La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces http://lasuertesonriealosaudaces.blogspot.es/







miércoles, 8 de enero de 2014

Democracia radical vs Democratismo















Ante el descrédito de nuestra clase política y la evidente desconexión entre la acción y voluntad de nuestros electos con los deseos de la población, en países como el nuestro se han comenzado a pedir mecanismos de democracia directa como solución para intentar recuperar la soberanía y volver a tener una “democracia real”.
Las propuestas son variadas: Listas desbloqueadas, elecciones primarias abiertas a la ciudadanía, referéndums consultivos o vinculantes para ciertos temas, propuestas de e-voting y e-goverment, etc. Excepto las eminentemente relacionadas con internet y los medios informáticos, el resto no son cosas nuevas ni nada desconocido: En muchos países están vigentes y se llevan haciendo durante décadas.
En los EEUU hay elecciones primarias en los dos partidos digamos “institucionalizados” como también las hay en partidos como el socialista francés, etc. En Suiza o en los propios EE.UU hay referéndums vinculantes para los más diversos temas nacionales o locales, en muchos países hay sistemas electorales con listas abiertas o unipersonales, etc. Nadie está pidiendo, pues, peligrosas teorías que jamás se han llevado a cabo.

Yo soy un firme partidario de esta profundización en la democracia, de poder llegar a una “democracia radical” donde los ciudadanos hagan algo más que elegir una siglas cada cuatro años. Creo que debemos profundizar en la división de poderes, creo que debemos implantar un sistema electoral más representativo que combine la proporcionalidad con la representatividad, ayudado con otros mecanismos internos de los partidos. Creo que se deberían ir implantando mecanismos de primarias en todos los partidos políticos y que éstas sean preferentemente abiertas a los simpatizantes y respetando el voto de las personas y no de las agrupaciones.
También creo que hay que superar la democracia de los partidos y avanzar hacia la democracia en ámbitos donde los partidos políticos no influyan. Creo que se debe poder elegir al jefe del estado y observo con simpatía propuestas como poder elegir al fiscal general del estado por sufragio universal. Me gusta como en algunos países los jefes de policía o algunos miembros del poder judicial son electos por los ciudadanos y creo que deberíamos estudiar cómo extrapolar este sistema aquí.
Me gustan también mucho los presupuestos participativos en los consistorios locales, en que los ciudadanos decidan a qué dedicar ciertas partidas del presupuesto local. Esta idea se podría ir ampliando hacia arriba para poder decidir por ciertas políticas públicas de desarrollo de infraestructuras para hacer así responsable a la ciudadanía de los destinos de la nación. También quiero ir abriendo vías experimentales hacia el e-goverment.

Todas estas cosas se enmarcan en esa democracia radical de la que he hablado, o en el “radicalismo democrático”, llamadlo como queráis. Pero creo que a parte de estos impulsos hay otros distintos que yo enmarcaría dentro de lo que llamaría “democratismo” radical y que creo que es una degeneración de esta democracia radical.
Creo que era el ya fallecido José Luis Sampedro quien decía que los -ismos eran la degeneración de la palabra. Que tener capital era bueno pero que el capitalismo era la degeneración de aquello, el convertir al capital en lo único importante; que ser paternal era algo positivo pero que cuando se convertía en paternalismo ya la habíamos fastidiado. Los -ismos extremaban la importancia y presencia del término y degeneraban sus características positivas hasta convertirlas en negativas.
El democratismo sería, pues, convertir a la democracia y a la voluntad de la mayoría en lo único importante, en algo que se puede superponer a todo y que puede arrasar como un rodillo sobre cualquier otra cosa. El democratismo implicaría que la voluntad del 51% de la población (y no haría falta ni eso) podría someter al otro 49% en cualquiera de las decisiones colectivas que esta mayoría quisiese.
Pero este democratismo, este poder de la mayoría que obviamente es lícito en muchísimos casos, si se convierte en una idea totalitaria puede acabar chocando con otros principios democráticos como son la libertad individual o el respeto a las minorías. Y entonces se crea un problema donde el democratismo se sitúa en contra de los principios democráticos.

