La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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miércoles, 26 de febrero de 2014

Tarifa plana de 100 €














Como digo todos los años por estas fechas esto del debate sobre el estado de la nación me resulta un paripé absurdo. El nivel de la política parlamentaria en España es bastante bajo en general (preguntas y respuestas preparadas, diputados leyendo un papel, tonos mitineros, etc.) pero este debate destaca por su absurdez, su prefabricación y su alejamiento de la realidad. Convertido en una coreografía entre los dos principales partidos para ver a quién los medios dan vencedor, todo se queda en una vacuidad insoportable.
Como este debate se ha convertido en un show en el que sólo importa ganar al otro, los presidentes del gobierno suelen llevar un As bajo la manga en forma de propuesta rompedora. Zapatero, por ejemplo, introdujo el famoso cheque bebé en un debate sobre el estado de la nación, algo que según se dijo en su momento le valió para “ganar” ese debate. Este año Rajoy también ha traído una medida estrella: Una cotización empresarial a la Seguridad Social “plana” de 100 euros para los nuevos contratos laborales.
Con las convenientes cautelas, pues la medida aún no está redactada y regulada, voy a intentar analizarla en base a lo que dijo Rajoy.

¿Cuál es la idea de esta tarifa plana? Las empresas además del salario del trabajador abonan también un dinero a la seguridad social (S.S), lo que se llama la parte empresarial de la cotización a la S.S. Esta cotización representa un 30% adicional al sueldo del trabajador, es decir, que si alguien está cobrando 1.000 euros al mes la empresa realmente está pagando 300 euros adicionales a la S.S por ese trabajador. El coste de ese contrato para la empresa es de 1.300 euros al mes.
Lo que ha propuesto Rajoy es que la mayor parte de esta cotización del 30% (23,6%, que corresponde a la cotización que se llama por “contingencias comunes”) se convierta en una tarifa plana de 100 euros al mes durante dos años con independencia del salario del trabajador. Por ejemplo, para un trabajador remunerado con 20.000 euros al año ahora mismo una empresa está pagando 4.720 euros en cotización a contingencias comunes. Con la reforma los nuevos contratos pasarán a cotizar 1.200 euros al año en este concepto, unos 3.500 euros de ahorro anual.
Según dijo Rajoy esta tarifa sólo se aplicaría durante los dos primeros años, estaría condicionada a que el trabajador no fuese despedido por lo menos en tres años y sería exclusiva para nuevos contratos siempre que se crease “empleo neto” en esa empresa. No valdría, pues, despedir al trabajador a los dos años cuando se acabase la bonificación ni rehacer contratos actuales para acogerse a la tarifa plana, pues se exige creación de empleo neto.

Esta medida representa, para empezar, la confirmación en ley de que la reforma laboral no ha servido para crear empleo. Se han perdido sobre tres cuartos de millón de puestos de trabajo desde que la reforma laboral fue aprobada y la prometida futura creación de empleo, basada en dar facilidades para el despido o la reducción de sueldos, ni está ni se la espera en cantidades relevantes. Así pues el gobierno ha tenido que buscar algo más para intentar crear empleo, algo que va en sentido divergente a la reforma laboral y que no tiene conexión alguna con la misma. Luego los jetas dicen que la reforma laboral es un éxito, cuando realmente están legislando paralela e inconexamente a ella.
Pero quizá lo más grave es el coste que tiene esto para las arcas de la seguridad social. Recordemos que el déficit de la S.S en 2012 fue de 10.000 millones de euros y que se ha tenido que recurrir al fondo de reserva de la S.S para pagar las pensiones. Con esta medida lo que se está provocando es que los nuevos trabajadores no aporten de forma relevante a la S.S, lo que ahondará en su déficit y en el vaciamiento del fondo de reserva.
La idea del gobierno es que es mejor tener a un trabajador nuevo aportando 1.200 euros al año que no cotizando, pero esto es una falacia. Es una falacia primeramente porque se está suponiendo que ese trabajador no trabajaría de no haber esta tarifa plana, algo que es en el mejor de los casos indemostrable y que es generalmente falso. Los puestos de trabajo no se crean cuando bajan los costes de contratación, se crean fundamentalmente cuando hay necesidad de trabajo, cuando hay demanda interna y externa, y ahora mismo no la hay. Bajar los costes de la contratación puede crear algo de empleo, pero en cualquier caso hablaríamos mayoritariamente subempleo de bajísima productividad que no puede soportar los costes mínimos de la cobertura social en España.
Yo soy partidario de reducir las cotizaciones sociales que pagan las empresas siempre lo he dicho, pero si se hace eso hay que conseguir recursos por otro lado y, fundamentalmente, hay que alimentar el sistema de reparto de pensiones con otros ingresos. Si se bajan las cotizaciones habrá que subir el Impuesto de sociedades, o los impuestos indirectos o algo para compensar la pérdida de ingresos. Si no se hace así en poco tiempo habremos acabado con el fondo de reserva y entonces llegará un hachazo sobre las pensiones presentes y futuras.

Pero además del gran coste para las arcas de la S.S de una medida que posiblemente creará escaso empleo hay más problemas. Uno de los problemas que tiene este tipo de cosas en España es que siempre se buscan las trampas a la ley y la manera de aprovecharse de la misma.
Para centrar un poco las cantidades económicas en las que nos movemos lo primero que he hecho es comparar los costes del despido improcedente de un trabajador que lleve tres años en la empresa (cuando se le podría despedir) con el ahorro que supone para la empresa la tarifa plana durante dos años. Según he calculado a partir de los 12.000 euros de sueldo bruto anual el coste del despido a los tres años es menor que el ahorro que supone para la empresa la tarifa plana. Cuando mayor sea el sueldo más compensa, y por supuesto si el despido es procedente (hay mil maneras para hacerlo procedente gracias a la gloriosa reforma laboral) el ahorro es mucho mayor.
Si no hubiese exigencia de creación de empleo neto lo normal es que a los tres años el trabajador fuese despedido, indemnizado, y vuelto a contratar con un nuevo contrato para que la empresa contase un nuevo ahorro para los dos siguientes años. Aquí falta por ver si la ley va a hablar de alguna limitación por la que el mismo trabajador no pueda acogerse a esa tarifa plana dos veces, por lo menos en la misma empresa.
En teoría al haber requisito de creación de empleo neto esto no podría pasar, pero en la realidad a lo mejor sí se puede hacer. Dependiendo donde se ponga la referencia temporal a partir de la que se debe crear empleo neto se podría “jugar” con la plantilla. Es decir, imaginemos que se crea empleo neto porque se contrata un auxiliar administrativo que gana 750 euros al mes. Lo lógico es que se aplicase la tarifa plana a este contrato pero a la empresa le interesaría más aplicársela a alguien que gane 3.000 euros al mes. En el primer caso la empresa se ahorra 1.000 euros al año y en el segundo 7.000.
Así pues, si no se establecen limitaciones de personas y tan sólo se establece por cifra bruta de creación de empleo como dice Rajoy, la empresa en ese caso contratará al auxiliar administrativo usando la cotización estándar, hará un falso despido al trabajador que gana 3.000 euros y luego lo contratará con tarifa plana de nuevo. La empresa se ahorraría 16.000 euros y el trabajador ganaría una indemnización por despido “pactado”, es un win-win ¿quién perdería? Las arcas de la S.S y a medio plazo las pensiones de todos.
Y esto hablando a “buenas”, ¿y si se le exige al trabajador a los tres años que se baje el sueldo, debido a que a la empresa le resulta más caro? Recordemos que estamos en un entorno de extrema debilidad para el trabajador a causa del paro masivo y las nuevas leyes laborales, ¿y si se crean los mecanismos contractuales necesarios en los contratos para “obligar” al trabajador a aceptar la renegociación a los dos o tres años?

Dicen que el diablo está en los detalles y en este caso es absolutamente fundamental que el gobierno legisle y regule muy estrictamente en los casos en que se va a poder aplicar esto. Si no hay limitaciones para que un trabajador que esté en plantilla el 1 de enero de 2014 no pueda acogerse a esto ni limitaciones para que no se pueda despedir y recontratar en un futuro, esto será terreno abonado a la picaresca y al fraude.
Si esto fuese una medida meditada o estuviésemos ante un gobierno que legisla siempre con un sentido determinado sería lógico pensar que esto se va a tener en cuenta, pero con el gobierno que tenemos que legisla sin ton ni son en sentidos contradictorios esto es una entelequia. Como no lo hagan bien me veo a los gerentes de las empresas contratando al trabajador más barato que encuentren para crear empleo neto mientras se despiden a sí mismos y se recontratan al día siguiente para ahorrar miles y miles de euros.
Cada vez que creas una dualidad de situaciones como esta las empresas de asesoría laboral y fiscal comienzan a buscar la vuelta a las leyes para minimizar el coste de sus clientes, como es su trabajo. El encadenamiento de contratos temporales cambiando la descripción de puesto, por ejemplo, es un ejemplo claro de a donde llevan estas situaciones duales y esta diferencia de derechos y obligaciones de los distintos tipos de contratos, y como este ejemplo hay muchos más. Cada vez que se dan bonificaciones o facilidades a unas situaciones respecto a otras se crea fraude y trampas generalizadas.

Decía el fallecido David Taguas, con quien no compartía casi nada y critiqué mucho, que la política económica era generar los incentivos adecuados, algo cierto si estamos moviéndonos en una política económica no rupturista como es el caso. Pues bien, esta reforma creo que es un incentivo mal planteado y que puede llegar a ser perverso si no se plantea bien, además de los efectos terribles que tendrá sobre las cotizaciones a la S.S.
Esta idea parece más bien una ocurrencia, una improvisación a la desesperada, algo facilón para crear un empleo que no saben cómo crear. Un golpe de efecto cara a unas elecciones europeas que pintan mal para el PP, que no valdrá para casi nada y que no es más que otro parche poco útil que puede dejar un pufo en las arcas de la S.S.
Lo que procedería hacer en España es una reforma en profundidad de todo el sistema fiscal y laboral, pero antes de eso hay que saber qué se quiere potenciar, qué tipo de sistema laboral y de servicios sociales se desea, qué proyecto se tiene de país y trabajar con la vista puesta a 10 años vista. Pero cuando se tiene un gobierno circunstancial sin ideas ni proyecto más allá de obedecer indicaciones extranjeras es imposible que se genere nada serio. Sin convicciones no hay proyecto, sin proyecto no hay ideas y sin ideas no se hacen leyes adecuadas. Y así estamos, con un gobierno nulo, al que nadie cree y del que siempre se espera que legisle chapuceramente. Qué cruz.

lunes, 24 de febrero de 2014

Las lecciones de "Operación Palace"













Operación Palace” fue el título del programa Salvados del pasado domingo, programa que se esperaba con expectación y que se había publicitado como extraordinariamente polémico, pues se había vendido que se iban a contar cosas sobre el 23-F que no se sabían y que iban a cambiar totalmente la percepción histórica sobre el suceso. La gente de La Sexta hizo una buena campaña de marketing y una frase ambigua publicitaba el programa: “¿Puede una mentira explicar una verdad?
Operación Palace” realmente era un mockumentary, término anglosajón que mezcla las palabras mock (parodia, imitación) con documentary (documental). Los mockumentaries tienen como objetivo escenificar un falso documental como si fuese cierto, no para engañar sino para hacer reflexionar sobre un tema en concreto (“contar una mentira para explicar una verdad” que decía la publicidad del programa) o bien para parodiar algo o complementar ciertas series de ficción.
El problema fue que ni en España estamos acostumbrados a este género fuera de las series de ficción ni se avisó que el programa era un mockumentary (aunque la publicidad dejaba abierta esa posibilidad) por lo que mucha gente se creyó que aquello era cierto. Y claro, la polémica ha sido enorme.

