay que desendeudarse a nivel público porque el comentado estudio así lo demuestra.
Se ha escrito mucho sobre el descubrimiento de este error en los últimos días, algunos lo han hecho desde una óptima un tanto cándida y han pensado que, una vez el estudio pilar de la austeridad se ha derrumbado, los políticos conservadores alemanes van a cambiar de posición. Pues lo siento mucho pero me temo que este deseo no es más que eso, un deseo.
Los políticos alemanes no están aplicando el austericidio porque hayan concluido después de un estudio que es la mejor política objetivamente hablando, lo están aplicando por pura obsesión político-moral y porque así defienden sus intereses. La austeridad en la periferia, hoy por hoy, beneficia a Alemania porque mantiene el euro artificialmente alto (lo que beneficia a una economía exportadora de bienes de alto valor añadido) y porque está produciendo un flujo de capital y recursos humanos de la periferia hacia Alemania. Adicionalmente responde perfectamente a unos posicionamientos morales “castigadores” contra los pecadores fiscales de los que son seguidores la señora Merkel y muchos en su gobierno.
Pensar que la política económica que se está siguiendo proviene de una opinión técnica sobre la realidad económica es un error que no nos podemos permitir. La economía está sometida a la política, la economía está sometida a unas percepciones morales y éticas, está sometida a la ideología. Estudios económicos hay de todo tipo y cada uno se cree el que le interesa para llegar al tipo de sociedad que desea. En definitiva, primero están la moral y las ideas y, a partir de ahí, se busca la manera de llevarlas a cabo.

Hay otro hecho que últimamente me ha indignado mucho y que creo que tiene algo que ver con esto, aunque a un nivel algo distinto. Como ya conoceréis la junta de Andalucía ha anunciado que va a legislar para que cualquier niño que lo necesite tenga aseguradas tres comidas al día, que se proveerán en los colegios. Esto no es ninguna revolución ni nada raro, esto se hacía hace varias décadas en todo tipo de países, desde la Cuba comunista hasta el capitalista Reino Unido (por ejemplo, Margaret Thatcher fue la ministra que eliminó el vaso de leche de merienda de la enseñanza pública británica), lo que pasa es que desde los 80 esto se ha ido erradicando a favor de las becas comedor y de ciertas ideas falsamente liberalizadoras.
La decisión de la junta de Andalucía no es caprichosa. Hoy en día cualquier profesor de la enseñanza pública te dirá que tiene alumnos que van al colegio sin desayunar y que muchos tienen una alimentación bastante deficiente. Siempre ha habido niños que iban al colegio sin desayunar o que no comían bien, pero actualmente con la crisis esto es algo que se ha disparado en las regiones más pobres e incluso en las ricas. Hay un porcentaje de niños nada desdeñable que no están desnutridos, pero sí malnutridos.

