La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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miércoles, 26 de junio de 2013

¿El negacionismo debe ser delito?













Hace unos días el grupo parlamentario de UPyD en el congreso de los diputados ha presentado una propuesta para que se regule el delito de negacionismo en España de forma parecida a cómo se hace en Alemania. En el país germano la negación de los crímenes cometidos por los nazis es un delito tipificado.
La idea de UPyD es que este delito de negacionismo esté fundamentalmente orientado a aquellos que niegan los crímenes de ETA y los del franquismo aunque esta figura abarcaría, en teoría, cualquier otro negacionismo sobre genocidios ocurridos en otros países y en otras épocas.

Para empezar me sorprende absolutamente este posicionamiento de UPyD. Es cierto que UPyD es el partido más activo contra el entorno de ETA y quien más combate contra la intención de la izquierda abertzale de crear una pseudo historia interesada sobre una violencia mutua entre el estado español y el independentismo vasco igualmente condenable y opresora. Aquí estoy bastante de acuerdo con UPyD, no se puede comparar los excesos antiterroristas del estado español (que los hubo) con la acción de ETA, y a pesar de que soy partidario de un reconocimiento explícito por parte del estado español sobre los crímenes de la lucha antiterrorista no acepto que se ponga a ambos bandos en pie de igualdad.
Sin embargo hace unas semanas UPyD se abstuvo, de forma incomprensible, en la votación que proponía declarar el 18 de julio como día de las víctimas del franquismo. La justificación para esa abstención era grosso modo que tenemos cosas más importantes que hacer que estar todo el día hablando del franquismo y de sus crímenes, idea que no comparto pero que puedo entender. Ahora, si esa es la idea ¿qué demonios se hace pidiendo que se cree un delito de negacionismo? Es contradictorio e incomprensible.
Sólo se comprendería si la iniciativa estuviese específicamente diseñada para los crímenes de ETA y el resto no fuese más que un atrezo para disfrazar una ley hecha adhoc y con un destinatario determinado como si fuese una ley general y neutral.

En cualquier caso creo que debemos analizar el caso de forma neutral, es decir, sin tener en cuenta los posibles destinatarios. ¿Es adecuada una ley que penalice el negacionismo? ¿Por qué hay en otros países? Hay que tener en cuenta qué implica esta ley: Se limita en cierta manera la liberad de expresión, que es una de las libertades básicas.
Yo considero que una ley así es defendible cuando este mismo negacionismo puede poner en peligro la misma democracia y libertad que quieres defender. Es decir, la democracia tiene la obligación de defenderse a sí misma y de defender la permanencia de las libertades individuales de los ciudadanos, y si para eso se tiene que hacer alguna pequeña limitación tangencial de algún derecho determinado se puede justificar, si la amenaza es real ojo.
Por ejemplo, en la Alemania de después de la guerra los crímenes nazis habían sido descubiertos y sacados a la opinión pública. Alemania era un país derrotado, destruido, en el que Hitler había ganado unas elecciones escasamente década y media antes. La historia reciente de Alemania indicaba que de esa misma frustración de derrota en una guerra había nacido una semilla del odio que había llevado al nazismo al poder. En aquel momento era posible que, ante la derrota y el nacionalismo nunca escondido de los alemanes, las teorías de que todos los crímenes habían sido una invención de los aliados se extendiesen y llevasen a una parte importante de la opinión pública a añorar o apoyar a partidos nazis de nuevo.
En ese contexto crear un delito de negacionismo tenía sentido. No se podía permitir que los alemanes se replegasen sobre su nacionalismo y creasen de nuevo un problema para Europa desde algún posicionamiento autoritario. El sistema democrático de la RFA se defendió a si mismo prohibiendo a los partidos neonazis y tipificando como delito el negacionismo de los crímenes del nazismo.

Pero la pregunta es ¿tiene sentido crear un delito de negacionismo en España? Ya existe un delito que castiga la incitación a la violencia (que no siempre se aplica cuando se debe, por cierto), pero el negacionismo es algo más, implica castigar no sólo el acto sino también la opinión.
Pensemos en los dos negacionismos para los que ley se ha ideado, el franquista y el etarra. ¿Puede el negacionismo franquista poner en peligro la democracia en España? En mi opinión no. El negacionismo franquista está muy extendido en la calle y en los medios de comunicación, de forma lamentable en mi opinión pero aunque está extendido nunca ha supuesto un peligro para la democracia misma, pues el negacionismo franquista normalmente no busca implantar un estado nacionalista-autoritario sino que pretende “lavar la cara” a la estirpe familiar o a las creencias añejas de ciertas personas.
El negacionismo franquista debe ser combatido, pero sólo con la opinión y limpiando la estructura del estado y el ámbito público de sus vestigios. Si se quiere combatir el franquismo sociológico que el estado español se declare directamente heredero del estado republicano, que se eliminen los símbolos franquistas de las calles, que se saquen los cadáveres de Franco y de Jose Antonio de un monumento de patrimonio nacional, que se intente investigar todas las víctimas de la represión y se cree una cultura pública democrática de rechazo a ese periodo de nuestra historia.
Eso sí se puede y se debe hacer, pero sin haber hecho esto ponerte a perseguir delitos de opinión me parece absurdo e ilógico. Las opiniones de los franquistas no van a poner en peligro la democracia en España.

¿Y respecto a ETA? Pues tampoco. ETA jamás en su historia ha tenido posibilidad de acabar con la democracia en España excepto quizá en los momentos más sensibles de la transición cuando sus acciones podían provocar al estamento militar. Durante los durísimos años 80 y 90 ETA nunca tuvo posibilidad de conseguir nada, por mucho que hiciese mucho daño. En Euskadi su presencia quebraba la convivencia ciudadana pero no ponía en peligro al estado de forma clara.
Hoy, cuando ETA ha abandonado las armas y cuando sus antiguos defensores están andando el camino que lleva a la convivencia y a la aceptación de los crímenes cometidos (por mucho que usen “trampas”), el peligro es absolutamente inexistente. Por tanto intentar penar el negacionismo etarra (“ETA no era una banda terrorista” “ETA sólo se defendía ante la agresión”) no aporta nada más que quedarse con la sensación de una victoria total, aplastante y en todos los terrenos sobre el terrorismo y la izquierda abertzale.
Pero esto es innecesario y puede que hasta contraproducente. ETA ha dejado las armas, ha sido derrotada por la historia y esto no cambia porque unas cuantas decenas de miles de personas se creen una historia ficticia en su mente para justificar el apoyo moral que prestaron a la banda en el pasado. Lo inteligente, de hecho, es dejarles que se tonifiquen con esas ideas siempre que esto no suponga ninguna cesión en nada fundamental.

En definitiva ¿tiene sentido tipificar el negacionismo como delito? En España no. No hay justificación para limitar un derecho fundamental, como es el poder expresar disparates y majaderías antihistóricas, puesto que no hay amenaza real. La propuesta de UPyD me parece, pues, puro populismo o pura intención de aplastar al entorno de la izquierda abertzale.

lunes, 24 de junio de 2013

El poli malo y el poli peor, y más cosas
















En los últimos tiempos me había hecho una idea preconcebida sobre la naturaleza de nuestra querida troika, que como sabéis es el nombre que se le da al grupo formado por el Fondo monetario internacional (FMI), el banco central europeo (BCE) y la comisión europea (CE), y que dirige la política de los países rescatados y “condiciona” la de otros países con problemas.

La CE y el BCE están proponiendo continuamente seguir por la senda del austericidio, es decir, recortar gasto y subir impuestos para eliminar los déficits de los países que los tienen. Esa vía se ha demostrado terriblemente nociva para nuestras economías y por cada décima de punto de déficit que se consigue recortar por este procedimiento el impacto en la riqueza y el empleo es terrible.
En frente de eso se ha situado últimamente el FMI, que dice que los recortes están dañando la economía y que lo importante y prioritario es conseguir crecimiento, por lo que propone dejar en segundo plano el asunto del déficit público para dejar a la economía recuperarse y, si procede, promueve incluso estímulos públicos para favorecer este crecimiento.
Los ahogados europeos del sur habíamos pensado que dentro de la tétrica troika el FMI era el “poli bueno”, un actor un poco más comprensivo con nuestros problemas, mientras que el BCE (dominado por Alemania) y la CE (dominada por Alemania) nos querían someter a un hundimiento sin fin.

Pues bien, el otro día el FMI se desmarcó con una petición de una nueva reforma laboral que abarate aún más el despido y propicie una bajada todavía más acusada de salarios. Según el FMI, la última reforma laboral no ha dado los resultados deseados y, por tanto, se necesita una más agresiva. Eso sí, hay que parar los recortes.
Yo no esperaba nada bueno del FMI pero aún así me ha sorprendido que se haya metido en este asunto. El despido en España, siempre que sea necesario para la empresa, es prácticamente siempre de 20 días por año trabajado después de la reforma laboral. Gracias al despido de 20 días ha habido probablemente centenares de miles de despidos (recordemos que el paro habrá aumentado cerca de un millón de personas desde la última reforma laboral) y decir que “hay que despedir más barato” es una burla inadmisible a tantos trabajadores que se han visto fulminados de sus puestos de trabajo gracias a estas facilidades.
Los sueldos en España, además, están bajando de forma brutal y si no se ve en las estadísticas es porque el descenso neto del empleo está cebándose con los sueldos más bajos, lo que crea una tendencia de subida del salario medio. Si realmente el sueldo medio estadístico está bajando os podéis imaginar hasta qué punto los sueldos están disminuyendo realmente.
El FMI parecía el “poli bueno” de la troika, mientras los otros eran los “polis malos” merkelianos. Ya vemos que esto no era así. La voluntad de convertirnos en un país en vías de desarrollo (o mejor dicho, en vías de subdesarrollo) es más que patente por parte de todos los actores de la troika con la única diferencia de que unos nos quieren convertir en un BRIC y otros en un territorio empobrecido parte de un imperio económico.

