La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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lunes, 30 de diciembre de 2013

El otro derecho de autodeterminación
















Las organizaciones políticas y sindicales que integran el Comité Ejecutivo Popular, declaran, que a la vez que las otras regiones de España, estiman debe concederse a la región valenciana el derecho a la autodeterminación, fundando los órganos propios para gobernarse libremente, al igual y en el concierto de las otras regiones de Iberia.
Sí, la República será federativa, o no será nada. Todo centralismo es un concepto fascista, y por lo tanto debemos oponer al producto de esa mentalidad nuestro sentimiento de libertad, que no es "disgregador", sino que producirá una verdadera unión, fundamentada en la fraternidad y el respeto mutuo
Resolución del Comité ejecutivo popular de Valencia del 2 de noviembre de 1936

El otro día me decía un miembro de Iniciativa per Catalunya, ante mi pregunta de que cómo era posible que criticase el nacionalismo identitario del gobierno catalán cuando ICV estaba apoyando la consulta de autodeterminación en Cataluña, que el catalanismo popular tradicional (no el burgués) siempre había defendido el derecho de autodeterminación para Cataluña y que, por eso, ellos también lo defendían ahora.
Lo que decía este señor era una verdad parcial, o una mentira parcial según se mire. Es cierto que el “catalanismo popular” defendió antes de la guerra civil la autodeterminación, pero no es verdad que defendiesen la autodeterminación como la defiende Mas o como se entiende ahora en función de la declaración de las naciones unidas al respecto. La “autodeterminación” que se defendía en la España previa a la guerra civil tenía otra naturaleza y otro significado radicalmente distinto al que se le da hoy a la palabra.

He comenzado el texto con una resolución del comité ejecutivo popular (CEP) que se creó revolucionariamente en Valencia al inicio de la guerra civil. Este comité fue un órgano de gobierno que se estableció paralelamente a las instituciones de gobierno republicano ante el colapso de éste, y que contaba con miembros de todos los partidos del Frente Popular y de los sindicatos CNT y UGT. El comité funcionó como gobierno de facto durante los primeros meses de guerra hasta que fue desplazado por las instituciones republicanas y disuelto los primeros días de 1937.
Lo que quiero que veáis del texto es como se usa el concepto “derecho de autodeterminación”. Como veis se usa de forma “anacional”, es decir, no se usa bajo los parámetros que se suelen usar en el derecho internacional actual, no se funda en la idea de que hay un “pueblo” que está invadido por un imperio o un estado y que quiere, por tanto, organizarse como nación independiente. Lo que reclama este derecho de autodeterminación es a auto-gobernarse que no a separarse, lo que se reclama es gobernar desde abajo y formar una unión federativa, no se pone en cuestión el concepto de España ni el hermanamiento entre las regiones españolas.
Este concepto de autodeterminación nada tiene que ver con el nacionalismo ni nada tiene que ver con la existencia de un “pueblo” enfrentado o diferente a otro. Se habla de política, de libertad y de auto-gobierno, no de naciones. Este es el verdadero sentido que realmente defendió siempre la izquierda española anterior al franquismo cuando hablaba del derecho d autodeterminación.

Hay que aprender a distinguir las significados que hay detrás de las palabras en cada momento histórico y conocer la historia para entender las cosas. En España, a mediados del siglo XIX empieza a coger fuerza el federalismo como concepto político. Este federalismo es la evolución de las teorías democráticas y fue la más avanzada de las ideologías burguesas, llegando a su máximo esplendor durante la I república española.
El mayor teórico del federalismo español fue Pi i Margall, un hombre de su época que tenía unas nociones liberales tan avanzadas que llegaban a colindar con los socialismos utópicos. Para Pi las naciones tenían que crearse por la propia voluntad de los hombres y no por una imposición externa y, por tanto, defendía una especie de reinicio de la realidad territorial.
El hombre, desde su sagrada libertad, debía formar grupos humanos con quien quisiese y formar pequeñas federaciones de base basadas en la libre aceptación individual. Después estas agrupaciones se debían juntar con otras agrupaciones para crear estructuras mayores y después estas con otras hasta, finalmente, crear los estados en una especie de macro federación de federaciones que estaría justificada, originariamente, en la libre decisión individual. Esto se llamó “federalismo desde abajo”.
Pi i Margall llegó a ser presidente de la I república española y, cuando estuvo en el gobierno, se dio cuenta que era idea del federalismo desde abajo era muy pura pero  que era inmanejable. Llegó a concluir que para estados formados como el español era mejor el federalismo desde arriba, porque no tenía sentido reiniciarlo todo de nuevo. Su pragmatismo le llevó a crear un proyecto de constitución inspirado en la constitución de los EEUU con 17 federaciones, algo que frustró a algunos de sus seguidores y catalizó la rebelión cantonal en España, que acabaría por hacer inviable la I república.

Cuando finalizó la primera república estos demócratas radicales fueron apartados del poder y los federalistas, ya siempre desde arriba, casi desaparecieron. Pero las ideas de Pi permanecieron en el subconsciente de la izquierda de base española y se entremezclaron con una de las doctrinas obreras que en ese momento se ponían de moda: El anarquismo.
El anarquismo ibérico siempre quiso destruir el estado burgués, pero nunca propuso eliminar cualquier estructura de gestión. Los anarquistas imitaron esto del federalismo desde abajo y lo hicieron suyo como consecuencia lógica de la doctrina anarquista y parte de la revolución obrera. Los anarquistas querían auto-gestión en todos los terrenos, desde las fábricas y las tierras (que serían propiedad colectiva pero no estatal) hasta la estructura del estado, que sin haberse definido claramente era más o menos un reciclaje obrero de ese cantonalismo y ese federalismo desde abajo de Pi i Margall.
Los marxistas no creían en eso, porque los marxistas creían en la dictadura del proletariado y, por tanto, en un estado más centralizado. Pero aún así para los marxistas el estado burgués era el enemigo a batir, el enemigo a destruir y a cambiar por un estado nuevo. El “estado” era algo represivo, no por ser español o estar en Madrid sino por ser burgués, militarista y capitalista. Y ese “odio” al estado se quedó en el imaginario colectivo de la izquierda popular y obrera.
Hay que entender que existe cierto drenaje de ideas en un país como España y entre las ideologías obreras y populares. El “centralismo”, que en Francia o en otros países fue una herramienta para llevar la revolución a todo el territorio, en España se convirtió en un concepto burgués y rechazable, en lo contrario al progreso. Se creó una tendencia centrífuga en que la descentralización y el gobierno local se convirtieron en paradigma revolucionario. Podía haber sido exactamente al revés pero aquí la historia tuvo estas particularidades.

El problema básico de nuestra historia reciente es que la guerra civil creó extraños compañeros de cama y la larga lucha antifranquista acabó mezclando conceptos que no se podían mezclar. Antes de la guerra civil nadie en su sano juicio hubiese pensado que la independencia de Cataluña o Euskadi que proponían los nacionalistas burgueses tuviese algo que ver con esa autodeterminación obrera de la que hemos hablado. Para cualquier izquierdista catalán tan reaccionaria era la Lliga regionalista como el gobierno conservador de Madrid. El nacionalismo vasco era, para toda la izquierda española y vasca, algo reaccionario e indeseable. La creación de una “nación” no era del interés de ningún obrerista o izquierdista. Hasta la propia ERC (menos los residuos del estat català, objetivamente fascistas) no quería una “nación” catalana sino una federación ibérica en la que tener amplísimos poderes de gestión.
Pero cuando las fuerzas democráticas se enfrentaron a ese franquismo que era centralista, católico, militarista y conservador se creó la “trampa reactiva”, es decir, se llegó a pensar que todo lo que se oponía al franquismo era bueno, era un aliado y era defendible. Y por eso muchos en la izquierda antifranquista llegaron incluso a defender a ETA porque, según su infantil visión, ETA luchaba contra el franquismo. Y por eso se produjeron los drenajes que se produjeron, por eso contra el centralismo el federalismo parecía progresista y bueno (cuando tanto el PSOE como el PCE han sido históricamente centralistas) y por eso se produjeron tanta intrahistorias locales en muchas partes de España donde se asumieron cosas inasumibles y absurdas. Total, si nuestros ancestros políticos defendían el derecho de autodeterminación ¿cómo no vamos a defenderlo cuando lo defiende CiU y el PNV? No se entendió nada, y en esas estamos...

Hay que aprender a leer historia, hay que aprender a entender qué se quiere decir detrás de las palabras y no dejarse manipular. Por ejemplo el otro día leía la ley del aborto de 1937 que se aprobó en la España republicana durante la guerra civil. Leerla da terror, porque en algún momento llega a hablarse de “eugenesia a favor de la raza”.
Claro, leído así parece que se esté hablando de una ley de los nazis y no una ley hecha por la ministra de la CNT Federica Montseny. Pero no, hay que aprender a entender las palabras en su contexto histórico, hay que entender que es absurdo pensar en eugenesia a favor de una raza genética en 1937 porque, para empezar, no existían los medios necesarios para poder hacer eso y porque era una ley no impositiva que dependía de la voluntad de la mujer, ¿Qué proyecto eugenésico podía haber?
No, por eugenesia se entendía no dejar nacer a aquellas personas que, en una época de miseria, iban a tener probabilidades de tener graves enfermedades que les condenasen a una vida miserable. Y por “raza” se puede entender algo parecido a “sociedad” o “ciudadanía” o “nacionalidad”, pues raza era un término muy usado antaño para hablar de conceptos para los que hoy usaríamos esas palabras.
Hay que saber circunscribir las palabras a sus significados temporales, e igual que la ley del aborto de 1937 nada tiene que ver con un proyecto nazi, el derecho de autodeterminación del que se hablaba entonces nada tiene que ver con lo que quiere hoy el nacionalismo.

