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lunes, 24 de marzo de 2014

Suárez y los mitos de la transición















No sé si es una costumbre exclusivamente española o si se hace en todas partes, pero la tendencia a alabar al recién fallecido hasta límites que rozan lo cínico y lo absurdo es algo habitual en España. Si una persona a la que se estuviese rajando como si no hubiese mañana muriese repentinamente estoy seguro que al día siguiente todo serían flores y halagos. Luego están también aquellos que para ser polémicos y diferentes realizan ataques muy agresivos contra la personalidad alabada por la generalidad. El mantenerse en un punto medio y justo no parece ser una virtud española.
Quizá este no es el caso de Adolfo Suárez, personaje que ya venía siendo halagado desde mediados o finales de los 90 y, sobre todo, desde que se conoció su enfermedad neurodegenerativa hace unos 10 años. El halago a Suárez más que personal era “general”, es decir, se usaba como vehículo para halagar un periodo de la historia que es origen de la realidad política actual.

Antes de nada quiero dejar claro dónde estoy para que nadie se equivoque. A diferencia de muchos de los que creen que el sistema y el esquema salido de la transición está agotado (algo que yo también creo), yo no pongo en duda ni los méritos de la transición ni lo que significó para el país. Mi percepción sobre ese periodo histórico es positiva, realista pero positiva. Los cambios ahí acaecidos fueron positivos para el país y las lagunas del periodo, que las hubo, no creo que sean suficientes para cambiar esta valoración.
Pero eso es una cosa y otra muy distinta es la sacralización de la transición como si hubiese sido la representación certera de la perfección divina. La transición fue un proceso de cambio que se dejó cosas por el camino, que creó cosas que con el tiempo se han demostrado que no eran positivas y que por supuesto fue contradictorio. La mitificación de la misma tiene un componente propagandístico evidente y asistir a este espectáculo de beatificación política es un poco incómodo para el lector o espectador informado y crítico.
Esto no es algo exclusivo de España en absoluto, es general. Todos los países tienen su mitología “nacional”, mitología creada mediante la exageración de verdades parciales, las ocultaciones interesadas y la repetición hasta la saciedad de virtudes recargadas convenientemente. La revolución francesa, la independencia de los EEUU, la unificación italiana, la lucha contra el fascismo y el nazismo en muchos países, etc. Todas ellas se analizan con simplificación e interesadamente para crear un mito nacional, un orgullo nacional para sus ciudadanos y una justificación para la pervivencia del statu quo en cada uno de esos lugares.
Para los españoles es la transición nuestro mito nacional principal. Tener un mito nacional tan cercano en el tiempo es producto de nuestra convulsa historia y de la incomodidad con nuestro pasado y símbolos, además de por la existencia de múltiples nacionalismos en nuestra tierra. Pero, al final, es lo mismo que en otros casos. No hay una estatua de un Garibaldi ni un retrato de George Washington o Abraham Lincoln al que rendir pleitesía, pero sí hay un rey anciano y un ex presidente recién fallecido. Y si queremos hacer un análisis sereno esto hay que tenerlo en cuenta, hay que entender que la realidad y la ficción se entremezclan a conveniencia para crear héroes donde sólo había hombres, acertados en algunas cosas pero también equivocados en otras.

