La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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lunes, 29 de junio de 2015

Grecia y la manipulación de los medios

















Grecia amanece hoy en medio de un corralito parcial. La situación ha llegado a un punto que no esperaba, ante el enquistamiento de las negociaciones y la cerrazón de las “instituciones” en no aceptar la evidencia que Tsipras y Varoufakis no paran de explicarles: Que las medidas propuestas solo hacen más daño y que la deuda griega no se puede pagar por mecanismos convencionales.
Estas dos evidencias, palmarias y conocidas por todos, están siendo ignoradas en todos los análisis mediáticos de forma absolutamente escandalosa. Se presenta a Tsipras y Varoufakis como unos izquierdistas locos e irresponsables que van a llevar a su país a la ruina, como si en la Grecia que comenzaron a gobernar hubiese otra cosa que ruina o cómo si lo que propusiesen fuese una locura y no la desesperada reacción ante exigencias inaceptables.

El debate político y económico sobre la situación evidentemente tiene muchos matices y todos se pueden discutir. Quizá Varoufakis sea arrogante, Tsipras no tenga tacto para negociar y Syriza no entienda cómo funciona la política europea, yo no digo que no. Todo eso se puede discutir y aceptar. Pero nada de eso se puede usar como prueba de carga cuando se ignora adrede que lo que se le está pidiendo a Grecia es un suicidio y que, a nivel teórico, al gobierno griego le asiste la razón, tanto técnica como moral.
Es terrible asistir a la deformación de la realidad que hacen los medios de comunicación. Desde el mismo momento en que el gobierno de Syriza tomo posesión nos han estado avisando de que Grecia iba a ir a la ruina (como si no estuviese ya). No había semana en que no saliese una noticia que calificase a los dirigentes griegos de suicidas e irresponsables, que no hablase de que Grecia iba a salir del euro o de la miseria que les esperaba a los griegos por confiar en “populistas”. Ni un segundo de paz tuvieron los dirigentes de Syriza, sistemáticamente vilipendiados por toda la presa europea (con especial saña la alemana) ignorando, y no voy a parar de repetirlo porque eso es lo fundamental, que les asiste la razón.
Obviamente en esta recreación mediática influía absolutamente la hegemonía comunicacional de una élite política y económica que está intentando, desde el primer minuto, que Syriza fracase. Y lo están intentando por alguna de estas tres razones: 1º/ Porque temen que una reestructuración de deuda/fin de la austeridad genere un efecto contagio en todas las economías que necesitan estas recetas, lo que forzaría a un cambio radical en la política monetaria europea 2º/ Por el temor de que una fuerza ideológicamente outsider del sistema, la izquierda “radical”, se legitimase como fuerza de gobierno razonable a los ojos de todos los europeos, y 3º/ Como consecuencia primera del punto 2, para evitar una victoria de Podemos en España o de partidos parecidos en países como Portugal e Italia.

En medio de esta deformación de la realidad se ha mentido radicalmente. Para empezar se ha dicho que Grecia no quiere pagar sus deudas. Eso es FALSO. Grecia NO PUEDE pagar sus deudas, no podría ni pagar los intereses de la misma de no estar conectada a un rescate financiero, y cuando éste acabe no podrá pagar la deuda. Lo que se está intentando es simplemente ganar tiempo, jugando a un juego de las sillas donde los listos, que son los que saben que la música se va a parar, se colocan en una buena situación para que los tontos se queden sin silla cuando llegue el fin del juego.
Al pobre ciudadano de a pie, acostumbrado a su economía de andar por casa con hipotecas y préstamos, se le presenta una realidad falseada de que un país ha contraído una deuda para vivir bien y luego no quiere pagarla, comparación muy intuitiva pero absolutamente falaz. La realidad es que las deudas solo se pagan cuando se puede, como lo demuestra las decenas de concursos de acreedores que se dan al día, que nos muestran dos verdades evidentes: Que más importante que la deuda es la viabilidad de la sociedad en cuestión (y para eso están las administraciones concursales y los acuerdos sobre la deuda), y que la inviabilidad de una deuda lleva inexorablemente a que la “pena” la asuman también los acreedores.
Pero a la gente se la manipula con las más diversas mentiras y se le mueven los sentimientos más primarios para engañarlos. Igual que quienes consideran la vivienda un mero bien mercantil están siempre azuzando a los ciudadanos con la idea de que hay gente (y gobiernos que lo permiten) que no quieren pagar su hipoteca mientras ellos sí tienen que pagarla, al ciudadano se le cuentan mentiras de griegos viviendo del cuento. Un ejemplo: Un compañero de trabajo el otro día dijo que los griegos se jubilaban a los 52 años de forma general. Esto, que es evidentemente un disparate, es la generalización de una situación puntual que se deforma y falsifica para manipular a nuestra población y hacerles creer que los griegos, que han devaluado un 40% sus pensiones en el último lustro, son unos privilegiados egoístas. Y mi compañero no tiene la culpa, escucha la COPE por la mañana y en estas cosas no es muy avispado, pero quienes cuentan eso a sabiendas de que es mentira son gente indigna que no deberían llamarse periodistas.

Hace una semana, cuando parecía que la última propuesta griega iba a ser aceptada, los manipuladores se afanaron a decir que Tsipras era un traidor a sus votantes y a su programa electoral. O sea, que cuando iba a sumergir Grecia en el apocalipsis era un loco peligroso, y cuando cedía para no sumergir a Grecia en ese apocalipsis entonces era un traidor…No hay que ser zahorí para darse cuenta que quienes hacen estos comentarios no tienen la más mínima credibilidad, no son más que timadores intelectuales que no analizan nada y que simplemente quieren engañar a la gente y hacerles creer que Syriza es el demonio, sea cual sea el argumento que lleve a esa conclusión predeterminada.
Entre esos manipuladores voy a destacar a dos (lo siento, no me puedo aguantar). El primero es Jose Carlos Díez, famoso economista para el que todas las propuestas económicas que no sean las suyas están mal y son desastrosas, e incluso cuando son las suyas propias también están mal si no las hace quien él quiere. Díez, que solo defiende las propuestas del PSOE, ha atacado con saña desde la propuestas económicas de Merkel y Rajoy a las de Syriza, pasando por las de C’s, incluso las ha atacado cuando son parecidas a las él que ha defendido. Es un personaje transparentemente manipulador que parece tener aspiraciones políticas y que ha dilapidado su credibilidad con un partidismo ridículo de transparente que es.
Otro que se ha apuntado a este carro es el economista de cabecera de C’s, Luis Garicano. Sin llegar a los niveles de ridículo de Díez, Garicano ha convertido su twitter en un ataque continuo a las políticas de Syriza, en lo que es una postura claramente de partido pues lo que pretende, como os imagináis, es hundir la imagen de Podemos que es su rival político, dejando de lado para ello la ecuanimidad y prudencia que requeriría su posición de economista.

Y la realidad es que el plan de propuso Tsipras fue manipulado hasta la saciedad por los medios de comunicación españoles, alemanes y de otros países. “Tsipras sube el IVA, los impuestos, hace recortes y perjudica a los pensionistas” era la típica portada que se podía leer la semana pasada. Pues bien, era casi todo mentira. La supuesta subida del IVA era solo para el turismo, llegando incluso a bajar el IVA súper reducido. La subida de impuestos se concentraba en las clases más altas y los beneficios empresariales y los “recortes” eran solo para el gasto militar.
Lo único que era cierto era la exigencia de más contribución de los pensionistas, pero se presentaba un cuadro falsificado de “traición”, cuando las condiciones eran mucho mejores que las pactadas por Nueva Democracia. Y ojo, que se podía discutir si se debía ceder en lo de los pensionista o, desde posiciones maximalistas, si la cesión suponía pasar ciertas líneas rojas respecto a lo prometido en el programa electoral. Pero una “traición” no era, era una propuesta posibilista que contenía, eso si es verdad, concesiones. De hecho fijaos si era una traición que las instituciones acreedoras lo rechazaron, exigiendo subir el IVA.
Y ahí es donde Tsipras marcó la línea roja, no aceptó el pacto y convocó un referéndum para que fuesen los griegos quienes decidiesen si aceptar esto o no. Sí, la jugada no es simplemente una cuestión “democrática”, tiene evidentemente un punto de órdago, de desesperación ante una posición negociadora débil. De hecho esto no lo ha inventado Tsipras: Ya lo intentó Papandreu en 2011, aunque esa vez para validar el acuerdo y no para rechazarlo. Se lo cargaron a la semana, poniendo un tecnócrata en su lugar.

