La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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lunes, 31 de marzo de 2014

Peronismo, Le Pen y el postfascismo















Cuando volví de mi viaje a Argentina hace dos años e hice la serie “crónicas bonaerenses” tuve la tentación de hacer un escrito específico sobre el peronismo pero al final desistí. En ese momento pensé que no era excesivamente coherente con la serie y también creí que el peronismo es algo de dificilísimo entendimiento para los europeos que nos movemos en unas dualidades izquierda/derecha difíciles de aplicar al peronismo.
Pero el otro día me encontré con esta noticia en la que Marine Le Pen, líder hereditaria del Frente nacional francés, dice querer ser Evita. Creo que es el momento perfecto para hablar del peronismo, su relación con el fascismo de primera hora y para, quizá, sacar conclusiones algo heréticas con todo esto.

Cuando decimos peronismo hablamos de la política y/o de la herencia política del antiguo presidente de Argentina Juan Domingo Perón. Definir aquí qué es el peronismo sería larguísimo más cuando hoy día existe peronismo de derechas y peronismo de izquierdas y, aun así, ambos se sitúan fuera de los parámetros europeos. No obstante podríamos decir que el peronismo original, es decir, la política que llevó a cabo Perón durante sus gobiernos podría ser definida como nacionalista, populista, semi-socializante, neutralista en asuntos internacionales y poco respetuosa con la oposición aunque democrática en términos generales.
El general Perón estuvo como agregado militar de la embajada de Italia de Mussolini entre 1939 y 1941 y le gustó bastante lo que vio allí, que definió como “un ensayo de socialismo nacional, ni marxista ni dogmático”. En ese momento Italia aún no había entrado en la guerra junto a Alemania y el régimen del Duce todavía era popular. Esta experiencia marcó a Perón en su visión política futura aunque nunca implantó una dictadura ni tuvo intención de hacerlo, por muy autoritario que fuese.
Perón se parecía a Mussolini, sí, pero en cierta manera se parecía también al dictador español Primo de Rivera y también a su hijo José Antonio. Nunca he desarrollado esto porque me parece un poco historia-ficción, pero creo que si el régimen primorriverista se hubiese manejado de otra manera se podía haber creado algo parecido al peronismo en España, algo que podría haber liderado su hijo José Antonio.

Podríamos decir que Perón cogió cosas del fascismo pero en realidad no era un fascista, de hecho quizá era más democrático que muchos anti-fascistas de su época. Perón copió el populismo y el personalismo del fascismo y, fundamentalmente, ese “verticalismo” que unía a obreros y (pequeños) empresarios en un mismo movimiento político que defendía a ambos.
Y, a mi juicio, eso es lo verdaderamente interesante y exitoso del peronismo, el romper la dualidad patrón-obrero y crear una nueva donde patrones y empresarios pequeños y medianos estaban del mismo lado enfrentados contra otro bloque, compuesto de grandes exportadores agrícolas, clases altas y medias urbanas e intelectuales fundamentalmente. Perón se apoyó tanto en el nuevo proletariado urbano que se había trasladado a las áreas metropolitanas (la de Buenos Aires fundamentalmente) ante la industrialización del país como en los empresarios dueños de esas empresas. A los obreros les dio aumentos de sueldo, protección laboral y servicios sociales, y a los empresarios una economía proteccionista y basada en el consumo interno.
De todas formas las diferencias entre el peronismo y el fascismo eran muchísimas. Para empezar Perón siempre fue un presidente democrático y ganó por tres veces las elecciones presidenciales. Todas las dictaduras y golpes militares que se hicieron en Argentina (excepto el golpe contra Illia) fueron siempre contra gobiernos peronistas y ningún golpe contó con apoyo peronista. Hasta la llegada de Ménem, un peronista de derechas, no se vio connivencia de los peronistas con los antiguos golpistas, algo por cierto corregido por los Kirchner, peronistas de izquierda. Que fuesen democráticos no quiere decir que fuesen escrupulosamente democráticos o liberales ojo, ya que durante la primera época de Perón la oposición estaba relativamente reprimida y los medios de comunicación eran absolutamente serviles con Perón, un poco al estilo de lo que pasa en la Venezuela de hoy, lo que explica por qué la intelectualidad argentina mayoritariamente se enfrentó al general.

Además de eso no había racismo alguno en el peronismo, todo lo contrario. La Argentina siempre se consideró a si misma un país blanco de europeos en el sur y los “cabecitas negras” (mestizos de las zonas interiores y fronterizas con otros países) eran prácticamente considerados ciudadanos de segunda. Pues bien, los “cabecitas negras” fueron uno de los grandes apoyos de Perón y, de hecho, los antiperonistas más elitistas decían que era un movimiento de “negros”.
También podríamos destacar muchas otras diferencias. El peronismo es un movimiento posterior a la II guerra mundial y por tanto su política internacional nada tuvo que ver con la de las potencias fascistas. Perón defendía la “tercera posición” (más o menos lo que luego serían los países no alineados) y, aunque estaba algo más próximo a los EEUU que a la URSS, defendía estrictamente la soberanía argentina y su aspiración a ser potencia.
En la política religiosa también hubo diferencias. Si bien Perón heredó de la dictadura anterior cierto catolicismo oficial de estado al final de su primer periodo se enfrentó a la iglesia católica de forma radical (en Perón todo era radical), lo que según algunos historiadores precipitó su caída.
En España a veces se compara a Perón con Franco porque Argentina fue uno de los pocos países que no aisló al régimen de Franco después de la II guerra mundial y porque Perón vivió en Madrid durante gran parte de su exilio. La verdad es que ambos regímenes no tenían nada que ver más allá de que ambos estaban dirigidos por un general que hablaba español.

Perón fue, en cierta manera, un postfascista pero esa palabra en sí no quiere decir nada. Franco fue también en parte un postfascista, pues dejo de lado su semi-fascismo después de la derrota de Alemania. Pero Franco fortaleció ese conservadurismo militarista y católico tradicional en España que fue desde el primer momento consustancial a su rebelión mientras que Perón copió del fascismo las políticas sociales y creó un movimiento más parecido a otros movimientos “libertadores” latinoamericanos.
Y con esto enlazo con Marine Le Pen. ¿Qué está intentando hacer Marine Le Pen? Pues, en parte, está buscando que los franceses la vean en ella este tipo de evolución peronista, que la vean como aquella mujer que heredó el fascismo de su padre (Le Pen padre si era claramente un fascista) y que lo transformó, dejándole la faceta social y populista pero quitándole el autoritarismo dictatorial, el racismo y cualquier relación con el pasado colaboracionista de su padre y del fascismo francés.
Obviamente y por mucho que Marine quiera ser Evita las diferencias de época y de discurso son obvias y fundamentalmente visibles en el campo de la inmigración, porque mientras Perón siempre la aceptó (como tradicionalmente se ha aceptado en Argentina) Marine Le Pen la ve como uno de los principales problemas de Francia. Pero si os fijáis Marine siempre relaciona inmigración con proteccionismo y el rechazo a la inmigración está siempre mezclado con el rechazo a la globalización y al euro.
Y, seamos realistas, este discurso está teniendo éxito, y está teniendo éxito fundamentalmente en municipios obreros y entre la clase obrera que es la más perjudicada por todas las cosas que critica Le Pen y por la actual fragilidad del estado-providencia francés, que ya no parece capaz de cuidar de sus hijos.

De todas formas y por mucho que parece que va a ganar las europeas en la circunscripción francesa, al Frente Nacional y a Marine Le Pen les falta mucho para ser "peronistas a la francesa" o para desarrollar ese movimiento de masas popular que desearían. Tienen mucho que borrar y la sociedad francesa tiene muchos recelos contra ellos, algo que es absolutamente lógico viniendo de donde vienen. Francia es una sociedad fuertemente secularizada y moderna que no aceptaría fácilmente un gobierno “tradicionalista” y ese es quizá el principal problema que tiene el FN.

Hay quien dice que Francia es uno de los PIGS pero con aires de grandeza. Ciertamente la situación económica francesa no es fácil pero aún tienen una situación envidiable a nivel social si la comparamos con países como España. Aun así, si la desindustrialización, los bajos salarios y el desempleo avanzan, el mensaje proteccionista y populista de Le Pen avanzará comiendo terreno al resto de partidos, incluso al Front de Gauche de Mélénchon que parece no convencer a los franceses ni siquiera en las zonas tradicionalmente obreras, que cada vez más se decantan por Le Pen.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Por qué tendremos una gran coalición en España














Desde hace unos días se viene comentando que el ex-presidente del gobierno José Luis Rodríguez Zapatero es partidario de una gran coalición PP-PSOE a partir de 2015 que evite la parálisis de un posible futuro gobierno apoyado por 4 o 5 fuerzas parlamentarias, opción bastante probable a la vista de las actuales encuestas.
Mucha gente está comentando sobre esto, sobre si la gran coalición es posible, deseable o necesaria, sobre la actitud de las fuerzas políticas en un posible futuro parlamento fragmentado y de cómo se lo tomaría la población y los votantes de estos partidos. Algunos dicen que no es posible y que no se dará y otros dicen (entre ellos yo) que es lo más probable. Quería hablar un poco sobre este futuro escenario.

