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lunes, 19 de octubre de 2015

Pablo Iglesias necesita un asesor de imagen














No, a pesar de lo que pensáis este escrito no trata del debate de ayer entre Albert Rivera y Pablo Iglesias, trata sobre una entrevista de unas semanas antes que le hizo Ana Rosa Quintana a Pablo Iglesias. Como lo tengo escrito hace tiempo lo copio aquí y al final hablaré un poco del debate de ayer:


Pablo Iglesias es un tipo muy inteligente, si no fuese así no se entendería cómo ha podido sacar un partido prácticamente de la nada a través de sus intervenciones televisivas y de su cuidada escenografía. Obviamente hay mucho trabajo, muchos años de entrenamiento presentando La Tuerka, mucho conocimiento de comunicación política, pero también hay inteligencia, astucia y habilidad.
Hay situaciones en que se ve la habilidad de Pablo Iglesias. Por ejemplo, el otro día en una entrevista con Carlos Herrera, el entrevistador dijo esto: “Espero que el Papa no tenga nada que ver con Corbyn, que es la tercera vuelta de noria del socialismo europeo, particularmente el británico, hacia la regresión ideológica. Es un excéntrico, es la ultraizquierda más anacrónica. Si usted quiere parecerse a eso, no le arriendo las ganancias”. Ante algo así, Pablo respondió “Eso son juicios de valor. Es como si alguien dijera que las opiniones de usted son anacrónicas o de extrema derecha. Eso son juicios de valor”. La verdad es que ante un comentario así por parte del entrevistador no hay mejor respuesta, una respuesta hábil, inteligente y lo suficientemente sutil para que no se le tilde de agresivo.

No obstante Pablo Iglesias, en estos momentos donde tiene el foco mediático encima de él, comete también muchos errores. Una cosa que me parece incomprensible es lo terriblemente transparente que es en ciertas situaciones. La mitología que han creado sus oponentes es que Iglesias y los suyos ocultan sus verdaderas intenciones y no se puede confiar en lo que dicen, pero realmente es lo contrario y eso se puede ver en los programas de La Tuerka. Sólo hay que ver a Pablo Iglesias entrevistas a cualquiera en Otra vuelta de Tuerka para que desgrane por qué hace las cosas, cuales son sus fuentes “ideológicas” y qué pretende obtener de cada uno de los gestos que hace. Si quieres saber quien es Pablo Iglesias no tienes más que ver La Tuerka, donde actúa como si pensase que no le ve nadie, o quizá es que piensa que sus oponentes son tan cafres que no van a entender sus argumentaciones (que ciertamente siempre tienen un poso polítológico y un cuerpo ideológico bastante robusto).
De todas formas hay otro punto fundamental donde creo que Pablo Iglesias está fallando, y es en su imagen pública. Sé perfectamente que él intenta dar una imagen de absoluta normalidad personal y que además intenta mantener sus hábitos de vida normales, y lo hace como contraposición a los políticos tradicionales. Mostrarse como un tipo corriente y un tanto alternativo es una imagen que no se evita, es una forma de mostrarse “gente corriente” frente a políticos moldeados por ejércitos de asesores. Y eso está bien, y no lo critico en absoluto, sin embargo esta naturalidad está llevando a ciertas cosas que le son perjudiciales.

