La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces http://lasuertesonriealosaudaces.blogspot.es/







lunes, 31 de agosto de 2015

Cataluña, de nuevo ante las urnas

















Os tengo que reconocer que cada día me cuesta más hablar sobre la política en Cataluña. Siempre digo que cada vez la entiendo menos, pero no es exactamente que no la entienda (no es tan difícil de entender) lo que pasa es que no entiendo cómo la sociedad catalana ha podido llegar a este punto y a este día de la marmota permanente siendo la misma sociedad a la que admiraba hace escasamente una década (y todavía admiro en algunas cosas).

Quizá hay alguna cosa que deba contar para que entendáis la anterior aseveración. Además de que soy hijo de catalán, en Valencia hasta hace unos años se podía ver TV3 perfectamente. Todos los niños de mi generación veíamos Bola de Drac y los dibujos de TV3, y ya más mayores seguimos esa cadena como una más. Siempre nos ha llegado la información de lo que pasaba en Cataluña y en mi caso concreto habitualmente seguía sus informativos para obtener un punto de vista distinto al de otras cadenas, algo que fue de especial relevancia del 11 al 13 de Marzo de 2004, justo después de los atentados de Atocha. En aquel momento, cuando casi todas las TV se autocensuraban y asumían la versión oficial del gobierno Aznar, TV3 se convirtió en un foco de referencia de información veraz, quizá la única de las televisiones de entonces.
Como valenciano siempre admiré y envidié la política catalana. Veía su parlamento, con 5 grupos parlamentarios hace ya 15 o 20 años, y apreciaba el tono de sus debates, mucho más serenos y constructivos que el gallinero del congreso de los diputados o que la deriva ridícula que estábamos viviendo en la política valenciana de la mano del PP de Eduardo Zaplana y Francisco Camps. Cataluña era para mi como una especie de país centro-europeo, alejado de las sobre actuaciones típicas de los parlamentos que conocía. Lo del “seny” catalán y el “oasis catalán” no eran palabras vacías para mí, sino que representaban una realidad, que sin llegar a saber analizar sus causas me resultaba indudable.

Nunca fui un catalanista “fusteriano” (en el sentido de pensar que la Comunidad Valenciana formaba parte de cierta estructura político-cultural compartida con Cataluña) y de hecho siempre me ha parecido una idea ridícula más allá de la obvia relación lingüística, y eso que estuve en un entorno muy proclive a eso. En mi instituto teníamos al típico chaval locuaz y carismático que siempre hablaba de política y era un pancatalanista declarado. El chaval, Cele se llamaba, camelaba a todo el mundo con su labia y sus argumentaciones que quizá ahora nos parecerían un poco básicas pero que con 15 o 16 años resultan convincentes, aunque a mi no me convenció nunca. Recuerdo que un día uno de sus “seguidores” (porque como imaginaréis tenía su grupo de seguidores en estos temas) casi se rió de mi cuando supo que era republicano y me dijo algo así como que eso era algo antiguo. Le respondí mas o menos algo como “mas antiguo eres tú, que tienes la cabeza en estados medievales”. No recuerdo si se enfadó.
Cuento todo esto porque a pesar de no compartir esos puntos de vista siempre conviví con ellos con naturalidad. Entendía su punto de vista y para mi era bastante más razonable que el blavero, empeñado en negar hasta lo filológicamente evidente. Esto de países catalanes podía ser una tontería, pero al menos representaba una preferencia política digamos “neutral”, no algo visceral y anti-científico. Aunque en cierta manera veía en ellos ciertos sentimiento de inferioridad respecto a Cataluña, algo que por cierto también identifico en Fuster.
Porque ese sentimiento de inferioridad respecto a Cataluña siempre ha existido en Valencia, tanto en un bando como en el otro. Los “fusterianos” lo han tenido porque les hubiese gustado que en Valencia existiese un nacionalismo fuerte como en Cataluña y siempre han lamentado la falta de “conciencia nacional” que hay aquí (conciencia nacional desde su punto de vista). Pero los blaveros, pseudo-blaveros, derechistas disfrazados de blaveros y demás también la han tenido, generando una competición insana contra Cataluña para intentar ser mas que ellos, aspiración convertida más tarde en ser más que nadie, y esa quizá fue la semilla de tanta barbaridad arquitectónica y urbanística que se ha hecho por aquí.

Hoy en día, en cambio, siento eso al revés. Lo del oasis catalán pareció venirse abajo hace muchos años cuando escuchamos por primera vez eso del 3% y cuando los primeros casos de corrupción de CiU comenzaron a asomar. Eso pasó mucho antes de que Mas se hiciese independentista o lo que demonios sea ahora, por cierto. Al final vimos como CiU, tan civilizados que eran en el Parlament, no eran tan distintos al PP en lo que al cobro de comisiones se refiere.
Lo del “seny” se vino abajo más tarde, quizá en el momento que Mas asume los posicionamientos independentistas (aunque el famoso día del 3% ya pude ver algo raro, con la amenaza de Mas y el recule de Maragall en aras de la cuestión estatutaria). Mas sabe que Cataluña no va a ser independiente y aún así lleva tres años concentrando todo el debate político de Cataluña en este punto. Si hiciésemos caso a Enric Juliana esta pose no sería más que un posicionamiento de fuerza para poder pactar una nueva relación política con el estado, pero creo que Mas ha sobrepasado ya las barreras que hubiesen permitido una salida en este sentido. Si el objetivo es la independencia está engañando a la gente, si es una mejor relación política entonces está actuando como locamente y sin sentido, y si es solo una manera de tirar para adelante y aguantar el chaparrón entonces es peor todavía.
Frente a esa situación catalana, enfrascada en un día de la marmota sin fin, veo a mi tierra, recientemente liberada de la pesadilla pepera, o al conjunto de España, que poco a poco ha ido aceptando gran parte de los problemas estructurales que tiene nuestra democracia y nuestra sociedad. Creo que España en general está avanzando en el camino correcto de una regeneración democrática necesaria que acabará dando sus frutos (decepcionantes quizá al ser pocos, pero los dará), mientras que en Cataluña hay una sombra que pretende taparlo todo, pretende tapar la corrupción, pretende tapar el mal funcionamiento de los partidos, pretende tapar las leyes electorales inadecuadas, pretende tapar el adelgazamiento del estado del bienestar, pretende tapar la desigualdad de renta, etc. Esa sombra es el “procés, y aunque no consigue taparlo todo (porque en Cataluña también hay iniciativas muy interesantes en todos esos sentidos y la sociedad catalana es muy dinámica civilmente) sí lo tapa parcialmente, o lo mezcla todo en una utopía inalcanzable que acaba dejando en stand-by estas iniciativas.

