La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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miércoles, 19 de febrero de 2014

Medios de comunicación y regulación (y II)













La diputada de Compromís Mónica Oltra me hizo un comentario el otro día por twitter que me hizo pensar. Yo estaba respondiendo un comentario de alguien que se quejaba sobre la financiación de los partidos políticos y de las subvenciones encubiertas a los medios de comunicación mediante el mecanismo de la publicidad institucional que ya comentamos. Le repliqué que no tenía nada que ver un caso con el otro, que los medios de comunicación eran privados mientras que los partidos trabajaban exclusivamente para el estado y su funcionamiento. Pero Mónica entró en la conversación me puntualizó “cuidado con esto de que son privados, porque tienen una función constitucional que cumplir”.
La puntualización era procedente. Los medios de comunicación privados son privados, pero tienen también una responsabilidad pública porque tienen el deber de ser fuente y vehículo de información. Por eso la libertad de contenidos y de expresión de los medios debe saber compatibilizarse con otros parámetros como la información veraz o ciertos límites lógicos a la “libertad de expresión”. Y este es un terreno resbaladizo y muy complicado, porque si no se acierta a regular acertadamente esta realidad podemos o limitar la libertad de expresión o crear un marco de desinformación y control de contenidos por un lobbie mediático, ambas situaciones peligrosas e indesables.

Enlazando esta idea genérica con la situación comentada en la anterior entrada ¿qué cambios necesita en panorama mediático de nuestro país? ¿Qué regulaciones adicionales necesitamos para evitar cualquiera de los dos excesos comentados en el párrafo anterior? ¿Qué debemos hacer ante la descarada subvención de los medios españoles por parte del estado mediante la publicidad institucional? Voy a intentar listar unas cuantas ideas que creo mejorarían nuestra situación.
Yo creo que el pilar básico en el que tenemos que edificar cualquier cambio debe ser una acertada regulación del funcionamiento y funciones de la televisión pública. En España, país donde las televisiones públicas suelen ser manipuladas por el poder político a conveniencia del gobierno de turno, quizá el modelo más exitoso haya sido el que se estableció en TVE con los gobiernos Zapatero, sistema destruido posteriormente por el PP.
Creo que cabe poca duda que la TVE más plural y menos servil con el gobierno fue la de la época de Zapatero. El modelo se basaba en la elección del presidente de RTVE por 2/3 del congreso de los diputados por lo que debía contar con el respaldo de los grupos principales, además de un estatuto de información y alguna otra cosa. Con este sistema RTVE tuvo el mejor funcionamiento en términos de neutralidad que se recuerda en España.
A nivel internacional quizá el modelo más exitoso y que tiene la admiración de casi todo el mundo es la BBC británica. Las BBC se ha demostrado increíblemente independiente respecto a todos los gobiernos británicos, sea el de Thatcher, el de Blair o cualquier otro. La razón para esta independencia realmente no es “legal” o regulatoria, creo que está relacionada más bien con la cultura británica y con la tradición de un medio que tiene casi un siglo (comenzó siendo un servicio de radiodifusión).
Muchas veces me he preguntado si esa independencia puede tener que ver con que la BBC se financia mediante un impuesto específico que pagan quienes tienen aparatos de TV en el Reino Unido. Al ser una financiación directa entre el pueblo y el ente (realmente el gobierno no financia directamente) esto puede haber facilitado este espíritu independiente. Ojo, no quiero decir que se deba imitar este sistema en España, de hecho me resulta impensable y nadie lo aceptaría, pero lo dejo ahí como idea o explicación.

