La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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jueves, 25 de septiembre de 2014

¿Una Clarity Act para España?
















Se ha alabado mucho el referéndum escocés porque éste se había hecho de forma legal y acordada, sin embargo he echado en falta análisis más rigurosos sobre su conceptualización y realidad, que a mi juicio ha sido muy chapucera. Por ejemplo ¿qué hubiese pasado de haber ganado la independencia por un 50,1% de los votos? El referéndum escocés se hizo con un censo muy discutible, en el que votaban los ingleses que residían en Escocia pero no los escoceses que residían fuera de Escocia, en el que votaban ciudadanos de la UE afincados allí, etc. De haber salido SI con ese porcentaje, los unionistas hubiesen aducido, y con razón, que con otro censo podría haber salido NO y que con esta diferencia no se puede tomar una decisión tan traumática.
Como ha salido NO y por bastante margen no ha pasado nada, pero de haber salido un resultado ajustado las problemáticas hubiesen sido muchas. Una independencia rompe siglos de integración social y económica y es probablemente definitiva y sin vuelta atrás, por tanto lo lógico es que no se haga en una situación tan ajustada de votos. Los referéndums de secesión deben tener unos principios claros y exigir unas condiciones mínimas.

Después de dos referéndums de independencia, en la canadiense y francófona provincia de Quebec el parlamento canadiense hizo una ley llamada la “Clarity Act”. Esta ley pretendía aclarar las condiciones en las cuales se podría hacer un nuevo referéndum y el procedimiento a seguir, para no repetir la experiencia de 1995 donde hubo una pregunta absolutamente capciosa en el referéndum y donde, de haber salido SI a la independencia, probablemente ésta no se hubiese podido llevar a cabo.
La Clarity Act fijó varias cosas. La primera es que debía ser el parlamento canadiense quien decidiese la pregunta de un futuro referéndum y que ésta debía ser una pregunta clara y centrada exclusivamente en la secesión. También se aceptó que la mayoría para llevar a cabo la independencia tuviese que ser agravada (es decir, no vale el 50,1%) y que ese umbral sería decidido por el parlamento canadiense. Adicionalmente se fijó la multilateralidad en las negociaciones de una futura independencia (después de un hipotético SI en el referéndum) y la necesidad de enmendar la constitución canadiense en el caso de llevarse a cabo la secesión. En definitiva, la Clarity Act reconocía varias cosas: Necesidad de mayorías agravadas, de preguntas claras y de negociaciones multilaterales posteriores. Desde que se aprobó la Clarity Act no ha vuelto a haber un referéndum independentista en Quebec y de hecho el independentismo parece estar retrocediendo.

Si en España se aceptase que pudiese haber una secesión en alguno de sus territorios creo que el mejor procedimiento sería tener una Clarity Act parecida a la canadiense adaptada a nuestras singularidades y nuestra idiosincrasia. Ojo, no estoy diciendo que el tener una Clarity Act sea mejor que el tener constitucionalmente una soberanía indivisible, solo digo que en el caso de aceptar que pueda haber secesiones sería necesario tener una regulación. Yo no soy especialmente favorable a que un país acepte la secesión interna pero esto, al final, es un juego de pros y contras. Podría llegar un momento en que la unidad sólo trajese problemas para las partes y, en ese punto, quizá estaría bien regular los mecanismos y exigencias para una secesión.
¿Cómo debería ser una Clarity Act para España? Pues en mi opinión debería ser más concreta que la canadiense. Creo que es importante clarificar al máximo las cosas antes de iniciar aventuras y creo además que en España es especialmente necesario, pues los sentimientos están a flor de piel y la cantidad de nacionalismos que tenemos hace conveniente dejar las cosas bien claras para que no estén sujetas a interpretación.
En mi opinión, una Clarity Act para España debería tener estas características:


Necesidad de quorum y de una mayoría cualificada

Como he comentado anteriormente no es lógico aceptar una independencia por el 50,1% de los votos y tampoco con una participación baja en un referéndum, así que habría que generar condiciones mínimas para que un SÍ en un referéndum de secesión fuese definitvo. En Montenegro, por ejemplo, la Unión Europea exigió que el SI a la independencia contase como mínimo con un 55% de los votos favorables. En España, nación bastante más antigua que Yugoslavia, no parece ilógico exigir algo más.
Nosotros tenemos, constitucionalmente, dos mayorías cualificadas para cambiar preceptos constitucionales, una de 3/5 (60%) y otra de 2/3 (66,6%), así que podríamos adaptar estos porcentajes al caso de una secesión. Por ejemplo ¿Qué tal un quorum de 2/3 de participación en el referéndum y una exigencia de SI del 60%? Personalmente me parece algo razonable. Es una mayoría difícil, lo sé, pero las consecuencias de la secesión son lo suficientemente duras como para exigir algo así.

El referéndum, la pregunta y el censo

La pregunta debería ser muy clara siguiendo lo indicado en la Clarity Act canadiense, es decir, se debería preguntar si se quiere la independencia SÍ o NO, con todas las consecuencias de la misma. Habría que dejar claro, también, quién puede votar, que serían todos los censados en el territorio pero que podría ampliarse a aquellas personas que han salido de allí en los últimos años.
El referéndum debería ser solicitado por los parlamentos de las CC.AA (si aceptamos que son estas quienes se pueden secesionar) y decidir si lo tienen que hacer por mayoría simple o cualificada y, en caso de ser cualificada, si exigimos 3/5 o 2/3. Y fundamental: Una vez convocado el referéndum y perdido por los independentistas, hay que saber hasta cuando no se podría convocar otro referéndum. Esto es importante fijarlo, pues no podemos estar con referéndums continuos.
En mi opinión una vez salido un NO (o un SI sin la mayoría suficiente) este debate hay que cerrarlo por una generación. Así pues los años que deberían transcurrir deberían ser muchos, en mi opinión no menos de 15 o 20 años.

Las nacionalidades

Hay que dejar muy claro este punto para no engañar a nadie. Según es uso internacional, en el caso de una secesión los habitantes del territorio secesionado deberían poder elegir entre la nacionalidad del futuro estado o del territorio original, pero no las dos. Es importante ver quién podría acceder a esta elección. Todos los habitantes que vivan en el territorio secesionado deberían tener esta opción pero  ¿Podría tenerla, por ejemplo, un catalán que vive en Valencia? Hay que clarificar esto porque podría ser muy conflictivo.
Se podría establecer un compromiso de aceptar la vecindad legal de quienes, teniendo la nacionalidad del otro estado, permanezcan en el vecino, para no crear verdaderos problemas humanos. Ahora, estos ciudadanos no tendrían derechos políticos (no podrían votar) y, en el caso de nacionales del territorio secesionado, su vecindad en “España” no implicaría tener los derechos que tienen los ciudadanos españoles al ser miembros de la UE y de otros organismos o acuerdos.

¿Qué se hace con la “herencia”?

Una secesión lleva acarreada la división de activos y deudas y la transferencia de competencias de una administración a otra. Es importante que esto quedase claro para evitar posteriores negociaciones de mala Fe y para que la gente supiese de antemano las consecuencias de lo que está votando. Habría que fijar claramente cómo se divide la deuda (por ejemplo, en función del número de habitantes en el momento de llevarse a cabo la secesión) y qué se hace con los activos que forman parte de una estructura estatal (Por ejemplo ¿qué pasa con las unidades militares en esa región?).
También hay que dejar clara una cosa: De producirse la secesión, el estado heredero legal de España es el que padece la secesión, no el secesionado. Es decir,  “España” (o sea, el resto de España) sería quien heredaría la pertenencia a las instituciones internacionales y las obligaciones y derechos de España. El estado secesionado comenzaría desde cero en sus relaciones internacionales.
Y otra cosa muy importante: El dividir un estado formado e integrado en dos tiene obvios costes de transición y supone un perjuicio económico original para ambas partes. Estos costes de transición y de división es lógico que los asuma la parte secesionada que, al fin y al cabo, es la que quiere separarse, no la parte “víctima” de la secesión.

¿Quién tiene derecho a la secesión? ¿Y si hay partes del territorio secesionado que no quieren separarse del estado original?

Este tema es realmente peliagudo. Para empezar, habría que fijar quién tiene derecho a la secesión, si sólo las CC.AA o si otras entidades menores también lo tienen.
En principio aceptar que el estado original es divisible pero el territorio secesionado no lo es, no tiene sentido y no se debe aceptar. Ahora, ¿dónde está el límite? ¿Se puede aceptar que una subdivisión de la CC.AA que no estuviese conforme con la secesión se quedase en el estado original? ¿Con qué mayoría podrían no ser “arrastradas” por el resto, simple o también reforzada? Aquí las posibilidades se multiplican y puede ser muy difícil de gestionar pero hay que dar opciones en este sentido, porque si estamos haciendo esto para que la gente “decida” o se sienta cómoda con su estado, no podemos permitir que ciudades o comarcas enteras no secesionistas se vean arrastradas por la generalidad.
Hay propuestas de que se haga esto por provincias, es decir, que si en una provincia sale el NO ésta se pueda quedar en España. Podría ser una opción. Ejemplo: Euskadi hace un referéndum y gana el SI por el 61% con un 80% de participación en el global de Euskadi, por lo que se cumplen las exigencias mínimas para proceder a la secesión. Sin embargo en la provincia de Álava sale el NO por un 51%. En ese caso se independizarían Guipúzcoa y Vizcaya pero Álava se quedaría formando parte de España.
Hacerlo por provincias no es la única opción, ni mucho menos, aunque sí parece pragmática y manejable.

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Todos estos temas deberían ser aclarados en una Clarity Act española que sería un guía clara para cualquier veleidad independentista. Todo claro, cerrado en su mayor parte, con procedimientos regulados y todo escrupulosamente legal. Quien quisiese la independencia de su territorio ya sabría cuál es el camino y las consecuencias de la posible secesión.
Para llegar a tener algo así habría que reformar la constitución, pues ahora mismo sería inconstitucional. Es decir, y como dije en el escrito anterior, esto deberían validarlo los representantes del pueblo español y también éste por referéndum. Así que para llegar aquí habrá que convencer a los ciudadanos españoles de que tener un procedimiento de secesión estructurado es razonable y bueno para el país. Esta Clarity Act debería estar en el articulado de la constitución con, por lo menos, las mayorías y la articulación de los referéndums (lo demás podría desarrollarse en ley orgánica).

