La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces http://lasuertesonriealosaudaces.blogspot.es/







martes, 8 de abril de 2014

Reflexiones sobre las "naciones florecientes"














Antes de nada os pediría que leyeseis este artículo de opinión de Santos Juliá. Santos Juliá es uno de los historiadores de cabecera de EL PAÍS y por mucho que me desagrade la línea editorial de este periódico últimamente las columnas de Juliá siempre las leo con mucha atención. He leído bastantes escritos de Juliá analizando la II república y la guerra civil española y siempre me ha parecido que está muy acertado en sus análisis.
En este escrito Juliá habla de las naciones “que florecen” y analiza un cambio de paradigma histórico desde la desintegración de la URSS. Si bien, según su tesis, después de la segunda guerra mundial se consideró el nacionalismo como ideología peligrosa y culpable de las dos grandes guerras, desde la desintegración de la URSS y Yugoslavia y la consecuente creación de nuevos estados el nacionalismo para haber vuelto a florecer y a ser generalmente aceptado. El concepto de nación, que fue conceptualizado como un anacronismo cultural y secundario hasta el fin de la URSS, hoy se ha reactivado.
Santos Juliá habla del caso de España y de cómo se han creado “naciones” en el imaginario colectivo gracias el trabajo cultural constante del nacionalismo y al aprovechamiento de las estructuras de estado creadas en España a finales de los 70. No habla sólo de Cataluña o Euskadi, sino que incluye también a Galicia, el País Valenciano, Aragón, Baleares, etc.
Finalmente acaba el texto así: “una vez hechas (las nacionalidades), son, y sería propio del avestruz negarse a ver el ser de lo hecho” (…) “ahí está el hecho más asombroso de las últimas décadas: asistir, como si de una nueva primavera romántica se tratase, al florecimiento de tantas naciones. Lo que vaya a ocurrir con el Estado, ¿a quién importa?

Yo no voy a descubrir a nadie quién soy ni lo que pienso. Soy claramente anacionalista, creo que las naciones son construcciones subjetivas y arbitrarias creadas por los intereses de unas élites para dominar a las masas. Considero al nacionalismo una ideología que, si supera ciertos límites, es potencialmente peligrosísima y creo, por tanto, que el deber de todo izquierdista es oponerse a la hegemonía cultural nacionalista y combatir el nacionalismo desde la raíz.
Y es por eso mismo que leo a Juliá y veo que tiene razón en su análisis social/histórico de los acontecimientos, y eso me llena de pena. El nacionalismo, el tribalismo, ideas decimonónicas que vuelven y vuelven como solución fácil cada vez que el mundo se enfrenta a la incertidumbre de un cambio de época, cada vez que el resto de actores políticos se quedan con un discurso anticuado ante los nuevos retos, cada vez que las élites quieren manejar a una población perdida y asustada.
En cada país aparece de una manera. En el este de Europa el nacionalismo de los actuales estados crece y crece, en contra del estado vecino, o en contra del grupo cultural vecino, o en contra de la globalización o de la influencia rusa (o de ambas). En Hungría gana elecciones el populismo nacionalista, en Ucrania los nacionalistas toman las cabeceras de las manifestaciones... En el oeste las cosas son algo distintas pero no tanto: El populismo nacionalista da soluciones desde el estado contra la globalización, la deslocalización y la inmigración (Frente Nacional en Francia, Wilders en Holanda), y en otros países un populismo similar las da contra el estado, desde posiciones centrífugas que pretenden solucionar todos los males desde la “patria” más pequeña (Cataluña, Euskadi, Padania, Flandes).
Pero todo es lo mismo: La nación per se, la que sea, como sea, solucionadora de todos los males que nos trae un futuro incierto que ha superado a las ideologías tradicionales. Sin que se vean cercanos los peligros que antaño causó el nacionalismo romántico, que en palabras de Juliá llegaron a “su primera apoteosis con el nacional-imperialismo que arrastró a Europa a su gran guerra, y alcanzada su cima con el nacional-socialismo y el fascismo, religiones políticas que desencadenaron la segunda guerra grande”, sí vemos cómo estas fuerzas, los nacionalismos con estado o sin estado, nos van a traer terribles problemas en el futuro.