Desde cualquier punto de vista filosófico político decente, bien sea éste liberal bien sea socialista, se considera que hay que garantizar la igualdad de oportunidades. Un niño no tiene ninguna culpa de lo que hagan sus padres, de que estos estén en paro o de que sean unos irresponsables. La educación debe garantizar la igualdad de oportunidades y, de forma más amplia, que todos los niños tengan unos mínimos iguales. Y entre estos mínimos por supuesto que debe estar la nutrición.
Precisamente por esto he observado con asco como muchos políticos del PP y, sobre todo, los periodistas al servicio de este partido han cargado contra la medida de la junta de Andalucía (que tiene un claro ascendente de IU) tildándola de soviética o tercermundista y diciendo que esto se hacía en la URSS y en la Cuba de Castro, realizando miserables comparaciones que quieren dar a entender que esto tiene algún tipo de relación retroactiva con el atávico atraso de la región andaluza.
Miren caballeros opinadores, se lo voy a decir como lo siento: Son ustedes un hatajo de sinvergüenzas que parasitan sobre el cuerpo enfermo de nuestra empobrecida nación. Hay que ser muy miserable o un gilipollas integral para obviar los grandes problemas alimentarios que tienen muchos niños en España, y todavía más grave es que se frivolice con esto. Si a ustedes no les gusta, por la razón que sea, que se sirvan tres comidas en los colegios propongan una alternativa para solucionar el problema, pero priorizar el odio y la batalla política sobre las necesidades objetivas de los más frágiles socialmente es asqueroso.
Si mañana un izquierdista dijese que hay que dejar de dar dinero público a Cáritas diocesana porque es una asociación católica y no propusiese nada alternativo que cubriese las necesidades que esta medida ocasionaría, este señor sería un gilipollas fanatizado o una alimaña política, y así lo diría aquí. Y exactamente por la misma razón estos diputados andaluces del PP y estos periodistas genuflexos a sus amos son gentuza de la misma calaña que esos hipotéticos izquierdistas.
Dicen que es soviética… ¿Saben por qué es soviética? Se lo voy a explicar yo. La revolución comunista sólo se ha dado sobre países con amplias capas de pobreza y es por eso por lo que cualquier país comunista priorizaba estas cosas, porque es precisamente por lo que habían luchado e implantado la dictadura del proletariado (o lo que fuese eso). Si hoy España está necesitada de medidas soviéticas es porque las políticas de este gobierno y de sus amos alemanes están empobreciendo España hasta el punto de parecer que necesitamos una revolución soviética para salir de aquí.

Que nadie os engañe, aquí no hay criterios técnicos ni nada que se le parezca. Aquí hay ideología, las grandes líneas maestras de la economía las marca la ideología. Luego, en un segundo término, la aplicación técnica de estos grandes principios sí se hace quizá atendiendo a criterios técnicos, pero la línea inicial es puramente política.
Cuando se quiere acabar con el estado del bienestar, con la clase media o con la igualdad de renta, eso no es economía sino ideología. El austericidio es ideología y los que nos dicen que hay que hacer lo que hacen “porque no hay más remedio” lo hacen por pura ideología y porque son unos traidores a los intereses de su pueblo o, por lo menos, de la mayoría de él.

martes, 16 de abril de 2013

Los escraches y la ausencia de democracia














Cuando existe un gobierno repudiado socialmente, que cuenta con la desafección de una gran parte de la población a pesar de haber sido recientemente elegido y que no tiene más futuro que acabar perdiendo casi todo el poder que tiene en sus manos, a veces se produce un curioso proceso. Si ese gobierno no es moral ni decente entonces lo que suele suceder es que éste fabrica una realidad paralela para intentar justificar, en base a la sustitución de la realidad por otra fabricada a conveniencia, la permanencia y existencia del mismo gobierno.

El gobierno de España ha desarrollado en los últimos meses las más curiosas estrategias para intentar escapar a una realidad que le acosa por todos lados. El caso Bárcenas, que ha hecho que explote toda la suciedad que tenían en los cajones, ha sido combatido no ya con la negación sino con la sordomudez más absoluta. El PP ha pensado que su única solución era no dar ruedas de prensa y no mentar el nombre del susodicho, pensando cándidamente que así pasaría el temporal y que haciéndose los tontos quizá los problemas desaparecerían solos.
Otro de los casos que acosan al gobierno es el de los desahucios. La Plataforma de afectados por la hipoteca (PAH) cuenta con un respaldo social mayoritario, infinitamente superior al del propio gobierno. Adicionalmente la ley hipotecaria que sostiene la mecánica de los desahucios ha sido declarada abusiva por el tribunal europeo. Todo esto ha llevado a que la ley hipotecaria vigente tenga que ser reformada y, en este contexto, está una iniciativa legislativa popular que defiende la dación en pago y que defiende la PAH, pero no el gobierno.
El gobierno español, voz y brazo ejecutor de los intereses de la banca española, no quiere ni oír hablar de dación en pago y mucho menos generalizada. El problema aparece cuando la mayoría de la población sí está a favor de la dación en pago por lo menos para viviendas habituales y cuando no parece que exista alternativa por parte del gobierno ni justificación solvente para negarse a la misma en un sector bancario ayudado y salvado por el estado.
¿Qué ha hecho el gobierno para combatir esto? Pues la creación de una realidad paralela. La PAH ha optado por una forma de presión no convencional como son los llamados escraches, que consisten en manifestaciones y actos directamente a las puertas de domicilios de políticos o de lugares en los que éstos hacen actos públicos. Bien, pues resulta que estas manifestaciones, estos actos no convencionales y un tanto personalizados de protesta, han sido convertidos por el PP y sus periodistas afines en un acoso “propio de los nazis” que viola toda la cultura y procedimientos democráticos.

