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jueves, 24 de septiembre de 2015

Nacionalidades, amenazas y fantasías















Cuando el país todavía se está recuperando del ridículo radiofónico que hizo su presidente al respecto del tema de las nacionalidades y la secesión, el debate político en Cataluña parece haber dado un giro de última hora. Hasta hace un par de días los argumentos de los no-independentistas parecían difícilmente rebatibles y veíamos con bastante estupor como los líderes independentistas se empeñaban en negar la realidad, sin embargo ahora parece que el error de Rajoy lo ha cambiado todo y observo, de forma increíble, cómo los independentistas han aprovechado la situación para resucitar de sus cenizas (argumentalmente), provocando una extraña depresión en sus oponentes.

Al final este desarrollo de los acontecimientos es la consecuencia inevitable de la lamentable estrategia del gobierno en los últimos tres años. Apoyados por la ley, el reconocimiento internacional y la fuerza, el gobierno ha ignorado el movimiento independentista catalán y lo ha tratado como un imposible del que no hacía falta preocuparse. De hecho, parece incluso que se ha querido mantener la situación en un punto álgido, pues es por todos conocido que cada amenaza o bravuconada por parte de los independentistas es oxígeno para un Rajoy que no tiene otra cosa a la que agarrarse para mantener el gobierno.
Y como se sentían seguros ante un imposible jurídico y/o les beneficiaba la confrontación, no hicieron nada para pelear la batalla moral, la de las ideas y los valores. Permitieron que el victimismo se cociese a fuego lento, que los engaños y las medias verdades del independentismo se repitiesen hasta la saciedad, hasta que llegaron las elecciones. Y al llegar estas han hecho la jugada del mal estudiante, han intentado hacerlo todo el día de antes y han sacado toda la artillería pesada de golpe, exagerando el contenido en ocasiones y bañándolo con toques apocalípticos en otras.
Al final esto no podía salir bien. Un entorno político tan acostumbrado al victimismo como es el del nacionalismo catalán puede reaccionar a tanta amenaza de forma contraria a la que se pretende. Es verdad que una comunidad rica, con una renta per cápita de unos 30.000€/año, es esperable que sienta vértigo y temor por una aventura tan manifiestamente suicida como la de una secesión unilateral, pero también es verdad que en Cataluña hay unos códigos no escritos que a veces parecen ignorarse desde Madrid.
Por mucho que se clame por la independencia e incluso aunque muchos de Junts Pel Sí fuesen capaces de tirarse de un puente para conseguirla, hay un gran porcentaje de fieles a la causa que sabe o intuye que, en el fondo, esto no es más que un pulso para provocar una negociación en condiciones extremadamente favorables. Muchos independentistas no aceptarían jamás una independencia que implicase salir del euro o de la UE, pero razonan en sentido de que eso ya llegará, que ya decidirán, y que lo que toca ahora es abrir un escenario que lleve o bien a una negociación favorable o a la posibilidad de una independencia sin daños. Y, cuando ese es el escenario mental, las amenazas lanzadas avisando del apocalipsis no funcionan, es más, lo único que hacen es provocar el repliegue sobre las ideas propias.

De todas formas parece increíble cómo el error de Rajoy ha generado tanto pesimismo en las filas de los opuestos al independentismo. Lo de Rajoy es una vergüenza, es increíble que un presidente del gobierno, en medio del debate independentista, no conozca las propias leyes que desmontan el argumento de sus oponentes, y es más grave todavía cuando además es un argumento que saca él en el debate. Es incomprensible, parece como si Rajoy solo hablase de oídas, escuchase remotamente lo que le explican otros y solo lo repitiese, sin entender nada. Y es todavía más grave que no sepa argumentarlo cuando, realmente, el argumento era correcto en el fondo.
El independentismo ha sido muy hábil en convertir la inutilidad de Rajoy en un argumento a favor de su tesis de que los catalanes sí conservarían el estatus de ciudadanos europeos de independizarse, cuando es falso. Realmente Rajoy, que hablaba de oídas, al menos había escuchado bien. Al producirse una secesión legal o reconocida, los ciudadanos que tengan residencia en el estado secesionado deben elegir una de las dos nacionalidades, la del nuevo estado (rechazando la del estado anterior) o mantener la que tienen (lo que les llevaría a ser extranjeros en su nuevo estado). Esto está aprobado en una resolución de la asamblea de la ONU y con este procedimiento se han hecho las separaciones o secesiones últimas que han sucedido en el mundo (Montenegro, por ejemplo).
A esta convención internacional los independentistas oponen el artículo 11.2 de la constitución española, que dice que “ningún español de origen podrá ser privado de su nacionalidad”. La cuestión es que seguidamente el artículo 11.3 deja abierta la posibilidad a perder la nacionalidad y que en los artículos 25 y 25 del código civil se regula cómo se puede perder la nacionalidad siendo español de origen, y una de las formas es aceptar otra nacionalidad de un país que no tenga convenio de doble nacionalidad con España (se perdería 3 años después). Si el 11.2 implicase lo que los independentistas dicen que implica, entonces los propias artículos del código civil serían inconstitucionales
Obviamente no deben serlo, y la cuestión es que “privar de la nacionalidad” requiere un acto del estado contra el ciudadano. Si el ciudadano, libremente, elige adquirir otra nacionalidad sabiendo que no hay convenio con España y que por tanto perderá la española, no se le está “privando” de nada. Hay algún jurista que no está de acuerdo con esta interpretación, que dice que el 11.2 de la constitución es rígido y que por tanto los artículos del código civil serían inconstitucionales. Yo creo que se equivoca, pero es que en el fondo da igual.

