La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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lunes, 30 de septiembre de 2013

Inmersión lingüística, lengua vehicular y lengua propia











Hace unos días el congreso de los diputados, a petición de UPyD, acordó aceptar una enmienda por la que la lengua vehicular de la enseñanza en toda España debía ser el castellano, en cooficialidad con las lenguas oficiales en los distintos territorios. La propuesta se aprobó con los votos del PP, que es partidario de intentar introducir el castellano en el sistema educativo en Cataluña como se puede comprobar por el redactado de la ley Wert.
Esto de la lengua vehicular, la inmersión lingüística y el asunto de las lenguas me ha traído muchos recuerdos e ideas a la cabeza y me ha hecho recordar mi evolución en este tema. Voy a ver si soy capaz de organizar mis pensamientos.

Mirad, yo soy valenciano y en la Comunidad Valenciana tenemos dos lenguas oficiales. El valenciano y el castellano están bastante parejos en uso (aunque creo que el castellano es ya la lengua materna de la mayoría de la población) aunque hay una diferencia de uso por zonas: En la zona interior de la Comunidad, que se repobló por aragoneses tras la conquista de la zona por la Corona de Aragón, se habla castellano, mientras que en la zona litoral, repoblada por catalanes, se habla mayoritariamente valenciano.
Estas son las dos zonas con predominio lingüístico diferente que reconoce la legislación valenciana, pero adicionalmente hay otro hecho: En las dos mayores ciudades de la Comunidad, Valencia y Alicante, se habla de forma muy mayoritaria castellano aunque estén en zona teórica de predominio del valenciano. Este hecho es fundamental para entender por qué el castellano tiene más hablantes que el valenciano, aunque por amplitud de los dominios lingüísticos pueda parecer lo contrario.
En la Comunitat se estableció un sistema de “líneas” a mediados de los 80 gracias a la Llei d’ús i ensenyament del valencià, pudiendo los alumnos (o sus padres) elegir la lengua en la que querían escolarizarse. Esta es la teoría, porque luego la práctica indica que no todo el mundo puede escolarizarse en la lengua que desea. Si la demanda de una línea es pequeña el colegio normalmente no la oferta, y los alumnos que hubiesen querido esa línea se tienen que conformar con estudiar en la otra lengua o, sino, se deben buscar otro colegio con las dificultades que tiene hacerlo. Yo conozco gente en Valencia capital que quiso estudiar en valenciano y no pudo (porque el instituto no lo ofertaba) y también gente que hubiese querido estudiar en castellano pero que no pudo porque el instituto de su pueblo solo ofertaba en valenciano.
¿Eso crea un problema? Bueno, relativamente. Generalmente no pasa nada por estudiar en la otra lengua que no es la tuya, sobre todo si empiezas de niño. Yo no he conocido personalmente ninguna persona con excesivos problemas por esta situación.

En Cataluña, como sabéis, hay un modelo diferente, que es la inmersión lingüística en catalán. La Generalitat catalana ha legislado que la lengua vehicular de la enseñanza es el catalán (excepto, obviamente, para la asignatura de lengua castellana), y por tanto todas las asignaturas se imparten en esa lengua.
La justificación que ha dado la Generalitat para hacer esto es que el catalán es una lengua más “débil” que el castellano y que necesita especial protección. Si no se diese este trato preferencial al catalán, dicen, este idioma sería poco a poco desplazado por el castellano, lengua absolutamente mayoritaria en medios de comunicación y mucho más potente. También tienen otra justificación: Que todos los alumnos estudien en la misma lengua ayuda a la integración de todos y que no haya discriminaciones sociales.
Esto de la discriminación puede parecer raro pero tiene una explicación. No es ya que vaya a haber una “segregación” por lengua sino que, aunque no lo digan, se estima que hay una percepción social diferente para cada una de las lenguas. En algunas partes de Cataluña y en algunos sectores “ideológicos” se piensa que el castellano es la lengua de los inmigrantes andaluces o extremeños, más pobres, mientras que el catalán es la lengua “de los catalanes”. Esta gente piensa que hablar en castellano es una especie de estigma social y, aunque no pueden decirlo, esto es lo que hay detrás de esa justificación de evitar discriminaciones sociales. La inmersión en catalán se vende como una forma de integrar a los castellanohablantes para que no sean catalanes de segunda.
Fijaos, en Valencia pasa exactamente lo contrario. Al ser las grandes capitales castellanohablantes el valenciano se considera, desde cierto punto de vista elitista de la capital, como una lengua de pueblerinos. Es el valenciano en Valencia quien tiene estigma social, y quizá bastante mayor que el castellano en Cataluña.

Durante muchos años yo fui partidario del sistema de inmersión lingüística catalán y pensaba que se podría implementar en Valencia. Mi argumento era el siguiente: Desde mi punto de vista de persona de la capital y castellanohablante veía como el valenciano retrocedía en su uso social. Mis compañeros de clase aunque llevaban toda la vida estudiando valenciano no lo hablaban nunca, no porque no lo dominasen teóricamente sino porque no tenían soltura y les daba vergüenza. La realidad es que en Valencia no necesitas hablar valenciano para nada y, por tanto, por comodidad mucha gente no lo habla jamás.
En Cataluña, en cambio, el uso del catalán estaba generalizado e incluso en Barcelona era perfectamente equiparable al uso del castellano. El catalán se mantenía en Cataluña mientras en Valencia el valenciano parecía ir a una lenta extinción. Ojo, este era un punto de vista puntual y un tanto cerrado, pues yo difícilmente me movía fuera del área metropolitana de Valencia, mayoritariamente castellanohablante. En los pueblos más alejados de la capital el uso del valenciano era y es muy mayoritario pero eso, aunque lo sabes, tienes que vivirlo para poder comprenderlo realmente. En cualquier caso las encuestas dicen que el uso social del valenciano está retrocediendo, a pesar de que el conocimiento del mismo está aumentando (por su presencia en el sistema educativo).
¿Y qué pienso hoy? Pues hoy pienso lo contrario. Creo que para Valencia es absolutamente absurdo un sistema de inmersión lingüística en valenciano por la sencilla razón que más del 50% de la población tiene al castellano como lengua preferencial. Legislar así sería ir en contra de los usos y costumbres de la sociedad por el mero hecho de proteger la lengua “débil”. Las administraciones públicas deben servir a las poblaciones y hacer algo así en Valencia sería ir en contra de este servicio. Difícilmente un castellanohablante va a querer que sólo se pueda estudiar en valenciano, así que esto no tiene ningún sentido. El sistema de líneas está bien para Valencia, me parece el más adecuado.
¿Y en Cataluña? Pues mirad, no lo sé, porque no conozco tan bien Cataluña. Cataluña no tiene tanta variedad lingüística como Valencia y yo no sé si hay una parte importante de la población que desearía una enseñanza en castellano o no. Si muy mayoritariamente los catalanes fuesen catalanohablantes y quienes hablasen castellano fuesen una minoría pequeña entonces sí consideraría que el sistema de inmersión tiene sentido. Si, en cambio, hay bastante diversidad como en Valencia entonces pienso que hay que establecer mecanismos para crear líneas en castellano en la educación pública.
Por los datos que he consultado parece que el castellano es bastante más hablado de lo que parece. He leído una encuesta de 2010 de FUNDACC que dice que el 55% de los catalanes tienen al castellano como su lengua preferente, y alguna otra encuesta que he visto confirma estos datos. Si esto es así considero que la inmersión lingüística en catalán no está justificada y que debe corregirse parcialmente. Otra cosa es la oportunidad política.

Otro de los motivos por el que he acabado rechazando la inmersión lingüística como política adecuada es porque este sistema, el de inmersión lingüística monolingüe, no se aplica en ningún otro sitio de la UE que no sea Cataluña, que yo sepa. Creo que el único caso en Europa es el de Groenlandia, que no está en la UE, y parcialmente el de los países bálticos, donde el ruso es una lengua no oficial pero sí muy hablada y, en cambio, las autoridades de esos países no lo quieren oficializar ni incluir en la enseñanza probablemente por rencillas históricas.
En Europa las zonas bilingües aplican dos tipos de modelos: El de “líneas” (mayoritario) y el bilingüe/trilingüe, con dos o tres lenguas vehiculares que se usan en las distintas asignaturas. Estos son los dos modelos que se usan en los distintos lugares y el modelo de inmersión catalán creo que no tiene parangón en ningún otro sitio fuera del caso comentado.
Cada país tiene sus peculiaridades y no creo que haya verdades absolutas en este terreno, pero el hecho de que en prácticamente todas partes haya sistemas de líneas o bilingües me hizo pensar mucho. Hablamos de países democráticos, países que respetan a las minorías, países avanzados. Creo que esta total ausencia del sistema de lengua vehicular debería hacernos reflexionar.

No creo que descubra nada si digo que en esto de las lenguas vehiculares hay mucho de nacionalismo. Mirad, he escuchado a muchas personas decir que hay que dar un trato preferente al valenciano o al catalán porque es “nuestra lengua”, mientas que la otra lengua, el castellano, es una lengua “impuesta” o incluso “imperial”. Esto, además, parece estar sostenido en ese término que normalmente usamos para referirnos a las lenguas que se hablan en determinados territorios a parte del castellano, “lengua propia”.
El argumento es un absoluto dislate. ¿Cómo que el valenciano es la lengua autóctona o propia y el castellano es la lengua impuesta? Pareciera como si el valenciano se hablase en Valencia porque lo trajo un ángel o porque hubiese brotado de un árbol sagrado en medio de la Ribera del Xúquer. El valenciano es una lengua igual de impuesta e invasora que el castellano, que llegó aquí por la población catalana que se estableció en estas tierras y por efecto imitación, igual que el castellano vino por la población castellanohablante que se estableció aquí y por efecto imitación. De hecho ¿hay alguna lengua más “imperial” que el latín, lengua madre de todas estas lenguas, que la trajo el imperio romano después de su invasión de la península ibérica?
Decir que el catalán es lengua propia y el castellano lengua impuesta no es más que un nacionalismo absurdo que considera que hay una lengua predeterminada para un territorio. Es la negación más absoluta de la propia realidad lingüística, de la naturaleza de las lenguas que se mueven, amplían, contagian y evolucionan. Hablar de lenguas propias es creer que hay una cultura suprema por encima del pueblo y de sus deseos, usos y costumbres, es una idea muy peligrosa que estamos usando con inocencia pero que debemos replantearnos porque puede ser muy nociva.
La política lingüística no puede estar basada en lenguas propias, debe estar basada en el interés de las personas y los hablantes, en hacerle cómoda la vida a la gente. Si hay que normalizar una lengua es porque hay una parte importante de la población que la habla, no porque sea propia, ajena o haya un absurdo destino nacional predeterminado.

