La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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lunes, 10 de noviembre de 2014

Breves impresiones sobre el 9-N

















La verdad es que estoy un poco cansado del tema catalán y sé que la mayoría de mis lectores también lo están, pero creo que procede hacer algún comentario respecto a la consulta alegal de ayer en Cataluña. El análisis lo tengo que hacer con toda la cautela del mundo, pues con la falta de garantías de la consulta tampoco podemos tomar los resultados como un reflejo indudable del sentir popular y por tanto habrá que tomar algún grado de seguridad adicional.

En mi opinión, y dentro de la dificultad de la situación, el tipo de consulta que se dio al final fue la que más interesaba al gobierno central. El gobierno no podía autorizar la consulta legal, por una cuestión de constitucionalidad, pero una vez la consulta dejaba de ser legal la cosa se complicaba. Intentaron dar un segundo giro de tuerca prohibiendo la implicación activa y total del gobierno de la Generalitat pero, una vez hecho esto, tampoco fueron más allá.
Para el gobierno central era mejor que se hiciese una consulta sin garantías y sin credibilidad que prohibirla vía judicatura/policía. Prohibir la consulta solo hubiese servido para enervar los ánimos y potenciar el victimismo del nacionalismo catalán, radicalizándolo y empujándolo hacia ERC. Permitir la consulta salvaba la cara a Mas, le permitía cumplir (más o menos) su promesa de hacer una consulta y generaba una situación win-win tanto para gobierno central como para catalán. Para Mas esto le permite sobrevivir, y para el gobierno central permitirle que el escenario catalán no se le vaya de las manos, pues es mejor un Mas en la Generalitat (que, al fin y al cabo, no va a hacer nada rupturista) que un Junqueras.
Mi intuición es que esto se ha pactado en las conversaciones secretas a tres bandas entre gobierno catalán, PSOE y PP, que se conocieron el sábado a través de la prensa. Ya se intuía que este choque de trenes entre Generalitat y gobierno español tenía mucho de escenificación y que el conflicto se potenciaba por interés electoral de los actores. La revelación de las reuniones secretas lo ha confirmado, pero parece que los catalanes no se lo han tomado a mal. Es lo que tiene el nacionalismo, que hace que la “patria” sea lo primero y todo lo demás se ignora, aunque se estén burlando de ti.

La participación superará en algo los 2,2 millones de personas, de las cuales el 81% ha votado Si-Si (Si al estado propio, y Si a que sea independiente), el 10% SI-No (estado pero que no sea independiente) y el No ha sido del 4,5%. Los resultados son más o menos los esperados, pues era evidente que casi todos los que no querían la independencia o el “estado no independiente” (sea lo que fuere eso) no iban a ir a votar. Y este resultado era también el que interesaba al gobierno Rajoy, porque con un porcentaje soviético de Si-Si y con un número de Noes que no llega al 5% obviamente nadie se va a tomar en serio el resultado a nivel internacional.
¿Son estas cifras producto de una votación limpia? Muy probablemente No ¿Son representativas? Dentro de quienes han votado, me inclino por pensar que lo son. De hecho estas cifras (1,7-1,8 millones de independentistas) es algo que ya se sabía de antemano. Creo que los organizadores han estado muy cuidadosos de no hacer un fraude masivo (a tenor de las cifras) y eso los honra y demuestra que son inteligentes. Con un Si-Si de 3 o 4 millones de personas el resultado hubiese sido un cachondeo (y probablemente se hubiese podido generar un fraude así de haberse querido).
De todas formas hay un gran drama para los organizadores: El porcentaje residual de votos por el No. Ha quedado demostrado que todo esto del “derecho a decidir” está organizado por soberanistas y casi en su totalidad por independentistas. Un observador externo que no esté familiarizado con la situación interpretaría, al ver estas cifras, que la sociedad catalana está enfrentada en dos bloques políticos. Si los organizadores no han atraído ya a gente por el No, seguramente ya no van a poder hacerlo y eso mata cualquier proceso de antemano.

