La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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lunes, 28 de septiembre de 2015

27-S: "Arròs i Tartana" y el fin del catalanismo

















Si después de cualquier elección nos encontramos con que (casi) todos los partidos dicen haber ganado las elecciones, en un entorno tan altamente polarizado y predeterminista como el catalán sabíamos que esto iba a suceder con mucha más intensidad todavía, y así ha sido. Tanto independentistas como “unionistas” dicen haber ganado, con un resultado perfecto para mantener las cosas tal y como estaban antes de las elecciones.
Hace unos días dije que el escenario perfecto para Mas y Rajoy era que el independentismo ganase en escaños pero no en votos. La victoria en escaños permitiría a Mas seguir con el procés pero pudiendo aplazar las actitudes más unilaterales, convenciendo a sus socios de que no tienen la mayoría suficiente. Para Rajoy era ideal porque esto permite a Mas controlar exigencias unilaterales de sus socios, pero también deja una amenaza flotante que permite al PP erigirse como defensor de la unidad del estado y agitar el espantajo de una amenaza frente a la que algunos de sus rivales podrían ser tibios.
De todas formas, más allá de escenificaciones y de la concentración en votos o escaños independentistas y no independentistas, estas elecciones nos han demostrado que en las entrañas de Cataluña las cosas han cambiado radicalmente y quizá para siempre, dejando un escenario que, en contra de lo que pudiese parecer, no parece muy favorable para el nacionalismo.

La lista ganadora, Juns Pel Si, ha sacado el 39,5% de los votos, aunque un porcentaje mayor de escaños debido a la ley electoral. El resultado no parece especialmente bueno para una lista que pretendía ser unitaria, transversal, defensora de Cataluña y que tenía aires prácticamente de partido único patriótico. La suma de CiU y ERC siempre ha estado por encima del 45% de los votos (durante los 80 y 90 en más del 50% muchas veces), por lo que se observa un retroceso evidente y una fuga de votos que muy probablemente está en las CUP, uno de los grandes ganadores de la noche con un 8,2% de los votos, más del doble que la vez anterior (aunque ha sacado más del triple de escaños, ya que la ley electoral le perjudicó la vez anterior). La dinámica de transferencia no ha sido muy distinta de la que se ha observado otras veces entre CiU y ERC.
La segunda fuerza ha sido C’s, el otro gran vencedor de la noche, que ha sacado casi un 18% de los votos, también más del doble de votos (casi el triple) que la vez anterior (7,5%). C’s ha estado incluso a punto de ganar en alguna comarca del área metropolitana de Barcelona (Baix Llobregat) o en Tarragona (el Tarragonés). De hecho una de las cosas sorprendentes (y terribles) de estas elecciones es la diferencia enorme en comportamiento electoral de las áreas metropolitanas respecto a las más “rurales”, y eso se ve en partidos como C’s que pasan de ganar en algunos municipios de las áreas metropolitanas a directamente casi ni existir en la Cataluña más rural.
C’s parece haber absorbido claramente el voto de los municipios obreros y de lo que es la izquierda obrera de Cataluña, desplazando a PSC y ICV-CSQEP. Porque esta es una de las claves que no se entiende en el resto de España y que es fundamental entender. Es la “izquierda sociológica” la base de voto autonómico de C’s en Cataluña, a diferencia de lo que pasa en el resto de España. Y es fácil entender por qué: Ante el desafío independentista, la reacción de esa izquierda obrera que generalmente tiene orígenes no catalanes ha sido priorizar la oposición al independentismo a la cuestión “social” (por culpa de la indefinición de otros, por cierto). Este es el gran “éxito” de Mas, hacer que sus opositores piensen también en términos nacionales y no políticos.
Viendo la celebración de C’s se puede observar una especie de “orgullo charnego” que jamás había visto en Cataluña. Los hijos y nietos de inmigrantes se han cansado de ser sujeto pasivo en Cataluña y han decidido resistir a un independentismo que entienden nocivo y peligroso para su identidad mixta. Luego incidiré en esto.

El gran fracasado de estas elecciones ha sido Catalunya Sí Que Es Pot (CSQEP), que no ha llegado al 9% de los votos (estando ICV casi en el 10% las elecciones anteriores). Uniéndose ICV con un partido ascendente como Podemos resulta que han bajado en voto, algo que parece incomprensible más viendo como en Barcelona y en otras ciudades de Cataluña gobiernan candidaturas de confluencia popular.
En CSQEP y en Podemos se ha echado la culpa del resultado a la polarización nacional existente en Cataluña. Esto, sin ser del todo mentira, es no entender nada de lo que ha pasado y echarle la culpa de tus propios errores a los demás. La causa del resultado está bastante clara en mi opinión: CSQEP ha “compadreado” demasiado con el independentismo, se ha mostrado neutral en la cuestión nacional y, para colmo de males, ha puesto a un pseudo-independentista como cabeza de cartel. El votante potencial de CSQEP se ha visto en estas elecciones con tres opciones: Priorizar la cuestión social e ideológica, ignorando la nacional (y entonces votar a CSQEP), priorizar la nacional e intentar parar al independentismo (y entonces votar a C’s) o tirar por el camino de en medio y votar al PSC. Pues bien, al final esa izquierda obrera metropolitana ha votado a C’s y ha sostenido al PSC en sus votos de 2012, desechando en su mayoría la opción de CSQEP.
Yo creo que la posición de ICV de cercanía al soberanismo ha hecho daño a la coalición, pero también la actitud de Podemos. Podemos, que tantas veces ha acertado en su análisis de la situación española, ha errado gravemente en Cataluña. Iglesias y su gente se han basado en una premisa: Que el catalanismo era una característica necesaria para ganar en Cataluña y que, por tanto, había que adaptarse a él. Sin embargo la realidad es que estas elecciones certifican la defunción del catalanismo político.
El PSC ha aguantado relativamente bien, dentro de su complicada situación, y creo que su aguante se debe a un detalle importante: Este es posiblemente el PSC menos “catalanista” que ha habido en los últimos años y el más “coordinado” con lo que defiende el PSOE.  El PP se ha hundido algo más de lo que pensaba (mucho de su voto ha ido a C’s) y otro de los grandes fracasados de las elecciones es Unió, que no ha entrado en el parlament. Y este último caso es especialmente interesante porque desde mi punto de vista Unió es el partido más “catalanista tradicional” que había, y los votantes le han dado la espalda.

Lo más relevante de estas elecciones, desde mi punto de vista, es la desaparición del catalanismo, al menos tal y como lo conocíamos. El “catalanismo” en Cataluña hasta hace unos años era prácticamente el mínimo común múltiplo de todas las fuerzas políticas excepto quizá el PP (e incluso en la época de Piqué intentaron acercarse al mismo). Ese catalanismo se basaba en la defensa de la especial idiosincrasia de Cataluña, en la defensa de su lengua y cultura y en una especie de aspiración generalizada de más autogobierno. Abarcaba desde el PSC hasta ERC, y precisamente por ese catalanismo se pudo alumbrar un tripartito entre una fuerza independentistas como ERC con una teóricamente no nacionalista como el PSC.
Sin embargo este consenso catalanista ha saltado por los aires, y ha saltado por los aires porque los nacionalistas lo han hecho saltar. Ante la evolución de los nacionalistas hacia el independentismo, los catalanistas no-nacionalistas han optado por desligarse de ese catalanismo de consenso. Mirad, el que era el único partido no catalanista hasta hace unos años, el PP (e insisto que en cierto momento llegó a acercarse a esas posiciones), siempre estuvo sobre el 10% de los votos. Ahora, los dos partidos claramente no catalanistas (PP y C’s) están en el 26,5% de los votos. Pero es que hay más: El PSC seguramente menos catalanista de la historia ha obtenido un 12,7% adicional de los votos.
Este es el drama de Cataluña, que es algo que no se está queriendo ver. Conforme los nacionalistas van abandonando el catalanismo los no-nacionalistas también lo abandonan, pero en sentido contrario. Se está yendo a una "euskaldización" de Cataluña, con dos bloques identitarios claramente enfrentados, mientras que las opciones de más concordia y digamos “neutralidad” (CSQEP y Unió) han fracasado.

Hay que analizar la evolución de los acontecimientos. Cuando Mas ganó las elecciones en 2012 y comenzó a hablar con las fuerzas políticas para hacer un pacto por el “derecho a decidir”, en un principio estuvieron en las conversaciones los nacionalistas de CiU y ERC pero también ICV y PSC, partidos que representaban a más del 70% de los catalanes. El PSC se desmarcó al ver que eso iba de estrujar las normas jurídicas y, más tarde, ICV se separó al vislumbrar que lo que querían esas fuerzas era la independencia predeterminada. Incluso CiU se disolvió, yendo Unió por libre.
Siendo objetivo diría que esta situación de entierro del catalanismo es precisamente la que mejor le viene al statu quo. Si se generan dos bloques enfrentados entre independentistas y unionistas, objetivamente da igual que los primeros tengan el 51 o el 60% de los votos, la defensa de los ciudadanos que se declaran claramente unionistas siempre le servirá al gobierno central para paralizar cualquier cambio de estatus jurídico. Un estado debe defender a sus ciudadanos, sean estos mayoría o no, y permitir el alumbramiento de un nuevo estado con una sociedad polarizada no parece una buena idea.
Cuando el catalanismo era mayoritario las exigencias de mejor financiación, más competencias o cosas así eran difícilmente rechazables. Siempre se daba la coyuntura política favorable para que los votos catalanes fuesen necesarios, era cuestión de esperar y perseverar,  y al final se conseguía lo demandado, aunque fuese parcialmente. Un resultado decente en Cataluña era necesario para ganar las elecciones en España (sobre todo para el PSOE) y por eso las demandas catalanistas se acababan asumiendo.
Pero ahora eso se ha acabado. Ahora ni el PP ni el PSOE necesitan un buen resultado en Cataluña, lo que necesitan es a C’s y/o el voto “unionista”. De hecho cuanto más radicales son las demandas de los partidos nacionalistas más costo político tiene aceptarlas, y por tanto más difícil es para los catalanes poder conseguirlas. El haber finiquitado el catalanismo lleva precisamente a que el gobierno central no tenga incentivos para negociar, ni con un 47% ni con un 55% de votos independentistas.

