La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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lunes, 14 de julio de 2014

La izquierda chiflada y la izquierda infantilista















El otro día me decía un amigo de UPyD que, a pesar de no ser él nada de izquierdas, estaba prácticamente de acuerdo con casi todo lo que escribo. Él lo achacaba a cierto “utopismo” de mis escritos, que por el contexto de la conversación entendí que quería decir que eran desarrollos “sobre el papel” a los que les faltaba cierto realismo en la aplicación.
Yo creo que esa no es la razón por la que se sentía identificado con mis escritos, de hecho creo que me caracterizo por ser brutalmente realista en un par de asuntos donde a la izquierda le falta ese pragmatismo. Más bien creo que el problema es que bajo la etiqueta de “izquierda” se unen una serie de comportamientos y estilos políticos que muchas veces son divergentes e incluso contradictorios entre ellos. Y creo las dos razones clave que generan estas divergencias son el dogmatismo, por un lado, y la incapacidad de entender las contradicciones por el otro.

Lo que hablo de la izquierda también pasa en la derecha, ojo. Hay conservadores muy sensatos con los que se puede razonar y llegar a acuerdos de mínimos, y liberales que tienen claros instintos políticos pero que siempre están abiertos al debate sobre la mejora social y a buscar cauces que les sean cómodos. Pero en la derecha abundan los paleoconservadores, majaderos y perturbados la mayoría, y los “liberales” integristas, destructores de cualquier principio social que articule la sociedad.
Por la existencia de estos últimos grupos, muy numerosos en derechas como la española o la americana, para muchos izquierdistas la “derecha” se presenta como un monstruo con el que hay que acabar. A mí me es incluso más cómodo y productivo discutir con personas racionales que se definen como de “extrema-derecha” que con estos últimos grupos.
Pero en la izquierda pasa lo mismo, desgraciadamente. Fundamentalmente creo que hay dos grupos de izquierdistas con los que yo difícilmente puedo coincidir en los métodos y en la “praxis” política y que creo que representan un lastre terrible para el futuro de la izquierda. Los he agrupado y definido en el título, unos como "izquierda chiflada” y otros como "izquierda infantilista”.

La “izquierda chiflada” la componen este tipo de personas que son extremadamente dogmáticas y que en esencia no se distinguen de un integrista o un fanático religioso. Creen a pie juntillas en una de las doctrinas de la izquierda (puede ser el comunismo, el anarquismo colectivista u otra cualquiera) y consideran que todas las demás doctrinas son desviaciones “burguesas”. Creen que militan en la única izquierda verdadera, que defienden una especie de verdad revelada por un dios ideológico que tiene una vigencia eterna y está por encima de circunstancias y épocas.
Normalmente irán ataviados con una simbología izquierdista propia de su sub-grupo que mostrarán con orgullo y que rellenará casi todo lo que les define (ropa, estilo, pegatinas por todas partes, merchandishing temático, simbología y avatares en redes sociales, etc.), aunque no siempre es así ni todos los fetichistas de la simbología izquierdista pertenecen a esta izquierda chiflada. Su capacidad para el debate es nula, pues todo lo que defenderán tiene que estar previamente estructurado y explicado con una sobriedad infalible, y cualquier discusión se basará en lo que dijo o escribió tal o cual autor de los de su sub-grupo (los demás autores no, están todos desviados).
Son esencialmente conspiranoicos. Cualquier conflicto internacional será provocado directa o indirectamente por el “imperialismo” de los EE.UU y cualquier conflicto económico tendrá como culpable a la “burguesía” o al “capitalismo”, aunque se trate del conflicto entre dos comunidades de regantes. Sea cual sea el punto de partida del debate éste acabará inexorablemente en el “imperialismo” y el “capitalismo”. Cualquier discrepancia con este esquema incluso matización del mismo te convierte en alguien sospechoso de colaboracionista o de ser el brazo ejecutor (y en el tonto útil) de la burguesía. Cualquier solución intermedia o remedio a un problema concreto es inaceptable, pues la solución única a todos los problemas es la revolución total, absoluta y eterna.

