La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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lunes, 14 de septiembre de 2015

¿El independentismo es democrático?























La ministra principal de Escocia, Nicola Sturgeon, ha declarado que su partido, el Scotish National Party (SNP) incluirá en su programa para las próximas elecciones regionales una propuesta para hacer un nuevo referéndum de independencia en 5 o 10 años. No es la primera declaración de este tipo en el SNP. Hace un par de meses el exministro principal Salmond dijo que un segundo referéndum será “ineludible, y otros miembros del SNP también se han pronunciado en términos parecidos. Hace menos de un año que los independentistas escoceses perdieron el referéndum de independencia por más de 10 puntos.
El caso escocés creo que demuestra bien por qué no es una buena idea hacer un referéndum de independencia en un territorio como método de solucionar un problema. El referéndum puede contener temporalmente el problema, sin embargo a medio plazo lo multiplica porque genera un escenario donde pueden repetirse los mismos indefinidamente. Pero el problema fundamental es de índole moral ¿es razonable convocar referéndums de forma continua hasta que salga un Sí a la independencia? Expresémoslo de forma más general ¿es este realmente un comportamiento democrático?

Creo que procede antes de nada definir bien qué es democrático, o mejor incluso, qué no lo es. La democracia no consiste en que la mayoría de la población pueda decidir sobre todos los asuntos de forma directa o indirecta, eso es falso y además corresponde a la caricaturización de la democracia que hacen ciertos grupos “ultra-liberales” que contraponen liberalismo y democracia tratando a la segunda prácticamente como la dictadura del 51%. Decir esto es una simpleza posmoderna que, sin quererlo, convierte a la democracia en algo “totalizador”, fortaleciendo además el mensaje de quienes quieren destruirla.
No, la democracia se basa en dos principios, uno es efectivamente el gobierno de la mayoría sobre las cosa pública, pero también se basa en la garantía de libertades y derechos individuales que no pueden ser anulados por la decisión de la mayoría. Y respecto al gobierno de la mayoría la democracia tampoco implica que una mayoría mínima pueda decidirlo todo, sino que establece ciertas situaciones donde se necesitan mayorías agravadas para hacer ciertos cambios, tanto por razones morales como de puro pragmatismo institucional. La democracia no es una dictadura de la mayoría, no es un concepto “totalizador”, es una cuestión de equilibrio entre libertades individuales, decisiones basadas en una mayoría y estructuras institucionales de rigidez relativa (no absoluta).

Creo que todos entendemos que las libertades individuales no pueden estar sometidas a su revocación por una mayoría coyuntural (ni permanente). Un sistema donde un gobierno elegido por mayoría pudiese eliminar la libertad de expresión o manifestación no sería una democracia, sería una dictadura que tendría un origen en la expresión de la soberanía popular, pero no por eso dejaría de ser una dictadura. Imaginemos otro caso muy evidente y conocido en la historia: Un partido o político gana unas elecciones y, una vez en el poder, anula el sufragio universal y se perpetúa en el poder. Este es un mecanismo típico de generación de dictaduras que se ha dado en muchas épocas y latitudes. El origen “democrático” de estas iniciativas o poderes no tapan la obvia tendencia antidemocrática de las mismas, esto lo entiende hasta el posmoderno más infantil.
Vamos a poner un caso menos grave ¿se puede cambiar una estructura institucional por una mayoría coyuntural? Las constituciones de todos los países dan una respuesta a esta situación: Se necesita una mayoría agravada para hacer esto, por la sencilla razón que estos cambios institucionales normalmente generan cambios permanentes. Es decir, si mañana un gobierno pudiese eliminar el senado o fusionar CC.AA esto generaría un hecho consumado difícilmente reversible, pues el volver a dividir CC.AA o crear una nueva cámara implicaría destrucción de instituciones, reordenamientos de la estructura de la administración y, en definitiva, cosas que no se deben hacer si hay vocación de permanencia.
Algunas personas, como es mi caso, pensamos que hay cosas que constitucionalmente deben estar garantizadas, como por ejemplo el sistema público de salud, y lo creo por un planteamiento muy parecido a este. Destruir es mucho más fácil que construir, y privatizar la sanidad pública sería un proceso rápido que difícilmente sería reversible, ya que la construcción de un nuevo sistema de salud podría tardar décadas. Si se destruye el sistema público probablemente no haremos otro (pues de ganar los mismos que lo han privatizado volverían a destruir lo hecho) y por tanto me parece razonable que haya una protección constitucional especial. Y ojo, que no es un blindaje absoluto, simplemente es exigir una mayoría especial y reforzada para hacer algo que no tiene vuelta atrás.
Desde un punto de vista posmoderno y algo nihilista puede pensarse que esto de pedir mayorías reforzadas para la reversión o cambio de ciertas estructuras no es “neutral”, y no, ciertamente no lo es. Pero es que los posmodernos no entienden que la política no es neutral, no es moralmente neutra, y que los mecanismos jurídicos se basan tanto en la moral como en cuestiones de realismo institucional.

