La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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miércoles, 29 de enero de 2014

Comunidad de Madrid: Tras la estela de Valencia
















Llevo algún tiempo pensando sobre la realidad de la Comunidad de Madrid y lo parecida que es a la de la Comunidad Valenciana en muchos aspectos. La última noticia, la marcha atrás de los planes de privatización del servicio de varios hospitales públicos de la comunidad, es la última de una larga cadena de decepciones y fracasos políticos en aquella comunidad que me recuerdan sobremanera a lo que está pasando en Valencia en los últimos años.

Yo no vivo en Madrid y por tanto no puedo pulsar el estado de ánimo de la calle, pero desde la distancia entiendo como probable que haya un estado de hastío y una sensación de engaño masivo en la población a causa de la acción de gobierno de la Comunidad de Madrid.
Los valencianos hemos vivido en los últimos tres años cómo todos y cada uno de los pilares que sostenían la imagen de tierra de oportunidades y prosperidad que había vendido el PPCV se han derrumbado. Los grandes eventos que no valieron para nada y no se han podido mantener, las construcciones faraónicas sin función real, la imagen de región puntera e importante de España que se ha demostrado falsa, la corrupción generalizada, la ruina producida por la política de estos casi 20 años…Todo, absolutamente todo en lo que se sostuvo el discurso del PPCV se ha derrumbado, hasta los malvados enemigos catalanes que nos querían invadir resulta que ahora están más ocupados intentando separarse de nosotros que haciendo planes de conquista.
Hoy en día a nivel de calle todo se ve como una gran mentira, como un gran fraude mantenido y perpetrado durante años ante nuestra indiferencia. El grado de focalización de todos los males en el PPCV varía, pero la sensación de que esta época pasada ha sido un engaño es general. Y es esta sensación la que prácticamente asegura que el PPCV no volverá a gobernar la Comunidad Valenciana como expliqué en esta entrada.

La situación en Madrid parece esencialmente la misma. Los grandes proyectos dirigidos y promocionados por la Comunidad de Madrid o el propio ayuntamiento se han demostrado inviables, meros engaños propagandísticos o peor aún, pura ideologización interesada para promocionar los beneficios privados a costa del erario público.
En mi opinión hay tres proyectos clave que han caído en los últimos meses (aunque dos ya estaba claro desde hacía tiempo que no se iban a hacer) y que representan el desmoronamiento de la política del PP madrileño: Las olimpiadas de Madrid, Eurovegas y los proyectos de privatización de parte de la red sanitaria madrileña.
Las olimpiadas de Madrid era una vieja aspiración de las autoridades madrileñas y también de las españolas. Por tres veces se ha intentado y desconozco si alguna vez ha habido posibilidades reales de conseguir los juegos. Barcelona tuvo unas olimpiadas en 1992 y sólo por eso era difícil que en tan poco tiempo se repitiesen unas olimpiadas en un país mediano y de menor importancia como es España. En cualquier caso lo que sí parecía evidente es que en un país en crisis como el actual el proyecto olímpico de Madrid 2020 no tenía prácticamente opciones ante otras potencias y capitales mejor posicionadas.
Sin embargo se creó un ambiente de optimismo como si las olimpiadas fuesen a ser inmediatas. Yo no me puedo creer que los responsables de la candidatura y los poderes públicos pudiesen pensar que con todos los condicionantes (olimpiadas cercanas en Barcelona, país en crisis, mala imagen internacional de España, etc.) realmente iban a ganar. Más bien creo que esto se vendía a la sociedad como un anestésico basado en el optimismo futuro de un posible evento que crearía puestos de trabajo y conseguiría sacar a la ciudad y al país de su destructivo estancamiento.
Finalmente parece que se ha aceptado que ni el país está en condiciones de hacer estas cosas ni tiene sentido persistir. La candidatura deja multitud de obras e infraestructuras a medio hacer, que han costado dinero y que no tienen ahora función práctica. Una “valencianada” en toda regla.

Mucho peor fue lo de Eurovegas. El señor Adelsson llegó a España como llegan los buitres cuando intuyen que va a haber un cadáver. Conociendo la desesperación de la población española parada, la incapacidad pública para generar empleo y la naturaleza “neoliberal” del gobierno de la Comunidad de Madrid, este señor llegó hablando de inversión y de centenares de miles de puestos de trabajo provocando orgasmos políticos entre los dirigentes madrileños.
No hay nada peor que los políticos dogmáticos porque son las víctimas perfectas para cualquier estafador y cantamañanas. Adelsson les habló de lo que querían oír y exigió como contraprestación una cantidad de cambios legales que ningún gobierno de un país civilizado le hubiese consentido. Pidió cambios en las leyes laborales, sanitarias, fiscales, de extranjería y financiación para su proyecto por parte de los bancos españoles (se presume que con aval de las administraciones públicas).
En vez de mandarle a su país, lo que hicieron en la Comunidad de Madrid fue intentar por todos los medios cumplir los deseos del magnate. Que los números fuesen disparatados, las promesas absurdas, la actividad moralmente dudosa y las exigencias inaceptables no provocaron la más mínima duda en los dirigentes madrileños. Pero al final la cosa, como era bastante evidente, no prosperó precisamente por la clave de todo: La financiación del proyecto. Los bancos españoles no estaban obviamente en condiciones de aceptar eso y, por tanto, Adelsson se retiró hacia su ámbito de actuación natural: Países autoritarios y paraísos fiscales.
El empeño de los dirigentes madrileños en este proyecto fue el espejo fiel de lo que son: Gente dogmática, entregada a los objetivos económicos de grandes grupos privados e incapaz de hacer nada desde una administración pública en la que no creen. Se demostró que vender el patrimonio, legislar adhoc y venderse a los inversores es su única manera de hacer política.

El último pilar quebrado fue la “externalización” de la gestión sanitaria de varios hospitales en la Comunidad de Madrid. Sin informes que lo avalasen, sin estudios concluyentes del ahorro económico de la externalización y simplemente por dogmatismo y/o interés en dar negocio a empresas privadas, se comenzó un proceso contra la opinión de la práctica totalidad del sector y en medio de amplias protestas de la “marea blanca”.
Durante todo este periodo han salido a la luz informes, referencias y análisis de procesos similares en otros países para demostrar que la privatización era un error. Pero la Comunidad de Madrid no cambió un ápice su postura por más que no tuviese sólidos contraargumentos. Los vínculos profesionales entre exconsejeros del PP de Madrid y empresas privadas sanitarias no hacían más que aumentar las sospechas de que esto era simplemente un asalto a las propiedades colectivas.
Finalmente ha sido la justicia quien paralizó el proceso privatizador por irregularidades y, ante eso y la presión ciudadana y las continuas huelgas y protestas, el gobierno madrileño ha tenido que dar marcha atrás (en esta legislatura no iban ya a poder hacerlo). Parece que ha pesado bastante la sensación de que este asunto los está desgastando mucho electoralmente.

Los tres pilares básicos del proyecto del PP en la Comunidad de Madrid han caído, pero los problemas para este partido no acaban ahí. Para empezar las dos personalidades claves del PP madrileño en los últimos años, Esperanza Aguirre y Alberto Ruíz Gallardón, ya no están en la política autonómica por diferentes razones. La comunidad quedó en manos de un gris Ignacio González y el ayuntamiento en manos de la ínclita Ana Botella, ambos no electos por los madrileños y ambos sin carisma ni liderazgo alguno.
Adicionalmente los problemas de corrupción también están haciendo mella en Madrid. Desde el caso Gürtel con sus múltiples ramificaciones hasta el caso Blesa con caja Madrid de por medio pasando por el ático de Ignacio González, cuya mujer le ha servido de escudo para no ser todavía imputado, los casos de corrupción se suceden uno tras otro. Los casos de corrupción quizá no llegan al nivel valenciano pero están cada vez más presentes y afectan a cargos importantes.
También observo otra similitud con Valencia: El caso de Telemadrid. Una televisión manipulada en extremo, una pérdida de credibilidad general ante la población, un ERE recurrido por considerarse ilegal y un probable final parecido: El cierre de la televisión, con la pérdida de su capacidad manipulativa.

El panorama electoral en la Comunidad de Madrid nos dice que va a haber un fuerte desgaste del PP, aunque parece menos claro o intenso que el del PP de la Comunidad Valenciana. La encuesta de metroscopia de Mayo de 2013 indica que el PP perdería 16,5 puntos de intención de voto. El PSM caería pero IU aumentaría muchísimo su intención de voto y UPyD también. Encuestas similares se pueden ver para el ayuntamiento de Madrid.
Quizá la diferencia entre las encuestas en Madrid y en la Comunidad Valenciana radican en que en Valencia la suma de la izquierda (PSPV+EU+Compromís) supera en mucho al PPCV. En Madrid la suma de PSM+IU supera al PP pero por poco. La segunda diferencia es que mientras en la Comunidad Valenciana la hipotética suma de PP y UPyD no superaría a la izquierda, en Madrid con una UPyD más fuerte eso sí pasaría.
Creo que en Madrid sería especialmente importante la entrada de EQUO en la asamblea de Madrid, algo que no considero tan complicado. La encuesta de Metroscopia le da un 3,8%, una subida importante respecto al 1% de 2011 pero que no llega a superar el 5% de barrera electoral. La entrada de EQUO daría más fuerza a la izquierda en la asamblea y perjudicaría al PP, así que es muy deseable.
Desconozco también qué tiene en mente UPyD en Madrid. Yo creo firmemente que en la Comunidad Valenciana no apoyará al PP y que se abstendrá en el peor de los casos, pero en Madrid no sé qué puede hacer. La abstención me parece relativamente probable. Tampoco sé si es posible un gobierno PSM-UPyD. A la vista de las encuestas parece que UPyD puede ser el decisor final sobre el futuro de la Comunidad de Madrid y, sobre todo, de su ayuntamiento.