Yo comencé a ver el programa con cierto escepticismo pues no sabía muy bien de qué iría eso. Se comenzó hablando de una hipotética “Operación Palace” pero, a los cinco minutos de programa, ya se veía que las cosas no cuadraban y que casi con toda seguridad se trataba de una escenificación irreal. Las cosas eran demasiado inverosímiles ¿se habían juntado todas esas personalidades para contar “la verdad” a la vez en un programa como Salvados? Si el 23-F era un golpe preparado por los propios políticos ¿cómo iban a poner los diputados sus vidas en juego dejándose secuestrar por un demente como Tejero? Había demasiadas cosas que no tenían ningún sentido.
Yo soy una persona que conozco bastante bien la historia de España y por tanto desde el principio todo aquello me parecía incoherente y absurdo para ser real, pero aun no sabiendo mucho de historia con un poco de perspicacia se intuía que las cosas fallaban. Hasta el lenguaje no verbal de los entrevistados-colaboradores de la farsa (Felipe Alcaraz, Jorge Vestrynge, Federico Mayor Zaragoza, Iñaki Gabilondo, etc) no acababa de convencer, algunos porque estaban conteniéndose la risa, otros porque decían las cosas de una manera que no era coherentes con sus opiniones actuales.
Pero aunque parecía claro que aquello era una farsa por alguna razón intuí que mucha gente se lo estaría creyendo y así fue. Twitter y Facebook hervían de los más variados comentarios, casi todos dándole verosimilitud al mockumentary hasta casi el final del mismo: Gente confirmando sus teorías de la conspiración (“ya lo decía yo”), gente escandalizada por haber sido engañada tantos años, mientras los más desconfiados dudaban de lo que estaban viendo y se preguntaban si era cierto.
Al descubrirse el pastel al final de programa (o bien cuando le gente leyó a otros que eso no era cierto) muchos cambiaron su credulidad por crítica. “Este programa es una mierda”, decían los mismos que estaban desarrollando teorías conspirativas tres minutos antes, quizá escudándose en la crítica para no asumir su propia falta de perspicacia.
Lo curioso del caso es que no sólo la gente anónima se creía lo que allí se decía, lo increíble es que incluso políticos se llegaron a creer lo que estaban viendo. ¿Cómo puede un político creerse algo así? Gente conocida como Beatriz Talegón ha reconocido que se lo creyó todo de principio a fin. Y casi peor que el hecho de creérselo es la incontinencia para expresar cualquier idea en redes sociales antes de verificarla, que siendo personajes públicos y sabiéndose continuamente auditados deberían evitarla.

El programa de “operación palace” era un experimento en la televisión de España, algo novedoso que no se sabía cómo iba a funcionar. El fundamento era transmitir la idea de que se puede falsificar la información y que se puede crear una historia oficial en base a engaños, algo que el programa creo que no consiguió por algunos defectos de realización y por la alergia de este país a lo nuevo.
Pero el programa sí demostró una cosa que a mi modo de ver es terrible: La absoluta credulidad de la población española respecto a todo lo que sale en televisión. Daba igual que la historia fuese rara, tuviese inconsistencias y las cosas no cuadrasen, como salía en televisión y la escenificación era seria la mayoría de gente se lo creyó de forma absolutamente acrítica.
Cuidado que esto no es una tontería, es algo muy serio. Tenemos una cultura que nos dice que lo que sale en televisión es verdad, hemos desarrollado una percepción de que todo lo que esté sostenido en imágenes o creado por alguien conocido o “serio” tiene que ser cierto, tiene que ser una verdad absoluta. No nos cuestionamos las cosas, simplemente nos las creemos porque otorgamos la responsabilidad de la verificación a otros, a quienes nos transmiten la información.
Y esto es particularmente terrible porque quienes nos proveen de información no son objetivos ni neutrales respecto a la información. Los medios de comunicación tienen intereses políticos, los políticos tienen intereses electorales, y fuera de ciertos profesionales de contrastada solvencia (que tampoco son absolutamente independientes porque dependen de los medios) el resto de agentes que nos proveen de información no son neutrales ni desinteresados.
Así pues es absolutamente necesaria la crítica, es necesario es escepticismo y no dar nada por sentado. Y eso desgraciadamente no sucede, lamentablemente la inmensa mayoría de nuestra población no pone en duda lo que se le cuenta.

Creo que la reacción al mockumentary explica muchas de las cosas que pasan en este país. Mucha gente veía ese programa porque esperaba una explicación alternativa del 23-F, porque quería ver una realidad diferente. Como el programa les dio lo que querían ver, es decir, les dio una teoría alternativa y les confirmaba en su preexistente pensamiento de que lo explicado hasta la fecha no era cierto, se lo creyeron. Daba igual lo inconsistente de la escenificación, la gente se creyó lo que se quería creer.
Fijaos que esto no es tan distinto a lo que pasa en política. El actual gobierno, por ejemplo, cuenta disparates y mentiras parecidas a las del documental y las escenifica prefabricadas de igual manera. Y millones y millones de personas se las creen, se las creen porque quieren creérselas o porque no son capaces de segregar la información de la propaganda. Ver cómo la gente defiende lo que cuenta Rajoy o el ministro Montoro cuando es evidente que es, en el mejor de los casos, una mentira parcial, es verdaderamente desolador.
Recuerdo un capítulo de los Simpson en el que Homer Simpson decía a su hijo Bart: “Pagamos a los políticos para que piensen por nosotros”. Esa ridiculización de la realidad es bastante más parecida a la realidad de lo que queremos pensar. La gente delega su razón y su juicio a sus políticos o medios afines y gracias a eso la población vive permanentemente engañada bajo las más distintas propagandas: “tenemos una democracia modélica”, “la monarquía es muy barata”, “los pisos no bajan nunca de precio”, “no hay crisis, es sólo una desaceleración”, “no vamos a subir los impuestos”, “todo es mentira salvo alguna cosa”, “estamos saliendo de la crisis”…

La mejor frase sobre este programa la dijo por twitter la diputada de UPyD Irene Lozano “Yo haría cada semana una “Operación Palace” sin decir el día, para que todo el mundo fuera un poco más escéptico con los medios”. Lozano es periodista, por cierto, así que sabe de lo que habla. Diputada muy interesante a todo esto, recomiendo seguirla.

Aunque el programa no me gustó espero que por lo menos sirviese para aumentar el escepticismo hacia los medios de comunicación. A ver si de una puñetera vez aprendemos a no dar las cosas por sentadas, a fiarnos de nuestra intuición cuando algo no cuadra y a contrastar las cosas. Sé que una mayoría de gente no puede hacer eso por tiempo, cultura u otras razones, pero el porcentaje de quienes lo hacen es ínfimo y así va a ser difícil que este país no esté toda la vida engañado por chorizos y vividores de todas clases y pelajes. Necesitamos una "masa crítica" ciudadana para poder tener un futuro mejor.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Medios de comunicación y regulación (y II)













La diputada de Compromís Mónica Oltra me hizo un comentario el otro día por twitter que me hizo pensar. Yo estaba respondiendo un comentario de alguien que se quejaba sobre la financiación de los partidos políticos y de las subvenciones encubiertas a los medios de comunicación mediante el mecanismo de la publicidad institucional que ya comentamos. Le repliqué que no tenía nada que ver un caso con el otro, que los medios de comunicación eran privados mientras que los partidos trabajaban exclusivamente para el estado y su funcionamiento. Pero Mónica entró en la conversación me puntualizó “cuidado con esto de que son privados, porque tienen una función constitucional que cumplir”.
La puntualización era procedente. Los medios de comunicación privados son privados, pero tienen también una responsabilidad pública porque tienen el deber de ser fuente y vehículo de información. Por eso la libertad de contenidos y de expresión de los medios debe saber compatibilizarse con otros parámetros como la información veraz o ciertos límites lógicos a la “libertad de expresión”. Y este es un terreno resbaladizo y muy complicado, porque si no se acierta a regular acertadamente esta realidad podemos o limitar la libertad de expresión o crear un marco de desinformación y control de contenidos por un lobbie mediático, ambas situaciones peligrosas e indesables.

Enlazando esta idea genérica con la situación comentada en la anterior entrada ¿qué cambios necesita en panorama mediático de nuestro país? ¿Qué regulaciones adicionales necesitamos para evitar cualquiera de los dos excesos comentados en el párrafo anterior? ¿Qué debemos hacer ante la descarada subvención de los medios españoles por parte del estado mediante la publicidad institucional? Voy a intentar listar unas cuantas ideas que creo mejorarían nuestra situación.
Yo creo que el pilar básico en el que tenemos que edificar cualquier cambio debe ser una acertada regulación del funcionamiento y funciones de la televisión pública. En España, país donde las televisiones públicas suelen ser manipuladas por el poder político a conveniencia del gobierno de turno, quizá el modelo más exitoso haya sido el que se estableció en TVE con los gobiernos Zapatero, sistema destruido posteriormente por el PP.
Creo que cabe poca duda que la TVE más plural y menos servil con el gobierno fue la de la época de Zapatero. El modelo se basaba en la elección del presidente de RTVE por 2/3 del congreso de los diputados por lo que debía contar con el respaldo de los grupos principales, además de un estatuto de información y alguna otra cosa. Con este sistema RTVE tuvo el mejor funcionamiento en términos de neutralidad que se recuerda en España.
A nivel internacional quizá el modelo más exitoso y que tiene la admiración de casi todo el mundo es la BBC británica. Las BBC se ha demostrado increíblemente independiente respecto a todos los gobiernos británicos, sea el de Thatcher, el de Blair o cualquier otro. La razón para esta independencia realmente no es “legal” o regulatoria, creo que está relacionada más bien con la cultura británica y con la tradición de un medio que tiene casi un siglo (comenzó siendo un servicio de radiodifusión).
Muchas veces me he preguntado si esa independencia puede tener que ver con que la BBC se financia mediante un impuesto específico que pagan quienes tienen aparatos de TV en el Reino Unido. Al ser una financiación directa entre el pueblo y el ente (realmente el gobierno no financia directamente) esto puede haber facilitado este espíritu independiente. Ojo, no quiero decir que se deba imitar este sistema en España, de hecho me resulta impensable y nadie lo aceptaría, pero lo dejo ahí como idea o explicación.