Cuando los independentistas plantean la posibilidad de hacer un referéndum de secesión mucha gente cree que eso es un planteamiento escrupulosamente democrático, pero eso es falso. Hay un problema evidente que ya se ha comentado alguna vez, y es el “demos” arbitrario que se escoge. Cuando un independentista catalán quiere hacer un referéndum en Cataluña pero en el fondo piensa que su nación son unos “países catalanes” que incluyen otros territorios, lo que está haciendo es simplemente trampear la democracia y hacer una especie de gerrymandering a conveniencia. En el fondo no importa ni el “derecho a decidir” ni la democracia, importa solo el objetivo, y los "demos" se adaptan a esa realidad. Cataluña es el “sujeto soberano” porque saben que de incluir a otras CC.AA no alcanzarían nunca una mayoría, pero si la realidad fuese la contraria sí optarían por una independencia de todos los territorios juntos. No hay un criterio democrático, es estrujar los conceptos a interés en base a un objetivo predeterminado. Y lo que digo para Cataluña vale para Euskadi, la Padania u otros, puede ser igual en todas partes.
Pero hay un problema adicional mucho más grave si cabe. Una secesión no es una decisión colectiva de esas que se pueden tomar con una mayoría simple coyuntural, sencillamente porque no es reversible. Si Escocia o Cataluña se independizan con casi toda probabilidad no volverán a hacer un referéndum de unión de nuevo, por la sencilla razón de que sería absurdo y estructuralmente imposible crear y destruir de forma cíclica estructuras de estado. La secesión de un territorio es definitiva, una decisión puntual marca el destino de todas las generaciones posteriores, de todos los que no han votado y convierte un Sí a la independencia coyuntural en algo que no tiene vuelta atrás. Obviamente no puede tratarse como la elección de un gobierno, que puede ser revertida cada X años, ni como un referéndum para aprobar una ley, debe ser tratado en cualquier caso bajo una perspectiva especial.
Voy a ser más claro. Imaginaros que una elección ahora decidiese cual es el presidente de un país de por vida ¿sería eso democrático? Obviamente no, estarías sometiendo a la población a una decisión vital de extrema importancia (estas eligiendo casi a un "dictador" perpetuo), sin mecanismo democrático de control, sin posibilidad de anular la decisión tomada en el caso que se demuestre errónea. Una decisión puntual decidiría una estructura permanente, un voto puntual anularía posibilidad de votos futuros. Algo así no es moralmente democrático, por mucho que aparentemente lo parezca.
Al final este ejemplo es parecido al de una secesión, aunque ésta es algo menos grave. Votar Sí a una secesión impide votar en el futuro Sí a una unión, consecuentemente se convierte en un voto permanente, en una coyuntura que genera estructura. Entendamos que algo así no puede compararse con un voto democrático, cíclico, de una ley que puede establecer un gobierno pero otro puede modificar o eliminar. Sería como permitir que un gobierno generase leyes y que un nuevo gobierno futuro no pudiese revertir al cambiar la coyuntura política, sería inaceptable. Y es por eso por lo que constitucionalmente, para casos de este tipo, se exigen mayorías agravadas (de entre el 60 y el 66%), porque no es democráticamente aceptable que un 51% coyuntural genere una estructura permanente. Es moralmente anti-democrático.

