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miércoles, 2 de abril de 2014

¿El desempleo ha tocado fondo?






















Los datos de la afiliación a la seguridad social y de las personas registradas en los servicios públicos de empleo han arrojado hoy cifras a priori positivas. El paro ha disminuido, en términos desestacionalizados, 17.000 personas y la ocupación ha crecido en el último año unas 115.000 personas. No es que sean cifras muy buenas pero siguen esa tendencia de mejora con algún altibajo que se lleva dando desde finales de 2013.
Estos datos han llevado a mucha gente a concluir que el desempleo tocó fondo en España con el pico que tuvo a mediados de 2013 y que, por tanto, estamos ya situados en la senda de la recuperación (que es lo que vende el gobierno) o por lo menos en el fin de la destrucción de empleo. Pero ¿es eso cierto? ¿Estamos despegando realmente del fondo o estamos en el pico de un altibajo parecido al que se dio entre finales de 2010 y principios de 2011?

Hacer un análisis de futuros es francamente complicado porque la economía no se puede predecir con una bola de cristal. Las tendencias existen, pero están siempre sometidas a coyunturas que pueden cambiarlo todo, coyunturas que muchas veces no dependen del propio país y que pueden condicionar la estructura que vemos.
Obviamente un país no puede generar parados indefinidamente y es obvio que llegará un momento en que la pérdida de empleo se revertirá. La reforma laboral del gobierno de principios de 2012 abarató el despido y flexibilizó al máximo las posibilidades de despido procedente lo que provocó una rápida sangría de desempleados durante el siguiente año. Esa reforma generaba, a su vez, un mercado laboral más débil, con despidos más baratos y en progresiva tendencia a la reducción de salarios, algo que el gobierno provocó a propósito como método de ganar competitividad pero que también es consecuencia natural del desempleo estructural.
Paralelamente a esta precarización del mercado laboral se han dado varias circunstancias que han sido positivas. Todas las primas de riesgo de la zona euro han bajado fuertemente gracias al BCE y al fin de la especulación que se estaba dando sobre nuestras divisas, lo que ha llevado al relajamiento en las exigencias de déficit y, por tanto, en que los recortes radicales se hayan prácticamente paralizado, habiéndose hecho éstos durante este último año en España de forma mucho más cuidadosa y sutil que en el año precedente.
Nuestras empresas han tenido que volcarse en los últimos años a la exportación y las que han sobrevivido ya están superando esa curva de aprendizaje necesaria, han abierto mercados más o menos estables y ya no ven amenazada su supervivencia en muchos casos. Por otro lado la falta de demanda interna ha producido un curioso efecto en la pequeña empresa de sectores de valor añadido medio-bajo (juguete, calzado, textil, joyería), que ha comenzado a resurgir gracias al hueco que han dejado las importaciones asiáticas, pues con las bajas cantidades que se les piden muchas fábricas asiáticas no sirven pedidos a España a precios competitivos y eso deja espacio de nuevo para la fabricación nacional. Ya hay polígonos industriales, prácticamente muertos desde 2009, que están comenzando de nuevo a tener actividad.

