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jueves, 22 de septiembre de 2016

La parálisis que degenera un país











Estoy muy cansado de la cuestión de la investidura y la formación de un gobierno en España, verdaderamente cansado. No es solo que el país se haya quedado secuestrado en manos de un extorsionador político como Mariano Rajoy, con el necesario concurso y connivencia del resto de partidos y su guerra de posiciones estratégica, es que creo que no somos conscientes de que esta parálisis política es una cortina que tapa la realidad.

Detrás de las bambalinas de nuestro show político se fortalecen y agrandan los graves retos de nuestro tiempo. El anti-establishment se hace fuerte en todos los países de occidente, de EEUU a Francia, de Alemania al Reino Unido, producto de un fracaso político y económico que ese mismo establishment se niega a ver y a aceptar. Los partidos tradicionales y los medios que los siguen creen que la política del miedo, la distorsión mediática o algún tipo de inercia mágica devolverá a estos genios a su lámpara, pensamiento infantil sostenido en la negación del fracaso comentado.
La desigualdad, económica, que eventualmente producirá todo tipo de desigualdades, es el gran reto de nuestro tiempo y germen de las peligrosas derivadas políticas de las que hablábamos. Si os soy sincero cada día me interesa más este tema y menos la política de partidos, quizá porque veo una creciente desconexión entre la primera y la segunda, que debería ser su solución pero que se muestra impotente o incluso insensible en muchos casos.

Pero la política también es importante y lo que está pasando en España es lo que va a marcar el devenir del país. En la sociedad todos los temas se entrelazan de una manera endiablada y a pesar de las desconexiones aparentes todo acaba influyendo en otras áreas de la vida. Y lo que pase en España con la formación de gobierno influirá decisivamente en el sistema de partidos que tendrá el país en el futuro, y éste a su vez tendrá mucho que ver en cómo se canalizan las demandas sociales y cómo un sistema político y económico anquilosado es capaz de transformarse.
Pero quizá lo que más me preocupa a corto plazo es la derivada moral de lo que está pasando en España. Durante estas últimas semanas, igual que durante los últimos años, asistimos a un goteo constante de casos de corrupción que afectan en su mayoría al PP. Aparecen nuevos imputados, los indicios de corrupción se confirman y crecen exponencialmente, y asistimos a esta realidad con la pasividad y normalización que nos da la costumbre.
Sin embargo estamos viendo como la corrupción no pasa factura alguna ni a los votos (basándonos en el 26-J) ni a la expectativa de votos del PP. Muchos dirán que eso ha pasado siempre y que el votante del PP es acrítico pero eso no es verdad. De 2011 a 2015 el PP perdió 3,6 millones de votos, que es más del 30% de su voto anterior. No fue solo la corrupción, es verdad, pero negar que el votante conservador castigó a su partido por la corrupción y buscó otras opciones (en C’s, por ejemplo) no tiene sentido.

La cuestión es que desde ese momento hasta ahora el PP no ha perdido un solo voto, es más, los ha ganado (700.000 en Junio), mientras la corrupción sigue desbordándolos. Ya no es que haya una base de votantes impasibles al desaliento, es que hay personas que les castigaron el diciembre pasado y que, por alguna razón, consideran que es más importante que haya un gobierno aunque sea de Rajoy a cualquiera de las razones morales que les llevaron a cambiar el voto.
No quiero juzgar a quien personalmente tome esa decisión pero debemos convenir que la acción está guiada por principios ajenos a la ética y la moralidad. Que la formación de un gobierno esté por encima de quién forme ese gobierno es un comportamiento no sólo amoral, es anti-político en el sentido de que anula la democracia y la vacía de contenido. Un gobierno por encima de planteamientos morales es básicamente lo mismo que la priorización del orden sobre todo lo demás.
Formar un gobierno, acabar con la ingobernabilidad, etc. ¿Es tan distinto a las arengas militares de aquellos golpistas que, en distintos países y épocas, justificaban sus acciones para acabar con “el caos”? Sin equiparar ambas cosas, el principio moral es el mismo, es que el fin justifica los medios y que la moral y los valores son secundarios frente al utilitarismo o prescindibles cuando hay miedo.

En España parece que el único problema sea que no hay gobierno y que esto esté invisibilizando todos los principios y problemas de nuestro tiempo y nuestro país es algo inaceptable y que me temo que acabaremos pagando muy caro. Porque bajo el gobierno nominal que se forme seguirá estando el 20% de paro, un 31% de trabajadores ganando cantidades inferiores al salario mínimo, una Unión Europea disfuncional, un sistema de pensiones sin fondo de reserva, un nuevo estrangulamiento por parte de las instituciones europeas y todos los problemas que se han borrado del mapa durante este año porque lo único que importa es la “parálisis política”.

3 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Bueno, históricamente esta es la dinámica del país, no? Cada 20, 30, 40 años pasa algo. El problema es que aquí nunca se ha consensuado, aquí siempre se impone el modelo de España que unos quieren sobre el de otros. Por encima de los problemas sociales, territoriales, laborales o de CORRUPCIÓN. Que ganes que tot rebente...

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  3. Mejor mantener la moral y los valores fuera de la política democrática porque no tienen nada que ver. Que la corrupción convierta a un gobernante en inmoral es irrelevante, lo grave es que lo convierte en un mal gobernante. En ese sentido, puede que el votante del PP se limite a elegir al que cree mejor gobernante de las opciones ofrecidas. Sencillamente cree que las otras opciones son peores. Sin ser corruptas. Hay muchos factores que inciden en el voto, la corrupción es uno más. Un médico que mate pacientes es un mal médico, secundariamente inmoral. Un médico que engaña a su mujer, pega a sus hijos y maltrata a sus mascotas será un inmoral pero puede ser un médico brillante o, al menos, mejor que otros. No metamos la ética y la moral para explicar hechos que pueden ser explicados dentro del propio sistema.

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