El “derecho de autodeterminación”, presentado con el eufemismo de “derecho a decidir” en Cataluña, hoy tiene un fundamento claro: Presentar a una “nación” (Cataluña) como una entidad independiente de otra nación (España). Es un proyecto que si bien puede no suponer una ruptura política plena si no le interesa a Cataluña, supone decir que catalanes y ciudadanos de otra parte de España son extraños, extranjeros en la tierra del otro y seres culturalmente ajenos y diferentes. Es un proyecto identitario, profundamente reaccionario, fortalecido y catalizado por el odio y el interés económico y fiscal de una parte que busca su interés personal.
Esto, lo que busca el nacionalismo, es exactamente lo contrario al derecho de autodeterminación que defendía la izquierda previa a la guerra civil. La izquierda previa a la guerra civil no fabricaba naciones, no creaba fronteras, no buscaba el egoísmo económico contra los que eran de su clase en la otra punta de España, lo único que quería era disfrutar de soberanía popular, cercana, de poder controlar sus vidas contra un capitalismo burgués que los oprimía, querían simplemente instituciones verdaderamente democráticas y populares y no derribar a una nación burguesa para levantar otra todavía más embebida de sí misma.
En ese momento no había nada ni remotamente similar a un estado del bienestar, no había impuestos redistributivos, no había nada. La izquierda creía que tomando el control del pedazo de tierra que los rodeaba podrían conseguir la autonomía, superar el servilismo económico y conquistar el pan para sus hijos. Y por eso defendían eso. Si la izquierda hubiese sabido que la “autodeterminación” podría valer para que los habitantes de una zona más rica no contribuyesen al bienestar de una zona vecina no es que no lo hubiese apoyado, es que se hubiese levantado en armas contra aquellos que intentasen dejar a los miserables a su suerte. Debemos entenderlo.

Hoy el mundo es diferente. El estado no crea súbditos y élites, el estado lo que vale es para igualar a los ciudadanos en derechos y deberes. Hoy el estado se debe mirar con los ojos de aquellos jacobinos que vieron en él la manera de poder hacer llegar los cambios revolucionarios al último rincón del país, se debe de ver como lo miraban aquellos norteamericanos que vieron en la federación (en oposición a la confederación) la manera de hacer un país entre iguales.
Aquí hay límites que no podemos aceptar y que debemos combatir frontalmente: NO a crear fronteras, NO a poner trabas a la redistribución de riqueza y NO a limitar la igualdad de los ciudadanos. Ahí no podemos entrar jamás, eso es traicionarnos a nosotros mismos.
Y ¿sabéis lo que os digo? Que fuera de ahí lo demás me da igual, es secundario. Con igualdad, libertad de movimiento y solidaridad interterritorial, lo demás que se gestione como la mayoría quiera. Como dijo Baldomero Espartero “hágase la voluntad popular”, a mi las idioteces estas de las banderas no me gusta nada pero si la gente está entretenida creando saraos y perdiendo el tiempo allá ellos.
Pero dejar que el reaccionarismo identitario y la extrema derecha económica sean los pilares que fuercen una ruptura estatal y que catalicen procesos de este estilo, ahí no voy a entrar jamás. Usar el democratismo a modo de dictadura del 51% para conculcar los principios básicos de la sociedad y de la ley no se puede permitir cuando sus objetivos son los de la élite económica y cuando se pretenden resucitar los demonios de la historia europea reciente.

jueves, 26 de diciembre de 2013

¿Hay diferencias entre Movimiento Ciudadano y UPyD?






















Hace un par de semanas critiqué que muchas personas de UPyD que, ante la presencia mediática de Movimiento Ciudadano y ante ciertas reclamaciones de que ambas fuerzas se unieran, habían comenzado una campaña de críticas hacia el Movimiento Ciudadano de Albert Rivera y a marcar distancias con él.
Observaba en muchas gentes de UPyD actitudes parecidas a las que tiene IU con EQUO (que intenta minusvalorarlo o desprestigiarlo por ser competencia) e incluso cierta actitud conspiranoica diciendo que era un movimiento hecho por gente “del stablishment” para quitarles votos. Obviamente esto me pareció un disparate.
Pero quiero hablar un poco más de este tema y dar mi punto de vista sobre Movimiento Ciudadano y sobre sus diferencias y similitudes con UPyD.

Lo primero que debemos tener claro aquí es el contexto en el que nos movemos. El PP, en sus dos años en el gobierno, ha realizado probablemente el “bienio negro” más duro que ha sufrido España desde la guerra civil. Hay hundimiento económico, destrucción de derechos, crecimiento de la desigualdad, desmontaje del estado del bienestar, corrupción a raudales, leyes represivas e irresponsabilidad política. Vamos, un desastre.
Esto ha llevado al hundimiento del PP en las encuestas. Este panorama es nuevo y nadie sabe realmente cómo se va a comportar el electorado español pero la estimación es que el PP ha podido perder unos 15 puntos en intención de voto, es decir, un tercio de su electorado. Para resumirlo podríamos decir que el PP mantiene el voto de los jubilados y la gente más acrítica y que vota con las entrañas o mirando a la guerra civil, mientras está perdiendo casi todo el voto joven, el liberal y el centrista.
Pero no es sólo esto. En este contexto el PSOE no es que no aumenta en apoyos electorales sino que parece que los pierde. El bipartidismo está, pues, desgastándose fuertemente a lo que hay que sumar el desgaste que ya arrastraba el PSOE del 20-N, y a pesar de esto el resto de fuerzas (IU, UPyD, EQUO, etc) no captan ni la mitad de voto que éstos pierden. El electorado se decanta mayoritariamente por la abstención.

En este contexto es evidente que iban a aparecer movimientos y partidos con el objetivo de captar a tanto descontento. Entre ellos está Movimiento Ciudadano, extensión nacional del partido catalán Ciutadans que tiene muy buena prensa en casi toda España junto con su líder, Albert Rivera.
Cuando se leen los fundamentos de Movimiento Ciudadano éstos parecen muy similares a los de UPyD: Regeneración democrática, independencia entre poderes, todos los españoles iguales ante la ley, un hombre un voto, eliminar duplicidades en la administración española…Vamos, en principio son indistinguibles.
Esta es una de las críticas que le hago yo a Movimiento Ciudadano. Casi todo lo que he listado puede estar compartido por casi toda la población pero el propio hecho de convertir en discurso justo aquello que sabes que es popular no me gusta nada. Las áreas polémicas son aquellas que realmente definen a un partido, y el movimiento, ávido de apoyos, las evita. Si el diablo está en los detalles evitarlos no es muy buena señal.

Para poder hacer una comparativa entre ambas fuerzas he tirado de programa electoral. He leído el de UPyD y el de Ciutadans en Cataluña (puesto que la definición de objetivos del Movimiento es muy inconcreta), pero no me ha servido de mucho. El programa de UPyD está enfocado para el gobierno central y el congreso de los diputados mientras el de Ciutadans está hecho para unas elecciones autonómicas. Este es el problema básico por el que los programas no son trazables y no se pueden hacer comparaciones claras.
Personalmente considero que el programa de UPyD es más izquierdista. Una vez leí un artículo donde se definía a UPyD como “un partido a la izquierda del PSOE al que vota gente que está a la derecha del PP”, una definición con la que estoy bastante de acuerdo (claro que para estar a la izquierda del PSOE no hace falta mucho). UPyD deja clara su preferencia por una política impositiva progresista y progresiva, con impuestos a las grandes fortunas, tasa Tobin, etc. Además son claramente igualitaristas en cuanto a los derechos ciudadanos se refiere en un claro alarde de jacobinismo.
El programa de Ciutadans es más ambiguo en materia económica, pero puede ser debido al entorno catalán en que se ha hecho. A nivel de libertades individuales sí me parece claramente progresista, incluso más que UPyD, pues defiende cosas como una ley de muerte digna, la regulación de la prostitución o la regulación de la venta de cannabis.
Aún así quiero hacer notar que UPyD ha sido más radical al combatir la reciente reforma de la ley del aborto que el Movimiento Ciudadano. UPyD defiende una ley de plazos parecida a la que aprobó el gobierno Zapatero mientras que Movimiento Ciudadano ha pasado de puntillas por la reforma. Rivera la ha criticado fundamentalmente por la eliminación del supuesto de malformación pero no ha sido totalmente claro sobre si prefiere una ley de plazos o de supuestos.

A nivel de líderes tengo que decir que Albert Rivera me parece mucho mejor líder político que Rosa Díez. Yo no quiero negarle valor a la experiencia de Rosa Díez pero es una política que no me gusta y que creo que no debería encabezar un partido regeneracionista. Rivera, en cambio, tiene un discurso refrescante y joven, una dialéctica muy moderna y una forma de decir las cosas que transmite cercanía y energía. No es que sea un orador genial, pero tiene “algo” muy distinto del común de políticos, transmite confianza y eso, en este momento, es de un valor incalculable.
Pero el Movimiento Ciudadano puede estar generando un problema muy grave justo debajo de Rivera, problema que UPyD no tendrá porque creo que ha sabido evitarlo. Mirad, en este momento tenemos a muchísimas “ratas” que quieren saltar de los barcos que se hunden. No quieren saltar porque estén en desacuerdo con la situación política o con las medidas que han tomado sus partidos, quieren saltar simplemente porque han sido marginados en sus partidos o porque ven que dentro de ellos no podrán satisfacer sus ambiciones particulares.
Parece ser que UPyD siempre ha sido muy reacia a la entrada de excargos del PP y también del PSOE en sus filas. No digo que no haya, que los hay, pero sí conozco casos de muchos municipios donde los políticos locales marginados de PP y PSOE querían buscar acomodo en UPyD y el partido no les ha dejado.
En cambio esta gente sí está encontrando acomodo en Movimiento Ciudadano. En la Comunidad Valenciana tenemos el caso de Gema Amor, ex PP y ex zaplanista y actualmente miembro del partido Centro Democrático Liberal (CDL), que se va a unir junto a todo el CDL al movimiento de Rivera. También he leído sobre otro caso de militantes del PP que se han pasado en masa al Movimiento Ciudadano.
Movimiento Ciudadano parece que se está comportando de forma proselitista y está permitiendo la entrada de gente que es precisamente del mismo perfil que supuestamente quieren combatir. Esta gente, con experiencia política, redes de influencia y capacidad de afiliaciones en masa, puede acabar con el control de las agrupaciones locales del Movimiento Ciudadano y eso puede ser un gran problema para el Movimiento en un futuro cercano.

