La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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martes, 30 de diciembre de 2014

Resumen del 2014: El año de Podemos















Si por algo será recordado el año 2014 será por la irrupción en el panorama político de Podemos, partido que no existía a principio de año y que acaba el mismo ocupando la primera posición en intención de voto en muchas encuestas. Algo así no tiene precedentes en ningún sitio que yo recuerde, excepto en los países que pasan de una dictadura a una democracia.

Este hecho demuestra que el análisis original de los dirigentes de Podemos, de que la crisis era tan profunda en España que era el momento preciso para que un nuevo movimiento político desplazase a las élites políticas turnistas, era absolutamente acertado. Recordemos que los partidos alternativos al bipartidismo en el ámbito nacional, Izquierda Unida y UPyD, no habían sido capaces de conseguir una perspectiva de voto mucho más allá del 10% cada uno, manteniéndose los grandes partidos en el triple de esa estimación.
Las simplificaciones de que Podemos es el “partido del cabreo” son, pues, poco certeras ¿no debería haber votado un ciudadano cabreado a IU o UPyD (o a EQUO)? Por la razón que fuese el ciudadano no veía ahí un vehículo para su frustración y de hecho, en cuanto Podemos apareció, muchos de los que iban a votar a esos partidos se reorientaron hacia la nueva formación. Así pues convengamos que Podemos tiene algo que estos partidos no tienen.
¿Qué es ese "algo"? Pues yo creo que es una mezcla de muchas cosas. Para empezar es un partido radicalmente nuevo, no manchado con el pasado ni desnaturalizado por la política parlamentaria. Por otro lado el carisma de su líder y la capacidad analítica de sus dirigentes parece estar muy por encima de la de los políticos actuales. Adicionalmente han vendido un mensaje de victoria, de posibilidad real de cambiar las cosas, de no conformarse con un porcentaje del pastel, algo que ha movilizado enormemente a un electorado pasivo. Y para finalizar han sabido conectar perfectamente con el estado de opinión de los ciudadanos, dando recetas simples es verdad (¿quién no las da?), pero sabiendo verbalizar no lo que la gente quiere oír, sino lo que la gente quería decir y no se atrevía. Esta mezcla ha sido la receta del éxito.

Los políticos y la prensa generalista suelen decir que Podemos está teniendo tanto éxito a causa de la corrupción generalizada en la que están inmersas las élites turnistas del país. No es verdad, de hecho este análisis es un terrible error y es posiblemente la causa por la que este fenómeno se les ha escapado de las manos. Ni la corrupción es el caldo de cultivo de Podemos (no principalmente) ni Podemos es un partido del cabreo que se deshinchará cuando los casos de corrupción se minimicen o el país comience a recuperarse económicamente.
No, el éxito de Podemos se debe a una cuestión estructural, Podemos es el producto de la destrucción de la democracia tal y como la conocíamos y del fin del contrato social vigente hasta ahora. Es esta estructura política, con unos organismos internacionales que amenazan con la ruina y la destrucción a los países ante la posibilidad de que gobierne alguien que no les guste, y con unos “mercados” que acaban imponiendo su voluntad sobre gobiernos presuntamente izquierdistas, la que orienta al electorado hacia la convicción que solo un partido “de choque”, con una dialéctica contundente y que pone en duda los consensos establecidos puede rescatar la soberanía ciudadana frente al poder del capital.
Y más importante aún que la estructura política es la estructura económica. España es un país que directamente ha asumido su decadencia económica y su sumisión en el mundo. A los españoles se les ha repetido incesantemente que “han vivido por encima de sus posibilidades” y que “los hijos van a vivir peor que sus padres”. Los empleos basura que antes eran de 1.000€ ahora son de 600€, nos enfrentamos a un desempleo estructural crónico que lastrará los salarios por tiempo indefinido, los servicios sociales solo pueden ir a peor. El español mira al futuro pensando eso de “virgencita, virgencita, que me quede como estoy”.
Todo esto representa un hundimiento de todos los sobreentendidos sistémicos sobre los que edificábamos nuestra vida económica y política. El turnismo político ya no vale, los mecanismos de defensa de los intereses personales y colectivos tampoco y la misma idea del “progreso” se ha convertido en una utopía, en un sueño del pasado. Y este cambio radical de las reglas de juego no va a ser aceptado pasivamente, y de hecho la sociedad no acepta el mantenimiento de toda una estructura burocrática y económica que ya no le concede ni siquiera la esperanza en el progreso personal y colectivo.

Cuando Pablo Iglesias dijo en enero que iba a organizar una nueva candidatura ciudadana muchos se le echaron encima. Los adalides de la “unidad de la izquierda” le acusaron de dividirla y de ser un instrumento para acabar con IU, como si IU hubiese estado a unos pocos votos de gobernar o algo así. Yo apoyé a Pablo en su aventura y de hecho su propuesta venía a defender una idea mía muy anterior: Lo importante era movilizar a la gente por el cambio y para eso había que darles partidos a los que pudiesen acercarse, con los que sentirse cómodos. Por eso siempre defendí que en las elecciones europeas cada familia de la “izquierda” debía ir en solitario, los post-comunistas por un lado, los verdes por otro y esa nueva “izquierda indignada” y algo desideologizada salida del 15-M por otro. Podemos era, al fin y al cabo, otra vía más, una especie de “fusión” de todas esas vías, y por tanto me pareció un acierto que se presentase.
Durante la campaña de las elecciones del 25-M se vio que Podemos iba bastante más en serio de lo que la gente esperaba. A pesar de no ser mi opción electoral preferente los seguí, estuve en un acto en Valencia y, después de ver cómo crecían, el gran trabajo en redes sociales y cómo la gente los conocía más de lo esperado, preví que serían la sorpresa en las elecciones. Y acerté. Y no sólo acerté, sino que tres días después del resultado ya dije que probablemente sería el cauce por el que canalizarían las expectativas sociales de una sociedad frustrada y asqueada. Y parece que también acerté.

Si algo nos ha enseñado la aparición de Podemos es que el poder muere matando. Después del éxito de Podemos en las europeas comenzaron a aparecer todo tipo de “argumentos” contra la formación y sus líderes. Se dijo que querían implantar el Chavismo en España, que traerían la miseria y que estructurarían algún tipo de indisimulada dictadura. Manadas de periodistas han estado buscando en las hemerotecas cualquier declaración que pudiese ser usada sola o convenientemente descontextualizada para atacar a sus líderes e intentar “demostrar” que tenían un perverso programa oculto. Se ha querido implicar a sus líderes en casos de corrupción (o mini-corrupción) con las mas variadas infamias y absurdeces. Y los periódicos de referencia en el país (sobre todo el diario El PAIS) han estado sacando artículos diarios sobre los peligros que se ciernen sobre la nación a causa de Podemos.
Os prometo que desde finales de mayo he estado analizando cada una de las acusaciones de forma cuidadosa, tanto las ideológicas como las de corrupción o “pensamiento perverso” de sus líderes. Lo he hecho decenas de veces y en todas ellas las “noticias” han resultado una patraña, bien porque eran falsas directamente, bien porque la interpretación de los hechos era absurda (no sé si por malicia o por pura ignorancia del articulista) o porque con una pequeña base de verdad se estructuraba una noticia en base a suposiciones indemostradas. Pero nunca, nunca, el titular y la acusación se correspondía con la realidad.
Y esto, obviamente y aunque a los puristas no les guste escucharlo, es un ataque indiscriminado en toda regla. Y sí, por supuesto que Podemos debe ser criticado y auditado y sometido a análisis público con la misma lupa que los demás, pero lo que está pasando en este país no responde a nada esto sino que responde al interés por hundir a una formación política que amenaza con romper un statu quo favorable para mucha gente. Y donde quiera que haya una crítica certera (que las hay y las he leído), está oculta debajo de tanta patraña.
Lo comenté en “La Macarthización de Podemos” y más adelante en “Goebbels contra Podemos”, y creo que todo lo dicho entonces sigue siendo vigente.

Más allá de esta guerra de propaganda contra Podemos, me he dedicado durante este año a analizar las propuestas de Podemos. Empecé por la obviedad, que era que el programa con el que Podemos se presentó a las europeas no era ni comunista ni chavista, sino si acaso un programa que fusionaba las propuestas de la socialdemocracia tradicional con algunas demandas actuales de colectivos sociales. El programa, no obstante, me parecía que tenía lagunas, y predije su futura corrección en algunos puntos, como está pasando.
Como me gusta mucho entrar en temas concretos quise analizar las dos propuestas estrellas de Podemos: La Renta Básica Universal, y la reestructuración de la deuda. En el análisis sobre la Renta Básica Universal me concentré en demostrar su viabilidad, por un lado, y en la dificultad de hacer una estructura totalmente distinta que sustentase la RBU por otro. Recientemente un estudio bastante elaborado de Daniel Reventós ha estructurado un tipo de RBU que, siendo muy discutible, demuestra su viabilidad financiera (otra cosa es su conveniencia). De hecho con los meses se ha comenzado a ver a bastantes economistas abrirse, con cautelas, a la idea de una Renta Básica. En cualquier caso parece que Podemos va a proponer una Renta Básica de Inserción como propuesta a corto plazo, ya veremos a medio.
Con el análisis de la reestructuración de la deuda ya avisé de lo que iba a pasar después. Lo que parecía presentarse como un impago a las bravas se convertiría en algo mucho más fino, menos radical, más técnico, y abrazaría prioritariamente la idea de la reestructuración ordenada y pactada de la deuda. Como ya ha pasado con el tema de la RBU muchos economistas han comenzado a hablar de ello, también con cautelas como en el caso anterior.
Si se me pregunta cual ha sido la gran aportación de Podemos al debate público este año diría que ha sido el haber situado en el debate estas dos ideas, la Renta Básica y la reestructuración de la deuda. En la cultura del “no hay alternativa” esto supone un gran logro y, sin duda, es el inicio de un largo camino que acabará abordando ambas cuestiones, no sé si en su forma actual o en otra, pero sin ninguna duda a medio plazo tendremos tanto una solución para la masa de personas en exclusión laboral y social como un arreglo para nuestro problema de endeudamiento.