La actual situación nos pone en enorme dificultades a todos. Si alguien no propone un acuerdo que sea pactado por ambas partes (y ya están los EEUU intentándolo) habrá un referéndum, y yo creo que puede salir el NO aunque las encuestas digan lo contrario. Y si sale el NO ya veremos lo que pasa, porque o entran en razón en el BCE o Grecia tendrá que mantener el corralito y salir del euro. Después del NO se podría negociar de nuevo, lo que pasa es que no parece que ni el FMI ni Alemana tengan ya otra voluntad que destruir el gobierno de Syriza.
Un NO no sería caprichoso. Grecia ha hundido su economía un 25% desde el inicio de la crisis, fundamentalmente debido a los planes de austeridad. Más del 80% del 26% de parados no tiene cobertura alguna, el 25% de la población no tiene sanidad, las pensiones se han hundido un 40%. Hay impuestos sobre las viviendas, recortes en todo y muchos tienen la cara dura de decir que, antes de llegar Syriza, ¡el país estaba creciendo!
Eso es, una vez más, una vergonzosa manipulación. El PIB de Grecia creció en el 2014 un mísero 0,8% anual, producto fundamentalmente de la deflación (el PIB se corrige con la inflación, por eso cuando hay deflación ésta ayuda a que aumente el PIB real, a pesar de que el nominal esté en negativo como en este caso) y de las acciones del BCE. Aunque ya en el 4º trimestre del 2014 el PIB trimestral descendió un 0,4%. En el primer trimestre de 2015, con 2/3 de tiempo de gobierno de Syriza, el PIB descendió un 0,2% anual ¡Y dicen que Grecia estaba recuperándose y que Syriza la ha hundido! Hay que tener la cara de hormigón armado.

Grecia es uno más de estos casos en que la prensa engaña conscientemente y de forma generalizada. Mirad, yo no he vivido en una dictadura, pero tengo la sensación de que para temas como este no debe ser muy distinto. Si ahora no tuviésemos internet probablemente nuestra información sobre temas como este no distaría mucho de la información que había en el tardofranquismo o la que habrá en dictaduras contemporáneas. Al menos en aquella época una mayoría crítica de personas sabía que los medios mentían. Hoy tengo la sensación de que la gente cree todavía que lo que dicen los medios es verdad.
Si queréis información de primera mano en twitter os recomiendo a dos twitteros bastante conocidos: @Hibai_ y @pmarsupia. También está bien contrastar con prensa anglosajona, que no tiene intereses especiales en la permanencia del euro. Pero por favor contrastad la información porque nos intantan manipuar como a chinos. Jamás creáis la unanimidad de la prensa, es síntoma de que algo no va bien, no de que haya una verdad indudable.
Lo que va a pasar en Grecia lo desconozco. Quiero pensar que el FMI o Merkel entrarán en razón, pero cada vez más parece que el moralismo dogmático les llevará a generar un desastre para todos. Y recordad, esto que ha pasado no es producto de unos izquierdistas que llevan 5 minutos en el gobierno, es producto de lo sembrado en los últimos 5 años. No sé quién dijo que “Merkel no hace el mal, lo siembra”. Esta es la cosecha. Esperemos que los libros de historia de aquí a 50 años no digan que fue esta señora quien, con su rígido germanismo en la peor de sus definiciones, fue quien acabó con la UE.

miércoles, 24 de junio de 2015

Yo apuesto por Juantxo














El partido EQUO ha comenzado sus primarias para elegir a su candidato a la presidencia del gobierno, que luego muy probablemente no será candidato porque irá en una lista de confluencia pero que sí podrá ocupar un lugar relevante en esa candidatura. Se presentan tres candidatos, el portavoz actual “hombre” (en EQUO hay dos co-portavoces, un hombre y una mujer), Juantxo López de Uralde, la otra portavoz, Rosa Martínez, y un candidato outsider desconocido para mí, Ramón Claver.
Como soy simpatizante de EQUO siempre participio en sus primarias y esta vez no será menos. Después de analizar las tres candidaturas y ver qué proponían, ya tengo mi decisión tomada: Votaré por Juantxo. Y voy a explicar por qué.

Tengo que reconocer que quizá hay un factor personal que me influye inconscientemente, que es que conozco a Juantxo Uralde y al resto de los candidatos no, quiero que eso quede claro antes de exponer porqué creo que votar a Juantxo es la mejor opción que tenemos.
La verdad es que los dos principales candidatos (me perdonará Ramón pero le dejaré por ahora fuera del análisis) no son excesivamente distintos, de hecho ambos son co-portavoces, son compañeros y defienden puntos de vista parecidos. Ni siquiera parece que la manera como enfocan la futura confluencia con otras fuerzas de cambio sea excesivamente diferente. Por buscar una diferencia, diría que Juantxo es más pragmático o, mejor dicho, que las responsabilidades le han hecho algo más pragmático, mientras que Rosa igual defiende puntos de vista más “puros” pero quizá algo más irreales.
Así pues creo que el factor decisitorio principal en estas primarias es, en cierta manera, la opinión sobre cómo ha gestionado Juantxo Uralde el partido estos cuatro años y la conveniencia o no de las decisiones que se han tomado. Las primarias, aunque no deberían ser así, en cierta manera se pueden enfocar como una reelección de Juantxo o una sanción a su política. Al menos así lo veo yo.

En EQUO ha habido, desde que estoy más o menos enterado de lo que se debate dentro, dos posicionamientos respecto a la política de alianzas. Los más “puristas” siempre han pensado que había que ir solos a las citas electorales o, por lo menos, en unas candidaturas claramente verdes, mientras que otros, más pragmáticos, han entendido que las alianzas eran necesarias porque EQUO no tenía fuerza suficiente para tener éxito en solitario. Así pues, la alianza con Compromís ha sido vista con recelo por algunos (a veces por cuestiones más técnicas que de contenido) mientras otros las han visto necesarias. Imagino que habrá pasado lo mismo en la alianza con Podemos, aunque esto me pilla más lejos porque en mi territorio EQUO está incluido en Compromís.
Juantxo ha sido defensor de las confluencias y yo creo que acertadamente. Quizá el resultado de la Primavera Europea y el hecho de que Florent Marcellesi fuese número dos de la candidatura fue algo decepcionante, pero hay que tener en cuenta que “medio eurodiputado” es más de lo que jamás ha tenido el movimiento verde en España. Sin embargo ese resultado puso a EQUO delante de la realidad y de su fuerza real en las elecciones que mejor le venían, y de la decepción salió la sabiduría, pues EQUO fue el primero en entender el nuevo escenario que se avecinaba y la necesidad de la confluencia.
Hace unos meses, cuando se criticaba desde algunos ámbitos la “disolución” de EQUO en candidaturas de unidad popular, hice una “apuesta” que parecía una tontería en aquel momento. Dije que EQUO, gracias a su política de confluencia, iba a sacar más concejales en las grandes ciudades que UPyD y también más poder autonómico. Y, después de las elecciones, se ha demostrado que tenía razón.