Mi análisis de la realidad madrileña está hecho desde la distancia pero veo tantas similitudes con la Comunidad Valenciana que creo que es probable que la era del PP madrileño esté, igual que la del valenciano, a punto de acabar. Tendremos que ver las encuestas de 2014, ver si el PP se desgasta más (que es probable) y seguir la evolución de los acontecimientos.
Madrid es una ciudad cosmopolita, liberal y abierta, rodeada de muchos municipios industriales y tradicionalmente obreros. Que un partido tan conservador como el PP haya dominado durante 20 años la política madrileña no deja de ser extraño, aunque puede estar explicado por la ausencia de un partido liberal-centrista y por el proyecto “neoliberal” de Aguirre. Tampoco podemos obviar el “Tamayazo” de 2003 para entender esta situación.

La lógica de los acontecimientos dicta que la era del PP madrileño debe acabar y que Madrid no puede continuar con un proyecto agónico y acabado a todas luces. Sin atreverme a asegurarlo por la lejanía, espero y confío que este final se dé en 2015.

lunes, 27 de enero de 2014

Hablemos de primarias (y III)














¿REPRESENTANTES O LÍDERES?

Para acabar con esta serie sobre las primarias quería hablar de su función real. Hemos hablado de su efecto movilizador, de que abren los partidos a la sociedad y esto es especialmente importante en España y de que representan un sistema de elección de las élites diferente al actual, que se ha demostrado malo.
Pero creo que las primarias tienen un problema inherente o, por lo menos, una contradicción inherente. Se está eligiendo un cabeza de lista o el miembro de la lista, pero al final esto es muy simbólico porque los diputados electos están destinados a defender un programa creado por el partido y por sus órganos de dirección o, en algunos experimentos más avanzados, por sistemas asamblearios.
En los partidos tradicionales el candidato de la lista y el programa electoral son elegidos por el mismo órgano del partido, por lo que se minimizan las posibles discrepancias y hace que el conjunto candidato-programa sea coherente, pero en estos casos de elecciones primarias ajenas al mecanismo de generación del programa electoral las cosas no son tan fáciles.
¿Qué aporta, pues, el candidato? Porque si va a defender al 100% el programa del partido, en términos objetivos (o si preferís la expresión, en el “fondo político”) da igual que haya un candidato u otro, pues van a hacer la misma política. Cambiará la cara, las posibilidades de ser elegido o las habilidades comunicacionales para transmitir y defender las ideas del partido, pero el “fondo” de las ideas no cambia. Se está planteando esto de las primarias de forma un tanto desideologizada.

Vamos a poner un ejemplo para centrar el debate. Pongámonos en las futuras primarias del PSOE e imaginemos que se presentan Beatriz Talegón y Patxi López como candidatos con más posibilidades. Patxi López es un tipo moderado, que ha gobernado apoyado por el PP y que tiene muy buena imagen en los sectores centristas. Talegón, en cambio, es joven, más radical y desea llevar al socialismo hacia la izquierda, hacia políticas más igualitarias y menos “de mercado”.
Bien, estas primarias pueden levantar mucha expectación y pueden movilizar a simpatizantes y afiliados. Es posible que haya un movimiento izquierdista en las bases que apoye a Talegón, un movimiento que crea que el partido necesita un giro a la izquierda e imaginemos que, finalmente, Talegón gana las primarias. Tendríamos una candidata que estaría en el ala izquierda del socialismo.
¿Pero qué realidad se encontraría Talegón? Pues Talegón se encontraría un programa que tendría que realizar el Comité Federal (Rubalcaba y su gente), programa que deberá cumplir y que se ha comprometido a cumplir. Quizá no esté de acuerdo con parte de él, pues le parezca conservador o inmovilista, y en cualquier caso no podrá imponer su percepción ideológica aunque quisiese. Ella ha sido elegida para ser una cara, para defender un programa hecho por otros y su función en muchos aspectos no es más que representativa.
Si ha habido un movimiento “izquierdista” en las bases para que gane Talegón realmente no valdrá para mucho porque el programa, el contenido ideológico del partido que luego se refleja en el programa que realiza el comité federal, se dirimió en ese congreso extraordinario que eligió a Rubalcaba escasas semanas después de que el PSOE obtuviese su peor resultado electoral desde la II república. Talegón o el candidato que salga no sería, pues, una figura ni ejecutiva ni decisiva a no ser que se convocase un congreso extraordinario para elegir un nuevo secretario general. En estos casos se suele hablar de bicefalia pero ¿y si el candidato ni siquiera está en el comité federal o no tiene apoyos en el mismo? No llega a bicefalia...
En definitiva y resumiendo el ejemplo en una sola pregunta: ¿Habría realmente diferencia de contenido político y de programa si ganase Talegón respecto a si ganase Patxi López?

Este es el peligro principal o más bien la posible realidad de las primarias en España. A diferencia de las primarias que se hacen en EEUU para elegir al candidato a la presencia de los EEUU (que eligen al jefe del estado y del poder ejecutivo, con lo que eso conlleva de impronta personal), aquí lo que se está eligiendo en el fondo es una figura representativa con absoluta dependencia del partido, que puede elegir cómo defender las ideas del partido pero no qué ideas defender.
¿Es razonable esto? Pues elegir una figura representativa está bien, elegir a un orador o un comunicador capaz es bueno, pero en el fondo no deja de ser algo simbólico. La política con mayúsculas, el programa, se decide por mecanismos de partido y eso desnaturaliza las primarias a nivel ideológico. Las primarias están en riesgo de convertirse en una cuestión casi cosmética, comunicacional, de merchandising político, sin un contenido real.
Esto puede generar, además, decepción entre las bases. Las bases no suelen votar sólo por cuestiones personales o mediáticas, suelen votar por convicciones ideológicas y, aunque se conozca que el programa está hecho o se va a hacer de una manera determinada independientemente del candidato electo, siempre se tiene la sensación de que un candidato distinto dará al partido ideas distintas. De no darlo, de crearse una posible discrepancia entre el programa y la supuesta tendencia política del candidato ¿No podría ser las primarias incluso contraproducentes a medio plazo?
Cuidado, pongamos una salvedad. Si el candidato de primarias está destinado a ser presidente el gobierno obviamente en ese momento tendría un gran poder, porque en sus manos estaría la posibilidad de elegir ministros y dirigir la política. Pero estamos hablando en general, de primarias que pueden ser para diputados rasos o cabezas de lista, y en cualquier caso hablamos de los compromisos electorales del partido que pueden no ser las convicciones del candidato.

La cuestión aquí es si quedarnos en un mecanismo de primarias simbólico y representativo o, en cambio, ejecutivo y decisor de las futuras políticas. ¿Debe tener el candidato voz, voto y poder para marcar por lo menos parte de la línea política? Habrá que piense que no, que debe ser un fiel defensor de un programa hecho por otros y por supuesto esa es una opción respetable y bastante coherente con lo que se está haciendo. Pero yo no concibo la política como un espectáculo, yo quiero que la voluntad popular expresada en unas primarias influya algo en la política y, por tanto, no me gusta esa cuestión meramente representativa que se me antoja mediática pero falta de contenido.
Mi preferencia es que el candidato elegido tenga “algo” de poder para marcar la linea política ¿Y eso cómo se hace? ¿Cuánto poder político? ¿En qué áreas? Entramos en un terreno complicadísimo, un terreno casi de preferencias personales y en que creo que el equilibrio es muy importante. Si bien creo que un candidato debe poder imponer cierta impronta al programa político por el contrario también creo que un candidato no puede poner patas arriba un partido y proponer lo que le dé la gana.
Hay que buscar un equilibrio que sea adecuado, que no desnaturalice el partido, que no permita a un candidato coyuntural cambiar las bases ideológicas del partido, pero que permita que no se convierta en un mero títere de una política fabricada por otros. Que sí, que alguien dirá que todos los candidatos de una organización piensan de forma muy similar, que van todos a una y bla, bla, bla. Eso queda muy bien decirlo pero no es realista: No hay dos personas que piensen igual y todos tenemos ideas distintas en ciertos ámbitos, ideas que igual han sido las que han hecho que seamos elegidos, que pueden ser matices o preferencias pero que están ahí. No desconozcamos la realidad.

