La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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martes, 29 de diciembre de 2015

Resumen del 2015: ¿El año del cambio?














Finalicé 2014 con un texto que titulé “El año de Podemos”. Estuve a punto de titularlo el año del cambio, pero fui prudente y reservé ese título para el año 2015 por si efectivamente ese año se daba el “cambio”. Pero ha acabado el año y, francamente, no sé muy bien si ese cambio se ha dado o mejor dicho si se ha dado totalmente. Repasando el año creo que podremos responder a esta respuesta.

El año comenzó con la victoria de Syriza en Grecia, la primera de un partido a la izquierda de la socialdemocracia en toda Europa. Esta era la consecuencia de las terriblemente equivocadas políticas de austeridad de la UE, que provocaron la destrucción económica griega e hicieron saltar por los aires el sistema de partidos vigentes. Grecia se convertía en el foco de atención de toda Europa ¿podría un pequeño y arruinado país poner revertir las políticas europeas de mano de un gobierno anti-austeridad?
Quizá los negociadores griegos cometieron errores, quizá no marcaron adecuadamente los tiempos, pero lo que es evidente es que el gobierno griego fue satanizado desde el primer momento por todo el establishment europeo. El ministro de finanzas Varoufakis fue caricaturizado como un chulo, un soberbio y un pirómano irresponsable, y el primer ministro Tsipras como un loco que iba a llevar a su país a la ruina. La brutalidad de los medios de comunicación contra ellos era tan transparente que daba vergüenza ajena, como denuncié aquí.
Al final, acorralado en la negociación con una contraparte infinitamente más poderosa que él, el gobierno griego cedió y aceptó prácticamente todas las exigencias de los acreedores. La pregunta entonces fue si fuimos ingenuos en creer que la estrategia de Syriza podía salir bien y concluí que no, aunque obviamente sobredimensionamos sus posibilidades. Tsipras volvió a convocar elecciones en un gesto de responsabilidad y valentía política que ya querría ver yo en España y las ganó de nuevo, demostrando los griegos que incluso ante el fracaso preferían la honestidad del primer ministro que volver al pasado.
Lo de Grecia fue un golpe enorme para la izquierda en Europa y obviamente ha influido en otros países, aunque no sé en qué grado. Este cambio no se pudo hacer, y me parece que otros gobiernos más o menos anti-austeridad, como el portugués, van a aprender del fracaso griego y van a ser mucho más cautos. Sin embargo lo que no ha llegado es una profunda reflexión sobre las posibilidades de un estado-nación para hacer políticas independientes y alternativas, ese debate lo tenemos pendiente y debemos enfrentarlo con valentía.

En España el año ha estado plagado de convocatorias electorales en todos los niveles. Las primeras que se dieron fueron las municipales y autonómicas, que nos trajeron un cambio parcial a nivel autonómico pero absoluto a nivel municipal. Cuatro de las cinco ciudades más grandes de España (Madrid, Barcelona, Valencia y Zaragoza) están gobernadas por alcaldes de coaliciones de izquierda, eso sí con el apoyo del PSOE. Carmena, Colau, Ribó y Santiesteve, junto con otros, son la muestra patente de que la España urbana ha roto con el pasado y ha acabado con la estructura de partidos salida de la transición.
A nivel autonómico, sin esa fuerte impronta urbana, los papeles se invirtieron y fue el PSOE quien recuperó multitud de CCAA con el apoyo de Podemos y las fuerzas de izquierdas. Excepto en la Comunidad de Madrid, donde la suma de PP y C’s superó por un escaño a PSOE y Podemos a causa de la ley electoral que impidió a IU tener representación (la izquierda en Madrid sacó más del 3% de votos que la derecha), en el resto de CCAA que no son claramente conservadoras las fuerzas de izquierda se han impuesto. El gobierno cambió en la Comunidad Valenciana, Baleares, Aragón, Extremadura, Cantabria y Castilla La Mancha, y el PP perdió la mayoría absoluta en el resto de territorios, teniendo que depender de C’s.
A nivel autonómico y sobre todo local, el país ha cambiado radicalmente. Tenemos nuevas fuerzas gobernando y escenarios plurales en todas las instituciones, tenemos lugares como la Comunidad Valenciana donde el fin del gobierno del PP ha supuesto casi una liberación. La España local y regional es la que más ha cambiado, qué duda cabe.

Pero también hemos tenido elecciones generales y ahí el cambio, que lo ha habido, se ha quedado a mitad de camino. El PP ha perdido su mayoría absoluta pero ha mantenido un 28,7% de los votos, mientras el PSOE ha obtenido un 22%. Ambos partidos están en el 50% del voto total, que es más o menos lo que sacaron en las elecciones europeas de 2014 y que supuso un duro golpe para el bipartidismo. La cuestión es que no han bajado de allí, lo cual tiene una doble lectura, o que el desgaste del bipartidismo se ha consolidado o la contraria, que el bipartidismo sigue resistiendo en su numantino 50%.
El problema es que este escenario, debido a la naturaleza de nuestro sistema electoral y a las tensiones territoriales, parece que no va a producir cambios tan importantes como en los ámbitos municipal y autonómico. En las actuales circunstancias parece casi imposible cualquier combinación que no sea una alianza entre el PP y el PSOE. Y eso es un cambio estructural claro, una gran coalición de urgencia es evidentemente una novedad importante, pero a nivel de contenido político no vamos a dejar de tener un gobierno digamos “ortodoxo”.
Es probable, no obstante, que se vaya a algún tipo de reforma constitucional para cambiar ciertas realidades de nuestro sistema político, pero una reforma que cuente con la aprobación de los dos actores políticos tradicionales no dejará de ser una reformita que puede degenerar muy fácilmente en una reforma defensiva de la constitución para el mantenimiento de posiciones previas y para evitar que sean otros quienes hagan esta reforma. Podemos vernos en un tiempo en un “cambiarlo todo para que nada cambie”.
Yo no soy un fetichista constitucional y no creo que haya demasiado que cambiar en la constitución, así que la prueba del algodón será qué se haga con la reforma de la ley electoral. La lógica indica que se debería eliminar la provincia como circunscripción electoral en la constitución porque si no cualquier reforma tendrá efectos escasos en la proporcionalidad, y si PP y PSOE no lo hacen y/o tienden a una reforma de carácter mayoritario estaremos asistiendo a una reforma destinada no a mejorar el país sino a la consolidación de las élites vigentes.

Donde no ha habido cambio en 2015 ha sido en Cataluña, enfrascada en su día de la marmota permanente de mayorías independistas insuficientes que, aunque lo fuesen, no servirían para nada porque la secesión es inviable. Las elecciones catalanas cambiaron la estructura de fuerzas entre bloques, con un unionismo que se ha dejado los complejos en casa votado C’s y un independentismo que sale del redil de CDC para pulular por partidos independentistas varios, pero no ha cambiado la estructura de bloques, solo los ha polarizado.
El problema es que la parálisis catalana se proyecta sobre España e impide los cambios. Si no existiese este conflicto en Cataluña tanto CDC como ERC se posicionarían a favor de la investidura de alguno de los candidatos, pero al haberlo se han convertido en fuerzas negativas que lo único que hacen es dificultar investiduras. Las exigencias que pueden plantear (un referéndum) no son aceptables para más del 70% de los diputados y eso los convierte tácitamente en fuerzas de bloqueo. Y ya no es eso, es que el conflicto catalán crea una cuña entre el PSOE y Podemos que impide un entendimiento parecido al que hay en las CC.AA y crea un nuevo eje político ajeno los de derecha-izquierda y nuevo-viejo que empuja al PSOE y a C’s a los brazos del PP.

Así pues volvamos a la pregunta inicial ¿Ha sido 2015 el año del cambio? Pues qué queréis que os diga, sigo sin una respuesta clara. Sí y No, Sí porque nos ha dejado nuevos actores políticos, porque nos ha traído un nuevo pluripartidismo y porque a partir de ahora el país va a tener que gestionarse de otra forma. Pero también hay un No, porque tengo la sensación de que los cambios se han quedado a medias, que a nivel europeo las alternativas son pocas y que Cataluña es un problema que castra las posibilidades de un gobierno de izquierdas en España.
Ha sido un cambio parcial, un gris alejado de blancos y negros, un término medio. De hecho creo que nos vamos a tener que acostumbrar a dejar de lado estas dicotomías tan maximalistas porque la realidad es cada día menos clara y más multifacética, donde los cambios se producen donde menos te lo esperas y suceden silenciosos y ajenos al foco de la opinión pública.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

El éxito de EQUO
















Debido a la cantidad de partidos que han formado parte de las candidaturas de Podemos creo que el ciudadano medio desconoce cual ha sido la situación dentro de las mismas. Además de las alianzas regionales con Compromís, ANOVA y otros, Podemos tejió una alianza en todo el territorio con el partido ecologista EQUO, que ha formado parte de las candidaturas moradas con puestos destacados en las provincias vascas y en Huesca, donde se concentraban las posibilidades del partido verde. El nº1 por Álava y Huesca y el nº2 por Bilbao eran los puestos de salida, que no eran seguros pero sí posibles.
Pues bien, EQUO ha conseguido estos tres diputados, Juan López de Uralde por Álava, Rosa Martínez por Bilbao y Jorge Luis Bail por Huesca, en lo que representa un éxito absoluto del partido verde que se encuentra en este momento mas diputados de los que ha obtenido Izquierda Unida en solitario.

EQUO se fundó en 2011 como proyecto de convergencia de los diferentes partidos verdes que había en España. Se presentó en solitario en 2011 con el objetivo de conseguir el diputado por Madrid, que finalmente no consiguió aunque estuvo muy cerca. Esto abrió un escenario de reflexión sobre una realidad que no era desconocida por los miembros del partido, que es la histórica debilidad de los partidos verdes en España, producida por varias razones desde la adjetivación un tanto indebida de “verde” por parte de Izquierda Unida hasta la evidencia de que la sensibilidad ecologista no está desarrollada en España o, al menos, no lo está como en el resto de Europa.
Esta debilidad impulsó una política de confluencia con fuerzas mayores con el objetivo de sumar fuerzas y así poder superar las barreras electorales y la propia debilidad. Las confluencias han sido problemáticas internamente y no todo el mundo ha estado de acuerdo, porque diluían el mensaje verde y convertían a EQUO en cierta manera en ese “apéndice” de otros que se intentaba superar con la formación del partido.
El máximo valedor de la convergencia ha sido el co-portavoz y líder de EQUO Juan López de Uralde, que no sin resistencias internas impulsó la alianza con Compromís y otras fuerzas en la coalición “Primavera Europea”, que consiguió un eurodiputado, y el pacto con Podemos para las elecciones municipales (en candidaturas de confluencia), autonómicas (en muchas CCAA) y generales.