Gran parte de la izquierda ya se ha dado cuenta del peligro potencial que tiene para todos esta izquierda chiflada. Son personas altamente divisivas que parecen vivir en aquello de “cuanto peor, mejor”, hay veces que incluso parecen disfrutar con la degradación social y el empobrecimiento porque eso justifica sus teorías o porque así creen que se darán las “condiciones objetivas” para su deseada revolución.
A mi pocas personas me han bloqueado del twitter y ninguna de las que me ha bloqueado ha sido de derechas sino que todas pertenecían a esta izquierda chiflada que, al ser rebatida, te introduce en el gulag de los bloqueados. Y no han sido discusiones acaloradas ni siquiera largas, simplemente han bastado dos frases para el bloqueo. Es normal: La chifladura solo se puede mantener creando un entorno artificial de uniformidad ideológica en un primer círculo de contacto.
Estas personas suelen pulular por partidos extraparlamentarios o grupos menores aunque detecto muchos de estos en partidos como IU, por ejemplo. Y esta, quizá, es una de las razones por las que IU no ha tenido un crecimiento mayor y por la que ha sido desplazada de la centralidad de la izquierda por Podemos.

Pero hay otro subgrupo izquierdista quizá más “peligroso” que este. No es peligroso porque estén locos o porque fuesen a generar un desastre sin paliativos en el caso de tocar poder sino que es peligroso porque no se les ve venir tan claramente. A los chiflados se les identifica en medio minuto y la gente sabe que no hay que hacerles caso, pero hay otra izquierda que es más simpática, amable y buenrrollista pero que, a la hora de la verdad, acaba hundiendo las posibilidades de cambio social. Hablo de la izquierda infantilista.
Decía el presidente uruguayo José Mujica que el infantilismo era la patología del izquierdismo, igual que la reacción era la patología de lo conservador. En palabras del propio Mujica, “el infantilismo es pensar que el mundo es como a uno le gustaría y no como realmente es”. Básicamente el problema del infantilista es que no sabe en qué mundo vive, no sabe prever las consecuencias de sus en teoría positivas políticas y por eso acaba haciendo medidas que pueden provocar lo contrario de lo esperado.
Al final el problema de la izquierda infantilista es que es incapaz de aceptar las contradicciones. No es ya que no sepan gestionarlas bien, que eso es un riesgo del oficio, es que generalmente ni las aceptan. El infantilista cree que una medida promovida por positivos sentimientos de justicia social, democracia o libertad tiene indefectiblemente que ser positiva y funcionar. No conciben que algo nacido de sentimientos y sensibilidades positivas pueda ser malo y por eso muchas veces son engañados por la palabrería bonita de charlatanes.

Un razonamiento de un izquierdista infantilista suele ser como este: Alguien aparece en escena y clama “¡Derecho a decidir!”, “cualquier comunidad humana tiene derecho a decidir su futuro, eso es democracia”. Entonces el izquierdista infantilista piensa “Democracia, libertad, personas decidiendo…vale, eso es bueno”, y pasan a aceptarlo y a defenderlo.
Pero luego llega gente como yo y les decimos que si aceptamos el “derecho a decidir” territorial estaremos creando incentivos para que zonas ricas se separen de zonas pobres y entonces generamos una contradicción: Nosotros defendemos la igualdad social y de renta, pero si hacemos esto lo que vamos a provocar es que la distribución de renta se reduzca. Adicionalmente les advertimos que si aceptamos el “derecho a decidir sobre todo” entonces podría pasar que un 51% de personas obligasen a que, por ejemplo, las mujeres tuviesen que llevar velo obligatorio, o a que los homosexuales no pudiesen ducharse o ir a baños públicos, o que los propietarios de locales de acceso público pudiesen negar la entrada a alguien por ser de otra raza. Esto genera, pues, una nueva contradicción: Apoyando el democratismo podemos generar tiranía contra las minorías.
La reacción natural del izquierdista infantilista será negarlo: “Eso no pasaría”, “si a los territorios se les da libertad se separarse se sentirán libres y, por tanto, se quedarán unidos en armonía y felicidad”, “si la gente decidiese sobre todas las leyes nadie le quitaría la libertad al vecino”. Es la negación de la contradicción, el no poder aceptar que una buena moral puede generar un mal resultado. Los más sensatos de los infantilistas sí aceptan la contradicción pero, sin embargo, carecen de “fuerza moral” para gestionarla. Tirarán por el camino fácil confiando que, al final, las cosas vayan bien solas y las problemáticas desaparezcan solas (que al final es lo mismo que hace Rajoy en otro ámbito).
Ojo, que he puesto estos ejemplos pero una aceptación de, por ejemplo, el “bajar impuestos es de izquierdas” como axioma fácil también sería infantilismo. Infantilistas hay en casi todo el espectro de la izquierda y no está tan compartimentado como en el caso anterior. Los “progres” suelen ser infantilistas pero también hay algunos infantilistas en el post-comunismo, en el ecologismo y en otras familias de la izquierda.

