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viernes, 23 de octubre de 2015

Ciudadanos: El cambio necesario...en los 90














Después de su éxito en las elecciones catalanas Ciudadanos (C’s) se ha disparado en las encuestas. Esto es lógico pues corresponde a un efecto normal y observado en demoscopia en los partidos que vienen de éxitos electorales, que se disparan en las encuestas temporalmente, para luego bajar. Esto, además, es la segunda vez que pasa con C’s, pues después de su reaparición fulgurante en el panorama nacional a finales del año pasado también subió mucho, para luego bajar cuando la realidad de las elecciones autonómicas demostró que no eran tan fuertes como se suponía.
Aun así y aunque vuelvan a bajar (que seguramente lo harán), C’s va a ser un partido importante en el nuevo parlamento y quizá para la formación del nuevo gobierno. De hecho es con casi toda probabilidad el socio preferente para los dos partidos mayoritarios, que ya se entienden con ellos en las diversas autonomías.

C’s se está vendiendo como la herramienta para la regeneración de la democracia española, el problema es que actualmente esto es algo insuficiente para corregir nuestros problemas como país. Nuestro país tiene dos problemas fundamentales, uno es efectivamente que nuestra democracia ha degradado y ha dejado translucir todos sus problemas de génesis al mismo tiempo, pero es que hay otro problema fundamental que es la desigualdad creciente. Y las propuestas de C’s en este último campo no son satisfactorias, más bien todo lo contrario.
Nuestro país generó en 1978 una democracia con defectos e imperfecciones. Sería muy largo de comentar, pero resumiendo mucho digamos que nuestra democracia creó un sistema político demasiado “controlado” por el ejecutivo, que debía extender su influencia sobre el resto de poderes. Adicionalmente se mantuvieron estructuras tradicionales que resultaban absurdas, como las diputaciones o el senado, y la propia naturaleza de la transición dejó el poder económico en mano de una élite que provenía del franquismo, acostumbrada a vivir del favor político.
Creo que en la mente de muchos de los legisladores estaba la idea de que estos problemas se irían corrigiendo poco a poco y que se producirían reformas políticas en cuestión de unos años, cuando la democracia se hubiese consolidado. Sin embargo la generación de un bipartidismo sólido derivó en un acomodamiento de esas nuevas (o no tan nuevas) élites políticas a la situación generada. Políticamente nada cambió con los años y el cambio generacional, el enchufismo político, la corrupción, la tendencia a no asumir responsabilidades, el servilismo de los medios de comunicación con el poder, las decisiones arbitrarias del gobierno y muchas otras malas prácticas se mantuvieron.
A nivel económico el país tampoco evolucionó mucho, a pesar de los enormes esfuerzos presupuestarios en educación. Las reconversiones industriales obligadas por la realidad internacional dejaron al país con una élite económica compuesta por constructoras y bancos que estaban en manos de los hijos de las élites franquistas (con una destacada excepción), creciendo las primeras de la mano de los gobiernos y de la obra pública y consolidándose las segundas de la mano de una política económica ortodoxa y de una financiarización económica creciente.

Posiblemente la lógica de los acontecimientos indicaba que, a mediados de los 90, una generación después de la transición, se debía haber hecho una segunda transición en España. A nivel político hubiesen procedido medidas regeneracionistas como las que ahora propone C’s (exceptuando quizá las primarias, que es algo más moderno) y el replanteamiento de muchas de las estructuras y costumbres políticas. Hubiese sido conveniente por fin “cerrar” este sistema autonómico provisional, eliminando las redundantes diputaciones y mirando qué demonios se hacía con este senado decimonónico, e igualarnos a las prácticas más avanzadas de los países de nuestro entorno.
A nivel económico, después de la caída del muro de Berlín y la “victoria” del capitalismo, quizá hubiese sido coherente con la época reformar el rígido sistema socio-laboral y haber abrazado muchos de los planteamientos flexi-seguritarios tan de moda entonces entre el social-liberalismo europeo. Sí que se hicieron “flexibilizaciones” sobre el empleo temporal o el despido, pero realmente no se cambió el sistema demasiado. Quizá hubiese sido el momento de plantear los complementos salariales, subidas de los impuestos indirectos o plantear modalidades contractuales con menor protección a cambio de algún servicio adicional. No digo que fuese lo adecuado, ojo, simplemente que era coherente con la época.
Pero nada de eso se hizo, no se cambió nada del sistema político ni de sus usos y costumbres y económicamente se avanzó en privatizaciones y desregulaciones, pero no en lo que ahora se llaman “reformas estructurales”. Y quizá por eso, o en parte por eso, las privatizaciones en España se hicieron con los amiguetes y las concesiones de obra pública y servicios públicos externalizados se hicieron con la falta de transparencia y adecuación que ahora conocemos (aunque siempre sospechamos).