Realmente no es sólo que el PP esté satanizando los escraches y a la PAH porque no tiene alternativa política, también lo está haciendo porque les están tocando “lo suyo” y porque están asustados. Llevo meses diciéndolo, estos políticos se han metido en una zona de confort muy cómoda donde todo lo que no les afecte a ellos directamente les importa un bledo y donde todo lo conocido lo toleran en tanto en cuanto lo ignoran. Tan sólo lo que les toca a sus vidas y aquello que no controlan los logra sacar del plácido estado en que se encuentran para llevarlos directamente al pánico, por muy inocente que sea. Porque señores, sacar unos carros de comida de un supermercado es un hurto, no llega ni a delito, pero estaba tan fuera de lo normal que movilizó a dos ministros durante tres días en las vacaciones de agosto. Y que haya 50 personas delante de la vivienda de un político es una protesta pequeña y que no tiene más trascendencia, y sin embargo aquí parece que vaya a estallar una guerra civil pasado mañana.
Os voy a ser sincero, estoy francamente avergonzado de la debilidad de carácter de nuestros políticos. No es ya que sean necios y traidores, es que son cobardicas y, perdóneseme la expresión, unas “nenazas”. De toda la vida cuando una empresa ha cerrado y liquidado y el dueño ha dejado salarios a deber, por la casa de ese señor han aparecido frecuentemente los trabajadores para “recordarle” que les debía dinero. Esto era normal, fuesen estas reclamaciones civilizadas o violentas, nadie se escandalizaba por esto por mucho que estos señores tuviesen mujer e hijos.
También tienen hijos los famosos que salen en las revistas y en los programas del corazón y tienen comandos de fotógrafos y periodistas acampados permanentemente delante de sus casas ¿No tiene Belén Esteban periodistas a la puerta de su casa? ¿No los tendrá Isabel Pantoja en los últimos meses? Y si, se quejan, discuten con los periodistas, dicen que así no se puede vivir, pero ni llaman al fiscal general del estado ni comparan a los fotógrafos con los miembros de las S.S. Alguien ha dicho que esta gente vive del público y por lo tanto tiene que aguantarlo pero ¿es que no vive del público un diputado? ¿No vive de sus votantes?
Igual voy a decir una barbaridad, pero casi que me produciría más respeto un diputado que se pegase con los participantes del escrache que estos cobardes que se van corriendo a llamar a la policía, al presidente, al fiscal general del estado y se ponen a hablar de nazismo y guerras civiles. Por lo menos demostrarían tener valor y defender lo que creen, y no ser marionetas al servicio de las cúpulas y los poderes fácticos que es lo que realmente son.