Yo soy profundamente opuesto en los métodos a estos dos tipos de izquierdistas por las razones comentadas. Eso es lo que lleva probablemente a que acabe llevándome tan bien con liberales, conservadores o gentes de partidos como UPyD. Al fin y al cabo en la forma de razonar y de analizar la sociedad me parezco más a muchos de ellos que a mis correligionarios chiflados o infantilistas.
Por esto tengo tan buenas relaciones con gentes de casi todo el espectro político y, por la misma razón, ningún grupo me “abraza” totalmente como a uno de los suyos. 

18 comentarios:

  1. http://www.marx2mao.com/M2M%28SP%29/Lenin%28SP%29/LWC20s.html

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  2. Cuanta razón tienes... en mi experiencia, lo poco que queda del 15M como tal está invadido de esas dos subespecies, que han terminado por echar a los demás por pura desesperación. Prefiero discutir con una pared.

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  3. Yo he llegado a una edad en la que calificarme de "infantilista" resulta chocante y/o divertido, pero no me dejas otra salida que incluirme en ese "infantilismo" de izquierdas que tan bien retratas en tu post. En efecto, soy demócrata radical, convencido, fanático si quieres, y como creo - y esto es una paradoja, teniendo en cuenta que para las religiones organizadas soy un ateo - en la democracia "a pies juntillas", creo que es el pueblo, depositario de la soberanía nacional, el que debe decidir todo, para bien o para mal.

    Otra cosa, diferente, es que no haya reglas justas y baste el 51% para que toda una sociedad tome una decisión sobre un asunto importante. Creo que ese porcentaje invalida el resultado del referéndum porque refleja una sociedad dividida en la que hay tantos a favor como en contra. Es evidente que los referéndums deben contar, para aprobarse por todos, con una amplia mayoría que supere, necesaria e ineludiblemente, el 75% de los votantes y el mismo porcentaje debería exigirse como quorum de participación del electorado. Pero ya está, esa es mi línea roja, a partir de ahí, decidimos entre todos, insisto, para bien o para mal.

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    1. Hola Enrique,

      Yo creo que hay una diferencia abismal entre "democracia radical" y "democratismo", porque la primera tiene límites propios de la democracia mientras que la segunda no.

      Yo creo que en tu respuesta se ve que no eres infantilista. Has puestos dos límites claros, uno de porcentaje necesario para aprobar ciertas cosas, y otra respecto al quorum de participación. Ahí hay dos límites que un infantilista normalmente no pondría, porque sería ser "antidemocrático".

      De todas formas si quieres lo comprobamos con la prueba del algodón. Dime Enrique, ¿Aceptarías la discriminación civil contra las mujeres (que no pudiesen trabajar, o votar, o hacer nada sin consentimiento de padre o marido) si esto se aprobase por un 75% del electorado con 75% de quorum? ¿Aceptarías que se estableciese la homosexualidad como delito con esa mayoría? ¿Aceptarías, no sé, medidas de venganza personal arbitrarias por una mayoría democrática?
      Estas son las preguntas que se haría un izquierdista que no sea infantilista, y de su respuesta (que sé que va a ser NO) es de donde sale el rechazo al democratismo como concepto absoluto y el abrazo a la "democracia radical", concepto mucho más equilibrado y con límites para evitar tiranías.