Lo anterior lo podemos enlazar con el hecho de que en Cataluña casi nada es lo que parece. Una de las cosas que no se entienden desde Madrid es que mucho del voto que va a parar a JxS no es independentista (declaradamente sobre el 15%, pero posiblemente sea bastante más), es un votante que piensa que tan solo una amenaza real de secesión llevará al gobierno central a negociar un nuevo estatus para Cataluña.
Pero eso es un error garrafal, porque desde Cataluña se ignora que están creando incentivos para que “el estado” no negocie. Ya no es solo que la destrucción del catalanismo hace que no sea necesaria la aceptación de las demandas catalanas, ya no es que la aceptación de las demandas radicalizadas fuese cada vez más costosa en votos en el resto de España, es que sencillamente el estado no puede aceptar una negociación forzada por una amenaza. Ningún estado acepta eso, y en el caso del español el aceptarlo provocaría automáticamente un efecto dominó que comenzaría por Euskadi, seguiría por Galicia y continuaría quizá por la Comunidad Valenciana, Baleares y otras comunidades.
¿Cómo vas a transmitir el mensaje de que las bravuconadas y las amenazas son un mecanismo válido para forzar una negociación? Nadie lo hará, ni siquiera quienes dicen que quieren hablar y dialogar. Lo dije el otro día y lo repito: Si los nacionalistas quieren negociar van a tener que usar a Mas como chivo expiatorio, echarle la culpa del pulso y “blanquearse”, y en base a una buena Fe negociadora esperar que haya un gobierno en Madrid de carácter pactista.
Ese es otro de los dramas del nacionalismo. Un nuevo gobierno en España en 2016 hubiese podido negociar con la gente de CSQEP, con la gente de Unió o con la del PSC, pero no con Junts Pel Sí. Y por si hay alguna duda de esto, es que probablemente nadie llegará al gobierno sin esa voluntad de resistir la amenaza, bien porque será necesaria para conseguir votos bien porque lo será para conseguir el apoyo de C’s.  Sólo una nueva generación de actores políticos a ambos lados podrá desatascar la situación.

Tres consideraciones finales. La primera, es que el procés va para largo y no tiene pinta de acabarse ni a corto ni a medio plazo. Todo está exactamente como estaba, y para los independentistas la situación es de no poder dar pasos adelante pero tampoco para atrás. Hay quien piensa que Mas no será president pero yo no estoy tan seguro. Mas es un superviviente nato y ya intentará camelarse a las CUP de alguna manera (quizá consiga una abstención de casi todos y un voto a favor), y entonces tendremos “procesismo” por tiempo indefinido. Y aunque no estuviese Mas también será así. A mí esto me recuerda a la novela de Blasco Ibáñez "Arròs i Tartana", que habla de una familia de clase alta que, arruinada, se dedicaba a aparentar y a gastar un dinero que no tenían para poder casar a sus hijas con buenos maridos. “Arròs i Tartana, casaca a la moda i rode la bola a la valenciana”, que dice la frase. Vamos, a aparentar y a tirar para adelante mientras se pueda, aquí con el objetivo de cazar algún pacto bueno con el estado.
La segunda consideración: Lamentablemente creo que el resultado ha generado un escenario donde la continuidad del PP en el gobierno se convierte en probable. El golpe de CSQEP ha sido tal que Podemos, si no media rectificación absoluta en su posicionamiento respecto a la independencia de Cataluña (y escuchando a Iglesias y Errejón no parece que vayan a hacerlo), va a verse duramente afectado. Y si Podemos se ve afectado un posible gobierno futuro entre el PSOE y Podemos (la opción más de izquierdas posible) se convierte en improbable. Iríamos, pues, a alguna combinación entre PP,PSOE y C’s, y aunque podría no gobernar el PP (un gobierno PSOE-C’s podría darse, sobre todo si el primero absorbe voto de Podemos y el segundo del PP), su presencia sube enteros.
Y finalmente la consideración más importante. Por todo lo dicho, creo que Cataluña, tantas veces motor del cambio en España, es hoy un palo en la rueda de ese cambio. Lo llevo tiempo avisando, Cataluña está en un estado político de endogamia absolutamente desincronizado con el resto de España, y lo único que puede salir de ahí si el procés sigue es una paralización de las reformas en España y consecuentemente también en Cataluña. Y esto es una enorme desgracia.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Nacionalidades, amenazas y fantasías















Cuando el país todavía se está recuperando del ridículo radiofónico que hizo su presidente al respecto del tema de las nacionalidades y la secesión, el debate político en Cataluña parece haber dado un giro de última hora. Hasta hace un par de días los argumentos de los no-independentistas parecían difícilmente rebatibles y veíamos con bastante estupor como los líderes independentistas se empeñaban en negar la realidad, sin embargo ahora parece que el error de Rajoy lo ha cambiado todo y observo, de forma increíble, cómo los independentistas han aprovechado la situación para resucitar de sus cenizas (argumentalmente), provocando una extraña depresión en sus oponentes.

Al final este desarrollo de los acontecimientos es la consecuencia inevitable de la lamentable estrategia del gobierno en los últimos tres años. Apoyados por la ley, el reconocimiento internacional y la fuerza, el gobierno ha ignorado el movimiento independentista catalán y lo ha tratado como un imposible del que no hacía falta preocuparse. De hecho, parece incluso que se ha querido mantener la situación en un punto álgido, pues es por todos conocido que cada amenaza o bravuconada por parte de los independentistas es oxígeno para un Rajoy que no tiene otra cosa a la que agarrarse para mantener el gobierno.
Y como se sentían seguros ante un imposible jurídico y/o les beneficiaba la confrontación, no hicieron nada para pelear la batalla moral, la de las ideas y los valores. Permitieron que el victimismo se cociese a fuego lento, que los engaños y las medias verdades del independentismo se repitiesen hasta la saciedad, hasta que llegaron las elecciones. Y al llegar estas han hecho la jugada del mal estudiante, han intentado hacerlo todo el día de antes y han sacado toda la artillería pesada de golpe, exagerando el contenido en ocasiones y bañándolo con toques apocalípticos en otras.
Al final esto no podía salir bien. Un entorno político tan acostumbrado al victimismo como es el del nacionalismo catalán puede reaccionar a tanta amenaza de forma contraria a la que se pretende. Es verdad que una comunidad rica, con una renta per cápita de unos 30.000€/año, es esperable que sienta vértigo y temor por una aventura tan manifiestamente suicida como la de una secesión unilateral, pero también es verdad que en Cataluña hay unos códigos no escritos que a veces parecen ignorarse desde Madrid.
Por mucho que se clame por la independencia e incluso aunque muchos de Junts Pel Sí fuesen capaces de tirarse de un puente para conseguirla, hay un gran porcentaje de fieles a la causa que sabe o intuye que, en el fondo, esto no es más que un pulso para provocar una negociación en condiciones extremadamente favorables. Muchos independentistas no aceptarían jamás una independencia que implicase salir del euro o de la UE, pero razonan en sentido de que eso ya llegará, que ya decidirán, y que lo que toca ahora es abrir un escenario que lleve o bien a una negociación favorable o a la posibilidad de una independencia sin daños. Y, cuando ese es el escenario mental, las amenazas lanzadas avisando del apocalipsis no funcionan, es más, lo único que hacen es provocar el repliegue sobre las ideas propias.

De todas formas parece increíble cómo el error de Rajoy ha generado tanto pesimismo en las filas de los opuestos al independentismo. Lo de Rajoy es una vergüenza, es increíble que un presidente del gobierno, en medio del debate independentista, no conozca las propias leyes que desmontan el argumento de sus oponentes, y es más grave todavía cuando además es un argumento que saca él en el debate. Es incomprensible, parece como si Rajoy solo hablase de oídas, escuchase remotamente lo que le explican otros y solo lo repitiese, sin entender nada. Y es todavía más grave que no sepa argumentarlo cuando, realmente, el argumento era correcto en el fondo.
El independentismo ha sido muy hábil en convertir la inutilidad de Rajoy en un argumento a favor de su tesis de que los catalanes sí conservarían el estatus de ciudadanos europeos de independizarse, cuando es falso. Realmente Rajoy, que hablaba de oídas, al menos había escuchado bien. Al producirse una secesión legal o reconocida, los ciudadanos que tengan residencia en el estado secesionado deben elegir una de las dos nacionalidades, la del nuevo estado (rechazando la del estado anterior) o mantener la que tienen (lo que les llevaría a ser extranjeros en su nuevo estado). Esto está aprobado en una resolución de la asamblea de la ONU y con este procedimiento se han hecho las separaciones o secesiones últimas que han sucedido en el mundo (Montenegro, por ejemplo).
A esta convención internacional los independentistas oponen el artículo 11.2 de la constitución española, que dice que “ningún español de origen podrá ser privado de su nacionalidad”. La cuestión es que seguidamente el artículo 11.3 deja abierta la posibilidad a perder la nacionalidad y que en los artículos 25 y 25 del código civil se regula cómo se puede perder la nacionalidad siendo español de origen, y una de las formas es aceptar otra nacionalidad de un país que no tenga convenio de doble nacionalidad con España (se perdería 3 años después). Si el 11.2 implicase lo que los independentistas dicen que implica, entonces los propias artículos del código civil serían inconstitucionales
Obviamente no deben serlo, y la cuestión es que “privar de la nacionalidad” requiere un acto del estado contra el ciudadano. Si el ciudadano, libremente, elige adquirir otra nacionalidad sabiendo que no hay convenio con España y que por tanto perderá la española, no se le está “privando” de nada. Hay algún jurista que no está de acuerdo con esta interpretación, que dice que el 11.2 de la constitución es rígido y que por tanto los artículos del código civil serían inconstitucionales. Yo creo que se equivoca, pero es que en el fondo da igual.