Francamente todo esto es un despropósito. Dicen que estas formas de protesta son “acoso” y “antidemocráticas” y que si quieren protestar hay otras vías. ¿Pero qué vías? ¿Las manifestaciones que ignoráis? ¿Las protestas que ninguneáis? ¿La voluntad popular que estáis violando todos los días?
Hay una cosa que es verdad: Los cauces “normales” de la protesta democrática y de la democracia misma no están siendo usados, y no están siendo usados precisamente porque este gobierno y en parte el anterior han acabado con ellas. Hoy en día las manifestaciones y las huelgas no valen absolutamente para nada, están siendo permanentemente ignoradas por los poderes públicos. En España hay decenas de manifestaciones todas las semanas ¿han valido para algo? No. En España ha habido tres huelgas generales en los últimos tres años ¿han valido para algo? Para nada.
Y ya no es solo eso, no es que los mecanismos de protesta no funcionen ni valgan para nada, es que directamente la propia base de la democracia, que es el sufragio universal y la democracia participativa, ha sido vaciada de contenido por estos políticos. Nuestro actual gobierno ha violado de principio a fin el programa electoral que le presentó a la ciudadanía para salir elegido, pervirtiendo la democracia hasta límites que no conocíamos. Adicionalmente los diputados no representan a nadie más que a la cúpula de su partido, y las cúpulas de los partidos mayoritarios forman parte de un oligopolio con un fuerte cordón umbilical con los intereses económicos del país. Y finalmente nos encontramos con que nuestra democracia no es autónoma, está absolutamente sometida a los intereses monetarios y económicos de un país extranjero, que es Alemania.
¿Qué mecanismos democráticos quieren los señores del PP que usemos? No nos han dejado ninguno. Ni nuestro voto vale ni menos aún nuestras acciones y protestas legales y oficializadas. Lo único que hemos visto que sirve es precisamente estos movimientos novedosos como los de la PAH que han conseguido parar decenas de desahucios, o esta forma de “resistencias civil pasiva” de muchos servidores públicos que también está impidiendo desahucios. Vale más irte a Carrefour y robar tres carritos que reunir a medio millón de personas en la puerta del sol. Esta es la puñetera realidad y es el producto precisamente de la destrucción de la democracia que estos políticos están implantando en España.

¿Qué si estoy a favor de los escraches? Por supuesto que sí, de hecho deberían haber muchos más y con menos miramientos y sutilezas. Este es un momento de crisis gravísima para el país donde el sistema de la transición está muriendo y la democracia misma está en peligro. Si nuestros excelentísimos diputados quieren que les hagan un manto de flores a la puerta de su casa y recibir vítores cuando entren en el parlamento, que se vayan a Corea del Norte y le pidan un puesto a Kim Jon Un. Porque aquí el país no está para esto, aquí hay libertad de expresión y el país está muy cabreado y con razón.
Ya está bien de ser un diputado de quinta fila que nadie conoce, que no hace nada y que ni siquiera sabe pensar por sí mismo. Hay pequeños empresarios a los que les persiguen señores vestidos de pantera rosa porque deben facturas que no pueden pagar, hay empleados de empresas que por 1.500 euros al mes reciben broncas indignantes a diario y a nadie le importa. Si quieren ser diputados que lo sean y si no saben aguantar la presión que se larguen a su casa, que nadie les obliga a estar ahí.
Y a lo mejor, ya que son diputados, se podrían plantear escuchar a la gente, sus historias terribles y sus sufrimientos y ejercer su libertad de voto a favor de su pueblo, y no a favor de intereses bastardos y muchas veces extranjeros. Pero si no saben ni lidiar con un grupo de 30 señoras pedirles que se opongan a sus jefes de filas me parece que es totalmente inútil.

domingo, 14 de abril de 2013

14 de Abril














Hoy 14 de abril, aniversario de la proclamación de la II república, la tradicional manifestación republicana ha sido la más numerosa que se recuerda. Esto no parece extraño en absoluto teniendo en cuenta que la afinidad de la población española con la monarquía está en mínimos históricos y que el rechazo a la actual familia real y a la institución en general es bastante elevado.

Hoy mismo La Sexta ha hecho un barómetro preguntando qué forma de estado preferían los entrevistados. Casi un 48% dijeron preferir la monarquía contra un 34% que preferían la república. Hay estudios todavía más proclives al republicanismo, como uno de Metroscopia de diciembre de 2011 que mostraba un resultado de 49% favorables a la monarquía y 37% de la república. Todos los estudios demuestran, no obstante, que la república es la opción mayoritaria entre los jóvenes mientras que el monarquismo aguanta gracias al sector más anciano de la sociedad.
Estos resultados, a pesar de dar una mayoría monárquica, son absolutamente rupturistas con el pasado pues la opción de republicanismo declarado era muy minoritaria (sobre el 20%) antes de la crisis. Podríamos decir que en los últimos 5 años el republicanismo se ha multiplicado por dos en nuestro país, con una tendencia ascendente que nos hace vislumbrar una posible opción mayoritariamente republicana en un futuro próximo.