Además de RTVE tenemos muchas otras televisiones autonómicas públicas. Hay quien dice que hay que eliminarlas pero yo no estoy de acuerdo, creo de hecho que esto responde a ciertas tendencias populistas facilonas sobre austeridad que la gente compra ante el páramo de ideas en que nos encontramos. Eliminar televisiones autonómicas en autonomías que tienen dos lenguas oficiales es implanteable porque uno de los objetivos básicos en estos sitios debe ser hacer un medio en la lengua propia de la región (que siempre tendrá infinitamente menos presencia mediática que el castellano), pero tampoco estoy a favor del cierre de estas TV en otras comunidades. La existencia de una TV pública no tiene por qué ser excesivamente costosa, la cuestión es dimensionarla adecuadamente.
Las televisiones autonómicas deben tener una regulación de contenidos y una garantía de pluralidad similar a la de la RTVE que hemos comentado antes, pero también deben tener una programación específica. Una TV pública, pagada con el dinero del contribuyente, no está para emitir fútbol, ni fórmula 1, ni invitar famosos que cobran un dineral ni para imitar a una televisión privada. La idea es que sea garante de la pluralidad informativa, que informe sobre los asuntos regionales pero también para que sirva como soporte para las productoras de TV locales, para el teatro y el cine de la comunidad, para que sea vehículo de expresión cultural y para poder generar unos contenidos alejados de los de la televisión comercial y que sean de interés general.
Esto creo que es especialmente importante en territorios con lengua propia, donde la exportación de cultura hecha en el idioma local es bastante complicada. Un buen ejemplo en este campo es la TV3 catalana, que ha promocionado series en catalán que luego sí se han podido exportar al resto del mundo como las “pulseres vermelles” o también ha dado a conocer a la compañía “El terrat” (productora de Salvados o Buenafuente). Ojo, no es que la TV3 sea ejemplo de nada informativamente hablando, pues en los últimos años sus informativos y línea editorial ha degenerado de manera grotesca hacia la manipulación a favor de la causa de turno, me refería más bien a su política histórica a nivel de series y producción propia.
Este tema de las televisiones autonómicas es un tema muy sensible en Valencia, donde los partidos de la oposición que van a gobernar en 2015 han prometido recuperar Canal 9 pero nadie ha propuesto muy bien cómo. Yo creo que debería recuperarse una televisión no muy grande y bien proporcionada, absolutamente plural, con debates y programas políticos, donde podamos ver series o programas de Albena Teatre, ver a Xavi Castillo, ver series de Trivision (L’alqueria blanca) y que sirva como vehículo para el desarrollo de la industria audiovisual valenciana, de los periodistas que genera esta tierra y, en definitiva, que sea algo bastante distinto al decadente Canal 9 que degeneró y hundió el PP.

Las televisiones públicas deben ser la base de este sistema pero es obvio que el campo de los medios privados es mucho más amplio que el de los públicos. Y respecto a los medios privados hay varias cosas que debemos tratar.
Para empezar, debemos romper esta “mordaza” que crea la publicidad institucional y romper de una vez por todas las relaciones prensa-partidos que tenemos en España. ¿Se debe eliminar la publicidad institucional? ¿Se debe concentrar sólo en los medios públicos? Yo creo que a nivel televisión sí sería procedente que sólo se emitiese en las televisiones públicas pero a nivel de prensa eso no se puede hacer porque no hay prensa pública.
¿Qué hacemos con la prensa? Yo desconozco si es necesario que la publicidad institucional exista en los medios privados o si es simplemente un sistema de transmisión de prebendas, pero si es necesaria es fundamental que se cree una estricta regulación que distribuya esta publicidad entre todos los medios de forma igualitaria y con remuneraciones acordes con factores objetivos. Es importante acabar con la arbitrariedad y con las trampas que se hacen para subvencionar a los medios afines.
¿Esto puede acabar con muchos periódicos, obligándolos a cerrar? Puede ser, pero creo que es un sacrificio necesario. Un periódico que sobrevive por la subvención pública tramposa no es un periódico, es un órgano de propaganda y no debería existir. Yo sé que el sector está duramente castigado y que hay que tener cuidado, pero no podemos permitir un estado de las cosas como el actual.

En todo esto de los medios de comunicación privados siempre tengo una idea que me ronda la cabeza y que se está aplicando en muchos países latinoamericanos: Las leyes de medios. Una ley de medios es básicamente aquella que impide la concentración de muchos medios de comunicación en manos de un mismo grupo mediático con el objetivo de evitar un oligopolio y un cuasi-monopolio.
A mí la idea me parece buena, pues creo que es importante garantizar la pluralidad y acabar con los lobbies mediáticos que sirven a sus propios intereses y pueden manipular la democracia misma, el problema es que en muchos países de Latinoamérica estas leyes se han hecho adhoc para destinatarios concretos. Por ejemplo, en Argentina se dice que esta ley se ha hecho contra el grupo Clarín, enemistado con los Kirchner desde hace unos años (antes era aliado). En países como Venezuela también se han usado leyes así contra enemigos políticos.
Una ley no debe hacerse contra alguien o algo sino que debe tratar una problemática general o implantar unas ideas de gestión social. Yo creo que en España no tenemos un problema de concentración de medios tan fuerte como en muchos países de Latinoamérica pero la verdad es que, ante la crisis del sector, se están produciendo fusiones y adquisiciones y quizá es el momento de poner límites a un problema en ciernes que nos puede explotar en pocos años. Hoy podemos ver como Antena 3 o La Sexta, del mismo grupo editorial, tienen líneas editoriales absolutamente distintas pero ¿y si eso cambia? ¿Y si un grupo mediático se sitúa frontalmente contra un gobierno y unifica las líneas editoriales con ese objetivo? Cuidado porque podríamos tener un grave problema.
Yo soy partidario de establecer una ley así, con cautelas. Hay que evitar esta concentración de medios, hay que evitar que esta crisis de los medios de comunicación acabe con un macro-grupo empresarial que domine la escena pública y ponga en jaque la propia democracia.

También sería importante crear una regulación específica que defienda de pluralidad política. Esta regulación existe sobre la publicidad electoral en televisión donde los partidos más variopintos tienen presencia (mínima, pero la tienen) junto con los partidos grandes. Supongo que esto es una herencia de los tiempos de la transición y de las primeras elecciones democráticas.
Pero la realidad hoy es que la publicidad electoral no vale para nada. Cuando llega la campaña una gran parte de la población tiene decidido su voto y, quien no lo tiene decidido, no lo decide por la publicidad sino por debates, tertulias, etc. Así pues creo que debemos actualizar esta regulación para que se pueda expresar la pluralidad política en todo momento y no sólo en campaña electoral.
Este terreno es complicado y hay que regularlo sensatamente. Hay que acabar con el acaparamiento casi absoluto que tienen los dos principales partidos de los tiempos televisivos y de las páginas de los periódicos, pero por otro lado tampoco se puede estar dedicando largo tiempo a cualquier grupo de frikis que se junten para pasar el rato y decir disparates. Deben haber unos criterios de preferencia, que el tiempo sea proporcional a cuestiones objetivas como la presencia institucional, en número de afiliados o simpatizantes o cosas así.
Pero cuidado, tampoco podemos ser absolutamente proporcionales en base a estos factores porque entonces lo único que estamos haciendo es retroalimentar la situación. Si los partidos con más votos o afiliados son los que ocupan toda la presencia mediática se bloqueará el conocimiento de otras fuerzas, que jamás podrán crecer y darse a conocer. Hay, pues, que intentar esta cuadratura del círculo para garantizar la pluralidad, ser ponderado con los tiempos y no dar pábulo a los frikis. Obviamente es complicado.
Se podría intentar que cundiese ejemplo promoviendo una alta pluralidad en los medios públicos, esperando que la población validase esta pluralidad con su audiencia y que así el resto de medios lo copiasen. También se podría crear algún órgano específico que garantizase la pluralidad informativa a nivel de partidos y grupos políticos, emitiendo recomendaciones y buenas prácticas sobre pluralidad. La opción más radical sería obligar a los medios a dar informaciones sobre todos los partidos, pero algo así podría ser incluso peor que la situación actual porque aunque se obligue la presencia no se pueden obligar los contenidos. Imaginemos que un medio se ve obligado a dar información de, no sé, UPyD cuando no quiere darla, fácilmente podría sólo sacar a Toni Cantó diciendo disparates o mostrar a Gorriarán metiéndose el dedo en la nariz u orientar toda la información obligatoria de forma absolutamente manipuladora. ¿Qué ganaríamos con eso? Nada.

Finalmente quizá habría que buscar una solución a todos los problemas que existen para los periodistas y que quizá ampliaríamos con leyes así. El periodismo es una de las profesiones más castigadas por la actual crisis, habiendo muchísimos periodistas en paro, habiendo sido precarizados gran parte de los que quedan trabajando e incluso extendiéndose obligatoriamente aquello del freelance para poder trabajar.
¿Cómo arreglamos esto? Realmente es complicado. No es cuestión de “subvencionar” a los medios, pero quizá sí se podría ayudar fiscalmente de alguna manera. Últimamente hay varias cooperativas de periodistas que intentan sortear la crisis y su precarización. Quizá se podría crear un marco fiscal flexible y estimulante para que este tipo de iniciativas puedan desarrollarse. Creo que estimular el cooperativismo es algo que debe hacerse en todos los campos donde sea razonable pero no sé si específicamente se podría buscar alguna solución en este campo. No es solo para ayudar a los periodistas, también tendría el objetivo de ampliar la oferta informativa.
También creo que los medios públicos deberían dejar de contratar a estas “estrellas” mediáticas "rellenamesas" en sus tertulias, que parece que entre una decena de personas copan todos los medios. Fomentar la pluralidad con la presencia de representantes de un amplio abanico de medios en los medios públicos también es una manera de publicitar estos nuevos proyectos y darles la posibilidad de perdurar.
Son quizá pequeñas cosas que individualmente tienen poco efecto pero que todas juntan pueden estimular la pluralidad informativa. No hay soluciones mágicas que no tengan efectos perversos y por tanto debemos trabajar en el ámbito de lo pequeño. Tampoco podemos obviar el daño que ha hecho al periodismo tradicional la extensión de internet y que hay veces que no se pueden poner puertas al campo de forma artificial.

