La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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lunes, 16 de junio de 2014

Referéndums
















Coincidiendo con la semana de la coronación de Felipe VI una iniciativa ciudadana está promocionando un referéndum alegal bajo el nombre de “referéndum por el derecho a decidir y a participar” (o Referéndum real ya, como se suele conocer en redes sociales), mediante el cual se pretende que los ciudadanos voten sobre sus preferencias en cuanto a la forma de estado.
Se van a hacer dos preguntas copiando el modelo del proyecto de referéndum soberanista catalán. La primera es “¿Está usted de acuerdo con que la jefatura del estado sea elegida por sufragio universal?” y la segunda “¿Está usted de acuerdo que se abra un proceso constituyente para que la ciudadanía decida sobre el modelo de organización del estado español?”. Pueden votar todas las personas mayores de 16 años que se identifiquen mediante documento legal bien a través de internet bien en algunos de los puntos de votación presencial que se han establecido en varias ciudades.
Vosotros ya sabéis lo que opino yo: Estoy de acuerdo con que la cuestión de la forma de estado se decida por referéndum y quiero que se abra un proceso de reforma constitucional total o incluso constituyente si es necesario. Y, sin embargo, no voy a votar en este proceso porque me parecen absurdos estos simulacros.

Ante la periclitación de la democracia surgida de la constitución del 78 y la inexistencia un pulso reformista mayoritario dentro del sistema político de partidos, muchos nuevos partidos y movimientos se han situado prácticamente en el cuestionamiento permamente de todos los procesos y realidades de la actual democracia. Así pues la democracia representativa, como concepto, parece que se quiere dejar en segundo plano y sustituir por un tipo de democracia asamblearia o directa en muchos ámbitos.
En este posicionamiento creo que hay dos errores de base. El primero de los errores es el cuestionamiento de la democracia representativa de forma general debido a los errores y limitaciones del modelo español de democracia representativa. Los modelos de democracia representativa son muchos, más o menos proporcionales, más o menos directos, con más o menos control por parte de los electores. Algunos modelos están creados para disfrazar oligarquías de democracias pero otros funcionan bastante bien y son altamente democráticos. Así pues lo que se debería hacer es buscar el mecanismo para reformar y mejorar nuestro modelo de democracia representativa y no asumir erróneamente que es algo estructuralmente limitador de la democracia o de la voluntad popular.
El segundo error es pensar que la democracia directa puede sustituir a la representativa en prácticamente todos los ámbitos con las adaptaciones necesarias. La democracia directa puede complementar la democracia representativa, mejorarla, extenderla más allá de los partidos y evitar secuestros oligárquicos de la misma por parte de una “casta” gobernante, pero no puede servir para todo. Hay campos que deben ser campo de la democracia representativa y en los que la democracia directa generaría más problemas que soluciones.

En este campo de la democracia directa se habla frecuentemente (aunque no solo) de referéndums como mecanismo estrella. Pareciera como si últimamente se quisiese hacer referéndums para casi todo, para las grandes cuestiones pero también para cuestiones menores. En este discurso político el referéndum se contrapone en casi todos los casos a una clase política supuestamente inmovilista.
Pero un referéndum no se puede hacer por todo ni tampoco se puede abusar de él. Hay una realidad conocida que es que en países con muchos referéndums la participación en estos suele ser baja mientras en países donde el referéndum es algo excepcional suele ser mayor. En Suiza y en EEUU, los países con más tradición en los referéndums, éstos suelen tener tasas de participación bastante bajas y esto puede ser un problema porque la pasividad general puede generar resultados favorables a una minoría activa tanto a favor de cambios como en contra de los mismos, lo que puede resultar tan poco representativo como la voluntad de un gobierno.
Los referéndums son un arma de doble filo porque hay muchos detalles que pueden cambiar absolutamente su utilidad o resultado. La formulación de la pregunta, nunca aséptica, puede influir en el resultado final así como el momento de convocarlo. Los gobiernos generalmente saben maniobrar en estos dos sentidos para que los referéndums les sean favorables y, lo que en teoría es un mecanismo de control popular, se puede convertir un en refrendo más o menos artificial a la acción de un gobierno.
Por ejemplo, el PSOE de Felipe González maniobró estupendamente en 1986 para ganar el referéndum a favor de la permanencia en la OTAN en un país que era intuitivamente contrario a la misma. La redacción de la pregunta, que hablaba de prohibición de almacenar armas nucleares en territorio español y de una progresiva salida de las tropas americanas de España, estaba hecha para vencer las reticencias de amplios sectores anti-bélicos. Además, el gobierno supo convertir en referéndum en un refrendo de su propia política y consiguió que las afecciones al Felipe González y a su gobierno se convirtiesen en votos positivos para la permanencia en la OTAN.

