La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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jueves, 28 de noviembre de 2013

Botiflers, Ignacio Blanco y el cierre de RTVV


















En la sesión de les Corts Valencianes en que se certificó la defunción de Radio Televisión Valenciana (RTVV) se pudo ver cosas muy interesantes. Para empezar la todavía televisión autonómica, Canal 9, hizo un despliegue especial en su informativo sobre el evento. Como la televisión está tomada por los periodistas autogestionados la línea editorial era radicalmente en contra del PPCV y absolutamente favorable a las tesis de la oposición, mostrando una escenografía a la que no me acabo de acostumbrar después de tantos años de manipulación pepera absoluta.
Además de eso se podía ver un espectáculo muy curioso. El daño que le va a hacer al PP el cierre de Canal 9 y, sobre todo, estas últimas semanas de rebelión anti-PP es muy grande y creo que los diputados del PP sabían que estaban votando su propia defunción. La verdad es que el PPCV tiene perdida la Comunidad Valenciana hace mucho pero para los más optimistas y los más ciegos de entre sus filas esto era su final ya sin duda alguna. Así pues los diputados del PP votaban a cara de perro, sabiendo que se estaban haciendo el haraquiri y que tenían delante a una exultante oposición.

Las intervenciones de los diputados de la oposición fueron buenas. Mónica Oltra estuvo temible como siempre, con esa energía que hace que los diputados del grupo de gobierno quieran que se los trague la tierra en ese momento. También estuvo bien Enric Morera avisando que iban a comenzar una acción de responsabilidad civil contra los gestores de Canal 9 por la ruina y posterior cierre. Estas ideas de auditar hasta el último papel de la ruina que nos van a dejar estos señores está siendo muy habitual en el discurso de Morera y, aunque me gustaría que fuese así, está por ver si realmente lo hacen después cuando lleguen al gobierno.
También excelente estuvo el mejor diputado del grupo de Esquerra Unida (EU), que es Ignacio Blanco. Blanco fue personalizando en diputados concretos las culpas de la situación generada e incluso tuvo momentos grandiosos cuando el president de les Corts Cotino le dijo que hablase "als escanys” y él le respondió: “escons senyor Cotino, escons, veig que li fa falta una televisió en valencià”.
Sin embargo Blanco, después de parafrasear a Unamuno, acabó el discurso así: “Ens tancareu però no ens callareu, botiflers”, y con eso dejó el estrado.

Una palabra no inhabilita un discurso pero creo que Ignacio Blanco escogió la peor manera de cerrarlo con eso de “botiflers”. Para quien no lo sepa los botiflers eran los que, en el Reino de Valencia y también en Cataluña, defendían al candidato borbónico en la guerra de sucesión, Felipe de Anjou. En contra de los botiflers estaban los Maulets, que eran los que defendían al candidato austracista, el Archiduque Carlos. Se dice que la palabra botifler viene de una especie de contracción del inglés Beautiful flowers, pero no lo veo nada claro.
En tiempos recientes el nacionalismo catalán (y el valenciano) ha usado botifler como insulto, refiriéndose a aquellos que supuestamente quieren castellanizar nuestros territorios y que, en definitiva, están en contra de la cultura y lengua valencianas. En Valencia particularmente también se ha usado a veces para referirse a los blaveros.
¿Por qué creo que es un error decir lo de botiflers? Porque no tiene ningún sentido decirlo en ese momento, porque se está desviando y desnaturalizando el debate y porque Blanco está cayendo en una terminología nacionalista en la que no debería entrar. Quizá cuando dijo botiflers quiso decir “blaveros”, pero aún así no debió ponerse visceral de esa manera.

Es verdad que el PPCV es un partido superficialmente blavero (aunque no claramente en el fondo) pero llamar botiflers a los miembros del PPCV en el contexto en que Blanco lo hizo implica decir que el PP está cerrando Canal 9 porque está en contra de la cultura y lengua valenciana y eso no es verdad.
Una cosa es que les importe bastante poco que el valenciano tenga difusión cultural (que es así) y otra que cierren Canal 9 por un ataque a la lengua. Canal 9 no se ha cerrado por querer hacer un ataque contra la lengua valenciana, se ha cerrado porque la Generalitat ha arruinado esta comunidad y porque se ha dado cuenta que Canal 9 ya no les vale para nada. Si los informativos de Canal 9 tuviesen un 30% de cuota de pantalla ya se hubiesen encargado de mantener abierto Canal 9 para poder manipular a las masas a través de ellos. Pero como Canal 9 ha ido degradando y ya no la veía nadie, su uso como herramienta de manipulación era inútil y por tanto la han dejado caer.
Adicionalmente a eso el PPCV también ha actuado así por chulería Como hicieron un ERE ilegal y los tribunales se lo rechazaron gracias al recurso de los sindicatos, el PP se puso en plan gansteril y pensó “¿Ah sí? Pues ahora os vais a enterar” y cerró la televisión en parte por venganza. Y después de la rebelión de los trabajadores de Canal 9 sus ansias de venganza contra los sindicatos de los trabajadores fue todavía mayor, al haber tenido la osadía de destapar la manipulación en esa casa que, por otro lado, todo el mundo conocía.
Y no es sólo eso, también hay un cálculo electoral claro y una política de tierra quemada. El PPCV va a perder la Generalitat y un Canal 9 en manos de un gobierno de izquierdas podría hacerles daño. Para eso es mucho mejor cerrarlo, privatizarlo y vendérselo a un grupo amigo como el de EL MUNDO que siempre les será más favorable.

Esa es la realidad, por eso cierran Canal 9 y no porque sean botiflers, blaveros o trinitarios. Entrar por ese camino es desvirtuar el debate y darle al PP una herramienta para desviar la atención y ponerse a hablar de catalanistas y de todas aquellas cosas que les gustan porque ocultan su destructiva gestión.
De hecho estos diputados de EU a veces están en las nubes y cometen errores absurdos. Hace ya unos meses que el PPCV, sin nada que vender, se ha dedicado a volver a sacar el debate identitario. Hace unos meses, en una frivolidad parlamentaria, el grupo popular hizo una proposición no de ley para decirle a la Generalitat de Cataluña que la lengua que se habla en la Comunidad Valenciana es el valenciano y pedirle respeto por nuestras señas de identidad. La oposición por supuesto no apoyó esa propuesta, pero con estilos muy diferentes.
Mientras el PSPV y Compromís dijeron que esto no era más que una treta del PP para que no se hable de su corrupción y de su gestión (que es exactamente lo que era), EU entró en la trampa del PP. Creo que fue la diputada Marina Albiol quien dijo “Nosaltres som País Valencià, la nostra bandera és la quatribarrada y el nostre himne la muixeranga”. Toma ya, metiéndose en la trampa ellos solos, como si estuviesen pagados por el enemigo. Claro, hasta un conseller les felicitó por ser “valientes” y decir lo que pensaban. Por lo que les felicitaba realmente es por darles argumentos para montar otra campaña identitaria y tapar la basura unos días.
Compromís esto lo hace mucho mejor. No se mete en cuestiones de este tipo aún teniendo un partido nacionalista en la coalición porque sabe que le hace el juego al PP. Pero estos de EU a veces quieren ser más papistas que el Papa y tienen una querencia increíble por las batallas del pasado que no valen para nada hoy en día.
Afortunadamente Canal 9 está ahora posicionado absolutamente a favor de la oposición pero en otras circunstancias las palabras de Blanco hubiesen estado resonando una semana y el PP hubiese vuelto a sacar la bandera del miedo y el discurso de que el “tripartito” quiere incluirnos en los países catalanes o cosas así. Y es cierto que la gente está ya cansada de estas cosas pero aún así no hay que provocarlas de forma tan infantil.

Y, en cualquier caso, ya va siendo hora que erradiquemos ciertas cosas. Esto de hablar de botiflers 300 años después no es más que una frivolidad absurda que se basa, además, en una manipulación histórica de lo que fue la guerra de sucesión. Los nacionalistas la plantean como la lucha entre el pueblo valenciano (o catalán) y sus instituciones propias contra la opresión borbónica, y eso es una patraña. La guerra de sucesión fue una guerra típica de la época de las monarquías autoritarias donde los intereses de la nobleza, la realeza y los privilegiados eran la clave de las decisiones políticas y militares.
Las propias cortes catalanas aceptaron a Felipe V como rey a principio del siglo XVIII ¿eran botifleres entonces? La propia Generalitat valenciana también creó al principio de la guerra un batallón de soldados para apoyar a Felipe V contra las tropas aliadas ¿eran botiflers? Si los reinos de la corona de Aragón se aliaron con ingleses y holandeses para apoyar al archiduque fue sencillamente por el interés de las instituciones y, por tanto, de las clases dominantes de entonces. Ni la cultura, ni la “valencianidad”, ni nada de eso tuvo nada que ver, fueron cuestiones de intereses y propias de las relaciones de fuerza en el antiguo régimen.
Los nacionalistas de todos los lugares del mundo siempre modifican la historia para hacerla gloriosa y diferencial, para llenar así de contenido sus doctrinas. Pero un partido de izquierdas como EU no puede caer ahí, no puede caer en las evidentes falsificaciones y glorificaciones simplistas fabricadas para objetivos absolutamente distintos de los que la izquierda defiende. Sin embargo se hace y no sólo en este caso sino en muchos otros, se asume la épica histórica de una manera absurda y contraproducente para lo que es un discurso emancipador.

Creo que EU está haciendo un buen trabajo de la mano de Marga Sanz y con diputados como Ignacio Blanco pero hay cosas en las que se equivocan. Ahora que el imperio del PP va a caer hay una cierta tendencia a intentar ajustar cuentas y a desquitarse de tantos insultos y de tanta manipulación como hemos sufrido en las últimas dos décadas. Se puede caer en la tentación de ganar batallas pasadas y ya perdidas.

