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martes, 19 de enero de 2016

El reglamento del congreso y los grupos parlamentarios















Llevamos muchos días insertos en un debate político con derivada jurídica (o al revés) respecto a los grupos parlamentarios de los aliados de Podemos en Cataluña, Galicia y Comunidad Valenciana. Desde Podemos y las distintas confluencias se pide que se permita tener grupo parlamentario a Compromís-Podem, en Comú Podem y Marea porque cumplen con los requisitos del artículo 23.1 del reglamento del congreso para tener uno, mientras que desde PP, PSOE y C’s se niega esta posibilidad porque, según ellos, se incumple el artículo 23.2.
He leído mucho estos días sobre el asunto, pero todos los análisis me parecen sesgados y tendentes claramente a uno de los dos posicionamientos. Intentaré hacer un escrito con todas las variables para sacar una conclusión que, espero, sea equilibrada.

Aquí el punto clave está en el artículo 23.2 del reglamento del congreso, que dice lo siguiente: “En ningún caso pueden constituir Grupo Parlamentario separado Diputados que pertenezcan a un mismo partido. Tampoco podrán formar Grupo Parlamentario separado los Diputados que, al tiempo de las elecciones, pertenecieran a formaciones políticas que no se hayan enfrentado ante el electorado”. Este artículo se hizo en tiempos de la UCD para evitar que el PSOE tuviese tres grupos parlamentarios como llegó a tener (uno catalán, otro vasco-navarro y un tercero general) y tenía cierta lógica porque a cada intervención del presidente del gobierno se le oponían tres réplicas de tres PSOE distintos.
Bien, los contrarios a que las confluencias tengan grupos propios aducen que el caso de las mismas es igual a, por ejemplo, el del PSOE y el PSC, que fueron los perjudicados por este artículo hecho adhoc contra ellos. ¿El caso es el mismo? En principio es bastante parecido, aunque hay una diferencia: En las confluencias hay partidos (Compromís, ANOVA, etc) que no son Podemos y nada tienen que ver con Podemos, a diferencia del PSC que en el fondo es un partido coaligado con el PSOE.
Los favorables a los grupos para las confluencias responden con algo que es cierto: El congreso siempre ha sido un cambalache de diputados prestados e interpretaciones flexibles, y piden al resto de partidos la misma flexibilidad con ellos. En la legislatura pasada, por ejemplo, hubo tratos diferentes con UPyD, al que se le permitió tener grupo con el diputado prestado, y con Amaiur, al que se le aplicó el reglamento a rajatabla y no solo eso, es que hubo una voluntad manifiesta para intentar boicotearle cualquier alternativa como expliqué aquí.

En principio creo que las limitaciones del artículo 23.2 no son tan rígidas como los contrarios a las confluencias defienden. De hecho, en mi opinión es más limitativa la primera parte del artículo, la que dice que diputados del mismo partido no pueden formar parte de dos grupos parlamentarios, que la segunda. Se podría interpretar que Compromís-Podem, por ejemplo, tiene una personalidad jurídica absolutamente diferenciada de Podemos y, por tanto, no tendría sentido aplicarle el artículo. Esto no es “verdad” realmente, y de hecho diputados de este grupo son de Podemos (lo que incumpliría la primera parte del artículo), pero se podría obligar a esos diputados a dejar cualquier cargo orgánico en Podemos o incluso a darse de baja en el partido para así cumplir con la limitación.
Si no convence esta fórmula también podría servir la fórmula propuesta por Mónica Oltra en su artículo en EL PAÍS. Mónica propone que el PSOE ceda un diputado a cada una de las confluencias como ha hecho con DiL y ERC en el senado, pero esta vez no para cumplir las barreras numéricas (como habitualmente se hace) sino para cumplir con el requisito de haber competido electoralmente. Sería aplicar el cambalache del diputado prestado para cumplir otro requisito.
Obviamente a cada una de estas estrategias se les puede oponer una rígida lectura del reglamento o el precedente del PSC, pero también se puede hacer lo contrario y ser más flexible como se ha hecho habitualmente. La cuestión aquí es que el resto de partidos no quieren que haya 4 grupos parlamentarios que, en cuestiones generales, van a defender casi lo mismo y que defienden al mismo candidato. Y eso es legítimo, es lógico que no quieran que un partido rival “controle” 4 grupos parlamentarios, y en cierta manera es más justo con los resultados electorales y la representatividad parlamentaria, pero se debe dejar claro que ese es el fondo de todo este asunto y no escudarse en el reglamento que, si se quiere, se puede esquivar.