Pero, si tratamos al valenciano o al gallego sin privilegios ¿no desaparecerán a medio plazo? Pues francamente no lo sé. No voy a negar que las lenguas locales son débiles en este mundo globalizado y su progresiva desaparición podría ocurrir. En Europa muchas lenguas locales han desaparecido prácticamente ante la presión de las lenguas “de estado” (italiano, francés, etc.). España, de hecho, ha sido distinta en esto y muchas lenguas han sobrevivido al estado centralista español. Parece increíble que en Italia hayan prácticamente desaparecido todas las lenguas en 150 años de existencia y en España esto no haya sucedido. Creo, de hecho, que el centralismo español, claramente existente en la estructura del estado, ha sido bastante más inofensivo de lo que muchos nacionalistas catalanes creen.
Pero cuidado, no sólo las lenguas regionales están en peligro. Yo creo que la mayoría de lenguas minoritarias en Europa están en bastante peligro, quizá no lenguas como el castellano o el francés pero sí otros idiomas del Este o de estados más pequeños. Porque hoy en día no es un idioma oficial y de estado el que puede desplazar a una lengua local, es la globalización económica y cultural quien lo puede hacer. No digo que vayan a desaparecer en 50 o 100 años pero ¿le dais 10 generaciones de vida al letón o al macedonio? Yo no.
Entiendo que esto es conflictivo y toca muchas sensibilidades (entre ellas la mia) pero no podemos obviar la evidencia. Las lenguas se han creado por evoluciones diferentes de lenguas comunes en comunidades relativamente aisladas, lo que permitió la creación de las variantes dialectales y, más adelante, de las lenguas. Ahora, en un mundo globalizado, interrelacionado, donde los nuevos términos se aceptan casi siempre en inglés… ¿no es previsible el proceso contrario, es decir, una progresiva uniformización de la mano del nuevo vocabulario común? En nuestra vida no lo veremos, pero como comprendemos todos lo que se hablará en nuestra ciudad de aquí a 500 años puede parecerse poco o nada a nuestro idioma actual.

El otro día le leía a alguien decir que la Unión Europea debía dejar de hacer todo en tres idiomas y establecer un idioma administrativo, que sería el inglés, en el que publicaría todos sus documentos, y que luego los estados tengan sus lenguas oficiales. Puede ser difícil de aplicar pero me parece que vamos a esto.
A mi me gusta mucho lo que se hace en los EEUU, donde no hay lengua oficial (a nivel federal). El inglés es la lengua de la administración pero lengua oficial no hay. No se pretende que la gente se uniformice bajo una lengua sino que se gestiona el tema lingüístico en función de la realidad social. Si mañana el español superase en número de hablantes al inglés (esto no pasará, pero imaginemos el caso) creo que los norteamericanos serían mucho menos reticentes a este cambio que los europeos en un caso parecido. No soy un admirador de la cultura individualista de los anglosajones pero en este caso sí me gusta porque me parece que es una buena vacuna contra los nacionalismos que pretenden someter a las personas.
Una cosa es intentar mantener los vínculos sociales y otra muy distinta es homogeneizar a todo el mundo bajo unas características determinadas, y menos cuando la heterogeneidad lingüística y cultural es un hecho establecido. Las políticas de defensa cultural de una lengua o una cultura, que me parecen necesarias y las apoyo, tienen un límite claro que es cuando sometes a la gente. El respeto a las minorías y a la cultura propia es algo establecido en la cultura democrática y me parece síntoma de buen gobierno ser abierto y orientar estas cosas para interés y comodidad de los ciudadanos.

En resumen, la vida y lo que he visto y he estudiado me ha hecho cambiar de opinión. Me parece que el sistema de inmersión lingüística en una lengua en un territorio bilingüe no tiene sentido y que lo mejor son sistemas de líneas o bilingües.
Obviar para qué sirve una lengua, darles sentido “romántico” o ignorar las demandas de una parte sustancial de la población me parece una política absurda que puede estar hecha con buena intención pero que colinda excesivamente con una visión nacionalista y gregaria de la sociedad que yo, anacionalista y republicano (república como oposición a la “nación”), no puedo aceptar.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

¿Estamos ante el fin del estado del bienestar?










El otro día el rey de Holanda, en un discurso aprobado por el gobierno liberal-progresista holandés, habló del fin del “clásico estado del bienestar” y su sustitución por una “sociedad participativa”. El rey usaba estos términos para decorar un recorte de 6.000 millones de euros que el gobierno holandés ha concentrado en gasto social.
En países como el nuestro estas palabras fueron una bomba ¿Cómo la rica Holanda, con casi pleno empleo y servicios sociales excelentes, habla del fin del estado del bienestar? ¿Qué quiere decir eso de la sociedad participativa, que la gente tendrá que ocuparse de la solidaridad mediante sus propios medios? ¿Qué está pasando aquí?

Desgraciadamente la inmensa mayoría de la población sólo entiende las frases grandilocuentes mientras es incapaz de ver las cosas que suceden delante de sus narices. Que el rey de Holanda finiquite verbalmente el estado del bienestar no es un hecho, es una advertencia, un proyecto, una tendencia que se irá consolidando. Aquí en España nadie ha enterrado verbalmente al estado del bienestar pero éste está siendo destruido lentamente desde hace años y está en una situación infinitamente peor que el de Holanda. Sí, en Suecia y en Holanda pueden hacer muchas reformas, pero su estado del bienestar sigue siendo mucho más potente que el nuestro incluso antes de nuestros primeros recortes.
Pero más allá de todo esto aquí hay una cuestión fundamental: Partamos del estándar de protección social que partamos, estemos en el punto que estemos o generemos el PIB que generemos, el estado del bienestar preexistente en nuestros países es algo en retroceso, algo que se está recortando en todas partes y que evoluciona hacia un estado asistencial.
Muchos dirán que esto está sucediendo por voluntad política, pero esto no es del todo así. Por supuesto que hay gobiernos encantados con quitar prestaciones públicas y crear sociedades más individualistas, inseguras y “privadas”, pero hay otros gobiernos que lo hacen porque consideran que “no tienen más remedio”. Que no tengan más remedio no es del todo exacto, quizá lo más exacto sería decir que no tienen más remedio dentro de los usos y costumbres económicos y políticos del mundo occidental, que no pueden hacer otra cosa si no quieren hacer un cambio radical en la estructura económica. Eso probablemente sí que es cierto.

El estado del bienestar se creó hace muchas décadas sobre una economía formalmente capitalista y con los bienes de producción en manos privadas, con el obetivo de redistribuir la riqueza en base a impuestos sobre el capital, el consumo y el trabajo. En este modelo existían, adicionalmente, algunos sectores “clave” que permanecían públicos por interés general.
La primera oleada del neoliberalismo en occidente, en los 80 y 90, se concentró en la privatización de las empresas y servicios públicos. La socialdemocracia, convertida en socio-liberalismo para entonces, aceptó todo esto y es cómplice de esta situación. Después llegaría una segunda oleada neoliberal que internacionalizó la economía y la “globalizó”, deslocalizando el capital y la producción. La tercera oleada, en la que nos encontramos, se basa en la destrucción de los estados del bienestar en base a una situación económica formalmente real: No ingresamos suficiente para mantener los estándares de protección.
Obsérvese como todo lo acontecido en la era neoliberal es plenamente coherente con esta destrucción final del estado del bienestar: La privatización de empresas públicas, que podían o debían ser solventes, transfirió unos ingresos y beneficios que eran públicos a manos privadas. Seguidamente la internacionalización del capital y la deslocalización llevó a tener que competir con otros países en política impositiva, teniendo que bajar impuestos como el de sociedades, cargas fiscales, cuotas laborales, etc. Para mantener las empresas en el país. Y el descenso no fue solo impositivo sino que también fue salarial, porque los trabajadores tenían que competir con otros de países sin protección social, teniendo que bajarse también los salarios y/o los beneficios sociales.
Al final, con un descenso de ingresos por todas partes, el sistema tiende al colapso por falta de ingresos. Y ante el colapso es fácil vender a la sociedad que hay que recortar gastos, porque no tenemos ingresos y evidentemente los necesitamos para poder gastar. La idea es lógica, matemáticamente irrefutable e intuitiva para la sociedad víctima de la situación.

Pero si tenemos una carencia de ingresos ¿por qué no subimos los impuestos para ingresar más? Eso debía ser una política de izquierdas pero, desgraciadamente, el imperio neoliberal se ha vacunado contra esto. Un gobierno izquierdista no puede aumentar el impuesto de sociedades porque lo que provocaría es una mayor deslocalización industrial y un hundimiento de la inversión, un gobierno izquierdista no puede subir las cotizaciones sociales a las empresas por la misma cuestión; en definitiva, un gobierno no puede cargar altos impuestos al capital en general. Al productivo y al no productivo, porque si subes impuestos al capital pasivo éste también se puede deslocalizar también y largase a Suiza o a las Islas Caimán.
Cuando los gobiernos no se han atrevido a bajar los estándares de protección social radicalmente han usado una segunda estrategia: Han subido impuestos, pero sólo a lo no deslocalizable: Los ciudadanos y las pequeñas empresas que no pueden largarse a China ni están internacionalizadas. Y en ese contexto se ha subido el IRPF y los impuestos indirectos como el IVA, o yéndonos un poco más lejos se ha implantado una tasa sobre la propiedad inmobiliaria en Grecia (las casas no se pueden mover de su sitio). En cierta manera y simplificando un poco, es como si la redistribución se hubiese circunscrito a las clases bajas y medias, quedándose las altas parcialmente fuera de la redistribución. Los “pobres” redistribuyen entre ellos sus pocos recursos, llevándose la clase media la peor parte.
Fijaos en esto y en lo que dije hace unos días: Aquí hay un eje fundamental que tiene mucho que ver con las clases sociales que probablemente van a salir de esta crisis, que es la posibilidad de deslocalización. Quien tenga capital o un valor exportable y movible va a estar en muchas mejores condiciones que quien esté “atado a la tierra”, que estará sometido a recortes, imposiciones extremas y legislaciones destructoras de las que no va a poder escapar. Los “nómadas” voluntarios serán la nueva clase alta y los “sedentarios” la clase baja. Es el futuro distópico sobre el que teorizó Jaques Attali.

