La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces http://lasuertesonriealosaudaces.blogspot.es/







martes, 22 de abril de 2014

Economía, Francia y el eje equivocado





















Después de una semana santa sin ninguna pasión varias ideas político-económicas asaltan mi cabeza al calor de las noticias y de las cosas que veo y me cuentan. Cada día es más potente en mí la idea, que nunca ha dejado de estar presente, de que nos están colando una nueva estafa económica, que nos están disfrazando de estabilidad y recuperación lo que es sin duda un enraizamiento profundo de unas bases económicas extraordinariamente nocivas y dañinas para la mayoría de la sociedad, a la espera de nuevas oleadas de “inevitables” medidas empobrecedoras.

Miro a Francia y veo como el nuevo flamante primer ministro Manuel Valls nos retrotrae a Mayo de 2010, donde nuestro primer ministro Zapatero nos regaló un paquete de medidas de inspiración alemana porque “no había alternativa”, porque había que recuperar “la confianza internacional”, porque no se podía “gastar más de lo que se ingresa”. En ese momento España tenía un terrible déficit público del 11% a causa de la destrucción de la base fundamental de nuestra economía, que era el sector inmobiliario. Se acababa de rescatar Grecia, teníamos que ser “solidarios” en los esfuerzos europeos, esfuerzos que eran más para unos países que para otros y más para unas clases que para otras.
Hoy Francia no tiene un 11% de déficit sino un 5%, Grecia no acaba de ser rescatada sino que celebramos con champán su vuelta a los mercados internacionales de deuda. Pero seguimos necesitando generar “confianza”, seguimos sin poder “vivir por encima de nuestras posibilidades”, y eso que estábamos saliendo todos de la crisis, Grecia con sus mercados de deuda abiertos, España con su flamante recuperación más allá del cabo de hornos y Portugal también saliendo de la crisis como le oí hace un mes a un ejecutivo portugués que repetía, para su país, las mismas frases prefabricadas que nos cuentan nuestros empresarios y nuestro gobierno aquí.
Pero en Francia se han rebelado. Un tercio de los diputados socialistas y por supuestos sus ex socios verdes se niegan a apoyar el plan del carismático Valls. Hay tres planes alternativos sobre la mesa que se han presentado por estos “rebeldes” pero, si los analizamos con detenimiento, tampoco cambian sustancialmente el proyecto inicial. Suavizan la transferencia de renta desde empleados públicos y pensionistas a empresarios pero sólo eso, suavizan, porque la tendencia es la misma. Un poquito de chanchullo de sensibilidad social pero poco más. El camino político es el mismo, más o menos abrupto, más o menos radical, pero el mismo al fin y al cabo.

Francia era o es la última frontera que les queda a los que se resisten a aceptar que la socialdemocracia está muerta. No los principios socialdemócratas ojo, sino la socialdemocracia como sistema social y de gobierno que es diferente. Al final el sistema vigente es terco y empuja a sus hijos al camino inevitablemente prefijado: O se le da a las empresas lo que desean, o el capital se deslocaliza. No hay más, sin cambios radicales en los principios que rigen el comercio internacional y las relaciones económicas entre el capital y el trabajo no hay mucho más que hacer. La cuadratura del círculo no existe.
Pero esto no se plantea, nadie se atreve a plantear que sin estos cambios radicales vamos más rápidos o más lentos hacia una igualación por abajo con los países que produzcan en las condiciones más miserables en el terreno laboral, el sanitario, el medio ambiental o cualquier otro. Bueno algunos sí lo plantean, post-comunistas y verdes lo plantean pero sin una hoja de ruta clara, sin saber ni poder ni querer explicar a la sociedad los sacrificios que tendríamos que sufrir de ir por esa vía. Y al final el ciudadano percibe que estos grupos son idealistas pero sin el sostén técnico necesario para confiar en ellos.