He escuchado a algunas personas decir que estas cifras son un mínimo, que son sólo de la gente totalmente movilizada y militante, y que en un proceso normal serían más. Creo que se equivocan, de hecho creo que es exactamente al revés. Si hay un momento bueno para votar un Sí-Sí absolutamente sentimental es cuando éste no tiene consecuencias prácticas. Es decir, imaginad una votación alegal en toda España que dijese algo así como “¿Quiere usted que se vayan todos los políticos del PP y el PSOE?” La gente diría que Sí de forma clara sólo para mostrar su cabreo, ante las no consecuencias de la votación. Ahora, cuando llegasen elecciones probablemente mucha de esa gente votaría a esos partidos de nuevo, por prudencia o por miedo.
Votar Si-Si es muy fácil cuando no vale para nada ni tiene consecuencias claras. Si hubiese una incertidumbre sobre la independencia y el voto fuese decisorio lo normal es que la gente se lo pensase dos veces y muchos, temerosos, decidiesen no jugársela. Y sí, es cierto que el hecho de que fuese alegal ha podido llevar a que alguna gente no votase, pero creo que el efecto anterior debe ser mayor. Resulta difícil creer que, con el grado de movilización que ha habido, en un referéndum vinculante el número de Si-SI pudiese ser mayor a este. Da la sensación de que el independentismo, altamente movilizado, ha tocado un techo ya muy difícil de superar. Y cuando acepten esto podemos tener problemas, porque la única manera de superar este techo va a ser que el gobierno español pueda hacer algo que sea instrumentalizado como agravio, así que espero provocaciones continuas por parte del independentismo en los próximos meses para buscar la reacción de la derecha española.
Me interesaba especialmente el número de votos Si-No. Esta opción, que es un absurdo conceptual, normalmente implicará un voto rupturista con la estructura del estado y el statu quo, pero no independentista. Lamentablemente ha supuesto 8 veces menos que el voto independentista, así que los militantes de esta opción deberían replantearse si están en el sitio adecuado al lado de los independentistas, más que nada porque parecen los “tontos útiles” de los primeros, cumpliendo ese papel de apoyo que ciertas fuerzas pequeñas han cumplido en muchas revoluciones y que, casi siempre, acaba en persecución, minimización o simplemente en su marginación del poder cuando la revolución ha triunfado.
De todas maneras esta gente del Si-No es gente que puede ayudar y colaborar en el proceso de cambio que se va a iniciar en España en los próximos tiempos. Creo que deberíamos extenderles la mano y pedirles que nos ayuden en el nuevo modelo de país que muchos queremos hacer. Todas sus peticiones deberán ser oídas pues su espíritu de querer convivir junto con el resto de españoles así lo merece.

No quiero dejarme una cosa. Mis amigos de UPyD tuvieron ayer otro día de reacciones obsesivo-compulsivas y estúpidas. Si fuese por ellos ayer se hubiesen retirado urnas y se hubiese llevado delante del juez a los responsables políticos del asunto, algo que de lo único que hubiese servido era para fortalecer a ERC y a la CUP. Los dirigentes de UPyD no entienden cómo se gestiona un estado, no saben que a veces hay que contemporizar para evitar males mayores y se creen que todo se arregla poniendo los purísimos valores encima de la mesa. Afortunadamente la justicia fue lógica y no cumplió sus peticiones.
Cosas como estas son las que llevan a UPyD a hundirse poco a poco y a Ciudadanos, más moderados en estas cosas, a absorber su voto. UPyD podía haber sido un partido muy importante en España y se va a quedar como fuerza marginal por la compulsión obsesiva de sus principales dirigentes.

Casi todos los periódicos llaman hoy a la negociación. Realmente negociación ha estado habiendo desde hace tiempo como se ha sabido, así que por ahí no hay nada que ampliar. Si a lo que se refieren los periodistas es a intentar llegar a un pacto para salir de la situación, entonces me temo que no va a poder ser. Con gente subida en la ola del maximalismo no puede haber pacto, porque lo que piden, que es el derecho de autodeterminación de Cataluña, va contra la constitución y contra la esencia misma de la naturaleza de la democracia que tenemos en España (que se basa en la soberanía nacional). Ante ese maximalismo no puede llegarse a ningún acuerdo, y por ahora no veo que los soberanistas catalanes pudiesen ceder en ese punto, que es inasumible.
La opción inteligente, como ya he dicho más de una vez, es esperar a que los independentistas se maten entre ellos (figuradamente claro), algo que pasará cuando los radicales pidan ruptura y los moderados insistan en la legalidad, por un lado, y cuando se vea que los independentistas puros no van a aceptar nada que no sea la independencia. En España debe seguirse el proceso de cambio mental y político que hemos iniciado y que continuará con resultados en los próximos meses, y cuando la ruptura en Cataluña llegue habrá que atraer a los más razonables a colaborar para construir el nuevo país.

