La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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jueves, 19 de junio de 2014

El independentismo catalán ¿comienza su reflujo?














Voy a traer aquí una tesis polémica, quizá un poco contraintuitiva en este momento después del resultado del PSC y la dimisión de Navarro, pero que creo que se puede estar comenzando a dar. No estoy seguro de ello y en principio contradice un poco los tiempos que creía que tenía el asunto catalán, pero estoy comenzando a ver cosas y posibilidades que antes no existían y que creo que pueden abrir un nuevo horizonte.
Mi tesis es que el independentismo en Cataluña puede en breve comenzar a decaer y que puede hacerlo porque podría perder una de las patas sobre las que parece apoyado, que sería la pata de esa izquierda soberanista pero sentimentalmente no independentista y que ahora forma parte del bloque por el derecho a la autodeterminación pero que se puede rescatar de ahí.

Si se analiza el asunto del aumento del independentismo en Cataluña las cosas no parecen normales. Si nos fijamos en las encuestas de hace pocos años en las que se preguntaba cómo se sentían los catalanes respecto a la cuestión nacional se podía observar como casi el 80% se sentía por lo menos algo español y los sentimientos de catalanidad y españolidad podían tener distintas intensidades pero no eran necesariamente excluyentes. Esto era coherente con un independentismo que, hace unos cinco años, no llegaba al 20% de la población catalana.
Sin embargo en los últimos dos años parece como si la mitad de los catalanes fuesen favorables a la independencia. Si confiamos en este tipo de encuestas (y más o menos confío) concluiremos que el independentismo y el sentimiento de catalanidad exclusiva pasó del 20 al 50% en cuestión de más o menos dos años, algo que no tiene sentido. Los sentimientos de pertenencia no cambian de la noche a la mañana, no es posible que alguien se acueste sintiéndose español y se levante sintiéndose sólo catalán, es casi esquizofrénico. Un cambio como este no puede suceder en dos años, se podría producir en dos generaciones pero en dos años no parece posible ni sólido.
Probablemente el misterio de este cambio tan radical se debe al proceso político que estamos viviendo. El sistema político español, el régimen del 78, lleva años dando síntoma de claro agotamiento desde hace unos años. Adicionalmente la crisis económica ha golpeado con especial virulencia a España. Todo aquello en lo que creíamos se ha demostrado débil y nuestra realidad se ha desplomado como un castillo de naipes, dejando al ciudadano desnudo y temeroso ante el porvenir y necesitado de agarrarse a un punto de apoyo que le de esperanza y seguridad.

Obviamente se han juntado más cosas: La llegada de una generación nacida y educada bajo la hegemonía cultural del pujolismo y el nacionalismo catalán, la sentencia del tribunal constitucional que limitaba la reforma del estatuto catalán y que ha sido convenientemente convertida en un agravio, etc. Pero creo que lo del hundimiento del régimen del 78 y de la economía en España es el factor básico que explica este cambio radical en Cataluña en un par de años.
Al final, y espero que no se enfade nadie por lo que voy a decir, lo que está pasando en Cataluña no es muy distinto a lo que sucede en otras latitudes en las que han sido seducidos por el populismo. En algunos países los partidos de extrema-derecha o euroescépticos han conseguido apoyos impensables debido a una reacción lógica de replegarse en la seguridad de la nación frente a un mundo hostil, en otros países populismos anti-stablishment han conseguido focalizar los males del país y ofrecer un enemigo claro. En Cataluña, por sus condicionantes culturales y particulares, ha pasado lo mismo y la causa independentista ha ofrecido tanto ese repliegue sobre lo más pequeño y grupal como la identificación de un enemigo al que achacar los problemas (“Espanya ens roba”). Adicionalmente hay un factor económico: Cataluña es más rica que la media de España, por lo que la independencia parece por intuición económicamente favorable y, en momentos de crisis, el egoísmo económico se potencia.
España se ve como un país sempiternamente inmovilista, pobre, con un sistema periclitado, con nula voluntad de cambio político. La necesidad de algo nuevo, de un cambio, de que las cosas sean diferentes para buscar una solución a nuestros problemas empuja a sectores sentimentalmente no independentistas a abrazar la causa independentista como revulsivo e incluso, de forma infantil, pensando que el terremoto que generará finalmente podrá ser orientado en favor de las causas propias (como si el resto de actores no tuviesen también sus causas propias y no esperasen lo mismo).
Los nacionalistas más radicales serán siempre soberanistas y tenderán a la independencia si creen que les interesa. El nacionalismo es religioso, irracional, ahí no vamos a poder hacer nada. Los que deseen la independencia por una causa economicista y de interés particular también va a ser difícil de convencer y tan sólo lo dejarán de ser si la independencia trae incertidumbres y perjuicios que se puedan ver antes de que el hecho suceda. Pero hay otro grupo de gente, esos izquierdistas de tradición obrerista, hijos de emigrantes del resto de España muchos de ellos, que no son sentimentalmente nacionalistas, y también todas aquellas personas que se agarran a un clavo ardiendo en vista de que el barco se hunde, que es perfectamente “rescatable” de la tentación independentista pero sólo lo serán si se ve algo más que un inmovilismo irremediable a nivel español.