Para empezar creo que hay que decir que la última de las opciones que barajan los grandes partidos ahora mismo es una gran coalición. No es que se fuesen a sentir incómodos en una situación así sino que los problemas para el futuro electoral de estos partidos serían muchos en caso de darse.
La política en España y en la mayoría del mundo se basa en la dualidad. Hay dos partidos, dos visiones presumiblemente antagónicas pero que en el fondo están bastante “centradas” y próximas entre sí. La cuestión es que aunque estén próximas el debate político se focaliza en la diferencia, se le hace creer al ciudadano que estamos hablando de dos familias y prácticas políticas radicalmente distintas cuando en realidad no lo son. Hay mucha escenificación, mucho engaño para el ciudadano, nucho artificio para hacerle creer que decide sobre muchas cosas cuando la realidad es que la naturaleza del sistema democrático tiene grandes áreas que no se tocan ni se deciden, tan sólo se orientan ligeramente hacia una u otra sensibilidad.
Todos los países bipartidistas y España entre ellos tienen este sistema. La dualidad, el turno político, es la manera de tener estabilizado el sistema y la manera de que no hayan cambios radicales. El sistema necesita que la gente crea que hay dos partidos muy distintos pero que gobiernen de forma muy parecida, ese es el truco para que la soberanía popular real esté controlada por la élite.
Pero ¿qué puede pasar si los dos partidos del turno gobiernan unidos? Pues lo primero es que esta ficción se puede desmontar. La gente puede comenzar a pensar y a ver con sus propios ojos como los dos grandes partidos son más iguales de lo que parece y como, de desear una alternativa, ésta está fuera de ese turno. Si un gobierno de gran coalición gobierna en una mala situación el efecto seguro será un aumento de votos para partidos externos a la dualidad.
Los países occidentales han aceptado las grandes coaliciones en momentos excepcionales como una guerra. Los países pluripartidistas también suelen tolerar mejor las grandes coaliciones, porque siempre hay partidos relativamente “centristas” fuera de ellas que pueden modular la situación, pero una gran coalición en un país bipartidista es sinónimo de situación excepcional y posible fuente de innumerables problemas futuros.

Para el PP sería mucho más sencillo gobernar con CiU, el PNV, UPyD, VOX o C's o incluso con IU que ir a una gran coalición. Para el PSOE exactamente igual. Y para el segundo de abordo, es decir, para el que tenga menos votos en una gran coalición y por tanto no vaya tener la presidencia del gobierno el problema es aún mayor, porque aunque el gobierno sea exitoso quien va a capitalizar el éxito será el partido del presidente y no el “segundón”.
Pero ¿cuál es el problema para que estemos pensando en esto? El problema es que nuestro sistema electoral, tan útil durante 30 años para mantener la estabilidad parlamentaria, ahora mismo y por diversas circunstancias nos podría otorgar una realidad opuesta a la usual, que seria la práctica imposibilidad de formar un gobierno que no sea de gran coalición.
Cuando los partidos mayoritarios no han conseguido mayoría absoluta (cuatro legislaturas desde 1982) se han apoyado en los partidos nacionalistas, que gracias a la concentración de su voto en pocas circunscripciones obtenían una cifra relativamente alta de escaños. El efecto de redondeo para el ganador en tanta circunscripción como tenemos en España (52) y el alto número de escaños de las fuerzas nacionalistas han producido que en España no haya un partido bisagra o una fuerza nacional complementaria para hacer mayorías. Así ni IU ni el CDS fueron nunca parte de un gobierno nacional, y esto fue ahondando en su progresiva minimización hasta el comienzo de la crisis.
Pero ahora los partidos nacionales más pequeños suben en intención de voto y fácilmente estamos en una situación donde el 25% del voto o incluso mas se puede concentrar en esas fuerzas (IU, UPyD, EQUO, Movimiento ciudadano, etc), voto que difícilmente valdrá para articular mayorías porque su traducción en escaños será escasa, por un lado, y porque probablemente se dará una incompatibilidad de fuerzas electorales.

He visto encuestas por ahí que le dan 40 escaños a IU o 25 escaños a UPyD con porcentajes de votos entre el 9 y el 14%. Francamente no sé de donde salen estas cifras pues a mi no me salen de ninguna manera esos escaños. Para que os hagáis una idea, excepto en 7 provincias en todas las demás hay que sacar bastante más de un 10% de voto para obtener un escaño. En esas otras 45 circunscripciones quien saque menos de esos votos no sacará escaño, lo que otorga una fuente enorme de escaños a los partidos mayoritarios. Que alguien saque 25 escaños con menos del 10% de los votos es algo muy complicado.
Voy a usar la última encuesta de Celeste-Tel que me parece la más realista en cuanto a los escaños para hacer unos cálculos. En la última encuesta el PP con un 32% de los votos sacaría entre 138 y 150 escaños, el PSOE con un 29% sacaría entre 115 y 118, IU con casi un 13% sacaría entre 26 y 28 y UPyD con un 7,7% sacaría entre 12 y 14 escaños. Hay otras encuestas (metroscopia) que sitúan al PSOE por encima del PP, otras que dan a UPyD un porcentaje de voto de más del 10%, etc, pero quiero que veáis la distribución de escaños respecto a los porcentajes.
Bien, para situarnos en una situación más o menos “neutral” digamos que el PP gana las elecciones con 144 escaños (la media de la horquilla) y que, por tanto, tiene que formar gobierno. Para la investidura o para sacar leyes adelante necesitaría 176 votos, con menos que esto y aunque fuese investido presidente un candidato del PP la legislatura podría ser ingobernable. Necesitaría, pues, 32 escaños adicionales a los suyos.

Y ahora es cuando vamos a ver que no salen los cálculos. La opción tradicional del PP, es decir, apoyarse en PNV, CiU y si hace falta Coalición Canaria sería imposible. Entre estas tres fuerzas sacarían como mucho 21 escaños, menos de los que el PP necesita, pero el problema principal no es ese: El problema es que CiU está focalizada en la consulta catalana y parece imposible que CiU y PP se pusiesen de acuerdo en la actual situación.
Pero imaginemos que el trilerismo de la política los pone de acuerdo. Aún así haría falta 11 escaños más. ¿A quién se recurre? A UPyD imposible, son incompatibles con CiU o PNV en estos momentos, al igual que Ciudadanos. A IU no es factible por pura distancia ideológica, y mucho menos con Amaiur o ERC. Como veis no sale combinación posible, aún cuando UPyD pudiese facilitar la investidura de un gobierno del PP luego no saldría casi ninguna ley adelante.
Al PSOE, con 118 escaños, le faltarían 58 escaños. IU podría sacar 28, con lo que faltarían 40. Están EQUO-Compromís con 4, Mes Mallorca, PRC...La verdad es que lo único que podría sacar adelante un gobierno del PSOE sería el voto favorable de casi todas las fuerzas del parlamento que no sean el PP. Pero para sacar las leyes adelante sería imposible pues contando con la oposición del PP se necesitaría el voto a favor de partidos tan distintos como ERC o Amaiur con UPyD o Ciutadans. Un lío imposible de gestionar.

Repasando la historia de las distintas elecciones desde 1977 vemos que el partido de gobierno más minoritario fue el PP de Aznar en 1996, con 156 escaños. Esta legislatura se caracterizó por el pacto de Aznar con CiU(16) y PNV (5), que le dio los 20 diputados que le faltaban. En ese momento el PP pudo pactar con esas fuerzas sin problema pues no había reto soberanista alguno, y también démonos cuenta que el PP sacó casi un 39% de los votos en esas elecciones, porcentaje que esta vez no va a sacar ni en el mejor de los escenarios que se contemplan. El resto de mayorías simples siempre han tenido más escaños que los 156 de Aznar aquella vez.
Respecto a las fuerzas nacionales menores el mejor resultado fue el del PCE de Carrillo en 1979, con 23 escaños y un 10,77% de los votos. Julio Anguita en 1996 sacó 21 escaños con casi el mismo porcentaje de voto. El CDS del Suárez sacó 19 escaños con un 9,22% de los votos en 1986 como tercer mejor registro.
Es relativamente factible que UPyD pueda superar este récord del 10,77% y bastante probable que lo haga IU, pero aún así podemos estar hablando de 20 y 30 escaños respectivamente. Por mucho que haya fuerzas “afines” a estas dos fuerzas en el parlamento (Movimiento ciudadano para UPyD o EQUO-Compromís/ Podemos para IU) difícilmente hablaríamos de 5-6 diputados más por bloque. Parece muy improbable que sean suficientes en cualquiera de los sentidos.