Pero el tiempo pasa inexorablemente para todo y para todos. Ya no hay botiflers y maulets, no hay republicanos y nacionales, ni siquiera hay fusterianos y blaveros como tal. Lo que hay es un gobierno corrupto, mentiroso y destructor, y un futuro muy difícil de gestionar para el próximo gobierno. Y estancarse en las batallas del pasado y en países que ya no son como eran antes es precisamente lo que menos necesitamos.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Los tres espacios de la izquierda

















Me ha parecido una buena idea recuperar esta idea que ya he introducido alguna vez en los pasados meses, la de los tres espacios en la izquierda. Esta idea proviene del análisis social que hago de nuestro país y de nuestra época en el momento actual y no pretendo que nadie se la tome como un dogma de fe o un incuestionable ejercicio de sociología política.
Simplemente esta es la realidad que yo percibo a través de mis conversaciones y lecturas continuas, realidad que por supuesto siempre está sometida a una imprevisible evolución de las cosas. Nadie conoce el futuro y, sin embargo, estamos en la obligación de predecir el futuro para saber orientar nuestras fuerzas y proyectos a medio plazo. Al final todas nuestras acciones tienen una parte de apuesta como todo en la vida, y yo hoy en día apostaría por que el análisis que voy a hacer a continuación se acercará a la futura realidad a corto plazo.

Volví a sacar esta idea el otro día en el blog de mi colega Don Ricardo, A Sueldo de Moscú, donde comentaba que es imposible pensar que una fuerza como IU en España u otras fuerzas parecidas en otros países vayan a conseguir una hegemonía suficiente para cambiar las cosas. Quizá Grecia, con una caída del PIB mayor a la de la Argentina del corralito, tiene en Syriza el único ejemplo que podría llegar a ser parcialmente triunfante, aunque Syriza tiene particularidades que no tienen otras fuerzas post-comunistas en Europa y eso también hay que entenderlo para no auto engañarnos.
Pero IU o el post-comunismo no es la única izquierda (por mucho que fanáticamente se quieran auto convencer algunos de que así es). Hay más fuerzas de izquierdas y muy diversas, fuerzas que están en la arena política y que son tan rupturistas o incluso mucho más que IU. La división de la izquierda es algo inherente a la misma y no me estoy refiriendo a esos minipartidos que pululan marginalmente por ahí para satisfacción de un grupo de radicales con ganas de decidir sino que hablo de grandes proyectos, de bloques ideológicos con un gran potencial de crecimiento y que creo que tendrán un papel relevante en nuestro porvenir.
A pesar de que hay decenas de partidos y fuerzas políticas creo que se pueden hacer tres subdivisiones claras entre tres tipos de izquierda distinta, que son estas:

  • Post-comunistas: En este grupo entraría IU y los distintos partidos comunistas de Europa, pero también grupos anticapitalistas, grupos trotskistas, colectivistas de distintos orígenes, etc. Este grupo propone una idea básica: La socialización de la riqueza, y se quiere llegar a este horizonte mediante mecanismos tradicionales de socialización de los medios de producción, altos impuestos para las clases altas, nacionalizaciones y otras ideas parecidas que de formas diversas se han ido aplicando en distintos regímenes en Europa y América durante las últimas décadas. Económicamente son productivistas y no suelen cuestionar el sistema de producción, tan sólo su posesión por una clase social. Los post-comunistas entienden la política de forma tradicional, con partidos cerrados y con una democracia interna poco desarrollada (por ser amable). La cúpula del partido ordena y manda y en eso se parecen mucho a los partidos que dominan la escena política española. A pesar de defender cierta democratización en el ámbito social parece que eso se hace del partido hacia fuera, manteniéndose una estructura y una mecánica tradicional de partido.


  • Verdes: En este grupo entrarían tanto ecologistas como eco-socialistas, medioambientalistas, grupos locales que defienden un desarrollo local y sostenible, además de algunas fuerzas de izquierda no comunista que puedan tener ideas similares y que defiendan la economía del bien común y el desarrollo sostenible. En España está representado por EQUO y también (quizá de forma algo menos definida) por partidos como Compromís o MES Mallorca. Estos partidos son igualitaristas y defensores de la democracia radical, aunque sus propuestas económicas no pasan principalmente por las nacionalizaciones de los medios de producción ni por la socialización de la riqueza. Su propuesta económica se orienta más hacia una transición económica desde el capitalismo hacia una economía sostenible basada en el bien común y no en el lucro personal. No les obsesiona el crecimiento económico sino la calidad de vida y muchos de ellos son incluso decrecentistas. Suelen defender, como unas de sus propuestas claves, una renta básica universal y la división del trabajo. En el terreno estructural son partidos con un alto grado de democracia interna, con primarias como las que está haciendo el partido verde europeo, y apuestan por abrir espacios a la democracia directa. Son muy liberales en el terreno de las libertades personales e individuales y tienden al democratismo aunque equilibrado con el respeto a las minorías.


  •  Plataformas ciudadanas: En este grupo entrarían todas aquellas organizaciones y movimientos sociales que, alejados de los partidos políticos, se han estructurado como actores políticos con la idea de entrar en el sistema para cambiarlo. Es quizá el grupo más difícil de definir por su novedad y por el amplio espectro de grupos y movimientos que lo componen. En este grupo estarían organizaciones como Democracia Real Ya, movimientos como el 15-M, plataformas y partidos de “ciudadanos independientes”, etc. En España está el Partido X, recién formado y todavía desconocido, y en otros países se ha podido ver en formas de candidaturas independientes o en el confuso movimiento 5 estrellas de Beppe Grillo, que es un reflejo de lo mejor y lo peor de este tipo de movimientos. Estos grupos son, por decirlo de alguna manera, los hijos rebeldes del post-modernismo. Están compuestos por ciudadanos indignados que se sienten traicionados por el sistema político imperante y que desconfían absolutamente de los partidos políticos hasta el punto de que se les ha definido como movimientos anti-política. Como hijos del post-modernismo están menos ideologizados en los ejes tradicionales de la política aunque eso no quiere decir que no tengan principios políticos, que los tienen. Son igualitaristas, extremadamente críticos con la corrupción, los partidos y la degradación de las instituciones. Pretenden extender el “bienestar” y los “derechos” a todos los ciudadanos atacando fuertemente en su discurso a las élites económicas, aunque sin tener un proyecto económico claro que desarrolle un mecanismo para llegar a esa consecución del bienestar general. Son extremadamente democratistas, defensores de la democracia directa, del e-goverment y la democracia online. En el terreno de las libertades individuales suelen ser absolutamente individualistas y “liberales”.


En mi opinión estos son los tres espacios más o menos claros y divergentes entre sí que nos encontramos hoy en lo que sería una izquierda que quiere cambiar el “sistema”. Eso no quiere decir que sean grupos absolutamente impermeables y que estén cerrados, pues existen grupos de ecologistas o plataformas que están en la órbita de partidos post-comunistas y también pueden existir otros mezclas entre posiciones.
Pero he querido separar estos grupos porque realmente cada uno de ellos propone algo bastante distinto y los potenciales votantes son muy diferentes. Muchos votantes verdes jamás votarían a un partido post-comunista y muchos votantes de las plataformas jamás votarían a partidos verdes o post-comunistas. Cada uno de los grupos tiene un electorado potencial claro y tienen unos grupos sociales y unos perfiles de personas a las que pueden atraer y convencer.
Quizá el perfil más exclusivo sea el de los votantes de las plataformas ciudadanas. Muchos de sus potenciales votantes son personas nada afines a los partidos de izquierdas o al sindicalismo e incluso muchos de ellos provienen de familias fuertemente conservadoras. Pero son gente joven que sufren los problemas de la precariedad, el paro, el servilismo económico y la falta de futuro. Y precisamente por eso son gente que puede implicarse en movimientos “transversales” como estos que no responden a ninguno de los prejuicios ideológicos que tienen en mente, que no son ni “rojos envidiosos” ni “hippies vagos” como seguramente les han contado tantas veces.

Es precisamente por esto por lo que debemos entender que estos tres grupos deben existir y deben existir por separado. Venimos de una sociedad polarizada donde se nos han inculcado odios ideológicos de forma continua y a veces inconsciente para nosotros. Hay gente que se niega a votar a un partido comunista y no sabe bien por qué, en teoría le parece bien lo que propone pero por alguna razón no puede, y quizá no puede porque ha sido sometido a un machaque constante de simplificaciones propagandísticas sobre las perversidades del comunismo.
En la sociedad de las etiquetas, del marketing electoral y del eslogan de cinco segundos no puedes pensar que la gente entrará en razón y analizará críticamente cada una de las opciones y decidirá con la cabeza. La visceralidad, los instintos y el corazón juegan un papel importante y hay que ser inteligente y no empeñarse en lo que no puede ser.
Y por eso cada vez que oigo a un militante de IU cargar contra EQUO o contra el Partido X de forma radical me parece que estoy delante de un idiota. Para intentar atraer a un votante potencial de estas fuerzas lo que se provoca es que probablemente otros dos dejen de votar y se vayan a la abstención. Y si se quiere una política de cambio lo que hay que promover es que hayan diputados más o menos afines y no diputados enemigos. Hay mucha gente que con tal de encontrarse solos en la oposición son capaces de destruir cualquier posibilidad de cambio.