Uno de los problemas que tenemos es la aceptación de los ejes de debate equivocados y muchas veces el posicionamiento reactivo e incorrecto en los mismos. Por ejemplo, cuando los gobiernos conservadores o social-conservadores nos dicen que hay que recortar el gasto público porque “no se puede gastar más de lo que se ingresa” en parte tienen razón. Es decir en parte no, la tienen casi toda. Es absolutamente obvio que un país no puede gastar más de lo que ingresa, un año sí, dos también pero no de forma sostenida. Valls dijo el otro día que la deuda es esclavitud y eso es absolutamente cierto.
Y la izquierda se revuele contra eso. “¡No hay que aceptar la política de eliminación del déficit!” dicen muchos. ¿Y qué hacemos? ¿Gastamos hasta una suspensión de pagos? Otros, más sensatos, dicen que el problema es de ingresos y no de gastos y eso es cierto, pero hay un problema técnico que nos lleva a un callejón sin salida: ¿Realmente se pueden aumentar los ingresos de una forma que no sea cargar de impuestos a las clases más débiles? Pues no, no se puede sin cambios radicales. Ahora se habla mucho del fraude fiscal como si fuese eso la panacea pero ¿realmente se pueden eliminar los déficits eliminando el fraude fiscal? Sobre el papel sí pero el problema es que eliminar el fraude fiscal necesita tiempo y una cantidad ingente de recursos, y además hacerlo tiene consecuencias porque, nos guste o no oírlo, hay fraudes fiscales que de ser eliminados harían inviables las actividades económicas que los generan. Es decir, perseguir el fraude de los empleos más precarios acabará con el fraude pero, también, con muchos de esos empleos.
Ahora, hay una cosa absolutamente cierta en lo que dicen los enemigos de la austeridad: Por cada euro que recortamos el efecto sobre el país es catastrófico. Al reducir el déficit se hunde el país, se entra en recesión, se empobrece la gente, etc. El remedio es peor que la enfermedad para la mayoría de la población. Esto es lo que dicen los socialistas franceses rebeldes y con razón. Otra cosa es hacia dónde desemboca eso, que suele ser hacia no hacer nada. A veces tengo la sensación que la “izquierda” ex socialdemócrata lo único que hace es ganar tiempo esperando no sé muy bien qué.

Al final el conflicto me parece que está claro y parece que no queremos afrontarlo: O se cambian radicalmente las normas y realidades que regulan el comercio internacional y las relaciones entre el capital y el trabajo o nos vamos al carajo a medio plazo (muchos, la mayoría, pero claro no todos porque esto es una cuestión de intereses). Porque este camino de bajarnos los sueldos para ser competitivos tiene el recorrido que tiene y vale para lo que vale: Generar empleos de bajísimo valor y remuneración y pequeñas empresas basadas en la supervivencia.
¿Sabéis cuánto es el sueldo de un trabajador en la China actual? Está en unos 500 euros. Aquí los salarios que están quedando no son mucho mayores, aunque es cierto que con los costes laborales se quedan en más o menos el doble. Pero ya no son las diferencias brutales de antaño, si añadimos el coste del transporte, la homologación, etc. ¿No deberíamos empezar a ser competitivos contra las exportaciones chinas? Sí, deberíamos, pero es que no lo somos.
Porque al final el problema no son los salarios, ni siquiera los costes laborales. Es que aquí las empresas deben cumplir leyes medioambientales, leyes de seguridad laboral, aquí tenemos una política de moneda fuerte que perjudica la exportación. Aunque nos equiparemos en salarios al final allí trabajan más horas, no tienen estrictas normas de seguridad e higiene, pueden contaminar cuanto quieran aunque la gente de Pekín se tenga que encerrar en casa varios días al año o, directamente, la política monetaria e impositiva se hace arbitrariamente en beneficio de la exportación.
¿Qué nos van a decir cuando acabemos el “ajuste” salarial? ¿Qué no podemos depurar el agua porque no somos competitivos si lo hacemos? ¿Qué no se puede proveer a los trabajadores de un equipo de trabajo adecuado para su seguridad? Ya no sería la destrucción del estado del bienestar, sería la destrucción de todas las mejoras sociales generadas en más de un siglo.
Y no penséis que es ciencia ficción, esto ya está pasando en las oscuras cloacas del subempleo. El otro día el diputado valenciano Ignacio Blanco contaba cómo se abusaba de los inmigrantes en las tareas agrícolas. No sólo los salarios eran los mínimos permitidos sino que al inmigrante se le obligaba a comprar o a alquilar el equipo de trabajo para recoger la fruta (gafas, guantes, mono, etc). Dijo Blanco que llegó a ver una nómina en negativo, es decir, teniendo que pagar el inmigrante al empleador porque el equipo de trabajo le costó ese mes más que su sueldo.

