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lunes, 14 de noviembre de 2016

Donald Trump y las lecciones de un nuevo mundo














No voy a decir que esperaba la victoria de Trump porque de hecho pensaba que Hilary tenía alguna posibilidad más de ganar (aunque no muchas más), pero tampoco la descartaba en absoluto. Llevamos ya varias elecciones en distintas partes del mundo en las que las encuestas han fallado cuando se trata de elegir entre dos posiciones y una de ellas es fuertemente rechazada por los medios (o bien la otra masivamente apoyada).
Si hay dos posiciones y una de ellas es la considerada propia de gente inculta, estúpida, racista, xenófoba, etc. Y resulta que las encuestas no dan un resultado indudable, más vale que tengamos cautela porque ante esa presión social es muy probable que la gente esté ocultando su voto a esa opción “incorrecta” a ojos de la opinión pública. O quizá es que la gente se enfada ante una propaganda que les puede resultar insultante si se han planteado alguna vez votar esa opción y eso potencia a una reacción a la contra. No lo sé, la cuestión es que cuando hay posibilidades de que gane la opción mediáticamente vilipendiada, al final gana.

Donald Trump ha ganado estas elecciones teniendo menos votos que su rival y también menos votos que el derrotado republicano de 2012 Mitt Romney. No es que sea un gran resultado individual, pero Hilary perdió 5 millones de votos demócratas y eso es lo que ha llevado a Trump a la casa Blanca. Hilary era una mala candidata, vista como ambiciosa, cínica y poco fiable por muchos americanos y esa es probablemente la causa principal de lo que ha pasado. Muchos dicen ahora, a toro pasado, que el senador Sanders hubiese podido ganar a Trump. Yo la verdad es que no lo veo, creo que si bien Sanders podría haber movilizado más voto joven y obrero quizá hubiese perdido todo el voto de “demócratas conservadores” que Hilary si ha recibido.
Al final que Clinton perdiese votos o que los ganase Trump no creo que cambie el fondo de la cuestión, que es el hartazgo de muchos americanos con un statu quo que consideran perjudicial y dañino para ellos, y con un establishment que consideran que los engaña y solo mira para sus intereses de clase o lobby.

Se han dado básicamente dos interpretaciones a la victoria de Trump. La primera, la que defienden los medios hegemónicos y tradicionales, es que es una victoria de la xenofobia y de una especie de proto-fascismo. Esta visión es sesgada y parcialmente falsa, pero también tiene parte de verdad. A Trump se le ha votado en los estados más conservadores y también toda esa gente que rechaza la inmigración o el multiculturalismo.
La otra visión, defendida por algunos analistas, es que Trump ha ganado gracias a un voto anti-establishment de gente que ha visto su nivel de vida hundido a consecuencia del neoliberalismo y la globalización. Se basan en que Trump ha ganado en estados tradicionalmente demócratas e industriales como Wisconsin, Michigan u Ohio. Esta visión también es parcialmente cierta, mucha gente ha apostado por el proteccionismo de Trump y/o ha castigado a los demócratas por venderles una visión de éxito económico que no se correspondía con su realidad.
En realidad Trump ha conseguido votos de varios grupos heterogéneos y en eso se edifica su victoria. Igual que vendía proteccionismo y paternalismo vendía una América sin inmigración ilegal y bajos impuestos, y además de todo eso vendía muchas más ideas: De hombre hecho a sí mismo que se pagaba la campaña electoral con su dinero, de opositor a los “burócratas” de Washington, de “keynesiano” que quiere hacer un gran programa de obras públicas, etc. Al final, el factor que cohesionaba a los votantes de Trump era un rechazo a la América actual, la América de Obama con todas sus realidades, sean responsabilidad del presidente saliente o no.