A pesar de que mi deseo personal hubiese sido tener un partido verde de ámbito nacional e independiente, siempre he apoyado la estrategia de confluencia de Juantxo Uralde porque la consideraba necesaria. EQUO en solitario no podía conseguir nada hoy por hoy, así que la confluencia se convertía en una necesidad más que en una opción. Sin embargo hubo un último movimiento que no vi claro que fue esta alianza con Podemos para las generales.
No es que me opusiese a la unión con Podemos y por supuesto no me oponía a la necesidad de confluencia, lo que no me gustó es que EQUO decidió abandonar Ahora en Común (mediante referéndum interno, eso sí) en un momento en que me parece claro que Podemos estaba intentando aislar a IU y acabar con ella. Podemos, adicionalmente, había acabado de desnaturalizar hasta el extremo su supuesta democracia interna, convertida en un bonapartismo transparente basado en el refrendo servil a los dictados del grupo de la Complutense, lo que chocaba con los valores de EQUO. Y finalmente, me parecía que a Juanxo se le debía haber ofrecido el nº4 o 5 por Madrid, que era un puesto “seguro”, y no un puesto más problemático como el de Álava, que ahora lo vemos muy claro pero hace unas semanas implicaba superar a PSOE y C’s y no era tan fácil.
Al final, y por una serie de circunstancias, a EQUO le ha salido perfectamente la jugada, y lo que yo interpretaba como una mala negociación y una cesión demasiado fácil ha acabado siendo un éxito. Y no es que piense que el fin justifica los medios, no los justifica o no siempre, pero en este caso si balanceamos las cesiones y el grado de digamos “venta del alma al diablo”, y por otro lado los réditos conseguidos, evidentemente vencen y destacan los segundos.
La política de confluencias de EQUO al final les ha dado concejales de gobierno en dos de las tres principales ciudades de España (Sabanés en Madrid y Grezzi en Valencia), dos diputados autonómicos en la Comunidad Valenciana y uno en Madrid y Andalucía, un eurodiputado que será “titular” a mitad de legislatura europea (Florent Marcellesi) y tres diputados en el congreso. Nadie podía imaginar esta situación hace escasamente año y medio y creo que a Juantxo hay que hacerle, por lo menos, una estatua del tamaño de la de Kim Il Sung en Pyongyang.

Pero ahora lo que creo que toca es mirar al futuro e intentar trabajar en el objetivo que inicialmente ha tenido EQUO: Construir un partido verde fuerte a nivel nacional, que pueda ser autónomo y tener presencia en las instituciones por sí mismo. Y para eso hay que trabajar mucho y aprovechar la presencia en las instituciones y la inyección económica que supone la presencia en las instituciones. Esto en compatibilidad, por supuesto, con las obligaciones que tiene por los compromisos adquiridos y con el trabajo institucional para promover iniciativas e intentar conseguir cambios.
Creo que hay un objetivo básico, que es conseguir que para las próximas elecciones todo el mundo sepa qué es EQUO y que es el equivalente a los partidos verdes que existen en Europa. La presencia institucional debe ser también publicitaria, estar en los medios en todos los debates de medio ambiente o energía, trabajar incesantemente desde el primer día para conseguir esa visualización.
Y la presencia en las instituciones debe valer también para aprender y para formar una hornada de cargos que hayan pasado por las instituciones, conozcan su funcionamiento, las limitaciones de la política real, cómo se destaca en los parlamentos, para que se den golpes de realidad al intentar aplicar planes que tocan intereses creados y en los que hay que mediar, etc, etc. Y, sobre todo, para introducir temas en el debate público que hasta ahora han quedado muy ocultos, desde el cambio climático hasta la agricultura ecológica pasando por el tema energético, tema central que si se gestiona y enfoca bien podría ser la principal bandera del partido.


El éxito de EQUO es una de las mayores alegrías que me ha dado estas elecciones. Qué lástima que el control del senado por parte del PP vaya a impedir una reforma de la ley electoral, algo que partidos como EQUO necesitan como el aire, pero eso no debe cambiar esta hoja de ruta en lo esencial. Para EQUO esto es un camino largo, es una labor que debe ir consolidando poco a poco porque a diferencia de otros partidos que pueden ser coyunturales, EQUO es portador de unos valores y unas ideas políticas de carácter universal que van a pervivir más allá de las coyunturas políticas en nuestro país

lunes, 21 de diciembre de 2015

Análisis del 20-D: El PSOE frente al cubo de Rubik













España se despierta el día después de las elecciones generales en el escenario más temido por los amantes de la tradición política y de los escenarios cuadriculados: La imposibilidad de conseguir una mayoría estable que no sea mediante una gran coalición PP-PSOE. La cuestión es que este escenario se vislumbraba antes de las elecciones a poco que se analizasen datos sociológicos y tendencias políticas, pero la mayoría de analistas se empeñaron en creer unas encuestas que estaban errando en sus suposiciones.
Voy a aprovechar para colgarme una medalla: Las tres “sorpresas” principales que nos ha dejado estas elecciones ya las anticipé el lunes 14 de diciembre: PP y C’s no iban a llegar a los 176 escaños de la mayoría absoluta, Podemos y sus aliados iban a superar a C’s y que la suma de votos de los partidos de izquierdas (PSOE, Podemos e IU) iba a ser mayor que los de derechas (PP y C’s). Y recordemos que estas tres suposiciones iban contra lo que decían casi todas las encuestas hasta esa misma semana que acababa de empezar, lo que creo que aumenta el mérito de la predicción.

El escenario que nos deja estas elecciones no es objetivamente tan difícil. Un pacto PP-PSOE, mediante acuerdos de gobierno, abstención (ahí entraría C’s) u otro mecanismo nos daría una investidura fácil para algún miembro del PP, el problema podría ser posterior, donde sin un acuerdo estable nos enfrentaríamos a una legislatura probablemente corta en la que se disolvería el congreso ante la más mínima dificultad.
Rajoy y Rivera ya han hecho un llamamiento a Pedro Sánchez, el primero pidiendo un pacto estable y el segundo que se deje gobernar al PP mediante una abstención (que es lo que le interesa a C’s para no tener que mojarse demasiado). Sánchez ha sido ambiguo y tan solo ha dicho que el partido que más escaños ha sacado es quien debe intentar formar gobierno en primera instancia. Tengo la sensación de que Sánchez no tiene ni la más remota idea sobre qué hacer y que está esperando a las lógicas reuniones internas en el PSOE para establecer una estrategia.
No creo ser muy osado si digo que en el PSOE van a aparecer dos bandos, quizá no muy definidos pero sí fácilmente identificables, entre los partidarios de dejar gobernar al PP y/o gobernar con él y los partidarios de forzar nuevas elecciones. La verdad es que el PSOE tiene un marrón terrible y va a tener que analizar muy bien qué hacer, porque aunque la tendencia es pensar que un pacto con el PP acabaría con ellos no está nada claro que el resto de opciones sean mejores.

En mi opinión el PSOE solo tiene tres opciones, arriesgadísimas las tres. La primera es dejar gobernar al PP, algo que podría hacerse con un apoyo activo y pidiendo quizá la mitad de carteras del gobierno, o bien con una abstención y dejando a un PP en minoría. Entre las dos creo que la más inteligente sería pactar un gobierno de coalición. Dejar gobernar al PP por activa o por pasiva crearía enorme desafección entre las bases socialistas, pero si lo haces con un acuerdo estable tienes cuatro años para reponerte. En el gobierno puedes forzar cambios sociales, puedes hacer una buena política en determinados ministerios y sacar de ahí futuros candidatos solventes, y eso podría darte opciones para 2019. Una abstención parece que “ensuciaría” menos al partido, pero la desafección se crearía igual, no se obtendría rédito de gobierno y el PP podría disolver las cortes en cualquier momento dejando al PSOE al pie de los caballos, provocando una estampida de votantes hacia Podemos.
La segunda opción es intentar que Sánchez sea investido presidente del gobierno. Combinaciones y posibilidades hay pero ninguna es fácil. Se podría intentar una muy difícil entente entre C’s y Podemos para dejar gobernar al PSOE en solitario, en una especie de pacto anti-PP. Podemos no exigiría una consulta en Cataluña y no entraría en el gobierno y a cambio C’s al menos se abstendría en la investidura de Sánchez, a cambio de algunas cosas con las que podrían estar de acuerdo los demás. Esto dejaría un gobierno débil pero no mucho más que el de Rajoy en minoría.
La otra opción es intentar buscar el apoyo activo de alguna otra fuerza del parlamento a parte de Podemos e IU (quizá el PNV) y al menos la abstención amable de los soberanistas catalanes, pero esto implicaría pasar una línea roja que creo que el PSOE no va a pasar: Una consulta en Cataluña. El PSOE podría intentar buscar estos apoyos con la promesa alternativa de un nuevo estatuto (seguramente tanteará esta opción), pero los soberanistas tendrían que bajarse del burro. Esta opción, sin ser imposible, es extremadamente difícil y alguien se tendría que tragar un sapo enorme y quedar como un trilero, pero en política todo es factible.

La última opción, que es por la que parece apostar todo el mundo, es que el PSOE fuerce nuevas elecciones, pero esto tiene unos riesgos enormes y además inmediatos. Los favorables a esta opción dicen que una nueva convocatoria sería como una especie de segunda vuelta entre PP y PSOE (al haber quedado éste segundo) y que reforzaría al PSOE en detrimento de Podemos (y también al PP frente a C’s), pero yo no lo veo nada claro. Para empezar algo así dejaría al PSOE como un partido “irresponsable”, lo que le podría hacer perder parte del voto moderado, pero sobre todo podría encontrarse con una jugada clara por parte de Podemos: Hacer la confluencia con IU esta vez.
La suma de votos de Podemos e IU supera en casi 600.000 votos al PSOE y, si se hubiesen presentado juntos y sacado los mismos votos unidos que por separado (eso no se sabe, podrían haber sacado menos pero también más), hubiesen sacado 85 escaños frente a 89 del PSOE. En este escenario no estaría nada claro cuál sería la opción que se convertiría en la antagonista del PP. Y, sobre todo, cualquier duda del PSOE, cualquier dirigente que se mostrase a favor de una entente con el PP, cualquier declaración ambigua o posicionamiento que se interpretase como cualquier otra cosa que no fuese un rechazo frontal al PP, sería munición política para Podemos, que sí está claro que no va a pactar con el PP jamás.
Yo no sé si tiene más riesgos para el futuro del PSOE pactar un gobierno con el PP o ir a unas nuevas elecciones, pero lo que sí sé es que la política es miope y cortoplacista. Aunque se piense que de aquí a 4 años el PSOE va a sufrir en unas elecciones, 4 años es mucho tiempo y pueden pasar muchas cosas. Unas elecciones podrían fortalecer al PSOE pero también debilitarle, y hablamos de 3 o 4 meses vista. Da mucho vértigo forzar una dualización en un momento tan débil del PSOE que, si sale mal, podría dejar hundido al partido para siempre. La política suele ser conservadora en estos casos.
Y no olvidemos una cosa fundamental: Las presiones que va a recibir el PSOE para facilitar o pactar un gobierno con el PP. Y no hablo de las presiones que ya ha recibido de PP y C’s, hablo de las presiones empresariales, de las presiones de los partidos socialdemócratas europeos que en muchos casos han pactado con los conservadores en casos similares. De todas formas las presiones creo que serían ahora menores que hace un par de años, pues ya hay un precedente de un socialista europeo que ha resistido esta presión (Antonio Costa en Portugal) y hay nuevos perfiles en la izquierda europea (Corbyn, por ejemplo). Aun así la situación de Sánchez es mucho más complicada que la de Costas.