Creo que, sin lugar a dudas, el resultado de las elecciones autonómicas y sobre todo municipales ha sido muy bueno para EQUO y para el ecologismo político en general. EQUO ha conseguido concejales en 14 capitales de provincia (entre ellas Madrid, Valencia o Bilbao) y presencia en tres parlamentos autonómicos. Esto es una presencia institucional que de ninguna manera se hubiese podido conseguir en solitario y, a pesar de que estar en una candidatura así va a restar grados de libertad, la posibilidad de hacer políticas verdes es hoy mucho mayor que ayer.
La última vez que vi a Juantxo, hará mes y medio o algo así, le dije que estaba seguro de que la política de confluencia iba a salir bien y él también pareció confiado en ello. Así ha sido, y parece que incluso va a haber un conseller de Medi Ambient de Verds-EQUO en la Generalitat Valenciana.
Hoy en día creo que todo el mundo entiende que, a corto plazo, la confluencia es el camino para EQUO. Y que esto sea entendido y este buen resultado a nivel de representación creo que avalan el trabajo de Juantxo y piden que sea el candidato principal de EQUO. Es lo justo y, si no nos engañamos con imaginaciones de gran representación yendo en solitario, creo que es lo razonable.

Quizá no sea justo para Rosa o Ramón que haga un análisis exclusivamente en este sentido, pero así es como lo veo. Tampoco veo a estos dos candidatos con habilidades arrolladoras que justificasen no darle a Juantxo ese “premio” por su apuesta por la confluencia. Y tampoco es que Juantxo sea alguien que enamore a las cámaras ni se mueva en los debates y entrevistas como Pablo Iglesias o Albert Rivera (ese es un nivel sobresaliente muy difícil de alcanzar), pero le veo, como mínimo, a la altura de sus competidores.
Yo votaré por Juantxo, porque creo que se lo merece, porque he detectado respeto hacia él incluso de sus rivales políticos y de gente que se fue de EQUO, y porque creo que es una figura relativamente conocida que puede ayudar a las candidaturas de confluencia. No sé si es la mejor decisión, eso no se puede saber nunca, pero sí estoy seguro que es una buena decisión y que no me equivoco en este apoyo.

lunes, 22 de junio de 2015

Pedro Sánchez y el banderón















En la proclamación de Pedro Sánchez Castejón como candidato a la presidencia del gobierno por parte del PSOE, se pudo observar una enorme bandera de España en la pantalla de fondo. La estética, tan difícil de ver en España incluso para el PP, llamó la atención de todo el mundo. Unos aplaudieron que Pedro Sánchez usase la bandera de esta manera, otros le criticaron por, supuestamente, “traicionar los valores republicanos” del partido y los más ecuánimes se sorprendieron por una escenografía tan “americana”.
Ver tantos comentarios sobre la banderita la verdad es que me cansa mucho. Me parece bien comentar la escenografía, las similitudes con el uso de la bandera en otros países (que no en todos, ojo, aquí nos pensamos que somos el único país que no saca su bandera masivamente y eso es falso) o el marketing político que representa, pero no se está comentando eso. Lo que se comenta es si es procedente usar una bandera o si eso es una traición a no sé qué. Y estar así, en 2015, es agotador.

Para que me entendáis siempre me gusta contextualizar mi situación personal, sobre todo en esta época que requiere mucha contextualización so pena de que se saque algo de contexto y te hundan miserablemente. Yo, que soy valenciano, he vivido el conflicto simbólico de la bandera por partida doble. Durante la transición hubo en Valencia dos posicionamientos respecto a qué bandera debía tener la futura comunidad autónoma, unos querían que fuese una senyera de los reyes de Aragón (la misma que tiene Aragón o Cataluña) con el escudo de la Generalitat en medio, y otros querían que fuese la senyera coronada, bandera tradicional de la ciudad de Valencia. Al final los segundos ganaron, en una jugada un poco rara en el congreso de los diputados.
Cuando yo era joven, y a pesar de vivir en la ciudad, el conflicto simbólico permanecía. Muchas personas de mi entorno consideraban a la bandera de la Comunidad como una imposición blavera, como una bandera que no representaba a la Comunidad. El conflicto con la bandera también se extendía a la denominación del territorio, pues muchos usaban País Valenciano, nomenclatura usual en los años 30 y oficial en la pre-autonomía, y les chirriaba eso de “Comunidad”, que veían un tanto desnaturalizado.
Con los años esas cuestiones se han ido suavizando y el uso oficial de la senyera coronada ha normalizado un poco más su percepción social, al menos en la provincia de Valencia.

Ese mismo conflicto que había con la bandera valenciana también existía con la española, como bien sabéis. Franco reintrodujo la bandera bicolor tradicional en España eliminando la tricolor republicana y, para la gente de raíces izquierdistas, la bandera bicolor siempre ha sido algo impuesto y en cierta manera “ilegítimo”. De todas formas el tiempo también ha ido suavizando el conflicto y normalizando la bandera bicolor, tanto por su uso institucional continuado como por la llegada de nuevas generaciones que ven este conflicto como algo lejano.
Cuando alguien está sometido a este conflicto simbólico por partida doble creo que la tendencia normal es ser un poco más abierto en este tema. Porque si hablamos de banderas únicas es más fácil crear un cisma, pero si ves el conflicto simbólico esparcido por todas partes no dejas de ver todo un poco absurdo y piensas si realmente no hay cosas más importantes en que perder el tiempo.
Si a mí se me pregunta qué prefiero pues diría que a mí me gusta más la tricolor republicana, casi que prefiero el himno de Riego a la Marcha Real (pero seguramente buscaría un himno nuevo), me gusta más la denominación País Valenciano que Comunidad Valenciana y, respecto a la bandera, pues pondría la bandera del estatut de Benicàssim. Pero mis preferencias personales son eso, personales, y no voy a perder mi tiempo en pelear estas cosas.

Poner un banderón de lo menos 35 m2 en la proclamación de un candidato me parece algo absurdo. Los que se esconden detrás de las banderas normalmente tienen algo que esconder. Además, en España y en otros países de Europa tenemos la sana costumbre de no ser horteras con estas cosas de las banderitas ni de los himnos, algo que me parece profundamente civilizado y liberal (por cierto no lo he dicho, pero lo que más me gusta del himno de España es que no tiene letra).
Sin embargo entiendo a Pedro Sánchez, y le entiendo porque creo que está telegrafiando bien una jugada que va a hacer el PP en breve plazo. Por ahí se ha dicho que Sánchez ha hecho esto para parecer “moderado” (deberíamos plantearnos en qué confusión conceptual vivimos para que la presencia de una bandera sea algo “moderado”), para que no parezca que se desliza hacia el propagandísticamente presentado como peligroso izquierdismo republicano y destructor de los consensos de la transición. Igual hay algo de eso, pero creo que hay algo más.

Mirad, el único mandatario europeo que ha revalidado su cargo (quitando a Merkel) ha sido David Cameron. Realmente el Reino Unido no está tan mal económicamente como la eurozona, pero no está bien ni mucho menos. En teoría Cameron debería haber visto reducidos sus apoyos, algo que no ha pasado y, aunque el sistema electoral británico le ha dado una mayoría absoluta con un apoyo minoritario, el desgaste del gobierno lo han pagado los liberal-demócratas, no él ni su partido.
Y esto ha pasado porque la gente había visualizado una amenaza, que era que el Partido Nacional Escocés (SNP) iba a poder condicionar un gobierno laborista. Escocia acaba de tener un referéndum de secesión en el que ha salido No, aunque ahora se les tiene que traspasar competencias, y se ve que en el imaginario británico se pensaba que un SNP fuerte podía volver a plantear un referéndum o podía vaciar de contenido real la unión británica. Eso ha sido, probablemente, lo que ha dado la fuerza a los conservadores.