Más cosas que quería contar. Ayer estuve en una empresa valenciana que se dedica al sector del plástico. Cuando estoy con clientes siempre me gusta conocer bien cómo van sus negocios, a dónde venden, que proyectos tienen, etc. En esta empresa me contaron que su producción y su venta había cambiado radicalmente en 5 años, pues hasta 2008 toda su producción iba destinada al mercado nacional y hoy, a mediados de 2013, exportan fuera de España más de la mitad de los productos que fabrican.
Obviamente esto supone un cambio radical dentro de una empresa, tanto por el cambio de productos como por el hecho de haber tenido que abrir el mercado exterior, algo muy costoso para quien no está acostumbrado a la exportación. Esta empresa, pues, inició en 2008 un periodo de transición que ha sido relativamente exitoso pero que, según me reconocieron, no siempre pareció que iba a salir bien. Estuvieron a punto de cerrar en 2009.
¿Qué les salvó? Pues básicamente dos cosas: El Plan E y otro plan de subvenciones a la industria automovilística y auxiliar que también se aprobó en 2008-2009. Al final fueron las ayudas públicas a través de planes de infraestructuras o de subvenciones un tanto arbitrarias las que salvaron a esta empresa, que posiblemente no hubiese podido sobrevivir y reinventarse de no haberlas tenido.
Yo he sido muy crítico con el Plan E y, también, con la política económica de los primeros tiempos de Elena Salgado cuando intentaba reactivar la economía al más puro estilo keynesiano a través de la iniciativa del estado. Siempre he pensado que esas inversiones estuvieron mal orientadas y que se podía haber gastado en dinero mucho mejor. Pero cuando veo casos como este me doy cuenta que el Plan E no fue tan malo como muchas veces se pinta ni un error tan garrafal. Igual que mi cliente otras muchas empresas obtuvieron el tiempo suficiente para reinventarse y cambiar, para adaptarse a las nuevas condiciones de mercado. Es un intangible pero ¿Cuántas empresas y miles de puestos de trabajo salvó el Plan E? No lo podemos saber, pero seguro que muchas y aquí tenéis un buen ejemplo de ello.

Y ya que estamos en la Comunidad Valenciana me gustaría explicar la última vuelta de tuerca de la degeneración moral absoluta que domina esta tierra. Como todos sabéis el señor Rafael Blasco, exconseller de prácticamente todo con el PPCV (y con el PSPV) está imputado por el caso cooperación al haber desviado presuntamente varios millones de euros de ayuda al desarrollo hacia intereses particulares.
La propia fiscalía de la Generalitat valenciana, ante el expolio, tuvo que pedir 11 años de cárcel para el Sr.Blasco. Claro, cuando la fiscalía de tu propio gobierno pide 11 años de cárcel a un sujeto presuntamente corrupto lo normal es expulsarle del partido y pedirle que deje el escaño ¿no? Pues no, el señor Blasco seguía en su escaño tan ricamente con alguna suave presión para que entregase el acta, ya que tenerle en el escaño quedaba feo. Nadie tenía valor para echarle ni para dar un golpe encima de la mesa y todo se hacía suavemente detrás de las bambalinas.
Bien, pues se ve que a Blasco, un tío curtido en la lucha armada (fue del FRAP y a mí me aseguran que tiene responsabilidades en delitos de sangre), esta suave brisa que pedía su renuncia no le gustó ni un pelo y aprovechó un par de entrevistas en los medios de comunicación para rajar de sus compañeros de partido y recordar que el president Fabra también estuvo imputado cuando era concejal de urbanismo del ayuntamiento de Castellón.
Y entonces, el señor que había saqueado 6 millones de euros sin que eso fuese suficiente para recibir un castigo contundente por parte de su partido, fue automáticamente fulminado, suspendido de militancia del PP y va a ser expulsado del grupo parlamentario popular en cuanto éste lo decida por votación. Es decir, que por robar 6 millones de euros no pasa nada pero por criticar al partido se acaba con cualquiera.

Lo grave del asunto es que en el PPCV se ha reconocido claramente que se expulsa a Blasco por “deslealtad” y no por la imputación, porque haya saqueado 6 millones de euros o porque la fiscalía de la Generalitat haya pedido 11 años de cárcel para él.
Esto es la política señores, con su extrema degeneración reflejada en las acciones del PPCV. Puedes robar, saquear, engañar, mentir, hacer las fechorías que sea, pero mientras te mantengas leal al partido, a sus líderes y mantengas la boca cerrada te defienden hasta la muerte o hasta que ya sea absolutamente escandalosa la defensa y no se pueda mantener. Ahora, como levantes la voz, discrepes, critiques o no muestres lealtad a la cúpula eres absolutamente fulminado. Y no es sólo el PPCV (el otro día Francesc Romeu calificó una decisión de la ejecutiva del PSPV como “burla a la militancia” y la mitad del partido se lo quiere cargar), pero es que el PPCV muestra como nadie hasta qué punto la política se ha convertido en una secta de intereses particulares, líderes supremos y estructuras mafiosas de defensa mutua.
No creo que el Consell aguante dos años y supongo que Fabra tendrá que adelantar las elecciones en la Comunidad Valenciana, pero sólo de pensar que pueden quedar otros dos años con esta gentuza al frente de mi tierra se me llevan los demonios.

jueves, 20 de junio de 2013

Las protestas en Brasil y el modelo BRIC
















Como todos sabéis ya hace unos días que las calles de varias ciudades de Brasil se han llenado de “indignados” que, por una queja puntual sobre el aumento del precio del transporte, han generado una protesta global contra la política económica de su país. Me gustaría hablar de este fenómeno porque me parece muy interesante y muy clarificador de hacia dónde va el mundo.

Brasil es uno de los emergentes BRIC (Brasil, Rusia, India y China), tiene desde hace más de una década un gobierno izquierdista que está llevando al país a tasas de crecimiento grandísimas y, a pesar de eso, ha tenido su primera gran protesta contra la política económica. La reivindicación está sostenida en la sensación de frustración que tienen los brasileños al ver que sus servicios públicos (sanidad, educación, etc.) no están creciendo y mejorando al ritmo del crecimiento económico. El crecimiento se destina a infraestructuras, mundiales de futbol, etc. Pero no a servicios básicos.
Cuidado, Brasil tiene un gobierno izquierdista que ha extendido los programas contra la pobreza y los servicios públicos básicos. Antes de la llegada de Lula Brasil era un país desestructurado económicamente donde mucha gente pasaba hambre y necesidades, algo que ahora casi no pasa. Yo creo que la población valora esto pero considera que se debe ir un poco más allá. Si estamos creciendo como nadie, generando riqueza, etc. ¿Por qué no repercute esto en una mejora del estado asistencial para acercarlo a estándares europeos? Esa es la pregunta y la queja de muchos brasileños.
Si hay un gobierno en los BRIC que podría mejorar esos servicios es el brasileño. Ni el falso comunismo chino, ni la Rusia de Putin ni la India van a desarrollar un estado del bienestar pero ¿no debería hacerlo un partido muy izquierdista como el PT brasileño? Debería ser la aspiración.

¿Dónde está el problema? Pues que los BRIC tienen un modelo de crecimiento muy concreto basado en la mano de obra barata, en el apoyo institucional a la industrialización, en políticas monetarias que favorecen la exportación y en que también son receptores del capital que se deslocaliza de otros países. Esto lleva a que todos estos países compartan una evolución de la estructura de clases sociales muy parecida: Aparecen algunos millonarios, una escuálida clase media y una gran masa de trabajadores pobres que, no obstante, tienen sus necesidades más básicas cubiertas casi totalmente.
Este modelo de sociedad es bastante menos homogéneo que el tradicional occidental (basado en una amplia clase media) y es precisamente por esta estructura sociológica por la que el estado del bienestar no se puede consolidar y crecer. Es necesario que los ricos sean muy ricos y puedan ganar mucho dinero para que sigan invirtiendo y es necesario que los pobres sean relativamente pobres para poder mantener los salarios bajos. Con un amplio estado del bienestar las clases medias se ampliarían, las demandas salariales también y el modelo BRIC se iría a hacer puñetas, deslocalizándose hacia otros lugares las empresas que ahora están en Brasil.
Es por eso por lo que Brasil se encuentra en una encrucijada política. El izquierdista PT no puede mejorar el bienestar a estándares europeos porque sino se le acaba el modelo. Pero los brasileños no entienden por qué tienen que tener servicios públicos mucho más deficientes que, por ejemplo, los portugueses, cuando están viendo que las empresas portuguesas van a invertir a Brasil y la mano de obra tecnificada portuguesa está emigrando allí.

Si analizamos lo que está pasando en Europa y en occidente en general podemos ver cómo el modelo BRIC también se está intentando implantar pero en sentido contrario. Excepto unos pocos países que por su fortaleza monetaria (EEUU) o por la alta tecnificación y valor añadido de sus productos (Alemania, Japón) se pueden librar por ahora de esto, el resto estamos cayendo en una espiral que nos lleva, de facto, a la sociedad de los BRIC.
La riqueza en la Europa del sur está cada día más concentrada. Las grandes fortunas son cada día más ricas y nuestras clases medias están desapareciendo. Las clases trabajadoras, que antes estaban bien cubiertas por el estado del bienestar, son víctimas de los recortes del mismo y su transformación en un estado asistencial de último recurso, teniendo que reducir sus salarios para poder trabajar y vivir de forma medianamente digna.
La devaluación interna es un proceso nada proporcional, pues recae casi en exclusividad sobre las clases medias y bajas, y por tanto esa devaluación interna va a llevar a la sociedad BRIC. Nuestro futuro, el futuro al que nos quieren llevar, es el mismo que los BRIC: Ricos muy ricos, clases medias menguadas y una gran masa de trabajadores que trabajen por bajos salarios.