En la transición se creó un sistema de democracia liberal equiparable al de los países del entorno. Es posible que haya ciertas cosas que no funcionen adecuadamente, puede que haya poca independencia de poderes, pero estas cosas no convierten a la democracia española en algo “vigilado” o “falso” como se dice muchas veces por ahí. Los mecanismos de “control” de la soberanía existen en todas las democracias, en todas se han creado vehículos para “orientar” el impulso soberano dentro de unos cauces controlados.
Muchas de las cosas que no funcionan correctamente en nuestra democracia no tienen que ver con la estructura legal, sino en parte importante con la cultura democrática de país. Si la prensa de este país no es crítica no se debe solo al sistema de financiación por publicidad institucional, se debe también a la cultura periodística y de relación con el poder que tenemos. Si los partidos son agrupaciones acríticas que parecen más una secta que un lugar de debate se debe en parte a la sumisión del espíritu español. Muchas de las cosas por las que nuestra democracia es de mala calidad tienen poco que ver con las leyes y mucho con nuestra propia concepción de lo colectivo.
En mi opinión la transición dejó dos grandes lagunas: La primera fue no dar la posibilidad de elegir la forma del régimen y dejar la monarquía como algo incuestionable, pero eso es algo que por si solo no invalida la transición. La segunda, quizá más grave, es haber cubierto con un manto de silencio nuestro pasado y haber extendido este silencio indefinidamente. Todo lo demás fue más o menos razonable, incluso se llegó a otorgar grados de autogobierno impensables a la muerte de Franco e impensables incluso para la II república.

Adolfo Suárez fue la figura elegida para pilotar esa transición. No voy a poner en duda sus dotes personales y políticas o su trabajo, que fue en general bueno, pero tampoco podemos pensar que era un estadística único en 200 años como se ha dicho por ahí. Si Suárez no hubiese pilotado la transición lo hubiese hecho otro y el resultado podría haber sido peor pero también mejor, nunca lo sabremos.
La edulcorada versión de estos días nos hablan de la seducción de Suárez, de su carisma, de cómo convenció a todo el pueblo español…Deberíamos ser más realistas y ver que, en 1982 y con un partido nucleado en él, sólo consiguió dos diputados de 350. Luego aumentó un poco sus porcentajes de voto, probablemente ante la indigestión que provocaba Fraga en cualquier persona moderada, pero su partido y su paso por la política acabó cuando el PP puso un líder ligeramente más tolerable que Fraga.
Sí, tuvo agallas y tuvo un espíritu de concordia innegable pero esa era su labor, para eso fue puesto por el Rey en su cargo y eso fue lo que se le encargó. Si hubiese hecho lo contrario hubiese incumplido la obsesión de aquella época, que era hacer una constitución y un marco jurídico duradero por consenso, algo que entonces se hubiese entendido como el preludio del fracaso aunque personalmente no tengo nada claro que de no haber habido este amplio consenso el resultado hubiese sido esencialmente distinto. Me explico.

Parece que nos quieren hacer creer que en España hay democracia ahora porque la transición fue un éxito absoluto hecho por finísimos cirujanos políticos. Esto es parte de la propaganda y de la creación del mito nacional de la transición, es un análisis que creo que no se sostiene ante un mínimo estudio de la situación.
En 1975 España era la última dictadura en la Europa occidental. Portugal y Grecia caminaban hacia la democracia y España era el único punto oscuro. Nos guste aceptarlo o no los países son producto de su historia, sí, pero también son producto de su entorno, de su posición en el mapa y de las presiones o interacciones del resto de países con ellos. Es por eso por lo que los distintos regímenes políticos suelen formar bloques territoriales y por lo que, a parte de un par de excepciones, los regímenes situados en entornos hostiles no suelen pervivir.
En 1975 cualquiera que dominase la política internacional y estuviese en contacto con los poderes políticos de occidente entendía que el franquismo no podía sobrevivir sin Franco. Quizá los militares no lo pensaban, quizá el bunker no lo sabía y quizá el pueblo español no estaba capacitado para verlo, pero la tendencia a medio plazo es que en España hubiese una democracia de corte occidental.
Hoy nos quieren hacer creer que estos casi 40 años de democracia suponen una excepción en nuestra convulsa historia (para resaltar las virtudes de este sistema y esta constitución) pero eso no es cierto. España ha podido estar desenganchada de la vanguardia del mundo desde principio del siglo XIX, eso es cierto, pero lo que pasó en España de 1808 a 1945 era más o menos coherente con el mundo que la rodeaba. Es el periodo 1945-1975 el que supone una anomalía histórica en España, producto de una serie de casualidades y causalidades que no seguían el desarrollo normal de la historia. Desde 1977 hasta hoy estamos, de nuevo, en el hilo de la historia.
Un franquismo sin Franco en España no hubiese durado demasiado y los hombres inteligentes de esa España lo intuían, igual que cualquiera que hubiese sido el resultado del 23-F aquello tampoco hubiese durado demasiado. No me parece históricamente posible que España hubiese llegado a mitad de los 80 con una dictadura, sean cuales fueren las contingencias.
A España hubiese llegado una democracia tarde o temprano, monárquica o republicana, centralista o federalista, mejor o peor que la actual, pero la democracia liberal se hubiese acabado implantando de la mano de cualquier líder. No hacía falta un Suárez ni un rey para pilotar la transición, aunque quizá sí para pilotar “esa” transición.