El escenario político que hay en España nos muestra un país bastante inclinado a la izquierda, por lo menos respecto a cómo estaba hasta ahora. La suma de votos del PSOE, Podemos e IU es de 46,34% y la suma de C’s y PP es de 42,65%. Ambos bloques han sufrido una tendencia a la izquierda, pues Podemos está más a la izquierda que el PSOE y C’s menos a la derecha que el PP. Esto ya lo hemos estado comentando asiduamente desde hace muchos meses: España estaba evolucionando rápidamente hacia la izquierda y la situación parlamentaria era irreal.
Habrá quien piense que si no gobierna la izquierda con 3,7 puntos más que la “derecha” es por culpa del sistema electoral, pero eso es solo una verdad parcial. Más allá de eso hay dos realidades por las que la izquierda no está en condiciones de gobernar de forma similar a como lo está haciendo en Portugal y ambas tienen responsables claros. La primera razón es la no confluencia entre Podemos e IU, y la segunda es el desafío soberanista catalán.
Como hemos dicho, si Podemos e IU hubiesen ido juntos hubiesen sacado 85 escaños, 14 más que ahora, por 89 el PSOE. Ambas fuerzas estarían al borde de la mayoría absoluta y con la simple abstención del PNV o cualquier otro Sánchez o Iglesias sería el presidente de gobierno. Puede resultar complicado echar nada en cara a Iglesias después de su éxito, pero la realidad es que ha desperdiciado la práctica totalidad del casi millón de votos de IU. No nos dejemos deslumbrar por el gran número y miremos las entrañas de la situación: Si el PP sigue gobernando será en parte responsabilidad de esta separación entre Podemos e IU, y por tanto será achacable en gran parte a Pablo Iglesias y su grupo más próximo.

Pero el problema principal, incluso aunque la confluencia anterior se hubiese dado, es el problema catalán. En otro entorno probablemente Sánchez hubiese tenido el apoyo de ERC y hubiese podido ser investido, pero con la problemática en Cataluña ERC no va a darle apoyo si no es cambio de un referéndum que Sánchez no quiere ni puede hacer. Y no solo ERC, es que el grupo de Colau probablemente tampoco investiría a Sánchez si no hay una consulta. El independentismo catalán es el problema fundamental y no solo para Sánchez, en parte también para Rajoy porque genera una casi total incompatibilidad de Convergencia (DiL en su máscara actual) con C’s y con el PP.
Lo he dicho repetidas veces desde hace más de un año y lo reitero: El desafío catalán es el principal palo en la rueda para los cambios en España. Lo ensucia todo, lo distorsiona todo y evita que las fuerzas progresistas puedan gobernar (¿Cuántos votos habría sacado de más la izquierda si no hubiese miedo a que se ponga en riesgo la unidad del estado?). Si España no tuviese problemas territoriales no creo que sea muy osado decir que la izquierda hubiese ganado de calle, con o sin el sistema electoral actual.
Esto creo que no se está entendiendo, incluso se cae en el error de interpretar las cosas al revés. Muchos miran a Podemos y ven que sus mejores resultados han sido en Cataluña. Euskadi y Comunidad Valenciana, y puede crear el falso equívoco de que esa nueva “sensibilidad” hacia la plurinacionalidad es buena para la izquierda. Pero se equivocan. Desconozco el caso concreto de Euskadi, pero en la Comunidad Valenciana el resultado no tiene nada que ver con cosas como la plurinacionalidad sino con cuestiones como la corrupción, la desigualdad y el carisma de los políticos de Compromís, y en Cataluña ¡Si es que Podemos ha ganado en los municipios donde C’s ganó dos meses antes en las autonómicas! Podemos ha ganado en Barcelona y Tarragona (las provincias menos soberanistas) y en los cinturones rojos que en septiembre se tiñeron de naranja. Es la misma gente que está hasta el gorro del procés, que ahora ha priorizado el eje social sobre el nacional.

Esta es más o menos la situación actual, complejísima para todo el mundo y sobre todo para el PSOE. Si me pedís una apuesta os diría que el PP y el PSOE van a llegar a algún tipo de entente, es lo que marca la lógica y lo que pasaría en cualquier otro país en una situación parecida. En España tenemos un problema de deformación política inducida, los partidos políticos dominantes nos han hecho pensar que vivíamos en una especie de régimen pseudo-presidencialista donde los dos partidos del turno eran antagónicos, incompatibles y enemigos.
Pues no. La realidad es que vivimos en un sistema parlamentario y en un sistema parlamentario casi siempre se consigue una mayoría. Y si esta es del 1º con el 2º pues es la que hay. Y si hay que hacer primer ministro al candidato del 4º partido o a un independiente pues se le hace. Esta es la naturaleza del sistema, siempre lo ha sido y si no la hemos visto es porque no se ha producido el escenario.
Llevo años prediciendo un gobierno de gran coalición PP-PSOE y quizá me esté traicionado cierta predeterminación inconsciente por la conclusión. Pero si veis como todo lo que dije el lunes pasado se ha cumplido a lo mejor no es mala idea darle el beneficio de la duda a una de mis predicciones más troncales. No estoy seguro de que sea eso lo que va a pasar pero sí lo veo bastante probable.

lunes, 14 de diciembre de 2015

El ojímetro electoral de La república heterodoxa

















Quedan pocos días para la jornada electoral y se acaban de publicar las últimas encuestas electorales. La tendencia general en estas encuestas es una consolidación o incluso subida del PP, una subida importante de Podemos y un descenso del PSOE y C's. Todas dejan al PP por debajo del 30%, algo impensable hasta hace prácticamente un año, y dejan a este partido lejísimos de la mayoría absoluta. La segunda plaza no está clara y casi todas las encuestas hechas hasta este fin de semana daban una mayoría absoluta de diputados a la suma del PP y C's, sin embargo las encuestas más recientes ponen esto en duda.
Creo que la pregunta clave aquí es ¿están acertando las encuestas? Y la respuesta no está nada clara. Las encuestas de las elecciones autonómicas más o menos acertaron (la de las empresas serias, básicamente Metroscopia, Sigma Dos y el GESOP catalán) pero en las últimas elecciones que se hicieron en todo el territorio, las europeas de 2014, las encuestas fallaron estrepitosamente ¿En qué situación nos encontramos ahora?

Desde antes incluso de la precampaña he insistido en varias ideas que iban contra los resultados de las encuestas. La primera es que no me creía de ninguna manera que la suma de votos de PP y C's estuviese en el 47-49% que daban las encuestas, y no me lo creía fundamentalmente porque en todas las oleadas del CIS se veía que España está ideológicamente bastante inclinada hacia la izquierda.
Que la suma PP + C's diese casi la mayoría sociológica solo tenía dos posibles explicaciones: O muchos ciudadanos identificaban a C's con el centro-izquierda, o bien en Cataluña la izquierda no-nacionalista iba a votar a C's priorizando la cuestión nacional, como hizo en las autonómicas. Sin embargo el CIS niega que los españoles sitúen a C's en el centro-izquierda (lo sitúan en el centro-derecha y de hecho cada vez lo inclinan más hacia la derecha), y el GESOP, que es relativamente fiable, nos indica que en Cataluña tanto PSOE como sobre todo Podemos van a aumentar sus apoyos respecto a las autonómicas. Por tanto, o los españoles votan obviando las propias cuestiones ideológicas o esta suma tan elevada no parece tener sentido.
Por otro lado tampoco me creía que Podemos fuese a quedar en ese 12-13% que parecían darle las encuestas hace unas semanas. Tenemos alcaldes cercanos a Podemos en 4 de las 5 mayores ciudades de España y no parecía probable que Podemos se hubiese disuelto como un azucarillo cuando el PSOE, posible atrayente del voto, no despierta especial confianza ni entusiasmo. O IU estaba en números como mínimo de 2011 (y no parecía ser el caso), o la idea era absurda.

Personalmente considero que las encuestas han estado fallando en la asignación de los indecisos, mayores que en otras elecciones. Tengo la sensación de que la estimación de voto de los partidos con menor rechazo (que son los más centrados en el espectro, PSOE y C's) ha sido incrementada erróneamente. Y parece que conforme avanza la campaña y baja el número de indecisos, estos van cayendo respecto a las estimaciones previas.
De todas las encuestas que se han publicado las que tienen un trabajo de campo más reciente son la de Metroscopia (7-10 de diciembre) y la del GESOP (10-12 de diciembre), las demás que he visto parecen tener la mayoría de las tomas de datos de antes de la campaña electoral. Y en ambas C's y PSOE están cayendo. Metroscopia le quita a C's 4,5 puntos en dos semanas y el GESOP 3 puntos, mientras que al PSOE metroscopia lo degrada 1,6 puntos y el GESOP 0,6. El PP aumenta en ambas (2,5 en una y 1,3 en la otra) y Podemos también (2 y 2,4). Y ambas coinciden en una cosa: Parece que la suma de diputados del PP y C's puede no llegar a los 176 de la mayoría absoluta.
Lo que mas me llama la atención de estas encuestas es la caída brutal de la IDV de C's en la encuesta de Metroscopia, donde pierde más del 25% del voto declarado. Me parece bastante intuitivo que mucha gente que decía iba a votar a C's va a votar finalmente al PP, pero creo que hay algo más. Tengo la sensación de que C's también pierde intención de voto por el otro lado, por parte de gente que no quiere ver al PP en el gobierno y que piensa, a tenor de las encuestas, de los análisis y de ciertas declaraciones ambiguas, que C's va a investir a un presidente del PP en este entorno.
De hecho lo que parece mostrarnos las encuestas es que, estando el PP lejísimos de la mayoría absoluta, la mejor manera de que no gobierne es que C's pierda intención de voto. Parece que C's está rascando muchos diputados por un puñado de votos en algunas provincias y una pequeña caída de voto reparte esos escaños entre el resto de partidos. Que la suma de PP+C's empiece a no salir es fundamentalmente por los diputados que pierde C's, importando poco que el PP suba.
De todas formas quienes razonen de esta forma me temo que al final se llevarán una decepción. Si el PP no suma con C's pero tampoco suman PSOE y Podemos ni C's con PSOE, al final probablemente habrá algún tipo de entente PP-PSOE. Después de 33 años de bipartidismo parece que no nos lo creemos, pero eso está ahí y pensar que se van a forzar otras elecciones antes de hacer ese pacto no es una posición racional.

