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jueves, 6 de noviembre de 2014

Cataluña: ¿De nuevo en la realidad?


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Cualquier persona que conociese mínimamente el sistema jurídico español sabía, ya a finales de 2012, que el referéndum/consulta por la independencia de Cataluña no se iba a celebrar, al menos de forma organizada y legal. Los políticos que lo anunciaron también lo sabían, pero le contaron a su gente que sí se podría hacer, que encontrarían la manera legal de hacerlo y que, en caso de negarse el gobierno español, el escándalo internacional sería tal que finalmente se saldrían con la suya.
Pero no, ni ha habido escándalo internacional, ni imaginativas y legalísimas maneras de hacer una consulta. Llegamos a octubre de 2014 tal y como salimos de diciembre de 2012, con el único logro de que la política catalana ha perdido 22 meses de tiempo para hacer política, exigir responsabilidades a su gobierno por la gestión del día a día y para evolucionar social y políticamente en el mismo sentido que el resto del país.

Como la consulta no ha salido parece que de algún modo se va a organizar una consulta extraoficial al estilo de aquellas que comenzaron en Arenys de Munt, que no valen para nada más allá de mantener a la gente entretenida. Consultas alegales de este tipo hay muchas, las ha habido en otros países y también por motivos secesionistas. La última fue en marzo de este mismo año, cuando se hizo una consulta extraoficial en la región italiana de Veneto, donde en teoría votó el 63% del censo y votó Sí a la independencia el 89% de los votantes (insisto en lo de “en teoría”).
Según la imaginación de los independentistas catalanes, unos números así en Cataluña crearían un escándalo internacional y las grandes potencias presionarían al gobierno español para que organizase un camino legal a la secesión. Pues bien, a la comunidad internacional le importó un comino lo que pasase en esa consulta en Veneto, ningún país hizo absolutamente nada ni lo va a hacer. Es más, muy probablemente el lector ni siquiera supiese que esa consulta se había celebrado, de lo importante y relevante que fue fuera de las fronteras italianas o incluso fuera de la propia región.
Esto, insisto en el argumento, lo sabe cualquiera que conozca un poco la política internacional. Ningún estado se pone en contra de un estado aliado por un motivo así. Es más, aunque a un gobierno de un estado le pareciese que un territorio se debe independizar por cualquier razón, jamás lo diría porque sería sentar un precedente que podría afectar a la propia integridad de su estado. Excepto en situaciones de países “enemigos” a los que se pretende debilitar, o quizá en casos donde un país tenga mucho que ganar con una secesión en un país tercero, nadie apoya una secesión de un estado con el que mantiene relaciones diplomáticas cordiales.

Los independentistas catalanes estaban atrapados por una ley que no pueden cambiar (porque el cuerpo soberano que puede cambiarlo no acepta sus demandas) y un mundo que los ignora y que jamás se va a poner de su lado. Pensar que ese camino a la independencia iba a funcionar y haber estado 22 meses creyéndolo es probablemente el acto de infantilismo político más increible que he visto jamás. Y mira que hay majaderos e ideologías flower-power por ahí, mira que hay propuestas absurdas que ignoran las más básicas nociones de como funciona una sociedad o un estado, pero creo que esto lo supera todo.
Objetivamente cualquiera podría decir que Mas debe dimitir ipsofacto por haber engañado a los ciudadanos durante tanto tiempo, el problema es que el engaño era tan transparente que el responsable deja de ser el engañador y comienza a ser el engañado. Mas contó un cuento, es verdad, y en una sociedad “normalizada” tendría su castigo político, pero es que ha sido la propia sociedad soberanista, nacionalista o independentista la que se ha querido creer sus mentiras. Y los partidos pro-consulta, y quizá hasta el propio PSC ha jugado al engaño, aquí todos han sido parte de esto.
En cierta manera es un poco parecido a lo que ha pasado en la Comunidad Valenciana estos años anteriores. La gente de fuera de Valencia no entendía cómo se seguían votando corruptos cuando era evidente que lo eran, pero la explicación es sencilla: Era tan evidente que nos engañaba, nos mentían, nos robaban y nos tomaban por imbéciles; que la culpa dejo de ser suya para comenzar a ser nuestra, de los ciudadanos. Y a los ciudadanos nos cuesta aceptar que nos han engañado, que hemos sido tontos o ingenuos, y por eso la reacción al fraude político suele ser tan lenta y tan incomprensible para quien lo ve desde fuera.
Son cosas como estas por las que digo que lo que está pasando en Cataluña me recuerda muchísimo a lo que se vivió en la Comunidad Valenciana de la época de Camps. Los escenarios y las puestas en escena son totalmente distintas, pero los sentimientos de fondo, el populismo, la manipulación sentimental, la espiral de silencio, la creación de una “identidad” única y con una voluntad colectiva, etc. Son muy parecidos. Yo he vivido esto que pasa en Cataluña con otro traje y con otra música y sé que salir de ahí no va a ser nada fácil.

