La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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jueves, 4 de diciembre de 2014

Análisis del programa económico Torres-Navarro (I)
















Hace unas semanas se supo que Podemos había encargado un documento de medidas de choque contra la crisis a dos economistas conocidos, Juan Torres, catedrático de economía aplicada de la universidad de Sevilla, y Vicenç Navarro, catedrático de ciencias políticas y sociales en la Pompeu Fabra.
Este documento se supone que debe suponer el punto de partida para elaborar un programa económico para las elecciones generales. El programa de las elecciones europeas fue un programa colaborativo, hecho de forma asamblearia y poco meditado, un programa de urgencia que esbozó unas cuantas ideas pero que obviamente no servía como programa de un partido de gobierno por sus múltiples problemas e incoherencias. Un nuevo programa, pues, era necesario con la única condición de que siguiese el espíritu y la tendencia ideológica de aquel.

La verdad es que no acabo de entender por qué Podemos ha recurrido a estos dos economistas. Podemos tiene buenos economistas entre sus filas, no de primera fila pero sí especialistas en sus campos, y que llevan tiempo trabajando en crear propuestas viables sobre la Renta Básica Universal (RBU) o la reestructuración de la deuda, y que creo que debían haber sido ellos quienes hiciesen este documento. Hablo de Alberto Montero, profesor de economía en la universidad de Málaga, Nacho Álvarez, profesor de economía aplicada de la universidad de Valladolid o Bibiana Medialdea, doctora en el departamento de economía internacional de la complutense, entre otros.
Yo no sé muy bien por qué Podemos ha hecho esto ¿se han asustando ante tanta crítica furibunda contra algunas de las propuestas económicas? ¿Han pensado que el prestigio de los dos catedráticos daría al programa de Podemos más verosimilitud? Creo que los tiros deben ir por ahí, aunque si es lo segundo creo que ya se ha demostrado que los adversarios de Podemos no van a bajar el tono de las críticas, al contrario, lo van a criticar igual por los contenidos pero además van a criticar por haber cambiado algunas medidas.

El programa de Torres y Navarro, que no es realmente un programa sino un documento base, creo que se puede definir con una palabra: Socialdemócrata. Hay quien dice que es socialdemócrata pero de los 60 o los 70, no socialdemócrata actual. La verdad es que el matiz es un poco tonto porque desde los 90 los socialdemócratas ya no son socialdemócratas, sino socioliberales, así que podemos llamar al programa socialdemócrata sin cometer error.
A pesar de que toda la jauría de economistas televisivos han salido en tromba a decir que el programa es imposible y han mostrado, en general, bastante poco respecto por sus colegas autores del documento, hay otros economistas con menos difusión que lo han valorado más positivamente. Podéis leer la opinión del catedrático Santiago Niño Becerra, que dice que el programa ni es extremista ni inaplicable, o del economista Nuño Rodrígo en su blog del diario económico Cinco Días, o del periodista conservador y economista José García Domínguez, que se fija en algo que los demás economistas parecen haber obviado: El realismo del programa respecto a la situación internacional de España.
Creo que este documento base, con sus inconcrecciones y ambigüedades, está mucho más desarrollado que cualquier programa económico de cualquier partido que yo haya visto, y eso que es un documento base. Creo que esto hay que, por lo menos, valorarlo. Las ideas del documento son muchas, pero a mi me gustaría concentrarme en unas cuantas que me han llamado la atención (algunas ya conocidas) y que creo que merecen ser debatidas.

Un punto esencial de este programa base es que entiende cual es uno de los grandes problemas de la sociedad española: Los bajísimos sueldos existentes y, como consecuencia, la crisis de demanda interna que puede perpetuar. Más allá de disquisiciones sobre si el crecimiento lo lidera la inversión o si lo lidera la demanda, lo que es evidente es que España está avanzando a pasos agigantados hacia ser un país de mano de obra barata y de sueldos miserables, algo que generará una estructura social tercermundista.
De la mano de la dualidad de nuestro mercado de trabajo, de la reforma laboral y del desempleo masivo, se ha generado una tendencia estructural de bajada de salarios permanente. Cada trabajador nuevo que sustituye a uno jubilado puede fácilmente cobrar la mitad o la tercera parte de salario que aquel, cada trabajador despedido de su empresa y contratado por otra lo hace en condiciones salariales bastante peores. Los contratos que se hacen son temporales o a tiempo parcial, y a veces las dos cosas a la vez. Se trabajan muchísimas horas de más que no se cobran y cada año que pasa el poder adquisitivo de la mayoría de los trabajadores es menor. Y, seamos honestos, esta realidad va a durar muchísimos años, llevando a esa tercermundialización que comento.
El documento propone muchas medidas: Aumentar el SMI (no dice cuanto), reducir la jornada a 35 horas, adelantar la edad de jubilación a los 65 años, aumentar la inversión pública y generar con ello puestos de trabajo en el “estado del bienestar” y una que me ha gustado mucho: Establecer un salario máximo en una empresa en función del salario medio de esa misma empresa.

