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sábado, 16 de enero de 2016

El fetichismo constitucional


















Si observamos a los diputados de Podemos prometer el cargo de diputado podremos ver como muchos de ellos han usado una fórmula parecida a la que utilizaron algunos de los eurodiputados de la misma formación en 2014. En ese momento Pablo Iglesias prometió el cargo de eurodiputado con esta fórmula: “Sí, prometo acatar la constitución hasta que los ciudadanos de mi país la cambien para recuperar la soberanía y los derechos sociales”. En enero de 2016, después del proceso de “socialdemocratización” de la formación, el mismo Iglesias prometió así: “Prometo acatar la constitución y trabajar para cambiarla”.
Más allá de los matices, podréis observar como la idea subyacente es la misma: El objetivo político central de Podemos parece que es cambiar la constitución, cuya reforma o cambio parece ser el símbolo de una nueva política y un nuevo país. La constitución convertida en símbolo, en fetiche, en piedra angular del progreso. Es fetichismo constitucional.

Podemos es el partido que más incide en el cambio constitucional porque para ellos es un símbolo político claro. La formación morada ha importado el grueso de su estrategia de los procesos de cambio político de Latinoamérica y allí hay que mirar para entender muchas de las cosas que hacen y defienden, desde el patriotismo hasta la plurinacionalidad pasando por esta idea del cambio constitucional como inicio de una nueva era política.
Pero hay más partidos que lo hacen. Partidos como el PSOE y C’s hablan de cambiar la constitución continuamente y muchas veces sin un proyecto claro. Es especialmente llamativo cómo se habla mucho de reformar la constitución para avanza hacia el federalismo cuando casi nadie tiene una idea ni siquiera aproximada de qué federalismo defienden. Federalismos hay muchos, y hablar del federalismo en abstracto es una tomadura de pelo y también podríamos decir que hay cierto “fetichismo federalista”. En mi opinión los únicos partidos que tienen una idea federal más o menos estructurada son UPyD e Izquierda Unida.
El PP, en cambio, hace lo contrario y siempre ha convertido la constitución en una especie de ley sagrada inmutable y mística, diciendo que se necesitan consensos como los que hubo en su aprobación para hacer una reforma, algo que es casi imposible en un entorno de competencia política sin urgencias históricas. Tan sólo en tiempos recientes, y ante su actual necesidad de apoyos, ha aceptado hablar de posibles reformas.

Yo creo que este fetichismo constitucional nos desvía del objetivo principal de la política y genera un imaginario colectivo irreal de estructuras jurídicas que solucionan todos los problemas. Y eso es no entender para qué sirven las constituciones, el grado de libertad que deben dar a los gobiernos y que la política debe ser el centro de la gobernación y de los cambios.
Las constituciones tienen como función crear una estructura jurídica, garantizar libertades ciudadanas y establecer derechos que ya han sido ganados por la opinión pública. Su reforma, por tanto, debe responder al cambio de uno de estos tres ejes, o bien se quiere cambiar la estructura jurídica, o bien se quieren ampliar (o reducir) las libertades ciudadanas, o bien se quieren consolidar derechos. Las tres vías son razonables si la idea que las motiva es razonable, lo que creo no se debe hacer es generar un exceso de regulación en los tres ejes.

Si una estructura jurídica se demuestra disfuncional y se queda anticuada sí es necesario cambiar la constitución, y yo creo que ese es el escenario que tenemos en España. Tenemos cosas como un senado absurdo, una limitación constitucional que fija la provincia como circunscripción electoral y por tanto limita la reforma de la ley electoral, y una estructura de competencias entre el estado central y las CCAA que es demasiado abierta y que hay que aclarar. Esta es la motivación fundamental para una reforma de la constitución y en este punto la defiendo plenamente, pero para hacerla hay que tener claro qué se pretende hacer y la mayoría de nuestros partidos no tengo claro que la tengan. Antes de abrir en canal al enfermo hay que saber qué hay que operar.
El capítulo de garantizar las libertades creo que está medianamente cubierto en España, aunque se puede mejorar. Es verdad que el gobierno del PP ha limitado ciertas libertades (ley mordaza, etc.) pero en mi opinión si no hubiésemos tenido una constitución garantista ahora mismo tendríamos más limitados derechos como la huelga o incluso la libertad de expresión. No obstante se puede ser más garantista y se podrían incluir derechos en la constitución como el matrimonio igualitario y el aborto que están ganados por la opinión pública, y así evitar que gobiernos conservadores los eliminasen (aunque el PP no lo ha hecho y eso nos indica que no hay una urgencia en hacer esta reforma).

Pero yo creo que el eje central de este fetichismo constitucional es el apartado de los derechos. Ahora mismo lo único que tenemos garantizado constitucionalmente con posibilidad de exigencia por vía judicial es el derecho a la educación básica gratuita. La constitución también recoge el derecho a la vivienda, a la sanidad, a pensiones y otras, pero por el redactado de la constitución son partidas que quedan abiertas y no es posible su exigencia. Es por eso que pueden haber españoles sin sanidad pública, sin pensión pública no contributiva (que no hubo hasta década y pico después de aprobada la constitución) o sin posibilidad de alquilar una vivienda social.
Para hacer reformas constitucionales en el ámbito de los derechos hay que preguntarse qué derechos están ganados por la opinión pública y forman parte esencial de nuestra estructura democrática ¿Es la sanidad pública un derecho incuestionable? Pues entonces sí se podría introducir en la constitución con una rigidez parecida a la que tiene la educación ¿Lo son las pensiones? ¿Y la vivienda? ¿Y la cultura? Hay que hacerse todas esas preguntas y tener claro qué está realmente considerado como estructural para nuestra sociedad, porque si lo fijamos constitucionalmente estaremos limitando la acción de los futuros gobiernos y comprometiendo parte esencial de sus presupuestos.
Ojo que esto no es baladí. Cuantos más derechos garantice la constitución más limitado estará el gobierno de turno. Si llevásemos el argumento al absurdo e imaginamos una constitución que lo regule absolutamente todo, nos encontraríamos con gobiernos y parlamentos que no tendrían prácticamente nada que hacer. Esto representaría, en esta realidad exagerada, que el gobierno electo democráticamente no tendría poder. Sería una especie de dictadura constitucional, tanto más rígida cuanto más rígida sea la reforma de la constitución. No sería aceptable, sería usar una reforma constitucional para limitar a gobiernos futuros producto de mayorías sociales futuras. De hecho sería el caldo de cultivo perfecto para caer en un vicio de nuestro pasado: El cambio constitucional continuo.

