La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces http://lasuertesonriealosaudaces.blogspot.es/







lunes, 29 de julio de 2013

El caso Bárcenas explicado como una situación win-win














Antiguamente la corrupción política era simple. Los gobernantes manejaban dinero y de vez en cuando metían la mano en la caja y se llevaban una parte ínfima (o no) para sus usos personales. La corrupción era sencilla, intuitiva, y se correspondía a un robo tradicional y directo. La sociedad lo entendía bien.
Sin embargo la corrupción moderna es mucho más complicada. Meter la mano en el dinero público y llevárselo a casa es de mindundis y de imbéciles, y además es fácil que te pillen. Por eso ahora se procede a la imitación de estructuras mafiosas donde se crea una red de intereses entre muchos actores en la que no se dejan pruebas (excepto algún idiota que firma recibís) y se crean los suficientes intereses comunes para que nadie delate a los demás. Estas estructuras corruptas son infinitamente más eficientes porque, aunque te pillen, las pruebas casi nunca son lo suficientemente claras y con ante un sistema judicial tan garantista como el nuestro las probabilidades de ser absueltos son casi totales.
Adicionalmente hay otro factor que es muy interesante para los corruptos que son personalidades públicas. Las redes de corrupción modernas son tan amplias y tienen tantas conexiones que el ciudadano medio no suele entenderlas bien, y gracias a eso se puede vender el mensaje de que todo es mentira, de que no hay pruebas y de que es una persecución con relativo éxito. Esta corrupción no sólo vale para no ir a la cárcel, también vale para que tu imagen pública quede relativamente a salvo ante los fieles.

El caso Bárcenas es un caso de este tipo. La red es relativamente compleja, tiene multitud de conexiones, hay intercambios tácitos de favores que no tienen una causalidad directa y claramente identificable y no hay una documentación absolutamente definitoria que permita, a la justicia, enchironar a los integrantes de la misma.
He leído por ahí explicaciones simples del caso Bárcenas que están muy bien para entenderlo pero que, quizá, son tan simples que no se llega a entender bien las relaciones que hay entre todos los actores. Así que voy a intentar hacer una explicación también bastante intuitiva pero algo menos simple del caso basándome en un concepto empresarial y de negocios, el ganar-ganar o como se dice normalmente el win-win.
Una situación o negocio win-win es aquel en la que las dos partes negociadoras ganan. En la teoría de las estrategias comerciales siempre se dice que hay que buscar situaciones win-win entre cliente y proveedor, el problema es que esta realidad, tan anglosajona, en España no suele tener ascendente. Los españoles solemos ser desconfiados y avariciosos en los negocios y en la mentalidad de negocios tradicional española no se concibe el win-win. En nuestra mentalidad si el otro gana algo es porque tú has ganado menos de lo que podías ganar, así que realmente has perdido. Aquí se conciben los negocios como el aplastamiento y sumisión del otro a todas y cada una de tus exigencias y este es uno de nuestros problemas fundamentales. La economía española se convierte en una selva de salvajes cortoplacistas que por tanto acaban en las actividades que son consustanciales a esta forma de actuar: Las burbujistas.

¿Por qué digo que en el caso Bárcenas hay un win-win? Veamos. En esta red de corrupción hay, básicamente, tres actores: Los donantes, el PP como partido y los dirigentes del PP como personas individuales.
En esencia el caso Bárcenas es un caso de financiación ilegal por el que el partido gana dinero para las campañas electorales, la publicidad y, en definitiva, para maximizar las posibilidades de que sus cargos públicos accedan a cargos de la administración. El PP es el partido que más publicidad tiene y que más actos convoca y, sin embargo tiene la cuota de afiliación más baja (la mayoría de afiliados ni siquiera paga) y no parece que eso sea razonable.
Los cargos públicos ganaban con la financiación ilegal del partido porque maximizaba sus posibilidades de salir elegidos pero, también, ganaban porque parte de esa financiación ilegal iba a parar a sobresueldos para los altos cargos del partido y, posiblemente, a otros gastos menos llamativos y que no se conocerán. Los sobresueldos en negro no son algo tan raro en España, es más, me atrevería a decir que hace 20 años podía ser algo relativamente normal (y todavía hoy son habituales, aunque ya no los llamaría “normales”). Estos señores del PP no estaban dispuestos a perder dinero por estar en política y los sobresueldos en negro les permitía hacerlo sin violar ninguna ley de incompatibilidades. Total, muchos de ellos estarían manejando dinero negro en sus empresas o actividades ¿qué tenía de distinto?
Parte de la sobreactuación y la rabia que sienten el PP cuando se habla de este caso es porque consideran injusto y cínico que por unos sobresueldos en negro relativamente modestos en relación con el dinero que manejan se les haya puesto en centro de la diana. Para ellos el dinero negro es algo normal y, aunque no pueden decirlo, consideran que lo que han hecho durante dos décadas no era nada tan grave. Estos señores no entienden la necesaria honradez pública ni son capaces de aceptar las responsabilidades extraordinarias del servidor público.

Pero no es por los sobresueldos por lo que este caso es gravísimo. La tercera pata de todo esto son los donantes, empresas que se saltan la ley en dos puntos (tanto en la cantidad máxima que se puede donar como en la prohibición de donar a partidos políticos cuando eres beneficiario de contratos públicos) para financiar al PP. ¿Por qué lo hacen? Pues obviamente lo hacen para recibir contraprestaciones a cambio.
El ciudadano común tiene la tentación de intentar relacionar una donación con un caso concreto. Quiere encontrar una concesión pública al mes siguiente de una supuesta donación, y a ser posible a un precio elevadísimo y con algunos requisitos en el pliego de la concesión hechos ad hoc para esa empresa. Pero buscar esto, que se puede hacer e incluso es posible que algún caso se encuentre, no suele llevar a ningún sitio porque estas tramas de corrupción mafiosas no funcionan así.
Cuando un donante entrega dinero no espera un retorno inmediato y concreto, eso sería soborno y les podrían pillar fácilmente. Los donantes entregan el dinero ilegal de forma “voluntaria” sin esperar contraprestación inmediata a cambio, sino que lo hacen para estar bien vistos. No hay un intercambio tácito de servicios sino que se pretende, simplemente, ser considerada como “empresa amiga”. En un futuro cercano alguien considerará especialmente bien una oferta de esta compañía, o alguien de esta compañía podrá llamar a la sede del PP y hablar con un cargo público, o le recibirán en el ayuntamiento, consejería o ministerio. Eso es lo que se busca.
Si por ejemplo Villar-Mir dona medio millón de euros en 2004 a lo mejor recibe sus frutos en 2008 en forma de concesión o de rescate de autopistas en condiciones beneficiosas. Si Mercadona dona dinero al PP durante años posiblemente los miembros de ese partido se cuidarán, a la hora de legislar, de no hacer nada que perjudique a esa empresa, y en el caso que se proyecte algo nocivo para la empresa siempre podrá Juan Roig reunirse con el ministro o con el presidente para “presionarle” y que cambie ciertos puntos de la ley que le perjudican.
¿Cómo se demuestra esto? ¿Se puede relacionar la donación con los “favores”? Pues es casi imposible. La relación causa-efecto es difusa y muy difícil de demostrar con 100% de seguridad. Hay donaciones de empresas y después hay legislaciones en favor de esas empresas pero ¿son directas? ¿Son causales? Incluso se podría dudar de si son realmente “favores” porque siempre habrá una justificación para haber actuado de esa manera. La causalidad, por tanto, queda como algo intuitivo pero es muy complicada de demostrar en forma de “verdad judicial”.

Esta red de financiación ilegal, favores políticos y sobresueldos está hecha precisamente para que no haya grandes consecuencias judiciales en el caso que, como ha pasado, algo fallase (en este caso que a un tesorero le pillen con un injustificado aumento de patrimonio en países extranjeros). Es posible que se pueda demostrar la financiación ilegal y las faltas económicas de quienes recibieron sobresueldos pero poco más se podrá demostrar. Los verdaderos delitos y los más graves, que son el cohecho y la prevaricación, mediante los cuales se ha cometido un perjuicio a las arcas públicas españolas de una cantidad inimaginable de millones de euros, posiblemente nunca llegarán a ser castigados por claros que estén para la opinión pública y para los propios jueces aunque no puedan condenarlos por falta de pruebas contundentes.
Y por esto digo que estamos ante una operación win-win, o mejor dicho win-win-win porque hay tres partes. Los políticos consiguen cargos públicos y sobresueldos, el partido una financiación ilegal extra para su funcionamiento y los donantes consiguen favores en concesiones, leyes, etc. Todas las partes consiguen beneficios, todas las partes se consideran medianamente cubiertas ante los delitos más graves que consideran indemostrables. Nadie iba a delatar a los demás, porque es precisamente esta nebulosa de favores inconexos la que protege a todos los miembros de la red.
Claro, el problema viene cuando el “bien” con el que estas personas negocian no es suyo, sino que es nuestro. Porque las concesiones públicas se hacen con nuestro dinero y las leyes se hacen con nuestra delegación de poderes. Es nuestro dinero y nuestra voluntad con la que se ha traficado para que se organice una red que se lucra a tres bandas (o a cuatro si incluimos a Bárcenas).