Yo no soy un experto en medios de comunicación pero creo que algunas de las soluciones que necesitamos están expresadas en estas líneas, quizá de forma muy simple y con evidentes lagunas pero me gustaría que se entendiese el criterio general. Por supuesto que hay muchas más opciones y seguramente mejores que las que he dado yo.

Lo importante es identificar el problema, entender que nuestra realidad mediática actúa como sostén de una realidad política que está pudriéndose y que las cosas deben de cambiar. Las subvenciones ocultas a modo de publicidad institucional deben acabar, hay que enfrentar el problema de la concentración de medios, cambiar radicalmente los medios públicos y garantizar la pluralidad. Y, en base a eso, comenzar un debate serio donde la opinión de los profesionales sea tomada en cuenta con el objetivo de cambiar la actual situación. La propia democracia estará el riesgo si no lo hacemos.

lunes, 17 de febrero de 2014

Medios de comunicación y regulación (I)




















En el debate de hace un par de semanas sobre las primarias algún lector me dijo que uno de los problemas que veía a las mismas era que los medios de comunicación podían condicionar la elección de uno de los candidatos y que eso podía aumentar la fuerza e influencia de los lobbies en la política.
A este argumento respondí que, a pesar de ser cierto, esto no era especialmente diferente respecto a lo que pasa en una campaña electoral tradicional donde los medios se sitúan claramente a favor de un partido o un candidato. De todas maneras me quedé con la sensación de que debía ampliar esta idea y hablar específicamente del papel de los medios de comunicación y de la realidad de los mismos en España.

El funcionamiento de la prensa en España (voy a comenzar con la prensa porque es el medio que mayoritariamente crea opinión) es básicamente el siguiente: Tenemos varios periódicos y cada uno de ellos tiene su línea editorial a favor de un partido político. Esto es algo habitual en cualquier país, pues en todos los países los periódicos suelen estar próximos a un partido u otro, pero en España tenemos una realidad que lo condiciona todo: La publicidad institucional.
Desde siempre pero fundamentalmente en los tiempos más recientes donde los lectores de la prensa en papel han disminuido fuertemente y el número de empresas que se publicitan en la misma también, la publicidad institucional ha sido una de las fuentes principales de ingresos de los periódicos. Estar próximo a un partido político permite a un diario recibir ingresos por publicidad institucional de parte de las administraciones que gobierna el partido al que apoya.
No es que se regale publicidad institucional a los medios afines y se boicoteé a los no afines, esto no funciona así. Teóricamente hay unos criterios de transparencia y ecuanimidad detrás de la publicidad institucional, lo que pasa es que siempre hay maneras disimuladas para que reciba más dinero quien quieres “subvencionar”. Por ejemplo, hace unos meses el president de la Generalitat catalana Artur Mas insertó publicidad institucional por valor de más de dos millones de euros en el grupo Godó (editor de La Vanguardia, diario afín a CiU) bajo diversas justificaciones como promocionar el uso del catalán. Otro ejemplo es el ministerio de sanidad de Ana Mato, que hace unos meses hizo una campaña de sanidad en la que los diarios La Gacela y La Razón recibieron mucha más publicidad que el diario El País, a pesar de que este último vende muchísimos más ejemplares. Como estos casos hay muchos más, pues esto pasa con casi cualquier administración en cualquier parte de España.

Hay que entender que la publicidad institucional no solo vale para promocionar a la prensa afín sino también para “suavizar” a la prensa teóricamente contraria. Un diario de amplia tirada al final recibirá dinero de todo tipo de administraciones y, por tanto, se establecerá un tipo de “servilismo económico” de esta prensa hacia las administraciones y los partidos que las gobiernan. Esta es una de las razones por la que los medios más leídos (y que más publicidad institucional reciben) suelen ser editorialmente más “moderados” (El País, El Mundo) y los más residuales tienden a ser más radicales y disparatados (ABC, La Razón), tanto en la crítica como en el aplauso.
La influencia de la política en los medios no se acaba aquí, al revés, comienza aquí y se extiende por multitud de ámbitos. Por ejemplo, las empresas privadas afines a los partidos también suelen enfocar su publicidad hacia los medios afines a esos mismos partidos en proporciones que poco tienen que ver con la tirada de los mismos. Esto obviamente tiene un trasfondo de ilegalidad , favores y corrupción que es difícilmente demostrable ante la intangibilidad de las causas.
Adicionalmente hay unas claras retroalimentaciones entre la prensa y la televisión, tanto pública como privada. Por ejemplo, las tertulias televisivas (importante fuente de creación de opinión en TV) suelen llenarse de periodistas de los principales medios escritos. Las televisiones privadas suelen priorizar a los periodistas de medios del mismo grupo mediático (¿Nunca habéis pensado por qué Marhuenda está en todos los programas de La Sexta?) y las públicas, si están controladas por el poder político para ofrecer una información parcial como es habitual, suelen llevar a los periodistas de los medios más serviles con el poder político. Televisión y prensa se retroalimentan así.

Hace unas semanas el director de El Mundo Pedro J. Ramírez fue cesado de la dirección del periódico. La causa fundamental de este cese fue una cuestión económica provocada en un pequeño porcentaje por la caída de las ventas de El Mundo y en mucha mayor proporción por la retirada de parte de la publicidad institucional del diario y, también, de mucha de las empresas privadas que antes se publicitaban, algunas muy próximas al PP y relacionadas con el caso Bárcenas.
Pedro J. no es santo de mi devoción ni mucho menos, creo que es manipulador, amarillista y dogmático en muchas cosas, pero es obvio que se le ha cesado a causa de esta caída de ingresos que ha sido provocada directamente por el gobernante Partido Popular. La publicidad institucional y las relaciones partido-grandes empresas son las que han provocado la caída de un periodista que si bien les había servido en el pasado ahora era un periodista incómodo.
Es muy importante entender esto para ver que en España no hay prensa absolutamente libre. Nos hemos quejado muchas veces de que los diarios de las distintas tendencias tratan con guante de terciopelo al partido de su tendencia política incluso en situaciones escandalosas, situaciones que en otro país hubiesen supuesto una portada pidiendo la dimisión del gobierno. Esto ha pasado por ejemplo con el caso Bárcenas, donde ninguno de los diarios se ha atrevido a titular a cinco columnas “El presidente debe dimitir” como seguramente hubiese pasado en cualquier país al norte de los pirineos.
¿A qué consecuencias se hubiese enfrentado un periódico que hiciese esto? Ojo que no es ese solo el problema, hay también un problema cultural y otros problemas de diversa índole, pero la razón económica y la alimentación de la prensa por parte de las administraciones públicas es fundamental para entender por qué cierta prensa no se atreve a “mojarse” ni a criticar con la contundencia debida. Y la naturaleza de esta alimentación pública también es fundamental para entender, quizá, por qué en la España posterior a la transición nunca se ha podido consolidar un periódico de izquierdas cuyo último intento fue el diario Público, que no se pudo mantener en papel y ha acabado convirtiéndose en uno más de los medios online.

El problema de tener unos medios de comunicación que sirven a los partidos que gobiernan y que, por tanto, ayudan a que sigan gobernando mediante su promoción mediática, es intuitivo y evidente para todo el mundo. Se ha creado un juego turnista donde partidos y medios son parte de los bloques enfrentados. El cuarto poder, la prensa, se junta con este magma político producto de la fusión de los tres poderes del estado acabando todos dependiendo finalmente del partido, creando así una especie de “totalitarismo” dual. Montesquieu no es que esté muerto como dijo Alfonso Guerra, es que lo han proscrito.
Claro, esto crea un “tapón”, genera un sistema que se protege a sí mismo y que evita que otros entren. La información sobre el resto de partidos es siempre residual y es justificada por su escasa presencia en las instituciones, pero es que su presencia que es así de escasa debido en parte a su no presencia mediática (y también en parte por un sistema electoral que perdura, también, gracias al dominio de los partidos beneficiados). Y los partidos minoritarios se quejan y con razón, dicen que no se les da a conocer, que no se cuenta lo que hacen, algunos incluso se quejan de su invisibilidad.
De hecho cuando los partidos nuevos o minoritarios aparecen en los grandes medios suelen hacerlo como comparsas para el sistema turnista, como parte del juego para debilitar al otro. Por ejemplo, VOX está apareciendo muchísimo en EL PAÍS sencillamente porque así el diario de la “izquierda dinástica” hace daño al PP al dar a conocer su escisión. Por razones similares de dio a conocer a UPyD en su momento, porque hacía daño al PSOE. Hoy, con mucha más presencia institucional, UPyD sale lo mismo en los medios o incluso menos (excepto en el EL MUNDO pedrojotista).
Otros partidos que por distintas razones no sirven a este juego, o son nombrados residualmente o directamente ni se habla de ellos. Todo esto ha despertado la imaginación de los partidos y ha generado las más diversas estrategias para poder dar a conocer las nuevas candidaturas, la última de ellas nuclear los partidos nuevos alrededor de personajes televisivos que tienen presencia en las tertulias políticas de las distintas televisiones.

Creo que, más o menos, este es el plano general. No he hablado de las consecuencias que tiene todo esto para del despotismo político, la corrupción y los incumplimientos electorales, creo que todo el mundo la ve por sí mismo. Tampoco he hablado de cómo se manipula la información que tiene que ver con los intereses del grupo editorial, manipulación grosera cuando se trata de política internacional. Se haría demasiado largo.

En el siguiente escrito hablaré de qué creo que se puede hacer para convertir los medios de comunicación en algo más ecuánime y que sirvan más para su función original y constitucional, que es informar, y no para la manipulación y la consecución del interés empresarial del grupo editor.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Del estado plurinacional a la federación multicultural


















El otro día leí en el diario Levante una entrevista conjunta a Enric Morera y a Mónica Oltra, dirigentes principales de la coalición Compromís. Una de las preguntas que se les hizo fue sobre el modelo de estado. Oltra respondió que el principal problema es la pérdida de soberanía ante la troika, y Morera asumió esa idea como prioridad pero añadió: “Ahora bien, dicho esto, los valencianos no podemos perder otro tren en la búsqueda de un modelo plurinacional”.
Esta frase de Morera, que es normal siendo un nacionalista valenciano como es él y que realmente está expresada de forma muy correcta y muy constructiva, me hizo pensar. Y me hizo pensar sobre los conceptos de plurinacionalidad y nación, y sobre si sería posible buscar una manera de entendimiento mutuo en estas cuestiones que tan divisivas son y que nos alejan de las problemáticas principales que debemos gestionar.