El mundo, pues, va hacia la convergencia de un BRIC global, como le leí en su momento al profesor Enrique Mesa y me pareció muy acertado. Pero cuidado, que el mundo no es estático y el futuro puede ser todavía peor que el BRIC.
¿Sabéis que en China ya hay trabajadores industriales que cobran sueldos parecidos a los del sur de Europa? La cultura China desprecia el trabajo manual (en el sentido que es de “poco status” social) y por eso cada vez se exigen sueldos más altos en algunas industrias. El coste salarial chino está aumentando, al igual que pasará en Brasil, Rusia e India.
¿Qué está sucediendo? Pues que hay empresas que se están yendo de China para situarse en otros países del sureste asiático, como Bangladesh, donde el precio del trabajo es ridículo y las exigencias de seguridad o medio ambiente, como se comprobó hace unos meses, también. Y no sólo le pasa a China, hay indios que están haciendo negocios en países africanos y procesos parecidos también deben estar pasando al resto de BRIC’s.
El crecimiento o progresos de los BRIC se debe a la mano de obra barata en una proporción importante. ¿Por qué ese mismo proceso no les va a empobrecer también? Por supuesto que lo hará, el capital se desplazará a cualquier parte del mundo para minimizar sus costes y así maximizar sus beneficios. El proceso que ha creado a los BRIC los puede destruir en un futuro próximo.

La globalización financiera está igualando el mundo. Esto, que algunos ilusos abrazaron con entusiasmo hace más de una década pensando que representaría una nueva “justicia” global, es un error absoluto e inaceptable. Porque esto no es una cuestión de “países”, es una cuestión de “clases”, y así hay que analizarlo.
Los países en vías de desarrollo no se van a convertir en países desarrollados como decían los ilusos, sino que se van a convertir en países de riqueza media con sociedades duales. Los países occidentales más débiles también van a ese proceso, y cuando caigan los primeros occidentales, los demás países que hoy se creen inmunes irán detrás.
La naturaleza del capital internacional será buscar el mínimo coste posible, extendiendo en todos los países por los que pase el modelo de pocos ricos y muchos pobres. No es la extensión de la riqueza por el mundo, no os engañéis, es la explotación del trabajo y la extensión de las sociedades duales, desestructuradas y con nula homogeneidad de renta.

¿Qué hacemos pues? Me parece evidente que el modelo de la globalización económica y financiera es enemigo de la igualdad. Nos empobrece a nosotros y, mañana, empobrecerá a las mismas clases medias que hoy están creciendo en esos países.
Esto no puede ser un modelo para nadie que quiera mejorar la sociedad. Y, por tanto, creo que ha llegado el momento de plantearnos que este sistema debe ser cambiado radicalmente a nivel internacional, estemos en España, en Alemania o en Brasil.

lunes, 17 de junio de 2013

¿Política o religión?











La política es la ciencia que trata sobre la organización y gestión de los asuntos públicos y colectivos. Por definición es una ciencia, es decir, una actividad que se basa en el conocimiento empírico y racional, basada en la experiencia o en las hipótesis lógicas sostenidas por la razón.
La política además está sostenida en la ideología, que no es directamente una ciencia pero sí es parte de la filosofía. La filosofía, al igual que la ciencia, se basa en la razón y a pesar de que la filosofía no se basa en la experimentación ni en la comprobación empírica ambas disciplinas pueden y deben ser compatibles.
La política debe ser, pues, una mezcla de ideología (filosofía) y “gestión política” (ciencia). Pero muchas veces hay más realidades que están insertas en la política, siendo la religión la principal injerencia en este esquema.

Cuando hablo de religión no me refiero a las creencias trascendentales y estructuradas alrededor de una iglesia, unos símbolos o unas ideas sagradas, sino a la religiosidad como concepto genérico que afecta a las percepciones de los hombres en mucho más ámbitos además del espiritual. La religiosidad se basa en la Fe no en la razón, se basa en la creencia sin pruebas, en la aceptación dogmática de una realidad indemostrable y a veces absurda. Es, por definición, una actitud contraria a la razón.
Pues bien, la política está llena de religión, de religiosidad. La religiosidad en la política se observa en actitudes dogmáticas que van mucho más allá de la ideología, se ve en ciertas conceptualizaciones de “destino político” que hacen muchos grupos o partidos, se percibe en maximalismos inalcanzables y en idealizaciones sobre la “eternidad” de ciertos planteamientos.
Muchos partidos y posicionamientos políticos aparentemente inconexos u opuestos entre sí basan sus propuestas políticas en la religión o la religiosidad aunque no tengan relación con ideas religiosas de contenido espiritual.

El caso más claro de ideas religiosas en la política es el de todos aquellos partidos teológicos o basados en algún credo religioso. Posiblemente el caso más fácilmente identificable hoy día son los partidos islamistas, partidos que se basan en el Corán y en las leyes islámicas como fuente de sus ideas y de su acción de gobierno o posible legislación. Un islamista no razona sobre la conveniencia o no de una política determinada de inspiración islámica, pues siempre pensará que su aplicación es un objetivo “sagrado” o “histórico”. Puede ser pragmático y moderado y entender que la sociedad puede no aceptar en ese momento esa ley y por tanto suavizarla o posponerla, pero en el fondo la aplicación de esa ley de inspiración coránica será un objetivo a alcanzar, una meta que hay que posponer por las circunstancias pero que habrá que abordar en el futuro. Ningún análisis de la sociedad o ninguna reflexión racional le hará cambiar de opinión.
No sólo hay partidos islamistas en la política. Durante mucho tiempo hubo partidos claramente “católicos” en Europa y todavía los hay aunque no definidos como tales sino, quizá, como “cristiano demócratas”. El origen de los planteamientos religiosos de los políticos de partidos católicos es parecido al de los islamistas si bien los católicos son casi todos moderados. Las bases morales del catolicismo, la importancia de la iglesia católica como institución central de la sociedad, los conceptos tradicionales sobre familia, orden y relaciones sociales y otras ideas con origen en la doctrina católica son una base política y una aspiración de estos grupos.
Ojo, que no debe haber confusiones aquí. Una cosa es tener un credo y una religión y otra muy distinta es convertir esa religión en política. Hay políticos católicos o musulmanes que dejan la religión fuera de la gestión política y la llevan como algo personal, como una moral propia. Hay otros que incluso basándose fuertemente en su moral teológica saben que ésta no puede influir en las leyes que afectan a todos y buscan la manera de compatibilizar su moral con una política para todos. Ninguna de estas personas ejerce la política con “religiosidad”, para ejercerla con religiosidad deben tener credos políticos irracionales y dogmáticos.

Hay otros grupos que, sin tener religión personal o colectiva alguna, también ejercen la política de forma religiosa. Por ejemplo gran parte de los partidos y grupos nacionalistas tienen conceptos religiosos en sus planteamientos o, directamente, la base política de los mismos es totalmente religiosa.
El nacionalismo es una ideología que se basa en la generación o idealización de una nación determinada. La nación puede existir de forma reconocida (ser un estado) o no, pero el nacionalismo exalta la supuesta nación y sus hechos diferenciales respecto a los territorios que la rodean. La religiosidad del nacionalismo se basa en otorgar a un concepto arbitrario (qué es una nación) un “destino” o una voluntad nacional única, ajena a la de sus ciudadanos o, por lo menos, sin aceptar a parte sustancial de ellos.
La existencia de la nación no se pone en cuestión, no se analiza, es un dogma, una verdad absoluta que no se discute. Cualquiera de los argumentos en contra (la inexistencia de esa nación o la posibilidad de crear una nación diferente en base a características diferentes) se rechazan frontalmente como un ataque o casi como un acto de genocidio cultural.

Hay más fuerzas políticas que se basan en conceptos religiosos en el desarrollo de sus ideas. Hay muchos revolucionarios, por ejemplo, que creen en un “destino” revolucionario, en una revolución que llegará inexorablemente como producto inevitable de una historia de opresión. La revolución es aquí un hecho religioso en sí, como una revelación o un acto sagrado, como una redención de la humanidad o la llegada de un mesías colectivo.
El texto sagrado sería la interpretación, subjetiva y parcial, de un desarrollo filosófico o político determinado, hecho en una época o una sociedad determinada pero que se extiende por el espacio y el tiempo como si fuese un “destino” inevitable, que llegará tarde o temprano cuando se den las condiciones objetivas. Muchos comunistas o anarquistas revolucionarios hacen argumentaciones de este tipo, si bien otros muchos las han rechazado,
También hay religiosidad en la otra orilla. Hay quienes, desde posiciones capitalistas, piensan que la economía capitalista es esencialmente superior a cualquier otra organización económica y que no existe ni podrá existir jamás una alternativa mejor. El mercado se convierte en un “dios” que se autorregula solo, que siempre asigna los recursos de la forma más eficiente posible, que maximiza la productividad y la generación de riqueza y que concede “libertad” a los seres humanos. Las consecuencias negativas del capitalismo se ignoran, se rechazan dogmáticamente o se obvian porque “esto es así” y “no hay alternativa”.
Puntualizo una vez más. Un comunista o un capitalista no es religioso per se, un comunista será religioso si cree en el destino de una revolución mística e inevitable, y un capitalista será religioso si cree estar delante del “dios mercado”, mecanismo económico más perfecto que jamás existirá. Hay capitalistas y comunistas que no son religiosos, pues defienden sus ideologías con datos, análisis serios y, sobre todo, serían capaces de cambiar de opinión si la realidad les demuestra que están equivocados.

La religiosidad en la política es la mayor de las lacras del mundo. Con el político religioso no se puede discutir, no se puede razonar, no se le puede convencer. Cuando la política se convierte en religión entonces entramos en una mera suma de adeptos y votos detrás de posicionamientos dogmáticos, en una lucha de poder entre personas que han congelado la realidad en un momento determinado. La política deja de ser política y se convierte, entonces, en una guerra de posicionamientos preconfigurados.
Yo soy capaz de entenderme con cualquiera que no sea dogmático y que no tenga posturas políticas religiosas y creo que eso lo he demostrado a lo largo de los años. Pero desgraciadamente cuando tu interlocutor está en posturas políticas religiosas poco se puede hacer. No cabe el acuerdo, ni el entendimiento ni siquiera la confianza política. Y, sobre todo, no cabe el debate porque para el religioso no hay debate, sólo hay prédica y conversión del otro, cuando no sometimiento.

jueves, 13 de junio de 2013

¿Estamos realmente ante el fin del bipartidismo?
