Cataluña se enfrenta al tercer proceso electoral en 5 años, proceso ordinario que los independentistas quieren convertir en plebiscitario por absurdo que resulte eso en unas elecciones multipartidistas. Desde el punto de vista independentista este es un nuevo punto final que, cuando no funcione, me temo que volverá a ser un punto y a parte. En teoría la candidatura Junts Pel Sí ha pedido una mayoría absoluta para iniciar así el proceso de independencia de Cataluña, y el supuesto plebiscito consiste en si la consigue o no.
Claro, la pregunta es ¿qué pasa si Junts Pel Sí no saca esa mayoría absoluta? ¿Se aborta el proceso independentista? Pues me temo que no. Porque si Junts Pel Sí no saca la mayoría irán a contar los votos de la CUP, que también es independentista, para decir que la mayoría es independentista y que por tanto ese proceso hay que iniciarlo, aunque seguramente entonces se sacará un nuevo conejo de la chistera con algún nuevo paso intermedio para no comenzar a hacer lo que se sabe que no se puede hacer. ¿Y si Junts y CUP no sacan mayoría absoluta? Pues seguramente dirán que hay parte de votos de Catalunya Sí Que Es Pot que son independentistas, lo cual volverá a justificar una nueva mayoría independentista y por tanto una no paralización del procés.
El procés es algo demasiado bueno para dejarlo morir, pues es un comodín que sirve para todo. Sirve fundamentalmente para amalgamar a una parte importante de la sociedad en una marcha patriótica que deja en segundo plano todo lo demás, desde responsabilidades de gobierno hasta reformas pasando por las responsabilidades políticas. Pero además es que también sirve para torear a aquellos que sí exigen esas responsabilidades, pues se les dice que todos los fallos políticos que existen se debe a la pertenencia a un estado irreformable y que la única manera de poder llevar a cabo todo ese proceso es, precisamente, tener un estado nuevo que por alguna mágica razón se formará sin los vicios del estado español y sin las tendencias perniciosas de sus políticos. Incluso hay quien, sin querer la independencia, ha llegado a interiorizar que lo que pasa en Cataluña se podrá reconvertir en un catalizador para un cambio más profundo a nivel de España, situándose así en una posición tolerante e incluso colaborativa con el procés.
El procés es, pues, como estos productos mágicos que lo limpian todo y que sirven para todo. Y la cuestión es que es exitoso, y el claro ejemplo es ver al pobre David Fernández, líder de las CUP, haciendo interesantes equilibrios porque no sabía como condenar la corrupción de CDC, a la vez decir que los registros en sus sedes es una operación de guerra sucia del estado, a la vez reconocer que la corrupción venía de antes, y acabar con un equilibrio fantástico que impidiese atacar frontalmente a un rival político. En cualquier país un partido en campaña electoral se lanzaría a la yugular del rival ante algo así, pero en la Cataluña del procés el izquierdista radical antisistema critica con guante de seda al político derechista neoliberal del establishment.

En mi opinión Cataluña saldrá de estas elecciones con un parlamento más dividido y poliédrico que el actual. En cierta manera se detectan tres bloques bastante definidos, aunque con diferencias. Hay un primer bloque que digamos sería el “inmovilista”, compuesto por el PP y C's, que más o menos lo que pretende es que nada cambie en el estatus jurídico de Cataluña. Después hay un bloque “independentista”, compuesto por Junts Pel Sí y las CUP, que quieren la independencia a toda costa (siempre en teoría) aunque difieren en las formas y el contenido. Y finalmente hay un bloque “pactista” (o tercerviísta), que pretende cambiar el estatus jurídico de Cataluña mediante una negociación con el estado y por un procedimiento pactado y legal, bloque en el que está el PSC, Unió y Catalunya Sí Que Es Pot (CSQEP).
Es prácticamente seguro que Junts Pel Sí ganará las elecciones, aunque parece que sin mayoría absoluta según las encuestas (pocas y no muy fiables). Tengo duda de qué pasará en el segundo puesto, pues alguna encuesta dice que será para C's pero yo creo que puede ser fácilmente para CSQEP. El parlamento que va a salir va a ser muy plural y si C's queda como segunda fuerza lo será muy lejos de Junts, pero si pasa eso creo que quedará bastante claro que lo único que ha provocado el procés es la polarización de la sociedad catalana (recordemos que C's en Cataluña representa básicamente el anti-nacionalismo). Esta competición por la segunda plaza también será muy interesante pues nos indicará qué ha hecho esa población izquierdista pero no nacionalista de Cataluña, si ha priorizado el factor ideológico o el nacional.
Posiblemente el PSC seguirá con su caída libre, pero el PP, que hasta hace un par de meses hubiese jurado que iba a quedar anulado por C's, me temo que resucitará de la mano de García Albiol. La aportación de Albiol a este cuadro de partidos es muy interesante porque nos trae ese “populismo de derechas” anti-inmigración que sí existe en otros países y que en España casi no ha cuajado con la excepción parcial de, precisamente, Cataluña. Porque el partido anti-inmigración más fuerte que existe en España es Plataforma Per Catalunya, y eso nos indica que allí existe este votante potencial. Probablemente Albiol ganará todo ese voto.
Qué pasa con la candidatura de Albiol me resulta muy interesante, porque además creo que este ambiente endogámico y realzador de la catalanidad que ha generado el procés le puede ser favorable. Al final, la “moral” que emana de las ideas de Albiol no es tan distinta de muchas de las argumentaciones y sentimientos de muchos independentistas (no explicitada por sus lideres pero sí presentes en las bases), con la única diferencia de chivo expiatorio elegido. Leed simplemente cómo argumenta alguien como la esposa del expresident Pujol y veréis a que me refiero.

Tan solo una derrota espectacular de las fuerzas independentistas paralizaría totalmente el procés, pero eso no se va a dar. El grupo independentista es mayor que cualquiera de los otros dos, y aunque los otros dos le superasen siempre se podrán estirar las argumentaciones para seguir con esta situación. Los procesos que no van a ningún sitio cansan, pero viendo la potencia propagandística del independentismo y la fuerza y raigambre de los sentimientos que espolea, pensar que en tres años esto va a desaparecer es ser muy ingenuo.
Recuerdo un día, creo que era enero de 2013, en que estuve unos días en Cataluña (en Cervera concretamente). Era la primera vez que estaba en la Cataluña del procés y la cantidad de banderas independentistas me sorprendió. Hubo un día, comiendo en un bar, que estaba la TV puesta y comenzó el informativo de TV3. El informativo fue monotemático, todo era el procés y la independencia, como si no pasase nada más en el mundo. Me recordaba a ese Canal 9 que el PP manipuló hasta la saciedad cuando hacía sus campañas con, por ejemplo, el tema del agua y los trasvases, pero todavía peor y más descarado. Para mi esa TV3 era irreconocible con la que veía hasta prácticamente dos años atrás y me consta que no era un caso aislado, porque he visto más de una vez debates y entrevistas que, por decirlo suavemente, dejan a la TVE de Urdaci a la altura de la BBC.
Cuento esto para que se entienda que lo de Cataluña va para largo. Yo he vivido en una Comunidad Valenciana con una publicidad aplastante a favor de ciertas concepciones identitarias y sé lo que es eso, sé lo que es evitar ciertos debates y que te señalen como anti-valenciano sencillamente porque no compartías unos puntos de vista que además eran absurdos. Salir de ahí nos ha costado mucho tiempo a los valencianos y eso que probablemente la tendencia a la información endogámica fuese mucho menor aquí de lo que es en Cataluña. Pero es que la combinación de sustratos preexistentes, mitos creados y exaltación de sentimientos primarios es muy poderosa, genera bloqueos mentales imposibles de anular, auto-justificaciones impresentables y una “espiral de silencio” que solo la entiende quien la vive.
De todas formas hay una cosa en favor de los catalanes, y es que creo que son mucho más pragmáticos que nosotros. Y eso va a ser bueno para solventar las decepciones.

