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jueves, 30 de abril de 2015

España: Crecimiento, empleo... y miseria

















La asociación de directores y gerentes de servicios sociales publicó un informe el otro día sobre el “estado social de la nación” encabezado de la pregunta “¿y si ya hemos salido de la crisis?”. El informe tiene como objetivo contraponer los datos macroeconómicos del gobierno a la realidad social del país, y para ello recopilaron una serie de datos de gran importancia pero que quedan siempre escondidos detrás de los parámetros que los políticos eligen para vendernos un estado óptimo del país: Crecimiento económico, descenso del desempleo neto, etc.
En el informe se puede leer, por ejemplo, como casi 1.800.000 hogares tienen a todos sus miembros en paro, que más de 600.000 personas no pueden costearse una alimentación adecuada, como hubo un incremento de los suicidios de más de un 20% entre 2011 y 2013, como 3 millones de personas sufren de “pobreza energética”, que hubo 29.000 desahucios el año pasado o que España es el país de la UE en que más ha aumentado la desigualdad en los últimos años.

La pregunta de si ya hemos salido de la crisis es procedente. Cuando estuve en Argentina la gente me decía que ellos habían vivido en crisis durante toda la vida, pero la cuestión es que una crisis es un proceso acotado en el tiempo y no se puede permanecer en ella indefinidamente. No, una crisis es temporal y por mucho que un país se haya hundido respecto a un punto determinado eso no se puede considerar crisis, llega un momento en que el periodo de excepcionalidad deja de ser excepcional y, entonces, lo que llega es el fin de la crisis y la “nueva normalidad”.
Esto de la “nueva normalidad” es algo que muchos llevamos diciendo mucho tiempo. Yo ya hablé hace tiempo del modelo BRIC generalizado y de cómo al final todas estas crisis tienen un objetivo/móvil o causa, que es la transición hacia una sociedad como la de los BRIC pero llegando a ella por medio de la degradación del estado social y no del crecimiento desde la pobreza. La sociedad BRIC se corresponde a unas clases altas muy ricas, a unas escuálidas clases medias y a unas amplias clases bajas/trabajadoras que, si bien no van a pasar necesidades extremas, si van a vivir siempre en condiciones de precariedad y sin márgenes de libertad vital.
Así pues es posible que ya hayamos salido de la crisis y hayamos llegado a la “nueva normalidad”: Mayor desigualdad, minimización de la clase media, salarios precarios y de supervivencia para una gran parte de la población, un sistema del bienestar recortado, un futuro de pensiones bajas y fin de la igualdad de oportunidades y del ascensor social.

A veces me pregunto si realmente no está la población enormemente pasiva ante esta situación. A finales de 2012 y principios de 2013 me preguntaba cómo el país no estaba inserto en un puro estallido social y ahora, sin esa sensación de hundimiento, parece como si la gente pensase que, ante el desastre anunciado, esta situación tampoco está tan mal. Ya sabéis, esa sensación que tenemos todos cuando pensamos que nos van a amputar las dos piernas y al final nos dicen que solo va a ser un pie “uff, menos mal”.
Pero el panorama es aterrador. Un joven hoy en día difícilmente aspira a cobrar más de 1.000€ mensuales con contratos temporales y eso es una situación que no parece que vaya a mejorar, es más, nos están pidiendo nuevas reformas laborales. Hace unos años los jóvenes asumíamos el mileurismo y la temporalidad como un periodo inicial de la vida laboral, del que saldríamos, mejoraríamos y por fin nos podríamos plantear una vida autónoma. Hoy día el mileurismo precario es el objetivo, y no puede haber proyecto de tener una familia con condiciones parecidas a las que hemos tenido en las nuestras. Y no es algo temporal, con un 24% de paro y decenas de miles de jóvenes esperando volver, la situación va para largo.
Por el otro lado del campo laboral las cosas no son mucho mejores. Las recientes reformas de las pensiones combinadas con el nivel de los sueldos actuales nos van a llevar a que los futuros pensionistas sean ancianos pobres. Y no solo los futuros, mucho cuidado quienes piensen que su pensión es inamovible: El fondo de reserva de la S.S tiene para tres años más y, si no mejoran las cotizaciones (y no mejorarán a no ser que suban los sueldos), las pensiones acabarán siendo recortadas. Y los sueldos no tienen ninguna pinta de repuntar, las condiciones estructurales no se dan, los últimos datos lo niegan (el salario por hora trabajada siguió bajando en 2014) y los ingresos de la S.S están estancados.

Cuando estás inserto en la historia es difícil entenderla bien, pues nada está escrito ni nada tiene que ser como parece que va a ser. Pero viendo la inamovible política global, de China a Alemania, de España a EEUU, de Brasil a Japón, donde la igualdad se sacrifica en favor de un crecimiento económico que muchas veces parece caer en los bolsillos de cuatro, es muy tentador decir que nuestro futuro es ser una sociedad tercermundializada o BRIC sin remedio. Hasta las propuestas de algunos partidos nuevos, como C’s, parecen asumir sin demasiada piedad que va a haber una parte de la población que irremediablemente se va a quedar atrás.
Olvidamos frecuentemente lo increíblemente difícil que es insertar a una familia que vive ajena a la sociedad debido a su situación económica, es algo que tarda una generación entera. La Europa de la segunda mitad del siglo XX hizo esfuerzos titánicos para conseguir la igualdad de oportunidades, para que quienes naciesen en familias pobres no estuviesen destinados a ser pobres, para que el ascensor social funcionase. No se trataba de llegar a ser Bill Gates, se trataba de poder tener unos estudios, de no tener que recurrir al pluriempleo para dar de comer a tus hijos, de trabajar con el objetivo de algo más que sobrevivir.
Hoy se habla mucho de los peligros de los “populismos”, se dice que ponen en peligro la democracia, que allá donde se han instalado la democracia degrada…Que necios, como intentan confundir la causa con la consecuencia y vendernos una realidad falsaria. El populismo no es el inicio de la degradación de la democracia sino la consecuencia de la degradación de la democracia. Los “caudillos populares”, los planteamientos duales del “pueblo” contra el establishment (o la oligarquía, o la casta) o las propuestas de estado subsidiador son el producto de una enorme desigualdad previa, de unas democracias vacías donde los partidos dominantes no se diferencian en lo esencial y donde los mecanismos tradicionales de gestión de los conflictos sociales han sido anulados. El populismo es la respuesta, adecuada o inadecuada, a una situación inaceptable.

Cuando oigo al presidente del gobierno hablar de “futuro esplendoroso de 20 millones de puestos de trabajo” tengo que hacer un esfuerzo para contener la rabia. Qué caradura, miserable creador de una estructura laboral y legal que, de no ser revertida, nos llevará inevitablemente a la sociedad descrita unos párrafos arriba. Afortunadamente los españoles parece que no van a caer esta vez en la enésima mentira y en un canto de sirena falso a la legua.
Pero el futuro es complicado, la situación que nos espera no se va a solucionar con medidas paliativas. Va a hacer falta un gran cambio en las estructuras políticas y sociales a medio plazo porque si no el futuro que nos espera es la consolidación de un alto porcentaje de la población en exclusión social, con su inevitable consecuencia: El fin del ascensor social y la herencia de pobreza. Y eso, que es muy fácil de crear, es complicadísimo de revertir.

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