La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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lunes, 30 de junio de 2014

Entre Madina y Sánchez Castejón
















No es que me interesen demasiado esta especie de primarias para elegir al secretario general del PSOE ya que creo que el PSOE no tiene solución a corto plazo y que va a acabar siendo un partido secundario en la política española, pero obviamente estoy siguiendo los acontecimientos y las soflamas (porque no me atrevo a usar la palabra propuestas) de sus candidatos.
Desde el principio he creído que el ganador sería Eduardo Madina incluso cuando pretendían presentar a Susana Díaz. La militancia del PSOE parece cansada de que los barones territoriales y la dirección lo manejen todo y suponía una reacción contra Díaz de haber unas “primarias” entre los militantes. Pero Díaz no se presentó y automáticamente la batalla pasó a ser entre Madina y un diputado presumiblemente desconocido, Pedro Sánchez Castejón.
Parecía fácil para Madina y de hecho creí al principio que ganaría sin lugar a duda, pero no. Por alguna razón Pedro Sánchez ha ido ganando el apoyo de amplios sectores del PSOE y, hoy, creo que es indudablemente el favorito para la secretaría general.

¿Quién es Pedro Sánchez Castejón? Pues la respuesta es que no es “nadie”. Entiéndase lo que quiero decir con nadie: Pedro Sánchez era hasta hace unas semanas un diputado desconocido, uno de tantos que lo único que parecen hacer es apretar el botón que les indican. Realmente no es así pues estos diputados siempre hacen cosas y Sánchez Castejón sí que ha trabajado como diputado en los años anteriores, aunque realmente no se le conocen ni ideas propias ni línea política propia más allá de la de los dirigentes con los que preferentemente se ha relacionado.
Pero la cuestión es que era el “diputado desconocido”, alguien que parecía presentarse para hacer bulto o por ambición con el objetivo comenzar una carrera profesional y, mediante la presencia en estas “primarias”, conseguir un puesto en el futuro comité federal. Sin embargo ha comenzado a salir en televisiones y medios de comunicación, a visitar federaciones, a contar con apoyos, etc. Y para cuando nos hemos dado cuenta se ha colocado como favorito ¿cómo es posible eso?
Pues una de las cosas que ha hecho bien Castejón ha sido la campaña en redes sociales. Creo que alguien ha tomado nota de lo que hizo Podemos antes del 25-M y ha querido imitarlo, con esa exitosa campaña viral en redes sociales. Sánchez Castejón tiene en discurso perfectamente aprendido, el personaje muy preparado y cuenta con un gran equipo de comunicación detrás. Creo que eso es indudable.
Luego obviamente también están las cuestiones personales. Pedro Sánchez es un candidato con carisma. Es joven, guapo, tiene un lenguaje moderno y es un producto mediático de primera calidad. A la gente le gusta o, por lo menos, le gusta mucho más que el lacónico Madina. Me cuentan que en las agrupaciones socialistas a las que va deja a las militantes encantadas, que comentan entre ellas lo guapo y atractivo que es. Y sí, desgraciadamente parece que eso tiene más influencia de lo que parece.

El actual PSOE funciona un poco como el mundo al revés. Cuanto menos pasado tengas y menos se conozcan tus compromisos ideológicos, mejor. Creo que hoy en día cualquier diputado que acabe de aparecer en el congreso vencería a cualquier dirigente que haya tenido poder en la época del zapaterismo. Además, ser joven, un hándicap hasta hace nada, ahora mismo es un valor importante (y no sólo en el PSOE, también en IU y en casi todos los partidos). Con menos de cuarenta años y estando limpio de la etapa anterior, a triunfar en la política.
De hecho lo que parecía inclinarse a favor de Madina cuando parecía que se presentaba Susana Díaz, que era no ser el candidato de los barones, ahora se inclina contra Madina. Porque Madina al fin y al cabo era el candidato de Rubalcaba, el heredero al que se estaba formando desde hacía un tiempo. Contra la invicta Díaz, invicta porque nunca se ha presentado a unas elecciones con rival, podía parecer la juventud y la devolución del poder a las bases, pero contra Castejón es al revés. Madina es el candidato del aparato contra un Castejón que parece “limpio”.
¿Pero realmente Castejón no es aparato? ¿Realmente ha salido de la nada, sin compromisos y sin padrinos, y se ha camelado a la militancia del PSOE? Pues lamento decir que eso no es posible. Castejón obviamente tiene muchos padrinos y mucho “aparato” que le apoya, de hecho parece que le apoyan todos los que apoyaban a Susana Díaz pero más allá de eso estoy convencido de que hay fuerzas dentro del PSOE que desde primera hora le han sustentado. Dicen que es el candidato de Bono y de Pepe Blanco pero ¿sólo o principalmente de ellos? Creo que hay mucha más gente detrás.

¿Pero qué propone Castejón? ¿Cuál es el “cambio” que trae? Pues el cambio que trae son generalidades: Que si democracia interna, que si cambiar la ley de financiación de partidos, que si primarias. Vamos, cosas de amplio consenso, en esas que te apoyas cuando no quieres decir nada ni comprometerte a nada ni hacer nada que te quite un solo voto.
Cuando vi que Castejón era candidato y me enteré que era doctor en económicas pensé que tendría un proyecto económico solvente. Le mandé un email y le pregunté sobre esta cuestión, inquiriéndole sobre doctrinas económicas, sobre la liberalización de ciertas actividades, sobre el peso del estado, no sé si sobre la renta básica, etc. Tengo que decir que me respondió, a la semana pero me respondió, con estas palabras: “Gracias por tus palabras”….”-¿Qué hora es?Melones traigo” Pues eso…
Viendo que no iba a sacar nada por ahí intenté buscar en su blog, en sus escritos, en sus vídeos…He hecho un seguimiento a Castejón bastante intenso y las únicas cosas medianamente económicas que he encontrado son dos ideas: Un derecho a la garantía alimentaria y una “reforma fiscal progresista” que parece destinada a liberar un poco a las clases medias de carga fiscal y aumentar la carga sobre las clases altas. No obstante, y aunque estas ideas las comparto, no son más que declaraciones genéricas sin datos ni estructura alguna detrás.

Se dice que Eduardo Madina es una opción más de “izquierdas” que Sánchez Castejón. La verdad es que no sé de donde sale esto fuera de la autoproclamación como izquierdista de Madina. Personalmente solo veo vaguedades en el discurso, falta de ideas concretas y querer camelar al afiliado en base a eslóganes facilones, uno presentándose como el giro a la izquierda y el otro como la renovación generacional y democrática.
Para mí el único que es previsible y que tiene un perfil claro y que no engaña a nadie es Pérez Tapias. Él es de izquierda socialista, quiere un giro a la izquierda socialdemócrata tradicional y eso tiene unos caminos e ideas muy claras. Ojo, eso no quiere decir que sea mejor candidato simplemente quiere decir que por lo menos se sabe a lo que se vota, que con Pérez Tapias la gente sabría a donde va a ir el PSOE, que básicamente sería a intentar formar un frente político con Podemos e Izquierda Unida. Con los otros dos candidatos realmente no se sabe a dónde se va.

Hace mucho tiempo que mi confianza en el PSOE es nula. Sus productos políticos no me inspiran ninguna confianza y su dialéctica me resulta vacía. Y esto, en un PSOE que muy probablemente va a acabar en una gran coalición, va a ser especialmente sangrante en este caso. Que Madina hable de giro a la izquierda o Castejón de reformas fiscales progresivas me importa bastante poco porque sencillamente no confío en ellos.
Si yo fuese militante del PSOE votaría a Pérez Tapias que, por lo menos, me resulta más transparente y previsible, y eso que defiende una ortodoxia socialdemócrata que me parece un tanto antigua. Pero prefiero votar a alguien equivocado pero honesto que a un producto de marketing que mañana te va a salir por cualquier lado.

Ahora, si fuese por puro interés corporativista y por maximizar los resultados del PSOE creo que el mejor candidato es Pedro Sánchez Castejón, que es mucho más carismático que Madina. Si esto se trata de garantizarse puestos para colocarse después entonces Castejón es la mejor opción. Quién sabe, igual hasta se hace el líder de la derecha y encabeza la gran coalición él…

miércoles, 25 de junio de 2014

Un cuento sobre la izquierda y el independentismo




















La crisis económica había afectado tanto a España que el sistema de partidos vigente hasta ese momento se derrumbó. La necesidad de cambio llevó a un joven político y a su movimiento social a ganar las elecciones y a hacerse con la mayoría en las cámaras de representantes y, también, a ser proclamado presidente del gobierno.
El joven presidente, una vez investido, se comprometió a ser diferente a sus antecesores. Él iba a seguir escrupulosamente el programa electoral, él no iba a incumplir las promesas ni a traicionar a sus votantes como sus antecesores. Se dispuso a hacer rápidamente todos los cambios económicos y sociales que había prometido, con celeridad y audacia. La justicia social y la igualdad fueron los faros de su política y el pueblo realmente se lo agradeció.
Los empobrecidos por la crisis por fin pudieron levantar cabeza, el trabajo se repartió, se generaron mecanismos para evitar el acaparamiento grosero de riqueza, etc. El país, que hasta ese momento parecía estar extinguiendo a su clase media y empobreciendo a las clases populares, enseguida revertió su rumbo, creándose de nuevo una modesta clase media y reduciéndose las escandalosas tasas de pobreza que la crisis había traído. Las desgracias y la destrucción económica con la que la antigua clase gobernante había intentado asustar a la población no se vieron por ninguna parte. El país, pese a las dificultades, parecía resurgir.