La victoria de Trump, por ajustada y confusa que sea, y por mucho que Trump no sea totalmente alguien de la alt-right, creo que nos lleva a un punto en que debemos hacer una completa reflexión sobre las décadas anteriores y sobre las alternativas que le estamos ofreciendo a la gente. Trump puede ser el primero de muchos y, sobre todo y por muy limitados que tenga sus poderes, puede representar el principio del fin de la era neoliberal.
Desde hace décadas pero sobre todo desde la caída del comunismo nuestras sociedades han desarrollado un relato social y político determinado: La democracia representativa y de libre mercado era sacralizada como el súmmum y la más perfecta de las estructuras sociales, el libre comercio y la desregulación era la religión económica, la inmigración y la multiculturalidad bases esenciales de nuestras sociedades, etc. Todo esto bañado de cierta cultura posmoderna, pasiva y relativista.
Quien osó rebatir estos principios durante los años pasados fue vilipendiado. Quienes dudaban del libre comercio eran tratados como ignorantes económicos, quienes hablaban de los efectos negativos de la inmigración catalogados de racistas o fascistas, quienes han osado poner en duda la superioridad o perfección de la democracia representativa tratados de totalitarios. Se generó un relato único que sólo permitía unos estrechos márgenes de movimiento, y la mayoría de gente aceptó los nuevos cánones de una u otra manera, desarrollándose una espiral de silencio. Y quienes no lo hicieron acabaron moviéndose en círculos cerrados, en grupúsculos donde el rechazo al dogma social se acababa convirtiendo en teorías de la conspiración de toda índole, que enlazaban con el pasado de forma más o menos peligrosa y que ha acabado explotando de la manera que vemos hoy día.

Yo creo que todos somos en parte culpables de esta situación, y lo digo personalmente pero sobre todo a nivel del grupal o de partido político. Hoy deberíamos preguntarnos si hemos hecho lo correcto cuando a todas aquellas personas que eran recelosas con la inmigración las hemos calificado de xenófobos. Eran personas que veían sus barrios degradados e inseguros o personas que vivían cómo los sueldos de sus sectores eran reducidos gracias a la oferta de mucha mano de obra inmigrante, y la única respuesta que se les ha dado era la negación de esa realidad o directamente la acusación personal.
Desde hace muchos años me encuentro estas situaciones, gente que en confianza te reconocía ese rechazo a la inmigración porque afectaba directamente a sus vidas y que, ante el rechazo y el silencio al que se veían sometidos, entraban en esa conspiranoia y se acababan convirtiendo en claros xenófobos. Estoy convencido que si a esta gente no les hubiésemos negado la realidad que ellos mismos vivían y se les hubiese explicado que los inmigrantes no eran culpables sino víctimas de la misma estructura que ellos, hoy esa gente quizá rechazaría la inmigración como fenómeno pero no a los inmigrantes.
Sin embargo fuimos cobardes. Quizá porque temimos que nos acusasen de racistas o porque no nos sentimos capaces de explicar que obviamente la inmigración creaba problemas en los trabajadores de menor formación, en los peores barrios y ocasionaba trastornos en el estado del bienestar, pero que eso no era culpa de los inmigrantes sino de una realidad económica determinada que necesitaba bajar los costes para competir con otros países. O quizá es culpa de que nosotros, con nuestros trabajos de cuello blanco o situaciones ajenas a esa problemática, no fuimos lo suficientemente empáticos para entender a esa gente. Sea como fuere era más fácil no nombrar el problema, no fuese que potenciásemos a la extrema derecha aceptando colateralmente parte de su discurso. Y por ese silencio muchos han visto en los partidos de derecha dura a los únicos que hablan de la realidad que ven todos los días.

Algo parecido ha pasado y todavía pasa con los discursos económicamente proteccionistas. No dejo de encontrarme gentes de todo tipo, trabajadores y empresarios, que me hablan del hundimiento de sus sectores a causa de la competencia de países de bajo coste, fundamentalmente asiática. Yo soy de una región donde actividades como el mueble, el juguete, el calzado, la cerámica, etc. Eran muy potentes hace pocas décadas, así que entenderéis que he tenido centenares de conversaciones en este sentido. Desde hace mucho tiempo la mayoría de la producción en muchos de estos sectores se hace total o parcialmente en Asia y eso ha tenido una influencia obvia en los trabajos, salarios y beneficios.
¿Cuál es la respuesta que encuentra esta gente ante ese problema? Que el proteccionismo es malo, que es algo cavernícola y casi propio de Corea del Norte, que el libre comercio genera mucha riqueza, etc. etc. ¿Soluciones? Para las empresas que se genere valor añadido, algo que intentan todas las empresas pero que desgraciadamente consiguen muy pocas en cantidad suficiente para compensar esta degradación industrial; y para los trabajadores que se formen, no sé sabe muy bien cómo ni en qué.
Las soluciones para estos “perdedores de la globalización” son generalidades sin concreción, pero los problemas sí son realidades concretas. Y no puede ser, no se puede decir a la gente que su añoranza por otras épocas o situaciones es mala pero ser incapaz de darles una alternativa razonable y relativamente rápida. Luego abrazan el proteccionismo y es normal ¿qué alternativa tienen?