¿Y esto solucionaría algo? ¿Realmente es mejor de lo que tenemos ahora? Pues no lo sé. En mi opinión una Clarity Act que fuese tan garantista como esta sería rechazada por los nacionalistas y, en el caso de aceptarla, lo harían solo estratégicamente como mal menor para, en el momento de llevar a cabo sus intenciones, quejarse de que es una ley hecha para hacer casi imposible la independencia.
Porque es verdad, con una Clarity Act como esta sería casi imposible la independencia, pero es que tenéis que volver a mi texto inicial: Moralmente, a nivel de valores y ética política, el unionismo en un país democrático es superior al secesionismo. El secesionismo se puede aceptar en casos extremos y de mutuo acuerdo, cuando la convivencia sea imposible y perjudicial para todos, y precisamente por eso esta Clarity Act cumple esos objetivos: Acepta la secesión en casos de desafección extrema y permanente, donde la convivencia sea imposible y en los que se esté dispuesto a aceptar sacrificios para obtenerla; pero a la vez evita independencias caprichosas, infantiles y que se juegue con la independencia como método de presión para una negociación posterior. Y, sobre todo, se basa en el principio de que la Unión es “mejor” que la Secesión, y por tanto que debe ser defendida y prioritaria dentro de unos límites lógicos.
A mí no me gustaría tener que llegar aquí, me gustaría que todo el mundo aceptase un federalismo lógico dentro de una soberanía nacional compartida y poder vivir en una “federación multicultural” siendo todos conciudadanos. Para mí, el secesionismo representa el fracaso de la convivencia y la incapacidad de saber vivir en democracia. Pero si la fuerza del sentimentalismo, los instintos gregarios, el victimismo y la necesidad de replegarse en la tribu ante un mundo hostil nos lleva a la imposibilidad de vivir en un país integrado, no me parecería una mala solución tener un mecanismo así.

martes, 23 de septiembre de 2014

El referéndum escocés y el caso español


















El referéndum escocés acabó con el resultado esperado por todos, una victoria del NO a la independencia. A pesar de que el resultado fue más holgado de lo que algunos esperaban, realmente creo que fue más apretado de lo que Cameron y los unionistas pensaron en el momento de convocarlo (de hecho creo que lo convocaron sencillamente porque daban nulas posibilidades al SÍ). Un 44,5% de los ciudadanos a favor de la independencia es mucho y podría ser perjudicial para la convivencia futura si el independentismo no acepta la derrota y comienza a razonar en términos de predeterminismo histórico, pidiendo un nuevo referéndum en cuanto la coyuntura les sea favorable. Confiemos en que eso no pase.

Desde posiciones independentistas, nacionalistas y también desde parte importante de la izquierda, se están haciendo análisis torticeros sobre el referéndum, la realidad británica y su comparación con España. Una de las cosas que más he oído repetir es que el Reino Unido tiene una democracia ejemplar y un primer ministro muy demócrata que acepta el veredicto de las urnas, mientras que en España tenemos una democracia de baja calidad y unos gobernantes que quieren coartar la expresión de la voluntad popular en ciertos territorios (Cataluña).
Este análisis es síntoma del desconocimiento absoluto de cómo funcionan los sistemas políticos de estos dos países y, por extensión, de los principios de la democracia misma. El análisis de los nacionalistas no me preocupa, pues estos son especialistas en la manipulación y la confusión y reorientan todos los hechos históricos y políticos a su conveniencia, pero sí me preocupa y mucho que haya análisis de este tipo entre quienes no son nacionalistas y más todavía entre los que se consideran progresistas o izquierdistas.
Si en el Reino Unido se ha podido convocar en referéndum se debe a la peculiaridad británica de no tener una constitución escrita. En el Reino Unido el parlamento es la máxima fuente de autoridad y no hay una constitución escrita que limite el poder del mismo. En teoría el parlamento británico puede legislar casi lo que le dé la gana con su mayoría coyuntural sin que haya limitación alguna a su poder.
Esto en España (o el cualquier estado de la Europa continental) es diferente. La constitución limita los poderes del parlamento y del gobierno con la doble función de dar estabilidad y, sobre todo, defender los derechos de los ciudadanos. Nuestra constitución garantiza las libertades públicas y civiles y gracias a eso se puede evitar que un gobierno con mayoría absoluta pueda limitar o revocar esas libertades y derechos.

Esta realidad genera dos sistemas distintos, uno más flexible pero menos garantista (el británico) y otro más inflexible pero donde las libertades están más protegidas (el español; el europeo continental en general). De aceptar los argumentos de quienes están elogiando la democracia británica parecería que es preferible tener un sistema “flexible” para poder realizar este tipo de referéndums o para poder gestionar la realidad del país a discreción, pero eso, señores, es un auténtico disparate y debe ser fuertemente rebatido.
En teoría el parlamento británico podría mañana mismo aprobar una limitación de las libertades básicas y de los derechos ciudadanos. Digo en teoría porque desde 2009 hay una “corte suprema” en el Reino Unido que quizá podría limitar las decisiones del parlamento en función de alguna realidad (como la pertenencia a la Unión Europea), aunque no está claro.  Pero en principio la “soberanía parlamentaria” en el Reino Unido es absoluta y el parlamento podría proponer cualquier majadería que atentase contra las libertades ciudadanas.
Sin embargo eso en España no puede pasar. En España las libertades básicas están protegidas por el título 1 de la constitución, uno de los títulos que requieren un mecanismo muy rígido para ser reformado (requiere 2/3 de dos cortes consecutivas y un referéndum). Y es gracias a esta rigidez por lo que nuestras libertades están a salvo, es gracias a esta rigidez por la que el PP no puede reformar la ley electoral nacional en su propio interés, es gracias a esta rigidez por lo que el PP no puede limitar el derecho a huelga ni el de manifestación, es gracias a esta rigidez por lo que nuestro sistema no ha degenerado hasta límites que rozarían los de un estado autoritario.
¿Qué preferís realmente? ¿Qué vuestras libertades básicas estén protegidas por una constitución o que se pueda flexionar el sistema político del país para resolver problemáticas de parte? Yo lo tengo claro, yo quiero mis libertades protegidas para que un gobierno no comience a restringirlas conforme le venga bien. Eso es sagrado y más importante que darle la posibilidad a un gobierno de hacer un referéndum de secesión, mucho más importante. Esto hay que entenderlo porque si no tenemos un problema de fundamentos democráticos.

Esta rigidez constitucional es precisamente la que no permite al presidente del gobierno de España convocar un referéndum como el escocés en Cataluña. Se dice que se podría hacer un referéndum consultivo y por tanto no-vinculante pero esto me parece que no está nada claro. Para empezar la constitución dice que en un referéndum consultivo deben ser consultados “todos los ciudadanos” (parece que no podría hacerse en Cataluña solamente) y además este referéndum consultivo parece que está pensado para leyes orgánicas no para reformas constitucionales. Para llevar a cabo una secesión debe reformarse el título I de la constitución y eso requiere un referéndum final entre todos los ciudadanos, por lo que el primer referéndum podría no estar justificado ¿se podría denunciar al presidente del gobierno por prevaricación si convocase ese consultivo? No sé si prosperaría pero creo que sería posible.
Pero asumamos por un segundo que ese referéndum consultivo se puede hacer e imaginemos que sale Sí a que Cataluña sea independiente. Bien, ¿qué hacemos? El único camino es emprender una reforma constitucional. Y esa reforma debe hacerse por el procedimiento agravado, es decir, tendría que aprobarse la reforma por 2/3 de las cortes (congreso + senado), disolverse las mismas y convocar elecciones, que los 2/3 de las cortes siguientes confirmasen el proyecto, y finalmente hacer un referéndum entre todos los ciudadanos españoles. Ese es el único camino para poder llevar a la secesión.
Es que incluso si hubiese una ruptura constitucional y se tuviese que hacer una constitución nueva, también serían los ciudadanos españoles quienes tendrían que aprobar o no esa constitución. Vamos, siendo claro: Se haga lo que se haga y se gestione como se gestione este asunto va a haber un paso inevitable: Todos los ciudadanos españoles van a tener que votar y van a tener que aceptar mayoritariamente una secesión de Cataluña. Tan sólo un colapso del estado español (por una guerra o una revolución destructiva) o una dictadura (que usurpase la soberanía a los ciudadanos) podría llevar a una secesión de Cataluña sin que el resto de españoles tuviesen que validarla.
Esto es muy importante entenderlo: La secesión, de darse alguna vez, va a tener que ser multilateral. Y este principio es precisamente el que los nacionalistas no aceptan, pues ellos quieren decidir unilateralmente. Es que incluso si todos los partidos acabasen votando a favor de la secesión de Cataluña, ésta no podría llevarse a cabo a no ser que los ciudadanos españoles lo validasen por referéndum. Estos andaluces a los que se les llama vagos subvencionados por el PER y esos extremeños a los que se les trata como niños de África tendrían que votar a favor de la secesión de Cataluña, les guste o no les guste a los independentistas catalanes.

Imaginemos que el PP, PSOE, Podemos o quien sea se comprometen a “respetar” lo que digan los catalanes en un referéndum ¿Y si los ciudadanos españoles dicen que NO en el referéndum de reforma de la constitución? Cuidado que esto no sería nada improbable porque los ciudadanos españoles no son nada propicios a que Cataluña deje de ser España, por varias razones (desde sentimentales hasta económicas). ¿Veis la situación que se podría generar? Los independentistas catalanes bramando porque el resto de españoles les tienen “en una jaula” y no les dejan independizarse...
Viendo esta situación creo que debe ser evidente para todos (y para los primeros que debería serlo es para los políticos independentistas catalanes) que Cataluña no se va a poder secesionar del resto de España por este camino. Sin decir que es imposible (porque nada es imposible) parece evidente que este camino no tiene salida. El mecanismo adecuado, pragmático y sensato, si se quiere una secesión futura o al menos un derecho en ese sentido, es promocionar una reforma constitucional.
¿Por qué los independentistas catalanes no lo han hecho así? Pues creo que hay varias razones. La primera y fundamental es que creo que muchos independentistas, al menos los que gestionan el proceso, no tienen en mente la independencia realmente sino la gestión de una amenaza para conseguir sus objetivos. Hay otros independentistas que simplemente tienen ensoñaciones con movimientos imparables y románticos y que creen, de forma absurda, que si la mayoría de un “pueblo” quiere la independencia al final la va a conseguir, y quizá buscan alguna manera de generar un conflicto para que venga alguien del exterior a  arreglarlo. Otros directamente no aceptan, por cabezonería, que su secesión deba comenzar “en Madrid”. Y finalmente a la mayoría de los independentistas de base nadie les ha explicado que este camino no es posible y se les confunde con romanticismos políticos y confusiones legales.