Dentro de las promesas del joven político estaba también una nueva constitución que, entre otras cosas, diese mecanismos para solucionar la tensión territorial. Cataluña, en pleno auge del independentismo, exigía la convocatoria de un referéndum de autodeterminación que los políticos anteriores se negaban a concederle.
El nuevo presidente pensaba que la verdadera unión sólo podía basarse en la voluntad de las partes integrantes de la nación así que en la nueva constitución se estableció el derecho de autodeterminación de las antiguas Comunidades Autónomas (ahora se llamarían estados federados). Una vez aprobada la nueva constitución el gobierno catalán pidió ese derecho y, consecuentemente, se hizo un referéndum de autodeterminación en el estado federado catalán.
La enorme popularidad del nuevo presidente del gobierno (que hizo campaña a favor de la unión) y el ilusionante proyecto de país parece que fue lo que finalmente inclinó la balanza a favor del NO. Un 52% de los votantes optaron por el NO, esto es, prefirieron quedarse en España. Fueron las clases populares y sobre todo los municipios “obreros” los que mayoritariamente votaron a favor de permanecer en España, como así habían indicado los partidos del “catalanismo popular” en frente de un nacionalismo que sí quería la independencia.
La teoría de que la unión se fortalecía mediante el reconocimiento del derecho de autodeterminación de las partes pareció cobrar fuerza, a pesar de lo escuálido del resultado.

Y pasaron unos años y el país cambió. Una nueva crisis del petróleo generó otra crisis económica internacional y alteró la recuperación que parecía consolidada en España. De hecho el gobierno, teóricamente ecologista, tuvo que autorizar las prospecciones petrolíferas por toda la costa y las prospecciones para encontrar Shale gas ante los evidentes problemas energéticos. 
A la vista de los problemas el nacionalismo catalán comenzó a trabajar la idea de convocar un nuevo referéndum, convencidos que esta vez, ante la situación económica y el menor apoyo del presidente federal, lo ganarían. De hecho las encuestas parecían indicar que así sería.
Pero a España pareció tocarle la lotería cuando frente a las costas de Cartagena una empresa petrolífera norteamericana encontró enormes depósitos de petróleo. Las reservas eran mucho mayores que cualquiera de las previsiones que se habían hecho y eran suficientes no sólo para abastecer el país sino también para exportar petróleo al exterior. España se iba a convertir casi en una potencia exportadora de petróleo.
El ya no tan joven presidente prometió a la nación que los beneficios del petróleo iban a repercutir sobre el bienestar general. La empresa mixta que se iba a constituir tendría un 51% de capital público y los enormes beneficios del petróleo servirían para pagar la sanidad y las pensiones en España. El país se iba a situar a la altura de los países más ricos de Europa. Además, gracias a esto conseguiría parar el nuevo reto independentista catalán al dejar de ser la independencia algo económicamente interesante para Cataluña.

Sin embargo el gobierno del estado murciano hizo otros cálculos. Si Murcia fuese independiente, pensaron, y si por tanto los beneficios del petróleo repercutieran íntegramente en el estado murciano (que tenía 1,5 millones de habitantes y no 45 millones como España), se podrían convertir en un país con una renta per cápita similar a Suiza, de las mayores del mundo.
Ante tan golosa idea el gobierno murciano decidió solicitar un referéndum de autodeterminación para el estado murciano. De repente multitud de economistas, politólogos, periodistas y políticos murcianos comenzaron a aparecer en los medios de comunicación regionales vendiendo las bondades de votar SI a la independencia de Murcia, presentando estudios económicos que lo validaban y trayendo a colación argumentos emocionales, como la marginación tradicional que la región murciana había sufrido en manos del centralismo madrileño.
Se presentó como agravio el “robo” de muchos de los territorios que tradicionalmente pertenecieron al Reino de Murcia (parte de la provincia de Albacete y algunos municipios de Alicante), algo que fue achacado al miedo que había tenido centralismo de enfrentarse una Murcia poderosa. También se habló del desprecio de los castellanos hacia los murcianos como claramente se veía en aquellas palabras del rey Carlos III: “En mis ejércitos no quiero ni gitanos, ni murcianos ni gentes de mal vivir

Cuando el presidente vio cómo un súbito sentimiento independentista parecía invadir la antigua región de Murcia entró en cólera. Llamó a los miembros de su partido en la zona para decirles que no podían estar defendiendo el secesionismo y que se debían comprometer con la unión, la distribución de la riqueza y la solidaridad entre los pueblos de España, pero éstos le respondieron que no podían situarse contra la voluntad popular de la región. La conversación subió de tono y el presidente amenazó con expulsarles del partido si no deponían su actitud, a lo que los murcianos respondieron que adelante.
El presidente del gobierno tenía razón para ser tan taxativo. Su obligación era poder ofrecerle a todos los españoles los beneficios del petróleo, su promesa política era distribuir la riqueza entre los que más lo necesitasen y eso obviamente implicaba hacerlo también territorialmente. Murcia iba a crecer económicamente gracias a la refinería y la extracción de petróleo y él tenía que poder garantizar el bienestar de extremeños o castellanos que no habían tenido la suerte de encontrarse con petróleo frente de las costas que no tenían.
Los partidos políticos nacionales sufrieron una sangría de bajas de afiliados en Murcia. Escisiones y nuevos partidos de ámbito murciano aparecieron y se presentaron, además, como víctimas de las amenazas de los partidos nacionales. Los partidos nacionales, según ellos, les habían coaccionado y amenazado para que no siguiesen la voluntad de los murcianos, algo de tintes claramente imperialistas.
El presidente intentó por todos los medios bloquear el referéndum. Según él la cláusula constitucional no podía aplicarse en esta situación porque se contradecía otra cláusula constitucional que decía que los beneficios de los recursos naturales debían repercutir en la ciudadanía, se sobrentendía española. La verdad es que el bloqueo no parecía constitucional y obviamente los secesionistas lo denunciaron inmediatamente ante el tribunal constitucional.
También se intentó maniobrar con la empresa americana responsable del contrato petrolífero para agilizar la firma de la sociedad conjunta y así evitar que la empresa hiciese caso al gobierno murciano, sin embargo se llegó tarde y éste ya había maniobrado. Para que les tomasen como interlocutores válidos, el gobierno murciano prometió a la empresa americana que pudiese dedicarse a la extracción y refinería de petróleo sin necesidad de sociedad mixta alguna y a cambio simplemente de un razonable porcentaje de los beneficios. Con esto el gobierno murciano perdería gran parte de los ingresos, sí, pero la propuesta era tan atractiva que se aseguraban de que la empresa no firmaría nada con el gobierno español antes del referéndum y en cualquier caso la Murcia resultante de la independencia iba a ser riquísima igualmente.

La empresa americana, interesada en la oferta del gobierno murciano, dilató ex profeso las negociaciones con el gobierno español y finalmente el tribunal constitucional dio la razón al estado murciano y obligó a la realización de un referéndum de autodeterminación en la región. Parecía que todo iba a salir bien al gobierno murciano cuando, casi como un castigo divino, fueron víctimas de su propia estrategia.
Desde mediados de la década de 2010 en España había habido un gran debate sobre el “derecho a decidir”, algo que aplicaba territorialmente pero también a otros ámbitos, y en medio de esta ola política el cartagenerismo político se fortaleció. Basado en la existencia de la ciudad desde la época de los romanos y la herencia cantonal, el cartagenerismo revivió gracias a su relación casi mitológica con el republicanismo radical y convirtiéndose en representación de la resistencia de la voluntad popular contra las imposiciones centralistas.
Los cartageneros hacían unos números también muy simples. Era cierto que el PIB estimado de una Murcia petrolera estaría a la altura de Suiza, pero si estos beneficios se concentrasen en la comarca del campo de Cartagena (400.000 habitantes), Cartagena se convertiría en el país con más PIB per cápita del mundo sólo algo por debajo de Mónaco. La constitución reconocía expresamente el derecho a convocar un referéndum de separación en los estados federados pero también hablaba de respetar la voluntad popular y el derecho a decidir de los pueblos. El estatuto murciano, además, también estableció mecanismos legales para poder generar un estado federado de dos provincias si la gente del campo de Cartagena tenía una voluntad mayoritaria para ello.
Así pues los ayuntamientos del campo de Cartagena se unieron y elevaron una petición de referéndum al gobierno murciano para convertirse en una provincia. Después de ganarlo, pensaban, harían una petición al gobierno de la nación para establecerse como estado federado independiente de Murcia y, una vez ahí, pedirían el referéndum de autodeterminación tal y como contemplaba la constitución. Era un camino largo pero las disposiciones legales contemplaban todo el proceso.
Tan sólo había un problema: El tiempo. Tenían que evitar que la empresa americana firmase nada con el gobierno murciano (algo que parecía bastante próximo) y, a la vez, bloquear el referéndum de autodeterminación a nivel murciano. Lo segundo lo harían pidiendo la abstención (pensando que así no se llegaría a la participación requerida) mientras lo primero era fácil: En vez de un porcentaje de beneficios lo único que se le pediría a la empresa americana sería una mínima tasa por barril de petróleo extraído. Total, Mónaco no tenía recursos naturales repercutiendo en sus arcas y era un estado riquísimo, y la verdad es que siendo una potencia petrolífera tan pequeña se convertirían casi en un emirato republicano cantonal ¿qué podía salir mal?...