Mirad, aquí el problema es que se mezclan las cosas y se crean hipótesis sobre futuribles intangibles. Imaginemos que realmente el 11.2 de la constitución efectivamente evita que los nuevos catalanes puedan perder la nacionalidad española… ¿y qué? ¿Es que alguien piensa que Cataluña se puede separar de España y eso no va a provocar un cambio en las leyes y en la propia constitución? Si hay una secesión pactada, el estado español cambiará las leyes para que la secesión se adapte a lo que indica la resolución de la ONU, por la sencilla razón que ningún estado va a aceptar que el 100% de los habitantes de otro estado sean nacionales suyos y tengan derecho a voto. Sería absurdo, sería como si Cataluña fuese soberana y, además, mantuviese un 20% de la soberanía de España. Obviamente eso no es así en ningún sitio, y los croatas no tienen la nacionalidad serbia, los eslovacos no tienen la checa ni los letones la rusa.
Lo que pasa es que los independentistas mezclan maliciosamente escenarios contradictorios de secesión pactada y unilateral ¿Si hay una secesión unilateral los catalanes perderán la nacionalidad española? Obviamente no, porque de pasar esto Cataluña objetiva y jurídicamente no sería un estado, seguiría siendo una parte de España y, por tanto, sus ciudadanos serian españoles. Pero es que una secesión unilateral no es nada, no vale para nada y nadie la reconocería. En el “mejor” de los casos, llevaría a una situación un tanto absurda donde Cataluña es parte de España pero al gobierno no se le obedece, sería una especie de Transnistria o Somalilandia, es decir, estados que no reconoce nadie pero que, de facto, tienen una independencia dentro de sus propias fronteras.
Esta misma mezcla de situaciones contradictorias es la que permite a los independentistas contar lo que les apetece y engañar a su gente. Cuando dicen, por ejemplo, que no se puede “echar” a Cataluña de la UE es exactamente lo mismo, mezclan situaciones pactadas con unilaterales, y crean un barullo para acabar diciendo que si nadie les reconoce no pueden perder nada (que es cierto), y que si les reconocen será un éxito ¿veis el transparente engaño? Pase lo que pase les beneficia.
Lo mismo pasa con las pensiones. Los independentistas insisten que España deberá seguir pagando la pensión de los jubilados catalanes si Cataluña se independiza, pero eso no es así sencillamente porque el sistema no podría aguantar. Si le quitas al sistema casi un 20% de los aportes no va a poder pagar las pensiones, es una cuestión meramente física.  En ese punto quedarían dos opciones, o reducir todas las pensiones o “extirpar” a los ciudadanos catalanes del sistema de reparto, y no creo que sea necesario explicar por qué se optaría por la segunda opción y por qué nadie en su sano juicio iba a recortar las pensiones un 20% a todos sus ciudadanos.

Al final la selección aleatoria de las realidades de la situación “pactista” y la “unilateral”, elegidas convenientemente para crear un mensaje fantasioso, es la mayor estafa de los independentistas y es la que permite fabricar el absurdo de una independencia sin costes. Sin embargo el independentista catalán razona siempre en términos de confirmación de Fe, de que pase lo que pase ganan. Si alguien quiere rebatir la fantasía que lo haga, pero entonces habrán entrado a debatir sobre una secesión “pactada” y, por tanto, han entrado en mi terreno, por lo que gano yo.
Me viene a la cabeza una frase del doctor Negrín en la Guerra Civil española. Negrín, hablando de los alemanes, decía que estos eran muy peligrosos para España (para la república) porque “se movían de forma unitaria, como un todo, y esto es muy peligroso para nosotros porque nosotros no tenemos fuerzas colectivas”. Aquí pasa un poco lo mismo, los no-independentistas nos movemos y actuamos sin fuerza colectiva, porque para alguien como yo Rajoy es más repelente que alguien como Romeva. Por tanto no generamos un discurso único, todo lo intentamos resolver con la razón, con la técnica o con el pragmatismo político. Sin embargo los independentistas actúan como un bloque movido por la Fe, defendiendo el mismo discurso, abrazándose entre ellos aunque sean antagónicos, defendiendo cosas que saben que son disparates porque, en el fondo, el objetivo es la unidad y el bloque.
Pero claro, los no-independentistas (o unionistas o como queráis llamarlo) no podemos hacer eso, porque comportarse como un bloque monolítico sería caer precisamente en lo que más nos espanta de nuestros rivales. Yo no soy como Rajoy, no quiero ser como Rajoy y me niego a ir con Rajoy ni a la vuelta de la esquina más allá de poder compartir cosas puntuales. Y por eso cuando Romeva hace el ridículo o los indepedentistas se empeñan en decir que los líderes internacionales no dicen lo que dicen, todos actúan haciendo bloque, negando la mayor y comportándose aparentemente casi como una secta. Pero cuando Rajoy hace el ridículo a nosotros nos pasa lo contrario, le ponemos a caer de un burro, cunde el pánico y se extiende la depresión.
Por eso este debate es tan complicado, por eso no se puede aparecer 5 minutos antes de unas elecciones y pensar que vas a ganar sin bajar del autobús. Aquí había un debate moral y de valores que había que haber hecho durante años, cuidadosamente y sabiendo que tienes en frente un bloque monolítico que razona en base a la Fe y que, por tanto, hay que destejer una tela de araña complicadísima. Es una tarea muy fina que no puedes sustituir con matar moscas a cañonazos.

Yo no sé qué pasará el domingo, no sé si Junts Pel Sí más las CUP sacarán menos del 50% de los votos pero más del 50% de los escaños como indican las encuestas, o si sacarán menos o más en ambos casos. La verdad es que, para nosotros, es irrelevante. La independencia unilateral no es posible, la secesión pactada requiere una profundísima reforma constitucional que debe validar el pueblo español independientemente de qué hiciesen los partidos, y la negociación de cualquier mejora parece complicada, cuando no imposible. El PP no va a negociar nada (tiene demasiados incentivos para no hacerlo) y probablemente nadie acepte negociar con dirigentes independentistas que hablan en términos de amenazas y ruptura legal, pues sería interpretado como un chantaje y eso no pueden permitirlo. Al final la solución que sea va para largo, y seguramente tendrán que cambiar todos los actores a un lado y a otro para que pueda llegarse a alguna entente.
Por eso lo fundamental es comenzar a hacer pedagogía y todo el trabajo que no se ha hecho en estos años a partir del lunes. Tengo la sensación que si los debates sobre los costes y posibilidades de una secesión se hubiesen hecho antes, y si las explicaciones de gentes como Borrell, Garicano o el propio Margallo se hubiesen prodigado más durante estos años, en un debate calmado, respetuoso y técnico, ajeno al ardor electoral, muy probablemente las posibilidades de victoria de fuerzas que proponen una secesión unilateral (honestamente o por pura pose) hoy serían nulas.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Y el Bloc votó No a pactar con Podemos...



















Cuando parecía que la alianza entre Compromís y Podemos en las circunscripciones valencianas estaba encarrilada, resulta que el Bloc Nacionalista Valencià, partido con más militantes en la coalición, hizo una consulta a las bases y estas votaron por un 74% presentarse a las elecciones generales como Compromís, rechazando explícitamente abrir negociaciones con otras fuerzas políticas “estatales” (vamos, con Podemos). El resultado ha sido un jarro de agua fría en la coalición y ha vuelto a abrir las viejas heridas que nunca han cicatrizado y que quizá nunca lo hagan.

Por lo que parece esta consulta vinculante estaba pedida por el sector crítico del Bloc, pues la dirección parece que estaba a favor del pacto con Podemos. He estado intentando averiguar si este resultado está “provocado”, es decir, si independientemente de lo que se diga se estaba intentando que saliese un NO como técnica negociadora frente a sus socios de coalición, con la intención de conseguir mejores puestos en las listas. No sería la primera vez que el Bloc hace cosas de estas para poder buscar concesiones de sus socios, pero la cuestión es que no hay nada que me indique que este resultado ha sido provocado como técnica negociadora. Así pues lo daremos como la opinión auténtica y espontánea de las bases del Bloc.
Cuando se plantean estas cosas en Compromís (los pactos con partidos estatales) siempre se produce el mismo problema, pasó con EQUO y pasa ahora. El Bloc es reticente a los pactos con partidos que, según su lenguaje, no sean “de estricta obediencia valenciana, mientras que los otros dos socios de la coalición, IdPV y Verds-EQUO, son mucho más flexibles y “colaborativos” al no ser nacionalistas (y en el caso de Verds-EQUO además por estar coaligado en una estructura estatal).
El caso de EQUO más o menos se resolvió, posiblemente porque era un partido menor y no sintieron que fuese una amenaza para Compromís o para el mensaje “valencianista”, pero parece que con Podemos tienen mucho más miedo. Desde el entorno del Bloc se dice que Podemos anularía el valencianismo político y sometería a Compromís a su estrategia estatal, y por eso muchos de sus militantes se niegan en redondo al pacto.
También hay cuestiones de desconfianza política hacia el partido de Iglesias (recelos que son lógicos en mi opinión), e incluso hay gentes en el Bloc que no son precisamente de izquierdas (el Bloc ha llegado a aliarse con CiU en el pasado, por ejemplo) y obviamente eso refuerza el rechazo a Podemos en ese sector, pero el problema principal es el antes comentado, es una cuestión de nacionalismo y de rechazo a proyectos estatales.

Al final lo que hay detrás de todo esto, además del nacionalismo, es una pugna por reinterpretar la realidad. Mirad, la gente del Bloc cree por alguna razón incomprensible que el éxito de Compromís se debe a que los valencianos han votado al “valencianismo político”. No es que lleguen a negar la obvia aportación de personalidades como Oltra o Ribó, pero digamos que creen que a éstos se les vota por su valencianismo y que la cantidad de voto que aporta el Bloc a la coalición es proporcional a sus militantes, cuando obviamente no lo es.
Pero la realidad, confirmada reiteradas veces, es que la mayoría de gente que vota a Compromís no lo hace por el “valencianismo”, lo hace por sus personalidades y por su acción en la oposición durante estos años. Yo no conozco un solo votante de Compromís en el área metropolitana de Valencia que vote a Compromís por ser “valencianista”, lo votan por ser el azote de la corrupción y el defensor de los derechos de las personas. La gente de Valencia capital que conozco que ha votado a Compromís lo ha hecho fundamentalmente por Oltra, sin ella probablemente habría votado Podemos o PSOE, y solo conozco a una persona de un pueblo del área metropolitana que es ex votante del PP y que ha votado a Compromís porque piensa que será defensor de los “intereses de los valencianos” (lo que sería un voto regionalista instrumental).
La forma más clara de ver esto es analizar cómo Compromís siempre saca discretos resultados en generales y europeas, mientras aumenta muchísimo en voto en las autonómicas y locales. Y esto lo entiende todo el mundo que no se ciegue intentando creer que lo que desea es la verdad (de hecho hasta la gente más sensata del Bloc lo entiende). Analicé aquí los resultados del periodo 2011-2015 así que no me repito.
Seamos claros, no es que Compromís vaya a sacar mucho peor resultado en unas generales que en unas autonómicas, es que si se presenta solo probablemente quedará por detrás de Podemos e incluso de Ciudadanos (En las europeas de 2014 fue 6º fuerza, no lo olvidemos). La mejor encuesta otorga a Compromís 3 diputados presentándose en solitario, en otras ni llega. Y no, esta vez no se van a “reventar” las encuestas como en las autonómicas, el entorno es distinto.

