La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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lunes, 28 de abril de 2014

Entrevista a Juantxo Uralde en El Objetivo
















A pesar de que no veo habitualmente el programa El Objetivo (no me gusta el formato) el otro día sí que lo quise ver porque iba a ser entrevistado uno de mis políticos predilectos, Juan López de Uralde el coportavoz de EQUO. Esta entrevista representaba una gran oportunidad para EQUO y para el propio Juantxo de darse a conocer en un programa que, sin tener altas cuotas de audiencia, sí es conocido y seguido.

La entrevista iba precedida de un debate entre dos economistas televisivos, el socialdemócrata José Carlos Díez y el libertariano Juan Ramón Rallo. El debate me gustó bastante porque José Carlos Díez estuvo constantemente inquiriendo a Rallo sobre sus disparatadas ideas y éste no supo responder adecuadamente. Estos libertarianos (como Rallo se llegó a definir de forma un tanto tangencial) me resultan insoportables, son unos fantasiosos iluminados que le están vendiendo a la población unas ideas disparatadas que acabarían con la destrucción de la economía y/o esclavización de los ciudadanos.
El lenguaje de Rallo me resulta grosero. Hablaba de “devolver a la gente” la propiedad de no sé qué cosas mientras hablaba del estado como una entidad mística cuya única función era acaparar rentas y lucro, en cierta manera parecía como si fuese algún tipo de socialista libertario o algo así. No sabías si estabas delante de un economista austriaco o del propio Durruti. Estos libertarianos sí que son el lobo con la piel de cordero.

Después de este debate y ya al final del programa tuvo lugar la entrevista a Uralde. Vi a Juantxo algo nervioso o “apagado” al principio, como queriéndose mostrar correcto y serio. Supuse que se iría soltando con los minutos pero la verdad es que la entrevista fue muy corta y si Juantxo se hubiese alargado con las respuestas Ana Pastor le hubiese cortado para cumplir el guión, algo que creo es el máximo defecto de ese programa.
La entrevista era una muy buena oportunidad porque Ana Pastor estuvo muy correcta y se intuye que EQUO le resulta una opción por lo menos “simpática”. No hubo preguntas agresivas y creo que no interrumpió ni presionó al entrevistado en ningún momento, como sí hace cuando entrevista a políticos más conocidos. Por eso la entrevista me dejó una sensación como de vacío, no voy a decir de decepción porque quizá la palabra es excesiva pero sí de oportunidad perdida, de que la entrevista había dado mucho menos de sí de lo que esperaba.
Yo no sé si Juantxo llevaba la entrevista preparada, si tenía el esquema creado con las tres o cuatro ideas claves que introducir para crear impacto y para que los tele-espectadores sintiesen interés por EQUO y sus ideas. Luego en el momento de la verdad una entrevista tiene sus propias dinámicas y no se acaba diciendo todo lo que se quiere decir, pero sí se debe intentar cumplir ese guión mental que previamente se hace. Mi sensación fue que Juantxo no tenía la entrevista preparada o, por lo menos, no preparada para el objetivo que yo creo debería haber tenido, que era la transmisión de esas tres o cuatro ideas concretas.

La entrevista comenzó con una pregunta fácil, qué es EQUO, a la que Juantxo respondió perfectamente. Habló del partido verde europeo y de los tres troncos de EQUO, que era más o menos la respuesta esperada. La siguiente pregunta de Pastor fue que otros partidos ya defienden ese tronco “social” y a favor de la equidad y por tanto preguntó cuál era la diferencia entre EQUO y esos partidos.
La respuesta de Juantxo fue también fue de manual. Habló de las tres crisis a las que nos enfrentamos (económica, política y medioambiental) y focalizó la diferencia entre EQUO y el resto de fuerzas de “izquierda” en la crisis medioambiental, que otros dejan de lado mientras EQUO la convierte en algo central.
Aunque la respuesta era esperada a mi no me gustó. Hablar de crisis medioambiental sin remarcar exactamente a qué te refieres, aunque sea brevemente, creo que es un error. La ciudadanía está en una situación muy límite para que les vengan hablando de abstractas crisis medioambientales que, debido a la propaganda oficial, se ven como un sumidero de dinero destinado a defender a los animales y las plantas. Hubiese sido muy importante aquí remarcar qué es la crisis medioambiental y cómo puede afectar esta a medio plazo a la calidad de vida de los ciudadanos. Se podía haber haber hablado del ritmo de destrucción de recursos, de cómo la economía podría entrar en una crisis terrible en el momento que estos empiecen a escasear y explicar la política verde como una forma de enfrentar desde ahora mismo este problema futuro para así evitar los terribles efectos económicos y sobre la población que generaría esta escasez.

Después Ana Pastor le preguntó por las conversaciones que hubo con IU para ir juntos a las elecciones europeas y el por qué no habían llegado a buen puerto. La verdad es que Juantxo fue muy amable y diplomático en la respuesta, pues al hablar de la coalición Privamera Europea hizo referencia a sus pequeños socios de Participa o de Por un mundo más justo. Al llegar a la clave de la pregunta, que era sobre IU y el pacto, dijo sencillamente “no llegamos a acuerdos para ir juntos”.
Yo desconozco los detalles de aquellas negociaciones. Obviamente hubo un problema de posiciones, también hubo un recelo inicial porque EQUO quiere crear un espacio propio y no ser fagocitado por IU, pero también hubo un problema de diferentes conceptualizaciones de la política. EQUO apostaba y apuesta por un sistema de primarias abierto y horizontal mientras IU es el típico partido de toda la vida donde la cúpula es casi plenipotenciaria.
Yo creo que Juantxo debió resaltar esa discrepancia y haber dado a entender que esa era una de las diferencias fundamentales, y enlazar así con la respuesta a la pregunta anterior. Si EQUO es diferente a los demás no lo es sólo por un concepto determinado de crisis ecológica, también lo es por unos mecanismos de democracia interna que otros no tienen y este caso era un buen ejemplo de ello.

En la siguiente pregunta Pastor dijo que a partidos como EQUO se los ve muy naíf y que es muy fácil criticar desde fuera la corrupción cuando no se ha gobernado. Uralde respondió que si bien EQUO no ha gobernado nunca sí lo han hecho los verdes europeos en otras partes de Europa donde han asumido responsabilidades de gobierno. Eché de menos un par de ejemplos de grandes logros de los verdes en otros países, porque Juantxo hablo de forma general pero hubiese estado muy bien concretar, con logros concretos, estadísticas, etc.
La respuesta de Uralde no fue mala (llevaba 5 minutos de entrevista y se empezaba a “soltar”) pero creo que le faltó algo. Era muy importante rebatir eso de ser naif con algo verdaderamente poderoso y creo que esto podía haber sido el apoyo a las energías renovables como forma de lograr la independencia energética de España.
Ahora mismo, que estamos viviendo la dependencia europea del gas ruso, creo que es el momento de vender la apuesta por las energías renovables como método de independizarnos energéticamente de los países exportadores de hidrocarburos y así garantizar la estabilidad de nuestra economía. La gente debe percibir lo verde como algo que tiene retornos económicos y sociales positivos y no se debe perder oportunidad para hacerlo. La ridiculización de los ecologistas es algo habitual en los grandes medios y fuerzas políticas (sobre todo de derechas) y se debería ser especialmente intenso combatiendo este mito.

La verdad es que Uralde estaba tomando esa vía cuando Pastor le preguntó que era la economía verde. Juantxo habló de la energías renovables y del empleo que generaban pero, y lamento insistir, creo que faltó esa referencia a la independencia energética que creo que casi todo los espectadores aceptarían como un objetivo válido.
Cuando Juantxo hablaba de la cantidad de empleos que creaba la economía verde y, en concreto, las energías renovables, estuve intentando adivinar qué estaría pensando un espectador no iniciado en estos temas. Porque claro si pones a la gente a generar electricidad pedaleando en unas bicicletas estáticas seguro que se crean más empleos por kwh generado que con cualquier otra fuente, pero no por eso deja de ser un disparate crear energía de forma tan ineficiente.
Hay teorías por ahí, presentadas por iluminados como Rallo y compañía, que dicen que por cada empleo “verde” que se crea con energías renovables se han destruido más de dos empleos en la economía tradicional debido al encarecimiento del precio de la electricidad que han traído las renovables. Por eso es importante dar un cuadro general de la situación, por eso es importante hablar de independencia energética, de eficiencia, de abaratamiento de los mercados diarios de electricidad gracias al aporte de energías renovables.
Porque mañana el espectador se va a encontrar 5 referencias sobre lo cara que es la energía renovable y con esa propaganda diaria es muy posible que todo lo dicho ayer por Uralde caiga en saco roto. Por eso es importante intentar romper la hegemonía propagandística en estos temas y usar informes, que existen, de asociaciones de productores de renovables que explican como algunas energías renovables (no todas) abaratan el precio final de la electricidad, o explicar la estabilidad en el precio que ofrecen las renovables (o podrían ofrecer con un sistema de precios calculado de otra manera).
Cuando se vende economía verde creo que es importante relacionarla con estabilidad, seguridad, empleo, independencia y calidad de vida. En 8 minutos de entrevista es imposible, pero este es el gran tema para partidos como EQUO y todos los esfuerzos en este sentido son pocos.

Yo, que he conocido personalmente a Juantxo Uralde, me quedé con la sensación de que la entrevista podía haber sido mucho mejor. Quizá fue el divertido cara a cara entre Díez y Rallo emitido previamente que dejó demasiado altas mis expectativas pero la entrevista me dejó con un sabor agridulce.
Lo importante, de todos modos, era dar a conocer a Juantxo y la marca EQUO, que en algunas zonas como la Comunidad Valenciana es absolutamente desconocida. En ese sentido la entrevista fue sin lugar a dudas positiva y útil para ellos. Juantxo es cercano y “diferente” como dijo Pastor, y creo que eso se notó. Pero creo que hay que mejorar, hay que mejorar los mecanismos de comunicación y la adaptación de los mensajes para una sociedad sometida a unas influencias propagandísticas determinadas.