Este cuento no tiene final, el final lo escribe el lector. Podéis elegir quien gana, si España, Murcia o Cartagena, os dejo elegir el que más os guste. Aunque realmente quien gana no es ninguno de estos tres sino la empresa americana que al final es quien se va a beneficiar de que todos los gobiernos se peleen entre ellos.
También podéis decidir quién pierde pero esto, si me lo permitís, os lo voy a decir yo: Pierde el pobre, pierde el que no tiene fuerza, pierde el que no tiene poder para negociar. Probablemente perderá el campesino andaluz, y el comerciante extremeño y el obrero catalán, que verán como los beneficios del petróleo no repercuten en su beneficio sino que acabarán quedándose en los bolsillos de cuatro. Cuando se generan mecanismos que pueden incentivar el egoísmo económico normalmente acaban efectivamente generándolo y permitiendo que el fuerte y el que tiene suerte acabe aplastando al débil y al desgraciado.
Y es por eso por lo que los estados son coactivos, por eso los impuestos son obligatorios y por eso las personas no podemos hacer lo que nos dé la gana y decidir sobre todo de la manera que queramos. No podemos porque la puñetera realidad es que los cuentos de hadas no existen y los que parecen existir casi siempre acaban pareciéndose bastante más a un cuento de Charles Dickens que a uno de hadas.

lunes, 23 de junio de 2014

Una disparatada reforma fiscal
















Dentro del manual de política-propaganda del PP estaba el bajar en algún momento de esta legislatura el IRPF, impuesto fundamental del sistema tributario y mejor identificado por el ciudadano. Después de su subida en los primeros días de legislatura el gobierno quería bajarlo para venderle a la población que le ha bajado los impuestos y, por tanto, que habrá cumplido el programa electoral, aunque esto sea una estafa que no se sostiene tras dos operaciones matemáticas.
Pero después del resultado de las elecciones del 25-M y de la debacle del PP se intuía que la bajada de impuestos se iba a acelerar y probablemente a profundizar. La aparición de Podemos y la amenaza potencial que representa ha alterado tanto al PP (y no sólo al PP) que van a hacer lo que sea para intentar mantener el apoyo popular que aún tienen.

Para empezar quiero hacer alguna reflexión en el plano teórico. En mi opinión las rentas del trabajo en España están excesívamente gravadas y no porque crea que los porcentajes son muy altos sino porque creo que no son igualitarios respecto a otros impuestos y porque creo que no están compensados con unos servicios públicos adecuados. Quienes ganan mucho dinero en España, los que llamaríamos “ricos”, no pagan IRPF sino que suelen pagar mediante sociedades creadas para tal fin (la “empresa interpuesta”) o acumulan los beneficios en empresas familiares o de las que son administradores únicos. El sistema fiscal en España, y en casi todos los países de occidente, tiene multitud de trampas para que los que tienen mucho puedan pagar porcentajes bajísimos de impuestos.
Adicionalmente el IRPF también es poco igualitario respecto a las rentas del capital. Después de la subida del 2012 el pago máximo por rentas del capital era un 27%, mientras que cualquier ingreso del trabajo que superase los 18.000 primeros euros ya cotizaba al 30%. Claro, al final una persona que ganaba un salario de 50.000 ó 60.000 euros anuales acababa pagando más porcentaje de impuestos que una persona que obtenía unas rentas bancarias de 300.000 euros anuales, cuando el segundo realmente no está haciendo nada. Esto, obviamente, es claramente injusto y está desincentivando el trabajo.
Y luego tenemos multitud de situaciones de empresas interpuestas, empresas de grupos empresariales que cotizan en otros países con menor fiscalidad, empresas que están directamente en paraísos fiscales, etc. En definitiva, que creo que el sistema está demasiado basado en las rentas del trabajo, en las cotizaciones sociales y en los impuestos sobre el consumo, y que este modelo debe ser absolutamente cambiado para reducir estas tres bases (o progresivizarlas) mientras hay que buscar impuestos e ingresos de quienes realmente tienen mucho o, si no se puede, mediante una estrategia fiscal imaginativa que se centre directamente los focos de generación de riqueza o mediante políticas de diversificación de la generación primaria de la renta.

Pero lo que ha hecho este gobierno que tenemos no tiene nada que ver con esto. No ha cambiado la ponderación entre impuestos, no ha reorientado las cargas fiscales para liberar al trabjo y no ha progresivizado nada (de hecho ha hecho lo contrario). Lo que ha hecho no se debería llamar siquiera reforma, es simplemente un cambio propagandístico que tiene muy mala pinta y que predispone a unos cambios futuros que pueden ser muy duros.
Si hay algo que se podría defender es la eliminación de deducciones fiscales (menos dos) para el impuesto de sociedades. La cantidad de deducciones que hay en el sistema español es enorme y al final desnaturaliza los tipos teóricos y, además, aumenta el fraude. Con un tipo teórico del 30% ha sido muy normal que las grandes empresas acabasen pagando tipos reales por debajo del 10%. Claro, esto supone tanto una desigualdad brutal de las aportaciones empresariales respecto a las de las personas físicas como de las grandes empresas respecto a las pequeñas, pues estas últimas no tienen capacidad para aplicarse tantas deducciones y acaban pagando tipos reales mucho más altos cuando en teoría deberían pagar menos.
La cuestión es que el gobierno, además de quitar deducciones, ha bajado el tipo teórico de las grandes empresas del 30% al 25%, igualándolo al de las Pymes. En teoría de poco vale un tipo alto si luego lo minorizas a su tercera o cuarta parte pero bajar el tipo teórico no me gusta. Bajar el IS baja ingresos, limita la posibilidad de hacer política económica y acaba con la pequeña ventaja fiscal que tenían las Pymes respecto a las grandes empresas.
Al final no sabemos como quedará esto, es decir, si la eliminación de deducciones aumentará los ingresos a pesar de la bajada del tipo teórico o no. Montoro dice que sí, que con este cambio aumentará la recaudación, pero ya sabemos que en estas cosas el diablo está en los detalles. Además, ¿alguien se fía de Montoro a estas alturas de la legislatura?

Pero la pieza clave de esta reforma es el descenso de las cotizaciones del IRPF. El gobierno ha reducido los 7 tramos a 5 y lo ha hecho de tal manera que dificulta el análisis porque los tramos se sitúan entre cantidades económicas distintas. La excusa que han dado es que así simplifican el sistema pero esto es una soberana tontería porque quien tiene que calcular estas retenciones lo puede hacer con una simple hoja excel hayan 5 tramos o 500. La simplificación tiene sentido en otros impuestos pero aquí no.
Echando un vistazo a las tablas y haciendo cálculos sobre situaciones diversas nos encontramos con una terrible realidad. El gobierno ha dicho que con la reforma todos los contribuyentes van a pagar menos IRPF y parece que es verdad, el problema es, parafraseando a Orwell, que unos van a pagar un “menos” mayor que otros. Y, como habréis podido adivinar sabiendo quien nos gobierna, quien realmente se va a ver más beneficiado son las rentas más altas y de hecho cuanto más cobres más beneficioso te va a ser el cambio.
Para una renta baja (sueldos que no llegan al mileurismo) el efecto es prácticamente irrelevante porque para estos contribuyentes lo que importa son los mínimos exentos y muy pocos de los que ganan menos de 12.000 euros anuales está pagando actualmente IRPF y los que pagan algo es en cantidad ínfima. Para los más de 7 millones de trabajadores que ganan estas cantidades el beneficio de la mejora puede ir desde nada hasta unos poquitos euros al mes por mucho que el gobierno diga que ha bajado casi 6 puntos el primer tramo. Pues no, el primer tramo es “fantasma”, porque todos los que están ahí que tenían cargas familiares ya estaban exentos de pagar IRPF.
Para las rentas medias la reforma no les aporta casi nada. Al cambiar los tramos visualmente parece que hay ahorro pero realmente hay muy poco. Los tramos se “desplazan” unos 2.000-3.000 hacia arriba por lo que digamos que sí que hay un ahorro en esa horquilla pero enseguida se alcanza otro tramo sustancialmente igual al anterior. Simplificando un poco podríamos decir que la rebaja para una renta media pueden ser unos 15 euros al mes de media, aunque habrá situaciones en que se queden igual e incluso en que paguen algo más.
Pero para las rentas altas.. ¡Bingo! Pues en cuanto comienzas a cobrar más de 120.000 euros anuales es cuando empiezas a notar las bondades de la reforma. Alguien que gane 300.000 euros anuales se ahorrará casi 10.000 euros al año y alguien que gane, por ejemplo, 500.000 euros anuales se ahorrará unos 26.000 euros al año. Ojo, mirad la progresividad del ahorro conforme suben los sueldos que, al final, es reflejo de la regresividad de la reforma.

Si no era suficiente el ahorro para las rentas más altas por IRPF ahora vamos a ver el ahorro en las rentas del capital. Las rentas del capital son aquellas que sobras por intereses bancarios o, por ejemplo, por los beneficios en la compra-venta de acciones. Yo tengo de estas rentas porque tengo una pequeño interés por mis ahorros, pero hay gente que vive de la bolsa o de rentas y es la que realmente se ve afectada por esto.
Hasta ahora hasta 6.000 euros de beneficio se pagaba el 21% (que es lo que vemos retenido casi todos sobre nuestros intereses bancarios), entre 6.000 y 24.000€ de beneficio se pagaba el 25% y a partir de ahí el 27%. Esta subida se produjo también en el 2012 y, aunque yo creo que las rentas del capital deben estar sometidas a la misma tributación que las rentas del trabajo, en aquel momento fue lo único que acepté como un cambio positivo.
Bien, pues ahora el gobierno ha bajado esto al 19% (para menos de 6.000 euros), a 21% (entre 6.000 y 50.000€) y a 23% (para más de 50.000€). ¿Qué significa esto? Pues que tu y yo, que recibimos esas rentas en la cartilla bancaria, vamos a tener unos céntimos más al mes pero en cambio la persona que gana 100.000€ al año de rentas del capital va a tener una rebaja fiscal de unos ¡4.000 euros al año!
Y cuidado porque hay algo todavía peor. Hasta ahora quienes hacían compra-venta de acciones en menos de 12 meses estaban obligados a pagar estos beneficios como rentas del trabajo, algo que se hizo para minimizar la especulación bancaria. Pues bien, ahora los especuladores podrán cotizar cualquier beneficio de compra-venta, aunque sea meramente especulativo y hecho en un día, como renta del capital.