Ya he hablado más de una vez sobre las falacias que envuelven ese derecho a la secesión que se esconde detrás del término blanqueado (y versátil, por si acaso) del derecho a decidir, sobre la perversa moral que emana del planteamiento soberanista y sobre las consecuencias que podría tener algo así para el futuro de todos. Creo que está de más, también, insistir en que cualquier solución no negociada y multilateral llevaría a Cataluña al aislamiento, que es algo que todo el mundo entiende menos quienes no quieren entender la realidad. De hecho el abuso de esta advertencia no me gusta nada, me parece que es la política del miedo y no se debe hacer política del miedo.
Me preocupa mas el futuro, no solo el de Cataluña sino también el del resto de España. Si el procés no se paraliza o como mínimo se reconvierte tendremos dos problemas que enfrentar en el futuro que no traerán nada bueno. Una es la polarización y la afectación de la convivencia en Cataluña, y la otra sería más general y nos afectaría a todos, que es la “desconexión” política y mental entre Cataluña y el resto. Porque España no va a poder llevar a cabo una regeneración exitosa de su política y sociedad si tiene una comunidad con la sexta parte de su población pensando en otra cosa. Nos podríamos enfrentar a un boicot bidireccional, perpetuo y destructivo para todos.

Creo que es necesario que Mas sea duramente derrotado, y entiendo como derrotado que Junts Pel Sí saque menos escaños y votos que la suma de CiU y ERC en 2012, a ser posible con una diferencia importante. Los catalanes son pragmáticos y sus políticos normalmente también suelen serlo, y en ese escenario se impondría deshacerse de Mas y replantearse el bloque soberanista. No es que el procés o las ansias de independencia vayan a acabar con esto, ni mucho menos, pero creo que sí le valdría a Cataluña para volver a alzar la vista y contemplar otras opciones que no sean un día de la marmota permanente.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Empatía política

















La agresión a la joven presidenta de VOX en Cuenca y algún comentario reciente sobre mis “amistades políticas” me han hecho repescar un tema del que quería hablar hace tiempo y que, al no ser urgente, he ido relegando. Este tema es lo que denominaré empatía política, que podríamos definir como la capacidad de entender los sentimientos o percepciones que llevan a la adopción de determinadas ideas políticas en otras personas, ideas políticas alejadas de las tuyas propias.

Muchas personas, y yo no soy ajeno a eso, defendemos nuestros puntos de vista políticos y morales con convicción. Creemos que estamos acertados, que nuestra visión es la correcta y somos vehementes en la defensa de nuestra cosmovisión. Pero habitualmente eso lleva a que seamos incapaces de entender por qué otros defienden puntos de vista distintos, y acabamos pensando que los otros no entienden de lo que hablan, son tontos o están movidos por sentimientos innobles, y eso no es así.
Cada persona ha vivido unas experiencias y una educación diferente, y eso condiciona enormemente cómo vemos el mundo. Nuestro mundo más directo, compuesto de experiencias personales, es pequeño, es muy pequeño comparado con la globalidad de la sociedad, y esto marca sobremanera las cosas a las que damos verosimilitud o no, y lo que vemos cercano, real e importante.
Luego tenemos filtros muy evidentes que nos marcan un camino. La educación y los puntos de vista heredados de tus padres suponen una losa difícil de superar, al igual que los primeros entornos sociales, que pueden estar políticamente muy definidos y que además suelen contar con ese radicalismo de la juventud. La selección de medios de comunicación también es otro filtro claro que actúa sobre toda la vida de la persona, y que nos permiten crear un entorno artificial y de confort donde lo aprendido nunca se pone totalmente en duda.
Entender que las personas defienden puntos de vista políticos muy distintos en función de cuales sean sus influencias es fundamental. En el fondo todos somos “víctimas” de nuestra historia, todos tenemos ciertas ataduras mentales por muy abiertos al cambio que creamos que estamos. El egoísmo, la violencia o el fanatismo normalmente tienen como sustento pilares adquiridos de los que la persona no es culpable. Y no es cuestión de escudarnos en esto para no cambiar, es nuestra obligación cambiar, pero debemos ser comprensivos con quienes tienen dificultades para el cambio y entender por qué no cambian, sin degradarlos al nivel de gente inherentemente perdida o sin solución.

Muchas personas de izquierdas me han echado en cara que sea “condescendiente” con aquellas personas que defienden tesis anti-inmigracionistas y por tanto militan en esa nebulosa que va desde el “populismo de derechas” hasta posicionamientos casi xenófobos o racistas. Me suelo mostrar comprensivo con estas personas, sin caer en el apelativo fácil ni el insulto jamás, sobre todo si son chavales o jóvenes, y eso a mucha gente le parece mal pues considera que la postura lógica es cortar cualquier conversación diciendo “eres un fascista”.
Pero yo, a muchos de ellos, les comprendo. Entiendo qué es vivir en un barrio degradado y que de chaval te hayan robado varias veces personas de origen extranjero, entiendo qué es escuchar a tu padre decir que le han bajado el sueldo o le han ofrecido una remuneración miserable porque hay muchos inmigrantes dispuestos a hacer ese trabajo por un sueldo bajísimo, entiendo que los conflictos de convivencia cultural se sobredimensionan en ese entorno.
Y yo no he vivido eso, pero he conocido personas que sí lo han vivido y he entendido que las ideas que abrazaron era uno de los finales coherentes de su entorno. Y posiblemente con más conocimiento o más mundo no las hubiesen adquirido, quizá con algo más de suerte o con un entorno de amigos distinto hubiesen sido mucho menos viscerales, pero su camino les llevó ahí. Y puedo empatizar con ellos, quizá de una forma más cognitiva que afectiva, pero puedo hacerlo y, al hacerlo, no los degrado a la altura de personas sin solución, al revés, quiero que vean, entiendan y piensen en que hay otro modo de enfocar las cosas, quiero que asuman cual es el terrible final del desarrollo político de sus instintos más primarios.