Esto que comento se vio en el programa de Ana Rosa, en una especie de reportaje que se llamaba “24 horas con Pablo Iglesias” y que parece que la presentadora va a repetir con otros líderes. El reportaje consistía, como su propio nombre indica, en pasar un día con el líder de Podemos para mostrar su día a día y su imagen más personal.
La entrevista comenzó por la mañana en la puerta de casa de Iglesias, donde él y la presentadora se fueron a hacer running. Ahí más o menos todo estuvo bien, él se mostró como un tipo sencillo que vive en Vallecas y parecía que seguía casi con las mismas rutinas y tipos de vida que antes de ser político.
Después subieron a casa de Iglesias y fue la primera sorpresa. Iglesias vive en la típica casa pequeña heredada de un familiar, con un mobiliario anticuado y parecía bastante poco cuidada. No sé decir si esa imagen es buena o mala, imagino que esa imagen de austeridad atraerá a mucha gente, pero os tengo que decir que se me hizo un poco impostada. Tener un par de muebles de Ikea tampoco convierte a nadie en un burgués, y a veces esta imagen de excesiva austeridad convierte a uno en la caricatura que ciertos posicionamientos reaccionarios pretenden imponer a alguien para que demuestre su pedigrí izquierdista.
Al subir a la casa la presentadora se encontró a Iglesias con el pelo suelto y se pudieron a hablar de su pelo largo. Ana Rosa dijo sobre el pelo largo: “Un poco Peter Pan es esto”, a lo que Pablo respondió “Es muy Peter Pan”.... A ver Pablo, no puedes responder que llevar coleta es muy “Peter Pan” hombre, primero porque no lo es (o no debería serlo) y segundo porque da una imagen poco seria del candidato. El “peterpanismo” puede ser gracioso para irte de copas, pero para las señoras amas de casa y jubiladas que ven el programa de Ana Rosa no creo que sea un factor atrayente hacia un candidato.

Este solo fue el primer error de Pablo. Hablando de la casa y de que era heredada, Pablo comentó: “Yo venía aquí a estudiar o de picadero, ya sabes, era adolescente”....Que sí, que está muy bien tener una casa de picadero (ya hubiese querido yo tenerla cuando era adolescente), pero no me parece que aporte nada comentar eso. Que es muy natural y muy normal, como cuando habla de que ligaba mucho de chaval (algo que repite mucho y no entiendo por qué), pero hay normalizaciones que son excesivas delante de determinado público. Y si acaso, hombre, di que te traías alguna chica o algo así, no digas “picadero” que las pobres abuelas estarán pensando en lo que hacen sus nietos por las tardes...
Más errores, este muy grave en mi opinión. Pregunta de Ana Rosa: “¿Has sido muy mimado por ser hijo único” y respuesta: “Muchísimo, además me criaron tres mujeres (…) He sido muy consentido”...Esta es otra normalización que quizá era mejor no decir, porque a la gente en general y sobre todo a la audiencia de ese programa no creo que le guste pensar que un futuro presidente del gobierno era de niño un consentido. Que tampoco pasa nada, porque lo importante es cómo eres ahora, y esa frase está muy bien si luego cuentas como te has hecho responsable y maduro. Pero es que Pablo siguió con esto: “sigo siendo caprichoso, quiero esto y lo quiero ahora”....Pero macho, ¿¿Cómo demonios dices que eres caprichoso?? Yo no quiero un presidente del gobierno que sea caprichoso, o por lo menos que lo lleve casi como bandera o como algo positivo. Además, mucha casa de la tía abuela de 60 m2 para acabar diciendo que eres caprichoso, con lo que anulas todo el efecto austeridad que habías conseguido antes.
Y es que, cuando salió el tema de los hijos, cayó una vez más en lo mismo. Respuesta de Pablo a una pregunta sobre los hijos: “Para tener hijos hay que ser muy generoso y tener tiempo, y yo no sé si sería lo suficientemente valiente y generoso, y tiempo no tengo mucho”....Ya no es que el aspirante a presidente del gobierno diga que es caprichoso, es que dice ¡¡Que no se ve generoso para tener hijos!! Lo que piensa aquí el espectador es que un tipo que no se ve generoso para ser padre no debería ser presidente del gobierno que, en cierta manera, se identifica como una figura que debe darlo todo por los gobernados.