La última pregunta de Ana Pastor fue sobre el “miedo” al bipartidismo que, según ella, estaban promocionando los partidos pequeños. Juantxo respondió bien pero creo que le faltó un punto clave: Es necesario, imprescindible quizá, castigar a los dos grandes partidos en estas elecciones por la cuenta que nos trae a todos. Pero de esto ya hablaré otro día.

jueves, 24 de abril de 2014

Ya está bien de autoengañarnos con el nacionalismo






















Leo este artículo de Jaume Asens en eldiario.es llamado “Una ruptura constituyente desde la periferia” y me quedo a cuadros una vez más viendo como la izquierda en este país se autoengaña y confunde una y otra vez sobre los objetivos, razones, principios y consecuencias de lo que se pretende desatar en Cataluña con la consulta y la aceptación de facto del derecho a la autodeterminación de ese territorio.
Llevo años repitiendo las mismas ideas, intentando desmontar mitos, discursos, queriendo proyectar hacia el futuro y previendo las consecuencias evidentes de las decisiones que hoy podemos tomar, pero es que no doy abasto. La capacidad de invención de agravios, justificaciones y excusas conductuales del nacionalismo es vertiginosa, y para cuando has articulado una respuesta analítica (siempre mucho más compleja que el dogma a rebatir) ya se ha creado y propagado uno o dos nuevos principios propagandísticos.
A uno francamente le dan ganas de tirar la toalla, ya que muchos de nosotros carecemos de la paciencia necesaria para encarar este debate sin fin. Los nacionalistas son religiosos y por tanto creen en predeterminaciones y en destinos inevitables y, consecuentemente, creen caminar en la senda de la verdad. Al final las cosas serán como ellos quieren, en 2 años, en 50 o en 300, es simplemente cuestión de esperar. Quizá un nacionalista español pueda luchar en este campo pero yo no puedo, tengo una vida que vivir y me niego a pasarla en estos debates infinitos.

El artículo que he enlazado me resulta un pupurri de ideas descontextualizadas, análisis históricos erróneos, datos buscados ex-profeso para justificar una opinión predeterminada, y una tolerancia absurda hacia los principios nacionalistas. Hay cosas que sí me parecen acertadas, como por ejemplo cuando se comenta la verdadera cara de la derecha nacionalista y cómo ésta, en el pasado, pasó de defender a secesión a apoyar al general Franco en pocos años. El autor dice que algo parecido podría pasar con CiU y que, al ver sus privilegios económicos amenazados, se desdecirán y pactarán un régimen fiscal beneficioso o algo parecido.
Pero lo demás me parece disparatado. Se habla una vez más del poso franquista de nuestra constitución y se compara con Portugal, donde según el autor un origen revolucionario de su actual sistema político crea un escenario radicalmente diferente al nuestro, con una policía más suave con los manifestantes por esta razón (¿?). Claro, será que los policías españoles pegan a los manifestantes por la impronta franquista de nuestra constitución y no porque reciban órdenes de la delegación del gobierno, ya... ¿Y por qué los Mossos d’esquadra pegan más y mejor que los policías nacionales, señor Asens? ¿Ha visto usted actuar a la policía francesa? O mejor, monte un escándalo en medio de Manhattan a ver cuantos segundos tarda la policía en apuntarle con una pistola y en esposarle mientras aplasta su cabeza contra el suelo. Y hablamos de la republicana Francia y de la bicentenaria democracia americana, no de repúblicas bananeras.
Luego el autor nos deleita también con una frase de Fraga Iribarne ¡¡de 1967!! Que parece demostrar la sempiterna intransigencia de “España” contra Cataluña. Y como “España” es la derecha, el franquismo, el statu quo y todo lo malo mezclado, pues entonces el autor concluye que hay que hacer de la necesidad virtud y que dejemos que en Cataluña se haga lo que los nacionalistas quieran y así, una vez hecho, nos apoderamos del proceso, lo convertimos en el catalizador de un proceso constituyente general y arreglamos España entera gracias a un cambio de giro argumental propio de un guión de Óscar de Hollywood….ya, claro...
Otra frase genial: “no pocos apoyan esa vía como la única realista para ensayar nuevos encajes federales y confederales, de abajo hacia arriba, de forma fraternal y en plano de igualdad con otros territorios” (!!!) De verdad, ¿no hay nadie en este país que entienda que el federalismo y el confederalismo son esencialmente lo contrario? ¿Nadie conoce la historia de EEUU entre federalistas y confederalistas? Y lo que es peor ¿es que nadie entiende que no estamos en el siglo XIX, que Pi y Margall ni siquiera pudo en 1873 aplicar estas ideas?
Cuando leo a mis correligionarios de la izquierda hacer este tipo de encajes increíbles me deprimo mucho. Es infantilismo, incomprensión de las épocas históricas, apoyo al adversario por tendencia reactiva, etc. Nos quejamos de los mitos de los nacionalistas pero es que la izquierda tiene también unos mitos imposibles de erradicar, que pueden no ser tan irracionales como los de los nacionalistas pero a veces son incluso más infantiles que aquellos.

Pero quiero centrarme en una cosa. El autor dice, más o menos, que el gobierno de la Generalitat está apoyando la consulta y una eventual independencia porque se ha subido a la ola social de base que llevaba pidiendo estas cosas desde hacía tiempo. La Generalitat y CiU realmente no querrían esto pero lo apoyan para no quedarse fuera de juego. Más o menos podríamos decir que la calle y los movimientos populares mandan y marcan la agenda, y que el govern tan solo acata.
De verdad, hay que ser cándido para creer eso y para no darse cuenta que como mínimo el Govern también se está aprovechando de este movimiento popular, aunque probablemente lo que sucede sea directamente lo contrario.  Mirad, el otro día estaba repasando el “Cuaderno de la Pobleta” de Don Manuel Azaña. El cuaderno de la Pobleta es el diario que escribió Azaña entre mayo y diciembre de 1937, cuando era al presidente de la república y estaba en una situación privilegiada observando la política republicana. Azaña no llevaba el gobierno, su cargo era casi representativo, y así analizaba desde fuera la realidad del momento.
Azaña cuenta sus numerosas reuniones con el presidente del gobierno, ministros, políticos, etc. Entre ellos había muchos políticos de ERC y el que más le visitaba era Carles Pi i Sunyer, exalcalde de Barcelona. Bien, Azaña se llevaba bastante bien con Pi i Sunyer y tenía conversaciones larguísimas con él, conversaciones bastante duras por cierto. En ellas Azaña, ya absolutamente decepcionado con el nacionalismo catalán por varias razones, no se contiene en echarle en cara a los políticos de ERC su “deslealtad”.

Cuando se produce el golpe de estado de 1936 en la zona republicana se produjo una revolución anárquica con distinta intensidad y proyecto en función de la zona. En Barcelona la CNT era muy potente y en Julio de 1936 la ciudad y casi toda Cataluña acabó en manos de la CNT, que inicia una revolución libertaria que se superpone con las instituciones republicanas.
En aquel momento, y ante el colapso del estado y la situación anárquica, la Generalitat de Cataluña comienza a extralimitarse en sus funciones. Ocupa edificios del gobierno central (con la excusa de que así los protegían de los anarquistas), invade competencias, crea una consejería de defensa, envía tropas a reconquistar las Islas Baleares, incluso llega a emitir una moneda. La guerra y la revolución sirvieron a la Generalitat para apropiarse de todos los ámbitos de poder en Cataluña sobre el papel, porque en realidad no tenía poder ni para ejercer sus propias competencias al estar éste de facto en manos de la CNT. Pero en vez de dedicarse a intentar gobernar sus competencias se dedicaron a coger nuevas que tampoco podían ejercer.
Cuando Azaña le criticaba esto a los políticos nacionalistas catalanes éstos siempre se excusaban en que era un momento revolucionario y no podían dejar un vacío de poder. Azaña les replicaba que una vez pasado el momento revolucionario debían haber devuelto las competencias al gobierno central pero, al no hacerlo, demostraron que su objetivo real no era realmente ese. Y, al llegar a este punto, los políticos nacionalistas catalanes comenzaban a quejarse de que eran perseguidos, incomprendidos, sacaban a pasear la famosa “desafección”, etc. etc.
Por favor, recomiendo encarecidamente que leer el cuaderno de la pobleta y observar detenidamente las discusiones entre los nacionalistas catalanes y Azaña. Cualquiera diría que son conversaciones de 2012 o 2013 y no de 1937. Los términos, las ideas de fondo, los conflictos, las quejas, etc. Son exactamente las mismas que usan los políticos de CiU hoy en día. Descontextualizadas no seriamos capaces de diferenciar la época de la frase. Es por cosas como estas por lo que hablo de la predeterminación atemporal del nacionalismo.

La verdad es que Azaña tenía gran parte de razón en ese debate. Los nacionalistas catalanes de esa época intentaron utilizar cualquier conflicto (bien la proclamación de la república, bien la animadversión de la población a la CEDA, bien la revolución de la CNT) para quedarse competencias o para forzar un cambio estructural tendente a la independencia de Cataluña. Quizá en el momento revolucionario de 1936 tenía algún sentido algunas cosas pero de forma general todo correspondía a un objetivo nada disimulado de ir más allá del régimen autonómico.
¿Fue arrastrada la Generalitat republicana por la revolución de la CNT? Sí y No, fue arrastrada en algunas cosas pero en otras la Generalitat utilizó el caos para perseverar en sus objetivos y hacer lo que en una situación normal no hubiese podido. La revolución libertaria pasaría, pero las posiciones conseguidas persistirían, esa era su visión.
Esto es exactamente lo mismo que está pasando hoy en Cataluña. El gobierno de CiU se permeabiliza a las demandas populares por multitud de razones (para no quedarse fuera de la centralidad política, para ocultar sus recortes, para que no se hable de la corrupción propia) pero al final el planteamiento es que todo ese movimiento democratista y populista puede ser aprovechado en su interés, como método de forzar un nuevo estatus, como mecanismo para conseguir privilegios.
Cuando oigo a la gente de Cataluña decir que el movimiento popular por la independencia es el que marca el paso a CiU me parece enternecedor. El nacionalismo catalán tiene unos métodos, unas formas de encarar los problemas y una dialéctica determinada que no ha cambiado en toda su existencia por lo que parece. Siempre se presenta como víctima, siempre hacen las cosas por presión o culpa de otros, ellos siempre son moderados y prudentes y hacen las cosas casi sin querer.
Pero, al final, acaban poco a poco arrimando el ascua a su sardina. Como le decía Azaña a Negrín: “¿Lo ve? Ya están con componendas. No se lo permita, son como la hiedra, si les deja acabarán por rodearle y usted ya no se podrá mover”. Así actúa CiU y así actuaba la ERC de la república, siempre mareando, siempre pareciendo estar y no estar al mismo tiempo pero siempre consiguiendo por cansancio lo que se proponen. El comportamiento es moralmente censurable, pero políticamente hay que reconocer que son habilidosísimos.