Además de RTVE tenemos muchas otras televisiones autonómicas públicas. Hay quien dice que hay que eliminarlas pero yo no estoy de acuerdo, creo de hecho que esto responde a ciertas tendencias populistas facilonas sobre austeridad que la gente compra ante el páramo de ideas en que nos encontramos. Eliminar televisiones autonómicas en autonomías que tienen dos lenguas oficiales es implanteable porque uno de los objetivos básicos en estos sitios debe ser hacer un medio en la lengua propia de la región (que siempre tendrá infinitamente menos presencia mediática que el castellano), pero tampoco estoy a favor del cierre de estas TV en otras comunidades. La existencia de una TV pública no tiene por qué ser excesivamente costosa, la cuestión es dimensionarla adecuadamente.
Las televisiones autonómicas deben tener una regulación de contenidos y una garantía de pluralidad similar a la de la RTVE que hemos comentado antes, pero también deben tener una programación específica. Una TV pública, pagada con el dinero del contribuyente, no está para emitir fútbol, ni fórmula 1, ni invitar famosos que cobran un dineral ni para imitar a una televisión privada. La idea es que sea garante de la pluralidad informativa, que informe sobre los asuntos regionales pero también para que sirva como soporte para las productoras de TV locales, para el teatro y el cine de la comunidad, para que sea vehículo de expresión cultural y para poder generar unos contenidos alejados de los de la televisión comercial y que sean de interés general.
Esto creo que es especialmente importante en territorios con lengua propia, donde la exportación de cultura hecha en el idioma local es bastante complicada. Un buen ejemplo en este campo es la TV3 catalana, que ha promocionado series en catalán que luego sí se han podido exportar al resto del mundo como las “pulseres vermelles” o también ha dado a conocer a la compañía “El terrat” (productora de Salvados o Buenafuente). Ojo, no es que la TV3 sea ejemplo de nada informativamente hablando, pues en los últimos años sus informativos y línea editorial ha degenerado de manera grotesca hacia la manipulación a favor de la causa de turno, me refería más bien a su política histórica a nivel de series y producción propia.
Este tema de las televisiones autonómicas es un tema muy sensible en Valencia, donde los partidos de la oposición que van a gobernar en 2015 han prometido recuperar Canal 9 pero nadie ha propuesto muy bien cómo. Yo creo que debería recuperarse una televisión no muy grande y bien proporcionada, absolutamente plural, con debates y programas políticos, donde podamos ver series o programas de Albena Teatre, ver a Xavi Castillo, ver series de Trivision (L’alqueria blanca) y que sirva como vehículo para el desarrollo de la industria audiovisual valenciana, de los periodistas que genera esta tierra y, en definitiva, que sea algo bastante distinto al decadente Canal 9 que degeneró y hundió el PP.

Las televisiones públicas deben ser la base de este sistema pero es obvio que el campo de los medios privados es mucho más amplio que el de los públicos. Y respecto a los medios privados hay varias cosas que debemos tratar.
Para empezar, debemos romper esta “mordaza” que crea la publicidad institucional y romper de una vez por todas las relaciones prensa-partidos que tenemos en España. ¿Se debe eliminar la publicidad institucional? ¿Se debe concentrar sólo en los medios públicos? Yo creo que a nivel televisión sí sería procedente que sólo se emitiese en las televisiones públicas pero a nivel de prensa eso no se puede hacer porque no hay prensa pública.
¿Qué hacemos con la prensa? Yo desconozco si es necesario que la publicidad institucional exista en los medios privados o si es simplemente un sistema de transmisión de prebendas, pero si es necesaria es fundamental que se cree una estricta regulación que distribuya esta publicidad entre todos los medios de forma igualitaria y con remuneraciones acordes con factores objetivos. Es importante acabar con la arbitrariedad y con las trampas que se hacen para subvencionar a los medios afines.
¿Esto puede acabar con muchos periódicos, obligándolos a cerrar? Puede ser, pero creo que es un sacrificio necesario. Un periódico que sobrevive por la subvención pública tramposa no es un periódico, es un órgano de propaganda y no debería existir. Yo sé que el sector está duramente castigado y que hay que tener cuidado, pero no podemos permitir un estado de las cosas como el actual.