Todos estos datos ya nos habrán hecho concluir que esta reforma se ha hecho solo y exclusivamente para beneficiar a los “ricos” o, como mínimo, para revertir todo lo hecho en 2012. De hecho una de las absurdeces de esta reforma es que deshace todo lo hecho hace dos años, demostrando que este gobierno es un veleta y actúa por impulsos y por presiones, sin proyecto político claro.
¡Es que el déficit era muy alto en 2011!” dirán. Perdón, el déficit era muy alto (en parte porque lo hincharon un poco para liberar el del año siguiente) pero es que el déficit actual sigue siendo alto. Ni en 2012 ni en 2013 hemos cumplido no ya los objetivos de déficit de ese momento, sino que no hemos cumplido ni los objetivos de déficit suavizados. En 2013 el déficit del estado que ofreció el gobierno fue un 6,62% del PIB (aunque otros datos, que cuentan ayudas bancarias, hablan del 7,10%). Para 2014 el objetivo de déficit es de 5,8% que, si la economía mejora y la recaudación también, parece que se podría conseguir. Pero esta reforma empieza a aplicar en 2015 y en 2015 el déficit que nos exigen es del 4,2%.
Para 2015 necesitamos, pues, equilibrar las cuentas en casi 25.000 millones de euros algo que sólo se puede hacer recaudando más o recortando gastos. Con esta reforma fiscal el estado dejará de recaudar unos 4.500 millones de euros al año, por lo que nos vamos a un diferencial de déficit de 30.000€ que hay que arreglar para 2015 ¿Cómo vamos a cuadrar esto si Rajoy dice que no habrá subida de otros impuestos?
Suben los impuestos en 2012 porque dicen que hay que cumplir con el déficit pero ahora los bajan cuando están lejísimos del objetivo de déficit. Tenemos déficit en la seguridad social y se está echando mano del fondo de reserva para pagarlas y hace dos meses crean una tarifa plana de 100€ al mes que lo único que hace es ahondar en el déficit de la S.S. ¿Qué están haciendo? Luego se quejan de Podemos y de que su programa es irreal porque no hay dinero para pagar lo que proponen pero ellos no tienen dinero ni para pagar las pensiones y se dedican a bajar impuestos ¿han perdido la chaveta?

No, no han perdido la chaveta, probablemente esta gente sí sabe lo que está haciendo, los conocemos muy bien y no nos van a engañar esta vez. Os digo lo que va a pasar: El déficit de 2014 puede salir bien pero en déficit de 2015 no se va a cumplir de ninguna manera. Como la prima de riesgo está baja en principio no les preocupa que aumente la deuda porque no van a estar en situación de tener que pedir un rescate como a mediados de 2012, así que pueden ir tirando.
Para cuando conozcamos en déficit de 2015 ya habrán pasado las elecciones autonómicas y nacionales, ya estará todo el “pescao” vendido hasta 2019 y, entonces, el gobierno de ese momento hará lo que Rajoy ha dicho que no iba a hacer: Subirá el IVA del 21% al 23%, quitará retroactivamente la deducción por vivienda, establecerá impuestos de patrimonio y, por supuesto, hará más recortes públicos.
Pero claro, eso ya le tocará a otro gobierno, en el que este presidente y estos ministros estarán o no. Que llegue el próximo y que se apañe con lo que dejamos, que para nosotros lo importante es sacar buenos resultados en las citas electorales para colocar a la mayoría de los nuestros durante 4 años. Es exactamente lo mismo de lo que acusaban al gobierno anterior, eso de que estaban endeudando a las futuras generaciones y bla,bla,bla. Son un atajo de mentirosos, los tenemos calados hace tiempo.

Lo peor no son ya las medidas, lo peor es la sensación de que hacen medidas contradictorias que se anulan las unas a las otras, es que parece que estén intentado arrasar con el solar antes de que lleguen otros y les quiten de ahí. Lo peor es la evidencia de que les da igual subir los impuestos 2 o 5 puntos o bajarlos 3 o 10 si eso les vale para ganar elecciones, que no hay proyecto de nada, que les importa todo un carajo, que todo es una propaganda burda que se desmonta en 10 minutos delante de una hoja excel.

Luego se quejan de que les llamen “casta” ¿Pero qué es un “casta” sino unos gobernantes que sólo miran sus propios intereses y los de los suyos? ¿Qué es una casta sino gente que usa el estado como un juguete en su propio beneficio? Cada día que pasa, cada medida que toman y cada violación de los más básicos principios del buen gobierno les confirma en que son una “casta” con la que hay que acabar, por supuesto, con métodos democráticos.

jueves, 19 de junio de 2014

El independentismo catalán ¿comienza su reflujo?














Voy a traer aquí una tesis polémica, quizá un poco contraintuitiva en este momento después del resultado del PSC y la dimisión de Navarro, pero que creo que se puede estar comenzando a dar. No estoy seguro de ello y en principio contradice un poco los tiempos que creía que tenía el asunto catalán, pero estoy comenzando a ver cosas y posibilidades que antes no existían y que creo que pueden abrir un nuevo horizonte.
Mi tesis es que el independentismo en Cataluña puede en breve comenzar a decaer y que puede hacerlo porque podría perder una de las patas sobre las que parece apoyado, que sería la pata de esa izquierda soberanista pero sentimentalmente no independentista y que ahora forma parte del bloque por el derecho a la autodeterminación pero que se puede rescatar de ahí.

Si se analiza el asunto del aumento del independentismo en Cataluña las cosas no parecen normales. Si nos fijamos en las encuestas de hace pocos años en las que se preguntaba cómo se sentían los catalanes respecto a la cuestión nacional se podía observar como casi el 80% se sentía por lo menos algo español y los sentimientos de catalanidad y españolidad podían tener distintas intensidades pero no eran necesariamente excluyentes. Esto era coherente con un independentismo que, hace unos cinco años, no llegaba al 20% de la población catalana.
Sin embargo en los últimos dos años parece como si la mitad de los catalanes fuesen favorables a la independencia. Si confiamos en este tipo de encuestas (y más o menos confío) concluiremos que el independentismo y el sentimiento de catalanidad exclusiva pasó del 20 al 50% en cuestión de más o menos dos años, algo que no tiene sentido. Los sentimientos de pertenencia no cambian de la noche a la mañana, no es posible que alguien se acueste sintiéndose español y se levante sintiéndose sólo catalán, es casi esquizofrénico. Un cambio como este no puede suceder en dos años, se podría producir en dos generaciones pero en dos años no parece posible ni sólido.
Probablemente el misterio de este cambio tan radical se debe al proceso político que estamos viviendo. El sistema político español, el régimen del 78, lleva años dando síntoma de claro agotamiento desde hace unos años. Adicionalmente la crisis económica ha golpeado con especial virulencia a España. Todo aquello en lo que creíamos se ha demostrado débil y nuestra realidad se ha desplomado como un castillo de naipes, dejando al ciudadano desnudo y temeroso ante el porvenir y necesitado de agarrarse a un punto de apoyo que le de esperanza y seguridad.

Obviamente se han juntado más cosas: La llegada de una generación nacida y educada bajo la hegemonía cultural del pujolismo y el nacionalismo catalán, la sentencia del tribunal constitucional que limitaba la reforma del estatuto catalán y que ha sido convenientemente convertida en un agravio, etc. Pero creo que lo del hundimiento del régimen del 78 y de la economía en España es el factor básico que explica este cambio radical en Cataluña en un par de años.
Al final, y espero que no se enfade nadie por lo que voy a decir, lo que está pasando en Cataluña no es muy distinto a lo que sucede en otras latitudes en las que han sido seducidos por el populismo. En algunos países los partidos de extrema-derecha o euroescépticos han conseguido apoyos impensables debido a una reacción lógica de replegarse en la seguridad de la nación frente a un mundo hostil, en otros países populismos anti-stablishment han conseguido focalizar los males del país y ofrecer un enemigo claro. En Cataluña, por sus condicionantes culturales y particulares, ha pasado lo mismo y la causa independentista ha ofrecido tanto ese repliegue sobre lo más pequeño y grupal como la identificación de un enemigo al que achacar los problemas (“Espanya ens roba”). Adicionalmente hay un factor económico: Cataluña es más rica que la media de España, por lo que la independencia parece por intuición económicamente favorable y, en momentos de crisis, el egoísmo económico se potencia.
España se ve como un país sempiternamente inmovilista, pobre, con un sistema periclitado, con nula voluntad de cambio político. La necesidad de algo nuevo, de un cambio, de que las cosas sean diferentes para buscar una solución a nuestros problemas empuja a sectores sentimentalmente no independentistas a abrazar la causa independentista como revulsivo e incluso, de forma infantil, pensando que el terremoto que generará finalmente podrá ser orientado en favor de las causas propias (como si el resto de actores no tuviesen también sus causas propias y no esperasen lo mismo).
Los nacionalistas más radicales serán siempre soberanistas y tenderán a la independencia si creen que les interesa. El nacionalismo es religioso, irracional, ahí no vamos a poder hacer nada. Los que deseen la independencia por una causa economicista y de interés particular también va a ser difícil de convencer y tan sólo lo dejarán de ser si la independencia trae incertidumbres y perjuicios que se puedan ver antes de que el hecho suceda. Pero hay otro grupo de gente, esos izquierdistas de tradición obrerista, hijos de emigrantes del resto de España muchos de ellos, que no son sentimentalmente nacionalistas, y también todas aquellas personas que se agarran a un clavo ardiendo en vista de que el barco se hunde, que es perfectamente “rescatable” de la tentación independentista pero sólo lo serán si se ve algo más que un inmovilismo irremediable a nivel español.