Sería del género tonto para Rajoy no intentar imitar esto. Este gobierno está acabado, desde Mayo de 2014 la historia le está pasando por encima y no es capaz de pararlo. Lo ha intentado con la política del miedo, presentando a Podemos como un partido que va a destruir la democracia, pero la idea es tan absurda que no convence a mucha más gente que a los fanáticos previamente convencidos. El enorme tirón de las candidaturas de unidad popular y similares en las grandes ciudades demuestra el fracaso de esta estrategia y vislumbra un futuro nada halagüeño para el PP, al que solo puede salvar (y parcialmente) un sistema electoral que le beneficia.
En estas circunstancias solo le queda una alternativa: Intentar cambiar el miedo de sitio, y focalizarlo en la posibilidad de que un gobierno de izquierdas permita una consulta en Cataluña como paso previo a una secesión pactada. La idea es un poco absurda, porque para que pueda haber una secesión pactada hace falta 2/3 de dos cortes consecutivas y un referéndum en todo el estado, pero esto ya entra dentro de la complejidad constitucional y a la gente le costaría entenderlo. Es relativamente fácil inculcar la idea de que como el PSOE y Podemos necesiten a fuerzas "localistas" para gobernar, la unidad de España corre peligro. El PP, desesperado, va a recurrir a esto, y más con unas elecciones catalanas que el president Mas quiere convertir en pseudo-plebiscitariarias tan cerca de las nacionales.
Y en ese contexto la idea del PSOE es inteligente, porque más que alejarle de ciertos imaginarios demagógicos de alianzas bolivarianas, le aleja de la posibilidad, aunque sea remota, de secesión de Cataluña. Y le sirve para lanzar ese espantajo a su izquierda, si es que al final Podemos acaba presentándose a las generales con partidos como ICV o con algunas de las plataformas que apoyan a Colau.

De forma más general no puedo decir que me guste este uso chovinista de la bandera, pero querría acabar de una vez por todas con el debate simbólico. No quiero ni odios absurdos a la bandera ni orgasmos propios de un patriotismo majadero. Pero sí me parece bien normalizarla, con distancia, sin horteradas “americanas” ni patrioteras. Hasta Podemos estuvo pensando en cómo introducir la bandera oficial en sus actos, sin haber llegado aún a encontrar la manera.
Ojalá llegue el pronto el día en que no hagamos un debate porque un candidato se ha puesto de fondo un banderón, y el día en que los candidatos no piensen que ponerse un banderón de fondo provoca otra reacción distinta a pensar que son unos horteras.

miércoles, 17 de junio de 2015

Ciudadanos, qué decepción















No me gusta juzgar a los partidos antes de que tomen decisiones y ejerzan responsabilidades, y siempre les otorgo el beneficio de la duda. Lo he hecho con Podemos, con UPyD y con otros, entre ellos Ciudadanos (C’s). Siempre les he mirado e intentado analizar sin prejuicio alguno, entendiendo que eran un partido moderno que venía a corregir alguno de los fallos de nuestra democracia. Creo haber sido exquisitamente objetivo en el análisis de sus propuestas económicas y, en cierta manera, les tenía alguna simpatía. De hecho bebían del caladero de votos del PP, y salir del PP para ir a C’s me parecía un cambio positivo para el país.
No obstante tampoco creo haber sido ingenuo. Percibí el riesgo de derechización hace bastante tiempo y de hecho dije que, si se unían con UPyD, esa unión debería valer para evitar esa deriva. Cuando ésta se fue dando lo dije y también he comentado el peligro y las trampas de algunas de sus propuestas económicas.
Sin embargo el primer gran análisis lo debíamos hacer después de las elecciones municipales, para ver qué decisiones tomaban y como lo gestionaban. Los pactos autonómicos aún no están cerrados en todas partes, pero lo que hemos visto es más que suficiente para hacer un primer análisis que, ya aviso, no va a ser benevolente.

Mi primera gran decepción no se ha producido por un pacto, sino por una actitud o una serie de actitudes mejor dicho. En mi Comunidad, la valenciana, existía una urgencia política que parecía entender todo el mundo que era sacar de las instituciones al PPCV, la entidad más corrupta que ha existido en una democracia occidental. Todos los partidos de izquierda tenían claro ese objetivo, UPyD también y yo pensaba que C’s también lo tenía. De hecho defendí siempre que C’s no se iba a atrever jamás a apoyar al PPCV, algo que ya no podremos comprobar pero que, después de lo visto, ya no me atrevería a decir con tanta contundencia.
Durante la campaña los candidatos de C’s hablaban de no hacer cordones sanitarios a nadie y dialogar con todo el mundo, aun cuando era evidente que con el PPCV de lo único que se podía habar era de dimisiones. La actitud se enmarcaba dentro de lo que era un partido abierto, no sectario, dispuesto a hacer de “enlace” entre todas las fuerzas políticas. El papel que querían jugar era el de actor positivo.
Sin embargo después de las elecciones esa apertura terminó y no precisamente contra el grupo al que objetivamente había que marginar (el PPCV) sino contra otro grupo, la coalición Compromís, al que absurdamente se le había colgado la estampita de “independentista”. Lo más cachondo del caso es que, cuando C’s marcó sus líneas rojas sobre con qué partidos se podía negociar y con cuales no, resulta que Compromís ¡Las cumplía todas! Y, cumpliéndolas, le establecieron un “cordón sanitario”.

Lo del independentismo de Compromís es una soberana tontería, producto del engaño y del fanatismo político. No es que no sean independentistas, es que la mayoría de partidos que forman la coalición ni siquiera se definen como nacionalistas, la mayoría de sus cargos importantes no lo son y la mayoría de sus votantes tampoco. La propia candidata de C’s en la Comunidad Valenciana, Carolina Punset, declaró en campaña estar más cerca de Compromís que del PPCV.
Este “cordón sanitario” contra Compromís no parece ser cosa de los dirigentes locales de C’s sino una imposición desde Barcelona y el entorno de Rivera. De hecho los dirigentes locales de C’s parecen haber sido tratados como un felpudo, como un cero a la izquierda, siempre siendo rectificados por las palabras de los líderes de Barcelona. Escuchar a C’s hablar de Compromís te recordaba a las peores herencias del Losantismo, el blaverismo y el Aznarato. Les faltaba a Hernando de portavoz en vez de a Fran Hervías.
C’s ha jugado a boicotear a Compromís hasta la extenuación, haciéndole el juego a un PSPV que estaba intentando chantajear a Compromís y a Podemos para colocar a Ximo Puig de president. Han llegado a proponer gobiernos que contasen con el beneplácito del PPCV con tal de alejar a Compromís del poder, lo cual implica preferir a corruptos declarados antes que a partidos honorables y limpios solo por ser pseudo-nacionalistas. Y lo peor, lo peor de todo, es que yo jamás he escuchado hablar mal a Oltra de C’s o de Punset, ni a Ribó hablar mal de Fernando Giner (de hecho le hizo un guiño y le extendió la mano en su proclamación como alcalde) y, en agradecimiento, C’s los ha tratado como infectados que, incluso, parecían poder contaminar a otros.
Cuidado, que no estoy pidiendo que C’s apoye a Compromís. Puedo entender el electoralismo de no querer hacerlo. Pero una cosa es no apoyarlos y otra organizar un cordón sanitario a su alrededor, como si fuesen criminales o leprosos políticos. Lo que ha hecho C’s se llama fanatismo, y el método de gestión y dirección de todo este asunto, manejado desde Barcelona como si los dirigentes de aquí fuesen marionetas, se llama leninismo organizacional.