El 2014 ha sido el año de Podemos. Ya veremos si el 2015 es el año del cambio. El adelanto de las elecciones griegas sitúa a España frente a su propio espejo y tened presente que mucho de lo que pase allí puede pasar aquí a final de año. Ya se está amenazando a los griegos para que voten lo que los acreedores quieren, algo que creo que esta vez, y a diferencia de 2012, no les va a valer de nada. Veremos como llega Syriza al poder, con qué mayoría, qué pactos tiene que hacer y cómo gestiona el gobierno.
Syriza no va a llegar al poder tirando las puertas y cambiándolo todo de golpe, a pesar de lo que quiera hacer creer la prensa no son unos locos ni unos idiotas. Aún así, viviremos una presión asfixiante sobre las desgracias de Grecia desde el primer día que Tsipras sea primer ministro y van a intentar hacernos creer que las desgracias de Grecia son producto del gobierno de Syriza. La estrategia parece absurda, pero no es tan distinto con lo que se hace con países como Argentina, por ejemplo.

Creo que Podemos merecía ser el protagonista de este post-resumen de final de año en el que recopilo los mejores textos del año. Si no habéis leído alguno de los textos enlazados os recomiendo que lo hagáis ahora, que son muy buenos.
Nos seguimos leyendo en 2015. Feliz año.

martes, 23 de diciembre de 2014

Podemos y Cataluña















El pasado fin de semana Pablo Iglesias estuvo en Barcelona y dio un discurso ante un auditorio abarrotado. Era la primera vez que Iglesias daba un mitin en Cataluña desde las elecciones europeas y había mucha expectación sobre cual sería el resultado y la influencia del mismo.
Al parecer la influencia del discurso ha sido bastante, pues muchos de los más destacados y activos independentistas de la sociedad civil catalana han atacado a Iglesias de forma agresiva, llamándole desde mentiroso, porque según ellos no acepta el derecho de autodeterminación de Cataluña, hasta de Lerrouxista u otros adjetivos bastante graciosos. Da la sensación como que la presencia del líder de Podemos es una verdadera amenaza para la hegemonía independentista en aquel territorio. En twitter ya hay gente de derechas diciendo que si Iglesias sigue provocando esta alergia en los independentistas van a acabar votándole.

Una de las cosas que provoca confusión sobre el posicionamiento de Podemos es su actitud frente al debate catalán. En el mitin de Iglesias hubo ataques tanto para CiU (a la que incluyó en la misma “casta” que al PP y al PSOE) como para ERC o las propias CUP, sin olvidar los ataques clásicos al PP o al PSOE. En cierta manera Iglesias situó a Podemos como en una postura equidistante entre la “casta” y el independentismo.
Pablo habló de tender puentes y no levantar muros, dijo sentirse en casa en los barrios y municipios obreros de Barcelona (él es de Vallecas), llamó a Pujol y a los que tienen cuentas bancarias en Suiza “traidores a su pueblo” e incluso habló de patriotismo de una forma un tanto genérica (“a mi no me importan las pulseras, me importan las cuentas bancarias”). Y una curiosidad: No hubo ni una sola bandera (ni catalana ni española) en el mitin, y conociendo la importancia que da Podemos a la estética ésto estaba claramente calculado.
En el discurso Pablo defendió el derecho a decidir “sobre todas las cosas”, usando una ambigüedad calculada. De hecho, cuando en el discurso salía el asunto de la independencia, lo arreglaba con un “no quiero que Cataluña se vaya”.

En principio el discurso de Pablo Iglesias no parece arrojar mucha luz sobre su posicionamiento sobre el “derecho a decidir” entendido como derecho de autodeterminación de Cataluña, pero si se analiza sutilmente lo que se dice (y sobre todo lo que no se dice), cómo se presentan las ideas y cómo se aborda el debate, creo que está absolutamente claro que Podemos no apoya el derecho de autodeterminación de Cataluña.
Para entender bien qué es lo que está haciendo Podemos con el asunto catalán (y con tantos otros) hay que entender al principal estratega de la formación, Iñigo Errejón, y quien es posiblemente su máximo mentor ideológico, el argentino Ernesto Laclau. Os dejo aquí un artículo de Errejón hecho a modo de necrológica de Laclau, que originalmente fue publicado en el diario público pero parece que ha desparecido de la red (o no lo encuentro). El texto es algo denso, pero echadle un vistazo.
En este texto Errejón explica las ideas de Laclau sobre la hegemonía cultural y sobre el populismo, en base a dos de sus obras más conocidas: “Hegemonía y estrategia socialista” y “La razón populista”. Si os fijáis, lo que explica Errejón sobre Laclau es exactamente lo que hace Podemos como estrategia política y comunicacional.

Voy a ser extremadamente reduccionista al hacer esta explicación, pero tengo que explicar un poco las ideas de Laclau para que se entienda el resto del texto. Mirad, Karl Marx pensaba que el pensamiento político del hombre estaba relacionado y condicionado por su clase social. Para Marx que la revolución socialista se llevase a cabo era cuestión de tiempo porque, habiendo mas obreros que burgueses, al final los primeros acabarían apoyando el socialismo por puro interés pragmático y tendencia natural. La cuestión es que pasaron las generaciones y el socialismo no se implantó en casi ningún sitio, por mucho que hubiesen más proletarios que burgueses.
Varias décadas después apareció el comunista italiano Antonio Gramsci y creó el concepto de “hegemonía cultural”. Para Gramsci la revolución socialista no se producía porque las clases dominantes habían impuesto una hegemonía cultural a las clases dominadas. Esta hegemonía se basaba en la creación de proyectos colectivos que benefician a la burguesía (como la “patria” o criterios de comunidad religiosa) y en el uso de los medios de comunicación y otras instituciones para beneficio de las clases dominantes. Los socialistas debían oponerse a esa hegemonía cultural y crear otra nueva, en base a la educación y la pedagogía de las masas, y solo cuando lo consiguiesen la revolución sería posible. Huelga decir que pasaron las décadas y el socialismo tampoco llegó a implantarse.
Ernesto Laclau le da una nueva vuelta de tuerca a esto de la hegemonía cultural. Para Laclau el populismo es la manera de conseguir cambiar esta hegemonía y crear un nuevo bloque hegemónico. Esto se debe hacer de forma radicalmente democrática y de abajo a arriba, esto es, uniendo las demandas particulares de distintos grupos insatisfechos y amalgamándolas en lo que llama “significantes vacíos”, que son palabras sin significado claro y fijo (como “pueblo” o “patria”) y que se pueden malear y acabar dándoles el significado que tu quieres. Cuando el significante vacío obtiene, a ojos de la mayoría de la población, el significado que tú le quieres dar, entonces se ha ganado la hegemonía.

Lo que hace Podemos es precisamente eso. En vez de crear una nueva hegemonía cultural creando nuevas ideas, culturizando a las masas y haciendo pedagogía, lo que hace es usar partes de la hegemonía cultural vigente e intentar cambiarles el significado. Ojo, no usa cualquier parte de esa hegemonía cultural sino aquellas partes y aquellos términos que han perdido significado “real” y, por tanto, se han convertido en “significantes” sin significado claro.
El ejemplo más claro es “democracia”. En esta sociedad todo el mundo es demócrata, es un término ganado por la hegemonía cultural. Sin embargo la sociedad ha comenzado a intuir y a aceptar que la democracia no es “real", que la han desnaturalizado o vaciado de contenido auténtico. Por tanto “democracia” pasa a convertirse en un significante del que se puede cambiar el significado en tanto en cuanto su identificación con algo tangible y real es débil.
Podemos intenta cambiarle (o ampliarle) el significado a la palabra “democracia”, intentando introducir características de igualitarismo económico a la misma. En vez de hablar de igualitarismo o socialismo, introduce esas mismas ideas de igualdad en la palabra “democracia”, dándole un nuevo significado. Como la población es demócrata le resulta mucho más fácil aceptar esas ideas si las llamamos “democracia” que si las llamamos “socialismo” (que es un término divisivo). Lo mismo se hace con la palabra “patria”, cuyo significado se quiere llenar de conceptualizaciones populares y se antagoniza con el capitalismo financiero o con los intereses de las multinacionales y de los millonarios. Si el “patriotismo” se consigue identificar con los intereses de las clases populares, entonces Podemos habrá ganado la hegemonía cultural en ese terreno.

Con el “derecho a decidir” pasa lo mismo. Este término es claramente un significante, es decir, no tiene un significado tangible y claro. “Derecho a decidir” puede querer decir muchas cosas, pues en el propio concepto ni está claro sobre qué decidir, ni cómo decidirlo ni, sobre todo, qué “demos” o conjunto debe decidir sobre cada cosa.
Los nacionalistas crearon este eufemismo para no hablar de “derecho a la autodeterminación” o a la secesión, lo crearon como método de crear una nueva hegemonía cultural. ¿Quién no quiere decidir? Decidir es bueno, es democrático, ergo presentando la idea (la autodeterminación) con un nombre atractivo todo el mundo la va a aceptar. Esta idea fue, posteriormente, abrazada por colectivos sociales en Cataluña que quisieron ampliarla en otros ámbitos.
Pues bien, este “derecho a decidir” es un significante vacío perfecto para que la gente de Podemos lo capitalice y lo convierta en lo que a ellos les interese. Los independentistas le han dado, sin quererlo, la herramienta perfecta a Iglesias y los suyos para que las fuerzas unionistas “reconquisten” la hegemonía cultural en Cataluña. El “derecho a decidir” se convertirá en una nueva demanda que Podemos incluirá en su saco de reivindicaciones y que acabará fundiendo con su proceso constituyente para reconfigurar el país.