Lo que parecen no entender en el Bloc es que un mal resultado en las generales pondría en cuestión el gobierno bipartito y la posición de Compromís. Si Podemos sacase más votos que Compromís ¿cómo se va a mantener la situación actual, donde Podemos es un socio externo del Consell? Si Compromís quedase muy por detrás del PSOE, esta situación de que Compromís y PSPV son socios prácticamente al 50% se diluirá y el PSPV pasará a ser tácitamente el socio dominante. Voy a dar una vuelta de tuerca más ¿tan segura estaría la presencia de Compromís en el Consell, si se convierte en un actor irrelevante en el congreso? Cuidado que, una vez Puig está investido, podría hacer alguna jugada. Hay líderes políticos valencianos que han dicho que este Consell bipartito no aguantará mucho más allá de las generales...
Pero es que ya no es el presumible fracaso electoral, es que hay adicionalmente un problema evidente en la Comunidad Valencia que se llama financiación. El Consell no va a poder cumplir con sus promesas y su programa electoral si la financiación de la Generalitat no mejora y no se pone a la altura de la media de España. Y esto, señores, no se hace con 2 o 3 diputados en el congreso por mucho que el Bloc crea que sí. Esto se consigue pactando esta cuestión con Podemos, haciendo una candidatura conjunta, sacando 9 0 10 diputados y arrancando un compromiso por parte de Podemos nacional.
Hay que saber analizar a medio plazo y ver la jugada. Mejorar el sistema de financiación es uno de los grandes retos del Consell y si no se consigue quedará en el debe de PSPV y Compromís, pero no en el de Podemos, que no está en el Consell…
La alianza con Podemos es un win-win en toda regla: Aumentaría la cantidad de diputados electos de Compromís, arrancaría a Podemos un compromiso por la financiación, consolidaría la presencia paritaria de Compromís en el Consell y evitaría un fracaso que puede ser perjudicial. ¿Qué hay en contra? Que representa “diluir” Compromís en una empresa nacional puntual. La verdad, hay que ser cerril para que los sentimientos no te dejen ver las enormes ventajas y potencialidades del pacto. Son por cosas como estas por las que digo que el nacionalismo es una religión, porque es irracional.

Lamentablemente creo que hay todavía más cosas en este rechazo del Bloc. Creo que parte de la militancia del partido nacionalista “odia” (entre comillas) a Oltra, no soporta que sin ser nacionalista sea la cabeza e imagen de Compromís y recelan enormemente de su ascendente sobre el resto de la coalición. No aceptan que el cabeza de Compromís no sea del Bloc ni el enorme poder de su partido, IdPV, en Compromís, mayor que el que debería tener por militantes. Yo lo he hablado en privado con militantes del Bloc y me han dicho que están con Mónica porque en este momento la necesitan, pero que no se fían un pelo de ella.
Tampoco quiero pensar que el Bloc tiene otra idea en la cabeza: Probablemente haya una modificación de la ley electoral en la Comunidad Valenciana en los próximos meses y que la barrera para entrar en Les Corts baje del 5% al 3%, y bajando esa barrera el Bloc podría entrar por sí mismo, sin depender de Oltra y del resto de Compromís…A ver si detrás de tanta acusación a Oltra de querer romper Compromís, irse con Podemos y ser mala malísima, resulta que tenemos esa misma jugada pero desde el otro bloque. No lo creo, pero hay veces que uno duda de todo.

viernes, 18 de septiembre de 2015

El fraude del índice de libertad económica

















Existe un famoso índice de libertad económica que publica anualmente The Wall Street Journal y que realiza la Heritage Foundation, un think tank neoliberal cuyo objetivo es la minimización de la intervención del estado en la economía. Este índice (u otros similares) se presentan habitualmente en debates económicos por parte personas que defienden ideologías que van desde el neoliberalismo al anarco-capitalismo, con el objetivo de demostrar cómo las privatizaciones, las bajadas de impuestos y, en definitiva, la minimización del estado es buena para la economía.
La cuestión es que los países más ricos y con un alta calidad de vida suelen salir en los primeros puestos, por lo que los defensores de estas teorías concluyen que la minimización del estado es buena para la sociedad. Pero uno, que ya es zorro viejo en estas cosas, se da cuenta enseguida cuando algo falla y cuando hay una manipulación oculta en los datos, índices o estudios, y en este caso es evidente que lo hay ¿cómo es posible que estados con regulaciones e intervenciones estatales bajas o nulas salgan mal en el índice y otros, con fuertes regulaciones e impuestos, aparezcan entre los más “económicamente libres”? Obviamente nos la están colando por algún sitio. Así que me puse a analizar el índice y he sacado interesantes conclusiones que ahora comentaré.

Para empezar hay explicar un poco cómo se hace el índice. El índice nos ofrece un resultado numérico por país que va del 0 al 100, y que corresponde a la media aritmética de 10 campos con puntuaciones individuales, que son estos: Derechos de propiedad, inexistencia de corrupción, libertad fiscal, gasto del gobierno, libertad de negocios, libertad de contratación, libertad monetaria, libertad de comercio, libertad de inversión y libertad financiera. Todos estos campos también se puntúan del 0 al 100, y finalmente se hace la media aritmética, puntuando todos los campos igual. Es decir, no hay un área prevalente, no hay una ponderación por importancia, todas las áreas cuentan lo mismo.
Esto nos lleva a situaciones aparentemente absurdas. Fijaos, si un país tiene altísimos impuestos y, consecuentemente, altísimo gasto público, eso le penalizará en las áreas de “gastos del gobierno” y “libertad fiscal”, que computa un 10% cada una. Sin embargo el 80% de la puntuación final estará libre de eso, será independiente de los impuestos y del gasto público (realmente es más que independiente, el gasto público subirá la puntuación, luego lo veremos). Por eso sacar este índice en un debate sobre impuestos o gasto público es bastante absurdo, porque una subida de toda la presión fiscal afecta muy poco. Un ejemplo, Dinamarca es el país con más presión fiscal de Europa (48%), sin embargo tiene 40 puntos en libertad fiscal y 1,8 en gasto del gobierno. Como veis, incluso con una presión fiscal elevada se le otorga la mitad de la puntuación máxima en su área aunque esto tiene truco, porque cuentan las tasas máximas del impuesto, no las medias (o sea, lo importante no es que se cobren muchos impuestos, sino que se cobren mucho a los ricos). Todos los países nórdicos y más avanzados tienen cifras cercanas a 0 en “gasto público” (excepto Noruega) mientras los africanos sacan muy buenos resultados (Etiopia y Sudán destacan).
Si solo contasen estos dos parámetros los países más pobres, depauperados y con estados más débiles debían ser los más “económicamente libres”, pero no, al final del estudio el resultado es el contrario, y lo es por el resto de conceptos. Veamos, por ejemplo, el concepto “derechos de propiedad”. Aparecen con muy buenas puntuaciones países que son paraísos fiscales (Barbados, Hong Kong, Suiza) pero gana... ¡Dinamarca! (95). De hecho países como Alemania, Noruega, Suecia, etc. Aparecen con puntuaciones de 90 puntos. ¿Por qué pasa esto? Pues porque aquí se están contando cosas como la independencia de la justicia, la corrupción en la misma, la posibilidad de expropiación, etc. Mientras no se cuenta en absoluto cuantos impuestos se cobran. Al final una puntuación alta no depende de cuánto capital puedas acumular (Guinea Ecuatorial puntúa un 15 o Arabia Saudí un 40), sino de cuestiones de limpieza institucional de la justicia y otras inherentes a los países ricos. Ya veis, la malvada “expropiación” del estado vía impuestos, al final, no afecta para nada a los “derechos de propiedad”. Curioso ¿verdad?
De hecho lo de la corrupción cuenta dos veces, porque hay un apartado de “inexistencia de corrupción”, donde también destacan países como Dinamarca y Finlandia. La baja corrupción de un país tiene muchas causas, pero tiene que ver fundamentalmente con cosas como la cultura del país, la riqueza, el buen funcionamiento del sistema democrático, los sueldos decentes del funcionariado, y poco o nada que ver con el tamaño del estado o la cantidad de cosas “públicas” que haya (por ejemplo, Francia tiene un 80 y Noruega, con el petróleo estatal, 90). Vamos, que si el estado es grande, paga buenos sueldos y funciona bien, lo normal es que la puntuación en este campo sea elevada… ¿Comenzáis a ver las trampas?

Los apartados de “libertad de negocios”, “libertad monetaria” y “libertad de contratación” también son curiosos. En libertad de negocios importa tanto los días y cantidad de papeleo que hay que hacer para abrir un negocio como los costes de los negocios y las licencias respecto al PIB del país. Claro, en países ricos este ratio baja (al ser el PIB alto), por lo que los países ricos que tienen administraciones públicas modernas y funcionales (que facilitan trámites, que tienen trámites online, etc) tienen muy buenas puntuaciones. En libertad de contratación se tiene en cuenta que no haya sueldos mínimos, que exista libertad para despedir, etc. Países como Bahréin, Brunei y hasta Mongolia tienen buenas puntuaciones, aunque los países flexisecuritarios del norte de Europa también sacan puntuaciones altas porque su modelo es de protección laboral estatal a través de altos impuestos y no de rigidez laboral. “Libertad monetaria” es, básicamente, que no haya inflación ni control de precios, por lo que todos los países de la zona euro salen bien, pero países como Marruecos, Perú o Senegal aparecen a nivel de los europeos.
Obviamente todas estas puntuaciones tienen una alta arbitrariedad, tanto por la fuente consultada como por la selección de los factores a analizar. Suecia, Dinamarca o Finlandia no tienen salarios mínimos y eso les mejora la puntuación, pero tienen poderosísimos convenios laborales y/o regulaciones locales que marcan salarios mínimos de facto bastante más altos que países con SMI, pero eso no tiene en cuenta. La libertad monetaria se basa mucho en lo que llaman “Price control penalty”, inventada y restada a la inflación por criterios meramente subjetivos. En la “libertad de contratación” los datos son poco creíbles, porque hay países donde los trabajadores son tratados como ganado que sacan peores puntuaciones que países como Nueva Zelanda, con un SMI de los más altos del mundo.