Ya está bien de autoengañarnos. No hay ni maravillosos principios democráticos, ni posiciones de moderación ni defensa de voluntad popular alguna. CiU y ERC tienen su destino prefijado, tienen su predeterminación histórica y no la van a cambiar por nada. Parecerá que quieren dialogar, pactar, pastelear con todo el mundo, no perjudicar a nadie, dejarse regir por la voluntad popular…patrañas, es pura estrategia y etiqueta.

La izquierda no puede confraternizar con esto, no puede dejarse engañar por los cantos de sirena. Hagamos caso a la historia y no dejemos, como decía Azaña, que nos trepe a hiedra y nos rodeé. La igualdad de renta y la necesidad de hacer viables sociedades multiculturales está en juego, y me parecen cosas lo suficientemente importantes como para no dejarnos liar por discursos mentirosos y falsarios. 

martes, 22 de abril de 2014

Economía, Francia y el eje equivocado





















Después de una semana santa sin ninguna pasión varias ideas político-económicas asaltan mi cabeza al calor de las noticias y de las cosas que veo y me cuentan. Cada día es más potente en mí la idea, que nunca ha dejado de estar presente, de que nos están colando una nueva estafa económica, que nos están disfrazando de estabilidad y recuperación lo que es sin duda un enraizamiento profundo de unas bases económicas extraordinariamente nocivas y dañinas para la mayoría de la sociedad, a la espera de nuevas oleadas de “inevitables” medidas empobrecedoras.

Miro a Francia y veo como el nuevo flamante primer ministro Manuel Valls nos retrotrae a Mayo de 2010, donde nuestro primer ministro Zapatero nos regaló un paquete de medidas de inspiración alemana porque “no había alternativa”, porque había que recuperar “la confianza internacional”, porque no se podía “gastar más de lo que se ingresa”. En ese momento España tenía un terrible déficit público del 11% a causa de la destrucción de la base fundamental de nuestra economía, que era el sector inmobiliario. Se acababa de rescatar Grecia, teníamos que ser “solidarios” en los esfuerzos europeos, esfuerzos que eran más para unos países que para otros y más para unas clases que para otras.
Hoy Francia no tiene un 11% de déficit sino un 5%, Grecia no acaba de ser rescatada sino que celebramos con champán su vuelta a los mercados internacionales de deuda. Pero seguimos necesitando generar “confianza”, seguimos sin poder “vivir por encima de nuestras posibilidades”, y eso que estábamos saliendo todos de la crisis, Grecia con sus mercados de deuda abiertos, España con su flamante recuperación más allá del cabo de hornos y Portugal también saliendo de la crisis como le oí hace un mes a un ejecutivo portugués que repetía, para su país, las mismas frases prefabricadas que nos cuentan nuestros empresarios y nuestro gobierno aquí.
Pero en Francia se han rebelado. Un tercio de los diputados socialistas y por supuestos sus ex socios verdes se niegan a apoyar el plan del carismático Valls. Hay tres planes alternativos sobre la mesa que se han presentado por estos “rebeldes” pero, si los analizamos con detenimiento, tampoco cambian sustancialmente el proyecto inicial. Suavizan la transferencia de renta desde empleados públicos y pensionistas a empresarios pero sólo eso, suavizan, porque la tendencia es la misma. Un poquito de chanchullo de sensibilidad social pero poco más. El camino político es el mismo, más o menos abrupto, más o menos radical, pero el mismo al fin y al cabo.

Francia era o es la última frontera que les queda a los que se resisten a aceptar que la socialdemocracia está muerta. No los principios socialdemócratas ojo, sino la socialdemocracia como sistema social y de gobierno que es diferente. Al final el sistema vigente es terco y empuja a sus hijos al camino inevitablemente prefijado: O se le da a las empresas lo que desean, o el capital se deslocaliza. No hay más, sin cambios radicales en los principios que rigen el comercio internacional y las relaciones económicas entre el capital y el trabajo no hay mucho más que hacer. La cuadratura del círculo no existe.
Pero esto no se plantea, nadie se atreve a plantear que sin estos cambios radicales vamos más rápidos o más lentos hacia una igualación por abajo con los países que produzcan en las condiciones más miserables en el terreno laboral, el sanitario, el medio ambiental o cualquier otro. Bueno algunos sí lo plantean, post-comunistas y verdes lo plantean pero sin una hoja de ruta clara, sin saber ni poder ni querer explicar a la sociedad los sacrificios que tendríamos que sufrir de ir por esa vía. Y al final el ciudadano percibe que estos grupos son idealistas pero sin el sostén técnico necesario para confiar en ellos.

Uno de los problemas que tenemos es la aceptación de los ejes de debate equivocados y muchas veces el posicionamiento reactivo e incorrecto en los mismos. Por ejemplo, cuando los gobiernos conservadores o social-conservadores nos dicen que hay que recortar el gasto público porque “no se puede gastar más de lo que se ingresa” en parte tienen razón. Es decir en parte no, la tienen casi toda. Es absolutamente obvio que un país no puede gastar más de lo que ingresa, un año sí, dos también pero no de forma sostenida. Valls dijo el otro día que la deuda es esclavitud y eso es absolutamente cierto.
Y la izquierda se revuele contra eso. “¡No hay que aceptar la política de eliminación del déficit!” dicen muchos. ¿Y qué hacemos? ¿Gastamos hasta una suspensión de pagos? Otros, más sensatos, dicen que el problema es de ingresos y no de gastos y eso es cierto, pero hay un problema técnico que nos lleva a un callejón sin salida: ¿Realmente se pueden aumentar los ingresos de una forma que no sea cargar de impuestos a las clases más débiles? Pues no, no se puede sin cambios radicales. Ahora se habla mucho del fraude fiscal como si fuese eso la panacea pero ¿realmente se pueden eliminar los déficits eliminando el fraude fiscal? Sobre el papel sí pero el problema es que eliminar el fraude fiscal necesita tiempo y una cantidad ingente de recursos, y además hacerlo tiene consecuencias porque, nos guste o no oírlo, hay fraudes fiscales que de ser eliminados harían inviables las actividades económicas que los generan. Es decir, perseguir el fraude de los empleos más precarios acabará con el fraude pero, también, con muchos de esos empleos.
Ahora, hay una cosa absolutamente cierta en lo que dicen los enemigos de la austeridad: Por cada euro que recortamos el efecto sobre el país es catastrófico. Al reducir el déficit se hunde el país, se entra en recesión, se empobrece la gente, etc. El remedio es peor que la enfermedad para la mayoría de la población. Esto es lo que dicen los socialistas franceses rebeldes y con razón. Otra cosa es hacia dónde desemboca eso, que suele ser hacia no hacer nada. A veces tengo la sensación que la “izquierda” ex socialdemócrata lo único que hace es ganar tiempo esperando no sé muy bien qué.

Al final el conflicto me parece que está claro y parece que no queremos afrontarlo: O se cambian radicalmente las normas y realidades que regulan el comercio internacional y las relaciones entre el capital y el trabajo o nos vamos al carajo a medio plazo (muchos, la mayoría, pero claro no todos porque esto es una cuestión de intereses). Porque este camino de bajarnos los sueldos para ser competitivos tiene el recorrido que tiene y vale para lo que vale: Generar empleos de bajísimo valor y remuneración y pequeñas empresas basadas en la supervivencia.
¿Sabéis cuánto es el sueldo de un trabajador en la China actual? Está en unos 500 euros. Aquí los salarios que están quedando no son mucho mayores, aunque es cierto que con los costes laborales se quedan en más o menos el doble. Pero ya no son las diferencias brutales de antaño, si añadimos el coste del transporte, la homologación, etc. ¿No deberíamos empezar a ser competitivos contra las exportaciones chinas? Sí, deberíamos, pero es que no lo somos.
Porque al final el problema no son los salarios, ni siquiera los costes laborales. Es que aquí las empresas deben cumplir leyes medioambientales, leyes de seguridad laboral, aquí tenemos una política de moneda fuerte que perjudica la exportación. Aunque nos equiparemos en salarios al final allí trabajan más horas, no tienen estrictas normas de seguridad e higiene, pueden contaminar cuanto quieran aunque la gente de Pekín se tenga que encerrar en casa varios días al año o, directamente, la política monetaria e impositiva se hace arbitrariamente en beneficio de la exportación.
¿Qué nos van a decir cuando acabemos el “ajuste” salarial? ¿Qué no podemos depurar el agua porque no somos competitivos si lo hacemos? ¿Qué no se puede proveer a los trabajadores de un equipo de trabajo adecuado para su seguridad? Ya no sería la destrucción del estado del bienestar, sería la destrucción de todas las mejoras sociales generadas en más de un siglo.
Y no penséis que es ciencia ficción, esto ya está pasando en las oscuras cloacas del subempleo. El otro día el diputado valenciano Ignacio Blanco contaba cómo se abusaba de los inmigrantes en las tareas agrícolas. No sólo los salarios eran los mínimos permitidos sino que al inmigrante se le obligaba a comprar o a alquilar el equipo de trabajo para recoger la fruta (gafas, guantes, mono, etc). Dijo Blanco que llegó a ver una nómina en negativo, es decir, teniendo que pagar el inmigrante al empleador porque el equipo de trabajo le costó ese mes más que su sueldo.