En resumen, aquí tenemos dos opciones. La primera es dejar las cosas como están a nivel constitucional, es decir, que la unidad del país se siga considerando inquebrantable y que tan sólo se pueda cambiar con amplísimas mayorías generales mediante reforma constitucional agravada. Este camino no quita para que pueda hacerse una reforma constitucional con el objetivo de hacer un sistema más federal o que se pueda hacer cualquier cambio en la estructura interna del país, pero sin cuestionar la soberanía común de todos los ciudadanos españoles.
La segunda opción es ir a una reforma constitucional que abra el camino a una futura secesión mediante un mecanismo claro. El referéndum que se ha hecho en Escocia, con todos los respetos, ha sido una chapuza que no establecía ni mecanismos ni condiciones ni porcentajes mínimos ni nada que hiciese razonable el futurible proceso independentista (probablemente porque estaban absolutamente seguros que saldría NO), así que se tendría que establecer un marco mucho más sensato. Esta reforma también tendrían que aprobarla todos los españoles en referéndum así que más les valdría a los independentistas defender las bondades de una reforma así para todos los españoles.
Al final, de optar por esta segunda vía, creo que el espejo en el que debemos mirarnos no es la chapuza hecha en Escocia sino más bien la “Clarity Act” Canadiense, no para copiarla sino para adaptar sus ideas a nuestra idiosincrasia, historia y valores políticos. Pero esto lo contaré en el siguiente escrito.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Sí, soy unionista
















La palabra “unionista” suele sonar mal desde la percepción política del español medio. Normalmente este término lo teníamos relacionado con el unionismo norirlandés, el de la población mayoritariamente protestante que quería seguir permaneciendo en el Reino Unido. En tiempos más recientes hemos escuchado este término de boca de los independentistas catalanes, que lo usan para definir a aquellos que quieren permanecer unidos a España, aunque normalmente lo hacen con un tono un tanto despectivo.
El diccionario define “unionismo” como aquella doctrina favorable a la unión de partidos o naciones. En el caso español, por tanto, usar “unionismo” podría ser una manera de fortalecer la idea de que Cataluña y “España” son naciones distintas, algo que a nivel legal no es así y con lo que la mayoría de españoles no estaría de acuerdo, aunque la mayoría de catalanes posiblemente sí (en el Reino Unido hay “naciones constituyentes” por lo que el uso del término no supone problemas). No obstante, y a pesar de que yo no considero que Cataluña y “España” sean naciones distintas, voy a usar el término unionista para definirme.
Yo soy unionista, creo en la unión en casi todos los casos. Creo, además, que la unión y la secesión no son ideas igualmente válidas y que el unionismo es moralmente “superior” al secesionismo. Creo, además, que el unionismo es mucho más acorde con los valores de la democracia que el secesionismo, por mucho que algunos se empeñen en lo contrario.

Hay veces en la historia en que la secesión se convierte en una necesidad o una buena idea. Hay situaciones en que existe violencia étnica, otras en que existe discriminación legal contra unos grupos que están localizados en un territorio determinado, etc. No todos los estados son viables, justos o respetan a sus ciudadanos por igual. Si yo fuese de una minoría marginada por un estado sería secesionista si esta secesión me supusiese tener unos derechos de los que ahora carezco. Lo mismo pasaría si la pervivencia del estado conllevase una violencia consolidada y posiblemente también me lo plantearía si éste fuese un estado autoritario.
Pero en una democracia el secesionismo deja de tener sentido. Si hay igualdad ante la ley, igualdad de derechos, democracia y no hay violencia de estado, no hay motivo “moral” para que se cree un nuevo estado. El ciudadano puede desarrollarse plenamente en un régimen democrático que respete la pluralidad y las diferencias, y las fronteras de éste importan poco excepto en casos de manifiesta inviabilidad. No hay cuestión que no pueda tratarse y solucionarse en un sistema democrático.
En mi opinión el secesionismo en un país democrático representa en cierta manera la incompatibilidad de una parte de la población con los valores democráticos del conjunto. En palabras del político liberal quebequés y canadiense Stéphane Dion “La secesión y la democracia son dos conceptos difícilmente compatibles”. La democracia está hecha para solucionar los conflictos colectivos que son inherentes a la vida en sociedad y para poder convivir con quienes son distintos y piensan distinto. El secesionismo se encuentra incómodo con la diversidad y con la convivencia con el diferente, y pretende escapar de una colectividad que le “impone” una mayoría que él no desea.
Objetivamente el secesionismo y teorías como el libertarianismo o el anarco-capitalismo comparten la misma base moral. El anarco-capitalista considera que ni la democracia ni la sociedad le pueden imponer a él regulaciones o exigencias fiscales, no acepta que haya un terreno colectivo gestionado por la voluntad mayoritaria de esa colectividad y sólo acepta la voluntad que emana de su propia individualidad. El anarco-capitalista querrá formar sus propios vínculos colectivos con quien él quiera en base a acuerdos mercantiles, dejando de lado a quien no le guste.
El secesionista hace lo mismo que el anaco-capitalista con la diferencia que lo hace de forma territorializada y no personalizada, pero el desprecio a la voluntad colectiva es el mismo. Es más, el secesionismo (no el nacionalismo) inculca una cultura y unos valores que pueden ser el sustento de más secesionismo futuro, convergiendo por tanto con el anarco-capitalismo en métodos, valores y principios.

Más allá del respeto a la voluntad colectiva y la aceptación de vivir en libertad con el diferente, el secesionismo sitúa los intereses, objetivos o sentimientos mayoritarios del grupo secesionado por encima de los derechos de la minoría no conforme con la secesión. Un problema básico es el de las nacionalidades. La secesión implica hacer elegir al ciudadano si quiere ser nacional del territorio secesionado o nacional del estado original. No es solo obligar a elegir entre dos identidades, es también hacer elegir entre distintos derechos y obligaciones.
Esto es especialmente traumático para los originarios de un territorio secesionado que viven en otra parte del estado original y viceversa. En ambos casos los conflictos identitarios y de intereses son graves, muy problemáticos y extremadamente negativos para los afectados. Las personas deberán elegir entre convertirse en extranjeros en su lugar de residencia o convertirse en extranjeros en su tierra de nacimiento, lo que supone un perjuicio y muy probablemente una reducción de derechos.
Crear extranjeros en tu tierra cuando estos siempre han sido conciudadanos tuyos me resulta la degradación más absoluta de los principios democráticos y liberales sobre los que están edificadas nuestras sociedades. Si un gobierno retirase la nacionalidad a aquellos que no estuviesen conformes con la naturaleza e idiosincrasia del estado, estoy seguro que consideraríamos a ese gobierno como totalitario y antidemocrático ¿Por qué en el caso de una secesión no nos parece así de grave, si en el fondo es parecido? La justificación moral para hacer algo así debe ser muy contundente y basada en evitar un mal mayor (evitar muertos, violaciones continúas de derechos, etc), pero si no la tenemos, si no tenemos una gran justificación moral, entonces estamos generando un gravísimo perjuicio gratuito y dándole más importancia a los intereses que a los derechos.

En base a todo esto yo no puedo aceptar que se situé en plano de igualdad la unión y la secesión. No, el unionismo (democrático) es moralmente “superior” al secesionismo, el unionismo es expresión de convivencia, del respeto al diferente y de la vía democrática para gestionar las problemáticas colectivas, mientras que el secesionismo implica levantar diferencias, romper la convivencia y estrujar los marcos colectivos arbitrariamente. El unionismo se ajusta a los valores del estado democrático y del liberalismo político mientras que el secesionismo los relativiza a conveniencia.
Ojo, no estoy diciendo que los secesionistas sean totalitarios que quieren destruir la democracia ni mucho menos, digo simplemente que el sustento moral de sus ideas es menos democrático que el de sus oponentes unionistas. Y esto tampoco quiere decir que la secesión tenga que ser evitada a toda costa, puede llegar un momento en que los inconvenientes de la unión sean, para todos, mayores que los de la secesión, y entonces probablemente habrá que intentar dar una salida al problema de forma multilateral y entendiendo que los costes adicionales del proceso debe asumirlos quien lo desea y no quien lo padece.
Lo que es importante aquí es entender que nos hemos dejado ganar una batalla moral y de valores por incomparecencia reiterada. Hoy parece que aceptar, permitir o desear una secesión es lo democrático, cuando realmente es al revés. A todo lo que he comentado aquí se le opone un débil referéndum basado en el fundamentalismo democratista. Algo no hemos hecho bien y debemos entenderlo, para comenzar a dar la batalla moral y de valores.

Los conflictos en una democracia son normales y la democracia es el procedimiento para solucionarlos. Pero cuando el conflicto es que algunos piensan que una democracia no vale porque no les gusta con quienes la comparten, entonces tenemos un grave problema. Creo que hemos “vaciado” la democracia de valores, la hemos mercantilizado, la hemos convertido en una mera herramienta y no en un sistema inspirado por unos principios morales. Y por eso muchos piensan que hacer un referéndum es el sumun de la democracia aunque éste agreda varios principios de la misma.
El referéndum escocés finalmente ha salido negativo como era previsible a pesar del extraño cambio de tendencia de hace unas semanas, sin embargo que los favorables a la independencia en un territorio más pobre que su vecino del sur sea casi del 45% supone un gran aviso ¿Qué hubiese pasado si Escocia fuese más rica que Inglaterra? Quizá el resultado hubiese sido otro. Y cuidado con la tendencia, porque parece que los jóvenes son mayoritariamente favorables a la independencia.
Creo que hay un enorme problema cultural de base en todo esto. Hemos olvidado los valores que emanan de la democracia y que ésta es mucho más que unas elecciones o un referéndum. Y en un continente con un sistema en crisis esto puede resultar especialmente terrible. Así pues debemos dar la batalla cultural, debemos comenzar sin demora a defender los valores y bondades de la unión como verdadera expresión de los valores democráticos. Espabilemos pues.

lunes, 15 de septiembre de 2014

¿Cuál debe ser la estrategia de los partidos en declive?





