La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces http://lasuertesonriealosaudaces.blogspot.es/







jueves, 8 de mayo de 2014

Moral, democratismo y derecho a decidir

















Quiero reincidir de nuevo en muchas de las ideas que llevo comentando desde hace meses relacionadas con el democratismo y su vertiente particular catalana con el “derecho a decidir”. Todos los que seguís el blog sabéis cuales son mis planteamientos y las argumentaciones que he dado a este respecto pero las resumo en dos frases: Creo que hay que saber diferenciar muy bien la democracia radical, la cual defiendo, del democratismo, que creo que tiene potencialidades peligrosas y que si no se controla puede destruir la democracia misma. Por otro lado son contrario al “derecho a decidir” de Cataluña o de cualquier parte de cualquier otro estado democrático por considerar que sólo puede traer más nacionalismo e identitarismo, ideologías que rechazo, o una destrucción de la igualdad económica y de renta, algo contrario a mis valores.

Creo que en la izquierda española y probablemente en la internacional hay un problema cultural que es fruto de multitud de circunstancias. He denunciado más de una vez esa especie de cordón umbilical que une a la izquierda española y el nacionalismo periférico ibérico y que es producto de una historia anormal y convulsa, fundamentalmente debido a los lazos generados durante el antifranquismo pero también por el fracaso en la construcción de un potente estado liberal y jacobino durante el siglo XIX.
Pero creo que más allá de eso tenemos un problema más general y es que nuestra izquierda se ha vuelto posmodernista. Las conceptualizaciones modernistas de progreso, igualdad y la obligación de basarse en la razón y la lógica han sido sustituidas por criterios posmodernistas y “buenistas”, a saber: Priorización de las luchas y criterios parciales frente al progreso general, relativismo moral, valores superficiales y venta de unos proyectos políticos donde sólo hay ventajas y nunca inconvenientes.
Al final tanto la aceptación acrítica del democratismo como del “derecho a decidir” se basan en estos factores. “¿Cómo no vamos a dejar que los ciudadanos de Cataluña decidan si quieren ser un estado o no?” Es el planteamiento estándar que hace mucha gente de izquierdas. Total, votar es bueno, que la gente decida lo que quiere mediante las urnas parece democrático, el “medio” parece bueno y cristalino ¿cómo vamos a negarnos?

Desde mi punto de vista este pensamiento tiene bastante de infantil, de wishful thinking que dicen los angloparlantes. Nos hemos acostumbrado a que cuando las cosas suenan bien, “progresistas” o parecen basarse en algún principio que defendemos automáticamente se convierten en defendibles. Si alguien habla de “democracia”, de “igualdad” o en nombre del “pueblo” ya nos creemos que son de los nuestros.
Se obvia en análisis racional, los pros y los contras de cada una de las ideas propuestas, no nos paramos en intentar proyectar las posibles consecuencias de aceptar las cosas. Irresponsablemente se ignoran los riesgos y se cae en el simplísimo dogma super-revolucionario de que cualquier cosa que altere una situación o un statu-quo que se rechaza debe ser apoyada, ya que basados en un predeterminismo absurdo se cree que todo se podrá orientar finalmente hacia los objetivos deseados, siempre maximalistas.
El democratismo es una herramienta peligrosa, de él puede salir una transformación radical de la sociedad en un sentido igualitarista o la mayor de las tiranías. Esto es lo que no se entiende desde gran parte de la izquierda, no se entiende por ejemplo que un líder populista podría usar a las masas para eliminar los derechos de las minorías o las propias libertades públicas por procedimientos democratistas. Podría usarse también para que una minoría privilegiada se negase a pagar impuestos o para que administraciones pequeñas se negasen a cumplir leyes progresistas. Todo esto no son fantasías, son cosas que han pasado y están pasando en otros países, lo que no ha pasado nunca es lo contrario, es decir, que una revolución democratista genere una revolución igualitaria.
Pero quizá lo que me resulta más insoportable de esta situación es cómo la “moral” política ha pasado a un segundo plano. Desde el buenismo ideológico todo parece igual de bueno e igual de respetable, todo queda incluido en un cóctel relativista donde carecemos del valor de decir “No” y de negarnos a aceptar envolventes claramente contrarias a nuestros valores al no poder hacerlo desde posicionamientos escrupulosamente democráticos y cristalinos que nos eviten crítica alguna.