Pero los momentos históricos evolucionan y España no está ya en esa situación. La crisis de 2008 ha traído a todo occidente una desigualdad creciente y aparentemente imparable, y España es de los países más afectados. Ahora somos víctimas estructurales de nuestra ausencia de reformas pero paradójicamente también a causa de todos esos cambios privatizadores, flexibilizadores y pro-business que se hicieron en esos años.
Algunos dicen que el problema es que se hicieron las privatizaciones y las flexibilizaciones, pero no las reformas que ahora planea C’s. Lamentablemente ese punto de vista no parece sostenerse cuando vemos como en todos los países que sí hicieron reformas similares ha aumentado la desigualdad. No es ese el problema pues, haber hecho esas reformas (o hacerlas ahora) no hubiese evitado el aumento de la desigualdad o no la disminuiría de hacerse ahora, como mucho le podríamos conceder el beneficio de la duda de que, quizá, hubiese ralentizado su expansión.

La Europa de 2015, a nivel económico, tiene un problema fundamental y se llama desigualdad. Y no es cuestión sólo de que haya un 22% de desempleo, el problema fundamental es que el  trabajo que pueden conseguir estos desempleados es precario, a tiempo parcial y muchas veces no saca al trabajador de la pobreza. Que el trabajo ya no saque de la pobreza a la gente es un hecho de suma gravedad y que no se arregla solo con un complemento salarial, se arregla repartiendo los beneficios de la productividad de otra manera.
Y no es solo ni fundamentalmente la desigualdad presente, es que la estructura generada lleva inexorablemente a más desigualdad. Actualmente en España sobrevive cierto tipo de “comunismo familiar” donde se está resistiendo a la crisis humanitaria en base a la solidaridad intergeneracional en las familias. Hay familias que viven de la pensión del abuelo y en su casa ya pagada, otras porque los jóvenes prorrogan indefinidamente su emancipación (al no tener ingresos suficientes) y añaden su escaso sueldo a los gastos comunes en una especie de mini-economía de escala que permite aguantar la situación.  Pero este “comunismo familiar” no va a poder durar indefinidamente. Por primera vez en 2014 las nuevas pensiones han caído, provocado probablemente porque el desempleo ha hecho estrago en muchos actuales jubilados a final de su vida. Y este proceso seguirá y llegará el momento en que las nuevas pensiones serán menores que las de quienes fallecen. La reforma de las pensiones y la caída de los sueldos hace inevitable este proceso a no ser que cambien radicalmente las cosas.
Todas estas realidades deben ser combatidas, pero para ser combatidas deben ser reconocidas como problema fundamental. No es un problema entre insiders y outsiders, no es un problema entre pensionistas y trabajadores, es un problema de repartición de los beneficios de la productividad, del valor del trabajo y de la acumulación de riqueza. Con fantasías de que con mejor regulación y menos trabas burocráticas se arregla todo o con falacias del tipo de juego de suma infinita* no se enfrenta este problema.

No voy a negar que lo que propone C’s es conveniente e incluso atractivo en facetas de reforma de la política y el estado, estas son ideas que pueden ser defendidas de forma transversal y que habrá que convenir con ellos, mediante una amplia reforma de la constitución. Pero estas reformas necesarias lo son porque vamos con 20 años de retraso. Son las reformas que se debieron hacer a final del siglo pasado.
Pero a nivel económico C’s no es solución. Si el país acaba abrazando el proyecto de C’s, bien aplicado en primera persona bien por influencia en gobiernos compartidos, lo único que nos vamos a encontrar en el crucial terreno de la desigualdad son parches y tratamientos paliativos. Y eso es mejor que el inmovilismo de Rajoy, qué duda cabe, pero la aspiración política debe ser ofrecer soluciones estructurales, contundentes y que ataquen los problemas de raíz.