Cuando los independentistas piden un referéndum de autodeterminación (secesión) no están siendo guiados por un sentimiento democrático sino exactamente por uno de naturaleza contraria. Porque en el momento que se acepta una exigencia así (que se pueden convocar referéndums de autodeterminación y que ésta se puede llevar a cabo por una mayoría simple), el fin está decidido y la democracia no es más que una herramienta para conseguir el fin predeterminado, violando por tanto la moral democrática. Si se pierde un referéndum se pedirá otro, si no hay mayoría independentista se buscará la coyuntura favorable para que la haya, y al final de este camino llegará un momento en que por la coyuntura, una pregunta capciosa, un cálculo sobre las abstenciones o por lo que sea, los independentistas conseguirían una mayoría coyuntural, y entonces la coyuntura generará una estructura permanente, inamovible y de casi imposible reversión democrática. No es democracia, es degradación de la democracia, utilización de la democracia, violación de los principios que la inspiran, desprecio por sus valores reales.
¿Quiere decir esto que los independentistas son siempre anti-demócratas? No, no. o por lo menos no siempre. Yo siempre he dicho que hay momentos donde el independentismo puede ser conveniente o democrático. Si hay discriminación contra una minoría territorializada comprendo perfectamente que haya independentismo y probablemente lo apoyaría. Si hubiese un régimen autoritario podría apoyarse también una independencia como vehículo para democratizar un territorio (aunque es complejo, porque al final implicaría dejar sometidos al autoritarismo a otros ciudadanos de otros territorios. Tendríamos que estar en un escenario de o secesión de una parte o autoritarismo general, sin solución alternativa).
Pero en un estado democrático la secesión es difícilmente justificable, pues en la práctica totalidad de ocasiones hay una moral antidemocrática de base. Puede haber casos de odios irresolubles e imposibilidad absoluta de vivir con el vecino, y ahí pragmáticamente podría ser interesante buscar una salida, y en casos como esos se debe buscar una solución que debería pasar siempre por mayorías agravadas, situaciones clarísimas y previsibles y multilateralismo. Pero incluso eso es un fracaso de la democracia, la imposibilidad de vivir con el diferente es el fracaso de la democracia misma y habla bastante mal de las partes implicadas. Otros escenarios planteados (como esos que dicen que la independencia puede traer un cambio social), son directamente fantasías y excusas, y si fuesen reales (que no lo son) aun así provocarían problemas éticos de importancia ¿hay derecho a una secesión para generar un cambio social o revolucionario, abandonando al resto de los habitantes del estado a su suerte? ¿No debería priorizarse, en base a esa misma moral social y revolucionaria, la “liberación” de todos los ciudadanos?

No podemos llevarnos a engaño, el independentismo en estados democráticos no está guiado por principios democráticos ni de respeto a la voluntad popular, está guiado por la predeterminación y el nacionalismo, y la democracia no es su base, solo es su herramienta. Al final lo que verdaderamente hay se observa en eso que dijo Artur Mas de que “los escoceses perdieron el referéndum de independencia” ¿cómo que los escoceses perdieron? ¿Qué los unionistas no son escoceses? Es esta la moral, la nación existe, debe ser independiente y haremos lo que haga falta para conseguirla, usando la democracia como herramienta, estrujando los marcos y los “demos” a conveniencia y trileando con los conceptos.
Y ojo, que el independentismo no sea moralmente democrático no implica que tenga que actuar anti-democráticamente. Hay muchos independentistas que no se atreverán nunca a pasar ciertas líneas rojas democráticas (otra cosa es que las estiren a conveniencia), pero que no nos cuenten que están guiados por los principios democráticos porque eso es falso y un engaño. Lo dije en su momento y lo reitero, la unión es moralmente más democrática que la secesión, la convivencia es moralmente más democrática que la segregación. Comparar ambas cosas como equivalentes o “neutrales” es falso, no lo son y no podemos aceptar este nihilismo político posmoderno.
Me resulta muy frustrante que esta defensa moral y democrática de la unión no la hagan nuestros políticos, por alguna incomprensible razón se ha dejado que los nacionalistas creen sus marcos mentales colectivos sin oposición. Es que hemos llegado a la situación de que un político independentista dice que está dispuesto a iniciar un proceso de secesión con el 45% de los votos, pero como sabemos que no puede hacerlo y nadie lo aceptaría nos lo tomamos casi a guasa. Y sin embargo es algo terrible, es moralmente algo gravísimo y el mero hecho de que se atreva a verbalizar en público algo así debería encender todas las alarmas.

14 comentarios:

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  2. Es bastante frustrante q ningún partido en la izq española defienda esas tesis.
    Hoy mismo me ha cabreado escuchar a PI llamar compañero al de la CUP q no tiene ningún problema en pactar con Mas q es un conservador-liberal (y corrupto). Porque el proceso (para la CUP) esta por encima de todo, es lo mas importante.

    Entonces porque la gente sigue creyendo que este partido es de izq. Si prioriza la jod... bandera a los ciudadanos (que es lo q debe priorizar un demócrata de izquierda).

    PD: Del PSC no digo nada porque igual que todo el PSOE. Hace años que dejo de ser un partido de izquierda.

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    1. La relación entre Podemos y la CUP es de amor-odio y de competencia feroz y extrema pero sin poder lanzarse los trastos a la cabeza. Yo diría que, en el fondo, los unos y los otros se odian y consideran al otro un "grano en el culo" molestísimo.