¿Cuál es, pues, el mecanismo adecuado? Pues no lo tengo nada claro pero se me ocurren algunas opciones. La primera y más intuitiva es que el candidato electo debe poder tener voz y voto en la fabricación del programa electoral. Sería un comité de varias personas quien lo haga, pero será importante que se tenga en cuenta la opinión del candidato sobre ciertos temas a la hora de priorizar políticas o introducir temas que no vayan en contra de la ideología del partido.
No sé muy bien cómo articular esto porque no soy político y estoy hablando en abstracto, pero la cuestión sería que el comité encargado de la redacción del programa electoral fuese lo suficientemente inteligente y flexible para introducir ideas clave que promueva el candidato y lo suficientemente rígido para servir como garante de que no se introdujesen cosas ajenas a la naturaleza del partido, pues para eso existen otros mecanismos no electorales.
Se me ocurre también otra manera. En política no todo va en un programa electoral. Hay cosas que suceden durante la legislatura que no estaban contempladas cuando se hizo el programa y en las que hay que tomar decisiones en ese momento. Hay otras cosas en las que, directamente, el partido no tiene una opinión definida. Pues bien, podría establecerse el “poder” del candidato de esta manera: El programa se cumple a rajatabla (pues el candidato lo ha aceptado), pero en las cosas que no estén en el programa él fija su criterio siempre que no vaya contra los valores del partido.
Por supuesto que esto abre múltiples debates. Se entiende que estas propuestas serían para un candidato a la presidencia del gobierno pero ¿qué pasa pues con los diputados o cabezas de lista electos en primarias? Si se les da esta libertad en estos temas no comprometidos ¿no acabaríamos con la disciplina de voto? ¿O debe marcarlos el candidato a presidente del gobierno? ¿Y en los temas que afecten exclusivamente a una Comunidad autónoma? ¿Qué criterio se sigue ahí? ¿Pintan algo los cabezas de lista de las provincias afectadas o es el candidato a la presidencia quien decide? Cada grado de libertad que damos puede traer un problema para la coherencia o gobernabilidad del grupo, así que habría que ser cauteloso con estas cosas.
La solución no es nada fácil y el debate es complicado y muy amplio, pues entronca directamente con un debate mucho más antiguo que habría que tratar a parte: El poder del partido sobre el candidato y la disciplina de voto. Y esto nos llevaría a tener que hablar del sistema electoral vigente, las listas abiertas o cerradas, la representatividad del electo, etc, etc. Demasiado para un escrito sobre las elecciones primarias.


La idea de esta serie era debatir sobre las primarias, su conveniencia y sus diferentes mecanismos. He querido remarcar desde un punto de vista subjetivo qué condiciones mínimas deben tener unas primarias para considerarse como tal y para no ser una cuestión meramente cosmética, y finalmente he hablado sobre el poder y autonomía que podría tener el candidato frente al partido, sin llegar a ninguna conclusión clara en este último punto.
Yo no tengo en la cabeza un sistema de primarias “ideal” y veo muchos puntos conflictivos en cada uno de los modelos que conozco. Los sistemas más cerrados o garantistas son más seguros, los más abiertos son más conflictivos pero también más democráticos y abiertos. Buscar el punto medio entre el partido tradicional y la apertura a la sociedad mediante el partido participativo es complicado.
Pero afortunadamente en España estamos viviendo una época de cambio, una época donde están apareciendo nuevos partidos  y algunos de los que hay están intentando modernizarse. Eso nos va a permitir en muy poco tiempo analizar cada uno de los mecanismos de primarias y poder ver cómo funcionan, qué problemas acarrean y que soluciones se dan dentro de los partidos para balancear la democracia interna con la coherencia en la actuación y el mensaje.

Personalmente soy un gran defensor de las elecciones primarias y concretamente de las primarias abiertas porque creo que es lo que necesita este país en este momento de desmovilización general y en este momento donde la brecha entre sociedad y partidos es más grande que nunca. Los ciudadanos deben presionar a los partidos y hacerlos cambiar desde fuera, sólo así evitaremos llegar a un punto de no retorno.

El grado de “apertura”, el poder y libertad del candidato electo y los mecanismos de control del partido ya no los tengo tan claros. Mi tendencia natural sería ser prudente con estas cosas, pero en esta situación de país y con las urgencias de redemocratización del país no podemos andarnos con medias tintas. Apostemos por mecanismos atrevidos y novedosos, abramos los partidos a la ciudadanía y recuperemos la iniciativa. Si luego sale mal, siempre estaremos a tiempo de revertir los excesos.

jueves, 23 de enero de 2014

Hablemos de primarias (II)

















REQUISITOS MÍNIMOS Y SELECCIÓN DE LAS ÉLITES

Después de rebatir con ejemplos esos miedos a las primarias que tienen ciertos partidos “tradicionales” creo que procede hacernos las pregunta contraria, es decir, reflexionar sobre qué aportan unas primarias y qué diferencias de facto generan con un sistema de gestión de listas desde la cúpula del partido.
Quizá lo más evidente que generan es el efecto movilizador, tan importante en España en estos momentos. Con unas primarias, y cuanto más abiertas mejor, los ciudadanos pueden comprobar cómo los partidos no son entidades cerradas y endogámicas, estructuras creadas con oscuros objetivos como medrar socialmente o vivir del erario público, que tienen una conexión real con la ciudadanía. Los partidos que se someten a primarias pueden disipar las dudas de ser estructuras piramidales de favores y enchufes.
Eso, en un país como España, dominado por dos partidos que controlan directa o indirectamente casi todos los poderes del estado, es especialmente necesario. Con listas electorales cerradas, con una fusión de facto entre ejecutivo y legislativo, con cúpulas organizando y mandando sobre voto de los representantes, la apertura de los partidos al aire fresco de la sociedad civil es algo obligado.

Pero hay que ser especialmente exigente con los procedimientos de primarias porque hay muchas primarias que, en el fondo, no son más que maquillaje aperturista para que nada cambie realmente.
Hace unos días el PSOE estableció un mecanismo novedoso de primarias pero hasta entonces todas las que se habían hecho tuvieron unas limitaciones evidentes: La fundamental, el alto porcentaje de avales necesarios para presentarse, que otorgaba un control evidente al aparato sobre los candidatos “independientes”. El último ejemplo de esto lo vimos con Susana Díaz en Andalucía, que no tuvo rival porque sus potenciales rivales (que los había) no pudieron recoger los avales necesarios, avales que la candidata del aparato no tuvo problemas en conseguir.
En otros partidos, como UPyD o EQUO, no es necesario avales para presentarse, lo que los convierte en más democráticos y, sobre todo, impide en teoría el control del aparato sobre el candidato. En UPyD se exige haber estado afiliado durante dos años para ser candidato (y ser afiliado o simpatizante hace uno para ser votante), lo que representa un compromiso de vinculación que parece razonable. En EQUO estas limitaciones ni siquiera existen.
Obviamente lo que ha estado haciendo el PSOE hasta ahora son unas primarias bastante tramposas, hechas cara a la galería sin contenido real y en donde difícilmente se han dado sorpresas. Eso por no hablar de los congresos que han elegido a los secretarios generales, donde los delegados cambiaban de opinión y de chaqueta a escasos minutos de las votaciones.
En EQUO o UPyD las primarias sí son reales pero hay una diferencia: En UPyD se elige sólo al cabeza de lista, mientras en EQUO se elige a toda la lista. Si aceptamos, como concluimos en el escrito anterior, que realmente los candidatos “orgánicos” o del aparato parten con muchas ventajas en las elecciones primarias ¿realmente qué posibilidades tiene de ser elegido un candidato independiente con un mecanismo como el de UPyD? ¿Qué posibilidades reales de llegar a puestos de importancia tiene un candidato sin el favor del aparato del partido? ¿No mantiene mucho poder este aparato a pesar de las primarias?

Además de la cuestión democrática quiero traer al debate un segundo elemento.Yo creo que en España hay un problema evidente con la selección de las “élites” políticas. Podemos ver que en el PSOE o en el PP los candidatos que llegan a cargos de importancia (diputados, ministros, consejeros) suelen ser personas que llevan muchísimos años dentro del partido y que se han caracterizado por su “sumisión” a los designios del mismo. Los rebeldes, los que discrepan abiertamente o los que tienen ideas diferentes a las de la cúpula del partido quedan indefinidamente marginados, y eso os lo podrá decir cualquier militante de estos partidos ya que se da incluso a escala local.
Yo tengo la percepción, creo que compartida por la mayoría de la población, de que las élites políticas españolas han ido degradando con el paso de los años. Hoy ya no tenemos presidentes como Adolfo Suárez o Felipe González, no tenemos ministros de talla como tenían los gobiernos de la transición o de los 80. Aznar era (y es) un político bastante peor que los dos presidentes anteriores y Zapatero o Rajoy están en un nivel de mediocridad similar o incluso mayor. Ver el actual gobierno o los últimos de Zapatero es frustrante salvo por gloriosas excepciones. Yo me pregunto ¿realmente no hay gente mejor en España?
Estas élites políticas degradadas creo que son fruto, en parte, del sistema interno de los partidos tradicionales de selección a dedo y de elección de los más pelotas y complacientes con la línea del partido. Por eso son tan importantes las primarias, por eso las primarias son algo más que un mecanismo democratizador o movilizador: Debe ser también un mecanismo que regenere el nefasto mecanismo de selección de nuestras élites políticas.

Por tanto un mecanismo de primarias eficiente debe ser democrático, pero también debe ser adecuado para elegir a gente capaz, a gente capacitada y a gente con nuevas ideas. ¿Es mucha responsabilidad para el afiliado o el simpatizante? Puede ser, pero hay que entender que en este momento la gente debe coger el toro por los cuernos porque el sistema que tenemos hasta ahora ha dado claras muestras de ineficiencia a todos los niveles.
Y para ello creo que es importante que los mecanismos de primarias se extiendan más allá del cabeza de lista. Yo creo que es importante que un candidato que se presenta a unas primarias pueda obtener un puesto número dos o tres en una lista electoral. No habrá ganado, pero ese puesto le permite optar a ser diputado y, si lo consigue, podrá desde ahí trabajar para objetivos mayores, podrá darse a conocer cara a sus militantes, simpatizantes y cara a la opinión pública, y eso le permitirá en el futuro presentarse a otras primarias con más opciones.
Los candidatos no se “crean” en un instante, no aparece por la puerta un salvador que gana unas primarias y lleva a su partido a la victoria a lomos de un caballo alado. La política se construye a medio plazo, los candidatos deben “foguearse” en funciones menores al igual que un director general de una empresa debe haber trabajado en funciones menos importantes antes (en España esto muchas veces no pasa y así nos va). Por eso creo que es importante que las primarias sean más amplias.