Y creo que aquí entra lo sucedido el pasado 25-M, la irrupción de Podemos y su enorme previsión de incremento de voto, y esta especie de “despertar” popular (no necesariamente relacionado con el voto a Podemos) en el que la gente parece haber dicho basta y que ya no aguanta más. Cosas como que la mayoría de gente en España se muestra favorable de forma abstracta a un referéndum sobre la forma de estado muestra que algo está cambiando a nivel español y que los mitos que han inmovilizado este país están comenzando a desaparecer.
Y este impulso reformista y de cambio que parece estar naciendo en España debe ser atractivo para esa izquierda catalana que comparte esos mismos valores. Yo veo a la gente de Iniciativa, por ejemplo, entusiasmada con el tema republicano y con el cambio de la constitución a nivel español. También hemos visto cómo Podemos sacó casi un 5% de votos en Cataluña. Todo esto parece rehacer un camino conjunto que parecía que se perdía y debemos entender que la cohesión en causas comunes debilita ese camino exclusivista que pretende el nacionalismo catalán.
De todas formas aquí hay un largo camino que madurar. Este año se verá que el referéndum catalán no se va a poder realizar y eso marcará un punto de inflexión en el “proceso”. El cisma entre los que pidan una declaración unilateral de independencia y los que no la acepten va a acabar llegando y eso creo que romperá el frente soberanista en dos. Adicionalmente llegará un momento en que en el soberanismo aceptarán al fin que internacionalmente nadie desea la ruptura de España y que nadie se va a situar a favor de Cataluña y en contra del estado reconocido, lo que anula la vía unilateral. Fuera de España a nadie le importa el estatus de Cataluña y cómo se estructure la relación entre Cataluña y el resto de España, pero lo que sí se desea es que sea un proceso interno sin consecuencias exteriores.

Hay quien piensa que ante el auge de Podemos y de cierta izquierda que dialécticamente acepta la consulta en Cataluña se llegará a un punto de acuerdo, con una consulta pactada. Pero creo que se equivocan. Es verdad que tanto Podemos como IU parecen aceptar la consulta (aunque están en contra de la independencia) pero esto se va a quedar en palabras y voy a explicar por qué.
A diferencia de lo que ha pasado en Cataluña, en el resto de España las afecciones nacionales no han cambiado. El resto de españoles no quieren que Cataluña se separe de España y eso ni ha cambiado ni cambiará en muchísimos años. El ciudadano izquierdista español puede mostrarse muy democratista y puede desear un mundo de fantasía donde todas las regiones de España permanezcan unidas por voluntad generalizada de sus habitantes, pero si la secesión se convirtiese en una amenaza real e inminente este planteamiento cambiaría radicalmente.
Es lógico: No hay ni una sola razón por la que un ciudadano de Madrid, Salamanca o Málaga pueda querer que Cataluña se separe de España, en ese proceso no hay nada que ganar y sí mucho que perder. La secesión de una región rica de un conjunto más pobre rompe cualquier principio de igualdad o de distribución de renta. Un izquierdista no podría entender cómo se está exigiendo a los “ricos” que paguen más para el bienestar colectivo y luego se deja a una región rica salir del conjunto empobreciendo a los demás, sería ir contra los valores básicos que se defienden.
Por eso los ciudadanos españoles no van a aceptar que Cataluña decida unilateralmente su independencia y se va a exigir que la soberanía del conjunto permanezca. Y en un referéndum general saldría mantener la unión por las causas comentadas. Y si Podemos o cualquier otra fuerza quiere ser mayoritaria va a tener que aceptar que esto no se va a cambiar con pedagogía (o palabrería) ni se va a convencer a los andaluces o castellanos de que la secesión de Cataluña es buena o inevitable. Si se quiere dar el salto para ser una fuerza de gobierno es inexorable que, por lo menos, se acepte que la soberanía nacional debe ser la que tiene que decidir sobre una hipotética secesión.
Se podrá maquillar como se quiera, se podrá adornar con las palabras que se quiera y se podrá mostrar el máximo grado de tolerancia a la descentralización o a las terceras vías, pero si Podemos quiere ser mayoritario va a tener que dejar de aceptar el “derecho a decidir” unilateral de Cataluña. Si no lo hace jamás gobernará. Si el partido realmente se acaba gestionando de abajo a arriba como insisten sus promotores el propio crecimiento de la base irá orientando al partido en ese sentido, y si no es así la propia dirección acabará llegando a la conclusión de que no se puede llegar al poder aceptando el derecho de autodeterminación de Cataluña.

Y en ese contexto esa parte de la izquierda catalana que está hoy en el frente soberanista va a tener que enfrentarse a un dilema. Hay una España que por fin está por cambiar las cosas en el plano social pero no en el territorial en lo que respecta a la soberanía. Así pues o se plantan en un maximalismo (sólo aceptamos cambio social y soberanía sin cesiones de ningún tipo) o se acepta concentrarse en el plano social dejando el territorial de lado o aceptando algún tipo de federalismo que no toque la soberanía. Y plantarse en el maximalismo sólo divide las fuerzas para el cambio social, así que probablemente se acabaría por no conseguir nada.
Y yo creo que la izquierda catalana es inteligente y pragmática y entenderá, quizá después del conveniente tiempo de reflexión y de digestión de realidades, que la vía de cambio general en España es la que lleva a algún sitio. Es un proceso lógico que tiene que llegar y que creo que llegará a pesar de ciertas chifladuras y tendencias autodestructivas a las que tiende la propia izquierda.

Mi percepción es que las tornas están cambiando. Hasta ahora teníamos una España dormida bajo el inmovilismo marianista y una Cataluña dinámica con un proyecto en la cabeza (por cuestionable que sea éste). Pero poco a poco España está pidiendo cambio, buscando cambio y luchando por el cambio, mientras que los poderes políticos en Cataluña parecen tener un empeño obsesivo en una independencia que no llegará, ignorando los obvios mensajes que llegan de todas partes y cayendo así en un inmovilismo maximalista.

El proceso aún será largo, porque nuestro país probablemente tendrá un gobierno de concentración PP-PSOE. Pero hay una ola de cambio que está latente en la población y que, de no revertir mágicamente las cosas, no parará. Y yo creo, con las convenientes reservas por la obvia osadía de este ejercicio de futurismo, de que al final las aspiraciones de cambio de los catalanes y del resto de españoles convergerán por pragmatismo. No será fácil ni indoloro, pero va a ser la única manera de que lleguemos a algún sitio porque recuerdo, a pesar de que muchos lo ignoren, que estamos y estaremos por mucho tiempo en el mismo barco.

lunes, 16 de junio de 2014

Referéndums
















Coincidiendo con la semana de la coronación de Felipe VI una iniciativa ciudadana está promocionando un referéndum alegal bajo el nombre de “referéndum por el derecho a decidir y a participar” (o Referéndum real ya, como se suele conocer en redes sociales), mediante el cual se pretende que los ciudadanos voten sobre sus preferencias en cuanto a la forma de estado.
Se van a hacer dos preguntas copiando el modelo del proyecto de referéndum soberanista catalán. La primera es “¿Está usted de acuerdo con que la jefatura del estado sea elegida por sufragio universal?” y la segunda “¿Está usted de acuerdo que se abra un proceso constituyente para que la ciudadanía decida sobre el modelo de organización del estado español?”. Pueden votar todas las personas mayores de 16 años que se identifiquen mediante documento legal bien a través de internet bien en algunos de los puntos de votación presencial que se han establecido en varias ciudades.
Vosotros ya sabéis lo que opino yo: Estoy de acuerdo con que la cuestión de la forma de estado se decida por referéndum y quiero que se abra un proceso de reforma constitucional total o incluso constituyente si es necesario. Y, sin embargo, no voy a votar en este proceso porque me parecen absurdos estos simulacros.

Ante la periclitación de la democracia surgida de la constitución del 78 y la inexistencia un pulso reformista mayoritario dentro del sistema político de partidos, muchos nuevos partidos y movimientos se han situado prácticamente en el cuestionamiento permamente de todos los procesos y realidades de la actual democracia. Así pues la democracia representativa, como concepto, parece que se quiere dejar en segundo plano y sustituir por un tipo de democracia asamblearia o directa en muchos ámbitos.
En este posicionamiento creo que hay dos errores de base. El primero de los errores es el cuestionamiento de la democracia representativa de forma general debido a los errores y limitaciones del modelo español de democracia representativa. Los modelos de democracia representativa son muchos, más o menos proporcionales, más o menos directos, con más o menos control por parte de los electores. Algunos modelos están creados para disfrazar oligarquías de democracias pero otros funcionan bastante bien y son altamente democráticos. Así pues lo que se debería hacer es buscar el mecanismo para reformar y mejorar nuestro modelo de democracia representativa y no asumir erróneamente que es algo estructuralmente limitador de la democracia o de la voluntad popular.
El segundo error es pensar que la democracia directa puede sustituir a la representativa en prácticamente todos los ámbitos con las adaptaciones necesarias. La democracia directa puede complementar la democracia representativa, mejorarla, extenderla más allá de los partidos y evitar secuestros oligárquicos de la misma por parte de una “casta” gobernante, pero no puede servir para todo. Hay campos que deben ser campo de la democracia representativa y en los que la democracia directa generaría más problemas que soluciones.

