La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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lunes, 16 de mayo de 2016

Una propuesta para un nuevo sistema electoral en España
















Tengo que empezar este escrito dando las gracias a Dario Ucha, quien es en parte responsable de este escrito al ofrecerme una nueva visión distinta a la que tenía previamente. Voy a comentar la propuesta de forma cronológica, pasando por mis impresiones iniciales y cómo las he ido cambiando con el paso del tiempo.

Para empezar debemos dejar claro que no existe un sistema electoral perfecto, todos los sistemas electorales tienen fallos, ventajas e inconvenientes. Hay sistemas que son muy proporcionales pero que perjudican a la gobernabilidad, otros que favorecen la gobernabilidad pero dejan sin representación a parte importante de la población o son poco proporcionales en el poder que otorgan, otros son proporcionales pero dejan esta proporcionalidad en manos de los partidos y no de los ciudadanos, etc, etc. Al final hacer un sistema proporcional, plural, representativo y que favorezca la gobernabilidad es imposible, si avanzas mucho en un terreno irremediablemente cedes por otro.
Así pues la elección de un sistema u otro no se debe a cual es “mejor” sino a qué objetivos quieres cumplir, y obviamente también a qué factores das más importancia de forma subjetiva. Yo siempre me baso en que España necesita superar el sistema de bipartidismo imperfecto que tenemos, que la proporcionalidad es importante y que la representatividad también es necesaria. A pesar de la lamentable repetición de elecciones la gobernabilidad me importa relativamente poco, creo que ésta llegará con el aprendizaje y cuando la ciudadanía premie más la responsabilidad del pacto y castigue menos la debilidad de la cesión, y que imponer la gobernabilidad mediante sistema electoral sólo haría reincidir en los vicios del pasado que queremos eliminar.

Yo siempre he sido defensor del sistema alemán, donde la mitad de diputados son elegidos en una lista única federal y de forma estrictamente proporcional (eso sí, con una barrera de entrada del 5%), y la otra mitad son elegidos en circunscripciones uninominales pero con una corrección: El resultado final del parlamento debe ser estrictamente proporcional según los resultados de la lista federal, así que primero entran los diputados por circunscripción y luego el porcentaje se completa con los de la lista. Si por alguna razón un partido tuviese más diputados por circunscripción que el número que le correspondería por porcentaje de votos se crearían escaños adicionales en el parlamento.
Este sistema cumple la doble virtud de ser proporcional y además representativo, eliminando en parte el riesgo de estructuras partitocráticas al haber diputados electos directamente por su circunscripción, pero tiene un problema: Se puede manipular fácilmente creando una “segunda marca” en las circunscripciones con el objetivo de que esos diputados no se resten a los de la lista. Ejemplo: Si el PP sacase el 30% de los votos debería sacar el 30% de los escaños (el porcentaje se recalcula entre los partidos que superan el 5%, pero vamos a obviarlo para simplificar), y a no ser que saque más de un 30% de los diputados de circunscripción, que provocaría crear escaños adicionales, ganar en las circunscripciones no le aporta mucho. Pero si en Navarra se presenta UPN, el Foro en Asturias, el PAR en Aragón, aliados naturales todos del PP, el PP puede no presentarse y pedir el voto para ellos, con el objetivo de que los diputados de estos partidos no resten al 30% del PP. Y esto podría hacerlo el PP, Podemos con sus marcas locales y todos los partidos. Sería hacer trampa al propio sistema y no es una especulación, ha pasado en varios países.

En frente a esta opción, mi amigo Dario me propuso algo similar para España pero más claro, más “limpio” y sin posibilidades de manipular. Sería hacer también esas dos listas, una de 175 diputados que fuese nacional y estrictamente proporcional, y otra de circunscripción, creándose 175 circunscripciones de igual tamaño que elegirían un diputado cada una. La diferencia con el sistema alemán es que ambas listas serían independientes la una de la otra, por un lado, y que para evitar que partidos con una mayoría mínima sacasen el diputado la elección de la circunscripción sería a dos vueltas, pasando a la segunda vuelta los dos primeros de la primera.
El sistema parece muy bueno. Por un lado es proporcional (la lista nacional), por otro es representativo (las circunscripciones), no se pueden hacer las trampas indicadas anteriormente y la segunda vuelta garantiza que no van a salir diputados rechazados por la mayoría. Seguramente no será tan proporcional como el sistema alemán, pero impedimos que un partido rechazado por la mayoría saque mayoría absoluta con un 30 o 35% de los votos y evitamos fraudes, triquiñuelas y garantizamos la representatividad del diputado de circunscripción.
Sin embargo veo un problema. ¿Cuándo se harían las dos vueltas? Porque si se hace la primera vuelta junto a la elección nacional, entonces la segunda vuelta quedará condicionada a los resultados de la elección nacional (los partidos organizarán estrategias en función de eso). Y si es al revés, si la primera vuelta se hace antes de la elección nacional (que coincidiría con la segunda), esa influencia también se daría pero en sentido contrario. No me gusta esta idea de que medio parlamento esté decidido (o casi) cuando se vota el otro medio.