Hace un par de meses comenté que nuestro sistema de pensiones debía ser absolutamente reformado porque tiene una trampa que lleva a su destrucción: Depende exclusivamente de las cotizaciones sociales que provienen del trabajo, y en un entorno con cada vez más paro y sueldos más bajos ese sistema no puede aguantar así. El sistema hay que ampliarlo y alimentarlo con otros flujos económicos y con otros impuestos. Esa es la reforma que se necesita.
Pero, a nivel general, podemos hacer un planteamiento similar con todo el estado del bienestar. El estado del bienestar tal y como está estructurado es insostenible, porque los impuestos que lo mantienen son cada vez más difíciles de cobrar, cobrarlos tiene más consecuencias económicas negativas y, en definitiva, se nos está escapando nuestra fuente de recursos. Así pues o nos cargamos el estado del bienestar (solución neoliberal, que es a la que nos dirigimos) o cambiamos nuestra forma de obtener recursos (que es la solución que debe de buscar la izquierda).
¿Y cómo se hace esto? Pues ese es el quid de la cuestión y lamentablemente nadie ha hecho aún un modelo teórico general y mucho menos concreto para un solo país. La solución más fácil y radical sería nacionalizar los grandes medios de producción y todo lo deslocalizable, pero esa es una opción del pasado que en su momento no funcionó demasiado bien y que, de aplicarse en un solo país, nos podría llevar a una situación de aislamiento económico. Creo que hay que intentar evitarla.

Hay algo que yo creo fundamental y que no se está contemplando lo suficiente en las nuevas alternativas económicas que están comenzando a aparecer. Nos hemos acostumbrado a trabajar sobre la redistribución de la renta, es decir, a intentar generar igualdad mediante un ciclo “secundario” de recursos desde los que más tienen hacia los que menos tienen vía impuestos. Y ya vemos que esto no está funcionando y no parece posible que pueda volver a funcionar en el mundo globalizado.
Así pues creo que debemos atacar la base del problema, es decir, la razón por la que la generación primaria de la renta está tan orientada hacia el capital y las grandes empresas y tan poco hacia el trabajo. Necesitamos que el trabajo aumente su remuneración, necesitamos que las pequeñas empresas tengan más cuota de mercado, necesitamos extender modelos cooperativos económicos donde la riqueza generada se reparta mejor. Hay que ir a la base del sistema productivo y ayudar a que la renta se distribuya mejor, porque esa va a ser la única manera que nos va a llevar a conseguir una sociedad igualitaria.
Para conseguir esto se puede recurrir a la nacionalización de algunos sectores, es decir, revertir las privatizaciones de los años 80 y 90, pero eso por sí solo es insuficiente. Hay que fomentar esa distribución primaria de la renta en la economía privada, eso es fundamental y no vamos a poder obviarlo.
La única propuesta que conozco que ha teorizado sobre esto es la economía del bien común, que propone una serie de “valores” económicos por encima de la ganancia que deben ser los que se deben promover desde los poderes públicos. Una de las propuestas más sencillas de la economía del bien común es que las administraciones públicas solo contraten con empresas que cumplan las normas del bien común, entre ellas que los sueldos no sean muy dispares entre todos los trabajadores y, por tanto, que la riqueza generada por la empresa se reparta bien. Por lo menos que el dinero del ciudadano sirva para fomentar una economía igualitaria.
El sistema del bien común también propone dar ventajas fiscales a las empresas que cumplan con el bien común sobre las que no cumplan, y a mí me parece bien. Debemos fomentar esto, debemos fomentar la economía local y nacional, debemos fomentar nuestras relaciones económicas con empresas éticas y países con economías justas. Unas nuevas redes económicas deben ser creadas en base a valores distintos a la mera ganancia puntual.

Por supuesto esto es sólo una parte de lo que se debería comenzar a hacer. La política impositiva y redistributiva debe seguir ahí, es una parte del sistema vigente y no se puede ignorar, pero debe ir perdiendo importancia respecto a las políticas de distribución primaria de la renta. Hay que estudiar qué se debe volver a nacionalizar, qué se debe hacer con los aranceles y los tratados de libre comercio y volver a replantear entero el sistema de deducciones fiscales.
Debe haber una política de desarrollo que favorezca este modelo de empresa más igualitario o directamente cooperativista. Hay que volver a meter el genio del capitalismo financiero dentro de la lámpara para que no destruya nuestra economía real en un ataque especulativo. Quizá habría que empezar a analizar si se pueden regular cosas como el trueque de servicios y productos y de fuerzas productivas. Hay muchísimo trabajo por hacer, debemos armar una nueva estructura de producción y redistribución entera. No es trabajo para impacientes ni para dogmáticos, ciertamente.
Y, respondiendo a la pregunta del título, ¿Estamos ante el fin del estado del bienestar? Usando las palabras del rey belga, sí, estamos ante el principio del fin del “clásico” estado del bienestar, pero eso no puede querer decir que estamos al final de “cualquier” estado del bienestar. Y precisamente por eso es nuestra obligación levantar otro sobre una base diferente a la actual.


lunes, 23 de septiembre de 2013

Cataluña y el nudo gordiano














Yo soy español integral, y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos; odio al que es español por ser español nada más. Yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista abstracta por el solo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos. El chino bueno está más cerca de mí que el español malo. Canto a España y la siento hasta la médula; pero antes que esto soy hombre de mundo y hermano de todos. Desde luego, no creo en la frontera política

Federico García Lorca


Me gustó mucho esta frase de García Lorca que leí en el aeropuerto de Madrid justo antes de embarcar hacia New York porque expresa perfectamente como me siento yo en estas cuestiones nacionales. Y por eso quiero usarla para iniciar un nuevo escrito sobre Cataluña, otro más, en el que probablemente repetiré muchas cosas que ya he dicho y contaré pocas cosas nuevas. Lo sé, pero quiero enfocar este escrito desde otro punto de vista, entre humano y técnico, marcando mucho la diferencia de ambas situaciones y sus implicaciones.

Hace unos días una exitosa cadena humana recorrió Cataluña de norte a sur. Desconozco las cifras, pero por lo que he visto y en un sencillo cálculo eran por lo menos medio millón. Los asistentes dicen millón y medio, y los ridículos medios de la derecha trescientos mil. Bien, ni será millón y medio ni trescientos mil, pongamos la media por decir algo, la verdad es que tampoco es lo importante.
Sé que este acto se llevaba preparando muchísimas semanas por parte de los independentistas catalanes y en los resultados se ha visto. La movilización fue alta, festiva y pacífica. Nada que objetar al acto, a la organización y al resultado. Tengo amigos independentistas y estaban entusiasmados. Creían realmente estar haciendo algo histórico, que eso era el inicio de algo que lleva sin duda alguna a la independencia.
Pero ha pasado una semana y las cosas, objetivamente, están exactamente igual. Nada ha cambiado, ni la carta de Rajoy a Mas tiene nada nuevo, ni la respuesta del gobierno catalán ha mejorado la situación ni las declaraciones de los políticos de la comisión europea respecto a que la Cataluña independiente saldría de la UE son nuevas. Y es lógico que no haya pasado nada porque es extremadamente complicado que pueda pasar algo.

La verdad es que la posición del gobierno Rajoy en este asunto, a nivel político, es bastante cómoda. No está haciendo nada pero es que difícilmente puede hacer algo. Un referéndum en Cataluña no cabe en la constitución y para hacerlo habría que reformarla, y esta reforma no llegaría a tiempo para 2014 en ningún caso (en caso de que quisiese hacerla, que no quiere), por lo que no se puede conceder a Mas lo que desea. Un referéndum consultivo no necesitaría de reforma de la constitución pero entonces hablaríamos de un referéndum que no valdría para nada y por tanto sus resultados serían poco relevantes. Incluso es posible que le cayese alguna denuncia por prevaricación si hiciese un referéndum consultivo, algo en lo que se podría escudar para no hacerlo.
El gobierno se dedica a no hacer nada y, una cosa que está haciendo bien, a no caldear los ánimos. Los ánimos ya los caldean los medios de comunicación de la derecha, tomados interesadamente como opinión oficial “de España” por parte de los independentistas catalanes por mucho que no sea más que la opinión de unos chiflados. Cuando hay gente que quiere conflicto entonces el conflicto se encuentra donde sea, así que aunque el gobierno no haga nada los ánimos no se dejan reposar.
El gobierno y el PP parece que tienen una idea, tácticamente lógica, de que el problema catalán es irresoluble y que hay que “sobrellevarlo”. Como la ley está de su lado y todos los organismos internacionales se van a poner de lado del estado español en caso de conflicto, su objetivo es dejar que el soberanismo se rompa en 2014 si ERC pide acciones unilaterales y CiU no se atreve (ellos suponen que no se atreverá).
Que la clase empresarial catalana, cuyos intereses son capitales en CiU, aceptase aventuras que la pueden dejar fuera de la UE o en una independencia conflictiva para sus negocios es algo prácticamente imposible. Así pues están dejando pasar el tiempo, para desesperación de CiU y alegría de ERC, sabiendo que la ruptura llegará.