Cuando veo cómo se presenta a C’s como el partido que va a traer casi la redención a España me asusto. Y me asusto porque, si llegásemos a confiar en C’s para cambiar nuestro país, nos íbamos a llevar una gran decepción a la vuelta de unos años (ya lo dijo Rivera: La decepción con los nuevos partidos será todavía mayor que con los antiguos). C’s hubiese sido ese gran partido de centro que podía haber cambiado este país a finales de los 90, en la época del socio liberalismo al que pertenece. Ahora ya no estamos en esa época, ahora estamos como estamos precisamente porque ese socio liberalismo ha fracasado (no hay más que ver la evolución de los partidos del ALDE en los grandes países de Europa), y por tanto no me parece que esa pueda ser la solución.
Aunque sea dando palos de ciego necesitamos políticas atrevidas, novedosas y que ataquen el problema de la desigualdad de raíz. Abrazar políticas de una época anterior, por mucho que para nuestro retrasado país sean novedosas, me temo que nos llevará a perder un tiempo precioso que mucha gente no tiene.


*Lo que llamo “juego de suma infinita” es la contraparte del “juego de suma cero”. Los liberales critican que la izquierda piensa que la economía es un juego de suma cero, es decir, que la generación de riqueza es constante e independiente de las condiciones y que lo único que importa es como repartirla. En parte tienen razón, pero ellos caen en una falacia contraria, que yo llamo juego de “suma infinita”, que consiste en suponer exactamente lo contario, que la riqueza se puede crear sin límites y que por tanto su distribución no importa.
Y eso es falso, la economía consiste en gestionar recursos limitados y el crecimiento no se puede multiplicar indefinidamente y alcanzar a todos sin coartar su acumulación, es una falacia creada para justificar políticas “pro-business”. La repartición de la riqueza es importante precisamente porque esta no es infinita y además porque la propia repartición incentiva la generación de riqueza y evita situaciones dependencia de unas personas respecto a otras.

2 comentarios:

  1. Yo estoy convencido de que la desigualdad es una reivindicación del liberalismo moderno. Por ello no se puede esperar que la mayoría de los partidos defienda la igualdad de forma eficaz. Para el liberalismo actual (que quizá no se parece en nada al liberalismo del siglo XIX, y debería llamarse de otra forma en lugar de apropiarse de un nombre que no le corresponde), todos nacemos genéticamente diferentes, por tanto con capacidades diferentes, y esas capacidades nos deben llevar a alcanzar privilegios diferentes. De ahí el concepto de ”meritocracia”. El que es rico lo es porque se lo ha ganado, y el que es pobre, también. Los ricos son las personas más capacitadas de la sociedad, por ello deben gobernar. En realidad, tras estas falacias, el liberalismo se descubre como una simple herramienta para la oligarquía, que utiliza para perpetuar sus privilegios. En un régimen liberal, los hijos de los pobres reciben una educación de inferior calidad que los hijos de los ricos, de forma que éstos se enfrentan a menos competencia a la hora de abrirse paso en la vida. Al contrario, si todos los menores reciben la misma educación, todos parten en parecidas condiciones y la competencia que sufren los hijos de los ricos, es mayor. Este estado de cosa es el que el mal llamado liberalismo pretende evitar.

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  2. Menuda pájara, Antonio...

    Me doy cuenta de que todas las críticas al liberalismo son más instintivas que racionales. Es como si en vez de leer a sus autores y lo que se proponen en sus textos algunos os dedicarais a olfatear qué es el liberalismo. Las intenciones ocultas, la agenda negra de eso que huele a gran capital. Al final es la típica sobre-simplicación de la realidad que es lo único que permite a un izquierdista pata negra irse a dormir tranquilo y no romper nunca con los esquemas con los que uno se hipoteca intelectualmente en la facultad.

    Lo de la meritocracia como justificación de la desigualdad y la plutocracia, es, de lejos, el mayor contorsionismo intelectual que he escuchado últimamente. Y mira que la tropa catalana está haciendo méritos.

    Por cierto, C's es tan liberal como Rallo keynesiano. C's es liberal porque es la única forma de que aún quede alguien fichando en Ferraz.
    Si el PSOE o Podemos llegaran a tener la ocurrencia de reconocer que C's no son más que otros socialdemócratas a la escandinava, le puedo asegurar que el tan deseado gobierno de izquierdas ocurriría el 20D. El problema es que el presidente sería Rivera, Iglesias volvería a sus tuerkas y Sanchez a tecnocasa.

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