      Saludos,

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  3. Estaba en Canadá cuando se hizo el referendum en Quebec, que los sesecionistas perdieron por escaso un punto (50.5% No 49,4 el si). Era 1995. 20 años después, no piensan en realizar uno nuevo de momento. Creo que quedaron bastante escarmentados.

    Coincido contigo que no tiene nada que ver con democracia, es simplemente una posición política, para hacer ver que hacemos...

    Saludos

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    1. Hola doctor,

      En mi opinión el desincentivo a la convocatoria de más referendums en el caso de Quebec se debe a que se hizo la "Clarity Act", que dejó claro que en un futuro referendum habría multilateralidad y mayorias agravadas, nada de independencias unilaterales con el 50,1% de los votos.
      De hecho, si te fijas, es uno de los pilares de mi texto: Si se quiere ser democrático en esto, necesitamos algo más que un 51% de los votos obtenidos de forma coyuntural.

      Saludos,

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  4. No puedo por mas que exigir de los políticos todos un mínimo de cordura y qué piensen que en la unidad esta la fuerza.. Una Nación grande necesita de GRANDES POLÍTICOS

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  5. Totalmente de acuerdo, sino sería perfectamente posible y democrático que, tras una hipotética declaración unilateral de independencia del Parlament, los concejales de L’Hospitalet del Llobregat podrán aprobar una declaración unilateral de continuar siendo Comunidad Autónoma de Catalunya dentro del Estado español. También tienen derecho a decidir, y es tan democrático como lo otro….Tienen sus estructuras necesarias, 300.000 habitantes, gestión recaudatoria propia, hospital, policía local, empresas que quedarían dentro de UE, etc…y el apoyo del Estado español, económico, político, etc….

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    1. Evidentemente en el momento que cada uno reinterprete los "derechos" a conveniencia ese es un escenario, que sería incluso más importante en zonas limítrofes en el hipotético caso de que una Cataluña auto-declarada independiente se negase a cumplir las leyes españolas.
      Sería un caso tan extremo y tan improbable que no quiero ni comentarlo, pero evidentemente la estructura política de Cataluña podría saltar por los aires. Por eso no va a llegar la sangre al río.

      Saludos,

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  6. Eso que usted escribe es falso. El próximo 27 de septiembre empezaremos democrática y festivamente en Cataluña nuestro proceso de emancipación nacional. Y nuestro amor por la democracia es tan grande que, si en las elecciones generales de diciembre, una mayoría de diputados elegidos a Cortes Generales está en contra del procés, lo pararemos inmediatamente para reconectarnos con esa España que tanto amamos los catalantes, como se ve en los carteles de Junts pel Sí.

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    1. Además de esta preciosa y lacrimógena muestra de amor de cocodrilo, si lo que digo es falso estaría bien que ud. lo rebatiese con algún argumento más allá del propio deseo.

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  7. El problema de fondo es que la relación entre Cataluña y el resto de España no funciona como lo desearía una amplia mayoría de ciudadanos catalanes, votantes no sólo de CDC, ERC y CUP, sino también de PSC, ICV y UDC. Estos seis partidos representan alrededor del 75% de los votantes en las últimas elecciones de 2012, no son sólo el 50%. Estamos, pues, ante una abrumadora mayoría de ciudadanos que desean cambiar la relación entre Cataluña y el resto de España.

    ¿Cuál es la razón de esta situación tan extrema? Todo comenzó en el año 2003, cuando Maragall propuso la reforma del Estatuto de Autonomía, con el apoyo entusiasta de Zapatero. Desde entonces hemos asistido a un auténtico Via Crucis. Tensiones entre los partidos durante la elaboración del nuevo Estatuto en el Parlamento de Cataluña. Una tramitación en el Congreso con significativos recortes por parte del PSOE, con el beneplácito de CiU, que llevaron a la disolución del gobierno tripartito PSC-ERC-ICV, el abandono de Maragall y la convocatoria de elecciones anticipadas en 2006. La actitud hostil del PP, en contra de la reforma estatutaria y recogiendo firmas en toda España para forzar un referéndum en todo el Estado sobre el nuevo Estatuto catalán. El recurso interpuesto ante el Tribunal Constitucional por parte del PP y la consiguiente tramitación del recurso, durante cuatro años, durante los cuales hubo recusaciones y bloqueo institucional en un órgano altamente politizado como es el TC. Paralelamente el gobierno de Zapatero se negaba a cumplir con el modelo de financiación que el nuevo Estatuto establece, en medio de la acuciante crisis económica que estalló en 2007. En 2010 llegó por fin la esperada sentencia del TC, que provocó en muchos ciudadanos catalanes la desafección con el resto de España, como lo demostró la multitudinaria manifestación de julio de 2010 en Barcelona a favor de la nación catalana. Tras las elecciones de noviembre de 2010 CiU regresó al gobierno e intentó una negociación con el gobierno central sobre un pacto fiscal que garantizase la viabilidad económica de la Generalitat. La actitud intransigente de Rajoy es de todos bien conocida.