Y ya no es el rival “exterior” sino que también es el vecino benevolente. El otro día estuve en un cliente que me estuvo contando cómo dos empresas alemanas habían penetrado en su sector en el último año y actualmente estaban llevándose el 40% de los encargos en España. Le estuve inquiriendo sobre la calidad de los productos y sobre otras muchas cosas para ver dónde estaba la diferencia y al final la diferencia era económica: El producto alemán era un 10% más barato.
¿Cómo puede ser eso?” le pregunté, “¿No son los salarios mucho más altos en Alemania?”. Sí, lo son, pero el problema básico no estaba ahí. ¿Sabéis donde estaba? En que la empresa Alemana se financiaba al 0,5% anual mientras que en España las empresas se están financiando al 7% o, si están en buenas condiciones, quizá lo encuentren al 5%.
Tenemos la misma moneda, el mismo mercado interno, hay unificación hasta en los números de cuenta bancaria pero…ellos se financian a un coste ridículo. Y así va el imperio alemán, expandiendo poco a poco su economía por el resto del continente. Los franceses como locos pidiendo que el BCE devalúe el euro para poder exportar pero ¿para qué? A los que mandan allí les va bien así.

Yo sé que es complicado, sé que ir hacia una restructuración entera de las cosas requiere grandes ideas políticas, pero no podemos seguir en este estado de las cosas. El debate no puede ser entre austeridad, reducción de salarios, devaluación interna y destrucción del estado del bienestar, por un lado, y anti-austeridad, enrocamiento en los derechos adquiridos e inmovilismo por el otro. Este debate, esta dualidad política, no puede acabar en nada más que en la victoria absoluta del primer grupo sobre el segundo.
Siempre he leído que uno de los errores de la II república fue intentar cambiar demasiadas cosas en muy poco tiempo sin valorar adecuadamente las resistencias que generaría. Pues bien creo que el problema básico en esta época es exactamente el contrario, es decir, creo que lo que procede es un cambio radical de toda la estructura económica porque sino no hay manera de ajustar los esfuerzos económicos. Hay que replanteárselo todo, desde lo fundamental, que es revertir esta transferencia de renta desde el trabajo hacia el capital, pero también todo lo que hay por debajo de esa prioridad.
Hay que analizar lo que cobran los funcionarios públicos, lo que cobran los pensionistas de pensiones más altas, la necesidad de ciertas administraciones, los privilegios de determinados grupos de trabajadores sobre otros, la burocracia absurda, el sistema fiscal, la compartimentalización de los ingresos de la seguridad social respecto a los demás, las leyes que regulan el comercio exterior, el papel de la política monetaria, etc.  Todo eso debe teorizarse, plantearse y crear un plan de cambio radical de la estructura económica, paso a paso y sin grandes sobresaltos pero en una política firme de sesgo igualitarista.


Ahí es nada. Quizá pido la luna, no lo sé. Y quizá haga falta también, para este menester, ese cirujano de hierro que decía Joaquín Costa, alguien que no le importe tener que salir al exilio voluntario hacia el país más lejano que encuentre en el momento haya terminado su obra económica y haya soliviantado a todo el mundo.

martes, 15 de abril de 2014

Desmitificando la II república













Observo estos días, al cumplirse el 83 aniversario de la proclamación de la II república en España, como la reivindicación de la república cobra más fuerza que nunca. Fundamentalmente desde sectores de izquierda (aunque no solo) se mira a la república como un ejemplo de libertad y progreso en contraste con el actual régimen salido de la transición, que por diversas razones ha degenerado y ha perdido el apoyo de una parte importante de la ciudadanía.
A mí, que he sido republicano desde que tengo uso de razón política, esto me hace mucha gracia. En cierta manera y dentro de mi juventud me siento como un “camisa vieja” del republicanismo, de los que ya decíamos que este país debería ser una república antes de que el rey cazase elefantes, tuviese yernos corruptos o se rompiese la cadera en viajes clandestinos junto a su amante. Cuando la gente viene al redil de los republicanos siempre pienso maliciosamente “os lo llevo diciendo años”, con la satisfacción típica del pionero.
Sin embargo hay algo que supera a mi republicanismo y esto es mi seriedad y mi respeto por la verdad. Y en toda esta marea republicana veo una cosa que es ridícula e incluso peligrosa, y esa es la mistificación de las repúblicas en general y de la II república en particular.

Hay una dualidad falsaria que se está estableciendo en ciertos segmentos de esta sociedad sobre la democracia actual y la democracia republicana del periodo 1931-1936. La democracia actual sería, según esta visión, una democracia vigilada, partitocrática, tutelada por los grandes poderes fácticos del país, con una constitución chapucera y elitista y, en definitiva, una especie de engendro fabricado para blanquear y actualizar un franquismo jamás desaparecido del todo.
La democracia republicana, también según esta visión, sería todo lo contrario. Una democracia pura, popular, donde el pueblo realmente tenía el poder, con una constitución avanzadísima que colmaba de derechos y libertades a los ciudadanos. En definitiva, el sistema político de la II república sería el ejemplo a seguir, sería el horizonte al que tendríamos que aspirar como país.
Obviamente eso es un posicionamiento maniqueo. Ni la democracia actual está sostenida en bases legales tan corruptas ni la democracia republicana era tan pura y tan perfecta como se vende. Es más, desde muchos puntos de vista el sistema democrático actual es bastante más avanzado que el existente en la época de la república.

Ciertamente sí hay cosas más avanzadas en la constitución republicana que en la actual. Para empezar el propio hecho de que el jefe del estado sea un civil y sea elegido bajo procedimientos democráticos es obviamente un avance social respecto a un estado monárquico. Además y a diferencia de las actuales leyes por las que el rey es inviolable, el presidente de la II república sí tenía responsabilidad penal.
Otro punto donde creo que la constitución republicana era más avanzada es en el asunto de la libertad religiosa. Ambas constituciones dicen que España no tiene religión oficial pero la actual constitución pone una coletilla: “Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”. Esto es lo que permite, por ejemplo, que en España se enseñe religión en los colegios públicos, se esté financiando a la iglesia mediante la hacienda pública o que la religión católica esté presente en actos de estado. Estas cosas estaban prohibidas por la constitución republicana, lo que aseguraba un estado verdaderamente laico.
Hay más cosas que me parecen positivas de la constitución republicana, como que su reforma es más fácil. Para reformar un artículo esencial de la actual constitución se requieren 2/3 de las cortes generales en dos legislaturas diferentes y finalmente un referéndum. En la constitución republicana, en cambio, bastaba con la mayoría simple de dos parlamentos consecutivos, sin necesidad de referéndum. No obstante y aunque me parece que es más flexible la constitución republicana observemos como la actual da más poder directo al ciudadano para vetar una reforma (que no para promocionarla).

Sin embargo la constitución actual es más avanzada en otros aspectos. Reconoce, por ejemplo, el derecho a la objeción de conciencia y obliga al legislador a regular ésta. También reconoce el derecho a la sanidad y la obligación de que el estado tome las medidas necesarias para garantizar este derecho, algo que la constitución republicana no hace claramente. La constitución actual también obliga a mantener un régimen público de seguridad social.
En la constitución del 78 pueden votar los ciudadanos mayores de 18 años mientras que en la del 31 podían votar los mayores de 23. También habla de los derechos de los niños, de la protección especial a minusválidos, de la importancia de los convenios colectivos o de una política orientada al pleno empleo. Todas estas diferencias son probablemente de época pero hay que reconocer que la constitución del 78 recoge estas problemáticas sociales mucho mejor que la del 31.
Nuestra constitución actual también es más amplia en cuanto a las posibilidades de la autonomía que la republicana. De hecho la actual inmersión lingüística que se da en el sistema educativo catalán no podría darse bajo la constitución republicana, que obligaba a que el castellano fuese “instrumento de enseñanza”.

De todos modos yo siempre huyo de la “filia constitucionalista”, es decir, esa creencia popular de que para que un país funcione adecuadamente la constitución debe regularlo y marcarlo todo. No, eso no es así, más que la constitución en sí lo importante es todo el desarrollo legal posterior que es lo que marca en funcionamiento y realidad de la sociedad. Lo importante es la realidad legal y el día a día, no los principios constitucionales muchas veces abstractos e inaplicables.
Y por eso debemos ir al día a día de la II república. Y la verdad es que la realidad social que se vivió durante la época de la república fue menos democrática y menos “libre” que lo que hemos vivido en los últimos 30 años. Para empezar debemos decir que los dos primeros años de la república estuvieron marcados por la existencia de la “ley de defensa de la república”, una ley preconstitucional que se aplicó excepcionalmente durante los dos primeros años de vigencia de la constitución porque los republicanos consideraban que el régimen debía ser defendido de sus enemigos por encima de todo.
La ley de defensa de la república permitía, por ejemplo, prohibir los vivas al rey, las banderas monárquicas o cualquier cosa que se considerase subjetivamente que atentaba contra el régimen republicano. La ley de defensa de la república permitía también multar a periódicos o incluso evitar su difusión, prohibir manifestaciones y también huelgas “políticas”. Y todo ello no se dirimía por los tribunales de justicia sino que dependía directamente del ministerio de gobernación (interior), en un claro ejemplo de arbitrariedad gubernativa.
La ley de defensa de la república convertía de facto algunas libertades constitucionales en papel mojado. Podía haber motivo justificado para la ley (de hecho se demostró que la república tenía poderosos enemigos y que éstos acabaron destruyéndola) pero en cualquier caso hay que ser consciente que esta ley suponía una violación de las libertades constitucionales que no hemos sufrido en toda la vigencia del régimen del 78.