Empiezo por este último punto. Hemos discutido mucho aquí si era conveniente limitar el salario máximo o si bien había que establecer unos tipos marginales muy altos (del orden del 80%) para aquellos salarios muy elevados, como propone Pikkety. En estas discusiones siempre vienen los agoreros a decir que si se hacen estas cosas los ejecutivos se irán de España o, la versión más cutre, que si hacemos eso no vendrán granes jugadores de fútbol a nuestra liga. De seguir esa lógica, es decir, de paralizarnos porque el capital o quienes ganan mucho se van a asustar, acabaríamos viviendo en un esclavismo anarco-capitalista a la vuelta de 20 años ante la eliminación de cualquier impuesto a cualquiera que amenace con irse o no invertir. Pensad siempre eso antes defender esas teorías.
La propuesta de limitar los salarios máximos en función de los mínimos me ha gustado mucho por varias razones: Primero porque genera de forma legal una realidad económica evidente y que la ortodoxia se empeña en ocultar: En empresas (no en negocios individuales) los beneficios y la productividad se generan colectivamente y, por tanto, la ampliación progresiva del gap que separa a los salarios mayores de los menores es un sinsentido ético pero también económico. Tan solo un mercado distorsionado, una “casta” ejecutiva que se autoasigna sueldos y una economía altamente financiarizada es lo que permite esto.
Por supuesto la desigualdad salarial debe existir. Alguien que trabaje más y mejor debe cobrar más que uno que lo hace menos o peor, un ingeniero debe cobrar más que un recepcionista, etc. Estas diferencias salariales son incentivadoras y hacen que el mercado de trabajo y la captura del talento funcione correctamente. Pero las diferencias actuales entre quien más cobra y el salario medio en una empresa en España es, según el documento, de 127 a 1. Hace 40 ó 50 años, esta diferencia era sobre la décima parte (hablo de memoria).
¿Qué ha pasado? ¿Que los más válidos se han vuelto diez veces mejores? ¿Que los mas inútiles se han vuelto 10 veces más inútiles todavía? Obviamente no. Hace 50 años un directivo también tenía que cobrar bastante más que el salario medio de la empresa, pero podía cobrar 10 o 20 veces más y eso ya era suficientemente incentivador. Que esta brecha haya aumentando es producto sencillamente de un mercado disfuncional.
El documento no da cifras pero es evidente que esto es algo a corregir. Su aplicación distribuiría mejor la renta, subiría los salarios más bajos o medios y evitaría algunas de las malas prácticas conocidas. De todas formas esto hay que estructurarlo bien porque se me ocurren multitud de trampas para evitar estas limitaciones.
¡Ah! Y por si me lo pregunta alguien: Cristiano Ronaldo y Messi se pueden ir a sus puñeteros países los dos. No estamos para frivolidades de este estilo.

La idea de bajar la jornada laboral a 35 horas es algo que se lleva barajando hace tiempo y he leído argumentos divergentes. En Francia se hizo y algunas personas dicen que se creó empleo y otras que no, que lo único que provocó fue una caída de la productividad. La verdad es que empleo sí que se creó en ese periodo pero es difícil determinar si fue a causa de la medida o por la coyuntura expansiva de la economía europea.
La idea en sí me gusta y creo que es absolutamente necesario hacerlo: Hay demasiada población desempleada y los salarios por hora trabajada son muy bajos, así que en teoría mataríamos dos pájaros de un tiro. Ahora, el diablo está en los detalles y hay que hacerlo bien, de forma progresiva, con más flexibilidad para las pymes y menos para las grandes empresas, y creando un sistema de incentivos adecuado.
De todos modos me parece que estamos corriendo demasiado porque si tenemos un problema ahora mismo en España no es que se trabajen 40 horas, es que se trabajan muchas más y no se cobran. Lo primero que hay que hacer es evitar que se trabajen horas gratis sin contraprestación, El otro día salió una estimación sobre las horas trabajadas y no pagadas, y se puede concluir que si fuesen trabajadas por trabajadores contratados se crearían casi 300.000 empleos a tiempo completo en España.
¿Cómo se consigue esto? Pues creo que debe hacerse por muchas vías. Hay que perseguirlo especialmente, aumentar las sanciones, pero también hay que conseguir que los trabajadores no cedan antes estas cosas, y eso es francamente complicado en estos momentos en que la gente está muy necesitada. Por eso las medidas sociales son necesarias, los trabajadores no pueden tener miedo a decir No a ser explotados, y para eso hay varios mecanismos, y uno de ellos es aumentar el porcentaje de afiliación sindical en España.

