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martes, 29 de marzo de 2016

La investidura y la calidad de la prensa española


















Supongo que, como yo, habréis escuchado decir que la prensa actual no es más que una sombra de lo que fue y que las secciones los periódicos principales han degradado mucho. Siempre he tomado estas afirmaciones con cautela, al igual que todas esas que hablan de la vagancia o incapacidad de las nuevas generaciones respecto a las anteriores. La crítica a lo nuevo señalando su poco respeto o incapacidad es algo que se lleva haciendo desde la época de Sócrates y es más bien producto de la incapacidad humana de adaptarse al cambio o recordar sus propias actitudes pasadas que de algo real.
Casi todas las críticas de los más mayores hacia lo que pasa en nuestros días tiene una parte de este rechazo e incomprensión por lo nuevo, pero muchas de ellas también tienen una parte de visión o de perspectiva de la que los jóvenes carecen. Nuestra labor es intentar segregar ambas partes y saber diferenciar cuando una crítica tiene fundamento y cuando es simplemente pura reacción al cambio. Y no es tarea fácil, pues este doble origen o naturaleza de las opiniones también aplican a uno mismo y a las nuestras.

Este tipo de reflexiones me vienen a la cabeza cuando analizo la prensa de nuestro tiempo. Yo recuerdo, por ejemplo, que con 16 o 17 años (a finales de los 90) la sección internacional de EL PAÍS me parecía muy buena. En la sección nacional ya era capaz de notar el sesgo del periódico a favor del PSOE, pero la sección internacional me parecía excelente. Ahora, en cambio, leo el mismo periódico y la sección internacional me parece sesgada e interesada, y la sección nacional todavía peor que la de entonces y con unas dosis de manipulación mayores y más transparentes.
La pregunta que me hago es ¿realmente es así? ¿O soy yo, que con los años he adquirido más conocimiento del mundo y de la política y ahora soy capaz de ver gazapos y patrañas donde antes no las veía? Obviamente hay parte de las dos cosas, sin embargo creo que la degradación en la credibilidad del periodismo es algo real y es algo que se puede comprobar leyendo las hemerotecas. Si leéis artículos de los años 80, por ejemplo, veréis tribunas más neutrales y a la vez más “libres”, donde el periodista exponía el mundo tal y como lo veía sin las dosis de sesgo y manipulación que vemos hoy. Y lo más sorprendente es que a veces se trata de los mismos articulistas que hoy, tres décadas después, hacen artículos casi reaccionarios contra todo lo que salga de sus parámetros mentales.
Pero tampoco nos equivoquemos: La prensa ha manipulado toda la vida. Y no solo la prensa, la sociedad ha tenido mecanismos de manipulación desde sus albores. Hoy nos quejamos de la manipulación que hay en internet, de cómo las patrañas se extienden sin control, de cómo un Meme estúpido se convierte en viral y la gente se lo cree como una verdad absoluta. Pero eso siempre ha pasado, hoy es internet pero hace siglos era en la iglesia, el orador en medio de la plaza o, en tiempos más recientes, era el parte radiofónico gubernamental o la prensa “de referencia”. Métodos de manipulación social siempre han habido y quizá siempre habrá, porque la manipulación tan solo necesita de la credulidad del receptor y crédulos e idiotas siempre ha habido, de hecho todos lo somos en algún grado. El vehículo de manipulación simplemente se adapta a las circunstancias.