Las leyes republicanas tampoco eran humanitaristas y liberadoras como a veces pareciera. La "ley de vagos y maleantes", conocida por haber sido muy usada durante el franquismo, es una ley que promulgó el gobierno Azaña en 1933. Bien es cierto que esta ley originariamente estaba pensada para controlar la mendicidad profesional y el proxenetismo y que fueron realmente las modificaciones que hizo el franquismo (que incluyó la persecución de la homosexualidad en la misma) las que le dieron su carácter represivo, pero en cualquier caso también era una ley un tanto arbitraria y que dejaba la puerta abierta a abusos contra las personas sin recursos.
Además de la naturaleza de las leyes debemos darnos cuenta que en los cinco años y tres meses en los que la república vivió en paz se decretaron 62 veces los estados de alarma (prevención), excepción o guerra. Cada vez que uno de estos estados excepcionales era declarado ciertos artículos de la constitución se dejaban en suspenso y las libertades de los ciudadanos por tanto se veían afectadas. Por mucha constitución que haya si ésta está suspendida parcialmente cada dos por tres su vigencia acaba siendo muy limitada. Durante los casi 35 años de vigencia de la constitución del 78 solamente se ha decretado el estado de alarma una vez, en 2010 y ante la "huelga" de los controladores aéreos.
Adicionalmente durante la república hubo fusilamientos a pesar de que la pena de muerte había sido eliminada por la constitución. Esto pudo ser porque, al declararse los estados excepcionales, muchos ámbitos pasaban a regirse bajo la jurisdicción militar y en ese ámbito la pena de muerte permanecía vigente.

Está bastante claro, pues, que a nivel de libertades individuales el periodo de la constitución del 78 ha sido mejor que el republicano, pero es que a nivel político yo creo que también. Actualmente nos quejamos mucho de la ley electoral que minimiza a los partidos pequeños nacionales y sobredimensiona a los grandes. Se echa la culpa a la ley d’hont, pero realmente la culpa es fundamentalmente de las circunscripciones provinciales.
Bien, en 1931 fue el gobierno provisional de la república quien implantó las circunscripciones provinciales. Además de eso el sistema electoral republicano era mucho más mayoritario que el actual porque otorgaba el 80% de los escaños de una circunscripción a la lista más votada, eliminando la proporcionalidad de forma absoluta. Si las cortes republicanas resultaron ser un crisol de partidos fue por un lado porque había menos homogeneidad en las decisiones políticas entre provincias de la que tenemos actualmente, y por otro porque los partidos se juntaban en coaliciones pero, al llegar al parlamento, luego votaban por su cuenta.
Respecto a la “limpieza” de las elecciones creo que se puede decir que con casi toda seguridad son más limpias las elecciones en la democracia actual. En la España de los años 30 todavía sobrevivía un fuerte caciquismo y la compra de votos por los caciques era habitual. La “coacción” para el ejercicio del voto también era mayor en otros campos, bien fuese desde los púlpitos de las iglesias, desde las tarimas de los mítines obreros o de los propios maridos sobre sus mujeres. De forma general las elecciones de la época republicana fueron limpias aunque se conocen casos de fraude electoral parcial en varios sentidos que, no obstante, no parece que alterasen los resultados finales.

Hay que tener mucho cuidado con no falsear la historia. Está fuera de toda duda que la II república era un régimen legítimo y democrático y que el golpe de estado contra ella fue quizá el acto más terrible y condenable de la historia contemporánea de España. Los objetivos de la república fueron nobles y ojalá no hubiese habido guerra civil y la democracia hubiese continuado vigente desde entonces hasta nuestros días.
Pero la república no fue un paraíso y su estructura legal no fue ninguna maravilla. Probablemente si no hubiese acabado como acabó la estructura jurídica y la constitución hubiesen sido reformadas en varios sentidos. Tenemos que ser serios en el análisis y no sacralizar épocas y realidades jurídicas que tenían virtudes pero también defectos.
Muchos de los problemas que vivió la república se debieron a su época histórica, a las amenazas que sufría, a la sociedad tan polarizada que tuvo que gobernar y a la sombra del fascismo que acechaba en toda Europa. Eso es verdad pero la realidad es la que es, las libertades de la época republicana eran menores que las actuales como también lo eran en la Francia o la Inglaterra de los años 30 respecto a sus realidades actuales. No reconocer esto es absurdo.

Sacralizar la II república me parece que no tiene sentido, no debemos creernos una serie de mitos creados para intereses políticos determinados. La creación de un paso glorioso y puro es precisamente lo que hacen los nacionalistas para sostener sus irracionales posicionamientos políticos, crear una mitología representa esencialmente lo contrario de lo que yo creo que debe ser la política, es la captación de adeptos por sentimentalismo y simplificación en vez de por convencimiento y mediante la razón. No debemos imitar los métodos de los adversarios con los que no compartimos valores.
Tampoco conviene creer que una república per se cambiaría la realidad política en España. Una monarquía parlamentaria es esencialmente similar a una república parlamentaria y ambos regímenes pueden ser víctimas de vicios, manipulaciones y desnaturalizaciones similares. No hay más que mirar a nuestros países vecinos o a las repúblicas latinoamericanas.

Ojo, que yo quiero una república, que quiero que podamos elegir al jefe del estado y eventualmente eso defenderé cuando proceda. Pero no tener una república es el menor de nuestros problemas y no estamos precisamente sobrados de fuerzas para confundir las prioridades, y mucho menos si además tenemos que crear ídolos de cartón-piedra.

sábado, 12 de abril de 2014

El conflicto de la corrala utopía ¿quién tiene razón?















El conflicto generado por el realojo de los expulsados en la corrala utopía ha estado a punto de romper el pacto de gobierno en Andalucía entre PSOE y IU. El pasado jueves la presidenta de la junta de Andalucía, Susana Díaz, anunció que retiraría a la consejería de fomento (en manos de IU) las competencias sobre vivienda después de que ésta realojase de forma excepcional a los desahuciados de la corrala utopía.
Después de cumplir el anuncio y de larguísimas reuniones entre PSOE y IU, Susana Díaz devolvió las competencias sobre vivienda a la consejería de fomento. Aparentemente el pacto alcanzado habría conseguido que el número de familias realojadas provisionalmente pasase de las 17 iniciales a las 8 más vulnerables, y que en todos los casos se haga una revisión urgente de su situación real por parte de los servicios sociales.

Desde el momento en que me enteré este conflicto me pareció muy interesante porque representaba una pugna entre la necesidad de cumplir los procedimientos legales de forma ordenada y objetiva que no podemos evitar si queremos un buen funcionamiento de la política pública (que sería la postura de Susana Díaz), y por otro lado la necesidad de una actuación rápida y por encima de la burocracia que a veces es inevitable en casos extremos si se quiere dar una solución efectiva (que sería la postura de IU).
Este es un debate muy interesante: ¿Hay que cumplir siempre las regulaciones y disposiciones legales aún cuando no son efectivas? ¿Y si detectamos que la burocracia acaba “matando” el espíritu de las leyes? Pero por otro lado si nos saltamos o flexibilizamos la ley a conveniencia ¿no caemos en una arbitrariedad que puede degenerar en injusticias? En definitiva, todas estas preguntas encajan en el clásico ¿el fin justifica los medios?
Este es el debate que se tendría que haber mantenido en este país estos últimos días pero desgraciadamente vivimos en un país maniqueo y muchas veces irracional, y en vez de generarse un debate lo que ha pasado es que las filias y las fobias han salido a la luz. Casi todos los medios de comunicación han salido a defender entusiastamente a Susana Díaz, alabando su autoridad por meter en cintura a los “comunistas” de IU que querían convertir la consejería de fomento en un cortijo para repartir viviendas para los afines o quizá para regalárselas a todos los okupas de Andalucía.
Por otro lado, en el entorno de IU se ha comenzado a llamar a Díaz “defensora de los banqueros”, se han movido por las redes sociales fotos de Díaz con Emilio Botín o montajes gráficos varios y se han dado justificaciones un tanto peregrinas sobre la legalidad y casi obligatoriedad de los realojos, en oposición a unos socialistas que preferirían defender a los capitalistas en vez de cumplir la ley.
España es horrible para algunas cosas y entre ellas están los debates serios. Cuesta horrores tener uno. Recuerdo la pena que expresaba Azaña sobre la España que le tocó vivir, cuando decía que era un país lleno de “fanatismo, atraso, envidia, violencia”, etc. A veces me pregunto si realmente hemos cambiado tanto como creemos...


La corrala utopía era un símbolo para el movimiento anti-desahucios y de reivindicación de vivienda digna desde hace mucho tiempo. Un edificio abandonado propiedad de un banco, ocupado por familias con necesidades que habían sido desahuciadas y en el que se vivía en situación muy precaria (no había ni agua ni luz). Esta ocupación fue en cierta manera ordenada, que generó un movimiento organizado tanto dentro de la propia corrala como de apoyo exterior, que enlazó con movimientos como el 15-M, la PAH o algunos sindicatos.
Los ocupantes no han sido siempre los mismos sino que hubo familias que se fueron y otras que llegaron, por lo que la corrala más que un movimiento de ocupación puntual fue casi como una mini-ciudad para desahuciados. Han estado peleando con las administraciones mucho tiempo para conseguir una solución global para todas las familias allí afectadas, solución que no pudo llegar a tiempo debido a que la orden de desahucio llegó antes.
La corrala también estableció relaciones bastante amistosas con IU, sobre todo a través de su portavoz in pectore Irma Blanco, militante de la coalición. Blanco, de hecho, ha sido quizá el punto de mira más claro de las críticas porque tiene desde hace unos meses un trabajo temporal en uno de los ayuntamientos que gobierna IU, lo que le valió a los críticos para arremeter contra la arbitrariedad de la decisión del realojo pues, según ellos, no lo merecía al tener ingresos y demostraba además cuan arbitrariamente actúa IU en las contrataciones y concesiones allá donde gobierna.

