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miércoles, 2 de septiembre de 2015

Libros de texto ¿Gratuidad o eliminación?















El gobierno valenciano ha presentado la que es quizá su primera gran medida, el plan de gratuidad de los libros de texto. El plan, que costará 100 millones de euros, funciona de la siguiente manera: Los padres deberán aportar la factura de compra de los libros de texto en su ayuntamiento y este les abonará 100€, de forma universal (independientemente de la renta y otras cuestiones). A final de año, cuando los niños acaben el curso, los padres deberán entregar en el colegio o instituto los libros usados de sus hijos y si estos están en buen estado cobrarán los 100€ restantes. La idea final, como imaginaréis, es hacer un banco de préstamo de libros de texto.

La idea en sí no parece mala, más allá de cuestiones menores o técnicas que pueden ser discutibles o mejorables. Representa una priorización clara del gasto en partidas sociales por parte del nuevo consell, que era una de sus promesas. Cuando se hacen estas cosas siempre hay gente que piensa que esto es un despilfarro, pero normalmente quienes dicen eso son personas que están tan encerradas en un estrato social que no conocen la realidad de la sociedad.
Yo conozco personas que no pueden pagar los libros de texto de sus hijos. Por poner un ejemplo conozco  una chica de 16 años que tardó varios meses en tener los libros de texto de su curso porque sus padres, separados, no podían pagárselos. ¿Sabéis cómo ha acabado esta chica? Se ha dejado los estudios recientemente, sin ni siquiera acabar la ESO. Sin querer sacar una conclusión osada, es difícil pensar que una cosa no tiene relación con la otra.
A pesar de apoyar la idea y la medida del consell tengo que deciros que éste no es mi modelo. Me parece bien, por supuesto, esta solución en base a la estructura que tenemos ahora en la educación, y de hecho he apoyado los bancos de libros desde hace tiempo (cuando la pedía UPyD y otros grupos), pero yo tengo ideas más ambiciosas en la cabeza.

En mi opinión a lo que debemos aspirar es a prescindir casi absolutamente de los libros de texto. Sí, no ignoro que esto sería problemático para las editoriales que viven de estas cosas, pero cualquier reforma deja damnificados y eso no nos puede paralizar porque entonces no haríamos nunca nada. Los libros de texto no son necesarios para una buena educación, pueden ser cómodos, fáciles para el profesorado y el alumno, orientativos, pero no son necesarios y pueden ser fácilmente sustituidos.
Mi experiencia personal de cuando era estudiante de instituto me indica que los mejores profesores que he tenido no usaban libros de texto. Se preparaban sus materiales y los traían en cada clase, y os hablo de una época en que se preparaban los materiales a mano, que era más costoso que actualmente que se hace todo con un ordenador. Para el alumno esta forma de trabajar implica tener que llevar un mayor orden, pero para un chaval de secundaria creo que eso ya se debe exigir.
Hoy en día hay multitud de maneras de poder dar materiales a los alumnos. Existe internet, los blogs, se puede sacar online toda la información necesaria para el profesor, etc. Si hace casi 20 años se podía preparar buenos materiales educativos con un bolígrafo y una miserable fotocopiadora, ahora mucho más. Y sí, sé que es esfuerzo para el profesor, pero creo que es un esfuerzo exigible y para algo tienen tantas horas para preparar las clases.

Quizá pensaréis que esto es posible para los cursos de bachiller o para los chavales más mayores, pero que es implanteable para los niños de primaria y seguramente tenéis razón. Pero ahí estaría la segunda pata de este sistema: Materiales emitidos directamente por el ministerio de educación o las consejerías autonómicas. Las administraciones educativas tienen o deben tener personal cualificado suficiente para hacer este tipo de materiales.
Los “libros” de texto emitidos por el ministerio serían gratuitos y estarían a disposición de toda la red pública. El coste fundamental de los libros de texto de las editoriales son los contenidos, no el material ni las encuadernación, así que editar estos libros sería muchísimo más barato que pagar los libros de texto a las familias. Los colegios y los profesores tendrían la alternativa de usar esos libros o bien preparar los contenidos ellos mismos.
Entiendo que llegar hasta ese punto supone muchos cambios, pero tampoco sería tal revolución. Quizá las AA.PP tendrían que reorientar personal o contratarlo específicamente, pero valdría la pena hacerlo. Los profesores tendrían quizá que trabajar más, pero me parece que es algo exigible cuando estamos hablando de un coste al que muchas familias no pueden hacer frente. Posiblemente los centros tendrían que cambiar la forma de decidir qué materiales usar. Los libros de texto en sí tampoco desaparecían, pues siempre podrán usarse en los colegios privados si así lo desean.