Si se quiere avanzar hacia la democracia directa hay que tener muy claro dónde están los límites, porque si no los tenemos podemos acabar generando un sistema inmanejable, manipulable por grupos de presión social organizados y absurdo en su funcionamiento. Hay que fijar muy claramente qué se puede decidir por referéndum y qué no, qué mecanismos deben tener estos referéndums (si deben ser recurrentes, convocados a petición del gobierno, por una ILP, etc.) y a qué cuerpo electoral deben consultar.
El otro día un tuitero amigo, favorable a los referéndums y a la democracia directa más de lo que lo soy yo, mostraba su “enemistad” con Croacia porque en ese país se había rechazado por referéndum el matrimonio homosexual. Este es sólo uno de los ejemplos de resultados “reaccionarios” que se suelen dar en los referéndums. Recordemos que en Suiza los referéndums han validado, por ejemplo, que se prohíba construir minaretes (las torres de las mezquitas) o que los nietos de extranjeros no puedan tener la nacionalidad suiza, o en EEUU han validado la permanencia de la pena de muerte o el derecho a portar armas.
Por tanto quien piense que los referéndums son un mecanismo para superar el inmovilismo del gobierno y poder avanzar en la senda del progreso de la mano de la voluntad popular se equivoca. Los referéndums son muy tendentes a movilizar sentimientos primarios de la ciudadanía (que suelen ser viscerales o reaccionarios) y se pueden convertir en la expresión de lo peor de la sociedad o en mecanismos para dar un baño de masas a un poder autoritario.
Así pues hay que fijar muy bien los límites ¿qué debe elegir un parlamento con los representantes de los ciudadanos, más inmovilista pero también menos reaccionario, y qué se debe elegir en un referéndum? Y luego ¿Qué debe ser cambiado o refrendado por mayoría simple, qué por mayoría cualificada y qué no se puede poner en duda en ningún caso? Porque yo, por ejemplo, no estoy dispuesto de ninguna manera a aceptar que las libertades de expresión, reunión o asociación o la igualdad ante la ley puedan ser limitadas por una mayoría en referéndum. Eso sería una dictadura democratista del 51% sobre el 49%, que es inaceptable.
La democracia debe defender las libertades individuales y a las minorías. Los mecanismos que no garanticen esto están mal planteados y hay que ser extremadamente críticos con ellos.

Luego otro punto fundamental es el marco del referéndum o la consulta. Por ejemplo, yo soy absolutamente partidario de que los ayuntamientos puedan someter a referéndum entre sus vecinos qué hacer con su presupuesto. De hecho creo en los presupuestos participativos en las distintas maneras que éstos se pueden plantear. Pero lo que no puedo aceptar es que un ayuntamiento haga un referéndum, por ejemplo, sobre el impuesto del valor añadido, porque eso es una frivolidad política y normalmente lo único que esconde es un ansia populista del equipo de gobierno para desviar la atención sobre otras actuaciones.
En España tenemos actualmente dos problemas con esto de los referéndums y el “demos” al que hay que consultar. El primero es el referéndum soberanista catalán en el que es de sobra conocida la dualidad planteada: Los nacionalistas catalanes dicen que sólo deben ser los catalanes quienes voten esto mientras que otros muchos decimos que, de plantearse esta cuestión, deben ser los ciudadanos españoles quienes diriman esto, algo que es lo que también indica las leyes.
El otro caso es el de las prospecciones petrolíferas en Canarias. Mucha gente está reclamando un referéndum para que se consulte a los canarios si quieren que haya prospecciones o no, mientras otros se oponen porque esto es una potestad del gobierno central. En este tema, aunque me puedo sentir más próximo a los opuestos a las prospecciones y aunque el asunto no esté infectado de nacionalismo (y realmente me genera más dudas que el anterior), tampoco soy favorable al referéndum tanto por cuestiones competenciales como por cierta arbitrariedad de concepto.
Yo creo que las grandes cuestiones se pueden y se deben consultar a la población, pero siempre con mecanismos claros y regulados y con los cuerpos electorales a consultar en función de las competencias de sus administraciones.