Mi “ojímetro electoral” me indica también otras cosas más allá del análisis racional. Siempre se dice que medir el futuro éxito electoral por la asistencia a mítines es un mal método. Teóricamente es cierto, porque sabemos que los partidos llenan mitines a base de pagar autobuses y enviar a jubilados con bocadillos, sabemos también que no todos los partidos tienen el mismo grado de movilización en sus bases y, en definitiva, que el método es un poco tosco. Pero también es verdad que históricamente la presencia en los mítines nos ha dicho muchas cosas. Yo recuerdo, por ejemplo, un “pinchazo” del PP hace años cuando no llenó Mestalla, que se tradujo posteriormente en una victoria mucho más ajustada respecto a cuando llenaban. Pero quizá el caso más próximo es el de Podemos en las europeas de 2014, cuando viendo la asistencia a sus actos sabías que ese partido iba a sacar representación y no solo de un diputado. No descartemos, pues, la información que nos puede dar, si es que la filtramos correctamente.
Pues bien, yo veo dos cosas. La primera es que la asistencia a los mítines de IU es prácticamente la misma que ha tenido siempre, no ha caído como debería ser normal. Por tanto intuyo que IU va a aguantar más o menos bien la explosión de Podemos y que va a conseguir sobrevivir. No sé si al final mucha gente optará por el voto útil a Podemos, podría pasar, pero creo que el escaño de Garzón está garantizado, que sacarán alguno más y que no va a estar peor que en la época de Llamazares.
Por otro lado veo que la asistencia a los mítines de Podemos es muy alta, equiparable o incluso superior a la de los grandes partidos y bastante mayor que la que tiene C's. En base a lo que se ve se me hace muy difícil pensar que C's pueda quedar por encima de Podemos&Cia, y ojo que no veo nada claro que no tenga la 2º plaza a su alcance.

Hablando de Podemos y de la caída de Sánchez y del PSOE ¿hasta qué punto ha influido el debate electoral de Atresmedia? La opinión generalizada fue que Pablo Iglesias fue el mejor y la mayoría de gente dijo que Pedro Sánchez fue el mas flojo (menos ELPAIS, que en un acto desesperado de apoyo a Sánchez nos contó una milonga). Yo creo que ese debate subió los ánimos en Podemos de manera sustancial y de hecho es algo que se percibe en el ambiente y hasta en la propia cara de Iglesias, que desde hace unos días parece un triunfador, seguro de si mismo y feliz de su trabajo.
De todas formas la influencia del debate parece tener un punto oscuro. Yo creo que el derrotado de antemano en ese debate fue Rajoy, que quedó como un cobarde que no se atreve a debatir con tres oponentes, y además la floja actuación de la vicepresidenta, que perdió el tono y la sensatez en algún momento, solo hizo profundizar en aquella sensación. Sin embargo ves las encuestas y...El PP sube. Rivera, que estuvo como un flan durante la primera parte pero que después del descanso salió como un tiro, cae fuertemente en las encuestas cuando por el debate no debería. ¿No es esto contradictorio? (recordemos que solo las encuestas de Metroscopia y GESOP tienen toda su muestra hecha después del debate).
Francamente creo que el debate no tiene nada que ver en la subida del PP y la caída de C's, de hecho igual hasta ha impedido que el PP suba más. La caída de C's respecto a las encuestas precedentes era un hecho que estaba cantado y es producto de la sobrestimación anterior, no de una mala campaña o un mal debate, y la subida del PP es por puro drenaje de votantes que eran asignados a C's de forma improcedente.

Finalmente ¿cual es mi apuesta? Pues a riesgo de tener que tragarme todas mis predicciones el lunes allá voy:

1ª predicción: Creo que PP y C's no van a sumar 176 diputados entre los dos, y por tanto no llegarán a mayoría absoluta.
2ª predicción: Creo que Podemos&Cia va a quedar por encima de C's.
3ª predicción: Creo que la suma de votos de PSOE+Podemos+IU va a ser mayor que la del PP+C's.

Dar cifras concretas me parece que es una osadía, pero francamente no creo que el PP supere el 25-26% de votos, que C's esté muy por encima del 16% y veo una alta igualdad entre el PSOE y Podemos con alrededor de un 20% de votos cada uno. Creo incluso que Podemos y sus socios, en suma, pueden quedar por encima del PSOE y ser segunda fuerza.
¿Y qué escenario dejaría esto? Pues iríamos a una situación donde ni PP+C's, ni PSOE+C's ni PSOE+Podemos sumarían mayoría absoluta. Y en ese escenario habría dos opciones: O un gobierno de gran coalición PP-PSOE, o algún gobierno que aún sumando el apoyo sólido de dos fuerzas de las cuatro no tuviese una mayoría parlamentaria y necesitase de más apoyos. Veremos qué pasa.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Por qué el contrato único es una mala idea














Como sabéis desde hace tiempo se viene hablando del contrato único, más o menos desde que la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA) lo propuso hace unos 5 años. El conocido grupo de politólogos-blogeros Politikon lo lleva defendiendo a capa y espada desde entonces y el partido UPyD abrazó la propuesta hace ya varios años. Hoy en día quien lo propone (además de UPyD) es Ciudadanos (C’s), fundamentalmente porque uno de sus padres es el economista de referencia de la formación, Luis Garicano.

El contrato único parece algo muy moderno, producto de un estudio altamente complejo y técnico que propone soluciones específicas y concienzudamente estudiadas para el caso concreto español, pero a mí en cambio me parece que su fundamento es un clásico de la historia: Intentar dar soluciones aparentes y superficiales a problemas complejos, focalizando los conflictos de forma parcial y creando falsos e irreales marcos mentales.
La cuestión es que los problemas que pretende solucionar el contrato único son reales. En España, desde que se permitió la contratación temporal hace ya décadas, se ha ido progresivamente creando dos “clases” de trabajadores, los “insiders (utilizando su propio lenguaje), que son aquellos que tienen contratos indefinidos y tienen acumuladas altas indemnizaciones de despido, y los “outsiders”, aquellos que tienen contratos temporales, generalmente precarios y que pueden ser despedidos en cualquier momento recibiendo poco más que las gracias. Obviamente los “insiders” también tienen sueldos mayores por muchas razones.
Después de la crisis de 2008 estas dos situaciones se han hecho más evidentes porque fueron los “outsiders” quienes sufrieron mayoritariamente los despidos y porque, desde ese momento y ante la debilidad de nuestra economía, las empresas han sido mucho más reacias a hacer contratos indefinidos a no ser que estuviesen forzadas a ello.
Al final como veréis aquí hay una especie de “lucha de clases”, pero entre trabajadores. Hay unos grupos privilegiados por las circunstancias y otros perjudicados, que además suelen coincidir con cuestiones de edad (los jóvenes suelen ser mayoritariamente “outsiders”), entrando conceptos generacionales en esta lucha. Al final esto no es tan distinto a otras “luchas de pobres” que podíamos ver hace años ¿Cuántas veces habéis visto este tipo de argumentaciones hechas entre funcionarios y trabajadores del sector privado? Al final esto no es tan distinto.

Los defensores del contrato único aseguran que éste acabará con la dualidad. La idea más o menos es que cuando una empresa se ve obligada a hacer a un trabajador indefinido (después de dos años de contrato temporal), ésta prefiere despedirlo para no tener que asumir una alta indemnización en caso de tener que despedirlo en el futuro. Así pues estos trabajadores nunca salen de los contratos temporales, no hacen carrera en las empresas y siempre viven en la precariedad. Por otro lado los trabajadores con altas indemnizaciones por despido nunca son despedidos, copan los mejores puestos de trabajo e “impermeabilizan” el segmento alto del mercado laboral.
La teoría es muy lógica y los números probablemente la avalan, pero tiene un problema: Está hecha por personas que probablemente no conocen lo que pasa en las entrañas del mercado laboral. La realidad es que las empresas generalmente no despiden a los trabajadores temporales cuando cumplen dos años sino que hacen una trampa, que es cambiarle la descripción de puesto y tenerlo dos años más. Y las empresas no se cortan un ápice en hacer esta trampa a la legislación laboral y no es raro, porque en la gran mayoría de los casos estos contratos temporales ya eran un fraude de ley en origen, pues los contratos temporales solo se pueden hacer por campañas temporales, sustituciones o circunstancias excepcionales de tiempo determinado, y sin embargo se hacen siempre que la empresa quiere acogiéndose a la última posibilidad.
De hecho la realidad es que la dualidad en España no es causa de los distintos tipos de contratos, es causa del fraude en el uso de los contratos que es bien distinto. Usar un contrato temporal para un puesto que no sea efectivamente temporal es un fraude, y es la extensión de ese fraude ya convertido en norma la que genera la dualidad. Lo que nos propone el contrato único es convertir el fraude en ley, mediante un original mecanismo que presume que los empresarios se van a volver automáticamente honestos y legales y van a dejar de hacer fraude.