Esto me pasa con muchos más tipos de personas. El otro día, por ejemplo, estuve comiendo con una amiga. Mi amiga es militante de C’s y ha llegado allí después de distintos tumbos políticos. La verdad es que hablas con ella y no la distinguirías especialmente de cualquier social-demócrata o progresista, intuitivamente la colocarías en una izquierda no marxista, una izquierda “liberal” por decirlo de alguna manera. De hecho te preguntas ¿qué hace esta persona en C’s?
Pero lo que ha llevado a mi amiga a C’s es posiblemente una convicción o un sentimiento, que es la necesidad de “contener” al nacionalismo, algo que se convierte en el centro de gravedad que condiciona su acción política. Yo no sé a ciencia cierta por qué mi amiga es tan “visceral” en este tema, pero lo intuyo y estoy seguro que no me equivoco en mi intuición. Mi amiga con casi toda probabilidad ha vivido en carne propia ese desprecio que algunos nacionalistas tienen contra la gente que viene de fuera e intenta llevar a cabo sus planteamientos políticos, pues los consideran “forasters” y creen que deben “adaptarse” o asumir ciertas realidades establecidas.
Yo tampoco he vivido eso en carne propia, pero he visto como se lo hacen a otros. Yo he visto amigos míos nacionalistas sentirse recelosos o incómodos con el novio de una de sus amigas porque éste era de Zaragoza, he visto nacionalistas degradar casi a la altura de ciudadanos de segunda a quienes ponen en duda determinadas realidades del entorno socio-cultural, he visto nacionalistas decidir quién es valenciano o no conforme les venía bien.
Ser “víctima” de esas miradas de menosprecio, de ese desprecio a veces poco disimulado por tus orígenes o lengua, es algo verdaderamente doloroso. Y es normal pensar que esas personas son fanáticos, que te están marginando como conciudadano y te quieren en cierta manera expulsar de la sociedad o, por lo menos, que vivas en la misma como sujeto pasivo. Y por eso entiendo a mi amiga, aunque creo que está equivocada.

Porque, a la vez, yo también entiendo a la otra parte. Entiendo qué es ser valenciano parlante y que la gente de la ciudad se ría de tu acento y te vea como un pueblerino. Entiendo qué es vivir en un entorno bilingüe donde tu lengua es la débil y la menos conocida, frente a otra que está presente en todas partes y la conoce todo el mundo, y cómo eso crea un entorno donde casi siempre es el valenciano hablante quien se tiene que adaptar a la lengua castellana. Entiendo que se piense “¿Por qué siempre somos nosotros quienes nos tenemos que adaptar?”, desde cuando pides una hamburguesa en un Mc Donalds de Valencia hasta cuando no puedes hacer en valenciano un examen en la universidad porque el profesor no lo entiende.
Mucha gente ve con frustración cómo la lengua materna se pierde (como lengua materna) en las siguientes generaciones por distintas razones, o asiste a la minorización de su lengua casi como un proceso imparable. Y en esos entornos es normal tender a un sentimiento reactivo, a pensar que se está destruyendo tu entorno cultural de forma pasiva, consciente o incluso provocada. Y entonces se abraza el nacionalismo, se focaliza la atención en agravios y represiones pasadas y se genera un sentimiento de que eres un perdedor de la historia, o incluso se juguetea con la idea de revertir las cosas con un proceso impositivo igual y de sentido contrario al que sucedió en el pasado, a modo casi de justicia divina.
Yo no he vivido nada de eso en carne propia, porque soy un castellanoparlante de capital que habla valenciano perfectamente y siempre interacciona en la lengua de su interlocutor, pero quizá eso me ha llevado a poder ver los dos entornos y entender ambos puntos de vista. Y entiendo a los dos, los dos tienen motivos en sentir lo que sienten, pero que los entienda no quiere decir que acepte su forma de enfocar estos temas, que solo crea una espiral de odio que se retroalimenta y fortalece.
No, mi obligación es hacerles ver lo inconveniente y destructiva que es esta espiral de odio, hacerles ver que los otros tienen razón en parte de lo que piden y que al final esto no es un combate a ver quién cede menos o cuanto se aplasta al otro sino la necesidad de generar un entorno de convivencia conveniente. Y jamás pensaré que son fascistas destructivos, aplastadores de culturas unos y de derechos otros, porque no lo son, son solo personas con ideas inconvenientes producto de sus experiencias duras, reales y humanas.

Muchas de mis amistades se han podido forjar por esa empatía política. He creado amistad con gentes con las que he discutido hasta la saciedad, con personas que tenían una forma de decir las cosas y unas bases morales que me eran profundamente incomprensibles e incluso desagradables. Pero en vez de llamarles sinvergüenza a la primera he persistido en el diálogo, y con el tiempo me ha dado cuenta que ciertas palabras o términos para ellos no significaban lo mismo que para mí, que los problemas muchas veces son dialectales y productos del prejuicio, y que si puedes llegar al fondo de los asuntos siempre encuentras más acuerdos que en una superficie sobreprotegida y suspicaz.
Recuerdo un día a Mónica Oltra hablar de la gente que votaba a Merkel en Alemania. Hablaba de mirarles a los ojos, de hablar con ellos y que entonces probablemente veríamos un fondo y unos deseos parecidos. Pienso mucho en estas palabras cuando veo, por ejemplo, lo que pasa en las sociedades alemana y griega, como a los alemanes se les hace pensar que los griegos son unos vagos y unos vividores, y los griegos, castigados por unas políticas que les han destruido miserablemente, tienden a pensar que los alemanes son todos unos imperialistas.
Pero el ama de casa de Dresde o el mecánico del Sarre seguramente no son imperialistas, simplemente les han enseñado a pensar que su manera de ver las cosas representa la rectitud y la responsabilidad, y que los alemanes deben exportar su bien hacer al resto de países. En cambio no les han enseñado que el dogmatismo destruye, que la historia se compone de grandes perdones y que el bien común no se genera con la imposición de la razón rígida, sino escuchando a los demás y mediante cesiones y acuerdos.

Las convicciones firmes no implican la incomprensión de la diferencia, se puede ser firme, incluso dogmático en la idea, y entender por qué los demás piensan de manera distinta. Sonrisa y firmeza, convicción y empatía, seguridad y compresión…No son ideas contrarias, son compatibles, de hecho probablemente son dependientes, porque difícilmente quienes necesitan minusvalorar a otros en el debate político pueden tener convicciones firmes y seguridad en lo que dicen.

domingo, 23 de agosto de 2015

Apellidos Catalanes

















Se ha creado una enorme polémica porque en un par de artículos de prensa (uno de Leguina y el otro Carles Enric López) se ha criticado que la lista soberanista Junts Pel Sí está compuesta básicamente por personas que tienen apellidos autóctonos o tradicionales catalanes, mientras que los apellidos más habituales en Cataluña (en este órden: García, Martinez, López, Sánchez, Rodríguez, Fernández, Pérez, González, Gómez, Ruiz, etc) si están presentes en algún miembro de la lista es de forma testimonial.
Esta crítica no es nueva, ya la he leído varias veces en el pasado aplicada a CiU (y antes de que CiU se hiciese pseudo-independentista), cuya élite política y la mayoría de sus cargos públicos lucían apellidos que a primera vista se identifican como autóctonos catalanes. Ahora parece que Junts pel Sí comparte la misma característica, y eso que los miembros de CiU están junto a los de ERC y a otros “independentistas” de la sociedad civil catalana.

Como me parecía algo curioso estuve echando un vistazo a la lista de apellidos de Junts per Si, comparándola con las de otras candidaturas. Me fijé especialmente en los primeros puestos de cada una de las circunscripciones y me concentré en la de Barcelona, pues son quienes tienen posibilidades reales de salir elegidos. Obviamente esto de los apellidos es muy complicado y hay algunos que te pueden parecer “castellanos” y ser catalanes y al revés (y algunos que tienen orígenes diversos), pero bueno me fié de mi percepción y de mi conocimiento en este tema (que me gusta bastante).
De lo que pude ver saqué dos conclusiones. La primera es que, de forma general y en todas las listas, parece haber una sobrerrepresentación clara de los apellidos indudablemente autóctonos sobre los foráneos o comunes con otras zonas, sobre todo cuando los 20 apellidos mayoritarios no están especialmente presentes, fundamentalmente en algunas listas. La segunda es que efectivamente Junts Pel Sí tenía un porcentaje bajísimo de esos apellidos mayoritarios, y la inmensa mayoría de los candidatos con posibilidades presentan apellidos autóctonos catalanes. En otra candidatura independentista como las CUP la “mezcla” era mayor, similar a la del resto de candidaturas.