Todas estas tendencias hay ayudado a que España haya salido de la recesión y de la destrucción de empleo. El problema es que esto está siendo calificado de “recuperación” como si estos datos supusiesen un retorno a una situación previa, a una economía similar a la que teníamos antes de la crisis o a un mercado laboral parecido a aquel, y esto es a todas luces un exceso de la propaganda política del gobierno.
En mi opinión lo más peligroso de todo es que parece que estamos iniciando una época de precariedad y pobreza virtuosa. Parece que nuestro proyecto de país es ser el Taiwan de los 70, ser competitivos y buscar la inversión a base de facilidades de todas clases y bajos salarios, algo que por cierto es pan para hoy y hambre para mañana porque jamás podremos competir con estados autoritarios que manejan las leyes discrecionalmente a favor de la inversión extranjera.
Me parece que todavía no somos conscientes de que el gran problema de estas estadísticas de “empleo” es que estamos llamando igual a cosas que no tienen nada que ver. Ya no es la precariedad salarial producida por el alto paro e inducida por el gobierno, ya no es la temporalidad del trabajo, el problema básico es el trabajo a tiempo parcial. Gran parte del trabajo que se está creando es a tiempo parcial, a media jornada o incluso menos, empleos que contamos de forma unitaria pero que esconden en el fondo una realidad perversa. Este mes, por ejemplo, sobre la mitad de contratos generados eran de jornada parcial.
Si en un mes en las oficinas de empleo se apunta como demandante un señor al que han despedido y que cobraba 1.500 euros al mes y se dan de baja dos personas que han encontrado sendos trabajos de 15 horas a la semana y que cobran 400 euros cada una, el resultado neto es que el paro ha bajado. Pero el efecto sobre el país es terrible, porque has acabado con un empleo “decente” y has expulsado a un trabajador de la clase “media” (o medio-baja) para crear dos trabajadores pobres.
Los trabajos a tiempo parcial deben existir en una sociedad. Hay estudiantes que recurrían a ellos, hay madres y padres que voluntariamente los desean para poder cuidar de sus hijos e incluso es una manera de entrar en el mercado laboral y ganar experiencia. Pero este empleo es, digamos, un “parche” temporal, es algo que puede cubrir una etapa de tu vida pero que no es el objetivo vital de la mayoría ni debe ser el objetivo del país.

Si el gobierno está encantadísimo con el empleo a jornada parcial creado está equivocándose. Esto puede ser un problema que se enquiste y que solidifique en una economía de supervivencia. Alguien debería encargar un estudio para ver el porqué de esta explosión del empleo a tiempo parcial, que posibilidades tienen estos empleos de convertirse en indefinidos y qué consecuencias está teniendo esto sobre la vida de las personas, con las consecuencias sociales que padeceremos a futuro.
Las crisis que se dejan estar para que el mercado las solucione solo o aquellas que se intentan solucionar compitiendo a la baja (en el fondo es lo mismo) tienen el grave riesgo de crear una situación depresiva crónica. En ese contexto el subempleo florece, las actividades de bajo valor añadido antaño despreciadas vuelven a generarse y podemos caer en una trampa de la que no podremos salir.
Si una actividad necesita trabajadores cobrando 250 euros para ser viable esa actividad no es nada deseable para el país. La productividad de esa actividad es bajísima, generará trabajadores pobres que no podrán contribuir ni al consumo ni al pago de impuestos y esto generará un ciclo que llevará a la larga al subdesarrollo del país.
Comentaba el otro día el catedrático de economía Santiago Niño Becerra que ya había sitios donde se estaban quitando máquinas para poner personas, porque el gasto de las segundas era menor. Eso representa una especie de des-revolución industrial que va en sentido contrario a la productividad y al enriquecimiento social. Por mucho que así se cree trabajo es casi más una ocupación artificial que un trabajo productivo real. Parece la victoria del ludismo 200 años después.

