La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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martes, 15 de abril de 2014

Desmitificando la II república













Observo estos días, al cumplirse el 83 aniversario de la proclamación de la II república en España, como la reivindicación de la república cobra más fuerza que nunca. Fundamentalmente desde sectores de izquierda (aunque no solo) se mira a la república como un ejemplo de libertad y progreso en contraste con el actual régimen salido de la transición, que por diversas razones ha degenerado y ha perdido el apoyo de una parte importante de la ciudadanía.
A mí, que he sido republicano desde que tengo uso de razón política, esto me hace mucha gracia. En cierta manera y dentro de mi juventud me siento como un “camisa vieja” del republicanismo, de los que ya decíamos que este país debería ser una república antes de que el rey cazase elefantes, tuviese yernos corruptos o se rompiese la cadera en viajes clandestinos junto a su amante. Cuando la gente viene al redil de los republicanos siempre pienso maliciosamente “os lo llevo diciendo años”, con la satisfacción típica del pionero.
Sin embargo hay algo que supera a mi republicanismo y esto es mi seriedad y mi respeto por la verdad. Y en toda esta marea republicana veo una cosa que es ridícula e incluso peligrosa, y esa es la mistificación de las repúblicas en general y de la II república en particular.

Hay una dualidad falsaria que se está estableciendo en ciertos segmentos de esta sociedad sobre la democracia actual y la democracia republicana del periodo 1931-1936. La democracia actual sería, según esta visión, una democracia vigilada, partitocrática, tutelada por los grandes poderes fácticos del país, con una constitución chapucera y elitista y, en definitiva, una especie de engendro fabricado para blanquear y actualizar un franquismo jamás desaparecido del todo.
La democracia republicana, también según esta visión, sería todo lo contrario. Una democracia pura, popular, donde el pueblo realmente tenía el poder, con una constitución avanzadísima que colmaba de derechos y libertades a los ciudadanos. En definitiva, el sistema político de la II república sería el ejemplo a seguir, sería el horizonte al que tendríamos que aspirar como país.
Obviamente eso es un posicionamiento maniqueo. Ni la democracia actual está sostenida en bases legales tan corruptas ni la democracia republicana era tan pura y tan perfecta como se vende. Es más, desde muchos puntos de vista el sistema democrático actual es bastante más avanzado que el existente en la época de la república.

Ciertamente sí hay cosas más avanzadas en la constitución republicana que en la actual. Para empezar el propio hecho de que el jefe del estado sea un civil y sea elegido bajo procedimientos democráticos es obviamente un avance social respecto a un estado monárquico. Además y a diferencia de las actuales leyes por las que el rey es inviolable, el presidente de la II república sí tenía responsabilidad penal.
Otro punto donde creo que la constitución republicana era más avanzada es en el asunto de la libertad religiosa. Ambas constituciones dicen que España no tiene religión oficial pero la actual constitución pone una coletilla: “Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”. Esto es lo que permite, por ejemplo, que en España se enseñe religión en los colegios públicos, se esté financiando a la iglesia mediante la hacienda pública o que la religión católica esté presente en actos de estado. Estas cosas estaban prohibidas por la constitución republicana, lo que aseguraba un estado verdaderamente laico.
Hay más cosas que me parecen positivas de la constitución republicana, como que su reforma es más fácil. Para reformar un artículo esencial de la actual constitución se requieren 2/3 de las cortes generales en dos legislaturas diferentes y finalmente un referéndum. En la constitución republicana, en cambio, bastaba con la mayoría simple de dos parlamentos consecutivos, sin necesidad de referéndum. No obstante y aunque me parece que es más flexible la constitución republicana observemos como la actual da más poder directo al ciudadano para vetar una reforma (que no para promocionarla).