Como estos datos me fueron curiosos decidí mirar en otro territorio, el mio, observando la lista de diputados de las Cortes Valencianas en los distintos grupos. En una rápida ojeada pude ver que, a diferencia de Cataluña, aquí había muchos más apellidos comunes, no autóctonos o “castellanos”, la mayoría, pero también muchos que identificarías como valencianos (para el caso tomé como valencianos a los catalanes y aragoneses también, y a las castellanizaciones que identifiqué y/o a apellidos que sé que son frecuentes en ciertas comarcas).
Pero lo más interesante es que las diferencias entre los 5 grupos parlamentarios eran pocas. Quien más apellidos “autóctonos” tenía era el grupo de Compromís, más o menos la mitad, aunque también tenía 4 diputados (de 19) que se apellidaban García de primer apellido (García es el apellido mas común en la Comunidad Valenciana), y muchos otros diputados, la mayoría, tenían uno o los dos apellidos no autóctonos. El que menos apellidos autóctonos tenía era el grupo de Ciudadanos, que en sus 13 diputados identifiqué muy pocos (no conté a Punset porque sabemos que es de origen catalán). PP y PSPV tenían una composición bastante similar, y también Podem, aunque en este último caso creo que el porcentaje de “autóctonos” era algo menor.
La representatividad en apellidos de los diputados de Las Cortes Valencianas respecto a la población valenciana me pareció bastante certera. Las no demasiado importantes diferencias entre grupos creo que se pueden explicar sociológicamente, pues en Compromís hay nacionalistas y consecuentemente hay bastante más tendencia a candidatos de las comarcas (donde hay más apellidos autóctonos), Podem es una fuerza fuertemente urbanita (por eso tienen más apellidos “foráneos”, más típicos en zonas urbanas y metropilitanas), y Ciudadanos la han compuesto mayoritariamente gente castellanohablante, mucha que no es originaria de Valencia y, además, también es un partido más urbano que rural.

Estas observaciones las puse en Twitter ese día y tengo que decir que me colapsaron la red. Respecto a lo que dije de los diputados valencianos nadie me dijo nada, pero respecto a mi análisis de las listas de Junts pel Sí comenzaron a aparecer independentistas catalanes a increparme (no sabes de lo que hablas, etnicista, anda y estudia, troll), insultarme (gilipollas, subnormal, anormal, racista) , y algunos incluso llegaron a llamarme nazi. Os prometo que no puse nada más de lo que he puesto aquí, puede que incluso menos, pero recibí una respuesta bastante violenta sin venir a cuento. Parece que toqué un tema sensible o a lo mejor es que metí el dedo en la llaga.
De hecho la forma de “defenderse” ante esto fue la proyección, es decir, en decir que el etnicista era yo por “fijarme” en los apellidos y que este era un debate “superado” en Cataluña. El argumento es una tontería, es como ese que hace el PP de echarle la culpa de la corrupción a la prensa por destaparla, y descubre una sensación de intentar taparlo todo y de sobreprotejer a cualquiera que apueste por la causa principal, que es la independentista.
En twitter interaccionas con todo tipo de personas de todas las ideologías, y tengo que decir que los más pesados, infinitos en sus réplicas e incapaces de modificar una coma de su dogma son dos grupos: Los anarcocapitalistas (o libertarianos) y los independentistas catalanes. Y entre estos dos los anarcocapitalistas, aunque son plastas e irracionales, al menos mantienen el debate dentro de cierto tono tranquilo quizá por creerse que tienen argumentos científicos, mientras que muchos independentistas catalanes (aunque no todos, en absoluto) tienden a la violencia verbal, la exaltación y el sentimentalismo, sentimientos primarios y emocionales en general. Aunque en pesadez creo que ganan los anarcocapitalistas.

Yo soy republicano, y para mí cualquiera que haya nacido en un territorio es igual que el otro independientemente de los orígenes que tenga, pero eso no puede llevar a que obvies las diferencias que existen entre grupos. En las sociedades democráticas existe una igualdad legal, pero en la sociedad humana hay discriminaciones reales que van más allá de las leyes, y cuando se detectan esas discriminaciones hay que analizarlas para entenderlas y ver qué solución tienen, porque si no prestas atención lo único que vas a conseguir es que esa desigualdad real perdure y se agrande.
Si la mujer y el hombre son iguales pero el 90% de los directivos son hombres habrá que analizar qué pasa, por qué pasa y cómo se puede solucionar esto. Si en una población hay un 10% de asiáticos pero en cambio son el 50% de la población reclusa ahí hay una obvia desproporción, y habrá que ver por qué pasa esto, si esta etnia vive en condiciones de pobreza que son las que le llevan a delinquir, si es por otra razón y cómo arreglar esto. Si ves que los ateos no acceden a trabajos que los cristianos sí, deberás analizarlo para crear políticas que garanticen una igualdad real efectiva. Lo que no es aceptable es ponerse una venda en los ojos y decir “No, yo no miro a la raza, sexo o religión, eso está superado y no hay que mirarlo”. Esa actitud es irresponsable y cuando se tiene es normalmente porque estás ocultando un problema que no quieres ver o que crees que va a tener una causa que no te interesa.
Extender esto a los apellidos es algo mucho más complicado, más que nada porque hay muchos apellidos de orígenes diversos (García, por ejemplo, es un apellido que es común en toda España desde hace muchas generaciones) y porque los españoles se han estado moviendo por la península desde hace siglos. Pero algunos quieren convertir esta dificultad en imposibilidad, y bajo el “no se puede saber” se esconden y evitan un debate que podría sacar conclusiones que no gusten.
Pero para eso está la estadística. Porque puede ser que un Antonio García López sea catalán hace 5 generaciones, sin embargo es evidente que es mucho más probable que un Antonio García López tenga algún abuelo no catalán que una Neus Casals i Prat. Y precisamente por eso, y porque los López, García o Ruiz son mucho más frecuentes en Cataluña que los Casal, Prat o Oliveres, sabes que la inmensa sobrerrepresentación de los segundos sobre los primeros en una lista electoral muestra que algo pasa, o con la lista o con la sociedad.