Este nuevo “derecho a decidir” podemista ¿será de autodeterminación? No, no lo será, y para verlo no hay más que leer entre líneas lo que dicen los líderes de Podemos. Por ejemplo, copio aquí una respuesta de Errejón sobre qué quiere decir, para él, derecho a decidir: “Para nosotros, eso significa un proceso constituyente. Uno, a nivel de España, que reconozca todos los derechos y articule un modelo territorial diferente, en el que incluso esté contemplada la posibilidad de que algunas naciones puedan decidir que no quieren que sigamos juntos” Es decir, que cualquier decisión deberá ser tomada por todos los españoles en su conjunto. 
Por si no es suficiente, Errejón también respondió esto ante una cuestión parecida: “Si hay diferencias muy grandes entre lo que dicen los círculos en Catalunya y lo que dice la dirección estatal, podemos someter esto a la decisión de todos los españoles inscritos en Podemos. En principio, pensamos que la decisión sobre la cuestión catalana no es sólo catalana, es también española
Y a nadie le debe extrañar esto. A ver, esta gente que ha fundado Podemos es de origen cultural marxista y para ellos el nacionalismo es una cosa burguesa. Son profesionales, doctores en ciencias políticas y, por tanto, entienden las contradicciones entre el nacionalismo y la igualdad económica y social a la que aspiran. No son izquierdistas infantiles “de la calle”, que mezclan ideas técnicamente incompatibles sin entender que lo son, son gente que sabe mucho de política y sociología y eso no se debe perder de vista para poder entender sus acciones.
¿Y por qué no lo dicen claramente? Porque necesitan atraerse a toda esa gente que defiende el “derecho a decidir” y reconvertir el significado de ese significante en lo que a ellos les interesa. De ahí la ambigüedad, de ahí el no oponerse al concepto. Podemos tiene que quedarse en propiedad con el concepto “derecho a decidir” y, cuando lo hayan hecho, ya lo estructurarán de forma que no sea equivalente al derecho de autodeterminación.

La idea de Podemos es clara: Un proyecto constituyente a nivel español, y eso quiere decir que lo que afecte a la cuestión territorial será decisión de todos los españoles, ahí no debe haber ninguna duda. Ese es el proyecto y, seamos realistas, los españoles no van a aceptar una constitución a la Yugoslava con autodeterminación para las regiones.
De todos modos ¿podría Podemos aceptar un referéndum en Cataluña? Podría pero cuidado, de hacerlo lo haría para que ganase la opción unionista. En Podemos son maquiavélicos (en el buen sentido de la palabra) y saben perfectamente cómo estructurar las cosas para que no pase lo que de ninguna manera desean, que es la independencia de Cataluña. Lo normal es que el derecho a decidir de los catalanes se convierta en parte de un derecho a decidir general de los españoles y, además, en un derecho a decidir sobre ciertas especificidades catalanas aún por concretar. También podría darse un referéndum consultivo para ser ganado por los unionistas. La opción más improbable sería una estructura constitucional con rigidísimos mecanismos para la secesión territorial que la conviertan en algo de facto imposible.

Pero un reconocimiento del derecho de autodeterminación de Cataluña (o Euskadi) no se va a dar. Iglesias introducirá en su chistera el derecho a decidir invocado por Mas o Junqueras y sacará otro que significará algo totalmente distinto y así, a medio plazo, desactivará el órdago independentista con las mismas herramientas con las que CiU y ERC lo crearon. Al tiempo.

jueves, 18 de diciembre de 2014

En el país de EQUO
















En un universo paralelo al nuestro, en diciembre de 2013 hubo un gravísimo accidente nuclear en España en la central de Vandellós II, situada en la provincia de Tarragona. El accidente fue muy similar al de la central de Fukushima dos años antes y generó enormes pérdidas ecológicas y económicas. La comarca catalana del Baix Camp fue prácticamente abandonada, el turismo en toda España se hundió y España entró en una gravísima crisis a todos los niveles.
El accidente provocó que el partido ecologista EQUO comenzase a recibir multitud de apoyos en el país. De ser un partido extraparlamentario, EQUO pasó a situarse como tercera fuerza política en las elecciones europeas del siguiente año y pocos meses después se situó en las encuestas prácticamente empatado con PP y PSOE.

En un principio el partido ecologista recibió toda la simpatía de los medios de comunicación, pero en cuanto sus expectativas de voto aumentaron hasta niveles que parecían romper el bipartidismo, la simpatía se tornó en hostilidad.
Los políticos de los partidos tradicionales y sus medios de comunicación afines comenzaron a decir incesantemente que EQUO era un partido peligroso que haría retroceder económicamente a España a niveles preindustriales. Se dijo que su política medioambiental ahuyentaría la inversión, que su rechazo tanto a la nuclear como a los combustibles fósiles llevaría a España a tener apagones continuos “como en Cuba”, y que con sus propuestas para desincentivar el trasporte en vehículo particular las carreteras españolas parecerían las autovías de Corea del Norte.
Las imitaciones humorísticas de los medios de comunicación hostiles los presentaban como una panda de iluminados vestidos con túnicas y con collares de flores, colocados mientras hablaban de la paz mundial y la libertad sexual y cerrando empresas por ser contaminantes (y para hacer botellón dentro).

Sus líderes fueron fuertemente vilipendiados. Se recordaba continuamente que Juantxo Uralde había estado encarcelado  durante tres semanas en Dinamarca por infiltrarse en la cumbre del clima de Copenhague, siendo acusado por tertulianos y columnistas de no respetar las leyes. “¿Cómo va a gobernar un bandido?” decían continuamente, comparando su acción con las que hacían los miembros del entorno de ETA. No en vano, muchos intentaron relacionar a Uralde con el entorno de ETA en base a indicios absolutamente inconsistentes.
No fue Uralde el único atacado. Tanto Inés Sabanés como Reyes Montiel, ex coordinadora y ex diputada de IU respectivamente, fueron insistentemente mezcladas con la gestión de IU en Caja Madrid, exigiéndosele sobre todo a Sabanés responsabilidades políticas. Adicionalmente a Montiel también se la quiso manchar con presuntas irregularidades en la fundación de CC.OO donde trabajó.
Otros miembros de la formación también fueron investigados hasta la extenuación. Alejandro Sánchez fue acusado de no hacer nada en los distintos consejos y patronatos de los que había formado parte como miembro de la Sociedad Española de Ornitología, y también de cobrar dietas improcedentes e injustificadas.  También Florent Marcellesi fue acusado de estar cobrando de la Universidad del País Vasco por trabajos que supuestamente no podía compatibilizar con sus responsabilidades políticas, aduciendo además trato de favor por parte de algunos directores de departamento.
Todas estas acusaciones normalmente eran falsas o, en el mejor de los casos, historias sobredimensionadas con una pequeña base de verdad. No obstante el ambiente de ataque al nuevo partido se volvió irrespirable.

El Partido Popular y el Partido Socialista intentaban hundir a la formación con las más diversas estratagemas. Como no tenían con qué comparar el supuesto país ideal de EQUO se les ocurrió compararlo con el pequeño reino de Bután, situado entre China y la India. Los políticos de estos partidos y los medios se empeñaban en mostrarlo como un país liberticida donde hasta la venta de tabaco estaba prohibida, donde se prohibía coger el coche los martes y en el que había muchos casos de malnutrición infantil a causa de sus políticas antidesarrollistas.
Por más que en EQUO negasen que en modo alguno su referencia fuese Bután, sus adversarios insistían en esa comparación. En muchas televisiones las noticias sobre ese país se multiplicaron, y no había día que no apareciesen imágenes sobre colas o desabastecimiento en aquel país o bien sobre los efectos de la inflación o la restringida libertad de prensa. Y todo ello causa, según esos medios de comunicación, de la agricultura ecológica y las energías renovables.
También se atacaba a EQUO por las teorías decrecentistas de algunos miembros del partido. Por más que Uralde, Reyes y otros se desgañitaban en decir que su propuesta era el crecimiento sostenible y un “Green New Deal”, los medios conservadores decían que estaban ocultando sus verdaderas intenciones y que en el fondo lo que querían era el decrecimiento y convertirnos en Bután, ideas que implantarían después de ganar las elecciones y habernos engañado a todos.

En este universo paralelo EQUO pasó de ser un partido simpático a ser un jinete del apocalípsis que buscaba la destrucción económica y de la vuelta a la edad de piedra, cambio que se produjo en el preciso momento en que osó disputarle la hegemonía a los partidos tradicionales. Porque esa, y no otra, fue la causa de los ataques sin cuartel, de las infamias y calumnias y de las teorías del apocalipsis. Un stablishment político no tiene compasión ni mesura contra quienes quieren derribarlo, de hecho poco importa quienes quieran derribarlo, serán vilipendiados de la misma manera.
Quizá en otro universo paralelo este demonio sea UPyD, presentándolo como un partido de enfermos mentales y perturbados que pretenden meter en un gulag a cualquiera que haya dado la mano a un nacionalista o pagado alguna factura sin IVA. O puede ser Ciudadanos, o quizá algún partido de extrema derecha, lo mismo da, la actitud será la misma.
En nuestro universo este papel lo tiene Podemos, y sobre cómo este es atacado a diario no os voy a contar nada porque podéis verlo con vuestros propios ojos.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Las primarias de Compromís


Julià Álvaro













Las primarias de la coalición Compromís para las elecciones autonómicas y locales de mayo de 2015 ya están en marcha. Estas primarias me interesan mucho, tanto por mi proximidad a Compromís (o más exactamente, a dos de los tres pilares de Compromís) como por el hecho de que en principio se trataba de unas primarias altamente democráticas, pues además del cabeza de lista se elige a los componentes de toda la lista.