Es posible que por ahora sólo veamos, en occidente al menos, que los problemas que causa el nacionalismo son fundamentalmente económicos, casi impulsados por doctrinas neoliberales territorializadas, pues todas las regiones donde el secesionismo es popular tienen algo en común: Son más ricas que la media de sus estados por lo que la secesión intuitivamente parece económicamente conveniente (aunque esto tenga parte de falacia lógica).
Pero el nacionalismo es peligroso, es una chispa que enciende un fuego que luego no se puede apagar. El agravio económico se puede convertir en político, cultural, étnico, etc. Y en ese contexto el problema puede tomar tintes terribles, pues si bien nadie va a generar una espiral de violencia para conseguir beneficios económicos mayores (porque la propia violencia sería destructiva y no compensaría el beneficio económico a conseguir), esto puede dejar de ser verdad si el romanticismo se sitúa por delante de la cartera.

Desde un punto de vista español, y asumiendo que nuestro problema principal es un nacionalismo regional y centrífugo más que uno uniformizador y centralista (sin perder de vista, por supuesto, esos intentos de uniformizar cultural, religiosa o moralmente España que ya comenzamos a ver), lo primero que debemos combatir es la falacia democratista del “derecho a decidir”. Debemos denunciar una o mil veces que ese “derecho a decidir” no es más que una treta para blanquear el nacionalismo y permitirle conseguir sus fines mediante una justificación falsaria.
El “derecho a decidir” es arbitrario, creado adhoc para llevar a cabo intereses prefabricados, conceptualizado para casos concretos y negado con las más diversas excusas para el general. Porque la extensión del “derecho a decidir” a cualquier situación, como se podría deducir de la interpretación estricta de la idea, nos llevaría a una especie de anarco-capitalismo territorial y personal inasumible, absurdo y destructor de cualquier cohesión social o distribución de la riqueza. Sería, en resumen, la barbarie que aplicarían quienes tengan las posiciones dominantes contra quienes no las tengan.
La izquierda debe vacunarse a sí misma contra la ilusión de ver en el “derecho a decidir” la voluntad democrática de un pueblo. No, esto no es más que una engañifa creada para comprar nuestra voluntad. El nacionalismo, desde sus orígenes, siempre ha usado al “pueblo” para justificar sus objetivos o políticas. Pero no porque sirviese al pueblo, sino porque el pueblo era lo mismo que la élite, porque en el nacionalismo todo se funde en una maraña que anula la individualidad, la diferencia, la clase social, y todo se une bajo unos intereses que suelen ser siempre los de la élite. El nacionalismo-imperialista hablaba en nombre del pueblo (ya no eran las guerras “de los reyes”, eran las guerras “de los pueblos”), el nacionalismo-fascista también hablaba en nombre del pueblo y su “duce”, su “fürher” o su “caudillo” eran la propia representación del pueblo, eran el pueblo mismo.

Hablando de esto recuerdo a Azaña y sus diarios. Recuerdo cómo él, tan defensor de la especificidad catalana y de su autonomía (contra otros políticos fundamentalmente socialistas, como Prieto, quien hablaba de una futura autonomía vasca como un “gibraltar vaticanista”), acabó absolutamente frustrado y decepcionado con el nacionalismo catalán. Recuerdo como hablando con Carles Pi i Sunyer le decía a este que, después de lo acontecido en la guerra, si en ese momento le diesen al pueblo español la posibilidad de volver a decidir entre un sistema autonómico o uno centralista la inmensa mayoría hubiese optado por el centralista.
Y pienso si esta reacción centralista está volviendo a suceder, y en cierta manera yo creo que sí. Lo podemos ver en VOX, defensor de la recentralización, y en un ámbito distinto lo podemos ver en Movimiento Ciudadano y también en UPyD, enemigos ambos el discurso nacionalista aunque con maneras diferentes de proyectar un futuro estado ideal. Pero ojo que entre estas fuerzas hay una gran diferencia:  VOX es peligroso, VOX es combatir el nacionalismo con nacionalismo, el fuego con fuego, el fanatismo con fanatismo.