Volviendo al caso de UPyD. Es evidente que, de forma práctica, quizá tenga poca transcendencia elegir al segundo de la lista de UPyD por Ávila pero en cambio sí que es importante elegir al número dos de la lista por Madrid. Recordemos que UPyD tiene ahora mismo cuatro diputados por Madrid y uno por Valencia en el congreso de los diputados.
Imaginemos que UPyD va a elegir ahora un cabeza de lista o un candidato a presidente del gobierno. ¿Quién creéis que tendría más posibilidades, Carlos Martínez Gorriarán o Antonio Robles (quien ganó las primarias en Barcelona)? Pues obviamente Gorriarán es más conocido, tiene mucha más presencia institucional y, en unas primarias, muchos afiliados lo priorizarán a él por los mismos mecanismos psicológicos que comentamos en la entrada anterior.
Esto, creo, puede suponer un problema para la selección de las élites que comentaba antes. Martínez Gorriarán, Irene Lozano o Álvaro Anchuelo son candidatos del aparato, elegidos por los consejos territoriales y el consejo de dirección, no por los afiliados. No prejuzgo si están bien o mal elegidos ni digo que se haga con los mismos criterios de peloteo que usan PP y PSOE, simplemente digo que mantiene un poder para el aparato muy importante, tanto para el presente como para la proyección futura de nuevos candidatos.
Claro, también podemos preguntarnos lo contrario ¿es lógico que la selección de todos los candidatos sea por primarias? ¿No deben tener los órganos del partido, gente que trabaja allí y está implicada en el partido a tiempo completo, la posibilidad de elegir candidatos por cuestiones de mérito o trabajo? ¿Qué pasa si todo se elige por primarias y hay candidatos excelentes pero con pésimas habilidades sociales que no salen elegidos nunca, no es también una mala selección de las élites? Porque la política no es sólo hablar, también es trabajar detrás de las bambalinas y generar proyectos políticos coherentes.
El debate es complicado. Es cierto que el aparato tiene un ascendente importante sobre los afiliados y que influye indirectamente pero quizá sí tiene sentido que haya algún órgano que pueda introducir candidatos por cuestiones de mérito que muchas veces no son percibidas por afiliados y simpatizantes.

Para acabar voy a hacer una crítica al sistema de EQUO. Personalmente no me gusta el sistema de dos listas, una de hombres y otra de mujeres, para luego unirlas en una segunda vuelta y hacer una lista cremallera. Es la forma que han encontrado para crear una candidatura estrictamente paritaria pero creo que es feo hacer primarias por sexos. Yo nunca he sido especial defensor de las cuotas sobre todo tan estrictas (tampoco soy contrario, ojo), aunque entiendo que éstas deben estar en muchos ámbitos. En mi opinión hubiese sido mejor una lista única y luego un mecanismo de corrección por cuota, y además no creo que sea necesario que la lista fuese en “cremallera” sino un mecanismo menos restrictivo.

Por ahora lo dejamos aquí y en la tercera y última parte hablaré sobre la necesidad de llenar de contenido político a las primarias, es decir, si se debe hacer que sean algo más que la elección de candidatos populares y votables y si se debe dejar que el candidato electo tenga control sobre ciertas áreas de la decisión política futura.

martes, 21 de enero de 2014

Hablemos de primarias (I)














En los últimos días estoy viendo como en todos los ámbitos ideológicos se está hablando de las primarias y por extensión de las primarias abiertas. Los acontecimientos se han ido atropellando y parece como si todo el mundo se hubiese puesto de acuerdo para hacer primarias o hablar de primarias a la vez.
Empezó EQUO hace unas semanas con un procedimiento de primarias abiertas a la ciudadanía (no sólo a los militantes) para elegir a todos los miembros de la lista al parlamento europeo, luego vino UPyD con sus primarias “internas” (sólo votan los afiliados y simpatizantes registrados) para elegir aquí sólo al cabeza de lista a las europeas. Hace unos días también el PSOE fijó que las primarias para elegir a su candidato a la presidencia del gobierno serían durante este año y, además, serían primarias abiertas.
Y finalmente apareció la candidatura Podemos de Pablo Iglesias que se entiende como un intento de izquierda democratista y popular frente a IU, que se reafirmó hace unos días en contra del mecanismo de primarias para confeccionar sus listas, situándose en contra de parte de la propia coalición.

He leído muchos argumentos a favor y en contra de las primarias y a favor y en contra de que estas sean abiertas. El primero que quiero traer aquí es el escrito del joven diputado de IU Alberto Garzón que, quizá para echar un “capote” a su partido frente a Podemos, decidió situarse en una posición coherente con su partido pero marcando cierto estilo personal: Primarias sí, pero internas y no abiertas a los no militantes. Podéis ver el texto aquí.
Garzón justifica su rechazo a las primarias abiertas por dos razones fundamentales: La primera es que dice que podrían ser peligrosas para un partido de izquierdas porque si vota gente de fuera del partido (se entiende no ideologizada) se corre el riesgo de que los medios de comunicación condicionen el voto de los no afiliados, pudiendo salir así un candidato “light” o contrario a la línea del partido. La idea subyacente es que los medios de comunicación dominados por la burguesía podrían acabar destruyendo a un partido anti burgués si este se abre a la gente no afiliada.
El segundo argumento es que los partidos no pueden ser simplemente vehículos sociales que transmitan la voluntad de la población sino que también deben ser educadores y ejercer como guía para la población, intentándola convencer de ciertas ideas que han sido fabricadas por una élite dentro del partido. Si el partido se abre en exceso perdería su función y se convertiría simplemente en un vehículo de la cambiante voluntad popular.

El primer argumento de Garzón me parece disparatado. Es un reflejo claro de las teorías marxistas-leninistas de centralismo democrático y de partido-guía. Lo curioso es que el texto comienza explicando como la burguesía siempre tuvo miedo al “pueblo” y que por eso evitó el mandato imperativo, cuando el rechazo a las primarias abiertas que defiende Garzón representa básicamente el mismo miedo al pueblo que él critica a los liberales. El argumento es elitista y conservador en igual manera que aquel.
Pero es que, además, se le otorga a los medios de comunicación un papel crucial en las primarias mientras se obvia su papel en las elecciones generales. Si los medios de comunicación burgueses pudiesen imponer un candidato contrarrevolucionario a un partido revolucionario de izquierdas en unas primarias abiertas eso implicaría, directamente, que los medios de comunicación podrían evitar que un candidato revolucionario fuese elegido en unas elecciones generales. Si los medios pueden contrarrestar el poder de los ideologizados militantes en unas primarias ¿qué posibilidades hay de ganar unas elecciones? Garzón con este argumento está concluyendo, sin quererlo, que sus miedos son reflejo de su propia convicción que no pueden ganar.
El segundo argumento, en cambio, es más lógico. Un partido obviamente tiene un componente ideológico claro y es normal que no sea simplemente un vehículo, sino que sea una organización con unas ideas sólidas (lo que no quiere decir inmutables) que tenga cierto ascendente sobre el votante. El partido tiene unas ideas, las presenta y luego el votante, en la democracia representativa, debe validar o rechazar estas ideas.
El argumento es lógico por reducción al absurdo del contrario, es decir, porque obviamente los partidos no pueden ser plataformas desideologizadas que voten que digan los ciudadanos en cada momento, pero en mi opinión realmente lo que hay en el trasfondo de la idea es una concepción de organización política cerrada. Se asume que abrir un partido a la ciudadanía lo desideologizaría, algo que es muy discutible.

Quizá la mejor manera de ver si los miedos de Alberto Garzón tienen sentido es ver ejemplos de partidos con primarias abiertas y ver qué está pasando. El primer ejemplo que voy a traer es el del partido ecologista EQUO. EQUO ha creado para estas europeas un sistema de primarias abiertas por las que cualquiera puede inscribirse como votante en la página web de forma gratuita.
Además de ser votante los no afiliados también tienen la posibilidad de ser candidatos, pero ahí hay una limitación. Para que un no militante pueda ser candidato debe tener el aval de la organización territorial de EQUO, que es la que valorará si el candidato tiene un perfil que encaje en un partido ecologista como EQUO. No sé muy bien cómo hubiese sido esta solicitud de aval porque, que yo sepa, los 70 candidatos a las primarias son todos afiliados se EQUO, pero en cualquier caso aquí podemos ver un matiz: Si bien todo el mundo puede votar, para presentarse de candidato hay una limitación y la necesidad de que el partido lo permita.
Bien, ¿qué va a pasar en estas primarias y con estos candidatos? ¿Va a salir cabeza de lista mi colega y comentarista de este blog Enrique Casanova o el también comentarista Iván Pérez Marinas? ¿Va a salir la preparada María José Ortiz o el locuaz Carlos Martins? Pues casi seguro que no, muy probablemente saldrá Reyes Montiel o, quizá, Florent Marcellesi, que son los candidatos más conocidos o más “orgánicos” por decirlo de alguna manera.
Porque la realidad de los partidos es así, los candidatos pueden estar en igualdad de condiciones pero siempre hay gente más conocida, más implicada, que cuenta con el apoyo indisimulado de los dirigentes del partido, y eso siempre condiciona las votaciones. Yo no me puedo presentar a EQUO como candidato y salir elegido por muy bueno que sea, la política no funciona así y los partidos tienen sus propias dinámicas que no se vencen por abrir unas primarias a la ciudadanía.