Esta estrategia, que parece que es bastante probable que pueda tener éxito, obvia algo que creo que es fundamental: El futuro de la sociedad catalana. Si el objetivo es evitar la independencia la estrategia es impecable, pero si es intentar salir de esta situación de parálisis, odios y permanente desafección creo que no sirve, y si se quiere evitar una posible polarización de la sociedad catalana del futuro tampoco.
Creo que estamos siendo demasiado pasivos porque estamos observando que este independentismo es algo pacífico y que no está habiendo problemas de convivencia evidentes en Cataluña. Y esto es un error porque cuando la frustración llegue creo que la situación va a degradar bastante. A los catalanes independentistas se les está vendiendo una independencia mesiánica que está a la vuelta de la esquina, conseguida mediante una hoja de ruta inverosímil. Cuando pase 2014 y no se haya avanzado ni un milímetro, cuando algunos empiecen a decir que esto hay que encararlo de otra forma y que igual hay que renunciar temporalmente a esa independencia que parecía cercana, entonces las cosas no serán tan sencillas. En un escenario económicamente depresivo habrá tentaciones de buscar traidores, enemigos de la patria, etc.
Los españoles no somos violentos y tampoco los catalanes por extensión. Pero en nacionalismo es una religión política peligrosa y nunca se sabe que puede salir de ahí, de los dos nacionalismos enfrentados que tenemos en este caso. Las altas expectativas generan altas decepciones y en un entorno maniqueo y arbitrario como el que crea todo nacionalismo las cosas pueden ir muy mal. Y eso por no hablar de odios que se pueden solidificar en el tiempo entre vecinos y amigos.

Aquí hay dos posiciones de fuerza en las que nadie está dispuesto a ceder. El gobierno español sabe que las leyes le asisten y que no tiene por qué hacer nada. Si quieren algo que pidan una reforma de la constitución, dicen, con impecable legalidad. Por otro lado el independentismo piensa que la fuerza popular que está ganando la causa independentista llevará a la inevitabilidad de la independencia. La independencia no va a llegar, pero por el otro camino tampoco tendremos una solución adecuada, dejaríamos una peligrosa herida abierta.
La tentación tradicional del progresismo y gran parte de la izquierda española ha sido siempre hacer concesiones al nacionalismo catalán para acabar con la “desafección”, pero es que esto no se debe hacer. Cuando el planteamiento mínimo es que una parte de España tiene derecho a la secesión unilateral entonces no se puede hacer nada, porque abrir este melón sublevaría al resto de territorios y ciudadanos a los que estarías diciendo que tienen menos derechos que otros, algo inaceptable en un marco democrático como el nuestro. Hay una cosa que no debemos olvidar ni asumir del discurso independentista: El gobierno español no es “España”, es el gestor de un país que está compuesto de ciudadanos que viven en distintos territorios. Aquí no hay dos entidades diferenciadas, Cataluña y España, esto es maniqueísmo nacionalista.
No, no debe haber “consulta” ni referéndum de ninguna clase a no ser que mediase una radicalísima reforma constitucional que cambiase absolutamente la concepción de España que tenemos. Y hay una cosa que los ciudadanos de España y los gobiernos no van a asumir, que es que Cataluña es una entidad independiente de España y que éstas pueden tener un tratamiento de colonia y metrópoli, de estados asociados o similar . Eso es una barbaridad histórica, jurídica y lógica y por varias generaciones esto no sería aceptado por nuestros ciudadanos. Y no es sólo eso, es que desde el punto de vista de la izquierda política esto no se puede asumir.

¿Cuál es la solución? ¿Cómo se desata este nudo gordiano? Pues lamento decir que la solución no es fácil, ni rápida ni total. Si alguien piensa que hay alguna solución intermedia que pueda hacer desaparecer al independentismo se equivoca. El independentismo nacionalista no va a aceptar nunca un solo milímetro menos de su objetivo y, si lo hace, será por un rato para desdecirse un tiempo después. Este problema no va acabar así que, en cierta manera, el sobrellevarlo será la única opción, la cuestión es la cantidad de independentismo que habrá que sobrellevar.
Para empezar lo que hay que hacer es crear un nuevo proyecto político que pueda contraponerse con el exultante independentismo. Este proyecto tiene que pasar por una reformulación de la estructura del estado que corrija lo que no funciona y prometa un horizonte de mejor gestión. Esta reforma no tiene que estar orientada para Cataluña sino para el conjunto de España, aunque lo que pasa en Cataluña debe ser por supuesto tenido en cuenta.
Yo creo que casi todo el mundo que no está dominado por el maniqueísmo nacionalista entiende que sólo hay un punto que puede aflojar este nudo gordiano: Una reforma de la estructura fiscal de España. Mas pedía un concierto económico parecido al vasco hasta hace año y medio, algo que no se le podía conceder porque era claramente fomentar la desigualdad, pero ¿y si todas las comunidades tienen un concierto? O mejor dicho, unas haciendas autonómicas que recauden la mayoría de impuestos y que, luego, liquiden con el estado central. Esa solución es igualitaria y puede valer.
Como izquierdistas debemos tener un punto claro en la creación de nuestra propuesta: Hay que garantizar la redistribución de la riqueza y la igualdad. Que se recauden impuestos no quiere decir que no deban redistribuir, un sistema de haciendas autonómicas podría ser mucho más redistributivo, si se quiere, que el actual. Entonces nuestra propuesta debe ser esa: Haciendas autonómicas e igualdad en un estado federal con competencias definidas.
Y esta propuesta debe dejar clara una cosa: Cataluña es España, es tan España como Murcia o Cantabria. Esto es importantísimo tenerlo claro porque si no se entra en un terreno que no controlamos y donde nos pondrán todas las trampas que quieran. Pero ser España debe entenderse no como un castigo sino como algo positivo, igualitario, remarcando las ventajas de estar en un estado grande, aunque no se esté debatiendo la permanencia o la escisión. Ah! Y ser España no tiene por qué decir ser la “nación” española. ¿Y si evitamos hablar de nación en la constitución? España es un estado. Que cada uno ponga su nación donde le salga de las narices, sin implicaciones jurídicas.

Me diréis que esto es algo que no aceptarían los partidos soberanistas y es verdad. Pero los partidos soberanistas son irrelevantes para nosotros, lo que importa son los catalanes y la cuestión es hacer un proyecto que pueda ser atractivo para todos y que abra nuevas perspectivas.
Hay que ganar a la opinión pública y lo demás vendrá solo. Para cumplir este proyecto hay que reformar la constitución o hacer una nueva y está muy bien que se planteé esto claramente para fijar las reglas del juego. Debemos ser conscientes del camino y de que hay que esperar a tener mayoría.
Y en el momento de crear mayorías entonces ya se pactará con los nacionalistas si se puede. Mirad, el otro día se criticó mucho a Rosa Díez porque dijo en una entrevista que con los nacionalistas se puede pactar muchas cosas. Unos la tacharon de cínica y otros de no ser dura, pero realmente nadie entendió lo que dijo. La idea es que nosotros (ellos en este caso) son no nacionalistas (o antinacionalistas) e ideológicamente hay cosas que no se pueden asumir, pero eso es una cosa y otra es no pactar en lo que se esté de acuerdo ni ceder en lo que no sea innegociable. Y esa es la situación que se daría, habría que sumar a los nacionalistas y se tendría que intentar pactar.
Los nacionalistas no aceptarán la simetría ni la redistribución, pero eso no nos puede pillar de sorpresa. Ya se verá hasta qué punto se puede aceptar asimetría y algunos límites a la redistribución, si eso nos lleva a un pacto global que interese a todos se podrán hacer concesiones. La política no es un arte de máximos.

Y si no se puede pactar pues no se pacta, no pasa nada. No es condición sine qua non, se pactará en unas condiciones y en otras será mejor no hacerlo. Puede parecer contradictorio lo que digo pero creo que hay que entender que los partidos políticos nacionalistas entran a veces en unas dinámicas que no se pueden aceptar, como por ejemplo lo que ha pasado en los últimos años.
El gobierno Zapatero aceptó una reforma del estatut para intentar calmar esa famosa desafección. Sin embargo, ya incluso antes de cualquier recorte del estatut original, CiU decía que este era un estatuto para “dos o tres años” y que luego habría que avanzar más. Oiga ¿Cómo que dos o tres años? Para eso no se hace nada. Luego, cuando llegaron los recortes del mismo por parte del congreso y del TC, el estatut quedó modificado pero fue mantenido en su mayoría. En vez de buscar alguna fórmula jurídica para que el TC pasara lo anulado del estatuto prefirieron desentenderse de él.
Con el pacto fiscal de Artur Mas pasó igual. Quería un pacto fiscal y, cuando no lo consigue, entonces pasa a querer un estado propio. Claro, esto es un puñetero cachondeo y como interlocutor te debes quedar de piedra ¿Pero usted qué quiere realmente? En una negociación empresarial te levantabas de la mesa y jamás se vuelve a trabajar con esa gente. En política no se puede hacer eso, claro. ¡Ojo! No estoy diciendo que la actitud de los partidos nacionales fuese exquisita, en absoluto, cometieron errores y muchos, pero estoy remarcando esto “vicios” porque estoy hablando como “fuerza española” y preveo ciertas tendencias con las que no se puede compadrear.

Espero que el texto no haya sido muy denso, pero quería explicar muchas cosas. La situación no es fácil y la solución es de medio plazo. Los problemas en Cataluña no se van a solucionar mágicamente y es muy probable que las cosas empeoren socialmente allí, por lo que hay que estar preparados. También creo que es importante que empecemos a aceptar que la única solución parcial va a pasar por una hacienda autonómica.
Y para ello no hay que ceder ideológicamente en nada. No podemos asumir el lenguaje del nacionalismo ni sus conceptualizaciones, porque son radicalmente contrarias a las nuestras. Y creo honestamente que debemos cambiar las dinámicas de exigencia nacionalista-cesión parcial que han dirigido la política española. Hay que tomar la iniciativa y hacer un proyecto para todos, hay que proponer cosas nuevas y salir del inmovilismo. Que los cambios lleven nuestro sello y no sólo nuestra firma. Hemos de tomar la iniciativa de forma original, creíble y no reactiva.

martes, 17 de septiembre de 2013

Clases sociales y lucha de clases




















En los últimos años los conceptos de “clases sociales” y “lucha de clases” han vuelto a boca de gran parte de la población. El pensamiento dominante precrisis criminalizaba el concepto lucha de clases e incluso nos quería hacer creer que las clases sociales, como concepto genérico, ya no existían. Esto de que las clases sociales no existen como idea política desmovilizadora ha sido algo que han usado muchos regímenes durante la historia pero quizá el más exitoso en su difusión ha sido el neoliberalismo bien en esta forma bien en su otra variedad: Hacerle creer a todo el mundo que era clase media.
No obstante me habréis visto muchas veces criticar a los que usan la dialéctica marxista de las clases y la lucha de clases. Algunas personas me han dicho que yo era un “burgués” o un “reformista” que ignoraba las problemáticas de clase. No es cierto. Lo que yo he hecho es criticar el uso de estos conceptos de forma ortodoxa y/o como “aspiración política”, no ignorar su existencia o vigencia social.
Me gustaría hablar un poco de esto.