El contrato único propone lo siguiente. El empresario solo pagará 12 días por año trabajado el primer año de trabajo, si el empleado supera el primer año ahí pagará 15, luego 18, etc. Ahora tenemos un contrato temporal que tiene una indemnización de 12 días que, cuando se convierte en indefinido, pasa a 33 días. El empresario para no pasar de 12 a 33 días prefiere despedir al trabajador, pero en cambio para pasar de 12 a 15 o de 15 a 18 ya no lo va a despedir, porque se supone que la diferencia no es suficiente y sobre todo porque para despedirlo tendría que pagarle, como mínimo, 12 días por año trabajado. Antes que pagarle 12 días y contratar otro (al que tendrá que pagar también 12 días como mínimo), lógicamente es mejor asumir 3 días de más cada año. Es todo lógico ¿verdad? El incentivo está clarísimo, debería funcionar perfectamente….pero no está tan claro.
¿Pero sabéis cuál es el verdadero incentivo? Que el empresario no quiere pagar 12 días y, con un 22% de paro, puede perfectamente no hacerlo ¿Cómo? Hay muchos mecanismos. El primero que se me ocurre es que el contrato único teórico será de facto un contrato temporal de 1 año encubierto en base a un sencillo cálculo: Imaginemos que el salario que se quiere pagar es de 15.000€/año, al que en caso de cesar al cabo de un año tendrá una indemnización de 12 días, esto es, 493€. Pues bien, el salario anual se convertirá en 14.507€ anuales y a final de año, mediante un finiquito “fantasma”, se le pagarán los otros 493€ en concepto de indemnización, para posteriormente ser contratado de nuevo ¿Veis que fácil es evitar el contrato único? De hecho esto ya se está haciendo ahora con los contratos temporales (que también tienen esta indemnización) pero con un agravante: Muchas veces si siquiera se pagan estos finiquitos, bien por desconocimiento del trabajador, bien porque el empresario lo exige para continuar la relación laboral. Y esto puede pasar exactamente igual con el contrato único.
Esto igual a los señores que idean estas cosas les suena a ciencia-ficción, pero esto es la tendencia habitual en nuestro mercado laboral, sobre todo en las Pymes. Sólo hay que hablar un poco con la gente para enterarse: Contratos de 30 horas en las que se trabajan 45, falsos autónomos en los que la empresa paga la cuota de autónomo al trabajador, encadenamiento de contratos temporales con cambio de puesto y hasta de sociedad, sobresueldos en negro, subcontratas en las grandes empresas para evitar los convenios, becarios haciendo el trabajo de trabajadores, y un larguísimo etcétera. Señores, es que hay empresas gestoras que se encargan de buscar los huecos de las leyes, a la semana de estar legislado algo ya han encontrado el hueco. Pensar que el contrato único no va a poder evitarse de facto es un pensamiento “naif”.

Los defensores del contrato único asumen que no se puede evitar el fraude de ley y lo reconocen sin tapujos. En el fondo es un pensamiento adaptativo en el mal sentido de la palabra, es la asunción del fraude como hecho consumado y la rendición en la voluntad de hacer cumplir la ley. Se podría perfectamente hacer una ley más estricta para controlar este fraude, con requerimientos específicos para todo lo que no sean actividades inherentemente temporales (turismo, agrícola) o sustituciones, pero el no hacerlo responde a un pensamiento arraigado entre el liberalismo económico, que es no hacer nada que dificulte la contratación y que genere trabas al empleo. Hacer un control exhaustivo o someter ciertas contrataciones a una autorización previa generaría un desincentivo al empleo. Esa es la lógica.
Claro, no hay que ser zahorí para entender a donde lleva esa moral y esa forma de razonar. Todas las reformas laborales que se han hecho desde 1984 se han hecho con voluntad de flexibilizar el mercado laboral para evitar trabas a la contratación e intentar reducir el desempleo. La realidad ha sido que, por muchas que se han hecho, el desempleo siempre ha permanecido alto y los empresarios siempre se han quejado de las trabas que no se habían eliminado. Llevamos 30 años en esa lógica y no parece que el resultado haya sido muy bueno.
El contrato único, una vez se aplique, no se va a librar de esas críticas. Se seguirán haciendo fraudes, se seguirá diciendo que el despido es muy caro y se seguirá pidiendo que se bajen las cotizaciones sociales. Si a los nuevos contratados se les baja el sueldo para pagar el finiquito de 12 días por año o si se generan nuevas trampas para evitar el contrato (contratar como falso autónomo, por ejemplo) ¿Qué va a hacer C's? La respuesta es evidente: Adaptarse con su leitmotiv fundamental: No poner trabas a las empresas. ¿Por qué van a controlar los falsos autónomos si han rechazado controlar los falsos contratos temporales? ¿Por qué no van a adaptar su contrato único a las demandas de los empresarios cuando vean que no genera empleo?
El contrato único que propone C's no es que sea malo, el problema fundamental es que está guiado por unos principios y análisis erróneos. Este contrato único acabará evolucionando hacia otro contrato único, el único que existe realmente en el mundo (porque este contrato de indemnización creciente no existe en ningún sitio), que es el contrato que es único porque la indemnización por despido es cero, que es lo que existe en EEUU o en otros países.

No es que yo sea un enemigo acérrimo del concepto de contrato único, de hecho ya he dicho alguna vez que no me asusta el concepto y que merece la pena estudiarlo, en problema es que este contrato único creado bajo estos fundamentos económicos no aporta nada bueno para la mayoría de la población. Sí, es posible que en otro entorno económico con menos paro esta trampa de restar el finiquito del salario no se pudiese hacer, pero es que no estamos en esa situación. También es posible que los jóvenes más preparados pudiesen conseguir una mejor penetración en las empresas gracias a la pérdida de derechos de sus mayores. Pero al final las ventajas de este contrato son muy inferiores a los problemas que generaría, que es básicamente una pérdida de derechos laborales generalizada. Es que la propuesta de C's con una mochila austriaca de risa ni siquiera favorece la movilidad,
Otra cosa es que se propusiese un contrato único con una indemnización inicial, no sé, de 18 días por año. Ahí sí podríamos valorar las ventas e inconvenientes para unos y para otros y ver si compensa globalmente. Pero en el entorno económico actual cualquiera de las ventajas serán esquivadas y cualquiera de las soluciones confrontarían con el origen fundamental de este contrato, que es la asunción que el fraude laboral ni se puede controlar ni es bueno controlarlo.

La dualidad es evidentemente un problema, pero no se soluciona ni haciendo a todo el mundo precario ni suponiendo que los fraudes no se pueden controlar ni adaptándose pasivamente a los hechos consumados. Si no se puede controlar los fraudes en la contratación búsquese la manera de hacerlo. Por ejemplo ¿por qué no hay tanto contrato temporal en las grandes empresas? Pues porque hay convenios de empresa que los prohíben, porque hay fuertes delegaciones sindicales que lo controlan y eso al final hace que la ley tenga que cumplirse. A lo mejor hay que potenciar que haya empresas más grandes (eso sí lo propone C's) y también que haya mayores tasas de afiliación sindical, incentivar los convenios de empresa y el control sindical. Y hay muchos mecanismos para hacer esto, unos mejores pero otros peores, pero hay que tener voluntad.
¿Quieres evitar que las empresas bajen los sueldos para pagar las indemnizaciones por despido “fantasma”? Pues otorga mecanismos de rentas mínimas que permitan a los trabajadores poder resistir la presión de la bajada de sueldos (no como el complemento salarial, que incentiva precisamente a aceptarla pasivamente) o crea verdaderas penalizaciones por despidos no justificados (en vez de un bonus-malus que al final consistirán en regalar dinero, sube el IS y bonifícalo solo si no hay despidos) ¿Quieres evitar el fraude de ley en la contratación? Busca un mecanismo ágil para hacerlo, no es posible que en la era de internet no pueda hacerse un mecanismo rapidísimo de comprobación y hasta de autorización previa ¿No crees en la autorización previa? Pues impón penas altísimas si se detecta el fraude, para desincentivarlo realmente.

El contrato único que propone C's me parece un error, una vuelta de tuerca más a nuestro mercado laboral pero vendida con un marketing fabuloso y colorista. Se vende como algo moderno, europeo y juvenil, pero no es más que anglosajonizar nuestro mercado laboral en un momento en que la debilidad del factor trabajo es enorme y que por tanto llevaría a un hundimiento de derechos, salarial o a ambos. Se pretende copiar un sistema europeo sin una protección europea, vender una lustrosa vaca pero solo entregar las mollejas.
Durante muchos años se nos ha vendido la lógica del neoliberalismo de manera casi insultante: Si las empresas ganan más los trabajadores ganarán más, si las empresas tienen facilidades generarán empleo, si los ricos son más ricos mejor para todos, si lo público se privatiza funcionará mejor, etc. Los hechos, de la mano de esta crisis terrible, nos han hecho escépticos ante estas cosas y ya no nos las creemos tan fácilmente. Sin embargo a veces tengo la sensación de que estas mismas ideas se han trasmutado y han evolucionado, y ahora se tienen que vender en base a power-points, papers y lenguaje propio de una consultoría económica. Cuidado, no vaya a ser que nos estén cambiando solo el envoltorio.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Reformas que se harán durante la próxima legislatura














Gane quien gane las próximas elecciones lo que es seguro es que lo hará lejísimos de la mayoría absoluta, y esto llevará a la necesidad de plantear la gobernación del país de una manera absolutamente diferente a lo que hemos conocido. Se impondrán gobiernos de coalición o, en su defecto, pactos programáticos y estables en los que el apoyo del gobierno tendrá mucho que decir en las futuras leyes. De hecho es muy posible que salgan adelante leyes e iniciativas sin el apoyo del partido del gobierno, sobre todo si este es del PP, pues en muchos temas la mayoría parlamentaria va a ser de unas tendencias contrarias a las de este partido.

Por eso y pase lo que pase, creo que hay varias cosas que es casi seguro que van a cambiar en la próxima legislatura. Sin aventurarme demasiado, creo que hay varias leyes que van a ser cambiadas a partir de 2016:


1- La regulación sobre el autoconsumo

Como sabéis el gobierno ha legislado recientemente una ley que obliga a los autoconsumidores de energía a pagar un “peaje de respaldo” para mantenimiento de la red eléctrica, lo que lleva a convertir la inversión en pequeñas instalaciones de energía renovable en algo no rentable. Todos los partidos políticos menos el PP están en contra de este decreto y, en cuanto el PP pierda la mayoría absoluta, éste se derogará o se corregirá.
Eso llevará a que las energías renovables, fundamentalmente la solar, vuelva a tener un importante crecimiento en España, al igual que lo está teniendo en otros muchos países del mundo.

2- Cambio en la cuota de los autónomos

La crisis económica ha llevado a que se visualice una realidad que ya se estaba viendo en España desde hace muchos años: Los autónomos "pobres". Hay mucha gente que se ve obligada a autoemplearse como último recurso para así poder optar a unos ingresos mínimos y también se ha extendido el "falso autónomo", trabajadores obligados a pagarse la cuota de autónomo porque la empresa para la que trabajan no quiere hacerse cargo de la cuota empresarial de la S.S ni generar vinculación laboral. Los autónomos ya no son "empresarios" ni "clase media", la mayoría de los nuevos autónomos son todavía más precarios que los trabajadores precarios,
Eso obliga a replantearse de forma radical esa cuota de autónomos que muchos no pueden pagar. C's propone una cuota proporcional al beneficio, Podemos también la propone y además propone que ésta sea gratis si se gana menos del SMI, el PSOE habla de "acercar la cotización a los ingresos reales" y el PP, más abstracto, habla de una "nueva regulación".