El porqué hay una sobrerrepresentación de los apellidos claramente autóctonos sobre los demás en la globalidad de las listas, cuando socialmente son menos, puede tener varias explicaciones. Una que se me ocurre es que la mayoría de los García, López, González, etc. Tengan socio-económicamente una posición más baja que la mayoría de los “autóctonos”, y que la gente que entre en política sea mayoritariamente gente con posiciones socio-económicas más holgadas. Esto tendría sentido sobre todo si asumimos que los López, Martínez o Pérez habitualmente serán hijos o nietos de inmigrantes del resto de España (o lo son ellos), pues se conoce que en prácticamente todos los países los hijos de inmigrantes suelen tener una posición socio-económica relativamente baja, y concretamente en Cataluña hubo a mitad del S.XX grandes migraciones desde Andalucía y otras regiones para trabajar en la industria.
Esta es una hipótesis que parece intuitiva, pero puede ser cierta o no (o parcialmente cierta). Tendría que verse si la mayoría de los poseedores de esos apellidos son efectivamente hijos o nietos de emigrantes, si es verdad que la posición socio-económica de sus descendientes es menor a la media y si en Cataluña existe esa tendencia, que se ve en algunas sociedades más que en otras, de que las personas de nivel socio-económico más bajo no entran en política. También podría tener explicaciones diferentes (¿Y si en los partidos, por la razón que sea, suelen promocionar las personas de ciertos orígenes? ¿Y si los descendientes de inmigrantes no sienten la “cosa pública” de Cataluña como algo propio o en lo que colaborar?), pero hasta que no haya un estudio concienzudo sobre esto es algo que no podremos saber, solo intuir mediante hipótesis más o menos lógicas.
Un segundo tema es por qué Junts Pel Sí tiene esta proporción de autóctonos todavía más acusada. Diría que el factor ideológico debe influir, más de abajo a arriba que al revés (es decir, es probable que los hijos y nietos de inmigrantes sientan menos atracción por el nacionalismo que los de raíces más autóctonas), pero tiene que haber algo más. Sabemos que esto ya pasaba en CiU tradicionalmente, sin embargo la tendencia normal con el paso de los años (que es a una mayor “mezcla”) no se ha dado, y eso es un síntoma. O realmente la lejanía con el nacionalismo catalán perdura generacionalmente en los descendientes de inmigrantes del resto de España (algo que se nos dice continuamente que no es así ) o bien en CiU, en CDC y en su nueva marca (con ERC) existe cierta realidad de “oligarquía política”, de familias o segmentos que copan las altas responsabilidades del partido independientemente de las bases.
Si bien la cuestión general de porqué los apellidos autóctonos tienen mas presencia en política debe ser de característica sociológica o socio-económica, en el caso concreto de Junts Pel Sí parece que tiene que haber un componente político dentro de CDC y ERC. Y no es solo la cuestión ideológica (porque ya hemos dicho que esto en las candidatura de las CUP no pasa), tiene que haber algo interno, de oligarquía política, de sobreentendidos sociales sobre la naturaleza y representatividad de determinadas fuerzas o alguna razón similar.

Entender estas cuestiones es importante en una sociedad, seguir indicios para llegar a conclusiones sobre la igualdad, la representatividad o la integración es lo que hace una sociedad madura que no tiene miedo a encontrar puntos oscuros en su sociedad si eso sirve para poder solucionarlos. Otros parece que prefieren vivir en una ilusión de país ideal y reaccionan violentamente ante cualquier sugerencia de que igual algunos de los mitos nacionales sobre los que se edifica una sociedad podrían no ser ciertos. La segunda me parece una posición infantil que llevará a la futura degradación de esa realidad.
Cuando algunos independentistas catalanes reaccionan violentamente a esta polémica de los apellidos no lo hacen porque se sientan insultados o atacados, lo hacen porque ven tambalearse algunos de los principios sobre los que se edifica su nacionalismo, como el de que el nacionalismo catalán es “cívico” (contrariamente a otros que son “étnicos”) o el de que en Cataluña existe una perfecta integración. Y no se está diciendo que el nacionalismo catalán sea “étnico” o que haya “apartheid” en Cataluña (eso sería un disparate), simplemente se está diciendo que esos dos principios podrían no ser 100% así. La reacción agresiva viene porque se insinúa que el nacionalismo catalán no es 100% perfecto, cívico e integrador, es la reacción contra los que dudan de la perfección.

Mi primer apellido es Fresco, que no sé realmente si su origen es castellano, italiano o portugués, y mi segundo apellido es indudablemente castellano. De mis cuatro abuelos cada uno era de un sitio, Madrid, Barcelona, Galicia y Murcia. Yo no tengo unas raíces centenarias sobre una tierra, sino soy un claro ejemplo de esa mayoría de españoles que son hijos y nietos de gentes que no son originarios de su tierra. Como comprenderéis, este tema me importa y me toca muy de lleno, por mi ideología republicana pero también por mis orígenes mixtos peninsulares.
No me gustaría vivir en una Valencia donde la mayoría de sus diputados fuesen Pla, Falcó, Esteve, Fabra, Martí o Ferrer y no hubiese casi García, Martínez, López o Hernández, creo que sería síntoma de un problema. Si un partido tuviese en sus listas también esa exclusividad, me sería muy complicado considerar que ese partido se rige por unos procedimientos o unos principios políticos adecuados. Afortunadamente los valencianos no tenemos esos problemas y me siento orgulloso de ello.

viernes, 21 de agosto de 2015

La dimisión de Tsipras. Nuevas elecciones en Grecia















Quizá a los mejor informados sobre la situación de Grecia no les habrá cogido por sorpresa, pero yo no esperaba la dimisión de Tsipras y la convocatoria de elecciones tan pronto. Conocía la ruptura interna que se produjo en Syriza tras el nuevo acuerdo con los acreedores y la intención a corto plazo de Tsipras de convocar elecciones para liberarse de esos díscolos, pero no pensé que lo haría ya. Quizá hubiese esperado la dimisión a finales de julio o principios de agosto, después de semi-normalizar la situación bancaria en Grecia, pero pasado ese momento ya no la esperaba hasta de aquí a unos meses.

Los motivos que ha dado el primer ministro son impecablemente democráticos y no se le puede poner ni una coma: Lo hemos hecho lo mejor que hemos podido pero no hemos cumplido el mandato ni el programa, así que deben ser los griegos, conscientes de cuál es la realidad actual, quienes decidan quién debe gobernar. Obviamente en medio de un impago y de un corralito no se podían convocar elecciones, pero una vez pasado se le da la voz al pueblo. Sobre el papel, chapeau, muchos deberían aprender de Syriza, a la que llaman populista pero es infinitamente más democrática que ellos.
Sin embargo todos los motivos de Tsipras no son tan “puros”. La convocatoria de elecciones, como he dicho antes, tiene como objetivo quitarse de en medio a los críticos de Syriza, a aquellos que votaron contra el rescate y que estaban en proceso de ruptura si no con la coalición sí con la política del primer ministro. En las propias palabras de Tsipras, “Hay miembros del partido que pretendían volver al Dracma”, y efectivamente no estaba dentro del mandato de Syriza tomar esa decisión (otra cosa es que técnicamente sea algo que deba hacerse rápidamente).
Y no solo quitarse de en medio a esos críticos, sino que también quiere evitar que tengan tiempo a organizarse. Tsirpas se sabe aún popular, pues aunque ha fracasado en su objetivo al menos ha mostrado unas intenciones y unos modos distintos a sus predecesores. Los griegos pueden estar frustrados por el resultado, pero parece que asumen que el gobierno ha hecho todo lo que ha podido y que lo que ha hecho mal ha sido por inexperiencia, no por indecencia política, y eso le hace retener aún un apoyo mayoritario.
Dar más tiempo y dejar que los efectos de más austeridad se noten solo hubiese llevado a que la plataforma crítica de Syriza ganase apoyos y a que el KKE y AD se fortaleciesen, así pues era mejor convocar elecciones ahora, intentar conseguir un bloque parlamentario más sólido e intentar gobernar con más tranquilidad los próximos 4 años. La jugada también es interesada, valiente (la valentía no se le puede negar a Syriza), pero interesada.