¿Hasta qué punto este auge del republicanismo es circunstancial? ¿Depende de la crisis económica y de los errores del actual rey y de su familia, o es algo consolidado? Podríamos tener la tentación de pensar que esto es circunstancial, que se debe a un cabreo y a una decepción generalizada con el actual sistema que arrastra a la monarquía, o que se debe a los casos de corrupción en la familia real y a los “errores” del rey y que sus efectos se difuminarán conforme pasen los años. Pero esto no es así y creo que es un error pensar en estos términos.
Si el rey abdica en su hijo y los escándalos se quedan en la “generación anterior” y si la crisis se solventa mágicamente y el país vuelve a ver el futuro con optimismo quizá el auge del republicanismo se frene, pero lo que es absolutamente implanteable es pensar que la opción republicana va a volver a estar en el 15% o 20% como estaba hace unos años, y la aceptación de la monarquía en casi un 70%.
La alta valoración que tenía la monarquía en nuestro país se debía a la extensión generalizada de una mitología sobre la transición y sobre un rey que era el garante de nuestras libertades constitucionales. Esta mitología ha sido extremadamente exitosa durante muchos años pero desde siempre ha sido evidente que la misma no sobreviviría al reinado del actual rey. Con un rey nuevo que tuviese que ganarse una nueva legitimidad por sus actos estas teorías tendrían que ser dejadas de lado para crear una legitimidad nueva basada en cualquier otra cosa (si es que se quería mantener esta asombrosa aceptación). Realmente no ha hecho falta ni un cambio de rey, pues este final de reinado de Juan Carlos I ha sido tan escandaloso que ha adelantado lo inevitable.
España no es un país sentimentalmente monárquico, sino que era circunstancialmente monárquico. Las circunstancias que mantenían la popularidad de la opción monárquica realmente han desaparecido y fuera del propio conservadurismo (que es el que lleva a la gente anciana a mostrarse muy partidaria de la monarquía o de los partidos tradicionales) no parece que haya nada sólido que pueda sostener un futuro monárquico para España.
Si la juventud es mayoritariamente republicana (o, por lo menos, contraria a la monarquía) parece bastante probable que el país lo sea en cuestión de unos pocos años. Me parece imposible crear una nueva legitimidad monárquica para el futuro rey Felipe VI que sea aceptada por la mayoría de la población, y digo esto fortalecido por mi percepción personal de que la opción republicana está absolutamente consolidada en la mayoría de la gente menor de 45 años que conozco.

Para mi el cambio de forma de estado no es algo urgente ni fundamental pero nunca he escondido que es algo que deseo. La monarquía en España existe todavía por un cúmulo de circunstancias que fueron ajenas a la naturaleza universal del siglo XX y que no parecen tener ningún sentido hoy día. La monarquía en España existe todavía sencillamente porque fue un seguro para poder desactivar ese fascismo que en España vivió 30 años más de lo que le tocaba.
La transición fue un experimento exclusivamente español que generó un sistema parecido al de las monarquías democráticas europeas aunque con algunas carencias. Sin embargo estas carencias se han hecho evidentes tres décadas después y hoy, nos guste o no, el régimen de la transición está muerto y debe ser radicalmente modificado. Y una vez modificado el régimen este anacronismo, esta monarquía derrocada dos veces y reinstaurada otras dos, no tiene sentido que perviva si la población no lo desea.
¿Qué habría que hacer? Creo que lo fundamental es organizar los mecanismos para que la ciudadanía pueda decidir qué forma de estado desea. Básicamente, necesitamos introducir en el ordenamiento legal las posibilidades de hacer un referéndum como se ha hecho en otros países (recuerdo Australia, por ejemplo). Me parece que existen pocos argumentos lógicos para oponerse a esto.