3- Legalización de la Marihuana

Desde hace muchos años se lleva hablando de la legalización de la Marihuana sin que se haya hecho ningún "avance" en este sentido en los últimos años, aunque en esta ocasión se juntan tres circunstancias nuevas que creo que van a impulsar un cambio: Que está comenzando a legalizarse en otros países (Uruguay, algunos estados de EEUU), que el estado necesita ingresos extraordinarios urgentemente y que nuevos partidos proclives a la legalización van a entrar en el parlamento.
Tanto Podemos como C's están de acuerdo con la legalización y regularización de la Marihuana y el PSOE propone "abrir el debate". El PP parece contrario a esto pero va a estar en minoría si el PSOE se alinea con los partidos nuevos.

4- La reforma del sistema electoral

No es que vaya a haber una mayoría clara de diputados a favor de una reforma electoral en un sentido determinado, pero si los partidos nuevos y más pequeños se ponen de acuerdo y exigen una reforma electoral ésta ocurrirá. C's propone el modelo alemán (que daría una proporcionalidad casi absoluta) y Podemos propone convertir la CC.AA en la circunscripción electoral (que también mejoraría la proporcionalidad). Ambas propuestas requieren la reforma de la constitución y necesitarían el 60% de los diputados y senadores o el 66% de los diputados.
El PSOE, mucho más ambiguo, habla de "incrementar la proporcionalidad del sistema electoral". Es verdad que el PSOE ya ha propuesto esto alguna otra legislatura y no ha hecho nada, pero eso es porque era un beneficiario del sistema. Si el PSOE cae bastante se dará cuenta cómo el sistema ya no le beneficia y que en cambio beneficia al PP y es previsible que sea más abierto en esas circunstancias. El país también ha cambiado, y lo que antes era solo una propuesta de minorías ahora es una petición yo diría que mayoritaria. 
Obviamente el PP es radicalmente opuesto a hacer el sistema más proporcional porque eso le perjudica claramente y su idea está en un sentido distinto: A ver cómo se castra la voluntad popular para seguir gobernando ellos con cada vez menos votos.

5- Reducción de los privilegios de la Iglesia Católica

Sin querer ser demasiado osado en este punto, creo que la Iglesia Católica va a perder privilegios durante la siguiente legislatura de forma más o menos clara. La presencia de un partido de centro-derecha laico como C's rompe ese bloque monolítico de defensa de los privilegios de la iglesia que existía en la derecha española y eso va a tener consecuencias. No es que C's proponga una revolución laicista, pero propone dos cosas que son avances: Que la religión se enseñe en la educación pública fuera del horario escolar, siempre como optativa y fuera del curriculum (algo que a medio plazo hundiría su demanda), y que la iglesia pague el IBI por sus bienes inmuebles.
Podemos propone eliminar directamente la religión de los colegios y anular el concordato con la Santa Sede y el PSOE también propone esto último. El PP, por supuesto, es inmovilista en este tema. Pero al final la mayoría del congreso va a ser "laico" y ésto producirá cambios en la relación con la iglesia.


No he querido entrar en otras ideas de cosas que también creo que van a cambiar: El senado, la estructura territorial, etc. El problema en la reforma del senado es que si bien Podemos y PSOE quieren cambiarlo por una cámara territorial, C's quiere eliminarlo y el PP no hacer nada. Si C's, PSOE y Podemos se pudiesen de acuerdo podría haber un cambio en este sentido. Respecto a la estructura territorial es mucho más complicado todavía porque hay fuerzas divergentes y un órdago independentista que lo complica todo.
Pero al menos estos cinco cambios y otros muchos se van a dar durante esta nueva legislatura en cualquiera de las circunstancias. Ahora, es muy importante tener presente una cosa: El PP es una fuerza eminentemente inmovilista y por defecto se va a oponer a cualquier cambio. Es muy importante pues que el PP saque la menor cantidad de diputados posible, si saca menos de 100 mucho mejor que si saca 120. No es que 120 sean suficientes para parar reformas constitucionales no esenciales cómo las que he planteado, pero si el PP controla el senado (y eso es probable), harán falta 234 diputados para sacar algunas de estas reformas adelante y eso quiere decir que 117 diputados podrían limitar reformas constitucionales. Y no va a ser solo el PP quien bloqueé estas reformas, los nacionalistas podrían también bloquear algunas (como una electoral proporcional).

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Qué vergüenza Mariano, qué vergüenza















Mariano Rajoy era un presidente acabado cuando llevaba poco más de un año de gobierno. El escándalo de los papeles de Bárcenas, SMS incluido, hubiese provocado la dimisión de la mayoría de dirigentes de Norteamérica y la Europa occidental, pero Mariano sobrevivió gracias a que en España el concepto “responsabilidades políticas” no aplica. Aguantó el peor momento, pasó de puntillas por el palo de las europeas de 2014 y salvó mínimamente la cara en las autonómicas y municipales de 2015 gracias al apoyo de C’s. Había aguantado la legislatura casi milagrosamente.
Pero además de eso recibió un regalo del cielo. El desafío catalán, con amenaza de ruptura institucional, fue un regalo para él porque por primera vez se pudo mostrar como un estadista. Llamó a la Moncloa a todo el mundo, no sobrepasó ningún límite en sus acciones y por primera vez se le vio un hombre confiable y que sabía lo que hacía. Y, como bonus, otro regalo: Los atentados de Paris le sirvieron para fortalecer este perfil y para crear esa sensación de miedo y ganas de venganza que tanto favorecen a los gobiernos y que sirve de arma arrojadiza contra determinados opositores.

En este contexto la campaña que tenía que hacer el PP parecía fácil. No había más que potenciar esa imagen de estadista de Rajoy, esa nueva cara moderada y fría que transmuta su incapacidad para tomar decisiones en sabia paciencia. Con suerte el PP se podía mantener cerca del 30% de los votos y, con la ayuda de C’s, seguir gobernando. Era sencillo, pero el PP es capaz de convertir la oportunidad en desastre.
En estos días se están programando los debates de la campaña electoral entre los distintos líderes. Generalmente los debates electorales no son demasiado buena idea para el candidato que va el primero en las encuestas y más si es el del partido del gobierno, porque tiene muy poco que ganar y mucho que perder. El PP nunca ha aceptado, estando en el gobierno, hacer debates electorales, y siempre que se han hecho ha habido un presidente socialista, pues éstos se ven obligados a mantener las formas por una cuestión de etiqueta. Hubiese sido lógico, pues, que en un entorno bipartidista el PP se hubiese negado a hacer un debate electoral. La negativa impide que haya debate y así se evita un riesgo.
Pero España ya no está en un entorno bipartidista, sino pluripartidista, y por tanto la no presencia de un candidato en el debate no lo evita. Estamos viendo cómo Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera están dispuestos a ir a los debates, y tan sólo Rajoy evita ir. Como el debate tiene lugar el PP manda a la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaria a debatir con los candidatos de otros partidos.

No ir a los debates cuando todos los demás van es un tremendo error. Este error ya lo cometió Rita Barberá en las pasadas elecciones municipales, negándose a ir a los debates mientras los otros seis candidatos sí que iban. Hablamos de debates en radios o televisiones locales, mucho menos relevantes que un debate entre candidatos a la presidencia del gobierno en Prime Time, pero aún así eso le hizo daño. El resto de candidatos atacaron igual a la alcaldesa y ésta quedó como una cobarde que se escondía. Para evitar un linchamiento, acabó linchada igual pero, además, quedando como una cobarde y una arrogante que pensaba que no tenía que ir a los debates ni tener ningún detalle con la ciudadanía.
A Rajoy le va a pasar lo mismo. El resto de candidatos no perderán la ocasión para atacar al presidente por su incomparecencia y su falta de respeto a la ciudadanía, y Soraya no podrá defenderle de los golpes. Este es un debate que va a batir récords de audiencia y cada vez que se enfoque al candidato del PP y éste sea Soraya y no Rajoy, serán votos de indecisos que se irán a cualquiera de esos partidos pero no al PP.

Mariano Rajoy ya he rechazado dos debates a los que van a ir el resto de sus competidores, el de EL PAÍS y el de Atresmedia. Se ha excusado por problemas de agenda pero eso no se lo cree nadie porque Don Mariano sí tiene tiempo para asistir a todo tipo de actores electorales y frivolidades varias.
Porque a los debates no acude, pero sí acude a cualquier otra entrevista o acto en las que se ve cómodo. Por ejemplo, Mariano ha ido a la cadena COPE pero no a una entrevista, no, ¡A comentar un partido de fútbol! Los políticos últimamente van a cualquier programa en que les dejen estar y de hecho creo que el resto también van a comentar partidos de fútbol, pero el problema no es ir a hacer este sainete sino tener tiempo para esto y no para un debate. Rajoy también ha aceptado ir al programa de ese conocido progresista que se llama Bertín Osborne y, como colofón, irá a “Qué tiempo tan feliz” con Maria Teresa Campos para rememorar antiguos y plácidos tiempos.
Esta elección de espacios a los que asistir provoca una mezcla de perplejidad y risa. Es la evitación descarada de cualquier situación que le pueda poner en un mínimo compromiso y, en cambio, parece que quiere captar/consolidar el voto de los jubilados, las amas de casa y los futboleros.

A mí, como español, la actitud del presidente del gobierno me da vergüenza. No es solo que huya de sus rivales, es que sólo se mueve en entornos facilones en los que no le van a poner en aprietos. El presidente ignora por completo al electorado, no respeta al votante, y parece que su único objetivo es ir a por el voto de mayor edad y menor formación. Y este es el que lleva un mes haciéndose pasar por estadista.
Si alguien tenía dudas sobre si votar al PP o a otro partido espero que esta actitud del presidente le haga salir de dudas. Alguien que no es capaz de debatir sus planteamientos delante de rivales y periodistas serios no es de fiar. El voto debe ser respetable, y evidentemente no lo es si se vota a alguien que no respeta ni a sus rivales, ni a sus electores ni la inteligencia de su pueblo.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Sobre la guerra contra el ISIS-Daesh
















Hay cosas sobre las que no me gusta escribir, bien porque hay estados de ánimo enervados y emocionales que impiden una reflexión serena, bien porque considero que no tengo nada que aportar. Escribir para proclamar lo malo que es un grupo terrorista, que estás en contra del mismo o para explicar lo que se puede leer en cualquier otra parte creo que carece de sentido y por eso no he querido escribir nada hasta hoy.
Pero ya ha pasado una semana, el dolor intenso comienza a posarse y los actores políticos y sociales ya han comenzado a tomar posiciones e idear iniciativas, y quizá es un buen momento para comentar unas cuentas impresiones. De todos modos que nadie espere que diga aquí lo que hay que hacer porque, sinceramente, no tengo ni la más remota idea.