Esta tendencia destructiva de todo lo que no sea "lo mio" es una cosa que no puedo comprender y que debemos erradicar de raíz. El mundo no se compone de los míos y los otros, ese es precisamente el pensamiento que nos ha llevado hasta aquí y a estar en estas enormes dificultades, en el mundo están los míos, los que están cerca de los míos, los que me son neutrales, los adversarios y los enemigos. Esa es la realidad y quien no la entienda francamente no vale para la política.
Quizá haya gente que no se ha dado cuenta, pero la caída del sistema bipartidista que ha salido de la transición no está provocando un trasvase de votantes entre las fuerzas bipartidistas y las fuerzas minoritarias. De todos los votos que pierden PP y PSOE sólo una parte están yendo a parar a IU o UPyD, y esa es la prueba fehaciente de que hay mucha gente que está perdida y que no encuentra fuerzas que se adapten a lo que busca. Si se quiere desgastar el bipartidismo lo que se tiene que hacer es sino potenciar descaradamente por lo menos sí intentar que haya más fuerzas y más opciones para los ciudadanos, porque eso va en tu propio interés.
Por ejemplo, si yo fuese de IU jamás criticaría a UPyD. IU siente que UPyD le quita parte de voto (y realmente es así por mucho que muchos vociferen lo contrario) y por eso le ataca pero eso es un error tremendo. UPyD quita votos fundamentalmente al PP y también algo al PSOE. Aunque sea simplemente por el interés de UPyD en cambiar un sistema electoral que te perjudica deberías intentar no atacar a ese partido o incluso potenciarlo sin que se note. Un voto en UPyD es mucho mejor que un voto en el PP, pensar lo contrario es de un visionarismo absurdo.
De hecho se lo he dicho alguna vez a Juantxo Uralde y lo repito aquí: Yo creo que IU, UPyD y EQUO (como representantes de los tres mayores partidos nacionales minoritarios) deberían sentarse en una mesa y salir con un acuerdo de reforma del sistema electoral. Y luego, con ese pacto “transversal” en la mano, iniciar una gran campaña pública para orientar a la ciudadanía a favor de la reforma y a favor de una mayor proporcionalidad. Pero claro todos van a la suya y al final ¿qué pasa? Pues que doña Dolores de Cospedal te da un golpe de estado electoral y se te queda cara de tonto, sin saber ni como reaccionar.

El futuro de nuestro sistema político es un pulverizado de partidos y eso va a ser difícil de evitar. Va a haber que pactar, que ceder y que crear bloques, y para eso es absolutamente necesario encarar la política con una nueva cultura y con un análisis mucho más multifactorial de la realidad.
Y al final, no lo olvidemos nunca, si queremos cambiar las cosas no se trata de conseguir muchos votos de forma puntual, se trata de conseguir un cambio cultural y una hegemonía de ideas nuevas. Y todo, insisto, todo debe ser sometido a esa cambio cultural que, en nuestro caso, debe rechazar las ideas vigentes en dos terrenos fundamentales: El rechazo al imperio neoliberal y a sus reglas, y el rechazo a la actual partitocracia dual que ha degenerado en la actual situación política.
Potenciar voces que se opongan a esto es positivo, tiene una utilidad real y tiene efectos en un mejor porvenir. Y no se trata de aliarte con Marine Le Pen porque sea anti-neoliberal, ahí quizá entraríamos en una alianza peligrosa, de lo que se trata es de ver quien está defendiendo lo mismo que tú y ser coherente con el grado de afinidad y el grado de rechazo que te producen sus propuestas y crear aliados en lugar de rivales. Juega a la política en positivo, convence de que tú eres mejor no de que el otro es la marca blanca de no sé quién o que es un fascista disfrazado, eso sólo lo hacen los incompetentes.

¿Y el futuro? Pues el futuro, si queremos cambio, consistirá en sumar las voluntades en un programa mínimo común de cambio entre todos los grupos que nos den una mayoría social suficiente. Pero esa suma de fuerzas se tendrá que producir cuando haya fuerzas que sumar, cuando estas fuerzas hayan crecido en su adecuado potencial y cuando se haya ganado la hegemonía.
Antes no, antes es un suicidio político absoluto, si empezamos a absorber grupos de izquierda en base a un “frente popular” o una izquierda unida lo único que se conseguirá es desactivar el increíble potencial que tienen los discursos divergentes y matizados. Activar el aspirador ahora igual valdría para pasar del 15 al 20% de los votos, a costa de matar un posible 51% en el futuro. Es un pésimo negocio.

Y esto lo digo por los partidos, pero sobre todo hablo a las personas. Y como personas, que no tenemos intereses partidistas especialmente inevitables (incluso quienes estén afiliados), debemos intentar cultivar este espíritu y esa apertura de miras en la medida de lo posible. Necesitamos a todas las fuerzas, con todos los matices y desarrolladas en todo su potencial, es fundamental que trabajemos en este sentido. Por mi no va a quedar, ya lo sabéis.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Dos años después del 20-N
















Hace justo dos años el PP ganó las elecciones por una gran diferencia con el segundo partido más votado, el PSOE, al que le sacó 16 puntos. A pesar de no haber llegado a la mayoría absoluta en votos (consiguió algo menos del 45% de los votos) la victoria fue incontestable y el sistema electoral le proveyó de una cómoda mayoría absoluta en el congreso de los diputados.

Esa gran victoria del PP no fue producto de un gran entusiasmo ciudadano por el partido o por su candidato a presidente del gobierno sino que vino impuesta por la caída en desgracia del PSOE debido a sus políticas y a la traición a sus principios básicos en Mayo de 2010. Esa victoria del PP la he llamado muchas veces la victoria del “último recurso”, queriendo decir que los españoles votaron al PP porque era la última alternativa que les quedaba dentro de los usos y costumbres del sistema para intentar solventar la situación. Si el PSOE fallaba estaba el PP y al revés, así había funcionado el sistema desde 1982.
En las semanas previas a las elecciones muchos avisamos que el programa del PP era una falacia y una fantasía. Sus promesas de no subir impuestos, no abaratar el despido y no tocar la sanidad y la educación eran falsas, y pronosticamos como harían en el gobierno todo lo contrario a lo que habían dicho en la oposición y en la campaña electoral, y no sólo en política económica sino también en terrenos como la política antiterrorista o la política de regulaciones legales (matrimonio homosexual, etc).
El país no hizo caso a lo que muchos advertíamos y era normal, por lo comentado en el párrafo anterior. El gobierno del PP era una etapa necesaria que teníamos que pasar como la estaban pasando otros países vecinos. Estaba en la naturaleza del sistema y en la realidad social impuesta por el mismo.

Pero desde muy pronto se comenzó a ver que todo lo que decíamos sobre la intrínseca falsedad de sus promesas era totalmente cierto. El primer consejo de ministros ya implantó una agresiva subida de impuestos en el IRPF y las rentas del capital, situándonos en tipos impositivos propios de las socialdemocracias más avanzadas y que en otra época habrían sido calificados de “soviéticos” por los mismos que en ese momento los aprobaban (aunque en la URSS no hubiese casi impuestos).  Se excusaron en la “herencia recibida”, algo inverosímil e increíble para nadie medianamente informado pero que aún así han seguido repitiendo hasta la extenuación.
El segundo grave incumplimiento de su programa electoral llegó en Marzo, tres meses después de tomar posesión, cuando una agresiva reforma laboral no sólo abarató el despido nominalmente sino que creó innumerables mecanismos para provocar una importante bajada de sueldos en España. El objetivo de la “devaluación interna” fue lo que marcó la reforma, patéticamente vendida como método de creación de empleo cuando no era más que un método de precarización masiva. La reforma provocó la primera huelga general contra el gobierno del PP.
En sólo tres meses el gobierno se había situado prácticamente en las antípodas de sus promesas y de su programa electoral. En ese momento ya muchos comenzaron a hablar de la ilegitimidad de un gobierno que realizaba desde el primer momento una política opuesta a la prometida. ¿Se podía aceptar eso en una democracia? En un primer momento opiné que sí, justificándolo en el apoyo que todavía mantenía el gobierno, pero conforme los incumplimientos crecieron y el PP perdió apoyo popular fui virando mi opinión a la que sostengo actualmente, que es que este gobierno es ilegítimo.

Pero el 2012 todavía sería peor. En primavera el decreto De Guindos sobre la banca provocó un efecto inesperado sobre el sistema bancario: La quiebra técnica de Bankia. La necesidad de provisiones del decreto llevó a que Bankia no pudiese mantener la ficción de sus cuentas y tuvo que acudir al estado para un rescate. El estado, sin dinero y asustado por las consecuencias de sus propias decisiones, miró a Europa en busca de una solución que no implicase una pérdida total de soberanía como en los casos griego y portugués.
Debido al tamaño de España se creó un tipo de rescate adhoc que se dio por llamar “rescate bancario” para que no pareciese lo mismo que el de otros países. Técnicamente no era lo mismo, pero realmente sus similitudes eran muchas. El estado español, a través del FROB, era quien recibía el dinero y quien debía devolverlo, y luego el FROB lo repartiría entre las entidades bancarias. El rescate llevaba implícitas condiciones a cumplir tanto para el sector bancario como para el propio estado garante, que se reflejaron en la subida del IVA de julio y en otros recortes adicionales.
Con la obscenidad propia que este gobierno ha demostrado se negó reiteradamente que este tipo de rescate particular fuese un rescate ni que tuviese condiciones, a pesar de subir impuestos tres semanas después. A través de una legión de periodistas increíblemente serviles se intentó crear una realidad paralela en la que nada estaba pasando, usando el antiguo método de repetir las mentiras hasta que pareciesen verdad. La complejidad de los asuntos económicos ha llevado a que esta estrategia haya tenido algo de éxito.