Objetivamente tan sólo veo dos opciones posibles que eviten la gran coalición. Para ambas es necesario que la fuerza mayoritaria no se hunda demasiado en votos y escaños. La primera opción y la más “probable” (aún siendo improbable) sería un gobierno a la “asturiana”, es decir, un gobierno PSOE-IU apoyado desde fuera por UPyD. Esta opción, que ni siquiera ha salido bien en Asturias, sería muy difícil aunque posible, y llevaría como exigencia inevitable una reforma del sistema electoral.
La segunda opción, más difícil todavía, sería un excelente resultado de UPyD y de Movimiento Ciudadano en Cataluña (pero no en el resto de España, porque si lo tiene acabaría restando fuerzas con UPyD), combinado con una derrota “dulce” del PP, que le diese mayoría suficiente para gobernar en algún tipo de gobierno anti-nacionalista. También creo probable que en este caso se exigiese una reforma electoral.
Ambas opciones me parecen poco probables pero es que el resto de opciones son implanteables, supondrían un pastel ingobernable y acabarían con la convocatoria de nuevas elecciones en menos de media legislatura, con el evidente desgaste del partido que intentó gobernar en estas circunstancias y no pudo.

En mi opinión, si el partido que gane las elecciones obtiene menos de 150 escaños tendremos una gran coalición en España. Si ese es el PP la tendremos seguro y si es el PSOE muy probablemente (el PSOE tiene algo de más versatilidad para poder hacer pactos).
La opción de la gran coalición sería bien vista desde la UE, que presionaría en este sentido. En la UE muchos gobiernos tienen este formato (Alemania, Italia, Grecia, etc) y es posible que muchos más lo tengan en breve. Ante lo desconocido, ante las dificultades que pasan muchos países de la UE, esta formula sería casi una exigencia ante una probable ingobernabilidad que impidiese las "reformas" que nos exigen. Por muy raro que nos parezca un escenario así en España miremos lo que ha pasado en Italia y entenderemos el poder que tiene la UE y Alemania sobre los partidos de los distintos países.

Si hubiese una gran coalición en España entonces quizá ya podríamos decir que el sistema de partidos salido de la transición se ha acabado. Y si la situación económica y política no mejorase mientras estuviese ese gobierno, creo que eso supondría directamente el fin del bipartidismo en España o, por lo menos, de este bipartidismo que tenemos actualmente.

lunes, 24 de marzo de 2014

Suárez y los mitos de la transición















No sé si es una costumbre exclusivamente española o si se hace en todas partes, pero la tendencia a alabar al recién fallecido hasta límites que rozan lo cínico y lo absurdo es algo habitual en España. Si una persona a la que se estuviese rajando como si no hubiese mañana muriese repentinamente estoy seguro que al día siguiente todo serían flores y halagos. Luego están también aquellos que para ser polémicos y diferentes realizan ataques muy agresivos contra la personalidad alabada por la generalidad. El mantenerse en un punto medio y justo no parece ser una virtud española.
Quizá este no es el caso de Adolfo Suárez, personaje que ya venía siendo halagado desde mediados o finales de los 90 y, sobre todo, desde que se conoció su enfermedad neurodegenerativa hace unos 10 años. El halago a Suárez más que personal era “general”, es decir, se usaba como vehículo para halagar un periodo de la historia que es origen de la realidad política actual.

Antes de nada quiero dejar claro dónde estoy para que nadie se equivoque. A diferencia de muchos de los que creen que el sistema y el esquema salido de la transición está agotado (algo que yo también creo), yo no pongo en duda ni los méritos de la transición ni lo que significó para el país. Mi percepción sobre ese periodo histórico es positiva, realista pero positiva. Los cambios ahí acaecidos fueron positivos para el país y las lagunas del periodo, que las hubo, no creo que sean suficientes para cambiar esta valoración.
Pero eso es una cosa y otra muy distinta es la sacralización de la transición como si hubiese sido la representación certera de la perfección divina. La transición fue un proceso de cambio que se dejó cosas por el camino, que creó cosas que con el tiempo se han demostrado que no eran positivas y que por supuesto fue contradictorio. La mitificación de la misma tiene un componente propagandístico evidente y asistir a este espectáculo de beatificación política es un poco incómodo para el lector o espectador informado y crítico.
Esto no es algo exclusivo de España en absoluto, es general. Todos los países tienen su mitología “nacional”, mitología creada mediante la exageración de verdades parciales, las ocultaciones interesadas y la repetición hasta la saciedad de virtudes recargadas convenientemente. La revolución francesa, la independencia de los EEUU, la unificación italiana, la lucha contra el fascismo y el nazismo en muchos países, etc. Todas ellas se analizan con simplificación e interesadamente para crear un mito nacional, un orgullo nacional para sus ciudadanos y una justificación para la pervivencia del statu quo en cada uno de esos lugares.
Para los españoles es la transición nuestro mito nacional principal. Tener un mito nacional tan cercano en el tiempo es producto de nuestra convulsa historia y de la incomodidad con nuestro pasado y símbolos, además de por la existencia de múltiples nacionalismos en nuestra tierra. Pero, al final, es lo mismo que en otros casos. No hay una estatua de un Garibaldi ni un retrato de George Washington o Abraham Lincoln al que rendir pleitesía, pero sí hay un rey anciano y un ex presidente recién fallecido. Y si queremos hacer un análisis sereno esto hay que tenerlo en cuenta, hay que entender que la realidad y la ficción se entremezclan a conveniencia para crear héroes donde sólo había hombres, acertados en algunas cosas pero también equivocados en otras.

En la transición se creó un sistema de democracia liberal equiparable al de los países del entorno. Es posible que haya ciertas cosas que no funcionen adecuadamente, puede que haya poca independencia de poderes, pero estas cosas no convierten a la democracia española en algo “vigilado” o “falso” como se dice muchas veces por ahí. Los mecanismos de “control” de la soberanía existen en todas las democracias, en todas se han creado vehículos para “orientar” el impulso soberano dentro de unos cauces controlados.
Muchas de las cosas que no funcionan correctamente en nuestra democracia no tienen que ver con la estructura legal, sino en parte importante con la cultura democrática de país. Si la prensa de este país no es crítica no se debe solo al sistema de financiación por publicidad institucional, se debe también a la cultura periodística y de relación con el poder que tenemos. Si los partidos son agrupaciones acríticas que parecen más una secta que un lugar de debate se debe en parte a la sumisión del espíritu español. Muchas de las cosas por las que nuestra democracia es de mala calidad tienen poco que ver con las leyes y mucho con nuestra propia concepción de lo colectivo.
En mi opinión la transición dejó dos grandes lagunas: La primera fue no dar la posibilidad de elegir la forma del régimen y dejar la monarquía como algo incuestionable, pero eso es algo que por si solo no invalida la transición. La segunda, quizá más grave, es haber cubierto con un manto de silencio nuestro pasado y haber extendido este silencio indefinidamente. Todo lo demás fue más o menos razonable, incluso se llegó a otorgar grados de autogobierno impensables a la muerte de Franco e impensables incluso para la II república.

Adolfo Suárez fue la figura elegida para pilotar esa transición. No voy a poner en duda sus dotes personales y políticas o su trabajo, que fue en general bueno, pero tampoco podemos pensar que era un estadística único en 200 años como se ha dicho por ahí. Si Suárez no hubiese pilotado la transición lo hubiese hecho otro y el resultado podría haber sido peor pero también mejor, nunca lo sabremos.
La edulcorada versión de estos días nos hablan de la seducción de Suárez, de su carisma, de cómo convenció a todo el pueblo español…Deberíamos ser más realistas y ver que, en 1982 y con un partido nucleado en él, sólo consiguió dos diputados de 350. Luego aumentó un poco sus porcentajes de voto, probablemente ante la indigestión que provocaba Fraga en cualquier persona moderada, pero su partido y su paso por la política acabó cuando el PP puso un líder ligeramente más tolerable que Fraga.
Sí, tuvo agallas y tuvo un espíritu de concordia innegable pero esa era su labor, para eso fue puesto por el Rey en su cargo y eso fue lo que se le encargó. Si hubiese hecho lo contrario hubiese incumplido la obsesión de aquella época, que era hacer una constitución y un marco jurídico duradero por consenso, algo que entonces se hubiese entendido como el preludio del fracaso aunque personalmente no tengo nada claro que de no haber habido este amplio consenso el resultado hubiese sido esencialmente distinto. Me explico.