Por eso mismo la forma como se reivindica la república, con las típicas manifestaciones del 14 de abril llenas de banderas tricolores y referencias a la época de la II república, no me parece ni la más adecuada ni la más inteligente. El republicanismo está creciendo transversalmente, entre gentes izquierdistas y derechistas, y me parece que habría que entender esto y actuar en consecuencia.
Queremos una III república, no la reinstauración de la II. Y por lo tanto es conveniente que las manifestaciones sean por la III y no por el recuerdo a la II. La bandera tricolor es un símbolo republicano y me parece estupendo que esté en las manifestaciones por la república, pero por la misma manera podría estar también la bandera provisional de la I república y no está en ninguna manifestación. Hace poco le dije a alguien que las manifestaciones por la república deberían tener banderas tanto de la I república como de la II.
Por otro lado creo que sería fundamental que estas manifestaciones más que centrarse en la proclamación de la III república y en “echar a los Borbones” se centrasen en la exigencia de un referéndum. La creación de mecanismos para hacer un referéndum es lo que traerá la república a España en no más de 2 o 3 décadas y su exigencia es difícilmente rebatible desde un posicionamiento escrupulosamente democrático.

Tengo la sensación de que el actual reinado no va a durar mucho, de hecho no tengo nada claro que este rey acabe 2013 en el trono. El reinado del actual príncipe comenzará en muy poco tiempo y creo que para entonces las cosas cambiarán bastante: Ya no tendremos al rey que lideró la transición y paró el 23-F sino un rey “más” sin ningún tipo de currículum a sus espaldas.
Espero que el republicanismo se organice mejor en ese momento en base a ese transversalismo que he comentado y a ser posible debería poder enlazarse con una amplia reforma constitucional que tenga como objetivo la regeneración democrática de nuestro país. Esa combinación, república + regeneración desde un posicionamiento lo más transversal posible, sí que sería absolutamente mayoritaria en nuestra sociedad.

martes, 2 de abril de 2013

Renta básica universal ¿Es una buena idea?















En las últimas semanas he asistido a un debate sobre la conveniencia o no de la llamada renta básica universal. La renta básica universal se define como un ingreso mínimo al que tendría acceso cualquier ciudadano por el mero hecho de serlo, ingreso que debería cubrir las necesidades básicas de esa persona. Este ingreso no estaría condicionado siquiera a la búsqueda de empleo y por tanto el receptor no tendría por qué dar contraprestación alguna a la sociedad ni cumplir ningún requisito, sería un derecho absoluto.
Desde posicionamientos de izquierdas hay profundas discrepancias sobre esta renta. Hay algunos que la ven como un objetivo progresista a alcanzar pero otros dudan muchísimo de su conveniencia, pues consideran que podría generar ciudadanos dependientes y no comprometidos con la sociedad y el bienestar social.

Para empezar quería hablar sobre los conceptos de “dependencia”, de “servidumbre económica” o de “autonomía”. Continuamente oigo críticas desde posicionamientos liberales a las ayudas sociales y al estado del bienestar por generar dependencia o servilismo económico hacia el estado. Estas críticas, en mi opinión, no son más que piruetas argumentales para cargar contra el estado del bienestar en base a conceptualizaciones de libertad mal entendida. Muchos usan estas argumentaciones torticeramente y con objetivos ocultos de fomentar la desigualdad, sin embargo muchas personas de sentimientos y objetivos nobles caen frecuentemente en esta trampa y pasan a defender estas mismas ideas, y creo que esto es un problema.
La dependencia económica es, efectivamente, algo inconveniente. Sería ideal que todos los seres humanos pudiésemos tener una ocupación y un trabajo con el que ganarnos dignamente la vida, que nos aportase ingresos suficientes y que mediante este mecanismo se pudiese generar una sociedad relativamente igualitaria. El problema es que hoy en día esto es una utopía, una entelequia, y es algo que parece imposible de realizar mediante lo que conocemos como “capitalismo”.
La dependencia económica no existe única ni principalmente entre el individuo y el estado sino que hay otras muchas maneras de dependencia económica. La principal dependencia económica es la que genera la pobreza, esto es, el no tener las necesidades básicas cubiertas. Una persona pobre, una persona que necesita comer, poner un plato de comida en la mesa para sus hijos, pagarles la escuela o vestirlos, es la víctima principal de la dependencia económica “privada”. Esas personas están sometidas a depender de un empleador o de alguien que les de trabajo y por tanto sienten la servidumbre económica en sus propias carnes sin que medie el estado para nada. La “libertad” queda anulada o supeditada a la necesidad, esas personas realmente no pueden ejercer la libertad plena a causa de sus necesidades.
Muchas veces de hacen divagaciones un poco tontas sobre las “oportunidades” y los mercados de trabajo “dinámicos” diciendo que estas personas sometidas al servilismo económico por un empleador se podrían buscar la vida en otro trabajo más digno y mejor. Quienes hacen este tipo de argumentaciones normalmente no conocen la pobreza ni los mercados de trabajo. Esto podría ser así en un mercado de trabajo con pleno empleo, donde rija la competencia perfecta y donde las reglas de la oferta y la demanda funcionen adecuadamente, pero el problema es que esos mercados de trabajo no existen. Ni la ley de la oferta y la demanda funciona siempre ni mucho menos la competencia perfecta existe y desgraciadamente hace décadas que no vemos mercados de trabajo con pleno empleo excepto en situaciones y ocasiones muy puntuales.