Los resultados de las elecciones europeas y fundamentalmente la aparición de Podemos ha cambiado el panorama político español de forma casi radical. Hay varios partidos que veían creciendo desde hacía 2 ó 3 años, partidos que parecían recoger el descontento con los dos principales partidos, PP y PSOE, y que lentamente iban captando afecciones. Hasta principios de este año parecía que íbamos hacia un sistema de cuatro partidos nacionales, 2 grandes retrocediendo y 2 más pequeños creciendo, papel que correspondía a Izquierda Unida y UPyD. También había un quinto actor que era EQUO, proyecto que no llegaba a despegar a nivel nacional pero que sí tenía aspiraciones serias en Madrid y su comunidad.
Sin embargo este esquema cambió el 25-M. A partir de ese momento estos tres partidos (IU, UPyD y EQUO) por distintas razones han comenzado a declinar. Los he llamado partidos “en declive” usando la terminología más aséptica que se me ha ocurrido y que he copiado del ciclo de vida de los productos en el mercado así que espero que no se enfade nadie. Que estén en declive no implica que estén acabados, de hecho los productos en declive en el mercado muchas veces resurgen debido si se realizan innovaciones o estrategias diferentes, pero hay que realizarlas y no quedarse parado. El declive se puede superar, pero para superarlo hay que hacer cosas nuevas.

Así pues voy a hablar de estos tres partidos, EQUO, UPyD e IU, y cual creo yo que debían ser las estrategias que deberían seguir para mantenerse en la arena política con éxito y pudiendo contribuir e impulsar los cambios políticos y económicos que el país necesita, que al fin y al cabo es para lo que existen los partidos. Huelga decir que, de no cambiar nada, veo el futuro de estas tres fuerzas bastante negro.


EQUO

Todo el mundo sabe que tengo un aprecio enorme a EQUO y a su gente, conozco a casi todos sus principales dirigentes, he votado en sus primarias y de hecho creo que estoy inscrito como simpatizante (al haber votado en las primarias), y precisamente por eso voy a ser absolutamente directo en lo que voy a decir: EQUO no tiene futuro a corto plazo en su actual definición.
Las elecciones europeas eran su terreno más favorable, con circunscripción única y de la mano del partido verde europeo. Las elecciones europeas supusieron un fracaso (o una gran decepción, llamadlo como queráis) para el partido porque sin Compromís no hubiesen podido sacar ni siquiera el eurodiputado. Y si en las elecciones europeas no ha ido bien mucho peor va a ir en las municipales y autonómicas (el único sitio donde tienen importante presencia se enfrentan a una barrera electoral que no pueden superar) y en las generales (el escaño de Madrid, que parecía seguro, ya no está nada claro).
Esto creo que lo sabe la mayoría de gente de EQUO y, pasado el duelo del 25-M, dudo que nadie dentro del partido se planteé enfocar el futuro sin cambios en la hoja de ruta prevista. Esto de intentar entrar en Madrid o sacar un diputado autonómico en Álava es casi ciencia-ficción ahora mismo y eso hay que tenerlo claro. EQUO ha sido “vaciado” por Podemos, que se ha llevado a la gran mayoría de los electores que se acercaban a ellos por simpatía y buscando una nueva izquierda.

En mi opinión y si EQUO no quiere pasar la travesía del desierto de ser un partido marginal al menos en los próximos 5 años, debe plantearse una política de alianzas, y su alianza natural es Podemos. Yo pensaba que Podemos intentaría acercarse a EQUO y a partidos como el Partido X para “atraerlos” antes de encararse y sentarse con IU, por pura estrategia de acumulación de fuerzas. El problema es que tal y como van las encuestas parece que Podemos no necesita unirse con IU, tan sólo necesita vaciarlo de votantes. En un escenario de “frente de izquierdas” EQUO tenía un papel relevante como socio menor, sin embargo en este escenario de OPA de Podemos sobre el resto no me parece que tenga demasiada fuerza.
Si EQUO quiere acercarse a Podemos debe tener claro qué tiene que Podemos no tenga, y tiene varias cosas: Para empezar tiene “cuadros”, es decir, dirigentes con experiencia que han bregado mucho en la política local, tiene también sus conexiones con el partido verde europeo y la experiencia de mucha gente de EQUO dentro de ese grupo (de hecho se nota que la gente de EQUO conoce mucho mejor cómo funciona el parlamento europeo que los propios eurodiputados de Podemos).
Y tiene algo más: Tiene una “idiosincrasia” que es garantía de dos valores importantes: Ecología y libertades. Lo de la ecología está claro pero he resaltado lo de las libertades porque creo que es importante. En medio de estos ataques hostiles contra Podemos, que han sido llamados leninistas, chavistas, totalitarios y hasta he leído artículos en que los mezclaban ¡con los Jemeres Rojos!, sería ilusorio pensar que no va a haber gente que se pueda asustar. Habrá quien tenga miedo o recelo de algunos dirigentes de Podemos, gente que tema que se implante algún tipo de gobierno a la venezolana que tenga un arbitrario concepto de las libertades públicas.
En este contexto los cuadros de EQUO son muy interesantes, porque nadie en su sano juicio puede pensar que un “verde” va a actuar contra las libertades públicas cuando esa es una de sus señas de identidad.

¿Cuál es el camino a seguir? Creo que EQUO lo está haciendo muy bien participando y liderando (cuando puede) las plataformas de “Ganemos” en varias ciudades. Porque esas plataformas van a tener que converger con Podemos para las elecciones locales y más con las amenazas de reforma electoral sobre la mesa. Hacerse fuertes dentro de “Ganemos” es la mejor estrategia. Si la convergencia se da y esta se hace con primarias (que se haría así), creo que EQUO podrá situar muchos candidatos “verdes” en las listas electorales y en los ayuntamientos y parlamentos autonómicos. Y, para las nacionales, a repetir la estrategia dentro de las listas de Podemos, más o menos como hace Izquierda Anticapitalista.


UPyD

Ya dije en este escrito cual creo que es la estrategia adecuada para UPyD: La convergencia con Ciudadanos. No hay muchas mas cosas que pueda decir de las que dije entonces, creo que Ciudadanos tiene cosas malas en terrenos en que UPyD las tiene buenas pero creo también que Ciudadanos tiene una cara mucho más amable, mediática y apta electoralmente que UPyD.
Si me preguntan mi opinión creo que UPyD, a nivel nacional, ni siquiera podría repetir los resultados de 2011 tal y como están las cosas. Probablemente siga estando el parlamentos como el de Madrid o entre en Valencia, Andalucía y alguna otra comunidad pero ¿con que fuerza? La perspectiva de los futuros resultados parece muy pobre y me temo que así lo confirmarán las encuestas. La debilidad la huelen los buitres y el PP ya le está intentando dar la extremaunción con “filtraciones” inverosímiles como esta.

Todo el asunto con Sosa Wagner los ha debilitado terriblemente. Las acusaciones en público, los insultos, lo que parece que pasó en la reunión extraordinaria de UPyD sobre este tema (aunque me ha dicho gente de la que me fío que Sosa Wagner exagera)... Todo ha dado una pésima imagen que los ha desprestigiado entre su electorado potencial, favorable a un pacto con Ciudadanos. UPyD da toda la imagen de esos típicos partidos comunistas minoritarios que se hundían poco a poco entre liderazgos indiscutibles y congresos a la búlgara. Me los imagino en un par de años reunidos en un congreso echándole la culpa de sus malos resultados a la sociedad, a la poca cultura democrática de España y a todo lo que se meneé excepto a ellos mismos.
UPyD es más fuerte que Ciudadanos, tiene ahora toda la fuerza para imponer sus condiciones, algo que seguramente no será así en el futuro como sigan por este camino. A veces pienso que le está pasando lo mismo que a IU con Podemos, que los ha ninguneado y minusvalorado y ahora, cuando ven que se desangran, mandan a un diputado de menos de 30 años para que “converja” a toda costa. UPyD ahora mismo podría incluso imponer a su líder sobre el de Ciudadanos, aún cuando es obvio que Albert Rivera es mejor líder que Rosa Díez.
Lamentablemente no veo que esta confluencia con Ciudadanos vaya a llegar. El documento que aprobó UPyD como condiciones mínimas para pactar incluía tantas cosas concretas que no hay partido que las cumpla. De hecho hay cosas, como la devolución al gobierno central de las competencias de sanidad y educación, que directamente no comparte con Ciudadanos. De todas formas se ha dicho que las propuestas concretas podrían ser “flexibles”, algo que no cierra la puerta del todo al pacto, aunque para ser flexible lo primero que hay que hacer es querer serlo, y la dama de Hierro que controla soviéticamente UPyD no me parece que esté muy por la labor a no ser que los hechos sean tan claros que no tenga más remedio que ceder.
En mi opinión UPyD es el partido menos inteligente políticamente que hay ahora mismo en el panorama español, y mira que hay partidos suicidas.


Izquierda Unida

He dejado a Izquierda Unida la última porque creo que es el caso más difícil de todos. La respuesta natural a qué debe hacer es confluir con Podemos, la cuestión es que eso no me parece ya tan fácil. Tengo la sensación de que Izquierda Unida perdió su gran oportunidad antes de las elecciones del 25 de Mayo, cuando cediendo un poco de poder a Podemos y a algunas plataformas sociales hubiese podido ser central en una candidatura de unidad.
Ahora, y aunque no haya resultados que lo demuestren, la sensación general es que Podemos es mucho más fuerte que Izquierda Unida y eso le da el mayor poder negociador. Pero es que el problema va todavía más allá: No está nada claro que Podemos quiera confluir con IU. Juan Carlos Monedero dijo el otro día que “Podemos no es la UCI de ningún partido del régimen del 78” y el director de EL MUNDO dice que dijo (aunque él lo ha negado) algo así como que a IU sólo le quedan dos opciones, ser un partido marginal o desaparecer.
La verdad es que Monedero parece que va por libre y lo que diga tampoco puede tomarse muy en serio, pero en este caso creo que lo que ha hecho es expresar una realidad convenientemente silenciada. Podemos no tiene ninguna prisa en confluir con IU y de hecho probablemente esté pensando que la confluencia resta más que suma. Si no se une a IU al final acabará absorbiendo casi todo el voto excepto aquel minoritario voto fiel al PCE, pero si se une perderá toda la fuerza como movimiento transversal y podría perder mucho voto de gente anti-comunista. Entre ambas opciones la inteligente es no converger, eso sí, entre sonrisas y palmaditas en la espalda.