Las clases sociales por supuesto que existen, siempre han existido. En todas las sociedades ha habido grupos humanos diferenciados de privilegiados y no privilegiados por el sistema. Los hubo en las sociedades del antiguo régimen con su estamentación al igual que lo hubo en las sociedades industriales entre los que poseían el capital (burgueses) y los que no lo poseían y vivían de su trabajo (proletarios). También las hubo en los países del socialismo real entre aquellos que disfrutaban las ventajas de la cercanía con la cúpula que dominaba el estado (miembros de los Partidos Comunistas, funcionarios de alto rango, etc.) y los que no tenían esas ventajas. No ha existido nunca una sociedad sin clases.
Hoy en día también hay clases sociales, el asunto aquí es que por mucho que se empeñen los comunistas y los marxistas ortodoxos estas clases no son las clases de la sociedad industrial, es decir, no son la burguesía y el proletariado. Durante el siglo XX se crearon o extendieron multitud de situaciones intermedias que llevaron a que la brecha entre capitalistas y proletarios quedase muy difuminada. Las clases medias propietarias de bienes de producción pero que trabajaban, los profesionales que trabajaban pero que pudieron acumular capital, funcionarios con sueldos altos y seguridad laboral y vital, etc. Se creó un pulverizado de grupos cuyos intereses coincidían sólo parcialmente con el de proletarios o burgueses, que se llamó clase media. Siempre se dijo que era esa clase media la que garantizaba y estabilizaba la democracia.
Pero el neoliberalismo que comenzó a caminar en los 80 cambió muchas de estas situaciones. Las clases medias propietarias de medios de producción (pequeños empresarios) perdieron cuota de mercado y margen de beneficio, empobreciéndose. Los profesionales de clase media comenzaron a precarizarse y la seguridad laboral fue progresivamente desapareciendo. Adicionalmente apareció una clase social que no era propietaria de los medios de producción pero que los dominó, que es la clase ejecutiva profesional. No tienen una propiedad real sobre los medios de producción (son accionistas, pero para ellos las acciones no representan una posesión ni vinculación real con el medio de producción sino que es un instrumento móvil para cambiar) pero los controlan por encima de sus propietarios reales. Son los de esta clase de gestores profesionales los que hundieron el sistema en 2008.

El capitalismo postindustrial y postmoderno extendió otra realidad. Antes el proletariado no tenía bienes y necesitaba el trabajo para vivir. Hoy sí tiene bienes, pero los tiene en base a la deuda. Antes la ausencia de bienes era lo que llevaba al proletariado al servilismo, hoy es la posesión de deuda y la necesidad de pagarla para no quedarte sin nada lo que crea el servilismo.
El hundimiento de 2008 no hizo más que destapar el pastel cocinado en las dos décadas anteriores y acelerar el proceso oculto en el que estábamos inmersos. Antes del 2008 el exceso de circulante y de deuda hacía creer a la gente que tenía bienes y riqueza, pero en cuanto esto se paró se vio la realidad. Era como el juego de las sillas en el que mientras suena la música todos creen tener iguales posibilidades, pero en cuanto se para unos tienen silla y otros no. El aumento de la desigualdad ya era una tendencia desde los primeros 90 pero no nos dábamos cuenta.
Este modelo y esta crisis llevaron a la pulverización de esa clase media que antes existía en los países desarrollados. Hay una transferencia neta de riqueza relativa desde estas clases medias y populares con derechos laborales hacia las clases altas. Y también hay otra transferencia del norte al sur, de occidente a oriente, pero una transferencia que no es horizontal sino vertical. Los “pobres” de occidente se globalizan con los de otros países en vías de desarrollo, pero las clases propietarias y ejecutivas, hoy internacionalizadas, siguen ganando.
Esto nos lleva a la generación de un modelo a nivel global, el modelo BRIC de las sociedades en vías de desarrollo, modelo que se genera por dos vías distintas: En los países en vías de desarrollo se enriquecen las élites, los trabajadores mejoran un poco sus vidas y se generan escuálidas clases medias. En los países en vías de subdesarrollo, como el nuestro, las clases medias se extinguen y los trabajadores y las clases populares pierden derechos, mientras las élites siguen enriqueciéndose. Son las dos evoluciones que llevan al mismo punto: Al BRIC.

Cuento todo esto, de sobra conocido, para que nos demos cuenta de que las clases sociales ya no son las que eran. Ya no hay una dualidad burgueses vs proletarios, tampoco hay esa estratificación de la sociedad de mediados del siglo XX con una clase media amplia. Los actores han cambiado, las clases han cambiado o si queréis han evolucionado. Los intereses de dos grupos que antes eran antagónicos hoy pueden no serlo.
Hay dos factores esenciales para entender estas nuevas clases sociales: La internacionalización del capital inversor y la deuda como mecanismo de servilismo. Ya no hay una élite capitalista exclusivamente nacional, esa élite es internacional y en permanente amenaza de deslocalización. Ya no es la propiedad lo único que marca la clase social, es la deuda y el servilismo al que lleva al individuo. Puede que, por estas razones, los pequeños propietarios de medios de producción y los trabajadores asalariados deban ser aliados, y también que dos asalariados de niveles distintos puedan tener intereses contrapuestos.
El problema es que aún no hemos sabido definir las clases sociales actuales, no hemos sabido meter los distintos grupos dentro de clases sociales. Esto es, quizá, uno de los trabajos que tenemos por delante y, una vez hecho, seremos capaces de generar un programa inclusivo que merezca la pena para toda esa clase social, programa que tendrá que tener evidentes diferencias con los programas de la izquierda anticapitalista preexistente.

Hay clases sociales, diferentes a las de hace 30 ó 40 años pero las hay, ahora ¿hay lucha de clases? Es una pregunta interesante.
Yo soy muy crítico con los que hablan de lucha de clases por dos razones. La primera porque creo que hablan de la lucha de clases desde un concepto erróneo de las clases existentes. Se plantean luchas entre asalariados y patronos como se hacía hace décadas pero esa no es la dualidad real. Los precarizados pequeños empresarios no son los enemigos de los trabajadores aunque la lógica y el camino marcado dentro del sistema sea que contrapongan objetivos muchas veces. Pero eso, esa lucha que ocurre cuando hay intereses contrapuestos, no puede ser la base de un programa político. Esa es mi crítica: No sabemos ni de qué clase somos (o sea, a quienes abarca nuestra clase social) ni quién es el enemigo.
Mi segunda crítica es que muchas veces se plantea la lucha de clases como algo deseable, y cuanto más agresiva más deseable es. Yo no creo que sea algo positivo ni ideal una dura lucha de clases (aunque posiblemente sí unos conflictos de clase dentro del reformismo), pero muchos creen en eso de “cuanto peor, mejor” y parecen desearla.
Hasta hace dos o tres décadas existía un pacto tácito entre la socialdemocracia y el conservadurismo en el que se aceptaba un amplio estado del bienestar por parte de la burguesía y a cambio de que los partidos que representaban a los trabajadores no apoyasen una revolución socialista. Este pacto llevaba los conflictos de clase al terreno de la democracia y de la política reformista, sin excesos. Era una lucha de clases con guante de terciopelo, y no era un mal sistema.

Pero ¿qué pasó? Pues pasó que una de las partes rompió el consenso y fueron los conservadores/liberales quienes lo hicieron una vez cayó el muro de Berlín o incluso antes. Sintiéndose ganadores de la historia comenzaron un cambio lento pero con paso firme para conquistar más parte del pastel productivo y acumular más rentas. Fue esa “derecha económica” quien rompió los consensos creados después de la segunda guerra mundial, y en ello siguen.
Es decir, la lucha de clases fue reactivada y recrudecida por la derecha económica. Fueron ellos quienes rompieron los límites no escritos que había y han sido ellos los que han iniciado un proceso de probable recrudecimiento de la lucha de clases. En algunos de los países que sufrieron las primeras políticas de este estilo en sus propias carnes se han generado movimientos izquierdistas populistas como pura reacción a esta situación, populismos que no siempre son positivos.
Y en estas estamos. La lucha de clases existe y está recrudecida por parte de un capitalismo financiero y deslocalizado que busca la máxima ganancia sin limitación fronteriza ni estatal alguna. Enfrente, populismos de izquierdas en algunos países pero, en la mayoría, desconcierto absoluto y falta de proyecto político.

Básicamente así es como veo yo las cosas. No es que no crea en las clases sociales, por supuesto que las reconozco y sé que existen, lo que pasa es que creo que no estamos analizando bien cuáles son las clases sociales actuales y seguimos trabajando con esquemas caducos en muchos puntos.
Por otro lado la lucha de clases no me parece algo ideal ni intrínsecamente positivo, lo que pasa es que es un hecho consumado que han reavivado otros para quedarse con todo. Y, por tanto, no debemos evitar esta confrontación que nos ha sido impuesta. Pero ojo, habrá que enfrentarla con conceptos claros y correctos, actuales y no anticuados, y ver claramente donde están los aliados y los adversarios, medir correctamente las fuerzas y ser lo más inclusivos posibles para ganar fuerza social.
Es un trabajo duro, lo sé. Pero me temo que es lo único que podemos hacer y el único camino que nos llevará al éxito. Porque buscar un palacio de invierno físico que asaltar no nos va a llevar a ningún sitio.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Un heterodoxo en New York (III)























BOSTON VS NEW YORK Y CONSIDERACIONES FINALES

Me han dicho algunas personas que he expresado una opinión bastante negativa de New York en mi anterior escrito. Puede ser que sea cierto pero tenéis que tener en cuenta que esta trilogía debe ser leída entera para poder captar todos los matices de mi opinión. La primera parte la dediqué a cuestiones más triviales y turísticas y la segunda fue bastante sociológica hablando sobre el comportamiento y modo de vida de los neoyorquinos, que en algunas cosas me resulta chocante e incompresible como europeo que soy. En esta tercera parte hablaré de cosas positivas de New York y los neoyorquinos y también la compararé con lo poco que pude ver de Boston.