Seguramente aparecerán quienes digan que un sistema así es impositivo y elimina la libertad de educación, y que la publicación de libros de texto por parte del ministerio podría llevar al “adoctrinamiento” por parte del estado. Estas críticas paradójicamente suelen emitirlas personas sectarias que pretenden que sus hijos reciban una educación moralista y en base a valores anticuados, pero en cualquier caso no está de más preguntarse algo así.
Obviamente el “adoctrinamiento” no se puede dar en matemáticas, ciencias o lenguas extranjeras, es un absurdo. Pensar que se puede dar en lengua y literatura tampoco parece muy lógico y quizá las asignaturas más conflictivas puedan ser Historia o las relacionadas con valores éticos. Y sí, la verdad es que los materiales públicos podrían estar sesgados, pero igual que los privados. Las administraciones ya pueden sesgar los materiales en función de las leyes y órdenes educativas, y los colegios en función de los libros de texto que elijan.
Objetivamente desde la posición del padre o el alumno siempre habrá sesgo, lo van a recibir igual sea quien sea quien lo cree. Y el sistema de materiales públicos tampoco es de obligado cumplimiento, es decir, en este sistema el profesorado siempre tiene la libertad de hacer sus propios materiales (siempre que cumplan con los objetivos pedagógicos) así que la crítica no parece que tenga mucho recorrido.

Un sistema así tendría resistencias, muchas provenientes de los mismos profesores o funcionarios de los departamentos de educación que tendrían una nueva función, pero ahorraría muchísimo dinero a las familias y ahondaría en la igualdad de oportunidades. Comparado con un sistema de subvención de libros sería muchísimo más barato. Vale la pena intentarlo, aunque sea con planes piloto para evaluar su funcionamiento antes de implantarlo de forma general.
Obviamente las editoriales se revolverían porque se les acabaría el negocio, pero insisto en que el cambio siempre trae conflicto. El problema político que tendríamos es que muchas de estas editoriales son también propietarias de medios de comunicación, que atacarían al gobierno que iniciase un cambio así. Por poner un ejemplo ¿cuál sería la línea editorial de ELPAIS con un gobierno que haga algo así, cuando PRISA es propietaria de Santillana? O un caso aún más evidente ¿qué actitud tendría la iglesia católica, propietaria o copropietaria de 4 editoriales conocidas de libros de texto, con ese gobierno?
Quizá esa es la razón por la que ningún gobierno hasta ahora se ha atrevido nunca a tomar medidas de este estilo, más allá de meras subvenciones que no perjudican la cifra de negocio de las editoriales.

2 comentarios:

  1. Interesante artículo. Yo no uso libros de texto en mis clases. Entro al estílo antiguo - temas ordenados y preparados por...yo mismo. La dirección siempre me critica y me mete en problemas por eso (todos los meses me llaman a reunión pero a mí me resbala lo que opinen empresarios que buscan el marketing y no la instrucción). Sí he tenido ocasión en que alumnos se quejan porque dicen que no ven una clara "orientación" a la clase de Cálculo, ignorando que precisamente los temas que traigo son de lo más ordenado que puede existir y además MUCHOS MÁS temas de lo que hay en un libro moderno de Cálculo. Tampoco permito calculadoras y eso me provoca un aluvión de críticas pero ya saben algunos que nada de eso me hará cambiar.

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  2. Yo nací en Australia y viví alli hasta los 9 años. El primer de colegio, que no era lectivo como tal, los padres iban a colegio, se les presentaba a los profesores, etc... y recogíamos una bolsa con los libros necesarios, y varios cuadernos, bolígrafos y lapiceros. Sinceramente no recuerdo si eran gratuitos o si se pagaban previa o posteriormente. Supongo que no eran únicos, sino que cada colegio elegía los suyos. Obviamente, cada uno luego podía comprar sus propios materiales (los libros obviamente quedan excluidos).

    Sin embargo al llegar a España me soprendió mucho (incluso a mis 9 años) que hubiera que esperar a que cada profesor anunciara el suyo (en sexto de EGB apareció un profesor que nos dió sus propios apuntes multicopiados -las fotocopias aún eran un lujo-), recorrerse la cuidad buscando las librerías en donde estuvieran disponibles o que lo estuvieran al mismo precio. En resumen, que pasados 15 días de clase, no todo el mundo tenía los libros. Para trabajos manuales lo mismo: recorrer papelerías en busca de cartulinas, pegamentos... Un desastre, sin matiz alguno. Posteriormente en el instituto, lo mismo, aunque agravado con materiales de dibujo, rotrings... Ignoro como funciona el asunto ahora, pero me temo que de modo parecido.

    A lo que voy es que veo esto debería ser un problema más de gestión y eficiencia que político. Pero para ello hay que partir de una base: ver que tener el material mínimo necesario e indispensable desde el primer día de clase debería ser un derecho fundamental y universal. Sin eso nos perderemos en otro tipo de discusiones, alguna de las cuales son necesarias (prácticamente todo lo que apunta Pedro) y otras realmente irrelevantes e interesadas.

    Personalmente no tengo claro si los libros y el material escolar deberían ser obligatoriamente lo mismos o no en todos los colegios, de origen y fabricación privada o pública, gratuitos al 100% o no (preferiblemente sí), pero lo que sí tengo claro es que su disponibilidad y acceso debería ser lo más eficiente posible desde el primer día de clase, y que esto debe convertirse en un derecho fundamental de todo ciudadano que acuda a la educación pública.

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