Mirad, aquí el problema es que se mezclan las cosas y se crean hipótesis sobre futuribles intangibles. Imaginemos que realmente el 11.2 de la constitución efectivamente evita que los nuevos catalanes puedan perder la nacionalidad española… ¿y qué? ¿Es que alguien piensa que Cataluña se puede separar de España y eso no va a provocar un cambio en las leyes y en la propia constitución? Si hay una secesión pactada, el estado español cambiará las leyes para que la secesión se adapte a lo que indica la resolución de la ONU, por la sencilla razón que ningún estado va a aceptar que el 100% de los habitantes de otro estado sean nacionales suyos y tengan derecho a voto. Sería absurdo, sería como si Cataluña fuese soberana y, además, mantuviese un 20% de la soberanía de España. Obviamente eso no es así en ningún sitio, y los croatas no tienen la nacionalidad serbia, los eslovacos no tienen la checa ni los letones la rusa.
Lo que pasa es que los independentistas mezclan maliciosamente escenarios contradictorios de secesión pactada y unilateral ¿Si hay una secesión unilateral los catalanes perderán la nacionalidad española? Obviamente no, porque de pasar esto Cataluña objetiva y jurídicamente no sería un estado, seguiría siendo una parte de España y, por tanto, sus ciudadanos serian españoles. Pero es que una secesión unilateral no es nada, no vale para nada y nadie la reconocería. En el “mejor” de los casos, llevaría a una situación un tanto absurda donde Cataluña es parte de España pero al gobierno no se le obedece, sería una especie de Transnistria o Somalilandia, es decir, estados que no reconoce nadie pero que, de facto, tienen una independencia dentro de sus propias fronteras.
Esta misma mezcla de situaciones contradictorias es la que permite a los independentistas contar lo que les apetece y engañar a su gente. Cuando dicen, por ejemplo, que no se puede “echar” a Cataluña de la UE es exactamente lo mismo, mezclan situaciones pactadas con unilaterales, y crean un barullo para acabar diciendo que si nadie les reconoce no pueden perder nada (que es cierto), y que si les reconocen será un éxito ¿veis el transparente engaño? Pase lo que pase les beneficia.
Lo mismo pasa con las pensiones. Los independentistas insisten que España deberá seguir pagando la pensión de los jubilados catalanes si Cataluña se independiza, pero eso no es así sencillamente porque el sistema no podría aguantar. Si le quitas al sistema casi un 20% de los aportes no va a poder pagar las pensiones, es una cuestión meramente física.  En ese punto quedarían dos opciones, o reducir todas las pensiones o “extirpar” a los ciudadanos catalanes del sistema de reparto, y no creo que sea necesario explicar por qué se optaría por la segunda opción y por qué nadie en su sano juicio iba a recortar las pensiones un 20% a todos sus ciudadanos.

