La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces http://lasuertesonriealosaudaces.blogspot.es/







lunes, 17 de febrero de 2014

Medios de comunicación y regulación (I)




















En el debate de hace un par de semanas sobre las primarias algún lector me dijo que uno de los problemas que veía a las mismas era que los medios de comunicación podían condicionar la elección de uno de los candidatos y que eso podía aumentar la fuerza e influencia de los lobbies en la política.
A este argumento respondí que, a pesar de ser cierto, esto no era especialmente diferente respecto a lo que pasa en una campaña electoral tradicional donde los medios se sitúan claramente a favor de un partido o un candidato. De todas maneras me quedé con la sensación de que debía ampliar esta idea y hablar específicamente del papel de los medios de comunicación y de la realidad de los mismos en España.

El funcionamiento de la prensa en España (voy a comenzar con la prensa porque es el medio que mayoritariamente crea opinión) es básicamente el siguiente: Tenemos varios periódicos y cada uno de ellos tiene su línea editorial a favor de un partido político. Esto es algo habitual en cualquier país, pues en todos los países los periódicos suelen estar próximos a un partido u otro, pero en España tenemos una realidad que lo condiciona todo: La publicidad institucional.
Desde siempre pero fundamentalmente en los tiempos más recientes donde los lectores de la prensa en papel han disminuido fuertemente y el número de empresas que se publicitan en la misma también, la publicidad institucional ha sido una de las fuentes principales de ingresos de los periódicos. Estar próximo a un partido político permite a un diario recibir ingresos por publicidad institucional de parte de las administraciones que gobierna el partido al que apoya.
No es que se regale publicidad institucional a los medios afines y se boicoteé a los no afines, esto no funciona así. Teóricamente hay unos criterios de transparencia y ecuanimidad detrás de la publicidad institucional, lo que pasa es que siempre hay maneras disimuladas para que reciba más dinero quien quieres “subvencionar”. Por ejemplo, hace unos meses el president de la Generalitat catalana Artur Mas insertó publicidad institucional por valor de más de dos millones de euros en el grupo Godó (editor de La Vanguardia, diario afín a CiU) bajo diversas justificaciones como promocionar el uso del catalán. Otro ejemplo es el ministerio de sanidad de Ana Mato, que hace unos meses hizo una campaña de sanidad en la que los diarios La Gacela y La Razón recibieron mucha más publicidad que el diario El País, a pesar de que este último vende muchísimos más ejemplares. Como estos casos hay muchos más, pues esto pasa con casi cualquier administración en cualquier parte de España.

Hay que entender que la publicidad institucional no solo vale para promocionar a la prensa afín sino también para “suavizar” a la prensa teóricamente contraria. Un diario de amplia tirada al final recibirá dinero de todo tipo de administraciones y, por tanto, se establecerá un tipo de “servilismo económico” de esta prensa hacia las administraciones y los partidos que las gobiernan. Esta es una de las razones por la que los medios más leídos (y que más publicidad institucional reciben) suelen ser editorialmente más “moderados” (El País, El Mundo) y los más residuales tienden a ser más radicales y disparatados (ABC, La Razón), tanto en la crítica como en el aplauso.
La influencia de la política en los medios no se acaba aquí, al revés, comienza aquí y se extiende por multitud de ámbitos. Por ejemplo, las empresas privadas afines a los partidos también suelen enfocar su publicidad hacia los medios afines a esos mismos partidos en proporciones que poco tienen que ver con la tirada de los mismos. Esto obviamente tiene un trasfondo de ilegalidad , favores y corrupción que es difícilmente demostrable ante la intangibilidad de las causas.
Adicionalmente hay unas claras retroalimentaciones entre la prensa y la televisión, tanto pública como privada. Por ejemplo, las tertulias televisivas (importante fuente de creación de opinión en TV) suelen llenarse de periodistas de los principales medios escritos. Las televisiones privadas suelen priorizar a los periodistas de medios del mismo grupo mediático (¿Nunca habéis pensado por qué Marhuenda está en todos los programas de La Sexta?) y las públicas, si están controladas por el poder político para ofrecer una información parcial como es habitual, suelen llevar a los periodistas de los medios más serviles con el poder político. Televisión y prensa se retroalimentan así.