Quizá EQUO sea un partido en fabricación y no sea el mejor ejemplo, pues todavía está engrasando sus mecanismos definitivos. Bien, pues voy a poner otro ejemplo de partido que ha hecho primarias abiertas y éste sí es muy importante, porque de hecho ganó sus elecciones: El partido socialista francés.
El PS francés tiene un mecanismo de primarias abiertas por el que votan los afiliados pero, también, los simpatizantes si realizan el pago simbólico de un euro y firman un manifiesto de adhesión a los principios del partido. Este sistema es exactamente el mismo que va a implantar el PSOE ahora para sus primarias y podemos ver que, respecto al de EQUO, es algo más restrictivo o seguro. Se hace que el votante asuma un compromiso.
Pues bien ¿quién ganó? ¿Ganó el candidato quizá más derechista y populista (Manuel Valls)? ¿O el más izquierdista (Arnaud Montebourg)? Pues no, pasaron a la segunda vuelta (en Francia todo es a dos vueltas) la primera secretaria del partido, Martine Aubry, y el candidato favorito, François Hollande. Curiosamente los dos candidatos “del partido” fueron quienes pasaron a la segunda vuelta, no hubo sorpresas.
En 2006 también hubo primarias en el PS francés que ganó Segolne Royal, un resultado algo más sorpresivo que el de 2011 pero que no dejaba de elegir a alguien del aparato: Royal fue diputada, ministra dos veces y era en ese momento presidenta de una región francesa.

Por los hechos vemos que los miedos a “invasiones” de hordas enemigas que se apunten a las primarias para elegir a un Caballo de Troya o a un candidato inútil son absurdas. Las primarias pueden ser muy democráticas y transparentes pero hay realidades dentro de los partidos y de la militancia que generan una tendencia conservadora que es muy difícil de vencer. Los partidos no se han desnaturalizado por hacer primarias abiertas, es más, si se puede hacer una crítica es que los resultados no parecen sustancialmente distintos a los de unas primarias “internas”.
Acabo aquí la primera parte para que comentemos y reflexionemos sobre estos casos y sobre el texto de Alberto Garzón. En una segunda parte hablaré de qué condicionantes deberían tener unas primarias para sean algo real y no solamente un acto de merchandising vacío.

sábado, 18 de enero de 2014

La candidatura de Pablo Iglesias y la división de la izquierda














Como todos ya sabréis el televisivo Pablo Iglesias Turrión ha aceptado ser la cabeza visible de una candidatura para las elecciones europeas de la próxima primavera. La candidatura, que por ahora es una plataforma que se llama “Podemos”, está promocionada por el partido Izquierda Anticapitalista (de origen trostkista) y contará con otros intelectuales de izquierda como Juan Carlos Monedero, compañero suyo en el programa de TV online La Tuerka.
La noticia era esperada porque ya se había filtrado alguna cosa, pero al confirmarse la noticia durante el programa Mañanas Cuatro se desató una tempestad. Desde el entorno de IU ha habido muchos que han criticado a Iglesias por “dividir a la izquierda” y han mostrado una hostilidad hacia él bastante ridícula teniendo en cuenta que hasta el día anterior era uno de sus ídolos televisivos. Le han tachado de ambicioso, de personalista e incluso de ser una marioneta del capital para dividir a IU. Algunas de las críticas tenían un tufillo un tanto estalinista, la verdad.

La historia es más o menos la siguiente. Hace unos meses IU ha hizo un llamamiento para crear un frente unido de izquierdas junto con otros partidos y movimientos sociales para oponerse a las políticas “de la troika”. IU se reunió con partidos como EQUO o Izquierda Anticapitalista, con movimientos sociales como la marea verde sanitaria de Madrid o movimientos asociados al 15-M, e intentó articular una candidatura unitaria.
El problema principal en las negociaciones parece que fue la selección de candidatos. La mayoría de fuerzas querían que se eligiesen a los candidatos de esta lista por unas primarias abiertas a la ciudadanía mientras IU parece que no lo quería así. Al final las negociaciones no fructificaron, por la negativa de muchas fuerzas a participar en una candidatura unitaria sin esta condición.
Hace pocos días IU estableció un procedimiento interno para elegir a sus candidatos a las europeas. A pesar de que había fuerzas en IU que apostaban por las primarias (la Izquierda Abierta de Llamazares o la corriente de opinión En Común) finalmente se aprobó un mecanismo un tanto complejo que es algo más participativo que el dedazo soviético pero en cualquier caso no son primarias. Para muchos miembros de IU, sobre todo los que no son del PCE, el resultado ha sido decepcionante.

Es en este contexto donde la “operación coleta”, que es como en Izquierda Anticapitalista llamaban al intento de que Pablo Iglesias fuese su candidato, se ha gestado. Hay una gran parte de la izquierda social y de base que después de la experiencia del 15-M considera que los métodos asamblearios y participativos son inherentes a la propia personalidad de la izquierda, y esta es una de las razones por las que IU no ha tenido éxito en atraerse a las mareas ciudadanas o al 15-M.
En cambio esta candidatura sí que parece que va a ser altamente participativa y dirigida desde la base. A pesar de la aparente contradicción de tener casi un candidato in pectore en una candidatura de esta naturaleza, Iglesias ya ha dicho que tanto la lista como el programa van a ser elegidos de forma altamente participativa por las bases, lo que es coherente con las exigencias y naturaleza de los movimientos sociales.
Pablo Iglesias es joven (35 años), es muy mediático y conocido por aparecer en programas de debate de la Sexta, Cuatro e incluso Intereconomía. Su presencia y conocimiento puede sustituir la ausencia de marca y francamente creo probable que tenga éxito (defino éxito como obtener al menos un eurodiputado).

Hay a gente que le sorprenderán estas peleas, pero creo que no debería. La división de la izquierda post-comunista es algo normal en la mayoría de países de nuestro entorno y, de hecho, tampoco es la primera vez que pasa en España. Ya el PCE sufrió una escisión con la expulsión de los carrillistas a mediados de los 80. Posteriormente, ya siendo IU, la unión de partidos que había generado Julio Anguita en base a un programa común fue disgregándose poco a poco por desavenencias internas, saliendo de la coalición partidos como Nueva Izquierda, el PASOC o Izquierda Republicana.
En otros países de nuestro entorno y muy parecidos a nosotros por nuestro contexto cultural, como Portugal o Grecia, también ha pasado lo mismo. En Grecia la formación Syriza, hoy mucho mayor que el partido comunista griego, se creó por unión de una escisión eurocomunista del partido comunista de Grecia con otros grupos de izquierda minoritarios, mientras que en Portugal el Bloco de Esquerda también se creó del mismo modo, gracias a la unión de una escisión del PCP con otros grupos izquierdistas.
En cierta manera podríamos decir que la escisión de los comunistas es inevitable y lógica. El fin de la guerra fría y del socialismo real está ya muy lejano y las nuevas generaciones tienen en la cabeza una izquierda que poco se parece al marxismo-leninismo. Los viejos comunistas y una parte de las nuevas generaciones (las que están altamente ideologizadas) viven en una ortodoxia casi religiosa donde la revolución y el socialismo tiene que ser y llegar de la manera que ellos digan, que es la de toda la vida y la definida por Lenin. Y esto es un lastre, que en algunos casos puede controlar a los partidos y en otros ser un poder fáctico dentro de ellos que se oponga a cambios radicales de funcionamiento, pero en cualquiera de los casos siempre genera unas tendencias inmovilistas que son letales para la regeneración o refundación de estos partidos comunistas.

Así pues podríamos decir que hay dos izquierdas de raíz marxista o “revolucionaria”. Una es marxista-leninista, obrerista, tradicional, que sigue creyendo en el partido providencia que debe guiar a los trabajadores hacia el socialismo, que piensa en términos de centralismo democrático y en teorías del siglo XX. Es ideológicamente ortodoxa pero conductualmente pragmática.
La otra izquierda es más “popular”, nacida y bregada en las luchas del siglo XXI, que cree en el asamblearismo y en el democratismo, que defiende una revolución hecha de abajo a arriba y no al revés, que se opone al neoliberalismo o al capitalismo por lo que éste hace hoy y no por cuestiones teóricas. Esta izquierda no es ortodoxa ideológicamente pero en cambio sí que es más radical en su conducta y sus exigencias.
Y estas dos izquierdas pueden estar juntas o separadas, pero lo natural es que haya una tendencia centrífuga que las separe. Ante necesidades electorales pueden unirse por pragmatismo, pero sus almas están en polos diferentes. La izquierda “popular” es ascendente mientras que la izquierda comunista está en retroceso.
Hay más izquierdas, concretamente dos más en mi opinión, una verde y otra democratista-indignada (que comparte un espacio clarísimo con la izquierda “popular”), pero estas no son de origen socialista-marxista.

En España vivimos siempre bajo esa consigna que dice que hay que buscar la “unidad de la izquierda”. Yo ya me opuse a esta doctrina justo después de las elecciones del 20-N en este texto, pero voy a volver a repetir argumentos y a actualizar la idea.
Aquí se habla de la “unidad” como si la unidad fuese algo que fuese a dar a la izquierda la mayoría social. Muchos piensan que toda la izquierda unida bajo una voz o programa común podría movilizar a la población pero creo que se equivocan gravemente, de hecho creo que está demostrado que es al revés. Hay excepciones, pero allí donde la izquierda se ha presentado dividida en los últimos tiempos normalmente ha sacado más votos que unida.
Esto es algo lógico. La izquierda muchas veces tiene un defecto y es que lo quiere todo y ya y no sabe priorizar lo importante de lo secundario. Los pequeños partidos pueden estar en coaliciones pero nunca suelen rechazar ninguna de sus aspiraciones máximas, quizá las obvien pero no las aparcan temporalmente, y eso ahuyenta a muchos votantes que son incompatibles con algunos de estos máximos de algunos partidos.
Yo, por ejemplo, no podría votar a una izquierda independentista. Donde esté ERC o Bildu que no cuenten conmigo, yo a eso no juego. Así que si un partido, pongamos IU, quiere unirse con ERC para ganarse sus 300.000 votos lo que provoca es que otros muchos votantes potenciales se alejen de ellos, a veces incluso más que los ganados por la unión. Y quien dice la independencia dice la república, o la nacionalización de la tierra o cualquier otra cosa que muchos partidos no saben ver que son cosas divisivas.