Como he dicho muchas veces, de todos los ejercicios de primarias que he visto en España el más democrático ha sido el de EQUO, tanto por la forma como por el resultado (el candidato a las europeas no fue el teóricamente favorito). Compromís también tuvo unas primarias bastante democráticas en las elecciones europeas, lo que pasa es que la naturaleza de Compromís es más compleja y para mantener la pluralidad dentro de la formación las primarias se llegan a desnaturalizar bastante, pues a la corrección de género se le añaden correcciones de pertenencia y Compromís tiene cuatro pertenencias que hay que representar (los tres partidos fundadores y la Gent de Compromís).
También fue bastante democrática (sobre el papel) las elecciones primarias en Podemos para las elecciones europeas, pero ahí sí se vio una cosa que hemos podido ver en el proceso de estructuración del partido: La cúpula acaba imponiendo a sus candidatos, tanto por su fuerza mediática como por la elección de los procedimientos que más convenían a la elección prefijada. Esto lo desarrollaré más adelante.

La primera fase de las primarias de Compromís, que es la de presentación de los candidatos, ya se ha cerrado.  A falta de los avales ya tenemos a los candidatos a encabezar los principales ayuntamientos, las listas provinciales, en nº1 por Valencia (y candidato a la presidencia de la Generalitat) y el resto de las listas.
Pero el resultado ha sido algo decepcionante, pues tanto para la presidencia a la Generalitat y el nº2 por Valencia, como para los cabeza de lista municipales de las 4 principales ciudades de la Comunidad, tenemos candidatura única. En cierta manera ha habido un pacto de no-agresión, una especie de reparto de cargos en un despacho que se ha fortalecido por la evidencia de que ningún candidato alternativo y ajeno a las cúpulas pactantes tenía ninguna posibilidad de derrotar a los candidatos “oficiales”.
Ojo, no estoy criticando el hecho, pues es obvio que Compromís debe mantener la pluralidad para garantizar su existencia y eso limita muchísimo los grados de libertad, pero hacer unas primarias sin candidato alternativo es feo y desnaturaliza las mismas. En Compromís deberían haber garantizado un competidor digno a los cabeza de lista, un sparring para los candidatos in péctore, que estaría destinado a la derrota pero hubiese convertido a las primarias en algo más que una aclamación del candidato.

Las primarias reales se circunscriben, por tanto, al “resto de la lista”, pero ojo que estas primarias están muy limitadas por las cuotas de género y de pertenencia. Por ejemplo, en número uno por Valencia será Mónica Oltra (candidata única), el número dos será Morera (candidato único) y el número tres, por tanto, será alguien de Verds-EQUO o de Gent de Compromís, y por la fuerza relativa de ellos con casi toda probabilidad será de Verds-EQUO. Así pues esta tercera plaza se la juegan Julià Álvaro, portavoz del partido, y Juan Ponce, diputado actual de Els Verds.
Y esta elección generaría, a su vez, implicaciones posteriores. El número 4 debería ser para una mujer, porque no puede haber más de dos candidatos del mismo sexo seguidos. Si es así el número 5 sería también de cuota de partido (los alternos son de “cuota” de partido) pero no de sexo, el 6 sería “libre” y en el 7 entrarían de nuevo una cuota o ambas.
El problema de todo este mecanismo, que está muy bien pensado pero que es muy rígido, es que puede dejar buenos candidatos fuera de Les Corts. Por ejemplo el diputado Fran Ferri, el diputado más joven de esta legislatura y conocido por su alta actividad en Les Corts y por pertenecer al colectivo LGTB, podría tener que conformarse con el nº6 por Valencia si Julià o Ponce sacan el nº3, y el nº6 no garantiza en absoluto la presencia en Les Corts.
¿Es esto justo? Pues obviamente no. Las “cuotas” siempre son injustas, el problema es que a veces son necesarias para hacer listas representativas interna y externamente. Es un debate complicado, que entronca con muchos otros ámbitos de la sociedad, como las cuotas de sexo en los consejos de administración o las propias cuotas raciales que existen en los EE.UU.

Podríamos caer en la crítica fácil de que esto no son unas primarias, que está todo decidido en los despachos, etc. Sí, es verdad, esto ha acabado siendo unas medio-primarias y la participación acaba teniendo poco sentido para la inmensa mayoría, pero seamos realistas ¿quién ha hecho unas primarias “de verdad”? Sólo EQUO, nadie más.
Porque al final las primarias del PSOE son una chirigota, donde la “apertura” de las mismas consiste en que los afiliados apuntan a dos amigos o familiares y les dicen a quién votar. Las primarias de UPyD, por poner otro ejemplo, están también fuertemente dirigidas por la cúpula, que da publicidad y cancha a los candidatos que deben de salir y que, por tanto, acaban saliendo casi siempre.
¿Y en Podemos? Pues en Podemos las primarias o las decisiones de la base están fuertemente dirigidas por la cúpula de Iglesias. En las primarias a las elecciones europeas al final salieron los candidatos que debían de salir, los que salían en los actos y de los que hablaba Iglesias en los mítines. En el proceso de constitución del partido también se hizo una “lista de la cúpula”, cerrada y con los miembros afines al secretario general, y lo mismo pasó con los estatutos. Para las cúpulas y secretarios generales locales pasará probablemente lo mismo, aunque quizá haya alguna excepción menor.
Mucha gente ha acusado a Podemos de hacer “bonapartismo”, pues al igual que los Bonaparte se usa el referéndum como forma de que el líder se de un baño de masas y de legitimidad democrática. La cuestión es que en el "bonapartismo" el referéndum no es un "fin" para conocer la voluntad popular sino un medio para bañar las decisiones de la cúpula de voluntad popular. Se acusa a Iglesias de usar la democracia interna como medio para dar legitimidad sus decisiones y la verdad es que es bastante así, pero cuidado que no es tan distinto a lo que hacen otros, en el fondo es sustancialmente similar solo que simbólicamente más “caudillista” y menos “oligárquico”, de hecho si se ha destacado por algo es por no integrar a los sectores críticos.

Dije hace unos meses que la experiencia de las primarias había sido globalmente positiva, aunque con muchas carencias. Pero ahora me quiero centrar un poco en lo negativo: Las primarias no pueden convertirse en un acto publicitario simplemente, en una forma de movilización de los afiliados y afines, a los que se les hace partícipes de una elección cuando, realmente, están más bien validando y no eligiendo.
Yo quiero ver primarias donde se decidan candidatos importantes, donde la cúpula sea neutral pero de forma activa, es decir, garantizando que los candidatos menos conocidos puedan llegar al público para que la competencia sea real. Insisto, tan solo EQUO lo ha hecho totalmente, quizá gracias a ser un partido pequeño.
Entiendo que Compromís tiene sus necesidades (integrar el pluralismo) y Podemos las suyas (estructurar un partido gobernable que no se pierda en asamblearismos), pero hay que hacer un esfuerzo sincero por intentar mejorar estos mecanismos e ir a un escenario de elección popular real. Y lo digo más por el segundo que por el primero, que conste.

jueves, 11 de diciembre de 2014

La Comunidad Valenciana, entre el cambio y la incertidumbre
















Desde finales de 2012 el escenario político futuro de la Comunidad Valenciana parecía estar claro: El PP iba a perder la mayoría absoluta y, consecuentemente, un tripartito de izquierdas compuesto por PSPV-PSOE, Esquerra Unida (EU) y Compromís iba a gobernar a partir del 2015. Este escenario permaneció inmutable hasta mayo de 2014, en que apareció Podemos y el escenario cambió.
A partir de ese momento el primer axioma permaneció verdadero (el PP va a perder la mayoría) pero el segundo no. Un tripartito de izquierdas como aquel se torna ahora improbable, a no ser que contase con el apoyo parlamentario de Podemos.

Casi todos los partidos que van a competir en esas elecciones tienen sus cabezas de lista decididos o decididos de facto, con la excepción de dos fuerzas: El PPCV y Podemos. En el PPCV no está claro si se va a presentar Fabra a la reelección aunque mi intuición es que sí. Fabra es un político amortizado y no tiene sentido quemar a un nuevo líder en una derrota que puede ser histórica. Isabel Bonig o cualquier otro tendrá que esperar a un nuevo ciclo.
En Podemos la situación es mucho más complicada pues no es que no haya candidato, es que no hay ni idea remota de quien puede llegar a ser. Los actuales miembros de los círculos de la Comunidad no parecen tener el suficiente “empaque” para batirse en un duelo con las primeras espadas de la política valenciana, así que no descarto que aparezca algún profesor de universidad o miembro de la sociedad civil apoyado por el secretario general para ser el cabeza de lista de Podemos, si supera las correspondientes primarias claro.

Pero el resto de fuerzas ya tienen a sus candidatos decididos o perfilados. En EU el joven y hábil Ignacio Blanco ganó las primarias a la actual dirigente Marga Sanz, en clara consonancia con los tiempos de cambio generacional. En el PSPV-PSOE Ximo Puig ganó las primarias hace bastante tiempo y en este caso a contracorriente de ese cambio generacional. En UPyD el candidato será Toni Cantó, que también ganó sus primarias y que intentará situar a UPyD en Les Corts.
En otra fuerza valenciana, Compromís, todavía no se han celebrado las primarias pero no hay duda de que las ganará Mónica Oltra, sobre todo después de que Enric Morera se autodescartase para el puesto. Y en Ciudadanos (C’s), donde tampoco se han hecho primarias todavía, parece perfilarse como candidata otra mujer, Carolina Punset, concejal “verde” de Altea que ha entrado en Ciudadanos por la disolución de su partido local en el partido de Rivera.
Creo que el elenco de personalidades que se van a presentar es francamente interesante. Los perfiles ideológicos y personales son múltiples, las opciones muchas y creo que es una buena muestra del momento de cambio absoluto que encara la Comunidad Valenciana.