Quiero recordar que llevamos con este tema más de cinco años y si se ha llegado a algún sitio es porque a Bárcenas se le han encontrado decenas de millones de euros en Suiza. Si esto no hubiese pasado, es decir, si un Bárcenas todopoderoso no se hubiese sentido con la capacidad de sacar dinero de la trama para su propio uso (suponiendo que él ha “robado” parte del dinero negro de la financiación del PP) o si no se hubiesen encontrado esas cuentas injustificadas en Suiza (en el caso que las cuentas, gestionadas aparentemente por Bárcenas, realmente contengan dinero de mucha más gente), el caso estaría atascado en un juzgado con un juez que, bien lo hubiese sobreseído, bien hubiese intentado pasarse de la raya para conseguir más pruebas (como Garzón).
¿Qué quiero decir con esto? Mirad, yo no soy jurista ni un experto en leyes, pero creo que no me equivoco si digo que las leyes de este país no están preparadas para luchar de forma efectiva contra las tramas de corrupción con un componente político. Bien sea por el excesivo garantismo de nuestras leyes bien sea por la ausencia de leyes hechas ex profeso para combatir la corrupción político-empresarial, la cuestión es que nos faltan mecanismos para combatir este virus que asola nuestro país.
En una situación como la actual, donde la corrupción es un cáncer que asola nuestro sistema político y que está destruyendo la viabilidad de la democracia misma, hay que ser contundentes y valientes. Hay que comenzar a plantearse una reforma radical de los controles públicos para evitar la corrupción, por un lado, y de las leyes que tenemos para perseguir esta corrupción por el otro. Esta es, posiblemente, la principal reforma que hay que hacer en esta “regeneración democrática” de la que todos hablamos pero que nadie sabe a ciencia cierta cómo hacer.

Esta semana comparecerá Rajoy en el congreso y ya nos imaginamos lo que va a pasar. A no ser que Bárcenas o Pedro J. saquen otra bomba el guión está claro. Rajoy intentará hablar sólo de las cifras del paro, que no son buenas pero lo parecen, y nada de Bárcenas. La oposición intentará hablar de Bárcenas y el presidente les responderá que son unos interesados a los que no les interesan los problemas de los españoles y que él habla de los problemas del paro y los otros de elecciones.
Desde el minuto uno después de la comparecencia los políticos del PP y sus periodistas abducidos o a sueldo repetirán incesantemente la negativa de la oposición a hablar del paro y la vileza de la misma por tan causa. Y así, con otra goebeliana estrategia del PP, nos iremos de vacaciones y nos olvidaremos, por un tiempo, de la enorme podredumbre que emana de las más altas estructuras de este país, llámese gobierno, partidos, casa real o empresas del IBEX 35.
Y la pasividad española hará que nada relevante pase en septiembre, y esperaremos pasivos la nueva ola de destrucción “made in Germany” que nuestro querido gobierno nos preparará para fin de año….Ciudadanos, hay que salir de aquí, hay que salir de este círculo porque nos estamos muriendo, o mejor, nos están matando. No sé si hace falta una revolución, una rebelión, desórdenes públicos, candidaturas políticas de unidad, escraches continuos o a Gordillo presidiendo una cabalgata, pero algo debemos hacer porque se nos están llevando la vida con su podredumbre, su miseria y su desvergüenza.

miércoles, 24 de julio de 2013

Pasividad y valores

















El otro día leía esta entrevista al historiador hispanista tejano Stanley G.Payne. Stanley Payne es un historiador bastante conocido porque ha sido prácticamente el único de los historiadores profesionales que ha validado las teorías sobre la guerra civil española del pseudo-historiador Pio Moa. A pesar de eso Payne es un historiador profesional, con el que se puede estar de acuerdo o no pero que no tiene nada que ver con Moa.
Yo discrepo bastante con muchas de las interpretaciones de Payne sobre la guerra civil, algo que tampoco me resulta especialmente problemático y que circunscribo a un ámbito más histórico que político. Los maniqueísmos y las pasiones históricas no me van. Y precisamente por eso me ha resultado muy interesante la citada entrevista, en la que Payne ha dicho cosas que llevo tiempo comentado aunque de forma un tanto desestructurara en diversos escritos.

Stanley Payne fue preguntado sobre la situación de España y la crisis actual. En la entrevista comenta que una rebelión social en España ni está ni se la espera, porque por mucho descontento que exista (y existe) el español en general es muy pasivo y está “anestesiado” por diversas razones. Pasar de la indignación a la rebelión es un paso muy grande, argumenta, y España se ha convertido en un país demasiado pasivo para llevarlo a cabo.
Payne también habla de la estructura partitocrática que hay en España y que está secuestrando la democracia (algo que observan todos los extranjeros que conocen la política española) y pide, como tantos otros, un cambio de sistema electoral.
Sobre el carácter español tradicional, tan revolucionario y radical históricamente, sostiene Payne que ya no queda nada. El español actual es un ser “sosegado”, que pide poco, un ciudadano conformista cuya principal aspiración es disfrutar de lo que tiene sin preocuparse demasiado por mejorar las cosas. Este es uno de los diques que impiden la rebelión social en España.

Una parte muy interesante de la entrevista es cuando habla de la muerte de las ideologías, sin llamarla así. Según Payne los dos partidos tradicionales están obligados a hacer la misma política económica (¿o será que es la que quieren hacer para mantener el statu quo?) y por tanto han concentrado sus diferencias en la cuestión dialectal. Mirando (y criticando) a la izquierda, Payne dice que la ideología de la izquierda actual es “la revolución cultural”.
Esta revolución cultural, según Payne, consiste en volcar todas las fuerzas políticas y todas las diferencias en cosas como los derechos de los homosexuales, la libertad sexual, los modos de vida y el rechazo a las estructuras sociales conservadoras. Esto es lo que le ha quedado a la izquierda, pero esta “revolución cultural” es también responsable de la desmovilización y la pasividad social porque ha sustituido los objetivos sociales y económicos de la sociedad en general por objetivos de libertad individual, “atomizando” a la sociedad y eliminando el tejido social necesario para una rebelión o un movimiento de masas.
Fijaos también de cómo Payne habla del “buenismo”, palabra que se ha usado para definir el estilo del expresidente del gobierno José Luis Rodríguez Zapatero pero que Payne usa aquí como sinónimo de políticamente correcto. Esta querencia por lo políticamente correcto es otra de las bases de la pasividad social, pues ha coartado el pensamiento independiente y contracorriente o cualquier acción considerada incorrecta por la cultura dominante.
Finalmente hay una frase que me ha impactado y con la que estoy absolutamente de acuerdo: “La sociedad española está anestesiada por anti-valores que desmovilizan a la gente: la telebasura, los deportes, el hedonismo, el consumismo

Estoy esencialmente de acuerdo con Payne en casi todo. Nuestros ciudadanos son pasivos, muy pasivos. Se grita y se despotrica en la barra del bar pero luego se asume pasivamente lo que está pasando sin ser capaz de comprometerse por nada.
Cuando estuve el otro día en la manifestación en frente de la sede del PP de Valencia y éramos 300 personas pude ver como todas estas teorías de Payne se confirman. Él dice que la sociedad está anestesiada por anti-valores como los deportes y es verdad, ¿Cómo es posible que en la misma manifestación en Madrid hubiese 1.000 o 2.000 personas y en la presentación de David Villa en el Calderón fuesen 20.000 personas? ¿De verdad que cabe en la cabeza de alguien que puede ser más importante ver a un jugador de futbol 5 minutos que rebelarse contra la mafia que gobierna España? Es incomprensible.
La referencia al consumismo también me parece muy acertada. La sociedad, a través de la televisión y los valores del capitalismo de consumo, nos empuja hacia una vida de gasto, apariencia y de conceptualización del éxito como algo relacionado con las posesiones y el dinero. Hay un 27% de paro en España pero todos hemos visto (y hemos oído a gente quejarse) que los centros comerciales y restaurantes están llenos, todo el mundo tiene un Smartphone y hay cosas de las que no se prescinde. La gente no tiene un puñetero céntimo pero lo que parece que importa es que no se note, es mantener un “estatus social” relacionado con los valores de consumo y posesión.
Esta situación explica muchas cosas y desnuda esos “anti-valores”. Conozco personas que están en paro, tienen que cuidar ancianos para poder sobrevivir pero que no son capaces de sacar a sus hijos de la escuela privada. Hay personas que no pueden ni comer pero se aferran a la casa en propiedad que no pueden pagar como único anclaje a esa difusa y mentirosa “clase media” a la que creen pertenecer. Cuidado, no son casos aislados ni cuestiones baladíes, son situaciones que explican una falta de valores lógicos y destilan un miedo pavoroso a caer en la escala social, y ese miedo es otro de los factores que explican la pasividad social: La gente no se atreve a cambios radicales por miedo a perder "algo” de lo que todavía tienen.

Lo del “buenismo” y lo políticamente correcto me parece otro punto muy interesante a debatir. Recordemos dos ejemplos recientes: El “robo” de carros de comida de unos supermercados que protagonizó Sánchez Gordillo el verano pasado y el asunto más reciente todavía de los escraches.
Cuando Gordillo organizó un comando para sustraer unos carros de comida de Mercadona y Carrefour y donarlos a familias sin recursos la primera reacción de casi todo el mundo fue de condena. Luego, ante la reacción desproporcionada del gobierno, la gente cambió de opinión pero los primeros días las opiniones generalizadas iban desde el “lo comprendo pero lo condeno porque no es la manera de actuar” y la condena enérgica al bandolerismo y al nulo respeto por la propiedad privada de Gordillo y el SAT.
¿Por qué fueron esas las reacciones? Porque se nos ha dicho que robar está mal, que la propiedad privada es un bien sagrado y eso se ha establecido como la opinión correcta y el pensamiento único. Quien no defienda la propiedad privada en todas las circunstancias es un anti sistema, un ladrón y un inadaptado social, no es demócrata ni tolerante. No se aceptan medias tintas, ni dudas, es un concepto absoluto. Y el ciudadano, ahogado por la cultura de lo políticamente correcto, no se atrevió a poner en cuestión nada de esto hasta que se dio cuenta, gracias a la incompetente reacción del gobierno, de que los que querían enchironar a Gordillo eran bastante peores que él.
Lo mismo ha pasado con los escraches. “No se respeta la libertad de movimiento ni la vida personal” decían. ¡Qué locura! ¡Cómo se puede ser tan malvado y tan desconsiderado! La cultura establecida, bienpensante y políticamente correcta nos imponía que los escraches estaban mal, mientras los desahucios estaban bien porque emanan de la propiedad privada.
Esta cultura de lo políticamente correcto, del “yo respeto tu opinión” como si viviésemos en un relativismo absoluto donde no haya respuestas o propuestas mejores y peores, de la presunción de inocencia social para chorizos declarados, esta cultura ha anestesiado a la sociedad que se ha autosecuestrado en una jaula de una falsa ética social. No se pone en duda nada, no se cuestionan los valores centrales de lo que nos venden como “convivencia democrática”. Y esto tiene una parte positiva, que es la todavía gran seguridad pública que tenemos en España, pero tiene también una acusadísima parte negativa que entronca con la pasividad comentada, la autocomplacencia y la ausencia de cuestionamientos éticos.