Desde hace unos días tengo la impresión de que nos volvemos a encontrar en septiembre de 2001. Los ataques en Paris y la acción del gobierno de Francia contra el ISIS es bastante similar a la del gobierno de los EEUU y el posterior ataque al Afganistán de los talibanes, no igual pero sí similar. Las reacciones son las mismas, el enemigo es tan abyecto que cuenta con el rechazo de todo el mundo y parece que nos volvemos a plantear esa dicotomía entre libertades públicas y seguridad.
Las reacciones son efectivamente eso, reacciones de respuesta inmediata y poco meditada. El ataque a Afganistán fue un acto de respuesta, de venganza, y no un acto meditado y cuidadoso para acabar con Al-Qaeda. A pesar de que no ha habido de nuevo un ataque tan grande como el de las Torres Gemelas eso ha sido producto más bien de las medidas de seguridad e inteligencia y no tanto del debilitamiento del terrorismo islámico, que no parece haber retrocedido desde 2001 sino todo lo contrario. De hecho resulta irónico (irónico no es causal) que desde que murió Bin Laden las cosas en vez de mejorar parecen haber empeorado.
El incremento de los ataques contra el ISIS (o Daesh o cómo demonios se le quiera llamar ahora) también responde a un ataque de respuesta poco meditado. Las sociedades piden venganza, piden responder en legítima defensa y por eso se toman estas acciones. La cuestión es que no parece que hayamos aprendido de las experiencias del pasado ¿No sería mejor pararse un poco a reflexionar y a generar una estrategia global a medio plazo antes de hacer nada? Sé que sería difícil de asumir para una opinión pública que clama venganza, pero el deber de los gobernantes es ser valientes y mantener la cabeza fría. A lo mejor se debería pensar qué puede pasar en el momento las tropas de Al-Asad y de Irak tengan controlado el territorio, porque en Afganistán cuando la Alianza del Norte ocupó el país y luego se establecieron las tropas extranjeras los problemas no acabaron ¿Tienen fuerza los gobiernos de Al-Asad e Irak para controlar ese territorio? ¿Eso acabará con el Daesh? ¿Se pretende ocupar el territorio? ¿Lo va a permitir Al-Asad? ¿Nos vamos a dar abrazos con Al-Asad cuando llevamos intentando derrocarlo casi 5 años?

La sensación es que se están generando errores continuos desde el final de la guerra fría, y cada una de las acciones que se toman para arreglar estos errores apaga un incendio puntual pero generan un nuevo foco al cabo de poco tiempo.  Creo que falta un análisis profundo de todo lo que se ha hecho desde finales de los 70 por parte de los EEUU y las potencias occidentales (y Rusia) y asumir los errores, fundamentalmente para no repetirlos. Pero eso requiere valor, requiere hacer algo muy duro que es mirarse al ombligo cuando todo el mundo te pide que mires al enemigo y acabes con él. Es complicado, pero es necesario.
Los EEUU cometieron un terrible error entrenando, armando y apoyando económicamente a los muyahidines que luchaban contra la invasión soviética en Afganistán, esto hay que tenerlo claro. La invasión de Afganistán en 2001 fue producto de ese error inicial y la posterior invasión de Irak fue otro tremendo error, que creó el caos necesario para la extensión del terrorismo islámico por toda la región. El tercer gran error fue el apoyo “suave” a los rebeldes que se alzaron contra Al-Asad, generador de una guerra civil que benefició al Daesh. Creo que estos tres puntos deben ser claramente identificados, analizados y reconocidos como errores, si no lo hacemos volveremos a cometerlos en el futuro.
Y aquí el primero que debe hacer un acto de expiación soy yo. Yo no apoyé la guerra de Irak pero sí a los rebeldes contra Al-Asad y contra Gadafi, en medio de mi apoyo general a las primaveras árabes. En aquel momento me pareció que la acción sanguinaria de estos dirigentes contra los rebeldes no debía ser tolerada, y aun sabiendo que el peligro islamista existía realmente pensé que era un riesgo asumible. Me equivoqué, no lo escondo y podéis leerlo aquí. E igual que lo he hecho yo nuestros gobiernos deben asumir todavía con más motivo los errores, pues ellos disponían de mucha más información que el ciudadano corriente. Blair lo hizo hace poco respecto a la guerra de Irak, e incluso el ministro español García Margallo también dijo algo parecido. Está bien, pero el análisis debe ser mucho más profundo e ir mucho más allá.

Reconocer errores no es reconocer culpas. Vivimos en una dicotomía molesta, absurda y falaz, que hace que ante cualquier acto de este tipo nos bloqueemos y no aceptemos ninguna responsabilidad, bajo la absurda sensación de que asumir un error es como poner en duda la responsabilidad o vileza de los terroristas. Eso no es así, se han cometido innumerables errores, se potenció el islamismo en los 80, se crearon las condiciones caóticas para su extensión en los 2000 y nada de eso quita la responsabilidad de los atentados a quienes los cometieron.
Este tipo de pensamiento híper emotivo y visceral de masa asustada también lo están sufriendo algunos políticos u opinadores de izquierdas. El caso más evidente lo vimos hace un par de días con el eurodiputado de Podemos Miguel Urban, que en medio de una entrevista donde hablaba de que la solución militar no le parecía la correcta y hablando sobre el origen europeo de los terroristas, dijo “se ha fallado al estructurar a mucha gente que no ve otra salida que inmolarse en un sitio”. Urban se equivocó en esta frase, pues genera confusión y puede parecer que está quitando parte de responsabilidad a los terroristas, pero no está diciendo eso, como se entiende perfectamente si se ve los 7 minutos de entrevista. Urban simplemente destaca una evidencia, que es que los nacidos en Europa que abrazan el terrorismo islámico generalmente lo hacen producto de circunstancias de marginación en toda su amplitud, y que hay que trabajar ahí.
Bien, pues Urban ha sido víctima de un linchamiento mediático generado por personas que, con casi toda probabilidad, no habían visto la entrevista, simplemente habían visto la frase descontextualizada (y muchas veces retocada con malicia) y le han atacado con el típico comportamiento de masa asustada, indignada e irracional. Y al igual que Urban lo han sido otros, tratados como estúpidos y casi traidores por intentar poner matices a realidades complejas e inconvenientemente simplificadas.

No me malinterpretéis, no estoy diciendo que milite en esas teorías que usan el “No a la guerra” como si esta situación fuese la misma que la de Irak (no lo es). Yo creo que hay que acabar con el Estado Islámico y devolver el control de la zona a los gobiernos de Siria e Irak, yo creo que la actitud de Podemos de negarse a apoyar el pacto antiyihadista es absurda (o no está bien explicada), que es pura propaganda y aversión a juntarse con otros partidos, pues no hay nada en ese pacto que provoque rechazo frontal y que no se pueda corregir desde dentro.
Pero la realidad tiene matices, dolorosos para nosotros muchas veces, y la geopolítica es algo complicado y tenemos que ser muy cautos y cuidadosos con lo que hacemos y con los pasos a tomar, internos y externos. No se puede atacar al ISIS y no saber qué demonios vas a hacer con Al-Asad, si le vas a abrazar quedando en ridículo después de tu actitud durante estos años, si vas a forzar una transición en Siria, si vas a colaborar con Irán, etc. Porque mañana el ISIS, como estado no reconocido, no existirá, pero el Daesh permanecerá e intentará atacar oriente y occidente ¿qué haremos entonces? Hay que preparar el futuro.
Lo mismo pasa con la política interna. Asisto preocupado a como el gobierno francés pretende cambiar la constitución para combatir el terrorismo islámico, cambio que solo puede ir en el sentido de dar más poder a la policía para registros domiciliarios, intervención de comunicaciones, etc. Sin decir que no pueda ser algo justificado o conveniente, cuando planteas algo así lo primero que hay que pensar es si estas leyes pueden ser usadas para otras cosas y para reprimir las libertades inconvenientemente. Y evidentemente el futuro es impredecible, pero hay riesgos cercanos que están delante de tus narices. Siendo claro ¿alguien ha pensado qué podría hacer un hipotético gobierno del Frente Nacional de Le Pen con esas nuevas leyes constitucionales? Porque ese escenario, que no es imposible, hay que plantearlo y hay que asegurarse que nada de lo que haces servirá a la señora Le Pen en el futuro para criminalizar y perseguir a minorías incómodas.

Las sociedades no viven bien los momentos de tensión. Los hombres tienden a comportarse como una masa asustada y los más desaprensivos y radicales sobrenadan perfectamente en este tipo de situaciones. Pero si nos dejamos llevar por esta sensación volveremos a cometer errores similares a los que se han cometido en los últimos 35 años. Mantengamos la cabeza fría en la medida de lo posible.

viernes, 13 de noviembre de 2015

El suicidio del independentismo catalán















Hasta hace unos días el independentismo catalán estaba dentro de lo que era un desafío reversible y digamos “aceptable”. El govern había sido muy cauteloso en no hacer nada total y absolutamente enfrentado a las leyes, e incluso la pseudo-consulta del 9N de 2014 se había hecho bordeando la legalidad y si acaso obviándola, pero solo un poquito, y probablemente por eso el president Mas saldrá absuelto de su imputación ante aquel hecho (al menos en la mayoría de delitos).
Internacionalmente nadie ponía en duda la unidad de España por razones obvias (cualquier apoyo o reconocimiento del derecho a la secesión de una región de un estado abriría un melón de consecuencias impredecibles), pero la preferencia general era que mediante el diálogo se llegase a un pacto que acabase con la tensión. A nadie le interesa la inestabilidad y últimamente vivimos bajo un miedo terrorífico a que cualquier inestabilidad cree problemas económicos en cadena.