      Saludos,

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    2. Si el 75% de la población participa en en referéndum y vota más del 75% a favor de la discriminación por razón de sexo o por la pena de muerte, o por otra aberración de similar enjundia, sin compartirlo tendría que aceptar el resultado, pese a que en ese momento sentiría una profunda vergüenza propia y ajena de pertenecer a esa sociedad. Estoy convencido de que eso no va a pasar.

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    3. Pues entonces estás defendiendo algo peligrosísimo, lo que clásicamente se llama oclocracia o "tiranía de la mayoría" y que, si te sitúas como sujeto potencialmente perjudicable, puede llevar a que se acabe contra tu propia libertad individual, derechos o vida.
      Estas "tiranías de la mayoría" pueden ser tan peligrosas como un gobierno autoritario, de hecho pueden llevar a que liderazgos populistas y brillantes acaben generando verdaderas tiranías subidos a los hombros de la admiración popular coyuntural.
      Creo que la democracia se basa, necesariamente, en marcar bien la división de lo que es terreno de la mayoría (y se debe decidir democráticamente) y lo que es terreno individual y personal (y no puede estar sometido a la voluntad de la mayoría). No distinguir ambas esferas es totalitario y, de hecho, ni los regímenes totalitarios han eliminado nunca de forma total la faceta individual.

      Al menos has puesto límites de garantía que, de facto, prácticamente eliminan la posibilidad real de una tiranía de la mayoría que afecte a cuestiones esenciales. Aún así, conceptualmente me parece profundamente errado y peligroso.

      Saludos,

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    4. Tienes razón. Me has engatusado con tu verbo florido. Es evidente que cuestiones de tal envergadura no pueden estar sometidas a la mismas reglas. Las que afectan a los derechos humanos no pueden decidirse por la mayoría simplemente sino que han de estar sometidos al imperio de la ley. Pero, salvo esas cuestiones, sí que soy un poco oclócrata, sí.

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    5. Tienes razón. Me has engatusado con tu verbo florido y me he metido en un berenjenal dialéctico. Es cierto que determinadas cuestiones, sobre todo las que afectan a los derechos humanos, no pueden quedar al albur de coyunturas específicas sino que han de estar sometidas a la legalidad internacional.

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    6. Convertir la "soberanía nacional" en algo sagrado se convierte en un dogma religioso. Como si eligiéramos en votación que "mañana sol y buen tiempo". Lo que es previo a incluso la democracia es el "imperio de la ley", que decidirá la forma en que los miembros de la sociedad participan en las decisiones políticas, las formas de representación, el sistema de pesos y contrapesos que limite el abuso del poder etc.

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  4. Hola Pedro soy Thoreao :-)

    Comparto tu texto, pero, creo que deberíamos reflexionar sobre si estos asuntos son SÍNTOMAS de la enfermedad que tiene la izquierda y no la propia enfermedad.

    Explicas muy bien el qué, el cómo y el cuándo sucede pero las respuestas que nos darán la solución a estos temas estarán en responder el porqué.

    Saludos y, que sepas:

    Con gente como tú es un placer intentar cambiar el Mundo :-)))

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  5. La primera cosa que tendría que decir es que descerebrados los hay en todos los ámbitos de la vida. Hay gente muy, muy rara. Puntualizado esto.
    No es riguroso hablar de "la izquierda". Entendiendo a "la izquierda" a la manera "burguesa". Es decir, en la Asamblea Nacional los reaccionarios defensores del Antiguo Régimen se sentaban a la derecha. Mientras que los partidarios de reformar el sistema (En diferentes grados) se sentaban a la izquierda. Entendemos desde entonces que una persona de "izquierdas" es la que quiere que haya cambios innovadores en el sistema político para mejorarlo.
    Según el mexicano Adolfo Sánchez hay al menos 4 tipos de izquierdas: "Tendríamos así al menos cuatro izquierdas: una izquierda democrática, liberal, burguesa, connatural al sistema capitalista; una izquierda socialdemócrata, que quiere mejorar las condiciones sociales dentro de los marcos de ese mismo sistema; una izquierda social, que es crítica del capitalismo pero no le ve una alternativa, representada sobre todo por los movimientos sociales; y una izquierda socialista, opuesta al capitalismo, que propone una nueva organización de la sociedad."
    Desde mi punto de vista don Pedro pertenece a la izquierda liberal, por eso se siente tan cómodo con liberales situados más a la derecha o incluso con conservadores. En mi caso, pertenezco a las izquierdas socialistas y por ello don Pedro y por ejemplo don Ricardo me parecen muy de derechas, aunque en el fondo sé que no lo son, al menos respecto a la defensa de los derechos y las libertades burguesas entre otras cosas.

