La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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martes, 6 de mayo de 2014

Hablando de "las masas"






















El otro día mi colega Alfredo Coll escribió en su blog un artículo sobre Urdangarín que utilizó como nexo para hablar de un tema que, desde su punto de vista conservador y anglófilo, le preocupa mucho: La desaparición de unas élites “aristocráticas” en los países anglosajones y la sustitución por unas nuevas élites de naturaleza distinta.
A mí no me gustan las ideas aristocráticas de Alfredo ya que soy fuertemente igualitarista y al contrario que él creo en la necesidad de cambio continuo en las élites políticas e intelectuales y creo que hay que acabar con la aristocracia para ir a unas élites meritocráticas salidas de entre los más capaces de toda la sociedad y de todos los extractos sociales. Pero eso es una cosa y otra cosa es que las élites, como concepto, no existan. Las élites existen y veo complicado vislumbrar una sociedad en que no existan, así que la cuestión importante es cómo se eligen, a quien representan y cómo se evita que las mismas se aferren al poder y creen una oligarquía.

Creo que esto es especialmente importante en un momento como el actual en que hay unas tendencias democratistas que parecen querer acabar con toda la estructura de la democracia formal, generando un huracán que acabe con lo malo y viciado de este sistema pero también con aquellas facetas que son positivas y necesarias para la libertad y seguridad de las minorías.
Hay cosas en la democracia formal que son necesarias. Es necesario que las libertades individuales estén protegidas contra una mayoría coyuntural del 51% que pueda querer acabar con ellas. No podemos dejar que una mayoría democratista puntual acabe con la libertad religiosa, con la igualdad de la mujer o con la libertad de expresión, por poner ejemplos extremos. Hay casos en la historia en que una mayoría democrática puntual se ha sentido con el derecho de anular la propia democracia y la propia libertad y eso obviamente no se puede repetir. El formalismo democrático, frustrante a veces, es garante de los derechos de los discrepantes otras veces.
Las “élites” políticas también es algo que vale la pena mantener por puro sentido de la especialización, la responsabilidad y el mérito. Otra cosa es que haya que cambiar la forma cómo éstas se eligen (yo soy un defensor de las primarias para facilitar la renovación de las mismas por ejemplo), generar contrapoderes o abrir el sistema a la combinación de la democracia directa e indirecta. Una cosa es apertura, avance, corresponsabilidad, y otra es destrucción por destrucción para ir a una democracia asamblearia continua.

Esto me recuerda a una anécdota que viví el sábado pasado. Estuve en una boda de militantes del Bloc Nacionalista Valencià, amigos mios. Hicieron una boda bastante “valenciana”, es decir, con todo tipo de referencias culturales a la tierra y al valencianismo: Música con tabalet i dolçaina, lectura de poemas en valenciano, etc. Al final de la boda los músicos tocaron La Muixeranga, una pieza que para los nacionalistas valencianos de origen fusteriano debería de ser el himno del País Valenciano.
Bien, pues en la boda había una nutrida representación de las juventudes del Bloc amigos de mis amigos, entre ellos el diputado en Les Corts Valencianes Fran Ferri. Al escuchar la Muixeranga todos los del Bloc se pusieron en pié y el resto de gente, por imitación, también. El resto de gente menos yo claro, porque como ya conté en este otro texto tengo la costumbre de no levantarme cuando suenan los himnos a no ser que piense que claramente ofendo a alguien.
En este caso, además, me resultaba absurdo levantarse. La Muixeranga no es un himno oficial y técnicamente no es más que una música que se interpreta en las fiestas de Algemesí que, además, tiene orígenes religiosos. Para alguien que no es nacionalista como yo levantarse por la interpretación de esta pieza no tenía sentido. Los chicos del Bloc, que tenía detrás y que no sabían quién era (aunque he tuiteado con muchos y alguno creo que incluso ha comentado en este blog) se debieron pensar que era un blavero irredento.
Si leéis el texto que he enlazado antes veréis que suelo hacer lo mismo cuando suena el himno de valencia (oficial). En ese caso que cuento lo hice exactamente en el mismo municipio en que tuvo lugar esta boda. En aquel momento se debieron pensar que era un “catalanista” y en la boda se debieron pensar que era un “blavero”. Si alguien coincidió en ambos eventos y me reconoció (sin conocerme) se debió pensar que soy sordo, minusválido o sencillamente un provocador.
Pero no, no soy nada de esto (sólo un poco provocador), soy simplemente anacionalista.

Cuento todo esto porque me extrañó bastante que todo el mundo se levantase cuando sonó La Muixeranga, ya que mucha gente considera esto propio de “catalanistas” y podría haberse negado a levantarse por cuestiones sentimentales. Desde jóvenes a señoras mayores todos se levantaron después de levantarse los chicos del Bloc. Luego pregunté a un par de personas por qué se habían levantado y me respondieron que porque se había levantado todo el mundo. De hecho alguno me confesó no saber ni que era esa pieza ni cómo se llamaba.
En mi opinión y sin querer ofender a nadie, esto de levantarse porque se levantan los demás representa el típico comportamiento de “masa”, de hacer lo que hace todo el mundo para no destacar, de comportarte como los demás para parecer normal,  de seguir los formalismos porque sí y sin plantearte las cosas ni que estás haciendo. Ojo, no es una crítica a esas personas en concreto pues todos tenemos comportamientos de “masa” en algún momento y en muchas facetas, bien sea en política, en música, moda, religión, expectativas vitales o cualquier otro campo. Todos somos “masa” en algunos campos.
Pero la cuestión es que creo que hay que intentar no serlo en todos. Hay campos en los que generamos ideas propias, sostenidas en reflexiones y en convicciones razonadas, y en esos campos creo que dejamos de ser “masa” para ser “élite”. Quizá no élite en el sentido de tener poder o ascendente social pero sí élite en un sentido intelectual de la palabra. El pensamiento crítico, la reflexión contra-corriente, la heterodoxia frente a la ortodoxia nos hace en cierta manera élite en el terreno concreto en que lo hagamos.