Casos de democratismo hay muchos pero el más cercano que tenemos de ellos es el famoso “derecho a decidir” del que hablan los nacionalistas e independentistas catalanes. Desde la óptica nacionalista lo que se piensa realmente es que Cataluña tiene derecho de autodeterminación porque es un pueblo o una nación externa e inconexa a España, pero para hacer más aceptable este pensamiento decimonónico y reaccionario se ha teñido y camuflado con un principio democratista, el derecho a decidir.
Bajo este derecho a decidir un 51% de la población puede decidir lo que le de la gana, porque son mayoría. En el caso que nos ocupa un 51% de la población de un lugar determinado podría decidir la secesión de un territorio y la creación de un estado propio, independientemente de las consecuencias, independientemente del pensamiento del otro 49% e independientemente de que la decisión tomada sea probablemente no reversible y condene a la población a asumir para siempre las consecuencias de una decisión que puede ser coyuntural.
Obviamente en un sistema democrático muchas cosas, quizá la mayoría, deben ser decididas por esa mayoría que emana del sufragio. Pero la cuestión es que es necesario saber dónde esa mayoría no puede entrar, donde no puede un 51% decidir por los demás y es necesario una mayoría mucho mayor y dónde ni siquiera toda la población menos una persona debería poder decidir sobre la vida de esa persona.
Cuando hablas de la secesión de una parte de un país no lo puedes hacer de forma democratista. Primero porque estás creando un precedente peligrosísimo por el que cualquier mayoría local podría reclamar el mismo derecho y, de concedérselo como obviamente debería ser concedido ante el precedente, las sociedades comenzarían a avanzar hacia la disgregación social absoluta, hacia la tribalización, hacia la intolerancia con el vecino y hacia un egoísmo incompatible con la propia realidad de la sociedad.
Y segundo porque la secesión de un territorio no es una cuestión baladí, afecta a millones de personas que van a perder (o cambiar) derechos y libertades que antes tenían y que serían trastocadas por la secesión. Por ejemplo, imaginemos el tema de las nacionalidades e imaginemos que el estado español no quiere conceder la ciudadanía española a todos los catalanes por puro sentido de la reciprocidad. En ese caso a un catalán no nacionalista se le haría elegir entre ser español o catalán. Un catalán que trabaje en Zaragoza perdería los derechos como nacional, y si no quiere perderlos y decide mantener la nacionalidad española se convertiría en extranjero en su propia patria. Como este ejemplo de la nacionalidad podría haber otros.
Una secesión de un estado conformado y vehiculado por tantos siglos de unidad no se puede decidir de forma democratista. Una cosa es que un porcentaje muy mayoritario de la población la desease la independencia de forma no coyuntural, de forma sostenida en el tiempo e independiente del cambio generacional y que la unidad vigente generase problemas de convivencia evidentes; entonces se debería buscar una solución. Pero eso es una cosa y otra es el democratismo como sustento a algo problemático e irremediable como es una secesión.

El peligro democratista no está sólo en estas cuestiones “nacionales”. Imaginemos que se somete a votación si los terroristas merecen la pena de muerte. Muy probablemente la mayoría de la población diría que sí y mañana tendríamos un sistema con pena de muerte para delitos de terrorismo. La ciudadanía, en este caso, votaría por instintos primarios y esa es una de las razones por la que los legisladores no proponen nunca que cosas como estas se decidan en referéndums.
Pero ahora vayamos más allá e imaginemos que no es el terrorismo sino un terrorista en concreto, por ejemplo De Juana Chaos. Un porcentaje altísimo de la población pediría para De Juana Chaos la pena de muerte, pero someterlo a votación social sería terrible. Convertiría la seguridad jurídica y el derecho a la igualdad de penas ante los mismos delitos en papel mojado, se generaría un show terrible donde los delincuentes serían privados de su vida por la cambiante voluntad de un público soberano, al más puro estilo de reality show televisivo.
Podréis pensar que el problema es cuando se personaliza una decisión, y que si bien decidir a favor de la pena de muerte es democrático ya no lo sería en el caso de decidirla para una persona en concreto, pero no es así. Si la personificación de la decisión democratista en este caso hace saltar las alarmas en otros casos puede ser incluso menos grave que la implicación generalista. Un ejemplo:
Imaginemos que se puede inhabilitar para el voto por decisión popular y que la gente decide inhabilitar al conocido presentador televisivo Jorge Javier Vázquez. Esta personificación nos parece impresentable, aunque realmente no sabemos por qué ha inhabilitado la ciudadanía a este señor, si porque les parece un histérico incapaz, un ignorante o por otra razón. Imaginemos otra: Lo han inhabilitado porque es homosexual.
¿Qué es peor, inhabilitar personalmente a una persona o inhabilitar a la gente por ser gay? Obviamente si hacerlo personalmente parece disparatado hacerlo por ser gay, musulman o minusválido sería algo que violaría los más claros principios de la igualdad ante la ley y la protección de las minorías. El peligro del democratismo no es, pues, su aplicación al particular, también es su aplicación a conceptos generales donde la voluntad coyuntural no debe ser la fuente de la legislación o donde directamente prevalece el ámbito personal sobre el colectivo.