Cuando analizamos los problemas del país solemos hacerlo desde el punto de vista técnico, cuando analizamos la crisis de la izquierda lo hacemos casi siempre con analizando qué no ha funcionado de lo que se ha hecho, cuando hablamos y hacemos hipótesis sobre estrategias para el cambio político nos fijamos en equilibrios de fuerzas y mayorías. Esto está muy bien pero creo que estamos obviando lo principal y lo fundamental, lo que está en la raíz de todo: Tenemos, como sociedad, una enorme crisis de valores, y esto es lo primero a arreglar para poder construir algo distinto.
Este tema de los valores y la ética quiero desarrollarlo estas semanas de verano aprovechando que hay menos noticias. A ver si Rajoy nos lo permite…

lunes, 22 de julio de 2013

Nacionalismo, no nacionalismo y anacionalismo






















Uno de los clichés fundamentales que usan los nacionalistas es que todo el mundo es nacionalista de una nación determinada. Ellos lo son y lo dicen, y como según ellos todos en el fondo lo somos se auto sitúan así en una posición política que no puede ser ignorada ni rechazada, ni tan siquiera ser discutida con la razón pues como mucho lo que se podría hacer es contraponer una nación contra la otra, discusión estéril donde las haya.
Este es el punto de bloqueo que lleva a que el nacionalismo no sea una ideología sino una “religión” como dije hace unas semanas sobre esta y otras opciones políticas. Y la verdad es que me cansa, me cansa muchísimo llegar siempre al mismo punto en las discusiones con nacionalistas de todas clases, llegar siempre al “tú eres nacionalista español”. No, eso no es cierto, no todo el mundo es nacionalista ni el nacionalismo es algo políticamente “neutral” para quienes no somos nacionalistas como dicen otras personas.
Me gustaría intentar desarrollar un poco este tema.

Todos tenemos más o menos claro lo que es el nacionalismo. El nacionalismo es una ideología que pretende convertir a un territorio y sus habitantes en una entidad propia y diferenciada del resto, convirtiendo sus rasgos culturales, políticos, religiosos, raciales o históricos en la base para la creación o mantenimiento de una estructura política y eventualmente como base inmutable del desarrollo de la misma.
El problema básico del nacionalismo es uno: Su arbitrariedad. Definir qué es una nación es algo absolutamente arbitrario, pues se pueden generar naciones distintas dependiendo la característica que subjetivamente se considere importante. Si la lengua es la característica para crear una nación se podrían crear, en un territorio determinado, una serie de naciones que serían distintas de las que se crearían si se usan otras características como la historia, la raza, etc. No hay una guía para definir qué es una nación y qué no, así que todo se convierte en pura arbitrariedad que generalmente se orienta para conseguir unos intereses tangibles determinados. Leed este gracioso ejercicio de mi colega Roberto Augusto sobre “¿Cuántas naciones hay en España?” para entender la arbitrariedad del nacionalismo.
Esos intereses son los han creado el nacionalismo desde siempre. Un rey puede crear nacionalismo para mantener unidos sus dominios o a sus súbditos entretenidos con ideas de honor y patria mientras mantiene su poder. Una clase social dominante puede crear nacionalismo para defender sus intereses económicos frente a otros territorios o como método de “desplazar” ideologías peligrosas para ellos. Un territorio rico vecino de uno pobre puede crear nacionalismo para evitar sufrir la pobreza del otro, bien por emigración bien por impuestos bien por otra razón. El nacionalismo también se puede usar para crear regímenes religiosos, para luchar contra imperios o por cualquier otra razón pero siempre, siempre, tiene un origen en un interés político que, convirtiéndose en nacionalismo, se llena de misticismo para así fortalecerse.
Luego el nacionalismo puede evolucionar, cambiar e incluso obviar y rechazar el contenido político que llevó a su creación. Y ahí hablaríamos de un nacionalismo vacío, que no es más que sentimentalismo por sentimentalismo. Y ese nacionalismo vacío también es peligroso porque es como una especie de arma flotante a la espera de ser usada por el primer desaprensivo que quiera convertir sus intereses de clase, casta, raza, religión o lo que sea en una ideología política.

He oído muchas veces como se ha opuesto, en algunas zonas de España que tienen un nacionalismo local, el nacionalismo con otro posicionamiento llamado “no nacionalismo”. En el País Vasco, por ejemplo, se habla de los nacionalistas y los “no nacionalistas”, que es una atrevida suposición que implica que todos los que se oponen al nacionalismo vasco no son nacionalistas. Y eso es falso, tan falso como decir que todos los que se oponen al nacionalismo vasco son nacionalistas españoles.
Muchos dicen que el nacionalismo español no es nacionalismo porque ya tiene nación, porque entonces se convierte en “patriotismo”. Eso es falso. Tener nación o no tenerla no cambia el nacionalismo, lo único que cambia es el objetivo fundamental de ese nacionalismo. Si el objetivo de un nacionalismo sin nación es crear una nación el objetivo del nacionalismo con nación es mantenerla. Ambos nacionalismos consideran la nación como “única” e “indivisible”, la consideran único producto posible de la historia y única construcción política razonable en función de la realidad cultural, y por eso mismo ambos son nacionalismos equivalentes.
¿Es el nacionalismo y el patriotismo lo mismo? Bueno, aquí entramos en el complejo mundo de los términos y sus matices. Pero sí considero que existe un “patriotismo” que es representación del orgullo por unas raíces o por un territorio y que no necesita de “nación” ni de construcción nacional para existir ni pretende conceptualizar la nación en función de unas características arbitrarias. A eso se le podría llamar patriotismo si se quiere, sin menoscabo de que la mayoría de los que se autodenominan patriotas en el fondo son nacionalistas.

Entonces ¿existe el no nacionalismo? Si claro que existe, hay mucha gente que no somos nacionalistas en ninguna de sus expresiones. El problema es que este término del no-nacionalismo ha sido, como tantos otros, manoseado precisamente por aquellos que sí son nacionalistas pero que creen que, al ser su nación un estado, no lo son.
Por eso quizá deberíamos usar algún otro término y por eso he traído a colación el término “anacionalista”. Anacionalismo es un término que se usó en el pasado para definir ciertas teorías no nacionalistas del movimiento esperantista de finales del siglo XIX y principios del XX. Este anacionalismo tenía mucha relación con el internacionalismo socialista si bien este último se convirtió en un vehículo acomodaticio para las luchas obreras y acabó degenerado en interés fundamentalmente de la URSS.
Pero este anacionalismo quiero usarlo como una idea que nos sirva para acabar, de una vez, con las estúpidas disputas sobre las naciones que tenemos continuamente en nuestro país. Para mí, como no nacionalista, la nación no significa nada. Lo único real, tangible, es el estado y cuando uso la palabra nación la uso siempre como sinónimo de estado. Que el estado, español en este caso, sea una “nación” o esté compuesto por tres, cinco o veinte naciones me es absolutamente irrelevante. Es más, creo que es algo en lo que no deberíamos meternos. La nación es subjetiva mientras el estado es objetivo: Mezclar nación y estado es una cosa que no lleva a ninguna parte.
Y por eso mismo hablar de la “plurinacionalidad” del estado español como hacen muchos partidos políticos o movimientos en España es algo que no lleva a ningún sitio. De hecho considero que en una eventual reforma de la constitución debería de eliminarse eso de la “nación española” y sustituirse por otra expresión más “anacional”.

Lo he dicho muchas veces y lo vuelvo a repetir. Para mí la integridad de los estados democráticos no está en cuestión ni acepto que ninguna de sus partes tenga derecho a autodeterminación. Otra cosa es que un territorio homogéneo tuviese una voluntad muy mayoritaria de separación permanente en el tiempo, que entonces podría ser razonable crear mecanismos legales para una hipotética secesión, dejando siempre claro que eso no responde al derecho de autodeterminación y que no se tiene porque garantizar la integridad territorial del territorio a separar. Pero eso es una cosa y otra es aceptar el nacionalismo y lo que emana de él.
Si se es anacionalista (o no nacionalista) hay que oponerse al nacionalismo, no considerarlo una cuestión neutral y ajena. Y no es una cuestión de territorialidad no nos equivoquemos, es una cuestión fundamentalmente de valores y de proyección de las ideas políticas. El nacionalismo representa valores contrarios a los nuestros y esto debemos entenderlo y no jugar a estas cosas que nos distraen, no aportan nada y además inculca valores conservadores e incluso reaccionarios.


viernes, 19 de julio de 2013

La barbacoa destituyente y el peligro de las manifestaciones inútiles












El pasado jueves estuve en la Barbacoa destituyente de Valencia, que para quien no lo sepa es el nombre que se le dio a las manifestaciones que se convocaron enfrente de las sedes del PP de toda España mientras se hacía una parrillada con chorizos de forma simbólica.
La Barbacoa destituyente se convocó por las redes sociales dos o tres días antes de las concentraciones y tuvo bastante poco éxito. En la concentración de Valencia no habría mucho más de 300 personas y parece que incluso en Madrid no pasaron de las 1.000. Estas cifras son, en todo caso, absolutamente decepcionantes. El caso y la situación del país es lo suficientemente grave como para que las concentraciones hubiesen sido enormes y multitudinarias y no simbólicas como fueron.