En todo esto de los medios de comunicación privados siempre tengo una idea que me ronda la cabeza y que se está aplicando en muchos países latinoamericanos: Las leyes de medios. Una ley de medios es básicamente aquella que impide la concentración de muchos medios de comunicación en manos de un mismo grupo mediático con el objetivo de evitar un oligopolio y un cuasi-monopolio.
A mí la idea me parece buena, pues creo que es importante garantizar la pluralidad y acabar con los lobbies mediáticos que sirven a sus propios intereses y pueden manipular la democracia misma, el problema es que en muchos países de Latinoamérica estas leyes se han hecho adhoc para destinatarios concretos. Por ejemplo, en Argentina se dice que esta ley se ha hecho contra el grupo Clarín, enemistado con los Kirchner desde hace unos años (antes era aliado). En países como Venezuela también se han usado leyes así contra enemigos políticos.
Una ley no debe hacerse contra alguien o algo sino que debe tratar una problemática general o implantar unas ideas de gestión social. Yo creo que en España no tenemos un problema de concentración de medios tan fuerte como en muchos países de Latinoamérica pero la verdad es que, ante la crisis del sector, se están produciendo fusiones y adquisiciones y quizá es el momento de poner límites a un problema en ciernes que nos puede explotar en pocos años. Hoy podemos ver como Antena 3 o La Sexta, del mismo grupo editorial, tienen líneas editoriales absolutamente distintas pero ¿y si eso cambia? ¿Y si un grupo mediático se sitúa frontalmente contra un gobierno y unifica las líneas editoriales con ese objetivo? Cuidado porque podríamos tener un grave problema.
Yo soy partidario de establecer una ley así, con cautelas. Hay que evitar esta concentración de medios, hay que evitar que esta crisis de los medios de comunicación acabe con un macro-grupo empresarial que domine la escena pública y ponga en jaque la propia democracia.

También sería importante crear una regulación específica que defienda de pluralidad política. Esta regulación existe sobre la publicidad electoral en televisión donde los partidos más variopintos tienen presencia (mínima, pero la tienen) junto con los partidos grandes. Supongo que esto es una herencia de los tiempos de la transición y de las primeras elecciones democráticas.
Pero la realidad hoy es que la publicidad electoral no vale para nada. Cuando llega la campaña una gran parte de la población tiene decidido su voto y, quien no lo tiene decidido, no lo decide por la publicidad sino por debates, tertulias, etc. Así pues creo que debemos actualizar esta regulación para que se pueda expresar la pluralidad política en todo momento y no sólo en campaña electoral.
Este terreno es complicado y hay que regularlo sensatamente. Hay que acabar con el acaparamiento casi absoluto que tienen los dos principales partidos de los tiempos televisivos y de las páginas de los periódicos, pero por otro lado tampoco se puede estar dedicando largo tiempo a cualquier grupo de frikis que se junten para pasar el rato y decir disparates. Deben haber unos criterios de preferencia, que el tiempo sea proporcional a cuestiones objetivas como la presencia institucional, en número de afiliados o simpatizantes o cosas así.
Pero cuidado, tampoco podemos ser absolutamente proporcionales en base a estos factores porque entonces lo único que estamos haciendo es retroalimentar la situación. Si los partidos con más votos o afiliados son los que ocupan toda la presencia mediática se bloqueará el conocimiento de otras fuerzas, que jamás podrán crecer y darse a conocer. Hay, pues, que intentar esta cuadratura del círculo para garantizar la pluralidad, ser ponderado con los tiempos y no dar pábulo a los frikis. Obviamente es complicado.
Se podría intentar que cundiese ejemplo promoviendo una alta pluralidad en los medios públicos, esperando que la población validase esta pluralidad con su audiencia y que así el resto de medios lo copiasen. También se podría crear algún órgano específico que garantizase la pluralidad informativa a nivel de partidos y grupos políticos, emitiendo recomendaciones y buenas prácticas sobre pluralidad. La opción más radical sería obligar a los medios a dar informaciones sobre todos los partidos, pero algo así podría ser incluso peor que la situación actual porque aunque se obligue la presencia no se pueden obligar los contenidos. Imaginemos que un medio se ve obligado a dar información de, no sé, UPyD cuando no quiere darla, fácilmente podría sólo sacar a Toni Cantó diciendo disparates o mostrar a Gorriarán metiéndose el dedo en la nariz u orientar toda la información obligatoria de forma absolutamente manipuladora. ¿Qué ganaríamos con eso? Nada.

