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jueves, 7 de enero de 2016

Cataluña trastoca el escenario político español


















Tengo la sensación de que lo que está sucediendo en Cataluña puede dar un vuelco a la situación política general. Si Mas finalmente no es investido presidente y se convocan elecciones en Cataluña, las negociaciones a nivel general se dilatarán todo lo posible porque cualquier pacto electoral podría perjudicar a los partidos en las nuevas elecciones catalanas.
Hasta ahora había una línea temporal bastante predecible: Si la CUP investía a Artur Mas, el siguiente paso era que el PP llamase a una urgencia nacional para formar un gobierno constitucionalista. El PSOE, ante la situación en Cataluña, hubiese tenido la excusa perfecta para aceptar el ofrecimiento y desdecirse de algunas cosas que dijo en campaña, y así hubiésemos acabado en alguna de las posibles ententes PP-PSOE que hemos comentado otras veces.
Pero si finalmente la CUP no invierte a Mas (que yo no me lo acabaré de creer hasta que no lo vea) o Junts Pel Sí no cambia de candidato, iremos a elecciones en Cataluña y entonces el PSOE no podrá pactar con el PP, porque si lo hace probablemente se hundiría allí. Toda la hoja de ruta desmontada. Rajoy va a acabar arrepintiéndose de no convocar las elecciones unas semanas antes como debería haber hecho.

Además, ha aparecido en este escenario post-electoral un componente que sospechábamos, que siempre hemos sabido que estaba ahí pero que quizá no hemos visto nunca con tanta transparencia: El personalismo.
Cuando escuchas hablar a Rajoy te das cuenta que la única línea roja real que tiene es su propia posición como presidente del gobierno. Rajoy sabe que su situación es delicada porque los dos partidos con los que pretende pactar, PSOE y C's, quieren su cabeza, así que se ha dedicado a lanzar globos sonda sobre la posibilidad de tener ministros de esos dos partidos en el gobierno e incluso de cambiar la constitución con el objetivo de situar el debate público ajeno a quien es el presidente.
Al final, y a pesar del terror a la ingobernabilidad que de forma más o menos interesada exponen algunos, la realidad es que todo entra dentro de lo normal. El PSOE debe mostrarse inflexible al pacto como estrategia negociadora para poder conseguir beneficios y justificaciones que les permitan explicar un apoyo o un gobierno con el PP, y éstas pueden ser desde cuestiones programáticas hasta la propia investidura de un presidente distinto a Rajoy. Si el PSOE se mostrase ya abierto a negociar la investidura de Rajoy convertiría su posición negociadora en extremadamente débil y le exigirían un apoyo incondicional, algo inaceptable para parte importante de sus votantes, que perdería en la siguiente convocatoria electoral. Una negociación pública comienza siempre con una negativa radical por mera estrategia negociadora, es absolutamente normal.
Para el PSOE el trofeo más preciado sería la cabeza de Rajoy. Las cuestiones programáticas o el poder controlar determinado número de ministerios debería ser lo más importante, pero el simbolismo de acabar con una época de corrupción y vieja política que ellos personalizan en Rajoy tiene un poder político y propagandístico enorme y es lo que realmente podría justificar el pacto con los menores riesgos para el PSOE. Es lo que buscan y es lo que Rajoy teme, así que probablemente ese es el punto esencial que podría desatascar la negociación.

La cuestión es que a Rajoy le ha salido un poderoso e inesperado aliado: Artur Mas. Objetivamente no era tan “inesperado”, porque es realmente la hoja de ruta trazada por Mas la que garantiza al PP mantener el gobierno, pero sí se ha producido un cambio en la estructura de la retroalimentación entre el nacionalismo catalán y el PP español.
Artur Mas parece dispuesto a tirar la mayoría independentista por la borda tan sólo porque no le permiten ser president. Hay justificaciones sobradas para que Mas no sea president, y más cuando se presentó como número 4 por Barcelona. En cualquier democracia parlamentaria de Europa, teniendo en cuenta que Juns Pel Si es una coalición, la situación de Mas en la lista y la situación política general en Cataluña y de CDC en particular, se hubiese apartado a Mas e intentado investir a cualquier otro candidato, pero en España, país donde el parlamentarismo se disfraza de presidencialismo, la figura del “líder” no se discute y los candidatos creen que los votos los han obtenido ellos personalmente, cuando no es así. Vivimos en un peligroso caudillismo partitocrático y en cierta manera parece que los más básicos principios de la democracia parlamentaria no han sido asumidos por el país tras 40 años de ejercicio de la misma.
Este enroque de Mas favorece a Rajoy porque normaliza la inflexibilidad de los candidatos de los partidos a ceder su posición. Que Cataluña vaya a unas elecciones generales porque el líder de la coalición ganadora no acepte no ser él el presidente genera un imaginario colectivo de presidencialismo de facto y le da fuerzas a Rajoy para negociarlo todo excepto su presidencia.

Más allá de que todo va a quedar paralizado si hay elecciones en Cataluña, el escenario que pueda salir de unas nuevas elecciones condicionará el pacto. Una victoria independentista y una posible investidura de un gobierno de ese perfil catalizaría el pacto PP-PSOE, y si ese presidente es Mas también ayudaría a que el presidente de esa entente “constitucionalista” fuese Rajoy. Si el independentismo acaba gobernando pero no presidido por Mas, eso implicaría que la jugada “presidencialista” de Mas ha salido mal y probablemente debilitaría la posición de Rajoy, aunque no de la entente PP-PSOE.
¿Y si los independentistas no sacan mayoría? Entonces la cosa cambia, la carta de la urgencia constitucionalista desaparece y el pacto se hará más difícil. El problema es que yo no veo qué mayoría alternativa a un gobierno independentista puede haber, porque si los independentistas han sido incapaces de ponerse de acuerdo la cosa en el segmento no-independentista está todavía más difícil. Juntar a PP, PSC, C's y Podemos-ICV-En Comú en un mismo gobierno me parece algo imposible. Y un gobierno inter-bloques de Podemos-ICV-En Comú apoyado por la CUP y el PSC (y/o ERC), parecido a lo que gobierna el ayuntamiento de Barcelona, también me parece casi imposible.
Yo soy de la teoría de que un parlamento al final acaba encontrando su mayoría, el problema es que en Cataluña hay una polarización por la cuestión nacional terrible y eso limita las posibilidades de pacto. Sólo una durísima derrota de las fuerzas soberanistas que las obligase a abandonar la ruta independentista podría facilitar gobiernos, pero eso hoy por hoy no me parece probable.

Lamentablemente me temo que el día de la marmota que existe en la política catalana va a ser trasladado a la política general si finalmente se convocan de nuevo elecciones en Cataluña. La hoja de ruta independentista no vale para nada y no va a llegar a ningún sitio, pero hay que reconocer que los independentistas han conseguido poner España patas arriba y marcarle los tiempos políticos y pactos.  

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