Yo creo que en España procede que tengamos una gran fuerza radical-demócrata, heredera del liberalismo radical de finales del XIX, de aquel radicalismo que suponía la evolución más avanzada de las ideas liberales y las llevaba al ámbito social, a la búsqueda de una revolución igualitaria en todos los niveles, también el económico.
 Dicen algunos analistas que están viendo un cambio de estrategia en UPyD. Dicen que este partido, consciente de que le queda poco que pescar en el ámbito de la derecha (o el centro-derecha) sobre todo desde la aparición de Movimiento Ciudadano y VOX, ha comenzado a marcar un perfil más izquierdista que electoralmente le favorecería más, pues allí hay mucho voto abstencionista. Y, si asumimos esta teoría, añadiría yo que también porque el país está virando progresivamente a la izquierda.
Yo no sé si esto es verdad, aunque ya dije hace meses que la aparición de Movimiento Ciudadano probablemente empujaría a UPyD hacia posiciones más izquierdistas, pero si lo está haciendo bien hecho está siempre que la dialéctica se corresponda con sus intenciones reales por supuesto. Alguien tiene, en este país, que coger esa bandera radical-demócrata. Ya que en el PSOE están muy a gusto en el esquema de pacto electoral con el nacionalismo y en IU están hechizados con el “derecho a decidir”, alguna fuerza tiene que hacer este papel. Y este papel no puede ser hecho por la derecha cultural, aliada del nacionalismo en casi todos los países.


Si UPyD remarca ese perfil progresista, se sitúa en ese radicalismo liberal defensor de la igualdad (también de renta) y minimiza ciertas obsesiones repetitivas, le vaticino a ese partido un éxito electoral mayor del que otorgan las encuestas. Luego ya se verá cómo se manejan cuando sean decisivos y/o en funciones de gobierno, pero a nivel de parcela política creo que en un momento así una propuesta de estas características recibiría enormes apoyos, sobre todo ante la inconsistencia de casi todo lo que hay en nuestro panorama político.

8 comentarios:

  1. ¿Conoces a Robert D. Kaplan? Si no es así, deberías: te recomiendo La anarquía que viene, Fantasmas Balcánicos, Monzón y la Venganza de la Geografía.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola,

      Pues no, no lo conocía, pero he estado leyendo algo gracias a tu consejo.

      Un saludo,

      Eliminar
  2. "Debemos denunciar una o mil veces que ese “derecho a decidir” no es más que una treta para blanquear el nacionalismo y permitirle conseguir sus fines mediante una justificación falsaria."
    Plenamente de acuerdo con esto y con la explicación que seguidamente le das en el artículo. Si aceptamos el derecho a decidir uniletaral de los catalanes para separse del estado español, ¿por qué negarlo a las organizaciones patronales que deseen fijar el impuesto de sociedades que habrían de pagar? Por supuesto con referéndum de por medio y todo muy democrático y libre...

    Con respecto a Movimiento Ciudadano (me tira mucho para atrás ver que cuenta con el apoyo de Alfonso Rojo, Isabel San Sebastían o César Álvarez Cabo http://movciudadano.es/apoyos/ , pero trataré de no tenermo demasiado en cuenta a la hora de analizar los programas electorales...) o UPyD, opino igualmente como tú. Considero bastante inteligente su estrategia de no confrontar al nacionalismo catalán o vasco con nacionalismo español al estilo VOX, sino apostando por una especie de ideario postnacionalista y a favor del federalismo europeo. Y es que, no nos engañemos, ni Alemania, ni Francia, y mejor no hablar del resto... van a pintar nada en el mundo que viene a no ser que nos unamos y cuanto menos, tratemos, de ser independientes militar y energéticamente de EEUU y de los rusos.

    Enhorabuena por el artículo.

    José Antonio O.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jose Antonio,

      Estás muy acertado en mi opinión. Fíjate no hace falta ni ir al IS de las sociedades, vamos a dar un caso más territorial. ¿Y si mañana en la provincia de Soria se encuentran terribles reservas de petróleo, suficientes para que una Soria independiente tuviese una renta per cápita de 60.000 dólares anuales? ¿Les dejamos entonces que se autodeterminen? ¿Les aplicamos el "derecho a decidir"?
      Porque básicamente esto es lo que está pasando cuando se juntan las especificidades culturales con una mayor renta que la media. En el momento se empiece esto se puede generar un efecto dominó que llevaría a la marginación de las regiones pobres y a la "autodeterminación" de todas las ricas.
      Esta es la potencial tiranía del democratismo.