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    1. Don Pocholo,

      Creo que lo que está definiendo usted es algo distinto a lo que estoy intentando explicar. Usted habla de 4 izquierdas que se sitúan en un eje "ideológico", digamos desde posiciones moderadas hasta posiciones radicales, que dependen de un posicionamiento político. Lo que yo defino no son posicionamientos en el espectro sino formas de analizar la realidad, métodos de análisis, que nada tienen que ver con el tema ideológico en mi opinión.
      Por ejemplo, se puede ser infantilista siendo de esa izquierda burguesa y liberal que dice usted o siendo de la izquierda anticapitalista. El infantilismo viene del déficit de razonamiento, no de la preferencia política. La chifladura exactamente igual, porque hay mucha izquierda anticapitalista que no está para nada chiflada y no cumple casi ninguna de las actitudes que he definido.

      Pero lo que me ha hecho más gracia es que usted me haya situado a la derecha de la socialdemocracia...¿Está usted seguro, don Pocholo?
      Que conste que yo creo que el esquema que ha dado usted, válido hasta hace unos años, está superado por las circunstancias, porque para empezar creo que la socialdemocracia como tal ya no existe y además creo que los cambios de carácter liberal/democrático son tan importantes y urgentes como los de carácter redistribuidor de riqueza y que, de hecho, están intrínsecamente unidos siendo ambos necesarios para la pervivencia y mantenimiento de los otros. Es decir, sin esos cambios liberales/democráticos no conseguiremos una sociedad más igualitarista y sin ese igualitarismo no tendremos una verdadera democracia/sociedad liberal en la vida.

      Y oiga..¿Don Ricardo también es izquierda liberal y burguesa? ¿O él es socialdemócrata? ;-)

      Saludos,

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    2. Como en su caso, yo a D.Ricardo le ubico ideológicamente en el liberalismo democrático.
      A pesar de toda la parafernalia grotesca de su blog, a pesar de las actitudes "infantiles" del personaje que se ha construido D.Ricardo en Internet. En mi opinión, es un liberal y no un socialdemócrata. ¿Dónde ve usted ideas socialdemócratas en D. Ricardo? ¿En las recetas de cocina rusas? ¿En su anticomunismo? Yo no las veo. Bueno, yo tampoco, ya no más, soy un socialdemócrata. El capitalismo destruirá el planeta. La socialdemocracia es inviable. El capitalismo no se puede reformar.

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  6. Realmente, es difícil clasificar a las personas por sus ideas de tipo político, las personas son muy complejas. No deja de ser una simplificación que obvia un sin fin de matices. Es decir, una persona es mucho más que lo que piensa o hace respecto a la esfera de la gestión de lo público. Pero claro, tendemos a simplificar la realidad para poder entenderla. ¿"Etiquetar" para poder entender?.

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  7. Es obvio que comparto absolutamente esta entrada.

    Pedro, pero al igual que tú sufres esos fenómenos en la "izquierda", yo los veo a diario en la "derecha" y he llegado a un punto, no te exagero, que siento realmente repugnancia hacia mis "compañeros" de derecha liberal. ¿Es normal esto? No lo sé...pero me resulta demasiado raro como por ejemplo cada vez más hay gente que se autodenomina de "izquierdas" y me lanza cumplidos o me considera un luchador por el progreso social. Mientras tanto, gente que supuestamente es de derecha liberal me ve como un demonio, como ya has visto muchas veces en mi web.