Objetivamente nada de lo que dijo Pablo es importante. Yo entiendo perfectamente que de adolescente hiciese pellas, que se fuese a casa de su tía abuela a cepillarse a las chavalas, que diga que es caprichoso o que no se ve lo suficientemente generoso para tener hijos. Me parece normal, absolutamente normal, y lo entiendo todo en su contexto. Pero Pablo debe saber ya que la política al más alto nivel es una jungla, donde todo se descontextualiza y se malinterpreta, y que la gente quiere ver a un tipo “normal” en la política, sí, pero no “normal” en sus instintos, sentimientos y pensamientos. La gente quiere normalidad en su vida, pero excepcionalidad en el comportamiento.
Por eso figuras como Mónica Oltra, tan “maternales”, son tan atractivas. Yo no me imagino a Mónica diciendo nada de esto, más que nada porque ella tiene dos niños africanos adoptados que son sus hijos y porque su fuerte político es que se desvive por los problemas de los demás, que tiene una empatía muy poderosa. Esa mezcla de “normalidad” en el tipo de vida (no ostentación, no parecer ser una persona que vive en entornos sociales alejados a lo habitual) debe estar acompañada con cierta excepcionalidad en el comportamiento. Y no es cuestión de pedir ser un ser de luz, es tener unas ciertas características personales orientadas al servicio a los demás.

Creo que a Pablo le hace falta un asesor de imagen y, si ya lo tiene, cambiarlo, porque la imagen proyectada no me parece muy buena. Cuando salga Pedro Sánchez aparecerá en pantalla un super-padre, un super-marido, el mejor jefe, el mejor amigo, un tío sensible, y cuando acabe el reportaje las señoras y señores que vean el programa se quedarán encantados y deseando votarle, que es de lo que se trata y es para lo que aceptas reportajes un tanto frívolos como estos. Y la imagen de Pedro Sánchez seguramente será falsa, en la intimidad dirá palabrotas, habrá hecho fechorías de joven o no tan joven y perderá los papeles con sus hijos cuando se pongan cabezones, pero eso no tiene por qué mostrarse. Y puedo entender que sea una estrategia no parecer un personaje falso y precocinado, pero tampoco debes irte al extremo contrario porque es igual de malo.
Tantos años preparando un lenguaje efectista, atractivo y adaptado a la sociedad mediática, y luego cometen estos errores absurdos que parecen fruto, además, de no entender el pensamiento de la gente (que es precisamente lo que han estudiado tanto tiempo). Yo no lo entiendo, no puedo entender cómo han descuidado áreas clave para la fabricación de un candidato.


Respecto al debate entre Albert Rivera y Pablo Iglesias...Pues Albert estuvo mejor, y estuvo mejor fundamentalmente porque el discurso de Pablo está agotado hace mucho tiempo. Lo dije EN NOVIEMBRE DE 2014, el discurso de Pablo Iglesias comenzaba a fallar, y ha pasado un año desde entonces y las correcciones del discurso han sido mínimas. Y eso es incomprensible, parece como si estuviese anclado en el tiempo, resistiéndose a aceptar que todo lo que entendía y proyectaba el otoño pasado ya no sirve.
Albert Rivera, sin ser un buen orador, es un tipo muy natural y transmite una imagen de confianza y normalidad. Es un tipo listo, sabe lanzar puyas casi sin querer, en medio de argumentaciones para que no le puedan rebatir. Ayer demostró que lleva un discurso mejor preparado, más estructurado, con más datos que lo sustenta, y parece que se prepara mejor las intervenciones. Supo entender mejor que Pablo ese equilibrio entre la normalidad y el debate con un rival. Aunque los medios de comunicación han maximizado la actuación de Albert Rivera y han hundido excesivamente a Iglesias, la verdad es que, excepto en un par de puntos, Rivera estuvo mejor que Iglesias. 