En el último grupo, “libertad de comercio” depende de barreras comerciales y regulaciones. Todos los países europeos sacan buenas puntuaciones cuando existen muchísimas regulaciones sanitarias, de seguridad, cuotas, subsidios, etc. Mientras países que no tienen nada de esto sacan malas puntuaciones, lo que no tiene ningún sentido. Al final aquí también está la arbitrariedad en las penalizaciones por “restricciones”, que se otorgan conforme les da la gana a los autores.
En “libertad de inversión” también hacen lo mismo, van restando puntos por “restricciones” pero hay un par de cosas interesantes. Están quitando puntos por falta de transparencia (en el fondo relacionada con la corrupción) y quitan hasta un 20% por problemas de seguridad física e inexistencia de infraestructuras, algo que obviamente perjudica la puntuación de los países pobres e inseguros y beneficia la de los desarrollados y con estados que funcionan.
En “libertad financiera” se cuenta la regulación bancaria, que el banco central sea “independiente”, la cantidad de competencia en este sector, etc. Aquí lo que hacen es otorgar una nota de 0 a 10 (o a 100) básicamente como les parece, en función de una ponderación subjetiva de las restricciones, controles, cantidad de competencia, etc. ¡Ah! Aquí nadie tiene un 100 porque obviamente cualquier país con dos dedos de frente tendrá una mínima regulación aunque sea para evitar el fraude (como veis no tener regulación para evitar el fraude es positivo para sacar más nota). Botswana, El Salvador o Panamá sacan las mismas notas que España o Francia…

Este es más o menos el resumen del índice y las principales trampas que he podido detectar en un análisis por encima, podéis consultar las definiciones y los cálculos en la página de la Heritage Foundation y ver las puntuaciones por países, que nos muestran de forma bastante clara que se está trileando con los números para que salga un índice con muchos de los países más desarrollados en las primeras posiciones.
Al final hay que ser un poco suspicaz con estas cosas, sobre todo cuando conocemos cómo funciona esta gente. El índice está hecho para que los países desarrollados salgan por encima de los países más pobres en la mayoría de casos. Hay una especie de “puntos extra” que los países obtienen por el mero hecho de ser desarrollados. Cuestiones como la inexistencia de corrupción, la transparencia, la existencia de infraestructuras, la seguridad ciudadana o un alto PIB, que son propias de los países más ricos y con democracias mejor estructuradas, crean bases de puntuación bastante altas. De hecho es la propia existencia de un estado fuerte y de un gasto público elevado es lo que permite indirectamente puntuar bien en algunas áreas. Y la mera existencia de un alto PIB genera automáticamente que aumenten las puntuaciones en varios campos.
Luego, además, están las cuestiones de ponderación. Un país que tenga la presión fiscal más alta del mundo sacará 30 o 40 puntos en ese campo, mientras que a Zimbabue, por ejemplo, le puntúan un 10 en libertad bancaria y un 0 en libertad de inversión, debido a que mucha gente está fuera del sector bancario (normal, es un país pobre) y porque hay bastantes empresas estatales y por tanto sectores en los que no se puede invertir ¿Es esto equilibrado? Obviamente no, pero el índice está hecho así para que las realidades “anti-libertad económica” propias de los países pobres bajen mucho la puntuación mientras que las de los países ricos la bajen, pero mucho menos.
No hacer ponderaciones por áreas también es una forma de manipular el resultado final. Subir la presión fiscal 20 puntos sería calificado por cualquier liberal económico como una medida comunista, pero si se hace igual la puntuación bajará… ¿2-3 centésimas? En cambio, si se deja degradar la justicia o la seguridad ciudadana por no subir 1 ó 2 puntos la presión fiscal muy probablemente la puntuación caerá más bastante de esas 2-3 centésimas ¿veis cómo funciona?. No ponderar cada una de las áreas por importancia no es objetivizar el listado, es subjetivizarlo y manipularlo pues se pone al mismo nivel áreas clave con otras de menor importancia.

Al final os preguntaréis, si van a salir más altos los estados con estados más funcionales, mejores democracias, más redistribución de renta, más nivel educativo, etc. ¿Qué sentido tiene este ranking? ¿No está puntuando bien a países que tienen medidas contrarias a los que los creadores del índice defienden? Son preguntas interesantes, y me parece que la respuesta es que la cuestión aquí no es tanto el orden en la lista como la evolución de la misma y las posiciones destacadas de los paraísos fiscales.
Me explico. Si tú creas un índice de libertad económica y los primeros países son Botswana, Perú, Georgia y Jordania nadie te va a hacer ningún caso. Nadie prefiere vivir en Bostwana antes que en Dinamarca, Francia o Canadá, por tanto eso no puede salir. Es importante que el índice refleje un listado más o menos coherente con la riqueza y la calidad de vida. Ahora, una vez hecho y listado, cada vez que un país suba impuestos, nacionalice algo, ponga una nueva regulación o tenga inflación su puntuación bajará respecto al año anterior. Y como la lista es más o menos lógica con la riqueza de los países (grosso modo) se crea el equívoco mental de que la “libertad económica” (entendida como desregulación, privatización y minimización del estado) es buena y que regular o subir impuestos malo.
Al final la gente ve que del 3º al 6º tenemos a Nueva Zelanda, Australia, Suiza y Canadá y piensa “vaya, en este índice los países desarrollados salen de los primeros, debe ser bueno”, sin embargo el 1º y el 2º son Hong Kong y Singapur (Recordad: Países muy pequeños, altos PIB, mucha seguridad) que son territorios off-shore y casi paraísos fiscales, que es lo que interesa aquí, vender esos modelos. Luego nadie se da cuenta que Bostwana o Georgia están por encima de España, Francia o Italia...

Si se hiciese un listado de “libertad económica” tal y como lo venden los “liberales económicos” (menos impuestos, menos estado, menos regulación) y se hiciese con resultados adecuadamente ponderados, seguramente países como Perú, Georgia y Bostwana saldrían de los primeros, junto a paraísos fiscales, territorios offshore, etc. Ese es el modelo, no Australia, Canadá o Dinamarca, que nadie se equivoque. Los países nórdicos salen bien sencillamente porque cosas como la seguridad, el estado funcional, el nivel educativo o la existencia de infraestructuras elevan las notas, cuando son cosas que nada tiene que ver con la “libertad económica” tal y como la entienden ellos sino seguramente lo contrario, es decir, son producto de fuertes estados del bienestar y de la distribución más equitativa de la renta.
Lo más peligroso de la manipulación no son las mentiras, las mentiras se acaban captando tarde o temprano, lo peligroso es la combinación interesada y maliciosa de medias verdades con medias mentiras. Esta gente actúa así, esconde trampas entre puntuaciones, introduce sibilinamente falacias lógicas, confunde causas con consecuencias, las razones de las cosas, genera modelos y fórmulas que otorguen el resultado que predeterminadamente buscan, etc. 
Este índice no es más que otra herramienta para una causa, la causa de la privatización y desregulación de todo y así permitir al capital dominar el mundo sin restricción estatal o democrática alguna. Espero que este breve análisis superficial os ayude a entender que esto no es más que otra manipulación, como tantos estudios, propuestas y análisis de estos grupos, siempre interesados, nunca objetivos, jamás neutrales.

lunes, 14 de septiembre de 2015

¿El independentismo es democrático?























La ministra principal de Escocia, Nicola Sturgeon, ha declarado que su partido, el Scotish National Party (SNP) incluirá en su programa para las próximas elecciones regionales una propuesta para hacer un nuevo referéndum de independencia en 5 o 10 años. No es la primera declaración de este tipo en el SNP. Hace un par de meses el exministro principal Salmond dijo que un segundo referéndum será “ineludible, y otros miembros del SNP también se han pronunciado en términos parecidos. Hace menos de un año que los independentistas escoceses perdieron el referéndum de independencia por más de 10 puntos.
El caso escocés creo que demuestra bien por qué no es una buena idea hacer un referéndum de independencia en un territorio como método de solucionar un problema. El referéndum puede contener temporalmente el problema, sin embargo a medio plazo lo multiplica porque genera un escenario donde pueden repetirse los mismos indefinidamente. Pero el problema fundamental es de índole moral ¿es razonable convocar referéndums de forma continua hasta que salga un Sí a la independencia? Expresémoslo de forma más general ¿es este realmente un comportamiento democrático?

Creo que procede antes de nada definir bien qué es democrático, o mejor incluso, qué no lo es. La democracia no consiste en que la mayoría de la población pueda decidir sobre todos los asuntos de forma directa o indirecta, eso es falso y además corresponde a la caricaturización de la democracia que hacen ciertos grupos “ultra-liberales” que contraponen liberalismo y democracia tratando a la segunda prácticamente como la dictadura del 51%. Decir esto es una simpleza posmoderna que, sin quererlo, convierte a la democracia en algo “totalizador”, fortaleciendo además el mensaje de quienes quieren destruirla.
No, la democracia se basa en dos principios, uno es efectivamente el gobierno de la mayoría sobre las cosa pública, pero también se basa en la garantía de libertades y derechos individuales que no pueden ser anulados por la decisión de la mayoría. Y respecto al gobierno de la mayoría la democracia tampoco implica que una mayoría mínima pueda decidirlo todo, sino que establece ciertas situaciones donde se necesitan mayorías agravadas para hacer ciertos cambios, tanto por razones morales como de puro pragmatismo institucional. La democracia no es una dictadura de la mayoría, no es un concepto “totalizador”, es una cuestión de equilibrio entre libertades individuales, decisiones basadas en una mayoría y estructuras institucionales de rigidez relativa (no absoluta).