Durante unos meses pareció que un segundo rescate a España, este específicamente destinado a pagar la refinanciación de la deuda pública, era inevitable. Pero al gobierno le salvó el BCE que, preocupado por la insostebilidad de la situación en España y en Italia, cambió radicalmente su política y se puso a actuar para bajar las primas de riesgo. Draghi con su “whatever it takes”, la barra libre del BCE y la compra de deuda fueron suficientes para contener a los especuladores y llevar a la deuda pública de los países del sur de Europa, poco a poco, a niveles asumibles y no peligrosos para el corto plazo.
Lo cachondo del asunto es que el gobierno, salvado por el BCE, ha intentado hacer creer a la población que la prima ha bajado por sus políticas económicas, algo que es absolutamente falso y que se puede comprobar simplemente mirando la tendencia de las primas italiana, griega y portuguesa en el mismo periodo y comprobar que todas han ido a la baja de la misma manera. Aquí podemos ver la persistencia en la misma política de propaganda: Legión de caraduras serviles y repetición hasta la saciedad de las mismas barbaridades.

Paralelamente a este proceso de destrucción económica el gobierno ha intentando implantar una política de orden público destinada a amedrentar a la población. La cantidad de manifestaciones en 2012 fue colosal y, además, se unieron con acciones mucho más heterodoxas como escraches, bloqueos al congreso de los diputados y acciones puntuales como el asalto a unos supermercados por parte de Sánchez Gordillo.
En cada una de estas ocasiones los dispositivos policiales fueron desproporcionados, la acción de la política incomprensiblemente violenta y la dialéctica del gobierno se aproximó al matonismo hablando sin ton ni son de cambiar todas las leyes que permitían cualquiera de los actos que no les gustaban. Todavía siguen en ello, queriendo cambiar las leyes de orden público para multar y detener a cualquiera que se salga de la fila, y cambiar la ley de huelga con objetivos parecidos.

Afortunadamente para el gobierno la comisión europea redujo las exigencias de déficit para España, lo que permitió reducir los recortes y el daño a la economía. La terrible destrucción económica y social de 2012 se ha reducido este 2013 gracias a este relajamiento de objetivos y también al de la prima de riesgo. Por eso este año los recortes no han tenido que ser tan agresivos y el PIB está poco a poco conteniendo su caída.
Quizá esta relajación ha permitido al gobierno no tomar una medida absolutamente radical sobre las pensiones. El PP sabe de sobra que se sostiene electoralmente gracias a los votos de los jubilados, que son su activo electoral fundamental, y precisamente por eso han tocado a todos los grupos sociales (funcionarios, estudiantes, trabajadores por cuenta ajena) antes que a los jubilados. Sin embargo Bruselas pedía una reforma de las pensiones.
Gracias al tiempo que la comisión y el BCE han dado a España el gobierno ha podido bajar las pensiones “a futuro”, gracias a la no revalorización aprobada, y no de forma nominal. El PP ha calculado que con una buena propaganda y dejando que sea la inflación quien recorte las pensiones y no un tijeretazo gubernamental conseguirá mantener el voto de los jubilados. A tenor de las encuestas parece que está siendo así.

Pero aunque el 2013 se haya relajado económicamente para el PP no ha sido así en el terreno político y judicial. A principios de 2013 los principales periódicos del país, EL PAÍS y EL MUNDO, destaparon una trama de corrupción, sobre sueldos y contrataciones presumiblemente fraudulentas en la que ha estado inmerso el PP desde principios de los 90.
La torpeza del PP para enfrentar este caso de corrupción ha sido enorme. Seguramente conscientes de que lo descubierto era gordísimo y destructivo para el partido, intentaron negarlo todo con la “mala suerte” que cada vez que negaban algo aparecía un documento nuevo que dejaba en evidencia las mentiras del PP. Cospedal, González Pons, Floriano y otros dirigentes se han ido turnando para intentar desmentir las acusaciones y utilizar la típica defensa de los corruptos, que es hacerse los perseguidos y las víctimas.
El PP confía en que todo lo demostrable esté prescrito y que, por tanto, puedan salir ante la opinión pública con otra de las típicas tretas de los corruptos cuando se les sobresee un caso, que es decir que el juez les ha declarado inocentes. Pero después de tantas metidas de pata, tantas mentiras descubiertas y tantísimos indicios contundentes no hay casi nadie que no esté partidistamente fanalizado que crea que no hay gravísimas responsabilidades políticas en toda esta trama que, excepto alguna cosa, parece ser toda como la cuenta Bárcenas.
El caso Bárcenas ha llevado a que los tres principales partidos de la oposición, el PSOE, IU y UPyD, hayan pedido la dimisión del presidente del gobierno. Rajoy, escondido, ha hecho oídos sordos. Veremos qué pasa porque como salga alguna otra cosa contundente el presidente del gobierno posiblemente será obligado a dimitir.

Si miramos las encuestas podemos observar cómo el PP ha tenido en estos dos años tres momentos en que su capital electoral ha caído. Después de la reforma laboral y de los primeros incumplimientos el PP perdió unos 5 puntos en estimación de voto. Después del rescate bancario y la subida del IVA perdió otros 5 puntos. Y después de los acontecimientos del caso Bárcenas perdió otros 5 puntos más.
Hoy por hoy da la sensación de que el PP caería unos 15 puntos en su estimación de voto, más de la tercera parte de sus votos de 2011. Y esto es una suposición conservadora porque desgraciadamente la situación demoscópica es totalmente nueva y nadie sabe muy bien cómo gestionar la elevadísima negativa de los electores a decir a quien van a votar y la ocultación de su voto pasado. Quienes quieren creer que el PP al final conseguirá mantener su voto cifran la caída en 10 puntos, quienes quieren creer la expresión directa de voto en la toma de datos pueden colocar la caída en más de 20. Hay “cocinas” de encuestas que dan la victoria al PSOE y otras que le sitúan 8 puntos por detrás del PP.
De todas formas da la sensación de que el PP va cayendo en caídas bruscas relacionadas con sus flagrantes incumplimientos o sus casos de corrupción. Nadie sabe a ciencia cierta si con otros recortes brutales o con otras revelaciones de corrupción el PP caería 5 puntos más o si por el contrario estamos ya en un suelo relativamente sólido del 28-30% de los votos.
Todo esto no depende solo del PP, por supuesto, sino también de la competencia del resto de partidos y de otras situaciones. Conforme cojan fuerza UPyD o Movimiento ciudadano perderá fuerza el PP, incluso es posible que una plataforma como el Partido X pudiese atraer a los votantes más jóvenes. Quizá con una prensa más plural y abierta el PP habría caído más aún.

Ahora mismo, dos años después de su victoria electoral, el país está sustancialmente peor que a finales de 2011, en parte por la política del PP en parte por la natural profundización de la crisis conforme pasan los años. Hay más pobreza, más paro, sueldos más bajos, menos prestaciones públicas, una política mucho más degradada, una realidad de país más débil internacionalmente, problemas territoriales, etc.
Pero el PP sigue en su estrategia publicitaria y sigue fabricando realidades paralelas. Ahora se repite hasta la saciedad eso de que “lo peor ha pasado” y de que “ya vemos la luz al final del túnel”.  Solbes también dijo que lo peor había pasado a mediados de 2009 (y acertó por un año, pero luego se vio que no era así), también lo dijo Salgado después y también dijeron De Guindos y Montoro en 2012 que en 2013 saldríamos de la crisis. Luego fue 2014 y ahora es 2015, y así es la quinta o sexta vez que los dos últimos gobiernos nos dicen eso de “hoy no, MAÑANA” que dice el humorista José Mota.
Lo increíble del asunto es que mucha gente (aunque no la mayoría) se lo cree, quizá porque quiere creérselo. Mucha gente quiere creer que esta vez sí, que esta vez comenzaremos a crecer a finales de 2014 y que se comenzará a crear empleo. Lo dicen mil veces al día en la TV, tendrá que ser verdad esta vez… Nuestra memoria es tan corta y nuestras esperanzas tan fuertes…

Uno de los grandes peligros de esta estrategia publicitaria está en que la realidad macroeconómica y la realidad del país se conviertan en dos mundos aparte. No sabemos qué pasará con la prima y con el déficit, pero mientras desde Europa la controle es esperable que nos encontremos en una situación macroeconómica estable. Y en una situación estable pasarán posiblemente estas cosas: Bajará el paro, el PIB se pondrá en positivo, aumentarán las exportaciones y la balanza de pagos mejorará.
Pero esto tendrá una explicación propagandística, el “hemos salido de la crisis”, y otra real. Y la real es que el paro bajará por emigración de la población activa y por reparto del trabajo (se despedirán 10 personas con jornadas a 40 horas y se contratarán 15 personas con jornada a 20 horas) y por bajadas salariales, el crecimiento del PIB será tan bajo que provocará que la población siga empobreciéndose y las exportaciones mejorarán ante el empobrecimiento masivo de la población.
Temo una dualización absoluta entre el país “oficial” y el país “real”, al igual que pasa en las dictaduras y en los regímenes autoritarios. Una parte de la población absorta por la propaganda o asumiendo su leve empobrecimiento (o mantenimiento) en medio de fantasías propagandísticas y otra parte numéricamente mayor que se empobrece, se hunde y que se enfadará cuando vea que sus desgracias han dejado de estar en los medios de comunicación y el gobierno ignora la realidad para creerse su realidad virtual. Porque cuando el gobierno asume el problema pero te ignora te cabreas, pero cuando niega que esté pasando lo que está pasando entonces del cabreo se pasa a la desesperación y al convencimiento de que sólo la violencia soluciona las cosas.

Me temo que el futuro no trae nada bueno. La negación y la propaganda como método de cerrar una crisis es el peor de los escenarios posibles y la prueba fehaciente de que no se tienen alternativas ni solución alguna. Porque la alternativa que nos ofrece el PP es esta, son sueldos de miseria, trabajos de media jornada, estado del bienestar recortado, población emigrante, en definitiva, un país empobrecido, dual, con unas clases medias extintas, un precariado generalizado y unos pocos ricos, eso sí, muy visibles en la lista de millonarios de Forbes.