Sin embargo la constitución actual es más avanzada en otros aspectos. Reconoce, por ejemplo, el derecho a la objeción de conciencia y obliga al legislador a regular ésta. También reconoce el derecho a la sanidad y la obligación de que el estado tome las medidas necesarias para garantizar este derecho, algo que la constitución republicana no hace claramente. La constitución actual también obliga a mantener un régimen público de seguridad social.
En la constitución del 78 pueden votar los ciudadanos mayores de 18 años mientras que en la del 31 podían votar los mayores de 23. También habla de los derechos de los niños, de la protección especial a minusválidos, de la importancia de los convenios colectivos o de una política orientada al pleno empleo. Todas estas diferencias son probablemente de época pero hay que reconocer que la constitución del 78 recoge estas problemáticas sociales mucho mejor que la del 31.
Nuestra constitución actual también es más amplia en cuanto a las posibilidades de la autonomía que la republicana. De hecho la actual inmersión lingüística que se da en el sistema educativo catalán no podría darse bajo la constitución republicana, que obligaba a que el castellano fuese “instrumento de enseñanza”.

De todos modos yo siempre huyo de la “filia constitucionalista”, es decir, esa creencia popular de que para que un país funcione adecuadamente la constitución debe regularlo y marcarlo todo. No, eso no es así, más que la constitución en sí lo importante es todo el desarrollo legal posterior que es lo que marca en funcionamiento y realidad de la sociedad. Lo importante es la realidad legal y el día a día, no los principios constitucionales muchas veces abstractos e inaplicables.
Y por eso debemos ir al día a día de la II república. Y la verdad es que la realidad social que se vivió durante la época de la república fue menos democrática y menos “libre” que lo que hemos vivido en los últimos 30 años. Para empezar debemos decir que los dos primeros años de la república estuvieron marcados por la existencia de la “ley de defensa de la república”, una ley preconstitucional que se aplicó excepcionalmente durante los dos primeros años de vigencia de la constitución porque los republicanos consideraban que el régimen debía ser defendido de sus enemigos por encima de todo.
La ley de defensa de la república permitía, por ejemplo, prohibir los vivas al rey, las banderas monárquicas o cualquier cosa que se considerase subjetivamente que atentaba contra el régimen republicano. La ley de defensa de la república permitía también multar a periódicos o incluso evitar su difusión, prohibir manifestaciones y también huelgas “políticas”. Y todo ello no se dirimía por los tribunales de justicia sino que dependía directamente del ministerio de gobernación (interior), en un claro ejemplo de arbitrariedad gubernativa.
La ley de defensa de la república convertía de facto algunas libertades constitucionales en papel mojado. Podía haber motivo justificado para la ley (de hecho se demostró que la república tenía poderosos enemigos y que éstos acabaron destruyéndola) pero en cualquier caso hay que ser consciente que esta ley suponía una violación de las libertades constitucionales que no hemos sufrido en toda la vigencia del régimen del 78.

Las leyes republicanas tampoco eran humanitaristas y liberadoras como a veces pareciera. La "ley de vagos y maleantes", conocida por haber sido muy usada durante el franquismo, es una ley que promulgó el gobierno Azaña en 1933. Bien es cierto que esta ley originariamente estaba pensada para controlar la mendicidad profesional y el proxenetismo y que fueron realmente las modificaciones que hizo el franquismo (que incluyó la persecución de la homosexualidad en la misma) las que le dieron su carácter represivo, pero en cualquier caso también era una ley un tanto arbitraria y que dejaba la puerta abierta a abusos contra las personas sin recursos.
Además de la naturaleza de las leyes debemos darnos cuenta que en los cinco años y tres meses en los que la república vivió en paz se decretaron 62 veces los estados de alarma (prevención), excepción o guerra. Cada vez que uno de estos estados excepcionales era declarado ciertos artículos de la constitución se dejaban en suspenso y las libertades de los ciudadanos por tanto se veían afectadas. Por mucha constitución que haya si ésta está suspendida parcialmente cada dos por tres su vigencia acaba siendo muy limitada. Durante los casi 35 años de vigencia de la constitución del 78 solamente se ha decretado el estado de alarma una vez, en 2010 y ante la "huelga" de los controladores aéreos.
Adicionalmente durante la república hubo fusilamientos a pesar de que la pena de muerte había sido eliminada por la constitución. Esto pudo ser porque, al declararse los estados excepcionales, muchos ámbitos pasaban a regirse bajo la jurisdicción militar y en ese ámbito la pena de muerte permanecía vigente.