Susana Díaz entendió que el realojar a los desahuciados de urgencia, saltándose las listas de espera y los procedimientos legales, era algo arbitrario y que, además, podía tener un pernicioso efecto sobre los acontecimientos futuros porque parecía premiar las ocupaciones. Desde una posición de gobierno parece haber razonado que no se puede dar prebendas a quien más ruido hace, porque la gente podría concluir que la manera más rápida de tener una vivienda social es ocupar una casa y montar un movimiento organizado en este sentido.
La percepción de Díaz es normal en un gobernante pero es un tanto irreal. En realidad, y es así en todas partes, la administración suele tratar mejor a las personas que más ruido hacen y más molestan. ¿Para qué se hace una huelga sino? ¿Para qué se hace una manifestación? ¿Qué son las ocupaciones de tierras, los escraches, las acciones contra los desahucios de la PaH, etc? La base de todo esto es “molestar”, hacer daño y llamar la atención para que se atienda a tus reivindicaciones, que consideras justas.
Cuando el sector del metal hace una huelga para que le suban el salario un 10% lo hace en defensa de sus intereses y no se pone a pensar en que es “injusto” que al sector de la madera no se lo suban. Ellos luchan por lo que creen justo o conveniente y no se ponen a pensar en la realidad colateral que genera. Los poderes públicos también hacen los mismos análisis que Díaz en este caso, es decir, piensan que si le dan a ese sector lo que pide mañana vendrán los del otro a pedir lo mismo y seguramente con mucha más fuerza moral que los primeros.
Pero la realidad es que muchas veces los poderes públicos conceden a los huelguistas, manifestantes o revoltosos lo que piden, y lo hacen sencillamente porque valoran pros y contras y deciden que las consecuencias del arreglo son menos malas que el problema que tienen en frente. Y así es como funciona la sociedad, “quien no llora no mama” que dicen. No es el sistema ideal por supuesto, no son soluciones justas para todos, pero esta es la consecuencia inevitable de vivir en sociedad, de tener conflictos y de tener un estado de las cosas esencialmente injusto. La política no consiste en implantar la justicia perfecta, la verdad es que suele consistir en algo bastante más modesto: En hacer lo menos malo en los momentos en que hay conflictos.

No obstante las familias de La corrala no suponían ni un problema de orden público, ni iban a paralizar la economía ni a implantar el comunismo libertario en las 17 comarcas sevillanas de los alrededores. La corrala ha podido ser muy combativa pero eso no justifica, desde la posición de la administración, el actuar con arbitrariedad. El problema básico de esta situación es que en la lista de demandantes de vivienda social de Sevilla o Andalucía hay mucha gente que está en situación bastante más crítica que la gente de La corrala y concederles a éstos la vivienda de forma excepcional es arbitrario y parece que se ha hecho sencillamente por una política efectista cara a la opinión pública (por propaganda, vamos) y quizá también porque Irma Blanco es de IU, algo que de ser así prácticamente representaría prevaricación tal y como dijo Díaz el jueves.
La motivación de la consejería de IU para hacer lo que hizo no se puede saber, pero hay veces que las justificaciones que salen del propio acusado te hacen sospechar. La justificación básica que se ha dado y que IU se ha encargado de transmitir de forma vírica por las redes sociales es que estaban obligados al realojo por la sentencia del juzgado que autorizó el desahucio. La parte de la sentencia con la que se justifican es esta:

Debiendo notificarse la presente resolución a las consejerías de fomento y vivienda y a la de asuntos sociales de la junta de Andalucía y, a la delegación de asuntos sociales del ayuntamiento de Sevilla, a fin de que provean lo necesario en caso de que se encuentren en el edificio menores y otras personas en riesgo de exclusión social

Según las gentes de IU esta sentencia obliga a la consejería de fomento a realojar a las familias desahuciadas que tengan menores o estén en situación de exclusión social, pero la sentencia no dice eso. La sentencia lo que dice es que hay que informar a las administraciones para que éstas tomen las medidas pertinentes en función de las leyes vigentes para, si procede, ayudar a esas personas. No dice que deban ser realojadas, dice simplemente que se tiene que informar a las administraciones.
La cuestión aquí sería, pues, ¿hay alguna ley en Andalucía que diga que las familias desahuciadas deban tener ipso-facto una vivienda para su alojamiento temporal cuando son desahuciadas? O cambiando la pregunta ¿cada vez que hay un desahucio la consejería concede una vivienda pública a los desahuciados? Si la respuesta es No (y me temo que es No), entonces la consejería dirigida por IU ha actuado arbitrariamente.
Que haya actuado arbitrariamente no quiere decir que haya actuado ilegalmente, ojo. La ley andaluza deja abierta excepciones en la concesión de viviendas a criterio de la propia consejería y por tanto el haberse saltado las listas de espera de demandantes de vivienda social no es ilegal. Podría ser prevaricación si se demostrase con pruebas que se ha dado ese trato de favor a La corrala por cuestiones de amiguismo, propagandísticas o algo así, pero si eso no se puede demostrar legalmente no hay incumplimiento alguno.
Ahora, no todo lo que es legal es moral. Y ese es el debate ¿es moral y ético haber otorgado esta vivienda a los desahuciados de La corrala por encima de otros demandantes que llevaban más tiempo en la lista y/o tenían situaciones más difíciles? Y personalmente, y a la vista de las justificaciones de la gente de IU que no me convencen, yo creo que no lo es.

Desde IU también se ha criticado que lo que pretendía Susana Díaz era “enfrentar a unos pobres contra otros”. La estrategia de enfrentar a los pobres entre sí es muy habitual de nuestros gobiernos y es una manera de evitar que los pobres miren “hacia arriba” manteniéndolos despistados y enfadados viendo lo que tiene el vecino más que ellos. Son estrategias de control social, que se aplican desde el poder para evitar que las clases bajas se integren en un movimiento común que pueda poner el riesgo el sistema entero.
Lo que pasa es que no se puede usar el comodín para todo y que haya muchísimos casos en que la “guerra de los pobres” se use para inactivar protestas sociales en ciernes no implica que todo lo que no te gusta tenga esa motivación. Los recelos de Susana Diaz con la posición de IU no tienen nada que ver con enfrentar unos pobres contra otros, su motivación es de estado, de gobierno, de que las decisiones se ajusten a las leyes y que no se cometan arbitrariedades desde el poder público. Esa es la motivación entiendo yo, y no aliarse con Botín, enfrentar a los pobres o forzar unas elecciones anticipadas para gobernar con el PP o con UPyD como también le he leído a algún conspiranoico.
Y sí, que luego podemos sacar el “tu más” y decir que mayor arbitrariedad que la de los ERE's no ha habido jamás en Andalucía. Bien, pero eso ya es sacar el ventilador como defensa cuando crees que no has hecho bien las cosas. Susana Díaz parece no tener responsabilidad alguna en los ERE's y salir por ahí me parece que no tiene sentido.

Quizá he dado una visión excesivamente legalista sobre la política. Yo soy el primero que reconozco cuando una política ha quedado inutilizada por la burocracia (ley de dependencia, por ejemplo, que había gente que se moría antes de recibir las ayudas) y que muchas veces es necesario bordear el sistema legal para buscar soluciones efectivas a los problemas. En el tema de los desahucios, por ejemplo, me he mostrado a favor de las acciones de la PAH y de los escraches porque entiendo que la situación es lo suficientemente grave como para que haya que enfrentarse a una ley que manda a la marginación casi sin solución a miles de personas al año.
Pero una cosa es un movimiento social y otra es una administración de gobierno, una cosa es el conflicto entre un banco y unos desahuciados y otra es un conflicto sobre arbitrariedad gubernativa no justificada que beneficia a unos respecto a otros sin un motivo sólido. Son cosas esencialmente distintas y que no podemos revolver en una maraña de confusión que lo mezcle todo.

Si la consejera de fomento y los miembros de la administración de esa consejería se hubiesen encadenado a La Corrala y hubiesen sido detenidos yo hubiese defendido el primero su liberación y su libertad sin cargos. Porque la resistencia a una ley injusta y nociva me parece defendible, sin embargo la gestión arbitraria de los recursos de todos No. Así pues, y sintiéndolo mucho por quien no quiera leerlo, creo que Susana Díaz es quien tiene razón en este caso sin perjuicio de todos los matices que he comentado en el desarrollo.

martes, 8 de abril de 2014

Reflexiones sobre las "naciones florecientes"














Antes de nada os pediría que leyeseis este artículo de opinión de Santos Juliá. Santos Juliá es uno de los historiadores de cabecera de EL PAÍS y por mucho que me desagrade la línea editorial de este periódico últimamente las columnas de Juliá siempre las leo con mucha atención. He leído bastantes escritos de Juliá analizando la II república y la guerra civil española y siempre me ha parecido que está muy acertado en sus análisis.
En este escrito Juliá habla de las naciones “que florecen” y analiza un cambio de paradigma histórico desde la desintegración de la URSS. Si bien, según su tesis, después de la segunda guerra mundial se consideró el nacionalismo como ideología peligrosa y culpable de las dos grandes guerras, desde la desintegración de la URSS y Yugoslavia y la consecuente creación de nuevos estados el nacionalismo para haber vuelto a florecer y a ser generalmente aceptado. El concepto de nación, que fue conceptualizado como un anacronismo cultural y secundario hasta el fin de la URSS, hoy se ha reactivado.
Santos Juliá habla del caso de España y de cómo se han creado “naciones” en el imaginario colectivo gracias el trabajo cultural constante del nacionalismo y al aprovechamiento de las estructuras de estado creadas en España a finales de los 70. No habla sólo de Cataluña o Euskadi, sino que incluye también a Galicia, el País Valenciano, Aragón, Baleares, etc.
Finalmente acaba el texto así: “una vez hechas (las nacionalidades), son, y sería propio del avestruz negarse a ver el ser de lo hecho” (…) “ahí está el hecho más asombroso de las últimas décadas: asistir, como si de una nueva primavera romántica se tratase, al florecimiento de tantas naciones. Lo que vaya a ocurrir con el Estado, ¿a quién importa?