En el documento no lo he encontrado pero sí que escuché a Vicenç Navarro hablar de la bajísima tasa de afiliación sindical que hay en España y los problemas que genera esto para los salarios y condiciones laborales. Las tasa de afiliación sindical está cayendo en todo el mundo (por varias causas de estructura económica y de percepción social) pero en España es menos del 16% mientras en los países nórdicos supera el 50%.
El problema es que en España tenemos una particularidad gravísima: Los dos sindicatos mayoritarios, UGT y CCOO, están desacreditados por varias razones (corrupción, inutilidad de las luchas sociales últimas, abandono de los nuevos trabajadores de cuello blanco y autónomos, presión empresarial, etc.) y eso dificulta que las tasas de afiliación suban. Es absolutamente necesario que se creen nuevos sindicatos que estén limpios, al igual que está pasando con los partidos políticos.
De todas formas la mentalidad anti-sindical de la población no va a cambiar tan rápido, así que desde el poder hay que crear incentivos para la afiliación. ¿Por qué hay tasas tan altas de afiliación en los países nórdicos? Porque en algunos de ellos es necesario estar sindicado para cobrar prestaciones o para tener otras ventajas. Y es por eso que esos países, que no tienen salario mínimo oficial, tienen una potente negociación colectiva que si fija salarios mínimos por sector.

Por supuesto y además de todo esto va a haber que subir el SMI. Con esta reforma laboral que destruye la negociación colectiva, con tasas de paro por encima del 20% y con gente trabajando gratis, la tendencia natural de los salarios va a ser bajar hasta el salario mínimo. Ya estamos en la espeluznante cifra del 34% de los asalariados el salario mínimo o menos (por jornadas parciales o por ilegalidades). Si no tenemos un mercado laboral con baja demanda de empleo y no conseguimos que suban los salarios de alguna manera, habrá que subir el salario mínimo y además de forma sustancial (con progresividad pero sustancial).
Y finalmente está la inversión pública para crear empleos en el estado del bienestar. El profesor Navarro tiene una vieja aspiración de que España tenga un porcentaje de empleados públicos similar a los países del norte de Europa (1 de cada 8 ciudadanos es empleado público en los países del norte mientras en España es 1 de cada 15), pero esto obviamente no se puede hacer a corto plazo y posiblemente ni siquiera a medio. España no tiene recursos económicos para este aumento ni quizá pueda tenerlos nunca si no nacionaliza sectores productivos.
Pero lo que sí es necesario es aumentar la cantidad de trabajadores públicos en áreas del estado del bienestar y en alguna otra. España necesita más profesores, un sistema de escuelas infantiles, más inspectores de hacienda y trabajo, más médicos rurales y especialistas, más empleados en los servicios públicos de empleo para implementar un sistema parecido al nórdico, etc. Y eso tiene que hacerse contratando gente o reubicándola, porque lo que no necesita España y sí tiene son funcionarios de diputaciones, trabajadores en organismos absurdos y una enorme masa de enchufados políticos que han generado el PP y el PSOE. Todos esos recursos deberían ser reorientandos hacia estas áreas que son claramente deficientes.

Aún me queda mucho que decir sobre el programa, entre estas cosas hablar de la RBU y la reestructuración de la deuda, dos temas que hemos tocado aquí y que tienen un nuevo enfoque. Pero lo haré en una segunda parte.


2 comentarios:

  1. Pedro,

    mucho me temo que la razón por la que se lo han encargado a estos dos señores no es por prestigio. Torres no se, pero Navarro tiene un prestigio académico, al menos en economía, bastante nulo. Eso sí, al menos es conocido.

    La impresión que me da a mi es que éstos han sido los elegidos precisamente para presentar una propuesta que, si bien es claramente de izquierdas, es también más tibia de lo que el resto de economistas que ya estaban en Podemos hubiera sacado. Podemos se estaba desangrando argumentalmente con algunas de sus propuestas de las europeas, y necesitaban rectificar/matizar eso. Usar a dos caras "nuevas" para ello también puede ser una forma de hacer más digerible este cambio, a pesar de que en 2011 estos dos señores y Alberto Garzón, diputado de IU, editaron un libro, "Hay alternativas", en el que menos lo de la renta básica (que ahora ya no es universal, por cierto), recogían prácticamente todo esta propuesta y más, más incluso que el programa original de Podemos de las europeas. El último apartado de ese libro, titulado "115 Propuestas Concretas", viene a ser la lista de deseos de ATTAC, empezando por:
    "1. Constitución de un gobierno mundial que permita compensar y reducir el poder de los grupos privados internacionales, así como facilitar la instauración de un mundo diferente."

    El libro, gracias al profesor Navarro, está disponible online en http://www.vnavarro.org/wp-content/uploads/2011/10/hayalternativas.pdf


    Del programa en si, debo decir que hay algunas propuestas que no sólo me gustan, sino que además son muy recomendadas por la evidencia empírica, como pueden ser las propuestas de igualdad (educación de 0 a 3, permisos de paternidad/maternidad iguales y dependencia). Otras... bueno, dejemoslo en que no, que si no me enrollo demasiado.

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