Parece que nos quieren hacer creer que en España hay democracia ahora porque la transición fue un éxito absoluto hecho por finísimos cirujanos políticos. Esto es parte de la propaganda y de la creación del mito nacional de la transición, es un análisis que creo que no se sostiene ante un mínimo estudio de la situación.
En 1975 España era la última dictadura en la Europa occidental. Portugal y Grecia caminaban hacia la democracia y España era el único punto oscuro. Nos guste aceptarlo o no los países son producto de su historia, sí, pero también son producto de su entorno, de su posición en el mapa y de las presiones o interacciones del resto de países con ellos. Es por eso por lo que los distintos regímenes políticos suelen formar bloques territoriales y por lo que, a parte de un par de excepciones, los regímenes situados en entornos hostiles no suelen pervivir.
En 1975 cualquiera que dominase la política internacional y estuviese en contacto con los poderes políticos de occidente entendía que el franquismo no podía sobrevivir sin Franco. Quizá los militares no lo pensaban, quizá el bunker no lo sabía y quizá el pueblo español no estaba capacitado para verlo, pero la tendencia a medio plazo es que en España hubiese una democracia de corte occidental.
Hoy nos quieren hacer creer que estos casi 40 años de democracia suponen una excepción en nuestra convulsa historia (para resaltar las virtudes de este sistema y esta constitución) pero eso no es cierto. España ha podido estar desenganchada de la vanguardia del mundo desde principio del siglo XIX, eso es cierto, pero lo que pasó en España de 1808 a 1945 era más o menos coherente con el mundo que la rodeaba. Es el periodo 1945-1975 el que supone una anomalía histórica en España, producto de una serie de casualidades y causalidades que no seguían el desarrollo normal de la historia. Desde 1977 hasta hoy estamos, de nuevo, en el hilo de la historia.
Un franquismo sin Franco en España no hubiese durado demasiado y los hombres inteligentes de esa España lo intuían, igual que cualquiera que hubiese sido el resultado del 23-F aquello tampoco hubiese durado demasiado. No me parece históricamente posible que España hubiese llegado a mitad de los 80 con una dictadura, sean cuales fueren las contingencias.
A España hubiese llegado una democracia tarde o temprano, monárquica o republicana, centralista o federalista, mejor o peor que la actual, pero la democracia liberal se hubiese acabado implantando de la mano de cualquier líder. No hacía falta un Suárez ni un rey para pilotar la transición, aunque quizá sí para pilotar “esa” transición.

Casi 40 años después de la transición el país necesita un cambio profundo. El sistema de partidos, el sistema judicial, la estructura del estado, la ampliación de los espacios de democracia directa, el sistema fiscal, etc. Todo eso debe cambiar. Pero esa necesidad de cambio no puede llevarnos a pensar que todo lo que se hizo entre 1976 y 1982 fue inadecuado. No lo fue, fue algo globalmente positivo que hay que analizar con una visión histórica de ese momento, no con los ojos de un ciudadano jodido de 2014.
Pero esa idea positiva tampoco nos puede llevar a que comulguemos con ruedas de molino ni que sacralicemos cosas que no fueron en absoluto sagradas ni perfectas. Por pura higiene mental, pero también porque no tardarán en aparecer si no es que han aparecido ya, hay que ser precavidos con aquellos que saquen en procesión la sagrada e incorruptible imagen de la transición para intentar venderle al ciudadano que las soluciones de hoy pasan por repetir las aquella época. Eso es un engaño interesado.

Ni los consensos de la transición valen hoy ni los métodos se pueden parecer a esos. No existen las mismas amenazas, ni la misma base, ni el mismo entorno político ni nada igual. Querer replicar aquello no es más que un intento inmovilista para que nada cambie realmente y, eventualmente, para impulsar un gobierno de concentración PP-PSOE, que es en lo que están muchos. Así pues separemos la historia del presente y juzguemos las cosas en su contexto y en sus bases actuales.

jueves, 20 de marzo de 2014

Crimea














No he querido escribir sobre Ucrania durante estas últimas semanas por una razón muy sencilla: Lo que ha sucedido y está sucediendo en Ucrania tiene una naturaleza muy complicada que es producto de la historia, realidad y conflictos de la sociedad ucraniana, de su situación económica y política, y de una serie de realidades que difícilmente se pueden entender sin vivir allí o sin ser ucraniano. Era muy difícil, pues, posicionarse en un conflicto como este y sobre todo dar una opinión solvente, así que no quise escribir nada específico sobre el tema.
Mis referencias a Ucrania casi siempre han sido puntuales y en ellas me he dedicado a criticar las opiniones maniqueas tanto pro-occidentales como pro-rusas, opiniones que he podido ver en multitud de personas, medios y redes. Personas que siempre tienen opinión sobre todo, personas que entienden la política como el seguimiento de una Fe religiosa, medios de comunicación al servicio de líneas editoriales nunca neutrales ni desinteresadas, etc. Todos opinaban bien contra el “fascismo” del euromaidan, bien contra el “expansionismo” ruso y nunca a favor de nada.
Ni siquiera haciendo pocas referencias me he librado de los ataques. Por ejemplo, he sido vilipendiado en twitter por decir que la extrema-derecha española estaba en una posición bastante neutralista y casi pro-Yanukovich, ya que los de la “verdadera izquierda” preferían pensar en conspiraciones judeo-yankee-fascistas internacionales; he sido llamado fascista por defender a Juantxo Uralde, que estaba siendo calificado también así; en definitiva, me ha resultado un tema muy grosero y en el que el ruido estúpido no dejaba espacio a una reflexión serena.

Pero creo que el asunto de Crimea es lo suficientemente interesante e importante como para tratarlo así que voy a escribir por primera vez un texto completo sobre este asunto.
Todos sabéis más o menos lo que ha pasado. En cuanto Yanukovich fue destituido por el parlamento ucraniano en una acción de escasa legalidad y, en esa misma sesión, se tomaron decisiones estúpidas como la eliminación de la cooficialidad del idioma ruso, en las zonas del Este de Ucrania muchos se pusieron nerviosos. Aduciendo una amenaza quizá más autosugestionada que real se lanzaron a los brazos de Rusia, que aprovechó la situación para no perder el control de Crimea, donde tiene una excelente salida al mar negro.
No hay que olvidar que en el trasfondo de todo esto está una de esas absurdas decisiones que se tomaban en el mundo soviético pues Crimea, tradicionalmente rusa, fue transferida a Ucrania por decisión del PCUS y del premier Kruschev hace 60 años, algo que en ese momento quizá importaba poco porque todo era la URSS pero que, después la disolución de ésta, dejó a Crimea algo artificialmente dentro de Ucrania. Y digo “algo” porque en el fondo Ucrania es un país mixto entre zonas y personas de origen y etnia rusa y gentes de lengua y sentimiento ucraniano. Crimea, pues, no debería tener problemas para permanecer en un país mixto como es Ucrania.
Y para los amantes de los datos: En 1994 se firmó el memorándum de Budapest por el que Ucrania de deshacía de sus armas nucleares a cambio de mantener su integridad territorial, memorándum firmado por Rusia, el Reino Unido y los EE.UU. En 2010 Ucrania y Rusia firmaron la extensión hasta 2042 del uso de las instalaciones militares de Crimea por la flota rusa.

Yo creo que hay pocas dudas de que ha habido muchas cosas poco edificantes para la “revolución” ucraniana. Hay pocas dudas de que la UE y sobre todo los EEUU han estado maniobrando para tener al frente de Ucrania a alguien más pro-occidental que Yanukovich y por tanto han apoyado las manifestaciones y protestas del Maidán. Hay pocas dudas de que la oposición incumplió el pacto con Yanukovich del 21 de febrero por el cual se formaría un gobierno de unidad nacional y se convocarían elecciones y también hay pocas dudas de que la destitución de Yanukovich fue escasamente legal.
No hay ninguna duda de que en las protestas y en la “revolución ucraniana” hay sami-fascistas y fascistas y que éstos han tomado la cabecera de las protestas por su tendencia a la violencia. Tampoco creo que haya ninguna duda de que hay mucho interés económico de cierta élite económica ucraniana en acercarse a la UE y alejarse de Rusia, igual que hay tendencias inversas en esa oligarquía económica ucraniana que ha generado su riqueza por los lazos con Rusia.
Pero todo eso, que es real, me parece que queda en un segundo plano después de una “ocupación” militar de un país vecino sobre otro en un momento donde no ha habido matanzas ni violaciones de los derechos humanos. Si bien la “ocupación” rusa no ha supuesto ni un muerto tampoco hubo justificación alguna para la ocupación de un territorio más allá de un miedo intangible a ciertas declaraciones hechas desde Kiev y casi nunca desde el poder político.
Moscú dice que está allí para defender a los “rusos”, algo que podría tener sentido en el caso de haber matanzas de “rusos” pero que no lo tenía en ese momento. Lo que hace Moscú es, sencillamente, un ataque preventivo, es usar exactamente la misma doctrina que han usado los EEUU en otras ocasiones aunque con diferencias de aplicación. Es cierto que no ha habido muertos en su “intervención preventiva”, pero igualmente es cierto que no había hechos tangibles.