Y creo que aquí entra lo sucedido el pasado 25-M, la irrupción de Podemos y su enorme previsión de incremento de voto, y esta especie de “despertar” popular (no necesariamente relacionado con el voto a Podemos) en el que la gente parece haber dicho basta y que ya no aguanta más. Cosas como que la mayoría de gente en España se muestra favorable de forma abstracta a un referéndum sobre la forma de estado muestra que algo está cambiando a nivel español y que los mitos que han inmovilizado este país están comenzando a desaparecer.
Y este impulso reformista y de cambio que parece estar naciendo en España debe ser atractivo para esa izquierda catalana que comparte esos mismos valores. Yo veo a la gente de Iniciativa, por ejemplo, entusiasmada con el tema republicano y con el cambio de la constitución a nivel español. También hemos visto cómo Podemos sacó casi un 5% de votos en Cataluña. Todo esto parece rehacer un camino conjunto que parecía que se perdía y debemos entender que la cohesión en causas comunes debilita ese camino exclusivista que pretende el nacionalismo catalán.
De todas formas aquí hay un largo camino que madurar. Este año se verá que el referéndum catalán no se va a poder realizar y eso marcará un punto de inflexión en el “proceso”. El cisma entre los que pidan una declaración unilateral de independencia y los que no la acepten va a acabar llegando y eso creo que romperá el frente soberanista en dos. Adicionalmente llegará un momento en que en el soberanismo aceptarán al fin que internacionalmente nadie desea la ruptura de España y que nadie se va a situar a favor de Cataluña y en contra del estado reconocido, lo que anula la vía unilateral. Fuera de España a nadie le importa el estatus de Cataluña y cómo se estructure la relación entre Cataluña y el resto de España, pero lo que sí se desea es que sea un proceso interno sin consecuencias exteriores.

Hay quien piensa que ante el auge de Podemos y de cierta izquierda que dialécticamente acepta la consulta en Cataluña se llegará a un punto de acuerdo, con una consulta pactada. Pero creo que se equivocan. Es verdad que tanto Podemos como IU parecen aceptar la consulta (aunque están en contra de la independencia) pero esto se va a quedar en palabras y voy a explicar por qué.
A diferencia de lo que ha pasado en Cataluña, en el resto de España las afecciones nacionales no han cambiado. El resto de españoles no quieren que Cataluña se separe de España y eso ni ha cambiado ni cambiará en muchísimos años. El ciudadano izquierdista español puede mostrarse muy democratista y puede desear un mundo de fantasía donde todas las regiones de España permanezcan unidas por voluntad generalizada de sus habitantes, pero si la secesión se convirtiese en una amenaza real e inminente este planteamiento cambiaría radicalmente.
Es lógico: No hay ni una sola razón por la que un ciudadano de Madrid, Salamanca o Málaga pueda querer que Cataluña se separe de España, en ese proceso no hay nada que ganar y sí mucho que perder. La secesión de una región rica de un conjunto más pobre rompe cualquier principio de igualdad o de distribución de renta. Un izquierdista no podría entender cómo se está exigiendo a los “ricos” que paguen más para el bienestar colectivo y luego se deja a una región rica salir del conjunto empobreciendo a los demás, sería ir contra los valores básicos que se defienden.
Por eso los ciudadanos españoles no van a aceptar que Cataluña decida unilateralmente su independencia y se va a exigir que la soberanía del conjunto permanezca. Y en un referéndum general saldría mantener la unión por las causas comentadas. Y si Podemos o cualquier otra fuerza quiere ser mayoritaria va a tener que aceptar que esto no se va a cambiar con pedagogía (o palabrería) ni se va a convencer a los andaluces o castellanos de que la secesión de Cataluña es buena o inevitable. Si se quiere dar el salto para ser una fuerza de gobierno es inexorable que, por lo menos, se acepte que la soberanía nacional debe ser la que tiene que decidir sobre una hipotética secesión.
Se podrá maquillar como se quiera, se podrá adornar con las palabras que se quiera y se podrá mostrar el máximo grado de tolerancia a la descentralización o a las terceras vías, pero si Podemos quiere ser mayoritario va a tener que dejar de aceptar el “derecho a decidir” unilateral de Cataluña. Si no lo hace jamás gobernará. Si el partido realmente se acaba gestionando de abajo a arriba como insisten sus promotores el propio crecimiento de la base irá orientando al partido en ese sentido, y si no es así la propia dirección acabará llegando a la conclusión de que no se puede llegar al poder aceptando el derecho de autodeterminación de Cataluña.