Creo que es muy importante saber fijar dónde deben estar las barreras del democratismo para que la democracia prevalezca. El equilibrio entre las libertades individuales y el poder de la mayoría debe ser respetado aunque a veces nos impida tomar caminos fáciles a la hora de alcanzar nuestros objetivos políticos. Adicionalmente el límite no está siempre claro, hay algunas cosas que para algunas personas serían derechos individuales y para otras no, y esto puede ser producto de una percepción moral distinta o de cuestiones de interés personal. Hay que tener cuidado y ser prudente.
Observo en esta sociedad frustrada cómo ciertas tendencias democratistas radicales se están consolidando en las opiniones de mucha gente. Temo que esto sea un caldo de cultivo para el populismo que puede venir en el futuro, pues este democratismo puede ser el arma de los tiranos para alcanzar el poder como lo han hecho en el pasado algunas veces.
Quizá sea el radicalismo democrático precisamente la vacuna para no acabar degenerando unos impulsos producidos por la frustración y el hartazgo. Una sociedad responsable, que exige responsabilidades, que se implica, que es escuchada y obedecida a la hora de crear las leyes que rigen el interés general, es el mejor remedio para evitar radicalismos absurdos y autodestructores. Pero cuando se considera a los ciudadanos como niños pequeños a los que manejar y engañar, entonces es cuando los peores instintos y las degeneraciones de las justas doctrinas acaban explotando en agresivas revoluciones.  

7 comentarios:

  1. De acuerdo totalmente con el concepto de radicalismo democrático pero creo que los mecanismos de los que hablas requieren una educación democrática previa. Los procesos de primarias (y ya hay experiencias previas, pregunta en el PSOE) si no implican a la población no van más allá de ampliar la base de la militancia con un número exiguo de simpatizantes que generalmente solo sirve para ampliar el campo de una batalla interna. Creo más en los candidatos por distrito para mejorar la cercanía a sus electores, las circunscripciones etéreas como en las europeas solo sirven para fomentar la abstención. Mención aparte merece el ejemplo de democratismo en Catalunya, ahí tenemos puntos en desacuerdo, entendiendo que la disgregación de un Estado no debe ser un proceso simple, minimizar la voluntad de la mayoría, aun siendo corta solo agrava los problemas. O eso o aceptamos que el camino correcto nos lo marcó ETA hace años

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Ricardo,

      Sí claro, pero la educación democrática a veces solo se puede conseguir "haciendo prácticas". Si en EEUU o Suiza la democracia directa funciona y la gente se implica es porque llevan muchos años en ella y han sido educados en un país donde está normalizado. No veo la manera de crear esa cultura si no es con la práctica.

      En el caso que comentas del PSOE a mi me parece que las primarias de ese partido son una farsa, por dos razones fundamentales: 1º/ Votan las agrupaciones, no los militantes, porque las agrupaciones cambiaron el sentido de su voto en el propio congreso al "venderse" a un candidato. 2º/ La exigencia de avales desproporcionados, que convieterte las primarias en algo dirigido por el aparato.
      Las primarias deben hacerse para saber la voluntad de los militantes y/o simpatizantes, no para crear un espejismo de democracia interna como ha hecho el PSOE.

      Respecto a la mejor fórmula electoral yo creo que, en la España de hoy, no podemos ir a circunscripciones uninominales, porque eso sería enraizar aún más el bipartidismo contra la voluntad popular actual. En España la gente está acostumbrada a votar siglas y sería muy difícil que este sistema diese resultado a corto plazo mientras que hundiriamos la proporcionalidad.
      Yo soy mas partidario de un sistema como el Alemán, con mitad de candidatos en lista nacional mitad en lista uninominal, y luego una corrección para asegurar la proporcionalidad. Hay más variables, pero creo fundamental ganar proporcionalidad. La representatividad también es importante, pero hay mecanismos adicionales como las primarias o el desbloqueo de listas que pueden ayudar a esto sin hundir la proporcionalidad.