Hace unas semanas el director de El Mundo Pedro J. Ramírez fue cesado de la dirección del periódico. La causa fundamental de este cese fue una cuestión económica provocada en un pequeño porcentaje por la caída de las ventas de El Mundo y en mucha mayor proporción por la retirada de parte de la publicidad institucional del diario y, también, de mucha de las empresas privadas que antes se publicitaban, algunas muy próximas al PP y relacionadas con el caso Bárcenas.
Pedro J. no es santo de mi devoción ni mucho menos, creo que es manipulador, amarillista y dogmático en muchas cosas, pero es obvio que se le ha cesado a causa de esta caída de ingresos que ha sido provocada directamente por el gobernante Partido Popular. La publicidad institucional y las relaciones partido-grandes empresas son las que han provocado la caída de un periodista que si bien les había servido en el pasado ahora era un periodista incómodo.
Es muy importante entender esto para ver que en España no hay prensa absolutamente libre. Nos hemos quejado muchas veces de que los diarios de las distintas tendencias tratan con guante de terciopelo al partido de su tendencia política incluso en situaciones escandalosas, situaciones que en otro país hubiesen supuesto una portada pidiendo la dimisión del gobierno. Esto ha pasado por ejemplo con el caso Bárcenas, donde ninguno de los diarios se ha atrevido a titular a cinco columnas “El presidente debe dimitir” como seguramente hubiese pasado en cualquier país al norte de los pirineos.
¿A qué consecuencias se hubiese enfrentado un periódico que hiciese esto? Ojo que no es ese solo el problema, hay también un problema cultural y otros problemas de diversa índole, pero la razón económica y la alimentación de la prensa por parte de las administraciones públicas es fundamental para entender por qué cierta prensa no se atreve a “mojarse” ni a criticar con la contundencia debida. Y la naturaleza de esta alimentación pública también es fundamental para entender, quizá, por qué en la España posterior a la transición nunca se ha podido consolidar un periódico de izquierdas cuyo último intento fue el diario Público, que no se pudo mantener en papel y ha acabado convirtiéndose en uno más de los medios online.

El problema de tener unos medios de comunicación que sirven a los partidos que gobiernan y que, por tanto, ayudan a que sigan gobernando mediante su promoción mediática, es intuitivo y evidente para todo el mundo. Se ha creado un juego turnista donde partidos y medios son parte de los bloques enfrentados. El cuarto poder, la prensa, se junta con este magma político producto de la fusión de los tres poderes del estado acabando todos dependiendo finalmente del partido, creando así una especie de “totalitarismo” dual. Montesquieu no es que esté muerto como dijo Alfonso Guerra, es que lo han proscrito.
Claro, esto crea un “tapón”, genera un sistema que se protege a sí mismo y que evita que otros entren. La información sobre el resto de partidos es siempre residual y es justificada por su escasa presencia en las instituciones, pero es que su presencia que es así de escasa debido en parte a su no presencia mediática (y también en parte por un sistema electoral que perdura, también, gracias al dominio de los partidos beneficiados). Y los partidos minoritarios se quejan y con razón, dicen que no se les da a conocer, que no se cuenta lo que hacen, algunos incluso se quejan de su invisibilidad.
De hecho cuando los partidos nuevos o minoritarios aparecen en los grandes medios suelen hacerlo como comparsas para el sistema turnista, como parte del juego para debilitar al otro. Por ejemplo, VOX está apareciendo muchísimo en EL PAÍS sencillamente porque así el diario de la “izquierda dinástica” hace daño al PP al dar a conocer su escisión. Por razones similares de dio a conocer a UPyD en su momento, porque hacía daño al PSOE. Hoy, con mucha más presencia institucional, UPyD sale lo mismo en los medios o incluso menos (excepto en el EL MUNDO pedrojotista).
Otros partidos que por distintas razones no sirven a este juego, o son nombrados residualmente o directamente ni se habla de ellos. Todo esto ha despertado la imaginación de los partidos y ha generado las más diversas estrategias para poder dar a conocer las nuevas candidaturas, la última de ellas nuclear los partidos nuevos alrededor de personajes televisivos que tienen presencia en las tertulias políticas de las distintas televisiones.

Creo que, más o menos, este es el plano general. No he hablado de las consecuencias que tiene todo esto para del despotismo político, la corrupción y los incumplimientos electorales, creo que todo el mundo la ve por sí mismo. Tampoco he hablado de cómo se manipula la información que tiene que ver con los intereses del grupo editorial, manipulación grosera cuando se trata de política internacional. Se haría demasiado largo.

En el siguiente escrito hablaré de qué creo que se puede hacer para convertir los medios de comunicación en algo más ecuánime y que sirvan más para su función original y constitucional, que es informar, y no para la manipulación y la consecución del interés empresarial del grupo editor.

1 comentario:

  1. A la espera entonces de tu segunda entrada. Me interesa bastante este tema así que esperaré a ver lo que se te ocurre.

    Saludos

    ResponderEliminar