    En la derecha también hay infantilismo -- gente que cree que "el mercao" lo resuelve todo, gente que aplaude la desigualdad creciente y la pérdida de derechos y controles democráticos, gente incluso ultra religiosa que se hace querer pasar por "liberal" (cuando no lo son ni lo serán jamás), y bueno, todo tipo de personajes sin oficio ni beneficio.

    Con respecto a lo que comentas del "derecho a decidir" y zonas "ricas" separándose de "zonas pobres", has tocado un tema cada vez más evidente en las formaciones políticas. Tiene que ver con cierta mentalidad conformista y simplona, de un total falta de análisis y razonamientos lógicos. He tenido que personalmente romper amistades porque sabes, soy un "logista" a ultranza y pienso que si defiendes algo, debes ser consecuente con las cosas y hacer lo que procede.

    Un ejemplo - los liberales defendemos la igualdad efectiva en el ámbito político. Entonces, si un sector de la derecha quiere poner más trabas a los votantes, ¿qué lógica tiene apoyar esas agresiones a la igualdad política?

    Los liberales (democráticos) apoyamos la función social de la propiedad privada - entonces lógicamente no puedo defender el "todo vale" con la propiedad privada.

    Otro error liberal (de cierto sector derechista pero también de la izquierda moderna) -- que los "pobres" son todos pobres porque "no quieren trabajar" y que la solución es "generar más empleo" (en vez de reestructurar las instituciones que precisamente generan tantas disparidades económicas. Todo esto genera un debate falso que caracteriza lo superficial de nuestra época.

    Saludos

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    1. Alfredo,

      A pesar de que, en palabras de Mujica que yo también comparto, creo que el infantilismo es una "patología" esencialmente izquierdista (mientras la reacción sería la derechista), es cierto que en el caso concreto de los "libertarians" o anarco-capitalistas la patología es compartida con la izquierda, es decir, son infantilistas como bien has dicho.

      El anarcocapitalista piensa de forma mágica que eliminando el estado y las regulaciones, la sociedad que se genere será más libre, más igualitaria, no habrá oligopolios y se generará la competencia perfecta.
      Ignoran el funcionamiento real del mercado, la tiranía de los agentes del mercado cuando unos tienen posiciones de fuerza previas, no entienden la obvia dificultad de gestionar de forma medianamente sensata cosas como los servicios públicos si estos tienen que ser decididos por la suma de voluntades personales.
      Parecen no darse cuenta de lo complicado que es ponerse de acuerdo en una comunidad de vecinos o en una familia, pues pretenden multiplicar esta dificultad por millones y, además, absurdamente creen que saldría mejor así. No entienden las consecuencias de nada de lo que proponen.

      Sí, ciertamente son infantilistas, y mucho. En este caso tienes toda la razón.

      Saludos,

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  8. El Sr. Pedro demuestra ser un gran observador y no puedo sino suscribir lo que expone aquí.
    Un servidor se ha movido en un "milieu" izquierdista la mayor parte de su vida y no puedo sino suscribir lo expuesto, a veces coexistiendo "chifladismo" con "infantilismo". Supongo que el problema es la falta de estudio y de análisis realista de problemas CONCRETOS. Y es en ese vacío teórico donde se produce la crisis de la izquierda en la actual Europa en un mundo global. Lo que no entiendo por que el voto de protesta en España genere un Podemos y en Francia un Frente Nacional.


    Respecto a la derecha, en el contexto español, se la suele distinguir por ser pragmática. Entiendo que la derecha en otros países sea diferente y que tenga unas convicciones en ciertos valores morales. En España en la "derecha" se observa este casticismo de mal gusto, que exhiben personajes como Esperanza Aguirre, que le gusta presumir de jerarquía, mientras adulan "la sabiduría popular" y de hecho se caracteriza por una baja formación cultural o un soberano mal gusto. Nada que ver con un Edmund Burke y otros conservadores con base teórica.

    Un saludo.

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  9. Al respecto sugiero que habría que promocionar la lectura de autores que pueden gustar tanto a izquierdistas como a derechistas no-dogmáticos. Por ejemplo, una Hanna Arendt, un Bertrand Rusell, un Stuart Mill...

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