Pero además podríamos tener el problema contrario, es decir, que un catálogo de derechos en una constitución esté redactado de tal manera que puedan ser obviados por los gobernantes. Si nos excedemos en la rigidez es malo porque limitamos voluntades futuras, y si lo dejamos abierto para no condicionar a futuros gobiernos, entonces podría quedar en papel mojado. Hacer una constitución es algo muy complicado que requiere saber muy bien qué debe ser estructural y qué coyuntural, qué debe estar garantizado y qué hay que dejar a los gobiernos.
Es por eso que este “fetichismo constitucional” no me parece bueno. Se pretende vender que con una constitución mejor tendremos automáticamente un país mejor y eso es falso. Son los gobiernos los que tienen que crear un país mejor, con leyes, con acciones gubernamentales, ganando a la opinión pública, y estar constantemente mejorando las cosas con unos principios morales claros. Pensar que la solución es reformar la constitución y que después te puedes echar una siesta es un pensamiento infantil.
Y es que este fetichismo constitucional tiene mucho de simbólico. No es tanto cambiar la constitución como algo funcional como pretender “fundar” una nueva etapa política, un nuevo país basado en fundamentos diferentes, más aparentes y abstractos que reales. Al final tiene mucho de batalla propagandística.

La constitución española debe ser reformada en varios capítulos. Lo primero es generar una estructura federal coherente, con un senado diferente y una estructura de poder distinta que garantice la igualdad de los ciudadanos y cierre el sistema territorial. También habría que cambiar la circunscripción electoral, introducir nuevas libertades adquiridas y probablemente también fijar algún derecho consolidado, como la sanidad pública gratuita.
Más allá de todo esto creo que hay una reforma esencial que hacer, que es la reforma del mecanismo de reforma. La reforma agravada de la constitución (capítulos I y II) es demasiado costosa y con que un partido conservador domine las 10 o 15 provincias más despobladas de España ya se hace imposible incluso iniciarla. Eso hay que cambiarlo para poder permitir la adaptación constitucional a las nuevas realidades y los nuevos tiempos.
Pero a mi no me gusta cuando los partidos hablan de la constitución como si fuese un tótem o una herramienta mágica para mejorar un país. No lo es, es una herramienta que debe servir para establecer garantías y regular el funcionamiento democrático, pero es una ley salvadora. Un mejor país lo conseguiremos con buenos gobiernos, con buenas leyes orgánicas y con un buen trabajo desde los poderes del estado, y eso es lo que se le debe explicar al ciudadano, no despistarle creando un fetiche político en el que depositar la Fe en un futuro mejor.

3 comentarios:

  1. Estando de acuerdo contigo, he de hacer unas matizaciones:
    1.- Que la Constitución sea abierta e interpretable es precisamente lo que permite al Ejecutivo y al Legislativo desarrollar su función. Para eso están las elecciones, para que la gente elija al Poder Legislativo y éste al Ejecutivo, y éstos, a su vez, puedan desarrollar su proyecto político.
    2.- La diferente protección constitucional a los derechos, o lo que es lo mismo, los tres niveles de derechos, se establecen por una razón obvia, pedestre diría yo: la posibilidad real que tiene el país de garantizarlos por ley. Es decir: España no puede garantizar por ley el derecho a la vivienda, por ejemplo, y no puede este derecho exigirse ante los tribunales por razones obvias de índole económico que no entraré a explicar porque es de sobra conocido. Y eso que nuestra constitución es, en derecho comparado, de las más garantistas, al menos en nuestro entorno socio-cultural.

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  2. El título me sonaba, Ruiz Soroa tiene un artículo del mismo título y similar temática (aunque diferente). Por si le interesa, es de 2013 http://elpais.com/elpais/2013/12/08/opinion/1386535142_021363.html
    Leyendo este artículo creo que Soroa tiene razón. Es peligroso hacer cambios constitucionales por mayorías y no por consensos, de ahí la rigidez.

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  3. No me canso de sorprenderme de las similitudes, aunque sean simbólicas, entre Podemos y el Chavismo. Se que es un tema ya explorado bastante, pero la juramentación de Pablo Iglesias me hizo recordar a las de Chávez en 1999:

    “Juro ante Dios, ante la patria y ante mi pueblo, sobre esta moribunda Constitución, que haré cumplir e impulsaré las transformaciones democráticas necesarias para que la República nueva tenga una Carta Magna adecuada a los tiempos”.

    Él también hizo creer a todos que una nueva constitutción iba a ser un arma milagrosa para solucionar todos los problemas del país.

    Podemos no es Chavismo, pero los continuos gestos de Pablo Iglesias no ayudan a olvidarnos de sus semejanzas.

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