Más allá de mi enorme cabreo con la actitud de C’s en la Comunidad Valenciana, está lo que ha hecho en el resto de España, y me voy a fijar fundamentalmente en dos sitios: La Comunidad de Madrid y Andalucía.
En Andalucía, después de negarse a pactar con el PSOE antes de las elecciones del 24-M, todo cambió al pasar éstas. Todo eso de que no iban ni a coger el teléfono si no echaban a Chaves o a Griñán cayó en saco roto en cuanto pasaron las elecciones, y C’s llegó a un acuerdo con Susana Díaz y no para “facilitar” su investidura mediante una abstención, no, sino para apoyarla. O sea, que antes del 24-M ni se abstenían ni cogían el teléfono y, en cuanto pasaron las elecciones, les dieron el voto afirmativo y casi se bailan un fandango con ella. La actitud es, cuanto menos, sorprendente.
Reconozco que la situación de Andalucía era complicada, pues no había gobierno alternativo al de Díaz y no apoyarla hubiese llevado a nuevas elecciones. Pero es que había un juego que era el de intentar que fuese otro el que diese el apoyo o se abstuviese para no mezclarte con el PSOE más corrupto de España, no pringarse y que se pringasen los demás, y a eso C’s no ha sabido jugar. O quizá es que no ha querido, porque creo que a C’s le venía bien, dentro de sus planteamientos de imagen, apoyar al PSOE en algún sitio. El problema es que era el peor sitio para apoyarlo.

Menos entendible es lo de la Comunidad de Madrid, aún no oficial pero hecho de facto. En Madrid sí había un gobierno alternativo posible, que era el de Gabilondo con apoyo de Podemos. Además, para que ese gobierno se diese ni siquiera hubiese tenido que votar a favor de la investidura de Gabilondo, una simple abstención les hubiese valido. Aquí no había excusas de “responsabilidad”, en Madrid habría un gobierno o del PP o del PSOE con el apoyo de Podemos, no había posibilidad de ingobernabilidad ni nuevas elecciones.
Unos días antes del pacto en la asamblea de Madrid entre el PP de Madrid y C’s estuve hablando con un periodista familiar mío sobre esto. Ambos coincidíamos en que la postura lógica de C’s era la abstención, que todo suponía ventajas para ellos, pues no se pringaban con el segundo PP más corrupto de España que era el de Madrid e, incluso, podían usar esa abstención para acordar que Podemos no entrase en el gobierno Gabilondo. En ese momento ya estaban imputados los dos consejeros de la Comunidad que luego dimitieron, se estaban haciendo investigaciones por la Púnica, etc. Meterse a apoyar al PP, después de todo lo que había hablado C’s de limpieza y transparencia, era un suicidio.
Pues bien, C’s, después de la imputación de los consejeros, de las investigaciones policiales de la Púnica y de saber, como sabemos todos, que las imputaciones en el PP madrileño van a seguir saliendo, tuvo los santos cojones de pactar con el PP de Madrid la presidencia de la asamblea de Madrid y prácticamente también la investidura de Cifuentes. Y sí, Cifuentes no está metida en nada (eso faltaría), pero cuando pactas con una organización pactas con toda la estructura de la misma, y la estructura del PP de Madrid está carcomida y corrupta.
Porque una cosa es pactar con el PP en, no sé, Castilla y León o La Rioja, y otra muy distinta es pactar con el PP en Madrid o Valencia, donde las tramas de corrupción se superponen en infinitas capas y han infectado a todo el partido en la región. Y vender que das tu apoyo para que sean contundentes contra la corrupción y se regeneren no se lo cree nadie. No, señores de C’s, los partidos se regeneran mandándolos a casa cuando han sido corruptos, dejándoles claro que jamás contarán con tu apoyo hasta que se regeneren y se limpien, no dándoles una palmadita en la espalda y diciéndoles que sean buenos la próxima vez. De hecho ¿alguien piensa en su sano juicio que Madrid puede tener más regeneración democrática de la mano de Cifuentes y el PP de Madrid que bajo un gobierno de Gabilondo?

En las capitales de provincia C’s, si ha apoyado a alguien, siempre ha sido al PP. Incluso en Almería, donde dijeron que iban a apoyar al PSOE, al final cambiaron de criterio y se abstuvieron para que gobernase el PP. En todos los casos, si no me equivoco, la posición de C’s ha sido la que más ha favorecido al PP, bien con un voto a favor bien con una abstención, no haciendo nunca nada que afectase a un posible gobierno popular.
Bien es cierto que en la globalidad de ciudades y pueblos de España ha habido de todo y C’s ha apoyado al PSOE en muchos sitios, ha intentado ganar la alcaldía con las más variadas estratagemas en otros e incluso en muchos otros sitios sus concejales están en proceso de expulsión por apoyar a quien la dirección no quería (como algunos que han apoyado a Compromís en la Comunidad Valenciana). Pero si circunscribimos a las capitales de provincia, que es donde se ve más la línea política, la tendencia está clara: C’s está muchísimo más cerca del PP que del PSOE o de cualquier otro partido.

No sé qué va a ser capaz de conseguir C’s en los sitios donde ha actuado como muleta del PP, espero por el bien de España que consiga mejoras porque si no esto habrá sido un fraude. Por ahora nada de lo firmado me parece que vaya a tener grandes implicaciones. Obligar a organizar primarias puede sonar muy bonito, pero unas primarias se pueden desnaturalizar totalmente poniendo avales o exigencias a los candidatos o electores. Firmar un pacto anticorrupción está muy bien, pero todos sabemos por dónde se pasa el PP los pactos (me vienen a la cabeza ahora mismo el anti-terrorista, el anti-transfuguismo o el pacto de Toledo). Lo de obligar a que los mandatos sean de máximo 8 años me parece bien, pero se sobrestima su valor e incluso parece confundir nuestro sistema parlamentario con uno presidencialista. Mucha letra y muchas propuestas firmadas, pero habrá que ver qué efecto real tienen.
Por ahora la imagen que han dado me parece lamentable: Han pactado con la federación socialista más corrupta, con el segundo PP regional más corrupto y, donde estaba el primero, se han dedicado a hacer estúpidos cordones sanitarios a un partido limpio, mintiendo sobre su naturaleza, en vez de aislar al corrupto. Este cuadro general no tiene mucha pinta de regeneración política, la verdad.
Deseo equivocarme, os lo digo en serio, pero por ahora casi todo lo que veo de C’s me resulta altamente decepcionante, por mucho que la prensa se dedique a alabarlos y hacerles masajes ensayísticos por vete a saber tú qué razones.

domingo, 14 de junio de 2015

El concejal Guillermo Zapata y la sociedad liberal

















Hay situaciones que verdaderamente me son incomodísimas. Estoy acostumbrado a las barbaridades de los políticos, a las manipulaciones de los medios o a las tonterías de los seguidores de tal o cual partido, y todo eso lo intento enfocar con frialdad a la hora de hacer los análisis. Sin embargo, cuando a todas estas cosas se les añade una turba social de características moralistas, inquisidoras y bien pensantes, entonces las cosas llegan a límites que verdaderamente me frustran y deprimen, y creo que este es el caso de la furibunda crítica hacia el concejal de Ahora Madrid, Guillermo Zapata.
Los lectores habituales lo sabéis, pero por si alguien no me conoce empiezo destapando mis cartas. Siempre he sido un radical defensor de las libertades democráticas contra argumentaciones moralistas o interesadas. Fui absolutamente contundente criticando las diligencias policiales contra el tuitero @humornegro y las detenciones posteriores de varios tuiteros por “incitación al odio”, he defendido que ni el negacionismo del holocausto ni el de los crímenes franquistas sea delito o también he defendido, por ejemplo, al ex-diputado Toni Cantó por algunas barbaridades que dijo en twitter. Creo haber sido absolutamente coherente siempre con estos principios, y si no lo veis claro os ruego que leáis los links que he dejado.