¿Tiene cosas positivas New York? Por supuesto que las tiene. Si te gustan las compras, New York es tu sitio. La ropa en New York es en general más barata que en España exceptuando las marcas españolas y, quizá, las europeas. Pero las marcas americanas son bastante más baratas allí y los precios de las prendas son menores allí en dólares que aquí en euros. Claro, para comprar en Zara o Desigual no vayas a New York, allí estará más caro.
En la época que estuve yo había rebajas en casi todas partes. El primer lunes de septiembre, que es el Labor Day, es el fin de un fin de semana de tres días en que las rebajas son especialmente agresivas. Es muy habitual ver descuentos del 40 o el 50% esos días y en general en cualquier momento porque después de ese día siguen habiendo descuentos en muchos sitios (aunque no en lo más caros). Intuyo que lo de la ropa barata viene por una política arancelaria bastante flexible con el textil fabricado en Asia por empresas americanas.
Una cosa que me gustó mucho de New York: En los restaurantes te suelen poner el agua (del grifo) gratis. El agua del grifo está buena en New York. No es que en España te la cobren, pero si pides agua del grifo en un restaurante te miran como si fueses algún tipo de perturbado o aprovechado. En cambio en New York en algunos restaurantes te servían agua al lado de la bebida que habías pedido e incluso llegué a ver grifos para ponerte vasos de agua cuando quisieses en hamburgueserías o sitios así.
Más cosas positivas de New York: Hay wi-fi abierto en casi todos los sitios públicos. En estaciones de metro, bibliotecas, museos, incluso en centros comerciales o grandes tiendas, podías encontrar una red wi-fi. Yo tengo fácilmente una decena de redes wi-fi predeterminadas en mi móvil de cuando estuve en New York.

También hay cosas positivas que son menos triviales. Recuerdo que en “mi barrio” de allí, en Yorkville, había carteles colgados destinados a los vecinos en los que se informaba sobre una reunión para analizar qué inversiones necesitaba el barrio. Desconozco si era para hacer una petición al ayuntamiento o si bien disponían de cierto cupo de dinero para poder gastar en lo que decidan los vecinos, pero me pareció algo muy interesante. Ya he criticado la ausencia de sociedad, pero contrariamente a lo que debería parecer no hay ausencia de “vecindad”. La gente parece muy celosa en el control de las administraciones públicas y sobre las cosas en las que gastan su dinero.
Esa es una de las contradicciones de New York y quizá de los EEUU en general que, como europeo continental, no logro entender. La sociedad no existe, pero la gente no va a permitir que sus gobernantes sean corruptos o se malgaste su dinero. La gente no siente formar parte de la misma sociedad que el vecino, pero hay dos o tres temas que movilizarían y unirían a los ciudadanos (como la lucha contra el terrorismo o la defensa de las libertades constitucionales). La sociedad no existe, pero el ciudadano no es pasivo. Esta ausencia de pasividad y esos tres o cuatro valores liberales marcados a sangre y fuego es algo que me gusta de las sociedades anglosajonas.
Pero si tengo que destacar una cosa de New York (sobre todo de Manhattan) es su enorme seguridad pública. Manhattan es con diferencia la “ciudad” donde más seguridad pública he sentido en toda mi vida.
Yo vivo en Valencia, que es una ciudad relativamente segura por ahora, de hecho es increíblemente segura viendo como está España. En España, en general, hay bastante seguridad en las calles, aunque sí hay presencia de carteristas y ladrones en muchas partes turísticas de las ciudades. Londres también me pareció una ciudad segura (el centro por lo menos) y las ciudades italianas donde he estado este último año también tenían una seguridad aceptable. Quizá el sitio más inseguro que he estado es Buenos Aires, pero por el día tampoco se sentía una inseguridad elevada (yo no vi ningún robo en dos semanas). Eso sí, de noche tampoco caminábamos por sitios desconocidos.
Pero Manhattan supera todo esto. Hay una fuerte presencia policía, hay muchísima gente por la calle siempre. El ver a todo el mundo en sus cosas e ignorándote también creo que aumenta la sensación de seguridad. Por las calles de Manhattan parecía imposible que te pudiese pasar algo a cualquier hora de la noche o el día.
Ahora, los otros Borough (condados de la ciudad) son diferentes. En Brooklyn estuve poco, y en ese poco tiempo que estuve me metí sin querer en un barrio de haitianos que tenía bastante pinta de gueto. La sensación de ser el único blanco por la calle siempre es extraña, aunque no se percibía inseguridad. No creo que Brooklyn sea especialmente inseguro, ni Staten Island ni Queens. Pero posiblemente el Bronx sea distinto pues me han contado los tiroteos que hay allí por la noche, especialmente entre bandas. Gente que vive en el Bronx me dijo que por allí era mejor no salir de noche. No estuve en el Bronx (ni en Harlem, que también parece que tiene una parte un poco “chunga”) pero por las referencias que me han dado sé que no me gustaría vivir allí.

Os tengo que reconocer que hubo un día en New York que “colapsé”. Tanto turismo desenfrenado, tanta gente por todas partes, tanto estrés a nivel de calle…A alguien que valora la tranquilidad como yo hay cosas que le saturan y estar permanentemente en la calle en una ciudad como New York es una de ellas.
Pero justo en ese momento viajé a Boston en un viaje relámpago de dos días para ver la ciudad, y para mí fue un viaje liberador. Nada más bajar de la estación de autobuses de Boston y caminar unos metros ya comencé a ver un mundo totalmente diferente. Se veían algunos rascacielos parecidos a los de New York pero hubo una cosa que me llamó la atención inmediatamente: ¡Era una ciudad absolutamente limpia! He repasado las fotos de Boston y no he visto ni un puñetero papel en el suelo, algo que contrasta enormemente con New York.
A ver, siendo realistas New York es una marranada de ciudad. No hay contenedores por la calle y a partir de las 7 de la tarde las bolsas de basura se acumulan en las esquinas y huele bastante. La ciudad es sucia, desordenada, caótica y bastante vieja. Hay una cosa buena, que no verás una caca de perro por la calle (la multa debe ser importante) pero por lo demás es una ciudad bastante sucia y con un aspecto urbano descuidado. Boston no tiene nada que ver.
Además de la limpieza en Boston se respiraba “otro ambiente”. La gente vivía algo más relajada, había algo más de humanidad en las calles, la gente es más simpática y más amable. En New York en casi tres semanas nadie se acercó a mi novia y a mí para decirnos si queríamos que nos hiciesen una foto. En día y medio en Boston se acercaron dos personas ofreciéndose a hacernos fotos y una de ellas se interesó por nosotros, sobre de donde éramos y estuvimos hablando un poco (aunque la señora era de Chicago, no de Boston). Noté una gran diferencia de cordialidad entre neoyorquinos y bostonianos.

Yo vengo de una ciudad de 800.000 habitantes tradicionalmente orientada al mar. Boston tiene casi esos habitantes y también está muy orientada al mar. En cierta manera creo que eso me hacía sentirme en casa, en un mundo parecido al que he nacido y crecido. Uno de los ríos (que realmente son rías) de Boston está lleno de barcos en los que se organizan fiestas nocturnas y que salen a mitad del rio para hacerlas allí. Me recordaba a sitios turísticos de la costa mediterránea y, en cierto modo, a la ría de Bilbao. El ambiente nocturno de Boston me gustó mucho y me gustaría haberlo visto “de fiesta”, cosa que no hice porque estábamos muy cansados.
Pero Boston tiene mucho más. Es una ciudad histórica en que sucedieron muchos de los episodios de la guerra de independencia americana y por tanto se pueden ver monumentos importantes de aquella época o conmemorativos de la independencia. Destacaría el precioso y tranquilísimo parque donde está el Bunker Hill Monument y sus tradicionales casas de madera que lo rodean.
Os voy a confesar una percepción personal que tuve en Boston. Desde Europa siempre vemos el patriotismo americano como una sobreactuación patriotera un poco primaria. La bandera y el himno americano exaltan a las masas y eso, para un anacionalista como yo, es absurdo. También hemos asociado a veces los símbolos americanos a cierta prepotencia de imperio mundial y moderno. Pero en Boston pude percibir el patriotismo americano de otra manera, como un patriotismo basado en la lucha por la libertad, en la implantación de lo que para entonces eran modernísimas y revolucionarias teorías basadas en que todos los hombres eran iguales y que tenían derechos. Los personajes y las banderas de la revolución americana circulaban ante mis ojos como verdaderos revolucionarios que luchaban por una causa justa, por lo menos más justa que la de sus enemigos. Hasta el himno americano, The Star-Spangled Banner, sonaba diferente y precioso en una cajita de música que estuve a punto de comprarme.

Tengo un amigo que dice que la única ciudad americana donde viviría sería Boston. Yo no puedo decir tanto porque sólo he visto dos ciudades americanas y Boston la vi poco, pero mi sensación es que efectivamente la calidad de vida de Boston es mucho mayor que la de New York. Percibí también como cierto “ecologismo social” en Boston, no sé por qué. Tengo que investigar si mi sensación es correcta.
Para acabar con Boston diré que hay otra cosa que me llamó la atención: El acento. El acento de Boston es peculiar y parece que bastante distinguido dentro de lo que es el inglés americano. A mí me sonaba bastante británico, seguramente porque es no rótico (no pronuncian la r final) como el de Inglaterra. Tuve una anécdota graciosa con una trabajadora del hotel en el que estuve, pues le dije que me llamaba la atención y me gustaba su acento. “I don’t have an accent, YOU have an accent” me dijo, con esa seriedad típica anglosajona cuando, en el fondo, estaba bromeando.