El otro día estuve viendo la película Lincoln, que fue estrenada hace un par de años. La película nos sitúa al final de la guerra de secesión norteamericana y en el empeño personal de Abraham Lincoln por conseguir enmendar la constitución de los EEUU para que ésta aboliese la esclavitud. Lincoln se encuentra con muchísimas dificultades para conseguirlo, la más importante de ellas que no tiene mayoría de 2/3 en el congreso para sacar adelante la enmienda y la segunda que tiene que hacer ésta antes del final de la guerra porque si no está seguro que no saldrá adelante.
Él puede acabar la guerra en ese momento pero si lo hace no podrá aprobar la enmienda, y quiere las dos cosas. No puede dejar continuar la guerra porque moriría gente pero no puede acabarla antes de terminar con la esclavitud. En algunas escenas de la película Lincoln explica cómo ha “re-interpretado” las leyes para poder combatir efectivamente a la confederación y cómo, no sin algo de razón, la oposición le llama dictador por ello. Él asume que su comportamiento no ha sido perfecto ni escrupulosamente democrático pero defiende sus excesos porque dice perseguir un gran valor moral: Mantener la república americana y acabar con la esclavitud.
En la película se observan las maniobras de Lincoln y su entorno intentando comprar los votos de congresistas de la oposición para que voten a favor de la enmienda que abolía la esclavitud. Comprar votos a cambio de empleos es ciertamente antidemocrático y corrupto pero vuelvo al argumento central: Todo esto sirvió para acabar con la esclavitud legalmente sin tener que alargar la guerra innecesariamente.

¿Fue justo lo que hizo Lincoln? ¿Fue necesario? Pues yo creo que la finalidad fue buena, la idea moral era buena y por tanto lo que hizo es defendible. Hay que entender también que aquello sucedió a mediados del siglo XIX y hay ciertas cosas que ahora serían difícilmente justificables desde la moral social actual pero, en definitiva, creo que lo que hizo Lincoln fue lo necesario para un buen fin, aunque el medio fuese un poco tramposo.
Ojo, no estoy diciendo que el fin justifique los medios, que es una frase que además no me gusta nada. En fin no justifica los medios, los medios son importantes pero si el resultado de unos medios adecuados es un fin horroroso hay que replantearse los medios. Si un partido fascista puede llegar al poder usando la democracia quizá lo que hay que hacer es prohibir que ciertos partidos con ciertas ideas puedan presentarse a las elecciones. Los medios son muy importantes pero los medios no pueden servir para crear un fin perverso y menos ser el vehículo de gentes que no creen realmente en esos medios.
Y sí, esto es algo arbitrario, aplicar una ley o legislación en una circunstancia y no en otra lo es. Pero es que a veces para conseguir tus objetivos políticos y para poder realizar tu política hay que ser un poco arbitrario y sibilino. La política no es un campo de rosas ni un camino exento de dificultades y muchas veces hay que priorizar los valores políticos sobre las formas.

No todas las ideas son igual de defendibles en política, eso es falso y propio de un relativismo radical. Nuestros valores nos dirán qué políticas y valores podemos aceptar y cuales debemos combatir con todas nuestras fuerzas.
Por ejemplo y en relación con el “derecho a decidir” catalán, uno de los argumentos de los independentistas es que la permanencia del estado español o la creación de un estado independiente catalán son “iguales”, es decir, son posibilidades que no son ni mejor ni peor la una de la otra y, por tanto, no cabe otra que dejar decidir a la gente. El “independentismo” y el “unionismo” serían igualmente aceptables.
Y no, niego la mayor, eso es una falacia. Cada uno de los posicionamientos tiene implicaciones, emanan una moral determinada y por tanto no son neutros. El “independentismo” representa romper la continuidad territorial para unos ciudadanos que llevan siglos viviendo juntos. Representa el exclusivismo nacional, defiende forzar a los ciudadanos a elegir entre una adscripción nacional u otra, implica que los territorios ricos pueden desentenderse de los pobres si les da la gana.
El “unionismo” no tiene por qué tener estas implicaciones. No fuerza a elegir sentimiento de pertenencia, no divide a los territorios y los ciudadanos por intereses o por fantasías nacionalistas, no pone en riesgo la igualdad de renta. “Unión” y “separación” no pueden sernos algo moralmente neutral, no se pueden encarar como alternativas ética e ideológicamente equivalentes pues no lo son.
Lo increíble del caso es que muchos de quienes vacían de valor moral la unión frente a la secesión y parecen querer aceptar que un 51% de una mayoría coyuntural pueda generar la secesión, luego piden que los derechos sociales o la sanidad pública se blinden constitucionalmente (para que una mayoría coyuntural no acabe con ellos). Esto es absolutamente contradictorio y representa simplemente ese tipo de pensamiento débil y un tanto infantil que he criticado antes.