Casi 40 años después de la transición el país necesita un cambio profundo. El sistema de partidos, el sistema judicial, la estructura del estado, la ampliación de los espacios de democracia directa, el sistema fiscal, etc. Todo eso debe cambiar. Pero esa necesidad de cambio no puede llevarnos a pensar que todo lo que se hizo entre 1976 y 1982 fue inadecuado. No lo fue, fue algo globalmente positivo que hay que analizar con una visión histórica de ese momento, no con los ojos de un ciudadano jodido de 2014.
Pero esa idea positiva tampoco nos puede llevar a que comulguemos con ruedas de molino ni que sacralicemos cosas que no fueron en absoluto sagradas ni perfectas. Por pura higiene mental, pero también porque no tardarán en aparecer si no es que han aparecido ya, hay que ser precavidos con aquellos que saquen en procesión la sagrada e incorruptible imagen de la transición para intentar venderle al ciudadano que las soluciones de hoy pasan por repetir las aquella época. Eso es un engaño interesado.

Ni los consensos de la transición valen hoy ni los métodos se pueden parecer a esos. No existen las mismas amenazas, ni la misma base, ni el mismo entorno político ni nada igual. Querer replicar aquello no es más que un intento inmovilista para que nada cambie realmente y, eventualmente, para impulsar un gobierno de concentración PP-PSOE, que es en lo que están muchos. Así pues separemos la historia del presente y juzguemos las cosas en su contexto y en sus bases actuales.

8 comentarios:

  1. No creo en los determinismos históricos, ni en la teoría del progreso continuo, como tampoco comparto la teoría del materialismo histórico, fundamentalmente porque estoy convencido de que la Historia la construimos entre todos y en su devenir influye tal magnitud de variables que predecir lo que va a ocurrir dentro de cuatro horas es tanto como dar credibilidad a los posos de café, el tarot o la bola mágica. Miramos la Historia hacia atrás, para estudiar el pasado, desde el presente, porque no podemos, al menos yo soy incapaz de hacerlo, escapar a nuestra época y huir de nuestras circunstancias. Quien sea capaz de hacerlo tendrá el nobel asegurado.

    Dicho esto, la transición española fue lo que fue gracias al rey - lo dice un republicano convicto y confeso - y a don Adolfo Suárez, que son personas irrepetibles e insustituibles. Con sus luces y sus sombras, en su momento no hubo otro y de ahí en adelante no los ha habido. Sostener que "si no lo hubieran hecho ellos, lo hubiera hecho otro" es "historia-ficción", en mi opinión, un ejercicio tan fútil como innecesario. Algunos amigos me han escrito cosas, contándome cómo hubiera sido la actualidad si Hitler hubiera ganado la II Guerra Mundial, o si no hubiera caído la URSS, o si Julio César no hubiera cruzado el Rubicón. Como novelas están bien, pero científicamente son poco serios.

    Tanto el rey de España, don Juan Carlos I de Borbón, etcétera, etcétera - cuyo exilio espero poder ver en directo -, como don Adolfo Suárez, duque de Suárez, etcétera, traicionaron a las elites gobernantes del régimen franquista y eso, me atrevo a decirlo, lo hubieran debido pagar con su vida. El franquismo, amigo mío, como cualquier otra dictadura, por muy militar y fascista que fuese, no pudo haber perdurado durante casi cuarenta años sin una base social amplia. No olvidemos esto, que es crucial. Hoy, esas bases sociales del franquismo siguen vivas y coleando. El franquismo no murió con Franco, mal que me pese, porque esa era mi tesis.