El otro día me comentaba un amigo que el ritmo de la movilización social había bajado mucho en 2013. Durante todo el año pasado hubo manifestaciones y protestas casi a diario y todos los fines de semana teníamos alguna manifestación convocada por el 15-M, los sindicatos, las asociaciones profesionales, los movimientos sociales o cualquier otra entidad. Las manifestaciones tenían una asistencia decente aunque quizá no enorme.
Sin embargo en 2013, excepto por un par de reivindicaciones concretas, todo está muy parado. Es como si la gente se hubiese cansado de ir a manifestaciones que al final no valen para nada. Se ha consumido la energía de la gente en movilizaciones diversas, desestructuradas y con escasa repercusión.
Creo que cunde el desánimo. La gente se pregunta ¿para qué otra manifestación? El gobierno obvia la calle y la ningunea, haya mil personas o cien mil. El gobierno ni se inmuta a no ser que la manifestación o el acto no lo controlen, es decir, se convierta en algo impredecible. Pero una manifestación en la que los manifestantes se pasean y gritan y que se acaba a las pocas horas de su inicio no les supone problema alguno.
Adicionalmente la represión del gobierno está consiguiendo sus frutos. Cada vez hay más cargas policiales en las manifestaciones, se identifica a la gente y a algunos se les multa en las concentraciones “ilegales”. Los agentes graban con cámaras de video a los manifestantes como método más de coacción que otra cosa. Y ante este panorama mucha gente se asusta y no va a manifestaciones más simbólicas que útiles.

Estamos ante un país muy mayoritariamente indignado, que rechaza al gobierno y lo quiere dimitido pero que, en cambio, no se moviliza y menos de forma organizada y conjunta. Creo que debemos plantearnos por qué está pasando esto.
Cuando se convocan manifestaciones inútiles acabas haciendo un flaco favor a la causa que quieres defender. Los más idiotas de entre los dirigentes del PP pudieron pensar el jueves que, ante la escasa asistencia a las barbacoas de chorizos, los ciudadanos realmente no están mayoritariamente a favor de la dimisión de Rajoy. Eso no es así y los ciudadanos sí quieren la dimisión de Rajoy lo que pasa es que debemos ir un paso más allá ¿están dispuestos a movilizarse para eso? Pues ahora podría parecer que no.
Las manifestaciones son golpes de fuerza y de legitimidad cuando triunfan pero también suponen oxígeno para tus adversarios cuando fracasan. Convocar una manifestación que no va a tener éxito es un error porque se consigue precisamente lo contrario a lo que pretendías y acabas dando la sensación de que no hay un ambiente de protesta real.
Además hay un fenómeno que hay que evitar. En todas las ciudades hay “profesionales” de las manifestaciones, es decir, gente que se apunta a todas las manifestaciones casi sin discriminación. Normalmente esta gente suele ser la más radical, algo que se observa en sus lemas, pancartas o banderas y también en su estética.
Cuando una manifestación tiene poca asistencia a quienes se ve es, precisamente, a esta gente. Y esta gente debe de estar, pero no es suficiente. Si una manifestación quiere ser representativa de la población debe contener una buena representación de la sociedad: Deben ir jóvenes y jubilados, chicos “alternativos” y señoras cincuentonas, intelectuales y amas de casa; y es importante que haya una buena representación social porque si no se empieza a decir que son “los cuatro de siempre” o “perroflautas” o estas cosas, eso se ve en las imágenes de los medios de comunicación y provoca que disminuya aún más la futura asistencia a las mismas, ya que la gente más moderada piensa que ese no es su sitio.

Hace tiempo que pongo en duda la utilidad de las manifestaciones y las huelgas como métodos para cambiar las cosas. Creo que ya no tienen la utilidad de antaño y que ahora solo se consiguen resultados con acciones novedosas, impredecibles y que siembren la sensación de descontrol.
Pero hay veces que las movilizaciones sí pueden servir o haya que hacerlas por alguna razón. Y creo que este es uno de esos momentos. Este país está siendo acusado por toda la prensa internacional de “pasivo”, de tener una sociedad civil sin fuerza alguna, de país corrupto. No podemos permitir esta imagen porque esto tiene consecuencias terribles para nosotros, nuestra imagen y nuestro futuro.
¿Recordáis lo que se decía de Grecia en 2008 o 2009? En ese momento se hablaba de los engaños del gobierno griego en las cuentas públicas, del despilfarro y la corrupción en Grecia. La sociedad europea aceptó de primeras que los griegos eran manirrotos y corruptos y por lo tanto se asumió como normal la imposición de la austeridad a ultranza. Para machacar a alguien sin límite lo mejor es extender el criterio de que se merecen ser machacados.
España es considerado hoy, gracias a su presidente y a sus políticos, un país de corruptos. Y gracias a eso no tardará la prensa alemana en decir que a España no se le puede permitir ninguna desviación económica de los objetivos económicos, que hay que aplicar más recortes y más “reformas”, y se justificarán en nuestra corrupción endógena y en nuestra inmoralidad pública. Los españoles volvemos a no saber gobernarnos a nosotros mismos, y eso lo puede justificar todo.
E insisto, esto no podemos permitirlo. Hay que hacer todo lo que se pueda en todos los ámbitos (mociones de censura, manifestaciones, movilizaciones, etc) porque nos estamos jugando mucho, mucho más de lo que creemos.

Si Rajoy no es obligado a dimitir el país y la sociedad civil tendrá que hacer algo. Pero lo que se tendrá que hacer es una convocatoria unitaria entre partidos, sindicatos y movimientos sociales para exigir claramente algo muy sencillo: La dimisión del presidente del gobierno y eventualmente la convocatoria de elecciones generales para que el pueblo elija.
Supongo que alguien se planteará esto a la vuelta del verano así que espero que lo hagan bien. Menos mini manifestaciones maximalistas y más planteamientos incluyentes, explicando bien el por qué de las movilizaciones y qué nos estamos jugando.

martes, 16 de julio de 2013

El fin de Rajoy














Al escuchar la preparada respuesta que el aún presidente del gobierno dio en rueda de prensa a la pregunta concertada con el periodista de ABC, me vino a la cabeza una frase de la serie Juego de Tronos: “What is dead may never die” (lo que está muerto nunca puede morir) que dice uno de los personajes en lo que es una especie de juramento guerrero.
¿Qué relación vi entre esta frase y la comparecencia de Rajoy? Pues además del hecho de ver a un cadáver político en la pantalla de televisión me parecía que Rajoy, ya muerto, se había situado en una especie de invulnerabilidad ante la realidad. Si ya está muerto no puede morir, si es un cadáver político y sigue de presidente como si tal cosa ¿qué lo puede derribar? Se ha convertido, de facto, en alguien políticamente invulnerable a la dimisión.

Me muevo entre esa sensación (si no dimite por esto ya no va a dimitir por nada) y la contraria, que es la que me dicta el sentido común y la ética y que dice que un jefe de gobierno de un país democrático no puede seguir al frente de una nación ante un escándalo de estas características. Alguien en algún momento le dirá que tiene que dimitir: Sus propios parlamentarios que en el fondo son los que sostienen al gobierno, los grandes empresarios y banqueros que son los beneficiados de su política, la fuerza de la calle o su jefa, Angela Merkel.
Creo que la sensación general es esta última, la de fin de mandato. Si lo viésemos desde fuera estaríamos esperando las horas para que Rajoy dimitiese y dejase en manos del grupo parlamentario popular la elección del nuevo jefe de gobierno. Pero viviendo en este país, infectados con este ambiente de corrupción que lo ocupa todo, de irresponsabilidad política, con la todavía cercana tolerancia ciudadana ante la corrupción y la alergia a las dimisiones habitual en España, nos parece que todo puede pasar. Que el presidente del gobierno se aferre al sillón de forma irresponsable y presidencial no parece tan raro.
Y esa declaración…”en este momento los pilares de la política de España son su programa de reformas y su estabilidad política y yo no voy a consentir que ninguno de los dos sufra daño”…O sea que Rajoy, como único mecanismo de justificar su permanencia al frente del gobierno, se convierte personalmente en el garante de las reformas y la estabilidad de la patria.
O yo o el caos” es lo que venía a decir Rajoy, como cualquier dictador de medio pelo o cualquier sátrapa. Los emperadores romanos, Franco, Gadafi…Todos han justificado su permanencia por la estabilidad que sus regímenes daban, todos han pronosticado el caos en su ausencia. Ante la falta de legitimidad el miedo, ante la falta de dignidad el endiosamiento absurdo, trastornado, perturbador.
¿Cómo va a dimitir un hombre que se aferra al miedo y a la confusión de su persona con la estabilidad? Nunca lo hará por su propia voluntad. Quizá Rajoy certificó con esas palabras, sin quererlo, que sólo va a salir de su letargo bajo una extrema presión.