Está bastante claro, pues, que a nivel de libertades individuales el periodo de la constitución del 78 ha sido mejor que el republicano, pero es que a nivel político yo creo que también. Actualmente nos quejamos mucho de la ley electoral que minimiza a los partidos pequeños nacionales y sobredimensiona a los grandes. Se echa la culpa a la ley d’hont, pero realmente la culpa es fundamentalmente de las circunscripciones provinciales.
Bien, en 1931 fue el gobierno provisional de la república quien implantó las circunscripciones provinciales. Además de eso el sistema electoral republicano era mucho más mayoritario que el actual porque otorgaba el 80% de los escaños de una circunscripción a la lista más votada, eliminando la proporcionalidad de forma absoluta. Si las cortes republicanas resultaron ser un crisol de partidos fue por un lado porque había menos homogeneidad en las decisiones políticas entre provincias de la que tenemos actualmente, y por otro porque los partidos se juntaban en coaliciones pero, al llegar al parlamento, luego votaban por su cuenta.
Respecto a la “limpieza” de las elecciones creo que se puede decir que con casi toda seguridad son más limpias las elecciones en la democracia actual. En la España de los años 30 todavía sobrevivía un fuerte caciquismo y la compra de votos por los caciques era habitual. La “coacción” para el ejercicio del voto también era mayor en otros campos, bien fuese desde los púlpitos de las iglesias, desde las tarimas de los mítines obreros o de los propios maridos sobre sus mujeres. De forma general las elecciones de la época republicana fueron limpias aunque se conocen casos de fraude electoral parcial en varios sentidos que, no obstante, no parece que alterasen los resultados finales.

Hay que tener mucho cuidado con no falsear la historia. Está fuera de toda duda que la II república era un régimen legítimo y democrático y que el golpe de estado contra ella fue quizá el acto más terrible y condenable de la historia contemporánea de España. Los objetivos de la república fueron nobles y ojalá no hubiese habido guerra civil y la democracia hubiese continuado vigente desde entonces hasta nuestros días.
Pero la república no fue un paraíso y su estructura legal no fue ninguna maravilla. Probablemente si no hubiese acabado como acabó la estructura jurídica y la constitución hubiesen sido reformadas en varios sentidos. Tenemos que ser serios en el análisis y no sacralizar épocas y realidades jurídicas que tenían virtudes pero también defectos.
Muchos de los problemas que vivió la república se debieron a su época histórica, a las amenazas que sufría, a la sociedad tan polarizada que tuvo que gobernar y a la sombra del fascismo que acechaba en toda Europa. Eso es verdad pero la realidad es la que es, las libertades de la época republicana eran menores que las actuales como también lo eran en la Francia o la Inglaterra de los años 30 respecto a sus realidades actuales. No reconocer esto es absurdo.

Sacralizar la II república me parece que no tiene sentido, no debemos creernos una serie de mitos creados para intereses políticos determinados. La creación de un paso glorioso y puro es precisamente lo que hacen los nacionalistas para sostener sus irracionales posicionamientos políticos, crear una mitología representa esencialmente lo contrario de lo que yo creo que debe ser la política, es la captación de adeptos por sentimentalismo y simplificación en vez de por convencimiento y mediante la razón. No debemos imitar los métodos de los adversarios con los que no compartimos valores.
Tampoco conviene creer que una república per se cambiaría la realidad política en España. Una monarquía parlamentaria es esencialmente similar a una república parlamentaria y ambos regímenes pueden ser víctimas de vicios, manipulaciones y desnaturalizaciones similares. No hay más que mirar a nuestros países vecinos o a las repúblicas latinoamericanas.

Ojo, que yo quiero una república, que quiero que podamos elegir al jefe del estado y eventualmente eso defenderé cuando proceda. Pero no tener una república es el menor de nuestros problemas y no estamos precisamente sobrados de fuerzas para confundir las prioridades, y mucho menos si además tenemos que crear ídolos de cartón-piedra.