Según la última encuesta de EL PAIS para la C.Valenciana el PP se situaría lejísimos de la mayoría necesaria para gobernar (a 18 escaños), el PSPV sería segunda fuerza y Podemos tercera con 17 escaños, seguido de cerca por Compromís con 14 y EU con 7. Ni UPyD ni C’s entrarían en Les Corts. Otras encuestas, como la de Valencia Plaza de noviembre, indican que el PP quedaría con un porcentaje de voto similar, el PSPV más bajo que en la encuesta de Metroscopia (que raro…), Podemos más alto, UPyD sí entraría en Les Corts y EU estaría a punto de quedarse fuera de las mismas.
El escenario, por tanto, ha cambiado mucho respecto a ese tripartito inevitable y lo único seguro en este momento es que no hay nada seguro. Las encuestas, además, se están demostrando especialmente falibles al enfrentarse a nuevas fuerzas con un voto declarado muy alto, voto que no saben corregir basándose en tendencias pasadas.
Desde la izquierda, sobre todo desde Compromís, se está hablando de intentar un gobierno de izquierdas sin el PSPV si la aritmética parlamentaria da para ello. El PPCV también ha hablado de una especie de tripartito "de derechas" con UPyD y C’s, algo que me resulta casi ciencia-ficción y no solo ni principalmente porque no tendrían diputados suficientes. En este entorno poco tardará el PPCV en intentar tentar al PSPV con una gran coalición.

Resulta verdaderamente difícil hacer previsiones en esta situación, pero voy a intentar vislumbrar alguna cosa. Una cosa que veo bastante clara es que hay fuerzas que tienen “vasos comunicantes” de voto. Por ejemplo, está bastante claro que Compromís y Podemos comparten gran parte de electorado potencial. Sin Mónica Oltra de candidata era previsible que gran parte del voto no-nacionalista de la coalición se hubiese ido a Podemos dejando en extrema debilidad a Compromís (básicamente con el voto nacionalista del Bloc), pero con Oltra de candidata puede pasar al contrario, es decir, que parte del voto que va a ir a Podemos en una generales se vaya con Compromís en las autonómicas.
Cómo se va a distribuir este voto entre Podemos y Compromís va a ser muy interesante, pero también hay que contar con EU. Igual que pasa con IU gran parte del voto potencial de EU se va a ir a Podemos pero no sabemos cuánto. Ignacio Blanco es un excelente candidato, pero creo que tiene el mismo inconveniente que Alberto Garzón: Se parece demasiado a Podemos, y, en el caso de Blanco, también se parece demasiado a Oltra. Yo creo que IU (y EU por extensión) puede sobrevivir por el viejo militante “comunista” de toda la vida, y si es así ¿es tan buena idea poner líderes jóvenes, tan “heterodoxos” y que se parecen más a la nueva izquierda que a la vieja? No lo tengo nada claro...
Ojo con este sector de voto porque las encuestas dicen que puede estar entre el 30 y el 35% de los sufragios, o sea, por encima de las expectativas del PP. Y eso contando con que el PSOE se mantiene sobre el 20% de los votos, algo que tampoco veo del todo claro.

Otros dos partidos que tienen vasos comunicantes de voto son Ciudadanos y UPyD. Hasta hace nada parecía bastante claro que UPyD iba a entrar con solvencia en Les Corts. Las encuestas de 2012 y 2013 así lo indicaban y el 8,5% de UPyD en las elecciones europeas de mayo también. Sin embargo UPyD parece haber entrado en un ciclo de descomposición, tanto por la aparición de Podemos y Ciudadanos como por sus cuitas internas. Ya hay encuestas que los dejan fuera de Les Corts y las que los mantienen dentro lo hacen por un margen muy ajustado.
En este contexto la aparición y previsible crecimiento de C’s en la C.Valenciana puede llevar a que ambos partidos se anulen, se sitúen por debajo de la barrera del 5% y no consigan representación. Objetivamente lo mejor sería una alianza pero ya hemos visto como han ido las cosas entre estos partidos a nivel nacional así que, por muchas buenas palabras que diga Cantó, la alianza es bastante más que improbable.
Toni Cantó, que es un tipo conocido, honrado y trabajador, ayudará a mantener bastante voto en UPyD, aunque no sé si al nivel necesario. Carolina Punset, si es finalmente la candidata, también me parece muy buena elección, con esa mezcla de lo “verde” con lo liberal que produce una sensación de transversalidad muy alta, aunque tiene un hándicap: Gobierna con el PP en Altea y eso le hará daño. Ciudadanos también optará por caras conocidas para el ayuntamiento de Valencia (se habla del periodista Frederic Ferri), frente al menos conocido pero capaz candidato de UPyD, Eduardo Gómez.

Y la pregunta clave es: En este contexto de hundimiento del bipartidismo tradicional, con tantas fuerzas nuevas que acapararán voto ¿es planteable, a nivel valenciano, una gran coalición PPCV-PSPV? Pues a diferencia de mi percepción en política nacional, que es que vamos a una gran coalición PP-PSOE, creo que en Valencia no puede producirse, por varias razones.
El PSPV no puede pactar con un partido tan corrupto como el PPCV, ni el PSPV ni nadie. Mezclarse con el PPCV hunde a cualquiera y esto lo saben seguro los socialistas valencianos. Además, pactar con el PP en Mayo dejaría en una situación muy difícil a Pedro Sánchez, que se desgañita en intentar convencer a la gente de que no habrá gran coalición. Si en las CC.AA se pacta una gran coalición ¿cómo no va a haberla a nivel nacional? Pactos autonómicos con el PP hundirían al PSOE.


La Comunidad Valenciana se enfrenta a un futuro político apasionante, con políticos de primer nivel y con un horizonte inaplazable de cambio. Puede haber hasta 7 partidos en Les Corts, lo que generaría un escenario altamente plural y una situación inédita, que obligará al pacto y a la alianza. Y todo esto con una Comunidad quebrada económica y socialmente.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Análisis del programa económico Torres-Navarro (II)















RENTA BÁSICA Y REESTRUCTURACIÓN DE LA DEUDA

Continuando con el escrito anterior, creo que hay dos puntos claves que debemos analizar en este documento base de Vicenç Navarro y Juan Torres, dos puntos que son los pilares básicos de las ideas de Podemos y de los que más se ha hablado: La renta básica universal (RBU) y la auditoria de deuda. Ambos proyectos han cambiado un poco de los posicionamientos originales aunque quizá menos de lo que los medios de comunicación quieren hacer creer.

Empecemos por la renta básica universal. Hace unos meses tuvimos un debate aquí mismo sobre este concepto, que si no lo habéis leído os pido que lo hagáis porque servirá muy bien para marcar donde estaba el debate en ese momento y donde se sitúa ahora.
Para empezar hay que decir que ni el profesor Navarro ni el profesor Torres han sido nunca favorables a la RBU, de hecho a veces se han mostrado directamente en contra. Es por eso por lo que dije en el escrito anterior que no me parecía muy acertado encargar a estos dos profesores un borrador de programa económico, porque uno de los pilares de tus ideas no es compartido por ellos.
Que Torres y Navarro no hayan sido nunca favorables a la RBU no es tan raro. La RBU es una idea más relacionada al mundo “verde” y del ecologismo que al de la izquierda digamos “post-marxista”. Generalmente, y aunque hay bastantes excepciones, la izquierda post-marxista suele conceptualizar que el trabajo es la base de la sociedad y sus políticas tienden a intentar que todo el mundo trabaje, bien mediante estrategias de división del trabajo bien con políticas de trabajo garantizado. La RBU la suelen defender más quienes conceptualizan escenarios de sobreproducción, fin del crecimiento o creen que la tendencia al desempleo estructural va a ser creciente.

No obstante lo que se propone en el documento no es una RBU, sino la pretensión de establecer “un sistema de renta mínima garantizada como derecho subjetivo de todas las personas”, que no es exactamente lo mismo. Mientras una RBU generaría un ingreso garantizado y acondicional para todo el mundo (ojo, que luego se devolvería vía impuestos en la mayoría de casos), el sistema propuesto por el documento se parece más a una Renta Básica de Inserción (RBI), que viene a ser algo así como un subsidio indefinido condicional, que sería pedido ex professo por sus beneficiarios a las administraciones públicas, que lo concederían según el cumplimiento de una serie de parámetros.
Obviamente no es lo mismo, pero reconozcamos que se parece bastante. Si, nos podemos poner todo lo puristas que queramos y verle las mil diferencias que hay, pero creo que debemos ser realistas y centrarlos en los objetivos y similitudes. Generar una RBU permitiría que nadie estuviese por debajo del umbral de la pobreza, que es su objetivo fundamental, pero una RBI también lo permitiría. Así pues sin ser lo mismo y sin suponer un cambio de paradigma como la RBU, la RBI es algo que se acerca bastante a los objetivos más urgentes de la RBU.
Y es que, además, está la viabilidad a corto plazo. Implantar un sistema de RBU supondría reformar de arriba a abajo todo el sistema de impuestos, prestaciones, pensiones y ayudas. El tener una RBU eliminaría ayudas y subsidios, pensiones no contributivas, tendría que generar un impuesto sobre la renta que hiciese devolver el importe de la RBU íntegramente a quienes superasen ese ingreso con creces y parcialmente a quienes lo superen por poco, etc. En definitiva, no es algo fácil ni rápido, no que se pueda hacer de la noche a la mañana.
Yo creo que una RBI es un buen inicio para intentar progresivamente implantar una RBU. El cambio, pues, es realista, y no por la cantidad económica que decían que iba a costar esto (11.000 millones al año una RBI y 145.000 millones al año una RBU), pues obviamente con un sistema impositivo razonable el coste de la RBU no iba a ser ni lejanamente ese, sino por una cuestión de prudencia, progresividad y realismo.