Y ya no es el rival “exterior” sino que también es el vecino benevolente. El otro día estuve en un cliente que me estuvo contando cómo dos empresas alemanas habían penetrado en su sector en el último año y actualmente estaban llevándose el 40% de los encargos en España. Le estuve inquiriendo sobre la calidad de los productos y sobre otras muchas cosas para ver dónde estaba la diferencia y al final la diferencia era económica: El producto alemán era un 10% más barato.
¿Cómo puede ser eso?” le pregunté, “¿No son los salarios mucho más altos en Alemania?”. Sí, lo son, pero el problema básico no estaba ahí. ¿Sabéis donde estaba? En que la empresa Alemana se financiaba al 0,5% anual mientras que en España las empresas se están financiando al 7% o, si están en buenas condiciones, quizá lo encuentren al 5%.
Tenemos la misma moneda, el mismo mercado interno, hay unificación hasta en los números de cuenta bancaria pero…ellos se financian a un coste ridículo. Y así va el imperio alemán, expandiendo poco a poco su economía por el resto del continente. Los franceses como locos pidiendo que el BCE devalúe el euro para poder exportar pero ¿para qué? A los que mandan allí les va bien así.

Yo sé que es complicado, sé que ir hacia una restructuración entera de las cosas requiere grandes ideas políticas, pero no podemos seguir en este estado de las cosas. El debate no puede ser entre austeridad, reducción de salarios, devaluación interna y destrucción del estado del bienestar, por un lado, y anti-austeridad, enrocamiento en los derechos adquiridos e inmovilismo por el otro. Este debate, esta dualidad política, no puede acabar en nada más que en la victoria absoluta del primer grupo sobre el segundo.
Siempre he leído que uno de los errores de la II república fue intentar cambiar demasiadas cosas en muy poco tiempo sin valorar adecuadamente las resistencias que generaría. Pues bien creo que el problema básico en esta época es exactamente el contrario, es decir, creo que lo que procede es un cambio radical de toda la estructura económica porque sino no hay manera de ajustar los esfuerzos económicos. Hay que replanteárselo todo, desde lo fundamental, que es revertir esta transferencia de renta desde el trabajo hacia el capital, pero también todo lo que hay por debajo de esa prioridad.
Hay que analizar lo que cobran los funcionarios públicos, lo que cobran los pensionistas de pensiones más altas, la necesidad de ciertas administraciones, los privilegios de determinados grupos de trabajadores sobre otros, la burocracia absurda, el sistema fiscal, la compartimentalización de los ingresos de la seguridad social respecto a los demás, las leyes que regulan el comercio exterior, el papel de la política monetaria, etc.  Todo eso debe teorizarse, plantearse y crear un plan de cambio radical de la estructura económica, paso a paso y sin grandes sobresaltos pero en una política firme de sesgo igualitarista.


Ahí es nada. Quizá pido la luna, no lo sé. Y quizá haga falta también, para este menester, ese cirujano de hierro que decía Joaquín Costa, alguien que no le importe tener que salir al exilio voluntario hacia el país más lejano que encuentre en el momento haya terminado su obra económica y haya soliviantado a todo el mundo.

