La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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miércoles, 4 de febrero de 2015

¿Adónde vas, Carolina Punset? (I)
















El otro día se puso en contacto conmigo Carolina Punset. Había leído mi escrito sobre EQUO y Syriza y parece que vio en él tesis parecidas a las que ella defiende para el movimiento ecologista, así que me envió un mensaje y me dijo que le gustaría mandarme su libro si me parecía bien, que le gustaba mi perfil heterodoxo y que había visto puntos en común entre mis planteamientos y los suyos. Por supuesto acepté el ofrecimiento, agradeciéndole mucho el gesto. De hecho no era la primera vez que me ofrecía mandarme el libro, ya lo hizo en una conversación a tres que tuvimos por twitter con Juan López de Uralde, pero en aquel momento me pareció abusar y por eso no le tomé la palabra. Después de ofrecérmelo por segunda vez ya no dudé: Quería leer el libro.
El libro de Carolina se llama “No importa de dónde vienes sino adónde vas” y es una especie de recopilación de sus vivencias en política y de su visión sobre el ecologismo. Me leí el libro en dos días (no es muy largo) y me permitió entender mejor a la ya candidata a la presidencia de la Generalitat Valenciana por Ciudadanos. Aprovechando que me acabo de leer el libro y que ella acaba de ser nombrada candidata, creo que es un buen momento para escribir mis impresiones sobre el libro y, por extensión, sobre las ideas de Carolina Punset.

A mi el ecologismo siempre me ha interesado mucho, aunque nunca me he considerado “ecologista”. Voy a contar algunas cosas que nunca he explicado en este blog pero creo que procede contar para que me entendáis bien. Yo soy químico de formación y el último año de la carrera me orienté hacia el terreno del medio ambiente, de hecho hice las prácticas de fin de carrera en el departamento de recursos naturales de un instituto de investigación agraria. Después de acabar mi formación trabajé por varios años en empresas de gestión de residuos, posteriormente en una consultora medioambiental y desde hace ya bastantes años trabajo en el sector de la energía. Como intuiréis nada del debate ecologista me es ajeno.
Este “perfil” que tengo ni siquiera lo sabe la gente de EQUO, no sé si quizá a Juantxo Uralde le llegué a contar algo alguna vez. Y es quizá por este perfil por lo que siempre he estado muy interesado en lo que pasa en EQUO y en el futuro del ecologismo en España. Y posiblemente por la misma razón me siento muy atraído por el personaje de Carolina Punset.

Tengo que reconocer que desde el principio del libro me sentí identificado con Carolina. Ella hace un repaso sobre su vida anterior a la política, sus oposiciones para juez, su ejercicio de la abogacía y su colaboración con ONG's, además de varias cuestiones más personales. Vi en ella el reflejo de tanta gente que no encuentra la verdadera vocación y de tantas personas que tienen que rectificar el camino de su vida para encontrar la felicidad. La impronta humana del personaje te queda clara en estas primeras páginas y en cierta manera adivinas cuales serán sus futuros razonamientos en situaciones de conflicto o cambio.
Después de unas primeras páginas bastante personales entra en materia política y habla de la campaña para las municipales de 2007 con su plataforma CIPAL, fundada principalmente para parar los abusos urbanísticos y la cultura del pelotazo en Altea. Carolina cuenta con mucha crudeza el estado de las cosas antes del 2007, donde un PP crecido y clientelista la acosaba políticamente y dominaba toda la política del municipio a través de sus redes de influencia. Carolina pone a parir al PP de Altea, y todo lo que he leído me es totalmente familiar porque yo también soy valenciano y conozco las vergonzosas actitudes del PP en esta tierra.
Cuando salió elegida concejal en 2007 pactó con el PSOE para sacar del gobierno municipal al PP. La verdad es que este periodo es el menos explicado en el libro y prácticamente se obvia cualquier acción política de Carolina en esos años. En 2010 parece que se rompe el pacto de gobierno, dejando al PSOE gobernar en solitario. ¿Por qué? Según ella porque el PSOE hacía la misma política en el gobierno que antes hizo el PP, pero no explica nada más. Parece que también había una mala relación personal entre los concejales del PSOE y Carolina. Esta parte de su vida política es la más misteriosa para mi.
En las elecciones de 2011 los resultados de CIPAL se duplicaron y la formación consiguió tres concejales. Se vio en la tesitura de pactar con el PSOE y con el BLOC como en la legislatura anterior o bien pactar con el PP. Y curiosamente (y digo curiosamente porque no es lo normal en un partido ecologista) pactó con el PP, y no solo con el PP sino con el mismo alcalde que había gobernado Altea desde los 90 y al que había acusado de todo. Y ahí, creo yo, es cuando empieza la verdadera “chicha” del libro.