Pero sí, la prensa “de referencia” parece hoy peor que hace tiempo. Y no hablo de estilo, de esos textos recargados de adjetivos en desuso y frases larguísimas que se publicaban hace 20 o 30 años quizá para demostrar la cultura y lustre del autor. Ya no se escribe así, no se comunica así y pensar que eso es un buen texto o “de nivel” no es más que un obsoleto reflejo del pasado. Ni siquiera hablo de las faltas de ortografía que incluso se pueden ver en prensa escrita (“Vaya publicitaria” leí el otro día en la versión de papel del diario Levante), que me parecen hasta secundarias. El problema es de contenido, de enfoque, de honestidad, de neutralidad.
No es cuestión de pedir “objetividad”. La objetividad no existe, es un objetivo utópico. Todo el mundo tiene sesgo, tiene unas experiencias o unas ideas que le hacen interpretar la realidad de determinada manera y eso debemos tenerlo claro. Yo no puedo exigirle objetividad a nadie pero sí debo exigirle neutralidad, que interprete la realidad sin servir voluntariamente a su filiación, sin seleccionar los hechos según convenga a su ideología o línea editorial. Y lamentablemente hoy pocos hacen eso. A veces se llega al absurdo de que las secciones de opinión parecen más neutrales que las del resto del periódico, quizá porque son igual de sesgadas pero la mera prevención al saber que te enfrentas a una opinión te genera alertas que en el otro caso no tienes.
Voy a poner un ejemplo: El tratamiento de Venezuela en la prensa. Id a cualquier periódico y filtrad por “Venezuela”: El 100% de las noticias hablarán de violencia, desabastecimiento, autoritarismo político, etc. Por mal que esté Venezuela (y lo está) es imposible que el 100% de lo que pase allí sea propio de una situación infernal. Ya sabemos que solo las malas noticias son noticia, pero ahora haced lo mismo en cualquier hemeroteca de prensa de final de los 70 y los 80 y buscad noticias de la URSS, la RDA o incluso Corea del Norte (esto último lo he hecho), y veréis que el tono y la realidad que reflejaban en esos casos era mejor y más benevolente que lo que se muestra hoy de Venezuela.
En un mundo en Guerra Fría, con dos sistemas supuestamente antagónicos que peleaban por su hegemonía, la prensa occidental era más neutral respecto a los países del socialismo real que la prensa actual respecto Venezuela (o hasta hace unos meses respecto a Irán o Cuba. Desde que se han hecho “amigos” ya no es así). En un mundo más abierto, más interconectado y más plural, los sesgos y maniqueísmos de la prensa “de referencia” son cada vez mayores.

El asunto que ahora mismo más nos ocupa en España, la investidura de un nuevo gobierno, no se escapa a esta degradación de la neutralidad, más bien lo contrario. Pedirle neutralidad partidista a la prensa es quizá pedir demasiado, todos sabemos que los periódicos y los medios en España tienen sus líneas editoriales marcadas y defienden a determinados partidos, pero la situación en que nos encontramos es a todas luces inaceptable y extrema.
Por alguna incomprensible razón el partidismo de los medios de comunicación en este escenario post-electoral está siendo todavía mayor que en la propia campaña electoral. Es como si pasadas las elecciones se hubiesen podido “quitar la careta”, como si hubiesen perdido la necesidad de parecer neutrales y ahora pudiesen dedicarse a intentar condicionar a los partidos políticos sin limitación alguna.
Si nos ponemos a dar ejemplos no acabaríamos. El periódico EL PAIS asiduamente parece una caricatura de lo que fue. La línea editorial anti-Podemos es clarísima, evidente, transparente y se ventila a los cuatro vientos sin que la ética periodística parezca limitar estos excesos. Hay días que, en la versión web, te puedes encontrar que las 4 ó 5 primeras noticias son sobre Podemos y todas dedicadas a hablar de sus divisiones, lo antidemocráticos que son, el peligro de pactar con ellos, etc. EL PAIS decidió el 21 de diciembre que su apuesta era un gobierno PP-PSOE sin Rajoy, aunque conforme pasa el tiempo coquetea también con la del gobierno PSOE-C’s, y todas sus energías están dedicadas a este objetivo, la información es secundaria.
Podríamos hablar también de ABC y La Razón y su competición para ver quien hace la portada más amarillista y más impropia de un periódico serio, y ojo que me parecen de una capacidad artístico-interpretativa notable, pero la realidad es que nada las diferencia de la prensa propia de una dictadura, de prensa al servicio de un régimen. Y podríamos hablar de las noticias en TV (con las “exclusivas” de Antena3 filtradas por el ministerio del interior), o de las encuestas de cada uno de los medios o de tanta tertulia que degrada la política y la convierte en un híbrido entre el sermón dogmatizador y el reality show vanguardia de la telebasura.