Hay una cosa que sí que me gusta más de Movimiento Ciudadano que de UPyD, y es que no tiene las obsesiones que sí tiene el partido magenta. En la dialéctica comunicacional de UPyD puedes ver un ataque sin cuartel a las CC.AA como entidades despilfarradoras e intrínsecamente contrarias a la eficiencia y a la igualdad de los ciudadanos. También hay más obsesiones en UPyD, como todo lo que huela remotamente a la izquierda abertzale, o contra el nacionalismo en todas sus formas y maneras. Ya sabéis como se caricaturiza a UPyD con aquello de “todo es ETA”.
Movimiento Ciudadano y Ciutadans son exactamente igual de defensores de una España unida que UPyD, pero no son tan extremistas contra el nacionalismo o las comunidades autónomas. Rechazan el nacionalismo, pero no lo tratan como si fuese el mismo diablo, hablan de las duplicidades y de reformar el sistema autonómico, pero no tienen ese pseudo-centralismo dialéctico de UPyD.
Ahora, el proyecto de estructura de la nación es mucho más claro en UPyD. Mientras UPyD defiende un sistema federal con competencias cerradas y claras para cada administración, Ciutadans y Movimiento Ciudadano habla de mantener el estado autonómico con algunas reformas. El planteamiento de UPyD es más claro que el de Movimiento Ciudadano y personalmente me gusta más, porque yo soy defensor de un estado federal con competencias definidas. Resulta curioso que los federalistas usen un discurso pseudo-centralista mientras que los autonomistas no lo hacen.
Sin embargo Movimiento ciudadano parece que es más “moderno” en cuanto a la estructura del partido. Habla claramente de primarias, de listas abiertas, etc. UPyD es un partido que hace primarias y sin avales (importante) pero fuera de eso parece ser bastante más tradicional respecto a la representación política y la estructura interna del partido.


Más o menos éstas son las diferencias que observo, por ahora, entre ambas fuerzas. Sin perder de vista que estamos ante un movimiento incipiente todavía sin una definición clara, creo que mis intuiciones son bastante acertadas. UPyD es más socialdemócrata, jacobino y radical, mientras que Movimiento Ciudadano parece más liberal, moderno y democratista.
Está por ver qué pasa con muchos afiliados de UPyD, que son liberales económicos radicales, ante la irrupción de Movimiento Ciudadano. ¿Se irán? ¿Se mantendrán en UPyD? Creo que la irrupción del Movimiento puede redefinir un poco lo espacios electorales, orientando a UPyD hacia la izquierda y dejando al Movimiento Ciudadano con características más liberales. El electorado potencial de ambos partidos es básicamente el mismo así que tendrán que diferenciarse de alguna manera.

Auguro un buen futuro para ambos en las provincias más grandes, sin embargo y por la naturaleza de nuestro sistema electoral el PP y el PSOE tienen prácticamente secuestrados los escaños de las provincias más pequeñas. Me parece que aquí sí vamos a generar dos Españas, una anclada en el bipartidismo sin solución y otra donde va a ser absolutamente superado. Veremos.

sábado, 21 de diciembre de 2013

La extemporánea reforma de la ley del aborto






















Tengo que reconocer que no pensé que el PP y el ministro Gallardón llegarían tan lejos. Cuando el PP llegó al poder pensé que al final la reforma del aborto sería más bien cosmética, para justificar que cambiaban algo pero dejando las cosas sustancialmente como estaban. Meses más tarde, cuando se comenzó a hablar de la reforma, me pareció que finalmente se cambiaría la ley de plazos por una de supuestos casi calcada a la del 85. Al final ha sido todo mucho peor.
Lo que ha hecho este ministro no tiene comprensión posible, se mire por donde se mire. Es absurdo, contraproducente, arbitrario, contrario a las tendencias existentes en Europa, no soluciona problemas sino que los crea y otorga al confesionalismo cierto ascendente sobre la legislación del estado. Ya no es que la realidad legal que va a generar sea mala, todavía peor es lo que proyecta esta ley en cuanto a la legalidad y los métodos y preocupaciones del gobierno de este país.

La ley del aborto que todavía está vigente en España es una buena ley. Permite el aborto libre en un plazo muy razonable (14 semanas), requiriendo duros requisitos una vez se sobrepasa este límite de tiempo. La ley es plenamente homologable a las leyes de plazos de la mayoría de países de Europa.
La ley de plazos de hizo para cambiar una ley que estaba superada por la realidad. La ley de los tres supuestos de 1985 era, de facto, una ley de aborto libre dentro de las primeras semanas porque gracias al supuesto de “riesgo psicológico para la madre” se podía abortar aduciendo que no se estaba preparada para ser madre. La ley de plazos lo único que hizo fue aclarar la situación y dar seguridad jurídica a una realidad de aborto libre en las primeras semanas que ya existía en España desde mediado de los 80.
Si viviésemos en un país normal todo el mundo hubiese entendido que la ley de plazos suponía una mejora respecto a la ley anterior y la discrepancia se hubiese concentrado en los dos únicos puntos que, quizá, podían ser algo polémicos, que era la posibilidad de que las menores abortasen sin consentimiento de sus padres y la objeción de conciencia de los médicos. Si el PP fuese un partido serio hubiese modificado estos dos puntos y hubiese mantenido el cuerpo de la ley anterior, cumpliendo así su promesa de reforma pero dejando una legislación lógica.
Pero no. El PP, necesitado de movilizar a su electorado más conservador (porque el centrista y el liberal lo tienen perdido) ha legislado para generar dificultades absurdas y moralistas para satisfacción de señoras de misa diaria que no tienen edad de quedarse embarazadas y de señores que no han conocido mujer.

¿Se abortará igual en España a partir de ahora? Por supuesto. El proyecto de ley vuelve a los supuestos pero elimina el de malformación del feto. Aún así manteniente el de riesgo psicológico para la madre y, a través de esa vía, cualquier mujer que quiera abortar por malformación del feto acabará haciéndolo.
Eso sí, el PP ha colocado un camino de mortificación para estas mujeres en algo que parece una forma de “castigo”, una travesía contrarreloj y llena de angustia que el gobierno quiere hacer pasar a las mujeres abortistas a modo de penitencia. Ya no será un médico el que tendrá que validar el riesgo psicológico sino dos, los plazos entre la decisión y el aborto se alargan y se permite la objeción de conciencia para toda la cadena médica.
Todo esto va a llevar a una carrera de obstáculos sin pausa para las mujeres que vayan a abortar. Como los plazos son limitados se generará ansiedad, miedo a que en cualquier punto alguien te niegue el aborto, se obligará a las mujeres a mentir y a actuar…En definitiva, un castigo y una penitencia para hacer que la mujer se sienta un delincuente por ir a abortar. Probablemente muchas se irán al extranjero a abortar para no pasar tanto trámite y luego el gobierno dirá que los abortos se han reducido en España cuando lo que pasará es que se harán en Francia o Reino Unido.
He intentado investigar si el ministro tiene algún caso familiar cercano de síndrome de down o discapacidad similar. Esta obsesión con el tema de la malformación no puede ser sólo una concesión confesional, tiene que haber algo más, algo de cruzada personal en un tema en concreto. No he encontrado nada, pero esto de las cruzadas personales también es muy típico de los malos gobiernos.

Yo he sido crítico a veces con la dialéctica usada en este conflicto sobre el aborto. A mi no me gusta nada cuando se califica el aborto como un “derecho”, porque no lo veo un derecho. No es derecho todo lo que se puede hacer y no está penalizado, derecho es algo más importante, es algo más inherente y relacionado con la sociedad que queremos organizar.
Igual que no hay “derecho” a cortarte las uñas o a hacer el amor con tu pareja, no creo que se deba hablar de un “derecho” al aborto. El aborto lo que tiene que estar es despenalizado dentro de un plazo lógico establecidos por científicos profesionales, que nadie se sienta un terrorista por practicarlo y, sobre todo, que no muera ninguna mujer por recurrir abortos clandestinos.
Aquí parece que olvidamos que uno de los motivos fundamentales para despenalizar el aborto fue la cuestión de salud pública y el salvar vidas de mujeres. Toda la vida ha existido el aborto, desde las civilizaciones más antiguas hasta ahora, y toda la vida va a existir. La cuestión es que nadie muera por hacer algo que igualmente va a hacer, que esto se haga en condiciones de seguridad y que nadie vea coartado su modo de vida por las ideas que una minoría religiosa quiere imponer a la sociedad.
Porque una cosa es que un feto de 6 meses, que posiblemente es viable si se provoca el parto, obviamente no se puede matar y hay que protegerlo, pero otra muy distinta es que unos señores iluminados te digan que un cigoto de 6 semanas es un ser humano porque su Fe se lo dice así. Esto es algo fundamental, algo básico, hay que defender la aconfesionalidad del estado en todas sus consecuencias y expresiones, hay que mantener la religión fuera de las leyes. Aquí no se puede ceder un milímetro porque es una cuestión de principios, y eso es algo que creo que tienen muy claro casi todos los partidos excepto los anacrónicos PP y CiU.