Esta era la situación hasta el pasado lunes, cuando el parlament de Cataluña, con el voto favorable de la mayoría de diputados de la cámara que no representan a la mayoría de votos, declaró el inicio del proceso de “desconexión” con España y se situó fuera del alcance de las resoluciones del tribunal constitucional español, al que declararon deslegitimado por la sentencia sobre el estatut de 2006. La declaración insta al futuro govern a no reconocer nada de lo que venga de las instituciones españolas y se declara representante de la soberanía de los ciudadanos de Cataluña. Finalmente declara “pertinente” iniciar en 30 días la tramitación de las leyes de proceso constituyente, seguridad social y hacienda propia.
Obviamente la declaración fue recurrida y automáticamente suspendida por el Tribunal Consititucional, que avisó a varios cargos públicos de que su obligación era no tramitar nada que fuese en ese sentido so pena de incurrir en varios delitos. Sin embargo el gobierno central no hizo nada más, a mi juicio adecuadamente, porque por grave que sea una declaración sigue siendo una declaración, y si se quiere ser absolutamente escrupuloso en la aplicación de la ley, se quiere se proporcional y aplicar la mínima “fuerza” posible, lo correcto es hacer lo que está haciendo el gobierno. Cuando lleguen los actos ya se verá qué decisiones tomar pero siempre con el mismo espíritu.

De todas maneras y aunque aún no haya hechos consumados, la declaración ya traspasa dos líneas rojas que hasta ahora no se habían traspasado y que mantenían al independentismo catalán en una posición digamos legítima y respetable a los ojos de los no implicados este conflicto territorial.
La primera de las líneas rojas que ha traspasado el gobierno catalán es pretender hacer una secesión con menos de la mitad de votos. Aun teniendo más de la mitad de votos una secesión tampoco está legitimada, tanto por cuestiones legales como por las cuestiones que hemos comentado aquí sobre la necesidad de evitar que las decisiones permanentes se tomen por mayorías coyunturales y la necesidad de mayorías agravadas.
En la mayoría del mundo se entiende que una decisión así no se debe tomar con un 50,1% de apoyo. La UE, por ejemplo, para reconocer la independencia de Montenegro exigió un 55% de votos favorables y un quorum determinado. Pero a pesar de eso sí se comprende que quien cuente con un 50,1% del apoyo popular pida que se reconozca esa mayoría, es normal que cada uno haga las interpretaciones que más convengan a su causa y eso entra dentro de la lógica de un debate de esta naturaleza, es una petición respetable y puede tener cierta legitimidad. El problema es que cuando alguien pretende que una secesión está justificada con menos de un 48% de los votos rompe con cualquier criterio de legitimidad, eso es algo que va más allá de cualquier interpretación de lo que es una mayoría necesaria. 47,8% no es una mayoría aceptable para declarar ninguna independencia, ni aquí ni en la China Popular que diría el ilustre Carod.
Que una serie de dirigentes pretendan declarar la independencia con el 47,8% de votos en unas elecciones regionales ordinarias (además) los sitúa no ya en la ilegalidad, ni siquiera en la ilegitimidad, los sitúa directamente en frente de la democracia misma. Los independentistas transmiten el mensaje de que su propuesta política no es que los catalanes puedan decidir su estructura estatal por voluntad de la mayoría, su propuesta es la independencia como sea, sin necesidad de respetar las más mínimas barreras democráticas. Los independentistas acaban de violar el “derecho a decidir” que tanto pregonan, convirtiendo la independencia en un acto de destino predeterminado, no en un acto democrático o democratista.

La segunda línea roja es que los independentistas se sitúan fuera de la legalidad y de la democracia española, pero no fuera del estado ni de las leyes y estructuras que les convienen. Es decir, el parlament de Cataluña se declara soberano, se sitúa fuera de la constitución española y sus limitaciones, situándose por tanto ajeno a cualquier control judicial o limitación constitucional. Declaran una ruptura total de carácter revolucionario y sin embargo pretenden negociar con el estado, seguir funcionando como una administración del estado más en todo lo que se refiere a financiación y competencias, e incluso una vez desconectados voluntariamente ¡Se presentan a las elecciones generales!
En política, y más en política internacional, hay que ganarse el respeto de tus interlocutores. Los líderes internacionales muchas veces tienen terribles enfrentamientos con otros líderes a los que sin embargo respetan, respeto que se gana por ser coherente con tus ideas, por ser valiente, por ser serio o por ser fiable en los acuerdos y compromisos adquiridos. La política es como los negocios, hay que tener buena fama y ser serio porque si no estás perdido y nadie va a querer negociar contigo. Pues bien, imaginaros la imagen que dan unos líderes que se separan radicalmente, pero solo un poquito, que se declaran independientes, pero en diferido y en forma de simulación, que desconectan de España, pero se presentan a sus elecciones a ver si rascan algo.
¿Qué fiabilidad tienen estos señores? No es ya que incumplan las leyes, es que se están comportando como adolescentes caprichosos y rebeldes, es que segregan y elijen las convenciones e interpretaciones que les interesa y obvian las que no. ¿Alguien iba a confiar en estos líderes cuando, por ejemplo, prometiesen que no iban a reclamar los Pirineos orientales o la ciudad de Alguero? ¿Iban a aceptar Renzi o Hollande su palabra o compromiso, cuando lo reinterpretan todo a conveniencia?

Lo que han hecho los independentistas es un suicido. Si quedaba alguna posibilidad de que el gobierno español negociase con ellos o que algún otro país mediase en el conflicto a su favor, la han destruido con esta declaración. El gobierno español no puede negociar con quienes incumplen las leyes y los líderes internacionales no van a sostener a rebeldes convenencieros que incumplen las más básicas bases de cualquier legitimidad. Aunque mañana hubiese otras elecciones en Cataluña y los independentistas sacasen el 55% de los votos probablemente ya no tendrían legitimidad para hacer nada y nadie los apoyaría, porque han demostrado que les da igual los votos y los porcentajes, solo les importa el objetivo predeterminado.
Lo que están transmitiendo los independentistas, quizá sin querer, es que si no están haciendo algo más grave todavía es porque no pueden y de hecho esta actitud está haciendo resurgir nuestra memoria histórica. Recordemos que Azaña decía en sus memorias que la Generalitat catalana durante la guerra había vivido “en franca rebelión e insubordinación, y si no ha tomado las armas para hacer la guerra al estado será o porque no las tiene o por falta de decisión o por ambas cosas, pero no por falta de ganas”. Los independentistas se han empeñado en dar actualidad a estas palabras del presidente Azaña y, por extensión, provoca que muchos que antes creían en el pactismo comiencen a conceptualizar el soberanismo catalán como una idea inherentemente conflictiva, perniciosa y con la que no se puede tratar.
Los soberanistas, de forma bravucona, han querido vender que nadie los iba a parar a no ser que mandasen los tanques a Cataluña. Pero una vez se pasa de las palabras a los hechos esta misma idea acaba siendo entendida al revés, pues están consiguiendo que se piense que hay que pararlos porque si obtienen fuerza arrasarán con todo sin pararse a negociar nada.

Habrá gente que piense que esta situación, tan crudamente expuesta, justifica o hace conveniente acabar con el desafío catalán de una vez por todas. Otros pensarán, y no con algo de razón, que si sucediese algo así en Francia, Alemania, los EEUU u otros países de nuestro entorno, estos dirigentes ya estarían inhabilitados o enjuiciados y que por tanto aquí hay que hacer lo mismo. Pero creo que se equivocan. Como expliqué el otro día quien tiene la ley y la fuerza de su lado no puede permitirse excesos y debe ser extremadamente escrupuloso en sus acciones, por grandes que sean las provocaciones o ilegítimas las acciones del contrario. Igual que pedimos al ejército estadounidense que sea humanitario contra enemigos que no lo son con ellos, pues entendemos que con su enorme fuerza tienen esa obligación moral, debemos aplicar el mismo criterio para el estado español.
Pero más allá de todo esto es fundamental la inteligencia política. Los independentistas se acaban de suicidar cara al mundo, así que los gobernantes españoles no pueden ser tan necios de permitir que se hagan las victimas actuando con desproporción. Lo inteligente es dejar que se ahoguen entre sus propias contradicciones, sus violaciones de los principios que decían defender, sus egos y peleas intestinas, que todos los gobiernos europeos los vean como un riesgo terrible para la estabilidad y la propia democracia. Hay que dejar que se autodestruyan ellos solos.

Si ahora se toma una medida radical (destituir a los dirigentes independentistas y sustituirlos por otros gubernamentales, u otras medidas peores) los independentistas conseguirán el mejor resultado que pueden esperar en estas circunstancias: Ser las víctimas de la “represión” del estado, que es casi su salida más airosa. Venderán esa versión a sus seguidores, el independentismo no disminuirá y en pocos años estaremos en una situación similar. Y eso no es arreglar el problema, es solventar una urgencia pero manteniendo las raíces del problema.
El “unionismo” tiene la inmensa suerte de estar ante unos dirigentes independentistas que son capaces de rebelarse con la constitución con menos del 50% de los votos en unas elecciones autonómicas, sin fuerza ni apoyo alguno, estando unidos en una conjunción contra natura de proyectos e ideologías antagónicas, y estando el partido más importante de ese grupo impregnado de corrupción. Demonios, aprovéchese, que se limite el estado a utilizar la mínima fuerza e intervención posible para garantizar la constitución, que el estado no haga nada que directamente perjudique a los ciudadanos de Cataluña. Que cada agresión, violación de las leyes, posición extrema o fanatismo salga de las filas independentistas, no de las gubernamentales. Que se pringue la izquierda independentista con CDC, con las 400 familias y con todo ese mundo. Que noten el aislamiento y el desprecio de todas las fuerzas políticas del continente excepto los de sus amigos de la Liga Norte. Sólo así se conseguirá que los catalanes rechacen un independentismo que es producto de un caldo de cultivo de muchos años y que no se va a solucionar simplemente extirpando a unos dirigentes.
Cuando un político lo tiene todo perdido y ya no puede echarse atrás tiene dos opciones, retirarse o intentar ser un mártir y los independentistas intentarán ser mártires. Las fuerzas políticas estatales no pueden darles esa satisfacción.

Por primera vez desde que es presidente confío en Rajoy en el sentido de que no hará disparates. Le veo consciente de que no hay que usar nada que sirva a los independentistas para hacerse las víctimas, y espero que sea una posición real y no mera pose de estadista cara a las elecciones generales. Y tampoco veo al resto de líderes políticos capaces de cometer un error de esa naturaleza, con excepción de Herzog que sacará como mucho su diputado y probablemente ni eso.
Viendo cómo los independentistas han cruzado el Rubicón para tirarse por un precipicio no puedo dejar de pensar que algo falla. A veces pienso que la mitad de los independentistas deben estar a sueldo del CNI para organizar este harakiri colectivo, si no es que son idiotas. Porque al final lo único que han conseguido con este proceso es acabar con el catalanismo transversal del “peix al cove y con esos consensos que ha habido en la sociedad catalana en los últimos 35 años, sin que eso les valga para conseguir ninguno de sus objetivos. Si no están pagados por sus enemigos la verdad es que lo parece…