Carolina Punset explica varias veces durante el libro lo que para ella es una especie de “cisma” en el mundo ecologista, entre los “eco-socialistas” (o “militantes sandía”, como llama ella a los que son “rojos” cubiertos de verde) y los ecologistas “no sectarios”. Los “eco-socialistas” serían aquellos que están absolutamente alineados con la izquierda en casi todos los parámetros y para los que la ecología es algo totalmente secundario. Los “no sectarios” serían aquellos que entienden que el ecologismo no es “ni de derechas de ni izquierdas” y que hay que ser pragmático y posibilista. Entre estos últimos sitúa al partido verde alemán, que gobierna con la CDU en algún Land y varios ayuntamientos. Ella, por supuesto, es de este segundo grupo.
Tengo que traer a colación algún dato más. Desde el principio del libro Carolina se muestra contraria al productivismo y uno de sus argumentos para situarse ajena a la derecha y a la izquierda es que, para ella, ambas son productivistas. De hecho llega hasta a valorar como positivas las teorías decrecentistas, aunque se muestra más moderada y dice preferir crecimientos y decrecimientos selectivos. No llega a decir la frase, pero en cualquier momento podría haber usado aquello del “trabajar menos para vivir mejor” que usa Florent Marcellesi.
A pesar de este posicionamiento tan claro contra el productivismo, Carolina es pragmática. Ella no tiene prejuicios con los posibles aliados (con un matiz, en el segundo texto lo comentaré) y si pactar con el PP (o con el PSOE) sirve para conseguir dos o tres políticas de las que ella defiende, bienvenido sea el pacto. No diría que se trata de que “el fin justifica los medios”, sino de que ella es una pragmática casi absoluta. Y si, suena un poco raro viniendo de una ecologista ¿verdad?

Yo puedo entender a Carolina, y de hecho creo como ella que los prejuicios en política son absurdos. Hace nada hemos visto como Syriza se ha apoyado en el partido muy derechista ANEL, y lo ha hecho porque ha priorizado la política económica y la renegociación de la deuda y, para ese fin, ANEL era un aliado fiable. En cierta manera Carolina propone lo mismo, propone encarar las negociaciones sin prejuicios y usar la política para conseguir avances. En este punto, nada que objetar.
Pero cuando pasa al terreno más abstracto de la ideología y dice que el ecologismo es ajeno a derechas e izquierdas creo que se equivoca. Acepto todo lo que dice de que los partidos de derechas y de izquierdas se comportan muchas veces exactamente igual ante los mismos temas, y de hecho hemos llegado a una época donde el “transversalismo” se ha apoderado de todo precisamente porque nos hemos dado cuenta que las etiquetas de los partidos significan poco. Sí, todo eso es cierto, pero si nos vamos al terreno de las ideas, al terreno de los principios (tan olvidados en política), yo no puedo estar de acuerdo que el ecologismo esté equidistante entre la izquierda y la derecha porque está mucho más cerca de la primera que de la segunda.
Uno de los errores que creo que comete Carolina es que encara la política (al menos hasta ahora) mirando exclusivamente el tema ecológico, pero la realidad política es mucho más compleja. No se puede gobernar solo mirando al medio ambiente o a la economía verde, hay muchos mas ejes en la política: Estás las libertades públicas, está la política cultural, está la redistribución de la renta, la política internacional, las leyes penales, etc, etc. Es posible que a nivel municipal esto importe poco, pero a nivel de gran política, de “ideología”, si importa. Y yo no tengo ninguna duda de que los ecologistas están mucho más cerca de la izquierda que de la derecha en estos temas, de hecho es que son clavados a la izquierda (democrática) en sus posicionamientos sobre libertades públicas, política internacional, etc.