      Respecto a Movimiento Ciudadano opino como tú. Creo que tiene un discurso más amable, un líder más carismático y creo que se maneja mejor dialécticamente que UPyD (UPyD a veces provoca gratuitamente) pero...me huele mal. Lo veo más económicamente derechista y con ideas más acomodaticias, por no hablar de esos apoyos que comentas que no quiero no nombrar.

      Saludos!

      Eliminar
  3. Hola Pedro --

    Como sabes, yo tampoco soy nacionalista ni mucho menos "espanolista". En todo caso me considero patriota occidental, emano ciertos "valores" pero esos valores no dependen de una nacion o de fronteras porque mi guantelete es mucho mas pragmatico y yo veo "mi patria" en todo ser humano que comparta mis principios liberales, capitalistas, "Wasp" si prefieren algunos llamarlo. Para mi, un espanol socialista no es de "mi patria" ideologica, no es "de los mios". Tengo mas en comun con un negro como la noche en Kenia que sea protestante y liberal antes que con un "blanco" en Madrid que sea sociata y catolico.

    Dicho eso, dices: "o creo que en España procede que tengamos una gran fuerza radical-demócrata, heredera del liberalismo radical de finales del XIX, de aquel radicalismo que suponía la evolución más avanzada de las ideas liberales y las llevaba al ámbito social, a la búsqueda de una revolución igualitaria en todos los niveles, también el económico."

    Me ha gustado muchisimo la primera parte de esta frase, no tanto la ultima. El liberalismo del XIX no buscaba la "igualdad economica" y yo tampoco busco eso como liberal. Creo que en tu ardor igualitarista y radical te refieres a una economia "justa" mas que la igualdad absoluta no? Eso espero.

    Pero por otro lado, ya sabes que considero a Espana un pais especialmente "delicado" en ciertos aspectos y ahi estoy dispuesto a dialogar mucho mas en comparacion con como soy en EEUU, donde ya sabes que soy "de hierro" con mis ideas capitalistas.

    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Alfredo,

      Bueno creo que te has excedido en el comentario sobre el Keniata. Estás en un momento muy, como decirlo, "capitalista" y "apátrida" pero normalmente no dirías esto. Al final los valores son importantes, la cuestión espiritual también lo es para ti, pero las similitudes humanas van mucho más allá de estas cosas: Hay costumbres, idiomas, formas de comportarse, una infancia y referencias culturales comunes, etc. Todo esto y muchas más cosas hacen que te sientas próximo a un ser humano.
      ¿De verdad te sientes más próximo a un Africano protestante que a mi, ateo e izquierdista? Yo creo que no ;-)

      "Me ha gustado muchisimo la primera parte de esta frase, no tanto la ultima. El liberalismo del XIX no buscaba la "igualdad economica" y yo tampoco busco eso como liberal. Creo que en tu ardor igualitarista y radical te refieres a una economia "justa" mas que la igualdad absoluta no? Eso espero"

      A ver, la igualdad absoluta no existe y eso es imposible de conseguir. La igualdad económica absoluta tampoco la pretendo, pretendo una igualdad relativa donde los factores de capacidad, trabajo y riesgo emprendedor sean quienes marquen las diferencias entre remuneración y ganancias de las personas. Eso sí, sería una distribución más igualitaria que en este momento de la historia por supuesto.
      De todas formas voy a discrepar de un punto. Los liberalismos más avanzados del siglo XIX y principios del XX sí buscaban más igualdad económica, porque estos liberalismos creían (como creo yo) que si el hombre es esclavo de sus necesidades económicas no puede acceder a las libertades que le da el liberalismo.
      Los radicales eran de los que pensaban eso, igual que lo pensaban los demócratas avanzados y gentes como Pi i Margall. De hecho hubo un partido en España que era el Partido republicano radical-socialista, que se llamaba así sin ser marxista sino como una radical evolución del liberalismo. Pero usaban socialista en el sentido "igualitarista".