Ante el gran número de encuestas publicadas en las últimas semanas los medios de comunicación y las redes sociales han planteado una pregunta: ¿Estamos ante el fin del bipartidismo? Las encuestas (es decir, los resultados del voto directo) dicen que sí, pero a partir de estos datos brutos se hacen dos interpretaciones.
La primera de las interpretaciones es que sí, que estamos ya en un sistema de 4 partidos nacionales (dos grandes y dos más pequeños) como al principio de la transición, sin embargo hay otra interpretación que dice que esto es un efecto temporal de las encuestas y que realmente de haber unas elecciones ahora volveríamos a un bipartidismo real aunque algo menos acusado.
En mi opinión ambas teorías son erróneas en su proyección. Voy a intentar explicar por qué.

Creo que el origen de todo se debe a los resultados extremadamente novedosos que están dando las distintas encuestas. Ahora mismo hay una realidad que las empresas de demoscopia no saben gestionar, que es la altísima abstención declarada y el alto grado de falseamiento en la respuesta de qué se votó en las elecciones pasadas. Como las empresas no saben cómo gestionar este vacío cada una hace lo que le da la gana.
Hay algunas que intentan ser relativamente fieles a la intención de voto declarada (aunque siempre corrigiendo algo hacia los partidos mayoritarios) como metroscopia, y por eso les está saliendo un esquema donde en 15 puntos hay 4 partidos políticos. Sin embargo otras (como el CIS o la empresa que hizo las encuestas para La Razón) tienden a pensar que todo el abstencionismo y quienes falsean su voto del 20-N al final van a votar al partido del que se han despegado, que es mayoritariamente el PP. Como ya he explicado esta forma de cocinar me parece una absoluta arbitrariedad creada para generar un esquema fácil de previsión de resultados y/o para satisfacer al medio de comunicación que te compra las encuestas.
Pero en cualquier caso la realidad es que no sabemos qué va a pasar con la gran masa de abstencionistas y desafectos. ¿Van a votar? ¿Van a cambiar su voto respecto a las elecciones anteriores? ¿Se quedarán al margen del sistema?

Viendo que las encuestas no son suficientes (por lo menos en aquellos apartados que componen la base de la futura cocina de la estimación electoral) creo que debemos intentar valorar factores adicionales. Entre esos factores está el clima social, la opinión ciudadana sobre otros factores que no impliquen directamente a los partidos y las experiencias que observamos en países de nuestro entorno y/o situación.
Creo que no es desconocido para nadie que el clima social es claramente adverso al dúo PP-PSOE. Una parte posiblemente mayoritaria de la población culpa a ambos, PP y al PSOE, de la crisis actual. Que culpe a ambos no implica que los culpe con la misma intensidad, pero eso no quiere decir que no esté decepcionado con ambos, que lo está. Cualquiera de estas personas son potenciales votantes de otras formaciones y de la abstención y pensar, como piensan las cocinas de las encuestas, que van a seguir votando al “menos malo” me parece un poco absurdo.
Cuando las encuestas preguntan a los ciudadanos sobre valoraciones de los líderes, sobre la necesidad de regeneración democrática o sobre la situación política y económica vemos también unas tendencias claras. El presidente del gobierno cuenta con la desaprobación de 4/5 del país, la ciudadanía considera que la situación política y económica del país es horrible y la mayoría de votantes quieren una regeneración de la democracia. En este contexto plantear que el PP podría sacar el 35% de los votos en unas elecciones me parece ciencia-ficción.
Por alguna razón incomprensible los “especialistas” tienden a pensar que la gente es irracional o incluso sumisa. Piensan que los esquemas tradicionales de afección política y voto son tan fuertes que los ciudadanos no pueden salir de esa tela de araña. Ignoran que en países de nuestro entorno y nuestras características, como Italia o Grecia, los esquemas políticos han saltado por los aires. Incluso en Portugal hay un sistema de 5 partidos donde el bipartidismo retrocede poco a poco. ¿Por qué en España no? La anormalidad sería que en España se mantuviese el bipartidismo.

La situación actual de España es, con pocas dudas, una situación parecida a la de la transición con dos partidos grandes y dos un poco más pequeños, aunque un poco más escorada a los pequeños que aquella vez. IU y UPyD sacarían cerca de un 25% de votos entre los dos mientras que el PP y el PSOE sacarían alrededor de un 50%. Esta es la situación hoy, en primavera de 2013, pero es la situación de este momento y es susceptible de cambiar.
Los grandes partidos piensan que si las circunstancias de desafección cambian van a recuperar terreno. El PP piensa que si la economía vuelve a crecer a finales de 2014 y se consigue crear algo de empleo mejorarán algo los resultados de las encuestas actuales. Pero esta visión no es más que un autoconvencimiento patético que no se puede creer nadie. Que el país crezca un 0,5% no va a servir para casi nada y crear algo de empleo no va a paliar ni remotamente la enorme sangría que ha generado 2012 y va a generar 2013. La desafección hacia el gobierno no va a disminuir, al contrario, irá en aumento poco a poco ante la degradación de las condiciones de vida de la gente.
El PSOE cree que en cuanto Rubalcaba salga de la secretaría general y tengan un nuevo candidato subirán en las encuestas. La argumentación es relativamente razonable y seguramente eso es lo que pasará si no las realizan muy tarde (posiblemente en ese momento superarán al PP en intención de voto), sin embargo el argumento tiene un problema: El PSOE tiene gran competencia en su campo y pierde votos por todos lados. La sangría hacia IU no parece que vaya a cesar y también puede perder votos hacia UPyD y otras fuerzas. El voto que va a IU difícilmente a volver al PSOE y eso es lo que el PSOE no quiere entender.
La tendencia del país es, pues, desgaste del PP y PSOE y crecimiento de otras fuerzas (IU, UPyD, EQUO, etc.) y esta tendencia no parece que vaya a cambiar. Puede que haya algo de trasvase de voto del PP al PSOE, pero con esta realidad económica y con esta degeneración política nada hace prever que antes de 2015 esta tendencia de dispersión de voto pueda ser revertida.
De todas formas sí hay algo que favorece al PP y al PSOE, que es el sistema electoral. A pesar de la desafección política estos partidos van a mantener más poder político del que deberían tener gracias a un sistema electoral que los beneficia, y posiblemente esto pueda influir en el comportamiento electoral en las circunscripciones más pequeñas.

En cualquier caso creo que el error básico de todas las extrapolaciones que se están haciendo hacia el futuro es que se está suponiendo que la oferta de partidos va a quedar estática, y esto no va a pasar. Ni el PP va a aguantar solo indefinidamente en el terreno de la derecha (bien por la llegada de un partido descaradamente neoliberal, bien por el crecimiento de un partido de extrema derecha) ni los experimentos del tipo M5S italiano van a pasar por estas tierras sin quedarse.
Se oyen cantos de sirena continuamente sobre nuevas plataformas y opciones políticas. Hace unos meses se creó el Partido X, partido a caballo de los partidos piratas y el 15-M, que por ahora está en silencio relativo. Parece ser que también muchos miembros de la asociación Democracia Real Ya quieren organizar una plataforma electoral y también se está hablando durante largos meses de la entrada del juez Garzón en la política (la última noticia decía que lo haría acompañado de veteranos izquierdistas). También hay que tener en cuenta a EQUO, que aliado con el partido verde europeo podría darle un buen resultado en las próximas europeas y alzarlo como 5º actor político.
Hay gente que piensa que esto traería mayor competencia al terreno de la izquierda y que tampoco cambiaría nada en lo que al voto conservador se refiere, pero se equivocan. Porque estos partidos y plataformas del estilo del Partido Pirata tienen un potencial importante para atraer el voto liberal, los partidos indignados también tienen un perfil adecuado para que los voten muchos ciudadanos conservadores (véase cuanto voto ex de Berlusconi ha conseguido Beppe Grillo) e incluso el partido verde EQUO puede atraer votos de muchos ciudadanos moderados.
Cuando un país tiene altas tasas de abstención declarada como tenemos ahora en España, aparecen partidos y plataformas que buscan captar ese voto. En el territorio ideológico en el que haya abstencionistas aparecerán partidos, no tengáis ninguna duda.

¿Está, pues, el bipartidismo acabado? Todo apunta a que sí. Hoy por hoy muy probablemente ya lo está pero la cuestión no es si vamos al sistema de 4 partidos desigual o no, la cuestión es que para cuando tengamos elecciones esta realidad virtual del sistema de 4 partidos puede haber sido incluso superada.
El país no va a caer de nuevo en esta partitocracia dual, de hecho la única manera de evitar el desplome del bipartidismo tácito sería una apertura en los partidos tradicionales que hiciese que los representantes políticos no dependiesen de las cúpulas y sí de los electores, generándose una diversidad de tendencias dentro de los partidos y una nueva realidad de “voto individual” por parte de los representantes de los ciudadanos. Y eso no eliminaría el bipartidismo pero sí eliminaría la partitocracia, lo que al fin y al cabo supondría, también, un cambio radical en nuestra política.
Si esto no pasa (y difícilmente pasará sin un gran castigo electoral de por medio) nuestro inevitable futuro es un pulverizado de partidos y de voto tan sólo disimulado por la gracia del sistema electoral.

lunes, 10 de junio de 2013

¿Qué hay que hacer con las pensiones?


















El pensionazo está a la vista. El grupo de expertos que formó el gobierno para que lo asesorasen en la futura reforma de las pensiones ya ha emitido un informe aprobado por la inmensa mayoría de ellos en el que sugieren que a partir de ahora las pensiones se actualicen y se cuantifiquen en función de un factor de sostenibilidad que depende de varios factores como la esperanza de vida, ingresos del sistema, etc.
La implantación de este sistema llevaría a que las pensiones de los futuros pensionistas sean sustancialmente más bajas que las actuales y, también, a que las pensiones se dejen de actualizar con el IPC, lo que implicaría muy probablemente a una práctica congelación de las mismas durante los próximos años, reduciendo el poder adquisitivo de los actuales jubilados.