La realidad es exactamente al revés de lo que dijo Rajoy. Su propia presencia es nociva para la nación, su propia presencia lleva a que los medios de comunicación internacionales hablen mal de España, de la incomprensible tolerancia del pueblo español ante la corrupción, del estado putrefacto de la política aquí y de cómo el latrocinio está extendido por el país.
Luego este hatajo de mangantes habla de la marca España ¿Pero qué marca España, sinvergüenzas? No hay marca España ni nadie que se fie de los españoles cuando el propio presidente del gobierno está internacionalmente considerado como un irresponsable político y un presunto corrupto. Si el presidente del país no asume responsabilidades ¿qué se puede esperar del resto del país?
No es ninguna tontería lo que acabo de decir. La seriedad de un país se mide, también, en la seriedad de su política. Argentina, por ejemplo, es un país que tiene muy mala fama, sus empresas y empresarios tienen fama de ser poco serios y ser unos piratas, y esto es producto en parte de su realidad e historia política. Uruguay, un país culturalmente hermano de Argentina, tiene mucha mejor fama para hacer negocios y eso es en parte por la buena imagen de los políticos del país. Hasta los uruguayos dicen que los argentinos son todos unos mangantes.
¿Qué aporta Rajoy a la “marca España”? Ensuciarla, mancharla, destruirla. Os voy a hablar claro: España puede tener decenas de empresas punteras en obra pública pero si su potencia se pone en entredicho porque se cree que estas empresas han crecido gracias a una trama corrupta de concesiones de obra pública a cambio de donaciones ilegales, automáticamente la credibilidad y fiabilidad de estas empresas se podrá en duda en todo el mundo. España puede ser una potencia en energías renovables e ingeniería, pero si el país está gestionado por un chorizo la imagen de empresas e ingenieros se verá claramente dañada.
España es un país serio y yo contribuiré a que esto sea así”…Qué canalla. La presencia de Rajoy en la presidencia, su irresponsabilidad parlamentaria, cómo redacta las preguntas a los periodistas como si estuviésemos en una dictadura, cómo lleva mintiendo y mintiendo desde el mes de enero; eso es lo que hace que este país no sea serio, esto y no las ensoñaciones estúpidas de Rajoy sobre su propia figura.

Y no es que un país deba hacer las cosas para mejorar su imagen, es que la imagen es el único argumento que este gobierno ha esgrimido para justificar la absoluta violación de su programa, la traición a sus votantes, sus extemporáneas críticas a todos aquellos que se le oponen y sus intenciones de limitar las libertades ciudadanas de manifestación y expresión.
Llevo desde hace meses hablando sobre la ilegitimidad del gobierno español. Después de las medidas de julio de 2012 comencé a aceptar que este gobierno, cuya legitimidad defendí ese mayo pese a la violación de su programa electoral, era ilegítimo. En febrero de 2013, después de la publicación de los papeles de Bárcenas y de los análisis que indicaban que su contenido era cierto, analicé si el presidente del gobierno debía dimitir y mi conclusión fue que claramente sí debía. Todas las argumentaciones que hice entonces siguen siendo vigentes y no hace falta que las repita, podéis leerlas en los links.
Las revelaciones de las últimas semanas no hacen más que confirmar a los escépticos la veracidad del grueso de las acusaciones. Puede que haya cosas en concreto que no sean ciertas (yo creo que Bárcenas miente en algunas cosas, sobre todo en lo relacionado con Cospedal y en algunas omisiones de donantes y receptores) pero el esquema general de donaciones ilegales, sobresueldos y concesiones a cambio parece más que claro. En este momento no creo que pueda existir una sola persona informada en España que pueda pensar que todo es falso. Tan sólo una persona desinformada o alguien que se niegue a pensar o aceptar la realidad podría defender algo así.
No hay pues un solo motivo, ni uno solo, que permita justificar la permanencia de Rajoy en el puesto de presidente del gobierno. Podría discutirse si deben convocarse elecciones o puede formar gobierno otro dirigente del PP, pero Rajoy no puede continuar ni un minuto más.

Personalmente considero que debería forzarse un adelanto electoral, tanto por los criterios de ilegitimidad esgrimidos anteriormente como por una cuestión de estrategia. Actualmente en el sur de Europa y ante las crecientes protestas sociales en distintas formas, se están imponiendo los gobiernos de concentración. En Grecia hay un gobierno de concentración entre las antiguas fuerzas bipartidistas desde hace años, en Italia también. En Portugal se pretende imponer este esquema también aunque por ahora el partido socialista portugués se ha negado (porque se sabe ganador en unas futuras elecciones). Esta es la realidad de esta época.
Si en España hay unas elecciones ahora muy probablemente el parlamento saldría bastante fragmentado. El sistema que saldría sería de cuatro partidos dominantes (dos mayores y dos menores) y parece improbable que se pueda formar un gobierno estable con uno de los partidos tradicionales y uno o más de los menores, ante las claras incompatibilidades de muchas fuerzas políticas. Así pues las presiones internacionales irían encaminadas a que se formase un gobierno de concentración PSOE-PP y lo pongo en este orden porque creo que el PSOE podría quedar como primera fuerza.
El futuro, pues, tiene toda la pinta de ser un gobierno de concentración PSOE-PP que continúe la misma política de devaluación interna y pago de deuda, quizá con más estímulos, quizá con menos recortes sensibles, pero una política en consonancia con las “recomendaciones” de la troika y Berlín. Y si este futuro tiene que llegar, si el “austericidio” y el “bipartidismo” se van a replegar para continuar su política, cuanto antes llegue mejor.
Tengo la convicción que ese peaje lo tendremos que atravesar, porque es a lo que apunta todo. Luego las cosas pueden cambiar (puede perder Merkel en Alemania, puede haber escisiones en los grandes partidos, etc.) pero por ahora no veo otra solución más allá de esta. Siento desanimar a los que hablan de proyectos constituyentes, eso es algo que no veo que vaya a pasar en breve y mucho menos en la siguiente legislatura, aunque sí espero que pase a medio plazo.

La legislatura está acabada como dije en mayo. Lo está en legitimidad, lo está en contenido político pero sobre todo lo está en dignidad. Y eso es algo que no podemos permitir los españoles. Rajoy debe dimitir, debe ser depuesto, por la calle o por el parlamento, o si no lo será por Merkel.
Voy a citar al diputado semi-fascista de las cortes de la II república José Calvo Sotelo, que dijo esto: “Un país puede vivir en monarquía o en república, en régimen parlamentario o en régimen presidencialista, en bolchevismo o en fascismo. La única manera en la que no puede vivir un país es en anarquía”. Nunca pensé que citaría esta frase, que en su contexto era guerracivilista y antidemocrática.
Pero la voy a usar de base para cerrar el texto, adaptándola al tiempo presente. Este país puede vivir con un gobierno inútil, con un gobierno técnico, con un gobierno débil, con un gobierno que abuse de su mayoría parlamentaria, con un gobierno al siga ideologías perversas o con un gobierno que sea una jaula de grillos. Todo eso se puede solucionar, se puede arreglar mediante mecanismos democráticos. Pero cómo no puede vivir un país es odiándose a sí mismo, levantándose todas las mañanas avergonzado de la maldita suerte de tener un gobierno que ensucia el nombre del país, con un gobierno irresponsable en lo que hace y dictatorial en sus criterios públicos, y con la sensación de que por grande que sea el escándalo los gobernantes se creen en posesión de una gracia divina y no van a abandonar el cargo nunca.
España no puede vivir con Rajoy como presidente del gobierno, no puede vivir congelada en la historia. Que alguien haga el favor de despegarlo de esa maldita silla porque las consecuencias de no hacerlo pueden ser tan terribles que no quiero ni comentarlas.


Desde posicionamientos de derechas también han hablado de esto. Para que veáis como está el país:



sábado, 13 de julio de 2013

Con Francesc Romeu en Catarroja















El pasado viernes estuve en una cena de la agrupación del PSPV-PSOE en Catarroja. Fui porque me avisó mi amigo Jose, militante socialista, de que esa noche el vicesecretario general del PSPV, Francesc Romeu, iba a presentar su libro en esa agrupación local. Romeu es una de las personalidades políticas que me apetecía conocer así que fui a cenar con los señores de la agrupación socialista de Catarroja.

Los lectores no valencianos, y me temo que muchos valencianos, no sabréis quién es Francesc Romeu. Como ya he dicho es el vicesecretario general del PSPV y por tanto el número dos del partido por detrás de Ximo Puig, cargo al que llegó por esos pactos entre “familias” que se hacen en los partidos.
Romeu es bastante conocido porque es una especie de “grano en el culo” para la ejecutiva del PSPV. Sus puntos de vista muchas veces no concuerdan con los de la ejecutiva ni con la posición del partido y él no se corta a la hora de hacerlos públicos. Por ejemplo, el otro día Esquerra Unida hizo una proposición en Les Corts Valencianes a favor de la república, votación en la que el PSPV se abstuvo. Después de la votación Romeu la calificó como “una burla a la militancia” dejando claro que él opinaba que había que haber votado a favor. Este hecho soliviantó a Puig y a la ejecutiva del PSPV que estuvo barajando echarlo, pero al final la sangre no llegó al río. Ni a Romeu le interesa perder el cargo ni a la cúpula del PSPV crear un mártir.
El punto clave de toda esta historia es que se prevén unas primarias dentro de muy poco para elegir el candidato a presidente de la Generalitat valenciana por parte del PSPV. Romeu se quiere presentar, y además de presentarse quiere que las primarias sean lo más abiertas posible (por voto directo, extensibles a simpatizantes, etc.). Con este objetivo ha organizado una especie de “Tsunami Tour” a lo Beppe Grillo por el que visita todas las agrupaciones del PSPV (todas las que le dejan ir) a darse a conocer y a presentar el libro donde expresa su pensamiento político.
Lo de hacer un libro es una cosa que se ha puesto de moda en la política valenciana. Si quieres ser candidato tienes que hacer un libro o que te lo hagan. Mónica Oltra también se postuló definitivamente a candidata de Compromís a través del libro del escritor Ferràn Torrent “Caminaràs entre elefants”. Romeu con su “Hasta aquí hemos llegado” también ha encontrado un buen vehículo de promoción política. Si esto se pone de moda puede ser divertido.