      Bueno, espero que en España no seas como te estás mostrando estos días en tus textos sobre EEUU, y me consta que no lo eres. Mira, Don Ricardo Royo-Villanova me decía el otro día que para colaborar con derechistas ponía estas tres condiciones:

      1.- Que el área de acción de la iniciativa privada tiene límites en los derechos sociales,
      2.- Un estado del bienestar universal que garantice los derechos a la salud, la educación, la vivienda y la atención a la dependencia en igualdad de condiciones para todo el mundo,
      3.- Un sistema de impuestos justos y progresivo para financiarlo,

      Igual matizaría algún término para colaborar y llegar a acuerdos pero, para España, ¿te parecen excesivas estas demandas mínimas?

      Saludos,

      Eliminar
    2. Pedro:
      Siempre estoy en momentos capitalistas, Pedro. Sabes además que no soy para nada “españolista”. Nunca lo he sido, pues serlo significa, entre otras cosas, aceptar el legado católico histórico que lo considero enemigo de mi fe protestante. Ah, pero veo por qué estás un poco en “shock” con mi comentario. No, claro, no me refería a costumbres aunque, ¿realmente piensas que yo tengo algo en común en cuanto a costumbres con un “típico mediterráneo”, sea español o italiano o griego? Francamente yo creo que no. Ni siquiera me gustan las terrazas!

      “¿De verdad te sientes más próximo a un Africano protestante que a mi, ateo e izquierdista? Yo creo que no ;-)”

      Si fueras católico (por suerte para ti y para mí no lo eres), te diría que sí, pero respondiendo en concreto a tu pregunta tan específica, pues no, en ese caso claro, me siento más próximo a ti. No por lo de izquierdista, sino por nuestras costumbres educativas y también me atrevería a decir “cultura” pero porque también sé que no tienes costumbres demasiado “torrenteras” por llamarlo de alguna forma. Pero además sabes que yo soy más de hablar de razas que de naciones y entonces ahí creo que te refieres realmente a “lo racial” y efectivamente, siento más en común con los “blancos” que con un señor de Kenia.

      “De todas formas voy a discrepar de un punto. Los liberalismos más avanzados del siglo XIX y principios del XX sí buscaban más igualdad económica, porque estos liberalismos creían (como creo yo) que si el hombre es esclavo de sus necesidades económicas no puede acceder a las libertades que le da el liberalismo.”

      Y yo comparto esto también Pedro – por eso defiendo determinados programas sociales, entre ellos, la educación pública universal para todos y mi conocida oposición a los concertados.

      “Bueno, espero que en España no seas como te estás mostrando estos días en tus textos sobre EEUU, y me consta que no lo eres.”

      Sabes que yo obro según el país donde me encuentre y su entorno cultural. Yo no tengo modelos universalistas porque eso no va con mi estilo particularista y algunos dicen “segregador”. Sí, es verdad que soy un capitalista muy sólido en EEUU pero porque este país es así y la gente me comprende en su gran mayoría o al menos sintonizan con mi forma de pensar. En España me cuido mucho más porque sé que estoy en un entorno hostil a mi forma de pensar y también, sabes bien, soy defensor de todo lo democrático y lo más importante para mi es que el “pueblo”, los electores, acepten mis argumentos si están convencidos. Me gusta convencer, no forzar. Si los españoles quieren más socialismo e igualdad, yo lo respeto y asumo esos deberes con los electores. En mi “corazón”, si, soy “ultra capitalista” , pero por suerte creo que mi cabeza es la que dicta cómo me comporto en vez del corazón.

      “1.- Que el área de acción de la iniciativa privada tiene límites en los derechos sociales” Dependerá de qué límites…pero entiendo la premisa y la acepto…como concepto general.
      “2.- Un estado del bienestar universal que garantice los derechos a la salud, la educación, la vivienda y la atención a la dependencia en igualdad de condiciones para todo el mundo” Por supuesto (pero esto lo defiendo hasta en EEUU)
      “3.- Un sistema de impuestos justos y progresivo para financiarlo” – Justos SÍ, “progresivos”, depende de los márgenes que manejamos.
      “Igual matizaría algún término para colaborar y llegar a acuerdos pero, para España, ¿te parecen excesivas estas demandas mínimas?” No, no me parecen excesivas, aunque desconozco quién es ese señor que mencionas.

      Eliminar
  4. Disculpad, todavía no he leído el artículo pero en el mapa de la "futura" Europa queda evidente un país que no solo no se fracciona, sino que aumenta, ampliamente ¿Cual?.... Acertasteis.

    Buenas noches.

    ResponderEliminar