La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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jueves, 28 de mayo de 2015

El éxito de las candidaturas de confluencia















Si las elecciones autonómicas y locales nos han dejado una lección, aparte de que el bipartidismo está formalmente acabado al menos en la España más urbana, es la confirmación de que las candidaturas de confluencia y de unidad popular han sido altamente exitosas, mucho más que candidaturas similares que se basaban en concepciones verticales y partidistas de la política.
Este es un análisis difícil, pues hay multitud de municipios y comunidades con idiosincrasias distintas y, a su vez, tenemos muchas candidaturas que se han formado bajo parámetros también distintos. Intentar hacer un análisis meramente numérico es imposible, siempre lo sesgaremos en base a criterios subjetivos de elección muestral o interpretación política, así que tendremos que hacer un análisis que no va a estar exento de subjetividad y las conclusiones que obtengamos siempre tendrán excepciones. Téngase en cuenta eso antes de empezar.

Creo que antes de nada tenemos que empezar con el centro de la cuestión. Desde hace un par de años mucha gente ha llamado a la confluencia política de los partidos a la izquierda del PSOE para generar una alternativa a los partidos turnistas y a las políticas económicas del “austericidio”. La idea era una especie de Frente Popular a la izquierda del PSOE, la enésima unidad de la izquierda que casi siempre ha salido mal.
Ante esas propuestas muchos otros, como yo, hemos defendido la teoría de que la división de la izquierda daba más votos a ésta que su unidad artificial. Los datos de las elecciones europeas de mayo pasado u otros casos anteriores (la creación de Compromís en Valencia o el AGE en Galicia, que multiplicaron los votos de la izquierda a pesar de dividirla) parecían darnos a la razón. Mi argumento en ese momento fue que lo importante era “ganar mentes”, es decir, movilizar a la gente hacia posiciones políticas alternativas al bipartidismo, y que para ello había que crear candidaturas aptas y cómodas para los votantes, no unidades artificiales que incluyan gente que provoca recelo y que alejan al votante. Esta división valdría, además, para ver realmente las preferencias de la gente,  lo que nos daría mucha información necesaria para tomar buenas decisiones en el futuro.
Obviamente esa idea choca con las leyes electorales españolas, que castigan la dispersión del voto, y por eso planteé que las elecciones europeas era el momento perfecto para dispersar voto y hacer cosas nuevas. Las elecciones nacionales castigan enormemente la dispersión, y las elecciones locales y autonómicas digamos que se sitúan en un terreno intermedio.

Adicionalmente existía otro debate, que era el qué y el cómo, es decir, qué izquierda alternativa se debía crear y cómo se debía estructurar ésta. Este debate era tanto ideológico como organizacional (aunque en parte son cosas relacionadas), y nos planteaba varias cuestiones ¿qué contenido político debía tener esa alternativa? ¿Debía ser el típico post-comunismo, debía ser “verde”, debía ser una nueva izquierda democratista e igualitarista? ¿Había que crear un movimiento cívico y ciudadano, con democracia de base, o había que crear un partido político tradicional?
La creación de Podemos y su estructuración ha estado influida por todas estas cuestiones. Al final Iglesias y Errejón optaron por una mezcla, con unos componentes aparentes y otros estructurales o “reales”. Podemos se ha presentado como un partido democratista sin embargo la realidad es que es un partido altamente vertical y tradicional, y también habla de nuevas propuestas políticas pero, en el fondo, sus propuestas se sitúan más en el campo de la vieja socialdemocracia y de los partidos a la izquierda de los socialdemócratas actuales, sin excesos ni innovaciones. Vamos, acabaron optando por la estructura tradicional y la moderación política como estrategia, frente a los partidos abiertos y democráticos y la innovación política.
Pero para estas elecciones, y paralelamente a Podemos, se generaron muchas candidaturas municipales que se basaban en principios diferentes a los del partido-guía. La incapacidad (o falta de voluntad) de Podemos para generar candidaturas fiables llevó a dos tipos de candidaturas que aparentemente se parecían pero en el fondo eran muy distintas: Las “marcas blancas”, que en el fondo eran miembros de Podemos y poco más, y las “candidaturas de confluencia”, que eran partidos instrumentales que contaban con miembros de Podemos junto con el apoyo de otros partidos (EQUO e IU fundamentalmente) y también de movimientos sociales.