Finalmente quizá habría que buscar una solución a todos los problemas que existen para los periodistas y que quizá ampliaríamos con leyes así. El periodismo es una de las profesiones más castigadas por la actual crisis, habiendo muchísimos periodistas en paro, habiendo sido precarizados gran parte de los que quedan trabajando e incluso extendiéndose obligatoriamente aquello del freelance para poder trabajar.
¿Cómo arreglamos esto? Realmente es complicado. No es cuestión de “subvencionar” a los medios, pero quizá sí se podría ayudar fiscalmente de alguna manera. Últimamente hay varias cooperativas de periodistas que intentan sortear la crisis y su precarización. Quizá se podría crear un marco fiscal flexible y estimulante para que este tipo de iniciativas puedan desarrollarse. Creo que estimular el cooperativismo es algo que debe hacerse en todos los campos donde sea razonable pero no sé si específicamente se podría buscar alguna solución en este campo. No es solo para ayudar a los periodistas, también tendría el objetivo de ampliar la oferta informativa.
También creo que los medios públicos deberían dejar de contratar a estas “estrellas” mediáticas "rellenamesas" en sus tertulias, que parece que entre una decena de personas copan todos los medios. Fomentar la pluralidad con la presencia de representantes de un amplio abanico de medios en los medios públicos también es una manera de publicitar estos nuevos proyectos y darles la posibilidad de perdurar.
Son quizá pequeñas cosas que individualmente tienen poco efecto pero que todas juntan pueden estimular la pluralidad informativa. No hay soluciones mágicas que no tengan efectos perversos y por tanto debemos trabajar en el ámbito de lo pequeño. Tampoco podemos obviar el daño que ha hecho al periodismo tradicional la extensión de internet y que hay veces que no se pueden poner puertas al campo de forma artificial.

Yo no soy un experto en medios de comunicación pero creo que algunas de las soluciones que necesitamos están expresadas en estas líneas, quizá de forma muy simple y con evidentes lagunas pero me gustaría que se entendiese el criterio general. Por supuesto que hay muchas más opciones y seguramente mejores que las que he dado yo.

Lo importante es identificar el problema, entender que nuestra realidad mediática actúa como sostén de una realidad política que está pudriéndose y que las cosas deben de cambiar. Las subvenciones ocultas a modo de publicidad institucional deben acabar, hay que enfrentar el problema de la concentración de medios, cambiar radicalmente los medios públicos y garantizar la pluralidad. Y, en base a eso, comenzar un debate serio donde la opinión de los profesionales sea tomada en cuenta con el objetivo de cambiar la actual situación. La propia democracia estará el riesgo si no lo hacemos.

3 comentarios:

  1. Has abierto un tema muy interesante, Pedro, como sueles hacer.

    Has hablado de la concentración de medios en un grupo mediático y creo que podemos generar un consenso de que eso no es nada bueno para la Democracia y la igualdad que valoramos. Tampoco beneficia a la audiencia de ciudadanos.

    Yo diría que, como mínimo, los defensores de esas concentraciones tengan la obligación legal (o de algún tipo) para demostrar claramente, no simplemente teóricamente, qué beneficios aporta eso a las audiencias.

    Aquí en EEUU, tenemos la FCC que para tu sorpresa, quizá, defiende una línea muy parecida a la tuya en los tribunales.

    El gobierno dice que la diversidad de dueños es bueno en sí mismo y ni siquiera porque genera una diversidad de opiniones necesariamente. El argumento es mas bien democrático: cuanto más dispersados estén los medios en distintas manos, más controles democráticos.

    Mi argumento también va a favor del periodismo libre.

    Una diversidad de dueños de medios ayudará a que los periodistas tengan más voz a la hora de publicar cosas y resistir las decisiones empresariales que podrían socavar el periodismo independiente. Cuanto más concentrado está el mercado, más se intimida a los periodistas que encima entonces tienen presiones de los mercados limitados y no pueden resistir esas decisiones antidemocráticas.

    Otra idea es que los grupos mediáticos se vean obligados por ley a invertir un x porcentaje de los beneficios que genera la publicidad en la producción de programas o documentales noticiarios de interés público. Obviamente esto genera otro debate: ¿quién debe decidir qué notícias o qué constituye el "interés público"? Pero bueno, es al menos importante abrir la cuestión.

    Me ha gustado mucho tu conclusión. La suscribo al 100%.

    Un saludo

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  2. Sabía que te gustaría.

    Pero tengo una pregunta, ¿estás de acuerdo con leyes de medios como la que hay en Argentina? Es decir, en Argentina se ha obligado al grupo Clarín a vender algunos medios por tener demasiados ¿crees que se debe llegar a este punto de haber un gran conglomerado mediático?

    Saludos,

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  3. Sí, Pedro y me alegra que mencionaste ese ejemplo de Latinoamérica porque sería un buen punto de partida en caso de llegar a esa situación.

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