Y lo peor, lo peor de todo, es que sólo llevan dos años, lo peor de todo es que sólo llevamos tres años y medio desde Mayo de 2010 y que posiblemente no nos quedan sólo dos años. Porque en dos años no creo que hayamos cambiado todo lo que tenemos que cambiar, políticamente y en el campo de los valores sociales, para plantear una efectiva alternativa a esta realidad.
Mientras tanto lose seguiremos teniendo aquí, empobreciéndonos cada vez más mientras nos cuentan que ya está casi que casi salimos de la crisis. Y quien niegue que hoy 20 de Noviembre de 2013 estamos peor que hace dos años me temo que no entiende en qué país vive ni se entera de nada de lo que está pasando.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Compromís-EQUO y la democracia online









En estos últimos meses el diputado en el congreso por Compromís-EQUO, Joan Baldoví, ha iniciado una de las innovaciones políticas más importantes que recuerdo. Por dos veces, el pasado septiembre y a principios de noviembre, Baldoví sometió su voto a lo indicado por los ciudadanos en unas votaciones online en las que participaron varios miles de personas.
El voto de Baldoví en el congreso no decide nada, porque es un único diputado en un hemiciclo que además está dominado por una contundente mayoría absoluta del PP, pero esta debilidad ha sido aprovechada para practicar unos nuevos mecanismos democráticos, mecanismos que seguramente no hubiesen sido puestos en marcha en el caso de que lo votado online hubiese sido decisivo para la aprobación de una ley.
Me gustaría hablar de este mecanismo de democracia online y las ventajas y defectos que le veo a fin de intentar mejorar una innovación que considero que puede ser muy positiva pero que también tiene peligros potenciales que no debemos ignorar.

Creo que lo mejor es analizar los acontecimientos de forma cronológica. La primera vez que Compromís-EQUO se decidió a hacer esto fue con la votación en el congreso el pasado mes de septiembre de la ley de transparencia. A través de la web Congreso transparente se preguntó ciudadanos cual era su opinión sobre varios bloques de ideas que agrupaban distintas propuestas y enmiendas a la ley de transparencia. En cada uno de los bloques los ciudadanos podían votar Sí o No en función de lo que creyesen adecuado, independientemente del voto en el resto de bloques. El resultado mayoritario en cada bloque sería, finalmente, el que decidiría el sentido del voto de Joan Baldoví en todas aquellas enmiendas o puntos de la ley relacionados con el mismo.
Para mi esta votación tuvo un claro defecto. Ahora no se puede ver porque la web ya está actualizada pero las explicaciones a cada uno de los puntos eran bastante farragosas, técnicas y confusas para el ciudadano medio. Quizá para ser neutros se tendió a desarrollar de forma muy técnica el contenido de cada uno de los puntos, generando más confusión que certezas.
Se echaba de menos una explicación relativamente simple, un análisis de los pros y los contras que tenía votar a favor de cada uno de los puntos y quizá un consejo por parte de la gente de EQUO y Compromís sobre qué pensaban ellos que había que votar. Al ciudadano se le dejaba delante de un texto lleno de hermosas palabras (transparencia, información pública, etc.) sin saber exactamente si eso era tan bonito como parecía o no era más que palabrería vacía para no hacer nada de lo que la sociedad demandaba.
Finalmente votaron más de 2.000 personas y el resultado mayoritario fue un contundente “No”. Pero la pregunta que me hice en ese momento fue ¿realmente tenían claro los ciudadanos qué estaban votando? ¿No votaron “No” más bien por intuición o porque sabían la opinión de la coalición?

Compromís-EQUO volvió a repetir el experimento con la ley de reforma energética de hace un par de semanas. En esta ocasión podéis consultar en la web Congreso transparente los resultados de las votaciones, que son un “Sí” absolutamente mayoritario en cada uno de los cuatro puntos que se preguntaron. Como podéis observar en este caso no se preguntaba por la ley sino más bien por las enmiendas a presentar, y de ahí que el resultado fuese un "Sí" en vez del "No" de la ley anterior.
En mi opinión esta vez el contenido de la web se mejoró bastante. Como podéis comprobar hay explicaciones y videos explicativos con distintos miembros de la coalición asesorando a los ciudadanos sobre la ley y por qué ellos creían que se debía votar una cosa u otra. A pesar de que la posición de la coalición quedaba clara en las explicaciones y los videos luego el ciudadano tenía el poder de decisión en la votación de los cuatro bloques.
Esta vez desapareció esa ambigüedad y ese desconcierto que provocaba la primera experiencia. Ahora sí estaba todo claro, había unas explicaciones adecuadas y el ciudadano podía votar consciente de lo que estaba votando, de qué pensaba la coalición y de cual era la “orientación” de la misma sobre el sentido del voto.
Sin embargo esta vez vi un problema que no veía en la ocasión anterior y que nada tiene que ver con el desarrollo técnico e informativo de la web. Mi recelo aquí vino porque considero que EQUO (y Compromís por extensión) tienen, como todos los partidos, una serie de puntos y de propuestas que son inherentes a su propia naturaleza. EQUO es un partido ecologista y uno de los puntos clave de un partido ecologista debe ser su política energética, que se supone a favor de las renovables y en contra de los combustibles fósiles y las nucleares. Esto creo que es un punto clave, un pilar absolutamente fundamental en la naturaleza de EQUO, algo que es un “dogma fuerte” que lo define y que ha llevado a que se cree como partido.
En este contexto ¿cómo se puede arriesgar la coalición a que algo tan absolutamente central en su política sea decidido por 2.000 votos en Internet? La política energética no es esa ley de transparencia, en la ley de transparencia se pueden aceptar interpretaciones y se puede asumir un voto en cualquiera de las dos direcciones, pero en la política energética no, porque votar sí a las nucleares, por ejemplo, sería un contrasentido y algo que desnaturalizaría a la coalición.
Tal y como estaban las preguntas redactadas al final lo que elegía el ciudadano era si se hacían o votaba a favor enmiendas y no el voto final a la ley, así que en cualquiera de los casos tampoco se iba a generar un cisma por los resultados, pero aún así era poner en manos de los internautas una serie de proposiciones que forman parte del corazón de EQUO. ¿Tiene realmente sentido que algo tan central para EQUO se decida en una votación online?

Personalmente considero que hay que abrir caminos a la democracia directa como está haciendo Compromís-EQUO pero que también hay que saber equilibrar bien la representación indirecta del voto electoral con la aceptación de lo que se vote en el una plataforma online.
Creo que un partido político no puede convertirse en un representante de la democracia online. Eso puede hacerlo una candidatura electoral cuya base programática sea dejar que sean los ciudadanos quienes decidan el sentido del voto de sus representantes a través de mecanismos de democracia directa, porque entonces sí es absolutamente coherente con la naturaleza del voto electoral original. Pero un partido no puede hacerlo porque un partido tiene unas ideas políticas, tiene un programa electoral con el que se presenta ante los ciudadanos y tiene unos pilares ideológicos básicos.
Si nosotros votamos a un partido o un diputado y éste se compromete a votar siempre lo que se diga en su plataforma de Internet ¿Qué más da votar a un diputado de un partido determinado o a otro que proponga exactamente lo mismo? Extendiendo el argumento al absurdo, si mañana Compromís-EQUO propusiese esa democracia online en el 100% de casos y también lo hiciese otra candidatura encabezada, yo que sé, por Carmen de Mairena ¿Por qué debería votar a Baldoví y no a Carmen de Mairena? El resultado sería el mismo, no habría diferencia objetiva para los intereses ciudadanos en uno u otro caso más allá de que los desnudos de Baldoví serían menos desagradables que los de Carmen.

Volviendo a los argumentos serios, lo que intento decir es que un partido político debe tener unos principios claros y debe tener ciertas líneas rojas y ciertos principios que no puede ceder tan alegremente. Entre la arrogancia y el secuestro de la democracia que hacen los partidos tradicionales con sus continuos incumplimientos de programa y cambios de posición, y una propuesta 100% de democracia directa y online debe haber un término medio, un término medio que pueda compatibilizar la representación indirecta qur ostenta el diputado con las nuevas formas de democracia directa online y con el control y auditoria ciudadana sobre los representantes públicos.
¿Pero cuál es ese punto medio? Pues yo creo que ese es el debate. ¿Qué se puede someter a votación directa y qué no? ¿En qué puntos el partido debe imponer su opinión y su visión? ¿Qué puntos pueden ser consultados con la ciudadanía? Todo esto nos pone por delante un inmenso debate y gracias a experimentos como este tenemos la oportunidad de hacer ahora, antes de que la realidad de las plataformas ciudadanas nos atropelle y probablemente genere un democratismo dogmático peligroso.
Quizá una solución sería la siguiente: Un partido debería actuar de forma “tradicional” en todo aquello que esté recogido claramente en su programa electoral. Los ciudadanos han votado a un partido en teoría por un programa y unas medidas y ese partido debe hacerlas cumplir. No puede ser que votemos a un partido porque diga que va a subir el salario mínimo interprofesional y que luego, por un ejercicio de democracia online, acaben votando a favor de bajarlo. Yo, como votante de ese partido, me sentiría estafado. Así pues debería marcarse una serie de propuestas y puntos que deba gestionar el partido.
Luego habría otra serie de situaciones que el partido no haya contemplado en el programa electoral o que aparezcan como novedades impredecibles. Y ahí posiblemente sí que se deberían establecer mecanismos de este tipo, para conocer la voluntad del votante y del ciudadano que no ha votado sobre el asunto en cuestión.
Quizá también deberían establecerse estos mecanismos en otra situación: Cuando hay un cambio de opinión. Si el partido se ha presentado con una propuesta electoral pero en su momento considera que las circunstancias han cambiado y que ya no se debe hacer lo que habían propuesto, eso debería someterlo a una nueva decisión por parte de los ciudadanos. Decidir unilateralmente desde la cúpula del partido puede llevar a situaciones tan terribles como las de Mayo de 2010 y ese cambio de rumbo radical en política económica que representó el principio del fin de la democracia real en España.