¿Por qué me interesa especialmente el pensamiento de Francesc Romeu? Pues porque difiere sustancialmente a lo típico que hay en el partido socialista. Romeu tiene un discurso de izquierda sin complejos, de regeneración absoluta de la política y del estado español, con pensamientos y novedades políticas que nadie había propuesto antes. En un partido calcificado como el PSOE el discurso de Romeu destaca por distinto y por rupturista.
Yo siempre he echado de menos en el socialismo español ese perfil de socialista obrerista que sí tiene, por ejemplo, el socialismo francés. En Francia siempre hay algún líder socialista que está en posiciones próximas a la izquierda post-comunista y que defiende un discurso muy parecido a lo que era el socialismo hace 30 o 40 años. En el actual partido socialista francés esta postura la defiende el que es ministro de recuperación industrial Arnaud Mountebourg, al que llaman “el desglobalizador”.
¿Es ese el perfil de Romeu? No, o no exactamente. Más que un socialista obrerista, Romeu es un socialista “radical-demócrata”. Sí habla de igualdad económica, de usar el estado para garantizar la igualdad real y de una amplia reforma fiscal para que paguen más quienes más tienen, pero el grueso de sus ideas más interesantes se encuentra en el terreno de la regeneración democrática: Defiende sin tapujos la república, las primarias abiertas, la eliminación del senado, la elección del presidente del gobierno por sufragio directo, algunas propuesta de e-goverment, etc. Es en este punto en el que el discurso de Romeu destaca especialmente y donde seguramente más profundo es su pensamiento.

Vuelvo a la cena de ayer. Antes de que llegase Romeu nos paró un hombre, que creo que era el responsable municipal del PSPV, porque no nos tenía identificados. Como nos preguntó quienes éramos le dije que yo no estaba afiliado y que venía específicamente a ver a Romeu. “Tú eres dels que ens intereses. Els d’ací ja estàn tots convençuts, tenim que convencer a nous”.
En ese momento entró Francesc Romeu por la puerta. Cuando pasó por mi lado le saludé y le dije quién era, ya que tuiteamos de vez en cuando y le había avisado de que iba a ir a conocerle. Enseguida volvió el representante local del PSPV y le dijo “A este n’hi ha que convencer-lo, que no està afiliat”, a lo que respondí “Francesc, que a voltes em llig, sap lo crític que sóc amb el PSPV”. “I més crítics que anem a ser” dijo Romeu, frase que parecía anticipar un discurso muy crítico con el PSPV o, por lo menos, con su pasado reciente.
Como parece ser que Romeu tenía que ir a una ejecutiva del partido en Madrid al día siguiente hizo su discurso-presentación antes de la cena. Fue presentado por el dirigente local de Catarroja que hizo una frase genial por lo simple que lo resume todo. “Jo crec que el problema del PSOE és que s’hem anat massa a la dreta”. Después de la breve presentación habló Romeu.

¿Fue crítico su discurso con el PSPV como me había avanzado? Pues francamente no me lo pareció. Comenzó hablando del orgullo de ser socialista, de la historia del PSOE, de que ellos no eran como el PP (“No tenim res a vore amb gent como Rita Barberá o Cotino” decía). Luego hizo una crítica a los que hablaban del PPSOE como si fuesen dos partidos iguales y dijo que había que luchas contra ese discurso. El comentario no me gustó nada porque yo soy el primero que hablo de PPSOE frecuentemente y creo tener motivos para hacerlo.
El tono del discurso fue mitinero, muy distinto al que estaba acostumbrado a escucharle en entrevistas y tertulias. A mi no me gusta nada el tono mitinero, me parece falso y superficial, artificial. Romeu hablaba y movía las manos como tantos y tantos políticos que se imitan entre ellos. Al militante acostumbrado quizá le guste, a mi la verdad es que no me gusta, disfruto mucho más con un tono más académico. ¿Era necesario hacer un mitin con menos de 100 personas? Yo creo que no, pero bueno lo entiendo. Es muy difícil escapar de los “vicios” y usos frecuentes en la política.

Después de la parte del discurso en la que intentó levantar los ánimos a los militantes pasó a hablar un poco de los problemas actuales. Dijo dos cosas que me gustaron mucho. La primera es que la situación de la política en España después de los papeles de Bárcenas es terrible, que toda la prensa internacional se estaba haciendo eco de esto y criticó que los socialistas no estuviesen claramente pidiendo la dimisión del gobierno (no sé si lo dijo con estas palabras pero eso es lo que quería decir). Según él esto respondía a una especie de sopor o acomodamiento de los socialistas que había que revertir.
Quiero añadir una opinión personal a lo que dijo Romeu. No son los socialistas quienes están acomodados (podríamos hablar si son los más convenientes para hacer la crítica), es la sociedad entera la que está en una especie de pasividad y complacencia incomprensible. Yo, por ejemplo, no puedo entender como ninguno de los dos diarios principales del país y los dos que tienen información de primera mano sobre los papeles de Bárcenas y han comprobado su autenticidad, no han hecho aún un editorial a cinco columnas pidiendo la dimisión del presidente del gobierno. En cualquier país de nuestro entorno (excepto en los medios que controla Berlusconi en Italia) los editoriales de la prensa principal habrían hecho caer al gobierno. Le Monde o Liberation hubiesen obligado al primer ministro francés a dimitir, The Guardian o el Telegraph lo mismo en el Reino Unido, y no ahora sino en febrero. Sin embargo aquí no pasa nada. ¿Qué nos pasa como país? ¿Qué redes ha tejido el sistema bipartidista durante 30 años? ¿Tan pasivos somos? Creo que debemos preguntárnoslo.
La otra cosa que me gustó mucho es cómo dijo, sin tapujos, que erala primera vez en la historia de una democracia occidental que toda la fiscalía que depende de un gobierno estaba trabajando para la des-imputación de una persona, que era la infanta Cristina.

Y finalmente, y como parte central del discurso, habló sobre sus propuestas y su libro. Habló de propuestas económicas, democráticas y de reforma del estado. Hay cosas en las que discrepo con Romeu, por ejemplo en su intención de eliminar el senado. Considero difícil (aunque posible) estructurar un buen federalismo sin senado, y creo que la propuesta de Romeu viene más como un reflejo del sistema unicameral de la II república como algo concienzudamente meditado. Romeu dijo que el Senado era algo que iba contra la tradición constitucional española pero eso no es así. Tan sólo la constitución de Cádiz (que tuvo una vigencia muy breve) y la de la II república (con una vigencia de 8 años) edificaron regímenes unicamerales en España. Todas las demás constituciones implantaron un senado más o menos electo. Otra cosa es que los senados no hayan traído nada positivo al parlamentarismo español, como creo que ha pasado.
Tampoco veo claro lo de elegir al presidente del gobierno por sufragio universal directo en unas elecciones distintas a las parlamentarias. Nuestra tradición histórica es parlamentaria y hacerlo así sería ir prácticamente a un presidencialismo. Además creo que seriamos la primera monarquía que tiene un presidente del ejecutivo electo por sufragio directo, por lo menos en Europa. El presidencialismo no es peor que el parlamentarismo ni al revés, ambos sistemas tienen ventajas e inconvenientes, pero no acabo de ver la necesidad de este cambio.

Pero también hubo cosas que me gustaron mucho. Habló de elegir al fiscal general del estado por sufragio directo de los ciudadanos. Yo no sé si en este caso sería conveniente o no, pero creo que esta idea abre unas posibilidades muy interesantes para nuestra democracia: Un espacio para la democracia sin partidos.
En los EE.UU se elige a muchos servidores públicos por elección directa de los ciudadanos, como jefes de policía o jueces. Creo que esto es importante porque lleva la democracia a las manos de la gente, la aleja del juego de partidos políticos y creo que vacuna el propio sistema democrático contra populismos destructivos. Una democracia como la nuestra corre el riesgo de ser confundida con los partidos políticos que la dominan y eso no podemos permitirlo. La democracia es de los ciudadanos, no de los partidos.
También dijo una frase parecida a esta: “Los socialistas somos la única garantía para mantener la paz social”. La frase es puro electoralismo y eso de “la única garantía” no es cierto y Romeu lo sabe, pero me gustó la idea subyacente. La política social y a favor de una relativa redistribución de riqueza es lo único que va a poder contener un estallido social de imprevisibles consecuencias en España. Si el neoliberalismo triunfa, me temo que iremos hacia el conflicto económico permanente y la conflictividad social, y no solo en un terreno político sino también a nivel de delincuencia.
Sus ideas de republicanismo y laicidad también me gustan mucho. Francesc es claramente republicano y se aleja de este pastelón de muchos socialista que dicen esto de “soy republicano pero este tema no hay que tocarlo”. No, si se es republicano se es republicano, y una cosa es que no sea una urgencia (que no lo es) y otra que sea un tabú. También se mostró muy crítico con las relaciones entre el estado español y la iglesia católica y las prerrogativas existentes para la misma, algo en lo que estoy absolutamente de acuerdo con él.

Al acabar el discurso nos pusimos a cenar. Me extrañó que, por lo menos en la zona donde estaba, no se habló nada del discurso de Romeu. Los socialistas de Catarroja, amigos y conocidos todos, hablaban de sus cosas y nada de política. Entiendo que es normal y que a lo mejor fue en la zona donde estaba, pero bueno me llamó la atención.
Al finalizar la cena y cuando nos disponíamos a irnos nos acercamos a Romeu para despedirnos. Mientras se despedía de otra persona se acercó el dirigente local del PSPV. “Què t’ha paregut? T’ha convençut?”, “que sàpigues que sóc molt critic. M’han agradat molt tres o quatre coses però tinc algunes crítiques” le dije. “Home!” me respondió “tres o quatre coses ja són prou. Ací no som com els del PP, ací som crítics”… No sé deciros por qué, pero esta conversación me recordó muchísimo a una que tuve en la sede socialista de Blanquerías de Valencia en primavera de 2009 con algunos de los dirigentes de allí. No identifico el nexo, pero la cuestión es que en estros 4 años han cambiado tantas cosas en España, el país está en una situación tan radicalmente diferente a la de aquella vez, que me parece muy raro que la sensación sea exactamente la misma, y no creo que sea por algo bueno…
Cuando Romeu acabó de hablar Jose y yo nos acercamos para despedirnos. Me preguntó lo mismo, que qué me había parecido, y le dije lo mismo que al otro señor. Que me habían gustado mucho algunas cosas pero que tenía algunas críticas, y claro se las tuve que decir.