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    1. Hola Enrique,

      El tema que has tocado es algo que he visto discutir entre ayer y hoy a bastante gente. Generalmente los politólogos dicen que si Suárez no hubiese hecho la transición la hubiese hecho otro y que hubiese sido similar (que no igual), mientras los que niegan esto están un poco, por decirlo de alguna manera, "extasiados" con el bombardeo de noticias y odas de estos días.
      He leído algún historiador dividir las causas de los procesos históricos entre estructurales y coyunturales (algunos dan una categoría intermedia), habiendo historiadores más estructuralistas (que creen que la estructura de las cosas es la que define en mayor medida el proceso histórico) o coyunturalistas (que creen que son las coyunturas casuales las que son más decisivas). Francamente, no me posiciono a favor de ninguna de las dos opciones, creo que las cosas son bastante más complicadas. Pero una cosa es evidente: La "estructura" es influyente, no suficiente para convertirse en un arte de adivinación pero sí influyente.

      Dicho esto creo que no me he debido expresar bien. Yo no he querido decir que hubiésemos tenido una constitución igual en diciembre de 1978 de haber habido otros actores que no fuesen Suárez y el Rey, lo que quería decir es que de una manera u otra, con algún tiempo de más o de menos, la democracia hubiese acabado implantándose en España con casi toda probabilidad.
      Tu dices que eso no se puede saber, pero te lo puedo rebatir fácilmente mirando Europa o Latinoamérica. Si las cosas fuesen tan coyunturales como tú supones habría países en latinoamerica que mantendrían dictaduras militares y también las habría en Europa, militares y comunistas. Pero no las hay, y no las hay por este efecto estructural que, según mi tesis, he centrado en el área del mundo y en las zonas de influencia de las potencias y de los países vecinos.

      Siempre hay excepciones por supuesto y no todo se somete a estas reglas, pero me resulta francamente complicado pensar que España (o Argentina, o Portugal, o Polonia) podrían tener una dictadura del tipo que tenían en los 70 hoy en día.

      Saludos,

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    2. Yo huyo de las etiquetas y los determinismos como gato escaldado del agua fría. Me niego a aceptar maniqueísmos de buenos y malos, de estructuras y coyunturas, de procesos universales que invariablemente siguen un recorrido lineal, predecible y homologable para cualquier entorno. Conmigo que no cuenten quienes pretendan encerrar la Historia en cajas y compartimentos estanco, para que cuando haya que estudiar algo, buscar entre las cajas, a ver dónde se pone, para así saber de donde viene y hacia dónde va.

      Lo que haya ocurrido o podido ocurrir en otro país, en otra Historia, por mucho que nos seduzca la idea, pertenece a otro recorrido y nada tiene que ver con el que podamos observar en un caso concreto. Yo, personalmente, me niego a asumir esa tesis. No lo acepto.

      Suárez fue Ministro Secretario General del Movimiento Nacional, o lo que viene a ser lo mismo, el máximo jefe del partido único, o dicho de otra manera, el guardián de las esencias ideológicas del franquismo. Nadie, nunca, jamás, me niego a creer eso, es capaz de predecir, ni siquiera de explicar con solvencia, porqué este hombre traicionó al régimen que conducía para engendrar un modelo radicalmente opuesto. Es más, estoy convencido de que las Cortes franquistas no se suicidaron, al menos no voluntariamente, porque, y es razonable suponerlo, esperaban que el Ministro Secretario General del Movimiento Nacional iba a cumplir, punto por coma, los Principios del Movimiento. Y ya puede venir la Academia Española de la Historia a rectificarme, que ni por esas.