¿Qué debe hacer IU? Nada, absolutamente nada. Debe intentar converger pero creo que no va a poder (a no ser que converja antes en "Ganemos" como EQUO). Así que creo que la opción más inteligente va a ser “destripar” IU. Es decir, lo poco que queda en la coalición que no es el PCE o afines (Juventudes comunistas, CUT) probablemente debería plantearse si está en el lugar adecuado. Y me refiero fundamentalmente a dos partidos: Izquierda Republicana, partido histórico republicano de izquierdas fundado en 1934 y que ya en el pasado abandonó IU, y, sobre todo, la Izquierda Abierta de Gaspar Llamazares.
Estos dos partidos probablemente deberían apostar a caballo ganador y hacer lo que hace Izquierda Anticapitalista y lo que creo que debe hacer EQUO, entrar en el movimiento de Podemos y batallar en sus primarias con su fuerza y organización. Y sé que esto no es fácil, que es salir del abrigo de una organización con cuotas para ir hacia una nebulosa en la que pelearse contra vete a saber qué, pero si las previsiones de trasvase de votos de IU a Podemos se confirman y la confluencia no se da, esta será la opción más inteligente.


En resumen, como veis hay una idea común en los tres casos: La formación de grandes bloques. Podemos va a construir un gran bloque en si mismo y el resto de fuerzas de izquierdas tienen que entenderlo, mientras UPyD y Ciudadanos podrían construir un gran bloque regeneracionista-centrista que podría contar con grandes apoyos entre importantes personalidades del país.
Pero si no lo hacen temo que estas fuerzas continúen su lento y nada dulce declive. Ojo, nada es para siempre y las cosas pueden cambiar, mañana puede aparecer un vídeo de Pablo Iglesias ingresando una maleta llena de bolívares en un banco suizo o puede explotar otra central nuclear, pero las perspectivas ciertamente no son halagüeñas para estos tres partidos y recuperar las expectativas previas al 25-M me parece, hoy por hoy, ciencia-ficción.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Cómo puede Compromís sobrevivir a Podemos















Se están haciendo muchos escritos sobre cómo partidos como el PSOE, IU, EQUO e incluso UPyD van a ser muy perjudicados por la aparición de Podemos en el panorama nacional. Sin embargo no he leído nada sobre cómo puede afectar la aparición de Podemos a la coalición valenciana Compromís, pues en el fondo comparten parte importante de electorado potencial.

Compromís consiguió en las pasadas europeas, en la Comunidad Valenciana, un 7,94% de los votos yendo en coalición con EQUO. Es difícil decir qué parte de estos votos se consiguieron por ir EQUO en la coalición (algunas personas del Bloc dicen que EQUO no aporta voto alguno en Valencia pero eso no es cierto, yo conozco gente que votó a la Primavera Europea por EQUO) pero en principio vamos a decir que este casi 8% de votos es íntegramente de Compromís porque, además, se supone que EQUO estará aliado con Compromís de forma permanente en la Comunidad Valenciana. Este resultado fue peor que el de Podemos (8,24%), UPyD (8,47%) y Esquerra Unida (10,35%), quedando Compromís como sexta fuerza política de la Comunidad Valenciana en esas elecciones.
Como pasa en todos los partidos en Compromís se han empeñado en decir que el resultado es bueno porque han conseguido un diputado en Bruselas, el muy competente Jordi Sebastià. Sobre el porcentaje de voto dicen que no hay que preocuparse porque las elecciones europeas, igual que las generales, no son las más propicias para Compromis, que en estas elecciones muchos electores buscan opciones nacionales y que las elecciones clave para Compromís son las autonómicas y municipales donde, aseguran, los resultados serán bastante mejores.
Sin embargo yo creo que se equivocan. Me parece obvio que Podemos le ha dado una buena “mordida” al voto de Compromís y que el resultado de las europeas, en un momento de ocaso del bipartidismo y donde se presentaban como representante español del Partido Verde Europeo, es malo. No es que sea horrible pero no es bueno o, si queréis suavizar el término, digamos que es decepcionante y, sobre todo, que debe ser analizado fríamente para entender qué puede pasar a partir de ahora.

Yo tengo una teoría sobre el voto de Compromís que sé que algunos de mis lectores no comparten pero que todos los análisis me llevan a ella. Compromís está sostenido por una “columna vertebral” muy fuerte del Bloc Nacionalista Valencià pero que, a nivel autonómico, otorga sólo sobre un 4,5-5% de votos, eso sí muy sólidos. El nacionalismo en Valencia es un sentimiento bastante minoritario y no puede dar mucho más de sí que ese porcentaje de votos, y eso se ve en los resultados históricos del Bloc y de su antecesor, Unitat del Poble Valencià. Igual que el voto nacionalista es muy fiel también es cierto que los partidos nacionalistas suelen ser grupos bastante impermeables y es muy difícil que crezcan atrayendo al votante no nacionalista.
El crecimiento de Compromís más allá de ese 5% proviene fundamentalmente de lo que otorga la otra “pata” de la coalición, la que componen Els Verds-EE y,sobre todo, Inciativa del Poble Valencià (IdPV), partidos digamos eco-socialistas. Y, dentro de esa “pata”, sus dos máximos exponentes, Joan Ribó (aunque es formalmente independiente) y sobre todo Mónica Oltra. En mi opinión todo lo que excedió de ese 4,5% en las elecciones autonómicas de 2011 lo consiguió esta “pata” y estas personalidades.
Conforme Compromís se ha ido consolidando se ha ido creando una visión de coalición, potenciada por mucha gente que no es de ninguno de esos partidos sino que se agrupan en lo que llaman “gent de Compromís”. El electorado percibe a Compromís como una fuerza digamos más izquierdistas que nacionalista, y creo que ahí radica la clave de su crecimiento en las expectativas de voto hasta hace nada. No sería justo achacar esta visión sólo a las personas citadas pues creo que también ha colaborado de forma muy importante el secretario general del Bloc, Enric Morera, que ha apostado decididamente por esta naturaleza izquierdista para el Bloc.
A finales de 2013 se estimaba por las encuestas que Compromís podría sacar un 15% de los votos y subiendo. Muchos llegaban a especular con un posible sorpasso al PSPV que situaría a Compromis como fuerza mayoritaria de la izquierda valenciana, algo que sería más probable si la política más valorada de la Comunidad, Mónica Oltra, ocupaba la cabeza de cartel de Compromís.

Lamento decir que ese panorama optimista de finales del año pasado ya no lo veo posible. Compromís estaba creciendo fundamentalmente por esa gente de perfil “más izquierdista que nacionalista” o incluso nada nacionalista, un perfil que es precisamente el que capta Podemos. Compromís estaba creciendo porque daba un mensaje de ser algo “nuevo”, radicalmente democrático y regenerador, que es exactamente lo que vende Podemos. El nuevo votante de Compromís, el que le hacía superar holgadamente ese 5% de votos, es el votante más cercano a Podemos. Seamos claros: Hay una superposición y competencia evidente entre ambos partidos.
Obviamente Compromís debe reaccionar y debe hacer algo para no ser “pableado” como dicen por ahí. Si Compromís piensa que Podemos no es un problema para ellos (como me han llegado a insinuar militantes de Compromís) se equivocará gravemente y temo que le irá muy mal. Compromís debería trazar una estrategia clara para resistir el huracán de Podemos y, para ello, creo que debe centrarse en su máxima fortaleza y en un compromiso básico con la ciudadanía.

La fortaleza clara de Compromís, en esta época de personalismos mediáticos, es una: Mónica Oltra. A pesar de que habrá un proceso de primarias creo que todo el mundo tiene asumido que Mónica Oltra encabezará la candidatura de Compromís. Es la política mejor valorada de la Comunidad Valenciana con muchísima diferencia con el segundo, la conoce casi todo el mundo y últimamente está volviendo al primer plano mediático. Oltra ha sido durante muchos años la personificación misma de la oposición en Valencia contra un PP corrupto, y eso tiene un valor incalculable.
No voy a descubrir ahora a nadie que yo estoy “enamorado políticamente” de Mónica Oltra desde hace tiempo. Ahora se llenan hojas y hojas hablando de los “tabús” que tenía la izquierda tradicional y que Podemos ha roto con su forma de hacer política, y entre ellos está el uso de los medios de comunicación de masas y de la “emocionalidad” en la política. Pues bien, cuando Iglesias y Monedero todavía estaban practicando en tertulias de TV local, Mónica Oltra ya había roto esos tabús con su imagen y su forma emocional y simbólica de hacer política.
Pero no os equivoquéis, Mónica no es un personaje mediático. Cuando la conocí en persona confirmé todas esas sensaciones que transmite por televisión, es más las sentí incluso acrecentadas. Ya había coincidido con ella un par de veces en distintos actos pero no me había acercado nunca a saludarla al verla siempre ocupada, pero un día la vi sola y me acerqué a hablar con ella. Cuando supo quien era me abrazó como te abrazan esas tías que hace años que no ves, de forma absolutamente familiar (le faltó decirme que estaba muy guapo pero que tenía que comer más). La emocionalidad que transmite se mezcla con una familiaridad nada forzada creando una sensación de cercanía que no es fácil de ver en un político. Estoy seguro que Mónica es de esas personas que cuando va a asociaciones y grupos acaba generando en los presentes la sensación de que es la persona adecuada a quien presentar tus reclamaciones, reclamaciones que luego la ves defender en la tribuna de oradores como si fuese la principal afectada.
Pablo Iglesias, que es un gran fan de la serie juego de tronos, siempre dice que se identifica con el personaje de Daenerys Targaryen (khaleesi) por su lucha por la justicia y sus instintos nobles, pero ese personaje tiene una característica “maternal” de la que Pablo carece (y no porque sea hombre, es que tampoco es “paternal”). Sin embargo Mónica me recuerda sobremanera a la khaleesi porque sí tiene esa característica maternal muy desarrollada junto con los instintos de justicia y protección de los desheredados que tiene este personaje.
El otro día le escuchaba decir a Jorge Vestrynge que en este mundo tan hostil y cambiante la gente demandaba “ser protegida” y creo que tiene razón. Sin embargo, como occidentales criados en libertad que somos, tampoco podemos aceptar un poder autoritario para disfrutar de esta protección. Y ahí es donde las características maternales de un político compaginan perfectamente esas ideas de protección y libertad a las que la mayoría de la sociedad aspira.