Le dije a Francesc que creía que al discurso le había faltado autocrítica. Que estaba bien levantar los ánimos a la militancia pero que saltar de ahí a directamente comenzar a exponer un cambio radical en la forma de hacer política es algo que queda incompleto. No puedes decirle a la gente que el PSOE es la hostia, que es el partido central de los cambios sociales en la historia de España (discutible, pero bueno), que los militantes son los mejores, etc. Y después decir que hay que cambiarlo todo de abajo a arriba. Para introducir unas propuestas de cambio radical hay que decir por qué crees que hay que hacer ese cambio y para eso hace falta autocrítica, que no hubo.
Romeu me dijo que tenía que entender el sitio donde estaba, que el PSPV había perdido miles de militantes en el último año y que había que levantar la moral a la gente. Lo entendía pero le repuse que hay una diferencia entre autocrítica y flagelación, y que ahí está la habilidad del orador. En cualquier caso le entiendo y entiendo por qué lo hizo así, aunque me parezca que quita coherencia al discurso.
También le dije que me había sentido aludido (no personalmente sino de forma general) cuando había criticado a la gente que hablaba del PPSOE. Le dije que yo usaba mucho esa expresión y que debía entender el por qué. El PP y el PSOE no son iguales, eso es cierto (para algo son dos partidos y no uno), pero desde el punto de vista del trabajador que le han bajado el sueldo o del parado son efectivamente equivalentes. Añadí que la sociedad interpreta como un continuo todo lo que ha venido pasando desde las reformas de Zapatero de mayo de 2010 y que no se observa un cambio real en la dinámica política de fondo, si acaso de matiz o de grado y a veces tampoco.
És molt fácil dir ací dins que el PP i el PSOE no són iguals, però teniu que eixir ahí fora i dir-li a la gent aixó, i la gent no s’ho va a creure sino és mitjançant una fort autocrítica” le dije. Creo que Francesc me entendió perfectamente.
No todo fueron críticas, no os asustéis. Le dije que me había gustado mucho su idea de servidores públicos claves electos por sufragio universal y que yo siempre había pensado que había que importar estas experiencias de democracia directa de países como EEUU o Suiza. Me dijo que estaba desarrollado en su libro, así que me lo tendré que leer (por ahora sólo lo he ojeado).

Una cosa que me gusta mucho de Francesc Romeu es que es accesible y, sobre todo, que parece escuchar. Cuando le hacía estas reflexiones creo sinceramente que estaba intentando ver el punto de vista de alguien que no es adepto al partido e intentaba aprender como pensamos las personas de izquierdas desencantadas con los partidos como soy yo.
Una duda que tengo es hasta qué punto domina todos los campos en los que está proponiendo reforma. Por lo que he visto de su libro y lo que me han contado es bastante generalista, es decir, no profundiza, lo cual es lógico porque sino tendría que hacer una enciclopedia y no un libro de cien páginas. Pero ¿realmente hay un estudio concienzudo, hay un gran dominio de los temas que toca? Los políticos no son técnicos y no pueden saber de todo, pero si pueden controlar parcialmente muchos campos.
Una vez leí, creo que fue a Carrillo, que Manuel Azaña había sido un extraordinario político porque fracasó en su primera experiencia electoral de la juventud y entró en política realmente con casi 50 años. Al entrar tan mayor había tenido tiempo de prepararse concienzudamente durante toda su vida, viajar y ver cómo funcionaban otros países (Francia fundamentalmente), estudiar profundamente sobre política militar y estructura de estado, y así, cuando entró en el ministerio de guerra y en la presidencia, tenía claramente unas ideas y un proyecto de país para implementar desde el primer minuto.
Nuestros políticos actuales carecen, por supuesto, de ese perfil. El perfil tradicional de político español es aquel que entra en las juventudes y va subiendo poco a poco, desde la agrupación local hasta la política nacional. A veces pienso que esas experiencias pueden “estropear” a los políticos y que crean una selección natural inversa donde no sube el más capaz sino el más conspirador y el más pelota.
Pero cuando veo a Romeu con su libro, con tantas ideas y con tantos proyectos pienso ¿qué es realmente? ¿Es un Azaña? ¿O es un producto del partido que nos está camelando a todos? Normalmente veo al primero, a pesar de sus 39 años.

Hablamos unos pocos minutos con Francesc Romeu y luego nos fuimos. Me supieron a poco. Creo que Francesc Romeu es un hombre para sentarte con él durante dos horas y con unas cervezas (para desinhibir un poco) ver realmente si lo que hay en el fondo es lo que parece. Si algún día tengo la oportunidad de hacerlo, y él me autoriza a contar lo hablado, haré un texto sobre el encuentro.
Si Romeu es lo que parece tiene mucho futuro, dentro o fuera del PSPV. Los partidos sólo son vehículos y lo que importan son las personas. Una persona válida debe poder hacer política donde sea, el sometimiento a los partidos me parece algo muy anticuado.
Lamentablemente creo que Romeu tiene pocas posibilidades de ser elegido candidato del PSPV a la Generalitat Valenciana. Sólo unas primarias abiertas a militantes y simpatizantes con voto directo le darían verdaderas opciones de ser elegido, pues ahí se verían los frutos de tanto trabajo en las agrupaciones y tanta osadía política. Pero si la dirección del PSPV organiza unas primarias menos democráticas me temo que será Ximo Puig el que salga finalmente candidato.

Y sería una pena, porque Romeu tiene ventajas para el PSPV como candidato. Sacaría más votos que Puig casi seguro y, además, daría una nueva posibilidad política al PSPV. Mirad, en la Comunidad Valenciana todo el mundo da por hecho que va a haber un gobierno tripartito de izquierdas la próxima legislatura. El PPCV ya está de oposición y los partidos de izquierdas quieren aumentar sus fuerzas respecto a los otros para tener más cuota de poder. UPyD, por su parte, tan sólo desea que no haya un empate técnico entre las fuerzas de izquierda y el PPCV que le obligue a mojarse.
Este esquema lo ha asumido todo el mundo como inevitable sin embargo yo creo que existe una alternativa, una alternativa a la asturiana. Es decir, un gobierno PSPV-EU con un apoyo a la investidura de UPyD. Para que esto ocurra el PSPV debería recuperar algo de voto y no tener Compromís unos resultados tan buenos como se esperan.
Si hay alguien en el PSPV que podría acordar políticas con UPyD sería Romeu. Sí, ya sé que parece un contrasentido si está tan a la izquierda como he dicho pero no lo es. Las ideas de Romeu sobre el estado federal, sobre la igualdad y sobre la regeneración democrática no son iguales que las de UPyD, pero creo que no son incompatibles. Con voluntad estoy convencido que esa visión radical-demócrata de Romeu y la regeneración democrática que preconiza UPyD podrían encajar. Tener más de una opción y no ir obligados a un tripartito sería algo positivo para el PSPV, tanto por expectativa de voto como para tener así una posición negociadora mejor.

En fin, especulaciones sin demasiado recorrido ahora mismo. Pero quiero insistir en lo fundamental: Atención a Francesc Romeu, atención a sus propuestas y a su futuro. Es una de las estrellas emergentes de la política valenciana junto a Mónica Oltra y creo que tiene futuro, en Valencia o en Madrid, en el PSOE o fuera de él, pero tiene futuro por dos razones fundamentales: Porque tiene ideas claras y porque camina en el sentido de los tiempos.

jueves, 11 de julio de 2013

Convocatoría Cívica y la estrategia política para el cambio















Como seguramente sabréis hace unos días se presentó Convocatoria Cívica, una plataforma compuesta por destacadas personalidades de izquierda que promueve una candidatura electoral que lleve al gobierno una política de cambio real que revierta el austericidio, la destrucción del estado del bienestar y la profunda degradación política de nuestra democracia. Entre los firmantes destacados están el exministro de UCD Federico Mayor Zaragozá, el juez Baltasar Garzón, el economista Juan Torres López, el periodista Ignacio Ramonet o el exsindicalista Antonio Gutiérrez.
Técnicamente la plataforma no ha dicho que se vaya a presentar a las elecciones, aunque no lo descarta. Su propuesta es bastante difusa por lo que se supone que contempla tanto la promoción de una plataforma electoral como el apoyo a una eventual “gran coalición” de las fuerzas de izquierdas con las que comparta un programa mínimo.

Quería enlazar esta noticia de la creación de Convocatoria Cívica con este escrito de mi colega blogger Don Ricardo Royo-Villanova en su blog “A sueldo de Moscú”. En el texto Don Ricardo pedía una gran “ola” ciudadana que pase por encima de los partidos y que reuniese candidaturas ciudadanas y partidos políticos en una misma plataforma. Unos días después Don Ricardo, en plena compulsión redactora, escribió esta otra entrada sobre el mecanismo ideal para unas primarias abiertas, que vino a colación de las noticias que indicaban que IU estaba planteando una candidatura unitaria para presentarse a las elecciones europeas.
Si leéis el primer comentario (que es mio) veréis como expreso serias dudas sobre la conveniencia de hacer algo así precisamente en las elecciones europeas. Ya tengo dudas por defecto sobre estas candidaturas unitarias de izquierdas como escribí hace casi dos años aquí aunque en una situación como esta quizá sean necesarias, pero mi problema principal aquí es una cuestión de estrategia. Paso a explicar por qué.