El acoso y linchamiento contra Zapata tiene un origen muy sencillo. Como todos sabemos (y si no lo sabemos empecemos a enterarnos) hay manadas de personas buscando en internet y las redes sociales cualquier cosa que sirva para atacar a los rivales políticos de determinados partidos. Esto no es algo nuevo, de hecho de toda la vida los partidos y los políticos han hecho investigaciones sobre sus rivales para sacarles trapos sucios y quitárselos de en medio, como descubrí aterrado hace muchos años en una comida con un diputado nacional del PP por Castellón en la que reconocía, off the record por supuesto, cómo investigaban a los pocos alcaldes socialistas de la provincia. Lo que pasa es que ahora hay una forma más fácil de hacerlo, que es ir a internet y buscar el blogs y redes sociales cualquier cosa que pueda desprestigiar a un rival. Y si no se encuentra pero se puede sacar un pantallazo confuso, pues se saca, total “difama que algo queda”.
A las pocas horas de la investidura de Carmena en Madrid comenzaron a aparecer ataques contra los miembros de su equipo de gobierno, casi todos tuiteros y blogeros conocidos. Se sacó algo contra Pablo Soto, descontextualizando mucho de lo dicho, pero con quien se han cebado más es con Guillermo Zapata, que hace más de 4 años publicó dos chistes de humor negro, que son estos: “¿Cómo se puede meter 5 millones de judíos en un 600? En el cenicero” y “Han tenido que cerrar el cementerio de Alcásser para que Irene Villa no vaya a por repuestos”.
Las peticiones de dimisión de Zapata y los ataques llamándole de todo no se hicieron esperar, empezando con, como no, Esperanza Aguirre, la máxima representación del cinismo político en este país, que puede acusar de barbaridades y falsedades a cualquiera pero se escandaliza ante todo lo que hacen los demás. Mucha gente ha pedido la dimisión de Zapata sin comprobar nada, sin intentar averiguar el contexto de esos chistes ni poner en duda nada.

Lo que pasó fue lo siguiente. Zapata hizo una serie de comentarios solidarios con el director de cine Nacho Vigalondo, al que a principios de 2011 se le ocurrió soltar un par de barbaridades en twitter con el objetivo de “sembrar el caos”, casi al estilo de Orson Welles. Vigalondo tuiteó que “el holocausto fue un montaje” y, en poco tiempo, comenzó a recibir todo tipo de críticas, los medios comenzaron a hacer artículos sobre él y se le convirtió en un villano. Todo eso se hubiese evitado si los periodistas antes de escribir sus artñiculos hubiesen revisado concienzudamente todas las interacciones de twitter o simplemente hubiesen preguntado a su autor, pero era mejor hacer carnaza para rellenar artículos.
Para defender a su colega, Zapata (que creo que es guionista de cortos) hizo una serie de comentarios en twitter contra el linchamiento de Vigalondo por ese tuit. En medio de la defensa sacó un par de chistes de humor negro sacados de otro tuitero, que son los que, descontextualizados y aisaldos de toda esta explicación, han generado una polémica tan artificial como interesada.
Guillermo Zapata en aquel momento no tenía responsabilidades políticas, por lo que podía decir todas estas cosas sin tener en cuenta sus posibles implicaciones ni tener preocupación porque se las manipulasen. Hoy ha pedido perdón, explicando el suceso, pues ya no es un particular y ahora está sometido a la servidumbre del cargo público.

No ha faltado quien, después de enterarse de toda esta explicación y una vez ya se había metido en el jardín de criticarle brutalmente, ha dicho que una persona a la que le gustan ese tipo de chistes no puede ser cargo público. Pues con todos los respetos, eso es una soberana tontería y quienes han dicho esto creo que no son conscientes de las implicaciones de este comentario.
Para empezar jamás debemos perder de vista que una de las bases sagradas de una sociedad liberal es la libertad de expresión, de gustos y de formas de vida. No se puede pedir que a alguien a quien le guste el humor negro no esté en un cargo público, porque eso es esencialmente lo mismo a decir que no puede estar en un cargo público alguien a quien le guste el sadomasoquismo, ponerse un cilicio o las películas Gore. Y esto lo digo desde un punto de vista actual, porque si giramos la vista 50 años atrás podríamos hablar de lo que se consideraban entonces posturas “depravadas”, como la homosexualidad, la promiscuidad o simplemente la irreverencia, y lo que nos ha costado que la libertad de modos de vida se haya implantado en nuestra sociedad.
Estos argumentos, estas exigencias de dimisión por chistes o gustos, es producto de una cultura puritana, inquisitorial y bien pensante, quizá producida por tanta cultura impuesta de lo políticamente correcto. Pero pretender su extensión a la posibilidad o no de ejercer un cargo público, roza planteamientos totalitarios de carácter moralista. Es la violación de la cultura liberal sobre las que están edificadas nuestras sociedades, y eso no podemos permitirlo,

Un segundo problema de esta exigencia de dimisión es el listón que marca. Imaginemos que el argumento anterior no vale porque somos unos moralistas y que no existe una explicación o justificación para esos chistes (que sí la hay), entonces plantearíamos la dimisión de Zapata por gustarle cosas feas y de muy mal gusto y eso tendría sentido ¿no?... Pues no, sería un disparate.
Obligar a dimitir a alguien por esto provocaría un efecto dominó que acabaría con todos los cargos políticos de este país que no acabasen de salir de un convento de monjas clarisas o de una comunidad de frailes franciscanos. De verdad, sed honestos ¿nunca os habéis reído de un chiste así? ¿ni de un chiste machista o hembrista? ¿No habéis dicho nunca ningún disparate, entre amigos o con dos cervezas en el cuerpo? ¿Jamás habéis exagerado un argumento, llegado a decir algo que no pensabais, en medio de una discusión acalorada? ¿No habéis proferido una blasfemia, un insulto o una barbaridad jamás? Si no lo habéis hecho, o estáis en un templo budista o sino quizá deberíais plantearos si ese es vuestro sitio.
Porque no hace falta que sea twitter, mañana puede haber un micrófono abierto, una grabación, una conversación de whatsapp, un vídeo de la juventud, un artículo de prensa de 10 años antes de entrar en un partido, y a lo mejor sale mañana una grabación de Albert Rivera riéndose de un chiste machista, o un whatsapp de Pablo Iglesias llamando beatas ignorantes a una serie de señoras que le increpaban, o un artículo de Aznar elogiando el fascismo (..bueno, esto ya ha salido) ¿Qué hacemos? ¿Los hacemos dimitir a todos? Por favor, seamos serios.
Ya lo dije el día de la famosa beca de Errejón: Mucho cuidado con dónde ponemos el listón, que luego cualquiera que haya pedido un favor, un enchufe o haya pagado a un fontanero en negro va a quedar inhabilitado de por vida. Que una cosa es pedir ejemplaridad y otra es poner listones que implican unas exigencias propias de un moralismo fascistoide. Y entiendo que el límite puede ser confuso, yo tampoco lo tengo claro, pero hay veces que está claro que nos estamos pasando diez pueblos.