Esta propuesta, de llevarse a cabo, representaría un cambio radical de la realidad de las pensiones públicas en España bastante mayor que el de la última reforma, la que marcaba la jubilación a los 67 años. No sólo es que vayamos a trabajar más años como en la reforma de 2011 sino que ahora nos encontramos con una futura pensión indeterminada, con una cuantía que no podemos predecir y que está sometida a la benevolencia de los gobernantes. Claramente se está empujando a la gente a los sistemas de pensiones privados y aunque eso es algo se que lleva haciendo desde hace 20 años ahora se hace con mayor intensidad.
¿Dónde está el problema? ¿Realmente los miembros del comité de expertos son unos vendidos a la patronal bancaria y de los seguros? ¿O realmente el sistema es insostenible y hay que reformarlo? Las preguntas son muchas y creo que estamos errando bastante el tiro posicionándonos en una de estas dos posturas simples pero contrarias: La de que el sistema de pensiones público es insostenible, y la de que esto no es más que un ataque del capital contra los trabajadores.
La realidad es bastante más compleja que eso y si bien hay parte de razón en ambos posicionamientos creo que debemos fijarnos bien en la naturaleza del sistema para entender los problemas (que los hay) y por qué las soluciones son claramente un fraude a la sociedad.

Nuestro sistema de pensiones es un clásico sistema de reparto donde las cotizaciones de los actuales trabadores deben pagar las pensiones de los jubilados. Las cotizaciones sociales se obtienen por los ingresos de la S.S, que pagan tanto los trabajadores por cotización directa como las empresas por sus trabajadores.
Es un sistema directo, que se basa en el equilibro entre cotizantes y beneficiarios. Hay otros sistemas en el mundo que se llaman de capitalización pero no voy a entrar ahí porque sería muy largo. Ya hablé una vez de ellos aquí.
¿Dónde está el problema de este sistema tal y cómo está planteado? Pues que si hay más dinero a repartir (en pensiones) que dinero que entra en el sistema (en cotizaciones) entonces el sistema no se puede mantener. Se creó en su momento un fondo de reserva de la S.S para poder cubrir esta diferencia si se daba alguna vez, el problema es que este fondo podría aguantar unos cuantos años para cubrir las diferencias coyunturales pero no durará para siempre en el caso de tener un desequilibrio estructural. Actualmente ya se está usando el fondo de garantía de pensiones para pagarlas.
¿Existe ese desequilibrio estructural? Aunque ahora se esté usando el fondo de garantía realmente no lo hay, el desequilibrio es coyuntural y se debe a que hay 6 millones de parados. Si el país tuviese 3 ó 4 millones de parados no habría desequilibrios y el sistema llegaría perfectamente…Pero por ahora. Porque hay tres factores que hacen prever que el sistema no va a ser sostenible en el futuro: El aumento de la esperanza de vida (que nos dará una población pensionista mayor en el futuro), el descenso de la natalidad (que hará que entren menos cotizantes en el sistema) y el descenso de los salarios (proceso que se está dando y que redundará en menores cotizaciones).
El equilibro estructural se podría hacer cambiando alguna de esas tres tendencias. Se ha intentado hacer sustituyendo la natalidad por inmigración pero es un hecho que no ha funcionado, por varias razones. Lo de disminuir la esperanza de vida o acabar con pensionistas no parece muy humano así que no se plantea. Finalmente sí habría una buena política que sería aumentar los salarios para que aumentasen las cotizaciones, pero esto choca frontalmente con la “devaluación interna” que nos están imponiendo y, también, con el terrible sistema de competencias salariales de la globalización. O sea, que mientras tengamos este tipo de capitalismo nos podemos olvidar de que suban los sueldos de forma general.

¿Entonces el sistema de reparto, tal y como está planteado en España, es insostenible? Sí, tal y cómo está planteado en España sí, pero eso no quiere decir que esta reforma sea buena.
Lo que han hecho estos expertos es decirnos precisamente esto, que el sistema no es sostenible, y sin cambiar las bases del sistema (cotizaciones sociales transferidas a pensionistas) han hecho que este sea sostenible creando el factor de corrección, para que lo que entre sea igual a lo que sale. Y como cada vez va a entrar menos pues entonces las pensiones serán cada vez más bajas. Los expertos han hecho un maravilloso ejercicio de economía doméstica, lo que pasa es que un estado no es una casa y la economía doméstica no vale para arreglar los problemas sociales y económicos.
Volvemos al mismo punto que en los debates sobre el déficit del estado ¿dónde está el problema, en los gastos? No, el problema está en los ingresos. El problema del sistema de pensiones no está en que se gaste mucho, el problema es que se recauda menos de las necesidades que tenemos y eso es lo que hay que tratar.
El punto clave aquí es ¿se puede recaudar más en cotizaciones sociales? Yo creo que no, pues creo que las cotizaciones sociales para las empresas ya son lo suficientemente altas y para los trabajadores se podía aumentar algo, pero tampoco demasiado. Así pues el problema es que nuestro sistema no tiene una fuente suficiente de recursos y hay que buscarla por otros lados.
No olvidemos nunca que la política social no es un problema de economía y de matemáticas simplemente, sino que aquí hay unos fundamentos éticos y morales que hay que preservar. Nuestra obligación como sociedad avanzada es dar una jubilación digna a nuestros mayores y ese es un punto que no podemos olvidar. Las reformas se tienen que hacer garantizando esto, sino no nos valen. Y esta de los expertos no nos vale porque no garantiza pensiones dignas.

¿Cuál es la solución? Pues buscar nuevas fuentes de ingresos más allá de las cotizaciones sociales. Por ejemplo el impuesto sobre hidrocarburos podría usarse para financiar las pensiones, o se podría usar la tasa sobre las transacciones financieras o cualquier otro impuesto. También podría complementar el gobierno el sistema mediante transferencias que provendrían de su propia recaudación. Hay mil opciones.
Yo creo que lo de la tasa a las transacciones financieras es una buena idea para otorgar recursos a los sistemas de pensiones de reparto y así equilibrar la ecuación. Hay países que tienen recursos naturales y pueden usarlos para estas cosas pero nosotros no tenemos y tenemos que buscar otras fuentes.
Démonos cuenta también que usar más fuentes de recursos para poder consolidar el sistema de reparto ayuda mucho a la versatilidad económica. Yo, por ejemplo, soy partidario de bajar las cotizaciones sociales a las empresas pero, en cambio, subirles el impuesto de sociedades. Con un sistema de pensiones de reparto tan rígido esto sería un problema porque le quitaríamos dinero a las pensiones, pero si se puede cambiar el sistema para usar otras fuentes podríamos usar las cotizaciones sociales como parte de la política impositiva de forma más libre y más conveniente a la economía nacional.
Se me ocurren muchas más opciones para crear un sistema algo más “mixto”. Por ejemplo, se podría fijar una base (la pensión mínima no contributiva) que se debería financiar por los presupuestos del estado o por alguno de los impuestos del sistema. Estos primeros 400 euros (casi) estarían cubiertos por los presupuestos del estado y todo lo que falte de la pensión hasta llegar al total sí estaría cubierto por el sistema de reparto tradicional en base a las cotizaciones sociales. Ahí sí que podríamos usar ciertos sistemas de ajuste o sostenibilidad, siendo el objetivo del sistema avanzar hacia una consolidación de la base mínina (ir subiendo esa pensión mínima) para darle menor incertidumbre al sistema.

Nos quieren decir que el sistema de pensiones no es sostenible y endosarnos la idea de que la solidaridad intergeneracional del sistema de reparto no se puede mantener, pero eso es mentira. No es el sistema de reparto, no es la solidaridad intergeneracional lo que no es sostenible, son las rigideces estructurales de nuestro sistema de pensiones que es algo muy distinto.
Formas de solucionar este problema hay muchas y no tienen por qué pasar por una reducción de pensiones como nos están haciendo creer. Vuelvo otra vez a decir lo que dije cuando hablábamos del salario mínimo: Un país con 30.000 euros de PIB per cápita no se puede permitir estas fechorías sociales. No hay justificación ni derecho a hacerlo cuando tenemos otras muchas alternativas que podrían funcionar.

jueves, 6 de junio de 2013

El Bloc como problema y Compromís como solución















Quizá el título de la entrada sea muy contundente y ya haya enfadado a algunas personas, quizá es un poco exagerado para lo que dice el texto pero de lo que estoy sí seguro es que va a ser polémico. Hago este escrito en castellano porque sé que la mayoría de mis lectores son castellanohablantes y quiero que estén informados de lo que pasa en Valencia sin que una cuestión idiomática les haga obviar este escrito. Luego en los comentarios interaccionaré en la lengua en que comentéis.

Los lectores valencianos y los habituales ya sabrán qué es Compromís pero voy a comentarlo brevemente antes de entrar en materia. Compromís es una coalición de tres partidos: El Bloc Nacionalista Valencià, partido nacionalista y de centro-izquierda, Iniciativa del Poble Valencià, partido que proviene de una escisión de Esquerra Unida (de Esquerra i País, parte más valencianista de EU) y por lo tanto situada en una izquierda bastante clara, i Els Verds, partido ecologista. Es una coalición algo heterogénea pero que ha sabido coordinarse bastante bien para edificarse sobre dos patas: El valencianismo político (que no nacionalismo porque dos de los tres partidos no son nacionalistas) y el izquierdismo (los tres partidos son de izquierdas en distintos grados y matices).
El partido más grande de la coalición es el Bloc, que tiene una importante fuerza municipal en algunas comarcas, algunos alcaldes y una base tradicional de votos de alrededor del 4% a nivel autonómico. Iniciativa es un partido nuevo con poca estructura pero con gran ascendente sobre el votante joven y urbano (su mayor implantación está en las zonas urbanas), y Els Verds es un partido pequeño. Por esta relación original de fuerzas es el Bloc quien tiene la mayoría de afiliados y cargos de la coalición.
Compromís ha sabido consolidarse en la comunidad valenciana como tercera fuerza política y está al acecho de la segunda (el PSPV). Su mayor activo es Mónica Oltra, dirigente de Iniciativa del Poble Valencià con una excelente valoración entre los jóvenes que ven en ella a una política de izquierda no dogmática con un lenguaje moderno y actual. También tiene otro gran activo que es Joan Ribó, un histórico dirigente de Esquerra Unida que, como independiente, es el portavoz de Compromís en el ayuntamiento de Valencia. En menor medida también tiene buena valoración Enric Morera, secretario general del Bloc, hombre pragmático de perfil bastante izquierdista.