Yo me he opuesto muchas veces a que la constitución diga que España es un estado plurinacional y, sobre todo, que defina qué naciones hay en ese estado plurinacional. Aceptar que España es un estado plurinacional y especificar qué naciones son esas equivale a decir que Cataluña, Euskadi o los territorios que sean son una nación, mientras que España es un estado artificial y no tiene el mismo grado de “naturalidad” nacional que esos territorios que sí son naciones.
Qué es una nación en un sentido cultural es algo intangible. La única nación tangible sería la nación política, es decir, la que está conformada como estado y tiene una realidad jurídica propia. Las naciones culturales o “puras” no existen como realidad indiscutible, son construcciones arbitrarias generadas por nacionalismos que les quieren otorgar características de posibilidad unívoca, pero que pueden ser fácilmente rebatidas y cambiadas por otras naciones “puras” igual de arbitrarias.
Eso no quiere decir que el concepto nacional pueda ser extendido como un chicle y que se pueda fabricar mezclas absurdas. Corea y Jamaica no pueden formar una nación cultural porque es obvio que no tienen nada que ver ni cultural, ni racial, ni histórica ni religiosamente. Pero en casos más cercanos las cosas son mucho más complicadas y el concepto nación se convierte en arbitrario. Por ejemplo Galicia puede formar una nación con el resto de España pero también podría formarla con Portugal, podría organizarla independientemente o también unida a Asturias y León. Todas estas posibilidades se pueden defender y objetivamente no hay ninguna nación “auténtica” entre estas posibilidades (excepto la nación política actual, porque es un estado y es tangible). Lo mismo podríamos hacer con la Comunidad Valencia que podría formar parte de cuatro naciones (España, Corona de Aragón, Países Catalanes o Nación Valenciana) y todas se podrían defender sin ser ninguna más “real” que las otras.
En el caso que nos ocupa, España, ésta puede definirse como una nación “natural” o puede defenderse que las naturales son naciones más pequeñas que la componen. Y en el caso de que hayan naciones que la compongan habría que ver cuántas naciones hay en España, algo imposible de concluir sin fortísima oposición de las más variadas fuerzas y nacionalismos. Así pues decir que España es un estado plurinacional no es solución de nada y sí fuente de muchos problemas en mi opinión.

Personalmente creo que hay una solución óptima para este conflicto, que es “desnacionalizar” España. España es un estado, por lo tanto es una nación política y es un tangible porque tiene una personalidad jurídica, una soberanía y un reconocimiento internacional explícito. Pero decir que España es “una nación” en la constitución está de más. Hay muchas constituciones que no definen a sus países como nación (la de los EEUU sin ir más lejos) y no pasa absolutamente nada, es algo prescindible.
España es un estado, un reino (o una república si lo llega a ser) y con eso es suficiente. Luego, que cada uno ponga su nación donde le apetezca, sin implicaciones jurídicas. Que la constitución no legisle sobre sentimientos ni tan siquiera explicite algo que puede afectar a los mismos es una solución que todo el mundo debería poder aceptar.

Sin embargo hay veces que la palabra nacionalismo se usa en nuestros idiomas como sinónimo de “nacionalismo cultural”, no político, y hay gente que lo entiende así. Para mí el nacionalismo requiere necesariamente una intención de construcción nacional y, por tanto, se aleja del sentimentalismo y el culturalismo para entrar en el terreno político, y por eso lo rechazo. Pero si alguien se define como nacionalista y lo hace en un sentido exclusivamente cultural yo no tengo ningún problema con eso, me parece perfecto. Yo usaría otra palabra (patriotismo quizá) pero bueno lo importante es la idea y hay que reconocer que la palabra nación y nacionalismo es comúnmente usada también para esto.
Así que muchas veces la cuestión es darle significados diferentes a los términos. ¿Qué se quiere decir con estado plurinacional? ¿Que conviven distintos sentimientos nacionales en un mismo estado? Estupendo, yo creo que eso define bien la realidad de España y no tengo problema alguno en que las leyes contemplen esa realidad. Ahora, hay que entender una cosa: En nuestro estado los sentimientos nacionales no están compartimentalizados sino mezclados. En Cataluña, En Euskadi o en Valencia los sentimientos nacionales están mezclados, hay vascos (o catalanes o valencianos) que se sienten vascos y otros que se sienten españoles, hay muchos de hecho que se sienten ambas cosas de forma compatible.
Lo fundamental aquí es que se entienda que la realidad sentimental “nacional” de cada uno es la que es y que muchos territorios tienen estas peculiaridades, aceptándolo como normal y no imponiendo naciones “puras” al vecino porque esto no es más que la interminable fuente de conflictos que puede llevar al desastre. No hay naciones unidas, hay naciones superpuestas.

Por eso he traído el concepto “federación multicultural”. El País Valenciano no es una nación y tampoco es parte homogénea de una nación cultural y “pura” llamada España, no es nada de eso. El País Valenciano es una comunidad multicultural, donde dos y hasta tres sentimientos nacionales (voy a contar en pequeñísimo sentimiento pancatalanista existente) conviven superpuestos, mezclados entre vecinos y familiares o incluso conviven en la misma persona. Esta es la realidad y negarla es absurdo.
El aceptar esta federación multicultural es la mejor manera de evitar problemas que de cualquier otra manera nacerían, es la manera de evitar que la mayoría nacional territorializada se imponga sobre la minoría y de que las tendencias de “nacionalización” sobre la población se impongan desde el poder político.
¿Debería reconocer esta realidad la constitución? En mi opinión de forma concreta no. Creo que sí que es posible definirla en abstracto e imponer una serie de obligaciones genéricas pero preferiría no definir exactamente qué territorios tienen esas nacionalidades superpuestas, más que nada por la dificultad de convertir la nación cultural en algo tangible. Las regulaciones que se quiera de estas realidades se deberían hacer en las respectivas constituciones o estatutos territoriales.

Yo no sé si cuando Morera habla de “plurinacionalidad del estado” podría tener o aceptar una idea similar a esta. Plurinacionalidad del estado por mi Sí, sin ningún problema, pero estado plurinacional No por las razones comentadas.

No creo que esté proponiendo nada tan inasumible para nadie que no quiera imponer la nacionalidad a los demás. Ni al españolizador minisro Wert ni a la disparatada Pilar Rahola les gustará esto, lo sé, pero me gustaría saber si a gente como Morera u otros nacionalistas que, como dice el propio Morera, lo son “porque me obligan a serlo” les podría servir como una solución de consenso para dejar de perder el tiempo en esto y dedicarnos al asunto de la soberanía popular, que es lo verdaderamente trascendental.

domingo, 9 de febrero de 2014

Una mayoría de cambio en Espacio Público

















El jueves pasado hubo un muy interesante debate organizado por Espacio Público, foro de debate del diario Público, sobre si se puede “organizar una mayoría social que consiga dar un vuelco en el panorama político de nuestro país”. A este debate fueron invitados miembros de las distintas fuerzas de “izquierdas” que hay en nuestro país, algunos de ellos personalidades muy relevantes.
Los invitados fueron Antonio Carmona (del PSOE, próximo a Tomás Gómez), Pablo Iglesias (líder de la iniciativa Podemos), Juantxo López de Uralde (co-portavoz de EQUO), Enrique de Santiago (secretario de refundación y movimientos sociales de IU), Beatriz Talegón (secretaria general de la Unión de juventudes socialistas), Esther Vivas (miembro de procés constituent de Catalunya y ex de Izquierda Anticapitalista) y Sergio Salgado (miembro del Partido X).
Podéis ver el vídeo del debate aquí.

Con todas estas personalidades y partidos representados el debate se presentaba muy interesante. No estaba nada claro por donde evolucionaría el debate, es decir, si se llegaría a una especie de consenso sobre métodos y objetivos prioritarios y si bien pasaría lo contrario, saldría la tradición cainita de la izquierda y acabarían a navajazos dialécticos los unos con los otros.
Hay que darse cuenta del amplísimo espectro que estaba presente allí. Desde Antonio Carmona, que al final no deja de ser el típico político profesional del PSOE de toda la vida, hasta Sergio del Partido X, que presumiblemente se iba a situar al margen de los partidos políticos tratando a estos como estructuras obsoletas. Y entre ellos unos amplios tonos intermedios de partidos más o menos abiertos y más o menos radicales. También podía ser un problema la presencia de Esther Vivas, comprometida hoy con el independentismo catalán, que en un debate que intentaba la “unidad” pues no parecía el mejor aval.
El moderador en su discurso inicial habló de “movimentismo”, intentando definir a aquellas fuerzas que querían pasar por encima de los partidos y entendían la política como un movimiento social (Partido X y en menor medida Podemos), y el “partidismo”, que defenderían aquellas fuerzas que seguían pensando en el partido casi como el único vehículo para hacer política (PSOE e IU). Me pareció muy acertado el comentario porque este es uno de los grandes debate de la “izquierda” actual y una de las causas de su centrifugación.

Comenzó el debate Carmona, usando un estilo típico de contertulio televisivo y zorro viejo de la política. No recuerdo que nada de lo que dijese fuese especialmente interesante, más allá de diversas ambigüedades y lugares comunes sobre la participación ciudadana y la unión de la izquierda. Quizá lo más interesante que dijo fue lo de promocionar presupuestos participativos y participación ciudadana mediante las asambleas de barrio, lo que demuestra que está pensando más en su posible candidatura a la alcaldía de Madrid que en otra cosa.
Quien intervenía después de Carmona en cada una de las tandas era Pablo Iglesias. Tengo que decir que cada vez me sorprende más el estilo de Iglesias, que parece hechizar al público. Combina de forma extraordinariamente hábil el estilo de profesor universitario con el de comunicador televisivo, y todo esto lo hace con un lenguaje joven coherente con los 35 años que tiene. Es paciente, bastante educado y no pierde la calma jamás. El público estaba rendido a él y fue, sin duda, el más aplaudido.
Sin embargo observo un cambio importante en el lenguaje de Iglesias desde que encabeza de iniciativa Podemos. Su lenguaje tradicional, bastante marxista y “de clase”, ha evolucionado hacia un lenguaje transversal, movimentario, dejando las etiquetas en el cajón para dirigirse a toda la población. No llega a usar eso de “ni de derechas ni de izquierdas” pero si está muy cerca del “somos el 99%” o “los de abajo contra los de arriba” y hace muchas referencias a que “la izquierda no es una religión”, intentando alejarse de ortodoxias dialécticas. Hay quien dice que el lenguaje de Iglesias es posmodernista. Yo no lo creo, creo más bien que es el más óptimo para dirigirse a una población que ha vivido tantos años en el posmodernismo, que es distinto.
Iglesias habló de puntos concretos e ideas concretas y no de principios de izquierdas o de ideologizaciones inconcretas. Sacó el decálogo y sus ideas principales (muy hábil dejando de lado la cuestión de la autodeterminación) y dijo algo que creo define perfectamente este nuevo estilo y sus objetivos: “Quién esté de acuerdo con estos puntos es mi aliado, me da igual en qué partido milite o cómo se defina”.