Creo que tenemos miedo de presentar batalla ideológica en base a unos valores determinados. No sé si es sumisión ante la propaganda, la hegemonía cultural posmoderna o que estamos perdidos en esta época tan convulsa, pero la cuestión es que parecemos empequeñecidos, asustados y sin la fuerza para rebatir cosas que no se ajustan al tipo de sociedad a la que aspiramos, como debería ser nuestro deber.
La degradación y deformación de los principios que defendemos es una táctica muy habitual de los que tienen pocos escrúpulos, esconder los objetivos detrás de cínicas fachadas lo más común de la política moderna. A veces pienso que me repito demasiado, pero creo que no hay que perder ocasión para tratar estos temas y destapar los cinismos políticos y reflexionar sobre nuestras propias actitudes, que falta nos hace.

7 comentarios:

  1. Tienes dos líneas argumentales: una, que trata lo que tú denominas "democratismo"; y otra, el derecho a la autodeterminación.

    En cuanto a la primera, no estoy de acuerdo con tu enfoque. Tú mismo has descubierto dónde está el fallo, así que no tengo más que decir.

    En cuanto a la segunda, es evidente que están en confrontación dos modelos de definición de derechos: uno, que atribuye los derechos a personas jurídicas - territorios, patrias, naciones, pueblos, clases sociales -; y otro, que los vincula con las personas físicas, los ciudadanos. Yo pertenezco ideológicamente al segundo grupo, es decir, a los que defienden que los derechos, en democracia, corresponden a los ciudadanos. Lo que yo defiendo son los derechos individuales y no los colectivos. Yo creo que solo las personas, los ciudadanos, son sujetos de derecho y no las Comunidades Autónomas, las Regiones, Los municipios, la patria, la nación o la clase social. Por eso mi posición es incompatible con ese supuesto derecho a decidir, dado que ese derecho se asocia necesariamente a una persona jurídica, a un ente inaprehensible, y no a los ciudadanos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Enrique,

      No sé si quizá te has dejado un NO en algún sitio del segundo párrafo, porque no lo entiendo. ¿No estás de acuerdo conmigo por un fallo que yo ya he explicado? No me acaba de quedar clara tu posición sobre el democratismo..

      Saludos,

      Eliminar
  2. Sabes, Pedro, ahora me he dado cuenta de algo. Realmente nunca hemos tratado la cuestión independentista entre nosotros. Por tu entrada y por otras que te he leído sobre este tema, ¿concluyo que estás a favor de la unidad de nuestro país? ¿Eres "unionista"?

    Antes que nada, una sorpresa: la propia Constitución Española permite su auto-destrucción. En su artículo 168, donde establece que el mecanismo de reforma constitucional "complicada" o "agravada" se aplica por igual al supuesto de la reforma de la totalidad de la Constitución y la de algunos de sus títulos y capítulos más esenciales (incluído aquí el Título II dedicado a "La Corona").

    La posibilidad de una reforma ilimitada de la Constitución Española es una rareza. Porque, normalmente, una Constitución democrática parte del supuesto de su propia superioridad en lo esencial, de la intangibilidad de sus principios fundamentales. Lo cual lleva, a su vez, a que muchas constituciones (vg: EEUU, Francia, Italia, Alemania o Noruega) contengan prohibiciones de reforma explícitas (cláusulas de intangibilidad). No es el caso de España, donde se pretende que la Constitución es "axiológicamente neutra" cuando la realidad es muy diferente.

    A mí no me gustaría que España pierda a Cataluña. Sí, ya, lo he dicho. Pero si una amplia mayoría de catalanes quiere la independencia, no hay texto político que pueda, en último término, impedirlo. Y fomentar esa idea de que nuestra Constitución es el ataúd de los separatismos españoles no es sano para la democracia. Y pasa lo mismo respecto a la UE: se suele advertir en algunos foros que la salida de Cataluña de España la expulsaría de la UE. Claro que quienes defienden esa teoría de la constitución y de la pertenencia a la UE son los mismos que ven un ejercicio extremadamente democrático en gobernar contra su propio programa electoral. Demócratas de ordeno y mando. O sea, el PP especialmente.

    Me gustaría ser testigo de una "solución" federalista a este problema.