Creo que todos entendemos que las libertades individuales no pueden estar sometidas a su revocación por una mayoría coyuntural (ni permanente). Un sistema donde un gobierno elegido por mayoría pudiese eliminar la libertad de expresión o manifestación no sería una democracia, sería una dictadura que tendría un origen en la expresión de la soberanía popular, pero no por eso dejaría de ser una dictadura. Imaginemos otro caso muy evidente y conocido en la historia: Un partido o político gana unas elecciones y, una vez en el poder, anula el sufragio universal y se perpetúa en el poder. Este es un mecanismo típico de generación de dictaduras que se ha dado en muchas épocas y latitudes. El origen “democrático” de estas iniciativas o poderes no tapan la obvia tendencia antidemocrática de las mismas, esto lo entiende hasta el posmoderno más infantil.
Vamos a poner un caso menos grave ¿se puede cambiar una estructura institucional por una mayoría coyuntural? Las constituciones de todos los países dan una respuesta a esta situación: Se necesita una mayoría agravada para hacer esto, por la sencilla razón que estos cambios institucionales normalmente generan cambios permanentes. Es decir, si mañana un gobierno pudiese eliminar el senado o fusionar CC.AA esto generaría un hecho consumado difícilmente reversible, pues el volver a dividir CC.AA o crear una nueva cámara implicaría destrucción de instituciones, reordenamientos de la estructura de la administración y, en definitiva, cosas que no se deben hacer si hay vocación de permanencia.
Algunas personas, como es mi caso, pensamos que hay cosas que constitucionalmente deben estar garantizadas, como por ejemplo el sistema público de salud, y lo creo por un planteamiento muy parecido a este. Destruir es mucho más fácil que construir, y privatizar la sanidad pública sería un proceso rápido que difícilmente sería reversible, ya que la construcción de un nuevo sistema de salud podría tardar décadas. Si se destruye el sistema público probablemente no haremos otro (pues de ganar los mismos que lo han privatizado volverían a destruir lo hecho) y por tanto me parece razonable que haya una protección constitucional especial. Y ojo, que no es un blindaje absoluto, simplemente es exigir una mayoría especial y reforzada para hacer algo que no tiene vuelta atrás.
Desde un punto de vista posmoderno y algo nihilista puede pensarse que esto de pedir mayorías reforzadas para la reversión o cambio de ciertas estructuras no es “neutral”, y no, ciertamente no lo es. Pero es que los posmodernos no entienden que la política no es neutral, no es moralmente neutra, y que los mecanismos jurídicos se basan tanto en la moral como en cuestiones de realismo institucional.

Cuando los independentistas plantean la posibilidad de hacer un referéndum de secesión mucha gente cree que eso es un planteamiento escrupulosamente democrático, pero eso es falso. Hay un problema evidente que ya se ha comentado alguna vez, y es el “demos” arbitrario que se escoge. Cuando un independentista catalán quiere hacer un referéndum en Cataluña pero en el fondo piensa que su nación son unos “países catalanes” que incluyen otros territorios, lo que está haciendo es simplemente trampear la democracia y hacer una especie de gerrymandering a conveniencia. En el fondo no importa ni el “derecho a decidir” ni la democracia, importa solo el objetivo, y los "demos" se adaptan a esa realidad. Cataluña es el “sujeto soberano” porque saben que de incluir a otras CC.AA no alcanzarían nunca una mayoría, pero si la realidad fuese la contraria sí optarían por una independencia de todos los territorios juntos. No hay un criterio democrático, es estrujar los conceptos a interés en base a un objetivo predeterminado. Y lo que digo para Cataluña vale para Euskadi, la Padania u otros, puede ser igual en todas partes.
Pero hay un problema adicional mucho más grave si cabe. Una secesión no es una decisión colectiva de esas que se pueden tomar con una mayoría simple coyuntural, sencillamente porque no es reversible. Si Escocia o Cataluña se independizan con casi toda probabilidad no volverán a hacer un referéndum de unión de nuevo, por la sencilla razón de que sería absurdo y estructuralmente imposible crear y destruir de forma cíclica estructuras de estado. La secesión de un territorio es definitiva, una decisión puntual marca el destino de todas las generaciones posteriores, de todos los que no han votado y convierte un Sí a la independencia coyuntural en algo que no tiene vuelta atrás. Obviamente no puede tratarse como la elección de un gobierno, que puede ser revertida cada X años, ni como un referéndum para aprobar una ley, debe ser tratado en cualquier caso bajo una perspectiva especial.
Voy a ser más claro. Imaginaros que una elección ahora decidiese cual es el presidente de un país de por vida ¿sería eso democrático? Obviamente no, estarías sometiendo a la población a una decisión vital de extrema importancia (estas eligiendo casi a un "dictador" perpetuo), sin mecanismo democrático de control, sin posibilidad de anular la decisión tomada en el caso que se demuestre errónea. Una decisión puntual decidiría una estructura permanente, un voto puntual anularía posibilidad de votos futuros. Algo así no es moralmente democrático, por mucho que aparentemente lo parezca.
Al final este ejemplo es parecido al de una secesión, aunque ésta es algo menos grave. Votar Sí a una secesión impide votar en el futuro Sí a una unión, consecuentemente se convierte en un voto permanente, en una coyuntura que genera estructura. Entendamos que algo así no puede compararse con un voto democrático, cíclico, de una ley que puede establecer un gobierno pero otro puede modificar o eliminar. Sería como permitir que un gobierno generase leyes y que un nuevo gobierno futuro no pudiese revertir al cambiar la coyuntura política, sería inaceptable. Y es por eso por lo que constitucionalmente, para casos de este tipo, se exigen mayorías agravadas (de entre el 60 y el 66%), porque no es democráticamente aceptable que un 51% coyuntural genere una estructura permanente. Es moralmente anti-democrático.

Cuando los independentistas piden un referéndum de autodeterminación (secesión) no están siendo guiados por un sentimiento democrático sino exactamente por uno de naturaleza contraria. Porque en el momento que se acepta una exigencia así (que se pueden convocar referéndums de autodeterminación y que ésta se puede llevar a cabo por una mayoría simple), el fin está decidido y la democracia no es más que una herramienta para conseguir el fin predeterminado, violando por tanto la moral democrática. Si se pierde un referéndum se pedirá otro, si no hay mayoría independentista se buscará la coyuntura favorable para que la haya, y al final de este camino llegará un momento en que por la coyuntura, una pregunta capciosa, un cálculo sobre las abstenciones o por lo que sea, los independentistas conseguirían una mayoría coyuntural, y entonces la coyuntura generará una estructura permanente, inamovible y de casi imposible reversión democrática. No es democracia, es degradación de la democracia, utilización de la democracia, violación de los principios que la inspiran, desprecio por sus valores reales.
¿Quiere decir esto que los independentistas son siempre anti-demócratas? No, no. o por lo menos no siempre. Yo siempre he dicho que hay momentos donde el independentismo puede ser conveniente o democrático. Si hay discriminación contra una minoría territorializada comprendo perfectamente que haya independentismo y probablemente lo apoyaría. Si hubiese un régimen autoritario podría apoyarse también una independencia como vehículo para democratizar un territorio (aunque es complejo, porque al final implicaría dejar sometidos al autoritarismo a otros ciudadanos de otros territorios. Tendríamos que estar en un escenario de o secesión de una parte o autoritarismo general, sin solución alternativa).
Pero en un estado democrático la secesión es difícilmente justificable, pues en la práctica totalidad de ocasiones hay una moral antidemocrática de base. Puede haber casos de odios irresolubles e imposibilidad absoluta de vivir con el vecino, y ahí pragmáticamente podría ser interesante buscar una salida, y en casos como esos se debe buscar una solución que debería pasar siempre por mayorías agravadas, situaciones clarísimas y previsibles y multilateralismo. Pero incluso eso es un fracaso de la democracia, la imposibilidad de vivir con el diferente es el fracaso de la democracia misma y habla bastante mal de las partes implicadas. Otros escenarios planteados (como esos que dicen que la independencia puede traer un cambio social), son directamente fantasías y excusas, y si fuesen reales (que no lo son) aun así provocarían problemas éticos de importancia ¿hay derecho a una secesión para generar un cambio social o revolucionario, abandonando al resto de los habitantes del estado a su suerte? ¿No debería priorizarse, en base a esa misma moral social y revolucionaria, la “liberación” de todos los ciudadanos?

No podemos llevarnos a engaño, el independentismo en estados democráticos no está guiado por principios democráticos ni de respeto a la voluntad popular, está guiado por la predeterminación y el nacionalismo, y la democracia no es su base, solo es su herramienta. Al final lo que verdaderamente hay se observa en eso que dijo Artur Mas de que “los escoceses perdieron el referéndum de independencia” ¿cómo que los escoceses perdieron? ¿Qué los unionistas no son escoceses? Es esta la moral, la nación existe, debe ser independiente y haremos lo que haga falta para conseguirla, usando la democracia como herramienta, estrujando los marcos y los “demos” a conveniencia y trileando con los conceptos.
Y ojo, que el independentismo no sea moralmente democrático no implica que tenga que actuar anti-democráticamente. Hay muchos independentistas que no se atreverán nunca a pasar ciertas líneas rojas democráticas (otra cosa es que las estiren a conveniencia), pero que no nos cuenten que están guiados por los principios democráticos porque eso es falso y un engaño. Lo dije en su momento y lo reitero, la unión es moralmente más democrática que la secesión, la convivencia es moralmente más democrática que la segregación. Comparar ambas cosas como equivalentes o “neutrales” es falso, no lo son y no podemos aceptar este nihilismo político posmoderno.
Me resulta muy frustrante que esta defensa moral y democrática de la unión no la hagan nuestros políticos, por alguna incomprensible razón se ha dejado que los nacionalistas creen sus marcos mentales colectivos sin oposición. Es que hemos llegado a la situación de que un político independentista dice que está dispuesto a iniciar un proceso de secesión con el 45% de los votos, pero como sabemos que no puede hacerlo y nadie lo aceptaría nos lo tomamos casi a guasa. Y sin embargo es algo terrible, es moralmente algo gravísimo y el mero hecho de que se atreva a verbalizar en público algo así debería encender todas las alarmas.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Sobre la reforma de las pensiones














El sábado pasado el programa La Sexta Noche hizo un pequeño “debate” sobre pensiones con dos economistas, Eduardo Garzón, economista heterodoxo, y Juan Ramón Rallo, baluarte mediático de los economistas digamos “ultra liberales”. El debate fue bastante decepcionante por el formato (un minuto cada uno en tres tandas diferentes) y dejó una sensación de vacío, pues es un tema muy amplio que merecía un debate en profundidad.
Me gustaría hablar un poco sobre las pensiones en España y sobre todo su futuro, viendo las alternativas que hay, las reformas que se pueden hacer y destacando, sobre todo, lo que no se debe hacer.