En cualquier caso el debate es mucho más amplio y si lo abrimos tendremos que contemplar otras muchas situaciones. Por ejemplo, Joan Baldoví es diputado por Valencia y cuando se hacen estos ejercicios de democracia online ¿es razonable que voten electores que no sean de Valencia? Es una interesante pregunta, sobre todo si esto sólo lo hacen algunos diputados y no todos, pues entonces los electores de estos diputados podríamos sentir que están diluyendo nuestra decisión y nuestra soberanía entre el resto de ciudadanos.
Otra pregunta ¿el uso de las nuevas tecnologías no deja en posición de indefensión democrática a la gente más mayor? Si se establecen mecanismos de este tipo probablemente habrá una prevalencia de la gente más joven sobre la más mayor y no sólo eso, quizá también de la gente más desocupada sobre la más ocupada.
Luego hay una serie de problemas que ya se están planteando en otras innovaciones como las primarias abiertas y que, si bien no deben ser un freno para este tipo de iniciativas sí deberíamos tenerlas en cuenta para minimizar sus efectos. ¿No sería posible que una minoría hiperactiva en Internet acaparase los procesos de voto online? ¿Sería razonable que se pudiese votar en las decisiones de varios diputados de distintos partidos y provincias?
Y voy a estirar la estadística y voy a proponer una situación imaginaria. Imaginemos que el voto de Joan Baldoví es decisivo para que se apruebe alguna ley que beneficia a una importante compañía multinacional. Es posible que se crease un ejército de testaferros electorales comprados o que hubiese intentos de hackeo de los resultados.
Todas estas cosas deben analizarse y ser tenidas en cuenta para intentar mejorar estas innovaciones y conseguir que cumplan su objetivo, que es darle al ciudadano un poder directo y una soberanía mayores, y que no se desnaturalicen por un mal uso o por una mala estructuración o previsión.

A mi me gusta mucho lo que hacen Compromís y EQUO en lo referente a la extensión de la democratización política. Por lo que sé son las dos fuerzas más democráticas que existen ahora mismo en España y con experimentos de este tipo creo que demuestran que lo quieren ser aún más.
Yo defiendo que se busquen vías de democracia directa online y por tanto aplaudo esta iniciativa de Compromís-EQUO. Pero también hay cosas que creo que están por pulir, cosas que deben mejorar y creo que hay que repensar cómo estructurar esto cuando haya un grupo parlamentario amplio o cuando realmente este voto online sea decisivo para la naturaleza de las leyes aprobadas.
Hoy no hay problema porque el voto de Baldoví vale para muy poco y por tanto es un buen momento para hacer pruebas y experimentos, y creo que así se entiende por parte de estos partidos. Pero este mecanismo no puede ser la versión final de un proyecto de democracia online porque todavía tiene muchos puntos flacos y algunas carencias.

Espero que este texto valga para abrir un debate sobre estas realidades que más pronto que tarde serán habituales y creo que está en el interés de todos que cuando lo sean estén lo más perfeccionadas posible. 

jueves, 14 de noviembre de 2013

La sociedad del desempleo estructural: El fin del trabajo















Hablábamos el otro día de la sociedad Low Cost y de cómo el modelo BRIC, en camino de extenderse por todos los países del mundo, lleva inexorablemente a ese tipo de sociedad. La sociedad Low Cost es un futuro de de sueldos muy bajos, de trabajadores emigrantes y de clases medias y populares empobrecidas.
Pero esta sociedad también será una sociedad de desempleo masivo, que redundará en malas condiciones laborales de los que trabajen. ¿Está relacionado este Low Cost con el desempleo masivo? Sí, pues este desempleo masivo es el que agiliza la reducción de los costes laborales en los países ex desarrollados y el que genera este tipo de sociedad. Pero no nos equivoquemos pues estos conceptos no sólo están relacionados en esta dirección sino también en la opuesta: La sociedad Low Cost y la concentración de renta que genera produce, también, desempleo estructural. Es, pues, un ciclo que se retroalimenta.

Desde hace siglos se viene discutiendo la relación entre la tecnología y el empleo y si el desarrollo tecnológico produce desempleo en la sociedad o, si bien, libera fuerzas productivas sin efecto para el empleo, pues estos trabajadores acabarían generando riqueza en otros ámbitos.
Ya a principios del siglo XIX los Ludistas destruían las máquinas en la Inglaterra de la revolución industrial. Los patronos que compraban máquinas prescindían de los trabajadores y los despedían, viendo los obreros a las máquinas como una amenaza para sus puestos de trabajo. Después del ludismo han existido muchas corrientes de pensamiento posteriores que han indicado que el desarrollo tecnológico nos llevaría a una sociedad de desempleo masivo.
El ejemplo más reciente de esto es el libro “el fin del trabajo”  del economista americano Jeremy Rifkin. Rifkin defendió en 1994 que íbamos abocados hacia una sociedad donde cada vez hiciese menos falta trabajadores y no sólo trabajadores de “cuello azul” sino también trabajadores de “cuello blanco”, técnicos, etc. En ese momento las teorías de Rifkin chocaron con la realidad de la burbuja financiera que se estaba gestando y, por tanto, su teoría pareció un disparate más de un neoludista apocalíptico. Pero no, a partir de 2008 la burbuja explotó, el desempleo ha ido aumentando en todo el mundo y las teorías de Rifkin y otros están siendo rescatadas.

A aquellos que dicen que la tecnología nos llevará más pronto que tarde al desempleo masivo se le oponen la mayoría de “liberales” que sostienen que todo esto no son más que teorías apocalípticas que se llevan diciendo siglos y que nunca se han hecho realidad. Cuando los trabajadores sobran en una industria, dicen, es porque gracias a la tecnificación se consigue crear más riqueza en menos tiempo y con menos recursos y por tanto la sociedad se hace más rica. Y esta riqueza social acaba buscando servicios o actividades auxiliares que finalmente absorben y dan trabajo a estos trabajadores que se han quedado sin empleo.
La evolución tecnológica y el hecho de tener que prescindir de trabajadores no sólo no sería negativa sino que sería globalmente positiva, porque redundaría en una mayor generación de riqueza global. Lo único importante sería la flexibilización y la adaptación de los trabajadores que perdiesen sus empleos para que así pudiesen encontrar otros.
Estos “liberales” piensan (o venden) que el mercado es un ente que se autoregula fabulosamente y que, por tanto, el propio mercado gestionará los recursos y el trabajo de la forma más eficiente posible. La evolución tecnológica nunca traerá desempleo y, por tanto, no hay que preocuparse ni hay que hacer caso a este tipo de cosas.

La realidad es que, si miramos al pasado, ambos tienen razón. Los liberales tienen razón cuando dicen que toda la evolución tecnológica  en el pasado al final no ha generado más desempleo y que la economía siempre ha conseguido maneras de organizar a los trabajadores. Pero también tiene razón Rifkin en que la causa de esto ha sido en parte las tres revoluciones industriales (la de la máquina de vapor, la de la electrificación y el motor de explosión, y la de las tecnologías de la información y comunicación), y el desarrollo de nuevos sectores económicos que éstas generaron.
Pero también hay una realidad. Es cierto que en 1960 no había más parados que en 1860 (de hecho seguramente habría menos), pero es que no se pueden comparar las realidades sociales y las poblaciones. En 1860 trabajaban los niños y los ancianos, las mujeres ayudaban en el campo y trabajaban en las fábricas, las familias tenían muchos hijos. En 1960 los jóvenes no entraban en el mercado laboral hasta ser adultos y los ancianos se jubilaban con 60 o 65 años. Es posible que en occidente en 1960 hubiese pleno empleo, pero es que más de la mitad de la población no trabajaba porque era pasiva de una u otra manera.
Y esta población pasiva se mantenía gracias a las regulaciones estatales y a las conquistas sociales. Lo niños iban a la escuela, los ancianos cobraban pensiones y las personas que no podían trabajar tenían protección. También había vacaciones pagadas, jornadas de trabajo limitadas y otras regulaciones que obligaban a las empresas a contratar más trabajadores.
Así pues no era el “mercado” propiamente quien redistribuía a los trabajadores para evitar que estuviesen en paro, eran las regulaciones laborales y las conquistas sociales quienes permitieron unas sociedades sin desempleo hasta la crisis del petróleo de 1973.

En este proceso y sobre todo como producto de la segunda y tercera revolución industrial se generó una vía de escape para el desempleo que se generaba en la industria y en el campo: El sector servicios.
Hasta el siglo XX el sector servicios estaba compuesto básicamente de funcionarios del estado y de unas escuálidas redes de médicos, escuelas, tiendas y poco más. Pero conforme las sociedades se fueron haciendo ricas el sector servicios aumentó espectacularmente. Sobre todo después del fordismo y de la extensión de la protección social a los trabajadores, éstos comenzaron a tener capacidad de consumo y por tanto de demandar servicios. Las conquistas salariales y el gasto del estado socialdemócrata aumentaron la demanda agregada por múltiples vías y éste fue el motor básico para la generación de un amplísimo sector servicios que en los países occidentales se hizo mayor que el industrial o el agrícola.
Al final el consumo ha sido la base del desarrollo capitalista del último siglo. Henry Ford se dio cuenta que si sus trabajadores podían comprar los coches que ellos mismos fabricaban entonces el mercado potencial se había ampliado enormemente y las posibilidades de crecer eran casi infinitas. Los países pueden tener economías que dependan del consumo o bien que dependan de la inversión (para poder generar industrias y empresas), pero al final a nivel global todo se fabrica para solventar necesidades de unas masas humanas que consumen. Es el consumo la base de la economía y de la producción capitalista, pues sin consumo no hay nada.