Bueno, voy ya a las conclusiones finales. Este viaje lo he disfrutado mucho porque era la primera vez que viajaba a los EEUU y, además, he podido hacer un viaje más “real”, donde he podido sentirme más como un residente en New York que como un turista al estar en un apartamento y no en un hotel, y también por las veces que estuve en la universidad con mi novia. El viaje ha sido emocionante, he visto muchas cosas y he vuelto con muchas ideas reforzadas.
New York me ha gustado como ciudad para estar cinco días de turismo pero no me ha gustado como ciudad para vivir. Creo que no se vive bien en New York, por lo menos si no ganas mucho dinero. Si tienes un gran trabajo y ganas mucho dinero puedes vivir en una de las zonas lujosas de Manhattan o, mejor, en alguna de las zonas residenciales de New Jersey o Queens. Pero con un trabajo “normal” New York no ofrece calidad de vida y está muy lejos de la calidad de vida europea.
Yo no me atrevería a recomendar a nadie que vaya a New York a vivir y a trabajar con un salario sustancialmente menor a 100.000 dólares anuales. Sí, suena muchísimo para un español, pero creo que realmente es necesario prácticamente todo ese dinero para tener una vida familiar decente. La vivienda es carísima, la comida cara, hay que pagar seguros médicos, etc. La educación puede ser cara si no aceptas la pública.
Otra cosas es que vayas a New York “de paso”, es decir, para trabajar un par de años, ganar experiencia y nivel de inglés e intentar volver a España con un buen trabajo. Si te adaptas a habitaciones en pisos compartidos, a vivir gastando muy poco y a una vida tipo “estudiante”, pues entonces adelante. Pero no creas que eso es el paraíso porque no lo es. New York es una ciudad hostil donde la gente te ignora y posiblemente te será muy complicado hacer amigos. Para un europeo del sur la vida allí puede ser muy frustrante y complicada.

Finalmente y desde un punto de vista político he visto mis ideas sobre la sociedad reforzada. Como ya dije en New York no hay sociedad, hay simplemente un pulverizado de grupos sociales, raciales y religiosos que conviven juntos pero no integrados.
En mi opinión y siendo un poco osado, os diría que New York permanece unida y funcionando por una razón: El altísimo PIB per cápita de la ciudad y su tasa de paro. La gente tiene trabajo mayoritariamente y vive para ganar dinero y consumir. Y me atrevo a decir otra cosa: Como New York tuviese el PIB per cápita de España y nuestra tasa de paro, no voy a decir que esa ciudad estaría ardiendo permanentemente pero casi. En España tenemos una especie de “comunismo familiar” y de redes de protección que están haciendo que aguantemos la crisis. Algo así en una ciudad como New York, individualista, hostil, con un estado protector débil, etc. Crearía unos problemas inconmensurables en todos los ámbitos.
Hay gente que dice que New York es la ciudad más europea de EE.UU. No sé de dónde han sacado eso. New York es una ciudad ultracapitalista y neoliberal, absolutamente. Caben todo tipo de razas, culturas y orientaciones sexuales porque a nadie le importa el de al lado y porque están acostumbrados a la diversidad, no por una cultura progresista consciente.
La sociedad que he visto en New York no me gusta y ya comenté por qué en la entrada anterior. El capitalismo americano y sus coca-colas de diez sabores distintos no me seducen, lo siento. No necesito perseguir incansablemente un éxito personal relacionado con el mercado y tu posición social respecto a los demás. No tengo por qué aplastar al de al lado, no me parece un funcionamiento adecuado de la sociedad. El capitalismo y el dinero no pueden ser la religión que marque el funcionamiento de una sociedad.

He vuelto de New York un poco más izquierdista de lo que me fui. También volví de Buenos Aires algo más izquierdista de lo que me fui, aunque por motivos absolutamente distintos. Decía Pio Baroja que el nacionalismo se cura viajando. Como yo no tengo ese virus eso no lo puedo curar así que viajar lo que me provoca es que cada vez me hago más de izquierdas.
Viajar ayuda a ver otros modelos sociales, ver qué te gusta y qué no te gusta y, también, a valorar cosas positivas del lugar de donde vienes. España tiene todavía muchas cosas positivas y debemos saber mantenerlas, como la sanidad pública o la ética social de que hay que ayudar al débil, como nuestra cultura gastronómica o la calidad de vida que da nuestro clima y nuestro entorno. No caigamos en un pesimismo destructivo.
Sigo en contacto con New York por mi novia, que seguirá allí dos meses más aprendiendo de una de las universidades americanas. Siempre le digo que tiene que aprender cómo se hacen las cosas allí para luego poder elegir lo bueno y poder aplicarlo en España. Básicamente, eso es lo que hago yo con los asuntos sociales y políticos: Veo, observo, intento copiar lo bueno y ver qué tenemos de bueno en nuestro país.
Y New York tiene cosas buenas y los EEUU también por extensión. Cojamos pues las buenas, cojamos lo mejor de su liberalismo pero no nos ceguemos por los rascacielos y las pantallas luminosas de Times Square. Ese capitalismo se ha pasado de rosca. No permitamos que eso pase aquí, honestamente no creo que nos vaya nada bien si lo permitimos.


domingo, 8 de septiembre de 2013

Un heterodoxo en New York (II)






LA SOCIEDAD NEOYORQUINA

Ya en España y después de tres días en los que he ordenado todos mis pensamientos, creo que ya puedo hacer un análisis sobre qué me ha parecido Nueva York.

Mirad, yo creo que hay dos formas de hacer turismo. Una es mirando “hacia arriba”, es decir, mirando a los rascacielos y los monumentos e ignorando absolutamente qué pasa a nivel de calle. La otra es mirando “hacia abajo”, intentando ver cómo vive la gente, qué pasa a tu alrededor y cual es la naturaleza del sitio en el que estás, más allá del escenario en el que suceda, como puede ser la impresionante ciudad de New York.
Las personas que conozco que han ido a New York las tengo bastante identificadas en uno de estos dos perfiles. Los que hacen turismo mirando hacia arriba suelen volver encantados de New York, diciendo que es la ciudad más impresionante del mundo y que les encantaría vivir allí. En cambio los que lo hacen mirando hacia abajo suelen decir que no les gustó New York.
Yo suelo hacer turismo mirando hacia abajo, pero intentaré ser equilibrado en el juicio.

Lo primero que llama la atención de la sociedad neoyorkina cuando la observas como turista es la heterogeneidad de la misma y las obvias diferencias que hay con un país como el nuestro. Hay dos cosas que me impactaron especialmente: La enorme cantidad de obesos (muy obesos) que hay y la gran población judía de la ciudad a la que se identifica por el uso de la kipá, algo a lo que no estamos acostumbrados en España donde casi no hay judíos y, los que hay, no usan esa gorra ritual.
Hay un problema evidente con la obesidad en los EE.UU, problema que tiene una evidente implicación en la salud pública. El alcalde de New York Bloomberg quería prohibir las bebidas azucaradas para intentar contener este problema, algo que no ha conseguido creo que por un problema de competencias. Quizá eliminar las bebidas azucaradas podría rebajar algo este problema ya que una cosa muy habitual en las calles de New York es que la gente está siempre bebiendo algo, generalmente batidos, granizados, bebidas azucaradas o cafés del Starbucks o similares. Pero aunque lo minimizase algo evidentemente no lo iba a eliminar porque la obesidad estadounidense tiene muchísimos más motivos que la ingesta compulsiva de bebidas azucaradas.
Por lo que vi y lo que me dicta mi intuición la obesidad es un problema de riqueza o de clase social. La clase “alta” era bastante delgada mientras que las clases más bajas tendían mucho más a la obesidad. Esta realidad tenía su extensión racial, pues la obesidad era más frecuente en negros y latinos (más pobres) que en blancos y asiáticos (mejor situados económicamente). Ojo, había personas asiáticas y blancas horriblemente obesas pero por lo que vi diría que estadísticamente deben ser muchos menos. Desconozco si puede haber también un factor genético en este sobrepeso de latinos y negros, pero me parece que en cualquier caso hay un componente económico evidente.
Por qué la obesidad está relacionada con el estatus económico es fácil de explicar. En New York hay puestos de comida callejera que venden hot dog por 1,5 ó 2 dólares, y hay muchos sitios de pizza donde un trozo de pizza (relativamente grande) cuesta 99 centavos. Si comparas esto con que una cebolla y una patata (naturales) te cuesta en el supermercado un dólar cada una la conclusión es obvia: La comida sana hecha en casa cuesta más que comer una hamburguesa o un hot dog en la calle, además de quitarte más tiempo. En gentes con pocos recursos y con poco tiempo libre la comida rápida es una constante y el consumo continuo de la misma lleva a la obesidad en muchos casos. Después también hay factores culturales porque el “consumismo alimentario” es parte de una vorágine consumista que abarca toda la vida del neoyorquino y que no tiene límite ni fin.

He hablado de gente de “pocos recursos” con poco tiempo y no lo he hecho de forma azarosa. En mis conversaciones con personas que viven en New York he visto que es bastante habitual que la gente que tiene trabajos de baja cualificación tenga más de un trabajo. Conocí un venezolano que me comentó que tenía tres trabajos, uno para pagar “la renta” (el alquiler), otro para vivir y otro para ahorrar. El hombre trabajaba 7 días a la semana ininterrumpidamente.
En los años 60 y 70 en España era bastante habitual que la gente tuviese dos trabajos, uno de mañana y otro de tardes. España era un país todavía pobre y las mujeres aún no trabajaban de forma mayoritaria. Un padre de familia que solía tener varios hijos y una mujer ama de casa se veía obligado a trabajar en dos sitios a la vez para poder sacar adelante a su familia. Afortunadamente el país progresó y la gente pudo dedicarse a un solo trabajo a jornada completa, con una progresiva inclusión de la mujer en el mercado laboral de forma generalizada.
Hoy en España y a causa de esta crisis espantosa provocada en gran parte por aquellos que trabajan en lo más alto de las torres de oficinas de Manhattan, mucha gente vuelve a tener dos trabajos. Pues bien, en New York nos llevan años de adelanto (o retraso) en esta vuelta a la semi-esclavitud laboral, concentrada en la clase trabajadora menos formada.
Y os aseguro que la gente no trabaja por capricho. Un alquiler de un apartamento decente en una zona decente de New York (y no tiene que ser en Manhattan, también en muchas zonas de Brooklyn o Queens) cuesta más de 2.000 dólares mensuales. Si a esto le añades la comida, en lago de facturas, el transporte, el seguro médico y otras cosas básicas vamos a que, para tener una vida más o menos “digna” en New York necesitarás cobrar por lo menos unos 4.000 dólares mensuales. Y ese dinero no se consigue en un trabajo de camarero o de carga y descarga. La gente que no tiene una profesión que requiera una formación o unas habilidades específicas debe necesariamente tener más de un trabajo a no ser que quiera compartir piso, algo que sirve cuando eres joven y soltero pero que no es un estado que puedas extender indefinidamente.