Ahora, siendo esto un documento base, a mi no me gustaría que en las revisiones y modificaciones que deben hacer los economistas de Podemos se olvidasen de la RBU. No, si lo hiciesen para mí sería una decepción y me parece que sí sería desdecirse de sus planteamientos originales.
Yo creo que una RBU es necesaria por muchas cuestiones, la fundamental porque vamos a un escenario donde el desempleo estructural va a ser alto de forma indefinida. La tendencia de nuestro mundo es la acaparación de las rentas por parte del capital y el factor trabajo cada vez es menos receptor de los beneficios de la productividad. Además, tenemos unos sistemas sociales que están destinados a morir en su actual configuración, como el sistema de reparto de pensiones que no puede sobrevivir sin cambios a la inversión de la pirámide poblacional, y además tenemos problemas de protección social para muchos grupos sociales, como pueden ser la mayoría de estos nuevos autónomos que están todavía más precarizados que los trabajadores por cuenta ajena.
Yo creo que una RBU bien configurada e indexada a la riqueza nacional garantizaría pensiones de jubilación con un mínimo de dignidad, un colchón de seguridad para que los trabajadores explotados puedan plantarse o para que los trabajadores autónomos puedan arriesgarse a iniciar proyectos. Es decir, y siendo claros, la RBU es un mecanismo adecuado para conseguir el fin fundamental de la sociedad liberal: Que la gente pueda ser libre sin tener que vender su libertad a causa de servidumbre que provoca la dependencia económica.
Creo, pues, que es un escenario que hay que contemplar a medio plazo y que es la alternativa más realista a la depauperación de las clases subalternas, siempre que se estructure con los incentivos adecuados.

Respecto al otro gran punto del programa original de Podemos, la reestructuración de la deuda, el programa Torres-Navarro propone plantear a nivel europeo la reestructuración de la deuda pública de los países de la periferia de Europa. En el documento se toca varias veces este asunto pero en ninguna de ellas se “moja”, es decir, no propone una estrategia a seguir más allá de un análisis correcto de la situación que lleva a concluir que la reestructuración es inevitable.
En el documento no hay mención a la “auditoría ciudadana de la deuda” de la que estaba hablando hasta ahora ni se usa la palabra “impago”, habiendo grandes diferencias con la situación anterior. Si recordáis el escrito en el que debatimos esto, ya comenté mis recelos a la idea del impago a las bravas y de la auditoria, a pesar de estar absolutamente de acuerdo con la reestructuración como única alternativa razonable en este momento. El documento Torres-Navarro en cierta manera toma la misma senda por la que yo fui, lo cual me alegra.
Este cambio de posición, o esta moderación en la posición mejor dicho, es algo que era evidente que iba a pasar en cuanto los economistas comenzasen a plantear escenarios o medidas. En un programa colaborativo y votado en asamblea pueden salir muchas ideas incoherentes o exageradas que luego no sobreviven a un análisis técnico. Decir “no debemos, no pagamos” está muy bien, pero hay que conocer la realidad de la deuda, si es finalista o no, si está emitida en tu moneda o no, si tienes déficit primario o no, y otras muchas cosas, para poder crear un procedimiento razonable para llevar a cabo el criterio moral emanado de aquella frase.
España está en una situación grave, pero no gravísima como la Argentina de 2001, por tanto la prioridad debe ser hacer una reestructuración de la deuda lo más ordenada y razonable posible, dentro de la costumbre internacional. Y si eso no es posible, si no se puede pactar una reestructuración razonable y los intereses de la deuda comienzan a ahogarnos sin solución, entonces habrá que ir hacia el impago a las bravas sin esperar a la destrucción del país como sí pasó en varios casos en Latinoamérica en la época reciente.

¿Es la reestructuración de la deuda la única posibilidad que tenemos? Sí y No. Sobre el papel no, sobre el papel hay, que se me ocurran, dos opciones más: La primera sería que el país comenzase una senda de crecimientos económicos altos, de alrededor del 4% anual, para generar los ingresos suficientes para poder pagar los intereses de la deuda y, además, amortizar parte de la misma. Lo que pasa es que este escenario es altamente improbable. Como muestra, esta entrevista a Thomas Pikkety, en la que dice que nos vamos a tener que acostumbrar a bajos crecimientos económicos por mucho tiempo.
Una segunda opción es intentar aminorar la deuda vía política monetaria y el banco central. Con el banco central comprando la deuda emitida, creando inflación y devaluación de la moneda, se puede crear un plan a medio plazo para la amortización de parte importante de la deuda pública. Estas medidas, además, probablemente reactivarían la economía. Ahora, esto tiene dos problemas: El primero es que tiene consecuencias, es decir, la devaluación de la moneda lleva a que los ahorros de la gente pierdan poder adquisitivo y esto hay que explicárselo a la gente. Y segundo y fundamental ¿cómo se hace esto cuando no controlas tu banco central y lo controla Alemania?
Si todos los países de Europa estuviesen en la misma situación sería razonable pensar en una situación así, pero ahora mismo no lo están y para cuando lo estén en España o Grecia puede no quedar nada por salvar. Además, Alemania tiene pánico a la inflación, pues consideran que fue la hiperinflación la que llevó a los Nazis al poder. Así pues convengamos que este plan se convierte en algo extraordinariamente complicado de llevar a cabo, en la situación actual casi imposible.
Analizando la situación creo que la reestructuración de la deuda es el escenario más lógico y más probable. Debemos aspirar a una quita, a la congelación de intereses e incluso a la conversión de parte de la deuda en deuda a perpetuidad, y eso debemos hacerlo con un déficit público primario casi nulo.


En definitiva, ¿son razonables las posturas sobre la Renta Básica y la reestructuración de la deuda que marca el documento Torres-Navarro? La postura sobre la reestructuración es vaga e imprecisa, pero está sostenida sobre análisis adecuados y marca la senda de la solución más razonable y menos dañina para el país.
Respecto a la Renta Básica, el cambio de la RBU por una RBI es un cambio pragmático para una situación difícil como la actual, pero desearía que en la revisión del documento por los economistas de Podemos la RBU apareciese como una aspiración a medio plazo.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Análisis del programa económico Torres-Navarro (I)
















Hace unas semanas se supo que Podemos había encargado un documento de medidas de choque contra la crisis a dos economistas conocidos, Juan Torres, catedrático de economía aplicada de la universidad de Sevilla, y Vicenç Navarro, catedrático de ciencias políticas y sociales en la Pompeu Fabra.
Este documento se supone que debe suponer el punto de partida para elaborar un programa económico para las elecciones generales. El programa de las elecciones europeas fue un programa colaborativo, hecho de forma asamblearia y poco meditado, un programa de urgencia que esbozó unas cuantas ideas pero que obviamente no servía como programa de un partido de gobierno por sus múltiples problemas e incoherencias. Un nuevo programa, pues, era necesario con la única condición de que siguiese el espíritu y la tendencia ideológica de aquel.

La verdad es que no acabo de entender por qué Podemos ha recurrido a estos dos economistas. Podemos tiene buenos economistas entre sus filas, no de primera fila pero sí especialistas en sus campos, y que llevan tiempo trabajando en crear propuestas viables sobre la Renta Básica Universal (RBU) o la reestructuración de la deuda, y que creo que debían haber sido ellos quienes hiciesen este documento. Hablo de Alberto Montero, profesor de economía en la universidad de Málaga, Nacho Álvarez, profesor de economía aplicada de la universidad de Valladolid o Bibiana Medialdea, doctora en el departamento de economía internacional de la complutense, entre otros.
Yo no sé muy bien por qué Podemos ha hecho esto ¿se han asustando ante tanta crítica furibunda contra algunas de las propuestas económicas? ¿Han pensado que el prestigio de los dos catedráticos daría al programa de Podemos más verosimilitud? Creo que los tiros deben ir por ahí, aunque si es lo segundo creo que ya se ha demostrado que los adversarios de Podemos no van a bajar el tono de las críticas, al contrario, lo van a criticar igual por los contenidos pero además van a criticar por haber cambiado algunas medidas.

El programa de Torres y Navarro, que no es realmente un programa sino un documento base, creo que se puede definir con una palabra: Socialdemócrata. Hay quien dice que es socialdemócrata pero de los 60 o los 70, no socialdemócrata actual. La verdad es que el matiz es un poco tonto porque desde los 90 los socialdemócratas ya no son socialdemócratas, sino socioliberales, así que podemos llamar al programa socialdemócrata sin cometer error.
A pesar de que toda la jauría de economistas televisivos han salido en tromba a decir que el programa es imposible y han mostrado, en general, bastante poco respecto por sus colegas autores del documento, hay otros economistas con menos difusión que lo han valorado más positivamente. Podéis leer la opinión del catedrático Santiago Niño Becerra, que dice que el programa ni es extremista ni inaplicable, o del economista Nuño Rodrígo en su blog del diario económico Cinco Días, o del periodista conservador y economista José García Domínguez, que se fija en algo que los demás economistas parecen haber obviado: El realismo del programa respecto a la situación internacional de España.
Creo que este documento base, con sus inconcrecciones y ambigüedades, está mucho más desarrollado que cualquier programa económico de cualquier partido que yo haya visto, y eso que es un documento base. Creo que esto hay que, por lo menos, valorarlo. Las ideas del documento son muchas, pero a mi me gustaría concentrarme en unas cuantas que me han llamado la atención (algunas ya conocidas) y que creo que merecen ser debatidas.