      Respecto lo de Cataluña sé que tenemos discrepancias, aunque no he acabado nunca de entender exactamente cuales. Mi posición sobre lo que pasa en Cataluña es clara y la he expresado en varios artículos. Hacer lo que pretenden no se puede, ceder ante el nacionalismo catalán tampoco. No es que quiera ignorarlos, pero si la consigna es "tenemos derecho a la autodeterminación" la verdad es que no sé cómo se puede gestionar esto...

      Saludos,

      Eliminar
  2. Pedro,

    Me ha gustado esta entrada y en particular, que empleas el término “división de poderes” en vez de “separación”. Parecerá una tontería, pero es un matiz muy importante ya que la “separación” de poderes indudablemente conduce a un reino poderoso de Jueces, como quiere gran parte de los peperos en España. Me ha llamado la atención como en el tema de las primarias estamos opuestos y debería ser “al revés” ya que yo vivo en un país con ese sistema y sé que mal no les va. Pero también me gusta much la ciencia política y precisamente el sistema partidista es mas “democrático” en su sentido “popular”. Esto fue lo que escribi hace tiempo con respecto a las listas cerradas en nuestro sistema:

    “Que los diputados se atengan a las decisiones del partido es, precisamente, lo más democrático. Ello se debe a que nuestro sistema es de voto a una lista cerrada y bloqueada, con lo cual, lo más legítimo para el ciudadano es que los miembros de esa lista cumplan con la labor que le es encomendada, esto es, representar al partido al que pertenecen. Por otra, parte, las listas abiertas y desbloqueadas perfeccionarían la democracia y permitirían el voto disidente, pero dificultarían sobremanera el voto, con lo que muchos ciudadanos tendrían mayores complicaciones al votar. O lo que es lo mismo: ¿es más democrático un sistema de voto complejo, que permite una mayor concreción al expresar el voto, o uno más sencillo, que permite a más ciudadanos votar correctamente?”

    Tema Jefe del Estado: Soy monárquico asi que no entro en esa cuestión porque es obvio no estamos de acuerdo.

    Tema jefes de la policía -- Estoy bastante de acuerdo con eso y se da mucho en el sur profundo de EEUU con sus “sheriff” y demás. En NY el alcalde elige su propio jefe, pero éste está sometido al “City Council” en última instancia.

    Tema presupuestos: A ver si no vas a estar muy en el fondo de acuerdo con m tasa comunal por cabeza. Precisamente, eso presionaría a los ciudadanos a mirar con lupa los gastos locales, salvo que quieran seguir con los aumentos de tasas.

    ResponderEliminar
  3. II. Democratismo

    Hablas del democratismo con respecto a varias cuestiones pero precisamente algunos de los mecanismos que defiendes (jefes de la policía o poder judicial elegidos, primarias, etc) facilitan de sobremanera las ideas democratista-populistas. Mira el caso de EEUU—Ha surgido ahora un grupo de Wisconsin que dice ser “satánico” y quiere poner una estatua de Satanás en un estado tan profundamente religioso como es Alabama. Mientras, en Alabama, ya han dicho varios populistas locales que si son elegidos, van a prohibirle la entrada al pueblo a gente “satanist”. ¿Cómo solucionarias un problema así?

    Con respecto a la pena de muerte para de Juana Chaos, pues seguro recordarás el duro debate que hubo en mi web porque yo dije que De Juana Chaos debe ser excarcelado y que se le protejan sus derechos fundamentales en libertad. Recuerdo que mucha gente me dejó de hablar y realmente, creo, se sentían dolidos o “traicionados” por mí, pero creo que los que defendimos sus derechos hicimos lo correcto en un sistema liberal. Pero al margen de esa valoración mía personal, me da la sensación que esos “instintos primarios” de los que comentas, en el fondo tienen su origen en que no se ha profundizado (educativamente) con la educación en igualdad. La gente no concibe que de Juana Chaos o gente como él en general merece los mismos derechos procesales que los demás. Tienen empatía, pero es una empatía distorsionada – por su “amor” a las víctimas del terror o de tal o cual cosa que valoren, es necesario “odiar” a lo que representa lo contrario. Vuelvo a citar algo que dije sobre esto hace tiempo: “Las satifacciones privadas no pueden justificar la opresión pública. Cuarto, los principios liberales deben exigir la responsabilidad del individuo sin caer en juzgar de forma denigrante o entrometida el “cómo” han usado sus libertades fundamentales.” Seguro que habrás oído alguna vez comentarios tipo “puff, pues esa chica abrió las piernas asi que ahora le toca parir” (como si hubiera cometido un delito, cosa que obviamente mantener relaciones sexuales antes del matrimonio no es delito en sistemas laicos).