No hay idea y estructura que dure para siempre y mucho menos en un mundo tan dinámico como el nuestro. Era evidente que la era neoliberal no iba a durar eternamente (por mucho que algunos abrazasen aquello del fin de la historia), el problema es que no hay alternativa alguna preparada para esa eventualidad más allá de la vuelta al pasado, que es básicamente lo que propone Trump, Le Pen u otros. Quizá nada de esto hubiese pasado si en 2008 se hubiese planteado una alternativa que se focalizase en los problemas creados por la globalización, lo que pasa es que si vivíamos en un mundo edulcorado donde se silenciaban los problemas ¿quién demonios iba a plantear una alternativa?
Quizá se perdió la oportunidad, aunque tampoco hemos generado nada auténticamente nuevo en estos años siguientes. Hay retales, ideas sueltas sobre rentas básicas, empleo verde, cómo enfrentarse a la robotización, economía colaborativa, etc. Cosas que son dejadas en el cajón a las primeras de cambio para abrazar teorías tradicionales más fáciles de vender y que en el fondo demuestran lo perdidos que están nuestros líderes sobre las alternativas.

Mientras no se generen alternativas coherentes parece claro que el mundo va a caminar hacia la desglobalización y cierto proteccionismo como reacción a los problemas generados y hasta hoy ignorados. Y a la vista de los acontecimientos me temo que este camino va a ser conducido por la alt-right o la far-right, y no por su mérito sino por tantas cosas que se han ignorado durante tanto tiempo. Es nuestra culpa, pero nuestra reacción sigue siendo la negación y llamar xenófobo y populista a todo el mundo, que es precisamente lo que nos ha llevado hasta aquí.

4 comentarios:

  1. En mi opinión lo que ha llevado a Trump a la victoria es lo mismo que hizo ganar el Brexit y es que una mayoría de ciudadanos están hartos de la desigualdad, del establishment y han votado CAMBIO que les saldrá bien o mal, el tiempo lo dirá , cosa que en España no ha ocurrido , ha salido mas de lo mismo , por eso este país es como es y esta como esta . Saludos

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  2. Lo que los ciudadanos están demandando tras décadas de Neoliberalismo, es más Estado y menos Mercado. Eso se podría identificar como “vuelta atrás”, si se quiere. Y lo cierto es que la crisis que se avecina es tan brutal que sólo un Estado fuerte podrá poner orden (las leyes del Mercado son absolutamente caóticas y no tienen nada que ver con las necesidades de la gente, con lo cual sólo garantizan el sufrimiento). Esto no tendría necesariamente que suponer el desmantelamiento de la UE, aunque parece que ya es tarde para salvarla, por no haber hecho los deberes. Tampoco debería necesariamente llevar a estados fascistas, aunque desde luego el Estado fascista cumpliría la función. Lo ideal sería un Estado fuerte, pero tomado y controlado por los ciudadanos, supongo que algo así como una democracia participativa o directa, pero parece ser que eso produce urticaria a mucha gente.

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  3. Pinta mal. Las situaciones a las que nos vamos a enfrentar son tan nuevas, que sería necesario abandonar todas las creencias y principios, y comenzar a reflexionar desde cero, sin ideas preconcebidas, con una mente 100% abierta. Y eso es extremadamente difícil.

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  4. Trump es el perón yankee, alzado como candidato por el obreraje proteccionista del rust belt...ademas es bueno ver como el sr. Fresco se cuadra con el fascismo anti inmigracion, anti libre comercio, cuando se sacan la mascara los progres se parecen mucho a los fachas.

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