Un punto esencial de este programa base es que entiende cual es uno de los grandes problemas de la sociedad española: Los bajísimos sueldos existentes y, como consecuencia, la crisis de demanda interna que puede perpetuar. Más allá de disquisiciones sobre si el crecimiento lo lidera la inversión o si lo lidera la demanda, lo que es evidente es que España está avanzando a pasos agigantados hacia ser un país de mano de obra barata y de sueldos miserables, algo que generará una estructura social tercermundista.
De la mano de la dualidad de nuestro mercado de trabajo, de la reforma laboral y del desempleo masivo, se ha generado una tendencia estructural de bajada de salarios permanente. Cada trabajador nuevo que sustituye a uno jubilado puede fácilmente cobrar la mitad o la tercera parte de salario que aquel, cada trabajador despedido de su empresa y contratado por otra lo hace en condiciones salariales bastante peores. Los contratos que se hacen son temporales o a tiempo parcial, y a veces las dos cosas a la vez. Se trabajan muchísimas horas de más que no se cobran y cada año que pasa el poder adquisitivo de la mayoría de los trabajadores es menor. Y, seamos honestos, esta realidad va a durar muchísimos años, llevando a esa tercermundialización que comento.
El documento propone muchas medidas: Aumentar el SMI (no dice cuanto), reducir la jornada a 35 horas, adelantar la edad de jubilación a los 65 años, aumentar la inversión pública y generar con ello puestos de trabajo en el “estado del bienestar” y una que me ha gustado mucho: Establecer un salario máximo en una empresa en función del salario medio de esa misma empresa.

Empiezo por este último punto. Hemos discutido mucho aquí si era conveniente limitar el salario máximo o si bien había que establecer unos tipos marginales muy altos (del orden del 80%) para aquellos salarios muy elevados, como propone Pikkety. En estas discusiones siempre vienen los agoreros a decir que si se hacen estas cosas los ejecutivos se irán de España o, la versión más cutre, que si hacemos eso no vendrán granes jugadores de fútbol a nuestra liga. De seguir esa lógica, es decir, de paralizarnos porque el capital o quienes ganan mucho se van a asustar, acabaríamos viviendo en un esclavismo anarco-capitalista a la vuelta de 20 años ante la eliminación de cualquier impuesto a cualquiera que amenace con irse o no invertir. Pensad siempre eso antes defender esas teorías.
La propuesta de limitar los salarios máximos en función de los mínimos me ha gustado mucho por varias razones: Primero porque genera de forma legal una realidad económica evidente y que la ortodoxia se empeña en ocultar: En empresas (no en negocios individuales) los beneficios y la productividad se generan colectivamente y, por tanto, la ampliación progresiva del gap que separa a los salarios mayores de los menores es un sinsentido ético pero también económico. Tan solo un mercado distorsionado, una “casta” ejecutiva que se autoasigna sueldos y una economía altamente financiarizada es lo que permite esto.
Por supuesto la desigualdad salarial debe existir. Alguien que trabaje más y mejor debe cobrar más que uno que lo hace menos o peor, un ingeniero debe cobrar más que un recepcionista, etc. Estas diferencias salariales son incentivadoras y hacen que el mercado de trabajo y la captura del talento funcione correctamente. Pero las diferencias actuales entre quien más cobra y el salario medio en una empresa en España es, según el documento, de 127 a 1. Hace 40 ó 50 años, esta diferencia era sobre la décima parte (hablo de memoria).
¿Qué ha pasado? ¿Que los más válidos se han vuelto diez veces mejores? ¿Que los mas inútiles se han vuelto 10 veces más inútiles todavía? Obviamente no. Hace 50 años un directivo también tenía que cobrar bastante más que el salario medio de la empresa, pero podía cobrar 10 o 20 veces más y eso ya era suficientemente incentivador. Que esta brecha haya aumentando es producto sencillamente de un mercado disfuncional.
El documento no da cifras pero es evidente que esto es algo a corregir. Su aplicación distribuiría mejor la renta, subiría los salarios más bajos o medios y evitaría algunas de las malas prácticas conocidas. De todas formas esto hay que estructurarlo bien porque se me ocurren multitud de trampas para evitar estas limitaciones.
¡Ah! Y por si me lo pregunta alguien: Cristiano Ronaldo y Messi se pueden ir a sus puñeteros países los dos. No estamos para frivolidades de este estilo.

La idea de bajar la jornada laboral a 35 horas es algo que se lleva barajando hace tiempo y he leído argumentos divergentes. En Francia se hizo y algunas personas dicen que se creó empleo y otras que no, que lo único que provocó fue una caída de la productividad. La verdad es que empleo sí que se creó en ese periodo pero es difícil determinar si fue a causa de la medida o por la coyuntura expansiva de la economía europea.
La idea en sí me gusta y creo que es absolutamente necesario hacerlo: Hay demasiada población desempleada y los salarios por hora trabajada son muy bajos, así que en teoría mataríamos dos pájaros de un tiro. Ahora, el diablo está en los detalles y hay que hacerlo bien, de forma progresiva, con más flexibilidad para las pymes y menos para las grandes empresas, y creando un sistema de incentivos adecuado.
De todos modos me parece que estamos corriendo demasiado porque si tenemos un problema ahora mismo en España no es que se trabajen 40 horas, es que se trabajan muchas más y no se cobran. Lo primero que hay que hacer es evitar que se trabajen horas gratis sin contraprestación, El otro día salió una estimación sobre las horas trabajadas y no pagadas, y se puede concluir que si fuesen trabajadas por trabajadores contratados se crearían casi 300.000 empleos a tiempo completo en España.
¿Cómo se consigue esto? Pues creo que debe hacerse por muchas vías. Hay que perseguirlo especialmente, aumentar las sanciones, pero también hay que conseguir que los trabajadores no cedan antes estas cosas, y eso es francamente complicado en estos momentos en que la gente está muy necesitada. Por eso las medidas sociales son necesarias, los trabajadores no pueden tener miedo a decir No a ser explotados, y para eso hay varios mecanismos, y uno de ellos es aumentar el porcentaje de afiliación sindical en España.

En el documento no lo he encontrado pero sí que escuché a Vicenç Navarro hablar de la bajísima tasa de afiliación sindical que hay en España y los problemas que genera esto para los salarios y condiciones laborales. Las tasa de afiliación sindical está cayendo en todo el mundo (por varias causas de estructura económica y de percepción social) pero en España es menos del 16% mientras en los países nórdicos supera el 50%.
El problema es que en España tenemos una particularidad gravísima: Los dos sindicatos mayoritarios, UGT y CCOO, están desacreditados por varias razones (corrupción, inutilidad de las luchas sociales últimas, abandono de los nuevos trabajadores de cuello blanco y autónomos, presión empresarial, etc.) y eso dificulta que las tasas de afiliación suban. Es absolutamente necesario que se creen nuevos sindicatos que estén limpios, al igual que está pasando con los partidos políticos.
De todas formas la mentalidad anti-sindical de la población no va a cambiar tan rápido, así que desde el poder hay que crear incentivos para la afiliación. ¿Por qué hay tasas tan altas de afiliación en los países nórdicos? Porque en algunos de ellos es necesario estar sindicado para cobrar prestaciones o para tener otras ventajas. Y es por eso que esos países, que no tienen salario mínimo oficial, tienen una potente negociación colectiva que si fija salarios mínimos por sector.

Por supuesto y además de todo esto va a haber que subir el SMI. Con esta reforma laboral que destruye la negociación colectiva, con tasas de paro por encima del 20% y con gente trabajando gratis, la tendencia natural de los salarios va a ser bajar hasta el salario mínimo. Ya estamos en la espeluznante cifra del 34% de los asalariados el salario mínimo o menos (por jornadas parciales o por ilegalidades). Si no tenemos un mercado laboral con baja demanda de empleo y no conseguimos que suban los salarios de alguna manera, habrá que subir el salario mínimo y además de forma sustancial (con progresividad pero sustancial).
Y finalmente está la inversión pública para crear empleos en el estado del bienestar. El profesor Navarro tiene una vieja aspiración de que España tenga un porcentaje de empleados públicos similar a los países del norte de Europa (1 de cada 8 ciudadanos es empleado público en los países del norte mientras en España es 1 de cada 15), pero esto obviamente no se puede hacer a corto plazo y posiblemente ni siquiera a medio. España no tiene recursos económicos para este aumento ni quizá pueda tenerlos nunca si no nacionaliza sectores productivos.
Pero lo que sí es necesario es aumentar la cantidad de trabajadores públicos en áreas del estado del bienestar y en alguna otra. España necesita más profesores, un sistema de escuelas infantiles, más inspectores de hacienda y trabajo, más médicos rurales y especialistas, más empleados en los servicios públicos de empleo para implementar un sistema parecido al nórdico, etc. Y eso tiene que hacerse contratando gente o reubicándola, porque lo que no necesita España y sí tiene son funcionarios de diputaciones, trabajadores en organismos absurdos y una enorme masa de enchufados políticos que han generado el PP y el PSOE. Todos esos recursos deberían ser reorientandos hacia estas áreas que son claramente deficientes.