Para solucionar este problema se me ocurre una opción que evitaría la elección de un diputado mayoritariamente rechazado y que se podría solucionar en una sola elección: Usar el sistema del voto alternativo o “segunda vuelta instantánea”. Con este sistema el elector ordena a los candidatos a diputado en orden preferencial y, si ningún diputado saca mayoría absoluta en las primeras opciones, se hace una “segunda vuelta” automática entre todos los candidatos excluyendo al menos votado donde se cuentan también las segundas opciones. En cada vuelta se elimina al último candidato y se cuenta la siguiente preferencia, así hasta que haya un candidato que tenga la mayoría de votos. Este sistema evita la elección de candidatos que nunca serían elegidos en una segunda vuelta, aunque tiene cierta complejidad y puede permitir ganar a terceras y cuartas opciones.
Este sistema permite multitud de variables y creo que la cuestión es elegir la que mejor se adapte a lo que buscamos ¿Hay que obligar a ordenar a todos los candidatos de la lista? Creo que en España sería implanteable ¿Queremos que se pueda elegir una tercera o cuarta opción porque tenga poco rechazo? ¿Qué valor le damos a una segunda o tercera opción? Existen muchas variables y la verdad es que resulta difícil elegir una.
En mi opinión creo que lo ideal sería un sistema donde los electores puedan elegir preferencias del 1 al 3, sin ser obligatorio elegir más allá de la primera. Si nadie saca el 50% de los votos se va a una segunda vuelta entre los 3 candidatos más votados donde se cuentan las segundas opciones como 1/2 voto cada una y las terceras como 1/3 de voto. Después de esto el candidato que más votos tenga es quien se lleva el escaño.
Si fuésemos estrictos y quisiésemos imitar la segunda vuelta lo lógico sería que sólo contasen los dos candidatos más votados y que entre estos dos se contasen las segundas y terceras opciones. Si no he propuesto esto es por la sencilla razón de que me parece que el sistema con el tercer candidato puede dar un resultado más plural y menos bipartidista, además de permitir la entrada de diputados con muy poco rechazo en entornos muy polarizados. Pero insisto, es una preferencia particularísima mía.

Creo que España corre el peligro de caer en el pánico de la ingobernabilidad y plantear una reforma regresiva del sistema electoral. La democracia no es solo que gobierne el más votado, la democracia debe también dar un papel a los partidos que no son mayoritarios, dar cauce político a las demandas ciudadanas nacientes y limitar los excesos gubernamentales. Lo fácil es caer en la tentación del sistema mayoritario, en las dos vueltas o que gobierne el más votado, evita problemas y quebraderos de cabeza pero en el fondo anula muchas de las principales ventajas de la democracia.
Ir a un sistema ultra-mayoritario es algo que en breve algunos interesados plantearán, estoy seguro, pero no es la solución sino que sería la cronificación de nuestros problemas. Los países más avanzados de Europa tienen sistemas parlamentarios proporcionales y se basan en el pacto, y eso no podemos perderlo de vista.

6 comentarios:

  1. Pues claro que sí. Elegir la mitad del parlamento a través de un diputado "directo" por cada 200.000 electores parece razonable, siempre que sea por voto transferible, condición indispensable.
    Sin embargo, ¿por qué limitar al 5% la elección en circunscripción general de la otra mitad del Parlamento?
    Quizás con un ejemplo de 10 partidos se pueden empezar a ver casuísticas.

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  2. Y esos 175 DISTRITOS electorales, de entre 150.000 y 250.000 electores cada uno, ¿servirían para sustituir las actuales provincias, para tener elecciones no sólo LOCALES sino también DISTRITALES?
    PD: En mi primera propuesta de organización territorial imaginé una distribución en 100 distritos para sustituir a las actuales provincias. Esto de los DISTRITOS es independiente del MODELO DE ESTADO, sea cual sea.
    http://comoenanos.blogspot.com.es/2015/08/2020-confederacion-iberica-ibe.html

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  3. Hola Quique,

    Lo del 5% no lo había propuesto como idea para España (ni Dario tampoco), simplemente explicaba que en Alemania es así. Creo que aquí sería problemático al tener partidos territorializados con menos de este porcentaje, aunque siempre podrían formar una coalición. En cualquier caso no sé si a lo mejor una barrera hay que poner, aunque 5% me parece demasiado alta.

    La idea es que las circunscripciones electorales sean solo eso, electorales. Las provincias las eliminaría eliminando las diputaciones y al ser un sistema de organización territorial superado, pero crear órganos específicos para el distrito...Pues no sé, no lo había pensado. Creo que es un debate interesante.

    Saludos,

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  4. Me gusta la idea. El problema que le veo es que la mitad de los diputados, como ahora, queda en manos de las cúpulas de los partidos y no de los electores. Como todo está inventado ya por suerte o por desgracia, ¿por qué no el sistema electoral francés de circunscripciones uninominales, pero con segunda vuelta automática como usted propone, sin necesidad de una segunda elección? Es decir, colocando el elector en la papeleta a los candidatos por orden de prelación. Un saludo desde Canarias.

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  5. Habría que tener mucho cuidado en la delimitación de las circunscripciones y no creo que fuese fácil hacerlas por consenso. Un poco escorado a la izquierda veo el sistema.

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  6. Mi propuesta de sistema electoral para España:

    1. Circunscripciones autonómicas, que reflejen la realidad territorial del actual estado español.
    El menor número de circunscripciones (19 en lugar de 52) aumentaría el número de escaños a repartir por circuncripción, favoreciendo así la representación de opciones minoritarias y, por tanto, aumentando la proporcionalidad del sistema.

    2. Reparto proporcional de escaños según la regla de Hare en lugar de D'Hondt, lo que favorecería las opciones minoritarias frente a las mayoritarias, con lo que se evitarían muchas mayorías absolutas.

    3. Listas desbloqueadas, en las que los electores expresen su preferencia en el orden de candidatos, restando así influencia a los aparatos de los partidos.

    4. Supresión del Senado, que sería sustituido por una conferencia de presidentes autonómicos. Este nuevo organismo debería ser consultado en los casos de reformas legislativas y decisiones gubernamentales que afectasen a las competencias autonómicas.

    5. Fomento de la democracia directa favoreciendo la iniciativa ciudadana para la convocatoria de referéndums que ratificasen leyes o decisiones gubernamentales, así como reforzamiento de los mecanismos de la iniciativa legislativa popular.

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