Yo no voy a descubrir a nadie quién soy ni lo que pienso. Soy claramente anacionalista, creo que las naciones son construcciones subjetivas y arbitrarias creadas por los intereses de unas élites para dominar a las masas. Considero al nacionalismo una ideología que, si supera ciertos límites, es potencialmente peligrosísima y creo, por tanto, que el deber de todo izquierdista es oponerse a la hegemonía cultural nacionalista y combatir el nacionalismo desde la raíz.
Y es por eso mismo que leo a Juliá y veo que tiene razón en su análisis social/histórico de los acontecimientos, y eso me llena de pena. El nacionalismo, el tribalismo, ideas decimonónicas que vuelven y vuelven como solución fácil cada vez que el mundo se enfrenta a la incertidumbre de un cambio de época, cada vez que el resto de actores políticos se quedan con un discurso anticuado ante los nuevos retos, cada vez que las élites quieren manejar a una población perdida y asustada.
En cada país aparece de una manera. En el este de Europa el nacionalismo de los actuales estados crece y crece, en contra del estado vecino, o en contra del grupo cultural vecino, o en contra de la globalización o de la influencia rusa (o de ambas). En Hungría gana elecciones el populismo nacionalista, en Ucrania los nacionalistas toman las cabeceras de las manifestaciones... En el oeste las cosas son algo distintas pero no tanto: El populismo nacionalista da soluciones desde el estado contra la globalización, la deslocalización y la inmigración (Frente Nacional en Francia, Wilders en Holanda), y en otros países un populismo similar las da contra el estado, desde posiciones centrífugas que pretenden solucionar todos los males desde la “patria” más pequeña (Cataluña, Euskadi, Padania, Flandes).
Pero todo es lo mismo: La nación per se, la que sea, como sea, solucionadora de todos los males que nos trae un futuro incierto que ha superado a las ideologías tradicionales. Sin que se vean cercanos los peligros que antaño causó el nacionalismo romántico, que en palabras de Juliá llegaron a “su primera apoteosis con el nacional-imperialismo que arrastró a Europa a su gran guerra, y alcanzada su cima con el nacional-socialismo y el fascismo, religiones políticas que desencadenaron la segunda guerra grande”, sí vemos cómo estas fuerzas, los nacionalismos con estado o sin estado, nos van a traer terribles problemas en el futuro.

Es posible que por ahora sólo veamos, en occidente al menos, que los problemas que causa el nacionalismo son fundamentalmente económicos, casi impulsados por doctrinas neoliberales territorializadas, pues todas las regiones donde el secesionismo es popular tienen algo en común: Son más ricas que la media de sus estados por lo que la secesión intuitivamente parece económicamente conveniente (aunque esto tenga parte de falacia lógica).
Pero el nacionalismo es peligroso, es una chispa que enciende un fuego que luego no se puede apagar. El agravio económico se puede convertir en político, cultural, étnico, etc. Y en ese contexto el problema puede tomar tintes terribles, pues si bien nadie va a generar una espiral de violencia para conseguir beneficios económicos mayores (porque la propia violencia sería destructiva y no compensaría el beneficio económico a conseguir), esto puede dejar de ser verdad si el romanticismo se sitúa por delante de la cartera.

Desde un punto de vista español, y asumiendo que nuestro problema principal es un nacionalismo regional y centrífugo más que uno uniformizador y centralista (sin perder de vista, por supuesto, esos intentos de uniformizar cultural, religiosa o moralmente España que ya comenzamos a ver), lo primero que debemos combatir es la falacia democratista del “derecho a decidir”. Debemos denunciar una o mil veces que ese “derecho a decidir” no es más que una treta para blanquear el nacionalismo y permitirle conseguir sus fines mediante una justificación falsaria.
El “derecho a decidir” es arbitrario, creado adhoc para llevar a cabo intereses prefabricados, conceptualizado para casos concretos y negado con las más diversas excusas para el general. Porque la extensión del “derecho a decidir” a cualquier situación, como se podría deducir de la interpretación estricta de la idea, nos llevaría a una especie de anarco-capitalismo territorial y personal inasumible, absurdo y destructor de cualquier cohesión social o distribución de la riqueza. Sería, en resumen, la barbarie que aplicarían quienes tengan las posiciones dominantes contra quienes no las tengan.
La izquierda debe vacunarse a sí misma contra la ilusión de ver en el “derecho a decidir” la voluntad democrática de un pueblo. No, esto no es más que una engañifa creada para comprar nuestra voluntad. El nacionalismo, desde sus orígenes, siempre ha usado al “pueblo” para justificar sus objetivos o políticas. Pero no porque sirviese al pueblo, sino porque el pueblo era lo mismo que la élite, porque en el nacionalismo todo se funde en una maraña que anula la individualidad, la diferencia, la clase social, y todo se une bajo unos intereses que suelen ser siempre los de la élite. El nacionalismo-imperialista hablaba en nombre del pueblo (ya no eran las guerras “de los reyes”, eran las guerras “de los pueblos”), el nacionalismo-fascista también hablaba en nombre del pueblo y su “duce”, su “fürher” o su “caudillo” eran la propia representación del pueblo, eran el pueblo mismo.

Hablando de esto recuerdo a Azaña y sus diarios. Recuerdo cómo él, tan defensor de la especificidad catalana y de su autonomía (contra otros políticos fundamentalmente socialistas, como Prieto, quien hablaba de una futura autonomía vasca como un “gibraltar vaticanista”), acabó absolutamente frustrado y decepcionado con el nacionalismo catalán. Recuerdo como hablando con Carles Pi i Sunyer le decía a este que, después de lo acontecido en la guerra, si en ese momento le diesen al pueblo español la posibilidad de volver a decidir entre un sistema autonómico o uno centralista la inmensa mayoría hubiese optado por el centralista.
Y pienso si esta reacción centralista está volviendo a suceder, y en cierta manera yo creo que sí. Lo podemos ver en VOX, defensor de la recentralización, y en un ámbito distinto lo podemos ver en Movimiento Ciudadano y también en UPyD, enemigos ambos el discurso nacionalista aunque con maneras diferentes de proyectar un futuro estado ideal. Pero ojo que entre estas fuerzas hay una gran diferencia:  VOX es peligroso, VOX es combatir el nacionalismo con nacionalismo, el fuego con fuego, el fanatismo con fanatismo.

Yo creo que en España procede que tengamos una gran fuerza radical-demócrata, heredera del liberalismo radical de finales del XIX, de aquel radicalismo que suponía la evolución más avanzada de las ideas liberales y las llevaba al ámbito social, a la búsqueda de una revolución igualitaria en todos los niveles, también el económico.
 Dicen algunos analistas que están viendo un cambio de estrategia en UPyD. Dicen que este partido, consciente de que le queda poco que pescar en el ámbito de la derecha (o el centro-derecha) sobre todo desde la aparición de Movimiento Ciudadano y VOX, ha comenzado a marcar un perfil más izquierdista que electoralmente le favorecería más, pues allí hay mucho voto abstencionista. Y, si asumimos esta teoría, añadiría yo que también porque el país está virando progresivamente a la izquierda.
Yo no sé si esto es verdad, aunque ya dije hace meses que la aparición de Movimiento Ciudadano probablemente empujaría a UPyD hacia posiciones más izquierdistas, pero si lo está haciendo bien hecho está siempre que la dialéctica se corresponda con sus intenciones reales por supuesto. Alguien tiene, en este país, que coger esa bandera radical-demócrata. Ya que en el PSOE están muy a gusto en el esquema de pacto electoral con el nacionalismo y en IU están hechizados con el “derecho a decidir”, alguna fuerza tiene que hacer este papel. Y este papel no puede ser hecho por la derecha cultural, aliada del nacionalismo en casi todos los países.


Si UPyD remarca ese perfil progresista, se sitúa en ese radicalismo liberal defensor de la igualdad (también de renta) y minimiza ciertas obsesiones repetitivas, le vaticino a ese partido un éxito electoral mayor del que otorgan las encuestas. Luego ya se verá cómo se manejan cuando sean decisivos y/o en funciones de gobierno, pero a nivel de parcela política creo que en un momento así una propuesta de estas características recibiría enormes apoyos, sobre todo ante la inconsistencia de casi todo lo que hay en nuestro panorama político.

viernes, 4 de abril de 2014

Rápido análisis de la experiencia de las primarias














Ya podemos analizar cómo han ido los procesos de primarias de los distintos  partidos para elegir las candidaturas al parlamento europeo. La última elección, la de Podemos, ya tiene resultados y con esta se cierra el ciclo que comenzaron EQUO y UPyD, continuaron Compromís, el Partido X y VOX, y ahora cierra Podemos. Quizá, aunque sean con otro objetivo, podríamos incluir en el análisis las primarias del Partit socialista del País Valencià (PSPV).
Ya hablé de las primarias hace un par de meses en tres escritos en los que di mi opinión favorable a estos procesos y analicé lo que se podía esperar de ellos. Hablé de selección de las élites, de movilización, de combatir la desafección, pero también hablé de cómo las primarias iban a estar bastante “controladas” en el sentido de que muy probablemente ganarían los candidatos previsibles o del “aparato”, combatiendo así esos miedos a Caballos de Troya que habían expresado algunos.
Creo que es un buen momento para hacer un primer chequeo a las ideas expuestas.

Las primeras primarias en iniciarse (aunque no en acabarse) fueron las de EQUO, que dieron como vencedor a Florent Marcellesi. Estas primarias supusieron la única sorpresa (parcial) en estos procesos de primarias, porque la candidata favorita en un principio parecía Reyes Montiel quien, además, contó con el indisimulado apoyo de algunos notables del partido. Aun así Florent también partía con posibilidades y algunos vislumbraron bien que podía ganar. Creo que Florent trabajó muy bien en las redes sociales (mejor que Reyes) y eso fue crucial para su victoria.
La cara negativa de las primarias de EQUO fue su baja participación, 2.500 personas en toda España cuando la inscripción en las primarias era tan sencilla como rellenar tres datos en la página web. Hay muchos factores que explican esto pero al final la realidad es que no esta nada claro si para este viaje hacían falta alforjas. EQUO tiene unos 2.000 afiliados y, aunque amplió su base participativa, la realidad es que lo hizo en muy pequeña proporción.
Yo me apunté a las primarias de EQUO y voté a Marcellesi como expliqué en este texto, pero por lo que parece no hubo muchos más no-afiliados haciendo lo mismo.