Comparar elecciones municipales (donde se presentaban las candidaturas municipales) con autonómicas (donde se presentaba Podemos y los otros partidos por separado) obviamente es muy complicado porque en muchos casos hay motivaciones de voto diferentes, mientras que comparar las distintas candidaturas municipales también es complicado porque cada municipio tiene su idiosincrasia. Sin embargo, la percepción general es que las candidaturas de confluencia han sido mucho más exitosas que las marcas blancas y, también, que los partidos presentados por separado en las autonómicas.
El caso paradigmático es Madrid, donde la candidatura de confluencia Ahora Madrid, que unía miembros de Podemos, EQUO y Ex de IU, además de representantes de las mareas, ha tenido un éxito enorme. Ahora Madrid ha conseguido casi el 32% de los votos, mientras que Podemos alcanzó el 18,5% en las elecciones autonómicas (17,7% en Madrid capital). IU, que se presentaba independiente en ambos casos, quedo pulverizada en la capital pero sacó un resultado mejor en la autonomía (4,14%).
El porqué de esta diferencia entre ambas candidaturas responde a varios factores. Para empezar está la personalidad de la candidata a la alcaldía, Manuela Carmena, una señora de los pies a la cabeza que transmite una sensibilidad y confianza especial, pero no es solo eso. Además hay un factor organizativo y estructural, que es la manera cómo se hizo la candidatura, mediante unas primarias “reales” donde todas las sensibilidades (Podemos, Convocatoria por Madrid, EQUO, ex-IU, independientes) estuvieron representadas y encabezadas, además, por una independiente. Hay que reconocerlo, Carmena tenía un equipazo de gente preparada, conocida y bregada en las luchas sociales, en una candidatura escrupulosamente democrática.
Ahora Madrid no es que sea diferente a Podemos, es que es mucho más que Podemos. Es más plural, es más democrático, es más atractivo y probablemente sea más competente. Y cuidado, que si Carmena hubiese sido más conocida el resultado hubiese sido mucho mejor. Para mi Ahora Madrid es todo un ejemplo de cómo se tienen que hacer las cosas, del valor positivo de la pluralidad, la democracia interna verdadera y de la elección de prestigiosos independientes para puestos clave.
El segundo gran éxito quizá sea Barcelona en Comú (BeC), que ha sacado un 25% de los votos. La verdad es que creo que el éxito de BeC es menor que el de Ahora Madrid, y no solo porque obtuviese bastante menos votos (el escenario catalán es más competitivo) sino porque se basa en una ICV que es más fuerte. Bien es cierto que Podemos es bastante más débil en Cataluña que en Madrid a tenor de las encuestas, aunque no podemos comparar con datos porque en Cataluña no hubo autonómicas. BeC también incluyó a gentes de ICV, Podem, EQUO, Procés Constituent, etc. Encabezados por una conocida independiente líder de la PaH, Ada Colau. Las primarias de BeC fueron menos democráticas que las de Ahora Madrid (listas cerradas, y solo se presentó una lista), pero también se garantizó la pluralidad.
Pero los éxitos han sido muchos más. Es el caso de las “mareas atlánticas”, con miembros de Podemos, EQUO, AGE e IU, que han arrasado. La Marea Atlántica coruñesa sacó un 31% de los votos, Compostela Abierta casi el 35% mientras Ferrol en Común se quedó en el 22%. En el caso gallego tampoco podemos comparar con las autonómicas.
Zaragoza en Común sacó el 25% de los votos, y probablemente también ocupará la alcaldía. Se dice que en este caso el éxito de la confluencia no es tal porque en las autonómicas Podemos sacó ese mismo porcentaje en el municipio, pero aquí conviene hacer un matiz: El candidato de Podemos, Echenique, representa precisamente ese Podemos democratista y abierto que perdió en la asamblea de Vista Alegre.

¿Y qué ha pasado con las “marcas blancas? Pues en estos casos los resultados han sido bastante peores, con alguna excepción (como Cádiz, 28%, de donde es Teresa Rodríguez, también derrotada en Vista Alegre). València en Comú no llegó al 10% de los votos, igual que Participa Sevilla o Es Ahora Murcia. Peor aún le fue a Ganemos Bilbao (6,5%, frente a la candidatura de IU y EQUO, que sacó un 8,5%), aunque algo mejor le fue a Málaga ahora (13%).
Los peores resultados podrían parecer lógicos, ya que al no haber confluencia con IU se restan los votos de esa formación, pero los resultados son incluso inferiores a lo que se podía esperar. En Málaga o en Sevilla, por ejemplo, Podemos rozó el 18% en las elecciones autonómicas, y en estas se ha hundido a un 9 y 13% respectivamente. Incluso en Valencia capital, donde la presencia de Compromís es muy fuerte, Podemos le sacó 2,5 puntos a València en Comú.
Al final lo que ha pasado parece muy claro: En esta ocasión la confluencia entre partidos de izquierda y movimientos sociales ha sumado, ha conseguido obtener más votos de los que probablemente hubiesen conseguido por separado, y electoralmente también ha multiplicado la representación, evitando las trampas del sistema electoral. Todo ha sido ventajas.