El lector empezará a darse cuenta por qué Rifkin tenía razón. Hoy en día en nuestros países el sector industrial está retrocediendo como comentamos en el otro escrito, pero el sector servicios también. Los funcionarios son despedidos porque el estado no recauda lo suficiente, los comercios están cerrando porque no tienen clientes, las empresas de servicios (no básicos) también.
El sector servicios ya no puede absorber el empleo perdido en los sectores agrario e industrial, de hecho está retrocediendo igual que ellos y está retrocediendo precisamente porque las masas cada vez tienen menos dinero para consumir. Y no sólo las masas pues el estado, que se alimenta de los impuestos de la gente y las empresas, cada vez tiene menos recursos y no puede ni contratar más personal, ni prestar más servicios ni dar más ayudas públicas que permitan mantener la demanda.
Si bajan los sueldos baja la recaudación del estado por impuesto sobre la renta. Si bajan los sueldos baja el consumo y por tanto la recaudación del estado por impuestos al consumo. Si a las empresas se les fabrica un marco fiscal propicio para que inviertan entonces también bajan los ingresos por impuestos al capital o a los beneficios. Al final todas las tendencias de esta sociedad low cost están perjudicando los ingresos del estado, que deja de ser un actor esencial en la distribución de recursos y en el mecanismo económico.

Otras políticas como las que se han hecho en el pasado y que han servido para crear empleo tampoco se pueden hacer hoy. La limitación de la jornada laboral a 40 horas semanales se hizo hace casi un siglo en España. En Francia, por ejemplo, la jornada de 35 horas semanales se aprobó a finales de los 90. Estas limitaciones de jornada laboral llevan a que necesariamente se reparta el trabajo.
Pero claro esta repartición del trabajo se hacía manteniendo el ingreso del trabajador. Y hoy día si se mantiene el salario automáticamente se está subiendo el coste de la hora trabajada, por lo que es un aumento de costes laborales y las empresas se deslocalizan en países con unos costes laborales más baratos. Esta repartición del trabajo mejorando el beneficio del factor trabajo no se puede hacer en esta época y con este sistema de comercio internacional.
En cambio sí que se está produciendo otra división del trabajo que tiene exactamente el efecto contrario, es decir, se produce la bajada del coste salarial. En Europa entera y probablemente en EEUU también se está produciendo un proceso de repartición-precarización del trabajo. Al calor de las leyes de flexibilidad laboral se están destruyendo puestos de trabajo a jornada completa con buenas condiciones laborales mientras se crean puestos de trabajo a jornada parcial en condiciones precarias.
Pongamos un ejemplo. Se dice que Alemania está muy cerca del pleno empleo, con alrededor de un 6% de paro ¿Es cierto? Técnicamente sí, pero lo que se está vendiendo aquí es un engaño. Lo que está pasando en Alemania es que se están destruyendo puestos de trabajo a jornada completa con salarios de 3.000 euros al mes y, en cambio, se están creando trabajos a jornada parcial de salarios con 800 euros al mes. Hagámonos una pregunta, si se destruye un trabajo a jornada completa de 3.000 euros mensuales y se crean dos de media jornada de 800 euros mensuales cada uno esta claro que está bajando el paro pero ¿es bueno para el país?
Respondo: Es terrible para el país. Se reparte el trabajo pero el coste por hora trabajada se hunde a la mitad y el empobrecimiento de la población se agrava, se reduce el consumo y este proceso cuando se multiplique por muchos trabajadores traerá finalmente la destrucción de muchísimo empleo asociado en el sector servicios.

La mejora tecnológica puede ser buena y podría y debería mejorar la vida de todo el mundo, pero en esta realidad contemporánea lo que está haciendo es lo contrario. Si hay mejora tecnológica y, a la vez, reduces la distribución de renta bajando los costes laborales y anulas la capacidad redistributiva del estado, entonces lo que provocas es destrucción de empleo por doble vía: Por la mejora tecnológica y por la destrucción del consumo y la demanda.
En este contexto las sociedades tienen dos vías: O dejan que el desempleo se dispare a cifras insoportables (España), o distribuyes las horas de trabajo entre la población, que combinado con la precarización salarial lleva inexorablemente a la extensión de la pobreza entre la población trabajadora. O se genera una sociedad dual preservando a la clase media, o aceptamos que somos ya un BRIC y pulverizamos la clase media y el trabajo bien pagado redistribuyendo los menguantes beneficios del factor trabajo.
Esto es, pues, una cuestión de distribución de rentas entre el trabajo y el capital, el capital y el estado, el capital y la sociedad. Y cuando digo capital hablo de gran capital internacional, no del resilente pequeño capital localizado. Esta concentración de rentas es la que está destruyendo el empleo.

Me temo que este es nuestro futuro si nadie hace nada, sometido a ciclos económicos sí, pero como tendencia de época. Ahora, como dije en el escrito anterior esta situación no se va a aguantar indefinidamente, no se puede empobrecer a la mayoría de la población de forma continuada y permanente y esperar que no pase nada. Pasará, no sabemos qué pero pasará.
Si este es el futuro ¿qué se puede hacer? Pues Rifkin proponía una repartición del trabajo pero sin devaluación del mismo, al revés, con revaluación del trabajo y aminoramiento de los beneficios del capital. También hablaba de potenciar el “tercer sector”, como él llamaba al trabajo voluntario y no lucrativo, algo que sólo sería posible mantener con algún tipo de renta básica ciudadana que garantizase que quienes se empleasen en ese tercer sector tuviesen cubiertas las necesidades básicas.
La propuesta del Rifkin, hecha en 1994, choca terriblemente con la realidad del capitalismo global actual ¿es que va a ceder su poder voluntariamente ese capital? Obviamente no. Y ese es el problema básico, cómo podemos generar un nuevo contrato social y cómo podemos repartir mejor esta riqueza generada sin que los dueños legales de esta riqueza quieran. Este es el problema, cómo se le pone el cascabel al gato.

Yo propongo soluciones adicionales a las de Rifkin, más actuales también porque las escribo 20 años después. Hay que “Salir del mercado” en todos aquellos puntos en los que podamos, hay que volver a generar nuestra propia riqueza sin depender del capital internacional y de su inversión. Una segunda economía de ámbito más local y basada en reglas distintas debe superponerse a este imperio globalizado.
Debemos volver a proteger nuestra economía en base a aranceles y proteccionismos parciales e inteligentes. Debemos potenciar desde las administraciones públicas y la regulación empresas que tengan en su  esencia la generación de trabajo y no de beneficios (como las cooperativas) y debemos potenciar desde los poderes públicos empresas que se basen en valores de desarrollo local y de distribución de beneficios entre sus miembros.
Hay que sacar del ámbito del mercado y del lucro nuestros servicios básicos y quizá hay que hacer leyes ex profeso contra las deslocalizaciones como existen en otros países. Hay que plantearse si el estado debe volver a gestionar ciertas empresas esenciales. Hay que buscar mecanismos de generación de riqueza, buscar fórmulas de iniciativa mixta entre poderes públicos y emprendedores que respondan a una política de desarrollo de la economía nacional.

Y, sobre todo, debemos empezar a cambiar nosotros mismos. La era de la que venimos se ha acabado y debemos dejarnos de tanta tontería, de tanto interés por lo material y de tanta ostentación estúpida. Sólo podremos cambiar las cosas si cambiamos nosotros mismos, si nos impregnamos de nuevos valores y si ponemos en entredicho todo lo que nos han inculcado.
Pero si queremos seguir siendo los primeros en tener el nuevo iphone o soñamos con tener un BMW para fardar delante del vecino, entonces podemos escandalizarnos y cabrearnos todo lo que queramos pero no vamos a cambiar esta realidad en la vida. Nos aplastará y nos empobrecerá cada vez más en medio de los sueños y aspiraciones cada vez más imposibles de los que se han creído que necesitan estar en el mercado para ser felices.
Este es el futuro que nos espera, empobrecimiento, sociedad low cost y desempleo masivo y estructural. Si no lo entendemos nosotros lo entenderán nuestros hijos, pero yo no quiero esperar dos generaciones para tener que llegar ahí. Reaccionemos ya contra esto, porque a diferencia de a Durruti a mi sí me asustan las ruinas y no tengo esa mesiánica confianza en que podamos alzar un mundo nuevo de la nada cuando nos lo hayan arrebatado casi todo.

martes, 12 de noviembre de 2013

La sociedad Low Cost















Desde que se conoció el concurso de acreedores de Fagor he estado intentando investigar el por qué de la caída de una de las joyas del cooperativismo español.  El catedrático de economía Santiago Niño Becerra ha asegurado que esa empresa estaba muy bien gestionada y yo, en principio, no voy a dudar de eso. Si la gestión no era mala (aunque algo mal se habrá hecho) los problemas habrá que buscarlos en otras partes.
Después de leer mucho me quedé con dos ideas: La primera es que el proceso de internacionalización de la compañía (se compraron plantas en el extranjero para fabricar más y más barato) la endeudó demasiado y ante un mercado en crisis no pudieron pagar esas deudas. La segunda es que no supieron competir con el mercado del electrodomésticos de low cost, el único que esta sobreviviendo más o menos bien a la crisis.
Este segundo punto me servirá para introducir el concepto de “sociedad low cost”.