La heterogeneidad de Compromís no había tenido ninguna consecuencia negativa gracias al éxito electoral cosechado. En los éxitos las posibles divergencias se esconden y se minimizan y es por eso por lo que Compromís ha sido una balsa de aceite…hasta ahora. ¿Qué ha pasado en los últimos meses? Pues que Compromís, en su apuesta por la democracia radical, ha decidido que hay que hacer primarias para elegir a los candidatos y entonces ha aparecido Mónica Oltra, número dos de la coalición, diciendo que le gustaría ser cabeza de lista de Compromís, algo que ha sentado fatal en partes del Bloc Nacionalista Valencià ya que considera que al ser el partido mayoritario de la coalición debe tener como cabeza de lista a un candidato de su partido.
En este contexto han aparecido dos posturas respecto a las primarias. En el Bloc quieren que voten solo los afiliados, porque al ser la mayoría del Bloc piensan que así podrán imponer a su candidato, mientras en Iniciativa y Els Verds quieren unas primarias abiertas a los simpatizantes, porque saben que así saldría victoriosa Mónica Oltra, que es preferida por la práctica totalidad de simpatizantes y votantes que no son del Bloc. Al final parece que las primarias “tenderán” a ser abiertas, por lo que parece que saldrá Oltra elegida si es que finalmente se presenta y no se pacta nada por detrás.
A pesar de que es entendible que en el Bloc piensen que debe ser uno de sus afiliados quien ocupe el cartel electoral creo que están cometiendo un gran error. Con Mónica Oltra como candidata Compromís sacará muchos más votos y eso beneficia a todos los partidos de la coalición. Hay quien entiende esto en el Bloc, gente pragmática y razonable que entiende que Compromís es una coalición heterogénea y plural donde el Bloc no puede imponer candidatos ni línea política y que lo importante es el bien común. Sin embargo hay otros que querrían que Compromís fuese al Bloc lo que IU es al PCE, es decir un aglomerado de partiditos alrededor de un partido nuclear que es el que debe mandar e imponer la política. Este último grupo es el sector más “nacionalista” del Bloc, con más nacionalista quiero decir el más fuertemente nacionalista (porque nacionalistas se supone que son todos en el Bloc).

El conflicto de las primarias está conectado con un segundo conflicto más genérico que tiene que ver con el “nacionalismo” de la coalición, y esto se ha visto bastante bien reflejado en una polémica de las últimas semanas respecto a EQUO, el partido eco-socialista de Juantxo Uralde.
Compromís tiene una peculiaridad. Dos de los tres partidos (Iniciativa y Els Verds) forman parte de EQUO, es decir, son partidos fundadores de EQUO, pero a la vez y desde antes de existir EQUO forman parte de Compromís. Y sin embargo EQUO, como partido, no está en Compromís. Esto provoca una situación un poco rara que llevó a que Compromís y EQUO se presentasen en coalición a las elecciones del 20-N pero que no está muy claro como solventar en el futuro ¿Debe EQUO entrar como partido en Compromís siendo un partido nacional? ¿Debe EQUO no tener estructura como tal en la comunidad valenciana y dejar que sean sus dos partidos valencianos quienes los representen? ¿Deben ir en coalición? ¿O debe ir por libre en una situación un tanto esperpéntica?
A la gente del Bloc y especialmente a la más nacionalista no le gusta EQUO por dos motivos: Porque de entrar en Compromís (o pactar una coalición) diluiría un poco más el peso del Bloc, y porque es un partido nacional y el Bloc quiere que Compromís sea una fuerza específicamente valenciana y no sea “sucursalista” (esto del sucursalismo es una chorrada pero es la expresión que usan).
Pero las cosas se pusieron más calientes cuando, en el último congreso de EQUO, el partido no quiso pronunciarse sobre la plurinacionalidad de España (algo que defendieron Iniciativa y Els verds pero que no prosperó) y se sitúo en contra del derecho de autodeterminación de los “pueblos de España”. Es absolutamente normal que un partido eco-socialista, cuyas bases ideológicas son la izquierda (idea internacionalista) y el ecologismo (idea más internacionalista todavía) no entre en dialécticas nacionalistas, pero mucha gente del Bloc ha convertido esto en una especie de ofensa que ha potenciado y ampliado la campaña contra EQUO, algo que se puede seguir muy bien en twitter. Como el lector intuirá a estas alturas esta inquina hacia EQUO y el asunto de Oltra tienen bastante más que ver de lo que parece y, en cierta manera, forman parte de la misma conceptualización.

Desde mi punto de vista aquí hay un conflicto claro sobre qué quiere ser Compromís de mayor, conflicto que es inherente a mezclar la izquierda y el nacionalismo en una misma coalición. Compromís tiene básicamente dos caminos: O convertirse en una coalición nacionalista, que implicaría quedarse dentro de las fronteras valencianas, o ser una coalición de una novedosa tercera izquierda, algo que llevaría inexorablemente a la exportación del modelo político a nivel nacional o incluso más allá, y que obligaría a la colaboración de Compromís y sus políticos con la política estatal.
El afiliado y votante tradicional del Bloc (ojo, excluyo a Morera y a otros dirigentes) desearía que Compromís fuese su IU, su coalición nacionalista donde el Bloc fuese el centro de todo y que se concentrase exclusivamente en asuntos valencianos, con reivindicaciones económicas y nacionalistas tradicionales. Sin embargo Iniciativa y Els Verds quieren que el modelo Compromís se extienda por toda España y quizá más allá, en un modelo de coaliciones electorales por todo el estado pero todas juntas en un proyecto común de izquierda que defienda el rescate a las personas y no de los bancos, el impago parcial de la deuda, la oposición a la política de la troika y la economía del bien común.
Y este es el conflicto que se ve en las bases de forma un tanto oculta, que se observa cuando hablas con algunos afiliados del Bloc que están más mirando al “proceso” en Cataluña y a los conciertos económicos que en la cooperativa política y en la articulación de la tercera izquierda que representa Compromís. Este conflicto, por ahora, no se ve en la cúpula dirigente porque tengo la sensación que está bastante más cerca de Oltra y de iniciativa en este punto que de sus propias bases tradicionales.

¿Por qué digo yo, entonces, que el Bloc es el problema? Porque creo que este perfil de gente “súper nacionalista” que hay en el Bloc representa el principal escoyo para que el modelo de cooperativa política y de tercera izquierda de Compromís triunfe. Ahora están un poco agazapados, aunque critican a muerte a EQUO diciendo que es un fracaso que no obtiene representación en ningún sitio (curioso cuando el Bloc jamás ha entrado en las cortes valencianas sin coaligarse con otros), teorizan sobre si Oltra quiera fagocitar al Bloc, etc. A ellos les gustaría que Compromís fuese una CiU o un ERC.
Además del contenido político que debe tener Compromís en sí hay otro componente de imaginación e irrealidad por parte de algunas de estas personas. Parecería como si el voto de Compromís fuese nacionalista y Oltra o iniciativa fuesen unos desviacionistas, y eso es falso. A pesar de que a muchos no les gusta oírlo creo que hay que decirlo claramente: El voto nacionalista de Compromís es el 4% original del Bloc, el resto es un voto poco nacionalista y sí izquierdista que ha sido atraído por Oltra, Ribó y por la alternativa que Compromís representa como coalición de izquierdas no dogmática. El votante de Compromís “nuevo” (que no es el tradicional del Bloc) es un votante de perfil urbano, joven y generalmente no nacionalista. Si Compromís sacó un 7% en 2011 ese 3% adicional al voto del Bloc vino de ese electorado. Si Compromís estima que su voto actual podría ser sobre un 15%, cerca de dos tercios de este voto representa a ese perfil de votante.
El mejor ejemplo es la ciudad de Valencia, donde Compromís sacó un 9% de votos de la mano de Ribó. El Bloc jamás ha sacado absolutamente nada en Valencia, ciudad absolutamente castellanohablante y nada nacionalista, y la práctica totalidad de ese voto es un voto joven y de izquierda no nacionalista. Lo que vale para Valencia valdría igual para Alicante o para las zonas metropolitanas (con alguna excepción), que al final son las que tienen la llave de la gobernabilidad y los éxitos electorales. Pensar que ese voto tiene algo que ver con el nacionalismo es absurdo.
Si esta gente consiguiese que Compromís fuese lo que ellos sueñan, es decir, una coalición nacionalista, el voto de Compromís se iría a EU o a otros partidos. Es más, si Compromís se escindiese en el Bloc y los partidos ecosocialistas me atrevo a decir que el Bloc se quedaría con su 4% de votos y el resto de votos se quedarían con Oltra y Ribó (si es que no se fugaban a otros partidos).
Y cada uno puede querer lo que quiera, faltaría más, pero me parece que esto debe estar claro porque hacer ensoñaciones sobre apoyos populares que no se tienen es hacerse trampas al solitario. El nacionalismo es una fuerza minoritaria en la Comunidad valenciana y eso es casi imposible de cambiar. Valencia no da para más, el nacionalismo es el que es, será el 4% o llegaría al 8% en la mejor de las situaciones posibles pero no hay más donde rascar. Y es por eso que los nacionalistas más inteligentes del Bloc y sus dirigentes entienden que el Bloc solo no tiene futuro como partido decisivo. Recuerdo que Joan Fuster decía que era mejor “una bona llei educativa que quatre coalicions mal fetes” porque sabía perfectamente que el país no daba para una fuerza nacionalista influyente. Nada ha cambiado en estos 30 años en este punto y si se quiere defender la lengua y el autogobierno la única opción es buscar alianzas con fuerzas valencianistas que acepten ese programa (para lo cual no hay ser nacionalista) haciendo cesiones en los máximos, y eso es precisamente lo que ha hecho la actual dirección del Bloc y con acierto.