Para alguien como yo estos casos son muy sensibles ¿sabéis por qué? Pues porque yo tengo un blog, un facebook, una cuenta de twitter, fotos haciendo botellón (y una multa) y todo lo que queráis. Y si mañana soy cargo público de un partido, en cuanto una manada de buitres se pusiese a investigar en mis textos y comentarios iban a encontrar decenas de frases insultantes, bárbaras y disparatadas, y descontextualizando podrían sacar recortes que pareciesen hacer apología del fascismo, del racismo, del sovietismo o de lo que sea.
Permitir que Zapata sea linchado y que se le exija la dimisión por esta razón, que está adecuadamente contextualizada y justificada (y aunque no lo estuviese), o pedir la dimisión de alguien por una foto incómoda de antes de ser político, o por un comentario en un blog o por cosas parecidas, crea un listón que automáticamente nos inhabilita a todos, es más, nos convierte en víctimas de nuestro pasado, de nuestros errores o nuestro radicalismo de juventud. Hacer eso sería permitir una sociedad totalitaria, donde una turba moralista podría acabar con cualquiera.
Por favor, pensadlo, analizad la situación y las implicaciones que tienen cosas como estas. Si dejamos que estas cosas se vayan de madre estaremos colaborando al fin de la sociedad liberal y la democracia misma. No participéis en una corriente que se nos puede llevar a todos por delante.

martes, 9 de junio de 2015

Pablo Iglesias, acorralado













Después de las elecciones municipales y autonómicas y de ver cómo las candidaturas de unidad popular “reales” (no las marcas blancas de Podemos) habían sacado excelentes resultados en muchas de las principales ciudades del país (Madrid, Barcelona, Valencia*, Zaragoza, A Coruña, Alicante), había mucho interés en ver cómo se había interpretado el resultado en Podemos. El éxito de estas candidaturas no era solo de Podemos, sin embargo sí se consideraban todas ellas próximas a ese partido y sin duda Podemos ha sabido capitalizar esto. Con un escaso 15% a nivel autonómico, un resultado discreto, los dirigentes de Podemos salían sonrientes gracias a los resultados de las grandes capitales, mientras sus rivales han intentado volver a activar la espiral del miedo. El efecto estaba conseguido.
Sin embargo en el análisis de los principales dirigentes de la formación se veía un atisbo de irrealidad. Sin querer atribuirse todo el mérito de las victorias en las grandes ciudades, sí que se veía que hacían un pupurri de todo, que no segregaban las candidaturas de confluencia reales de sus marcas blancas y que parecían entender que el resultado avalaba su estrategia. Preguntados por la posibilidad de hacer una candidatura similar para las generales, tanto Iglesias como Errejón han perseverado en la idea de presentarse con la marca Podemos, eso sí, abierta a otras fuerzas.

Tengo la sensación de que en Podemos no se pueden creer el análisis que han hecho. Plantear que Podemos sea la alternativa en unas elecciones generales cuando partidos instrumentales como Ahora Madrid o Barcelona en Comú han sacado esos resultados no parece que tenga sustento con los datos en la mano. He oído justificaciones de que a nivel municipal hay mucha gente que hace política y que por tanto las candidaturas locales debían ser plurales, pero que a nivel de una política a más alto nivel el concurrir con un partido “tradicional” era lo mejor. La verdad es que esa idea es absurda y no hay nada que indique que una coalición amplia no sea una buena idea para las generales.
De hecho simplemente el propio sistema electoral justificaría hacer una candidatura de unidad. En España hay 25 provincias que aportan entre 2 y 5 escaños al congreso y no llegar a los albores del 20% de los votos te evita sacar representación en cualquiera de ellas, potenciando además a la primera fuerza de cada circunscripción. Por como está hecho nuestro sistema electoral, son esos escaños los que decides si puedes gobernar o no, o si eres una fuerza relevante a nivel estatal o no. La diferencia de escaños de una fuerza que saque el 19% de los votos a otra que saque el 25% podría ser fácilmente duplicar escaños, eso hay que tenerlo muy en cuenta.
La otra idea que podría desaconsejar una candidatura de confluencia es que a veces las sumas de partidos restan, como se han desgañitado en decirnos desde Podemos. Y sí, la teoría es verdad y eso justifica candidaturas diversas en otras elecciones y otros momentos, pero lo que han demostrado estas elecciones municipales es que 2+2 no es que efectivamente hagan 4, es que parece que hacen 5. La confluencia, en este momento, suma.

La mejor prueba de que en Podemos saben que estas tendencias son reales es que han admitido que Podemos debe abrir sus listas a otras fuerzas, pero bajo la marca Podemos. Al final subyace la sensación de que bajo el paraguas de Podemos todo está controlado y, aunque haya pluralidad, se sigue controlando los procesos internos, la representación y la futura política. Adicionalmente también parece que hay cierta resistencia a dejar morir la idea de que una marca, Podemos, iba a “asaltar el cielo” en base a su estructura de partido aguerrida y casi leninista. Ir a una candidatura de unidad sería como compartir el mérito, y creo que hay ciertos egos en Podemos que se resisten a esa idea.
Sin embargo mantener esa resistencia no va a ser fácil, porque hay muchas fuerzas y actores, demasiados, que ya están trabajando por una candidatura unitaria tipo Ahora Madrid para las generales. Quizá las primeras personalidades en posicionarse a favor fueron Xose Manuel Beiras, líder de ANOVA y de AGE, y Mónica Oltra, la líder de Compromís. Tanto AGE como Compromís son coaliciones, la primera de dos partidos y la segunda de tres, y son casos exitosos de unidad y confluencia que suma en vez de restar.
Pero quien mejor ha interpretado el momento político es Alberto Garzón, el líder de IU. Analizando correctamente el resultado municipal y viendo las reticencias de Iglesias a la confluencia, Garzón ha dado un puñetazo encima de la mesa, ha dicho abiertamente que hay que ir hacia una confluencia similar e incluso se ha ofrecido a no ser candidato a la presidencia del gobierno para facilitarla. Además, ha dicho que comenzará una ronda de contactos con Uralde (EQUO), Beiras o Iglesias, tomando la iniciativa.
Creo que Garzón ha sido muy inteligente tomando la iniciativa ante la resistencia de Iglesias. IU ha perdido mucho voto en Madrid y mucho poder autonómico, pero el resultado municipal no es objetivamente tan malo, está en muchas candidaturas de confluencia e incluso va a gobernar una capital de provincia como es Zamora. A pesar de que la sensación es de que Podemos se lo está comiendo con los días veremos que el resultado de IU no es tan malo, y este es el momento de aprovecharlo porque unas generales para IU en solitario sí pueden ser catastróficas. Garzón se va a situar encabezando la posición favorable a la confluencia, ahora muy popular, y eso le va a permitir por primera vez en muchos meses rivalizar con Iglesias en el terreno de la izquierda.

Y no olvidemos dos actrices absolutamente relevantes, Manuela Carmena y Ada Colau, que probablemente (sobre todo la primera) van a apostar por una candidatura de confluencia para las generales. Ya comenté las semanas anteriores que creo que Manuela Carmena se va a erigir en una especie de “voz de la conciencia” de la izquierda en general y de Podemos en particular, y que sus opiniones van a tener un gran ascendente sobre la gente progresista de este país.
Carmena, Colau y Ribó, los tres alcaldes de las principales ciudades, Beiras y Oltra, dos figuras regionales ascendentes y con historiales de confluencias exitosas demostradas, partidos como EQUO y Convocatoria por Madrid y, sobre todo, la histórica IU y su líder Alberto Garzón. Y además, probablemente todas aquellas personas de Podemos que fueron derrotadas en Vista Alegre pero que provienen de tradiciones de izquierda plural y abierta. Hasta Anguita. Todas estas fuerzas y personalidades se van a posicionar a favor de la confluencia.
¿Podrán Iglesias y Errejón resistirse? Ya os lo digo: No, no podrán. Ironías de la vida, el gran movimiento que iba a tomar el cielo por asalto está acorralado por aquellos que quieren tomar el cielo de forma comunitaria y mediante el acuerdo. Nadie le va a negar a Podemos su papel de fuerza principal, pero la oportunidad que se abre es tan buena y tan excepcional que solo unos idiotas la dejarían pasar. Y Errejón e Iglesias serán lo que queráis, pero idiotas os aseguro que no.