Adicionalmente creo que no estamos entendiendo ni la época ni la sociedad en la que estamos. Estamos en un cambio de ciclo, si no político o económico real sí por lo menos “mental” o “moral”. Por primera vez en décadas se están poniendo en duda muchos de los dogmas que la sociedad había asumido, se está empezando a cuestionar la cultura posmoderna. Hay mucha gente que hoy está abierta a aceptar que la idea de sociedad que le habían vendido no era real, que está dispuesta a cambiar las cosas y a estudiar nuevas propuestas de organización social.
Y a esta gente hay que ganarla. Esta gente debe venir al espacio “del cambio”, a esta gente se la debe ayudar a que vea lo débil de las teorías de “fin de la historia” que nos pusieron delante de los ojos. Por tanto lo importante no es tanto el resultado electoral, más importante si cabe es comenzar a “liberar mentes” que decían en la película Matrix. No podemos permitirnos no movilizar o no convencer de la necesidad de cambio a una sola persona que potencialmente esté abierta a ello, sería un despilfarro. Lo prioritario ahora mismo es la movilización por el cambio.
Y para esta movilización se dé, la "unidad de la izquierda" es un error. Hay gente que se siente cómoda con la candidatura de Iglesias pero que no se sentiría cómoda con los dinosaurios de IU, hay gente que se siente cómoda en un partido ecologista como EQUO pero no en un partido como IU, y hay gente que se siente cómoda en una plataforma ciudadana sin partidos pero que no se movilizaría como fuerza política de haber partidos por medio.
Hay que priorizar, y lo primero es movilizar a todos los que podamos movilizar, por el mecanismo que sea.

Realmente este comportamiento es antielectoral y al final lo que marca la posibilidad de hacer política son los resultados, lo sé perfectamente. Muchas veces me he posicionado a favor de teorías pragmáticas que permitan tener influencia, muchas veces he creído que hay que priorizar la cuestión electoral. Pero en este caso creo que tanto por táctica como por una proyección medioplacista de la situación es mejor la disgregación, por varias razones.
Las elecciones europeas tienen una ventaja sobre las demás: La circunscripción única. El las elecciones europeas España elige 54 eurodiputados en circunscripción única, lo que quiere decir que con llegar al 2% de los votos una candidatura puede conseguir un eurodiputado. Paradójicamente para un partido pequeño de implantación nacional es más fácil conseguir un eurodiputado que un diputado en las elecciones generales (que implica sacar casi un 3% de votos en Madrid) o en las elecciones autonómicas (con barreras electorales entre el 3 y el 5%).
En estas elecciones, pues, la disgregación no importa (excepto en casos claramente residuales), pues la proporcionalidad es casi total. Conseguir hoy un diputado al parlamento europeo puede dar presencia mediática y “política” a una serie de partidos y coaliciones que hoy no la tienen porque no tienen representación. Por ejemplo, es altamente probable que EQUO consiga por lo menos un eurodiputado. Esto es muy importante para ellos porque les va a dar una presencia que no tienen, van a conseguir darse a conocer, poder transmitir su discurso y valores y así poder crecer. Quien dice EQUO dice otros partidos en la misma situación.
Y no es sólo eso, es una cuestión psicológica del electorado. Los ciudadanos españoles tienen la sensación de que las elecciones europeas no valen para nada y, por tanto, no prestan especial atención a aquello del voto útil y a quien gana, porque consideran que no tiene aplicación real para sus vidas. Esto lleva a que la participación baje, a que el voto de castigo aumente y todo ello favorece a los partidos minoritarios, que se pueden alzar con un porcentaje de “poder” bastante decente.

Pero más allá de la ventaja electoral de las elecciones europeas hay algo que yo considero muy importante. En unas elecciones así, con menos autocensuras y cálculos para votar, es en donde podemos ver realmente qué apoyo de verdad tiene cada uno de los movimientos políticos. En el caso de la izquierda yo creo que esto nos puede valer para ver cuanta fuerza real tiene IU, cuanta tiene EQUO, cuanto apoyo tiene este tipo de izquierda popular e indignada de Pablo Iglesias e incluso qué fuerza tiene una plataforma democratista y desideologizada como el Partido X.
Y eso nos dará una visión real de cómo está la izquierda en este país (y lo que no es la izquierda, ojo, que es igual de interesante). Y si el día después de las elecciones europeas tenemos a IU con, por ejemplo, 7 eurodiputados, a EQUO-Compromís con 3, a la plataforma de izquierda de Iglesias con 3 y al partido X con uno, pues entonces ya sabemos donde está cada uno y desde ahí se podrá comenzar a trabajar.
Los partidos pequeños tendrán su fuerza, su presencia y su posibilidad de extender su mensaje, que recuerdo según mi tesis es lo que interesa. Y cuando se vaya a una nueva negociación para las elecciones generales o autonómicas, donde el factor electoral sí pesa mucho más y probablemente sí sea lógico y razonable ir a una candidatura unitaria por lo menos donde no haya posibilidad de conseguir nada por separado, entonces habrá unos datos detrás para negociar en condiciones.
Porque entonces se sabrá si lo que propone Pablo Iglesias realmente cuenta que el beneficio de la población, si la democracia radical de EQUO ha tenido éxito, y entonces se podrá negociar con IU de tú a tú, sin tener que aceptar un puesto 35 en la lista que puede ser considerado humillante para muchas de estas fuerzas. Quizá, si los partidos como EQUO o la plataforma Podemos de Iglesias tienen éxito, los dinosaurios de IU se den cuenta que, o se adaptan a las demandas sociales o van a ser desplazados poco a poco por una izquierda más moderna.

Yo estoy absolutamente a favor del paso que ha tomado Pablo Iglesias por todas las razones comentadas. Si esta nueva plataforma puede movilizar a miles o centenares de miles de personas que no se hubiesen movilizado en otra situación para mi ya es un gran éxito y una gran aportación la que se ha prestado al país. Movilizar, convencer, volver a crear, romper los dogmas establecidos, eso es lo fundamental, lo primero, sin eso no hay nada.
Creo que en la actual situación la plataforma Podemos encabezada por Pablo Iglesias tiene altas probabilidades de éxito y va a dar mucho que hablar en los próximos meses. Personalmente les deseo lo mejor, tanto a ellos como a otras fuerzas nuevas que se presentan a estas elecciones. Y ya veremos si lo que provoca Iglesias no acaba siendo un verdadero terremoto que agite los cimientos de la izquierda de forma radical, que no estaría mal.   

miércoles, 15 de enero de 2014

La república heterodoxa estará en Red Libertad

















Quienes contraponen liberalismo y socialismo, o no conocen el primero o no saben los verdaderos objetivos del segundo

Pablo Iglesias (fundador del PSOE)


Soy socialista a fuer de liberal

Indalecio Prieto (dirigente del PSOE durante la II república)


Cuando tienes un blog normalmente te planteas si vale la pena estar en un agregador de blogs. Los agregadores tienen la ventaja de que dan visibilidad a una bitácora y que sirven para establecer relación con otros blogueros con intereses parecidos a los tuyos, pero también tienen el inconveniente de que suelen etiquetar al autor y a la bitácora dentro de una “familia política” o como afín a un grupo político determinado.
Cuando comencé a escribir en "La suertesonríe a los audaces" nunca quise estar en ningún agregador para mantener mi independencia, pero cuando creé "La república heterodoxa" sí que entré en “Socialistas en Red”. No es que ya no valorase mi independencia, que lo hacía, sino que vencí ciertos temores sobre los agregadores y cómo éstos limitaban tu libertad. Socialistas en Red era un grupo heterogéneo (hubo desde simpatizantes de UPyD hasta afiliados a Izquierda Anticapitalista), lejos de los partidos políticos y por tanto pensé que era un grupo que se ajustaba bastante bien a mis ansias de independencia. No obstante hubo gente que pensó que ese grupo era un apéndice del PSOE (por el nombre socialista), cuando realmente muy pocos de los miembros eran simpatizantes de ese partido.
“Socialistas en Red” fue un proyecto que se acabó desinflando por avatares del destino, que tuvo su máximo apogeo con la publicación de varios números de la revista online Perspectivas SeR pero que, desde que dejó de hacerse, fue decayendo. Finalmente se decidió cerrar el agregador y transformarlo en un grupo de facebook, que se renombró como “Civilizándonos en libertad e igualdad”. Y ahí sigue todavía (podéis entrar clickando el logo de la parte derecha)

En las últimas semanas un agregador de nueva creación ha llamado a mi puerta. Es la “Red Libertad” (no confundir con Red Liberal por favor), que patrocina mi amigo Alfredo Coll. Red Libertad tiene algunas características parecidas a Socialistas en Red, fundamentalmente la heterogeneidad de la gente que va a participar y su independencia respecto a los partidos políticos. Si Socialistas en Red tenía como miembros a socialistas de todas las tendencias, Red Libertad digamos que tendría como miembros a liberales de todas las tendencias.
Algún lector se habrá echado las manos a la cabeza, ¿Pedro en un agregador de blogs liberales? ¿Se ha vuelto majareta? No, nada de eso. Volved a leer las dos frases del principio del texto y entenderéis por qué no me supone ningún problema estar en un agregador liberal (liberal de verdad, no esa máscara que usa el pseudo-fascismo en España para blanquearse).
Cuando Alfredo habló conmigo me dijo que su intención era hacer un agregador bastante heterogéneo e ideológicamente amplio en el que se prirorizase la calidad sobre la ideología. Habría unos principios básicos que deberían cumplir los miembros, pero que serían lo suficientemente amplios para que cualquier demócrata se sintiese cómodo y que servirían para alejar a fascistas y locos.
Estos principios los podríamos finalmente resumir en tres ejes: Respeto por la democracia de raíz occidental, búsqueda de una sociedad con más libertad e igualdad y compromiso con la regeneración política en España. Y francamente, no veo en ninguna de estas tres ideas nada que me haga ideológicamente incompatible, todo lo contrario.