Yo he dicho muchas veces, medio en broma medio en serio, que en una sociedad normal yo sería centrista. Cuando hablo de una sociedad normal quiero decir una donde no haya limitaciones a la imaginación política, una en que no estemos limitados por una hegemonía cultural que nos hace creer que no hay alternativas a lo que las élites actuales quieren. Una sociedad donde la privatización o la socialización sean equivalentes e igualmente probables, donde la democracia representativa y conservadora y el democratismo radical sean dos extremos de un amplio espectro. En esa sociedad sería centrista.
Porque yo no quiero una revolución libertaria que acabe con todos los cimientos de la sociedad, yo quiero conservar muchas de las cosas que existen en la actual democracia y en la actual sociedad y poder cambiar, por mecanismos transformadores y reformistas, lo que está viciado y superado. Ese es mi "centrismo": Moderación, equilibrio y justos medios, pero sin límites a la imaginación y al idealismo. Hoy algunos lo llaman izquierda radical. Así de desplazado está el eje de la realidad.

2 comentarios:

  1. Pedro: Gracias por la cita. Me ha parecido una entrada bastante interesante, a pesar de las obvias diferencias que tenemos cuando se trata de las “élites”. Sin embargo, entiendes desde dónde parto y por eso siempre te digo que si estuviéramos en épocas pasadas, tú serías como aquellos progresistas de los 50 y 60 que conocían a la perfección qué era lo “wasp” o lo aristocrático. Es algo que lamento mucho de los debates actuales, porque hay tanta ignorancia que muchas veces las personas ni siquiera entienden los orígenes del pensamiento opuesto.

    “pero también con aquellas facetas que son positivas y necesarias para la libertad y seguridad de las minorías.”

    Aplaudo (con cautela por supuesto y moderación protestante) tu valoración aquí, Pedro. Es precisamente este uno de mis grandes temores, algo que me genera ansiedad. Debido a sucesivas crisis, los derechos y libertades de las minorías peligran cada vez más en determinados países de Europa, por ejemplo.

    No sé, igual son cosas del multipartidismo que, por otro lado, creo que defiendes

    “El formalismo democrático, frustrante a veces, es garante de los derechos de los discrepantes otras veces.”

    Sí, así es y ese formalismo únicamente lo puede sostener una élite que sepa bien claro de dónde viene y qué está en peligro.

    “Las “élites” políticas también es algo que vale la pena mantener por puro sentido de la especialización, la responsabilidad y el mérito. Otra cosa es que haya que cambiar la forma cómo éstas se eligen (yo soy un defensor de las primarias para facilitar la renovación de las mismas por ejemplo), generar contrapoderes o abrir el sistema a la combinación de la democracia directa e indirecta. Una cosa es apertura, avance, corresponsabilidad, y otra es destrucción por destrucción para ir a una democracia asamblearia continua.”

    Sería una calamidad ir hacia una democracia asamblearia, sería anarquía permanente, una auténtica pesadilla, Pedro. Eso lo comparto. Ahora bien, como ya sabes, me opongo, rechazo frontalmente un sistema de primarias abiertas. Incluso, me opongo a las primarias.

    Tema himno: Interesante eso que comentas de la boda. Yo tampoco soy “nacionalista” pero sí defiendo un fuerte regionalismo federal.
    Dices: “pero sí élite en un sentido intelectual de la palabra. El pensamiento crítico, la reflexión contra-corriente, la heterodoxia frente a la ortodoxia nos hace en cierta manera élite en el terreno concreto en que lo hagamos.” Sí, con esto estoy bastante de acuerdo, pero por diferentes motivos. Aunque, un matiz: la ortodoxia es sumamente importante en la cuestión moral, siempre que esa moral sea personal, tuya, de convicciones.

    Concluyes diciendo (solo pongo la parte que me gusta); “Porque yo no quiero una revolución libertaria que acabe con todos los cimientos de la sociedad, yo quiero conversar muchas de las cosas que existen en la actual democracia y en la actual sociedad y poder cambiar, por mecanismos transformadores y reformistas, lo que está viciado y superado. Ese es mi "centrismo": Moderación, equilibrio y justos medios”

    ¿Has dudado alguna vez que soy un aliado en eso? Cuenta conmigo para eso del equilibrio y el continuismo. Eso es lo que más desprecian de mi los “libertarian”, que me ven “de régimen”. Y es normal eso, porque yo no doy audiencia a ideas extremistas ni anárquicas.

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  2. Pedro, el concepto "arístocrático" se puede entender en dos sentidos:
    - Literalmente significa el gobierno de los mejores. Supone un reconocimiento de la meritocracia, de una élite en la que el lazo de sangre es secundario. En ese sentido soy pro-aristocrático.

    -Su práctica cotidiana se refiere a la aristocracia de sangre. En ciertos momentos históricos era inevitable, dado el abismo material y cultural enorme entre la élite y la base. La democracia liberal, permite la cooptación de nuevos individuos a la nueva élite; no obstante se siguen manteniendo lazos de sangre.

    Lo justo sería ciertamente superar los lazos de sangre como criterio de selección. Pero creo que el ser humano es imperfecto y no aspiro a un sistema político que refleje un orden ideal, una especia de "cielo en la Tierra". De ahí que la Tradición es un argumento legítimo en el mantenimiento de las sociedades, en el sentido que lo entiende un Popper, en el sentido liberal inglés.

    Respecto a la anécdota de la boda me ha resultado muy graciosa.

    Un saludo.

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