Porque no nos equivoquemos, los problemas comienzan ahora. Las tonterías se han acabado y la escenificación de una unidad falsa que orbitaba alrededor de un invento aséptico y limpito como el “derecho a decidir” también. En esta unidad cada uno iba por un lado, unos querían la independencia por el procedimiento que fuese, otros una simple herramienta de coacción, otros una ruptura para poder imponer su propio modelo ante el remolino de cambios, y otros que pasase el tiempo a ver si aparecía una solución caída del cielo. Y todos ellos tenían proyectos incompatibles con los demás, todos ellos estaban jugando una partida de poker para superponerse a los compañeros, y todos ellos creían, de forma bastante ridícula, que serían ellos los vencedores.
Pero ahora cada uno irá a la suya. Vamos a asistir por un tiempo aún a una partida a dos bandas, Mas y CiU por un lado y ERC por otro. Mas ha estado actuando como el sastre del cuento, ganando tiempo para ver si el oso hablaba, pero los osos no hablan y ahora mismo lo único que le queda es intentar hundir a ERC con ellos. ERC, por su parte, era la virtual ganadora de este circo desde hace tiempo, pues no tenía más que esperar pacientemente a que Mas se estrellase contra el muro de la ley y, una vez se parase ahí, acusarle de cobarde y llevarse gran parte de su voto. Junqueras lo que desea son unas elecciones anticipadas cuanto antes, pero no puede provocarlas, tiene que dejar que sea Mas quien las convoque ante su hundimiento.
A no ser que los acontecimientos giren de forma indecente y se haga una catarsis colectiva en un minuto, la gente haga de tripas corazón y se haga un ejercicio de desmemoria colectiva, y así CiU vuelva a su sitio político original (nacionalista pero no independentista); creo que no hay otro futuro que una ERC victoriosa de las próximas elecciones catalanas. Y un gobierno de ERC en estas circunstancias puede ser muy duro, no a nivel de conflicto frontal con el gobierno español (porque si no saca mayoría absoluta probablemente se escudará en eso para no tomar decisiones que conocen destructivas) sino a nivel de creación de una asfixiante hegemonía cultural y de aislamiento político y social del resto de España.

Ya he oído varias veces, en boca de los nacionalistas, la palabra “enemigo” dirigida a España. Mas ha dicho que el enemigo era “el estado español” mientras que creo que fue Junqueras quién identificó como el enemigo al “gobierno español”. De ahí no puede salir nada bueno, todo lo que puede salir son problemas de convivencia y una espiral infinita de victimismo social.
Se ha hablado mucho estos dos años de si había tensión o ruptura social en Cataluña. La conclusión más o menos generalizada ha sido que no, aunque no han faltado casos de gente que ha contado acaloradas discusiones familiares o sentirse víctimas de la coacción ambiental. Sin embargo lamento decir que, de permanecer el independentismo en el poder con objetivos similares a los actuales, estos problemas sociales llegarán, es cuestión de tiempo. Mucho me sorprendería que no pasase, y si no pasa admiraré la sabiduría social de la sociedad catalana.

¿Cambiará algo cuando cambie el parlamento y el gobierno español a finales de 2015? Pues yo creo que no, más que nada porque creo que nos podemos a encontrar ante un gobierno PP-PSOE. Probablemente intentarán comprometer a los catalanes con algunos cambios territoriales y estructurales (que algunos llegarán en la próxima legislatura) pero me parece complicado que los soberanistas acepten la invitación. Hace falta mucho tiempo para digerir la frustración y aceptar la imposibilidad del maximalismo, y esto es un proceso de años.
Pero mi mayor temor es que Cataluña se convierta en un dique de contención de los cambios que necesita España. Nuestro futuro no dependerá de un partido ni un proyecto sino de un consenso renovado con fuerzas nuevas que representen a la sociedad actual. Si un territorio tan grande como Cataluña se aísla políticamente del resto, las fuerzas de cambio en España no van a poder hacer las reformas necesarias. Hoy se acusa al gobierno español de inmovilista (y con razón) ante una Cataluña dinámica que quiere cambio, pero me temo que los papeles van a cambiar en el futuro próximo. En la mayoría de España las fuerzas del cambio y la reforma están ganando fuerza conforme pasan los meses, mientras que en Cataluña se está inserto en un ciclo identitario que demora (o incluso anula) otro tipo de cambios. Creo, francamente, que Cataluña y el resto de España han llegado desincronizadas en el peor momento.

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