Y todo este disparate legislativo tiene una consecuencia política. La sociedad estaba más o menos convencida ya que el PP y el PSOE eran más o menos lo mismo de forma práctica, que la mayoría de lo que hacían en el terreno económico y político era lo mismo y que las diferencias entre ellos eran dialécticas pero no reales.
Pero claro, cuando llega el PP y monta un disparate de estos y te retrotrae casi a los tiempos de la dictadura piensas “coño, los otros por lo menos no hacían estas cosas”. Pareciera como si el PP estuviese haciendo las últimas leyes (seguridad ciudadana, aborto) para que los ciudadanos más moderados volviesen a mirar al PSOE como una opción razonable de voto, como si estuviesen trabajando para el enemigo. No lo hacen por eso, lo hacen porque son gilipollas y no se enteran de cómo es este país, o quizá sí se enteran y mejor que nosotros y saben que, como tienen la mayoría perdida, más vale crear un bloque aguerrido de extremistas y perturbados que les defiendan aunque estén hundiendo miserablemente el país.
Francamente no lo sé, pero creo que cosas así son un balón de oxígeno para el PSOE y que puede orientar cierto voto desencantado, de nuevo, al PSOE y a ese “voto útil” que tanto daño nos ha hecho. El ciudadano medio, ese que más o menos aguanta las penalidades económicas de esta época, puede acabar pensando que votando PSOE al menos vota gente más normal y mas moderna y que no deja las libertades ciudadanas sometidas a los desvaríos de un partido de desnortados.
Y, personalmente, creo que eso no sería bueno. Porque sí, el PSOE quitaría esta clerical ley del aborto, las multas por protestar en la calle y las reválidas a niños de 8 años, pero hay muchas más cosas que tenemos que cambiar, hay dos ejes que hay que cambiar radicalmente, que son el económico y la regeneración democrática. Y francamente, temo que votar PSOE genere un dique que impida esos dos cambios urgentísimos para este país y que desandemos todo lo que “mentalmente” habíamos ganado.

Sé que este disparate de ley no va a sobrevivir a la próxima legislatura y que probablemente no tendrá más de dos años de vigencia, pero no podemos esperar pasivamente porque esta ley va a generar mucho sufrimiento a muchas mujeres que se van a ver obligadas a abortar en los próximos dos años.
Espero una potente respuesta política por parte de PSOE, IU, UPyD, EQUO y otros partidos, espero que las mareas sanitarias se revelen, espero presión en la calle, que se hable con la prensa internacional para contar lo que este gobierno esté haciendo; y que mediante todo eso consigamos, al menos, que vuelva el tercer supuesto y se retoque alguna cosa más en el trámite parlamentario para hacer más llevadera esta ley durante los próximos dos años.

Y espero que nunca, nunca, nunca más a un centrista o a un liberal se le ocurra votar a esta gente, que han hecho del estado su cortijo para aplicación de sus traumas y batallas personales y han convertido el ejercicio de gobierno en una concesión propagandística para lo más sectario y chiflado de este país.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Austeridad y corrupción






















Hay días en que el lector habitual de diarios se escandaliza ante la enorme cantidad de casos de corrupción que se pueden ver en primera página. El otro día fue uno de esos días. Entre la imputación de la mujer de Ignacio González por el ático de Marbella, los mails de Blesa con Aznar y con otros muchos dirigentes políticos, las condenas de Matas y Fabra, los indicios que apuntan a la infanta, los ERES de Andalucía y las nuevas informaciones de los casos Gürtel y Bárcenas; al lector le parece vivir en un país infestado de corrupción por todas partes y que, además, ésta tiende a quedar impune excepto para los jueces que la persiguen.
Son esos días en que querrías cambiarte de país, en los que apoyarías cualquier cambio revolucionario que acabase con toda una casta política que parece haber destrozado este país. Los instintos de sangre política se avivan y comienzas a plantear en la mente cualquier solución populista por disparatada que parezca. No es culpa nuestra ciertamente, son otros los que han provocado esto.

España realmente no es un país corrupto. Los países corruptos son aquellos en que todas las escalas de la administración y el funcionariado son corruptas, aquellos países donde la policía hace la vista gorda o te quita multas a cambio de dinero, aquellos donde los funcionarios agilizan expedientes a cambio de “donaciones”. No, eso no pasa en España normalmente, en España la administración y los funcionarios no son corruptos como sí pueden serlo en Latino-américa y en África.
Pero donde España si tiene un gravísimo problema de corrupción es en las élites políticas y con toda esa estructura para-funcionarial compuesta de cargos de confianza y de libre designación que, seamos honestos, es mucho más corrupta que el común de la administración. La burbuja inmobiliaria, la obra pública y la privatización de servicios públicos han sido las tres vías claves de la corrupción en España.
Y es importante tener claro esto para plantear políticas eficientes de forma sectorial que eviten la corrupción. Hoy el problema de la construcción está minimizado por la práctica paralización del sector (lo que no exime de cambiar las leyes) pero toda la estructura de las concesiones se debería cambiar radicalmente para evitar lo que está pasando.

El otro día leí un muy buen artículo del politólogo Pablo Simón sobre la corrupción y sobre cómo evitarla. Desde una óptica realista da soluciones copiadas de otros países y desconfía de otras soluciones bastante populares. No estoy de acuerdo con él en todo ni tampoco acabo de compartir la tendencia copista de los politólogos en general, pero es muy interesante leerlo y creo que hay valiosísimas lecciones.
Pablo Simón habla de sistemas de control horizontal (dentro de la administración pública crear sistemas de pesos y contrapesos para evitar la corrupción) y de control vertical (dentro de los partidos, en castigos electorales, etc.), de dotar de medios a la justicia, crear incentivos “negativos” a los corruptos, etc. Es muy interesante, os aconsejo que lo leáis entero.
Adicionalmente a lo comentado allí yo creo que hay una reforma legal muy importante que hacer. Simón dice que de nada sirve cambiar las leyes si no hay medios y tiene razón, pero yo creo que hay un problema adicional que es el extremo garantismo de nuestro sistema judicial a la hora de juzgar estos casos de corrupción. Conocemos demasiados corruptos que no han pisado la cárcel gracias a la anulación de pruebas o a las prescripciones de los delitos, conocemos demasiados casos de procesos judiciales que se dilatan en el tiempo años y años y, algunas veces, se muere el corrupto antes o es tan anciano que luego no lo encarcelan.
Y eso no puede ser. Un sistema puede y debe ser garantista pero no puede ser que el sistema judicial sea toreado sistemáticamente con trampas y que los grandes delincuentes sean dificilísimos de condenar mientras que para los pequeños delincuentes la ley es inflexible. Hay que replantear muchas de las garantías actuales, las posibilidades de tanto recurso y ver todos aquellos puntos flacos por los que la justicia no es eficiente. Y quizá, aunque pueda sonar mal, habría que dar competencias extraordinarias a los fiscales anticorrupción y a las unidades policiales destinadas a la lucha contra la misma.

Los problemas a nivel técnico, legal y de medios son muchos, pero no podemos concentrarlo todo ahí. Incluso por encima de eso hay un problema social que es moral, que es ético. Vivimos en una sociedad cada vez más mercantilizada donde el dinero y la riqueza han ocupado el primer lugar el importancia social de forma indiscutible. Desde hace muchos siglos vivimos en una economía de mercado pero desde hace unos lustros vivimos en algo más, en una sociedad de mercado.
La diferencia entre una economía de mercado y una sociedad de mercado es que en la primera el mercado es el que dirige el sistema económico, pero en la segunda el mercado dirige todos y cada uno de los aspectos de la vida. Hoy casi todo es mercado, desde la educación hasta la salud y en algunos casos hasta el amor. Y una sociedad así ha perdido valores esenciales para la lucha contra la corrupción. Si el prestigio social, la imagen pública o el valor humano acaban estando relacionados de una u otra manera con el dinero entonces estamos creando el más grande de los incentivos para la corrupción.
Pero no es sólo eso: La dependencia económica del dinero es también otro factor que cataliza la corrupción, pero en este caso no en la élites sino en las “masas”. Esa dependencia económica, producto de bajos salarios y de deficientes sistemas de protección social, es la que produce un cuerpo de trabajadores públicos corruptos en muchos países de África y América. A veces temo que aunque podamos arreglar el problema de corrupción de nuestras élites se acabe creando un problema de corrupción entre nuestras masas a causa de tanto recorte de sueldos, tanta destrucción del sistema de protección social y tanto empobrecimiento.
Al final esto es una cadena de transmisión. La corrupción tiene un efecto perverso sobre el gasto público pues crea mecanismos de amiguismo, enchufe y arbitrariedad que acaban generando un sobrecoste terrible en los servicios públicos, algo que empobrece al estado. Y luego, ante esos problemas del estado, se estrangula a la ciudadanía con recortes e impuestos para solucionarlos, transfiriendo esa pobreza a la ciudadanía. Y entonces ya tenemos este caldo de cultivo terrible para tener un país extensamente corrupto. Eso no lo podemos permitir.