Y en ese contexto esa parte de la izquierda catalana que está hoy en el frente soberanista va a tener que enfrentarse a un dilema. Hay una España que por fin está por cambiar las cosas en el plano social pero no en el territorial en lo que respecta a la soberanía. Así pues o se plantan en un maximalismo (sólo aceptamos cambio social y soberanía sin cesiones de ningún tipo) o se acepta concentrarse en el plano social dejando el territorial de lado o aceptando algún tipo de federalismo que no toque la soberanía. Y plantarse en el maximalismo sólo divide las fuerzas para el cambio social, así que probablemente se acabaría por no conseguir nada.
Y yo creo que la izquierda catalana es inteligente y pragmática y entenderá, quizá después del conveniente tiempo de reflexión y de digestión de realidades, que la vía de cambio general en España es la que lleva a algún sitio. Es un proceso lógico que tiene que llegar y que creo que llegará a pesar de ciertas chifladuras y tendencias autodestructivas a las que tiende la propia izquierda.

Mi percepción es que las tornas están cambiando. Hasta ahora teníamos una España dormida bajo el inmovilismo marianista y una Cataluña dinámica con un proyecto en la cabeza (por cuestionable que sea éste). Pero poco a poco España está pidiendo cambio, buscando cambio y luchando por el cambio, mientras que los poderes políticos en Cataluña parecen tener un empeño obsesivo en una independencia que no llegará, ignorando los obvios mensajes que llegan de todas partes y cayendo así en un inmovilismo maximalista.

El proceso aún será largo, porque nuestro país probablemente tendrá un gobierno de concentración PP-PSOE. Pero hay una ola de cambio que está latente en la población y que, de no revertir mágicamente las cosas, no parará. Y yo creo, con las convenientes reservas por la obvia osadía de este ejercicio de futurismo, de que al final las aspiraciones de cambio de los catalanes y del resto de españoles convergerán por pragmatismo. No será fácil ni indoloro, pero va a ser la única manera de que lleguemos a algún sitio porque recuerdo, a pesar de que muchos lo ignoren, que estamos y estaremos por mucho tiempo en el mismo barco.

3 comentarios:

  1. Me ha gustado su análisis. No comparto algunos de sus puntos pero sí el planteamiento general. Un saludo desde Canarias.

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  2. La mayor crisis económica de las últimas décadas en España, el mayor numero de independentistas. ¿Casualidad? Cuando mejore la economía, bajará el independentismo al nivel de siempre.

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  3. No lo sé. No estoy seguro. Por una parte quiero creer que tienes razón, pero por otra ¡Ay! Soy catalán, aunque de orígenes aragoneses; he nacido y vivido en Barcelona. He visto como esos "izquierdistas obreristas provenientes del resto de España" se convertían, de ser el viernes un español común a ser el lunes un fervoroso catalanista dispuesto a morir por la patria. No sé.

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