El otro día escuché al diputado de IU Alberto Garzón hablando sobre esto. Habló de “ampliar” y “mejorar” la democracia y de implantar referéndums sólo para ciertas cosas. No profundizó mucho pero la idea y el realismo de los objetivos planteados me gustó bastante. Garzón, al que he rebatido alguna vez por sus recelos sobre las primarias abiertas, creo que sí tiene una posición bastante pragmática al respecto de los referéndums, quizá porque se sitúa en medio de dos tradiciones que aúna, la del 15-M (democratista) y la de IU (de partido tradicional).
Y yo creo que ese es el camino, porque es urgente hacer un proyecto claro de a dónde se quiere llegar. Señores ¿qué queremos decidir por referéndum? ¿Con qué mecanismos? ¿Elegimos al fiscal general del estado y al defensor del pueblo también por elección directa? ¿Qué se puede consultar en referéndum en el ámbito local y autonómico? Hagamos propuestas a este respecto, con los cambios legales necesarios.

Yo apoyaré referéndums para cosas claves (forma de estado, reformas constitucionales, tratados internacionales, etc) y también a nivel local en todo aquello que tenga que ver con sus competencias. Apoyaré elección directa de servidores públicos clave y también propuestas coherentes para revocar el cargo a diputados o representantes electos que hayan incumplido su cometido. Ahora, no entraré en aventuras que pongan en peligro los derechos fundamentales ni las libertades de las minorías, ni en mecanismos torticeros que degeneren en el uso discrecional de los referéndums a beneficio de lobbies o de gobernantes sin escrúpulos.

6 comentarios:

  1. Me gusta mucho cómo abordas las cuestiones más espinosas y reflexionas con mucha inteligencia sobre las profundidades teóricas que se esconden tras visiones más someras y, como bien dices, viscerales. Pero, en el fondo, sigo creyendo que partes de dos premisas que no comparto: una, que la ciudadanía no está preparada; y dos, que la democracia es peligrosa si sale de los raíles.

    Yo soy demócrata, y como consecuencia republicano. No tengo ningún miedo a la democracia. Quiero que la ciudadanía hable y se exprese con total libertad de criterio. Y si no me gusta lo que dice la mayoría, trabajaré para tratar de convencerla de que cambie de opinión. Pero, democracia sí, total, radical, absolutamente, sí.

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  2. Enrique,

    Yo no digo que la ciudadanía no esté "preparada", digo que no es posible un sistema donde todo se decida por referendum y no sólo ni principalmente porque la ciudadanía se vaya a equivocar en los resultados. Hay problemas técnicos, problemas de representatividad (los referéndums podrían tener poca participación) y cuestiones ideológicas y morales como que pienso que hay libertades y derechos básicos que no pueden dependen de la opinión del 51% ni de estados de opinión cambiantes.

    Esto no tiene nada que ver con la democracia, tiene que ver con la aceptación de que tenemos una moral y unos principios políticos y que el fondo de las cuestiones son importantes y no se pueden tratar como si fuesen todas iguales. Yo puedo dejar que el 51% decida sobre si quiere subir el IRPF pero no puedo dejarle que establezca una discriminación legal contra los homosexuales, por ejemplo. Ambas cosas son radicalmente distintas y lo son porque mi moral y mis principios me dicen que lo son, que una cosa la debe decidir la mayoría y otra no.