Posiblemente aún no veáis nada clara mi inclusión en el agregador. Para no repetir cosas que ya he comentado en su momento enlazo aquí dos escritos de principios de 2011, hace tres años ya, para que entendáis la justificación “ideológica” de esta síntesis entre liberalismo y socialismo que tan herética parece a mucha gente y que nada tiene que ver con el socioliberalismo como han presumido otros. Estos son:



De todos modos, ¿soy liberal? ¿Soy socialista? Pues mirad, realmente no me definiría como ninguna de las dos cosas. Ni voy por la vida diciendo que soy socialista ni voy diciendo que soy liberal, pero por supuesto no soy anti-socialista ni anti-liberal, porque ambas ideas forman parte de mis fundamentos doctrinales y de mi herencia política.
Yo soy yo, y hace mucho tiempo que tengo mis propios criterios sobre la realidad de nuestro mundo. Yo creo que vivimos en una creciente opresión financiera, en una especie de hiper-imperio neoliberal y globalizado donde son los grandes poderes económicos y unas doctrinas económicas convertidas en una nueva religión lo que realmente domina el mundo. En este mundo cuanto más débil es un gobierno más sufren los ciudadanos, que acaban sometidos a un servilismo económico dirigido por gentes que no tienen cabeza real ni sede a la que ir a pedir explicaciones, que están escondidos detrás de una extensa red de influencias y acciones económicas que tiene sus propias dinámicas y que puede acabar con cualquier cosa que se proponga. Y esto, para mi, no tiene nada que ver con el liberalismo original.
Este es, sin duda, el principal problema de nuestra era, pero eso no quiere decir que debamos comenzar a mirar al pasado en busca de una época anterior donde todo parecía mejor. El pasado no vuelve nunca para bien o para mal. Pensar que vamos a volver a una socialdemocracia tradicional es engañarse, pensar que se puede mansamente embotellar al genio de nuevo es un buen deseo que no va a hacerse realidad.
Ante esto hay quién encuentra en el populismo la respuesta a su desesperación. Pero ni la vuelta a la tribu ni a los principios identitarios, ni el retorno de un estado poseedor de casi todo ni una revolución democratista radical que imponga la voluntad del 51% sobre el 49% restante son soluciones adecuadas.

Posiblemente mis compañeros de agregador no piensen esto, de hecho los primeros miembros que se conocen son todos más bien conservadores. No me importa porque de hecho he llegado a encontrar coincidencias asombrosas con ellos en los temas más extraños y que menos me esperaría.
Por ahora sé que compartiré agregador con Alfredo, con Javier y con Sergio. Alfredo, que escribe en "Liberalismo democrático y clásico", y Javier, que escribe en "Liberalismo sin tregua", son conservadores de estilo anglosajón y ambos son protestantes. Quizá por estas características he llegado a coincidir con ellos en casi todo lo relacionado con la estructura del estado, en las relaciones iglesia-estado, en el análisis de la decadencia de esta clase política española que está hundiendo nuestra democracia y en asuntos de libertades publicas y morales. Por supuesto no coincidimos en casi nada en asuntos económicos, aunque Alfredo de vez en cuando hace análisis muy críticos sobre algunas realidades del capitalismo actual.
Sergio, al que conozco menos, escribe en "El Tonel del cínico" y tiene un perfil más tradicional para un conservador español. Veo en él las típicas tendencias del derechista español tradicional y en líneas generales defiende casi todas las cosas que podría defender un votante del PP. Ahora, Sergio es una persona que razona y no suele defender las cosas por sentimientos primarios o por repetición, sino por convicción y sostenido en argumentaciones, aunque muchas veces me parezcan muy discutibles.

Hace unas semanas vi cómo en el blog de Don Ricardo Royo-Villanova, "A Sueldo de Moscú", comenzó a colaborar Don José Javier Rego en una sección llamada “Un liberal en la Plaza Roja”. Don J.J.Rego es un liberal al que todavía no tengo muy bien ubicado que ha tenido el valor y las ganas de escribir en un blog muy izquierdista, sabiendo que se iba a encontrar furibundas críticas de los comentaristas habituales (entre ellos yo), muchos de ellos comunistas.
El ejercicio me pareció muy interesante y habla muy bien tanto de anfitrión como de huésped, y creo que es un ejercicio de tolerancia muy bueno. Pensando sobre esta colaboración me preguntaba ¿habría hecho algo así Don Ricardo hace 5 años? ¿O es que quizá, ante el hundimiento de los partidos tradicionales y esta gravísima crisis estructural, todos aquellos que no somos parte del stablishment político hemos comenzado a ver que tenemos mucho más en común de lo que pensábamos?
Creo que hemos de acostumbrarnos, todos, a salir de nuestra “zona de confort”. Enfrentarte a una audiencia presumiblemente hostil es un excitante ejercicio en el que se aprenden muchas cosas y se descubren otras asombrosas, como esas coincidencias que he expresado anteriormente. En cierta manera esto ha sido otra de las cosas que me motivan para estar en “Red Libertad”.


Este es el sitio web del agregador: www.redlibertad.com , aunque todavía está en fase de ajuste. Os aconsejo que os paséis por allí de vez en cuando, creo que puede ser interesante y sobre todo enriquecedor. Y si algún blogero quiere participar se puede poner en contacto conmigo en el correo electrónico del menú de la derecha.


lunes, 13 de enero de 2014

Un poco más sobre encuestas














Hace un par de semanas aparecía una encuesta en el diario ELMUNDO hecha por la empresa demoscópica Sigma Dos en la que se decía que el PP había aumentado su expectativa de voto en casi 3 puntos respecto al mes anterior y el PSOE había sufrido una bajada de casi igual intensidad.
La encuesta me asustó bastante, pues no le veía sentido alguno ¿cómo podía haber subido el PP tres puntos en intención de voto cuando unos días antes su sede fue registrada por la policía? ¿Cómo podía aumentar cuando acababa de contra-legislar una ley del aborto que muy probablemente contaba con el rechazo frontal de una amplia mayoría de la población? ¿Era posible que el fantasioso discurso del PP sobre la recuperación económica hubiese tapado todo y les estuviese dando réditos electorales?
En principio no quise darle mayor importancia y quise esperar a que saliesen más encuestas, sobre todo las mensuales de Metroscopia y de Celeste-tel, para comprobar fundamentalmente sí tenía algún sentido la subida de estimación de voto del PP. Y ya las tenemos aquí.

Cuando se analiza una encuesta lo más interesante es la tendencia de esa encuesta sobre sí misma. Ahora mismo toda la estructura de análisis de la intención de voto está desfasada porque estamos en una situación de hartazgo social, de elevadísima declaración de abstención y de ocultación de voto. Nadie sabe muy bien cómo interpretar las encuestas y cada empresa demoscópica crea un método, más conservador o más “puro”, para convertir las respuestas de los entrevistados en una apuesta sobre la intención de voto.
Las empresas demoscópicas, además, saben para quien trabajan. Como los métodos pueden ser más o menos conservadores y no sé sabe cual es mejor, normalmente tenderán a adaptarse a los gustos de la línea editorial del periódico que las contrata. El presunto periódico La Razón, por ejemplo, tiene una empresa demoscópica que le fabrica unos resultados estupendos para entender un universo paralelo, pero no éste. La cuestión es que estos resultados sirven al periódico para mantener una ficción social cara sus escasos lectores y satisfacen y mucho a Marhuenda y, por extensión, al PP. Cosas como modificar el sentido de las preguntas o cocinar en el sentido más extremadamente inmovilista sirven para que la voluntad popular expresada en las encuestas se “adapte” a lo que el receptor quiere ver.
Por eso mismo creo que comparar unas encuestas con otras puede ser interesante pero no ofrece conclusiones sólidas. Sin embargo sobre una misma encuesta, con el mismo método de cálculo, preguntas y cocina, ver la evolución mes a mes puede ser interesante para tomarle el pulso al país.