En este campo de la democracia directa se habla frecuentemente (aunque no solo) de referéndums como mecanismo estrella. Pareciera como si últimamente se quisiese hacer referéndums para casi todo, para las grandes cuestiones pero también para cuestiones menores. En este discurso político el referéndum se contrapone en casi todos los casos a una clase política supuestamente inmovilista.
Pero un referéndum no se puede hacer por todo ni tampoco se puede abusar de él. Hay una realidad conocida que es que en países con muchos referéndums la participación en estos suele ser baja mientras en países donde el referéndum es algo excepcional suele ser mayor. En Suiza y en EEUU, los países con más tradición en los referéndums, éstos suelen tener tasas de participación bastante bajas y esto puede ser un problema porque la pasividad general puede generar resultados favorables a una minoría activa tanto a favor de cambios como en contra de los mismos, lo que puede resultar tan poco representativo como la voluntad de un gobierno.
Los referéndums son un arma de doble filo porque hay muchos detalles que pueden cambiar absolutamente su utilidad o resultado. La formulación de la pregunta, nunca aséptica, puede influir en el resultado final así como el momento de convocarlo. Los gobiernos generalmente saben maniobrar en estos dos sentidos para que los referéndums les sean favorables y, lo que en teoría es un mecanismo de control popular, se puede convertir un en refrendo más o menos artificial a la acción de un gobierno.
Por ejemplo, el PSOE de Felipe González maniobró estupendamente en 1986 para ganar el referéndum a favor de la permanencia en la OTAN en un país que era intuitivamente contrario a la misma. La redacción de la pregunta, que hablaba de prohibición de almacenar armas nucleares en territorio español y de una progresiva salida de las tropas americanas de España, estaba hecha para vencer las reticencias de amplios sectores anti-bélicos. Además, el gobierno supo convertir en referéndum en un refrendo de su propia política y consiguió que las afecciones al Felipe González y a su gobierno se convirtiesen en votos positivos para la permanencia en la OTAN.

Si se quiere avanzar hacia la democracia directa hay que tener muy claro dónde están los límites, porque si no los tenemos podemos acabar generando un sistema inmanejable, manipulable por grupos de presión social organizados y absurdo en su funcionamiento. Hay que fijar muy claramente qué se puede decidir por referéndum y qué no, qué mecanismos deben tener estos referéndums (si deben ser recurrentes, convocados a petición del gobierno, por una ILP, etc.) y a qué cuerpo electoral deben consultar.
El otro día un tuitero amigo, favorable a los referéndums y a la democracia directa más de lo que lo soy yo, mostraba su “enemistad” con Croacia porque en ese país se había rechazado por referéndum el matrimonio homosexual. Este es sólo uno de los ejemplos de resultados “reaccionarios” que se suelen dar en los referéndums. Recordemos que en Suiza los referéndums han validado, por ejemplo, que se prohíba construir minaretes (las torres de las mezquitas) o que los nietos de extranjeros no puedan tener la nacionalidad suiza, o en EEUU han validado la permanencia de la pena de muerte o el derecho a portar armas.
Por tanto quien piense que los referéndums son un mecanismo para superar el inmovilismo del gobierno y poder avanzar en la senda del progreso de la mano de la voluntad popular se equivoca. Los referéndums son muy tendentes a movilizar sentimientos primarios de la ciudadanía (que suelen ser viscerales o reaccionarios) y se pueden convertir en la expresión de lo peor de la sociedad o en mecanismos para dar un baño de masas a un poder autoritario.
Así pues hay que fijar muy bien los límites ¿qué debe elegir un parlamento con los representantes de los ciudadanos, más inmovilista pero también menos reaccionario, y qué se debe elegir en un referéndum? Y luego ¿Qué debe ser cambiado o refrendado por mayoría simple, qué por mayoría cualificada y qué no se puede poner en duda en ningún caso? Porque yo, por ejemplo, no estoy dispuesto de ninguna manera a aceptar que las libertades de expresión, reunión o asociación o la igualdad ante la ley puedan ser limitadas por una mayoría en referéndum. Eso sería una dictadura democratista del 51% sobre el 49%, que es inaceptable.
La democracia debe defender las libertades individuales y a las minorías. Los mecanismos que no garanticen esto están mal planteados y hay que ser extremadamente críticos con ellos.

Luego otro punto fundamental es el marco del referéndum o la consulta. Por ejemplo, yo soy absolutamente partidario de que los ayuntamientos puedan someter a referéndum entre sus vecinos qué hacer con su presupuesto. De hecho creo en los presupuestos participativos en las distintas maneras que éstos se pueden plantear. Pero lo que no puedo aceptar es que un ayuntamiento haga un referéndum, por ejemplo, sobre el impuesto del valor añadido, porque eso es una frivolidad política y normalmente lo único que esconde es un ansia populista del equipo de gobierno para desviar la atención sobre otras actuaciones.
En España tenemos actualmente dos problemas con esto de los referéndums y el “demos” al que hay que consultar. El primero es el referéndum soberanista catalán en el que es de sobra conocida la dualidad planteada: Los nacionalistas catalanes dicen que sólo deben ser los catalanes quienes voten esto mientras que otros muchos decimos que, de plantearse esta cuestión, deben ser los ciudadanos españoles quienes diriman esto, algo que es lo que también indica las leyes.
El otro caso es el de las prospecciones petrolíferas en Canarias. Mucha gente está reclamando un referéndum para que se consulte a los canarios si quieren que haya prospecciones o no, mientras otros se oponen porque esto es una potestad del gobierno central. En este tema, aunque me puedo sentir más próximo a los opuestos a las prospecciones y aunque el asunto no esté infectado de nacionalismo (y realmente me genera más dudas que el anterior), tampoco soy favorable al referéndum tanto por cuestiones competenciales como por cierta arbitrariedad de concepto.
Yo creo que las grandes cuestiones se pueden y se deben consultar a la población, pero siempre con mecanismos claros y regulados y con los cuerpos electorales a consultar en función de las competencias de sus administraciones.

El otro día escuché al diputado de IU Alberto Garzón hablando sobre esto. Habló de “ampliar” y “mejorar” la democracia y de implantar referéndums sólo para ciertas cosas. No profundizó mucho pero la idea y el realismo de los objetivos planteados me gustó bastante. Garzón, al que he rebatido alguna vez por sus recelos sobre las primarias abiertas, creo que sí tiene una posición bastante pragmática al respecto de los referéndums, quizá porque se sitúa en medio de dos tradiciones que aúna, la del 15-M (democratista) y la de IU (de partido tradicional).
Y yo creo que ese es el camino, porque es urgente hacer un proyecto claro de a dónde se quiere llegar. Señores ¿qué queremos decidir por referéndum? ¿Con qué mecanismos? ¿Elegimos al fiscal general del estado y al defensor del pueblo también por elección directa? ¿Qué se puede consultar en referéndum en el ámbito local y autonómico? Hagamos propuestas a este respecto, con los cambios legales necesarios.

Yo apoyaré referéndums para cosas claves (forma de estado, reformas constitucionales, tratados internacionales, etc) y también a nivel local en todo aquello que tenga que ver con sus competencias. Apoyaré elección directa de servidores públicos clave y también propuestas coherentes para revocar el cargo a diputados o representantes electos que hayan incumplido su cometido. Ahora, no entraré en aventuras que pongan en peligro los derechos fundamentales ni las libertades de las minorías, ni en mecanismos torticeros que degeneren en el uso discrecional de los referéndums a beneficio de lobbies o de gobernantes sin escrúpulos.

jueves, 12 de junio de 2014

Escenario electoral post-25M














Ya han pasado un par de semanas desde las elecciones europeas y desde la confirmación de ese nuevo escenario de ruptura del bipartidismo que éstas nos dejaron. Como dije en el análisis los resultados para el PSOE y PP fueron bastante peores de lo proyectado en las encuestas previas y el ascenso de una fuerza como Podemos tampoco fue previsto en absoluto. La realidad, por tanto, creo que dejó bastante tocados los métodos demoscópicos mediante los cuales las diferentes compañías “cocinan” los resultados.
Estaba muy interesado en ver qué pasaría con las encuestas sucesivas y, ante el error del método, cómo las distintas empresas demoscópicas cambiarían el mismo para intentar ajustarse mejor a la realidad actual. Pues bien, ya tenemos aquí dos.

Una cosa que hay que tener clara es que no es descabellado pensar que los resultados de unas elecciones generales pudiesen ser distintos a las de unas europeas. En España tradicionalmente ambas elecciones han dado resultados parecidos y la lógica nos diría que podemos extrapolar los resultados de las europeas sin problema, pero tampoco tenemos garantía de que eso sea así. La movilización de la masa abstencionista que sí votaría en unas generales podría cambiar los porcentajes relativos de voto y de cambiarlos tampoco sabemos en qué sentido.
Los conservadores dirán que con más participación el PP y el PSOE recuperarán voto, pero ese es el mismo argumento que se desmontó el 25-M, pues con más participación de la esperada el resultado para los grandes partidos fue peor. La masa de gente abstencionista no tiene por qué ser gente del PP y el PSOE que no se moviliza por desapego o castigo, también puede ser gente que está dubitativa y que, por tanto, podría ser más influenciable por las modas políticas del momento que las personas que sí votaron.
Así pues creo que es un error hacer suposiciones del estilo “seguro que la gente del PP y del PSOE va a votar en masa en las generales” porque parece que esta vez eso no va a ser así. Tampoco se pueden hacer las contrarias, aunque por conservadurismo mental seguramente muy pocas personas las harán.