Aún me queda mucho que decir sobre el programa, entre estas cosas hablar de la RBU y la reestructuración de la deuda, dos temas que hemos tocado aquí y que tienen un nuevo enfoque. Pero lo haré en una segunda parte.


lunes, 1 de diciembre de 2014

La sociología de Podemos
















Después de muchos meses de presencia mediática de Podemos y al haberse situado ya en la primera línea de la política nacional, creo que ya podemos concluir muchas cosas sobre la penetración social del partido en los distintos sectores sociales. Lo que voy a expresar aquí es una mezcla de percepciones personales y datos sacados de las encuestas, que creo son coherentes con la situación social pero en ningún caso son realidades científicas incuestionables.

Una cosa que observo de forma muy clara es que la aparición de Podemos está creando polarización en la sociedad española. Ojo, que no he dicho que sea Podemos quien la crea, sino que se está creando a nivel social. Creo que Podemos tiene algo que ver en esto, por ese discurso “totalizador” como me lo definió un importante político valenciano (totalizador en el sentido de plantear el futuro próximo como el momento de una decisión definitiva, en términos de victoria vs derrota o de “ahora o nunca”) pero creo que la responsabilidad principal la tienen quienes están azuzando el miedo contra Podemos, con sus relatos de una dictadura futura, pobreza generalizada y hasta cartillas de racionamiento.
Esta dualidad ya se ve en la calle en casi todas partes. Hace meses que no escucho un debate político que no tenga que ver con Podemos (con la excepción quizá de alguno sobre Cataluña). El debate típico de PP vs PSOE está absolutamente erradicado a nivel de calle y tan sólo se habla de estos partidos para hablar de corrupción y decir que son los dos iguales. Y, cuando se habla sobre Podemos, se observan dos tipos de personas: Los defensores acérrimos de Podemos, y los que creen que Podemos son el mismísimo demonio.
No es que todo el mundo esté tan polarizado en sus pensamientos, pero el debate polariza las posiciones. Escuchar las críticas absurdas contra Podemos hace a mucha gente defenderlos con vehemencia, aparcando las diferencias y dudas y convirtiéndose, cara a los demás, en absolutos acérrimos del partido de Pablo Iglesias. Imagino que al revés también pasará algo parecido, aunque la mayoría de críticos que veo parecen estar movidos por el miedo más que por el análisis.

Esta realidad la he visto en muchos sitios. El otro día, por ejemplo, estaba comiendo en un típico bar valenciano. El dueño de bar le dijo a un cliente que él iba a vota a Podemos para acabar con “esta panda de golfos”, y al decirlo saltó otro cliente: “¡Pero qué dices! Si tú eres empresario ¡Te van a quitar el bar!”, “¡Pero que me van a quitar el bar!” respondió el dueño del bar con cara de cabreo, como si estuviese cansado de escuchar estas cosas. La conversación siguió de forma muy vehemente, aunque sin llegar a la violencia verbal o a posicionamientos exacerbados.
Y no es solo algo que pase en los bares, pasa en todos sitios. Por ejemplo, me comentó una peluquera el otro día que en su peluquería se hablaba mucho de Podemos y que ella percibía que la gente, o hablaba muy a favor o totalmente en contra del partido de Iglesias. Esa dualidad que se observa en los bares o en los centros de trabajo parece que se ve exactamente igual en una peluquería mayoritariamente de señoras como es aquella.
He vivido alguna situación divertida con estos debates. Por ejemplo, estuve hace un par de semanas en un pub con un amigo y unos conocidos. Hubo un momento en que puse a hablar con uno de ellos y, de repente, empiezo a escuchar gritos y exabruptos a unos metros de mi. Mi amigo había sacado el tema de Podemos, al que definió como “la espada del pueblo” o algo así, a lo que parte del grupo saltó llamándole de todo y a alguna, un poco majadera ella, le faltó el canto de un duro para ponerse a dar vivas a Franco. Obviamente me metí en la conversación y creo que convencí a una chica para que no votase nunca más al PP, pero la línea ideológica divisoria era evidente: Defensores (aunque sean moderados) de Podemos contra detractores acérrimos.

El análisis de la última encuesta del CIS demuestra que los mayores defensores de Podemos están en los sectores socioeconómicos más altos (clase media/media-alta y nuevas clases medias), entre la gente con más estudios (sobre todo de formación profesional y titulados superiores) y entre los jóvenes (entre 25 y 34 años está su máximo); mientras tienen su menor aceptación entre la vieja clase media y los obreros no cualificados, la gente sin estudios o con estudios primarios, y muy destacadamente entre la gente de más de 65 años.
Estos datos son absolutamente coherentes con lo que yo veo, y creo que tienen mucho que ver con los efectos de la política del miedo. La gente mayor es la más vulnerable a las teorías del apocalipsis y a tener miedo a que un cambio revolucionario acabe con su tranquila vida, y eso explica la baja penetración de Podemos en este segmento social (además de la obvia tendencia conservadora de la gente mayor).
También observo como son los trabajadores menos cualificados los que más repiten las teorías del miedo a Podemos. Son los primeros en repetirte las cosas que escuchan por ahí, de forma desorganizada e ilógica, sin entender lo que están diciendo ni por qué no son posibles las cosas que repiten. Parece como si a menor conocimiento político o económico las teorías del miedo fuesen más aceptadas, mientras que la gente con más estudios estuviese más protegida frente a ellas, entendiendo que son una patraña.
Lo que más sorprende es el eje socio-económico ¿Es lógico, por ejemplo, que la nueva clase media sea de las que más apoya a Podemos y la vieja clase media la que menos? Sí, pero es por las definiciones. Por nueva clase media se entiende a “trabajadores de cuello blanco”, de oficinas y mandos intermedios, mientras la vieja clase media suelen ser pequeños empresarios con gente a su cargo o autónomos. Esa “nueva clase media” es un segmento que ha sufrido la precarización de los últimos años mientras la “vieja clase media”, que en parte también lo ha sufrido, suele ser más susceptible a echarle la culpa de la misma a las teorías ortodoxas que se repiten machaconamente (sobre los costes laborales, el coste del despido, los impuestos, etc) y que para ellos son mas intuitivas y fáciles de conceptualizar.

Adicionalmente a estos grupos sociales también observo rechazo a Podemos en un grupo social muy minoritario y concreto: En la élite intelectual progresista tradicional del país. Los viejos intelectuales de izquierdas, generalmente mayores (de más de 50 o 60 años) y que han oscilado su apoyo entre PSOE e IU durante las últimas décadas, no suelen ver con ninguna simpatía a Podemos, de hecho muchas veces lo atacan directamente.
Obviamente aquí no podemos establecer los parámetros de estudios o de estatus socioeconómico que hemos aplicado antes, pues este grupo es muy específico ¿cuál es la causa de su rechazo a Podemos? Yo creo que tiene mucho que ver con la naturaleza comunicacional de Podemos y los “mitos” y estructuras que ha roto.
La comunicación política de Podemos es radicalmente distinta a la de la izquierda tradicional. La izquierda tradicional siempre ha querido “educar”, buscar la reflexión y el estudio, usar la racionalidad sobre las emociones, ha pensado que es el debate de ideas lo que hará finalmente que la sociedad se culturice y progrese. Podemos, en cambio, ha hecho lo contrario, ha usado el marketing, la emocionalidad, el discurso simple basado en titulares, etc. Podemos ha abrazado la transversalidad y ha usado la televisión y las redes sociales como mecanismo de llegar al público. Podemos entendió que los viejos mecanismos comunicacionales de la izquierda no servían y ha creado unos nuevos, que se han demostrado exitosos pues en 5 meses han conseguido lo que no consiguió IU en 25 años.
Y los intelectuales de izquierda, siempre tan puros y tan reflexivos, siempre criticando la vacuidad de la televisión y el populismo, se sienten enormemente incómodos con el discurso de Podemos, y muchas veces incluso lo rechazan frontalmente. Y es normal, esta “americanización” de la política es lo que siempre han rechazado. Y creo que esa es la explicación de tanto artículo de opinión nada amable con Podemos de muchas de las destacadas plumas de este país.

Tengo que reconocer que me da un poco de miedo que esta polarización se extreme y lo que hoy son solo debates acalorados se conviertan en una ruptura social, porque es algo que creo que llegará. Podemos está personalizando todos los males del país en una “casta” político-económica y ésta, asustada por su futuro, responde violentamente con las más disparatadas calumnias y exageraciones, con el objetivo de asustar a la población. Y este escenario se va extremando conforme más crece Podemos.
Por esto he dicho muchas veces que haría falta una fuerza intermedia entre Podemos y el bipartidismo caduco, una fuerza que no vea a Podemos como un enemigo para sus intereses y que esté dispuesta a pactar unas nuevas reglas de juego con éste. Pero esa fuerza no acaba de salir, y quienes podían encabezarla son víctimas de su sectarismo y su odio, o caen demasiado frecuentemente en el uso del miedo para intentar ganar votos.
Así pues creo que la polarización se torna inevitable. La única manera de evitarla sería que todo siguiese igual, que la “casta” mantuviese sus privilegios y que la gente aceptase pasivamente su degradación social y económica, y eso no es aceptable. En España hay una “lucha de clases” que ha sido iniciada por los privilegiados para quedarse con una mayor parte del pastel (la llamada “rebelión de los ricos”) y esta es la fuente inicial de todos los conflictos.


Este es el escenario que yo veo: Una polarización creciente, una ruptura generacional y cultural, y unas fuerzas dominantes que van a responder a la osadía del nuevo grupo sembrando el miedo en todas las mentes susceptibles de caer en él. El escenario no parece muy halagüeño, pero tampoco nos pongamos nerviosos: España es un país tolerante que lleva dos generaciones viviendo en democracia y por eso al final las cosas no serán tan duras como algunos las pintan, más allá del insoportable ruido en el que vamos a vivir durante todo el año próximo.