Yo creo que hay poca duda de que las pensiones en España necesitan una reforma. Nuestro sistema es un típico sistema de reparto donde los trabajadores pagan las pensiones de la generación que está jubilada con sus cotizaciones, habiendo una transferencia intergeneracional. Sin embargo este sistema fue ideado en unas condiciones diferentes a las actuales, donde la cantidad de trabajadores en activo era bastante mayor que la de pensionistas (generando un ratio trabajadores/pensionistas alto) y, sobre todo, en un momento en que los salarios eran crecientes y las rentas del trabajo se llevaban mayor porcentaje de la productividad.
Actualmente esas condiciones aún se cumplen, pero la tendencia nos dice que puede no seguir siendo así. Se habla mucho de que si baja el ratio trabajadores/pensionistas el sistema será insostenible, lo cual es una verdad parcial (o una mentira parcial) porque solo sería así si el resto de factores permaneciesen constantes. Al final la ecuación es tan sencilla como “lo que entra por lo que sale”, así que no importa solo cuantas personas aporten sino sobre todo cuanto se aporta. Aun bajando el ratio el sistema seguirá funcionando siempre que aumentemos los ingresos (bien por cotizaciones más altas o ingresos por otra vía) o bajemos los gastos (bajar las pensiones), y estos aumentos de ingresos y descenso de gastos se pueden hacer de muchas formas, no de una sola.
Así pues nos encontramos en un sistema con muchos factores y muchas posibilidades de corrección. Esto nos debe dejar una cosa clara: Cualquiera que diga que el sistema de pensiones es insostenible o sostenible solo por una razón nos está engañando. No hay “una razón” que defina la sostenibilidad o la insostenibilidad, hay muchas posibilidades y, por tanto hay que descartar las posturas integristas. Quien nos diga que el sistema es insostenible por el famoso ratio miente, y quien nos diga que es sostenible simplemente porque la productividad va a aumentar también lo hace (o al menos simplifica).

El famoso Rallo es uno de los que dicen que el sistema es insostenible por el ratio trabajadores/pensionistas. Rallo es un dogmático, de esos que tienen la conclusión predeterminada y busca los datos que la ratifiquen (ignorando los que la rechazan), pero como es un vendedor de humo tiene cintura y capacidad de adaptación y sabe “trilear” muy bien al servicio de su causa.
Rallo propone desde hace años un sistema de capitalización privada que sustituya al público de reparto. La capitalización que propone es básicamente el sistema que hay en Chile, que ha dado tan buenos resultados que la presidenta Bachelet tuvo que hacer un complemento público en 2008 debido a las miserables pensiones que ha generado para la mayoría de los chilenos. Si queréis más información sobre la perversidad del sistema chileno podéis verla aquí. Lo cachondo es que los defensores del sistema de capitalización dicen que el de reparto es insostenible porque el ratio de trabajadores respecto a los pensionistas está bajando, cuando técnicamente el sistema de capitalización tiene un ratio de 1:1 (vamos, uno respecto a sí mismo y con años de retraso), inferior a la peor previsión para un sistema de reparto.
¿Dónde está el truco? Pues que los ultraliberales reproducen el milagro de la multiplicación de los panes y los peces pero esta vez con el dinero, donde no es el mesías quien multiplica las cosas sino el nuevo dios, el dios mercado. El “truco” de esto es que, según ellos, el dinero capitalizado invertido en bolsa va a crecer tanto que nos va a dejar copiosas pensiones. Para vendernos la estafa, en sus cálculos hay rendimientos del capital de alrededor del 7% sobre la inflación, algo que va bastante más allá del optimismo.
¿Y cuál es la realidad? La realidad es que la inmensísima mayoría de planes de pensiones privados (que básicamente es el mismo sistema) ha dado rendimientos por debajo de la inversión en deuda pública y que incluso un tercio de ellos ha dado pérdidas. Esta es la realidad, que obviamente nada tiene que ver ni remotamente con las fantasías de los “capitalizadores”.
Por cierto, Rallo dejó a todo el mundo de piedra el otro día cuando dijo que no recomendaba a nadie hacerse un plan de pensiones porque es un “saca comisiones”. Pero Juan Ramón ¡¡Si tú eras de los que hablabas de incrementos sostenidos del 7%!! ¡¡Si tú eres defensor del sistema chileno, que es el mayor saca comisiones que existe!! Por eso os digo que esta gente tiene cintura y una capacidad de adaptación increíble, porque para venderte la moto te dirán que las motos son todas una mierda, menos la suya claro, que es mágica.

Fuera de las fantasías capitalizadoras la verdad es que hay un problema con nuestro sistema de pensiones. El gobierno está teniendo que recurrir al fondo de garantía de pensiones para cubrir éstas, fondo pensado para momentos recesivos. La cuestión es que este fondo se va a acabar en poco más de dos años de seguir así, y entonces habrá que subir las cotizaciones, bajar las pensiones o complementar el sistema de alguna manera.
Porque la cuestión es que no estamos en un momento recesivo solamente, sino que aquí hay un problema estructural. Nuestro problema no es solo el ratio (que también) sino fundamentalmente que tenemos una situación laboral pésima, con un paro estructural altísimo y sueldos cada vez más bajos. Y como nuestro sistema depende de los salarios (y de sus cotizaciones asociadas) es la precarización laboral y el alto paro estructural quienes harán el sistema insostenible a medio plazo.
Entendiendo esto, la postura intuitiva para hacer las pensiones sostenibles es actuar sobre el mercado laboral, para subir los sueldos y bajar el desempleo. Pero es que esto no es fácil y la única manera con la que hemos conseguido bajar el paro ha sido bajando los salarios y precarizando y desguazando el empleo, lo cual no mejora nada la situación, quizá incluso la empeora por la estructura resilente que crea.
Y luego hay un problema social generado. Con las exigencias de cotización actuales y los salarios que hay ¿Cuáles serán las pensiones del futuro? Porque hay mucha gente que se va a jubilar en los próximos años y va a tener pensiones muy minoradas a causa de haber perdido el trabajo a final de su vida laboral (o no haber llegado a los años de cotización). Y esto quizá sea bueno para la sostenibilidad del sistema, pero es malísimo para la gente.

La forma de reformar el sistema de pensiones va a depender mucho tanto de la moral que tengas como de las perspectivas socioeconómicas del mundo al que nos movemos. Yo me baso siempre en un punto de vista “social”, igualitarista y redistributivo, como bien sabéis. Pero es que, además, me baso en una percepción económica muy determinada: Creo que a medio plazo no vamos a volver a tener desempleos del 8-10%, si es que los volvemos a tener alguna vez. Y si llegamos será porque hemos puesto a la mitad de la población a trabajar a media jornada. Vamos, que no va a haber la “cantidad de trabajo” de antaño, y lo podremos dividir para tener menos desempleo o dejar un alto desempleo, pero la situación de hace unos años no va a volver.
Así pues el trabajo, mediante las cotizaciones sociales, no puede ser la base de las pensiones del futuro. Esto implica en primer término que la más urgente reforma es dotar al sistema de pensiones de otra financiación que no sea las cotizaciones sociales, como pasa en otros países. Y esta financiación puede ser por el IVA, el IRPF, impuestos medioambientales, de sucesiones, patrimonio u otros, pero deben ser ajenos a las cotizaciones. Por ejemplo ¿se podría completar el sistema con un impuesto a las transacciones financieras? ¿O quizá con un porcentaje del IVA recaudado? Y sí, obviamente esto supone o subir la presión fiscal o recortar por otro lado.
Pero a medio plazo va a haber que repensar el sistema, y creo que se tiene que hacer en todos sus aspectos. Y planteo uno que creo que no podemos obviar ¿tiene sentido que haya pensiones de 2.500€/mes cuando otros jubilados cobran 370 €/mes? Yo creo que no, y creo que vamos a tener que replantear los máximos y mínimos del sistema, bajando un poco el máximo y subiendo el mínimo.
No obstante no creo que fuese buena idea hacer una pensión “plana”, pues es importante que quien más cotice tenga mejores pensiones. Hacer lo contrario crearía desafección entre los sueldos medios y podríamos catalizar posiciones políticas de privatización de las pensiones si hacemos eso. Tiene que haber cierta proporcionalidad, pero también redistribución, la cuestión es equilibrarlo adecuadamente, quizá mediante dos “pilares”, uno de pensión mínima garantizada (quizá financiada en parte o totalmente con impuestos generales) y otra proporcional a las aportaciones (financiada por las mismas mediante un sistema de reparto).

El debate de la reforma de las pensiones no va a tardar mucho en llegar de nuevo y va a ser importante tener los principios claros porque si no nos colarán otro aumento de la edad de jubilación y un recorte de las pensiones, recorte que si no ha hecho aún este gobierno es por un cálculo electoral y porque el fondo de reserva las está sosteniendo. Y ojo, yo soy partidario de aumentar la edad de jubilación si, y solo si, es un cambio estructural para pagar los servicios de dependencia que un país envejecido necesita. Trabajar un poco más a cambio de residencias públicas y cuidadores me parece algo razonable, el problema es que esto no tiene sentido si tenemos a la gente joven y el paro disparado. Al final volvemos al mismo punto, el problema del empleo.
Más allá de cuestiones técnicas, que las hay, hay un fondo en todo esto. Al final el problema de las pensiones no es tan distinto al de los salarios, al final se trata de sí la riqueza generada se reparte colectivamente mucho, poco o nada. Y en todo esto subyace un obvio peligro, que es que en un mundo donde el trabajo sea cada vez menos necesario la desigualdad se va a disparar en favor de los que tengan el capital (el gran capital, porque los pequeños capitales no rentan como los grandes).
De ahí que este debate no sea ajeno ni independiente a aquellos que hablan de la Renta Básica o de la división del trabajo. Y por cierto, repito una de las cosas que dije hace tiempo ¿Y si la Renta Básica fuese la solución al problema de las pensiones? Quizá podía ser este pilar de “pensión mínima garantizada” del que hablaba antes.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Análisis de la carta "A los españoles"
















Este domingo se ha publicado en EL PAIS una carta/artículo de opinión que firmaba toda la plana mayor de la candidatura Junts Pel Sí, con Artur Mas a la cabeza. La carta era una respuesta a la carta “a los catalanes” que escribió Felipe González y que publicó el mismo periódico. La carta de González fue polémica porque, después de hablar de la tendencia de los gobernantes catalanes a usar la democracia como un medio sin atender a sus valores, dijo esto: Es lo más parecido a la aventura alemana o italiana de los años treinta del siglo pasado. Pero nos cuesta expresarlo así por respeto a la tradición de convivencia de Cataluña”.