Al final la selección aleatoria de las realidades de la situación “pactista” y la “unilateral”, elegidas convenientemente para crear un mensaje fantasioso, es la mayor estafa de los independentistas y es la que permite fabricar el absurdo de una independencia sin costes. Sin embargo el independentista catalán razona siempre en términos de confirmación de Fe, de que pase lo que pase ganan. Si alguien quiere rebatir la fantasía que lo haga, pero entonces habrán entrado a debatir sobre una secesión “pactada” y, por tanto, han entrado en mi terreno, por lo que gano yo.
Me viene a la cabeza una frase del doctor Negrín en la Guerra Civil española. Negrín, hablando de los alemanes, decía que estos eran muy peligrosos para España (para la república) porque “se movían de forma unitaria, como un todo, y esto es muy peligroso para nosotros porque nosotros no tenemos fuerzas colectivas”. Aquí pasa un poco lo mismo, los no-independentistas nos movemos y actuamos sin fuerza colectiva, porque para alguien como yo Rajoy es más repelente que alguien como Romeva. Por tanto no generamos un discurso único, todo lo intentamos resolver con la razón, con la técnica o con el pragmatismo político. Sin embargo los independentistas actúan como un bloque movido por la Fe, defendiendo el mismo discurso, abrazándose entre ellos aunque sean antagónicos, defendiendo cosas que saben que son disparates porque, en el fondo, el objetivo es la unidad y el bloque.
Pero claro, los no-independentistas (o unionistas o como queráis llamarlo) no podemos hacer eso, porque comportarse como un bloque monolítico sería caer precisamente en lo que más nos espanta de nuestros rivales. Yo no soy como Rajoy, no quiero ser como Rajoy y me niego a ir con Rajoy ni a la vuelta de la esquina más allá de poder compartir cosas puntuales. Y por eso cuando Romeva hace el ridículo o los indepedentistas se empeñan en decir que los líderes internacionales no dicen lo que dicen, todos actúan haciendo bloque, negando la mayor y comportándose aparentemente casi como una secta. Pero cuando Rajoy hace el ridículo a nosotros nos pasa lo contrario, le ponemos a caer de un burro, cunde el pánico y se extiende la depresión.
Por eso este debate es tan complicado, por eso no se puede aparecer 5 minutos antes de unas elecciones y pensar que vas a ganar sin bajar del autobús. Aquí había un debate moral y de valores que había que haber hecho durante años, cuidadosamente y sabiendo que tienes en frente un bloque monolítico que razona en base a la Fe y que, por tanto, hay que destejer una tela de araña complicadísima. Es una tarea muy fina que no puedes sustituir con matar moscas a cañonazos.

Yo no sé qué pasará el domingo, no sé si Junts Pel Sí más las CUP sacarán menos del 50% de los votos pero más del 50% de los escaños como indican las encuestas, o si sacarán menos o más en ambos casos. La verdad es que, para nosotros, es irrelevante. La independencia unilateral no es posible, la secesión pactada requiere una profundísima reforma constitucional que debe validar el pueblo español independientemente de qué hiciesen los partidos, y la negociación de cualquier mejora parece complicada, cuando no imposible. El PP no va a negociar nada (tiene demasiados incentivos para no hacerlo) y probablemente nadie acepte negociar con dirigentes independentistas que hablan en términos de amenazas y ruptura legal, pues sería interpretado como un chantaje y eso no pueden permitirlo. Al final la solución que sea va para largo, y seguramente tendrán que cambiar todos los actores a un lado y a otro para que pueda llegarse a alguna entente.
Por eso lo fundamental es comenzar a hacer pedagogía y todo el trabajo que no se ha hecho en estos años a partir del lunes. Tengo la sensación que si los debates sobre los costes y posibilidades de una secesión se hubiesen hecho antes, y si las explicaciones de gentes como Borrell, Garicano o el propio Margallo se hubiesen prodigado más durante estos años, en un debate calmado, respetuoso y técnico, ajeno al ardor electoral, muy probablemente las posibilidades de victoria de fuerzas que proponen una secesión unilateral (honestamente o por pura pose) hoy serían nulas.

1 comentario:

  1. Totalmente de acuerdo en lo que escribes. Vivo en Barcelona y es desesperante la sensación de que carecemos de un relato efectivo contra el humo que venden los secesionistas, en parte porque sus reacciones son similares a las de una secta y siempre se escurren, oscilando entre argumentos y emociones, como bien observas.
    Creo que en parte es debido a que hay un grupo de gente que debería tener responsabilidad cívica y que ha fallado en todo el procés. Me refiero a los intelectuales y profesores universitarios catalanes. Allí donde deberían mostrar cordura, conocimiento de la historia, de la economía y de la política, los secesionistas catalanes (por ejemplo, Galí, Sala-i-Martí, Mas-Colell en economía, pero Fontana o Borja de Riquer en historia, López Bofill en derecho) se han dejado llevar por sus prejucios para dar una pátina de responsabilidad a lo que no deja de ser un planteamiento adolescente sobre el mundo donde basta la voluntad de uno para que todo sea posible sin que los demás tengan ni voz ni voto. Escriben bien, son inteligentes y hábiles con la palabra, pero en lugar de sentido crítico, jalean a la població y sin duda se sienten sin duda orgullosos de ser la vanguardia del procés. Cuando la historia de este desaguisado se escriba, creo que ellos serán de los que saldrán peor parados. Junto a la izquierda catalana, todo sea dicho, pero eso es otra historia y para otro día.

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