Lo que está pasando en Crimea creo que nos da un baño de política real a todos. Nos pasamos la vida intentando llenar de contenido intelectual o moral las acciones políticas sobre todo las de la política internacional. Buscamos “derechos” a la defensa o al ataque, a la secesión o a la unión, buceamos en legalismos, constituciones y tratados internacionales para justificar una posición determinada, hablamos de las voluntades colectivas como si eso fuese un tangible sólido y permanente.
Y, de repente, llega Rusia y “ocupa” un territorio que fue suyo pero que ya no lo es, y lo ocupa entre los aplausos de la población y con el entusiasmo de un gobierno autónomo. Nos preguntamos ¿Tiene derecho Rusia a hacer esto? Y miramos los acuerdos internacionales y las leyes nacionales y vemos que no, pero luego hay quien dice que lo que importa es la voluntad del “pueblo”, pueblo que se define arbitrariamente para la ocasión, y entonces la respuesta es sí. ¡Es que hay fascistas en Kiev! Entonces aceptamos la invasión como legítima… ¡Pero si Putin es un expansionista, representante de la peor tradición rusa! No, no, esto es una ilegalidad palmaria entonces...
Y la verdad es que Rusia tiene un “derecho” para hacer lo que ha hecho: Tiene el "derecho" de su fuerza militar, tiene el “derecho” de controlar el suministro de gas del que depende media Europa, tiene el “derecho” de ser la superpotencia en esa zona, de ser quien manda. Es el mismo “derecho” que ha tenido EEUU en tantas ocasiones, cada potencia lo disfraza de una cosa distinta pero en el fondo es el mismo: Es el “derecho” que otorga la fuerza, y no solo la militar. Lamentablemente esos son los "derechos" que importan en política internacional.
Al menos EEUU intenta buscar apoyos primero, intenta que la comunidad internacional le apruebe una intervención, hace una gran campaña de publicidad para convencer a su propia gente, etc. Es lo que tiene vivir durante más de dos siglos en un país democrático y con opinión pública. Pero Rusia no necesita ni siquiera eso, no busca ni necesita apoyos ni parece querer convencer a opinión pública alguna pues parece que la justificación y el “derecho” va implícito en el acto, el entrar en un país vecino a apoyar a un gobierno amigo derrocado o entrar en una zona rusófila lo consideran indefectiblemente apoyado.

Y no va a haber problemas para Rusia porque nadie se los va a poner, ¿qué va a hacer la UE, si depende del gas ruso? ¿Qué va a hacer el Reino Unido, si tiene a la mitad de los multimillonarios rusos pululando por Londres? ¿Qué van a hacer los EEUU, montar una guerra contra una potencia nuclear? Putin conoce su fuerza y conoce que las sanciones que puede recibir son ridículas en comparación con los enormes beneficios que puede sacar de esto, ¿qué Crimea va a ser un territorio no reconocido como ruso? Mejor para él. Si hay sanciones para empresas o residentes allí no pasa nada, ese maravilloso puerto en el mar negro bien vale subvencionar un territorio indefinidamente, total en la antigua URSS ya se hacía eso.
El tablero internacional es un gran negocio y una lucha de intereses, pocas veces hay idealismo y nunca debimos pensar que el idealismo dirigía la política internacional. Durante la guerra fría las potencias clamaban contra las injusticias y opresiones que había en los países que no dominaban mientras apoyaban esas mismas injusticias en los países amigos. Tanto la URSS como los EEUU justificaron toda clase de golpes de estado y rebeliones, hicieron la vista gorda ante genocidios cuando éstos les vinieron bien, y cada una de las potencias lo hacía en su propio interés pero con las más diversas justificaciones morales o políticas cara a la galería: La “libertad” o el “socialismo”, la “democracia” o la “libertad de los pueblos”, etc.
Mucha gente creyó ya que sin guerra fría no habrían comportamientos tan cínicos: Pues no, los hay también, quizá menos visibles porque hay menos miedo pero los hay igualmente. Si mañana los EEUU se anexionaran la baja California mexicana éstos hablarían de la libertad de los pueblos para decidir a qué república pertenecer o de la unidad de los “californianos” mientras que desde Rusia y China clamarían contra la violación de la constitución mexicana y los tratados internacionales. Esa es desgraciadamente la realidad.

Muy interesante es analizar el referéndum de “autodeterminación” de la República de Crimea, referéndum convocado con dos semanas de plazo, con un ejército de un país vecino presente, con un gobierno central expulsado del proceso y en condiciones que, en cualquier caso, distan de las más mínimas garantías. Un territorio que hace tres meses no era proclive a la unión con Rusia (parece que lo quería el 41%) en pocas semanas ha realizado un referéndum en el que esa opción ha ganado casi por el 100%.
Este caso nos muestra muy bien la realidad y la arbitrariedad de esto de los referéndums de autodeterminación, pues el de Crimea ha sido casi una caricatura de los mismos. Una zona que fue parte de Turquía, luego de Rusia, en que se produjo un éxodo de Tártaros durante el siglo XIX, un retorno después de la revolución rusa, posteriormente una deportación masiva por orden de Stalin…Crimea y sus habitantes han sido un juguete en manos de los imperios y potencias que la han rodeado. Ahora se les vende un “derecho a decidir” falso, condicionado, con un resultado claro de antemano, reactivo ante los acontecimientos y las decisiones políticas en la otra punta del país. Un “derecho” que ha sido decidido por Rusia, que es la que lo ha permitido realmente. Los “rusos” de Donetsk o Sumy o de Kiev, por supuesto, no tienen ese “derecho” por ahora, a no ser que a Rusia le interese claro.
No hay mejor caso que este para ver lo falaces que son los derechos a decidir, para ver cómo se crea un sujeto soberano en casi 24 horas, cómo las opciones vienen predefinidas (¿Alguien hubiese aceptado que Crimea fuese independiente? Obviamente no), cómo las voluntades cambian como la espuma y cómo las “afecciones nacionales” son muchas veces algo convenenciero ¡Si hasta los propios militares ucranianos están decidiendo jurar fidelidad a una bandera u otra en función de sus propias situaciones personales!

Supongo que a los observadores más avispados no se les habrá pasado por alto la relación que tiene esto con la hipotética independencia de Cataluña o de otros lugares de Europa. La casi imposible independencia de Cataluña de hace un mes hoy directamente parece totalmente imposible. En gobierno español, como todos los gobiernos, ya ha maniobrado en las aguas turbulentas para asegurarse que esto siente un precedente y que se apoye a España cuando se niegue a convocar un referéndum en Cataluña, algo que me parece que habrá conseguido ante la lógica de los acontecimientos.
Para mí esto no supone ningún cambio relevante de facto pues siempre he considerado que la independencia de Cataluña era prácticamente imposible, pero sí me parece que puede haber cambios relevantes en la dialéctica y los movimientos políticos en las partes litigantes, y no precisamente en el sentido de aliviar la tensión. Los humanos somos muy proclives a arrimar el ascua a nuestra sardina y sacar conclusiones torticeras de hechos bastante claros.
Si hay algo que define la independencia de Kosovo, la de Crimea y la de cualquier otra es que, para ser independiente o “cambiar” de país, es fundamental contar con el apoyo de la gran o las grandes potencias de la zona. Yo creo que esto lo saben perfectamente los dirigentes de CiU (aunque me temo que no los de ERC y menos los de la ANC) y por eso mismo gentes como Pujol han dicho que la independencia es imposible. Y la cuestión aquí es que Cataluña, que está en occidente, necesitaría el apoyo de los EEUU y de las potencias europeas más importantes (Alemania y Francia) para poder vencer la resistencia de un estado como España que obviamente no va a querer descomponerse. Y es evidente que ese apoyo, siendo España aliada de esos países, ni lo tiene ni lo tendrá.