Querría concentrarme en uno de los puntos que Pablo Iglesias sacó en el debate, que fue que si nos echaban de la UE (?) tendríamos que salir del euro y devaluar la moneda. Esto era bastante coherente con una idea repetitiva en su discurso de que el sur de Europa estaba sometido al “imperialismo” alemán y a una estructura “colonial” dirigida desde Bruselas. Lo dijo muchas veces y el público estaba encantado. Pero hay que tener cuidado con esto.
Mirad, yo soy el primero que clamo contra la opresión política que viene desde Berlín y este austericidio al que estamos sometidos, así que no soy sospechoso de nada. Pero el lenguaje de Pablo no me gusta en este punto, me resulta populista y creo que tiene dos problemas básicos. El primero de estos problemas es que al usar la palabra imperialismo puede dar la sensación de que hay una nación o un “imperio” (Alemania) que se extiende imperialmente y de forma nacionalista sobre el resto de Europa. Este lenguaje confunde una opresión nacionalista-imperialista con otra ideológica-económica, y eso puede ser muy efectista pero creo que no debemos caer ahí.
La opresión que hay sobre el sur de Europa no es nacionalista ni imperialista en un sentido tradicional. No nos quieren convertir en una colonia política estándar ni acabar con nuestra cultura. La naturaleza de nuestra opresión es más bien una cuestión ideológica y económica, es el sometimiento de nuestras naciones al neoliberalismo, la intención de que destruyamos nuestro estado del bienestar y la protección al trabajo, la intención de que nos convirtamos en un BRIC con escuálidas clases medias, unos pocos ricos muy ricos y una gran masa de trabajadores luchando cada día para no caer en la pobreza.
Este modelo no es “alemán” per se, este modelo proviene de una ideología internacional que comparten los bancos alemanes con señores que trabajan en el piso 85 de una torre de Manhattan, con nuevos multimillonarios chinos y con inversores de la City de Londres. Es una ideología sin nación, que quiere extender ese modelo BRIC por todo el mundo. Nosotros somos el objetivo, Italia, España, Grecia y Portugal son el frente de batalla, pero la guerra quiere acabar también con el estado providencia francés, con la flexiseguridad nórdica e intentará acabar también con la protección social existente en distintos estados de los EE.UU.
Esto hay que entenderlo y hay que saber que los jubilados alemanes que cobran una ruina de pensión o los millones de alemanes que tienen minijobs no son nuestros enemigos sino que son potencialmente nuestros aliados. Si no lo son ahora es porque el lenguaje nacional y nacionalista nos tiene a todos enfrascados en batallas que no nos dejan ver el mapa completo. Y mal haremos si, por intentar facilitar que nuestro mensaje llegue al amplio público, acabamos insuflando pulsiones nacionalistas a la gente.

La segunda razón por la que no me gusta el discurso de Iglesias en este punto es porque creo que se está hablando muy alegremente de salir del euro. Mirad, yo creo que nunca se debió entrar en el euro, pero una vez dentro tengo dudas de si es mejor salir o quedarse dentro. Este asunto me da muchos quebraderos de cabeza pero es un asunto tan difícil que no logro ver una opción preferente o clara. Estar dentro del euro nos está matando poco a poco pero salir fuera sería de unas consecuencias durísimas para nosotros.
Cuando Pablo plantea salir del euro, devaluar la moneda, impagar la deuda y renegociarla, reindustrializar el país y aplicar una potente política redistributiva a favor de las clases más bajas, etc. plantea esto como un todo. Pero hay que pensar cuales son las consecuencias de este “todo”, hay que intentar proyectar cual es el posible escenario que nos encontraríamos ante esta situación.
Una salida del euro conllevaría automáticamente la devaluación de la nueva moneda y el impago, porque la deuda en dólares o en euros se convertiría en impagable y la posibilidad de refinanciar esta deuda sería nula. Habría que ir a una renegociación de la deuda, asumir una importante devaluación de los ahorros de la población y aceptar que los mercados de deuda se cerrarían. Nos empobreceríamos y tendríamos que asumir que habría que vivir con lo que el país produce durante unos años. Habría devaluación de ahorros, recorte de pensiones, nóminas públicas y prestaciones por desempleo y generaríamos una alta inflación.
Todo esto se puede asumir, es decir, ante un proyecto positivo de país igual vale la pena vivir en estas apreturas durante un tiempo, más que nada porque parece que vamos a lo mismo pero de forma más suave y medioplacista. Pero tenemos que saber qué queremos hacer después, hay que tener un plan para hacer resurgir el país y para eso hay que tener claro un punto básico: Qué vamos a fabricar y qué vamos a vender al resto del mundo cuando esta situación se dé.
Mirad, Argentina impagó deuda en 2001 y le fue relativamente bien. El país se reindustrializó y vivió por sus propios medios hasta prácticamente ahora. Pero Argentina es un país grande y rico en recursos naturales, que tiene petróleo, genera alimentos para 300 millones de personas y exporta soja y otras muchas cosas. La devaluación les permitió exportar más, y se pudo reindustrializar el país gracias a todo lo que generaban y exportaban.
Pero España no es un país tan rico en recursos naturales ni tan grande. Así que nos tenemos que preguntar ¿somos autosuficientes? Y la respuesta es no. Necesitamos al mundo exterior, necesitamos petróleo y gas, necesitamos maquinaria y tecnología, necesitamos muchas cosas que tenemos que comprar. Obviamente tenemos muchas cosas que vender, empezando por el turismo y pasando por la industria agroalimentaria y otras importantes. Pero hay que analizar muy bien esto, hay que ver cómo vamos a generar lo que queremos generar, cómo vamos a reindustrializar y cómo vamos a pagar esa redistribución de la riqueza que Pablo Iglesias plantea.

Mi miedo en todo esto es que no sé si tenemos eso previsto, no sé si somos conscientes de las consecuencias de salir del euro y no sé si quizá estamos haciendo las cosas al revés, es decir, que quizá fuese mejor idea preparar el país para la salida del euro antes que salir a trompicones. ¿Podremos importar la energía que necesitamos a precios razonables? ¿Podremos reactivar la industria perdida? ¿Qué consecuencias tendrá para nosotros la salida del mercado común? ¿Tenemos margen para poder realizar una política agrícola diferente a la marcada por la PAC?
Y un punto muy importante: Este tipo de revolución económica, el salir del euro, impagar deuda, nacionalizar los servicios básicos y la banca (con el consecuente perjuicio para los inversores extranjeros...¿No nos llevaría una marginación en este mundo? ¿No nos castigarían el resto de países a nivel comercial, debido a la presión de sus clases dominantes? Cuidado, haciendo todo lo que plantea Pablo esto es una posibilidad que hay que valorar.
Y esto habría que resistirlo, esto que quizá sí que haya que hacer tiene que tener asociado un plan que permita que el país y el bienestar de la población no se hunda, porque sino estamos haciendo el primo. Y vuelvo al mismo punto ¿somos lo suficientemente autosuficientes como para poder resistir esa política de castigo a la que probablemente nos someterían? ¿Tenemos aliados para superar nuestra dependencia?
Es por todas estas cosas por las que el sujeto político en el que hacer una revolución como ésta debe ser fuerte y lo más independiente posible. Y quizá ese sujeto que puede ser lo suficientemente independiente y lo suficientemente poderoso para poder conseguir que esta revolución sea positiva no es España, quizá es Europa (o parte de Europa).
Lo entiendo, queremos revertir esta lucha de clases que el capitalismo internacional ha reiniciado para quedarse con la mayor parte de la riqueza, queremos hacer muchas políticas distintas pero es fundamental acertar con el sujeto donde hacer esta revolución. Y yo estoy de acuerdo, pero a lo mejor necesitamos que sea en Europa este sujeto, no España.

Siguiendo con el respaso de los ponentes a quien le tocaba hablar después de Pablo Iglesias era a Juantxo López de Uralde. Juantxo remarcó los dos ejes básicos que les diferencian o definen respecto a las fuerzas que allí estaban presentes: La ecología política y los métodos de partido abierto y democracia directa.
En mi opinión EQUO representaba, en ese entorno y en esa conjunción de partidos, el “centro”. A nivel “ideológico” ni está en posiciones tan radicales como puede ser Izquierda anticapitalista o IU ni está “dentro del régimen” como el PSOE, y a nivel de apertura a la sociedad y a los movimientos sociales (lo que hemos hablado de movimentismo vs partidismo) está también en una posición intermedia, ni es un partido “cerrado” como PSOE o IU ni es un movimiento ciudadano y absolutamente asambleario como el Partido X.
Personalmente esto me gusta. Estamos en una época de cambio pero es importante no hacer el cambio por el cambio sino hacer un cambio con criterio y en la dirección adecuada. Como remarcó Juantxo en algún momento de sus intervenciones el cambio no tiene que ser necesariamente bueno, puede ser a peor y hay que tener mucho cuidado con eso. Todos estos movimientos tienen buenas intenciones pero creo que nos enfrentamos a dos peligros básicos que podrían surgir, uno es el “dogmatismo” ideológico y otro es el “democratismo” por encima de cualquier otra consideración (respeto a las minorías, pragmatismo, etc.). Y en este contexto creo que EQUO sabe muy bien donde están los límites de cada uno de estos ejes.
Si tengo algo que criticar a EQUO en este debate es lo contrario que a Pablo Iglesias, es decir, su excesivo europeísmo. Si Pablo hablaba de salir del euro y de la UE con ciertas dialéctica que me recuerda al nacionalismo y con excesiva alegría, la gente de EQUO quizá peca de lo contrario, de ni siquiera planteárselo. A mi me parece bien el europeísmo de EQUO lo que pasa es que eso puede bloquear cualquier planteamiento de “bloques” dentro de la UE que desgraciadamente hoy puede ser necesario, y cuando hablo de bloques hablo de alianza de los países del sur.
Hace unas semanas asistí a un acto de las primarias EQUO y, intentando poner en aprieto a los aspirantes, les pregunté sobre una posible alianza de los países del sur de Europa. La pregunta era una “cabronada”, porque habían estado todo el debate hablando de que Europa éramos todos, de que necesitábamos más Europa, etc, etc. Y esta pregunta los acorralaba (porque tampoco podían ponerse una venda en los ojos ante el evidente castigo a los países del sur). Las respuestas oscilaron entre una euro-afinidad con poca crítica hasta una respuesta bastante confusa e “intermedia” de Reyes Montiel, que aceptaba la problemática como una contradicción y se notaba que le resultaba difícil dar una respuesta simple a este asunto.
En fin y volviendo al debate, Juantxo estuvo bastante bien en líneas generales, algo difícil para alguien a quien le tocaba hablar después de Pablo Iglesias.