    Pero en todo caso, especialmente me ha parecido esto que comentas, que sintoniza realmente con mi sentir más profundo y es valiente de tu parte que lo afirmes:

    "Si un partido fascista puede llegar al poder usando la democracia quizá lo que hay que hacer es prohibir que ciertos partidos con ciertas ideas puedan presentarse a las elecciones. "

    SÍ señor. Bueno, yo soy liberal como sabes. Soy de derechas, creo en la libertad - no censuro. Queremos, ambos, una sociedad libre. Pero hay un matiz en todo esto: se depende de la libertad para dirigir nuestros asuntos pacíficos, algo muy importante para el futuro de la democracia. Si solo se depende de la libertad, creo que uno tiene que considerar con mucho cuidado de vez en cuando so aquellos que abusan de la libertad, para destruirla, como los terroristas o los fascistas deban gozar de las mismas libertades que los demás. Mi sentimiento, mi idea, mi lógica me dice que NO. Absolutamente NO. Si uno usa la libertad como arma, entonces uno debe ser mucho más responsable por sus actos.

    Nosotros, los demócratas (de izquierdas y de derechas) tenemos que tener el poder de la voluntad para NUNCA ceder ante los fascistas o los terroristas. Unidos en este principio, Pedro. Unidos, trabajando juntos para mantener el sistema democrático ante cualquier amenaza totalitaria.

    Ya conoces mi política en Columbia ante los terroristas chicanos (y cualquier otro tipo de terrorismo -- jamás ceder ante las exigencias de ningún criminal, la ley debe ser aplicable para todos por igual, los encarcelados deben seguir en prisión por delitos de terrorismo o fascismo contra la democracia, y en fin, cederr ante los enemigos de la democracia sería una gravísima tragedia que no estoy dispuesto a facilitar con mis actos.

    (---)

    ResponderEliminar
  3. Dices:

    "Pero es que a veces para conseguir tus objetivos políticos y para poder realizar tu política hay que ser un poco arbitrario y sibilino. La política no es un campo de rosas ni un camino exento de dificultades y muchas veces hay que priorizar los valores políticos sobre las formas."

    Estoy también absolutamente de acuerdo con esto. Pero, yo no le llamaria ser "arbitrario" -- más bien saber que uno tiene la superioridad de ideas. Y si , lo siento, la democracia siempre será mejor que el fascismo.

    Ahora bien, ante todo esto, ¿no te sientes a veces un poco dividido en este conflicto? Quiero decir, entre el españolismo centralista y el catalanismo? A veces yo, desde la distancia....siento el conflicto por un lado desde un punto de vista de intereses políticos, pero por otro lado, más "cercanos" culturalmente hablando. Y es que, siempre me sentiré mas identificado con la cultura valenciana y catalana antes que con la mesetaria.

    Saludos

    ResponderEliminar
  4. Alfredo,

    "¿concluyo que estás a favor de la unidad de nuestro país? ¿Eres "unionista"?"

    Claro que soy "unionista", pero no lo soy porque crea en patrias indivisibles ni en chorradas nacionalistas sino porque creo que la "unión" y la federación pluricultural es un valor en sí mismo y porque creo que la secesión es el inicio de la destrucción de los valores de izquierda que defiendo.

    "La posibilidad de una reforma ilimitada de la Constitución Española es una rareza"

    Yo creo que hay más constituciones en el mundo que son íntegramente reformables, aunque tendría que mirar cuales porque no me acuerdo. Esto de la posibilidad total de reforma se hizo para evitar algo que era muy habitual en el constitucionalismo español, que era que ante la llegada de un nuevo partido al poder se hiciese una constitución nueva.
    No obstante tampoco es una constitución tan abierta a la reforma: La constitución de la II república era más abierta a la reforma que la actual, por ejemplo. Yo soy partidario de suavizar los estrictos mecanismos de reforma de los artículos centrales por cierto.

    "Pero si una amplia mayoría de catalanes quiere la independencia, no hay texto político que pueda, en último término, impedirlo"

    Yo lo he dicho más de una vez: Si hay una amplia mayoría de catalanes que quieren la separación de España, esta mayoría se sostiene en el tiempo (no es coyuntural) y comenzamos a ver que la unión forzada es negativa para todos, yo sería partidario de buscar la manera de hacer una separación amistosa.
    Pero eso es un marco teórico que ni se da ahora ni tiene nada que ver con el hecho de que ideológicamente sea absolutamente opuesto al nacionalismo y al independentismo por cuestiones de renta, las dos fuerzas motrices de esta situación catalana.

    "¿no te sientes a veces un poco dividido en este conflicto? Quiero decir, entre el españolismo centralista y el catalanismo?"