En cualquiera de los casos lo que ha pasado en Ucrania es algo terrible. Un país con dos comunidades culturales diferenciadas debe poder vivir junto y unido. Lo que ha pasado en Ucrania, con una división precedente clara entre pro-rusos y nacionalistas ucranianos y una explosión de estas tensiones catalizada por los intereses de las potencias en la zona, es un pésimo precedente para todos los que queremos mandar los nacionalismos al cubo de la basura.
Habrá quien piense que lo de Crimea ayuda a España a gestionar un problema en ciernes y que occidente probablemente será mucho más claro ahora negando a Cataluña derecho alguno que no se reconozca en la legalidad española, y de facto seguramente será así. Las fronteras de España pueden ser más sólidas pero el problema social no son las fronteras sino lo que pasa dentro de ellas.
Nosotros, los que no somos nacionalistas, debemos vender un modelo de sociedad multicultural que resulte atractivo, adecuado y exitoso. Debemos vender un republicanismo social, un estado donde los ciudadanos sean el centro y sean iguales en todos los aspectos, una sociedad donde la multiculturalidad y el “país” de cada uno sea absolutamente compatible con la nación política que representa el estado vigente. Y para ello necesitamos referencias, ejemplos claros de a donde debemos ir.
Y sí, tenemos Suiza, los EEUU y tenemos otros países, pero fracasos como los de Yugoslavia o los de Ucrania son terribles. Sí, nada tienen que ver con nuestra realidad es evidente, pero los nacionalistas lo mezclan todo, construyen una Fe otorgándole a hechos inconexos y dispersos rango de ley divina. Y todavía peor que eso, se podría caer en la tentación de imitar los mismos conflictos para convertir un estado en inviable.

Tal y como se han desarrollado los acontecimientos creo que cabe poca duda que toda esta situación debería haberse acabado con los pactos del 21 de febrero: Un gobierno de unidad nacional y unas elecciones limpias. La extrema-derecha en Kiev se hubiese podido controlar, Rusia no hubiese intervenido y hubiésemos vuelto a una situación normal. Probablemente hubiese ganado un pro occidental pero, según dicen los que saben, la dependencia económica hacia Rusia es tan grande que, tarde o temprano, hubiesen vuelto a la órbita económica de Moscú.
Pero ahora el nacionalismo ucraniano crecerá, el ruso también y lo que puede pasar en Ucrania es imprevisible. ¿Más anexiones en el Este? ¿Ucrania partida en dos zonas de influencia? ¿Una vuelta de Yanukovich como salvador? Todo es posible. Lo que sí es seguro es que la gente de Ucrania no es hoy señora de sus destinos, ni los que están en Crimea con referéndums prefabricados ni los que están en el Euromaidán, que se van a tener que echar a los brazos de occidente para evitar su ruina con las duras condiciones que eso va a traerles.

Espero que todo esto que ha pasado nos sirva de lección y nos dé un baño de “realpolitik” para comprender todas las fuerzas que nos rodean, con sus intereses económicos, políticos y de poder que pasan por encima de cualquier idealismo. Sin volverse cínico, creo que debemos aprender a ser más suspicaces.   

viernes, 14 de marzo de 2014

Aquellos días de marzo














Aprovechando el décimo aniversario de la primera victoria de José Luis Rodríguez Zapatero en las elecciones generales voy a recuperar un texto que escribí a finales de 2010. La intención original del escrito era contar mi recuerdo personal del momento en que Zapatero ganó las elecciones, de las esperanzas que levantó, de las frustraciones que generó posteriormente, de cómo veía un joven de 22 años el mundo y España en ese momento. Pero al comenzar a escribir me di cuenta que no se podía contar la historia completa de aquellos días si obviaba los atentados del 11-M.
Así pues dividí el escrito en dos partes, una primera que contaba cómo viví los atentados del 11-M y mis pensamientos y acciones durante esos días, y una segunda que comenzaba el día en que Zapatero y el PSOE ganaron las elecciones y que analizaba un poco su trayectoria. Hay que tener en cuenta que esto está escrito a finales de 2010, hace casi 3 años y medio, y la crisis todavía no había llegado a los extremos en los que estamos hoy. Si hiciese este análisis hoy sería posiblemente bastante más agresivo contra los gobiernos de Zapatero pero quiero dejar el texto original para que podáis ver también la evolución político-personal que he llevado estos años.
Junto los dos escritos con una ligera separación. Espero que no os resulten muy largos. Yo creo que son interesantes:

AQUELLOS DÍAS DE MARZO

Quería hacer un artículo contando mis sensaciones allá por marzo del 2004, cuando el señor Zapatero ganó las elecciones y se convirtió en presidente del gobierno. La intención del artículo era mostrar la relativa esperanza que teníamos jóvenes como yo en aquel momento y cómo la realidad posterior nos ha decepcionado y frustrado nuestras esperanzas. Sin embargo en cuanto me he puesto a recordar me ha parecido que mi artículo debía empezar un poco antes del día de las elecciones, para ser exacto tres días antes, en 11 de Marzo de 2004.
No quiero polemizar sobre el 11-M, del que creo que ya no hay polémica y que todos los intentos de crearla se han apagado con el tiempo por disparatados, mi única intención es contar una historia completa. Este primer artículo versará sobre el 11-M y los días posteriores, y en el siguiente hablaré más sobre Zapatero como esperanza frustrada.

El 11 de Marzo de 2004 me levanté sobre las 7.30 de la mañana. En aquel momento tenía 22 años y estaba haciendo prácticas de fin de carrera en un centro de investigaciones agronómicas, colaborando con una doctoranda en un proyecto de investigación.
No escuché la radio por la mañana ese día como es habitual en mí, debía llevar en el coche algún disco de música, pues me acababa de comprar un reproductor de MP3 de esos de marca desconocida que venden en las grandes cadenas de electrodomésticos. Cuando llegué al centro me dijo la chica a la que ayudaba, “¿Te has enterado de lo que ha pasado”?, “No, ¿Qué ha pasado?”, “Ha habido un gran atentado en Atocha, dicen que hay decenas de muertos, que parece Irak con los cuerpos descuartizados por ahí. Ha sido la ETA”.
Me quedé muy extrañado, la ETA haciendo un atentado con decenas de muertos. No era su estilo hacer algo tan masivo, y parecía rarísimo que hiciesen algo así a no ser que no hubiesen podido avisar a tiempo. Por lo que decían parecía que ETA no había reivindicado, ni había avisado. Todo muy raro, aunque era primera hora de la mañana y la información aún era confusa.
El ministro del interior, Ángel Acebes, salió rápidamente a hablar condenando a los “miserables” de ETA. Si lo dice Acebes, pensé, será porque tiene información relevante. Me parecía todo muy raro, pero en principio creí al ministro.

Me puse a hacer mi trabajo, que creo que era análisis de nitratos o amonio en unas 200 muestras que preparaba todos los meses con una máquina que parecía venida de la URSS. Sobre medio día salió un compañero de su despacho: “Otegui ha dicho que ETA no ha sido, que esto debe haber sido cosa del terrorismo islámico”. Esto cambiaba radicalmente las cosas. ETA no mata a alguien y después dice que no lo ha hecho, pues el objetivo de cualquier grupo terrorista es causar terror pero dejando claro que lo han hecho ellos. Otegui tenía información de primera mano, y si salía a decir eso parecía imposible que lo hiciese sin información. Además era coherente con la naturaleza del atentado.
El ministro Acebes seguía insistiendo en ETA, pero mi primera impresión de creerle cambió radicalmente. Para poder hacer este cambio de opinión me hice una pregunta muy simple: ¿Sería capaz el gobierno de mentir con 200 muertos en un atentado, simplemente porque beneficie a sus intereses electorales? Pensé un poco, y decidí que ese gobierno era capaz de eso. Así pues, acepté que el gobierno probablemente no decía la verdad.
Creo que es importante recordar qué significaba un ataque terrorista de uno u otro grupo. Un ataque de ETA era un golpe para Zapatero, pues durante toda la campaña electoral el PP había tejido una especie de relación de relaciones entre el PSOE y ETA, que estaban conectadas a través de ERC (que gobernaba con el PSOE en Cataluña) cuyo líder, Josep Lluís Carod Rovira (que no José Luís) se había entrevistado con ETA en la francesa y catalanoparlante localidad de Perpinyà. En cambio un ataque del terrorismo islámico podría parecer una represalia por la participación en la guerra de Irak y, además, dejaba en evidencia al gobierno ya que en un ataque terrorista a la casa de España de Marruecos en 2003 Aznar había dicho que eso no tenía nada que ver con España, que era una institución privada, y que no se debía de temer por la seguridad del país, y que nada tenía que ver con la participación en Irak.