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  2. Yo coincido con ambos en la parte general de la reflexión, pero creo que no acabo de ver aquello que plantea Pedro de nuestro entorno y su sutil transmisión de energias para dotar a España de un estado homologable y homologado, normalmente como aficionado a la historia he acabado por entender que los procesos históricos son multifactoriales esto es, nacen con las sinergías de muchos elementos, atribuir exclusivamente determinados cambios a los "entornos" y demás resulta un tanto aventurado y si me lo permites quizá demasiado reduccionista. Como dice Enrique sin el soporte de un cuerpo social resignado y oscuro como el luto era imposible el franquismo pero no olvidemos que saliamos de una guerra civil y el sátrapa ya se encargo de dejar el país libre de contestación si a eso le sumamos lo que significa una guerra en terminos reales y no de politica ficción la gente dicho en plata "tuvo bastante". De esta forma unida obviamente a todo el resto de influencias, contextos y zonas de desarrollo de la politica exterior, guerra fria incluida tenemos 40 añitos del ala. Por lo demás creo que centrandono en la figura de Adolfo Suárez creo que es justo reconocer esa visión de futuro pues en el fondo es reconocer que había que dar un paso hacía delante.....y aquí yo reconozco esa decisión como valiente de personas que con sus decisiones aceleran o retrasan procesos que de otra forma podrian ser complicado o simplemente fracasados. Dicho esto, coincido en lo que dices del fariseismo y la hipocresia de este país que enconde entre oropeles y fastos la mala hostia y la negrura. Bueno quizá seamos un poco así o no, no acabo de verlo pero en cualquier caso Suárez pasará a ser un personaje histórico justamente valorado y no me parece mal con sus claros y sus oscuros que obviamente los tenía, pero de ahí a mistificar elementos historicos y personales en este momento huerfanos de políticos "de raza" me parece más terapeutico que sensato. Por último sobre la transición coincido contigo aunque me parece que cuando se apela al espiritu de la transición se hace de mala fé sabiendo de antemano que uno no va a mover pieza.....pero no tanto como tú dices sobre situaciones que no tienen nada que ver que por supuesto que no, pero estarás de acuerdo conmigo que las grandes reformas que deben hacerse para de una puñetera vez dejar sentadas bases solidas democráticas no se hacen entre otras cosas porque a todo el mundo implicado le va relativamente bien, y como no existe esa necesidad del pacto dejamos nuestras parcelas de poder con el consiguiente deterioro, sin hacer un ápice de pedagogia, sin considerar que el daño hecho puede resultar tan dañino o más que el ruido de sables. No me atrevería a decir como Enrique que el franquismo está vivo y coleando pero le comprendo y desde luego creo que el centro derecha actual por llamarlo algo no ha aprendido mucho de Adolfo Suárez, ni de él, ni del entorno de otras derechas europeas. La transición no fue la madre de todas los paraisos politicos posibles, pero nos dotó de elementos que algunos sólo habiamos escuchado de oidas, nos situó en un mundo donde la política tenía un valor ilusionante (pues veniamos de una visión donde el "no se meta usted en política" resultaba el ejemplo de la marca de la casa), de esta forma tenemos lo que tenemos con asuntos pendientes, con cosas por hacer, y eso que no lo puede hacer un sector de la sociedad exclusivamente requiere política fina, y de esa es la que ahora mismo no tenemos y no aparece que a corto plazo vaya a aparecer.....descanse en paz Adolfo Suárez, reconozcamos su valía pero no mistifiquemos para el santoral ni poniendo el nombre de un aeropuerto....pues resulta ridículo a fuerza de bienintencionado.

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  3. Pedazo de entrada, carajo. Estoy de acuerdo con algunas cosas, sí, pero también estoy en desacuerdo en otras tantas. Yo, sinceramente, dudo mucho que en España hubiese podido capitanear una transición como lo hizo él. ¿Fraga? Ni del palo. ¿Carrillo? Menos mal que no; por no hablar de los Piñar y demás. Logró depurar, en cierta medida el franquismo, pero sí creo que debería haber impulsado una campaña para su erradicación completa. Aun así, creo que ha sido el único estadista que ha tenido España junto con el primer González en cincuenta años, y corto me quedo. Un abrazo y a seguir escribiendo así.