En el centro de la mesa de debate estaba Enrique de Santiago de IU. Enrique de Santiago no me gustó nada, más que por el fondo por la forma, aunque el fondo tampoco me entusiasmó. Tiene una forma de hablar bastante chulesca y en cierta manera le veía con cierta pose de superioridad respecto al resto de debatientes. Su oratoria me resulta antigua y eso combinado con esas formas chulescas (que igual son involuntarias, ojo) creo que no da buena impresión.
Habló mucho de unidad, movilización, lucha de clases y todo en un discurso calcado del que podía tener un comunista de hace 35 años. Muchas de las cosas que dijo son ciertas, pero escuchándole entiendes por qué IU no llega a un 15% de voto en una situación tan complicada como la actual, con 6 millones de parados, millones de jubilados bajo el umbral de la pobreza y gente pobre a pesar de tener trabajo.

También estaba en el debate la famosa Beatriz Talegón. Empezó recibiendo aplausos, quizá hablando cara a la galería y diciendo las cosas que el público quería escuchar, de hecho Pablo Iglesias le dijo, no sé si con un punto de sorna, que después de lo que había dicho ahí en el PSOE habrían puesto “precio por su cabeza”. Remarcó mucho que una cosa era la cúpula del PSOE y otra sus bases, intentando expresar con orgullo el izquierdismo de la militancia socialista.
Pero Beatriz creo que tiene un problema con su discursos o declaraciones. No sé si es que no piensa las consecuencias de lo que dice o quizá que, al tener que diferenciarse mucho de la historia de su partido pero a la vez defenderlo, cae en contradicciones y al darse cuenta pierde la serenidad en el discurso. Sea por lo que sea, al final siempre dice algo improcedente o ilógico, y acaba quedando mal.
Quiso marcar tanto su visión personal en contra de la del partido que acabó diciendo alguna cosa absurda. Por ejemplo propuso que la participación en una guerra se decidiese por referéndum. Claro, en un contexto donde las guerras dirigidas por una coalición internacional (pongamos la OTAN) suelen durar poco más de un mes, lo lógico es que acabe la guerra antes de que puedas hacer el referéndum. Dijo alguna otra cosa cogida un poco con pinzas y me parece a mi que Beatriz no tiene realmente meditadas estas cuestiones.
Pero su mayor error fue cuando dijo, refiriéndose al chico del Partido X, que algunos deberían ser “transparentes”. Eso fue un error, porque Sergio del Partido X le exigió que hablase claro y Beatriz le respondió algo así como que detrás del Partido X habían intereses ocultos o una mano negra. Sergio Salgado le respondió que las cuentas del Partido X están en internet (es cierto, de hecho hay una chica dedicada a subir todos los gastos a la web) y que era una vergüenza que alguien del PSOE, partido condenado por financiación ilegal en el caso FILESA, acusase a otros de financiación ilegal sin pruebas. El público se puso al lado de Sergio y muchos pitaron a Talegón.
No es la primera vez que Beatriz hace estas cosas. Ya dijo una vez que detrás del 15-M estaba la derecha y se le criticó mucho por ello. Yo no puedo comprender como por segunda vez cae en el mismo error. Parece como si alguien le hubiese dicho cualquier rumor y ella lo extendiese sin comprobarlo, sin darse cuenta que es un personaje público relevante y esto daña a su imagen. Por cosas como estas digo que hay cosas de esta chica que me resultan incomprensibles.

Esther Vivas era quien hablaba después de Talegón. Esther es una activista social conocida, que se presentó como cabeza de lista de Izquierda Anticapitalista a las europeas hace 5 años y que hoy está volcada en el procés constituent de Catalunya. No es que estuviese mal en sus intervenciones (no me llamó la atención ni en positivo ni en negativo) pero creo que su presencia era un poco rara en ese debate.
En un debate cuya base es constituir una mayoría social de cambio, resulta que tenemos un debatiente que está volcado con el proceso de independencia de Cataluña (procés constituent ha pedido un doble sí en el hipotético referéndum). Cada uno puede defender lo que quiera, faltaría más, pero estar buscando consensos y fórmulas para buscar la mayoría con alguien cuya principal preocupación actual es separarse del resto de personas que había en esa sala parece un contrasentido. Como el debate no iba sobre la independencia o la autodeterminación nadie importunó a Esther por sus referencias a la cuestión y, además, ella estuvo muy constructiva. Pero insisto, el “o nos unimos o nos comen” de Talegón me parece que tiene una frontera infranqueable con gente como Esther que, ahora, tienen otras prioridades.
Está gente de procés constituent de Catalunya quiere independizar Cataluña pero, también, crear un tipo de república “social” y casi revolucionaria. Hay un imaginario colectivo que defiende mucha gente independentista pero que dice no ser nacionalista y que no es “neoliberal”, que dice que la independencia es necesaria porque es una manera de romper el statu quo y que es un mecanismo para catalizar la creación de un estado verdaderamente diferente en interés de la población. Es un poco aquello de que los cambios se pueden hacer más fácil desde lo más pequeño.
Pero aquí tengo que volver a oponer las mismas dudas que he expresado con la propuesta de Pablo de salir del euro pero multiplicadas por mil. Porque si tengo dudas de que en este momento se pueda hacer una “revolución española” que, saliendo del euro y de la UE, convierta esta tierra en un estado justo y redistributivo, y esas dudas vienen precisamente por la gran dependencia de España del exterior, no puedo más que decir que el planteamiento de una “revolución catalana” que cree una nueva república izquierdista es tan peligroso que da miedo que nadie se esté dando cuenta de esto.
Nuestro mundo nada tiene que ver con el de hace 70 ó 150 años, hoy en día estos experimentos están destinados al fracaso. Si Cataluña pudiese finalmente independizarse de España la situación más probable que se nos encontraríamos es un estado neoliberal al servicio de los grandes poderes internacionales cuando no un paraíso fiscal directamente. Yo creo que no hay izquierdista que pueda aceptar esto ni arriesgarse a un escenario tan probable, pero lamentablemente creo que aquella frase de Lenin sobre la “enfermedad infantil del socialismo” se puede aplicar perfectamente a los izquierdistas-independentistas de hoy.

El que cerraba los turnos era Sergio Salgado, del Partido X. Tengo que decir que el chico me gustó bastante. En cierta manera estaba en una posición enfrentada a casi todos, porque era el principal defensor del movimientismo y de que los partidos estaban superados. Habló de la “izquierda” como una etiqueta “caducada” y dijo que el momento de la unidad de la izquierda ya había pasado, que ahora la ciudadanía estaba en otra cosa, en tomar el poder por si misma prescindiendo de las etiquetas.
Desde que empezó a hablar le salió una antagonista clara, que fue Beatriz Talegón. Además del triste caso comentado antes, Talegón siempre marcaba eso de ser y definirse de “izquierdas” como un valor necesario, en clara puya al partido X. Sergio también le lanzaba puyas al PSOE, hablando bastante jocosamente de ese partido y de que estuviesen hablando de cambio y de mayoría social cuando habían hecho lo que han hecho en el pasado reciente. A Talegón se la veía visiblemente incómoda ante cada comentario de este estilo.
Sergio Salgado es un gallego muy irónico y el público, que le trató bastante bien, se reía mucho ante cada una de sus puyas a los partidos tradicionales. Estuvo bastante bien aunque creo que tenía un tono bastante arrogante y esto de hablar en nombre de “la ciudadanía” no me acabó de gustar.

Talegón y otros (gente de IU, por ejemplo) tratan de fascistas o falangistas a esta gente del partido X por decir que no son de derechas o de izquierdas. Algunos más moderados no llegan ahí, pero dicen que son unos niñatos cabreados. Se les quiere poner en el campo de los enemigos, de gente que resta votos a los que quieren un cambio real, pero creo que se equivocan.
Este lenguaje transversal de no ser “de izquierdas ni de derechas” tiene una ventaja fundamental y gente inteligente como Pablo Iglesias ha sabido verlo. Tenemos millones de jóvenes en este país que están jodidos, que están en paro o cobrando 700 euros al mes, que no tienen aspiraciones de mejora o se ven obligados a emigrar, jóvenes que en definitiva son un electorado potencial para políticas de cambio. Sin embargo muchos de ellos son de familias conservadoras, son gente a los que sus padres les han dicho que los rojos mataban curas y quemaban iglesias y que son gente que quieren acabar con la nación. Y eso, nos guste o no, se clava en la mente y es difícil de superar.
La mejor manera de movilizar a esta gente en unas políticas de cambio puede ser evitar etiquetas antiguas que les hagan alejarse por sus fobias heredadas. Un discurso transversal pero con políticas orientadas a la justicia social puede movilizar a esta gente, como por ejemplo pasó en el 15-M. Y si alguien hace esto, como lo está haciendo el Partido X, como lo intenta Iglesias o como de alguna manera también le gustaría a EQUO, por el bien de todos lo mejor es dejarles hacer y no hundirlos.
Repito por milésima vez que lo que importa ahora mismo es movilizar cuanta más gente mejor y ganar la hegemonía como decía Gramsci. Y esta gente y estos mecanismos ayudan a eso, y por tanto hay que ser pacientes y comprensivos. Yo no he visto por ahora nada que me haga pensar que el Partido X no esté en el mismo camino político que yo, a pesar de que por supuesto hay diferencias y hay cosas que no me gustan o me parecen potencialmente peligrosas. Pero en la mayoría de cosas coincido aún con matices, y si ellos movilizan un millón de jóvenes a favor de una política de redistribuir la riqueza, recuperar la soberanía popular, paralizar los desahucios o garantizar la educación pública pues por mi parte no queda más que felicitarlos e intentar ponerme de acuerdo con ellos.