    Mira, te voy a hacer un ejemplo claro. Tu y yo queremos un referéndum sobre la forma de estado. Si el referéndum lo ganase la monarquía buscaríamos un nuevo momento para volver a reclamar ese referéndum pero si ganase la república y los monárquicos nos dijesen que quieren otro referéndum 5 años después para restablecer la monarquía no les dejaríamos. Y no les dejaríamos porque diríamos, y con razón, que si su rey quiere ser jefe de estado la república se lo permite y, por tanto, no hay razón para reestablecer la corona.
    ¿Sabes por qué haríamos esto (haríamos y se hace en cualquier país que ya sea una república)? Porque nuestros valores y nuestra moral nos dice que monarquía y república no son comparables ni asépticamente iguales, porque la segunda representa un estado más "avanzado" y democrático y por eso una vez implantada no pensamos que sea razonable volver atrás.

    No podemos tratar todas las cuestiones iguales, no podemos dejar que una mayoría mínima y coyuntural lo decida todo. No es miedo a la democracia, es sencillamente no convertir la demoracia en una dictadura democratista. Es aceptar que hay cosas básicas que no son negociables y es aceptar con adultez que al final siempre hay cierto grado de arbitrariedad en las propuestas políticas para orientar la sociedad a los fines que tú crees convenientes.

    Saludos,

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    1. "Mira, te voy a hacer un ejemplo claro. Tu y yo queremos un referéndum sobre la forma de estado. Si el referéndum lo ganase la monarquía buscaríamos un nuevo momento para volver a reclamar ese referéndum pero si ganase la república y los monárquicos nos dijesen que quieren otro referéndum 5 años después para restablecer la monarquía no les dejaríamos. Y no les dejaríamos porque diríamos, y con razón, que si su rey quiere ser jefe de estado la república se lo permite y, por tanto, no hay razón para reestablecer la corona."

      Impecable razonamiento, pero, ¿no temes que en la práctica mucha gente no tragara con eso, que lo tachara de poco democrático? Ya sé que en realidad ya lo has explicado y argumentado (y estoy de acuerdo), pero al final y en la práctica cuenta demasiadas veces más que lo que la gente entienda o quiera entender, y la idea que se les venda (la célebre hegemonía cultural) más que la razón.

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    2. Hola Julio,

      Sí, claro que existe ese peligro, pero por eso mismo creo que no podemos caer en el democratismo que nos dice que hay que hacer siempre lo que quiera el "pueblo" en su expresión directa por un referendum. Ese argumento es relativista y lo iguala todo, y es un argumento de ida y vuelta porque sirve igual para proclamar la república que para implantar el catolicismo obligatorio.

      Cuando defendemos las cosas debemos transmitir también los valores que hay detrás, el progreso o la mejora de lo que defendemos sobre lo que hay vigente. No es que en el caso de reimplantar una monarquía pasase algo grave (que no pasaría, sería raro y absurdo pero efectos reales en nuestras vidas tendría pocos) pero sería relativizarlo todo en política con las peligrosas consecuencias que eso tiene.

      Saludos,

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  3. Creo que resumiría mi postura diciendo que si el 51% quiere limitar la libertad de expresión del otro 49% esto sería democrático, pero no liberal. De ahi la importancia de defender los principios liberales.

    Este problema lo vemos todos los días en los países en los que Occidente "ha exportado" la democracia. Son países (y estoy pensando, sobre todo, en países con cultura musulmana) sin tradición liberal, por lo que cuando se les da la opción de elegir, optan por gobiernos más liberticidas que los dictadores que tenían antes.

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  4. Hola Pedro -- Expongo aquí (porque de hecho, formulé la pregunta en Facebook gracias a tu artículo) lo que hablamos ya pero para que tus otros lectores lo vean:

    "A menudo, los liberales condenamos a los dicadores. Pero yo quiero hacer una pregunta, no para provocar, sino para que analicemos el asunto. ¿Tiene sentido defender, por ejemplo, a una democracia formal, con estado de derecho y todo, elecciones cada x tiempo y demás, si ésta democracia se niega sistemáticamente a garantizar derechos humanos mínimos para todos sus ciudadanos? Enseguida me viene a la mente el ejemplo de Sudáfrica y el régimen de Vorster. ¿No sería más "deseable" un dictador en un país que respetara una serie de derechos humanos que todos aceptamos? Esto es al margen de que no hay ninguna dictadura actual que los defienda. Hablo en sentido teórico."

    Por otra parte, estoy de acuerdo, como era de esperar, con el contenido de tu entrada.

    Francisco: ¿Y cómo o qué mecanismos usarías para defender los principios liberales?

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