Cuando llegué a casa le comenté a mi madre que estaba casi convencido que no había sido ETA y que el gobierno mentía. Mi madre reaccionó violentamente, teniendo una discusión de tono muy elevado debido al calor del momento, ya que ella veía como una herejía mis palabras. Esta sensación de ser un hereje y un mal Español si discrepabas de lo que decía el gobierno era muy típica en esos últimos años del gobierno Aznar, y lamentablemente inundaba en momentos de excitación incluso a personas nada afines a ese gobierno como mi madre. En cambio tengo que decir que mi padre me apoyó, el único ese jueves.
Por la tarde me llamó mi amigo David: “Te llamo para comentar la jugada”. La jugada era el atentado, como intuiréis. También discutí bastante fuertemente con David, por las mismas razones. Me pareció terrible como en aquel momento la lógica se sumergió bajo la doctrina oficial, y como incluso personas no afines al gobierno te veían como una especie de loco o de antipatriota por decir lo que pensabas, que por otro lado era lo que indicaba la razón.
Pero esa noche todo cambió. En mi casa escuchábamos la cadena SER, casi la única que ejercía entonces oposición franca al gobierno Aznar, y esos días estuvimos muy pegados a la radio en búsqueda de información alternativa a la del gobierno. Esta radio anunció un comunicado de un grupo islamista en Internet haciéndose responsable del atentado. Podía no ser auténtico, pero la noticia que cambió totalmente las cosas fue el descubrimiento de una furgoneta con unas cintas coránicas, en la que supuestamente iban los terroristas. Ahora sí que parecía estar claro, como entendió toda la prensa internacional de la que nos enteramos también a través de la radio, pues en las televisiones oficiales y cercanas al PP esa información no salía. Me fui a la cama con la convicción de que mis impresiones habían sido correctas, y con cierta satisfacción por esa misma razón, en contra del seguidísmo general de la población.

No recuerdo muy bien nada relevante del trabajo del viernes 12, aunque si recuerdo que las tres banderas oficiales que presidían el centro de investigación, la Valenciana, la Española y la de la UE, estaban izadas a media asta. Por la tarde me volvió a llamar David, que pretendía que fuésemos a la manifestación de repulsa de los atentados terroristas que estaba convocada en Valencia.
Le dije que no, que era absurdo manifestarse contra un grupo terrorista que le da igual lo que tu opines, que las manifestaciones contra atentados terroristas era algo absurdo producto del interés político de algunos por capitalizar el rechazo, que era una costumbre española que no tenía ningún sentido. Plantear esto en ese momento era también una osadía perversa, que te ponía de nuevo ante la acusación de antiespañol o amigo de los terroristas, pero después de acertar el día anterior me sentía con fuerzas para romper dogmas.
David, que ya en ese momento aceptaba que no había sido ETA y que tenía razón en jueves, me insistió mucho. Finalmente cedí, dejando claro que no me gustaban esas cosas, pero también la verdad tenía curiosidad por ver el ánimo de la gente, y también de ver a Jordi, un amigo de David que era hijo de un concejal del PP y, por tanto, afín a ese partido.
La manifestación fue un poco rara. Mucho respeto, pero se percibía en el ambiente dos ideas enfrentadas. Había quienes aún pensaban que era ETA, siguiendo lo que el gobierno quería que creyesen, y otros estaban convencidos de la autoría islamista. Se veía esto en las pancartas y en los comentarios de la gente con sus acompañantes, aunque no vi discusiones entre “grupos”. Jordi, por supuesto, todavía pensaba que había sido ETA, pero se le veía sin convicción e intentando evitar el problema de la autoría.

El sábado los acontecimientos se dispararon. Por la tarde la policía informó de la detención de 3 marroquíes y dos indios en relación con los atentados del jueves. Este hecho, y la cerrazón de los miembros del gobierno que intentaban negar las evidencias, provocaron una jornada de reflexión convulsa.
Hubo concentraciones en las sedes del PP para exigir al gobierno que dijese la verdad, hubo caceroladas cada hora, algo que mi padre y yo sí seguimos. La patética comparecencia de Rajoy, que le hizo más daño que beneficio, y la calculada de Rubalcaba, fueron anomalías dentro de una jornada de reflexión, jornada que tampoco parece que tenga mucho sentido mantener. La cadena SER y la TV3 catalana fueron las fuentes de información para mi en aquel momento.
Esa noche salí de fiesta con unos amigos. Al recoger a uno en su casa me dijo “Esto ha sido un escándalo. Va a ganar el PSOE”. En aquel momento le dije que lamentablemente no iba a ser así, que cualquier ataque terrorista produce dos reacciones fundamentales: La de apoyar al gobierno, por un lado, y la de virar las simpatías hacia el partido más “duro” del espectro político, normalmente el más derechista. En ambos casos el PP era el beneficiado, así que le dije a mi amigo que el PP iba a ganar. El insistió en la actitud del gobierno, pero yo desconfiaba de que realmente eso fuese a cambiar el voto. Quien quería estar informado lo estaba, pero incluso en aquel momento quien no quería estarlo podía perfectamente volcarse en medios que seguían hablando de ETA. Por mucho que las detenciones hubiesen evidenciado que el gobierno no decía la verdad, un voto no se cambia de la noche a la mañana.

Finalmente yo me equivoqué y mi amigo tuvo razón. Demasiado técnica y estudiada mi argumentación, y basada además en situaciones en otros países “normales”, pues en ninguno de ellos el gobierno había engañado a sus ciudadanos. Creo que lo que pasó en España fue una anomalía histórica, provocada por la actitud anormal de un gobierno de un país democrático. El PP perdió unas elecciones que tenía ganadas por su propia actitud. Con una actitud más honesta hubiesen ganado las elecciones, pero quisieron lanzar ETA a la cabeza del PSOE antes de tiempo, y cuando vieron que la habían “cagado” quisieron mantener la desinformación hasta el día de las elecciones, para que no se volviese contra ellos.
Una época del “conmigo o contra mi”, de un gobierno que tenía la verdad absoluta siempre, de un gobierno patéticamente servil con potencias extranjeras y extraordinariamente agresivo verbalmente contra quienes le criticasen algo internamente. El Aznarato, que le han llamado muchos autores, parecía víctima de sus excesos. La historia le había dado su merecido de forma casi mágica, y bastante cruel para ellos aunque justa en mi opinión.

Empezaba una nueva era, con el gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero, una persona radicalmente distinta al expresidente saliente. Pero esto lo cuento el próximo día.

ZP, NO NOS FALLES...

El día 14 de Marzo de 2004, una vez conocidos los resultados electorales que daban la victoria al PSOE, hubo una pequeña y contenida celebración en las afueras de la sede del PSOE en el Madrid aún de luto por los ataques terroristas. Muchos jóvenes le gritaron al futuro presidente del gobierno “Zapatero, no nos falles”, a lo que él respondió “No os fallaré”…Nunca ha habido un mejor momento para decir, simplemente, lo intentaré.

En aquellos días yo tenía 22 años y estaba a punto de acabar mi carrera de químicas. En los años anteriores, y sobre todo desde la llegada del euro en España se había vivido un aumento del coste de la vida, que contrastaba muchísimo con los salarios bastante precarios que cobraban las personas que entraban al mercado laboral, con esa palabra que empezaba a hacerse famosa entonces: mileurismo.
Dentro del aumento del coste de la vida había una partida que era la que realmente hacía escandalosa la subida, esta era la vivienda. No recuerdo las cifras exactas pero casi podría asegurar que desde 1998 hasta 2004 el precio de la vivienda más o menos se duplicó, mientras los salarios crecían en torno al IPC, que acumulado no sería más de un 15%. Los alquileres subían a la par del precio de la vivienda en propiedad, gracias a este mercado de vivienda descompensado que tenemos, con 9 de cada 10 viviendas en propiedad. Los jóvenes veíamos como una compra de casa se nos volvía imposible con nuestros sueldos, y un alquiler se volvía un coste demasiado alto proporcionalmente a nuestros ingresos. La vivienda se había convertido en un artículo de lujo, mientras nuestros padres nos contaban que cuando ellos eran jóvenes se compraron su primera vivienda con los ahorros de dos o tres años, sin necesidad de préstamos.
Además de esto por mis estudios parecía que una salida laboral muy probable para nosotros era la investigación. Pero la investigación en España era algo sumamente precario, a base de becas miserables con las que ni siquiera cotizabas a la Seguridad social. Algunos de mis compañeros aspiraban a irse fuera de España, a la potentísima industria química alemana, o a Francia. Estoy seguro que muchos otros universitarios de carreras científicas y técnicas lo veían entonces como nosotros.