Las primeras elecciones que tuvieron resultado fueron las de UPyD, en las que votaron 1.837 personas (menos que en EQUO). En honor a la verdad el sistema de primarias de UPyD no era tan “abierto” como el de los demás, pues podían votar los simpatizantes pero sólo si llevaban un año registrados (sistema que, por cierto, me gusta bastante para un partido grande). Aun así la participación me parece bajísima para lo que es UPyD.
El vencedor fue el actual eurodiputado del partido Francisco Sosa Wagner, que logró un respaldo de más del 60% de los votos contra otros semi-desconocidos candidatos. Era evidente desde un primer momento que sería Sosa Wagner quien ganase las primarias, tanto por ser el más conocido como por otra serie de cuestiones. Las primarias son procedimentales en UPyD pero tampoco han aportado nada en este caso, aunque habría que ver qué hubiese pasado si la actividad de Sosa Wagner no hubiese sido satisfactoria en el parlamento europeo.
En estas elecciones primarias no pude votar porque no estoy inscrito como simpatizante de UPyD, sino hubiese votado aunque no sé decir a quien porque no conozco al resto de candidatos.

Las primarias de Compromís, que va en coalición electoral con EQUO, fueron algo después que las del partido verde. Compromís hizo unas primarias con dos listas, una para los cabezas de lista y otra para el resto de la lista (los candidatos podían repetir). Para la cabeza de lista se presentaron cinco candidatos y ganó el candidato favorito, Jordi Sebastiá, con un 48% de los votos.
En estas primarias participaron unos 7.300 personas que estaban concentradas en el ámbito de la Comunidad Valenciana, número que supera a sus afiliados aunque no por mucho. La inscripción era abierta, más o menos como en EQUO. Yo también me inscribí a estas primarias y voté al candidato Enric Bataller, que quedó tercero por detrás del ganador y de Isabel Martí.

El Partido X también realizó primarias mediante un sistema algo confuso. Había dos listas, una a propuesta del partido (que ocuparían los puestos impares de la candidatura y, por tanto, el cabeza de lista) y otra de candidatos externos (que ocuparían las plazas pares). Por el sistema de votación me cuesta decir con qué porcentaje ganó el favorito, el informático Hervé Falciani, pero en cualquier caso se repite la tendencia de que el favorito a priori es quien gana las primarias.
La participación fue de 2.700 personas, también bastante baja. A estas primarias no me pude apuntar como votante porque no me enteré (la comunicación del Partido X es confusa y excesiva) y porque el sistema creado era enormemente complejo, lo que no me dio confianza ni ganas de participar. Si algo tiene que mejorar el Partido X son sus procedimientos, que deben simplificar urgentemente porque da la sensación de que con tanta complejidad al final acaban controlando el partido entre cuatro.

En VOX, único partido de derechas que ha hecho primarias, las cosas todavía están más claras. No eran primarias abiertas sino sólo para los afiliados y en ellas ganó el candidato favorito y actual eurodiputado tránsfuga Alejo Vidal-Quadras, con un soviético 85% de los votos. Ere evidente que Vidal-Quadras iba a ganar pero el porcentaje no deja de llamar la atención y vislumbra dos cosas: La “homogeneidad” de criterios de la derecha, y cómo unas primarias solo entre afiliados favorecen todavía más al candidato del aparato.  En estas elecciones no han llegado a votar ni 1.000 militantes.
Y finalmente "Podemos" que con tropecientos mil candidatos al final ganó quien tenía que ganar, el fundador del proyecto Pablo Iglesias con más de un 60% de los votos. En estas primarias también me apunté como votante, con un sistema de verificación telefónico que no me acababa de gustar mucho. Mi voto, a diferencia del de la mayoría de quienes se apuntaron, fue para el ex fiscal anticorrupción Carlos Jiménez Villarejo, hombre ya mayor pero con el que me identificaba más que con Iglesias por dos cuestiones: Una línea política más realista y su posición respecto al nacionalismo.
El “éxito” de las primarias de Podemos es que ha conseguido la participación más alta de todos los procesos de primarias online, 33.000 votos. A priori no parece nada impresionante pero si vemos los resultados de las otras formaciones, más antiguas todas que la de Iglesias, le daremos más valor a la cifra.

He dejado en el análisis el último puesto para el PSPV fundamentalmente porque sus primarias, entre dos candidatos, eran para elegir al candidato a la presidencia de la Generalitat no a al de las europeas, pero también podemos ver los datos porque son interesantes: Ganó el candidato favorito (Ximo Puig, 70%), eran también abiertas (podían votar los simpatizantes previo compromiso con los valores del partido) y en ellas votaron 40.000 personas en el ámbito de la Comunidad Valenciana, más que en "Podemos" en toda España.
Ver los datos de participación del PSPV relativiza bastante el “éxito” de "Podemos". El PSPV tiene 16.000 afiliados, así que el número de votantes de las primarias casi triplica al de afiliados. Claro, esto tiene “truco”, pues según me comentan los afiliados del PSPV hicieron un gran trabajo de proselitismo para apuntar votantes a las primarias con el objetivo de que estas fueran un éxito. No conozco los pormenores de esta labor de captación pero es obvio que ha tenido que ser potente porque sino no se explica tanta participación en un partido aún en decadencia.
Ha habido más procesos de primarias (Izquierda Abierta, PSC) pero no los he seguido así que no puedo hablar sobre ellos.

¿Cuáles son las conclusiones que podemos sacar de estas experiencias? La primera es que en casi todos los casos (con la excepción parcial de EQUO) han ganado los candidatos previamente favoritos o preferidos por el “aparato” del partido. El por qué pasa esto tiene muchas explicaciones y la verdad es que no las podemos saber a ciencia cierta y más en partidos tan pequeños, pero voy a dar mi punto de vista.
Creo que en el caso de Iglesias está claro que ha sido el ganador porque, en el fondo, “Podemos” es el proyecto de Pablo Iglesias y la mayoría de gente se ha apuntado por él. Aun así ha sacado un porcentaje de votos que incluso parece bajo para lo que se preveía (me imagino se ha potenciado que se votase a otros candidatos). Pero en el resto de casos yo diría que hay una fuerza motriz común: El afiliado o simpatizante parece no tener criterios claros ni preferencias claras sobre los candidatos y vota lo que indica la “tendencia” que se marca desde el partido y desde la información que éste transmite.
Es decir, en cierta manera el afiliado/simpatizante generalmente está en sintonía con su partido y no actúa de manera excesivamente crítica. Tengamos en cuenta también que se trata en casi todos los casos de partidos nuevos, con casi todos los candidatos desconocidos o personalidades que no han sufrido aún desgaste político, y por tanto no existe el concepto de “rechazo” al candidato. Aunque ciertamente sí lo podría haber habido en un caso: Ximo Puig en el PSPV, que lleva 30 años en política pero ha sacado aun así un 70% de los votos. Y ¿por qué? Pues porque es el secretario general. Volvemos, pues, a la fuerza del aparato.

Quizá es que la estructura de partidos en España tiende a eso. En España no pasa como en EEUU, donde miembros del partido republicano pueden sentirse más cerca de ciertos demócratas que de miembros de su partido y viceversa. En España los partidos son más monolíticos, más homogéneos, el partido parece ser un compendio de ideas correctas y verdades políticas que el  afiliado siente como el único grupo decente ante la perfidia de todos los demás. Los partidos nuevos y democráticos de base parecen querer corregir esto pero a lo mejor la cultura política de este país está todavía demasiado presente en nosotros y prueba de ello es que todos los candidatos de primarias de todos los partidos parecían decir lo mismo.
Esta cultura política creo que es la razón por la que no estoy afiliado a ningún partido. Me siento inherentemente inadaptable a un corpus dogmático inflexible, noto los partidos como máquinas que quieren cuadros sumisos y no gente que les diga que no tienen razón y que en eso el partido de al lado está más acertado. Y aunque la cúpula del partido sea abierta de mente, que las hay, los afiliados a veces se comportan como inquisidores, buscando desviados y traidores a los principios del partido por discrepar. Me resultan, en España, un entorno poco adecuado para hacer política.

La participación en estas elecciones primarias de forma general me ha parecido decepcionante. Quizá es que internet no es todavía la manera adecuada para hacer política (si "Podemos" tiene el récord europeo de primarias abiertas online es que la cosa aún está muy verde), quizá hemos sobrevalorado la fuerza de Twitter, de Facebook o de los blogs que no están enlazados a medios de comunicación importantes.
Decía el otro día el politólogo Pablo Simón que twitter era “un antro con pretensiones”. Hay datos que lo refutan (Compromís entró en les corts valencianes en 2011 gracias a su gran campaña online) pero hay otros como éstos que indican que lo de las redes sociales y democracia online está todavía poco desarrollado para la política. En ellas nos movemos una minoría de “frikis” de la política que, al final, no dejamos de ser un grupo selecto que no gana elecciones ni moviliza a masas.
Quizá la baja participación tiene también que ver con lo enormemente similares que son los candidatos. Si A y B dicen lo mismo en el 95% de las cosas ¿qué motivación hay para ir a votar? Simplemente elegir el candidato más votable para los demás, pero eso será así en partidos con posibilidades de sacar grandes resultados no en los partidos más pequeños. Este es uno de los problemas que planteaba en mi tercer texto sobre las primarias, en cómo otorgarle poder al candidato para que no sea un hombre de paja pero, a la vez, no crear un follón de políticos incompatibles en el mismo grupo parlamentario o partido.

Para concluir, ¿han resultado positivos estos experimentos de elecciones primarias? Pues yo quiero ser positivo y pensar qué sí. Creo que nos han servido para ver las limitaciones y defectos de los sistemas que hemos creado para así perfeccionarlos, creo que nos han permitido conocer a gente interesante que hasta ahora estaba en la sombra, creo que nos da una experiencia previa para poder gestionar mejor los futuros procesos. Por todo esto creo que han sido positivos.
Pero frente a eso tenemos una terrible realidad: El todavía principal partido del país no tiene candidato a las primarias ni parece que quiera tenerlo. Si por ellos fuese seguramente presentarían un señor desconocido con una bolsa negra en la cabeza, y ahí vemos el poco interés real (al nivel más alto) que tienen los candidatos en nuestra política. Esto también hay que entenderlo y creo que tiene que ver con la cultura política que he comentado antes. Esta debe ser una motivación para intentar cambiar nuestra política desde los cimientos.

En fin, prometo que el próximo texto que titule como “rápido” o “breve” realmente lo será. Siento haberme explayado de esta manera; incontinencia redactora, no puedo evitarlo.