La encuesta de ELMUNDO de finales de diciembre rompía la tendencia del PP, que era de bajada, y aceleraba la del PSOE, que era de estancamiento-bajada. La bajada del PSOE tenía su contrapunto en IU, que subía bastante, mientras UPyD estaba medio estancada en casi un 10% durante todo el 2013. Estos cambios estaban dentro del margen de error pero era demasiado “límite”, con lo cual se supone que algún cambio sí que había habido en la declaración de intenciones del electorado.
Pero si cruzabas la intención de voto con las respuestas de los encuestados sobre el presidente del gobierno y el gobierno en general parece que no tenía demasiado sentido. Quienes decían que el gobierno y el presidente lo hacía mal o muy mal subían, la puntuación de casi todos los ministros importantes bajaban, etc. También llamaba la atención que más de ¾ de la población piensa que el PP se financió con dinero negro y pagó sobresueldos en negro, mientras que la intención de voto calculada para el PP supera en mucho a quienes no se creen lo del dinero negro...
Y, sobre todo, lo que no tiene demasiado sentido es que ante el registro de la sede y la reforma de la ley del aborto el PP haya aumentado en intención de voto. Quizá el hacerla entre el 26 y 28 de diciembre pudo “suavizar” ciertas respuestas...

Unos días después salió la encuesta mensual de Celeste-Tel. La encuesta es casi calcada a la del mes pasado, con un PP aumentando una décima (32.1%), PSOE aumentando dos (28,8%), IU aumentando una también (13,2%) y UPyD bajando una (7,7%). Esto entra claramente dentro del margen de error así que no se ven tendencias diferentes a las expresadas el mes anterior. También es curioso que el PP no haya bajado de intención de voto después de los casos comentados.
Y este domingo se ha publicado la encuesta mensual de Metroscopia para EL PAÍS y ¡sorpresa! El PSOE se adelanta al PP en 1,5 puntos (PSOE 33,5%, PP 32%). El PP baja casi 2 puntos respecto a diciembre, los mismos que aumenta el PSOE. Mientras IU sube dos décimas (12,5%) y UPyD una (7,3%), aunque UPyD tuvo una gran bajada en las encuestas de Metroscopia en diciembre.
La caída del PP es coherente con otros dos datos que da Metroscopia: El ministros peor valorado del gobierno pasa a ser, y con diferencia. Alberto Ruiz Gallardón y el 80% de los españoles se oponen a la reforma de la ley del aborto (comparad aquí con la encuesta de NC report para La razón, que decía que el 51% de la población estaba a favor de la reforma de Gallardón...).
El PSOE consigue su mejor resultado en toda la legislatura mientras que el PP vuelve a caer después de la recuperación del otoño. UPyD zigzaguea y quien tiene una tendencia inequívoca hacia arriba, aunque muy leve, es IU.

Creo que por primera vez en esta legislatura hemos comenzado a ver encuestas incoherentes entre sí. Según el método de análisis de datos usado cada encuesta otorgaba unos porcentajes distintos a cada partido, pero todas las encuestas seguían una tendencia interna común: PP bajaba, PSOE estaba estancado y IU y UPyD subían. Pero ahora vemos que esto se ha roto.
Más incluso que los datos del PP lo sorprendente son los datos del PSOE. Es cierto que el dato de aumento del PP de la encuesta de El MUNDO no parece tener especial sentido y que las otras encuestas los rebaten, pero personalmente me parece igual de sorprendentes los datos de recuperación de voto del PSOE de la encuesta de Metroscopia. En la encuesta de Metroscopia no sólo ahora sino también en diciembre el PSOE había sacado sus mejores resultados de legislatura, mientras que en la de El MUNDO ha sacado los peores.
Hay que entender un poco de donde vienen los datos. En prácticamente todas las encuestas el partido que tiene una intención directa de voto más alta es el PSOE. Adicionalmente también tiene la “simpatía” mayor y, en el sumatorio de ambas, está el primero muy por encima del PP. La cuestión aquí es que las empresas demoscópicas piensan que hay voto oculto al PP y por eso en los recálculos sitúan al PP por encima del PSOE, hasta hoy. Parece que para Metroscopia el resultado de voto directo + simpatía ya es lo suficientemente elevado para concluir que el PSOE efectivamente estaría por encima del voto oculto al PP, algo que el resto de empresas no creen.
Parece lógico pensar que mucho del voto del PP iría al PSOE y, aunque el PSOE también pierda hacia IU o UPyD no parece muy lógico pensar que va a bajar tanto respecto a 2011. UPyD parece que está relativamente estancada y la subida de IU es constante pero lenta. El PSOE es un receptor lógico del voto centrista en el caso de que el PP, como está haciendo, esté legislando de forma anti-liberal y tocando cosas ganadas por la opinión pública. Además el PSOE no ha hecho nada para comenzar a caer estas últimas semanas.

Ante esta incoherencia es difícil sacar conclusiones pero creo que se pueden ver algunas tendencias más o menos comunes o claras. Por una parte y aunque las tendencias de voto del PP en las encuestas son distintas, podemos observar que todas ellas le dan un porcentaje de voto de alrededor del 32%. Parece cómo si el PP hubiese llegado a un suelo electoral difícil de bajar o bien que su propaganda del “estamos saliendo de la crisis” esté funcionando y esté sirviendo de contrapeso a algunas de las situaciones que le perjudican ante la opinión pública.
Ambas teorías me son difíciles de aceptar, pero parece que alguna de ellas debe ser. Recordemos que el PP en el lejano 2008 sacó mas de 10 millones de votos en unas elecciones que perdió contra el PSOE. El PP venía de manifestarse con la iglesia y contra cosas que la mayoría de la población apoyaba y que estaba dirigido por mentecatos como Acebes o Zaplana. Aunque los primeros síntomas de la crisis le pudieron beneficiar, desde una perspectiva histórica esos votos parecen muchos. Y en 2011, cuando sacó mayoría absoluta, los votos que recibió no llegaron a los 11 millones. Es decir, tiene un voto bastante estable.
La situación en España ha cambiado radicalmente y el PP ha perdido mucho de los fieles en su acción de gobierno, pero debemos observar que se trata de un partido solidísimo históricamente en cuanto a su apoyo electoral. Sus votantes liberales y centristas no lo volverán a votar, pero es probable que el bloque conservador de este país sea muy sólido y que sea muy difícil que baje de un suelo mínimo del 30%.
La segunda teoría, la de la efectividad de la propaganda sobre la salida de la crisis, me da más miedo si cabe. No puedo creer que en 2014 estemos todavía creyéndonos eso de que salimos de la crisis el año que viene. Eso ya lo dijo Solbes en 2009, luego lo dijo Salgado, luego de Guindos y ahora lo hace Montoro. Pero es la misma patraña de siempre, es una hipótesis que ni ellos mismos controlan ni se creen. El ciudadano jodido por la crisis quiere creérselo, lo sé, pero de ahí a confiar en esto como una certeza tal que otorgue el voto me parece excesivo.
También puede pasar que esta propaganda tenga efecto boomerang. Ahora la gente se lo puede creer, pero si pasa un año y la economía no le cambia personalmente esta aceptación de hoy se puede convertir en rabia y reacción mañana. Y muy probablemente será así porque se mejore o no la economía en términos macroeconómicos la población no va a mejorar su nivel de vida en muchísimo tiempo, quizá todo lo contrario.

Otra conclusión que me llama la atención es el estancamiento de UPyD. Por alguna razón este partido ha dejado de crecer y la verdad es que no entiendo por qué. Es lo suficientemente ambiguo en su posicionamiento para no alejar a prácticamente ninguna familia política y la simplicidad de su mensaje no deja de ser algo que no debería traerle problemas. Está en la línea de la mayoría de la población en cuestiones fundamentales (corrupción, aborto, posición frente al nacionalismo, denuncia contra los oligopolios, reforma electoral, etc.) y debería ser un refugio para todos aquellos votantes “tradicionales” amargados con la situación. No sé si las encuestas la infravaloran, si los medios de comunicación los ignoran o si bien esto demuestra que la sangría de votos al PP y PSOE efectivamente ha parado.
Es especialmente importante que UPyD analice esta situación porque en muy breve tiempo le aparecerá un nuevo actor que se puede llevar parte de su voto, que es Movimiento Ciudadano. Con más capacidad mediática y algo menos de radicalismo Movimiento Ciudadano puede llevarse al votante más conservador de UPyD (y desangrar aún más al PP, ojo) y, a nivel de conseguir representación, se pueden anular entre ellos.
Respecto a IU podríamos decir que ha llegado a una especie de límite donde su crecimiento se ha convertido en muy lento. Tradicionalmente los partidos excomunistas de Europa occidental nunca superan el 15% de los votos y por lo que se ve en las encuestas parece que IU tampoco está en condiciones de superar esa barrera psicológica. Yo creo que Cayo Lara lo está haciendo bien pero es evidente que no es Anguita, es decir, no es un gran líder que atraiga al votante. Lara es moderado para lo que es IU, representa a los descontentos y va sumando poco a poco votos a su cesta sin estridencias, pero parece descartado que IU se vaya a convertir en la Syriza española en estas condiciones y con este liderazgo.

Las elecciones europeas de Mayo nos darán una nueva percepción de la realidad. En ellas veremos la fiabilidad de los métodos demoscópicos empleados por las distintas empresas y creo que tendremos sorpresas. Las elecciones europeas tendrán baja participación y se supone que esto favorecerá a los partidos más pequeños. Las encuestas suelen dar algún punto más a las formaciones menores y alguno menos a las mayores por este efecto de la participación.
A veces en política hace falta que un empujón de realidad espoleé a la sociedad. Unas elecciones europeas que generen un espectro político radicalmente distinto al actual es lo que puede hacer despertar a la población y los partidos y hacer que la gente comience a asumir que la realidad electoral no se parece a la que hemos vivido y que las cosas pueden efectivamente cambiar. Quizá eso movilice algo la situación, que está bastante paralizada desde hace meses a excepción de algunas encuestas un poco extrañas que vemos por ahí.