Cuando veo a muchos de los ilustres “presuntos” corruptos (Bárcenas, Urdangarín, Ignacio González, Díaz Ferrán, etc) siempre me viene a la cabeza “¿esta gente necesitaba realmente esto?”. Obviamente la respuesta es No y esto tiene mucho que ver con aquello de la sociedad de consumo que he comentado antes, pero no es sólo eso, hay algo más.
En algunos sectores de la derecha se ha dicho a veces, de forma increíble y un tanto estúpida, que la derecha “roba” mucho menos que la izquierda porque los derechistas suelen ser “ricos” de buena familia y los izquierdistas gente pobre de ascendencia más humilde. Esto, que es un disparate, es la típica falacia lógica que personas con poco conocimiento social a veces asumen. Es parecido a aquel argumento de que la envidia es una característica de la izquierda, argumento al que di la vuelta en este escrito.
Pues bien, a veces me planteo si no será al revés. A veces tengo la sensación de que esta gente, acostumbrada a un alto tren de vida, a sus clubs de lujo, a sus yates y sus áticos en Marbella, no valora realmente el valor del dinero. En Comunidades como Valencia hemos visto cómo se ha despilfarrado hasta el extremo, cómo los millones de euros parecían esas monedas de céntimo por las que ni te agachas en la calle. Pienso que el lujo a veces ciega, el dinero pierde su valor real y, en este contexto, te puedes convertir en el peor gestor posible del dinero público.
Por supuesto luego está la cuestión moral, que es la que finalmente decide, pero aún así no dejo de intuir que algo de esto hay. ¿Se hace bien poniendo al frente de las instituciones a gentes acostumbradas a un alto tren de vida?

Sabéis que yo soy una persona austera, lo he contado varias veces. Mi austeridad no sólo se refiere a mi dinero o a mi forma de vida, sino también a aquellas cosas relacionadas con mi trabajo y la forma de gestionar las cosas ajenas a mí.
Yo trabajo en una empresa privada y como es normal muchas veces me veo en la obligación de gestionar los propios recursos de la empresa. Desde los propios gastos inherentes a mi trabajo hasta en el uso de los recursos empresariales, soy siempre especialmente cuidadoso. Ojo, no estoy diciendo que evite hacer una fotocopia o no me lleve un bolígrafo a casa si lo necesito, eso es un extremo absurdo, me refiero a cosas más importantes.
Recuerdo un jefe que tuve una vez que llegó un día dando gritos: “Tengo 9.000 euros que justificar, necesito que me deis facturas de lo que sea”. ¿En qué se habría gastado el dinero? Me parece increíble que se puedan llevar las cosas así, que alguien se gaste 9.000 euros y no tenga justificación para eso. Una cosa es que pierdas facturas y otra son 9.000 euros en gastos, que es producto de un evidente despilfarro a costa de la empresa. ¿Os imagináis a alguien así gestionando una consejería o un ministerio?
A mí no se me ocurre gastarme 30 euros en una cena a costa de la empresa si me puedo gastar 12, no se me ocurre coger el vehículo de la empresa y gastar tiempo y dinero para hacer gestiones que puedo hacer a distancia o por videoconferencia. Me resulta directamente un despilfarro injustificable y absurdo independientemente de quien sea el dinero. Incluso el otro día me sorprendía diciéndole a la secretaria que no “gastase” sobres de papel incluyéndolos en una documentación para un cliente, pues no le hacían falta. Este último punto ya era más una cuestión ecológica mía que una cuestión económica, pero al final estos dos campos no son tan distintos.

Creo que la austeridad, la de verdad y no esto que llaman “austeridad” pero que no es más que quitarle recursos y servicios a las clases populares para mantener el grado de riqueza de las élites, es fundamental para un buen ejercicio del servicio público. Hay que valorar el dinero, entender qué vale realmente un euro y que eso es un recurso que no se puede malgastar alegremente y más cuando no es tuyo.
Un ejemplo de austeridad positiva sería el presidente de Uruguay, Pepe Mújica, el que llaman "el presidente más pobre del mundo". Mújica no vive en el palacio presidencial sino en su humilde casa de campo, viaja en clase turista, conduce un coche viejo e incluso dona la mayoría de su sueldo a labores sociales. Él, según dice, no necesita más, con una parte pequeña de su sueldo lo tiene todo resuelto y se siente “libre” con su poco patrimonio porque así no está esclavizado manteniendo casas y riquezas.
Lo de Mújica obviamente es un caso extremo que no es razonable pedirle a nadie pero creo que es un buen ejemplo de lo que digo. No dejarse deslumbrar por el lujo, no ambicionar más y más estatus económico sin límite, tener valores mucho más importantes que tener dinero, etc. Son cosas que, sin caer en el extremismo, son importante pedirle a un responsable público y a un gestor del dinero de todos.


Otro día escribiré sobre cosas más concretas, como la privatización de servicios públicos que, conforme van saliendo los datos, se van confirmando ruinosas para las arcas públicas e incluso a veces para la calidad de los servicios prestados, algo que es producto en parte de la corrupción política y en parte de la asunción de integrismos basados en una ideología determinada . Pero por hoy creo que ya está bien.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Dos preguntas hacia ninguna parte

















Dice un proverbio chino que para salir del hoyo lo primero que hay que hacer es dejar de cavar. Claro, eso si quieres salir del hoyo, si lo que te espera fuera del hoyo es frío y hostil lo que haces es seguir cavando hasta que se te acaban las fuerzas o alguien te saca de ahí. Esto desgraciadamente creo que es muy habitual en la política.
Este proverbio me recuerda a lo que está haciendo la Generalitat de Cataluña y algunos partidos políticos catalanes respecto al supuesto “proceso” que allí se está llevando a cabo. A pesar de que las señales de que eso no va a ningún sitio son continuas y provienen de todas partes, el president Mas hace oídos sordos a la evidencia y sigue y sigue cavando esperando a que alguna fuerza mágica le de la solución para que no se acaben sus días en política.

En los últimos meses el “proceso” catalán ha quedado de facto abortado. El gobierno de España ya ha dicho que no puede autorizar un referéndum en Cataluña porque eso seria violar la ley. Por ahí se dice que si el referéndum fuese consultivo quizá se podría obviar este problema y realmente no sería lo mismo, pero aún así creo que convocar un consultivo podría ser considerado prevaricación.
Adicionalmente ha quedado bastante claro, por declaraciones de miembros importantes de la comisión europea y de los estados europeos, que si Cataluña se independizase aunque fuese por las buenas automáticamente quedaría fuera de la UE y el euro. Y, leyendo entre líneas todo lo que se ha dicho y ala vista del caso que están haciendo al “proceso” catalán, parece bastante claro que los estados europeos no están por la labor de crear un precedente de secesión exitoso por el simple hecho de no tensionar sus propias fronteras.
La independencia por las bravas, además, parece que tendría consecuencias todavía más graves, porque llevaría a la creación de un estado no reconocido diplomáticamente por la práctica totalidad de los estados que tienen relación diplomática con España. La situación, por tanto, es muy complicada para los independentistas, que legalmente están en un callejón sin salida.

Sin embargo ¿Cuál ha sido la respuesta del ejecutivo catalán y la de los partidos que apoyan la consulta? Por una parte un ataque de megalomanía chovinista, diciendo que nadie dejaría a una región como Cataluña, tan rica y plena, fuera de la UE y del mercado común. Esto, por supuesto, es una soberana tontería que no se puede creer nadie mínimamente informado, pero se dice con una solemnidad tan pasmosa que parece que te lo debas de creer.
Por otro lado se sigue adelante con el “proceso” por una especie de sentimiento de mesianismo infantil, creyendo que al final las cosas serán como a ellos les gustaría que fuesen y que el gobierno español tendrá que aceptar el referéndum por algún tipo de iluminación o de fuerza moral incombatible.
A mi me da la sensación de que muchos políticos catalanes están tratando a su pueblo como si fuese idiota. Todos los políticos en mayor o menor manera lo hacen, con sus soflamas fáciles y su populismo y frases vacías, pero hacer creer a tu propio pueblo que nada de lo que está pasando quiere decir lo que obviamente quiere decir y pretender que se lo crean, con el agravante de estar en una sociedad abierta a la información y no en una dictadura, me parece simple y llanamente pensar que estás tratando con borregos estúpidos y movidos simplemente por sentimientos primarios.
Y lo peor es que a veces podría parecer que es así, porque pocas personas de la sociedad civil catalana se están rebelando contra esto. Yo no creo que no lo estén haciendo porque sean idiotas ni mucho menos, sino porque es muy difícil situarse en frente de una ola popular que ha sabido de bonitos principios manipuladísimos pero que parecen muy democráticos, pero la cuestión es que mucha gente acepta con cierta pasividad la situación. Y personalmente eso da una pésima imagen de un pueblo al que siempre hemos considerado, desde sitios como Valencia, como un pueblo más inteligente en asuntos políticos que la mayoría del país, un pueblo al que siempre miramos con envidia cuando aquí la megalomanía pepera lo invadía todo entre aplausos.

El apogeo de esta situación ha sido la decisión de definir la pregunta y la fecha para ese referéndum que no se va a celebrar. ¿Un órdago de Mas? Conociendo a CiU podría ser, pero se me hace muy difícil pensar cómo va a salir de ésta sin crear un cisma en la sociedad catalana de difícil arreglo en dos generaciones. A mi me da que es más bien infantilismo, que es tan gorda la que puede crear que piensa que alguien le traerá la solución encima de la mesa y podrá desdecirse con argumentos y con algo que ofrecer, pero eso no va a pasar.
En 2014 no se va a hacer ningún referéndum ni ninguna consulta oficial, si acaso se creará un sistema chapucero con votaciones extraoficiales para intentar hacer lo prometido, pero referéndum o consulta legal no habrá. Supongo que el govern, cuando no pueda escapar a la evidencia, la aplazará y que eso llevará inexorablemente a la ruptura con ERC y a elecciones anticipadas, pero ya veremos.
Pero lo más cachondo de todo es la pregunta, bueno la pregunta no, las preguntas. Aprovechando que ICV estaba en el acuerdo y que no quería una pregunta independencia sí o no (porque no son independentistas) se ha hecho dos preguntas. La primera, ¿quiere usted que Cataluña sea un estado? Y la segunda ¿Quiere usted que Cataluña sea un estado independiente?
¿Esto es una concesión a ICV? No lo creo. Es más bien la posibilidad de que salga un resultado ambiguo, que es un SI al estado propio pero un NO a la independencia, que es probablemente el escenario preferido por Mas y CiU. Porque lo que quiere CiU es algo ambiguo, inconcreto, con lo que pueda presionar al estado por un lado pero que le evite los problemas de la independencia o del fracaso por otro.