Pero además de la personificación en Mónica Oltra creo que a Compromís le hace falta una cosa más, una cosa que lleva diciendo tiempo pero que debe insistir especialmente en ella. Mirad, estaba el otro día leyendo cosas sobre el caso Pujol y las comisiones del 3% que luego resulta que eran del 5%. Maragall ya dijo hace casi 10 años aquello del “ustedes tienen un problema y se llama 3%”. Carod el otro día dijo que le habían dicho miembros de CiU, ya hace años, que lo del 3% era realmente un 5%. Leyendo esto me hervía la sangre ¿qué demonios hizo el tripartito en el poder? ¿Vieron toda esta realidad y se callaron? ¿Fueron conniventes con pruebas de la corrupción anterior?
Yo no quiero que la Comunidad Valenciana llegue a ese punto. Compromís debe garantizarnos, como ha dicho ya muchas veces Morera y la propia Oltra, que va a “levantar las alfombras” y auditar bien todo lo que ha hecho los Consells del PP. Han sido los máximos exponentes de este compromiso y sería muy bueno para ellos que garantizasen que no van a aceptar ningún pacto ni a estar en ningún gobierno que acepte tapar las vergüenzas de la etapa anterior.
Todo lo que ha hecho el PPCV debe ser auditado, todas las contrataciones y compromisos fraudulentos deben ser denunciados, renegociados y llevados a los tribunales si es posible y necesario. Hay que romper definitivamente esta sensación de que los gobiernos entrantes tapan a los salientes para luego no ser descubiertos ellos cuando abandonen el poder. Hay que hacerlo sin caer en la revancha personal, pero hay que hacerlo.
Las campañas electorales deben ser positivas y tener propuestas, pero lo ocurrido en Valencia es tan grave y la sensación de que lo que no sabemos es tanto y tan grave que éste debe convertirse en uno de los compromisos básicos de campaña de Compromís. Lo del 5-4-1 debe ser aclarado y se debe desenmascarar y denunciar a todos los que hayan participado en él.

Os voy a ser sincero. Si Mónica Oltra no estuviese en Compromís mi apuesta sería que Compromís obtendrá unos resultados mediocres en 2015 (quizá incluso por debajo de 2011). Pero Mónica Oltra es un valor tan fuerte que creo que muchísimos valencianos van a votar a Compromís simplemente por ser ella la cabeza de cartel. No sé qué hará Compromís a nivel local pero a nivel autonómico este valor es fundamental.
Como veis no he valorado en ningún momento la posibilidad de un pacto entre Podemos y Compromís (y quizá otras fuerzas) en una candidatura conjunta, no porque no la considere posible sino porque creo que aún no hay nada avanzado en este sentido. Pero obviamente sería una combinación ganadora. No sé si el nacionalismo del Bloc podría restar votos a Podemos (creo que en parte sí) pero con personalidades como Oltra o Joan Ribó, Podemos (o Guanyem o lo que sea) sería...Una bomba política en la Comunidad Valenciana.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Juan Ramón Rallo y su colaboración en RTVE















En estos últimos días ha habido una gran polémica sobre la colaboración y posterior cancelación de la misma del economista “austriaco” Juan Rallo en el programa matutino de Mariló Montero, La mañana de la 1. A pesar de que en principio es un tema de escasa importancia creo que hay una serie de derivadas de este debate que pueden ser muy interesantes de analizar.

El asunto fue más o menos el siguiente. En Las mañanas de la 1 quisieron hacer una sección semanal sobre economía, que iba a ser orientada a cuestiones más bien de "economía doméstica". El programa contrató a Juan Ramón Rallo, economista de la escuela austriaca defensor de la reducción del estado a la mínima expresión y, por tanto, de eliminar prácticamente todo lo público. Rallo es, además, director del instituto Juan de Mariana, una organización que persigue fines parecidos.
En cuanto se conoció la noticia se generó una gran polémica digamos “ética”, pues Rallo es enemigo declarado de todo lo público y muchos dijeron que su colaboración en la televisión pública era una traición a sus propios ideales y una postura cínica. Pero la gran polémica llegó cuando la sección sindical de la UGT en TVE publicó un duro comunicado contra la participación de Rallo en RTVE.
El comunicado decía que no se podía entregar el espacio público a alguien que “niega a la RTV pública su sentido, existencia y futuro”. Criticaban la decisión de contratar a alguien cuya posición económica es “marginal por extremadamente extrema, la derecha de la derecha, el enemigo (…) de todo lo que huela a público”. Por sus tenencias anti-públicas calificaban su contratación como algo “propio de tontos” y consideraban que su contratación tenía como objetivo manipular ideológicamente. Finalmente exigían que se suspendiese cualquier relación laboral de la RTVE con Rallo, como finalmente sucedió.
Desde la posición de Rallo y, al escuchar las primeras críticas, justificó su posición con este artículo en el que defendía el poder vivir dentro del “statu quo” queriéndolo cambiar sin, por ello, caer en la incoherencia ideológica. Pero después de haberse suspendido su colaboración se desmarcó con otro este otro artículo criticando las “burocracias estatales” y situándose como víctima y perseguido por sus ideas.

Este tema y la polémica que ha generado tiene componentes muy interesantes. Por ejemplo ¿es incoherente que Rallo, que quiere eliminar todo lo público, participe y sobre todo cobre de la televisión pública? En mi opinión no es incoherente. La explicación que da Rallo en su primer artículo me parece más o menos razonable. Exigir un grado de pureza total en el comportamiento a los defensores de una cosmovisión determinada es algo absurdo e incumplible.
Rallo pone el ejemplo de un comunista y ciertamente desde la derecha se ha criticado muchas veces a los comunistas por tener cualquier interacción con el mundo capitalista, generándose un absurdo que llevaba a un comunista a sólo poder vivir en una cueva. Yo siempre me he opuesto a esas críticas absurdas pues son pura propaganda para intentar acusar de falsedad comportamental a los izquierdistas y, por tanto, debo oponerme a críticas similares en el caso de Rallo.
Ahora, creo que hay matices diferenciales. Por ejemplo, no es lo mismo trabajar por necesidad para una empresa a la que éticamente rechazas que hacerlo en el caso de Rallo, a quien no lo hace falta para nada el sueldo de RTVE (pues colabora y trabaja en otros sitios y previsiblemente con muy buena remuneración) y por tanto podría rechazarlo con un menor perjuicio. También hay otra diferencia: El instituto Juan de Mariana, del que Rallo es director, se ha jactado siempre de no aceptar subvenciones públicas para mantener su independencia...¿es normal que compatibilice el cargo de director del IJM con su sueldo “público”? Aceptemos que aquí sí que hay una contradicción.
De todas formas creo que también hay que entender el “factor propaganda”. Alguien como Rallo debe querer extender sus ideas a la mayor cantidad de público posible y por ese utilitarismo se podría entender que acepte la colaboración en una televisión pública. En el fondo Pablo Iglesias, probablemente nada amigo de los grandes grupos comunicacionales como Mediaset, MediaPro o la propia 13TV, hace eso mismo, justifica su presencia en esos medios por la posibilidad de usarlos como vehículos para hacer llegar un mensaje político, algo que le ha granjeado grandes críticas de la izquierda ortodoxa. La diferencia es que Iglesias reconoce que lo hace con ese fin y Rallo no ha usado este argumento en ningún momento.

La otra derivada de este asunto es la referente a lo que debe hacer una televisión pública ¿es lógico que alguien que pretende destruir la TV pública aparezca en la misma? En mi opinión y de forma general, Sí, si se cumplen ciertas condiciones. Los medios de comunicación públicos deben ser un reflejo de la sociedad y deben ser plurales y, por tanto, si dentro de esa pluralidad y de esa representación de las ideologías sociales hay gentes que quieren cerrar una televisión pública, creo que deben tener su voz.
Ahora, no se puede usar ese argumento para esconder comportamientos que objetivamente van en contra de la pluralidad y son poco representativos. Juan Rallo pertenece a una corriente económica muy marginal que no se defiende desde ningún partido político con representación en ningún sitio y que desde el propio sector académico ha sido tildada numerosas veces de “pseudociencia”. Su presencia como economista único en un programa relativamente importante de la parrilla no es pluralidad, es más bien sesgo informativo y probablemente ideologización del espectador. Es posible que en un debate entre varios economistas en la TV pública alguien como Rallo pudiese estar como forma de garantizar la pluralidad de ideas y puntos de vista, pero que tenga una sección no parece lógico desde ningún punto de vista: Ni el de la representatividad, ni el de la pluralidad ni el de los méritos académicos del invitado en cuestión.
Hay quien me ha dicho que, al ser una sección de economía “doméstica”, daba igual que estuviese Rallo o no y que eso no suponía manipulación alguna, pero ese me parece un argumento cándido e infantil. Pensar que Rallo se va a circunscribir a decirle a las señoras que deben usar con prudencia la tarjeta de crédito o que deben hipotecarse prudentemente es de una ingenuidad enorme. Rallo sólo tiene un objetivo en su vida pública, que es vender las bondades del estado mínimo, y eso es lo que va a intentar hacer en cualquier caso. Y en cualquier caso para una sección de esta naturaleza ¿no serían mejores Gay de Liébana o Leopoldo Abadía?