4 comentarios:

  1. Coincido, este capitalismo del todo a cien nos lleva a una situación donde el futuro no existe, ni como ciudadano ni como trabajadores....no es pesimismo es absoluta y asquerosa realidad.....como siempre y empieza a ser algo cotiadiano excelente análisis Pedro....

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A ver si consigo un botón de "me gusta" para apretar cada vez que me lances estos piropos ;-)

      Eliminar
  2. Esto es muy complejo y demasiado técnico para que mi opinión sea mínimamente solvente, pero como soy español voy a decir la mía ¡faltaría "plus"!

    Los partidos socialdemócratas europeos - y la última esperanza era el PSF -, ya desde que Giddens abrió la Caja de Pandora de la "Tercera Vía", allá por los lejanos años 80 de la pasada centuria, se han suicidado por el acantilado neoliberal a consecuencia de su insolvencia intelectual. Las tesis socialdemócratas pivotan sobre un eje fundamental: el papel del estado como redistribuidor de la riqueza para combatir las desigualdades sociales generadas por el normal funcionamiento del sistema capitalista. Los partidos socialdemócratas se han alejado tanto de este dogma económico que ya no los reconoce "ni la madre que los parió" y se parecen tanto a sus némesis políticos que se confunden. El triunfo de las tesis económicas del liberalismo clásico de Adam Smith y David Ricardo es ya total y absoluto; los economistas de la oferta han ganado la partida, vale que con las cartas marcadas, pero la han ganado.

    El objetivo es que el estado no intervenga en la economía, ni siquiera como árbitro o juez y, por supuesto, que no establezca las reglas de juego. Para el liberalismo clásico, hoy paradójicamente rebautizado como "neoliberalismo", el papel del estado ha de limitarse a garantizar la seguridad interna y la defensa externa de las naciones, o mejor dicho, de los mercados. Y a eso vamos con la connivencia, si no franca colaboración, de la izquierda democrática.

    El problema es evidente, el hueco ideológico que deja la socialdemocracia lo cubre el populismo, tanto de izquierdas como de derechas. Y, en ese populismo se cuelan, como agua por un cedazo, las ideas totalitarias, tan oportunistas como siempre lo han sido, provocando un reverdecer de viejos terrores, de los demonios del fascismo y el comunismo.

    Solo la socialdemocracia había conseguido poner a hibernar a esos monstruos ideológicos pero si muere el guardián o abandona su puesto, los totalitarismos se vuelven a escapar. Cuidado.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Enrique,

      Haría un pequeño matiz un poco forzado si se quiere. Yo creo que lo que pasa ahora no es el paradigma de Smith y Ricardo. Esos economistas o ideólogos eran de otra época y yo creo que nunca pensaron sobre los terribles efectos sobre la igualdad que podría tener un capitalismo como el que tenemos ahora. Cuando el capitalismo industrial trajo grandes masas de miseria muchos de los liberales de entonces evolucionaron hacia posiciones progresistas, democráticas y radicales (que es el terreno donde tu estás). ¿Qué hubiesen hecho estos pensadores en un momento como el actual? Me cuesta creer que hubiesen validado la economía que vemos ahora, de hecho creo que estarían horrorizados de muchas cosas. Recuerda que el propio Ricardo es muchas veces usado por los marxistas ingleses y que más de una vez se ha oído hablar de "socialismo ricardiano".

      Más allá de esto tampoco creo que vayamos a un populismo de forma inevitable. La socialdemocracia ya no puede funcionar porque se basa en un sistema de impuestos difícilmente aplicable ahora. Podríamos intentar una economía mixta yéndonos más atrás, a la primera socialdemocracia o al socialismo democrático. Hay más alternativas, muchas de ellas basadas en la economía local, en la transformación de las reglas del comercio internacional, etc.

      Yo no creo, pues, que tengamos que caer inexorablemente en las garras del populismo. Ahora, como no hagamos nada y dejemos que las cosas sigan su curso sí que acabaremos allí de una manera u otra, en populismos post-fascistas, post-comunistas o incluso en populismos democratistas.

      Saludos,

      Eliminar