Pero hay algo que creo que todavía aleja más al ecologismo de la derecha. Mirad, hoy en día todos los partidos son “capitalistas”, hasta los comunistas son capitalistas. Sin embargo no todos enfocan y asumen el capitalismo de la misma manera. La derecha moderna confía plenamente en el capitalismo y el mercado, abomina de las regulaciones y de las trabas y cree que el capitalismo es algo mágico que se auto-regula solo. La izquierda, en cambio, o bien asume la parte positiva del capitalismo queriendo limitar la negativa mediante regulación, o bien entiende éste como algo inevitable que no se puede cambiar, tan solo se puede controlar.
La cuestión es que el ecologismo no puede ser compatible con un capitalismo des-regulado, porque éste es depredador natural de recursos y enemigo de cualquier regulación ecológicamente racional. Si al capitalismo le dejas actuar sin control, no tendrá reparo en explotar todos los recursos del planeta hasta que se acaben o se hagan muy caros por escasos, y eso es precisamente lo contrario de lo que puede querer un “verde”, que necesita imponer legalmente el respeto al medio ambiente. Si el capitalismo no tuviese normas ¿quedaría alguna playa virgen? ¿Algún monte sin vender para sacar lucro? ¿Se respetaría alguna “dignidad” animal? Claramente no.
La izquierda, que acepta las características negativas del capitalismo sin control y no ve a este sistema como una ley sagrada, es mucho más compatible con el ecologismo. Ojo, más que “es” diría “puede ser”, porque no creo que haga falta explicar los verdaderos desastres que han hecho regímenes presuntamente de izquierdas o el desarrollismo de muchos gobiernos de izquierda. Véase cómo dejaron los soviéticos el Mar del Aral como ejemplo de lo digo.
Pero al final el ecologismo no puede estar equidistante entre la derecha y la izquierda, o mejor dicho entre los valores y principios políticos de la izquierda y la derecha. Y eso no quiere decir que no se pueda pactar con la derecha civilizada y razonable, ni que no hayan izquierdistas que estén para atarlos y meterlos en una habitación con paredes acolchadas, pero no podemos ser tan equidistantes porque creo que eso no se sostiene a un análisis profundo de cada una de las ideologías. 

De hecho, y si se me pregunta mi opinión personal, creo que el ecologismo está más a la izquierda que la propia izquierda. Creo que el ecologismo combina todo lo que para mí son los principios de la izquierda: Igualitarismo, libertades públicas, lucha por la paz, equidad, sometimiento de la economía al bienestar colectivo, cuestionamiento de los dogmas económicos, humanismo, etc. Haciendo un símil un poco forzado, yo diría que en este siglo el ecologismo ocupa, en el espectro político, el mismo lugar que en el siglo XIX ocupaba el anarquismo colectivista (lo que no quiere decir que sean iguales ni siquiera que se parezcan). Igual es que soy eco-socialista...
Comparto con Carolina su "desprecio" por las etiquetas, por la falsedad de quienes se esconden detrás de una bandera política pero hacen lo mismo que los demás e incluso entiendo perfectamente que la política local tiene su propia idiosincrasia, no siempre ideológica. Pero incluso en la era "post-ideológica" en que nos encontramos no creo que podamos ser tan laxos. El ecologismo tiene sus valores y principios claros y estos obviamente no están con la derecha

Continuará...


1 comentario:

  1. El moto de Carolina es el mismo que el de este blog : "la suerte sonrie a las audaces" Y se vuelve en contra de los mendaces.

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