Para empezar, la pregunta me parece una soberana idiotez. ¿Qué es un estado “no independiente”? Pues es un estado federado. Pero ¿federado cómo? Pues nadie lo sabe. Un resultado SI al estado y NO a la independencia es un pastel infumable, es no concluir nada. ¿Es un estado como los Lands alemanes? ¿Es un estado como los estados de EEUU? ¿O es un estado libre asociado como Puerto Rico con EEUU? Puede serlo todo o puede ser nada. Lo único claro es que no se querría la independencia pero sí ser “otra cosa” y, en cualquier caso y he aquí lo importante, que Cataluña sea un sujeto con capacidad de autodeterminación, verdadero objetivo nacionalista.
Y en ese escenario se podrían entender muchas cosas y cada actor entendería lo que le viniese bien entender. ERC entendería que la población quiere un estado libre asociado, CiU que quiere un reconocimiento de la autodeterminación e ICV intentaría forzar un federalismo de amplísima descentralización en el común del estado. Incluso podría salir otras fuerzas que dirían que un “estado” al final no es muy distinto de una CC.AA y que, por tanto, sólo haría falta un breve retoque del estado de las autonomías. Vamos, estaríamos como al principio, no, peor, pues sería un entorno donde la fuerza más capaz de manipular la ambigua respuesta sobrenadaría sobre las demás.
De hacerse un referéndum (que yo no acepto como he comentado en numerosas ocasiones) debería ser de independencia SÍ o NO, con mayorías claras y teniendo muy claro cuales son las condiciones económicas, políticas y sociales de la secesión. Un referéndum preventivo (antes de una negociación) es una trampa, y uno con varias opciones como este es un dislate.

Yo no sé si los señores de ICV y de CiU se han dado cuenta que el “federalismo” o el “confederalismo” no se puede imponer desde una parte a un todo. Que Cataluña quiera el federalismo puede estar muy bien informativamente, pero no vale para nada. Si Cataluña es parte de España (y ya aviso que lo es) no puede decidir eso, y si no lo fuese y fuese una entidad soberana tendría que establecer negociaciones con otra parte soberana para federarse. Pero es que no hay otra parte soberana, no hay una “España” sin Cataluña, esto es ciencia-ficción política, es una perversa fantasía que está en la mente del nacionalismo catalán y que algunos han asumido sin caérseles la cara de vergüenza.
A mi me da verdaderamente pena la actitud de ICV. Un partido que está claramente en la izquierda no puede estar jugando al juego de los nacionalistas, no tiene ningún sentido. Un partido que está en la izquierda no puede jugar a dividir a los pueblos, a los vecinos, no puede dar alas a un proceso de imprevisibles consecuencias. Un partido que está en la izquierda no puede apoyar algo así cuando sabe que la mitad de la gente que apoya la independencia lo hace porque piensa que una Cataluña independiente sería más rica y ellos no tendrían que pagar impuestos para mantener a los “vagos” andaluces y extremeños.
Lo digo siempre, esto sólo se puede apoyar por nacionalismo político o por neoliberalismo territorial, no hay más opciones. Y si no eres nacionalista y no eres neoliberal no debes apoyar esto. Qué tiene que haber hecho el pujolismo en Cataluña para que el histórico PSUC haya acabado asumiendo el imaginario y la mitología nacionalista, mezclándola de manera absoluta con los principios izquierdistas para crear un engendro ideológico.
Luego se pueden ver en las encuestas nacionales como IU sube en todas partes pero ICV, en las encuestas de las elecciones autonómicas, no. ICV está traicionando muchos de sus principios izquierdistas con este juego y no hay manera de que lo entiendan.

Creo que no llegamos a ser conscientes de lo que se está jugando en Cataluña. No es España o la permanencia de un estado ni mucho menos, es la creación de “derechos” democratistas creados ad hoc para conveniencia de las más variadas teorías o intereses, es la creación dentro del neoliberalismo económico de una evolución territorial y es, también, una prueba enorme para que la izquierda decida si prefiere los objetivos y los principios o si quiere ser buenista y posmodernista y, por extensión, inútil y contraproducente.

 Y más allá de todo esto está el daño creado, las esperanzas frustradas que quedarán, el independentismo como forma de populismo antisistema, el odio que se está generando en ambos lados de la inexistente frontera. Muchos están viviendo encantados con esto, encantados en tapar con la bandera sus carencias y vergüenzas. Y nosotros permitiéndolo, dudando siempre sobre cómo enfrentarnos a esto. Qué frustración.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Unas cuantas verdades incómodas (post provocador)













Bueno sí, es un poco arrogante decir que voy a expresar aquí “verdades” y además parece que pienso que las tengo todas, pero no es más que un poco de marketing blogero, un título con gancho, así que no os asustéis. 
Realmente lo que quiero hacer es expresar algunas cosas breves que no me dan para un texto completo. Algunas ya he expresado alguna vez, otras no, pero todas creo que se deben decir de forma simple y muy directa para que tengan el efecto que busco, que es provocar debate. Por supuesto habrá gente que se sentirá provocada y quizá molesta, pero bueno ese es el objetivo y en los comentarios lo arreglaremos.
Estas “verdades” van a estar un poco desordenadas, pero vamos a ver cómo sale. Allá va:

  • El independentismo sólo está justificado cuando hay una ocupación militar, cuando el “estado” discrimina legalmente a los ciudadanos de un territorio respecto a otros o cuando hay una explotación imperial de riquezas o recursos. También puede estar justificado cuando hay una “metrópoli” y una “colonia” y entre ellas no existe continuidad territorial ni relación cultural, lingüística, histórica ni de ningún tipo. En el resto de casos el independentismo es una ideología REACCIONARIA que sólo persigue el interés económico personal o la construcción de indentitarismos nacionalistas próximos al fascismo.

  • Los partidos políticos minoritarios que se han quejado toda la vida de que los medios de comunicación y los grandes partidos les han boicoteado en su crecimiento, en cuanto consiguen cierta presencia pública e institucional pasan a comportarse exactamente igual con los partidos que son más pequeños que ellos. Izquierda Unida, por ejemplo, intenta desprestigiar a partidos que no se dejan absorber como EQUO o el Partido X diciendo, a través de sus voceros, que son marcas blancas del PSOE o instrumentos capitalistas para quitarles el voto, y también defienden leyes electorales distintas en distintas partes en función de su situación e interés. UPyD también hace algo parecido: Ahora empiezan a decir, también a través de sus voceros y redes, que la plataforma de Albert Rivera está hecha para quitarles el voto y que no supone un peligro para el stablishment a diferencia de ellos (las mismas teorías que IU con los "capitalistas" pero ellos con el "strablishment"). 

  • El tipo de inmigración que ha existido mayoritariamente en los últimos 20 o 30 años está íntimamente relacionada con la globalización y la extensión del imperio neoliberal. Igual que las empresas se deslocalizan para ir a países con mano de obra más barata, también se fomenta la inmigración para sobresaturar los mercados de trabajo y así conseguir bajar los salarios. En el actual orden económico, el “papeles para todos” se convierte en una manera muy efectiva para destruir el estado del bienestar y el valor del factor trabajo.

  • Los señores que se manifiestan en Ucrania no son ni pro-europeos demócratas ni derechistas al servicio del capital internacional. Los que defienden al gobierno pro-ruso de Yanukovich tampoco son ni progresistas que saben lo pérfida que es la neoliberal UE ni autoritarios prosoviéticos; dentro de cada grupo hay de todo y, al final, lo que subyace detrás de todo esto es una lucha de poder de las élites políticas y económicas ucranianas. Hay ucranianos a los que le viene muy bien estar bajo el paraguas de Moscú y vivir de un régimen escasamente democrático y hay otros que querrían ocupar el poder y hacer negocios con occidente. Situarse a favor de uno u otro grupo de forma vehemente desde España como si fuesen purísimas representaciones de ideologías extrapolables a nuestra realidad me parece que es no entender absolutamente nada.

  • La bárbara ley de seguridad ciudadana que está actualmente en trámite tiene un precedente similar en la historia democrática española. Sí democrática, no en el franquismo, sino en la democracia republicana. Es la ley que se conoció como “ley de defensa de la república” promulgada algo antes de la constitución republicana y que tuvo una vigencia de dos años. Con la ley de defensa de la república el gobierno prohibía la muestra de banderas monárquicas, los vivas al rey o cualquier cosa que pudiese interpretarse como un ataque directo contra el régimen republicano. Como veis algo parecido a la actual ley en lo que respecta a las “ofensas a España” o los ataques a las instituciones del estado. Igual esto es una sorpresa para aquellos que pensaban que la II república fue un periodo donde la democracia era equiparable a las democracias avanzadas más actuales, pues no lo era. Otro ejemplo, la famosa “ley de vagos y maleantes” que tantos estragos hizo durante el franquismo también fue promulgada por el gobierno republicano de Azaña (si bien es cierto que se aplicó muy suavemente comparado con lo que hizo el franquismo con ella). La legitimidad de la II república y la locura del golpe de estado contra ella nadie la puede poner en duda, pero pensar que era una época de amplísimas libertades y de democracia pura es absurdo. La república tenía muchas leyes que hoy consideraríamos represivas, producto de la época, las circunstancias y de cómo se entendía el gobierno entonces. Una cosa es defender (históricamente) la república y otra muy distinta es idealizarla, algo que no tiene sentido.