La cuestión políticamente más relevante ahora es ¿qué propone Tsipras a los griegos? Porque Syriza ganó las elecciones porque su principal objetivo era acabar con la austeridad y pactar con los socios europeos una renegociación de la deuda. Una vez la realidad ha demostrado que en lo primero se ha fracasado y que no hay manera de llevarlo a cabo en la actual realidad de la UE, y en lo segundo no se ha conseguido más que un vago compromiso de análisis futuro ¿qué es Syriza ahora?
Habrá que ver cómo se desarrolla la campaña electoral y el programa de Syriza, pero al final lo que parece proponer Tsipras es un planteamiento de gobierno posibilista dentro de las circunstancias. No podemos renegociar la deuda ni librarnos de la austeridad, así que gobernaremos dentro de los estrechos márgenes de soberanía que tenemos e intentaremos renegociar la deuda en el futuro como buenamente podamos, pero ya no podremos ser ese gobierno anti-austeridad porque no tenemos libertad de movimientos. Ese es el mensaje y es de un realismo desgarrador.
Supongo que el programa de centrará en cómo distribuir las cargas de la austeridad y en ciertas reformas productivas y del estado, que es algo bastante pobre pero es lo que les queda, ya que las grandes líneas económicas (privatizaciones, subidas de impuestos, etc.) ya están marcadas por el rescate. Tsipras es el presidente de una Comunidad Autónoma, gestionará las competencias que tiene, las otras las tiene Schäuble y no se pueden tocar, y los griegos tendrán que aceptarlo con resignación o bien lanzarse hacia posiciones de salida del euro e impago de la deuda directamente.
Lo mejor de esta jugada es que parece que deja fuera del escenario político al PASOK (que ya lo estaba, y ya veremos si entra en el parlamento) y a Nueva Democracia (aunque obviamente seguirá teniendo un apoyo importante). El debate político ahora está entre gestionar la austeridad mejor y más justamente que sus predecesores, con un Tsipras fortalecido y con el ala izquierda de Syriza extirpada, o romper la baraja y salir del euro de la mano de partidos que no están estructurados (lo que sea que salga del ala izquierda de Syriza) o están compuestos por trastornados (AD y KKE).
Y obviamente también hay algo de aval personal al primer ministro. Igual que el referéndum de julio era un aval a la posición negociadora del primer ministro, estas elecciones tienen un componente no tanto de aval pero sí de confianza en Tsipras y en que intentará conseguir el mejor acuerdo posible en las futuras negociaciones. Porque puede ser que el resultado de las negociaciones fuese un fracaso, pero Tsipras demostró ser un tipo cauteloso y no quiso salir del euro cuando algunos se lo propusieron. Eso, con lo que se puede estar o no de acuerdo, marca una impronta personal y descubre al primer ministro como un hombre moderado y menos rupturista de lo que se suponía, y ese "fondo político" es el que se somete ahora a las urnas.

La realidad de Grecia es triste, gris y deja una estela de política y país fracasado, pero es lo que hay. Tsipras pone a los griegos delante de la realidad, de una UE inflexible y ciega ante la evidencia y una Grecia dominada por los acreedores que solo tiene dos opciones: Aceptar la “dominación” e intentar gestionarla lo mejor posible a la espera de tiempos mejores, o romper la baraja con la evidente incertidumbre y caos que provocaría eso. Tsipras le vende a los griegos la opción posibilista, y parece que estos la van a aceptar.
Quizá este posibilismo es frustrante, pero el posibilismo ha existido siempre y siempre existirá. Ni el mayor revolucionario del mundo puede fabricar un país preconcebido, las realidades y limitaciones siempre están ahí y eso lo entiende todo el mundo que tenga dos dedos de frente. La Grecia que heredó Tsirpas era prácticamente un protectorado y él intentó negociar unas condiciones más realistas apelando a razones de índole económico, democrático y moral que eran difícilmente discutibles. Fracasó, y no precisamente por su culpa (si acaso de las altas expectativas) sino por la cerrazón de la otra parte.
La única manera de librarse de eso es dar un paso que el primer ministro no está dispuesto a dar. Su propuesta es gestionar paliativamente lo mejor que se pueda y esperar un equilibrio de fuerzas más favorable para los intereses/necesidades griegas. Los griegos tendrán que decidir entre las dos opciones o dar paso a una tercera: Castigar al primer ministro y crear un polvorín parlamentario que acabaría en otro gobierno de concentración nacional que devolvería al país a 2011.

martes, 18 de agosto de 2015

La alianza Compromís-Podemos

















Desde hace un par de meses se viene hablando de que habrá, para las elecciones generales, una candidatura conjunta entre Podemos y Compromís en las circunscripciones valencianas. Este pacto se enmarca dentro del deseo de Podemos de “converger” con ciertas fuerzas progresistas territoriales como la Chunta Aragonesista, ANOVA o Iniciativa per Catalunya, además del propio Compromís.
Esta estrategia es parte de un debate más amplio sobre si se debe hacer una candidatura popular general al estilo Ahora Madrid o Barcelona en Comú (que tiene como telón de fondo la marginación, o no, de IU) y del nombre de esta candidatura, que Podemos exige que sea encabezada por el nombre de este partido. Como sabéis Podemos se empeña en marginar a IU, oficialmente por considerarla vieja política y demasiado posicionada en la izquierda, pero sin embargo sí desea aliarse con estas fuerzas de carácter regional, aunque siempre con su marca presente.

Estas negociaciones o tomas de posiciones públicas creo que han sacado lo peor de la izquierda y de la política en general. He visto sectarismo, rencillas, victimismo, egolatría, suspicacia e incapacidad de ceder en nada. También es verdad que se ha podido ver a otros actores voluntariosos y, por fin, con inteligencia política, entendiendo el sentido de los tiempos y el éxito de las candidaturas de confluencia en las pasadas elecciones municipales, sobre todo en la España más urbana. Al final, como todo en la vida, la izquierda es dual, capaz de lo mejor y de lo peor.
Personalmente creo que está bastante claro el horizonte que deberíamos seguir: Una candidatura de confluencia, bajo una marca instrumental, que sea capaz de equilibrar la pluralidad con la democracia interna y generar un programa común con foco en la igualdad. Algunos actores lo entienden (EQUO, Mónica Oltra, quizá incluso Alberto Garzón), pero otros parecen tener como único objetivo el control de la candidatura y la anulación de quienes deberían ser sus compañeros.
El argumento de Iglesias de que no se puede pactar con IU porque esta fuerza está demasiado caracterizada como “izquierda” y que Podemos debe estar en la “centralidad del tablero” es falaz. Podemos es percibido como un partido más a la izquierda que IU por la sociedad (aunque no sea así), en eso pues ya se ha fracasado. Persistir ahí contra la evidencia matemática de que la unión con IU generaría una mayor representación sólo se explica si el argumento no es más que una excusa o bien si estás tan embebido de tu propio discurso que te lo has creído a pesar de la evidencia.