Respecto al comunicado de UGT ¿está justificado? Pues sí, yo creo que lo está. A pesar de todo lo dicho es normal que un sindicato pida que alguien que en el fondo quiere “echarlos a la calle” no trabaje allí. Los sindicatos no son ONG's, no son órdenes franciscanas, son organizaciones cuyo fundamento básico es la defensa de los intereses de sus afiliados y en el interés de sus afiliados es que RTVE permanezca y, para ello, es importante que los ciudadanos y los políticos por extensión quieran defenderla. Además hay que entender el entorno en el que estamos, con Canal 9 cerrado hace nada, con Telemadrid bajo a la misma amenaza y con países como Grecia que cerraron su televisión pública por orden de la Troika.
Y en cualquier caso hay un tema que hay que plantearse. Existe un consenso en las democracias actuales de que hay ciertas ideas totalitarias que no tienen cabida en el debate público. Muchos países han prohibido a los partidos fascistas y otros, que no los tienen prohibidos, los tienen marginados y estigmatizados. No parece lógico que un partido fascista que quiere acabar con la democracia estuviese en un debate público en televisión o que tuviesen siquiera un espacio relevante. Lo que es aplicable al fascismo podría serlo al islamismo radical o a otras ideologías.
Lo que defiende Rallo, sin llamarlo así, está bastante próximo al anarcocapitalismo o al “libertarianismo” ¿deben tener estas ideas una representación mediática como si fuesen una fuerza, digamos, “democrática”? Es un debate que deberíamos tener. En principio mi instinto me diría que estas ideas, al no atacar las libertades ni los derechos humanos, deberían ser tratadas como cualquier otra ideología, pero creo que hay que profundizar en el análisis. En tanto en cuanto quieren acabar con el estado o minimizarlo al máximo son, en consecuencia, enemigos de la democracia o por lo menos minimizadores de la misma. Están en contra de todo lo público, del estado del bienestar, de las decisiones colectivas de los procesos democráticos y de cualquier redistribución de la riqueza. Las ideas que defienden, llevadas a su máxima expresión, llevarían a la tiranía de los que tuviesen el capital y el dinero sobre los que no lo tuviesen, nos llevarían a una especie de edad media capitalista y a la reversión de todos los principios sociales sobre los que nos hemos basado desde la ilustración.
Ojo, no estoy comparando el anarcocapitalismo con el fascismo, obviamente hay un factor de “represión activa” del fascismo que el anarcocapitalismo no tiene, pero creo que hay que ser enormemente cuidadosos con esta fuerza porque puede ser incluso más destructiva que el propio fascismo. El fascismo al fin y al cabo puede ser derrotado y sacado del poder y luego se puede crear una democracia sobre sus cenizas, pero el anarcocapitalismo podría destruir la civilización tal y como la conocemos ¿De qué nos valdría elegir a un gobierno conservador o socialista sobre un estado inexistente y desaparecido? Sería como echar agua en una cesta.
Insisto, no estoy diciendo que haya que prohibir, marginar o silenciar a los defensores de privatizaciones y de que el estado deje de estar presente en determinados ámbitos de la vida colectiva, digo que hay que plantearse hasta qué punto ese camino de la desregulación absoluta y la privatización masiva de todo llega a un punto en que atenta contra la democracia misma.

En definitiva, puedo compartir con Rallo su criterio de que no es incoherente estar en contra de una televisión pública y colaborar en ella, y también creo que en principio una fuerza así debería tener representación en la televisión pública si realmente representase a una parte de la opinión pública. Pero las ideas de Rallo son marginales, no representan a casi nadie y en el fondo su presencia en TVE suponía un evidente problema de proporcionalidad entre su influencia y su presencia, presencia que además fortalecía un dominio absoluto de personalidades contrarias a la izquierda política en aquella casa.
Y finalmente creo que hay un debate pendiente sobre estas teorías que pululan entre el “libertarianismo” y el anarcocapitalismo, los límites de la privatización y hasta qué punto éstas chocan con el concepto de democracia misma. Yo no soy partidario de prohibicionismos cuando no hay un riesgo real para la democracia y creo que en este caso no lo hay por lo minoritario de estas fuerzas, pero no estaría de más plantearse el debate aunque fuese en términos puramente teóricos.


jueves, 4 de septiembre de 2014

La elección de alcaldes y la deslegitimación democrática
















Dije hace un par de meses que no creía que el PP se atreviese a sacar adelante en solitario una reforma de la ley electoral para la elección de alcaldes. A la vista de los acontecimientos parece que me equivoqué pues el PP, según todas las informaciones, parece que va a intentar hacer una reforma que le beneficie incluso en solitario. No será exactamente que el más votado sea el alcalde sino que parece que se suavizará un poco para evitar las acusaciones de golpismo, pero la reforma van a intentar hacerla igual, otra cosa es que la oposición la consiga paralizar/boicotear política o judicialmente ayudada por el escaso tiempo del que dispone el ejecutivo.

Con el PP siempre pasa lo mismo, cuando piensas que no se van a atrever, cuando les achacas algo de sentido común o de “humanidad política” al final te equivocas. Con el PP siempre funciona aquello de “piensa mal y acertarás”, siempre están mirando en su beneficio y para conseguirlo no tienen límite propio, tan sólo el que está en las leyes o en las exigencias de buen gobierno internacional.
Recuerdo el 11 de marzo de 2004, cuando después de los atentados de Atocha todo el mundo pensaba que los había causado ETA (porque era lo que decía el ministro del interior). Yo pensé desde el primer momento que era obra del terrorismo islámico por varias razones relacionadas con la naturaleza del atentado y, ante esa discrepancia, me hice una pregunta “¿es capaz este gobierno de mentir con 200 muertos y con la sangre todavía caliente sobre el suelo de Atocha?”. Mi respuesta fue que sí y por eso asumí lo que la intuición me decía, y acerté.
La historia me demuestra que con el PP, sean quienes sean sus miembros, hay que pensar mal siempre, aunque finalmente tiendo a pensar que todo el mundo ve los riesgos morales y políticos de las cosas que se hacen por interés. Pero no, ellos no los ven y este es el drama de España. Estos desgraciados van a hacer que al final me convierta en un conspiranoico, en uno de esos que piensa que el PP está siempre maniobrando en las sombras para destruir el estado del bienestar o la democracia misma. No quiero llegar ahí, así que espero que desaparezcan del panorama político antes de que me vuelva majareta.

Tal y como se desarrollan los acontecimientos tengo la sensación de que la futura reforma va a ser “suavizada” en dos puntos. El primero es que creo que se va a exigir al menos un 40% de voto para que el candidato de la lista más votada sea proclamado alcalde. Esto no es la desproporción que se intuía al principio, cuando parecía que íbamos a tener alcaldes con el 25% y 30% de los votos, pero aún así es una ruptura con el modelo democrático “parlamentarista” que tenemos en España.
El segundo es que probablemente se haga una segunda vuelta si ningún candidato llega al 40% de los votos (quizá también si hay poca diferencia entre ellos). Esta segunda vuelta no beneficiaría al PP si tuviese que competir con partidos como PSOE o UPyD pero seguramente, según debe creer el gobierno, pueden tener bastantes segundas vueltas con candidatos de esos que llaman “anti-sistema” y ahí pensarán que una segunda vuelta les puede beneficiar.
Esta “suavización” de la ley se plantea simple y llanamente para disimular el golpismo electoral que supone hacer un cambio legal unilateral, que beneficia a los intereses del gobierno y estando las elecciones a la vuelta de la esquina. Fijaos al límite de degradación política que hemos llegado que el hecho de que se lo hayan sacado de la chistera sin proponerlo en el programa electoral (porque no lo proponían por mucho que defiendan que Sí acogiéndose a una ambigüedad que hay en la página 175 de su programa) ya nos da lo mismo y ni nos percatamos de ello. Hemos asumido que el gobierno no responde ante nada y ante nadie y lo único que hacemos es ponernos a la defensiva para que no destruyan la poca democracia que nos queda.

Lo que no ha calculado el gobierno aquí son las consecuencias de esta ley electoral en el país. Estos ayuntamientos electos van a tener que cohabitar con gobiernos autonómicos y con un gobierno nacional que, sometido a la naturaleza del parlamentarismo, no va a ser del mismo color que los ayuntamientos. Podría darse la situación de ayuntamientos del PP que nazcan impopulares desde el primer día y conviviendo en 6 meses con unos gobiernos que pueden considerar a éstos como ilegítimos. En este momento y viendo cómo está el país eso puede ser un polvorín.
Pero ese no es el problema mayor. Mirad, en España todavía hay una barrera psicológica muy importante que hace que la población no sea “anti-sistema”, y esa barrera es que el sistema es oficialmente democrático. Con todas las limitaciones democráticas, el sometimiento exterior y con todas las tropelías cometidas, los españoles aún seguimos pensando muy mayoritariamente que nuestro sistema es democrático. A pesar de que el gobierno hace lo que le da la reverenda gana sin pedirle permiso a nadie el hecho es que lo hemos votado nosotros, y dentro de esa conciencia democrática de bajísima exigencia que tenemos los españoles entendemos que esto es culpa nuestra.
La cultura de la transición, que comienza a resquebrajarse en algunos aspectos, sigue vigente en otros muchos. Esta idea que nos han inculcado de que por primera vez en la historia moderna tenemos una democracia de consenso y que los grandes temas (por lo menos la estructura de poder del país) se han aprobado por amplio consenso sigue presente en nuestro subconsciente colectivo y eso hace que respetemos las instituciones y quienes las gobiernan. Podemos querer cambiar la constitución o hacer una nueva, pero la respetamos; podemos pensar que este gobierno es la representación del mal en la tierra, pero es el gobierno elegido por las urnas. Estas ideas siguen en nuestra mente.

Llegar ahora y, por puro interés de colocar a tus correligionarios viviendo de un cargo público, cambiar la ley electoral unilateralmente, es un golpe de gracia a la cultura de la transición y a la estabilidad del sistema. Hacerlo rompe dos pilares básicos: El sistema de elección ya no está hecho por consenso, y los representantes públicos ya no van a ser considerados en todos los casos representantes legítimos de los ciudadanos.
Mucho cuidado con esto porque es muy importante. Hoy sabemos que en muchos sitios el PP no va a repetir alcaldía ya que, saque el porcentaje que saque y siendo éste menor al 50%, no va a gobernar por la sencilla razón de que la corrupción que emana de esos consistorios es tan insoportable que ningún otro grupo les apoyará. Imaginad, por ejemplo, el caso de Alicante, donde la podredumbre es grosera, asquerosa e insoportable. Si el PP sacase el 40% de los votos mantendría la alcaldía con la nueva ley electoral cuando es evidente que el 60% de los que no les van a votar querrían a Castedo y a todo el PP fuera del consistorio.
La sensación en un caso cómo este va a ser que el PP ha manipulado las leyes para mantenerse en el poder, y casos como el de Alicante hay muchos. Ojo, cuando una población asume que sus representantes no son legítimos estamos dando el primer paso hacia una revolución. Lo que protegía al sistema político español, esa legitimidad de origen que emana del consenso de la transición, se rompería aceleradamente.
No confundamos una ley electoral sobre el papel con una ley electoral hecha para una situación e interés determinado. Quizá en Alemania o en un país estable una ley así se aceptaría si intenta solucionar problemas existentes, pero España está en proceso de cambio profundo, en un momento de ruptura política, en una situación en que necesita profilaxis democrática y sacarse de en medio a tanto corrupto gobernante, y una ley así puede representar directamente un decreto de excepcionalidad destinado a taponar los cambios.