12 comentarios:

  1. Me alegra sobremanera su acertado comentario. Yo, que soy monárquico por lealtad constitucional y por convencimiento personal, no tengo absolutamente nada contra la forma republicana de Estado, pero como a usted, me parece de una ignorancia supina que raya en la estulticia, el panegírico que montan los añorantes de un régimen como el que representó la II República que pudo ser todo menos algo a imitar. Y gran parte de su fracaso lo provocaron no solo las derechas de aquella época, que sí que lo hicieron, sino también las izquierdas de entonces y un partido socialista que antepuso sus "ideales" revolucionarios a la viabilidad de la propia república. Un saludo afectuoso.

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  2. Amén, tío, amén. La Segunda República fue lo que pudo ser y no fue: un sistema de progreso que propugnaba cambios demasiado radicales en una población conservadora y analfabeta. Independientemente de los desmanes de la extrema izquierda, quienes la dinamitaron. No podemos poner siempre la Segunda República como ejemplo de progreso; si no hubiesen intervenido los militares, se la habría cargado la extrema izquierda del todo. Muy acertado tu análisis. Como siempre, vamos.

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  3. No sacralizo la II República, entre otras cosas porque todo lo sagrado es digno de ser cuestionado y porque la nostalgia es un camino que conduce a ninguna parte.
    La república que hoy buscamos no está en el pasado, en el pasado están la referencias; la república necesaria está en el futuro y es un espacio que tenemos que trabajar en el presente sin esperar que enchironen al consorte de una princesa y a que se aireen todos los aspectos turbios, sucios o delictivos de los miembros de la Casa Real. La III llegará por convencimiento mayoritario de la ciudadanía o no llegará.

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  4. Hola,

    A ver, temo que no se haya entendido del todo lo que quiero decir. Yo no quería decir que el régimen republicano fuese "malo" o inconveniente. Yo creo que, excepto algunos defectos, representó en aquel momento lo más avanzado que había tenido España a nivel legal. Quizá la constitución tenía dialécticamente un sesgo demasiado izquierdista pero en cualquier caso no era una mala constitución.
    Pero una cosa es la realidad jurídica y otra la realidad social. Por diversas razones la época de los años 30 fue muy convulsa en toda la Europa continental y especialmente aquí, y la II república no pudo, no supo o no acertó para contener esas fuerzas sociales destructoras que querían acabar con ella.
    Yo no soy determinista y no voy a aceptar jamás que el país estaba condenado a la guerra civil porque no lo estaba. Con otras coyunturas se podía haber evitado y hoy tendríamos una república, la II, la III o la V, pero una república que probablemente ya no sería constitucionalmente igual a esa.

    Otra cosa distinta es cómo actuaron los grupos políticos en aquella época, que creo que es algo muy largo de comentar. Yo no creo que la "izquierda", como dice 21st century, hubiese acabado destruyendo la república si no hubiese habido golpe de estado, porque sencillamente creo que el Frente Popular no hubiese durado unido mucho tiempo y hubiese acabado yéndose hacia unas nuevas elecciones y quizá hacia un gobierno de concentración relativamente centrista. Todo esto es especular y al final la guerra mundial hubiese condicionado el devenir de la II república, que probablemente hubiese acabado ocupada por los alemanes.

    Mi intención era básicamente que entendamos que hoy vivimos con más libertades que en los años 30. Obviamente han pasado 80 años y hoy tenemos libertades que en ese momento eran implanteables (la igualdad legal de las parejas homosexuales, por ejemplo), pero creo que además de eso la época es mucho menos convulsa, la realidad jurídica actual es bastante más "suave" que la de aquella época y la práctica totalidad de las libertades contempladas en aquella constitución existen hoy. De hecho si hacéis el ejercicio de comparar ambas veréis como son extraordinariamente parecidas con artículos directamente transcritos de una a otra.

