La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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miércoles, 25 de noviembre de 2015

Qué vergüenza Mariano, qué vergüenza















Mariano Rajoy era un presidente acabado cuando llevaba poco más de un año de gobierno. El escándalo de los papeles de Bárcenas, SMS incluido, hubiese provocado la dimisión de la mayoría de dirigentes de Norteamérica y la Europa occidental, pero Mariano sobrevivió gracias a que en España el concepto “responsabilidades políticas” no aplica. Aguantó el peor momento, pasó de puntillas por el palo de las europeas de 2014 y salvó mínimamente la cara en las autonómicas y municipales de 2015 gracias al apoyo de C’s. Había aguantado la legislatura casi milagrosamente.
Pero además de eso recibió un regalo del cielo. El desafío catalán, con amenaza de ruptura institucional, fue un regalo para él porque por primera vez se pudo mostrar como un estadista. Llamó a la Moncloa a todo el mundo, no sobrepasó ningún límite en sus acciones y por primera vez se le vio un hombre confiable y que sabía lo que hacía. Y, como bonus, otro regalo: Los atentados de Paris le sirvieron para fortalecer este perfil y para crear esa sensación de miedo y ganas de venganza que tanto favorecen a los gobiernos y que sirve de arma arrojadiza contra determinados opositores.

En este contexto la campaña que tenía que hacer el PP parecía fácil. No había más que potenciar esa imagen de estadista de Rajoy, esa nueva cara moderada y fría que transmuta su incapacidad para tomar decisiones en sabia paciencia. Con suerte el PP se podía mantener cerca del 30% de los votos y, con la ayuda de C’s, seguir gobernando. Era sencillo, pero el PP es capaz de convertir la oportunidad en desastre.
En estos días se están programando los debates de la campaña electoral entre los distintos líderes. Generalmente los debates electorales no son demasiado buena idea para el candidato que va el primero en las encuestas y más si es el del partido del gobierno, porque tiene muy poco que ganar y mucho que perder. El PP nunca ha aceptado, estando en el gobierno, hacer debates electorales, y siempre que se han hecho ha habido un presidente socialista, pues éstos se ven obligados a mantener las formas por una cuestión de etiqueta. Hubiese sido lógico, pues, que en un entorno bipartidista el PP se hubiese negado a hacer un debate electoral. La negativa impide que haya debate y así se evita un riesgo.
Pero España ya no está en un entorno bipartidista, sino pluripartidista, y por tanto la no presencia de un candidato en el debate no lo evita. Estamos viendo cómo Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera están dispuestos a ir a los debates, y tan sólo Rajoy evita ir. Como el debate tiene lugar el PP manda a la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaria a debatir con los candidatos de otros partidos.

No ir a los debates cuando todos los demás van es un tremendo error. Este error ya lo cometió Rita Barberá en las pasadas elecciones municipales, negándose a ir a los debates mientras los otros seis candidatos sí que iban. Hablamos de debates en radios o televisiones locales, mucho menos relevantes que un debate entre candidatos a la presidencia del gobierno en Prime Time, pero aún así eso le hizo daño. El resto de candidatos atacaron igual a la alcaldesa y ésta quedó como una cobarde que se escondía. Para evitar un linchamiento, acabó linchada igual pero, además, quedando como una cobarde y una arrogante que pensaba que no tenía que ir a los debates ni tener ningún detalle con la ciudadanía.
A Rajoy le va a pasar lo mismo. El resto de candidatos no perderán la ocasión para atacar al presidente por su incomparecencia y su falta de respeto a la ciudadanía, y Soraya no podrá defenderle de los golpes. Este es un debate que va a batir récords de audiencia y cada vez que se enfoque al candidato del PP y éste sea Soraya y no Rajoy, serán votos de indecisos que se irán a cualquiera de esos partidos pero no al PP.

Mariano Rajoy ya he rechazado dos debates a los que van a ir el resto de sus competidores, el de EL PAÍS y el de Atresmedia. Se ha excusado por problemas de agenda pero eso no se lo cree nadie porque Don Mariano sí tiene tiempo para asistir a todo tipo de actores electorales y frivolidades varias.
Porque a los debates no acude, pero sí acude a cualquier otra entrevista o acto en las que se ve cómodo. Por ejemplo, Mariano ha ido a la cadena COPE pero no a una entrevista, no, ¡A comentar un partido de fútbol! Los políticos últimamente van a cualquier programa en que les dejen estar y de hecho creo que el resto también van a comentar partidos de fútbol, pero el problema no es ir a hacer este sainete sino tener tiempo para esto y no para un debate. Rajoy también ha aceptado ir al programa de ese conocido progresista que se llama Bertín Osborne y, como colofón, irá a “Qué tiempo tan feliz” con Maria Teresa Campos para rememorar antiguos y plácidos tiempos.
Esta elección de espacios a los que asistir provoca una mezcla de perplejidad y risa. Es la evitación descarada de cualquier situación que le pueda poner en un mínimo compromiso y, en cambio, parece que quiere captar/consolidar el voto de los jubilados, las amas de casa y los futboleros.

A mí, como español, la actitud del presidente del gobierno me da vergüenza. No es solo que huya de sus rivales, es que sólo se mueve en entornos facilones en los que no le van a poner en aprietos. El presidente ignora por completo al electorado, no respeta al votante, y parece que su único objetivo es ir a por el voto de mayor edad y menor formación. Y este es el que lleva un mes haciéndose pasar por estadista.
Si alguien tenía dudas sobre si votar al PP o a otro partido espero que esta actitud del presidente le haga salir de dudas. Alguien que no es capaz de debatir sus planteamientos delante de rivales y periodistas serios no es de fiar. El voto debe ser respetable, y evidentemente no lo es si se vota a alguien que no respeta ni a sus rivales, ni a sus electores ni la inteligencia de su pueblo.

2 comentarios:

  1. La pregunta del millón es: ¿esta negativa a aparecer en debates (o enviar a otros en su lugar) realmente le perjudicará? Los estudios demoscópicos señalan que 'amas de casa y jubilados' conforman, de hecho, una buena parte de los votantes que le quedan al PP. Probablemente crean (no sé con cuánta razón) que esta imagen cercana y frívola les beneficia de cara a conservar a este sector del electorado menos exigente y más despolitizado. Después de todo, Ciudadanos ha crecido empleando una estrategia parecida (vender imagen de juventud, regeneración y simpatía, pero sin discutir en mucha profundidad sus propuestas programáticas, no vaya a ser que la gente se entere de lo que son).

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  2. Vergüenza y PP suelen ir unidos, con Rajoy no puedes pedir mucho, pero el que Pedro Sanchez se niegue a ser entrevistado por Ana Pastor también es bastante penoso.

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