En mi opinión, pues, si no se permite a las confluencias tener grupos parlamentarios es por pura voluntad de la mesa del parlamento. Ahora, creo que políticamente tiene sentido y que no es razonable que existan tantos grupos parlamentarios de una “amalgama” como la que es Podemos. Y no hablamos ya del dinero, que Podemos y las confluencias ya han dicho que lo rechazarían, hablamos de tiempos, presencia mediática, etc.
Y más allá de eso hay algo que personalmente no me gusta nada: El congreso de España no se puede convertir en la cámara de representantes belga, donde hay partidos equivalentes pero de los dos grupos lingüísticos distintos, generándose duplicaciones un tanto absurdas. Y en Bélgica hay dos grupos lingüísticos pero en España, donde hay 17 CC.AA, podríamos encontrarnos con varios grupos regionales de varios partidos y acabar haciendo un congreso con decenas de grupos, lo que desnaturalizaría lo que es una cámara de representantes.
La cuestión es que, con este reglamento y con estos precedentes ¿Es políticamente correcto negar a 11 o 9 diputados el grupo parlamentario cuando has aceptado en el pasado grupos con 5 diputados y con un número de votos incluso menor? Podemos, con sus confluencias, nos ha puesto ante el espejo de lo absurdo que resulta tener grupos parlamentarios con 5 diputados, algo que seguramente se hizo para contentar a los nacionalistas pero que en esta nueva situación política puede generar un exceso de grupos parlamentarios.

Viendo la situación, lo que seguramente habría que hacer es cambiar el reglamento del congreso en lo referente a la formación de grupos parlamentarios. A mí no me parece razonable que haya grupos parlamentarios con 5 diputados y creo que se debería pedir por lo menos 15 diputados para formar grupo parlamentario. Y si hubiese una excepción para esos 15 diputados creo que debería estar en votos, no en escaños obtenidos en determinadas circunscripciones. Podría hacerse grupo de tener 15 diputados o más del 5% de los votos.
El resto de limitaciones desaparecerían excepto quizá una: Que los diputados del mismo partido no puedan formar parte de grupos parlamentarios diferentes, algo necesario para evitar las trampas y abusos.  Fuera de ahí los diputados electos podrían hacer lo que quisiesen y formar grupos como quisiesen. Por ejemplo, si ERC no llegase a los 15 diputados para formar grupo (ni al 5% de votos) podría juntarse con otros diputados de otros partidos, hayan competido entre sí o no, y formar un grupo parlamentario.
Y si un grupo pierde los 15 diputados pierde el grupo parlamentario. Eso impediría de facto la práctica del diputado prestado, una práctica que creo que hay que eliminar porque genera mercadeo de favores y lealtades entre grupos políticos y porque se ha demostrado absolutamente arbitraria por parte del prestamista. Finalmente, y en base al sistema electoral que tenemos, debería regularse cómo se contabilizarían los votos de cada uno de los partidos en una coalición.

Creo que la lección que debería dejarnos todo este episodio es que es el momento de cambiar el reglamento del congreso, pero eso es algo que comenzaría a aplicar en la próxima legislatura. Pero en esta hay que guiarse por principios parecidos a los que han regido la formación de grupos, y si en otros casos se ha sido benevolente creo que toca también serlo en este caso. Probablemente se pueda llegar a una entente intermedia, como también proponía Mónica Oltra, que es hacer un grupo con las tres confluencias, algo que creo que evitaría la obvia incomodidad del resto de partidos con los 4 grupos. Al fin y al cabo el empeño de Podemos en los 4 grupos se debe más a una promesa al resto de partidos que a un interés real de la formación morada.
Y si no se hace, si al final mandan al mixto a las tres confluencias, por favor que se explique que es por una decisión del resto de partidos para evitar que Podemos acapare demasiado protagonismo en la cámara. La explicación sería razonable y creo que mucha gente la aceptaría, pero lo que no procede es escudarse en un reglamento para no aceptar que se está tomando una decisión adhoc.

2 comentarios:

  1. No me parece justo que dos o más partidos se presenten a las elecciones juntos para conseguir más votos y después de votar se separen.

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  2. Hacer cientos de leyes y reglamentos pormenorizados hasta el detalle, no cumplirlos ni hacerlos cumplir y luego cambiarlos "porque no funcionan" es tan español como la tortilla de patatas.

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