¿Me equivoqué y era positiva la confluencia, la suma de partidos al final siempre suma? Diría que no, la verdad es que no creo que me equivocase. Creo firmemente que hace un año había que ir por separado, era la elección correcta y de hecho Podemos nació gracias a eso. Pero las cosas evolucionan, cambian, y el país me parece que está en un momento distinto que hace uno o dos años. Creo que ahora, probablemente, sea el momento de crear una fuerza plural que integre a quien quiera integrarse en base a un programa de renovación radical, sin excesos.
Pero mucho cuidado, el planteamiento no es “unir partidos”, no, el planteamiento es unir fuerzas, sensibilidades y visiones en un proyecto común de carácter democrático, pluralista y radicalmente nuevo. Lo que nos enseña el éxito de las candidaturas de confluencia es que la unidad en torno a un proyecto colectivo razonable y razonado, con miembros coherentes y complementarios, y con mecanismos democráticos avanzados, es la clave del éxito. Es decir, por poner un ejemplo claro, ¿creéis que Moral Santín o Ángel Pérez hubiesen aportado algo a una candidatura como Ahora Madrid? No, esa gente solo hubiese creado problemas. Por eso la unidad no puede esconder otra realidad: Hay que soltar lastre por la izquierda, y marginar a cierta gente aprovechada, anticuada y dogmática.
El valor de la pluralidad, el valor de una democracia interna de verdad (no listas “apisonadoras” y mecanismos bonapartistas), el aprovechamiento de personalidades independientes de reconocido prestigio y honestidad y la creación de candidaturas con personalidades conocidas y preparadas, todas esas cosas son pluses que suman y que la gente reconoce. Esa creo que es la importantísima lección de estas elecciones.

Y la pregunta del millón, ¿es extrapolable esto a las elecciones generales? Pues mirad, sí y no. Es decir, no se puede ir con esta multiplicidad de proyectos en las distintas circunscripciones, hay que ir con un proyecto único en todo el país (salvo excepciones), pero sí se debe crear un proyecto similar a lo que Ahora Madrid, Barcelona en Comú o el propio Compromís (que ojo, es prácticamente como estas candidaturas pero en coalición estable de partidos) representan, y a nivel nacional.
En las elecciones generales no se puede desperdiciar un voto en circunscripciones pequeñas, eso te puede matar y más viendo como la España más rural sigue votando a los partidos turnistas. La confluencia es necesaria, estando dispuesto a hacer concesiones, con democracia de base, con generosidad por parte de los partidos que deben dejar que la sociedad civil sea quien ocupe parte importante de las candidaturas. Ese es el camino, y estas elecciones nos lo han enseñado.
En Podemos se equivocarán si creen que su partido puede conseguir el poder por sí solo, porque no puede, pero en cambio sí puede ser el motor de una candidatura que lo consiga. En estas elecciones hemos aprendido que el cielo no se puede tomar por asalto pero, en cambio, sí se puede tomar por consenso. Que no se nos olvide.

3 comentarios:

  1. Lo voy a compartir por el debate que se puede generar, pero no estoy seguro de que estés en lo cierto. Todo esto para acabar por apostar todo a la rendición del Frente Popular.

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  2. Considero que depende mucho de los actores que una confluencia sea viable o un auténtico desastre. De ser así, la candidatura de Podemos sería completamente necesaria. Haciendo un análisis de los votos y una cocina propia, actualmente Podemos pasaría de los 2'4millones de votos que ha obtenido en las autonómicas... (Sin contar Galicia, Euskadi y Cataluña) a 4millones de votos. 6 meses antes de las elecciones. Con trabajo, esfuerzo y una campaña con un lenguaje y un discurso potentes ..puede poner a Pablo Iglesias como presidente.

    Mucha gente va a votar a Podemos para que apablo Iglesias sea presidente... Cualquier candidatura de confluencia sin su nombre separará, dividirá y arruinará la ilusión y esperanza que muchos habían recuperado.

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  3. Muy interesante, Pedro. Creo que lo que defiendes aquí es, en otras palabras, un consenso amplio, ¿no es así? Yo creo que sí se debería buscar un gran consenso en un contexto más ideal, pero también hay que advertir que esto al menos en el pasado en España no acaba bien.

    El consenso puede ser fácilmente derribado por aquellos que actúan con mala fe. Tampoco es un proceso que esté preparado para lidiar con desacuerdos que SIN DUDA van a surgir debido a intereses opuestos en vez de simples diferencias de opinión. El mundo de la negociación política es brutal.

    Si vamos a insistir en un "frente" amplio, inclusivo y consensuado, más valdría saber en qué hay un consenso y en qué podemos estar unidos porque de lo contrario, van a surgir problemas que podrían volver a entregarle en bandeja el poder al PP.

    Yo creo que es absolutamente fundamental que la idea sea desbancar del poder al PPSOE. Creo que existe ese amplio consenso en el resto de partidos salvo quizá, por desgracia, Ciudadanos (que ya sabemos de lo que van normalmente).

    Saludos

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