Los jóvenes observábamos al gobierno Aznar como un gobierno despreocupado por la juventud. La prosperidad de España se construía para la generación anterior a la nuestra y se daban síntomas claros de que nuestra vida sería peor que la de nuestros padres mientras a nadie en el gobierno parecía importarle.
Zapatero, en cambio, era un hombre de una generación más reciente. Cuando ganó las primarias recuerdo que no era de mis candidatos favoritos (prefería antes que a él a la guerrista Matilde Fernández, e incluso a Rosa Díez. Sólo le prefería sobre Bono), sin embargo cuando salió elegido recuerdo leer una amplia entrevista en EL PAÍS. Ahí Zapatero se mostró como un hombre de ideas muy republicanas, alejado del Felipismo y de los peores tiempos del PSOE, con una sensibilidad social que contrastaba con la del presidente del gobierno. Creí ver en esa entrevista, y en los años anteriores a su llegada a la presidencia, que Zapatero era un hombre verdaderamente izquierdista y no iba a caer en esa deriva conservadora en la que cayeron los últimos gobiernos de Felipe González. Un embajador de EE.UU dijo que el gobierno Zapatero era el más izquierdista que había tenido España desde la II república. Esa apreciación, que el embajador creía por sus prejuicios, era también lo que pensaba yo antes de que Zapatero formase gobierno, más que por mis prejuicios por cierta visión utópica y juvenil.

Recuerdo que el día siguiente a las elecciones, el 15 de Marzo, comenzaban las fallas en Valencia. En Fallas se trabaja hasta el día 18 ó 19, y recuerdo ir al centro de investigación ese día 15. Las caras eran de satisfacción general, sobre todo entre los jóvenes investigadores (recuerdo una chica llamada Ana que me contó que sacaron la botella de Champán para celebrarlo) pero también en los más veteranos. El jefe de departamento era amigo de Joan Ribó, presidente en ese momento de IU en la comunidad Valenciana, y la hija de Ribó, de hecho, hacía el doctorado allí. El ambiente era, pues, bastante izquierdista.
También casi todos mis amigos estaban contentos, pues éramos mayoritariamente de izquierdas. Recuerdo cantar y gritar “ZP,ZP” cuando veíamos a alguno de nuestros amigos que eran del PP (Recuerdo ahora a Jesús, comentarista habitual), ante sus indisimuladas caras de cabreo, sobre todo al sonar una canción muy famosa de Carlinhos Brown que daba juego para la rima.
Hoy en día, si viajase al pasado, me daría vergüenza verme cantando “ZP,ZP” y me pegaría una colleja a mi mismo por iluso, pero bueno cada momento tiene sus cosas y en aquel había esperanza por un futuro mejor para los jóvenes.

La primera medida del gobierno Zapatero fue la retirada fugaz de Irak, de la que dio orden en el primer consejo de ministros. Recuerdo enterarme de la noticia al comprar la prensa en el viaje de vuelta de Tenerife, que era el viaje fin de carrera que hice. En aquel momento me pareció una decisión acertada y muy valiente, y pensé que su rapidez era para evitar presiones posteriores de los EEUU. Por fin podíamos ver como la voluntad popular se cumplía, y eliminamos de golpe aquel patético servilismo ante la administración Bush, producto únicamente de la megalomanía del expresidente Aznar, que para adquirir relevancia internacional había convertido a su país casi en un estado satélite. Los presidentes que llegan a sus últimos años y saben que no van a repetir son muy extraños. Generalmente les da por intentar arreglar el mundo y se vuelcan exclusivamente en política exterior, sin embargo al nuestro le dio por la misma vía pero por intenciones egoístas y megalomaniacas.
Realmente esta soberanía nacional recobrada fue un espejismo. Con el paso de los años y, sobre todo, gracias a las filtraciones de wikileaks, sabemos como a partir de ese momento el valiente gobierno de España se convirtió en un pelota redomado cada vez que uno de sus miembros veía a un dirigente norteamericano. Desde 2004 hemos ido arrastrándonos patéticamente paga ganar la simpatía de los EEUU, cuya diplomacia vio un filón en nuestro indisimulado arrastre y se dio cuenta que con la estrategia del palo y la zanahoria convertía al gobierno Español en un juguete en sus manos. Cada acción mínimamente incómoda para los EEUU se convertía en un agravio, que generaba 5 bajadas de pantalones posteriores ante sus intereses.
Se ha sabido, por ejemplo, el conocimiento del gobierno Español sobre los vuelos de la CIA, como se ha querido compensar la retirada de Irak con una sobreactuación en la misión en Afganistán y como el gobierno Español ha maniobrado para que el caso del cámara de Tele 5 muerto en Irak, José Couso, no cayese en manos de Garzón y cómo intentó por todos los medios que se cerrase el caso. Todas estas actuaciones son lamentables e impropias de un gobierno serio, fuerte y con orgullo patriótico. No ha sido por megalomanía, pero estas acciones han sido igual de serviles que las del gobierno Aznar. Tanto hablar del eje Franco-Alemán para caer, otra vez, en lo mismo.

Las esperanzas depositadas en materia económica y social no han tenido mejores resultados que la política exterior. Los que esperábamos que el nuevo ministerio de la vivienda sirviese para algo no podemos tener mayor decepción hoy. Los precios de la vivienda siguieron subiendo de la misma manera durante el gobierno de Zapatero, sin que nadie hiciese nada por evitarlo. Sé que era difícil matar a la gallina de los huevos de oro mientras vivía, pero el sobredimensionamiento de los precios de los activos inmobiliarios y el sobreendeudamiento privado presagiaban una catástrofe. Y esa catástrofe ha sido común a otros muchos países, es verdad, y este gobierno no es culpable de su génesis, pero los jóvenes no votamos a Zapatero para que dejase campar a las fuerzas de la especulación inmobiliaria a sus anchas. El dejar hacer ha sido la política económica de este gobierno, puro seguidísimo de la del gobierno anterior.
El crecimiento económico de los años del boom tampoco se usó para nada productivo, ni para usos sociales. Quizá lo único destacable fue el aumento de las pensiones mínimas, que subieron bastante hasta la crisis presente. Pero comparado con el crecimiento económico estas subidas no son nada. El aumento de recursos del estado se usó en bajar los impuestos, como siempre, y en no actuar sobre despilfarros existentes sobre la administración del estado. Nada de política de desarrollo ni de investigación, nada de política industrial. Cuando la construcción acabó y el paro subió, el superávit se convirtió de la noche a la mañana en déficit, y es cuando hemos visto la parálisis de la década anterior y los errores de la política de los últimos 15 años.

En materia de relaciones iglesia-estado tampoco hemos visto nada relevante. La aprobación del matrimonio homosexual fue una apuesta valiente, producto del primer impulso reformista del gobierno. Pero a partir de ahí llegó la parálisis y el asustarse de todo. La reforma de la financiación de la iglesia se hizo con tanto cuidado que, al final, a lo único que llevó es a que la iglesia aumentase su recaudación. Lo último del gobierno es que paraliza la ley de libertad religiosa, que ya de por sí iba a ser otro pastel blandito, pero que por lo menos suponía un avance. Cuando un gobierno está destinado a perder las elecciones como lo está este es el momento de tomar medidas que pueden suponerte problemas. ZP nos vendió que era muy aconfesional y muy laico, y al final ha hecho lo mismo que el gobierno de González, es decir, que se apañe la generación posterior y a mi que no me den problemas.

Hoy ya nadie cree en Zapatero. La derecha que nunca ha creído en él le ataca a favor de viento, muchas veces con argumentos estrafalarios. La izquierda esperanzada en su momento se ha decepcionado con él, pues ha demostrado que no es más que la cara de la misma moneda que teníamos antes. Incluso los suyos le tienen por un presidente amortizado.
Yo pasé de la esperanza del 2004, la amable y comprensiva indiferencia de 2006 (cuando ya estaba claro que las esperanzas del primer momento no se iban a cumplir), la pena del 2008 hasta la franca frustración de 2010.
No me puedo conformar con tener la cara amable de una misma política como dirigente de nuestro país, y tener suficiente con una mera cosmética personal. La aceptación de este principio implica vaciar la democracia de contenido real, implica que no hay más que una política posible, que estamos condenados a unos determinados modos y contenidos políticos. La aceptación de esto implica que vivimos en una gran mentira, que realmente no hemos avanzado nada respecto al sistema turnista del siglo XIX.
En mi opinión el sistema político español está en metástasis. No lo está solo el sistema político español, lo está también la socialdemocracia establecida entera. Pero este es un tema para otros artículos.