En fin, no me gustaría haber dado la sensación de que estoy en posturas anti-Bloc Nacionalista Valencià porque no es así. Enric Morera me parece un hombre muy inteligente, pragmático y se puede observar en sus escritos en el Huffington post que tiene ideas muy sensatas en mente, y si Morera lo es entiendo que por lo menos parte de la cúpula del Bloc también lo debe ser.
De hecho el Bloc Nacionalista Valencià de Morera ha hecho que yo, que soy fuertemente opuesto al nacionalismo como ideología, piense que vale la pena la colaboración con partidos nacionalistas que no sean dogmáticos y extremistas. Pero el nacionalismo, que es una ideología que tiende al dogmatismo por definición, tiene siempre a este tipo de personas pululando por sus partidos y soñando despiertos con alliberaments nacionals y con opresores y oprimidos. Esperemos que estos súper nacionalistas no desestabilicen Compromís, porque francamente sería una pena.

martes, 4 de junio de 2013

¿Eliminar el salario mínimo? De ninguna manera

















El nuevo gobernador del banco de España ha propuesto eliminar “en algunos casos” el salario mínimo interprofesional para facilitar que determinados grupos sociales entren en el mercado laboral. Las palabras del gobernador han sido polémicas y han provocado el rechazo de la mayoría de agentes sociales y, también, la adhesión de ciertas personalidades “liberales” y empresariales como Esperanza Aguirre, una clásica en estos fregaos.

Esto de eliminar el salario mínimo no es nuevo. Desde posiciones neoliberales se repite incesantemente que el salario mínimo es un “dique” que impide que ciertos trabajadores poco productivos entren en el mercado de trabajo. Bajar o eliminar el salario mínimo, dicen, crea empleo al poder crearse empleos de baja calidad. Un empresario que pudiese necesitar a algún trabajador para un trabajo subalterno, por ejemplo, quizá no lo contrate porque no le compensa pagar el salario mínimo pero si pudiese pagar menos seguramente lo contrataría. Sé que a la mayoría de mis lectores la argumentación les parecerá absolutamente grotesca pero hay infinidad de artículos y de estudios defendiendo la eliminación del salario mínimo, y de hecho hay países sin salario mínimo que funcionan relativamente bien. Es lo que tiene la economía, que es tan flexible que lo acepta todo.

Hay básicamente dos justificaciones para oponerse a la eliminación del salario mínimo. La primera y la más intuitiva es la justificación moral. Es cierto que eliminar el salario mínimo crearía más empleo o, por lo menos, generaría más ofertas de trabajo, pero hay muchos más mecanismos para crear empleo usando la misma lógica. Se puede eliminar la ley de riesgos laborales para reducir costes empresariales, se pueden eliminar las leyes medioambientales, se puede eliminar los días festivos, se puede hacer que los trabajadores no cobren los días que estén de baja por enfermedad o, directamente, se puede reimplantar la esclavitud. Todas estas medidas crearían empleo a raudales pero ¿qué pasa? Pues que la moral de la sociedad no lo permite. Ni nos parece bien que haya que trabajar enfermo, ni que se puedan construir fábricas con las condiciones de seguridad de Bangladesh ni que haya esclavos. Sí, lo sé, la moral no es nada pro business, es una pena.
Las sociedades han ido evolucionando a través de la política y la moral y, también, gracias a la capacidad de generación de riqueza. La política y la moral han hecho que se elimine la esclavitud y otros avances pero también es cierto que el crecimiento económico ha hecho que aceptemos colectivamente que en sociedades opulentas no se pueden permitir entornos con claros riesgos laborales o no se puede destruir el medio ambientales, por ejemplo. Si estuviésemos en la frontera de la supervivencia seguramente estas cosas no nos preocuparían pero en tanto en cuanto hemos empezado a generar recursos mínimos para todos nos hemos dado cuenta que no vale todo y que hay cosas que vale la pena cuidar y proteger.

Por la misma razón nuestro país tiene recursos suficientes para que cada trabajador (que contribuye a la generación de riqueza) gane por lo menos 640 euros al mes. Hay un dato que no debemos olvidar, un país como España tiene un PIB per cápita mayor a 30.000 euros, es decir, cada español sale a 30.000 euros anuales de riqueza generada. Si dividimos esta cantidad por 14 (las pagas en España) salimos a más de 2.100 euros/mes por español. Pero no todos los españoles trabajan ni “producen”, de hecho menos de la mitad de la población trabaja (aunque todos los ciudadanos aportan algo al PIB ya sea por consumo, actividades “auxiliares”, etc.) por lo que el PIB generado por trabajador es sustancialmente mayor a esos 2.100 euros.
¿Es razonable o ético que un trabajador que genera de media varios miles de euros al mes de riqueza pueda ganar 300 ó 400 euros de salario por una jornada completa? Hay quién dirá que si genera sólo eso sí es justo pero esta afirmación no se puede sostener por la sencilla razón de que no se puede calcular cuanto genera en riqueza “total” un trabajador. Se puede saber cuanto gana, cuanto vale lo que fabrica pero ¿se puede saber su contribución a la riqueza general? No, en la inmensa mayoría de casos no. Voy a poner un ejemplo.
Imaginemos un informático que implanta y hace el mantenimiento de un software informático en una empresa y le pagan 700 euros al mes por esto. El informático cobra esto porque ese es el precio del mercado, es lo que ha tenido que cobrar para ser él el contratado y no alguien de la competencia. Sin embargo ese software es fundamental para que la empresa cliente pueda vender su producto con el que consigue, digamos, 10.000 euros al mes por trabajador de beneficio neto. ¿El trabajador de la empresa cliente produce 10.000 euros y el informático 700 euros? No, cobran eso (imaginemos que la empresa cliente es una cooperativa) pero no generan eso, porque sin el software del informático ellos no podrían generar nada. De hecho es imposible valorar qué porcentaje de riqueza sobre el total genera ese software, es intangible. Tenemos el valor monetario y económico, pero no podemos saber el valor “real” y global de su contribución.
He usado un caso muy directo y muy facilón pero podemos llevarlo todo a la máxima complejidad. La economía funciona como un todo, todos somos parte de millones de interacciones económicas que no se pueden valorar y en las que están productores, colaboradores, subcontratas, proveedores, consumidores y prácticamente cualquier individuo que participe en la economía directa o indirectamente (hasta un abuelo que cuida a los nietos ayuda a generar riqueza al liberar a los padres de las cargas familiares durante las horas de trabajo). Por eso no se puede decir que alguien no produce más de X, porque eso es en el mejor caso inexacto y en el peor ni siquiera posible de intuir, pues todos somos parte de una estructura económica. Y es precisamente por eso por lo que podemos y debemos defender que pagarle menos de 640 euros al mes a un trabajador no es ético ni moralmente aceptable desde los parámetros de esta sociedad que genera un PIB como el que genera.

Pero hay una segunda razón que ya no es moral, es económica. Casi todos hemos llegado a la conclusión de que nuestra economía no es productiva. La productividad se mide en cantidad de dinero generado por trabajador pero eso no es la productividad “real”, sino la forma de medirla y eso da a veces cifras que son engañosas. Por ejemplo en España ha aumentado la productividad durante la crisis ¿por qué? ¿Ha sido porque hemos mejorado procesos productivos o estamos fabricando productos de mayor valor? No, ha sido simplemente porque se han despedido muchos trabajadores (descendiendo la masa salarial) mientras lo producido no ha caído tanto porcentualmente. Los salarios bajan, los trabajadores trabajan más horas y eso hace que la cifra de productividad aumente, pero “realmente” no está mejorando, no somos más productivos, parecemos más productivos por los costes salariales.
Todo el mundo está hablando de la economía del conocimiento, del I+D, de crear valor añadido, etc. Como métodos de aumentar la productividad, porque eso sí aumentaría nuestra productividad “real”. Si en vez de fabricar bolsas de plástico fabricásemos microchips muy probablemente nuestra productividad sería superior “realmente”, porque el microchip tiene más valor que la bolsa de plástico (si lo vendemos, claro).

Bien, el salario mínimo que tenemos en España (de 640 euros en jornada de 40 horas semanales) al fin y al cabo representa algo más de 4 euros la hora. La excusa de los neoliberales es que el valor de la hora trabajada de 4 euros es demasiado alto y quizá debería ser de 3 o 2 euros, para que así se creen empleos que generen de valor, a la hora, poco más de eso.
Ahora quiero haceros una pregunta ¿cuánto cobra una empleada del hogar por hora? Supongo que depende pero en el mejor de los casos ¿8 euros la hora? Y hablamos en negro, es decir, con un salario no marcado por leyes ni salarios mínimos ni regulación alguna.
Es decir, lo que se está proponiendo es que hay que crear trabajos que tengan un coste, por hora, de menos de la mitad de una empleada del hogar. Eso es lo que se nos está diciendo, esta es la solución de nuestra falta de competitividad, tener salarios por hora de menos de la mitad de una empleada del hogar. Evidentemente la argumentación es estrafalaria.
Un empleo que requiera para ser creado de un coste inferior a 4 euros/hora no es empleo, es subempleo. No es una actividad que aporte riqueza, es una actividad residual. No es un proyecto de país, es convertir el país en una nación del tercer mundo. Eso o que el menor coste del trabajo maximice los beneficios empresariales gracias al menor coste salarial fijo, porque al final esto generaría ambas situaciones: Se crearía subempleo pero también se bajaría la ratio de rentas trabajo/capital, aumentando la pobreza de quienes viven del trabajo.