Esta situación genera un problema obvio para el ciudadano ¿Cómo interpretamos la realidad? Es complicado fiarse de nada. Cuando un periódico “informa” sobre la voluntad de pacto de un partido, sobre sus próximos pasos o sobre sus debates internos hay que ponerlo todo en cuarentena. Una declaración de cualquier dirigente menor hecha off the record se agranda convenientemente y se alza a la altura de conflicto interno si interesa a la línea editorial del medio que lo publica.
¿Cuán grande es la ruptura interna en Podemos? ¿Y en el PSOE? Cualquiera diría que están al borde de la ruptura, de la traición o hasta del asesinato. La realidad probablemente será la mitad de la mitad de lo publicado, y los partidos se mantendrán fuertes y unidos ante el éxito, si es que lo tienen, o tendrán conflicto si es que fracasan. Vamos, como todos los partidos. A veces parece incluso que estemos ante el mundo al revés, con un Rajoy que es una mordaza para su partido, enfrentado al parlamento y con una dislexia desatada y creciente y al que, sin embargo, nadie parece mover la silla.
Los ciudadanos no estamos siendo tratados como sujeto a informar, nos están usando como peones que es muy distinto. Se nos transmite una historia falsificada e interesada buscando nuestro miedo, nuestra angustia, quizá nuestra presión social, y todo para conseguir los intereses políticos y/o editoriales defendidos. Sí, los políticos nos tratan como idiotas, pero es que quienes debían “protegernos” de eso, la prensa, nos trata como idiotas de grado todavía mayor. Que el político nos engañe lo puedo aceptar, me revolveré por orgullo pero lo entiendo como parte de la democracia mediática, pero que la prensa colabore o lo promueva es directamente indignante.

Veréis que hace tiempo que no escribo sobre la investidura y las negociaciones políticas, y es precisamente por eso. Las informaciones no me parecen fiables, estamos sometidos todos los días a gazapos y medias-verdades para condicionar nuestro juicio y, además, los partidos juegan al póker con un ojo puesto en la opinión pública y otro en unas hipotéticas elecciones. En esta situación creo que escribir sobre el “minuto y resultado” solo ayuda a la confusión y, si escribo algo, será sobre cuestiones más estructurales para nuestro sistema de partidos.
Últimamente veo pocas cosas rescatables en la prensa. Leo la excelente sección de eldiario.es “Piedras de Papel”, la sección política del Jotdown.es, “Contexto y Acción”, algo en El Español, los artículos de opinión de Enric Juliana, y algunos articulistas en distintos medios (Juan Laborda, Pablo Simón, Alejandro Inurrieta, Santos Julià, Manuel Alejandro Hidalgo, García Domínguez, etc). Poco más. Mucho politólogo, mucho economista y sólo periodistas que a mi juicio son fiables o perspicaces. Al resto lo dejaré para cuando tengamos gobierno, si es que no han acabado de hundir su credibilidad para entonces.

3 comentarios:

  1. En mi humilde opinión, ya sabes que soy un resentido, echo en falta una referencia al "diario" Público, que es el Boletín Oficial de Podemos, así como a la sorprendente línea editorial del grupo Atresmedia, en el que Antena 3 se dedica a atizarle a Podemos hasta en el carnet de identidad mientras La Sexta se ha convertido en altavoz de los de Pablo Manuel. El sesgo político, en definitiva, no es patrimonio de los viejos partidos. Por lo demás, totalmente de acuerdo.

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  2. "algo en El Español". He ojeado algunos artículos (sólo sueltos) y me sorprendió positivamente.

    Respecto al tema en cuestión, siempre se viene a la mente aquello de "que buen vasallo si hubiese buen señor", pero a la vez me pregunto si al revés no debería funcionar también. O sea, que hay demasiada gente dispuesta a tragarse (y a juzgar en modo "minuto y resultado") lo que sea.

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  3. Dices: “todos sabemos que los periódicos y los medios en España tienen sus líneas editoriales marcadas y defienden a determinados partidos”. Creo que el error está en creer que los medios son negocios privados que explotan un mercado de tendencias políticas. ¡Ojalá fuese así! Los medios presuntamente libres, no lo son. Son propiedades privadas de individuos y de corporaciones que tienen otros intereses diferentes a la rentabilidad económica de esos medios. De hecho, esos medios suelen ser deficitarios, estar endeudados y necesitar “ayuda” externa. Desgraciadamente, la utilidad de los medios que nos empeñamos en llamar libres, no es ni informar al ciudadano ni ser un negocio privado: es servir de órganos de manipulación de la opinión de los ciudadanos, al servicio de grupos de poder. Eso explica, por ejemplo, la valoración que la mayoría de los medios mayoritarios hacen de Podemos, quien amenaza a esos grupos de poder. Yo he optado por no creerme nada de lo que dicen sobre Podemos.

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