La primera encuesta que salió fue el barómetro mensual de Celeste-Tel de Junio, que nos dio estos resultados:

PP: 32,5% PSOE: 22,3% Podemos: 13,9% UPyD: 5,7% IU: 5,6% Ciudadanos: 3,7% EQUO: 0,5%

Lo primero que sorprende es el resultado del PP, que no parece tener ningún sentido. En el barómetro del mes de mayo el PP sacaba exactamente los mismos votos que en este y en el barómetro para las europeas Celeste-tel también le dio al PP un 31,5% (cuando sacó un 26%) y al PSOE un 30,5% (sacó un 23%).
Esto parece indicar que no se ha corregido en absoluto la estimación de voto que se le hace al PP y que se demostró errónea el 25-M. En esta encuesta el voto directo al PP es más o menos el mismo (15,45%) que en pasadas encuestas, así que no tiene especial sentido darle al PP esta estimación de voto. Seguramente se basará en el recuerdo de voto, pero es que ya se ha demostrado que el recuerdo de voto se estuvo malinterpretando.
Sí parece que el resultado del PSOE está minorado por la caída del voto directo (13,1%). UPyD no veo que cambie excesivamente en voto directo (3,55%) y la encuesta le baja algo la estimación final y lo sorprendente es IU, que con un 5,36% de voto directo en la encuesta solo se le estima un 5,6% (es decir, se está suponiendo que ninguno de los que no han respondido va a votarla finalmente, algo que no tiene mucho sentido).
Y como gran subida tenemos a Podemos, con casi un 14% de voto (casi dobla a las elecciones de hace dos semanas). Lo curioso del caso es que el voto directo de Podemos es 11,27%, es decir, que el analista considera que tiene poco voto oculto o poco margen de atraer abstencionistas, casi tan poco como IU.
El resultado me sorprende en el sentido de que no es normal que los resultados del voto directo y la estimación esté tan cercana como en los casos de IU y Podemos. En el caso de Podemos, además, no se puede jugar con la variable del recuerdo de voto (a no ser que se haya preguntado por las elecciones de hace dos semanas) y por tanto tiene menos sentido aún, si cabe, subirle tan poco respecto al voto directo. La verdad es que en el caso de Podemos el margen de incremento respecto al voto directo es desconocido, puede ser muy amplio o tan pequeño como esta encuesta imagina.
Por cierto, tanto IU como EQUO sacarían, según la encuesta, peores resultados que en 2011, lo que indica una concentración del voto de izquierdas en Podemos.

La otra encuesta es de El Periódico y tiene estos resultados:

PP: 25,6% PSOE: 19,4% Podemos: 15,1% IU: 8,1% UpyD: 7,8% Ciudadanos: 3,5%  EQUO: ?

Este resultado del PP, en principio, parece más coherente con los resultados del 25-M, la comprobación empírica de que las cocinas anteriores al 25-M han fallado y con su porcentaje de voto directo (15,1%). Aquí el resultado del PSOE es todavía peor (el voto directo es 8,3%, bastante menor que el 13,1% de Celeste-tel) y los resultados de IU y UPyD son más coherentes con los resultados que se estaban dando en encuestas anteriores y, en el caso de IU, con el 25-M (en el caso de UPyD las encuestas de las europeas sí acertaron y le pronosticaban un resultado peor en europeas que en generales). Los resultados del voto directo para estas dos formaciones también son un poco mejores en esta encuesta.
En resultado de Podemos aquí es todavía mejor que en la anterior encuesta pero me soprende una cosa: El voto directo de Podemos es 16,7%, mayor que el resultado estimado (y ¡Mayor que el del PP!) No parece que tenga ningún sentido que el 16,7% de la gente diga que va a votar a Podemos de forma directa y luego le bajes el porcentaje a 15,1%. La única manera de entender esto es que el analista piensa que mucha gente que dice que va a votar a Podemos está mintiendo, y esto sólo tiene sentido hacerlo cuando hay un estado de opinión absolutamente favorable a una fuerza a la que está socialmente bien visto votar ¿Es este el caso de Podemos? Pues por muy de moda que esté creo que no tiene mucho sentido.

Hay una teoría politológica que se llama la espiral Noelle-Neuman o espiral del silencio. Esta teoría dice que cuando una sociedad tiene un posicionamiento predominante que se considera como el válido y el aceptable entonces la gente tiende a decir que está de acuerdo con él aunque no lo esté, como forma de integrarse en el grupo social y ser bien visto. Los ciudadanos silencian sus opiniones reales y verbalizan las aceptadas socialmente, aunque no las acepten realmente.
Un ejemplo de aplicación de esto en las encuestas es lo que pasa en Cataluña. En Cataluña hay una opinión mediática y de hegemonía cultural muy favorable al derecho a la autodeterminación y a la independencia. Dentro de los partidos que defienden esto está ERC que es la que más claramente lo defiende y, además, no está desgastada por el ejercicio de gobierno. Por tanto en Cataluña, a nivel de hegemonía cultural y de lo socialmente aceptado, la verbalización de un apoyo electoral a ERC es algo adecuado.
Por eso en las encuestas que se hacen en Cataluña sí que se minoriza el resultado de ERC respecto al voto directo, porque se supone que mucha gente dice que va a votar a ERC porque es casi lo socialmente correcto, aunque luego esa gente vaya a votar a CiU, PSC, etc.

Hacer lo mismo con Podemos en esta encuesta tendría ese sentido. Es decir, Podemos es la opción de moda, la gente se siente muy orgullosa de votar a Podemos y su verbalización genera conformidad a la inmensa mayoría de miembros de la sociedad ¿Es eso así? Pues no, eso no es así.
Yo conozco gente que ha votado a Podemos y que no se atreve a decirlo, y no se atreve porque el ataque a Podemos durante estos días ha sido brutal y terrible, porque se les ha acusado de ser bolivarianos, destructivos e incluso de querer implantar una dictadura. Mucha gente, que está en entornos familiares, laborales o de amistades conservadores, no reconoce haber votado a Podemos.
Así que de Espiral de silencio a favor de Podemos nada, más bien lo contrario. Un voto a Podemos puede ser oculto ante un entrevistador más o menos como puede serlo uno de UPyD, de IU o del PSOE, aunque no sé si tanto como uno del PP. Así pues el minorar el resultado respecto al voto directo no tiene sentido alguno a no ser que pienses que el trabajo de campo de la encuesta está mal hecho, y si fuese así no la publicarías.
Esto me hace deducir que el voto a Podemos hoy, en junio de 2014 y sin prejuzgar que puede pasar el mes que viene o el año que viene, estaría por encima de ese 14-15% que le dan estas encuestas. No me quiero aventurar, pero que una fuerza como Podemos tenga un 16,7% de intención directa de voto nos podría situar en una estimación de voto de más del 20% fácilmente.
Ahora, ¿esto es por euforia del momento? Pues podría ser, pero tampoco creo que sea muy científico prejuzgar eso en una encuesta. A día de hoy el resultado de Podemos sería espectacular y con estos datos probablemente mayor que el del PSOE, e insisto de nuevo con lo de a día de hoy.

¿Qué conclusiones podemos sacar de estas encuestas? Fundamentalmente el auge de Podemos, que está batiendo todos los récords demoscópicos que se conocen. En parte parece lógico su aumento pues mucha gente que el 24-M no conocía a Podemos (o no se planteó votarles al ser una opción que creían residual) ahora y después de su enorme presencia mediática de estas semanas lo haría. Ahora, aún así la subida no tiene precedentes.
También creo que la caída de voto del PSOE es un hecho, algo que comunica directamente con el aumento de voto a Podemos. Ya veremos que sale del cambio de liderazgo del PSOE aunque las cosas pintan bastante mal. También creo que tanto IU como EQUO están siendo electoralmente vaciadas por Podemos.

Y la pregunta del millón es ¿vamos a un escenario a la griega, con un partido conservador y uno de izquierda muy definida disputándose el poder, con PP y Podemos en los papeles de Nueva Democracia y Syriza? Es pronto, muy pronto aún para decirlo, más que nada porque Podemos tiene un gran reto que es institucionalizarse como partido y sobrevivir en el intento. Pero si lo consigue, si lo consigue...Creo que la pasokización del PSOE puede ser un hecho en pocos meses...

lunes, 9 de junio de 2014

El negro futuro del PSOE














La primera víctima de las elecciones del 25 de Mayo fue Alfredo Pérez Rubalcaba. A pesar de que el resultado del PSOE no fue mucho peor que el del PP, el PSOE asumió el fracaso rápidamente y está intentando cambiar lo que se negaron a cambiar después de la derrota del noviembre de 2011: El liderazgo dentro del partido.
Dentro del PSOE creo que se ha entendido bien que ese 23% de votos sitúan al partido en una situación realmente complicada. Los partidos grandes siempre piensan que tienen suelos electorales y eso es verdad en parte pero los partidos siempre se los fijan artificialmente altos. Su suelo electoral depende de ese voto “cautivo” producto de la tradición, de esas personas mayores que ya no van a cambiar el voto nunca y también gracias a estas redes que se crean gracias al poder político local que, por decirlo suavemente, “influyen” en muchos comportamientos electorales individuales.
Pero fuera de ahí el suelo electoral de un partido es cero. Y si el partido carece de redes de poder institucional, como le ha pasado al PSOE después de Mayo de 2011 (excepto en Andalucía), entonces ese suelo se sitúa bastante más bajo de lo que se suele asumir. Y por fin en el PSOE parecen haberse dado cuenta que aún tienen mucho terreno por perder a no ser que hagan algo.