    Una Generalitat lastrada por un enorme déficit fiscal como demostraron las balanzas fiscales referidas al año 2005, las únicas publicadas por el gobierno español. Una crisis galopante que afecta dramáticamente al sur de Europa. Este escenario, sumado a la intransigencia del gobierno central, ya sea del PP o del PSOE, ante las demandas de los partidos catalanes desde las instituciones y de los ciudadanos desde las calles ha llevado a muchos catalanes a plantearse la posibilidad de una Cataluña que administre sus propios recursos como Estado independiente.

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  8. Ante la situación que he descrito en mi comentario anterior, la cuestión que se plantea es, por tanto, evidente: Necesitamos saber cuántos ciudadanos catalanes están a favor de un estado catalán independiente. ¿Son el 30%, el 50%, el 60%, el 80% ...? No lo sabe nadie a ciencia cierta. Y en una democracia eso se resuelve mediante una consulta o referéndum, en la que los ciudadanos expresan su preferencia de manera libre y pacífica, mediante respuesta a una pregunta sencilla y unívoca que no deje lugar a ningún tipo de dudas. Dicha consulta o referéndum ha sido reivindicada por CiU, ERC, ICV, CUP (y de manera intermitente también por el PSC), partidos que representan, como he dicho antes, alrededor del 75% del electorado. Pero también ha sido reivindicada de manera masiva por los ciudadanos desde las calles, a través de multitudinarias manifestaciones que todos hemos podido ver (Diada de 2012, 2013 y 2014) así como a través de consultas organizadas por la sociedad civil en cientos de pueblos y ciudades de Cataluña.

    ¿Cuál ha sido la respuesta del gobierno central ante esta reinvidicación de políticos y ciudadanos? Pues negar rotundamente la posibilidad de una consulta o referéndum, ya sea mediante la delegación de su organización a la Generalitat por parte de las Cortes Generales o bien a través de una ley autonómica catalana de consultas populares (recurrida por el gobierno central ante el TC). Y no sólo eso. La pseudoconsulta que organizó la Generalitat el 9 de noviembre de 2014, que no tenía ninguna garantía jurídica y que, por tanto, no podía equipararse a una consulta o referéndum con efectos legales (vamos, que todo el mundo admitía que era poco más que una fiesta campestre, sin ninguna validez jurídica), ha acabado con una querella contra el presidente de la Generalitat y dos de sus consellers, con penas que incluyen prisión. Sólo por haber permitido que más de dos millones de ciudadanos depositaran libremente un papel en una urna de cartón, a pesar de ser conscientes de que el resultado no podía tener ningún tipo de reconocimiento jurídico.

    Después de todo esto, ¿qué deben hacer los políticos catalanes? ¿Olvidar todo el asunto e ir tirando? El malestar ciudadano no va a cesar, pues se trata de un largo proceso que arranca en 2003, y no es de extrañar que muchos ciudadanos catalanes se sientan humillados por el trato recibido por las instituciones centrales españolas durante todos estos años. CDC, ERC y CUP apuestan por un proceso unilateral de secesión. Aunque, como dijo el presidente Mas a Ana Pastor en una entrevista la semana pasada, él aceptaría encantado un referéndum acordado con el gobierno central si éste lo ofreciese. Por otro lado, UDC e ICV, a pesar de todo lo que ha pasado desde 2003 confían en una nueva negociación con el nuevo gobierno que surja tras las generales de diciembre.

    Entiendo que una secesión supone siempre un proceso traumático para toda la sociedad. La cuestión es cómo salir de esta situación con el mínimo de perdedores en todos los bandos. Y no lo olvidemos, alrededor del 75% del electorado catalán reivindica un cambio en las relaciones entre Cataluña y el resto de España. No es ninguna minoría.

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  10. Me ha gustado mucho este articulo de opinión. Soy de izquierdas pero no independentista, y ante la locura radical y hasta sectaria que está ocurriendo en Cataluña, los demócratas ortodoxos nos encontramos muy solos.

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