Ojo, que la confluencia no está exenta de peligros y tiene, sobre todos, terribles problemas de génesis. Para empezar va a haber que integrar a izquierdas digamos “soberanistas” o “cantonalistas” en un proyecto común, algo complicado porque sobre todo el proyecto no puede tener veleidades nacionalistas si quiere ser exitoso. Más allá de eso, me imagino que habrán partidos regionales que querrán mantener o destacar su marca, cuando un proyecto de esta envergadura debe tener una marca clara y única en la medida de lo posible.
No va a ser fácil, pero seria de locos no intentarlo. Una candidatura de confluencia sí que podría ganar las elecciones, y si no pudiese sí que generaría un sólido bloque de diputados para pactar un gobierno con otra fuerza o hacer oposición. Una candidatura así sí podría competir con PP y con PSOE, algo que por el sistema electoral que sobredimensiona a las provincias más pequeñas Podemos no puede hacer.

miércoles, 3 de junio de 2015

No entendemos el parlamentarismo



















Una de las cosas que me ha parecido ver estos días es que la mayoría de españoles parece no entender el parlamentarismo. Nuestro sistema es formalmente parlamentario pero la realidad del mismo ha hecho que fuese un sistema con fundamento bipartidista, lo que ha llevado a gobiernos que generalmente eran de mayoría absoluta o del partido más votado con el apoyo de una fuerza parlamentaria menor. Hay algunos ejemplos que no responden a este modelo, pero en todo caso han sido minoritarios e interesadamente estigmatizados por los partidos mayoritarios y los medios de comunicación.
Sin embargo el nuevo tiempo político obliga a que todos comencemos a entender cómo funciona un sistema parlamentario en toda su complejidad y cómo se gestionan gobiernos y parlamentos con muchas fuerzas políticas y donde no hay mayorías claras ni fáciles. Y, para ello, lo primero es romper con varios equívocos interesados que nos han querido marcar a sangre y fuego y que, por mucho que los politólogos se desgañiten en negar, nos está costando desprendernos de ellos.

El principal equívoco que nos han querido introducir es eso de que la fuerza más votada debe gobernar. Ese axioma es falso. En el sistema parlamentario a la fuerza más votada se le concede la iniciativa de intentar buscar apoyos parlamentarios para gobernar, y si no lo consigue se intentan combinaciones alternativas. De hecho ni siquiera se debe esperar a que la primera fuerza fracase en su intento, normalmente la propia aritmética parlamentaria y los posicionamientos de los partidos ante sus electores nos indican qué gobiernos son viables y cuales no, y las fuerzas menores ya comienzan sus contactos desde el primer día.
Asumir que la fuerza más votada debe gobernar sería imponer la tiranía de una minoría organizada frente a una mayoría quizá dispersa. En los distintos países con sistemas parlamentarios se suele entender que cuando un partido se sitúa cerca de la mayoría absoluta de votos éste debe gobernar y se le facilita esta posibilidad y/o los propios sistemas electorales les conceden ventajas, pero lo que todo el mundo tiene claro es que un partido con una mayoría relativa muy alejada de la mayoría absoluta no puede gobernar en solitario. Un partido que saque un 35% de los votos no debe gobernar si el otro 65% está en contra, y mucho menos un partido con menos porcentaje que ese ¿Alguien entendería que en un sistema de 10 partidos, un partido con un 15% de los votos gobernase contra el resto? Sería sencillamente inaudito.
Permitir que sea el partido más votado quien gobierne crearía, además, multitud de problemas de impredecibles consecuencias. Para empezar mataría la pluralidad, pues los partidos y las alternativas políticas se verían en la necesidad de nuclearse en torno a polos políticos, llevando a un bipartidismo de facto, aunque ese sería el menor de los problemas. Un problema mayor podría ser que los partidos con posibilidades de gobierno o los grupos que los apoyan creasen y/o financiasen a partidos políticos en el espectro ideológico de los rivales. Por ejemplo, imaginemos que el PP sabe que con solo ser 1ª fuerza va a gobernar, entonces podría dedicarse a apoyar o crear nuevos partidos “socialistas” para dividir el voto de sus rivales y, así, ganar el gobierno sin necesidad de tener que conseguir apoyos electorales. Las elecciones se convertirían no en una competición para recibir apoyos sino en una para hundir al rival mediante las técnicas más rastreras.

Esta idea de que la primera fuerza debe gobernar ha sido negada y a la vez reciclada y utilizada en los últimos días para justificar intereses partidistas de algunos partidos. Por ejemplo, el candidato a la presidencia a la Generalitat Valenciana por el PSPV, Ximo Puig, se autoproclamó presidente in pectore cuando vio que la suma de su partido, Compromís y Podemos, habían alcanzado la mayoría absoluta en las cortes valencianas. Y se autoproclamó porque, según él, debía ser el presidente al ser el representante de la lista progresista más votada. O sea, el mismo argumento anterior pero aplicado cómo le interesaba a Puig. No creo que haga falta decir que si para ser presidente hay que ser el miembro de la lista mas votada (que no hay que serlo), el presidente debería ser Fabra y no Puig.
La realidad es que, en un sistema parlamentario, debe ser presidente quien más apoyos tenga en el parlamento, ya que precisamente es el parlamento quien inviste al presidente. La lógica parlamentaria indica, además, que si el nuevo gobierno quiere legislar de forma eficaz debería contar con unos apoyos parlamentarios relativamente sólidos y, por tanto, quién debe ser el presidente debería ser pactado por las fuerzas que van a apoyar al gobierno. Y si eso es así (que lo es), dentro del grupo de 55 diputados de PSPV, Compromís y Podemos, 32 prefieren a Oltra de presidenta y 23 a Puig. Con los números en la mano, pues, Mónica Oltra debería ser la presidenta.
Y eso no quiere decir que tenga que ser ella o que esto sea una regla. La cuestión es que el sistema parlamentario impone diálogo, acuerdo y consenso, y deben ser estas tres fuerzas y esos 55 diputados quienes convengan el presidente del consell, en base a esta aritmética comentada pero también a otras cosas. Estas fuerzas deben intentar analizar el mandato democrático expresado en las urnas, deben pensar quien es el mejor presidente, quien tiene más apoyo popular, quien puede obtener más consenso en el parlamento y, en definitiva, quien puede realizar mejor el mandato de las urnas. Y no es lo mismo que se quiera gobernar con el apoyo puntual de C's (por ejemplo, para cambiar el estatuto de autonomía), con lo cual hay que valorar las preferencias de este partido y tenerlas en cuenta, o si el gobierno va a ser de dos o tres partidos y con qué “cuotas”, porque eso también es importante para seleccionar presidente.
Investir al líder de una tercera o una cuarta fuerza puede ser poco habitual, pero es una práctica parlamentaria absolutamente normal y razonable si está justificada. Y creo que está justificado investir a Oltra en la Comunidad Valenciana, creo que sería razonable investir al candidato de Podemos en las Islas Baleares si MES Mallorca y otras fuerzas menores lo prefieren a la candidata del PSOE, y por la misma razón creo que en Aragón lo normal es que sea el candidato del PSOE el presidente de la comunidad y que en Madrid, si C's no apoya al PP, el presidente sea Gabilondo. E insisto que no son reglas de obligado cumplimiento, son tendencias numéricas parlamentarias hechas a priori.

En Finlandia el parlamento nacional tiene 9 partidos y la primera fuerza solo tiene el 22% de los parlamentarios, el Noruega y en Suecia hay 8 partidos y la primera fuerza tiene el 32% de los escaños, en Dinamarca 9 partidos (mas los representantes de Islas Feroe y Groenlandia) y la primera fuerza no supera el 27% de los votos. Situaciones parecidas pasan en Holanda (10 partidos), Bélgica (con su lío de dos comunidades distintas) y Suiza (7 grupos y el mixto). En Alemania todos los estados federados menos Baviera tienen gobiernos de coalición. Y no son situaciones puntuales, son realidades permanentes.
España también ha entrado en esta realidad del multipartidismo, al menos a nivel autonómico y parece que también será a nivel nacional. Así que más nos vale que aprendamos cómo funciona el parlamentarismo porque nos vamos a tener que acostumbrar a él.