Cuando desde posiciones izquierdistas hablamos de la libertad siempre tenemos una cosa presente: Cuando los hombres están sometidos a otros por necesidad económica difícilmente pueden ser libres. Generar igualdad de renta y dar soluciones y ayudas para que la gente tenga sus necesidades básicas cubiertas y no tenga que someterse a otros son principios que tenemos claros en la izquierda, a diferencia de los liberales que generalmente sólo se concentran en las libertades de “no interferencia”.
Ahora, ¿estamos considerando adecuadamente la problemática de la dependencia del estado? Nosotros tendemos a considerar que la dependencia de un estado democrático es un problema menor, pues este estado no es un ente “opresor” sino una representación de la voluntad popular y de la colectividad. Por eso nos parece mucho menos nocivo que un trabajador precario dependa del estado que el hecho de que dependa de un empresario con ánimo de lucro. Creemos que la libertad está más salvaguardada en el primer caso.
Cuando se critica que ciertos sectores económicos, ciertas personas o ciertos colectivos viven de los subsidios públicos y se considera esto como algún tipo de esclavitud siempre me enervo. ¿Es que es mejor estar viviendo debajo de un puente? ¿Es que para evitar la “dependencia” del estado vamos a generar masas humanas miserables que sean tratados como ganado laboral? La simple insinuación me resulta indignante, hablar de quitar subsidios y ayudas a cambio de nada me resulta una política inhumana.
Ahora, eso no quiere decir que la dependencia de los subsidios o ayudas de forma generalizada sea una política adecuada. La autonomía de los ciudadanos y de los individuos es importante, y los sistemas de subsidios generalizados se ha demostrado que crean ciertas tendencias conservadoras y enquistan ciertos problemas en vez de resolverlos. Un trabajador que no tenga sus necesidades básicas cubiertas debe ser ayudado y protegido, pero la política correcta sería que ese trabajador pueda generar a corto plazo los recursos que necesita por sí mismo y así no necesite ayuda. Que un individuo tenga que depender de otros para sobrevivir dignamente cuando estos otros quieren lucrarse de su trabajo es el peor de los escenarios, pero que este individuo dependa del estado indefinidamente no es el mejor, el mejor es que no dependa de nadie.