Me interesa mucho ver cuál de estas 5 “verdades” provoca más a los lectores. Me parece que toca muchas cosas que provocan filias bastante firmes, como el partido de uno, la percepción histórica que justifica un yo político, el sentimiento nacional o ciertas convicciones políticas sin duda bienintencionadas.
Además, así hago una entrada algo más corta de lo que viene siendo habitual últimamente, que luego me critican por ahí que se tienen que coger días de vacaciones para leer mis larguísimos posts.

sábado, 7 de diciembre de 2013

El PIB y el decrecimiento


Florent Marcellesi















Hace unos días entré en una cadena de mensajes de twitter con Florent Marcellesi y otra gente de EQUO debido a un comentario mío en que decía que el decrecimiento, como idea política que “vender”, no iba a ser aceptada por la sociedad de hoy y que difícilmente puede establecerse sin más como criterio electoral principal para presentarse a unas elecciones.
Twitter es un mal espacio para debatir, sobre todo cuando comienza a aparecer gente en copia en los mensajes y por tanto disminuye el espacio disponible para escribir de 144 caracteres a 40 o 50. Se acaba resumiendo en exceso, soltando frases que se malinterpretan o incluso diciendo directamente tonterías.
Es por eso que escribo este escrito, para explicarme y porque creo que está muy relacionado con otros escritos anteriores míos como los del post-posmodernismo o el de la sociedad del desempleo estructural. Os pongo en antecedentes.

Florent Marcellesi es un miembro del partido EQUO al que tuve la posibilidad de conocer el pasado octubre. De origen francés, es un activo y prolífico teórico del decrecimiento, quizá el máximo exponente de esta doctrina en EQUO. Mi colega Don Ricardo escribió por aquí el otro día que pensaba que Marcellesi estaba no sólo a la izquierda de EQUO sino también a la izquierda de IU y yo, a pesar de que a veces estas etiquetas de “izquierda” o “derecha” me parece que están en exceso manoseadas y desnaturalizadas, comparto esta afirmación.
Respecto a la teoría del decrecimiento no quiero extenderme aquí, pero haciendo un resumen muy simple podríamos decir que consiste en la creencia de que es necesario decrecer económicamente, es decir, que deberíamos comenzar a fabricar menos productos y servicios. La justificación de esto es que con estas tasas de crecimiento económico vamos a un futuro de colapso de ciertos recursos, de daño irreversible a la naturaleza y finalmente al colapso económico.
Dentro del ecologismo se opone parcialmente al crecimiento o desarrollo sostenible, que propone un crecimiento económico mucho más respetuoso con el entorno y los recursos naturales, considerándose que con esta sostenibilidad en la actividad económica no iríamos al colapso económico y medioambiental que predice los decrecentistas. Personalmente tengo la sensación que los defensores del “desarrollo sostenible” son muy mayoritarios dentro del movimiento ecologista europeo y español, mucho más que los decrecentistas. Aún así tampoco hay que ver esto como dos teorías radicalmente enfrentadas.

Mirad, yo personalmente considero que los decrecentistas tienen razón a largo plazo o incluso posiblemente a medio plazo. Los recursos son limitados, nuestras tasas de producción no son medioambientalmente sostenibles a medio plazo y evidentemente por este camino vamos a llegar a carencia de materias primas o recursos en algún momento.
¿Se puede corregir esto convirtiendo el desarrollo en sostenible? Creo que en principio sí. En algún momento nos encontraremos con el fin o el decaimiento en las reservas de petróleo, pero esto se podrá solventar con otro tipo de energías renovables o todavía no explotadas. Lo mismo podría valer para cualquier materia prima, que podría cambiarse por otra. Esto, en principio, debería bastar para poder seguir produciendo productos similares o sustitutorios de los que no podamos fabricar por carestía de algo.
Pero el problema de esto es el sistema económico. El capitalismo, en su versión más pura, abomina de las reglas, las regulaciones y las prohibiciones legales. Su fuerza motriz es obtener el máximo beneficio con el mínimo coste y esto lleva inexorable y cíclicamente a crisis por sobreexplotación o sobresaturación de cosas. Al final y siendo abiertos de mente, una crisis capitalista por sobreexplotación de algún recurso o una crisis provocada por el pinchazo de una burbuja económica no son tan distintas. Ambas cumplen el proceso de sobreproducción primero (de productos o de actividades) y colapso de esta sobreproducción después.
Así pues ¿puede haber crecimiento sostenible con capitalismo? Convengamos que, para ello, debería haber un poder regulador que no mire por la ganancia económica (fuerza motriz del capitalismo) sino por criterios de sostenibilidad, bienestar general y medioambiental (criterios ajenos al capitalismo). Sería, pues, un capitalismo hiperregulado, un capitalismo que cada vez estaría más dirigido y que tendría menos grados de libertad. Sería un capitalismo desnaturalizado, necesariamente desnaturalizado para evitar su propio colapso y la parasitación extrema de los recursos naturales.

Si creo en el desarrollo sostenible ¿por qué digo que los decrecentistas tienen razón? Pues muy sencillo. A pesar de que el desarrollo sostenible es posible creo que ese proceso no puede ser infinito. Va a llegar un momento en que el crecimiento económico va a parar, por muchas causas: Porque va a llegar un momento en que se va a reducir la población, porque va a llegar un momento en que la sustitución de un recurso por otro va a encarecer o dificultar procesos productivos, porque la mala distribución de renta puede hacerse tan extrema que no tenga sentido producir lo que no se puede comprar, etc. Hay multitud de horizontes políticos, económicos y medioambientales que nos llevan inexorablemente a concluir que el crecimiento no será infinito.
El decrecimiento es, pues, algo que va a llegar en algún momento nos guste o no, hagamos algo o no. El asunto es que si no hacemos nada, es decir, si es el sistema capitalista el que en un ciclo económico empieza a decrecer o en algún momento comienza un lento declive, entonces las consecuencias económicas serán catastróficas porque sin crecimiento el capitalismo se paralizará y golpeará a las clases subalternas de forma brutal. Trabajar con el decrecimiento en la cabeza lleva a que se pueda gestionar, ordenar y minimizar los efectos de esta inevitable realidad futura.

Bien, digamos que yo respeto, acepto y asumo las teorías decrecentistas, aunque con mis propios tiempos y estructuras, y precisamente por eso habrá algún lector confuso por mi rechazo a que esto se haga central en un programa o en un discurso electoral por parte de EQUO. Lo explico.
Sé que estoy recurriendo mucho a Antonio Gramsci en los últimos meses, pero creo que la aportación del intelectual italiano es muy importante y que su concepto de hegemonía es básico para entender las sociedades. Y en nuestra sociedad, en nuestro mundo occidental, el crecimiento del PIB como tótem económico está absolutamente aceptado por la inmensa mayoría de la población.
Esto podemos comprobarlo en cosas tan sencillas como que la gente cree que cuando el PIB vuelva a estar en positivo y salgamos de la “recesión” significará que salimos de la crisis. La realidad es que un crecimiento del PIB del 0,1% o un decrecimiento del -0,1% nos da una situación bastante similar, pero la manipulada población cree en estos nuevos dogmas. Y no sólo se sacraliza el PIB entre gente ignorante en asuntos económicos, pues podemos ver discusiones bastante tecnificadas sobre cuanto crecimiento del PIB es necesario para que se genere empleo en España.
Al final el PIB y el crecimiento económico son dogmas grabados a sangre y fuego en la sociedad, en una amplísima mayoría de la misma. Esto es un clarísimo caso de hegemonía cultural, de una idea que las clases y grupos dominadores han vendido de forma absolutamente exitosa en base a su interés. Porque realmente un alto crecimiento económico es lo único que puede compatibilizar, en el sistema capitalista, un alto grado de beneficios empresariales con una pequeña mejora en la calidad de vida de las masas. Sin ese alto crecimiento las masas retrocederían en bienestar (como ahora), y entonces las posibilidades de replanteamiento del sistema, rebelión o revolución aumentarían mucho, y esto pone en riesgo la posición prevalente de estas clases y grupos dominantes.

Así pues lo primero que hay que destruir es el tótem de la economía moderna: El crecimiento del PIB como valor supremo. Y me preguntaréis ¿por qué no directamente planteando el decrecimiento? Pues porque eso es ir demasiados pasos por delante, es querer hacer un gran salto que ahora no podemos conseguir. Si a la gente se le plantea una dualidad de crecimiento económico vs decrecimiento no tenemos nada que hacer y menos con la radical propaganda de la práctica totalidad de medios que se plantearía en contra. Igual que los marxistas entendían que después del capitalismo venía el socialismo y no se podía ir al comunismo directamente, debemos entender que después del productivismo no puede venir el decrecentismo, sino una alternativa intermedia.
Así pues lo primero que hay que hacer es cuestionar el crecimiento del PIB como factor de desarrollo. Y, para eso, hay que aprovechar las circunstancias y enlazar con otras teorías económicas que nos pueden valer para hacer entender esto. Y es muy importante tener en cuenta una cosa: El crecimiento que se ha dado en los últimos 30 años ha sido básicamente por la creación de burbujas, con las consecuentes consecuencias. Sin burbujas, el crecimiento de las últimas tres décadas hubiese sido escuálido en el mejor de los casos y hubiésemos vivido en una crisis de baja intensidad permanente.
Muchos economistas lo defienden y yo también lo creo: A no ser que entremos en una cuarta revolución industrial (¿Fusión nuclear? ¿Robots inteligentes?), los crecimientos económicos del pasado producto de las revoluciones industriales precedentes no van a volver. Y si no vuelven habrá que asumir toda una catarata de problemas que se van a producir: Empobrecimiento de las clases bajas, destrucción de las condiciones laborales, paralización de la capacidad productiva, paro estructural, etc.
Y como no queremos esto hay que cambiar el sistema, hay que modificar el sistema en el sentido de que los beneficios de la productividad amparen a todos (algo imposible en la actual regulación del capitalismo), hay que usar esta redistribución de los beneficios de la productividad para intentar movilizar las fuerzas productivas y laborales repartiendo el trabajo, creando un cuarto sector de trabajo social, etc.