A veces pienso que es importante desacralizar el trabajo per se. En cualquier encuesta en la que preguntes los ciudadanos dirán que el principal problema del país es el paro y es lógico: No tener empleo te lleva a no poder pagar ni las cosas más básicas y a perder el ciclo de la vida. El empleo es, todavía en nuestra sociedad, la piedra angular sobre la que gira la vida social.
Pero como se extiendan los trabajos a media jornada y a sueldos miserables esa escala de valores va a cambiar. Si el empleo no permite salir de la pobreza entonces indefectiblemente antes o después estar ocupado y trabajar va a dejar el objetivo social y la base y solución de todos los problemas. Y si eso sucede tendremos un problema terrible, porque esto va asociado a cosas como la criminalidad, el respeto a la ley, la integración social o la propia estructura de servicios del país.
No, el empleo per se no vale, no vale que este país edifique una sociedad a base de salarios de supervivencia. Las personas tienen necesidades y no se puede aceptar nada que no sea salarios que permitan obtener los básicos (vivienda, comida, luz, agua, gas, transporte, ropa..). Ya es hora de qué nos preguntemos qué trabajo se está creando, cuantas horas, qué remuneraciones, qué actividades, y no nos conformemos con cosas que de perdurar en el tiempo nos llevarán al pasado económico.
Y si no se puede subir los sueldos pues habrá que actuar sobre el coste de los productos y servicios básicos. Si se llega a la conclusión de que es absolutamente inevitable tener salarios de 600 o 700 euros al mes para poder generar actividad económica y riqueza pues entonces habrá que entrar a regular los precios de la vivienda, subvencionar el transporte y los servicios básicos o entrar a regular las cadenas de distribución de productos y servicios para abaratarlos. Pero algo hay que hacer porque sino vamos a una brecha social propia de países subdesarrollados.

¿El desempleo ha tocado fondo? Yo creo que, a no ser que tengamos otro terremoto macroeconómico (crisis enorme en los BRIC, ataques especulativos, etc) sí, sobre todo con esta laxitud con la que definimos qué es un trabajo. Lo normal es que el desempleo baje rápidamente (en parte por desaparición de demandantes) y que se cree empleo por división del existente fundamentalmente.
Pero hay que mirar un poco menos a las cifras y un poco más a la calle ¿sabéis lo que veo yo? Dos indigentes, uno en cada puerta, en el Mercadona de cerca de mi casa, otro en el Consum, otro en una esquina dos manzanas más allá que se ha puesto ¡Al lado del vendedor de la ONCE! Veo gorrillas en cualquier parte de la ciudad en que haya dificultades para aparcar, veo continuamente a un chico negro y a una pareja de gitanos-rumanos buscando metales o cosas útiles en la basura. Por ahora casi todos extranjeros, gracias a que las redes de protección familiar aún funcionan en España, no sé por cuanto tiempo.

Y esta estampa no existía hace 5 años. Hace años los españoles nos escandalizábamos cuando veíamos tantos mendigos en Nueva York y ahora ¿sabéis lo que os digo? Que creo que casi tenemos más aquí. Y porque afortunadamente todavía no hay niños en la calle, que si no parecería que estamos en Buenos Aires. Y lo peor es que nos estamos acostumbrando.

3 comentarios:

  1. El desempleo nunca dejará de tocar fondo hasta que los gobiernos no intervengan en materia de despidos y demás, que luego los juzgados de lo laboral o social se lavan las manos.


    Buena entrada, como siempre.

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  2. Pedro: Hoy precisamente tengo una entrevista con el periódico "progre" de Columbia y me van a hacer preguntas sobre el paro en Europa y sobre mi "monetarismo". Creo que mañana podré colgar la traducción y a mi juicio, dado que tocas el tema del paro y la pobreza, a lo mejor te dará mucha carne para oponerte o igual no...

    Tema pobreza: desde mi punto de vista subjetivo porque hace tiempo que no observo la calle española, si recuerdo ver mas casos "miserables" alli que aqui. Pero por otra parte las redes tribales familiares aun funcionan en un pais como España al igual que el resto de paises mediterráneos. Como bien dices, no sé por cuánto más tiempo porque no creo que nuestra generación tenga los mismos lazos o "valores" familiares que los antepasados.

    Saludos

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  3. Simplemente, se trata de otro tipo de economía con otros modelos de negocio para los visionarios y más emprendedores: la industria de la caridad; la industria del juego; la industria del alquiler; la industria de la prostitución, del tráfico de órganos, de la droga; del sicariato. Es cuestión de adaptarse a los nuevos tiempos. No hay más que ver lo bien que les va a los mexicanos. Son tiempos interesantes.

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