Vuelvo a la pregunta inicial, ¿sería conveniente una renta básica ciudadana? Pues en base a las consideraciones éticas que he expresado antes depende, y depende fundamentalmente de cómo se oriente esta renta básica, que límites tenga y que requisitos exija.
Personalmente considero que una renta básica generalizada a todo el mundo es algo que no tiene especial sentido y, en cambio, podría generar problemas. Nuestros estados del bienestar ya han generado ciertos servicios que están disponibles para todo el mundo y esto debe seguir siendo así, pero añadir adicionalmente una renta incondicional me parece que no es bueno. Hay mucha gente que no necesita esta renta y creo que la extensión indiscriminada de la misma podría ser un problema a nivel de recursos.
Se puede plantear también una versión menos indiscriminada de la renta básica, que se daría a todos aquellos que no tuviesen recursos suficientes y/o no tuviesen trabajo. Esta idea parece más lógica sin embargo creo que tiene un problema importante que conviene analizar. Si una renta básica es incondicional ¿no corremos el riesgo de que los receptores se desentiendan de sus obligaciones sociales? ¿No estamos perdiendo de vista que lo importante realmente es la autonomía y que la igualdad sea algo que las personas puedan conseguir por ellas mismas?
Nuestra sociedad está basada en un concepto colectivo de la convivencia. Somos individuos pero también somos seres sociales, somos parte de grupos mayores y uno de estos grupos mayores es lo que llamamos sociedad. La sociedad a la que nosotros aspiramos es aquella en la que cada uno aporta según sus posibilidades y cada uno recibe según sus necesidades, sin perjuicio de que se genere cierta desigualdad relativa entre individuos por su capacidad, valor, aportación social, etc. Una renta básica para todo el mundo que lo necesite cumple uno de estos valores, es decir otorga a cada miembro de la sociedad lo que necesita, sin embargo incumple el otro: No todos los miembros aportan según sus posibilidades.
Podríamos pensar que un miembro que necesita cobrar una renta básica no puede aportar nada pero esto no es cierto. No puede aportar dinero y recursos económicos pero sí podría aportar otras cosas como trabajo o cooperación social. Por tanto no me parece correcto que alguien reciba de la sociedad lo que necesita si no está dispuesto a darle a la sociedad lo que puede aportar.

¿Qué tipo de renta básica sería, pues, conveniente? Yo creo que aquella que se conceda a todas aquellas personas que estén dispuestas a poner parcialmente sus capacidades al servicio de la colectividad. Una persona que pretenda cobrar una renta básica pero que no esté dispuesto a trabajar en nada ni cooperar con la sociedad en ningún campo no me parece que deba cobrarla. En cambio un individuo que sí esté dispuesto a esta colaboración debería, sin lugar a dudas, poder cobrarla si la necesita.
En muchas sociedades avanzadas existen subsidios de desempleo indefinidos para quienes no tengan trabajo, pero en todas ellas existe una exigencia fundamental: Que esta persona esté buscando empleo o esté disponible para trabajar si se le encuentra un trabajo adecuado a su perfil y capacidades. Si esta voluntad no existe y es transparente, los subsidios desaparecen.
Yo concibo la renta básica ciudadana como una extensión de esta realidad laboral de los subsidios indefinidos a más campos. Además de una voluntad de trabajar podría existir una voluntad de cooperación colectiva en los muchísimos ámbitos que esta sociedad necesita. Articular algún tipo de cooperación social que responda adecuadamente al perfil profesional y humano del receptor de la renta básica podría ser una solución para convertir esta renta básica en algo que proteja a todo el mundo y que cumpla los requisitos éticos que he expresado anteriormente.

Y no debemos perder de vista que el objetivo de esta renta básica ciudadana debería ser cesar por falta de necesidad. No se trata de darle quehaceres de forma indefinida a quien cobre la renta básica, se trataría de fomentar que la mayoría de sus perceptores pudiesen ser autónomos a corto plazo, poder tener empleo por cuenta propia o ajena y poder así generar recursos por si mismos. El objetivo de la autonomía del individuo no debemos perderla de vista.
Otra cosa distinta es que asumamos que las grandes bolsas de desempleo estructural no son coyunturales sino que van a existir siempre. En ese caso el objetivo de que todos los trabajadores sean autónomos en un mercado de trabajo capitalista no sería posible y habría que plantear otras muchas soluciones que van más allá de la renta básica, como la implantación de la economía del bien común, el uso del estado como empleador de último recurso o la creación de cooperativas orientadas a la rentabilidad social.