La frase fue desafortunada, pero González no llamó fascistas a los independentistas como se ha dicho por ahí. González lo que hizo fue señalar el uso de la democracia como método para llegar a un fin predeterminado obviando sus valores de convivencia o a la propia ley democrática, y lo comparó con lo que hacían los fascismos en los años 30, que usaron las instituciones democráticas y sus métodos para después acabar con ellas. Esa fue la comparación, que obviamente es maliciosa, usando ese estilo tan típico de González de lanzar la piedra y esconder la mano. Si acaso pudo estar llamando subrepticiamente proto-fascista a Mas y su círculo más cercano, pero en ningún caso a los ciudadanos independentistas.
La cuestión es que esa carta provocó una reacción un tanto sobreactuada de los independentistas catalanes, que intentaron convertirla en un nuevo “agravio”. En los últimos días, además, parece que Mariano Rajoy ha encontrado un método un tanto básico pero aparentemente efectivo para contrarrestar a los independentistas, que es evidenciar un engaño, el dice que Cataluña seguiría en la UE si se independiza, y lo ha hecho pidiendo a Merkel y Cameron que lo negasen claramente en público. Esto parece que ha hecho daño y creo que puede tener que ver con la necesidad de crear un nuevo conflicto en base a estas cartas.

La carta “a los españoles” es, quizá, lo más descorazonador que he leído en los últimos tiempos en prensa digamos “seria”. Y mira que la línea editorial de EL PAIS y sus artículistas han degradado, mira que hemos leído ataques a Pablo Iglesias hechos con rencor (como los de Antonio Elorza), mira que el partidismo de las líneas editoriales cada día es más transparente, pero creo que esto lo supera. Si no supiésemos de donde ha salido pensaríamos que se trata de un artículo provocador hecho en algún tipo de foro de internet o en prensa marginal, pues no es más que un reflejo de ideologización (en este caso nacionalista) de principio a fin.
Ya se puede ver esto en la primera frase: “Para dar lecciones de democracia a los catalanes hay que tener mucha audacia”. Esto, que es razonablemente normal decirlo en un mitin al calor de los aplausos, enciende las alarmas cuando lo lees escrito. Los autores te dejan claro nada más empezar que tienen una visión mística sobre lo que es la sociedad catalana, que presentan casi como la más democrática del mundo. Muestra, además, ansias de erigirse como defensores de Cataluña, que podría ser lógico si el articulo solo lo escribiese el president de la Generalitat frente a un ataque a los catalanes, pero cuando la carta es firmada por una decena de personas de una candidatura política y la polémica ha sido artificialmente agrandada, se adivina que hay algo más.
De la crítica a la carta de González (“libelo incendiario”, “provocación”) se pasa a una ración de un patético sentimentalismo. “Catalunya ha amado a España y la sigue amando”. La frase nos dice dos cosas peligrosas. La primera, es que los autores se han rogado la capacidad de hablar en nombre de Cataluña y que el resto de la carta ya no va a ser la opinión de una serie de personas, sino de “Catalunya”. La segunda, que se han situado en el maniqueísmo de una región que ama, da, ofrece y es intrínsecamente buena, frente a otra que es ruin, malvada y envidiosa, y que es incapaz de reconocer ese grado de generosidad.
Las siguientes lineas, de hecho, recrean una visión mística y heroica de Cataluña: “Catalunya ha amado la libertad por encima de todo”, “Cataluña ha resistido tenazmente dictaduras de todo tipo” (los demás no, que se ve que estábamos encantados), “se ha alzado siempre contra las injusticias de todo tipo”, etc. Visión heroica que enlaza, de nuevo, con el agravio y el condescendiente quejido: “Catalunya ha amado sin ser amada, ha ayudado sin ser ayudada, ha dado mucho y ha recibido poco o nada”. Y lo mejor, “Catalunya ha eludido responder a los agravios acentuando el desencuentro”. Aleluya para hoy.

A partir de ahí, los autores se quitan (parcialmente) los ropajes de sacerdotes devotos de la compasión para entrar en el ajo. A pesar de los innumerables actos de generosidad y amor de los catalanes, llegó un momento en que fueron envilecidos por sus vecinos. El vaso se desbordó cuando “un tribunal puso una sentencia por delante de las urnas” (división de poderes y tal), “cuando durante 4 años se ofendió la dignidad de nuestras instituciones” y “cuando se cerraron todas las puertas (…) la mayoría de catalanes creyó que hacía falta buscar otra solución”. Porque “no hay mal que cien años dure ni enfermo que lo resista”.
Como veis, los catalanes son solo víctimas de la situación. Es la repetición de esa idea mitológica sobre la que se ha sostenido el nacionalismo. La nación generosa, machacada históricamente y callada por “amor”, víctima de innumerables humillaciones durante 300 años. En frente, un estado expoliador lleno de gentes que los odian. Por favor, quiero que en donde pone catalanes pongáis judíos y me digáis si toda esta historia de ser los más perseguidos, odiados y atacados no es absolutamente extrapolable (fuera de los detalles) a las visiones que tienen muchos judíos sobre sí mismos.

Después de decir que Cataluña va a seguir siendo una sociedad democrática, los autores abrazan de nuevo los mitos: “La tradición democrática viene de lejos, incluso en épocas pretéritas fue también así (…) el arraigo de nuestra tradición parlamentaria (…) las asambleas de Pau i Treva, que establecían periodos de paz frente a la violencia que sacudía la sociedad feudal” (las asambleas de Pau i Treva se consideran el origen de las cortes catalanas y son del siglo XI).
Este es uno de los mitos del nacionalismo catalán que conozco perfectamente porque en Valencia también se usa mucho. La idea, mas o menos, es que los antiguos reinos feudales de la corona de Aragón eran “democráticos”, frente a la autoritaria forma de gobernar de Castilla. Esto, obviamente, es un absoluto disparate, y no creo que haga falta que explique por qué las cortes medievales eran tan poco democráticas como los estados con reyes casi absolutos. La diferencia básicamente era que en vez de tener el rey casi todo el poder había unas cortes fuertes que lo limitaban, cortes que representaban básicamente los intereses de la nobleza y el clero. De hecho muchos estudioso insisten, y yo creo que es cierto, que este sistema evitaba los cambios y el progreso y que hubiese sido más difícil implantar el liberalismo de haber pervivido en el siglo XIX.
Creo que es importante esto para entender una premisa fundamental: El nacionalismo, todos los nacionalismos, se basan en mentiras. El nacionalismo necesita realzar su identidad frente a los demás, que ésta sea superior a los vecinos, y como generalmente los vecinos comparten en esencia la misma historia y los mismos defectos que tú, hay que falsear la propia para hacerla heroica. En el nacionalismo catalán en concreto se observa una contradicción muy fuerte, que es la presunción de ser “cívico” y abierto y, sin embargo, tener que basarse en agravios de hace 3 siglos o en edulcorar la historia medieval.

Los dos últimos párrafos del texto vienen a decir que ellos van a hacer lo que les de la gana y que ningún tribunal o ley los va a coartar: “No hay vuelta atrás, ni TC que coarte la democracia ni gobiernos que soslayen la voluntad de los catalanes”, “ellos van a decidir sin ningún género de dudas”. Suena un poco bravucón, pero supongo que está hecho a propósito para seguir generando polémica con este tema, que es un visceral y así se tapan otros debates que pueden ser más incómodos.
Y el párrafo final, que es de traca, es un buen resumen de todo lo dicho. Empieza por un sentimentalismo parecido al de antes aunque algo menos cutre. “con España no solo nos une la historia y la vecindad sino que también y especialmente el afecto y vínculos familiares e íntimos”; sigue inmediatamente con el maniqueísmo y el agravio: “En este nuevo país se podrá vivir como español sin ningún problema, mientras que ahora es casi imposible ser catalán en el estado español”; y finalmente, una muestra mas de agravio mezclado con condescendencia “el problema no es España, es el estado español que nos trata como súbditos”. Y acaba con lo de siempre: “Somos pueblos hermanos, pero es imposible vivir juntos sufriendo insultos, maltratos y amenazas cuando pedimos democracia y que se respete nuestra dignidad”.
Este párrafo es pura basura. Los catalanes no son “súbditos”, eso es una burda mentira, los catalanes son españoles con las mismas obligaciones y derechos que los demás, entre ellas afortunada o desgraciadamente está la de pagar más impuestos si ganas más y cumplir las leyes. Y que no se pueda ser catalán en España no es más que intentar cultivar el odio, que es la pretensión de esta gente. Ya querrían ellos que eso fuese verdad, pues entonces sí que sería el momento de buscar una solución a una convivencia imposible. Pero eso es mentira y eso lo sabe cualquier catalán que viva en cualquier otro lugar de España.
Mucho cuidado con esto, porque es fundamental entenderlo: Los independentistas buscan la ruptura, pero no la política sino fundamentalmente la convivencial. Echar fuego a una espiral de odio es la única manera real de conseguir la independencia en un mundo como el nuestro, y por eso harán todo lo que puedan para sugestionar a la sociedad catalana de que les odian, les maltratan y que no pueden convivir.

Esta carta no es más que un anzuelo que están lanzando los miembros de Junts Pel Sí para buscar reacciones que puedan lanzar a la bolsa de los agravios y usarlas convenientemente en campaña electoral. Hay cosas que están haciendo daño a Junts Pel Sí, una es la corrupción en CDC y la otra es la evidencia de la salida de la UE en caso de independizarse, y eso les podría llevar a perder apoyos por los distintos flancos, tanto a posiciones más pragmáticas como las de Unió o CSQEP, como a la CUP o quizá incluso hacia otros lares. Abrazarse a la bandera y buscar agravios es la posición defensiva más inteligente.
Mira que la carta de González no me gustó nada, pero no tenía este tono de condenscendencia, desafío adolescente, sentimentalismo barato, supremacismo cultural y búsqueda de avivar una espiral de odio que tiene esta. Aún así, considero que el editorial de EL PAIS al respecto de la carta estaba de mas. Un periódico no puede hacer editoriales replicando a sus articulistas, aunque sean ocasionales. Eso es síntoma de mal periodismo, de línea editorial demasiado comprometida y, además, no hace más que fortalecer las obsesiones del independentismo.