Veremos qué pasa en los próximos meses. Mas ha salido vivo del envite gracias a la pasividad del gobierno central, en lo que parece claramente una estrategia de beneficio mutuo o por lo menos de menor perjuicio mutuo. Jamás debemos olvidar que el nacionalismo es una fuerza potentísima para que las élites dominen a las masas y que este enfrentamiento tiene parte de irreal, de escenificación interesada. A Rajoy y a Mas les interesa la estrategia de ser perros ladradores pero poco mordedores, al primero porque está en pleno hundimiento y sólo este tema le pueden granjear un mínimo apoyo popular, y al segundo porque sólo así contendrá su fuga de votos a ERC y podrá mantener su gestión de la crisis debajo de la alfombra.
Tarde o temprano habrán elecciones en Cataluña y entonces ya veremos cómo se gestionan las problemáticas que salgan de ahí. Por ahora, a mí por lo menos me gustaría volver a la realidad y a lo que realmente creo que nos interesa, que es hablar del ascenso de Podemos, de la corrupción y de las heridas crónicas que está dejando esta crisis. 

2 comentarios:

  1. Yo no creo que sea tan relevante el porcentaje de la gente que quiere la independencia, son los que son. Igual que son los que son los que no la quieren. Nos dicen, ese porcentaje que votaron si si, es el de la gente que votó a los partidos nacionalistas catalanistas y han fracasado, ya que no han conseguido movilizar a nadie más. Esa linea de pensamiento nos induce a pensar que la gente que votó en las elecciones autonómicas a los partidos nacionalistas centralistas, son los que votarían no no en un supuesto referéndum con garantías. ¿No?

    Pues entonces, la conclusión más lógica es que ganaría la opción de la gente a la que directamente se la suda estar en un país, en otro o en ninguno, ya que la abstención ganaría por goleada.

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    1. Hola Javier,

      Aquí hay un problema básicamente de números y de situaciones que no son muy comparables. Es cierto que el voto del Sí-Si ha sido, más o menos, el mismo que sacaron CiU, ERC y CUP en las últimas autonómicas. Veo una guerra de interpretaciones con estos datos, pues los nacionalistas ahora dicen que entonces todos los votos de esos partidos eran independentistas y/o el independentismo ha crecido, mientras que los no-nacionalistas dicen que están estancados.
      Creo que hoy que hacer varias consideraciones:

      - No sabemos muy bien hasta qué punto ha habido fraude. Yo creo que el resultado es relativamente representativo, aunque probablemente ha habido fraude a pequeña escala aumentando la participación o el Si-SI (algún caso se conoce). No sé valorar de qué porcentaje estamos hablando, aunque intuyo que bajo, pero esto nos distorsiona las interpretaciones.

      - A esa argumentación de que si el independentismo no ha aumentado es que todos los votos de CiU eran independentistas se le puede dar la vuelta, es decir, podriamos decir entonces que ningún votante de ICV o PSC ha votado Sí-Si. Obviamente esto no es así (sobre todo en caso de los primeros), así que el otro argumento tampoco lo es.

      - No sabemos el efecto que ha tenido el aumento del censo entre inmigrantes y chavales de 16 a 18 años. Se dice que los primeros mayoritariamente se han abstenido pero los segundos han votado independencia. Esto distorsiona el voto.

      - Otro distorsionados del voto es, como ya he comentado, que es muy fácil votar Sí-Si cuando no hay consecuencias. En una votación vinculante es difícil pensar que todos votarían con la misma convicción. Por el otro lado es posible que la alegalidad haya llevado a algún independentista a no votar, aunque creo que no serán muchos.

      En definitiva, yo tengo la sensación que efectivamente el independentismo está estancado hace un par de años, pero este estancamiento está en una cifra muy alta que, a pesar de que no parece ser suficiente para una mayoría independentista clara, supone un grave problema.
      Y esto trae una segunda derivada, que los independentistas parecen haber asumido que solo el enfrentamiento frontal con "el estado" puede aumentar el independentismo, y eso puede verse respondido por un PP necesitado de lo que sea para no hundirse.
      Veo problemas en el horizonte, no para la unidad del país (que está constitucionalmente blindada) pero sí para las relaciones Cataluña-España.

      Saludos,

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