4 comentarios:

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  2. Ayer Pablo Iglesias aprendió una lección. La lección de que Pablo Iglesias ya no es el presentador de la Tuerka. Ni el profesor de la Complutense que le canta las cuarenta a los fachorros en el gato al agua. Ni siquiera es el Pablo Iglesias fundador de Podemos. Ayer Pablo Iglesias se coscó, en prime time, delante de 5 millones de personas, de que quiere ser el presidente de España. Y se dio cuenta de que para ser presidente de un país tienes que convencer a una mayoría, a la que ni le vas ni le vienes, de que entiendes muy bien lo que quieres y cómo lo vas lograr. Ayer Pablo Iglesias se dio cuenta de que sólo puede ofrecer una serie de convicciones, morales e ideológicas, de lo que él entiendo como un país honrado y una sociedad justa. Pero en eso, aunque se le caiga un mito a la izquierda, todos los aspirantes con posibilidades a la Moncloa están, especialmente si hay una cámara delante, bastante de acuerdo. Y de hecho ayer Iglesias reconoció, con ese "si seguimos así nos presentamos juntos" que C's y Podemos, en los objetivos, en la brújula moral, coinciden ampliamente. Nada raro teniendo en cuenta que C's es un partido de clara influencia socialdemócrata, nórdica para más señas, pero eso se lo dejo a García Dominguez.

    El tema, pues, ya no es el qué. Es el cómo. Y ayer, Pablo Iglesias, se dio cuenta, removiendo lo que quedaba de azucarillo en aquel vaso mohoso, de que aun no ha pensado en un cómo.

    Podemos me recuerda al gag aquel de South Park de los underpants gnomes. El plan de los gnomos era el siguiente:
    1. Robar calzoncillos,
    2. ???
    3. Ganancias.

    Pablo Iglesias sigue diciéndonos, divagando entre lo divino y lo prosaico, que, como los gnomos de South Park, robando gayumbos, de algún modo que aun está por ver, uno se forra. Pero Pablo Iglesias no cayó en la cuenta de que su techo de fieles, los que se conforman con ese interrogante gigante entre robar calzoncillos y hacerse de oro, lo tocó hace mucho tiempo. Ayer la cosa iba de convencer al hereje, no de agitar al converso. Y Pablo Iglesias se dio cuenta de que no tenía nada que aportar que fuese tangible, convincente, aplicable a dos meses vista cuando los españoles le diesen la hipotética llave de Moncloa.

    Rivera estará más o menos equivocado. Estará más o menos despegado de la realidad española o tendrá una visión demasiado optimista de las dinámicas de mercado. Pero tiene un plan. Ayer Pablo Iglesias tuvo una oportunidad de oro de demostrar que el plan de Rivera podría ser contraproducente, negativo o erróneo y haberse sacado de la manga una batería de contra-propuestas, cuantificables y contrastables, de como llevarnos hasta su visión de España.
    Por el contrario, lo único que pudo espetar fue, ante la crítica de Rivera de su falta de concreción un "es verdad" que dejó a Évole y a 5 millones de españoles con el culo roto.

    Iglesias debería de haber caído mucho antes de sentarse en la silla del Bar el Cuco de que ya no es un profesor de ciencias políticas que divaga a postadolescentes sobre el Principe de Maquiavelo, sino el candidato a la presidencia de un país con fuertes problemas estructurales, tanto políticos como económicos. Su papel ya no es denunciar los abusos y la corrupción, lo que le ha servido para rascar 5 escaños en unas Europeas y un par de alcaldías a pachas, sino llevar al país hasta la honradez y la prosperidad que él dice ser capaz de alcanzar. A Iglesias no le consta que un líder no es sólo alguien que sabe hacia donde va, sino, especialmente, alguien que sabe cómo se llega.

    Guste o no guste ayer hubo sólo uno que se sentó a la mesa como candidato a la presidencia. Y esa es la verdad, aunque escueza.

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    1. Albert Rivera vendía preferentes en La Caixa y ahora las vende a los españoles. Más de lo mismo.

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