En tierras valencianas la situación es todavía más compleja, aunque parece que tiene más fácil arreglo. Compromís y sobre todo su líder, Mónica Oltra, preferirían una candidatura más amplia por su cultura política, sin embargo tampoco ven con malos ojos una alianza “simple” Compromís-Podemos. Podemos también quiere esta alianza (sin incluir a IU), así que parece que ésta se dará. La cuestión son los detalles.
Como pasa siempre cuando Compromís se enfrenta a este tipo de decisiones, se puede observar las dos almas de la coalición. Por un lado se ve lo que Enric Juliana llama el “valencianismo menestral”, que sería la parte nacionalista que representa el BLOC. Éstos (y sobre todo su sector tradicional) no son muy amigos de este tipo de pactos con partidos “de Madrit”, pero como no se pueden oponer están insistiendo en que la candidatura sea íntegramente valenciana, fuertemente liderada por Compromís y que los diputados electos tengan grupo propio e independencia en el congreso. Hace poco hubo una votación interna en el BLOC y se aprobó que se iniciasen conversaciones con Podem, aunque con un sector duro opuesto al pacto.
El otro alma de Compromís, la de la “radicalidad urbana” en palabras también de Enric Juliana, que encabeza la líder de la coalición Mónica Oltra con su partido, Verds-EQUO y muchos independientes de la coalición, sí desean claramente un pacto con Podemos. Obviamente quieren que Compromís lidere esa candidatura, pero están más abiertos al diálogo y a la negociación y no han puesto líneas rojas tan claras como el otro sector.
Al final aquí hay una realidad que no es desconocida por nadie, y es que Mónica Oltra y toda esa “radicalidad urbana” de Compromís seguramente se sienten más próximos a Podemos que al propio BLOC. No es que sean iguales, ojo, pues Compromís es mucho más plural, democrático internamente y defensor de los equilibrios de fuerzas que Podemos, pero es evidente que la izquierda de Oltra o el ecologismo político comparten más instintos, objetivos y visiones con Podemos que con el BLOC. Pero el BLOC es su aliado, así que eso sitúa a este “alma” en una posición intermedia y necesitada de hacer equilibrios entre lo que desean y lo que exigen sus socios.

En principio Compromís ha exigido “liderar” la candidatura conjunta, algo que es abstracto e interpretable, lo que pasa es que algunos sectores de Compromís interpretan “liderar” como “liderarlo todo”, y ese posicionamiento, que puede tener sentido para marcar una buena posición negociadora de salida, se convierte en un infantilismo absurdo si te lo crees. Algunos en Compromís quieren reducir a Podem al papel de comparsa, pues quieren tener los cabezas de lista, el nombre primero en la papeleta, grupo propio y autónomo en el congreso, etc. Y eso no es razonable, por varias razones.
La justificación que algunos dan para “liderarlo todo” es que Compromís demostró el 24-M tener una fuerza mucho mayor que Podemos. Habiendo sido cierto eso el 24-M, la extensión de esta idea a unas elecciones generales es fantasiosa y no se sostiene. Es evidente que Compromís le ganó la partida a Podemos en las autonómicas, pues ambas fuerzas comparten un gran porcentaje de electorado potencial que, en aquel momento, se decantó por Compromís. Y me atrevería a decir que lo hizo gracias a las grandes figuras que encabezaban Compromís (con atención especial a Oltra y Ribó) y como “premio” por el gran trabajo de oposición de Compromís en los últimos años.
Sin embargo Compromís es una fuerza especialmente apta para elecciones locales y autonómicas, pero no así para elecciones en ámbitos más grandes, con el agravante de que sus mejores cuadros están en la política local y autonómica. Y no hay más que ver los datos. Por ejemplo, Compromís sacó en las autonómicas de 2011 un 7,1% de los votos (EU sacó 6,25%), mientras que en las generales de 6 meses después, siendo ya una marca mucho más conocida, obtuvo un 4,8% (IU el 6,5%). Obviamente muchos valencianos consideraron que valía la pena votar a Compromís en las autonómicas pero no en las generales.
En las europeas de 2014 Compromís sacó un 7,94% de voto. Meses antes se estaba hablando, a nivel de C.Valenciana, de un posible sorpasso de Compromís al PSPV, con encuestas que daban a Compromís alrededor del 14% de los votos. Es verdad que apareció Podemos y éste restó votos a Compromís, pero es que también IU obtuvo un 10,3% en la C.Valenciana (Podemos un 8,2%). Un año después Compromís ha sacado el 18,2% de los votos en las autonómicas. Creo que se observa claramente que el potencial de Compromís en elecciones generales y europeas baja muchísimo respecto a las autonómicas y locales, al menos hasta ahora ha sido así.

Me la voy a jugar: Creo que si Compromís y Podemos se presentasen por separado a las generales, Podemos sacaría más votos que Compromís. Me baso en los datos que hemos visto pero también en mi propia percepción sobre los votantes de Compromís que conozco (y conozco muchos), que quitando los que son nacionalistas y cercanos al BLOC son gente que podría perfectamente votar Podemos o PSOE (o IU) en unas generales, y de hecho seguramente lo harán si ven a Compromís como una fuerza “regional” con intereses exclusivos en la Comunidad Valenciana.
Por eso creo que Compromís haría mal enseñando las plumas del Pavo Real como si fuese un partido mucho más grande que Podemos, es una presunción que no es aceptable. Y mucho menos puede considerar que le falten al respeto porque Podemos marque sus condiciones mínimas. Compromís tiene probablemente mejores cuadros que Podemos, con más experiencia, una estructura de partido y la mitad de los consellers, alcaldes, etc. Y eso puede aprovecharlo para intentar tener mayoría de los diputados electos, que es en definitiva de lo que se trata esto. Y, además, creo que esto lo aceptaría Podemos sin ningún problema.
Sin embargo creo que Podemos tiene razón en que su marca debería ir delante (aunque yo prefiera un nombre nuevo común para toda España). Creo que el electorado valenciano debe ver que esa candidatura es parte de un proyecto nacional, general, y no una candidatura localista o mixta entre dos partidos que se juntan para maximizar resultados. Compromís puede “liderar” y Podemos poner la marca principal, es un win-win para ambos.

De todas formas a mí, fuera de lo que es el marketing político, estos debates me parecen una hoguera de las vanidades impropia de políticos maduros y serios. La pretensión de Iglesias de que lo único aceptable es que la marca Podemos encabece el cambio o la idea de algunos en Compromís de que ellos deben liderarlo todo sin excepción ni cesión en las candidaturas valencianas son las dos caras de la misma moneda, la del infantilismo político.
Lo que importa es el proyecto y, para llevarlo a cabo, lo que maximice la cantidad de diputados. Lo demás es secundario y generalmente contraproducente. Afortunadamente creo que Mónica Oltra tiene también esta percepción y que, respetando los equilibrios internos que debe tener en cuenta, conseguirá la manera de llevarla a cabo.