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  4. Hola,

    Bueno veo que no os puedo convencer de esta parte de mi tesis y, como carezco de "pruebas" (porque estamos hablando de situaciones hipotéticas) pues tampoco voy a insistir más. Antonio ha hablado de personas que "adelantan o retrasan procesos" y mi idea iba más o menos por ahí.

    Enrique,

    Preguntas por qué Suárez traicionó al franquismo. Yo te voy a dar una explicación histórica que no sé si te valdrá visto lo escéptico que estás, pero bueno te la doy igualmente.
    El caso de Suárez no es distinto al de, por ejemplo, Boris Yeltsin o al de tantos hombres y personajes del mundo excomunista. Hay un perfil muy claro en el Este de excomunistas convertidos en nacionalistas, algo que parece un poco absurdo pero verás que se repite.
    Cuando una dictadura es corta los posicionamientos entre régimen y oposición son claros y difícilmente se producen drenajes entre ellos. Pero cuando las dictaduras se convierten en "régimen" (y esto pasa cuando perdura por más de una generación) la dictadura se convierte en el marco de estructura política normal. Los jóvenes, si quieren entrar en política o en la administración del estado, lo tienen que hacer dentro de la dictadura. En todos los países del mundo, dictaduras o democracias duraderas, hay una "casta" burocrática que está en las estructuras medias del estado que no son especialmente ideológicos, son en cierta manera gestores profesionales, tecnócratas de la política.
    Mi tesis es que una dictadura en sus primeros años solo cuenta con gente ideológicamente afín, pero cuando se convierte en un régimen duradero se llena de burócratas y de tecnócratas de ideología tibia, convenenciera o inexistente. Y creo que eso es lo que pasó en España, en la URSS o en Yugoslavia, que ante los cambios de la historia muchos miembros de aquellos regímenes no tuvieron problema en cambiar de percepción política porque, realmente, nunca fueron netamente afines al régimen en el que entraron.

    Respecto a las cortes franquistas yo no puedo creer que éstas no supiesen lo que estaban votando, porque la ley de reforma política era clara en convocar unas elecciones que iban a desplazar a las cortes orgánicas. Así pues el suicidio era claro. Ahora, lo que les prometiesen por detrás o los mecanismos de Torcuato Fernández Miranda y Suárez para convencerlos son algo que desonozco aunque seguro que habrán libros sobre esto.

    Antonio,

    Estoy muy de acuerdo en que hacen falta cambios pero los consensos se pueden aplicar en dos direcciones, para cambiar o para inmovilizar. Yo creo que cuando se habla ahora de los consensos de la transición se hace de forma convenenciera, buscando un acuerdo PP-PSOE que cambie "todo para que nada cambie" y que pretende bloquear una superación del sistema mediante la ruptura de la fidelidad electoral al PP o al PSOE.
    Como certeramente has dicho a los implicados les va bastante bien ¿para qué cambiar entonces?

    Y respecto a lo del PP-PSOE tengo un escrito preparado, donde he hecho un estudio numérico para analizar las probabilidades de esa hipotética gran coalición. Mañana lo cuelgo.

    Saludos,

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  5. Pedro,

    Has escrito un artículo interesante, discrepo en algunas cosas, pero en nada demasiado sustancial. En particular, me ha llamado la atención el comentario del señor Casanova, que comparto casi en su totalidad.

    Pedro, graciias al rey España es una democracia. Nunca menosprecies el hecho incontestable que toda dictadura duradera SÍ cuenta con un amplio o mayoritario apoyo del pueblo. Es algo que me choca decir pero muchos españoles apoyaron la dictadura precisamente por ese carácter cultural del que comentas en tu entrada.