Esto que os he comentado es lo que primero llama la atención cuando miras a la gente que pasea por la calle en New York, pero hay otras cosas de las que te vas dando cuenta con el paso de los días y con una observación continua. Os voy a comentar dos cosas que personalmente me han parecido terroríficas.
La primera de estas cosas es que en New York, donde hay una población multirracial sin mayorías claras, se percibe una profundísima segregación racial de facto, que no legal. Por supuesto hace décadas que la segregación racial legal en cualquier ámbito ha sido eliminada y de hecho allí las leyes son muy protectoras con los derechos de las minorías ante cualquier flagrante discriminación por cuestiones de raza o religión. Pero hay cosas que las leyes no pueden abarcar y que pertenecen al ámbito privado de las personas y los grupos humanos y sobre la que difícilmente se puede legislar.
En New York vale aquello de “juntos pero no revueltos”. Todas las razas conviven en el ámbito público pero ¡Ah! No se relacionan más allá de lo necesario. Por supuesto la gente se relaciona con normalidad a la hora de hacer compras, con los compañeros de trabajo o en aquellos ámbitos en que tus interlocutores son “forzados”, pero en el ámbito privado las distintas razas forman distintos grupos difícilmente permeables.
Esto se puede ver claramente en el metro o en los grupos de amigos que hay por la calle, y en las reacciones espontáneas de la gente. No es que no haya grupos de amigos de distintas razas, por supuesto que los hay, lo que pasa es que hay muchos, quizá la mayoría, que son “unirraciales”, y eso en una ciudad donde no hay mayorías raciales (y por tanto por pura estadística casi todos los grupos deberían ser mixtos) te muestra que hay una segregación racial de facto. Los blancos van con blancos, los negros con negros y los latinos con latinos. Esa es la regla general, que por supuesto tiene excepciones.
Y si eso se ve en los grupos de amigos todavía es mucho más marcado en el caso de las parejas. Es dificilísimo ver en Manhattan una pareja mixta. En Brooklyn es algo más fácil pero insisto que es una minoría en cualquier caso, y en una ciudad con tanta variedad racial es síntoma de gran segregación.

Después de haber estado en New York entiendes bien el por qué de muchas realidades que se ven en las series y películas americanas. Cuando era adolescente siempre me llamaba la atención de las series americanas el hecho de que parecía haber series “de negros” y “de blancos”. Era el caso de las típicas series que mostraban la vida una familia determinada y en la que podías observar que ésta siempre solía tener amigos de su misma raza y, ocasionalmente, uno de otra raza que era como la nota discordante dentro de la homogeneidad racial. Recuerdo por ejemplo la serie traducida en España como “Cosas de casa” en la que la familia negra protagonista tenía amigos casi siempre negros, o la más reciente “Cómo conocí a vuestra madre”, ésta ambientada en la propia New York, donde el grupo de protagonistas y los amigos y parejas que van apareciendo conforme pasan las temporadas son casi siempre blancos.
También entendí mejor aquella película de hace 40 ó 50 años que en España se llamó “Adivina quién viene esta noche”, donde un rico propietario de un periódico liberal y progresista ve como su hija trae a casa un novio negro con el que se quiere casar, un doctor en medicina exquisitamente educado pero… negro. El padre, defensor a ultranza de los derechos civiles y de la integración racial, ve cómo sus propias convicciones se ven en conflicto con su deseo, que es que su hija no se case con un negro. Esta película fue rodada en la época de la lucha por los derechos civiles de los afroamercianos donde la situación de una pareja mixta debía ser complicadísima pero yo me pregunto ¿tan distinta debe ser ahora en EE.UU? Mejor sí que debe ser, pero no sé si sustancialmente mejor a nivel “social”.
Esta segregación racial no es algo que un grupo ejerce sobre otro, sino que todos actúan de la misma manera. Los negros forman un grupo con los propios negros y consideran que el resto “no son de los suyos”. Lo mismo pasa con blancos o latinos. De hecho me hizo gracia ver un día como un mexicano que vivía en el Bronx se quejaba de que allí había “mucho moreno”, achacándoles indirectamente la inseguridad que existe en el Bronx. Supongo que un negro pensaría lo mismo de los latinos.
Cada grupo marca su identidad racial de distintas maneras. Los negros hablan una especie de dialecto o forma de hablar propia que mantienen como forma de distinguirse de los blancos, algo parecido a lo que pasa en España con los gitanos pero con componentes diferentes. Los latinos tienen su lengua y, también, hablan un inglés diferente al del resto. Los blancos hablan un inglés que podríamos decir que es más formal o más culto, aunque no siempre.

No obstante hay un segmento de la sociedad donde la segregación racial no influye, y este segmento es, sorprendentemente, la clase alta. Si tú eres negro, asiático o latino pero tienes 50 millones de dólares de patrimonio nadie en la propia clase alta te rechazará, por lo menos de puertas para fuera y en público. El dinero se convierte en algo que va más allá de la raza, en algo superior a la misma y que convierte a cualquiera en la “élite” social. Y cuando un latino o un negro estén en la élite social y económica seguramente comenzarán a adoptar un lenguaje más refinado y culto y ciertos convencionalismos que parecen propios de la élite WASP. El dinero es la religión de EEUU.
Es difícil de explicar pero existe una especie de “fusión” entre lo que es la raza y la clase social. Los WASP han sido tradicionalmente la élite del país y tienen sus propias características culturales. Cuando un miembro de otra raza entra en esa élite automáticamente pasa a intentar imitar a un WASP, por lo menos en la mayoría de cosas. Puede intentar mantener ciertos “modos” de negro o latino (sobre todo si es político y depende de los votos) pero de forma general se habrá “integrado” en la élite. El resto, las clases trabajadoras y medias, no se “integran”, mantienen sus características grupales, la integración no existe excepto para la clase alta.

No creo que haga falta decir que esta situación es chocante e incómoda para un europeo como yo. Para nosotros los españoles realmente no hay razas, lo que hay son nacionalidades. Nosotros tenemos dos grupos, los españoles y los extranjeros, y dentro de los extranjeros pues habrá nacionalidades que te sean más simpáticas y otras que te lo sean menos. No miramos la raza, miramos la nacionalidad y por extensión la cultura y con esos mimbres creamos nuestra cesta de prejuicios y nuestra construcción de la sociedad.
He contado alguna vez que yo tengo una amiga que es de raza mestiza latinoamericana porque es una niña colombiana que fue adoptada cuando era bebé. Sus padres (adoptivos) son españoles, como sus abuelos y todos sus antepasados que yo sepa. Habla con acento castellano perfecto, viste como una española, hace los gestos y los movimientos de una española y vive como española. Para mi ella es 100% española y nada tiene que ver con una chica latina, su cultura es absolutamente española. Pero claro ¿cómo la tratarían en EEUU? Me imagino que como a una latina. Esto se lo comentaba a ella ayer mismo y dijo que menos mal que no nació en EEUU porque claro, ella no tiene nada de latina y no quiere que la traten como tal.
Mirad, os voy a ser franco, en New York aplica esa frase a Margaret Thatcher: “La sociedad no existe”. En New York no hay sociedad, hay un pulverizado de grupos étnicos, religiosos y clases sociales que sólo comparten una cosa en común: Quieren ganar dinero y gastárselo compulsivamente. Capitalismo y consumismo, eso es lo que mantiene la pseudo-sociedad neoyorkina, es la fuerza centrípeta que mantiene unida aquella ciudad y que le da a cada individuo un papel en aquella pseudo-sociedad. Las personas se ignoran entre ellas, no les interesa lo que le pase al de al lado, pero todos quieren ganar más dinero y comprarse cosas.

Para acabar con esta segunda parte voy a comentar la segunda cosa que me ha parecido horrible de la sociedad neoyorkina. En New York hay poca gente mayor, la mayoría de la gente es joven que probablemente ha ido allí a trabajar o a “triunfar”, pero por alguna razón que no llego a comprender la gente de más de 55 o 60 años está absolutamente envejecida, mucho más que en España.
La mayoría de personas que superan esa edad aparentan una salud pésima: Caminan despacio, o están cojos, o arrastran los pies, o están corvados o se les ve por alguna razón como si estuviesen en un estado de salud y movilidad de persona de 20 años más de la edad que deben tener. Hablo, como siempre, de medias y de la generalidad, porque he visto ancianitas muy ágiles paseando a sus chihuahuas por el Upper East Side y señores bastante juveniles, aunque todos ellos me parecieron de clase alta o medio-alta. Los mayores de las clases populares están envejecidos, esa es la realidad, y desconozco el por qué. ¿Es la consecuencia de un estrés tan alto y de una vida tan ajetreada? ¿Puede ser la alimentación, mucho más deficiente para esas clases sociales que la que tenemos en países como España, que al cabo de los años afecta a la salud? ¿O quizá tiene que ver con la ausencia de sanidad pública, con las limitaciones de asistencia sanitaria que te da un mal seguro de salud o con el hecho de intentar evitar ir al médico para que no te repercuta en la prima del seguro? Tengo bastante claro que esto que he observado tiene que ver con alguna de estas cosas sino con todas, e igual con ciertas cuestiones culturales que pueden estar relacionadas con estas cuestiones médicas o alimentarias.
Desconozco si esta realidad es extensible a otras partes de los EE.UU. Estuve en Boston y no vi esa realidad, los mayores eran más ágiles y juveniles así que no sé si se debe a una especificidad neoyorkina o si es relativamente extensible aunque en menor grado a otras partes del país. En cualquier caso cuando llegué a España les dije a mis padres que tenían suerte de vivir aquí y se quedaron bastante satisfechos y yo también: Una sociedad que no te da calidad de vida cuando eres mayor no creo que sea una buena sociedad.

Seguiré con una tercera parte…