    Por lo demás, de acuerdo. Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En cuanto a lo de los etarras (o cualquier otro criminal), no creo que sea una cuestión de empatía, sino de comprender y aceptar que una cosa es lo que una persona, o un grupo de personas siente, incluso lo que harían, y otra bien distinta lo que debe hacer el estado y un gobierno.

      Eliminar
  4. Hola Alfredo,

    Realmente hay una frontera difusa entre lo que es el radicalismo democrátrico (en concreto su llamamiento a la democracia directa) y el democratismo, y tu has puesto el ejemplo de la secta satánica. La cuestión aquí es saber en donde se puede aplicar esta democracia directa y en donde no.
    Por ejemplo en el caso que propones: ¿Qué dice la ley? ¿Se puede limitar la entrada en un pueblo a un grupo determinado? Un sheriff electo debe de cumplir la ley no inventársela, y entonces si hay una ley por la que no se puede limitar la entrada de personas entonces se acabó la discusión. No entra en sus competencias y punto.
    ¿Y si existe la ley? Pues entonces el problema es de la ley, que permite actuaciones personalistas y que coartan los derechos de las personas.

    Dices: "empleas el término “división de poderes” en vez de “separación”"

    La verdad es que no lo he hecho conscientemente. Soy defensor de la separación de poderes, pero tampoco me parece razonable que la judicatura se convierta en una entidad endogámica sin ningún control.
    Debe existir la independencia judicial, los jueces deben poder enfrentarse al ejecutivo, pero están sometidos a la ley. A mi no me parece bien que el parlamento elija íntegramente los miembros del CGPJ, pero tampoco me parecería bien que fuese algo endogámico. No sé si eso ha tenido algo que ver en la elección de la palabra.

    "Ello se debe a que nuestro sistema es de voto a una lista cerrada y bloqueada, con lo cual, lo más legítimo para el ciudadano es que los miembros de esa lista cumplan con la labor que le es encomendada, esto es, representar al partido al que pertenecen"

    Creo que aquí olvidas algo fundamental. Estás suponiendo que los partidos cumplen su programa electoral y obvias que el sistema de la partitocracia española se ha convertido en una realidad que bloquea la soberanía.
    Hoy, por ejemplo, tenemos un gobierno que está dirigido por un partido, y este hace lo que le da la gana independientemente de lo que haya prometido en el programa electoral y de lo que opinen los electos. Si los diputados tuviesen más indepedencia y no dependiesen del partido hay cosas que no hubiesen pasado.
    Por ejemplo, ayer Celia Villalobos pidió "libertad de voto" para la reforma del aborto. Villalobos es una mujer que es muy liberal en asuntos de libertades públicas. Ya votó a favor del matrimonio homosexual saltándose la disciplina de voto y ahora quiere votar en contra de esta reforma.
    La reforma de la ley del aborto no la quiere la mayoría de la población, pero el PP jerárquicamente la impone. Si los diputados fuesen más libres seguramente no saldría adelante, pero hoy los diputados son esclavos de la cúpula de su partido.
    ¿Para qué demonios queremos diputados si no son más que robots apretabotones? Eso es lo que pasa en España y eso no se puede permitir. España tiene un sistema partitocrático dual que ha violado la soberanía y hay que cambiarlo. Ese es nuestro problema, y una de las soluciones son diputados de elección directa y más independientes de los partidos.

    Tú estás en una cultura distinta, la americana, y en una situación donde la minoría del Tea Party está creando unos problemas enormes que, de tener los EEUU nuestro sistema, no pasaría. Pero yo hablo para España, para sus problemas, y aquí ni tenemos minorías bloqueadoras ni problemas de gobernabilidad.
    Aún así como le he respondido a Ricardo yo defiendo un sistema mixto como el Alemán, con lista de partido y con diputado por circunscripción uninominal, que junto a un buen sistema de control democrático dentro de los partidos creo podría acabar con nuestros problemas.

    Saludos,

    ResponderEliminar
  5. http://www.youtube.com/watch?v=WLYa44fuE-c

    ResponderEliminar