De todas formas, y enlazando con mi párrafo de inicio, quizá sí que se han dado cuenta, quizá sí que saben lo que están haciendo y todo se trata de “pensar mal” para poder acertar. Pensando bien diría que son un hatajo de pirómanos imbéciles que sólo quieren vivir del erario público sin importarles el mal que hacen, pero pensando mal mi opinión sería otra.
Si pienso mal diría que el PP sabe perfectamente lo que hace y que está destruyendo los consensos y el sistema de la transición él solito a propósito. Diría que el PP lo que quiere es establecer un bipartidismo con Podemos pues esa es la única manera de poder mantenerse en el poder: Con Podemos en frente sólo tienen que satanizarlo, decir que éstos van a convertir a España en Cuba,Venezuela e Irán al mismo tiempo, que los comunistas de la coleta nos van a quitar todo lo que tenemos y así situarse como únicos garantes de la estabilidad y la “civilización”. Diría que el PP potencia a Podemos para que éste supere al PSOE y así conseguir que su rival tradicional les apoye a ellos y así acabar con él. Diría que el PP lo único que quiere es arrasar y esquilmar al país durante unos años más aún sabiendo que, por este camino, tendremos a Podemos en el gobierno en unos pocos años.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Podemos ¿coyuntura o estructura?





















Desde el 25 de Mayo hay una pregunta que se repite en las tertulias políticas: ¿Ha llegado Podemos para quedarse? ¿O será el típico partido revelación que, después de un éxito, se hunde entre sus propias contradicciones? Ya he defendido más de una vez que Podemos ha llegado para quedarse aunque para ser más exacto diría que lo que Podemos representa está enraizado en esta sociedad y es algo permanente, por lo que Podemos probablemente pervivirá y, si no lo hiciese (porque cualquier proyecto puede fracasar), sería rápidamente sustituido por otra fuerza ajena a la normalidad del sistema.
La idea básica es que la fuerza motriz de Podemos, los problemas que combate, las soluciones que ofrece y las líneas generales que plantea son ya una demanda social consolidada, son una realidad estructural. Por tanto no hablamos en ningún caso de un movimiento coyuntural. Quiero desarrollar un poco la idea.

En mi opinión el 15-M fue el inicio de una serie de acontecimientos que ha llevado a la formación y éxito de Podemos tres años después. En aquel momento, en la primavera de 2011, un movimiento joven ocupó las calles de España bajo la demanda principal de “Democracia Real Ya”.
La exigencia de Democracia real no era revolucionaria, no era nada rupturista. Esos jóvenes lo que reclamaban era básicamente que la historia que les habían contado sobre el sistema político y sobre la sociedad fuese cierta. Desde que estos chicos nacieron se les había contado que vivían en una democracia, que existía algo como la soberanía popular que decidía cual era el destino de un país en todos sus ámbitos. Se les habló de un estado del bienestar que no dejaba a nadie desamparado y que protegía al débil, de unos gobiernos representativos cuya principal preocupación era el bienestar de la gente, el garantizar a las personas un empleo y una vida digna dentro de los parámetros de progreso social.
Estos jóvenes sintieron que todo en lo que habían creído no era verdad. El mundo para el que les habían preparado tenía unas reglas que parecían claras: Si estudiabas tendrías un mejor trabajo, si trabajabas bien progresarías salarial y laboralmente, gracias al progreso económico y social los hijos vivirían mejor que sus padres, etc. Pero nada de eso estaba siendo así y no parecía que fuese a pasar en el futuro: Los jóvenes preparados se enfrentaban al paro, el esfuerzo no parecía tener resultado y los hijos probablemente iban a vivir peor que sus padres.
Adicionalmente el país se enfrentaba a un panorama político desolador. Era el ocaso del zapaterismo, el PSOE se estaba hundiendo por traicionar la política socialdemócrata y la alternativa era básicamente la misma, era pasar de un gobierno derechista postizo a uno derechista de verdad. Así pues la dualidad política, la alternancia como método de mejora, corrección y cambio, se convertía en puro turno carente de fondo.

El 15-M fracasó pero su semilla siguió perdurando. Paralelamente el 15-M o después del mismo nacieron movimientos sociales novedosos que se alejaban de la estructura tradicional. La Plataforma de afectados por la hipoteca (PAH), con sus acciones de resistencia a los desahucios o sus escraches, y las mareas sanitarias y educativas, donde los sindicatos estaban presentes pero realmente eran algo moderno y transversal, son los ejemplos más claros de estas nuevas formas de protesta. También asistimos a formas de “lucha” un tanto novedosas: Manifestaciones rodeando los edificios parlamentarios o las coloristas acciones de Sánchez Gordillo y su sindicato, realidades que aterraron al gobierno porque no sabía cómo controlarlas.
Estas acciones y realidades novedosas han ido apareciendo porque los mecanismos tradicionales de lucha se han demostrado ineficaces. En España ha habido tres huelgas generales en los últimos tres años y las tres han fracasado. Las manifestaciones podrían reunir a millones que el gobierno las ignoraría absolutamente. Ante esta realidad se buscan caminos diferentes como todos los comentados, que al menos sí tienen una eficacia práctica (la estrategia de la PAH ha paralizado centenares de desahucios) o asustan al gobierno (escraches, manifestaciones "especiales").

Todo esto se puede resumir en que la sociedad se ha dado cuenta de que toda la estructura democrática y de gestión de los conflictos colectivos que parecía vigente hasta ahora se ha desmoronado y, ante esta revelación, busca insaciablemente mecanismos nuevos para defender sus intereses.
Si el esquema “vital” que se tenía antes del 15-M (estudiar para un mejor trabajo, trabajar para mejorar laboralmente, comprar una casa gracias al trabajo, tener una vejez asegurada y tranquila, etc.) se desmoronó para la generación del 15-M, el esquema “democrático” que podía permitir exigir ese esquema o cualquier otro también ha caído: La democracia parece secuestrada por dos partidos prácticamente iguales (el bipartidismo, las “élites extractivas”, la “casta”), los mecanismos democráticos de huelga y manifestación no sirven ya (excepto en sectores específicos) y, en definitiva, el ciudadano se siente indefenso ante una superestructura que es inmune a cualquier mecanismo de control o presión social.
Si los contrapesos democráticos y el relativo pactismo entre capital y trabajo vigente desde la II guerra mundial se han eliminado, era cuestión de tiempo que la gente se “desenganchase” del sistema y se situase fuera de él. Como dicen por ahí “no es que seamos anti-sistema, es que el sistema es anti-nosotros”. De verdad, ¿alguien pensaba que la conversión del ciudadano en sujeto pasivo y la conversión del trabajador en un sujeto semi-esclavizado por la dependencia económica no iba a tener consecuencias?

Y es en ese contexto donde aparece Podemos. Pero Podemos va más allá del 15-M y profundiza en la desafección. Ya no se le pide al poder político que convierta en real lo que habían vendido como real, ahora se le dice al poder político que se vaya, que son una “casta” incorregible y parasitaria y que ahora va a ser el “ciudadano” quien va a tomar las riendas del poder para hacer real esa sociedad democrática con igualdad relativa, meritocracia y soberanía ciudadana. Podemos no representa una revolución en el fondo pero sí la representa en la forma, no se quiere subvertir el esquema democrático sino volver a generar los equilibrios entre capital y trabajo y recuperar la soberanía popular que era propia de la Europa de hace 30 años. Y se quiere hacer con una revolución ciudadanista, dando un escobazo generalizado a quienes han ocupado el poder político en los últimos 30 años y mediante mecanismos que quizá sí son revolucionarios, a caballo entre la democracia radical y el democratismo.
Si aceptamos que este es más o menos el resumen de lo que ha pasado en el cuerpo social español en los últimos años podremos concluir claramente qué pasará si Podemos fracasa. Si el fracaso del 15-M representó el fin de la ilusión de que los políticos de los partidos tradicionales hiciesen caso a las demandas ciudadanas, el fracaso de Podemos podría representar el fin de la ilusión de cambiar el sistema desde dentro y de que los ciudadanos puedan recoger una democracia vaciada y degradada y reconvertirla en una democracia real y avanzada.
Si Podemos fracasa, o mejor dicho si la revolución ciudadanista que Podemos quiere representar fracasa (porque, al final, lo mismo da que esa “revolución” la haga Podemos, EQUO, el Partido X o quien sea, eso al ciudadano no le importa), lo esperable sería una nueva vuelta de tuerca en estas bolsas ciudadanas crecientes de frustración y desafección por el sistema. Porque estas “bolsas” no van a desaparecer, porque el sistema ha generado una nueva normalidad precarizadora y vaciadora de soberanía que no va a hacer más que avanzar con el tiempo.
Y una nueva vuelta llevaría fácilmente a la conclusión de que el sistema es irreformable, y cuando digo sistema quiero decir democracia representativa y economía de libre mercado. Y si eso pasa el próximo Pablo Iglesias que salga no hablará de democracia directa y avanzada ni de fórmulas de economía mixta, el próximo Pablo Iglesias le dirá a las masas indignadas que la democracia representativa y el capitalismo es irreformable y que hay que ir hacia una revolución de fondo, radical, y no sólo en las formas. Y bajo esta lógica el próximo Pablo Iglesias no será “mesiánico” sino que probablemente será autoritario.

En resumen, Podemos es un partido que está edificado sobre una realidad estructural que avanza imparablemente en nuestra sociedad: La precarización, la desafección ciudadana con el sistema y la búsqueda social de mecanismos que sirvan para defender sus intereses. No es una coyuntura, no es una revelación electoral nacida de la televisión sino que es una propuesta edificada en una estructura social naciente.
Si en este país alguien del “stablihsment” político tuviese dos dedos de frente entendería que hay que normalizar a Podemos, entenderse con él y asumir por lo menos parte de sus reivindicaciones. Si eso se hubiese hecho con las demandas del 15-M probablemente Podemos no hubiese nacido nunca. Y si ahora no se hace con Podemos de aquí a 5 ó 6 años, cuando tengamos un agresivo líder llamando a la revolución, nos arrepentiremos.
Confiar en que una eventual recuperación económica va a hacer desaparecer estas exigencias es no entender nada de cómo funciona el mundo y de la naturaleza de esta crisis. Porque por mucho que el país se recupere en términos de PIB o de cifras macroeconómicas éstas están sostenidas en una “nueva normalidad” económica que condena a la degradación social a sectores sociales enteros. Pero de esto ya hablaremos.