    Es que esto no es un conflicto entre el catalanismo y el "españolismo centralista", esto es un conflicto entre secesión y unión, entre uniformidad nacional y cultural y pluralidad, entre interés económico particular y proyecto común. Así lo veo yo.
    Otra cosa es lo que haga el PP, lo que piense la derecha nacionalista española que me importa un bledo. Esto no es un debate entre visceralidades y tonterías de una barra de bar de Madrid y otra de Girona, esto es una cuestión muy seria que entronca con la ideal básico de sociedad que tenemos y con un terremoto que se podría extender por Europa.
    Entre un catalanista y un españolista puedo sentirme en una posición intermedia, pero en este debate no porque la "Unión" no tiene un único camino, tiene muchos: Puede ser un sistema unitario, autonómico, federal simétrico o federal asimétrico. Hay muchas combinaciones, dentro del unionismo hay muchas soluciones intermedias y mi favorita, como la tuya, es la federal. Por eso he dicho que no se puede poner en la misma altura moral el unionismo que el independentismo, porque son esencialmente distintos en su conceptualización. Lo que debemos evitar, eso sí, es que el unionismo se convierta en centralismo y uniformidad cultural.

    Saludos,

    ResponderEliminar
  5. Ah! Una cosa que se me olvidaba:

    "Y pasa lo mismo respecto a la UE: se suele advertir en algunos foros que la salida de Cataluña de España la expulsaría de la UE. Claro que quienes defienden esa teoría de la constitución y de la pertenencia a la UE son los mismos que ven un ejercicio extremadamente democrático en gobernar contra su propio programa electoral. Demócratas de ordeno y mando"

    Bueno aquí voy a repetir un poco lo que he dicho antes: Lo que hace el PP en este tema me importa bastante poco y sus incoherencias también.
    Ahora, creo que la "teoría" de que Cataluña saldría de la UE si se independiza no es una teoría, es una realidad. No lo ha dicho el PP ni el gobierno español, no han dicho desde la comisión europea y, más allá de las palabras, hay una cosa que debemos entender.
    La UE, hoy, es una unión de estados, y por tanto la propia unión no va a hacer nada que perjudique a la permanencia y estabilidad de los propios estados que la componen. La independencia de Cataluña por supuesto perjudicaría a España, pero su ejemplo sería perjudicial para otros muchos estados en Europa que verían como sus movimientos nacionalistas tomarían ese ejemplo para comenzar a reclamar una secesión que entenderían con escasas consecuencias.
    En mi cabeza básicamente habría tres: El fundamental Bélgica, que como se independice Cataluña ya puede decir adiós a la unidad entre flamencos y valones. El segundo Italia, con un independentismo en su parte más rica (norte) que tomaría el ejemplo de Cataluña para fortalecerse y multiplicarse.
    El tercero sería Francia, quien por cierto tiene una región que los nacionalistas catalanes creen que forma parte de Cataluña. Francia no tiene los problemas independentistas de Italia o Bélgica pero tiene partes que los nacionalistas vascos y catalanes consideran suyas y otros nacionalismos de menor intensidad en otras partes del territorio.

    Pensar que la UE va a poner algún tipo de facilidad a la independencia de Cataluña creo que es no entender qué es la UE, de qué intereses está compuesta y no darse cuenta de la más básica de las reglas: Que los estados no se van a dejar destruir entre aplausos y que su primer interés es su estabilidad y permanencia.

    Saludos,

    ResponderEliminar
  6. Pedro:

    "Claro que soy "unionista", pero no lo soy porque crea en patrias indivisibles ni en chorradas nacionalistas sino porque creo que la "unión" y la federación pluricultural es un valor en sí mismo y porque creo que la secesión es el inicio de la destrucción de los valores de izquierda que defiendo."

    Muy interesante, la verdad nunca he visto esta postura desde la izquierda. Pero, ¿por qué crees esto? ¿En qué amenaza la secesión necesariamente esos valores?

    "que era que ante la llegada de un nuevo partido al poder se hiciese una constitución nueva."

    Sí, muy cierto. Con razón decía Thatcher que en los países afrancesados, las constituciones duraban un telediario.

    "Yo soy partidario de suavizar los estrictos mecanismos de reforma de los artículos centrales por cierto."

    O sea, que incluso con tu sistema sería ¡mas flexible aun!

    "las dos fuerzas motrices de esta situación catalana."

    Sí, te entiendo aquí - es raro este fenómeno porque yo, por ejemplo, como sabes no estoy por la igualdad fiscal entre los territorios, pero tampoco me gustaria la secesión exclusivamente por ese motivo. Pero comprendo y me identifico con el argumento catalán en materia fiscal.

    "Por eso he dicho que no se puede poner en la misma altura moral el unionismo que el independentismo, porque son esencialmente distintos en su conceptualización. Lo que debemos evitar, eso sí, es que el unionismo se convierta en centralismo y uniformidad cultural."

    Completamente de acuerdo.

    ResponderEliminar