    Mi pelea es contra el maniqueísmo contra el que tanto lucho, contra los mitos absurdos, contra la idealización de realidades que fueron mucho más conflictivas de lo que nos dice la simplísima propaganda. No acepto el II república= democracia y libertad verdadera / Régimen del 78= democracia falsa y postfranquista. No, eso es absurdo, y eso es básicamente lo que quiero rechazar con mi texto.
    Eso no es poner en duda las aportaciones positivas que tuvo la II república, que las tuvo y sobre todo en su primer bienio y con el gobierno social-Azañista. Sencillamente debemos ser objetivos, obligación primera de todos los que intentamos hacer política.

    Saludos,

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  5. Hemos de abordar la Historia intentando evitar sesgos interpretativos porque de lo contrario, al descontextualizar los hechos históricos, corremos el riesgo de desvirtuar el análisis. Y, en concreto, por lo que se refiere a las dos experiencias republicanas españolas (1873-74 y 1931-39) hay que quitarse las gafas de la contemporaneidad.

    Los dos periodos republicanos en España son, si se me permite la licencia poética, dos oasis democráticos en un inmenso desierto, que hay que contextualizar en sus circunstancias históricas. El análisis comparativo con la monarquía constitucional actual debería basarse en el hecho, creo que incontrovertible, de que el actual andamiaje constitutivo del estado de social, democrático y de derecho consagrado en la CE de 1978 es hijo y heredero del que se clarificaba en la Constitución de 1931, pero equivaler las circunstancias históricas para mí es un error conceptual grave. Hay que tener en cuenta que cuando en España se instauró la II República, Europa agonizaba bajo la bota del fascismo, el nazismo y el ultranacionalismo; España fue, en ese momento, una de las pocas islas democráticas en el Viejo Continente y eso ha de ser puesto en valor, sin demagogia.

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  6. Por cierto, la imagen que ilustra el texto está tomada en la actual Plaza del Ayuntamiento de Valencia, cuya fachada principal aparece a la izquierda de la imagen, durante la proclamación en esa ciudad de la II República.

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  7. En aquel entonces sería plaza de Emilio Castelar, después plaza del C.... o sea de Paquito el Cerillita, del País Valencia con alcaldía socialista y finalmente del Ayuntamiento con alcaldía socialista pero en minoría respecto a AP, CDS y Unión Valenciana. Es siempre entrañable una plaza que cruzas tan a menudo verla en un momento histórico.

    PD: También le pusieron Plaza de 15 M en su momento.

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  8. Poco puedo decir salvo que de una forma u otra estoy de acuerdo con todos los comentarios pues me parecen bastante acertados....como republicano considero que sacralizar algo sólo nos lleva a una mistificación donde el pasado se hace presente y se establece una especie de épica....coincido con Enrique Casanova en el análisis sobre la historia y no descontextualizar, la república fue lo que fue y no pudo ser otra cosa porque como dicen en mi tierra "entre todos la mataron y ella sola se murio". Muy de acuerdo con el artículo Pedro, siempre creando debates enriquecedores. Salud

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  9. Un placer leer cosas tan ponderadas y sugerentes, Gracias

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  10. Temo que en su artículo ha tenido un pequeño defecto: obviar el contexto.
    Comparar las constituciones de 1931 y 1978 requiere observar cuidadosamente el contexto político, jurídico y social del momento. Es lógico que la de 1978 sea más avanzada que la de cuarenta y siete años antes -ha pasado casi medio siglo entre una y otra-, pero, ¿cuál resultaba más avanzada en el momento de su proclamación? La de 1931, por ejemplo, se inspiró en las de Weimar, Austria y Querétaro (México), que eran de las más progresistas de su época, e incluyó importantes novedades en su momento, como la incorporación de derechos sociales y laborales -algunos de ellos haciendo suyas las recomendaciones de la OIT o la SdN- e innovaciones propias como el "Estado Integral". Por contra, la de 1978, además de dejar intacto buena parte del andamiaje del "Nuevo Estado" franquista, se inspiró en la Ley Fundamental de Bonn, la carta magna de la RFA, que no era precisamente un dechado de progresismo. Para más información a este respecto, puede consultarse la obra de Escudero Alday "Modelos de democracia en España"