Como hemos hablado muchas veces estamos insertos dentro del proceso histórico del capitalismo financiero y de la globalización. Desde hace muchos años el capital internacional se mueve con pocas limitaciones y los mercados están básicamente abiertos para los productos fabricados en cualquier parte del mundo, salvo excepciones “políticas”.
En este contexto hemos visto como las empresas se han deslocalizado buscando los países con las mejores condiciones de fabricación. Esto de “mejores condiciones de fabricación” es muy amplio, pues éstas pueden estar en los países con mano de obra más barata, menores impuestos y leyes más laxas, algo que podríamos catalogar como competencia “en negativo”, o también podría estar en aquellos con mejores infraestructuras o con un capital humano más formado y tecnificado, que podríamos llamar competencia “en positivo”.
La cuestión es que este proceso deslocalizador ha ido de países desarrollados a países en vías de desarrollo, por lo que la competencia “en positivo” no se está dando prácticamente. La inmensa mayoría de empresas están emigrando en busca de condiciones de fabricación baratas, yendo a países con mano de obra baratísima, pocos impuestos, leyes laborales y medioambientales casi inexistentes, etc. En definitiva, las empresas han ido a buscar lugares donde las leyes y el mercado estén a su servicio, donde poder imponer sus condiciones de forma radical.

Estas deslocalizaciones han llevado, efectivamente, a que se fabrique más barato. Los productos fabricados, por tanto, han podido ser más baratos en el mercado y aún así se han ampliado los márgenes de beneficio de esas empresas. La idea era fabricar en los países en vías en desarrollo para vender posteriormente a los países desarrollados, cuyas poblaciones tenían un poder adquisitivo relativamente alto. A medio plazo se pretendía vender también a las nacientes clases medias de los países BRIC.
Pero este modelo ha tenido un efecto perverso. Como las empresas fabricantes han desaparecido de occidente los ciudadanos de estos países han perdido sus empleos industriales. Algunos de ellos se han recolocado en otros sectores, fundamentalmente en el sector servicios, donde generalmente se cobra menos. Otros directamente no han podido recolocarse, prejubilándose o acabando desempleados. En cualquiera de los casos estos trabajadores perdieron poder adquisitivo y, por tanto, capacidad de compra.
En todo occidente los trabajadores fueron precarizados por este motivo y el poder de compra de las sociedades ha ido disminuyendo. En un principio esto se sustituyó por endeudamiento y por la ilusión de unas burbujas de carácter financiero (que crearon trabajo asociado de cierta calidad), pero con el tiempo estas burbujas acabaron explotando y las sociedades occidentales se han enfrentado a la realidad: Salarios más bajos que antes y desempleo estructural.
Las crecientes clases medias de los BRIC tampoco han podido sustituir realmente esta pérdida de poder adquisitivo en occidente. El modelo BRIC necesita de una clase media pequeña, porque en caso contrario esta clase media pedirá aumentos salariales y entonces la ventaja competitiva de los BRIC, que son sus bajos salarios, desaparecería y los países sufrirían la misma deslocalización de la que fueron beneficiados en el pasado. En los BRIC jamás se va a crear una clase media porcentualmente importante como hubo en la Europa socialdemócrata.

El mundo en general avanza hacia un modelo BRIC: Unos pocos ricos insultantemente ricos, unas porcentualmente pequeñas clases medias y una gran masa de trabajadores pobres pero que no pasen necesidades. En occidente en concreto estamos destruyendo las clases medias para crear clases pobres, lo que se ha llamado el precariado. Y este precariado es muy parecido a los trabajadores de los BRIC’s y va a converger con ellos en una única clase social internacional.
Este precariado es, pues, el mayor mercado mundial en número de consumidores. Pero tiene un problema: Escasamente puede consumir, porque lo básico absorbe la inmensa mayoría de sus ingresos. El precariado se puede permitir un consumo puntual o de cosas baratas, pero no un consumo masivo y de cosas de calidad. Es, pues, una gran masa de consumidores con poca capacidad de consumo y que sólo pueden acceder a productos baratos.
Y, en este contexto, es donde los productos low cost han triunfado. Para poder generar productos de consumo masivo estos deben ser necesariamente productos baratos, fabricados en el exterior y en condiciones laborales y legales miserables. Y este low cost abarca todo, desde electrodomésticos hasta ropa pasando por muebles y por productos de alimentación y coches. Todo tiene una posibilidad low cost, hecho con materiales baratos de poca calidad y con bajos costes de producción.
Casi todo se fabrica fuera con la excepción parcial de los productos de alimentación, que siguen generándose y manufacturándose la mayoría en los países consumidores por tres razones: Porque muchos son perecederos, porque a veces los pedidos son de poco volumen y el servicio local es competitivo, y porque los gustos gastronómicos son muy distintos de país a país y difíciles de cambiar. Aún así hay muchos casos de cadenas de comida rápida y de productos hortofrutícolas que han sustituido a los cultivados en la zona tradicionalmente.

Pensemos en España, por ejemplo ¿Cuáles son los dos hombres más ricos del país? Amancio Ortega, dueño de Inditex, y Juan Roig, dueño de Mercadona. El primero es el dueño de una cadena de low cost de ropa (Zara) que fabrica en Asia, y el segundo es el dueño de una cadena de supermercados low cost. Tanto Zara como Mercadona han crecido en tiempos de crisis precisamente porque ofrecen productos baratos, y han absorbido el consumo de esa clase media precarizada que quizá antes compraba en otros sitios.
Pero ya no es sólo España. Hasta hace nada la marca más conocida de los países escandinavos era la tecnológica finlandesa Nokia, empresa de alta tecnología. Después de su ocaso la más conocida es la sueca Ikea, fabricante de muebles baratos. Ikea, por cierto, es con toda seguridad el principal vendedor de muebles en España. Y vamos más allá ¿Cuál ha sido el coche más vendido en España este 2013 un par de meses? El Dacia Sandero, de la marca low cost de Renault, fabricada en Rumanía.
El low cost ha ocupado definitivamente el mercado Español: Mercadona, Ikea, Dacia, Zara, Mc Donalds, LG,  todos a 100 chinos, etc, etc, etc.

No creo que haga falta decir los problemas asociados que trae la producción y el consumo del low cost. El más evidente es la extensión a todo el planeta de las condiciones salariales miserables que existen en los países donde se fabrican estos productos. Para poder competir con esos países los trabajadores se ven obligados a bajar sus sueldos y empeorar sus condiciones laborales ante la amenaza de deslocalización de las empresas. Esto lleva inexorablemente a que la riqueza producida quede cada vez más en manos del capital y cada vez menos en manos del trabajo, con el agravante de que este “capital” es el gran capital, porque el pequeño no se puede deslocalizar y muere al no poder competir, lo que lleva a la clase industrial pequeño-propietaria a engordar las filas del precariado.
Pero hay muchos más. La calidad de los productos evidentemente no es la misma. Los productos se estropean rápidamente, ya sea por obsolescencia programada o simplemente porque están hechos con materias de baja calidad que no aguantan mucho, lo que lleva a una fabricación continua. Esta falta de calidad puede ser relativamente inocua en unos casos pero más peligrosa en otros, como por ejemplo en los productos alimentarios. Para abaratar costes las materias primas son peores y, además, se suele abusar de los azúcares, la lactosa (como conservante) y colorantes y conservantes varios. Los productos de alimentación manufacturados a veces son un mejunje de muchísimas cosas, con la dificultad que esto tiene para los alérgicos e intolerantes a muchos alimentos.
La cultura low cost nos hace entrar en el remolino del consumo masivo, de la hiperproducción, del daño al medio ambiente, de la emigración y de la precarización generalizada.

Habrá quien niegue este esto y crea que esto no es para tanto, pues al final los productos se adaptarán al poder adquisitivo de la población y la gente cobrará menos pero las cosas valdrán menos, por lo que el poder de compra permanecerá inalterado. Y quizá también pensarán que, una vez el low cost haya ocupado todo este gran mercado los mecanismos de la competencia seguirán funcionando y de entre las empresas low cost habrá algunas que innovarán y ofrecerán más calidad sin subir los precios.
Este planteamiento creo que es un error. Esta sociedad low cost es producto de unas dinámicas económicas e históricas determinadas, es producto de la globalización y la captación de rentas por parte del capital. Esta sociedad es el producto de una sociedad empobrecida, de una riqueza acaparada por el capital internacional y de un trabajo precarizado. No se podrá volver a la situación anterior porque la relación de riqueza entre el trabajo y el capital se habrá desplazado radicalmente a favor del capital, y esto sólo será permanente ante la devaluación del factor trabajo y de una pobreza relativa bastante extendida.
No es pues tanto cuestión de empobrecimiento material sino como de sumisión y servilismo. La desaparición de la clase media lleva a una sociedad servil, la desaparición de la seguridad del estado socialdemócrata lleva a una dependencia económica por el trabajo que ofrece el capital internacional y la inversión. No es que no podamos tener un coche o una lavadora, tendremos una mierda de coche y una mierda de lavadora pero lo peor es que estaremos siempre dependientes de una mierda de trabajo para poder comprar otros cuando se nos estropeen los que tenemos a los pocos años.

Lo difícil de este caso es que no se le puede decir a la gente que no compre low cost. La gente lo compra (yo mismo lo hago en ocasiones) sencillamente porque es lo que puede comprar y porque es lo que considera que puede gastar en un mundo tan inseguro como el actual. El low cost es un producto de esta época y de las circunstancias que ésta ha generado, es producto de un ciclo de bajada de salarios y fabricación de bajo coste que se retroalimenta a sí mismo sin que se haya llegado aún al límite.
¿Cuál será el límite? Algunos dicen que será el fin de algún recurso, gracias a la voracidad de recursos de este productivismo sin fin. Yo creo, en cambio, que esto es un ciclo socialmente depredador y que más pronto que tarde llegará un momento en que las poblaciones no podrán soportarlo y el proceso no dará más de sí, destruyéndose las reglas del comercio internacional vigentes hasta ese momento.

Y no podrán soportarlo porque además de la sociedad low cost hay otro concepto que me parece que está relacionado, que es el “el fin del trabajo”. Este concepto llevará a las sociedades low cost a grados de desempleo masivos que no podrán aguantar, pero esto lo desarrollaré en otro escrito.