Al final mi posicionamiento es táctico. Sí, llegará un momento, en décadas o en más tiempo, en que el decrecimiento será una realidad, pero no podemos saltar entre situaciones de esa manera. Hay que ir poco a poco, vayamos a un terreno intermedio donde desacralizar el crecimiento, en el que repartamos la riqueza y el trabajo, en el que recuperemos la economía local y relacional, en el que “liberarnos” del mercado en varios ámbitos, en el que comencemos un cambio cultural y de valores donde la ostentación materialista y el valor del dinero sea desplazada por valores de bienestar más humanos.
Ese terreno es amplio, enlaza claramente con el desarrollo sostenible y puede tejer amplias alianzas con fuerzas favorables a una fuerte redistribución de la riqueza y a la economía local. No olvidemos a Gramsci de nuevo, no olvidemos la necesidad de amplias alianzas para poder desplazar la actual hegemonía cultural.
Espero que se entienda ahora cual es mi posicionamiento. Creo que EQUO necesita un mensaje algo más “suave” en este aspecto, más integrador y donde no ponga patas arriba toda la estructura económica. Los partidos deben de crecer, deben obtener representación parlamentaria y a veces hay que ser algo “electoralista” en el sentido de que hay que adaptarse parcialmente a la sociedad. Y en España el medioambientalismo y posicionamientos tan transparentemente a favor del decrecimiento creo que no son nada populares y mucho menos en este momento de crisis terrible.

Espero que nadie entienda esto como una crítica a Florent Marcellesi y mucho menos el propio Florent. Marcellesi es un político muy interesante, un divulgador preparado y recomiendo encarecidamente a todo el mundo que le siga en su blog y/o por twitter.
De hecho voy a decir más. Florent Marcellesi se ha presentado a las primarias para ser el cabeza de lista de EQUO a las elecciones europeas. Junto con él hay muchos otros, entre ellos Reyes Montiel, ex diputada de IU en la asamblea de Madrid, que creo que es claramente la favorita. Pues bien, para ser cabeza de lista a las europeas yo votaría sin lugar a dudas a Florent Marcellesi, tanto por sus ideas como por su claro perfil personal adecuado para estar en el parlamento europeo. Florent me recuerda un poco a Daniel Conh-Bendit, con esos orígenes nacionales mixtos pero todos muy europeos, lo que creo lo hace muy buen candidato para el puesto.

Sus ideas me gustan, aunque no las comparta todas. Su aportación al parlamento europeo estoy seguro que sería muy buena. Pero creo que el discurso decrecentista no debe exponerse como base política y como horizonte a corto plazo, sino como fuente enriquecedora de un discurso eco-socialista más “clásico”.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

El futuro de la constitución






















El 35 aniversario de la actual constitución española ha llegado en un ambiente en el que se habla de su reforma desde casi todos los ámbitos (excepto desde el gobierno). Menos el inmovilista PP, todos los demás partidos y prácticamente todos los grupos de opinión política proponen reformas o, desde posiciones algo más radicales, directamente un nuevo proceso constituyente que nos lleve a una nueva constitución.
Como imagino que se va a hablar mucho de esto durante estos días quiero aportar mi visión sobre la actual constitución y su reforma, mirando al futuro y dejando el pasado temporalmente de lado, pues creo que comenzar a replantearnos lo que se hizo en 1978 carece de demasiado sentido.

Para empezar tengo que deciros que yo no soy ningún fan de las reformas de la constitución. En este país y sobre todo desde la izquierda hay mucha tendencia a querer que la constitución lo fije todo, que sea rígida en lo que respecta a los derechos sociales y que sea la constitución quien fije el “izquierdismo” de las políticas públicas.
Esto me parece claramente un error y creo que refleja cierta desconfianza política proveniente de la poca seguridad en las capacidades de convicción social de uno mismo. Una política de izquierdas debe hacerse desde el gobierno y pretender que sea la constitución la que rígidamente la fije me parece propio de un predeterminismo un poco perezoso. Parece que se pretende ganar una mayoría social coyuntural, rehacer la constitución fijando la irreversibilidad de las políticas sociales y redistributivas de la izquierda, y luego echarse la siesta confiado de que en el futuro y ante mayorías sociales diferentes no se va a poder tocar nada. Es como si se le quisiese poner un corsé a un futuro gobierno de derecha social o privatizadora.
Pero esto no es así. Si se quiere una política izquierdista hay que trabajar día a día, ganar la hegemonía cultural y estar permanentemente alerta ante las fuerzas que quieren deshacer lo ganado. Si se hace una constitución a imagen y semejanza de unas políticas propias lo único que se consigue es que una eventual nueva mayoría no vaya a respetar la constitución y haga una nueva. Y eso es crear un peligro importante.

No obstante siempre hay cosas que están ganadas por la opinión pública y que sí se podrían consolidar a nivel constitucional. Por ejemplo, en España la idea de una sanidad pública está fuertemente aceptada a nivel social y la práctica totalidad de partidos la defienden (aunque alguno quieran privatizar la gestión). Así pues en casos como este sí sería una buena idea que la constitución recogiese el derecho a una sanidad gratuita y la necesidad de que exista un sistema público de salud.
Menos acuerdo existe sobre la necesidad de haya un sistema público de pensiones, pero creo que el suficiente para que este derecho también se pueda constitucionalizar. Ya hay una referencia a las pensiones en la constitución que dice que los poderes públicos deben garantizar pensiones en cuantía suficiente, pero siguiendo la norma de nuestra constitución esto de demasiado ambiguo y permite cualquier fechoría. Igual que en el caso anterior la idea sería cerrar la puerta a una posible privatización aunque se debería dejar abierta la manera de gestionar el sistema, que puede ser coyuntural.
Generalmente los gobiernos siempre encuentran maneras de “bordear” los mandamientos constitucionales y adaptar parcialmente las leyes para que el tribunal constitucional no se las tire atrás, pero si se pone alguna frontera clara sí que podemos garantizar algunas cosas. Por ejemplo en Portugal ha sido la constitución del país la que ha evitado algunos de los destrozos sociales que quería implantar el gobierno de la troika que gestionan los ministros portugueses. Este es un buen ejemplo de una constitución que funciona.

Personalmente creo que hay cosas en nuestra constitución que están obsoletas o son directamente absurdas. Quizá no se quiera entrar en tocar la forma de estado monárquica (aunque en mi opinión se deberían regular vías para su alternativa) pero lo que no parece que tenga ningún sentido es que tenga prioridad el varón sobre la mujer.
Otra cosa que hay que cambiar es la estructura del estado. La constitución española fue hecha en un momento en que el estado era unitario y dejaba abierta una evolución federal. Ahora el estado es pseudo-federal y creo que lo que toca es constitucionalizar y fijar esa situación. Adicionalmente, si queremos un estado federal moderno, deberíamos dejar claras las competencias de cada administración y la funcionalidad del senado, si lo hay.
Porque el senado es la otra cosa que hay que arreglar. El senado actual es absolutamente absurdo y hay que reformarlo en una de estas dos direcciones: O haciéndolo representante de las CC.AA, o eliminándolo. Todo esto debe ir de la mano del sistema federal que se quiera constitucionalizar.

Pero si hay algo que se debería cambiar de la constitución es el procedimiento de reforma. La constitución actual tiene dos procedimientos de reforma, uno para los artículo no esenciales, que requiere de 3/5 de votos de las cortes generales, y otro para los esenciales, que necesita de 2/3 en dos cortes generales sucesivas y, además, un referéndum.
Este procedimiento lleva a que una minoría pueda bloquear reformas constitucionales necesarias o incluso a que reformas donde todos están de acuerdo no se hagan por la necesidad de disolver las cortes y hacer un referéndum, como sucedió con lo de eliminar la prioridad del varón en el acceso a la corona.
Es posible que los artículos esenciales necesiten alguna garantía adicional para su reforma, pero dos cortes generales por 2/3 y un referéndum es un mecanismo que congela cualquier reforma. Y llegará un momento en que será urgente reformar y entonces montaremos un lio terrible porque no podremos hacerlo.
Yo creo que hay que reducir la cantidad de artículos esenciales y eliminar aquello de las dos cortes consecutivas, que es redundante y más habiendo un referéndum. ¿Y la mayoría de 2/3? Pues ahí tenemos un problema y no por la barrera teórica (que puede ser razonable) sino por la naturaleza del sistema electoral. Por ejemplo, si ahora sale un parlamento algo más pulverizado como se prevé es bastante razonable pensar que un partido que saque menos de un 25% de los votos pueda sacar más del 33% de los escaños. Y seguramente sí es razonable que un 33% de la representación popular pueda bloquear cambios esenciales, pero si ese 33% de representantes viene de un 23% de votos entonces tenemos un problema, porque entonces sí una minoría clara estaría boicoteando el cambio.
Un procedimiento de reforma más flexible es, pues, necesario y es la primera reforma que hay que realizar.

Si la constitución se queda obsoleta y se muestra incapaz de cambiar iremos irreversiblemente hacia un nuevo proceso constituyente. No es que me importe, de hecho hacer un proceso constituyente ahora tendría ventajas aunque también tendría el inconveniente de que nos podríamos encontrar con una mala constitución aprobada por una minoría. Y por eso creo que se podrían preservar las cosas buenas de la constitución del 78 (que las tiene) mediante una buena reforma y, sobre todo, con una buena reforma sobre su futura reforma.

No obstante, insisto, dejémonos de atajos y planteamientos permanentes. La política se hace todos los días y la mejor manera para mantener una política es tener en cuenta siempre, siempre, que hay que ganar la hegemonía social para tus ideas y para el modelo que defiendes. Sin eso, todo se va al garete tarde o temprano.