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  11. En cuanto a las leyes excepcionales de la República, como fueron las de Defensa de la República o la de Vagos y Maleantes, hay que tener en cuenta que la primera era una ley provisional que se aprobó en un momento de gran agitación social que coincidía con los primeros pasos del nuevo régimen, y que en 1933, un poco antes de las elecciones y de que fuera derogada naturalmente porque su vigencia estaba sujeta a la vida de las Cortes Constituyentes, fue sustituida por una ley más liberal, la de Orden Público. Fue en virtud de esta ley que estuvieron vigentes la mayor parte de los estados de alarma del periodo y el único de guerra proclamado antes de la guerra civil, casualmente durante la etapa de los gobiernos reaccionarios del Bienio Negro. La de Vagos o "Gandula" fue una ley que, usada erróneamente como instrumento político, castigaba comportamientos socialmente inaceptables como el proxenetismo, la explotación de la mendicidad, el alcoholismo o la drogadicción (igualmente censurables hoy día), buscando la reinserción social de los individuos que exhibían estas conductas.
    Personalmente, considero que en cinco años los errores de una experiencia nueva no se pueden solucionar de la noche a la mañana. El Frente Popular, al que apenas le dejaron actuar, buscó solucionar las cuestiones del orden público o los excesos de la aplicación de la ley de vagos. Así, en su programa se explicitaba que "Se declara en todo su vigor el principio de autoridad; pero se compromete su ejercicio sin mengua de las razones de libertad y justicia. Se revisará la ley de Orden Público, para que, sin perder nada de su eficacia defensiva, garantice mejor al ciudadano contra la arbitrariedad del Poder, adoptándose también las medidas necesarias para evitar las prórrogas abusivas de los estados de excepción" y que "Se revisarán, con arreglo a la ley, las sentencias pronunciadas en aplicación indebida de la de Vagos por motivos de carácter político; hasta tanto que se habiliten las instituciones que en dicha ley se prescriben, se restringirá la aplicación de la misma y se impedirá que en lo sucesivo se utilice para perseguir ideales o actuaciones políticas."
    Por lo que respecta a la ley electoral, es cierto que la ley del 80 y el 20 puede parecer un abuso en nuestros días, pero lo que se buscaba era evitar la fragmentación política que había causado la paralización de la democracia y la vida parlamentaria en Italia y la estaba causando asímismo en la Alemania de Weimar. Curiosamente, la etapa de mayor estabilidad se produjo en el primer bienio, mientras que en el segundo la decisión de Gil Robles, la CEDA y los grupos afines de ir minando poco a poco la democracia republicana desde dentro fue lo que causó la mayor rotación de gobiernos y ceses de ministros: Martínez Barrio, Lerroux, Samper, Lerroux de nuevo, Chapaprieta o Portela Valladares se sucedieron en la presidencia del consejo en poco menos de 3 años, y el número de ministros de Guerra, Agricultura o Trabajo que se sucedieron fue incontable.
    Naturalmente, en el siglo XXI no es plan de preferir lo de antes a lo que tenemos ahora, pero lo que es necesario es aprender de las experiencias del pasado, incluyendo su herencia positiva -y la II República tiene mucho y bueno de lo que aprender, no todo es malo entre 1931 y 1936- para construir un país mejor.

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  12. Yo, sin embargo, soy firme defensor de la monarquía.
    Prefiero una persona formada por el Estado, con toda clase de recursos, en valores constitucionales,que tener que soportar los vaivenes de politiquejos de distintos signos y, muchas de las veces, de dudosas capacidades.
    La monarquía, bien ejercida, tiene importantísimas ventajas: mucha mayor representatividad, mayor capacidad de influencia internacional y, en las de hoy en día, muchísima mayor preparación para el ejercicio de la actividad de representación del Estado.

    Siento disentir sobre las bondades de la II REPÚBLICA. En general, fue una época de libertinaje y de desmanes a diestro y siniestro que siempre fueron in crescendo creando un clima insoportable a gran parte de la ciudadanía.
    Ningún golpe de Estado triunfa si no tiene el respaldo de gran parte de la población y eso fue lo que ocurrió en nuestro país al contrario de lo que muchos defienden.
    Reciban un cordial saludo

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