Para empezar tengo que repetir una cosa que ya he dicho: España necesita un movimiento ciudadano “indignado” que se articule electoralmente. Necesitamos plataformas ciudadanas al margen de los partidos, algo así como el M5S de Beppe Grillo aunque a ser posible algo menos personalista, histriónico y confuso. Esta plataforma tendría como destinatarios claros a todos aquellos indignados con el sistema político y los partidos, aquellos que entienden que esta crisis es una verdadera estafa hacia los pueblos a los que se oprime y se hace perder el futuro para mantener en pie el sistema y pagar las deudas de los poderosos. Una plataforma que, sin etiquetas antiguas, recogiese los anhelos de esos indignados vengan de donde vengan.
Este es un espacio electoral a explotar y creo que hay que rellenarlo para movilizar electoralmente todo este voto. Tengo bastantes dudas de que una plataforma como la de Mayor Zaragoza y Garzón pueda movilizar este voto por varias razones (porque es gente bastante mayor, que viene de la “vieja política”, etc.), pero su intento es loable y estoy seguro que conseguirán su espacio político y podrán ser útiles de una forma u otra.
Bien, junto con este espacio aún por construir hay otros dos en la izquierda. Uno de ellos es el post-comunista, que es el que conocemos en España hasta ahora y que está nucleado en torno a izquierda unida. El otro espacio sería el que voy a llamar “ecosocialista-radicaldemócrata”, espacio que ocupa una izquierda no marxista y sí defensora de ideales bastante diversos pero compatibles: La radicalidad democrática, la economía del bien común, el decrecimiento, la economía verde, la democracia directa, etc. En este espacio estarían partidos como EQUO y Compromís, quizá ANOVA y otros menores.

¿Cuál es la apuesta de mucha gente? Pues que estos tres grupos se unan en una candidatura unitaria, y como quiere IU (para capitalizarlo ellos) ya en 2014 en las elecciones europeas. Y aquí es dónde yo me opongo por considerarlo contrario a la estrategia adecuada.
Uno de los factores, quizá el principal, por el que no paramos de plantear coaliciones en el terreno de la izquierda es el sistema electoral. Nuestro sistema electoral castiga a los partidos minoritarios nacionales, que necesitan enormes cantidades de votos para conseguir representantes debido a nuestro enorme número de circunscripciones pequeñas. Es lógico pues que se quieran unificar fuerzas para poder “vencer” al sistema electoral en unas elecciones nacionales o en comunidades con muchas provincias, pero este problema no está en las elecciones europeas. En las elecciones europeas hay circunscripción única así que con pequeños porcentajes de voto puedes conseguir representación. Así pues si hay unas elecciones en que las fuerzas políticas pueden presentarse en solitario son estas.
Además aquí hay un segundo problema, y es que no sabemos qué fuerza tiene exactamente cada uno de los grupos de “izquierda” que he definido anteriormente. Una de las razones por las que no ha salido nunca un partido verde en España (y por la que cuesta que aparezcan opciones nacionales en general) es por el sistema electoral. Muchos eco-socialistas votan a IU por aquello del “voto útil”, y otros votan incluso al PSOE por la misma razón. En estas elecciones europeas, además, EQUO tiene mucho que ganar porque va a estar sostenido por uno de los grandes grupos del parlamento europeo, el grupo verde. Los verdes son poderosos en países como Alemania y desde el punto de vista de un ciudadano español simpatizante de esta corriente política estas elecciones europeas son la mejor oportunidad que han tenido de votar un partido verde en España. Las estimaciones dicen que podría conseguir un par de eurodiputados si va coaligado con Compromís como todo indica que pasará.
Por otro lado tampoco sabemos qué fuerza tendría la electoralización de esta izquierda indignada y arraigada en los movimientos sociales como la PAH y similares. Ante las dificultades provocadas por el sistema electoral creo que el gran momento para hacer una lista electoral de esta naturaleza son las elecciones europeas próximas.

Hay veces que la unión no hace la fuerza. Yo, que soy valenciano, he visto recientemente el caso de Compromís y Esquerra Unida que, separadas, han obtenido muchos más votos que juntas. A veces los electorados potenciales de los partidos se desaniman y desmovilizan ante los aliados “incómodos” con los que se presentan los suyos.
Hay que valorar bien, pues, el beneficio electoral de la unificación de varios partidos en una única candidatura respecto al hecho de que vas a desmovilizar a muchos votantes potenciales si la haces. Si el sistema obliga es mejor la coalición, pero si no obliga es mejor que cada uno vaya por separado.
Como para 2015 el sistema electoral no obliga yo soy partidario de que cada uno vaya por su lado y que valoremos qué fuerzas sociales tiene cada uno. Luego, en base a estos apoyos, se pueden encarar unas negociaciones entre partidos y plataformas. Esto tendría dos ventajas positivas fundamentales en el caso de que finalmente fructificase una coalición para las elecciones generales: Evitaríamos que eso pareciese IU&Asociados generando una verdadera coalición heterogénea, y el programa que saldría de allí sería posiblemente menos maximalista y más arraigado a lo que son las demandas sociales de base.

Pero, además de todo esto, creo que hay otra ventaja fundamental que tiene que ver con la estrategia política y el aprovechamiento de las circunstancias y los tiempos del país. Mirad, como dije en el comentario en el blog de Don Ricardo yo creo que este país quiere “sangre” política. Aquello del “voto útil” y de votar a la contra para que no gane el otro todavía está arraigado en este país, pero aún así la gente está asqueada con sus partidos de toda la vida. Hay mucha gente que votaría al PP en unas elecciones generales pero que está asqueada y avergonzada con este partido, y exactamente lo mismo con vale para el PSOE. Esto nos puede parecer incomprensible y absurdo pero es así.
El pensamiento general del país es que las elecciones europeas no valen para nada. A pesar de que PP y PSOE han sacado tradicionalmente muchos votos en esas elecciones mi intuición política me dice que esta vez no va a ser así. Si hay una oportunidad de que los votantes fieles del bipartidismo castiguen a sus partidos va a ser esta.
Por lo tanto no sería inteligente limitarle las opciones al ciudadano cabreado. Démosles a los ciudadanos suficientes opciones distintas para que, conocedores de que su voto vale poco tirando a nada, se animen a votar cosas nuevas. No hacer una gran coalición que pueda despertar los recelos de tu electorado es lo mejor en esta situación.
Y si esto es como yo digo, que creo que sí, entonces el batacazo del PP y el PSOE va a ser de carrito. Ya sea porque la gente vote IU, EQUO-Compromís-Verdes o el partido indignado, o porque voten UPyD, al partido de Mario Conde o al sursum corda, creo que lo fundamental es que el bipartidismo se hunda en esas elecciones. Hay que generar la sensación de que el bipartidismo se ha acabado.

Los grandes estrategas militares siempre han dicho que el factor moral y anímico es muy importante para ganar guerras. La historia está llena de pequeñas batallas cuyo valor militar era a priori simbólico y que, al ganarse, han generado una ola de moral en el victorioso y de miedo en el derrotado que han cambiado el sentido de una guerra. Esto a priori por supuesto no se sabe pero es importante tener claro el concepto: Es importante la moral, el factor anímico, y una pequeña victoria puede representar un revulsivo increíbles.
Imaginemos esta situación. Como preveo el bipartidismo se pega un batacazo y todos los nuevos grupos que he comentado sacan representación. Para nuestro caso imaginemos que IU saca un buen resultado (imaginemos un 13-15% de votos, que es el que tiene en algunas encuestas), imaginemos el par de diputados de EQUO-Compromís y alguno también de esta plataforma indignada. No es una situación nada descabellada ¿verdad?
Después del duro golpe que se llevaría el bipartidismo sería muy importante marcar este mensaje: El bipartidismo se ha acabado. Ojo, esto ciertamente es una pequeña mentira o una exageración si queréis pues unas elecciones europeas con los condicionantes comentados tampoco es para hundir un régimen, pero insisto en el factor anímico. Este mensaje calaría entre parte importante de la ciudadanía e, incluso, sembraría el pánico entre el PP y el PSOE pensando que quizá se les acaba el gran pastel.
Y entonces es cuanto estos tres movimientos, exitosos en las elecciones y con las fuerzas bien medidas, deberían establecer conversaciones para una gran coalición político-ciudadana que se fragüe alrededor de todo lo que une a estas fuerzas. Y si estas conversaciones y esta hipotética coalición implica primarias abiertas a los ciudadanos tanto para candidatos como para propuestas para incluir en el programa electoral pues miel sobre hojuelas, el efecto movilizador sería mayor.

En esa situación es cuando realmente se podría generar lo que se está pretendiendo generar, esa sensación de fin del bipartidismo, la sensación de que por fin hay una alternativa, y la sensación de que los dos grandes partidos son rémoras que se están hundiendo irremediablemente.
Tengamos en cuenta que hay muchos ciudadanos que, desgraciadamente, siguen la corriente política dominante y hacen lo que ven o les cuentan los medios. En el ciudadano español medio está la idea de que sólo hay dos partidos con posibilidades reales, PP y PSOE, y la mayoría participa en esta dualidad. Por eso son tan importantes los golpes de efecto y las victorias morales, porque hay que liberar al ciudadano de la telaraña que le envuelve y le dice que “esto es lo que hay” y que “no ha alternativa”. Hay que hacer ver que hay alternativa.

Quizá penséis que estoy generando un escenario de ciencia-ficción. Yo no lo creo, las elecciones europeas no están tan lejos, el PP y el PSOE son partidos que están decayendo en su apoyo popular día a día y esta plataforma de indignados no es algo que me haya sacado de la manga sino una aspiración de mucha gente y un reflejo de lo que ha pasado en otros países.
Cuando se trabaja por un objetivo hay que hacer previsiones probabilísticas, así que lo que planteo no debería ser tan raro ni un escenario desconocido. Creo que no debo ser el primero, ni mucho menos, que ha hecho especulaciones de este tipo. Ahora, tal y como están desarrollándose los acontecimientos todas las previsiones pueden quedar en nada. Igual acabamos teniendo unas elecciones generales antes que las europeas y, entonces, todo esto ya no serviría para nada.