No creo que haga falta ser zahorí para darse cuenta qué pasaría con la inversión en este contexto. Este país tiene mucho dinero inmovilizado que no se invierte porque no hay expectativas económicas. La obligación de la política económica es movilizar este capital para que genere riqueza intentando que sea a actividades verdaderamente productivas. Esto ya lo hemos entendido en España y creo que somos todos conscientes que es preferible que este dinero se movilice creando industria que en vivienda, por ejemplo.
Si se abre la posibilidad de este subempleo precario lo único que haremos es reorientar la inversión a actividades de bajo coste e ínfimo valor añadido, que serán menos riesgosas para el empresario. Podemos movilizar capital inmovilizado, sí, pero podemos también hacer que el capital que iba a invertir igualmente lo haga ahora en actividades de bajísima productividad, lo que sería un suicidio para el país. Los empresarios españoles son especialmente reacios al riesgo, aunque recordemos que no solo se invierte capital directamente por parte de un empresario sino que actualmente quien más orienta el capital son los bancos a través de los préstamos.

Un país que genera lo que genera España no puede necesitar sueldos de 300 euros a jornada completa para generar empleo, eso es una barbaridad. Abrir esta vía no sólo nos degradaría moralmente sino que también degradaría la productividad real de nuestra economía y las actividades que realizamos. Convertiría España en un país de chatarreros y manufactureros obsoletos.
Quizá Aguirre o Rosell quieran esto para España pero yo no. Yo quiero un país que cree riqueza de verdad y empleo serio, no productos de ínfima calidad, subempleo y salarios de pobreza. Si no fuesen tan dogmáticos y tan irracionales pensaría que lo único que están haciendo es preparar una estrategia de destrucción para reinar entre las ruinas. Y eso que lo haga la Canciller demente que nos quiere convertir en una colonia se puede entender, pero que lo hagan los nuestros roza la traición.
Así pues de bajar el salario mínimo nada, de hecho es comparativamente bajo con países de nuestro entorno. Ni nos interesa por razones estrictamente económicas ni, sobre todo, nos lo podemos permitir moralmente como sociedad.

domingo, 2 de junio de 2013

No, lo siento, no son de clase media














Hace ya varios años, en uno de mis primeros artículos en La suerte sonríe a los audaces, hablé sobre el concepto de “clase media” criticando el hecho de que todo el mundo se auto incluyese en esa clase sin serlo. Era 2009 y ser clase media era una aspiración sostenida en el autoengaño de un falso sentimiento de prosperidad. Cualquiera que tuviera un trabajo y una hipoteca se consideraba clase media de forma grosera y absurda, lo que reflejaba hasta qué punto estábamos narcotizados por una sociedad que nos convertía, así, en seres felices y parte del sistema que se había generado en interés de otros.
En ese momento la crisis había llegado de lleno pero sus síntomas tardarían en cristalizar. Se destruía trabajo de forma terrible pero la gente aún tenía su cobertura de desempleo y la esperanza de encontrar otro trabajo en breve. Las empresas estaban cerrando pero la gente consideraba que era parte del ciclo económico y que nos recuperaríamos. De hecho no estábamos tan lejos de la famosa “desaceleración” de Zapatero. Creo que sólo unos pocos intuíamos que esa crisis iba a ser profundísima y destructiva para nuestro modo de vida.

Han pasado 4 años desde aquel momento y las cosas han cambiado mucho. La gente ha comenzado a agruparse en movimientos y plataformas sociales para luchar contra esta estafa, el bipartidismo poco a poco se hunde irremediablemente, la ciudadanía se prepara para un largo invierno económico y para una explosión social que no tardará mucho. Sin embargo hay una cosa que no ha cambiado nada y es la autodenominación de las personas como clase media.
Leía el otro día una noticia sobre Cáritas y sobre la cantidad de gente a la que atendieron el año pasado. Los responsables de Cáritas decían que atendían porcentualmente a muchos menos inmigrantes que años anteriores ya que éstos estaban comenzando a retornar a sus países. La mayoría de los atendidos ya eran españoles y, de entre ellos, la mayoría eran “de clase media”.
Esta declaración no era una confusión del entrevistado. Continuamente estamos oyendo hablar de las “familias de clase media” que son desahuciadas, de las familias “de clase media” con todos sus miembros en paro y otras muchas desgracias relacionadas con la crisis que les están sucediendo a las personas “de clase media”.
Las clases sociales parece que se han congelado, se han paralizado en 2007 y parece que lo que es un sistema dinámico para la gente es algo estático. Ser de clase media en vez de ser una clase social condicionada a las circunstancias del país y de la economía parece ser un título nobiliario, como el de aquellos hidalgos que no tenían ni para comer pero que arrastraban con orgullo su origen nobiliario.

Cuando se dice que alguien es de clase media realmente lo que se está diciendo es que esa persona o su familia se consideraban de clase media en el año 2007, ya que posiblemente ni siquiera eran realmente de clase media en aquel momento y todo era una figuración subjetiva promocionada por el sistema.
Porque lo siento mucho, pero una persona que está en la cola de Cáritas no es clase media por mucho que se empeñe. Una persona que no tiene para pagar su hipoteca “normal” de su primera vivienda no es clase media y una familia que está pasando penurias económicas, pobreza energética, nutrición deficitaria o cualquiera de los problemas que esta crisis nos ha traído no es de clase media. Una clase media empobrecida no es una clase media, es una clase empobrecida, provenga de donde provenga.
Creo que va siendo hora que acabemos con los viejos tópicos y el viejo lenguaje de la burbuja. La gente que está en paro y necesita trabajar para vivir no es clase media, tener una hipoteca y un piso en propiedad no te hace clase media y ser autónomo o tener un comercio particular tampoco te hace clase media. Estas personas son trabajadores, son de clase baja o popular o como se le quiera llamar, y creo que es conveniente que todos entendamos donde estamos.

Aunque algunos iluminados hayan dicho que las clases sociales ya no existen eso es absurdo. Las clases sociales siempre han existido, lo que no quiere decir que las clases sociales actuales sean las mismas que las clases sociales de hace un siglo.
La división entre burgueses y proletarios ya no existe y la dualidad empresario vs trabajador que era típica hasta hace unas décadas tampoco. Pero hoy tenemos nuevas clases sociales creadas bajo la agrupación de un pulverizado de situaciones económicas y sociales equivalentes a efectos prácticos a las clases de otras épocas. Los parados, los trabajadores mileuristas, precarizados e infravalorados, los autónomos que tienen sus negocios como mecanismo de autoempleo, los pequeños empresarios endeudados al borde de la supervivencia empresarial, los jubilados con pensiones escasas y, en definitiva, cualquiera que dependa de su trabajo y sienta el aliento de la inseguridad vital en su nuca, pertenecen a una clase social agrupada única, llamadla como queráis.
Y luego hay otra clase social, la de los empresarios con sus bienes bien protegidos detrás de sociedades anónimas o limitadas, la de los ejecutivos que se reparten suculentos dividendos y que están protegidos por contratos blindados, la de los especuladores bursátiles, la de aquellos que están insertos en el mecanismo de las “puertas giratorias” entra la política y la gran empresa, la de los que tienen cuentas en Suiza y, en resumen, la de todos aquellos que están en posiciones privilegiadas, que tienen un gran capital y una incertidumbre nula respecto a que van a poder conservar su estatus social en el futuro. Esto es la “clase alta”, clase alta que siempre ha existido aunque no siempre compuesta por los mismos actores.

¿Y no hay clase media? Sí claro, hay clase media, TODAVÍA hay clase media mejor dicho. Hay mucha gente que está en medio de estas situaciones: Trabajadores con buenos salarios, autónomos que ganan bastante dinero, empresarios pequeños y medianos que han conseguido tener empresas rentables y acumular un pequeño capital, etc. Esta verdadera clase media existe, pero ha sido empequeñecida en los últimos años por la crisis y por la acumulación de capital de la clase alta. Digamos que estas clases medias están siendo precarizadas y empujadas hacia la clase inferior.
Los pequeños empresarios no pueden competir con las empresas de los países de bajo coste, los trabajadores de salarios privilegiados están siendo despedidos o viendo recortados sus sueldos y los autónomos están siendo empobrecidos progresivamente por la falta de demanda interna. Adicionalmente, los impuestos a estas clases están subiendo y están cargando sobre sus hombros la carga fiscal que debería cargar la clase alta en un sistema de impuestos progresivos, pero que no carga gracias a la evasión fiscal y a las infinitas figuras fiscales creadas ex profeso para que estas clases altas paguen pocos impuestos.
Y por esto es tan importante que esta menguante clase media entienda que sus intereses y el mantenimiento de su desahogada posición están absolutamente enfrentados a los intereses de las clases altas y, por tanto, unida a los intereses de las clases populares. El austericidio, el sobrendeudamiento cargado sobre los hombros de los contribuyentes, la evasión fiscal, las facilidades y prebendas a las grandes empresas y la precarización de las clases populares son lo que está llevando a la destrucción de la clase media.
El sistema neoliberal está intentando enfrentar a las clases populares y a las clases medias en base a equívocos sobre quién vive de quién. Esta es una estratagema peligrosísima para la clase media y ésta tiene que entenderlo, tiene que entender que su interés es que el funcionario tenga un buen sueldo y el jubilado una buena pensión y no que se baje el salario mínimo o las cotizaciones sociales. Esto último le interesa al señor Rosell y a sus aliados del IBEX-35 y si lo consiguen aplastarán a la clase media.
Y cuidado, el entendimiento tiene que ser mutuo. Las clases más bajas deben entender que la clase media es un aliado imprescindible para poder cambiar las cosas a medio plazo.

En las últimas décadas la “lucha de clases” había sido desactivada en los países occidentales por la relativa distribución de la renta, pero el neoliberalismo se ha empeñado en dar la razón a Marx y la ha reactivado con sus políticas de acaparamiento de recursos y renta.
Y hoy unas nuevas clases sociales están en un escenario de intereses confrontados y en proceso de reagrupación de intereses. Y más vale que cada uno de nosotros haga un proceso de introspección para ver dónde está y qué le interesa. Si crees que eres clase media piénsatelo dos veces porque seguramente no lo eres, y si realmente lo eres espero que sepas elegir bien tu camino, porque como esto no cambie dentro de muy poco vas a dejar de serlo.