Este ha sido el resumen de la jornada organizada por Espacio Público desde mi particular punto de vista. Muchas personalidades, ideas distintas, métodos distintos y un objetivo en abstracto común para todos: Cambiar las cosas.
¿Se llegará a algún tipo de consenso? ¿Se unirán todas estas fuerzas? Pues la respuesta es No. Había gente demasiado distinta, partidos y movimientos que van en ondas diferentes y que no van a poder converger. Esto no es malo per se, es decir, a veces es mejor no montar uniones de cosas inmiscibles y es mejor que cada uno vaya por su lado.

Veamos que pasa. Unos grupos desaparecerán o irán a la marginación, otros crecerán. Y después de esta selección natural veremos qué queda y veremos como se coordinan esfuerzos. Confiemos en esta selección natural, en que las buenas ideas y las buenas personalidades pervivan y, cuando pasen este filtro, será cuando procederá ir a una unión pragmática de objetivos. Por ahora creo que todo sigue demasiado verde y que necesitamos el veredicto del pueblo soberano para poder avanzar.

miércoles, 5 de febrero de 2014

VOX, el hijo bastardo del PP














Supongo que a estas alturas todos los lectores ya conoceréis VOX. VOX es un partido creado por el ex-parlamentario del PP Vasco Santiago Abascal y por el ex-funcionario de prisiones y víctima de ETA José Antonio Ortega Lara que pretende disputarle el territorio de la derecha al PP. Algún miembro rebelde del PP, como el todavía eurodiputado Alejo Vidal-Quadras, se ha pasado a VOX en los últimos días y me temo que en el futuro le seguirán algunos más, fundamentalmente en el PP vasco.

¿Por qué se ha creado un nuevo partido en la derecha? Según los fundadores de VOX porque el PP está traicionado sus principios y aquellas cosas que prometió en la oposición. Esta frase en sí es cierta, es decir, el PP no ha cumplido prácticamente ninguno de los compromisos de su programa electoral, pero estos señores no consideran un problema el haber recortado sanidad, educación y pensiones, en haber abaratado el despido o tantas y tantas cosas que el PP ha incumplido. No, no van por ahí.
Los compromisos que el PP ha incumplido tan gravemente y que han llevado a estos señores a formar un partido son fundamentalmente tres. El primero es que el PP no está aplicando toda la fuerza de la ley contra ETA como prometió que haría cuando era oposición y como le criticaba al gobierno Zapatero. El segundo es que, según los promotores de VOX, el PP no está enfrentándose a la “provocación” del gobierno catalán y de su plan independentista. El tercero, éste sí más relacionado con el programa electoral, es que el gobierno ha subido los impuestos en lugar de bajarlos.
Como veis más que un partido creado ante los “incumplimientos” del PP es un partido creado ante ciertos incumplimientos muy concretos, que no es lo mismo. No parece que a la gente de VOX le importe demasiado las mentiras en cuanto a los recortes de prestaciones y de derechos adquiridos, sino los incumplimientos de carácter más abstracto y los concentrados en los “valores” de la derecha hispánica tradicional.
No hay que ser Zahorí, pues, para entender que VOX es un partido que está situado a la derecha del PP. Pero ojo, que no es “extrema-derecha” en el sentido de un Frente Nacional francés o un Partido de la Libertad holandés. No, no es una extrema-derecha anti-inmigración, anti-globalización y anti-UE, es más bien una ultra-derecha de carácter tradicionalista español: Catolicona, moralmente ultra-conservadora, centralista y económicamente ultra-liberal. Podríamos decir que es un partido paleoconservador a la española.

¿Por qué ha aparecido este partido? Pues este partido ha aparecido casi exclusivamente porque el PP lo ha generado involuntariamente. Ha sido el PP, con sus acciones de los últimos años, quien creó la semilla para que un sector del partido, una vez llegasen al poder, se enfadara y se volviera extremista. VOX es una consecuencia del pasado del PP.
Durante la primera legislatura de Zapatero el PP se vio perdido. Perdió unas elecciones que pensaban ganadas y en la oposición no supieron muy bien qué hacer. Zapatero mantuvo esencialmente la misma política económica de los gobiernos de Aznar, y Pedro Solbes hacía lo mismo que Rato. La economía no podían usarla para hacer oposición así que buscaron lo único con lo que podían hacerla: Las cuestiones morales.
Aprovechando que el número dos y el tres del PP en ese momento eran Acebes, un perturbado extremista, y Zaplana, un jeta caradura que te podía defender una cosa y al día siguiente la contraría sin mover un músculo de su morena cara, comenzaron una campaña disparatada contra las políticas de libertades públicas y de gestión política de Zapatero: Le acusaron de querer acabar con la familia, se ser una especie de herodes que mataba niños, de venderse a ETA, etc, etc.
Era ridículo ver manifestaciones contra el matrimonio homosexual como aquellas en un país que era muy favorable a la ley, era absurdo ver la crítica a una política anti-terrorista calcada a la que hizo el primer gobierno de Aznar durante la tregua de final de los 90. Todo aquello era un sinsentido porque se estaba movilizando los sentimientos más primarios de los conservadores españoles en aras de atacar una política que sería muy probablemente similar a la que tendría un gobierno el propio PP. Pero por alguna razón se consideró que se podía ser irresponsable en la oposición sin consecuencias.
No ver a donde llevaba esto es un buen ejemplo de lo que decía el otro día de la selección de élites políticas. El PP estaba dirigido por un atajo de inútiles cortoplacistas que no era capaz de ver que todas estas cosas se podían volver contra ellos en cuanto gobernasen y que por priorizar un resultado mejor en las siguientes elecciones estaban creándose problemas para el futuro.

Cuando el PP llegó al poder evidentemente le tocó hacer la política que está haciendo por quienes son y por la situación. Las mentiras del programa electoral se vieron a la semana y se confirmó, como sabía cualquier persona medianamente informada de la situación, que el PP iba a hacer la misma política económica que el gobierno de Zapatero había hecho en el último año y medio, es decir, sumisión ante las indicaciones de Berlín y subida de impuestos y bajada de prestaciones.
Pero más allá de eso también hay otras cosas que era obvio que el gobierno no iba a hacer. Por ejemplo, el gobierno no podía tocar la ley de matrimonio homosexual porque revertir esto dejaría homosexuales casados mientras a otros no se les permitiría, algo que era absurdo. La alternativa era hacer la anulación retroactiva, o sea descasar a los casados, algo todavía más disparatado.
Con la política contra ETA pasaba lo mismo. El PP se encontró una ETA que había dejado las armas y lo único que le tocaba hacer es gestionar el desarme pero sin ninguna presión, porque estaba todo hecho. En esta situación no se podía ilegalizar Bildu por multitud de razones, ni se podía hacer boicot a resoluciones internacionales ni se podía actuar como si ETA estuviese matando porque no lo estaba. Esto lo entiende cualquier político con dos dedos de frente y aunque no los tengan esto te lo dicen los profesionales de la lucha antiterrorista que hay en las fuerzas de seguridad y en la administración del estado. Al PP no le tocaba más que esperar y no hacer ningún disparate para que no hubiese una escisión en ETA, y como mucho hacer algún gesto en política penitenciaria para catalizar el desarme.
El extremismo, que usaron esto señores dialécticamente en la oposición, no podía ser una política de gobierno. Y eso no ha gustado a quienes se creyeron aquel discurso.

El problema básico es que entre 2004 y 2011 el PP ha creado extremistas, tanto fuera como dentro del partido. Se le dio pábulo a periodistas mentecatos y radicales, se potenció a verdaderos fanáticos y conversos de la derecha más bestia. A los militantes se les vendió que el gobierno Zapatero era rojo, masón y destructor de la nación.
Hoy recogen la cosecha de aquella siembra. Hoy hay gente que cree que hay que entrar en la sede de Bildu y detener a todo el mundo y mandarlos a la Cárcel Modelo. Hoy hay gente que cree que se puede mandar los tanques a Cataluña para arrestar a los miembros del gobierno catalán y que eso está justificado en no sé qué ideas que parecen propias de iluminados o sacadas de la película Minority Report. Hoy hay gente que demuestra su extremismo sin complejos, a diferencia de lo que pasaba antes donde los fanáticos (que siempre ha habido) se ocultaban y sentían vergüenza de expresar lo que pensaban.
Hay alguna razón más a parte de esto: En cierta manera se ha copiado lo que es el paleoconservadurismo y el “Tea Party” en los EEUU, algo que han hecho algunos periodistas y que ha contagiado a parte de la ciudadanía. Pero esto es algo complementario al fanatismo creado desde el PP, pues sin este fanatismo los paleocon serían cuatro locos y no un partido que potencialmente le puede hacer mucho daño al PP.

¿Tiene futuro esto de VOX? Hay quien dice que no, pero yo no lo tengo tan claro. VOX es un subresiduo creado por el PP, VOX responde a muchos sentimientos muy profundos en la mentalidad de la derecha española que forzosamente se ha tenido que adaptar a la realidad constitucional pero que siempre ha ido por otro sitio.
La familia como centro de la sociedad, la eliminación de las autonomías, el nacionalismo español expresado de forma absoluta, unívoca y sin limitaciones...Todas estas cosas están en el fondo de la mentalidad más conservadora y más cercana a lo que fue el tardofranquismo. Yo lo veo en las personas a las que he escuchado y leído apoyar a VOX: Parecen el Fraga del 77 o peor, gente absolutamente ignorante de cómo funciona una sociedad como la actual y que sólo se mueve por instintos muchas veces grotescos.
El fracaso del PP en el poder es realmente lo que ha catalizado la creación de esta formación pero una vez creada quizá no haya marcha atrás. Hay que ver si la gente de la ultra derecha española quiere seguir en el redil del PP o si bien, viendo que el sistema salido de la transición se tambalea, se atreve a salir fuera a otro lugar donde sean más “libres” y puedan mostrarse tal y como son.

Veremos qué pasa con VOX. Una ruptura de la derecha en dos partes iguales no va a pasar pero sí que me parece probable que quiten muchos votos al PP. Puede ser un camino lento, tal vez como UPyD que tuvo que conseguir un diputado primero para ir creciendo poco a poco desde allí, o quizá pueda ser incluso más rápido. ¿Y si un primera espada de verdad del PP se pasa a VOX? Cuidado que podría pasar...

Personalmente no querría desearles nada bueno a esta panda de extremistas pero si soy sincero... La verdad es que me alegro de su nacimiento y de que puedan quitarles votos al PP. Este es el castigo por toda la basura política que estuvieron vomitando durante los primeros años de Zapatero y se lo merecen. Sólo espero que no crezcan demasiado y no tenga que arrepentirme de lo que acabo de decir, porque si crecen mucho me temo que tendremos verdaderamente un problema a nivel de país.