    Por otro lado, quería comentarte que si yo hubiése sido un adulto en esa época, puedes tener por seguro que hubiése apoyado a UCD. De hecho, UCD es todo lo que a mí me hubiése gustado que fuera el PP - un partido alejado del extremismo, de la caspa tan rancia y un partido de pactos con visión de Estado.

    De todos los políticos que ha tenido España en su democracia moderna, me quedo con Suárez. No, claro que no era perfecto ni mucho menos. Ya sabes que no soy de adorar a los seres humanos, sean de cualquier ideología. Pero Suárez logró, consiguió provocar el descontento de todos por igual y por buenos motivos : nunca se casó con los extremistas o los ultras de ningún partido. Adolfo Suárez se quedó solo muchas veces pero mantuvo sus principios.

    Siempre he hablado bien de él, por cierto. Tú mismo comparaste mi voz con la suya y algo de mi estílo.

    Saludos

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    1. Hola Alfredo,

      Quiero replicar una cosa. Bien es cierto, como ya han dicho tanto Enrique como Antonio, que el franquismo contaba en España con un porcentaje de adeptos, pero lo que es más importante es que contaba con una parte mayoritaria de la población que era relativamente pasiva. Es importante separar estos conceptos, pues no es lo mismo apoyar algo que negarte a apoyar a su oposición o "tolerar" algo.

      Yo creo que es una evidencia que la España de principios de los 70 no era adicta al régimen de Franco, y la mejor prueba de eso era los resultados que sacaron tanto Blas Piñar como la AP de Fraga en el 77%. Con una mayoría afín al régimen anterior esos manos resultados de estas dos fuerzas no se hubiesen dado.
      Pero como si es obvio la población era mayoritariamente pasiva, es decir, no se iba a jugar su vida para defender la democracia, el socialismo o lo que fuera. Esto lo comentó el propio Suárez una vez, dijo que los españoles tenían un grado de libertad que les era "aceptable" y que por eso pensaba que iban a apoyar una transición tranquila a la democracia. Y por eso UCD ganó las primeras elecciones y, sobre todo, el PCE fue menos fuerte de lo que se esperaba.

      Fíjate, creo que es algo parecido a lo que pasa en Cuba. ¿Quieren los cubanos el régimen castrista? Probablemente no, pero lo que parece claro es que no quieren un régimen como el que desearían los antiguos cubanos de Miami. Posiblemente el pueblo cubano quiere cambios, querría una transición hacia la democracia, una libertad mayor, pero lo que no quiere de ninguna manera son experimientos que les lleven a un capitalismo agresivo para el que no se ven preparados y que tienen demonizado por la cultura social (mira el símil con el PCE).
      Las dictaduras largas se mantienen más que por el apoyo público por la pasividad pública, pasividad que en dictaduras tan largas también ha sido inducida por el propio poder político y su propaganda a lo largo de los años. Y en el caso de España podríamos hablar también al terror social por otra guerra civil.

      Respecto a Suárez yo también tengo una buena opinión, pero sabes que mi papel muchas veces es de intentar buscar el equilibrio. Tu no estás en España y no has visto lo que ha pasado, pero han estado tres días con Adolfo Suárez todo el dia en la TV, poniéndolo por las nubes muchos de los que le acribillaron en vida, creando un misticismo absurdo que estaba en parte provocado para fortalecer una situación política que tiene desafecta a cada vez más gente.
      Por eso he escrito esto, para equilibrar un poco las visiones, para que no convirtamos en sagrado algo que, si bien históricamente positivo, tiene claros y oscuros, podía haberse hecho de otra forma mejor o peor y que, en cualquier caso, debemos analizar con objetividad.

      Saludos,

      p,d: Me cuesta muchísimo pensar a quién hubiese votado yo en 1977. También he pensado muchas veces a quien hubiese votado yo en la II república. Me resulta complicado hablar de una época en la que no viví y decir a quien hubiese votado me parece un poco ciencia-ficción pero hago dos "apuestas": Creo que en la II república hubiese votado a la Izquierda Republicana de Azaña y en 1977, quizá, al PSP de Tierno Galván.

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