La solución que parece haber encontrado la cúpula del PSOE es un cambio de liderazgo y una democratización del partido. Posiblemente hayan entendido que el éxito de Podemos se debe, en parte, a un rechazo ciudadano a la cúpula de los partidos y a la aspiración de los ciudadanos de tener conciudadanos que hagan política y no políticos profesionales que se cronifiquen en el cargo para vivir de la política. También deben haber interpretado que el país pide juventud y métodos internos democráticos dentro de los partidos (todos los partidos nacidos en los últimos 5 ó 6 años hacen primarias y tienen funcionamientos internos bastante democráticos).
La solución ha sido, pues, hacer un proceso de renovación de liderazgo mediante métodos abiertos. En lo que es una especie de atajo para esquivar los estatutos se va a hacer una consulta plebiscitaria entre la militancia para elegir un nuevo secretario general que sustituya a Rubalcaba para, posteriormente, hacer unas primarias posiblemente abiertas para elegir el candidato a la presidencia del gobierno.
Pero creo que esta visión es muy miope y que sólo conseguirá resolver uno de los agujeros por los que el PSOE hace aguas. Porque lo fundamental, lo que realmente está alejando a la gente del PSOE, es una falta de confianza que no tiene que ver tanto con las caras como con las políticas y la confiabilidad en el partido, nula desde las actuaciones gubernamentales acaecidas entre Mayo de 2010 y Noviembre de 2011.

El problema básico del PSOE es que se ha quedado sin espacio político. El PSOE era tradicionalmente receptor de muchos votos de gente que no quería votar a los “comunistas” de IU, de esta gente que situada ideológicamente en medio de estos dos partidos pero que se inclinaba por el PSOE por pragmatismo o desconfianza con IU. Pero ese espacio ha sido ya ocupado por Podemos, que está llevándose a todo ese segmento social. Y digo llevándose porque no se lo ha llevado aún, se ha llevado a una parte pero no a todo ni siquiera a la mayoría. Será posiblemente ahora, tras la omnipresencia mediática de Podemos, donde el gran núcleo de gente situada allí (y otra mucha no situada en esa posición ideológica) vea a la fuerza de Pablo Iglesias como el destino lógico de su voto.
En el PSOE están surgiendo muchas fuerzas pidiendo un giro a la izquierda con el objetivo de no perder ese votante e incluso recuperar todo el que se ha ido a Podemos, IU, EQUO-Compromís o partidos izquierdistas menores. La idea es lógica porque el país, además, está virando fuertemente hacia la izquierda como demuestran las elecciones y cualquier análisis sociológico. Pero este análisis tiene un problema: Girar a la izquierda no le va a valer de nada al PSOE.
Y no le va a valer de nada porque el PSOE es un partido que no inspira confianza, es un partido que tiene demasiado cerca la gestión de los últimos años de José Luís Rodríguez Zapatero y que necesita aún años de catarsis para recuperarse de la desconfianza. En 2015 el partido no va a recuperar la confianza de los votantes de izquierda ponga a quien ponga de candidato por la sencilla razón de que es necesario bastante tiempo entre una gran decepción con un partido y que éste vuelva a recuperar la confianza. Creo que se puede contar con los dedos de una mano los casos en la historia donde un partido ha generado una gran decepción social y, con sólo una legislatura de distancia, vuelve a ganar las elecciones y a gobernar. Ahora mismo no recuerdo ninguno.

Si se llega a esta conclusión que he llegado yo la tendencia podría ser la contraria, es decir, en vez de girar a la izquierda se podría girar hacia la derecha (o al centro). Ya hay algunos en el partido socialista que lo proponen, gente de su ala derecha que piensa en profundiza en ideas social-liberales y en proponer enormes reformas como el contrato único, capitalizar parcialmente el sistema de pensiones, un modelo flexisecuritario del estado del bienestar, minimizar radicalmente la administración, etc. En parte sería hacer algo parecido a lo que quieren hacer Renzi o a Valls.
Pero este giro está igualmente destinado al fracaso. Para empezar el PSOE ya está hoy día en planteamientos económicos muy muy similares a los del PP. Hacer esto sería saltar al PP y dejar a éste como “conservador” (en sentido de inmovilista), perdiendo a mucha de su base obrera y pensionista tradicional, a la que se empujaría todavía más a la izquierda. Se supone que este cambio se haría para buscar el apoyo de la juventud y de la mediana edad, ya que por supuesto el partido seguiría siendo “liberal” y nada conservador en lo social.
Pero quizá lo que más asegura el fracaso de este giro es que situaría al PSOE directamente en el terreno de UPyD o de Ciudadanos. UPyD ya propone el contrato único y la reducción de la administración, por ejemplo, aunque en muchas otras materias tiene un programa económico más izquierdista que el PSOE. UPyD podría decir que el PSOE lo está copiando y con razón y ya conocemos esa vieja regla de la política de que la gente prefiere al original que a la copia. Y si el PSOE se fuese más a la derecha todavía para evitar ese solapamiento ya si que seria un sinsentido.
Sin embargo todavía más importante que eso es la cuestión de la confianza que he comentado antes. Para proponer el mismo tipo de programa económico y social que UPyD la gente va a preferir a UPyD, que no está desgastado por años de gobierno ni ensuciado por casos de corrupción. Así pues por ahí tampoco es espacio para virar.

Este “estrangulamiento” del PSOE que ha llevado a que se quede sin espacio en sus dos alas ideológicas también se puede extrapolar al asunto territorial. El PSOE está apostando por la reforma de la constitución y por hacer un sistema federal (o más federal). A mi la opción personalmente me parece bien con la gran crítica de que creo que el PSOE no sabe qué sistema federal quiere, pero la cuestión aquí es que esto tampoco le está funcionando.
Su apuesta por el sistema federal pero en contra de la consulta en Cataluña y por supuesto de la independencia está siendo castigada electoralmente en Cataluña, sólo hay que ver cómo está el PSC. De hecho no está siendo sólo castigada por no defender la consulta sino también por haber amagado al principio con poder defenderla, lo que ha hecho que mucho de su voto haya ido a Ciutadans. Esta indefinición le ha sido perjudicial y ahora ya nadie confía en el PSC, ni en el soberanismo-light ni en el unionismo comprensivo. Y en el resto de España tampoco parece que la propuesta socialista esté teniendo muchos apoyos, de hecho recibe críticas por no ser lo suficientemente contundente contra el reto soberanista de Mas.
Al final el PSOE se ha quedado sin espacio aquí también: El inmovilismo es del PP, la profundización en la autonomía de Ciudadanos, el federalismo simétrico de UPyD y el federalismo asimétrico está defendido por fuerzas a su izquierda. En este terreno también está estrangulado.

Así pues ¿qué debe hacer el PSOE? Pues la respuesta es que da lo mismo lo que haga, porque haga lo que haga no le va a salir bien. El partido necesita unos años de catarsis que le debería llevar a asumir que tiene perdidas las elecciones de 2015, pero es que las elecciones de 2015 son importantísimas para el futuro del PSOE porque con casi toda probabilidad va a ser clave y se va a ver obligado a elegir un pacto: O gobernar con el PP en la gran coalición, o gobernar con una potente izquierda que va a querer poner patas arriba las recetas económicas que se han implantado hasta la fecha.
Lo que mejor le iría al futuro del PSOE sería una contundente victoria del PP pero eso no va a pasar y con casi toda probabilidad el PP le va a necesitar para gobernar. Y ese va a ser el momento clave porque como el PSOE apueste por una gran coalición (que será lo que haga) y ésta salga mal (es decir, no se arreglasen los problemas del país), el PSOE iría hacia un proceso de “pasokización” inevitable que le situaría como tercera o cuarta fuerza política en el país sin posibilidad a priori de recuperarse.
Ojo, no digo que el PSOE no deba hacer nada y ante su complicado futuro deba cruzarse de brazos. El PSOE debe abrir el partido a la militancia y a los simpatizantes, debe reciclar a toda su cúpula dirigente, etc. Esto debe hacerlo porque es lo que toca, pero eso no le va a valer por sí solo y el cambio ideológico que necesitaría es inviable por las razones comentadas. Vamos, pues, a un proceso de minimización lenta pero constante, a no ser que pillasen a Iglesias y a Monedero llevándose maletines de dinero proveniente de Venezuela hacia bancos Suizos, algo que no creo que vaya a pasar.

Tan sólo vislumbro una posibilidad para que el PSOE no acabe minimizado y convertido en un partido secundario: Que la Internacional Socialista haga un giro radical y absoluto a las políticas que han venido defendiendo en todo el globo y se muestre favorable en todas partes a procesos redistributivos de la riqueza gestionados de forma global. Es decir, algo como la propuesta de un gran organismo internacional que gestionase una tasa Tobin o un impuesto como el que proponía Piketty, un nuevo tratado de comercio internacional basado en la justicia social y no en la eliminación de las medidas proteccionistas de forma generalizada, un sistema monetario internacional que garantizase un comercio justo, etc.

Sólo así, en medio de una ofensiva internacional de la Internacional Socialista a favor de un mundo distinto y de un cambio radical en el proceso de la globalización, podía tener el PSOE una esperanza como representante que es de esta internacional. Pero si eso no pasa, y no parece que esté en vías de pasar, veo el futuro del PSOE muy negro.